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Yin and Yang. [Elladora Armour]

Stella Moon el Jue Mayo 14, 2015 9:53 am

Aquel día libraba, así que había dejado a todos mis empleados solos en la oficina y me había quedado a descansar en casa. La mañana la había pasado con Fly, que también libraba, pero al final ella se había ido con Drake a salir por ahí y me había dejado sola. Cuando empezaron a salir en Hogwarts jamás pensé que fuesen a durar. ¿Una Slytherin y un Hufflepuff? ¡Qué ridiculez! Drake era el perfecto estereotipo de Hufflepuff hecho persona, pero Fly nunca fue una Slytherin muy típica… Supongo que por eso eran perfectos el uno para el otro.

No quería tirarme la tarde entera en casa mirando el techo y durmiéndome del aburrimiendo, pero tampoco tenía nada interesante que hacer fuera. No había fiestas, todos mis amigos estaban trabajando o viajando o estaban desaparecidos… Tampoco tenía ninguna misión pendiente que hacer para los mortífagos, ninguna misión disponible que chafar para la Orden, nadie a quien espiar, y mis dos ahijados estaban en Hogwarts. Realmente no había nada que hacer…

Decidí levantarme del sofá, donde llevaba más de una hora tirada, y fui a ducharme y a arreglarme para poder salir a la calle aunque fuese a tomar el aire y estirar las piernas solamente. Tras salir de la ducha me sequé el pelo rápidamente y me lo alisé. ¿Cuándo había sido la última vez que me había alisado el pelo? Casi ni me acordaba, llevaba años teniendo el pelo perfectamente rizado, pero hoy hacía tanto calor que solo pensar en hacerme todos esos rizos me daba todavía más calor. Cuando estaba en Hogwarts siempre llevaba el pelo perfectamente liso todos los días. Mi estilo en general era muy distinto al de ahora, si cogía fotografías de antes y de ahora casi no parecía la misma chica. En verdad no lo era, habían pasado muchas cosas en mi vida y yo había cambiado, pero a veces darse cuenta del cambio era raro. En fin, supongo que hoy es un buen día para volver aunque fuese durante unas horas al estilo de antaño…

Después de alisarme el pelo hasta que quedó perfecto, como una tabla pero con volumen, me puse maquillaje como siempre y luego fui a vestirme. Abrí mi armario y miré en el interior. Había muchísimas prendas oscuras, pero casi todo lo que tenía ahí era de invierno… Gruñí por lo bajo al darme cuenta de que tendría que empezar a sacar la ropa de verano, pues con la que estaba ahí me iba a asar en cuanto pusiese un pie fuera. Hoy estaba haciendo muchísimo calor, como si fuese pleno verano en un país del sur. ¿Por qué? Ni idea, el mundo y el clima se están volviendo locos. El frío lo aguanto bien, pero el calor no me gusta. Al final encontré algunas prendas de verano que eran decentes, y me las puse. Cuando me miré en el espejo antes de salir de la casa me sentí como si tuviese quince años otra vez. Yo misma y todos a mi alrededor están acostumbrados a verme con el pelo rizado, mucho maquillaje, labios rojos, prendas ceñidas y negras o muy oscuras y sexys, tacones o botas… Y aquí estoy, con mi pelo liso, maquillaje con toque natural, unos shorts vaqueros que dejaban ver mis perfectas piernas, unos botines marrones y una blusa lila. Eso sí, estaba buenísima. Cogí un bolso pequeño del mismo tono de mis botines y me puse mis pendientes y unas pulseras y mis gafas de sol, y segundos después me desaparecí de la casa.

Me aparecí en pleno Callejón Diagón, en una esquina donde todos solían aparecerse y que estaba despejada para eso. Como no tenia ningún lugar específico al que ir había decidido ir allí a mirar las tiendas. Mis compras normales las tengo todas al día y no me apetece mirar más ropa, así que iba a echarle un vistazo a las tiendas mágicas. La primera en la que entré fue en la librería, Flourish & Blotts. Me gustaban mucho los libros, y siempre andaba en busca de una nueva lectura, aunque en este momento no tenía nada en particular en mente.

No había mucha gente dentro de la librería, así que n era incómodo ir paseando por ahí mirando las últimas novedades. Las novelas de ficción del mundo mágico eran muy similares a las del mundo Muggle, sobre todo las de fantasía, pero claro, para nosotros esas novelas eran más realistas que de ficción. Aun así eran muy interesantes si el escritor no era un completo inútil, claro. Estaba echándole un vistazo a unas novelas históricas basadas en la vida de Merlín que parecían ser muy interesantes cuando por el rabillo del ojo capté un título, y dejé de mirar los libros que estaba mirando para mirar ese que acababa de leer. “Licántropos, la Enciclopedia”. Y en letra pequeña ponía “Todo lo que hay que saber sobre unas de las bestias más peligrosas del mundo”. Había leído muchísimas burradas acerca de los de mi especie, y a veces algunas me molestaban y otras veces me hacían gracia. ¿Cuál de las dos cosas ocurriría en este caso? Solo por curiosidad cogí el libro, y lo abrí por una página aleatoria.

"No es poco común que los licántropos, mientras están en su forma humana, sientan una fuerte atracción sexual hacia los lobos reales que pueblan los bosques."

¿Pero qué cojones? ¿Quién mierdas ha escrito este libro? No sabía si me iba a dar una arcada o me iba a echar a reír a carcajadas. Después de todas las cosas que dicen sobre nosotros ahora van y piensan que nos va la zoofilia, genial. Cerré el libro y lo dejé en su sitio, pues con leer esa estupidez ya había tenido suficiente. Vi entonces al lado de ese libro uno igual, pero sobre vampiros, Estaba escrito por el mismo tipo. Solo por mirar a ver qué idiotez decía sobre la especie de mi querido hermano mellizo, abrí el libro también por una página aleatoria.

"Los vampiros son una especie muy solitaria, y a menudo después de sufrir la transformación los individuos se vuelven antisociales y cortan relaciones con las personas que eran cercanas a ellos durante sus años humanos."

-Mira, en eso tiene razón- murmuré para mí misma, recordando lo petardo que se había vuelto mi hermano. Le había escrito como mil cartas a las que no había contestado, y le había hecho mil llamadas pero nunca respondía ni llamaba de vuelta. Suspiré y dejé el libro en su sitio antes de continuar mirando a ver qué libros interesantes había por ahí.
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Invitado el Jue Mayo 14, 2015 10:50 am

Cuando los primeros rayos de sol comenzaban a entrar por la ventana de su habitación, Elladora ya estaba prácticamente terminando su café de la mañana. Se había despertado temprano, como de costumbre, dormía poco, a veces mal, otras terriblemente mal, pero siempre se repetía que con eso le bastaba. Su desayuno había sido una tostada con mermelada de fresa y un café, con mucha leche y azúcar. Dentro de su ritual mañanero, entraba el desayunar frente a la ventana, observando cómo, en esta ocasión Londres, se despertaba un día más.

Elladora echaba de menos estar más perdida, no tan accesible como lo era Londres, allí había gente por todas partes, incluso a las afueras el bullicio era tremendo. Se acordó entonces de La Toscana, de la luz de sus campos, de sus cielos, y pese a que aquella mañana el calor en Londres era palpable, no era como el calor italiano. Aquellos primeros rayos de la mañana no daban el mismo calor.

Terminó de un trago su café, y limpio tanto la taza como el pequeño plato donde había reposado su tostada. Tenía turno de tarde en San Mungo aquel día, pero no quería quedarse toda la mañana encerrada en casa, quería salir, volver a reexplorar. Quizá el Callejon Diagon era una buena idea. Desde que había vuelto a asentarse en Londres, volver a determinados sitios, como el Callejón Diagon, se le hacía hasta raro. Era una mezcla de pasado y presente, aunque parecía una tontería teniendo en cuenta que apenas había pasado un año fuera del Reino Unido. Pero qué año, había sido tan intenso... Se le puso la piel de gallina.

No tardó en ducharse, vestirse y arreglarse para salir. Había decidido llevar un pequeño vestido ablusado de color celeste con unos zapatos marrones de estilo oxfrod. Cogió todo lo necesario, lo metió en el bolso y salió por la puerta para coger el bus que le dejaría en el Caldero Chorreante y poder pasar así de este modo al Callejón Diagon. Le gustaba coger el bus, era uno de esos lugares en los cuales Ella pensaba, divagaba y reflexionaba, le recordaba también a su antiguo yo, un yo muy pequeño, antes de saber que era bruja, y le recordaba tiempos muy felices.

Cuando llegó al Caldero Chorreante, saludó a todos con cordialidad y se dirigió a su parte trasera, para introducirse dentro del Callejón Diagon. En un primer momento se quedó quieta, sin saber realmente a dónde dirigirse. ¿Madame Malkin? Nah... ¿Necesitaba algo de la botica? No, tampoco. ¿Quizá un helado en Florean Fortescue? Quizá más tarde...

Comenzó a caminar y sus pasos le llevaron de forma casi instintiva hacia su tienda favorita en todo el Callejón, Flourish y Blotts.

-Flourish y Blotts.- afirmó para sí misma.

Sí, definitivamente quería entrar en la librería. Empujó la puerta con cuidado y lo primero que notó su nariz fue el olor a libros, ese olor que tienen todas las librerías, que no se sabe muy bien cómo definirlo, pero que todo el mundo sabe que es olor a libros. Miró a su alrededor y no vio a muchos clientes, eso le gustaba. Comenzó a rondar por la tienda, sin buscar nada en especial, simplemente esperando a que algún libro captase su atención. Podía ver a una chica alta, de pelo lacio mirando algunos volúmenes y hablando consigo misma. Se paró delante de un estante que quedaba a escasos centímetros de ella.

Por alguna razón aquella chica le sonaba. Le sonaba muchísimo. No debían distar mucho en edad, así que supuso que debía ser de Hogwarts. Como no quería ser maleducada, tomó un volumen de la estantería y empezó a mirar sus hojas. Era un libro de elaboración de pociones, miro de nuevo de reojo a la chica. Sí, estaba segura... la conocía. Una parte de ella comenzó a hacer memoria intentando recordar el nombre de la chica. ¿Algo que empezaba con la S, quizás?
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Stella Moon el Jue Mayo 14, 2015 3:05 pm

Después de dejar de nuevo en la estantería aquellos ridículos libros sobre licántropos y vampiros (en serio, no me extraña que la gente tenga prejuicios sobre nosotros cuando hay idiotas como ese escribiendo esas cosas. Me fijé en el nombre del autor y le puse en el primer puesto de mi lista de gente a la que tengo que matar este mes) me puse a buscar algún libro que no pareciese haber sido escrito por un subnormal y que no me hiciese querer tirarlo por la ventana. ¿Debería comprar las novelas basadas en Merlín? Parecían interesantes, pero seguro que eran tan históricamente incorrectas que me pondrían nerviosa al leerlas, así que mejor busco otra cosa. Si no encuentro nada más me los compro.

Me puse a deslizar mi mirada oscura por los nombres de todos los tomos que había por ahí, y fruncí el ceño. ¿Quién era el encargado de la organización en aquella librería? Los libros no estaban organizados por géneros ni por temas, ni siquiera por orden alfabético del nombre del autor. Los libros simplemente estaban ahí, colocados en el primer lugar disponible que se había encontrado para ellos. ¿Qué hacía un libro de botánica al lado de una novela rosa para brujas cuarentonas y solteras sin ningún gusto?

Decidí ignorar aquella desastrosa falta de organización y me dediqué a revisar los libros para ver cuales me interesaban y cuales no, y cuales tenía y cuales no.

-Lo tengo… Lo tengo… No lo tengo.. Ugh- hice una mueca al ver un libro que me había leído hace años y que podría ser la definición de desastre literario. Tenía un trauma con ese libro.- Aburrido… No lo tengo… Lo tengo… Lo tengo… No sé ni lo que es eso- comenté para mí misma, sin importarme que hubiese gente cerca, al ver un título muy extraño en uno de los tomos. Luego me quedé mirando pensativa un libro sobre maldiciones antiguas que era enorme, y lo saqué de la estantería para poder mirar qué tal estaba. Era antiguo y bastante detallado, pero al echarle un vistazo no vi muchas cosas que no pudiese encontrar en alguno de los libros que tiene mi padre en su casa, así que volví a ponerlo en la estantería y resoplé. ¡No había nada que valiese la pena!

Supongo que al final iba a tener que comprarme los libros de Merlín si no quería volver a casa y releerme por quinta vez los libros que tengo allí. Estaban tirando para la entrada, así que tenía que marcharme de donde estaba e ir a donde los había visto todos en el montón de Novedades, pero al ir a darme la vuelta para salir de aquel pasillo me encontré cara a cara con una chica más o menos de mi edad. Ya la había visto antes por el rabillo del ojo mientras buscaba un libro decente, pero no le había prestado mucha atención hasta el momento. Ahora que la miraba directamente me estaba dando cuenta de que me sonaba, y entrecerré los ojos levemente mientras intentaba recordar de qué me sonaba… ¿Hogwarts? Sí, definitivamente era de Hogwarts…

Caí entonces en la cuenta de quien era. No había estado ni en mi Casa ni en mi curso, pues ella había estado en Ravenclaw dos cursos por debajo de mí, pero sí que me había hablado en varias ocasiones con ella. Cuando me la encontraba estando ambas solas nos llevábamos de manera civilizada, sobre todo en la biblioteca o en clase o en los jardines. Pero cuando yo estaba con los más puristas de mi clase y ella estaba con gente que iba en contra a aquellos ideales, había más tensión. Hacía años que no la veía, unos diez.

-¿Ella?- pregunté entonces, sonriendo sorprendida. Me acordaba de que ese era su apodo, pero debo confesar que no tengo ni idea de cual era su nombre completo. Era algo raro, de eso sí que me acuerdo. Nunca había sido mi amiga, pero tampoco había sido mi enemiga, y por lo tanto me había olvidado completamente de ella hasta que la había visto aquí. Pero estaba segura de que era ella. Yo olvido nombres, no caras.
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Invitado el Jue Mayo 14, 2015 4:29 pm

Ella seguía con el volumen de pociones entre sus manos. En su cabeza se empezaron a agolpar miles de caras de su tiempo en Hogwarts. ¿De su curso? No, de su curso no era, se habría acordado perfectamente de alguien de su curso pese al paso de los años. ¿Quizá de un curso superior? Hizo memoria, casa por casa. No, de un curso superior no era, entonces... ¿Quizá era dos años mayor que ella?

Elladora giró la página del libro, miró de reojo nuevamente. La forma en la que se movía, su mueca conforme iba mirando los volúmenes uno a uno. Si bien odiaba los tópicos, no pudo evitar pensar en una casa en especial: Slytherin. Igual que los Gryffindor solían desprender un aura de querer llamar la atención, o los Hufflepuff por lo general desprendían un aura cálida, los Slytherin desprendían un aura más complicada. Entre el querer ser superiores, pasar desapercibidos y a la vez ser el centro de atención.

Fue a girar otra página del libro cuando escuchó su nombre. Ligeramente sobresaltada cerro el libro y tuvo suerte de que éste no se le cayese al suelo. "Por los pelos" pensó. Cuando se dio la vuelta para mirar a la persona que había pronunciado su nombre, varios flashbacks del pasado cruzaron su mente.

Obviamente había un cambio, diez años se notan, de forma ligera, casi imperceptible, pero ahí estaban esos signos. Sobre todo cuando una persona ha sufrido, son marcas imperceptibles, pero que si uno presta suficiente atención están ahí. Lo que no había cambiado era esa ligera expresión de prepotencia en su rostro, su pelo lacio enmarcando su cara o la forma atlética de su cuerpo. Ella no pudo evitar sentirse algo intimidada al principio.

-¡Stella!- el nombre había sido más una afirmación en voz alta de todas sus suposiciones que un saludo. Había salido de su garganta con una voz algo aguda. Stella Moon. La recordaba, sí que lo hacía. Rara vez olvidaba un nombre, y mucho menos de dentro de Hogwarts, y aún menos de gente como Stella.

Ahí, tal y como se la veía, amable y cordial. Muy distinto a hacía diez años... Stella era una buena Slytherin, cruel cuando estaba en grupo, pero indiferente cuando andaba sola por los pasillos. ¿Cómo podía acordarse de su nombre? Pero dentro del carácter de Elladora no estaba el hacer recordar a la gente su pasado, prefería mirar hacia el futuro. Su cara de sorpresa disminuyó y entonces pudo articular algo más que aquel Stella, esta vez con su tono normal.

-¿Qué tal?- dejó el libro justo donde lo había encontrado, pero dejándolo al revés- Ha pasado bastante tiempo, ¿qué es de tu vida?

Tras esto, se arregló el flequillo que caía sobre su rostro y le sonrió de forma amable y auténtica.
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Stella Moon el Jue Mayo 14, 2015 5:12 pm

Aunque no me acordaba del nombre completo de aquella chica sí que me acordaba de su cara y de cuando estábamos estudiando en Hogwarts. Aunque muchos de los Ravenclaws que yo había conocido en aquella época eran insoportables, Ella me había caído bien. Era lista e inteligente, pero no levantaba la nariz como si pensase que ella era la persona más lista del mundo y los demás unos catetos incultos, como hacían muchos de su Casa. Supongo que los de cada Casa despreciábamos a los de las demás por diferentes cosas, y Slytherin era la más conocida por ello. Los Ravenclaws pensaban que todos eran tontos, los Gryffindors pensaban que todos eran cobardes, y los Hufflepuffs pensaban que todos estábamos locos. Puede que en eso último sí que tuviesen razón.

Cuando la llamé, a Ella casi se le cayó el libro que tenía en las manos pero logró evitarlo y lo cerró de repente con un golpe seco que llamó la atención de una pareja de magos mayores que estaban cerca de nosotras mirando unos libros de transformaciones. Ella exclamó mi nombre, cosa que me hizo alzar las cejas con sorpresa. ¡Cuánto entusiasmo!

Pude ver cómo me observaba durante unos segundos, como si no supiese muy bien qué decir o cómo actuar. Era lógico, dado que cuando estábamos en Hogwarts yo era una petarda cuando tenía compañía y más o menos simpática cuando estaba sola, dependiendo del día. Eso sí, como me pillasen sola y de mal humor cuando se estaba acercando la luna llena no había quien me aguantase. Es más, pobre del que osase molestarme cuando aquello pasaba. No me acordaba de si Ella había sido testigo de uno de esos arranques de mal humos que había tenido en mi adolescencia, pero soy consciente de que hay gente en el Ministerio que me conocen de Hogwarts y no les caigo bien precisamente por eso. Como si me importase…

Poco a poco la expresión de Ella se suavizó, como si la expresión amable de mi rostro sonriente (a ojos de la sociedad yo ahora era buena, así que tenía que actuar como tal) la hubiese tranquilizado, y entonces ella rompió ese silencio que apenas había durado unos segundos y habló, comenzando la típica conversación de la gente que se reencuentra tras mucho tiempo sin verse.

-Ya ves- asentí cuando dijo que había pasado mucho tiempo.- ¿Qué han sido, diez años?- ¿Realmente hacía tanto que me había graduado de Hogwarts? Qué extraño, se me ha pasado el tiempo súper rápido. Era como si los años que había pasado en Estados Unidos hubiesen sido muy cortos y rápidos. En muchas ocasiones ni siquiera podía acordarme de qué cosas había hecho en ciertas épocas. Pero lo extraño era que el tiempo parecía correr de manera más normal desde que había vuelto a Inglaterra, y me acordaba de muchos más detalles de mi vida aquí que de mi vida allí. Justo entonces Ella me preguntó acerca de mi vida y me encogí de hombros mientras sonreía. Fue entonces que me di cuenta de que el libro que ella había vuelto a poner en la estantería estaba al revés. Hice un esfuerzo por no poner los ojos en blanco. Ay, Ella, qué distraída…- Pues no mucho. Me mudé a Estados Unidos y he vuelto hace poco. Ahora estoy trabajando, soy jefa de departamento en el Ministerio…- dije con tono casual, sin saber qué contarle a aquella chica a la que hacía una década que no veía. No quería dar un resumen de mi vida, pero me parece súper aburrido cuando la gente responde nada a esa pregunta.- ¿Y tú qué te cuentas?

Le eché un raído vistazo de solamente un segundo a los libros otra vez. Sí, me llevo los de Merlín, no hay otra. Mejor me llevo el primero, y si está bien me compro el segundo y si no le escribiré una reseña poniéndole por los suelos al autor.- Ya podrían hacer un esfuerzo colocando bien los libros…- murmuré con pesar al ser testigo de aquel desorden. Me fijé en el libro que había estado mirando antes Ella.- ¿Pociones?- pregunté con una amable sonrisa mientras daba unos pasos por el pasillo para ir hacia donde estaba el que quería.- ¿Te dedicas a eso ahora?

Yo los libros de pociones que he abierto desde que me gradué han sido en mayor parte para mirar las recetas de venenos altamente peligrosos. Ella tenía pinta de mirar esos libros para hacer exactamente lo contrario.
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Invitado el Vie Mayo 15, 2015 7:37 pm

Diez años... Elladora abrió los ojos en señal de incredulidad. WOW. Sí que pasaba rápido el tiempo. Detectó los ojos en blanco de Stella, pero no supo entender muy bien por qué hacía aquello. ¿Había hecho algo? Tras un segundo de confusión, Ella volvió a retirarse el pelo de la cara. "Condenado mechón" se dijo por enésima vez aquel día y pensó seriamente en cortarse el pelo.

Conforme la chica fue contando sus diez años Ella asintió con la cabeza.
-¿En los Estados Unidos?- preguntó con curiosidad. Ella había estado durante dos meses viviendo en Los Ángeles, una experiencia que no olvidaría nunca. Bueno, una de tantas.- ¿Te fuiste sola? ¿A qué parte? ¿Y Jefa de departamento? Eso es estupendo, ¿de cúal?

Si bien Elladora era inteligente y cordial por naturaleza, también era extremadamente curiosa. Y a veces esa curiosidad pasaba por un bicho cotilla... Tenía más preguntas preparadas, pero se contuvo, para empezar aquellas dos no estaban mal. Tampoco quería asustar a su interlocutora, ¿qué pensaría de una persona que tras diez años hace algo más parecido a un interrogatorio que a una conversación? Tenía que dejar de ver tantas series muggles policíacas o cualquier día se metería en un problema.

Cuando Stella miró el libro que había estado mirando y preguntó sobre él, Ella se dio cuenta de que lo había colocado al revés. Algo azorada lo volvió a tomar y lo colocó correctamente en la estantería, acariciando el lomo como si de un perro malherido se tratase y volvió a mirar a los ojos a Stella.

-¿Pocionista? No, no...- agitó las manos en señal de negativa- Soy sanadora, por eso lo de las pociones- se rió como si hubiese hecho un chiste y rápidamente volvió a intervenir- Soy la última incorporación de San Mungo, y este es un trabajo en el que uno siempre tiene que seguir estudiando y explorando todos los avances.

Si había algo que Elladora se tomaba en serio, era su vida profesional. La vida podía sacar a la chica de la casa de Ravenclaw, pero la casa de Ravenclaw no podría salir nunca de la chica, estaba claro.
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Stella Moon el Miér Mayo 20, 2015 10:38 pm

Ella se dedicó entonces a hacer preguntas sobre mí en un estilo un poco cotilla, pero no me importaba. De otras personas sí que me molestaba a veces, sobre todo por la forma en la que se ponían a interrogar o porque no les conocía de nada y me parecían unos entrometidos. Pero viniendo de Ella no me molestaba. Puede que llevase diez años sin saber absolutamente nada de ella ni ella nada de mí, pero sí que nos conocíamos, y en casos como estos lo más normal es que esa vena cotilla salga a la luz. Además, yo ya sabía como era ella de curiosa. Digna Ravenclaw.

-Me fui a la capital, Washington DC. Nací allí- a pesar de que soy perfectamente capaz de imitar un acento británico después de todos los años que pasé en Inglaterra y en Escocia, siempre hablaba con mi acento americano nativo. No era el típico acento de los estereotipos de chicas americanas que hablan por la nariz y con un tono súper chillón y artificial, sino que era un acento neutro como cualquier otro. Estuve a punto de perderlo cuando estuve en Hogwarts junto con todos los alumnos británicos, pero después de haber pasado tantos años de nuevo en mi país lo había mantenido como si nunca me hubiese ido.- Pero vamos, estuve en varias ciudades a lo largo de los años, moviéndome de un sitio a otro. Nueva York, Boston, Chicago, Houston, Miami… ¡Las Vegas!- tengo que volver a Las Vegas, me lo pasé genial. Puedes sacar a la chica de Las Vegas, pero no puedes sacar a Las Vegas de la chica. Sonreí a Ella.- No, no me fui sola, fui con mi hermano, Drake. No se si llegaste a conocerle en Hogwarts, estaba en el mismo curso que yo, somos mellizos… ¿Y tú? ¿Por dónde has estado estos años, también has estado viajando?- era lo que mucha gente hacía cuando se graduaba, pero algunos se quedaban fuera del país más tiempo que otros. Por último Ella me preguntó que de qué departamento del Ministerio era jefa, y le contesté.- Del de Transportes Mágicos. Cuando volví estuve trabajando allí como instructora de Aparición con los alumnos de Hogwarts, y ahora la que manda soy yo- dije con una sonrisa satisfecha, en la que se podía ver el toque Slytherin. Nos gustaba mandar. Y mi jefe había sido un completo idiota, le detestaba. Pero un fin de semana se fue de visita a su pueblo y… nunca volvió. Ejem ejem.

Fue entonces mi turno de ser cotilla, y le pregunté a Ella que si se dedicaba a las pociones, ya que estaba mirando un libro sobre ellas, pero ella negó y me dijo que era Sanadora.- Esa es una muy buena profesión, felicidades por tu trabajo- le dije muy amablemente cuando dijo que era la nueva incorporación en San Mungo. Hablándole con ese tono y con esa expresión tan amable cualquier pensaría sin lugar a dudas que soy un encanto de persona que verdaderamente ha cambiado mucho desde su adolescencia problemática. ¿Y no era eso acaso lo que quería hacerle creer al mundo? Mientras tanto, un puñado de personas me conocían perfectamente y sabían cuál era mi verdadera cara.- Claro, es lógico que tengas que estar todo el rato estudiando para que la medicina mágica avance. Y más ahora, con los tiempos que corren…- los ataques de los mortífagos siempre tenían las salas de San Mungo llenas. Y la morgue también.- Tú eras hija de Muggles, ¿no?- pregunté entonces mientras caminaba por aquel pasillo, alejándome de la zona donde los libros que había no me interesaban nada. El tono de mi pregunta fue muy casual y respetuoso, al contrario que el tono despectivo que solían poner los demás Slytherins y mis compañeros cuando se dirigían a un sangre sucia.- Sabrás entonces de medicina Muggles también, supongo. ¿No te da eso ventajas en tu trabajo?
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Invitado el Dom Mayo 24, 2015 4:43 pm

Elladora en aquel momento pensó en que en realidad ambas se parecían bastante. Almas nómadas, que iban de un lado para otro, que se habían dado un tiempo tras salir de Hogwarts. Ahora eran adultas, con sus momentos de niñas, estaba segura de aquello, pero adultas. Nunca se había preguntado dónde había nacido Stella, simplemente sabía por su acento que no era de Reino Unido o de Irlanda, pero en Hogwarts jamás le había dado por preguntarle de dónde era. El tiempo acaba haciendo que todo el mundo lo sepa todo, en aquel instante era la propia Stella la que contaba su historia.

-Pues sí que has estado recorriendo Estados Unidos- En los ojos de Ella brilló el alma aventurera. Le encantaba viajar. Cuando Stella pronunció el nombre de su hermano en la cabeza de Elladora apareció la cara de un chico, pero no muy definida, más bien una imagen algo borrosa con el paso de los años. Creía poder recordarlo, pero no en exceso. Quizá se había cruzado con él un millón de veces, pero no había depositado suficiente atención en él.

Cuando la chica le preguntó a ella, Elladora sonrió con ganas. Lo cierto es que tras haber estudiado para sanadora, su año sabático por todo el mundo había sido increíblemente intenso y gratificante. No sólo lo había sido como sanadora, sino también como bruja y persona.

-Sí, ha sido alrededor de un año rondando por todo el mundo, con lo puesto, básicamente-Elladora sonrió ilusionada. La verdad era que no había hablado con mucha gente sobre aquel año pasado, y hablarlo con Stella le puso de buen humor.- Australia, Japón, Corea del Sur, la India, China, Sudáfrica, Chile, Perú, la verdad es que la lista es casi interminable. Un día estaba en un punto y al siguiente en otro muy distinto.

Fue entonces cuando Stella le comentó lo del departamento de Transportes Mágicos. Sin duda había ascendido con rapidez.
-Felicidades por tu puesto. ¿Se hace un trabajo difícil?- lo cierto era que Elladora desconocía realmente cuáles serían las funciones de Stella, y le entró hasta curiosidad. Además, imaginándosela de jefa del departamento le impuso, había algo en la presencia de Stella que era capaz de imponer cierto respeto.

-Oh, eres muy amable- Elladora se sonrojó ligeramente. En ocasiones no sabía muy bien cómo aceptar los cumplidos, no se creía merecedora de grandes honores, al fin y al cabo, sanadores había cientos como ella.- La verdad es que me gusta mucho mi trabajo, sentirme útil, ayudar a la gente, siempre ha sido así, y espero que siga siendo así.

Pero el candor en las mejillas de Elladora duró poco, cuando Stella sacó a relucir la situación actual una parte de la sanadora se puso ligeramente alerta.

-Sí, sí, soy hija de muggles- Elladora alzó la barbilla, era algo que hacía casi de forma automática. Siempre lo había hecho, nunca se había avergonzado de su estatus de "sangre sucia", y en más de una ocasión se había sentido tremendamente orgullosa de ello, esta vez no iba a ser menos. Elladora siguió a Stella por el pasillo, continuando con la conversación.- Sí, también he estudiado algo de medicina muggle, nunca viene mal, soy de la opinión de que las mezclas de conocimientos dan mejor resultado. ¿No crees?

Elladora miraba las cubiertas de los libros de forma desinteresada, más pendiente de la conversación y de las respuestas de Stella que de los libros.
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Stella Moon el Mar Jun 02, 2015 8:58 pm

Elladora y yo nos pusimos a hablar tan tranquilamente en aquel pasillo de la librería, poniéndonos al día después de tantos años sin saber nada la una de la otra. No habíamos sido amigas precisamente, ni compañeras de Casa, pero sí que habíamos sido compañeras y eso ya daba pie a que el trato entre nosotras fuese bueno. Aquello era algo que estaba en mi favor, ya que había muchas personas que me conocían de mis años de Hogwarts que habían conocido a mi lado más retorcido, a la Stella a la que se le notaba perfectamente cuál era su verdadero bando. Y aquellas personas ahora, incuso tantos años después, son muy fastidiosas pues algunos de ellos no se tragaban el numerito que había estado montando en el último par de años sobre que me había arrepentido y que ahora era buena. Por eso siempre tenía que actuar con mucho cuidado cerca de ellos, pero con Elladora no, Elladora no sabía cuál era mi verdadero yo. Sabía que en mi época de estudiante había sido la típica Slytherin que actuaba como si fuese la reina del mundo. No puedes estar en Slytherin y no creértelo mucho, porque sin arrogancia no sobrevives en esa Casa.

Por su sonrisa pude ver que le agradaba hablar de sus viajes. Escuché mientras Elladora me decía en qué lugares había estado, y la verdad es que me impresionó la larga lista. Alcé las cejas con sorpresa mientras ella hablaba, mencionando los nombres de distintos países.- ¡Has estado por todo el mundo! Calla calla, que hasta me das envidia- dije con tono amistoso. No era mentira, a mí me habría encantado viajar todo lo que había viajado ella, pero en este caso era una envidia sana. Total, ahora soy la jefa de Transportes Mágicos, puedo coger cualquier traslador de la oficina y aparecer en Australia en un segundo si quiero, pero no tengo tiempo… Aunque antes no podía por u millón de cosas, ahora la cosa es más fácil. Algún día lo haré.- Eso debe de haber sido muy emocionante. Dime, ¿tienes historias que contar de tus viajes? Habrás visto cosas asombrosas, las culturas cambian tanto de un lugar a otro…

Se me daba muy bien ser amable y sociable cuando quería, me venía con muchísima naturalidad. Aunque a lo mejor no era tanto cosa de fingir, en el fondo soy una persona de gentes, por mucho que la mayoría del tiempo quiera arrancarle la cabeza a la gente que tengo al lado. Pero ese no es el caso hoy, y realmente estaba teniendo una charla placentera con Elladora. No sé cuanto habrá cambiado con los años, pero parece una chica con la que es fácil hablar. Ella me felicitó por mi nuevo puesto y se lo agradecí con una sonrisa.- Muchas gracias- dije antes de dedicarle un cumplido a su propia profesión.

Fue entonces cuando, hablando de su trabajo, dijo algo que era típico escucharlo decir a los miembros del bando enemigo, el de los buenos. Querían sentirse útiles y ayudar a la gente. Yo me sentía igual con respecto a lo de querer ser útil, pero hasta ahí llego. Yo no solo me ayudo a mí misma y a los que me importan, no voy a dedicar mi vida al resto del mundo. Continué sonriendo para no arruinar mi perfecta fachada.- Seguro que seguirá siendo así. Si no recuerdo mal, eras una bruja muy prometedora. Seguro que ahora tienes un grandísimo talento para la magia y la sanación.

Mientras recorría el pasillo pregunté con tono muy casual y para nada malicioso si ella era hija de Muggles, pues me parecía recordar que así era. Efectivamente, era sangre sucia. No todos los hijos de Muggles eran los completos inútiles que mis compañeros mortífagos pensaban que eran, muchos de ellos prometían mucho y eran muy buenos magos y brujas. Desde luego, varios de ellos son mejores que algunos inútiles mamarrachos que hay entre nuestras filas. Elladora dijo que sí que había estuviado un poco de medicina Muggle.- Por supuesto, ¡tienes toda la razón!- contesté cuando me preguntó si no creía que la mezcla de conocimientos era lo mejor.- Cuanto más se sepa mejor. Pero siempre hay que tener cuidado, claro. Hay que saber escoger lo mejor de cada campo, no lo peor- a veces me interesaba por saber qué era lo que estaban haciendo los Muggles con sus vida y leía artículos en periódicos y revistas. Su medicina estaba muy avanzada, pero su ciencia era a veces bastante inmoral y demasiado antinatural. Lo sé, suena irónico viniendo de una bruja…

-¿Vas a comprar algún libro? Si quieres te invito a tomar algo. Voy a morir abrasada con este calor- si el verano era igual o peor me iría a pasar las vacaciones al Polo Norte.
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