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That's not fair [Priv]

Invitado el Vie Jun 12, 2015 2:05 pm

Las noches comenzaban a hacerse más cálidas, el lago de Saint James Park había pasado de ser un lugar con agua estancada a convertirse en uno de los lugares más apetecibles de Londres en cuanto a tranquilidad y frescura se refería. Suspiró, los pies le pesaban aún tras el enfrentamiento con la profesora de vuelo en lo alto de la casa de los gritos, aunque el malestar se había prácticamente esfumado con las pociones creadas por alguno de sus compañeros, seguía teniendo aquel malestar latente, aquella molestia de haber caído rendido frente a una profesora de vuelo siendo él un practicante de Defensa contra las Artes Oscuras. ¿Como iba a sentirse útil tras aquel inmundo batacazo? Era como si un niño con un palo de madera hubiese vencido en un duelo con un caballero de la mismísima tabla redonda, era una deshonra para su colectivo y para su propio ego.

Su camiseta cayó a un lado con lentitud, como si realmente hubiese algo que hiciera que aquello ocurriese a cámara lenta. Las cicatrices que adornaban parte de su cuerpo le hacían verse como un maldito mapa de braile, una comparación estúpida, probablemente, pero su mente recalentada por la temperatura infernal que ahora dominaba los terrenos de aquel parque no le dejaban pensar con claridad, es más, dudaba que fuese coherente en cualquiera de sus venideras acciones pero... ¿Que importaba? Estaba fuera del alcance de los alumnos, pocos profesores entraban se acercaban a aquel lugar, al menos no lo hacían durante la noche por los evidentes peligros que este entrañaba para todos y cada uno de ellos, pero Bastian había logrado hacerse con aquellos terrenos, sentirlos como si de su propia casa se tratase. Pasaba demasiado tiempo en aquel lugar durante su tiempo libre.

El agua lo cubrió por completo cuando dejó que uno de sus pies se adentrase en el agua, oscura y probablemente peligrosa, aunque sabía bien que solo eran ciertas zonas donde las criaturas del lago atacaban, la suerte de los muggles corría a cargo de tan solo entrar con barcas en aquel lugar, y aquellos bichos solo lo hacían si se sentían atacadas por quien osaba adentrarse en las aguas turbias a la vista que este tenía. Asomó levemente la cabeza fuera del agua, observando una figura totalmente irreconocible a los ojos del joven, aunque quizás el hecho de la prácticamente nula visión que tenía debido a la oscuridad era algo que colaboraba con aquella situación poco favorable para su percepción del entorno - ¿Ya ni siquiera puede estar uno tranquilo en este lugar? - Suspiró pesadamente, apoyando los brazos en el lindero del lago para impulsarse hasta lograr salir de este con poco esfuerzo. - Pensaba que aún quedaba intimidad en este sitio - El pantalón pesaba a horrores debido a estar totalmente empapado, realmente no contaba con aquella visita inesperada.
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Arabella K. Morgenstern el Sáb Jun 13, 2015 1:26 pm

Las últimas semanas habían estado llenas de intenso entrenamiento y poco tiempo para salir o para relajarme. Nos pasábamos el día entero entrenando sin parar para los partidos que se avecinaban, y nuestro entrenador no nos dejaba casi en paz. Lo único para lo que tenía tiempo cuando llegaba a casa era para darme una ducha, comer un poco, ponerme el pijama, tirarme en la cama y quedarme dormida como un tronco.

Aquel día por fin lo teníamos libre para descansar, y todos mis compañeros de equipo se fueron o con sus familias o sus parejas o por ahí a divertirse. Yo tenía ganas que quedarme todo el día en cada durmiendo, pues me sentía bastante cansada, pero no quería quedarme tirada en la cama viendo pasar las horas o durmiendo y perder el día así. Es algo que no me gusta hacer, por eso siempre me mantengo muy activa. Pensé que podría salir a volar un poco y estirar las alas, pues por culpa del entrenamiento en el que estaba siempre montada en una escoba no había podido salir a volar en más de una semana. Pensé que a lo mejor eso sería lo mejor, dar un paseo por el cielo, pero al final opté por esperar a un día en el que hiciese menos sol. Hoy saldría a pasear simplemente y a disfrutar un poco de la ciudad.

Me vestí de manera cómoda con un vestido veraniego rojo que era largo y vaporoso para salir a disfrutar de aquel buen día londinense. Que hubiese dais buenos en aquella ciudad era la cosa más rara del mundo, y había que aprovechar el extraño suceso. Me dejé el cabello oscuro suelto, y cuando salí de mi casa del barrio de Belgravia soplaba una ligera brisa que me ponía los mechones en la cara y me los tenía que apartar con la mano de vez en cuando y ponerlos detrás de mi oreja. Caminé tranquilamente mientras pensaba en qué hacer. Parecía que toda la ciudad estaba de compras, pero a mí ni me apetecía no había traído dinero. Además, ya tengo demasiadas cosas. No me gusta tirar nada, y el problema de vivir tanto tiempo era que acumulaba demasiadas cosas. Una parte de mi casa parecía un museo, y mi armario daba miedo a veces.

Estuve paseando mucho tiempo, hasta que llegué al parque de Saint James. Hacía tiempo que no estaba por ahí, y hoy a pesar del buen día que hacía parecía no haber nadie por ahí. No tenía nada mejor que hacer, y era un bien sitio para pasear, así que entré.

Hacía mucho calor, y mi cuerpo se vio atraído casi como un imán hacia el lago que había en el parque. Había varios árboles allí, cerca del agua, y creaban una sombra grande y fresquera que era el lugar perfecto para sentarse a disfrutar del aire fresco en medio de aquella enorme ciudad, así que me dirigí hacia allí. No me había dado cuenta de que justo en aquel lugar había un hombre que se había sumergido en el agua del lago y acababa de salir justo cuando yo estaba cerca de la orilla, que era donde estaba el árbol cuyo tronco era frente al que yo me quería sentar.

El hombre salió de pronto del agua y estuvo a punto de sobresaltarme. Me le quedé mirando y alcé un poco las cejas al ver que era un hombre joven muy, muy, muy atractivo. No llevaba puesta su camiseta, revelando así unos pectorales que harían que cualquier mujer de cualquier edad sintiese como si estuviese ardiendo en el fuego del infierno sólo de verlos. Pensé que, de toda la gente con la que podría haberme cruzado, aquel tipo no era una mala opción. Entonces él me miró y habló, y todo el encanto se fue volando a toda velocidad. Se quejó de mi presencia ahí. ¡Se quejó!

"Qué grosero," pensé yo cuando escuché lo que decía, o más bien suspiraba.

-Perdona, pero no sabía que este lugar era tu propiedad privada- dije con tono fuertemente sarcástico, molesta por su falta de educación. Ya no quedan caballeros en el mundo como los de antaño.- Deberías poner un cartel.
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Invitado el Miér Jun 24, 2015 3:21 pm

Puede que hubiese sido demasiado brusco de primeras, lo cierto es que no solía ser el tipo de muchacho encantador que encandilaba a las mujeres con su innegable don de lenguas. Puede que quizás hubiese sido un pelín maleducado, pero a fin de cuentas no sabía ni quien era aquella mujer ni qué diablos hacía allí, aunque contando que se encontraba en un lugar abierto para cualquier persona, muggle o mago, no debía haberse sorprendido demasiado de que alguien apareciese sin previo aviso aunque hubiera intentado estar lo más lejos de la zona de paseo del parque.

Pero lo cierto es que aquel tono sarcástico con el cual la mujer había hablado le había hecho gracia, después de un año en Hogwarts, rodeado en su mayoría de muchachas con el mismo dominio del sarcasmo que una piedra, se agradecía. Tenía sendos recuerdos de haber utilizado el sarcasmo con más de un alumno presuntuoso en cuanto a su domino de las artes oscuras y este solo lo había mirado con una ceja elevada y cara de no haber pillado del todo por donde iban los pasos del profesor de prácticas. Pudo notar un atisbo de ¿Molestia? Enarcó ambas cejas agachándose para agarrar con tranquilidad la camiseta que estaba en el suelo, mirando aún analítico a la persona que se encontraba frente a él, siempre había sido alguien excesivamente observador, a veces quizás demasiado y solía incomodar a todos cuantos se sentían escrutados por su general sensación de ausencia de interés pese a estar realmente en todo lo contrario.

Tomó aire levemente, preparándose para contestar con toda la pasividad que podía imprimir en su voz, no era precisamente de aquellos que agachaban las orejas y simplemente se disculpaba, simplemente no entendía demasiado el tono de molestia de la recién llegada, al fin y al cabo había sido ella la que se había internado en aquella zona del lago donde por lo general la gente normal simplemente no se acercaba, no era lo suficientemente bella como para ser observada, al menos no por ojos que no sabrían sentir la magia que desprendía aquel espacio natural aunque la tuviesen en la mismísima punta de la nariz. Se revolvió el cabello para secar este un poco con la mano donde no portaba su camiseta y chasqueó la lengua levemente, dejando una mezcla entre ironía y diversión en su tono de voz, si bien era alguien bastante cerrado, la ambigüedad era como otro de sus puntos a destacar.

- Quizás debería - Se colocó la camiseta con tranquilidad por la cabeza, mirando nuevamente a la mujer cuando el cuello de esta se deslizó hasta colocarse sobre sus hombros - ¿Crees que la Reina se molestaría si le hago competencia obteniendo terrenos? - Era una pregunta tan estúpida como había querido que sonase, no tenía demasiado sentido el mencionar si a la Reina Isabel II le haría especial ilusión ceder parte de uno de los parques de su reino a un aparente don nadie, a ojos de los muggles lo era, incluso de algunos magos pero ¿Que importaba? Al fin y al cabo era una conversación comenzada por una respuesta no demasiado agradable por su parte y la consecuente contestación. Definitivamente le hacía gracia aquella situación tan...Extraña podría ser claramente la palabra que la definiese.

Sus brazos ya se habían introducido en la camiseta de color rojo intenso. No es que tuviese predilección por aquel color, es más, optaba más por los tonos verdosos que por aquel que ahora vestía, los pantalones negros estaban pegados a sus piernas, había pensado volver corriendo a casa, secando este por el camino ya que haberse quedado en paños menores habría podido llegar a suponer alguna denuncia por escándalo público. Los muggles a veces se escandalizaban por estupideces tales que le sorprendía. Y no, él no era medio muggle por lo que podía juzgarlos de aquel modo sin temer incluirse en el colectivo No mágico que a veces tan ridículo le parecía, aun recordaba nítidamente como habían liado prácticamente una caza de brujas por haberse visto un pezón en la televisión americana. Siendo la mayor industria del porno en el mundo era una oda al sinsentido.

- Pero ya que estás aquí igual hasta sacamos algo en limpio de esta intrusión - Se encogió de hombros calzándose de paso que elevaba la vista hacia la "intrusa"- ¿Tendría el honor de saber su nombre? - Elevó las cejas con curiosidad, por lo que podía atisbar de la muchacha parecía bonita, quizás al menos podría terminar por hacer algo entretenido de aquel momento aún sin tener demasiado claro el qué.
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Arabella K. Morgenstern el Lun Jul 06, 2015 11:48 pm

Cuando aquel extraño había salido a la superficie del lago del parque y se había molestado al verme a mí allí y me había hablado de malos modos simplemente contesté a sus protestas con un comentario sarcástico que dejaba ver que me parecía que se había portado como un crío. ¿A quién se le ocurre quejarse porque, estando en un lugar público, aparece otra persona? ¡Que se compre un bosque y se pierda en él si lo que quiere es privacidad!

En vez de contestarme inmediatamente lo que hizo fue salir del agua y ponerse de pie. No podía negarlo, el hombre era uno de los más atractivos que había visto en mucho tiempo, y casi sin querer mis ojos se deslizaron por los definidos músculos de su torso y de sus brazos. Tenía mejor cuerpo que la mayoría de los hombres de mi equipo de Quidditch. Pero eso no le daba derecho a hablarme como lo había echo, por lo que mis ojos solamente se despistaron durante una décima de segundo (y me pareció que los suyos se despistaban también) y luego le mantuve la mirada fijamente. ¿Se iba a disculpar o iba a volver a soltar alguna burrada? Por la expresión de su cara, que no era borde pero tampoco la más simpática del mundo, parecía que una mezcla de ambas. Comencé a sentir curiosidad.

-No creo que llegues a poder hacerle competencia a la reina- dije, imitando el tono de voz algo bromista y relajado que había empleado él. Al final no se ha disculpado, pero tampoco ha soltado una burrada como la de antes.- Creo que lo mejor sería que empezases obteniendo territorios fuera del país, la competencia en el interior es más fácil de eliminar. Necesitas aliados fuertes- dije encogiéndome de hombros y con una pequeña sonrisa divertida a causa de lo absurdo de aquellos comentarios, los suyos y los míos.

El hombre comenzó a acercarse un poco, y se puso la camiseta roja que tapaba su impresionante cuerpo, pero que dejaba adivinar la forma de sus músculos bajo la tela. Aquellos músculos alegraban la vista, aunque sus modales lo estropeasen todo. La camiseta era roja, como mi vestido. Mira, hacíamos juego y todo.

El hombre debía de ser bipolar o algo, porque pasó de echar pestes debido a mi presencia en aquel lugar a decir que a lo mejor podíamos sacar algo bueno de esta intrusión (¿perdona, intrusión? Este se ha creído de verdad que el parque es suyo…) y me preguntó mi nombre. Estaba a punto de decirle que mi nombre era “vete a paseo” pero opté por presentarme. Total, prefería llevarme bien con la gente a mi alrededor que mal, porque la energía negativa arruinaría mi día de paz y relajación.

-Arabella Morgenstern- dije. Para los muggles aquel nombre no significaba nada, era uno más, excepto para los que conocían mi verdadera identidad escondida detrás de un alias. Pero para los magos era el nombre de una famosa jugadora de Quidditch, la buscadora de las Avispas de Wimbourne.- ¿Y vos? ¿Tendríais la gentileza de revelarme vuestro nombre o he perdido ese privilegio al internarme sin permiso previo a vuestros terrenos?- dije poniendo el falso tono dulce y encantador que solía usarse en las cortes de Francia antes de la Revolución. Dios, odiaba la corte francesa, celebré que les cortasen la cabeza a todos. Tenían la cabeza hueca, prefería a los nobles de otras épocas y países.
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Invitado el Sáb Jul 25, 2015 11:04 pm

Quizás no debería haber contestado de aquel modo tan poco agradable a la joven que se acercó a aquella zona, era un hecho que aquel lugar no le pertenecía, de hecho apenas tenía un pequeño piso en las afueras de Londres como para reclamar el lago de aquel pequeño parque como propio. Se echó el cabello hacia atrás para apartar el agua que probablemente seguía cayendo por su rostro y se le hacía ligeramente molesto. Entrecerró los ojos también para sacarse el exceso de agua que se había visto retenida en sus cejas.

De haberse fijado un poco en el semblante de la mujer probablemente se habría percatado de que la vista de esta se había ido de paseo por su cuerpo semi desnudo, pero no estaba en él en aquellas situaciones el ser observador, es más, si se trataba de algo relacionado con una mujer, probablemente necesitase neones luminosos con musiquita para percatarse de que una mirada o una indirecta iban dirigidas expresamente a él. Por su parte él analizaba a la mujer, no descaradamente ya que no la estaba mirando de aquel modo, pero si con una enorme curiosidad y es que por algún motivo, la mujer le sonaba. ¿Sería de haberla visto por Hogwarts? No creía que fuese por aquello, pero sabía que era relacionado con el mundo mágico, eso seguro, aunque no pudiera simplemente soltarle un "Oye, eres bruja?" Ya que de ser una muggle ordinaria probablemente se lo tomaría MUY mal.

- ¿Tu crees? - Chasqueó la lengua levemente - Yo pienso que es posible, es ya muy anciana y un cambio de imagen a la corona no le vendría nada mal - Era un tremendo disparate estar hablando de jubilar a la reina, no es que Bastian fuese especialmente monárquico, pero si respetaba a aquella mujer pleistocénica que tenía bien afincado su nombre por toda la ciudad de Londres y por territorios colindantes. - Me lo planteo pues, lo tomaré como un gran consejo si algún día me da por la dominación mundial. - Tomó aire mirando hacia el horizonte, todo parecía tan tranquilo que verdaderamente le daba escalofríos.

Se golpeó suavemente las piernas con las palmas de las manos para tratar de quitar un poco de agua de estos, pero la verdad es que la temperatura de aquel lugar unida a la frescura de estar mojado era tremendamente agradable, lejos de aquellos que solo por mojarse un poco corrían a secarse a la casa mas cercana o simplemente por comprarse una nueva prenda para sustituir la humedecida. En invierno podía entenderlo, pero en aquellas tardes de verano le parecía una locura desechar el fresquito de las prendas enfriadas por la leve brisa que corría durante las noches o durante la bien entrada tarde.

En un primer momento no esperó que la mujer revelase su identidad, en realidad pensó que lo mandaría a freír espárragos después de la primera contestación de este, pero lejos de contestar mal o simplemente darse media vuelta e irse, dijo su nombre, uno que hizo que rápidamente se le encendiese la lucecita de por qué le sonaba aquella mujer y percatarse de que no era por Hogwarts pero si por el entorno mágico. Él no era reconocido en el mundo por nada precisamente bueno, ya que por los pequeños círculos corría la historia de su genial padre Squib.

- Vaya, no esperaba encontrarme a una buscadora de un equipo de Quidditch por esta zona - Se frotó el cabello de la nuca asintiendo levemente, no era un gran fan del quidditch, al menos en aquella época le había tocado tirar más por el fútbol europeo, de hecho el vivir cerca de uno de los estadios más relevantes de la liga local le había llevado mas de una vez a ir a verlo aun siendo un deporte muggle. Se percató de que se había quedado en su mundo cuando elevó la mirada y escuchó a la joven preguntarle de aquel modo su nombre - Claro, Se... Bueno, Bastian Daugherty, un placer - Hizo una leve reverencia mirando a la joven de reojo - ¿Y que la trae por aquí, señorita Morgenstern?
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Arabella K. Morgenstern el Dom Nov 15, 2015 8:13 pm

Aunque el encuentro con aquel extraño en el parque de Londres había sido en un principio tenso e incómodo, no tardó en volverse la conversación muy poco seria y bromista, incluso amigable. Lo del principio había un malentendido, pues parecía que el joven y atractivo hombre tenía la cabeza muy dura, pero decidí pasarlo por alto y olvidarme completamente del tema.

-Seguro que el cambio de imagen vendría muy bien. Creo que los turistas comprarían más souvenirs de la casa real si la imagen es tu lindo y joven rostro- dije con tono algo descarado y bromista que ambos habíamos comenzado a adoptar después de dejar a un lado la tensión del comienzo.- Asegúrate de no cometer los mismos errores que cometieron todos los demás hombres que lo han intentado antes que tú- dije, refiriéndome al tema de la dominación mundial y hablando aún con el mismo tono bromista.- Ya sabes, no intentes invadir Rusia en invierno, ten a todas las razas como aliadas y no discrimines, trata bien a tus esclavos, etc…- murmuré mientras me perdía en mis recuerdos y pensaba en la cantidad de veces que había visto a un hombre intentando conquistar el mundo y había acabado fracasando estrepitosamente.- Aunque pienso que es un trabajo más adecuado para una mujer.

No fue una sorpresa cuando me presenté y él me reconoció, revelando así que era mago, o al menos que pertenecía al mundo mágico. Muchos pertenecían a ese mundo y no eran ni magos ni brujas, sino criaturas o squibs o incluso en algunos casos simplemente eran muggles que tenían una estrecha relación con ese mundo y su cultura por medio de familiares o amigos, aunque raros eran los casos. Me agradó descubrir que el apuesto hombre que ya no era tan grosero como lo había sido antes no era un muggle, pues alrededor de ellos había que actuar con mucha más cautela que alrededor de alguien mágico y eso era una verdadera lata.

-¿Qué me reconozcas significa que eres un seguidor de las Avispas de Wimbourne? ¿O, por lo contrario, eres seguidor de un equipo enemigo? Porque si ese es el caso me veré obligada a expulsarte de este territorio- dije mientras me cruzaba de brazos y empinaba la nariz, poniendo una falsa pose orgullosa, pero a continuación sonreí un poco y volví a adoptar una postura normal. Me dijo entonces su nombre, y me sorprendí. El mundo mágico era muy pequeño, y era fácil conocer a casi todas las familias mágicas que hay, sobre todo después de haber vivido tanto tiempo como lo he hecho yo.- ¿Daugherty? ¿Eres familiar de Allison Daugherty?- pregunté con curiosidad. Allison había sido amiga mía muchos años atrás, pero no conocía excesivamente bien a su familia, aunque sabía que tenía una hija, y creo que en algún momento algo me había dicho de un nieto… ¿Sería este ese nieto? No debería tener el apellido de Allison, pero mucha gente lleva el apellido que no le corresponde.

Me encogí de hombros cuando me preguntó que qué me traía por allí.- Me encanta este lugar, y no tenía nada mejor que hacer. No hay entrenamiento, nada interesante que hacer en el Londres mágico… ¿Y a vos?

Me levanté de donde estaba sentada y me acerqué a la orilla del pequeño lago. Estaba descalza, así que me levanté un poco la falda del largo vestido rojo que llevaba para que no se mojase y metí un pie en el agua fresca. Me senté en la orilla y mí las piernas en el agua. Tenía la tentación de saltar a agua y mojarme entera, pero no lo hice. Nadar me encantaba, aunque estar mojada fuese una lata después para volar porque me entorpecía.
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Invitado el Jue Dic 31, 2015 7:35 pm

Escuchando las palabras de la mujer, realmente no se veía manteniendo ningún tipo de confrontación nivel dominar el mundo, era demasiado vago como para ponerse a plantearse planes de aquel tipo y mucho menos tener que preocuparse de tener a todos contentos sabiendo el trabajo que conllevaría aquello. Detalles aparte, los asuntos de estado le importaban más bien poco, por lo que verse con la corona no serviría para absolutamente nada.

- O quizás no, la reina tiene un buen séquito de "fans", cosa que me sorprende con su avanzada edad, es algo digno de admirar - Se encogió levemente de hombros, lo que realmente le sorprendía era que nadie se hubiese intentado hacer con el trono, que su hijo no hubiera intentado matarla ya tras tantos años esperando el trono a sabiendas de que era más que probable que de seguir así aquello nunca llegaría o pasaría directamente a su hijo - No te preocupes, no es mi estilo eso de ir dominando gente, es trabajo para otros y creo que no sería tan estúpido para ir a Rusia en invierno - Chasqueó levemente la lengua mirando a la mujer, asintiendo ante sus palabras - Yo también lo pienso, al fin y al cabo sois más cínicas para depende qué cosas y eso puede ayudar a las relaciones entre los dominados, tenéis más mano derecha y la cabeza más fría, la verdad es que yo no me veo en relaciones diplomáticas.

Si dijese que se esperaba encontrarse con una jugadora de Quidditch en aquel lugar más frecuentado por muggles que por seres mágicos, ya fuesen magos u otras criaturas, por lo menos podría hablar de algo que entendiera con la mujer y no como le pasaba con los muggles. Bastian ya era de por si bastante callado, pero con los muggles cuando hablaban de cosas tales como "aplicaciones" y cosas de aquellas se sentía como un alienígena en planeta extranjero, lo de las tecnologías con él no iba, ni siquiera tenía televisión, sabía lo que era pero nunca le había motivado hacerse con una ni siquiera durante poco tiempo.

- No soy un gran seguidor del Quidditch, a decir verdad desde que dejé Hogwarts no he tenido tiempo de pensar en el deporte, pero cuando era estudiante si me gustaba el equipo, ahora simplemente sé de vuestros resultados por algún amigo o por el periódico si es que logro tener tiempo para él - Guardián de llaves y mortífago a tiempo parcial, no tenía demasiado tiempo como para ponerse a ir a partidos de Quidditch como cuando era estudiante y su abuela o algún amigo le invitaban a ir a ver partidos. La sorpresa se hizo evidente cuando escuchó el nombre de su abuela de labios de aquella mujer, asintiendo levemente - Es mi abuela, me sorprende que la conozcas - Elevó las cejas, su abuela no había sido nunca una mujer demasiado sociable, era algo que su abuelo repetía cuando vivía, de hecho, acostumbraba a decir que Bastian había heredado el carácter sombrío y arisco de su abuela, aunque esta se esforzaba por decir que el carácter del menor de la familia era heredado del cabezón de su abuelo.

- Necesitaba salir un poco de la monotonía, me aburre soberanamente y este lugar es idóneo para pensar en las cosas que pasan en tanto el Londres mágico como el Muggle aunque este último lo piso poco - Se encogió levemente de hombros mirando el rumbo hacia el que iba aquella mujer, quedándose donde estaba estirando un poco la espalda por la manera en la que se le había quedado. - Supongo que al final la compañía tampoco estaba tan mal.
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Arabella K. Morgenstern el Dom Feb 14, 2016 4:59 am

No eran muchas las ocasiones en las que me encontraba con un hombre que estaba de acuerdo con que las mujeres estaban más capacitadas para dominar el mundo que los hombres. ¿A cuántos hombres he visto yo meter la mata tan hasta el fondo que se habían quedado enterrados ellos mismos en el lodo y habían cavado así su propia tumba? Demasiados. Siempre había admirado a las mujeres que, a pesar de los miles de obstáculos que los hombres se empeñaban a poner frente a ellas para entorpecerlas e incapacitarlas, conseguían alzarse hasta el poder y mantenerlo. Me había mantenido cerca de esas mujeres siempre. Durante años había vivido en la corte de las emperatrices Isabel y Catalina de Rusia, y en la de Elizabeth Tudor, y en la de Isabel la Católica, y en la de otras mujeres fuertes que habían escrito a historia con su propio puño en vez de ser simples títeres de hombres que se consideraban mejores que ellas. Pero no solo había admirado a las grandes reinas y emperatrices, sino también a simples aldeanas que hacían lo que querían independientemente de lo que los hombres querían. Recordaba mis tiempos en altamar, cuando unos marineros quisieron echarme por la borda por ser mujer, y eso traía mala suerte… Ellos acabaron siendo los que cayeron al mar y se vieron obligados a nadar a la costa de la isla más cercana.

-Bueno, si dominar el mundo no es lo tuyo y consideras que las mujeres son mejores para ello tal vez tengas a una mujer en casa a la que sí que le da por dominar- dije con tono algo pícaro y algo bromista. Observé al hombre entonces, intentando analizarle y ver qué clase de hombre era. ¿Sería del tipo de hombres que prefieren conservar su libertad y no atarse a nadie, o habrá alguna afortunada muchacha que le haya robado el corazón? Me gusta inmiscuirme en los asuntos de otras personas, durante casi dos milenios había sido uno de mis pasatiempos favoritos.

Cuando me confirmó que pertenecía al mundo mágico porque me reconoció como jugadora de Quidditch todavía no estaba segura de si sería un mago o no, pues al igual que yo había criaturas con forma humana pero que no lo eran, al menos no totalmente. Pero cuando dijo que había estado en Hogwarts supe que sí que era un mago.- Me sorprende encontrarme con un hombre al que no le interese mucho el Quidditch. Normalmente ven una pelota y de repente son como perros. O la persiguen como locos o no son capaces de quitarles los ojos de encima- comenté con una pequeña sonrisa. Eso era bueno, pues a mí me hacía rica cuando venían a los partidos.- ¿A qué Casa perteneciste? No, espera, déjame averiguar…- dije entonces, y medité durante unos segundo mientras le observaba. Esa mirada profunda, esa postura, esa actitud, esa forma de hablar…- Slytherin- dije entonces, muy convencida.- ¿Me equivoco? Yo nunca fui a Hogwarts, jamás seré capaz de satisfacer la curiosidad de si habría sido una serpiente o una leona- suspiré. A veces tenía actitud de serpiente, aunque mucha gente que me conocía decían estar seguro de que yo habría sido una Gryffindor. Nunca podía estar quieta. No iba en busca de poder cuando lo había obtenido, sino que eso había sido una simple consecuencia de las aventuras que había tenido a lo largo de los siglos. Nunca podía estarme quieta.

El se sorprendió cuando mencioné a su abuela. No era de extrañar, dada la aparente diferencia de edad que había entre Allison y yo, pero en realidad por la edad esa mujer era casi un bebé al lado mío.- Sabía que Allison tenía un nieto, pero nunca me dijo que fueses tan guapo- dije, sin preocuparme para nada por el descaro.- Somos viejas amigas. Esa mujer es como un huracán, pero hace años que no la veo, hecho de menos nuestras conversaciones inapropiadas. ¿Podrías decirle cuando la veas que la mando saludos? Me pasaré algún día a visitarla.- Había conocido a Allison en su juventud, y también en su vejez. Era extraño conocer a alguien durante toda su vida, y verles crecer y madurar y morir y tú sigues igual mientras la vida pasa y el mundo cambia y poco a poco te tienes que ir acostumbrando a que algún día todo y todos se irán y te quedarás solo. El mundo se renueva demasiado rápido, y a mí me quedan los fantasmas del pasado.

Me senté en la orilla del lago con los pies metidos en el agua y escuché las razones del hombre, Bastian, para estar en aquel lugar. Sonreí antes su último comentario.- Estoy de acuerdo contigo en eso- dije.- Así que vienes a escapar. ¿Tienes algún asunto en particular sobre el que reflexionar? No te preocupes, si tienes secretos la naturaleza los guarda por ti- dije mirando al parque a nuestro alrededor. Sopló una ligera brisa, y me volví a poner en pie tras sentir un ligero escalofrío en mis brazos y espalda.- ¿Vienes a dar un paseo conmigo?- le ofrecí, amigable como siempre.
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Invitado el Jue Mar 24, 2016 3:29 am

El joven no era demasiado dado a discutir, de hecho, por lo general era de esos que preferían dar la razón como a los locos a quienes discutían realmente y salirse por la tangente a la hora de entrar en discusiones verbales. Las mujeres solían ser más pragmáticas y diplomáticas, cosa que a algunos hombres siempre les había fallado, él, concretamente, prefería atizar un buen golpe que mantener una conversación acalorada, un golpe y no tenía que aguantar las babosadas de nadie, ni siquiera más argumentos que para él eran inválidos, era lo suficientemente cabezota como para no entrar fácilmente en razón si algo no le cuadraba, cosa que también le había hecho ganarse más de un cachete de su abuela aunque esta era bastante reticente a golpear al muchacho en serio, era un tema que en la casa de los Daugherty se convirtió en un tabú cuando Bastian llegó a la casa, así como el nombre completo del muchacho, para sus abuelos nunca sería Sebastian, era Bastian y así se quedaría, nunca se presentaba por su nombre completo pero de todos modos esa no era la conversación que estaba manteniendo con aquella recién estrenada conocida si no uno que realmente no entendía al cien por cien del todo porque había salido, aunque sus planes de dominación mundial habían sido más para romper el hielo que porque realmente pensase hacerlo algún día, como bien había comentado, lo suyo no era la dominación.

No estaba seguro de por dónde iban los tiros, si se refería a una familiar, su abuela era lo más parecido a un sargento que se podía encontrar pero si hablaba de otro tipo de dominación pues…No, la verdad es que no tenía a nadie a pesar de que la joven del lago seguía rondando por su cabeza sin permiso alguno del ex Slytherin – La única mujer que puede dominarme en la actualidad es mi abuela y no es precisamente agradable – Arrugó levemente los labios, aún recordaba la última regañina y eso que a pesar de no levantarle la mano, la anciana sabía dónde apretar para doblegar a su nieto.

Se encogió levemente de hombros, las alturas lo ponían enfermo incluso cuando no era él quien las experimentaba en sus carnes, por lo que ver un partido de Quidditch viendo como a veces los buscadores se lanzaban en picado desde alturas excesivamente altas para su gusto le hacía sentirse incluso mareado – Supongo que tenemos cierta obsesión por las cosas redondas o derivados – Sí, se había referido a los pechos, pero ella había empezado con las referencias extrañas y él solo daba la razón a lo que consideraba que estaba bien dicho, era relativamente cierto que cuando un hombre veía una pelota se quedaba al menos unos segundos mirándola, fuera de lo que fuera, era como un sentimiento que no podía ser reprimido, como si se tratase de un instinto primario por parte de la naturaleza. Estuvo a punto de contestar cuando la mujer automáticamente se respondió a sí misma, haciéndole asentir levemente con la cabeza – La única e inigualable, si, se ve que tengo más aspecto de Slytherin del que pensaba – Elevó ambas cejas algo sorprendido ¿No había ido a Hogwarts? Pero pertenecía al mundo mágico, señal de que algo no era del todo normal, por lo que el joven se frotó la nuca levemente - ¿Acudiste a alguno de los colegios de magia o simplemente no eres bruja? – No es que él tuviese demasiados tapujos a la hora de abrir la boca por lo que simplemente preguntó aquello tal como le vino a la cabeza y sin madurarlo demasiado en su cabeza cosa que a posteriori le llevó a pensar en que ciertas criaturas no eran demasiado comprensivas con aquellas preguntas y montaban en cólera.

-Supongo que mi abuela es más sociable de lo que le gusta reconocer, además de gracias por el cumplido, ella te diría que soy igual que mi abuelo y que tengo suerte de no parecerme a mi padre – Arqueó levemente la espalda haciéndola sonar, llevaba unos días con aquel intenso dolor en la zona del omóplato que no cesaba ni queriendo - ¿Viejas? Vieja ella, porque tú pareces mucho más joven, por eso me sorprende, mi abuela es bastante reticente a relacionarse con gente joven, dice que somos estúpidos e irresponsables, que no se equivoca, pero…Solo me sorprende – Asintió cuando mencionó el darle saludos a la matriarca y comentarle que la visitaría, si de verdad eran amigas probablemente a Allison le haría una tremenda ilusión recibirla con miles de pastas de mantequilla diferentes y otro tan grande surtido de mermeladas caseras y tés hechos por ella, que a decir verdad, a Bastian comenzaban a asustarle, el día menos pensado haría infusiones con escamas de dragón o algo semejante, la veía realmente capaz.

- Me cuesta creer que algo más que yo mismo puede guardar un secreto – Era desconfiado y aunque ella pareciera segura de sus palabras, no contaba con aquello, reflexionar con la naturaleza no era algo que él hiciese, más bien reflexionaba rodeado de ella, se estaba sintiendo un poco estúpido al no saber si había interpretado las cosas como la mujer quería que lo hiciese o se había ido por las ramas como de costumbre. – Claro ¿Por qué no? Así también podré estirar un poco más las piernas. Al final no vas a ser tan mala compañía como pensé en un principio.
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Arabella K. Morgenstern el Vie Abr 01, 2016 8:27 am

Me hizo gracia que el hombre dijese que la única mujer que le dominaba era su abuela. Sonó adorable, no era algo que los hombres soliesen admitir así de tranquilos por mucho que fuese cierto en muchos casos que las abuelas dominaban. Yo lo sabía solo por ver como eso le pasaba a otras personas, porque nunca había tenido abuela ni biológica ni adoptiva. Jamás había conocido a mi abuela arpía, la cual debía de contar ya con alrededor de cinco mil años de edad si es que seguía viva.

Asentí cuando Bastian afirmó que los hombres estaban obsesionados con las cosas redondas, entendiendo perfectamente el verdadero significado de sus palabras, pues estaba más claro que el agua. Daba igual cuántos años pasasen, cuántos siglos, cuántos milenios… los hombres veían un buen par de tetas y se morían del gusto, eran como perritos con un hueso. Tan fácilmente dominables… Y cuando no se disponía de un buen par de pechos de tamaño considerable había otras cosas que les volvía locos.- Es algo que está científicamente comprobado- dije con tono muy serio.

No me fue muy difícil adivinar después que él había sido Slytherin en Hogwarts. Conocía a mucha gente de esa Casa, y aunque en algunas cosas eran muy distintos había ciertas cosas que tenían los Slytherin que hacía que se les notase a kilómetros de distancia. Era como que una especia de halo les rodeaba, un halo esmeralda que les marcaba toda la vida.- Las serpientes tenéis todos cierto aire- era la actitud que tenían, sin duda. Yo dije que no había estado en Hogwarts, lo cual pareció extrañarle a él. Podría pensar que era una Squib tal vez, era lo que la mayoría de gente que no sabía lo que yo era pensaba, y cuando veían que no envejecía pensaban que era un vampiro hasta que descubrían la verdad.- No soy bruja- no tenía ningún problema en ocultarlo, no me avergonzaba lo que era y no poder usar magia, al contrario que mi padre que había sido un mago mortal.- En mi familia paterna todos fueron magos y brujas, pero mi familia materna es distinta. No heredamos esos poderes.

Fruncí el ceño cuando dijo que su abuela agradecería que él no se pareciese a su padre.- Nunca he conocido al yerno de Allison ni me ha hablado de él, así que no sé por qué habría ella de agradecer eso- dije inclinando un poco la cabeza con expresión de curiosidad. Me gustaba curiosear y enterarme de las cosas, es parte de lo que hace que la eternidad sea tan divertida, te da la oportunidad de ser testigo de miles de millones de cosas. Lógicamente le pareció extraño que su abuela y yo fuésemos “viejas” amigas, pues mi supuesta edad no parecía permitir eso. Sonreí entonces.- Es cierto que tu abuela no se relaciona con gente joven, ni siquiera conmigo. Yo soy mucho más vieja que ella- lo solté tan pancha mientras le dedicaba a Bastian una de mis mejores sonrisas.

Y luego allí estaba, esa actitud que había visto en tantos Slytherin, la desconfianza. Todos a los que conocía tenían sus motivos distintos, pero era algo que había comprobado a lo largo de los siglos que ellos poseían mucho más que los miembros de las otras Casas. Tal vez fuese la naturaleza de la Casa, que atraía a gente por lo general con más secretos que los demás.- Qué desconfiado. La desconfianza es buena solo en su justa medida, pero a largo plazo y en exceso es venenosa- le dije, hablando con la verdad. Tanto daño recibía un hombre desconfiado como uno demasiado confiado. Cuando le ofrecí dar un paseo conmigo aceptó, y le miré divertida tras su último comentario.- Eres un hombre de poca fe, ¿acaso tengo pinta de ser mala compañía?- pregunté retóricamente, pues no necesitaba una respuesta a aquello.

Caminamos por el parque. No había ningún muggle por aquella zona, y era bastante agradable.- Bueno, pues háblame un poco de ti, conozco mucho a tu abuela pero no sé nada de ti. ¿A qué te dedicas?
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Invitado el Miér Abr 06, 2016 4:22 am

Discutir con una mujer del temperamento de su abuela era algo así como meterte en el nido de un colacuerno húngaro, sabes que es mala idea, pero en algún momento dado de tu vida resultó una idea realmente tentadora y acabaste dentro, con un dragón iracundo mirando cómo te quedas con cara de pánfilo mientras este abre la boca para convertirte en chamusquina humana, pues su abuela era prácticamente igual, si no disparaba fuego, poco le faltaba y eso sería todavía daría más miedo.

Quizás él no calificaría aquello de que fuese un hecho científico, de hecho, conocía a hombres, heterosexuales, que los pechos eran algo así como un añadido sin real importancia hasta, obviamente las actividades que requerían la desnudez total de la mujer en cuestión. Él sin embargo no era de ese tipo, del que no se fija en estas, era seco, no tonto y los pechos le parecían algo agradable si estaban bien, sobre todo en escotes y ese tipo de cosas – Tanto como científicamente quizás no, pero que suele ser generalizado el gusto de los hombres hacia ellas sí que es verdad, aunque no es una característica especial, hay mujeres, heterosexuales que también tienen algún tipo de fetiche con los pechos.

La explicación de la mujer no aclaró para nada sus dudas, de hecho, solo instauró más en su cabeza la cual trabajaba a doscientos por hora sin saber muy bien el hecho de por qué no había acudido a Hogwarts. ¿Extranjera quizás? Pero tras las palabras que dejaron totalmente claro que la mujer no practicaba la magia pudo notarse en su rostro el hecho de la curiosidad era bastante más fuerte ahora que sabía que no era una bruja, así como lo era él o su abuela. – No quiero ser descortés como al comienzo de nuestra conversación, pero he de decir que tengo curiosidad por lo que quiera que seas. No eres bruja, pero juegas al quidditch, no creo que seas una squib, mi abuela probablemente no te habría tocado ni con pinzas – Se frotó la nuca confuso - ¿No heredáis los poderes? Vaya…Es la primera vez que escucho algo así…

-Mi padre no es ese tipo de hombre del que sale hablar y digamos que mi abuela le tiene un poco de asco, bastante en realidad – Matizó encogiéndose de hombros, haciéndosele la conversación algo incómoda por hablar del sujeto mentado. Sin embargo, el cambio y la nueva información que había salido de los labios de la mujer, le hicieron elevar las cejas - ¿Más vieja que ella? ¿Hablamos de la misma persona? No sé, mi abuela tiene ya su edad bien cumplida y tú no pareces precisamente mayor por muy bien que te haya tratado el tiempo – Siguió con aquella mirada escéptica sobre la mujer que ahora se le hacía verdaderamente extraña ¿Cómo podría ser más vieja que su abuela? ¿Sería un vampiro? Por lo que había dicho de heredar dudaba de aquello ya que los vampiros no es que fuesen teniendo hijos, por eso de estar muertos, incluso perdían su magia, pero ella no parecía haberla perdido.

- La desconfianza me ha ayudado durante gran parte de mi vida, creo que ya es más una compañera que algo tóxico – Se encogió de hombros como si fuese la cosa más normal del mundo ya que, para él, lo era, solo confiaba ciegamente en su abuela y dos personas más, literalmente su círculo de confianza se reducía a tres usuarios con los que se había criado y sabía que al igual que él, ellos darían su vida por protegerlo. – No suelo pensar que cualquiera es buena compañía, cosa inculcada por mi querida abuela, tiende a querer a poca gente a su alrededor y de esa poca gente, probablemente no considere grata compañía ni a la mitad y lo dice de manera poco cordial – Hablar de Allison le soltaba la lengua al ex slytherin, cosa que no muchas personas conseguían.

Tras ponerse a la altura de la mayor, se metió las manos en los bolsillos, caminando con tranquilidad por el parque pseudo desierto, girando su rostro hacia ella al escuchar sus palabras – Ahora mismo a nada, entraré a ser guardián de los terrenos de Hogwarts supongo que en unos meses. Pero he estado como profesor de prácticas para terminar la carrera osea que supongo que la respuesta que buscas es profesor. Puesto que sé a qué te dedicas no tengo mucha idea de por donde debería seguir esta conversación, no se me da muy bien esto de conversar.
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Arabella K. Morgenstern el Miér Ago 03, 2016 11:12 pm

La curiosidad en terceras personas no me molestaba ni me desagradaba. La curiosidad era algo natural, todos la tenemos. Por eso no me pareció descortés que el apuesto hombre nieto de mi vieja amiga dijese que tenía curiosidad por saber lo que era, ya que había quedado claro que no era una bruja.

-Bueno, en eso tienes razón, Allison no me hubiese tocado ni con pinzas si hubiese sido squib, así que no lo soy- asentí con una sonrisa. Cuando se sorprendió de que dijese que yo era más vieja que su abuela, la cual era ya bastante anciana, decidí satisfacer su curiosidad y mostrarle cuál era mi verdadera naturaleza. En apenas un segundo mis ojos se volvieron de intenso color rojo sangre y mis alas negras aparecieron en mi espalda y se extendieron hasta su máxima capacidad. Era seguro hacer eso, pues no había nadie a nuestro alrededor. Ni un solo muggle, ni un alma.

-Soy una arpía. Hablan muy mal de nosotros en los libros, pero en realidad no somos tan malas… Bueno, sí, pero solo un poco- dije guiñándole un ojo de manera juguetona.

Tras unos cuantos segundos con ese aspecto mis alas volvieron a desaparecer para darme una apariencia más normal, como siempre. Sin embargo mis ojos rojos se mantuvieron con ese aspecto un poco más de tiempo. Mi vista mejoraba muchísimo cuando mis ojos tenían el aspecto que debían tener cuando adoptaba mi verdadera forma, y me gustaba que estuviesen así un poco para disfrutar de todos los detalles realzados, de todos los colores que de repente podía ver y que el ojo humano normal no, de las diminutas cosas que se veían en la distancia casi con perfección.

Bastian me estaba recordando bastante a su abuela, aunque en algunas cosas también eran diferentes. Ella era más acida, a la vez que más suelta a la vez. Sin embargo no me estaba pareciendo desagradable la compañía del apuesto joven. Le invité a pasear conmigo y aceptó, así que nos pusimos en marcha con pasos tranquilos y relajados mientras seguíamos hablando. Le escuché mientras me contaba a qué se dedicaba.

-¿Profesor? Interesante, ¿qué asignatura es tu especialidad? Esa es una profesión que en más de una ocasión me ha llamado la atención, en verdad, pero nunca he llegado a pensarlo muy en serio ni a aceptar nunca ninguna oferta. Puede que en algún momento lo considere cuando decida que es hora de decir adiós al Quidditch- suspiré. Escuché luego su comentario sobre que no se le daban muy bien las conversaciones y sonreí ligeramente, divertida.- No lo has estado haciendo mal hasta el momento. Además, las conversaciones inesperadas y sin una dirección concreta son las que acaban siendo más divertidas.

Apareció de repente una lechuza con una carta en pleno parque. ¿Cómo conseguían esas lechuzas encontrar a los destinatarios de las cartas siempre, sin importar dónde estuviesen? No me había esperado ningún mensaje, pero ahí estaba la lechuza sorprendiéndome. Me dio la carta y se fue. La leí; era de una de mis hermanas. Estaba en Londres y quería reunirse conmigo lo más pronto posible. Vamos, ahora.

-Tristemente, nuestro paseo y nuestra conversación van a verme interrumpidos súbitamente- dije tras leer la carta y doblarla.- El “deber” me llama, tengo que irme. Ha sido un placer conocerte, Bastian, espero que volvamos a vernos. Saluda a tu abuela de mi parte, por favor, y buena suerte en Hogwarts. ¡Hasta otra!

Tras despedirme de él volví a sacar mis alas y alcé el vuelo, marchándome de allí volando.
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