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Winds in the East [PRIV] — Flashback

Invitado el Dom Mayo 31, 2015 6:28 am

El Pireo, Grecia.
16 de Agosto de 2014.

Aunque parezca extraño, es la primera vez que visito Grecia. Una nación con tantos años de antigüedad, tantos años de historia, tantos filósofos de renombre, tantos guerreros legendarios, cuna de la democracia, de los Juegos Olímpicos, de los mitos que más se han arraigado en la cultura occidental. ¿Quien no conoce la leyenda de Troya y de su caída? ¿Quién no ha oído hablar de Sócrates, Platón o Aristóteles? ¿O de Leónidas I, rey de Esparta? Sin embargo, hoy Grecia es la sombra de lo que fue. Los grandes imperios del pasado se hundieron y el tiempo los dejó atrás. Roma, Egipto, Persia, Macedonia... Sólo podemos recordar su grandeza y darles la espalda, posando nuestra mirada en los imperios que ahora gobiernan el mundo. Sí, claro que es un pensamiento muggle, los magos sólo se preocupan por sus propias vidas y se olvidan del mundo en el que viven. Pero no los magos inteligentes. Algunos de nosotros sabemos que la única manera de sobrevivir es conociendo a tu enemigo. Y no sólo sobrevivir... también triunfar.

Para conocer se debe investigar, obtener información. Y eso es lo que me trajo a Grecia en este cálido mes de Agosto, a orillas del Mediterráneo: una informante. No he oído absolutamente nada sobre ella, a excepción de su género y para quiénes trabaja. Al parecer existe en la lejana Corea del Sur una organización mafiosa dirigida por magos que se dedica a una amplia variedad de negocios. Me enteré de su existencia hace apenas seis meses, y haciendo gala de mi rol de espía en el ejército del Señor Tenebroso, me puse en contacto inmediatamente, sorprendiéndome al recibir una respuesta tan pronta. Por supuesto, del informante del informante, pero ya era algo; imaginaba que se trataría de una organización muy hermética. Por lo tanto, a través de mis propios mensajeros, la misteriosa informante del Doble Dragón y yo estuvimos un tiempo haciendo indagaciones sobre los beneficios que podrían obtener las partes involucradas. Tras una larga serie de mensajes, nos dimos cuenta que una relación entre el Señor Tenebroso y los señores del Doble Dragón de intercambio de información, contactos y soldados favorecería en gran medida a todos. Y entonces llegó el momento de cerrar el acuerdo en persona.

A pesar de que Grecia no es la nación que fue antaño, sigue siendo un hermoso sitio para visitar... y es, además, una zona neutral, tanto para mi futura aliada como para mí. El sol acaricia el horizonte, avisando que el día pronto se acaba, y las farolas en las calles de la ciudad portuaria ya están encendidas y los turistas recorriendo las aceras, con paz y regocijo. Detrás de unos oscuros anteojos de sol, sentado a la mesa de un pequeño restaurante en la acera misma, a pocos metros de la puerta del pintoresco hotel en el que me estoy hospedando, espero pacientemente a que mi contacto se presente. Este es sólo un punto de encuentro, pues la verdadera reunión que tendremos se aventurará por tópicos que no puede escuchar nadie, por lo que tendremos que movernos a un ámbito más privado.
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Invitado el Mar Jun 02, 2015 3:52 am

La moral era algo demasiado cuestionable. Totalmente dependía de cómo era enfrentada y la manera en que había sido educada la persona. En el caso de Hyori, en momentos como esos, sabía que su moral era altamente cuestionable. Cuando el yate la dejó en las costas de Grecia, supo que el mundo era demasiado luminoso para saber el tipo de cosas que había visto. Pero ella se sentía indiferente a todo lo ocurrido, ni siquiera se podía empatizar con las muchachas que había visto encerradas en jaulas, acurrucadas en la oscuridad. Un enorme muro había sido construido frente a su rostro, porque era mil veces mejor que disfrutarlo, como había visto a colegas en su profesión hacerlo. La única emoción que había despertado para ella había sido el desagrado total al ver a otros representantes de millonarios, mafiosos y demás pedir “demostraciones” o “probar” los productos.

Por suerte había salido de ese lugar y podía dirigirse a su cuarto de hotel con total tranquilidad. Ahí se tomó una ducha y se preparó para su siguiente cita. Una más placentera, por lo que sabía y que iba acorde a su sede: Inglaterra. Ella había estado buscando contactos interesantes entre los dos bandos de la curiosa guerra que se armaba frente a ella. Pero había sido complicado. No, no porque fuese difícil encontrar personas que quisieran ser conexiones entre los bandos y el Doble Dragon. El verdadero problema era el tipo de conexiones del que se estaba hablando. No le gustaba que fuesen fanáticos o demasiados estrictos, algunos eran desequilibrados y solo comprometerían su situación. Pero había encontrado una fuente interesante y sus jefes estaban al tanto de los posibles resultados que se pudiesen tener. Hyori observó por la ventana, notando el soleado día que hacía afuera, así que cubrió su cuerpo de crema y escogió con cuidado su atuendo, esta vez mucho más cómodo para la hora del día. Antes de salir, se sentó a los pies de la chimenea falsa de la habitación. Muchos se sorprenderían lo difícil que podía ser encontrar chimeneas en Grecia y las nulas opciones con las que se había quedado. Pero cuando encontró ese hotel, arregló todo para que el encuentro fuese cerca de ahí.

En ese momento, como siempre, cronometrado, unas llamas se encendieron y el rostro de uno de sus líderes se mostró. Por unos minutos hablaron en una mezcla de japonés, coreano y mandarín. Aun así, el método codificado era más difícil para su jefe que para ella, que lo tenía fácilmente memorizado. Le comunicó de la reciente compra y como ya se habían dispuestos barcos para que fueran movilizados hacia Corea del Sur. Este asintió en silencio y preguntó sobre su siguiente reunión. Hyori solo sonrió y él entendió que aun todo seguía según el plan, así que las llamas desaparecieron. Sin más, salió del hotel con total naturalidad y se dirigió al punto de encuentro. La descripción de su objetivo había sido exacta y el factor más fácil de identificarlo había sido la ligera barba rojiza que contrastaba con su oscuro cabello. Hyori se acercó a él y besó su mejilla en forma de saludo, como si fuesen dos personas que se conocieran íntimamente. Todo era parte de la actuación y al mismo tiempo una manera de presentarse- Lamento la tardanza –una sonrisa natural en sus labios se formó y levantó la mano para pedir una bebida fría al mesero- Hoy es un día caluroso ¿No cree? –dejó su bolso sobre su regazo y un brillo de reconocimiento se notó en su mirada.

Oh… ella sabía quien era. Muy, muy interesante- Me alegra que decidiéramos este lugar y no Hogwarts, es muy frío para reunirnos en mi oficina, señor Fawley –comentó con tranquilidad, ha tiempo que el vaso llegaba frente a ella y bebía un sorbo del mismo. Como enfermera, las fichas médicas de todos pasaban por sus manos, entre esos los nuevos contratados. Por suerte su memoria era tan exacta o no se hubiese dado cuenta de ello.
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Invitado el Sáb Jun 13, 2015 7:37 am

Me permito distraerme un rato con los curiosos muggles que recorren la concurrida avenida, mientras espero la llegada de mi cita para esta noche. Verlos pasear con tanta comodidad y tranquilidad me recuerda a los años en que yo mismo salí a recorrer el mundo. Pero nunca vine a Grecia antes. No sé por qué. Debería haberlo hecho. Supongo que en esa época me encontraba demasiado seducido por las maravillas del futuro en los países del futuro. Unas cuantas ruinas no iban a quitarme el sueño, no cuando nací en un país poblado de ruinas y recuerdos de tiempos antiguos. No, yo quería ver las grandes ciudades y potencias de Europa: París, Berlín, Estocolmo, Oslo, Helsinki, Copenhague, Ámsterdam, Viena, Moscú, Roma, Madrid... y hasta allí llegaron mis pasos. Luego crucé el océano y fui a conocer el Nuevo Mundo. ¡Las metrópolis de América! De Norte a Sur, y de regreso. Tampoco llegué hasta el lejano Oriente y sus culturas milenarias. Algún día, tal vez... algún día.

Con la mirada perdida en el sol que se despide a lo lejos, no me doy cuenta de que ya llegó la persona con la que iba a reunirme hasta que la tengo a dos pasos frente a mí. Mi mirada recorre su rostro un instante, bajando desde sus ojos de rasgos asiáticos hasta sus sandalias, y de vuelta a sus ojos. Y entonces siento sus labios sobre mi mejilla, tomándome desprevenido. La contemplo sorprendido detrás de mis anteojos oscuros, siguiéndola con la mirada hasta que se sienta frente a mí. Eso fue inesperado. Pero entiendo la razón por la que lo hizo. Si por casualidad hubiesen ojos curiosos mirándonos ahora mismo, no verían nada más que dos viejos amigos reencontrándose en un café de El Pireo. No es un motivo de sospecha. Esbozo lentamente una pequeña sonrisa, antes de quitarme las gafas.

Oh, no te preocupes, no me molestó esperar. La vista aquí es excepcional —le respondo, bebiendo un sorbo de mi té helado sin apartar mi mirada de ella. Por supuesto, dado que la mafia del Doble Dragón pertenece a Corea del Sur, me imaginaba que la mujer con la que me iba a reunir posiblemente proviniera de allí. Y no me equivoqué. Lo que no pensé es que fuera a ser tan atractiva como ella—. Bastante. Y parece que en la noche seguirá igual. Ninguna nube en el cielo, casi no sopla el viento... Tendremos calor por unos cuantos días —digo con naturalidad, como si estuviésemos retomando una conversación previamente interrumpida. Noto un brillo en sus ojos por cuestión de unos segundos. Nada demasiado evidente, pero lo suficiente para que mi mente comience a formularse preguntas. ¿Qué vio? ¿En qué se fijó? ¿Qué recordó? ¿Qué descubrió? Por suerte, la respuesta no se hace esperar. Y me da la sensación de que ella ha estado haciendo sus deberes. Pero el hecho de que me haya identificado no me descoloca, ya vaticiné un escenario donde mi nombre se pusiera en juego. Yo mismo iba a sacar a relucir esa carta en un momento u otro, pues considero que este tipo de relaciones deben empezarse con la mayor cuota de confianza posible.

Muy posiblemente tengas razón. No me siento con el humor necesario para estar abrigándome con más ropa de la indispensable —vuelvo a sonreír, con calma—. Pero me temo que todavía no conozco tu nombre y tú sí el mío... Me siento en desventaja —río alegremente, como quitándole hierro al asunto. Desde luego, estoy seguro de que ella se dará a conocer. Aunque sea con su nombre de pila, no necesito más. Quiere tanto como yo que esta asociación llegue a buen puerto. Eso es lo que me mantiene seguro—. De todos modos, es un lugar temporal. No podemos discutir nuestros asuntos en un sitio tan público, como ya sabes. Mi hotel está aquí cerca, por si te interesa, a menos que prefieras que te acompañe al tuyo... o a cualquier otro espacio más privado que se te ocurra a ti para platicar. Estoy abierto a opciones.
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Invitado el Lun Jun 29, 2015 3:41 am

Grecia vivía una terrible época. Tal vez no fuese tan catastrófica si no se tratara de la cuna de la civilización como se la conocía. Y aunque se mantenía con el turismo, no podía ser de lo único que pudiese vivir. Los impuestos se alzaban desesperadamente y el coste de vida era impresionante. Hyori lo sabía porque también afectaba al mercado mágico. No se lograría las mismas cosas, ni la misma calidad, en un lugar que se mantenía vivo por las almas extranjeras y no por la felicidad de sus ciudadanos que parecían marchitarse. Por fortuna no se encontraban protestando en las calles como a veces lo hacía, aunque con menos fervor que los países latinos. Ellos si podían hacer temblar a cualquiera cuando se unían.

Pero Grecia seguía siendo un lugar fascinante, único a su espléndida manera. Para alguien que había sido criada en Corea del Sur, con las costumbres más oscuras, la pasión de las civilizaciones latinas eran fascinantes. Por lo menos en Inglaterra encontraba ciertos puntos en común con la formalidad de Corea. Y aunque había sido educada en un entorno donde el cuerpo solo era un embace fácil de destruir y revivir, ella encontraba fascinante la viveza de lugares como el país tropical en el que se encontraban. Por ejemplo, Kieran, perteneciente de las zonas frías, podía ser carismático desde la fotografía de su expediente hasta el hombre que estaba ante ella. Hyori lo sabía. Pero seguía teniendo barreras a su alrededor, como cualquiera de su nacionalidad y encontraba sorpresivos los acercamientos naturales. Obviamente Hyori estaba en la misma posición, pero al vivir de máscaras, adaptarse a las costumbres griegas era normal. Hasta le agradaba las carcajadas fuertes, los golpes estridentes que pretendían ser aplausos y la voz alta de las personas que posiblemente estuviesen a una cuadra de ellos.

- Y su mar es cristalino, casi se puede ver los arrecifes de coral ¿Ya ha entrado al mar? –consultó, acercando su alargado vaso a ella y bebiendo un poco de la pajilla antes de dejar reposar la bebida sobre la pequeña mesa que obviamente estaba destinada para pequeños bocadillos y bebidas. Los ojos de Hyori buscaron rápidamente las nubes. Aunque estaba pendiente de la persona frente a ella, le gustaba desplegarse con seguridad. Algo importante dado su género- Supongo que hemos cumplido con el reglamentario y necesario comentario sobre el clima ¿No cree? –bajó la mirada hacia él, su rostro se ladeó ligeramente, con curiosidad aunque una pequeña sonrisa se formó en sus labios. No sabía porque pero la gente parecía más cómoda cuando se tocaba una banalidad innecesaria como el comportamiento errático del clima.

Una pequeña risa escapa de sus labios y niega ligeramente- Indudablemente. Los terrenos de Hogwarts no son muy cálidos. Una lástima para esas jóvenes almas que deben permanecer tanto tiempo ahí. Lo bien que les vendría disfrutar un momento en la playa con ropa ligera. Un profesor debería hacer eso para ellos –habló de la manera que hablaría con alguien que ya conociera. Pero era lo que le gustaba, tener esa ventaja de saber con quién hablaba mucho antes de que este pudiese deslumbrarla. Eso y que no existía una verdadera yo a la que la gente pudiese acceder. Solo máscaras, unas más preciadas que otras, pero todas justas y necesarias- No nos han presentado aún. Yo sé quién es usted, pero usted no sabe quién soy yo. Permítame presentarme, igualar nuestra situación. Mi nombre es Kim Hyori, su nuevo contacto y, por supuesto, una de las enfermeras de Hogwarts, lo que explicaría que sepa quién es usted. Ahora, sabe quién soy yo. En el inicio de clases compartiremos mucho tiempo juntos. Así que espero podamos disfrutar de nuestra mutua compañía en ambos negocios. –bebió otro poco de su bebida. El frío era refrescante contra su cálido cuerpo que recibía el clima húmedo y costero con aceptación pero sin tanta alegría. La propuesta que él le ofrece implica confianza. El aceptar implicaría que confiaba en él lo suficiente para alejarse de la vista de las personas. Pero llevarlo a su hotel detonaría falta de confianza, algo que no era bueno para los negocios ¿Y otro lugar? Bien… eso era una buena opción, pero siendo un lugar turístico y dado el clima…- Su hotel suena bien. Me gustaría escuchar que proposición tiene para mí. Mis jefes estarán encantados de saber que usted y yo podríamos mantener un contacto regular sin necesidad de acordar fechas en largas esperas. –la mujer levantó la mano para llamar al camarero y le pidió la cuenta- Espero que no sea un problema para usted, pero mi hotel no es muy confortable dadas las necesidades… especiales que busqué ¿El suyo se encuentra cerca?
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Invitado el Miér Jul 22, 2015 6:56 am

Desvío mi mirada hacia el mar cuando realiza aquel comentario. Hermoso como pocos, sus aguas parecen querer tentarnos a que nos adentremos en ellas y degustemos sus placeres. El Mediterráneo tiene su encanto único y cautivador, y a través de sus olas ha visto navegar barcos de todos los imperios de la Antigüedad.
No, me temo que aún no he tenido el gusto. No aquí en Grecia, al menos —murmuro, volviendo a posar mi vista en la de mi cita. Hago girar suavemente el té alojado en mi vaso de cristal, deteniéndome para observarla por unos instantes—. ¿Tú has entrado? —pregunto con tranquilidad. Una sonrisa se forma en mis labios, divertido por sus siguientes palabras. Estos son los detalles que me indican cuándo estoy hablando con una persona inteligente y cuándo no—. En efecto —digo, terminando mi té helado de un breve sorbo—. Es la naturaleza humana... Al recurrir a un cliché, nos apoyamos en algo confortable o familiar para una situación que nos pone nerviosos. De esa manera, evitamos embarazosos tartamudeos y balbuceos mientras buscamos nuevas palabras en una situación estresante. —Vuelvo a sonreír, divertido—. En nuestro caso... fue más una excusa para estudiarnos mutuamente. Gajes del oficio, ¿verdad?

Dejo escapar una pequeña carcajada, asintiendo serenamente con la cabeza.
Definitivamente, un profesor debería hacerlo —respondo. Sin duda, en mi época de estudiante en Hogwarts me hubiese venido genial tener un profesor o profesora que nos dejara salir a la playa cuando nos viniera en gana. Y no sólo salir a la playa... Pero mucho me temo que eso no ocurrió, aunque sí disfruté de ciertos privilegios que varios otros de mis compañeros no. Tener un buen apellido y un buen intelecto ciertamente abre muchas puertas. Y si además tienes una insignia de prefecto, mejor que mejor—. Sin embargo, estoy casi cien por ciento seguro que Dumbledore no va a darme muchas libertades este próximo curso... Es mi primer año como profesor, después de todo. Si quiero ganarme su confianza, antes tengo que hacer méritos. No hay nadie más inteligente y perspicaz que el viejo Albus. Es elemental tener eso siempre presente. —En especial considerando cuál es mi función. Cualquier mortífago fanático podría ser lo suficientemente estúpido para pensar que nuestro Señor Tenebroso es más brillante que el anciano mago. Y cualquier mortífago fanático se estaría equivocando enormemente. Conocer a tu enemigo y no subestimarlo es básico si quieres derrotarlo. Y el Señor de las Tinieblas no será más brillante que Dumbledore, pero no carece de talento y poder. La diferencia entre ambos está en los métodos que utilizan para conseguir lo que quieren.

Mis suposiciones previas se confirman cuando me deja saber quién es ella y en dónde trabaja. Inmediatamente, todo el rompecabezas se arma a mi alrededor. Nunca hubiera imaginado que mi contacto se encontraría bajo el mismo techo que yo, trabajando conjuntamente conmigo al mismo tiempo que cada uno debe conservar su máscara y actuar un papel para no ser descubierto. Puedo visualizar lo que ocurrirá en apenas un mes: yo, encontrándomela por los pasillos de Hogwarts, cruzando una mirada con ella, sabiendo que frente a mí camina una espía, que sabe que yo también soy un espía... Los dos teniendo que guardar el secreto del otro para garantizar la misión propia. Nos estrecha en un lazo de intimidad ciertamente inesperado, pero de alguna forma gratificante.
Un placer conocerte, Hyori —digo tras unos instantes—. Así lo espero también. Por lo pronto, yo ya lo estoy haciendo —murmuro, mientras continúo observándola fijamente a los ojos. Y a partir de ahora comienza otro juego... el juego de la confianza. Sólo podemos ganar los dos o perder los dos, porque no estamos jugando con intereses propios, sino con los de nuestros Señores. Y yo no tengo intenciones de perder, menos ahora que esta promete ser una de mis más curiosas asignaciones. La joven enfermera me produce curiosidad por sí misma, tanto su personalidad como su inteligencia y su belleza exótica. Y me atrae también el pacto que estamos por firmar... una unión que nos beneficiará a todos si sale bien, pero que nos perjudicará sólo a nosotros dos si sale mal. El peligro siempre me ha seducido poderosamente—. No es ningún problema para mí. Mi hotel está aquí, justo encima del café en el que nos encontramos —contesto a su pregunta, al tiempo que me pongo de pie.

Espero a que el camarero llegue para cobrarnos las bebidas, dejándole unos billetes muggles como pago, y luego le ofrezco el brazo a Hyori para conducirla hasta la entrada del hotel. No está más lejos que tres o cuatro metros, pero cualquier informalidad a la vista de todos es bien recibida en una ciudad como esta. Una vez dentro, subimos unas viejas escaleras de mármol blanco, cuidadosamente tallado, hasta llegar al quinto piso del edificio. Sacando fugazmente la varita, realizo un breve encantamiento y la puerta se abre.
Como comprenderás, no puedo confiar en una llave para asegurar mis pertenencias —comento, dejándola pasar primero antes de cerrar detrás de mí. Es una habitación no muy grande, pero refrescante y confortable, con una cama de dos plazas ubicada bajo una ventana, y dos sillones individuales situados junto a la ventana opuesta—. Siéntete como en tu casa y ponte cómoda —la invito, mientras yo abro una de las ventanas para dejar que corra un poco el aire. Tras esto, me siento en uno de los sillones, dirigiendo mi mirada hacia Hyori—. Estoy seguro de que, en este punto de la historia, ya estás bien al tanto de la guerra que el Señor de las Tinieblas planea desencadenar contra los muggles, primero en el Reino Unido y luego en todo el mundo. No es una cuestión de si, sino una cuestión de cuándo. —Junto mis manos frente a mi rostro, hablando con calma pero también con firmeza—. Lord Voldemort quiere darles a los magos el lugar que les corresponde. Y para eso necesita aliados... Ojos y oídos, bocas y manos que puedan pelear su guerra allí donde no se extiende su poder... aún. Cualquier asistencia que se le prometa será recompensada cien veces más. —Dejo que mis palabras sean asimiladas antes de proseguir—. Tus maestros pueden pensar, quizás, que el Señor Tenebroso tal vez nunca llegue a cumplir su cometido. Es un pensamiento válido. Pero, en tal caso, no estarían viendo la imagen completa... Porque quizás Lord Voldemort no consiga lo que quiere, pero quizás sí. Y si lo hace, recordará muy bien a aquellos que lo ayudaron y a aquellos que no. Si tus maestros quieren un sitio de privilegio en el Nuevo Orden Mundial, este es el momento de dar un paso al frente.
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Invitado el Sáb Jul 25, 2015 5:26 am

Hyori entreabrió la mirada con una mirada de aparente sorpresa. El aroma a mar los rodeaba de forma agradable, lejos de los puertos pesqueros solo podían sentir las invitantes sensaciones- Al poco de llegar me he ido al mar. Un yate nos llevó por las islas cercanas a una zona con estatuas griegas bajo el agua. Muy hermosas y una experiencia digna de vivir –prometió, claro que después de eso había tenido que trabajar y perdido la experiencia relajante del buceo- Totalmente recomendable. Gracia es un bello país y dada su economía… muy accesible para nosotros –se encogió ligeramente de hombros, sin necesidad de decir más. Así eran las cosas, Grecia estaba terriblemente mal y si se sabía las formas correctas, se podía conseguir de todo en ese país. Esa era la manera en que funcionaban los países pobres. Por eso ella estaba ahí.

Le sorprendieron las palabras del hombre. Claro que externamente se mantuvo relajada y lo premió con una sonrisa suave, reconociendo su inteligencia y vocabulario fluido. Pero internamente si había causado impacto en ella. La gente no solía ser tan sincera y a veces eran demasiado amables para fingir galanteo o empatía innecesaria- Usted lo ha dicho –aunque también era verdad que ella analizaba todo, a todo momento. No podía dejar de hacerlo. La habían entrenado para leer a la gente y su memoria fotográfica hacia que esa tarea fuese constante, sin descanso la mayoría del tiempo. Hyori abrió los ojos y ligeramente relajó sus facciones, en un par de parpadeos sus facciones mostraron una gran inocencia, su mirada lució pura y casi infantil. En un estudiado movimiento ladeó el rostro y dejó de ser la joven mujer hasta casi parecer una estudiante- Dumbledore es un hombre admirable y ha sabido escuchar mis consejos con respecto a los estudiantes. Tal vez pueda ayudar un poco… –y volvió a su actitud normal, con el mentón en alto, su mirada calculadora y pose mucho más regia y segura, dejó atrás a la inocente enfermera Kim y retomó su verdadera máscara- Indirectamente, por supuesto –lo cual era algo que sabía hacer muy bien. Y seguramente Kieran necesitaba estar en buena estima con el director dada su… vocación.

Si, él también el también vio la situación. Algo que le sorprendió a Hyori, el Doble Dragon era en extremo celoso con sus miembros especiales. Y ella estaba cerca del aprecio de algunas de las esferas de poder. El hecho que la volvieran la conexión de este específico hombre con quien tendría que compartir constantemente y no entre citas casuales le sorprendió. Todo hubiese sido más fácil si hubiesen delegado a otra persona, ella nunca hubiese imaginado que el nuevo profesor era mortífago ni él hubiese tenido razón de sospechar de ella. Pero ahora que se habían conocido el vínculo se había hecho, para bien o para mal, para el caos o la creación ¿Qué estaban planeando sus jefes? ¿Tanto les interesaba una conexión con el Señor Tenebroso? Curioso… porque se suponía que se mantendrían neutrales, serían vendedores, contactos y como todo mercader se lavarían las manos después de que el productor los dejara. Hyori se levantó junto a él, intrigada. Desde el inicio supo que no sería un hombre como otros y al presentarse como era ella realmente, sin máscaras dulces o módulos complacientes para sobrevivir… se encontraba intrigada al verlo tratarla como una igual, con interés. Eso era nuevo, no le había temido, no la había tratado de menos ni había sido vulgar con ella por su profesión.

Lo tomó del brazo cuando fue la oportunidad y se mostró dócil ante los ojos vigías, dejó caer su mejilla sobre su brazo, por debajo de su hombro y mantuvo una sonrisa ligera e íntima. A la gente le incomodaba ver parejas dulces y era más fácil ser olvidada cuando actuaba de esa manera, a pesar de sus rasgos asiáticos. Más aun, sus propios rasgos la volvían confundible con otros de su etnia. Así eran los europeos y americanos. Al llegar frente a la puerta se soltó y asintió sutilmente- Ninguna protección es poca. –y esta era la más práctica, él debería ver la mezcla de tecnología y magia que había visto en otros lugares, volviendo todo casi una película de acción para ingresar a una habitación. No tardó en tomar asiento y cruzó sus piernas, gracias al ligero atuendo que llevaba podía sentir la brisa en sus piernas y brazos con total libertad.

- Me imaginé que nuestra cita sería exactamente para esto. Doble Dragon me designó como su contacto en Inglaterra dado que vieron el potencial de su Señor Tenebroso y la ayuda que podríamos prestarle. Pero voy a ser sincera. –aclaró- Al Señor Tenebroso no le debe interesar la opinión del Doble Dragon. No criticamos a nuestros clientes. Lo que ellos deseen hacer con nuestros servicios no es de nuestro interés. Lo que nos importa es lo confiables que serán como clientes. El Doble Dragon existe desde antes del Señor Tenebroso, antes de usted y de mí y seguirá existiendo cuando seamos cenizas. La razón de ello es porque somos leales productores y nuestros clientes saben que vigilamos muy bien que no insulten nuestros productos. Nosotros nos mantenemos en las sombras y nos gustaría que se mantuviese así. En lo personal puedo confiar que nuestro secreto está a salvo con usted porque su secreto depende de mí. Pero ¿Cómo puedo confiar en cada miembro mortífago? –negó- No puedo. El Señor Tenebroso puede comprar nuestros servicios pero preferimos que nuestra identidad sea conocida solo por usted y él. No quisiera que cualquier estudiante aspirante a mortífago al primer encuentro con el peligro suelte toda la información. –sonrió y apoyó sus manos sobre sus rodillas- El Señor Tenebroso debe estar tranquilo, mi conocimiento sobre esos aspirantes sigue siendo un secreto que mantendré guardado. Lo he hecho como una muestra de buena fe. –de la misma manera que ha guardado información sobre miembros de la Orden del Fénix y aspirantes a la misma- Me gustaría que me viera como una… ¿Cómo sería para ustedes? Una… Genio de la Lámpara. Las herramientas que necesiten las tendremos y podremos asegurar que nadie sospechará de dónde vinieron o para quien son. Sus deseos son mis órdenes. –ladeó el rostro pero esta vez con una brillante curiosidad y el pulso ligeramente acelerado, solo un poco, movida por la curiosidad- Siendo nuestra primera cita me alegra que sea directo. Así que ¿Usted necesita mis ojos, oídos, boca y manos? Bien… lo haré, a cambio de que usted también me entregue sus ojos, oídos, boca y manos cuando yo lo necesite. No me cabe duda de que verá lo beneficioso que será para ambos mantener una alianza dentro de Hogwarts. En mi mundo puedo obtener cualquier cosa, así que prefiero negociar con cosas que yo pueda dar y que me paguen de la misma manera ¿Información? Con información, por ejemplo ¿Alguna duda?
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Invitado el Sáb Ago 01, 2015 6:30 am

Observo con calma la superficie turquesa del mar mientras Hyori me relata su visita en yate, mirándola a ella cada tanto cuando habla de las estatuas sumergidas, y por un instante la imagino ataviada en traje de baño, zambulléndose en el agua cálida del Mediterráneo. Pero mis facciones no revelan nada, ni el menor detalle. Es muy pronto para dar más información de la necesaria... Ahora es momento del juego, de la inspección, del paso en falso, tratando de jugar de la mejor manera las cartas que tenemos en nuestras manos... y bajo las mangas.
Le haré una visita a las playas antes de irme, entonces —respondo, con una pequeña sonrisa—. Y te tomaré la palabra —agrego con respecto a su recomendación.

Mi ceño se frunce ligeramente, con extrañeza y sorpresa al contemplar cómo en cuestión de segundos es capaz de alterar sus facciones para darle a su rostro una apariencia mucho más juvenil e inocente. Mis cejas se alzan con admiración, notando no sólo la manera en que sonríe o me devuelve la mirada, sino también la pose que asume con su rostro, el movimiento delicado de su cuerpo, hasta la forma de separar los labios parece haber cambiado. Tengo que admitir que sus habilidades innatas y su compromiso a la causa son algo que no he visto nunca antes. Ni yo mismo me considero capaz de lograr esa transformación con la naturalidad que lo hace ella. Deben haber sido años y años de práctica, y de trabajo duro, para aprender a controlar cada movimiento, cada músculo y cada nervio; para aprender a diferenciar entre ambas máscaras, y que la gente no pueda distinguir un rol del otro. Y eso que mi familia ha estado en el juego de las apariencias desde hace cien años. Hyori parece estar llena de sorpresas, y me agrada el hecho de poder contar con ella como aliada en esta tarea.

Cualquier ayuda será bien recibida... Siempre devuelvo los favores que me son dados —murmuro, mirándola directamente a los ojos. No es una mentira ni un engaño. Mi madre me enseñó que la mejor forma de conseguir la cooperación de terceros es ganándote su confianza, su lealtad y su corazón, no castigándolos ni amenazándolos. Eso es algo en lo que, me temo, soy diferente al Señor Oscuro... Sus métodos tienden a ser un poco más destructivos, y no le interesa ser respetado cuando puede ser temido. No lo culpo, cuando se tiene un talento y un nivel de poder tan altos como los suyos, es más fácil confiar en tus propias capacidades que en las personas a tu alrededor. Y, sin embargo, ese camino tiene también una debilidad... porque cuanto más alto vueles, más dolorosa será la caída.

Me alegra comprobar que mi acompañante y yo pronto estamos en la misma página. Es como si fuéramos viejos bailarines experimentados, pero que no fue hasta el día de hoy que encontramos a la persona ideal para llevar a cabo este baile. La danza de los espías. Al momento en que apoya su mejilla sobre mi brazo cuando nos dirigimos al hotel, inclino mi rostro en su dirección para susurrarle algo al oído, sonriendo de manera cómplice. De esta forma nos quitamos de encima cualquier mirada curiosa que pudiera haberse fijado en nosotros momentos antes. A los ojos de extraños, no somos más que una pareja de turistas retirándose a su habitación antes de que la noche se cierna sobre El Pireo, disfrutando de unas relajantes vacaciones. Cuando subimos las escaleras al quinto piso, nos cruzamos con el conserje del hotel, quien con una graciosa sonrisa, nos entrega una tarjeta que dice «No molestar» para colgar en el picaporte. Me limito a sonreír en agradecimiento, pero de todos modos la cuelgo en su lugar antes de cerrar la puerta del cuarto detrás de mí. Para lo que tenemos que hablar, es mejor no recibir intromisiones muggles.

Sentado en uno de los sillones junto a la ventana, frente al de Hyori, pero ubicados levemente de perfil, sin estar completamente enfrentados, escucho con cuidado su respuesta.
Por supuesto, la identidad de tus maestros y la tuya propia estarán a salvo conmigo. No habrá más intermediarios del bando del Señor Tenebroso aparte de mí, y toda la información que intercambiemos tú y yo como parte de nuestro pacto, sólo será conocida por mi Señor. El silencio y la discreción son dos cosas que valoro mucho —digo con tranquilidad. En mis labios se forma una ladeada sonrisa al escuchar aquella pequeña revelación. No me sorprende que, siendo enfermera, tenga acceso al tipo de información privada que no es fácil conseguir para un prefecto, un profesor o un Jefe de Casa. No eligió cualquier puesto al azar, sino que escogió cuidadosamente uno que sabía que le traería infinitos beneficios. Y mi sonrisa se afina un poco más al percatarme del efímero doble sentido que acarrea su comentario sobre nuestra primera cita, haya sido intencional o no. Aunque, juzgando a partir de lo poco que la conozco, diría que todas sus acciones son calculadas y deliberadas—. Ninguna duda... Y ten por seguro que podrás tener mis ojos, oídos, boca y manos cuando lo necesites. Como tú has dicho, también prefiero negociar con cosas que estén a mi alcance... y pagar de la misma manera. La información será elemental, pero a su vez podremos pactar cualquier arma que tus maestros dispongan y que no pueda conseguirse en Europa, así como cualquier conocimiento que tú estés dispuesta a compartir conmigo. —Me pongo lentamente de pie, avanzando un paso en su dirección antes de detenerme—. Entonces... ¿tenemos un trato? —pregunto despacio, mirándola a los ojos.
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Invitado el Mar Ago 04, 2015 3:39 am

El deseo de ofrecerse de guía se instauró en ella. El hombre era interesante en sentidos mucho más maduros y afilados que lo que cualquiera de sus dulces y protegidos estudiantes pudiesen ser. Claro que el interés de Kim siempre era inocente ¿El de Hyori? Mucho más calculado, frío e investigativo. Pero se dijo que sería arriesgado ofrecerse a algo así sin saber cómo terminarían las negociaciones y los términos en que mantendrían su contacto. Así que guardó ese pensamiento de forma cautelosa, mirando al hombre frente a ella, pensando que recordaría ese momento como ha recordado todo de su vida desde los tres años más o menos. Hyori notó su sorpresa al verla cambiar de máscaras como otros podían pestañar, pero eran solo rasgos diferentes, músculos usados de forma diferente. Ella siempre había visto como la gente los usaba para expresar diferentes emociones, había sido fácil imitar las expresiones que cierto tipo de personas siempre usaba. Pero también sabía lo difícil que era para otras personas poder pasar de una máscara a otra, sin levantar sospechas. Aunque era exactamente esa la razón por la que habían escogido a Hyori para enviarla a Gran Bretaña, sabía camuflarse y perderse en la multitud.

Le sorprendió la sinceridad en sus palabras. No solo eso… la total sinceridad de sus palabras. Por un eterno segundo sus facciones mostraron sorpresa y luego lo observó con reconocimiento. No había mentiras, ni ligeros tics, no había dudas en su voz, ni pequeñas contracciones musculares. Él hablaba en serio, con una nobleza rara en el mundo en que ella se movía. No, rara en el mundo que ambos vivían, podía notarlo por sus expresiones y forma de actuar, él también había visto muchas cosas del mundo, buenas y malas. Pero no parecía un purista promedio, no parecía preocupado por la sangre de Hyori, como otros hombres que solían preguntarle primero eso antes de dar cualquier avance o siquiera tocarla. Ya de camino a la habitación, la mirada de la joven se distrajo en el letrero de No molestar. Le dio gracia por lo útil que podía ser para cualquier tipo de reunión. Las personas en los pasillos se alejaban siempre de esos letreros, temiendo que caminar cerca fuese una molestia.

Lo miró desde su lugar, entretenida- La identidad de mis maestros es un misterio, no lo olvide. Pero posee mi identidad, no se preocupe. –comentó, con una pequeña sonrisa. Ni siquiera dentro del Doble Dragon los miembros inferiores sabían la identidad de sus jefes. Sin ir muy lejos, muchas personas por debajo de Hyori desconocían su existencia. Pero se sintió satisfecha, el hombre era sincero sobre el silencio y la discreción, valores tan raros hoy en día- Nos entenderemos bien, entonces –se apoyó contra el respaldo de la silla y lo miró largamente, sin reparos. Ese hombre frente a ella iba a ser su compañero de trabajo en los dos ámbitos de su vida, conocería sus dos facetas y con suerte se adaptaría a ambas, como dos personas que escondían el mismo ser. Él era inteligente, sabría seguirle el ritmo y llevaba años sin conocer a alguien así de inteligente. Más aun, era la primera vez que la inteligencia no venía de la mano de la intimidación. Para ella la gente con grandes mentes eran aterradoras y los hombres con modales y carisma no eran interesantes. Pero por primera vez podía ver lo que ocurría cuando las dos cosas buenas se colisionaban en una sola persona. Eso era nuevo para ella. Sinceramente, estaba intrigada.

Hyori lo miró, aprobando su sonrisa insinuante cuando dejó atisbar que era lo que él había imaginado- Tomaré en cuenta su proposición y voy a estar pendiente de su cumplimiento. A simple vista me da la impresión de que no defraudará mis altas expectativas –se levantó junto a él, retirando la distancia entre ambos antes de estrechar su mano con firmeza- Es un trato. –y dio un paso más, hasta que las manos de ambos quedaron a un roce de su vientre, ella cerca de él. Solo por curiosidad, ladeó el rostro, mirándolo- ¿Tiene algún plan ahora? Para mantener nuestra coartada no debería salir por esa puerta por un par de horas –claro que podría aparecerse en otro lado, pero tenía curiosidad. Por primera vez sentía franca curiosidad por un hombre y su actuar ¿Qué haría? ¿Tenía planes? ¿Improvisaría? Su curiosidad iba por encima de un plano sexual, era más bien… toda ella, inclinándose como una danza hacia él esperando la guía a un nuevo giro, movimiento, desliz.
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Invitado el Jue Ago 13, 2015 6:43 am

Oh, por supuesto, sus verdaderas identidades no las conozco, y nunca las conoceré —respondo con calma, esbozando una sonrisa—. Lo decía en un sentido más general... En lo que a mí concierne, tus maestros son el Doble Dragón. Y esa es la identidad que mantendré en secreto... al igual que la tuya propia —murmuro, con mi mirada fija en sus ojos. Lo cierto es que conozco poco y nada sobre dicha organización criminal, y no hay mucho que podría revelar, aunque quisiera hacerlo. Me basta con saber que son peligrosos y que pueden hacer bien el trabajo que se les solicite. No está en mis planes ir en contra de ninguna mafia, y cuanto menos sepa, menos tendré para decir si algún día me atrapan. Algo que, por supuesto... es sumamente improbable que ocurra. Si en algo somos excepcionales los Fawley, es en fundirnos con las sombras y desaparecer. Lo hicimos en el pasado cuando Grindelwald cayó, y lo haremos de nuevo si Voldemort no consigue hacerse con el poder. No dudo de que pueda hacerlo, pero siempre hay que estar listos para cualquier eventualidad.

Observo a Hyori con curiosidad al momento en que se apoya contra el asiento, en una postura relajada, pero no indefensa, mientras ella me observa a mí. Por espacio de un par de minutos, lo único que intercambiamos son miradas, cuidadosas miradas. Ambos sabemos en lo que nos estamos metiendo al aceptar este trato. Siempre cabe la posibilidad de que volvamos con nuestros jefes y les digamos que el acuerdo no prosperó, ahorrándonos así el tener que depositar nuestra completa confianza en otra persona a quien apenas acabamos de conocer; sería más sencillo para los dos. Pero estoy seguro de que ni ella ni yo tomaremos ese camino. Puedo ver que a Hyori le atrae tanto este juego dual como a mí, esta sensación peligrosa de abandonarse a lo que pueda ocurrir si el otro falla, pero disfrutando del secreto compartido como si fuese la experiencia más excitante del mundo. Percibo también esa chispa que hay entre nosotros, atraídos por la inteligencia del otro, la experiencia, los miles de interrogantes que nos quedan por descubrir. Lo noto en su mirada, así como ella debe verlo en la mía.

Lo mismo digo yo... —murmuro, una vez de pie frente a Hyori. Levanto mi mano para estrechar la suya, consumando finalmente nuestro acuerdo. Aunque, bueno, esa es sólo una forma entre muchas de consumarlo... Poso mi mirada en sus ojos cuando da aquel paso de más, haciendo que nuestras manos queden aprisionadas entre su vientre y mi abdomen. Es una declaración de intenciones que se matiza por sus palabras. Afuera, el sol finalmente se pierde en el horizonte, dejando tras de sí una estela añil, mientras las estrellas salpican el cielo nocturno. Sin embargo, el calor no se va, recordándonos que todavía estamos a mediados de Agosto—. Para mantener nuestra coartada, deberías pasar aquí toda la noche —continúo observándola, disfrutando de su cercanía, de su aroma verdaderamente exótico, de la suavidad de su piel—. Muchos en el café nos vieron entrar, y también lo hizo el conserje. Y yo creo que nos da la excusa ideal para poner a prueba nuestras habilidades con nuestros ojos, oídos, boca y manos... —Alzo mi otra mano para apoyarla en su mejilla, acariciando levemente su mentón con el pulgar—. A menos que tú tengas mejores planes —digo, esbozando una pequeña sonrisa.
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Invitado el Mar Ago 25, 2015 6:39 pm

Hyori podría corregirlo ligeramente pero al mismo tiempo no lo hacía porque tiene razón- Así es –sus maestros formaban parte del Doble Dragon pero también sus subordinados, también los esclavos y trabajadores sin otro remedio que vivir para mantener la mafia estable. La mujer ladeó suavemente su rostro y no pudo evitar sonreír de lado, midiendo las posibilidades- Me agradan las relaciones llenas de mentiras para otros que ocultan secretos personales –aceptó, porque esa sería su situación. Ambos tendrían una falsa relación, ligeramente real. Si, serían colegas en Hogwarts, también podrían parecer cordiales compañeros pero todo eso sería una mentira. Cada conversación en los pasillos y cada saludo en que se cruzaran de camino a sus respectivas actividades. Pero ambos estarían ocultando secretos valiosos. En realidad, ella estaba ya ocultando muchos sobre él, como la manera en que parecía mucho más frío y calculador sobre los ideales de los mortífagos. Tal vez tuviese el secreto más importante de todos en su mente: Kieran pensaba por sí mismo. Algo que tal vez a su señor no le agradaría. A los amos no les gustaba nunca eso de sus vasallos.

No era ingenua. Ella fue criada para leer las señales de las personas. También las propias. Entonces, era muy obvio lo que ocurría entre ambos. No solo eso, sino fascinante. Porque sabía que su mirada trasmitía curiosidad y le había permitido trasgredir incontables ocasiones su espacio personal en momentos que no eran necesarios. El hombre frente a ella era peculiar, muy diferente a otros que había conocido en ese lado del mundo. No, en el mundo en general, si era sincera. Desde ya sentía lástima por las inocentes estudiantes que fantasearían con posibilidades. Kieran era calculador e inteligente, jugaría como ella había estado jugando, pero tendría cuidado- ¿Tienes altas expectativas sobre mi o solo sobre nuestro contrato? –sabía que la pregunta era muy directa, pero no se molestaba en ocultarla. No tenía que parecer inocente y frágil, no era Kim en esta ocasión, con una inteligencia nublada atrás de nobleza. Ahora estaba siendo ella misma y a diferencia de otras mujeres malas o poderosas, Hyori no encuentraba necesidad alguna en coqueteos sutiles ni en sensuales atrevimientos. Le parecía todo eso muy inocente y femenino, extremadamente delicado y volátil para tentar de esa manera, anteponiendo su cuerpo como carnada para los hombres. Ella no necesitaba eso, estaba consciente de su atractivo exótico en ese lado del mundo pero también que era para gustos selectos. Por lo menos a primera vista. Y ella no estaba interesada en los cuerpos, porque de esos podía conseguirlos fácilmente. Lo que a ella le atraía era más mental y fascinante, como en ese momento- Porque yo tengo altas expectativas respecto a ti, a tu mente en particular –aclaró.

Por supuesto que el cuerpo frente a ella era atractivo. Hyori no era ciega, era un tipo de masculinidad del que no estaba acostumbrada y a sus ojos él era el exótico, el poco común en varios aspectos. Lo sintió acariciarla y se lo permitió, levantando su rostro para exponer su cuello y parte de su clavícula. Ella podría irse, no estaba realmente confinada ahí, la magia podría llevarla lejos en un parpadeo. Pero en su lugar se quedó- No me quedaré por una coartada –lo mantiene con su forma directa al hablar, porque tenía sufrientes misterios para sostenerse, así que era irrelevante jugar a la hora de hablar. Hyori por fin soltó la mano del hombre y deslizó las suyas por los brazos de Kieran, siguiendo los tensos músculos hasta sus hombros y por su cuello, obligándola a levantarse en puntas de pies, atrayéndolo a su rostro porque él seguía siendo alto. Pero no lo besó, en su lugar deslizó su labio inferior por el perfil de su mandíbula, sintiendo como fuego la barba del hombre hasta llegar a su oído- Hay un cinturón oculto bajo mi blusa, ten cuidado donde tocas –el rastro de una risa se filtró por sus palabras, pensando en el cinturón de cuero con pequeñas bolsas apretadas contra su piel, todas con diferentes mezclas y cada una con variados resultados- Podrías perder las manos… o elevarte al cielo –pero aun así estaba avisándole, dándole autorización para tocarla y desvestirla, dándole parte del poder pero manteniendo algo con ella. En otras ocasiones sería más fácil el tomar liderazgo sobre su desnudez pero estaba intrigada por la mente que controla el cuerpo apretado contra ella. Y de la misma manera sentía curiosidad por lo que su propia mente sacaría de todo eso. No demoró más y lo besó despacio, buscando que sus sensibles labios memorizaran los masculinos, sintiendo el cosquilleo de la barba de Kieran justo bajo su mentón.

Ella prefería la opción del cielo, estaba curiosa por saber cómo sería la versión celestial que este hombre tenía. Hyori profundizó el beso, tomando la iniciativa, sin remordimientos de mostrar el gusto que sentía al suspirar contra sus labios. Kieran tenía aun sabor a té en la boca, a frutas embriagadas en hojas de té oscuro, pero también era más cálido que Grecia, hasta el punto de quemarla al contacto y erizar su piel con un recorrido eléctrico hasta su espalda baja.
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Invitado el Mar Sep 15, 2015 2:12 am

La miro fijamente a los ojos mientras medito la respuesta a su pregunta. Por supuesto, tengo altas expectativas puestas en lo provechoso que pueda resultar nuestro acuerdo. Porque, en caso de que no lo sea, tendremos que enfrentar graves consecuencias... y el Señor Tenebroso no se destaca por su compasión. Pero ahora que sé que mi contacto trabaja como enfermera en Hogwarts, es más importante que nunca el cerrar un trato como este. No me gustaría tenerla como enemiga, y como aliada presenta posibilidades mucho más interesantes. Me bastó la última media hora para darme cuenta que es lista, y muy perspicaz e ingeniosa. Sabe cómo engañar, cómo manipular; conoce sus fortalezas y debilidades, y las aprovecha a su favor. No olvido que apenas la he conocido hoy, dejando de lado las conversaciones vía lechuza que hemos mantenido el último mes, pero lo que he presenciado me ha dejado bastante satisfecho, y con ganas de saber más. También fue su apariencia la que atrajo mi atención, su aspecto exótico y su figura que la hace ver más joven de lo que es, y que ella sabe utilizar perfectamente en su beneficio. Es a través del encuentro físico que uno puede desvelar algunos misterios de las personas... y crear ese vínculo de intimidad que tan bien le hará a nuestra relación laboral, y no me refiero precisamente a la de profesor y enfermera.

Tengo altas expectativas del contrato y de ti —respondo, sin dejar de mirarla—, pero tengo la impresión de que sabrás estar a la altura, como yo también daré lo mejor de mí para que este acuerdo rinda sus frutos. —Bajo mis ojos hasta su cuello cuando lo expone frente a mí, ligeramente de lado para dejar también al descubierto su clavícula. Deslizo mi mano desde su mentón hasta la piel tersa de su cuello, recorriéndola lentamente, explorando y reconociéndola. Ladeo una sonrisa por sus palabras, negando sutilmente—. La coartada es de puertas para afuera. No sabemos quién puede estar espiando a los espías. Pero no esperaba que te quedaras por la coartada... Has despertado una gran curiosidad en mí, Hyori, y lo que en verdad deseo es alimentar esa curiosidad con algunas respuestas —murmuro con tranquilidad, usando palabras elegantes pero no indirectas. Al momento en que suelta mi mano, llevo ésta por el costado de su cuerpo, acariciando su espalda por encima de su blusa blanca y levemente holgada. Nuestros cuerpos quedan unidos cuando se alza para rodear mi cuello con sus brazos, y un estremecimiento me recorre al sentir sus labios sobre mi piel, especialmente cuando alcanza mi oído.

Su advertencia me roba una nueva sonrisa, y conduzco mis dos manos hasta sus caderas, pero rozando únicamente su blusa. Con cuidado, agarrándola por los bordes, la levanto lentamente, tomándome mi tiempo para dejar al descubierto primero su cintura, luego su vientre plano, siguiendo con sus pechos blancos y pequeños, pero no obstante seductores, con unas aureolas rosadas según puedo adivinar a través del sujetador. Espero a que ella levante sus brazos para finalmente retirarle la blusa por la cabeza, y bajo ahora sí mi mirada a su cinturón. Curiosa herramienta, y muy útil, debo admitir. Sin embargo, esta noche no la necesitará. Podría intentar utilizar algún encantamiento, pero pienso que la magia no será necesaria... Usando tan solo mis manos, desabrocho despacio la hebilla de su cinturón, rozando apenas su vientre bajo con mis nudillos, hasta que me desprendo del cinto. De alguna manera, es una forma de desarmarla, de quitarle sus defensas para tener un encuentro completamente sincero, sin artimañas, sin máscaras, nada más que nosotros generando un lazo de confianza, confianza que necesitaremos si queremos que nuestro trabajo funcione. Cuando el cinturón queda fuera de juego, la levanto súbitamente por los muslos, recargándola contra mis caderas, y correspondo a su beso con deseo. Sus labios son pequeños y suaves, pero adictivos y cargados de promesas. Acaricio sus muslos desnudos con lentitud, recreándome en esa piel tierna de la que hace gala, tan tersa y clara que me produce el anhelo de besarla allí también. Pero ataco su boca primero, invadiéndola con mi lengua en busca de la suya para lamerla y entrelazarlas, dejando escapar un gemido ahogado. Dando un par de pasos hacia adelante, Hyori termina con su espalda apoyada contra la pared, presionando yo mi cuerpo contra el suyo, buscando ese roce que me enciende y excita.
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Invitado el Jue Sep 17, 2015 12:37 am

Hyori cerró los ojos ante su contacto, sintiendo los dedos largos recorrer su piel expuesta. Una pequeña sonrisa afloró en sus labios al escucharlo, tan calculador y seguro. Los ojos de Hyori trasmitieron su franca curiosidad, pero esta se nubló ligeramente ante la cercanía de su cuerpo con el masculino. Le agradaba la proximidad y como una persona que se dejaba llevar de segunda mano por sus sentidos, Hyori reconoció el aroma del hombre que sabía quedaría grabado en su memoria. No solo era la colonia que él usa. No, era él mismo quien capta sus sentidos y la hacía deslizar su atención con más cuidado a él, inclinándola en su dirección como atraída por una fuerza superior. Pero es exactamente eso lo que le agradaba, ser consciente de aquello que le ocurría pero también permitirse el dejarse afectar.

Lo memorizaba con la mirada cuando se dispone a actuar, lo sintió acariciarla y desprenderla de la blusa. El tiempo se volvió lento y pesado cuando se sintió recorrida por su mirada, por lo que se estiró y arqueó para él, dejándolo mirar, sin ocultar nada. Ni siquiera alguna cicatriz casi invisible que solo un ojo analítico podría mirar. A Hyori no le avergonzaba exponerse y tenía la madurez de la edad y la experiencia para sentirse natural con su cuerpo desnudo, pues había sido consciente de que era deseada desde antes de que debería serlo. Pero en esa ocasión la mirada masculina fue recibida con total agrado, francamente interesante e indudablemente esperada. Su ropa interior apenas la cubría. Pero se olvidó de eso en el momento en que Kieran la levantó por las caderas y ella lo rodeó con sus piernas. Lo besó intensamente, aferrada a su cuello y con sus dedos metidos entre los cabellos masculinos. La fría pared la hizo jadear y apretarse contra él intentando alejar los cientos de escalofríos que la tomaron por sorpresa. Aun así, su acción solo la motivó para mantener la cercanía entre ambos y olvidar su primer impulso por uno mejor, lo jaló contra su cuerpo prefiriendo el frío de la pared y el calor intenso del cuerpo de Kieran, sintiendo el contraste y sabiéndose expuesta para él y contra él. Hyori se perdió ahí, en la extrema cercanía y la boca que la devoró a pesar de sus juguetonas resistencias que solo prolongaban cada encuentro.

Sus manos recorrieron la camisa de Kieran, se soltó de sus labios para morder su mentón y bajar en pequeños besos. Uno por cada botón abierto. Uno mucho más abajo que el otro, tomándose su tiempo, abriendo la prenda y mirando el torso masculino, descubierto para ella cada porcentaje de tela que se abría. Cuando sus labios ya no pudieron bajar más, descansó su frente sobre el hombro de Kieran, atenta a el nuevo terreno descubierto. El penúltimo botón la dejó mirar los músculos anchos y bien formados del vientre masculino. El último botón reveló el pantalón de Kieran y también sus propias caderas sobre las masculinas que se habían estado moviendo, cadenciosas y despacio sin que ella se diera cuenta. Una de sus manos le acarició los vellos del pecho y vientre, mientras la otra se sostenía de él. Hyori estaba fascinada por el color rojizo y se enderezó para mirar el cabello oscuro. Una mezcla exótica, curiosa, que memorizó bien, al igual que el contraste del cuerpo ancho y musculoso contra el suyo delgado y pequeño. Una sonrisa se formó en sus labios, suave y se estiró hasta él para besarlo otra vez, despacio, saboreando su boca, sintiendo que no había apuro alguno en ir más allá, ambos sabían controlarse, disfrutar de la exploración profunda y de un amante dispuesto. Pero al mismo tiempo el resto de su cuerpo mostró su deseo, que sí era urgente y apremiante, su torso se estiró contra la piel masculina y sus pezones escaparon ligeramente de su prisión, apenas y por encima de la tela de su sostén. Sus caderas bajaron hasta que dejó que su sexo se acoplara, aun sobre la ropa, con el miembro duro. Toda su piel se erizó ante el encuentro y esta vez fue muy consciente de que sus manos estaban bien aferradas a los hombros masculinos y que sus caderas aprovecharon eso para moverse, de arriba abajo, despacio, reconociendo aun sobre su ropa el calor y cercanía que él ocultaba para ella.
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