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Nada de lo que preocuparse ¿O sí? (Elladora Armour)

Invitado el Jue Mayo 14, 2015 11:35 pm

- Necesitará ir a San Mungo a que lo revisen jovencito. Tenemos la enfermería repleta con alumnos que tienen síntomas de viruela de dragón - la enfermera Pomfrey se dirigió a mí con mirada exhaustiva al momento que dos de mis compañeros de quidditch me llevaban de cada hombro hasta la puerta de la enfermería. - Ahora le doy un pase para que lo atiendan - la mujer desapareció dentro de aquella habitación para luego salir un par de minutos después con una nota. - ¿Y cómo va a llegar hasta ahí? - preguntó uno de mis compañeros, pero la pregunta se vio respondida cuando apareció uno de los profesores, uno en particular que yo conocía muy bien. - Está bien chicos, gracias por traerme, pueden regresar a practicar, el profesor me llevará - les agradecí y me recargue en el muro del pasillo para no caer pues el pie derecho me dolía bastante y no podía apoyarlo sobre el suelo sin sufrir. Ellos desaparecieron rumbo al campo mientras el profesor se acercaba a mí y me ofrecía su hombro.

- ¿Cómo supiste? - pregunté avergonzado porque me viese en aquella situación. Jayden, el profesor de pociones se apareció sorpresivamente para llevarme ya que el personal de la enfermería estaba sumamente ocupado y se necesitaba a un adulto para aparecerse en el hospital. - Uno de los estudiantes que veía las prácticas me lo ha dicho cuando salía de una clase y vine a ver que estuvieras bien - habló con total tranquilidad lo cual agradecí infinitamente y sobretodo que no hiciese preguntas, ya que la situación por la que estaba ahí era totalmente ridícula.

- Vamos entonces para que te revisen que no puedes ni mantenerte en pie por lo que veo - dijo Jayden mientras desaparecimos de aquel pasillo de Hogwarts para aparecer justo en la entrada a San Mungo. El viaje fue casi instantáneo y yo no estaba acostumbrado a utilizar ese método de transporte, así que sentí un leve mareo. Entramos a la sala de urgencias directamente, brincaba con un solo pie mientras me apoyaba en el profesor para no perder el equilibrio. - Bienvenidos a San Mungo ¿cuál es su problema? - preguntó una mujer recepcionista con gafas en color verde y una abundante cabellera roja y rizada que parecía que tenía algún nido de petirrojos dentro. - Me caí de la escoba mientras practicaba quidditch - respondí a la mujer intentando sonreír. - Bien, ¿cuál es su nombre? - siguió preguntando mientras escribía todo lo que yo le decía en una bitácora, ¿Por qué no tenías computadoras como los muggles? - Grayson Barksdale - respondí - tomen asiento, en un momento le atienden - y fue todo lo que dijo la mujer pues se levantó y llevó la bitácora consigo.

El lugar estaba repleto de gente, aquella pequeña sala de urgencias era un caos. Se podían escuchar lamentos, sollozos y susurros nada alentadores. Desvié la vista de aquellos magos esperando ser atendidos y luego observé a Jayden. - Al menos yo no estoy tan mal, vamos que sobreviviré, pero me da un poco de pena toda esta gente - le comente, - creo que quiero ser médico Jay - le confesé aquello, era la primera vez que se lo decía a alguien. El profesor solo me vio y sonrió asintiendo. - Te pega, serás el mejor - dijo dándome unas palabras de aliento en aquel momento vulnerable. Una enfermera llamó mi nombre y al levantar la mano ella se acercó para ayudarme. - Suerte, estaré aquí afuera esperando - mi amigo se puso a leer el periódico para esperar.

Dentro del consultorio estaba fresco. Me senté arriba de una camilla a esperar al doctor mientras la enfermera salía. Estaba todo muy silencioso a diferencia de allá fuera donde se podía sentir un ambiente muy deprimente. Al cabo de unos minutos apareció una mujer que parecía ser quien me iba a revisar. - Hola doctor… ¿sanadora? No estoy familiarizado con los términos mágicos disculpe - hablé mostrando una sonrisa un tanto tímida. - En Hogwarts estaban a su máxima capacidad de pacientes y me han mandado hasta aquí. Aunque yo insisto en que no es nada grave - no estaba nervioso, bueno tal vez un poco pero era por otros factores y no tenían que ver con el diagnóstico.
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Invitado el Vie Mayo 15, 2015 8:00 pm

Aquel era uno de sus primeros días en San Mungo y lo que era peor... a Elladora le había tocado la zona de urgencias. Eso significaba correr, intentar respirar, correr, dar con un diagnóstico rápido, correr, saltarse el descanso, volver a correr, hablar con los parientes histéricos, calmar a los pacientes, y la regla de oro: no perder a nadie.

Tras su quinto café aquella mañana, Ella miró a su alrededor en la pequeña salita que tenían para descansar los sanadores en San Mungo. Parecía que todo el mundo había decidido aparecer aquella mañana en urgencias. Desde hechizos que habían salido mal hasta virus mágicos, pasando por los más de ocho magos que habían llegado con heridas de criaturas mágicas. Así que cuando tuvo tres minutos no lo pensó y volvió a por otro café. Miraba absorta en sus pensamientos el líquido beige, con más leche que café, cuando una de las recepcionistas llamó a la puerta dos veces.

-¿Sanadora Armour?- Ella se giró y vio el pelo rojo y alborotado de la recepcionista, con sus ojos tras aquellas gafas verdes- Le espera un alumno de Hogwarts, accidente en entrenamiento de Quidditch.

-¿De Hogwarts?- preguntó confusa. ¿Cómo era que habían enviado a un alumno de Hogwarts hasta San Mungo?

-Al parecer en la enfermería están repletos, ha venido acompañado de un profesor.-fue lo último que dijo antes de pasarle a Ella la ficha con los datos del menor.

-Voy ya para allá- se bebió el café de un sorbo y tomando la tablilla entre sus manos salió disparada hacia la sala que indicaba la ficha. Elladora llamó cinco veces a la puerta, era una de las manías que tenía con el número cinco. Llamar siempre cinco veces a la puerta.

-Buenos días- dijo mientras abría y se intentaba colocar el pelo detrás de las orejas, aunque a aquellas alturas de la mañana la perfecta coleta que se había hecho aquella mañana tenía menos pelo dentro del coletero que fuera- Sanadora está bien- se rió ante la duda del chico- ¿Eres hijo de muggles?

Se acercó hasta que quedó justo frente a él. Como Elladora era bastante bajita, incluso con el chico estando sentado en la camilla, Elladora quedó con los ojos a la altura de los de él. Pudo observar entonces que era cierto lo que había apreciado desde la distancia, el chico tenía heterocromía en sus ojos, dándole un aspecto facial mucho más intenso e interesante.

-¿Caída de la escoba?- ojeó de nuevo la ficha- Dolor de pie figura aquí, ¿te podrías tumbar o estás mareado?
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Invitado el Dom Mayo 17, 2015 12:16 am

Todo mundo tiene miedo de ir al médico. Ya sea por aferrarse a vivir en la ignorancia y no querer recibir noticias fatales o por miedo a algo tan simple por las inyecciones, el caso es que los hospitales tienen una mezcla de personas con diferentes tipos de humores y la mayoría no son buenos. El consultorio en donde me encontraba ahora era pequeño pero bastante estéril como se supone un sitio de esos debe ser. La decoración era de lo más minimalista, con solo un par de cuadros colgados, uno de una doctora que se acomodaba las gafas para observarme mejor y querer dar un dictamen con eso. Se dio cuenta que aquello me incomodaba y se disculpó alegando que alguien capacitado entraría por esa puerta a ayudarme.

El otro era un diploma con un nombre que no alcance a leer porque estaba un tanto retirado en la pared detrás del escritorio. La puerta en esos momentos se abrió y una mujer de aspecto joven y cabello recogido me dio los buenos días a lo que conteste saludándola pero sin saber que término sería el apropiado para referirme a alguien como ella. Me hizo la corrección a sanadora y de paso me pregunto que si era hijo de muggles. - Si, mis padres adoptivos lo son, mi padre biológico es mago - admití con una sonrisa un tanto nerviosa, más cuando ella quedó a la altura de mi rostro y sentí aquella mirada que siempre me dan cuando se dan cuenta de mis ojos. Bajé la mirada por unos momentos mientras me hacía unas preguntas rutinarias para saber que tenía.

- Si, fue bastante ridículo en realidad. Estaba persiguiendo la snitch cuando de pronto una ráfaga de viento me tomo desprevenido y como no estaba bien sujeto a la escoba me he caído de una altura de cinco metros aproximado, si hubiese sido de más alto no estaría hablando con usted ahora mismo - comenté, el nerviosismo estaba pasando poco a poco o tal vez sería mi necesidad extraña de hablar hasta por los codos cuando una persona parecía interesada en escucharme, aunque en este caso fuese por saber exactamente lo que ha pasado y tomarlo en cuenta.

-   Si puedo, lo único es que al golpearme me he lastimado el pie derecho y el brazo izquierdo, el pie es el que me duele y no puedo apoyarlo por mucho tiempo porque siento una molestia pero tampoco es que me retuerza del dolor, ¿sabe? -  y dicho esto me tumbe sobre la camilla y con sumo cuidado hice lo mismo con ambos pies, recargando la cabeza sobre aquella superficie fría. Observé el techo, de color blanco y nada más. La habitación en si era muy luminosa a pesar de que no entraba luz solar. - Usted se ve joven, ¿cuánto tiempo tiene como sanadora? - hice una pregunta un tanto indiscreta, sabía que la persona del diploma colgado en la pared no era ella, más bien el de la mujer en el cuadro.
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Invitado el Dom Mayo 24, 2015 3:24 pm

Elladora se sintió algo mal al haberse quedado tanto tiempo mirando los ojos del chico, pero lo cierto era que las mutaciones genéticas eran una de sus mayores fascinaciones y la heterocromía figuraba en uno de los primeros puestos. Cuando el chico nombró lo de sus padres adoptivos, una parte muy grande de Ella quiso seguir preguntando. ¿Padres adoptivos? y aún así había conseguido dar con su padre biológico... interesante. Pero luego, la imagen de su padre no tardó en aparecer en su cabeza. Habían pasado los años, pero uno nunca se recupera de la muerte de un padre o una madre, Elladora lo sabía. No pudo evitar quedarse ligeramente seria mientras el chico se acomodaba en la camilla y sus ojos se aguaron ligeramente. Pestañeó varias veces y sonrió cuando el chico le contó lo que le había pasado con la escoba.

-Parece que alguien va a tener que aprender a agarrarse mejor a la escoba, Grayson- dijo el nombre del chico, que había leído en la ficha, soltando una ligera carcajada. Lo cierto era que quería que el chico estuviese lo más relajada posible y la incomodidad de aquella sala tan aséptica se diluyese en la conversación.

Se acercó al pie del chico y con cuidado empezó a quitarle el zapato y el calcetín del pie derecho, con lentitud, intentando no dar tirones bruscos y que el chico terminase gritando de dolor. Cuando el pie quedó al descubierto, Elladora pudo comprobar que tenía el tobillo amoratado y muy hinchado.

-Grayson- dijo con voz suave- voy a apretar ligeramente el tobillo, por el aspecto parece un esguince, pero quiero estar segura.

Apoyó la palma de su mano izquierda en la planta del pie del chico y con cuidado intentó flexionar el tobillo sujetando con su mano derecha la articulación. No quería apretar demasiado, pues sabía el dolor que causaban los esguinces.
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Invitado el Jue Mayo 28, 2015 11:03 pm

Era la primera vez que me sucedía algo tan extraño como aquello. La doctora estaba tratando de ponerse al tú por tú, haciendo comentarios graciosos para aminorar el estrés del momento. Se lo agradecía, pero también me parecía raro, o sería que no visitaba los hospitales con regularidad y no sabía si todos los doctores debían ser así de amables. Yo mismo estaba interesado en seguir ese camino de la medicina, así que saber que los doctores atentos con sus pacientes existían me hizo sentir mejor, pues la imagen que se tiene siempre es de personas frías, que tienen que estar listas para todo.

-  Ni me lo recuerde, bastante avergonzado estoy ya con mi desempeño en el último partido  - hice una mueca de dolor y de fastidio al recordar la final contra Hufflepuff donde solo pude recibir golpes de las bludgers en lugar de atrapar la snitch. Pero eso ya era cosa del pasado, hicieron buen trabajo y solo debía seguir practicando. Practicar mientras me sostengo bien a la escoba como la doctora me estaba diciendo. Sonreí finalmente junto con ella, pero esa sonrisa se desvaneció cuando relató lo que planeaba hacer a continuación.

Cuando me quitó el calzado sentí una leve molestia, hasta ahí todo bien, pero cuando comenzó a mover mi pie, aquella molestia acrecentó a gran velocidad, teniendo que rechinar los dientes para no gritar. Pero mis ojos me delataban, comenzaron a salir pequeñas gotas de agua salina de mis orbes. - Vale, si me duele - dije soltando el aire que había estado sosteniendo en mis pulmones y antes de que colapsaran.

- En una escala del 1 al 10 creo que tendría que decir un 6 - no me lo preguntó pero estaba anticipando la pregunta por si acaso. - Dígame que no necesitare que me pongan un yeso - ya estaba calmado y me había secado las lágrimas, me dio un poco de vergüenza por mostrarme tan vulnerable con la doctora. - Saldré este verano y no puedo andar enyesado - estaba genuinamente preocupado, esperando que no fuera necesario.


Última edición por Grayson Barksdale el Sáb Mayo 30, 2015 7:22 pm, editado 2 veces
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Invitado el Sáb Mayo 30, 2015 6:48 pm

Elladora dejó de apretar el pie y con mucho cuidado y una ligera caricia lo dejó de nuevo sobre la camilla. Sin duda, lo que Grayson tenía era un esguince. Sacó su varita y con un movimiento rápido hizo aparecer una mullida almohada para tener el pie en alto.

-Se trata de un esguince, no te tendré que poner ningún yeso, pero tras aplicarte un ungüento voy a tener que vendarte el pie.- Elladora entendía que llegando justo el verano, el muchacho no quisiese tener el pie escayolado, pero como tampoco hacía falta, no tenía de qué preocuparse.

Se acercó a una vitrina que había en la consulta y empezó a mover los pequeños tarritos. Todo estaba lleno de ungentos y pociones de lo más variado para poder tratar a todos loa pacientes. Ella lo que buscaba era un ungüento especial que era anestésico y antiinflamatorio, lo que reduciría el dolor e hinchazón de tobillo del chico que notaría el alivio casi instantáneo.

-¡Aquí está!- dijo por fin cuando encontró el pequeño bote. Tenía un color verde y al abrirlo, pudo comprobar por el olor a menta que era justo lo que buscaba. Volvió a la camilla donde estaba el chico tumbado y con cuidado, cogió un poco del ungüento y empezó a colocarlo por todo el tobillo del chico.

-Es probable que sientas un ligero cosquilleo y que notes también frío, como si te hubiese puesto una bolsa de hielos- Elladora sonrió al muchacho- Es completamente normal, no te preocupes. Además en unos minutos notarás que el dolor ha disminuido muchísimo.

Cerró el bote y volvió a la vitrina para dejarlo en su sitio. Fue entonces cuando se dirigió a un pequeño armarito y del mismo sacó una venda nueva. Se acercó al chico de nuevo y con cuidado empezó a vendarle el tobillo y el pie, de tal manera que pudiese tener una buena sujeción, pero que tampoco le apretase tanto que le dejase sin circulación en la extremidad. Siguió enrollando la venda hasta que estuvo por completo colocada y se acercó entonces a un armario de cristal que contenía más pociones que en el sitio donde había cogido el ungüento. Cuando dio con la poción que buscaba, la botellita azul brilló con la luz del sitio.

Elladora cogió un vaso, lo llenó de agua y con cuidado vertió tres gotitas de la poción en el agua. Lo removió y esperó hasta que e agua terminó con una coloración rosácea.
-Ten- le dijo a Grayson- Esto aliviará el dolor y ayudará a que la sangre acumulada, sea reabsorbida por tu cuerpo. Tiene algo de relajante muscular, así que es normal que te encuentres algo somnoliento en las próximas horas, deberás evitar hacer grandes esfuerzos o coger grandes cargas.
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Invitado el Mar Jun 02, 2015 10:16 pm

Respire hondo una vez más pero ella dejo de tocarme el pie y el dolor disminuyó un poco. Sonreí aliviado al saber que no requería de un yeso pero si unas vendas. Aquella era mi primera esguince, así que al menos tendría una buena anécdota que contar o tal vez no, si lo pensaba bien resulta embarazoso decir que en plena práctica te caíste de la escoba, seguro se burlan de ti y no contigo. - Está bien, solo agradezco que no requiera inmovilidad por varias semanas, que alivio - sonreí y la observé como se retiraba a buscar algunas cosas en unas estanterías.

El ligero cosquilleo y la sensación fría no tardaron en aparecer en mi piel cuando la sanadora comenzó a aplicar generosamente una especie de pomada en la zona afectada. El olor a menta me inundaba la nariz y era bastante agradable, tanto que suspiré. Me recordaba a cuando mi madre me untaba ungüentos en los pies cuando estaba resfriado pues decía que todo entraba por la planta de los pies y realmente funcionaba. Cuando ella acabó con eso me colocó una venda sobre el tobillo hasta quedar completamente vendado.

Luego por si fuera poco me daba una sustancia a beber. No quise replicar así que lo hice, casi la escupía pues sabía asqueroso. -   ¿Qué es eso? Sabe horrible  - hice una mueca de asco, me senté sobre la camilla. Ella tenía razón, el dolor disminuía y me relajaba, solo esperaba poder salir de ahí antes de quedarme dormido.

-   ¿Sabe algo? Creo que quiero ser un médico muggle, pero también sanador, ¿cree que se pueda?  - pregunté a la mujer quien estaba a mi lado mientras me recargaba en la fría pared de aquel consultorio. - Recientemente me di cuenta que me gustaría poder ayudar a las personas y que mejor que dedicándome a la medicina -  continué relatando aquello como si la conociera de tiempo, quizá la estaba aburriendo pero seguí con la conversación. - ¿A usted le gusta ser sanadora? - era una pregunta tonta pero existían muchas personas a las que no les gustaba su profesión y lo hacían para dar gusto a sus familiares. Lo sabía bien porque mi padre quería que fuese auror pero yo no lo quise así.
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Invitado el Miér Jun 03, 2015 2:32 pm

Elladora se rió cuando el chico anunció el sabor horrible de la poción. Lo cierto era que la mayor parte de las pociones sanadoras que existían tenían un mal sabor, Ella creía que era por aquella mezcla de ingredientes en algunas de ellas tan extraños y tan eficaces. Al menos, el tomar la poción aseguraba una buena sanación y eso, bien dejaba el mal sabor de lado.

-Sí, la verdad es que sabe un poco mal, pero verás lo bien que te cura- dijo con una gran sonrisa en su rostro. Elladora empezó a recoger algunas cosas que había dejado desordenadas por la sala y entonces escuchó la pregunta del chico.

¿Ser médico y sanador a la vez? Sí, se podía, ella misma sabía tanto de medicina muggle como medicina mágica, lo cual en la mayor parte de los casos había sido una ventaja más que un inconveniente, pues era capaz de aplicar incluso ambas para un mejor tratamiento de los pacientes.

-¡Claro que puedes!- dijo Elladora con una sonrisa- ¿Sabes una cosa? Soy hija de muggles, y tras aprender la sanación, aprendí también técnicas muggles de medicina. Acaba siendo enormemente útil- Ella cogió una silla y se sentó frente a él- No es algo fácil y deberás acostumbrar a tu cuerpo a ver mucha sangre y muchas cosas desagradables, pero desde mi perspectiva, es una de las mejores cosas que puedes hacer con tu vida. Al fin y al cabo, estás dando todo lo que tienes por salvar a otros, en muchas ocasiones, literalmente. ¿Qué mejor forma de vivir?

Elladora tenía siempre aquel espíritu con ella, si no era útil, se sentía mal consigo misma, algo a veces demasiado extremo, pues uno no puede pretender ser útil siempre. Pese a ello, Elladora siempre daba todo de sí, y si no sabía cómo hacer algo, intentaba aprender si eso significaba poner su granito de arena.

Cuando el chico le preguntó si le gustaba ser sanadora, la cara de Ella se iluminó. Era uno de aquellos trabajos, que si bien duro, recompensaba cada instante.
-Me encanta ser sanadora- afirmó radiante- Es una buena profesión. ¿Te ha ocurrido algo últimamente por lo que te sientas atraído por la sanación?

La pregunta de Elladora iba con un poco de doble intención. Si bien le encantaba ser sanadora por el resto de personas, el paso definitivo lo había dado tras la muerte de su padre y su vuelta a Reino Unido había sido orquestada por los ataques.
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Invitado el Miér Jun 03, 2015 9:23 pm

No creí que la sanadora me fuese a responder de la manera en que lo hizo. Siendo amable y dando una explicación larga de lo que le había preguntado. Comenzaba a caerme bien ahora que ya estaba vendado y en proceso de recuperación. La escuché hablar sin interrupciones hasta que ella me dio la pauta para hacerlo. -   Me parece bastante interesante poder combinar ambos mundos, y veo que usted es una prueba viviente de ello, lo que me hace feliz de saber que si es posible  - sonreí, ya estaba el ochenta por ciento seguro de que quería dedicarme al ámbito de la medicina, ya fuese muggle o mágica, aunque si fuese ambas que mejor.

-   Por la sangre no tengo problemas, no soy una persona asquerosa ni que se espante demasiado fácil así que creo que eso lo tengo cubierto  - aseguré -   creo que tener padres muggles es toda una experiencia, tenemos lo mejor de ambos mundos  - respondí cuando mencionó que sus padres lo eran, al igual que los míos. Oh mis padres, como los echo de menos, no podía esperar a que fuesen las vacaciones e ir a Austria para verlos.

Cuando ella se sentó frente a mí me preguntó algo acerca de cómo me decliné por la medicina o si algún evento sucedió que me hizo voltear en esa dirección. -   Me he dado cuenta que no soy un luchador, no soy de los que salen allá fuera a combatir a los malos y eso está bien, no todos estamos hechos para eso. Para lo que si estoy hecho es para ayudar a los demás y creo que es importante tener más personas como esas dispuestas a tratar a las personas que si son luchadores ¿me explico?  - unas semanas atrás había tenido aquella epifanía, no servía para los duelos, y sería un pésimo auror, pero si para otras cosas en las que podría hacer un bien mayor.

- Creo que es una profesión de las más nobles, quiero llegar a ser el mejor en lo que haga, que la gente acuda a mí por ayuda, no me interesan las riquezas ni el poder  - quizá sonaba un tanto a discurso de política pero es lo que realmente sentía. - Sé que hablo demasiado y que seguramente tiene demasiados pacientes a los que atender y yo estoy aquí ocupando su preciado tiempo - dije intentando levantarme de la camilla.
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