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I´m Sorry my dear but you both are up for elimination [Katerina - Christopher - Circe]

Invitado el Dom Mayo 24, 2015 8:36 pm

En el invernadero


El mortifago estaba desorientado por el último golpe de la mujer, le había dado de lleno en la cabeza y Derek no tuvo oportunidad alguna de poder esquivarlo. Se cayó contra el piso de espaldas, quedándose un rato allí, atolondrado, con la necesidad de quitarse la mascara y poder respirar sin aquello de por medio. Dio una bocanada de aire antes de escuchar a Katerina gritarle el chico contra el que estaba peleándose Circe, ordenándole que huyera fue entonces cuando el hombre se dio cuenta de que aquella insensata se pensaba que podría escapar de él. Aún en el piso les lanzo un avada kedrava que atravesó el humo una vez se desaparecieron, pero no todo estaba perdido.

Cuando vio como el oponente de Circre se había marchado ya se acercó a ella sin la mascara puesta y la observó detenidamente, -¿Estás bien?- le preguntó llevando su mano al hombro, el gesto del hombre no era de preocupación pero si de fastidio por el hecho de que aquellos dos se les habían escapados, -Mierda, localizarlos va a ser complicado- dijo cuando dos de las tres criaturas que le servian en todos sus caprichos, se acercaron moviéndose de forma extraña. El gesto de Derek se iluminó, aquellos bichos eran de lo más útiles, no solo porque le obedecían en todo y mataban por él, si no porque gracias a un hechizo localizador los tenía controlados en todo momento, y aquello le iba a venir de perlas. Tendió la mano el piso para que los otros dos se ajustaran a su muñeco, y miró a Circe, -Al parecer no será tan complicado como me esperaba- le dijo tendiéndole su brazo para que se agarrara de él sonriéndole enseñando la hilera de dientes de arriba con los colmillos resplandeciendo a la luz de la luna, una sonrisa con malicia rebosando por todos lados, una sonrisa que avecinaba un segundo round con una victoria inminente para él.


En la estación de tren


El chico se desapareció entre humo junto con la rubia trasportándola a la estación de tren de Hogsmeade donde se suponía que estaba el otro bicho con aquellos dos desgraciados. Aparecieron cerca de las vías del tren, pero en la parte contraria a donde estaban los otros que no los habían visto, con el bosque a sus espaldas, -Será mejor que vayamos con cautela, tienes una oportunidad de hacerte con el rehén no la cagues- le dijo con el tono severo y frío, a pesar de que sabía de que entre los dos ella había sido la que mejor lo había hecho aquella noche, pero no se lo reconocería si en la última jugada terminaba pifiándola por cualquier gilipollez.

Se colocó en el lado de la estación correcto, poniéndose de nuevo la mascara que antes de había quitado para poder respirar, en realidad no sabía si lo habían visto pero le daba un poco igual, porque no dejaría que ninguno se fuera de la lengua, al fin y al cabo lo muertos no hablan ni aunque les obligues.

-¿Pensabas que te ibas a escapar de mi tan fácilmente?- le preguntó espetando ya que había al menos una separación de treinta metros entre él y los otros dos, -Creo que me debes una disculpa, ese último golpe me ha hecho un rasguño  en la máscara-. Su voz sonaba pretenciosa y con todo de superioridad que rayaba la pedantería.

La mujer se puso en guardia y aquello solo hizo que Derek se alegrara más, después del último golpe que le había dado de lleno haciéndole perder una oportunidad tan valiosa tirando sus planes por la borda, lo que más quería en aquel momento era vengarse. sacó la varita y con fuerza conjuró un Fyendfire, haciendo que de la varita saliesen unas llamas desatadas que tomaron forma de chacal, "Defiéndete de esto zorra" pensó el hombre haciendo que el chacal corriera hacia donde se dirigían aquellos.

La mujer no tardó mucho en controlar aquel animal con el contrahechizo, cosa que hizo que Derek se cabrease pero no por ello perdió la iniciativa que se le estaba otorgando. Se desvaneció en humo y fue dispuesto a la mujer, agarrándola por el brazo llevándosela consigo hacía el lado contrario de las vías del tren, -¿Te crees muy lista verdad?- le dijo soltándola en el piso, quedando el en frente de ella, -Piensas que te vas a salvar, ¿crees que me...- no pudo terminar la frase ya que la tipa se las había ingeniado para crearse una barrera alrededor sin que el hombre se diera cuenta y cuando este se acercó simplemente salió disparado por los aires, haciendo que su mascara volará también.

Se levantó algo mareado ese golpe había sido mucho peor que el anterior, miró al suelo y vio la mascara tirada en las vías, no se preocupó en recogerla simplemente enfocó hacía Katerina con un pequeño hilo de sangre recorriéndole la cara, y comenzó lo que sería una batalla campal.

Los destellos de los hechizos salían de la varitas de ambos defendiéndose y atacándose el uno al otro sin darse tregua alguna, sin dejar de luchar por la supervivencia el uno del otro, y en el caso de la mujer por la supervivencia del hombre al que estaba protegiendo, o estaba, ya que en uno de esos ataques Katerina miró de reojo hacía Christopher viendo como otra figura enmascarada lo tenía amarrado, tapándole la boca para que no pudiese gritar y con la punta de la varita pegada a su cuello, cualquier movimiento brusco por parte del hombre y sería historia. Ese momento fue el perfecto para que Derek le lanzase un Expulso a la mujer y hacerla caer de espaldas.

Fue hacía ella y al recogió poniéndose de cuclillas en el piso, agarrándola por la espalda quitándole la varita, tirándole del pelo, -Me preguntaba cuanto tardarías en darte cuenta- le dijo jadeante y sudoroso, igual que lo estaba ella, -Al parece no eres tan lista como te creías- se rió a su lado, mirando al frente viendo como Circe había conseguido hacer lo que tenía que hacer.
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Katerina S. Howland el Miér Mayo 27, 2015 9:56 pm

No iba a mentir, desde el principio en que me vi frente al que sería mi enemigo había sentido miedo, muchísimo miedo. Estaba realmente aterrada ante la idea de fallar y no sólo de morir, sino también de permitir que aquel desalmado acabara con la vida de Christopher. Él no merecía un final así y yo no iba a permitir que ocurriera.

Las cosas habían salido mejor de lo que esperaba, sin duda alguna. No sabía exactamente si había sido gracias simplemente a su habilidad con la varita o si la furia y la desesperación había sido determinantes a la hora de conseguir vencer a aquel hombre, pero lo importante era que se me había presentado la oportunidad de ir hasta Christopher y no tenía pensado desaprovecharla. Una vez a su lado hice desaparecer las cadenas que le mantenían preso con un simple hechizo. Le abracé fuertemente durante unos segundos y cuando vi que el mortífago volvía a las andadas me desaparecí justo a tiempo con él, evitando que aquel hechizo impactara contra nosotros.

Segundos después nos encontrábamos en la estación de tren de Hogsmeade el cuál había sido el primer lugar que se me había venido a la cabeza, lejos de los agresores. Estaba realmente exhausta y aún tenía la respiración agitada e irregular, pero no tardé en tranquilizarme al mirar a Christopher directamente a los ojos antes de hundirnos en un profundo y tan deseado beso por parte de ambos. En aquel momento noté cómo una pequeña lágrima comenzó a rodar desde mis ojos hasta las mejillas, fruto de todo lo que acababa de ocurrir. - Si, sí... Estoy bien. - Le susurré, sin querer apartarme ni un segundo de él. ¿Podía estar mejor en aquellos momentos? Lo dudaba bastante. Además lo importante en aquel momento era que él estuviese bien.

Sabía que le quería, no tenía ninguna duda, pero aquella experiencia me había hecho replantearme mis sentimientos, alzándolos hasta un punto al que nunca imaginé que pudiesen llegar. Había tenido tanto miedo de perderle...

No obstante Christopher tenía razón, a pesar de que los mortífagos nos habían perdido de vista no era seguro deambular por allí en el estado en el que sobretodo se encontraba Christopher. - Vamos a San Mung... - Sin embargo no pude terminar la frase, pues una voz proveniente del otro lado de las vías hizo que se me helara la sangre y que un escalofrío me recorriera todo el sistema nervioso. Miré allí, esperando no encontrarme con quien me estaba imaginando, pero desgraciadamente así fue. ¿Cómo demonios nos había encontrado? ¿Acaso también leía el pensamiento? Por más que lo pensaba no se me ocurría cómo diablos había podido averiguar a qué lugar me dirigiría, y desde luego aquello no era bueno, en absoluto.

Miré a Christopher por un segundo, tratando de mantenerlo detrás de mí. Lo que estaba claro era que él no estaba en condiciones de pelear, de hecho ni siquiera pensaba que tuviera su varita, por lo que lo mejor sería que se mantuviera a salvo mientras trataba de, esta vez, matar a aquel hombre de una vez por todas. Alcé la varita hacia donde estaba aquella garrapata humana y no dudé en reaccionar ante el Fyendfire que acababa de lanzarme, conjurando el contrahechizo adecuado y con éxito.

Lo siguiente sucedió demasiado rápido para que pudiese reaccionar, haciendo que segundos más tarde me encontrara tendida en el suelo, aún aferrándome a la varita y con aquel espécimen justo delante de mí, amenazando con acabar conmigo de un momento a otro. ¿Se creía que iba a renunciar a vivir tan fácilmente? ¿Se creía capaz de infravalorarme de aquel modo y que no hubiese consecuencias? En lo que soltaba su típica retahíla de estupideces yo me mantuve más ocupada en crear una barrera mágica a mi alrededor al ver cómo éste iba acercándose a paso lento y amenazador. El tipo cayó hacia atrás al instante con sólo rozarla, lo que me dio la oportunidad para volver a levantarme y ponerme en guardia, estando de nuevo en igualdad de condiciones.

Cuando éste volvió a levantar la cabeza hacia mí me percaté de que ya no llevaba la máscara puesta, pero no parecía importarle en absoluto, nunca había peleado contra alguien tan seguro de sí mismo. Intenté fijar la vista en su rostro pero fue imposible ya que no había demasiada luz, por lo que simplemente desistí en mi intento por identificarlo y ambos nos pusimos en acción, volviendo a una batalla campal plagada de hechizos que iban de un lado a otro. Cualquier movimiento en falso podía significar mi derrota, por lo que mantenía toda mi concentración puesta no sólo en los hechizos que llegaban hasta mí, sino también en el movimiento de la mano del hombre que sujetaba la varita, tratando de anticiparme a su siguiente movimiento. De hecho lo estaba consiguiendo satisfactoriamente hasta que no pude evitar, empujada por una mala intuición, echar el ojo hacia donde había dejado a Christopher momentos antes, observando con verdadero horror cómo la que había sido el rival de Leo le apresaba y mantenía su varita firmemente apuntando al cuello del hombre.

Aquello fue sin duda mi perdición y el mayor fallo que había cometido en mi vida, pues el hombre no tardó en aprovechar que había bajado la guardia para lanzarme un Expulso que no tuve oportunidad de esquivar de ningún modo. Sin remedio alguno caí hacia atrás, recorriendo una larga distancia en el aire y chocándome contra una de las columnas con fuerza. No pude evitar soltar un quejido ahogado de dolor, tras lo cual el hombre volvió hasta mí y me controló como le vino en gana ya que me encontraba bastante desorientada y dolorida. Lo peor fue que ya no tenía la varita a mi alcance. Fue en ese preciso instante cuando vi su cara a la perfección. - ¿Derek? - ¿El profesor de adivinación? Mi voz sonaba cansada, pero sobretodo sorprendida. Hice la cabeza hacia atrás a la fuerza, ya que éste me jaló de la cabellera con fuerza. Volví a gritar, pero como era de esperar aquello no sólo apaciguaba al profesor, sino que lo motivaba aún más para seguir haciéndome daño. Lo cierto era que nunca hubiera imaginado que se tratara de él, ni tan siquiera se le había pasado por la mente que éste pudiese estar inmiscuído en las filas del que no debía ser nombrado.

Quería hablar, tratar de expresarme, pero Derek no paraba de ejercer presión y aquello evitaba que pudiese decir alguna palabra con coherencia. Traté de forzar que me soltara, pero era inútil, sin embargo una sola mirada hacia Christopher y la chica había sido suficiente para volver a enfurecerme, volviendo instantáneamente a las andadas. Agarré el brazo de mi agresor con fuerza y aguantando el dolor conseguí llegar hasta el mismo y darle un buen mordisco que hizo que me soltara por un momento. Traté entonces de quitarle la varita de sus sucias manos, pero éste no dudó en golpearme en la cara, dejándome prácticamente KO y sin poder evitar que volviera a agarrarme. ¿Así terminaría todo? El alivio que había sentido pocos minutos antes ahora se había convertido completamente en una profunda agonía que estaba golpeándome el pecho, haciendo que notara todos y cada uno de los latidos de mi corazón. - Por favor, déjale ir... - Aquellas palabras salieron de mi boca como un fino hilo, a modo de susurro, pero sabía perfectamente que me había escuchado. No me creía que pudiese ser tan cruel, tan rastrero, tan embustero... Tenía que haber alguna forma de evitar el final que se nos venía encima, tenía que haber otro camino... - Por favor. - Volví a repetir, notando cómo una nueva lágrima volvía a salir de mis ojos, aunque esta vez no hubiese sido provocada por un sentimiento de felicidad, sino todo lo contrario.
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Circe A. Masbecth el Jue Mayo 28, 2015 1:18 pm

Los hechizos volaban de una zona del invernadero a otra. El rehén seguía tirado en el suelo gracias a la patada que la rubia le había lanzado por el simple hecho de sacar de quicio a aquellos que se hacían llamar “los buenos”, pero no le importaba ni lo más mínimo el destino de aquel hombre. Sus intenciones eran las de acabar con Leonardo de la forma más lenta y dolorosa posible. No le bastaba acabar con él, quería que sufriera. Ni si quiera lo conocía, no habían cruzado palabra alguna en los seis años en los que habían coincidido en Hogwarts pero no le importaba. Lo único que quería era que viera que, por mucho que intentaran, los Mortífagos eran un bando poderoso y letal. Un bando que no dudaría a la hora de echar por tierra todos sus intentos de salvar el mundo mágico. Era la hora del Señor Oscuro y los fieles seguidores a este harían todo lo que estuviese en su mano por demostrarlo.

Por desgracia, ninguno atinaba a golpear al otro. Los cristales volaban, las mesas se habían convertido en añicos bajo sus pies y el cansancio comenzaba a ser parte de su cuerpo, como si sus piernas fuesen a dejar de funcionar en aquel momento. La adrenalina no parecía ser suficiente en ese instante. Leonardo no era lo que buscaba para aquella noche, pues no tenía si quiera razón alguna que incentivara al ataque. Sería mucho más divertido si fuese contra Katerina, pero esta estaba a cargo de Derek, quien no lo pensaría dos veces a la hora de acabar con aburrida y miserable vida.

De un segundo a otro, la escena cambió. El grito ahogado de Katerina pidiendo a Leonardo que se fuese y llegó a atinar para ver como la figura de Leonardo se alejaba en la oscuridad. - ¡Bombarda! – Pero ya era demasiado tarde. La explosión pasó casi rozando al chico y haciendo que una de las paredes del invernadero tuviese ahora una nueva entrada para el aire. Dio un sonoro pisotón contra el suelo molesta por la situación y giró la cabeza para buscar a Katerina. Pensaba vengarse de eso. Había hecho que su juguete para aquella noche se fuese. Y ahora ella no tenía con que jugar.

No había nadie. No estaba Katerina, tan solo quedaba Derek, ni si quiera el rehén. - ¿En qué momento se han ido? ¿Cómo coño ha pasado? – Preguntó molesta quitándose la máscara y dejándola caer en el suelo para zafar sus manos a la camisa de Derek. – ¡Tenías que matar a esa zorra! – Farfulló fuera de sí. No tendía a comportarse de aquel modo, al menos no con Derek. Pero estaba molesta. ¡Estaba que echaba humo! Habían perdido al rehén. Y el rehén había visto su cara antes de ser secuestrado. ¿Y si encontraban la relación? ¿Y si eso hacía que investigaran a su familia? Apolo y Eris se meterían en problemas. Toda su familia lo haría por su culpa. Por culpa de Derek. Era su culpa, él había dejado que aquello pasase. – No… No estoy bien, ¿Cómo diablos voy a estarlo? – Apartó la mano de su hombro de manera violenta. – No me toques. ¡He dicho que no me toques! – Giró sobre sus talones para salir de allí sin preocuparse por ser vista sin máscara saliendo de allí. Quería lanzarle hechizos a Derek por haberla metido en aquel problema, pero rápidamente él había encontrado una solución.

La chica arrugó la nariz molesta. No pensaba pedirle perdón por su comportamiento, por lo que se limitó a tomar el brazo del chico justo antes de que este se desapareciese.

* * *

La escena dio un giro. Ya no se encontraban en aquel invernadero destrozado a causa de las explosiones y los duelos llevados a cabo en su interior. Ya no había macetas ni restos de plantas secas que intentaban escalar por las paredes. No había escombros ni cristales por el suelo. Ni si quiera había ese ambiente cargado que tanto caracterizaba la ballata. Sino que estaban en la estación. Estaba vacía debida a las horas y al poco tránsito que tenían los trenes fuera de los recorridos en Navidades y a final y principio de curso.

Bufó al escuchar el comentario de Derek pero no dijo nada. Ya había dicho bastante antes como para ahora seguir gritando molesta por lo que habían hecho en el invernadero. – Claro, como soy una cría no sé hacer nada. – Murmuró casi de manera inaudible mientras se alejaba del chico. No llevaba su máscara y no le preocupaba. Christopher sabía suficiente por lo que daba igual llevar máscara o no. Tenía que acabar con él como fuese para que la información no saliese y su familia acabase metida en un problema por su culpa.

Por suerte, Katerina no era tan lista como creía serlo. Y por suerte para ella, Derek era demasiado creído como para poder creer que era una rival digna, por lo que ambos comenzaron a duelarse. Por su parte, Circe paseó tranquilamente desde la lejanía, ajena a lo que estaba pasando y sin perder ojo de Christopher, quien se encontraba detrás de Katerina. El hombre debía estar agotado por lo que sus reflejos serían más lentos que en cualquier otro momento. Y esa fue la razón por la que la adrenalina volvió a dispararse en su interior. Notó como sus pómulos volvían a tomar color y como el calor invadía su pecho hasta subir por su garganta. Relamió sus labios y con una sonrisa ladina elevó la varita. – Depulso. – No pensaba matarlo. Sólo quería alejarlo de Katerina, y gracias a aquel hechizo lo había conseguido, pues ella estaba demasiado entretenida intentando no acabar calcinada viva mientras Derek lanzaba hechizos a diestro y siniestro.  

Se acercó con paso lento y con aquella sonrisa fija en su rostro mezclada con el sadismo y la indiferencia. – Sabes demasiado como para seguir vivo. Es una pena. – Dijo con tono neutro. – Levicorpus. – El cuerpo de Christopher se elevó por los aires haciendo que le fuera imposible defenderse. Aquel hechizo no duró demasiado, pues tan rápido como lo realizó, lo dejó caer contra el suelo.

Debido al cansancio provocado por la tortura previa, controlar a Christopher no era demasiado complicado. Apenas podía oponer resistencia, pero Circe sí se llevó algún que otro golpe al acercarse a él. Dicen que cuando no tienes nada que perder haces cualquier cosa por sobrevivir, y Christopher estaba poniendo aquello en práctica haciendo lo que fuese posible por zafarse de aquella situación que sería la última que viviría en su vida. Por fin logró situarse sacando la daga que había usado para cortarle el dedo horas antes y pasándola suavemente por su mejilla, acercando su rostro al del hombre con una media sonrisa en este. - ¿Preparado para el desenlace final? – Alzó ambas cejas con gesto divertido al oír los gritos de Katerina y obligando al hombre a girarse para ver a la mujer que, supuestamente, amaba. Ladeó la cabeza e hizo un corto movimiento con esta negando dos veces.

Una sonrisa exagerada se formó en su rostro al clavar sus ojos en los de Katerina. Quería que lo viese, quería que viese hasta el último detalle. Y ella quería ver su reacción. Quería ver cómo sentía que lo había perdido todo y ya no tenía nada por lo que luchar. Quería ver el sufrimiento en sus ojos y un grito ahogado escapar entre sus labios fruto de la desesperación. – Si insistes… - Pensaba dejarlo ir. Sí, Christopher se iría para no volver. Hizo un corte profundo  en la mejilla del hombre y la sangre comenzó a brotar de la herida abierta. No era una herida peligrosa si no se infectaba, pero si una zona que sangraba más de la cuenta y llamaba la atención.

El filo de la daga bajó con cuidado por el rostro del hombre cubriendo de sangre las zonas por las que pasaba. No hizo ningún corte más, solo se encargaba de usar como pincel la daga, como pintura la sangre y como lienzo, la propia piel de Christopher. Pero aún faltaba la estacada final. Un gesto angelical ocupó su rostro, como si de una niña que nunca había roto un plato se tratase. No medió palabra alguna, simplemente hundió el filo de la daga en el lateral izquierdo del cuello del hombre y, de un corte limpio y amplio, abrió su garganta. La sangre comenzó a brotar de manera exagerada. La sangre manchaba todo a su alrededor. Su propia ropa estaba cubierta por la sangre. Su brazo izquierdo con el que empuñaba la daga era una mancha roja.

Sacó la daga de la herida abierta y soltó a Christopher para que intentase cubrirse la herida con las manos, para que intentase frenar la sangre que salía en cascada de su garganta abierta. Pero, por mucho que lo intentase, la sangre no dejaría de brotar.
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Christopher Höhner el Jue Mayo 28, 2015 4:58 pm

En aquel momento lo único que podía pasar por la mente de Christopher era la increíble actuación de la mujer que tenía delante; la mujer a la que sin duda alguna estaba seguro que amaba. Su cuerpo ahora mismo, después de todo el dolor que sentía en cada rincón de su cuerpo, respiraba una especie de paz. Al abrazarla, su aroma fue como una anestesia general, como un soplo de aire fresco; como una pausa. Abrazarla fue como volver a abrazar a la vida y si no estuviera tan deshidratado, probablemente incluso hubiera llorado de felicidad. Su sonrisa, sin embargo, hablaba por él ya que no solía ser un hombre que sonriese con demasiada frecuencia y tenía justo delante a una de las razones más importantes por las que sonreír.

Sin embargo… de un momento a otro, ese momento que pecaba por ser perfecto, se convirtió en un infierno. La inseguridad y el miedo volvieron a aparecer de la mano de aquellas dos personas y las fuerzas que no poseía, lucharon por hacerle frente en aquel estado penoso en el que se encontraba. Había sido profesor de Defensa contra las Artes Oscuras y estaba cien por cien seguro de que de haber sido una batalla justa, aquello no se presentaría de aquella forma. ¿Pero ahora qué era? Un simple lastre. Un rehén inútil sin posibilidad de hacer magia que ni siquiera puede moverse con facilidad debido a las múltiples heridas que tenía por todo el cuerpo y que le dolían cada vez más. ¿Y lo peor de todo? ¿Lo que peor le sentaba? Que Katerina tuviera que dar la cara ella sola. Que Kate estuviera sola ante el peligro y que él solo pudiera ser un espectador incapaz de hacer nada por protegerla.

Él intentaría darlo todo por protegerla. Todo lo que le quedaba. Estando juntos, podrían conseguir algo. No obstante, cuando por un hechizo separaron a Katerina de él y él sintió como una fuerza le empujaba hacia atrás, sintió más dolor por el sentimiento de no poder volver a tocarla que por el golpe que acababa de recibir en toda la cabeza. Actualmente podrían hacerle más daño emocional que físico, ya que tras tanto dolor, el umbral había alcanzado un límite y el tener allí a Kate para él era la peor de las torturas. ¿Verla sufrir por su culpa? ¿Acaso había peor forma de morir?

Cuando se recompuso, pudo ver a una de sus alumnas acercándose a él. La reconocía perfectamente y no entendía como una estudiante como ella, brillante e inteligente, era capaz de caer en el lado más ruín de la magia. Sus palabras fueron reveladoras de sus intenciones y Christopher intentó, como cualquier ser racional haría, librarse de su inminente final.

Lo importante es lo que haga con lo que sé. No lo hagas, Circe. Eres mucho más que todo esto.

Pero no sirvieron de nada sus palabras, pues volvió a elevarle con magia y dejar que volviera a caer. Chris intentó protegerse y mantener alejada a Circe lo máximo posible, pero le fue imposible resistirlo por mucho más tiempo, ya que sus fuerzas estaban en el mismo sitio que sus esperanzas. Circe se colocó detrás de él y lo retuvo con la daga pegada a su piel. Fue entonces cuando, en aquella posición, pudo ver a Kate. La vio en el suelo, indefensa, rogando por la vida del profesor. Eso no pudo hacerle sentir peor. Él la había metido en todo aquello, por su culpa estaban los dos allí, sufriendo a base de golpes y de sentimientos, por culpa de su debilidad no había podido proteger a la persona que ahora mismo lo era todo para él. La mirada de Christopher estaba fija en la de Katerina, brillante por culpa de la emoción del miedo y la impotencia. La mirada que le estaba echando intentaba ser fuerte, intentaba animarle a que ella hiciera lo imposible por sobrevivir, ya que él ni haciendo lo imposible parecía tener oportunidades.

Sintió como la daga de la chica se le clavaba en la mejilla lentamente y frunció el rostro en un quejido ahogado cuando la volvió a sacar, sintiendo su piel rasgarse, intentando zafarse de ella de manera inútil. Tan inútil como había estado toda la noche. Sintió como la punta de la daga comenzaba a bajar lentamente por toda su piel hasta llegar al cuello. Sentía cada centímetro de su piel más que nunca en aquel momento, sentía el dolor de cada parte dolorida, sentía su corazón latiendo a mil por horas en lo que parecía una subida de pulsaciones debido a la angustiosa situación que estaba viviendo. Sentía el viento contra su piel y lo que más sentía era el rastro de sangre brotar de la herida que acompañaba a aquella daga. Parecía, por una vez en la vida y por última, que su cuerpo y mente se habían puesto de acuerdo y estaban sintiendo lo mismo.  

Katerin…

Pero en aquel momento, la daga de la chica abrió su cuello en un agudo dolor inesperado y sintió como si las palabras de repente fueran impronunciables. ¿Le dolía? ¿O estaba tan impactado y decepcionado por aquello que no era capaz de sentir absolutamente nada? Sintió miedo, eso estaba claro. Siempre pensó que cuando moriría de alguna otra manera, lo haría en paz, pero en aquel momento no podía sentirse peor. Se sentía lleno de angustia, lleno de impotencia y… de culpabilidad. Se llevó las manos, ahora libres, a la garganta por puro instinto de supervivencia debido al dolor que sentía, pero sus manos se llenaron de sangre de los borbotones que salían de su herida y apenas tenía capacidad para retener tanta sangre. Cayó al suelo al no recibir respuesta de sus piernas y miró a Kate desde allí. ¿Cómo podía haberla puesto en peligro? Se deleitó en sus ojos por lo que sería la última vez de su vida, pues quería que fuera lo último que viera. Quería recordar su sonrisa, no su cara de culpa y angustia por ver aquella situación. Quería que allá en dónde terminase, recordar sus ojos y su sonrisa, porque para él, Kate era felicidad pura. Y ahí estuvo, haciéndole terriblemente feliz durante el poco tiempo que pudieron compartir cosas juntos.

Intentó proferir una palabra, pero al intentarlo, escupió sangre y no se escuchó nada. Casi que lo prefirió, pues no sabía que últimas palabras serían las correctas para alguien como ella. Tenía tantas cosas que decirle…

“Gracias por enseñarme a amar de nuevo. Lo siento mucho. Te quiero.”

No tenía fuerza. Ni para mantenerse rígido, ni para hablar, ni para respirar. Y esa mirada clavada en la de Katerina, cargada de sentimiento y dolor en dónde podría haber transmitido más que nunca, se convirtió en una mirada vacía y sin brillo alguno. El cuerpo de Christopher dejó de responder y la sangre que había perdido había sido la causante de ello. Su corazón empezó a latir con suma delicadeza, hasta que finalmente no había nada latiendo en su interior. Era irónico que dejara de latir su corazón mientras miraba a aquello que había avivado su vida.
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Invitado el Sáb Jun 20, 2015 2:36 am

El hombre tenía agarrada a la mujer por el pelo, enseñándole lo que la joven que estaban en frente, al otro lado del andén le iba a hacer a su queridisimo amor, el hecho de arrebatarle a alguien una persona especial era tan maravilloso como sentir tener el poder suficiente como para doblegarlos a todos, era una de las mejores sensaciones que Derek había probado en sus veintiocho años de vida, y esperaba que a Circe le pareciese igual de maravillosa. Aunque no habían hablado del tema, el hombre esperaba que la joven tuviese las agallas de matar al tipejo aquel de la manera más sucia, sangrienta y dolorosa posible, porque un Avada Kedavra estaba bien, sentías y oías como ese último aliento de vida se desprendía del cuerpo como el último pétalo de una orquídea caía con la llegada del invierno, un movimiento simple, sencillo pero lleno de fuerza, pero para el hombre hacer sufrir le causa más placer que el hecho de matar, porque al fin y al cabo matando al otro se terminaba la diversión para él. -Lo siento, pero yo no puedo ayudarlo, es cosa de ella- le dijo con una sonrisa del todo sádica en su rostro, magullado y con algunos arañazos por la pelea con Katerina, para ser sinceros, el hombre debía admitir que aquella mujer que parecía estar siempre durmiendo en los laureles, siempre con ese gesto de niñata estúpida que no vivía en el mundo real, había sido una digan contrincante, alguien con el que medir no solo fuerzas y la resistencia de ambos, si no tan bien los limites y la fuerza de voluntad, la cual estaba claro que crecía cuando había algo realmente importante de por medio.

Miró a Circe, cuando dijo algo, ver como la chica tomaba el control de la situación sin tener remordimientos de lo que estaba a punto de hacer hacía que a Derek literalmente se le pusiera dura algunos pensarán que el tío no puede estar muy bien de la cabeza, pues en efecto, no lo estaba, y si no lo había dejado claro con aquel sentimiento de lujuria que se estaba creando en su pecho y en su entrepierna. Se pasó la lengua por la comisura izquierda para limpiar el sudor y también para saborear la sangre que le caía por la mejilla de ese lado, justo antes de que la rubia hundiera el cuchillo en el lateral del cuello del hombre y le desgarrara la garganta de una tajada, -¡¡JAJAJAJAJAJA!!- se rió a carcajadas cuando vio como el pobre imbécil aquel intentaba parar la sangre que brotaba sin control, a borbotones. le levantó más la cabeza a Katerina tirándola del pelo, -Miralo bien, zorra, mira como se desangra y como no puedes hacer nada- le dijo al oído agachándose.

Un golpe secó sintió en la nariz que lo hizo caer hacía atrás, aquella puta le había dado un cabezazo. La sangre empezó a brotar por la nariz y le empapó toda la cara, pero le hombre lo único que hizo fue reírse a carcajadas,colocándose la nariz, -¡¡ES MÍA NO TE ATREVAS A TOCARLA SI NO QUIERES ACABAR MAL!!- le gritó a Circe cuando la vio en posición de defensa para encararse con Katerina que claramente se dirigía hacía Christopher para intentar ayudarlo, de forma inútil ya que seguramente el hombre estaría muerto debido a la rapidez con la que perdía sangre. Circe fue engullida en humo desapareciendo del lugar soltándole alguna maldición al hombre por hablarle de aquella manera, "Después te compensaré como te mereces" pensó viendo como Katerina saltaba a las vías del tren para llegar al otro lado del anden. Aquella escena tan desesperada hizo que el hombre se quedara allí sentado con la cara ensangrentada hasta que ella consiguió llegar a él. Sus intentos por hacer que la herida parase junto con sus lagrimas y su voz quebrada fue como un regalo para Derek.

Se levantó y se apareció justo al lado de Katerina que tenía las manos ensangrentadas por ponerlas en la herida del otro, se agachó un poco, -Lo siento mucho Katerina, nunca quise que pasase esto- le dijo con el tono serio y afligido, su gesto bajo un apariencia loable y entristecida, -¡Jajajaja!, lo siento no he podido aguantar ni un minuto más- dijo riéndose de la mujer y de todo aquello, se quedó detrás esperando que esta se levantase con ganas de seguir peleando, y la espera valió la pena, la mujer lo empezó a atacar con diferentes hechizos que por suerte el hombre conseguía despejar, hasta que uno le dio de lleno, un bombarda que acertó en su hombro derecho quemándoselo y descolocándose de su sitio, -Vaya, vaya, la rabia te hace ser más fuerte, una pena que no la hubiese sacado antes, lo podrías haber salvado- le dijo con burla hurgando en la herida reciente para que doliera más la perdida.

El siguiente ataque de la mujer hizo que una pantalla de polvo se levantara dándole la oportunidad a Derek de actuar, conjurando un Inferius no verbal hacía el cuerpo de Christopher, haciendo que este se levantase, carente de vida y con ganas de matar todo lo que se le pusiera por delante. -Pero mira quien ha decidido volver, creo que quiere darte un beso de despedida- dijo riéndose al final desapareciendo en humo poco a poco dejando que se enfrentaran ellos, esperando ver la reacción de la mujer.

Tras un largo forcejeo en el que Derek se había limitado a a fastidiar a la otra con hechizos muy molestos pero inofensivos, decidió que iba siendo hora de entrar en acción, haciendo levitar el cuerpo del hombre para estamparlo contra ella haciendo que ambos cayeron al suelo. Se acercó con el paso suave llevándose una mano a la nariz que le latía y le dolía por culpa de aquel cabezazo, -Creo que ya va siendo hora de despedirse- le dijo a al mujer, que rendida en el suelo con el cuerpo del otro encima, lo único que pudo hacer fue dejar que sus ojos se llenaran de lagrimas. Derek le quitó el cuerpo del otro encima y lo tiró a un lado cerca de ella para que lo viese en todo momento, agregándole la cara con fuerza y obligándola con un Imperio a mirarlo, -Espero que exista un más allá para que recuerdes lo estúpida que fuiste malgastando tu tiempo, porque eso es lo que has hecho en tu patética vida, has dejado al hombre al que amas morir sin si quiera poder amarlo como es debido, eres débil y es por eso que mereces morir, es por eso que él ha muerto- le dijo al oído para que tuviera presente que todo aquello había sido por su culpa.

Y de la muñeca del hombre las tres pulseras descendieron de nuevo para meterse por la boca de Katerina, siendo estas pequeñas y horribles criaturas quienes la destrozarían por dentro, lentamente, mientras sin poder hacer nada por sobrevivir veía el cuerpo de Christiopher ensangrentado y mal parado al lado de ella.
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Katerina S. Howland el Sáb Jun 27, 2015 5:19 am

Estaba exhausta, realmente agotada y afligida. Había luchado con todas mis fuerzas por intentar que todo terminara bien, sólo quería que todo acabara pronto, llevar a Christopher a San Mungo y acabar por fin con aquella tortura, mas nuestros oponentes no parecían tener las mismas expectativas. Estaba completamente indefensa. El que hasta entonces había considerado un compañero en Hogwarts, el profesor de Adivinación, me había desprovista de mi varita y me sostenía el cabello de forma que apenas pudiese moverme. Lo único que podía hacer era observar aquella horrorosa escena en la que Circe no parecía tener ni un ápice de remordimiento por lo que estaba haciendo. ¿Cómo habíamos acabado así? Por un instante rememoré todo lo que habíamos recorrido hasta allí: la primera vez que le conocí, el reencuentro muchos años más tarde, la evolución de nuestra relación (que pasó de ser la de simples conocidos a dos personas que se querían con locura en poco tiempo), y más recientemente retrocedí a pocos días antes, a cuando me enteré de su secuestro y a ahora. ¿Qué habíamos hecho para merecer esto? ¿Eran capaces aquellas dos personas de arrebatarnos todo con tal de satisfacer sus deseos de violencia y poder?

A medida que observaba cómo Circe jugaba con Christopher unas pocas lágrimas se fueron amontonando inevitablemente en mis ojos. Ver aquello estaba provocando en mí más dolor del que nunca había experimentado anteriormente, si seguía así acabaría matándolo, tenía que hacer algo. Sin embargo todo sucedió más rápido de lo que esperaba. Ahogué un grito de desesperación al adivinar las intenciones de la que había sido mi alumna y escuché las palabras de Christopher, que se clavaban en mí como decenas de cuchillos. - ¡PARA POR FAVOR! - Ya no me importaba suplicar, arrodillarme o incluso dar mi propia vida si con ello dejaban en paz a Christopher. Ya no sentía las terribles heridas que aquella dura pelea me había provocado, lo único que tenía en la mente era tratar de despertar de aquella pesadilla. - ¡CIRCE! - Sin embargo parecía no oírme, pues sus movimientos no cesaron hasta que fue demasiado tarde. - ¡NOOO! - Mi voz se escuchó en toda la estación, hubiera jurado incluso que el eco podría haber llegado fácilmente hasta cada recoveco de Hogsmeade.

Sin pensarlo un segundo reaccioné al instante, zafándome de mi captor y corriendo hacia donde estaba Christopher, que ahora luchaba por parar la hemorragia. Aquel fue el camino más largo de mi vida. Había durado apenas unos segundos, pero para mí había sido como una eternidad. Llegué hasta él y me arrodillé a su lado. Las lágrimas brotaban ahora sin control de mis pupilas y apenas veía a través de las mismas. Quería decirle algo, que todo saldría bien, que no se preocupara, pero los intentos por intentar vocalizar algo comprensible fueron en vano. Agarré sus manos y yo también traté de evitar que se desangrara, pero era inútil. Notaba sus manos cada vez más frías y yo cada vez me iba desmoronando más y más junto a él, notando cómo perdía la vida por momentos a medida que mis manos se empapaban de su sangre. - No te rindas Christopher, te lo suplico. - Aquellas palabras salieron de mi boca como un ruego, envueltas en un lloro interminable que amenazaba con no cesar jamás.

Me desplomé junto a él, agarrándolo por detrás y sin parar de llorar. - Christopher, te qu... - No obstante no fui capaz de terminar aquella frase, ni tan siquiera tenía fuerzas para mantener los ojos abiertos. Todo había llegado a su fin y yo no podía hacer nada para evitarlo. Me quedé allí unos largos segundos, esperando que al abrir los ojos todo estuviese en su sitio. Quería despertar y estar en la cama con Christopher, acariciarlo, decirle cuánto le necesitaba en mi vida y pedirle que nunca se fuera de mi lado. Por unos momentos aquella imagen alivió el dolor brevemente, hasta que nuevamente las palabras de Derek me devolvieron a la realidad, una realidad de la que yo ya no quería formar parte. - ¿Crees que me importa tu estúpida palabrería sin sentido? - Dije entredientes, sintiendo de repente un fervor interior sediento de venganza y de ira. La risa del hombre no hizo sino incrementar aquel sentimiento, que por sí sólo hizo que fuera capaz de levantarme y de conjurar varios hechos que fueron directos hacia su objetivo con la intención de acabar con él de una vez por todas. Ya no quedaba ni un resquicio de la benevolencia o de la piedad que solía reinar en mi cabeza, sino la imagen de Christopher recostado en el suelo y aquella multitud de sangre a su alrededor.

Uno de los hechizos le impactó de lleno, pero aquello no sería suficiente, ni de lejos. Lo siguiente que haría sería un Avada Kedavra que apagaría por completo aquella irritante risa. ¿Acaso importaba si iba a Azkaban? Sin embargo algo inesperado hizo que de repente se desplomaran todas aquellas ansias y volviera a resurgir la Katerina abatida de hacía unos momentos. La figura de Christopher se reincorporó y se dirigió hacia mí, sin embargo aquella expresión de su mirada no era la suya y desde luego no era él el que controlaba sus propios movimientos.

Volví a comenzar a llorar descontroladamente mientras intentaba quitarme de encima a aquel Christopher que amenazaba con matarme y cuando estuve a punto de desmoronarme y dejar que hiciera conmigo lo que quisiera Derek consideró que era suficiente y paró aquel cruel hechizo, haciendo que el cuerpo de éste cayera sobre mí para luego hacerlo a un lado. Todo se había vuelto negro, sólo conservaba fuerzas para llorar y seguir llorando. Abrí los ojos y vi justo a mi lado al hombre que más había amado en mi corta existencia. Las palabras del asesino ya no tenía importancia, ni tan siquiera las escuchaba. "¿Recuerdas nuestro primer beso?" Una sonrisa se dibujó entonces en mi rostro, cubierto de lágrimas secas. "Sabes que eres lo más importante que he tenido en mi vida, ¿verdad?" Hice un último esfuerzo por cogerle la mano, que estaba a escasos centímetros de mí. Sentía que en aquel estado deplorable aún podía mantener mi última conversación con aquel hombre que en tan poco tiempo me había enseñado tantas cosas de la vida y de forma tan desinteresada. ¿Podía existir un amor más puro que aquel que estaba sintiendo en aquellos momentos? "¿Recuerdas también cuando te dije que nunca me había arrepentido de nada en mi vida?" En ese momento algo atravesó mi boca y se internó en mi cuerpo, provocándome un dolor excesivo que ni tan siquiera era capaz de calcular. A los pocos segundos había traspasado mi umbral de dolor y todo se volvió sereno y tranquilo, el final estaba cerca y pronto volvería a estar con Christopher, no había nada que temer. "Ahora sí. Me arrepiento de no haber disfrutado cada momento de mi vida junto a tí. Lo siento. Hasta que nos veamos de nuevo."Ya no sentía odio o rencor hacia Derek o Circe, sólo sentía tristeza, una tristeza profunda e infinita por saber que ya no podría pasar más momentos increíbles con Christopher.

Tras aquella agonía mis pulmones dejaron de recibir oxígeno y mi corazón dejó de latir, pero mi sonrisa seguía intacta, como cada día, sintiéndome en parte feliz por haber tenido la oportunidad de disfrutar mis últimos días con Christopher Höhner, el mejor hombre que jamás he conocido.
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