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Always in the clouds [Apolo Masbecth]

Abigail T. McDowell el Sáb Jun 13, 2015 1:55 pm

Recuerdo del primer mensaje :

¿Unas vacaciones? No sonaba nada mal. No tenía pensado cogerlas todavía, pero me había venido la oportunidad perfecta para desconectar, sobre todo en la mejor compañía que podía haber elegido. Entre que el Ministerio es de por sí estresante y mi puesto todavía lo es más y que no tenía demasiada distracción en mi tiempo libre, ya que mi máxima distracción se había comprometido, pues necesitaba desconectar. Mi hermano dentro de poco conseguía las vacaciones, por lo que también podría aprovechar el resto de mis vacaciones para estar con él.

Sin embargo, los primeros cuatro días de mis vacaciones iba a pasarlos nada más ni nada menos que en América, más concretamente en Las Vegas. Apolo tenía que viajar hasta allí por su trabajo (no me preguntéis a mí para qué) y era lo único que sabía. Que iba a tener que pasar allí cuatro días y que era mucho mejor ir acompañado y disfrutar de los placeres que ofrecía esa famosa ciudad en compañía que ir solo. Y mejor ir en compañía de tu mejor amiga (porque soy la hostia) para no tener el factor incomodidad si vas con alguien que te atrae y quieres tirarte a otra persona.

Debido a que Apolo tenía más bien poca información de todo lo que debía hacer, tuvimos que ir en avión. Sí, existen trasladores y sí, podemos desaparecernos. Primero, para hacer un traslador, debiéramos tener a otra persona en Las Vegas con el de llegada y, segundo, para poder desaparecernos debemos de saber a dónde y yo, precisamente, no tenía ni pajolera idea de qué narices había allí con exactitud. Además de que en distancia tan largas yo no quería arriesgarme. Y como no quería morir por despartición, no costaba nada coger un avión de ida y vuelta. Que no creo que cruzar medio mundo con desaparición sea sano.

Nos habíamos alojado en un hotel de cinco estrellas totalmente gratis, ya que un Imperio equivale a ser la persona más rica del universo. Él, gran parte de las mañanas, lo dedicaba a su trabajo pero por la noche aquello era otro mundo totalmente diferente al que estábamos acostumbrados a vivir. Habíamos ido a casinos, a algunas discotecas, pero nunca sin volvernos realmente locos. Realmente apenas habíamos bebido como para volvernos realmente locos. Al fin y al cabo, él estaba allí para trabajar.

El último día de todos, nos encontrábamos ambos en la habitación, deprimidos por tener que irnos de ese sitio... bueno, él no sé, pero yo estaba deprimida a tener que volver a mi piso de cuarenta metros cuadrados. Yo estaba asomada al balcón, con unos vaqueros y una camisa de botones negras media traslúcida, observando todo el ambiente de la ciudad. Había una ligera brisa, pero estábamos en verano y allí en el clima se notaba. Solté aire profundamente y cerré los ojos. No quería volver.

Creo que podría acostumbrarme a este estilo de vida —dije totalmente convencida, como si acostumbrarse a ser millonario fuera difícil para alguien— ¿Seguro que no tienes que quedarte cinco días más? —pregunté divertida, entrando a la habitación para coger del minibar dos pequeñas botellas de vodka. Le tiré una y me senté a su lado, en la cama, con otra—. Por la última noche en Las Vegas —brindé con él y me llevé el botecito a los labios, bebiéndome todo el contenido de golpe— ¿Qué te apetece hacer hoy? No me seas aburrido que es la última noche —cogí la varita y abrí desde lejos el minibar, sacando de su interior todas los botecitos de bebida para moverlos y  dejarlos sobre la cama. Luego dejé la varita sobre la mesa de noche y cogí otro botecito, abriéndolo y acercándome a Apolo— Vamos, que es el último día, ¿nunca has sentido curiosidad por saber cómo es vivir una auténtica fiesta en Las Vegas? Olvidarte de tu nombre, de tu oficio, olvidarte de todo. Vamos a divertirnos que hace mucho que no nos divertidos de verdad —Y le llevé el botecito recién abierto a sus labios.

En realidad tenía en mente ir de fiesta y pasárnoslo bien de manera normal, aunque, de hecho, mis acciones normalmente van ligadas a la cantidad de alcohol que bebo. Resisto bastante bien el alcohol en cierta medida, ya que cuando me sobrepaso de una cantidad, no hay quien pueda pararme. Aunque luego había un umbral que, si me paso de ahí, ya me paro yo sola en alguna esquina a dormir y es totalmente lo contrario, nadie puede hacer que me mueva.
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Apolo Masbecth el Mar Ago 04, 2015 2:15 pm

Se abalanzó sobre aquel pobre diablo quien no se esperaba que en su rutina nocturna para ganarse el pan de cada día un loco se iba a tirar encima de él. Seguro, su trabajo escupiendo fuego y haciendo malabares con él podía resultar un tanto peligroso y retando a la muerte, pero esperarse que saliera lesionado por algo así era bastante estúpido. El hombre que lleva por nombre Sally, gritaba pidiendo ayuda, mientras los espectadores simplemente permanecieron o sin hacer nada o grababan la situación con sus aparatos muggles. El rubio seguía golpeando con fuerza los brazos del hombre creyendo que aún tenía el fuego en ellos pero las varas encendidas cayeron al césped, no sin antes lograr quemar el pantalón del hombre y fue ahí cuando sus amigos intervinieron quitando a Apolo de ahí mientras uno del público apagaba el fuego con su chaqueta.

En esos momentos escuchó a su amiga gritar algo que no pudo entender del todo sintiendo como uno de los que lo tenían agarrado lo soltó y de pronto era jalado por su amiga ordenándole que corrieran pues el sonido de las patrullas hicieron eco en aquel pequeño parque. Apolo corría como loco sosteniendo la mano de la pelirroja mientras burlaban a los oficiales, algunos de ellos iban a pie porque se metieron dentro de un casino y no podían entrar con autos. Era el sitio perfecto para esconderse, la noche estaba de su lado pues nadie pudo ver sus rostros con claridad, ni siquiera las grabaciones pues permaneció de espaldas todo el tiempo hasta la hora de la huida así que los gendarmes no tendrían idea de a quien buscar.

El sonido de las máquinas tragamonedas, las risas, los llantos, los colores vivos todo le pareció bastante apetecible, incluso había un automóvil último modelo suspendido en una plataforma justo al centro del casino, anunciándose como el premio mayor. - ¡Eso ha sido genial! ¡Nunca me sentí tan vivo como ahora!  - dijo bastante emocionado aunque probablemente después se arrepentiría de lo que estaba haciendo esa noche. Los efectos de la droga aún no se bajaban por lo que asintió a su amiga - sí, la ruleta, vamos - dijo tomando su mano y arrastrándola básicamente del otro lado de la habitación, teniendo que esconderse al lado de una anciana que con su vaso lleno de monedas jugaba a las tragamonedas, - esta es una especie en extinción, creí que solo existían en películas muggles - dijo riendo mirando de manera cómplice a su amiga mientras el policía pasaba de largo con un radio en la mano diciendo algunas palabras que no entendía. La mujer por su parte los golpeó con su bastón hasta correrlos de ahí.

Al llegar a la ruleta un hombre con guantes blancos era el master de ese juego, los invitó a participar mientras tres personas más estaban ahí apostando. Apolo tuvo que ir al centro de canje donde cambio algunos dólares por fichas y volver hasta la mesa con su amiga. Colocó un montón de fichas de color azul, sin saber el monto exacto ni lo que el color representaba, él no tenía idea de cómo iba el juego pero los colores le parecieron bonitos y así lo hizo - todos dijeron un número - ¡El 13! amo el 13, todos le tienen miedo, hasta los hoteles no existe tal piso, ¿es una tontería, no?  - le dio un codazo a una señora refinada al lado que hizo una mueca de asco y el rubio se rio viendo a su amiga - yo sé que ese número es el ganador Abi, ya verás - la abrazó mientras la ruleta comenzaba a girar y la pequeña pelota cayó sobre el número 8 logrando que un hombre estirado con esmoquin y un bigote retorcido ganara todas las fichas y Apolo hizo un puchero. - Mierda, eso fue trampa, ahora tú, al parecer no sirvo para juegos de azar - vio a su amiga dándole las fichas para que apostara mientras le robaba una copa de Martini a uno de los camareros que llevaba una charola con varios tragos encima, el sujeto ni siquiera se dio cuenta de aquello.
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Abigail T. McDowell el Jue Ago 06, 2015 1:48 am

Probablemente hasta estando borracha no me hubiera metido de esa manera a defender a mi amigo. Es decir, sí, pero no como si me fuera la vida en ello. Por casi no me tiro encima del muggle para salvaguardar la dignidad de mi amigo. Por suerte, o por desgracia, los policías no eran demasiado discretos y nos dio tiempo de salir corriendo de allí y, como no, ocultarnos en un casino.

¡Las Vegas! ¡La ciudad de los casinos! Entramos ahí dentro como si fuera la máxima motivación de la noche y… lo cierto es que los casinos nunca habían despertado especial interés en mí. Hasta ahora. Cuando entramos y Apolo se acercó a una viejecita canosa con un vaso lleno de monedas mientras jugaba a las tragaperras, solté una tremenda carcajada cuando dijo delante de sus narices que era una especie en peligro de extinción.

Yo también. ¡Existen las ludópatas con más de sesenta años! ¿Usted salió en la película de Resacón en las Vegas, a que sí? ¡Un espécimen histórico como usted debe de haber salido en todos lados! —Recibí un golpe de su bastón en la pierna para echarnos—. Vuelve a darme con eso y te extingo yo, vieja —le dije, con el ceño fruncido, yéndonos de allí. De hecho, hasta los policías siguieron de largo, ya que al estar nosotros tan a otra cosa no parecíamos ni sospechosos.

Nos decantamos por la ruleta de la suerte y… no parecíamos tener mucha suerte. Apolo fue a cambiar algunos dolares por fichas para poder jugar y no dimos ni una. Al parecer no sólo había que aceptar en el número, sino también en el color. Yo de estas cosas no tenía ni idea, así que empezamos a jugar una y otra vez, como si fuéramos los máximos expertos en aquella materia.

Al igual que Apolo había cogido por puro instinto de supervivencia una copa de lo que parecía un Martini de una de los camareros que se paseaban por todo el casino. Era para quitarme la sed, pero… puff… estaba acaloradísima y no parecía quitarme la sed ni refrescarme. De repente, cuando perdimos por quinta vez, miré a Apolo, para saber en dónde colocar todas nuestras fichas restantes.

A ver, Apolo, ya sabemos que ni el 13, ni el 7, ni el 8, ni el 4, ni el 12 son de fiar —enumeré divertida con los dedos—. Yo voto por el 2 rojo. Sí, lo veo. Siento su perturbación en La Fuerza. Hazme caso, que yo sé de esto —me inventé sobre la marcha, agachándome para mover todas las fichas hacia el dos rojo.

La ruleta comenzó a girar y a girar hasta que… ¡La bola se quedó en el 2 rojo! Abracé a Apolo con suma efusividad y toda la mesa que estaba bastante seria en comparación a cómo estábamos nosotros, nos miró con cara de pocos amigos. Menos una pareja de chicas, que nos estaban mirando con suma diversión.

Esta prole no sabe jugar —dije, separándome de Apolo para que el que organizaba todo eso nos pasase todas las fichas que habíamos ganado. Habían muchas más de las que teníamos en un principio—. Deberíamos cambiar de juego. Ambos sabemos que esto ha sido un golpe de suerte irrepetible —le dije, mientras cogía todas las fichas que habíamos ganado y le daba la mitad a él y yo me quedaba con la otra mitad.

Nos fuimos de la ruleta y las dos chicas dejaron de jugar también para perseguirnos. No me di cuenta en realidad, estaba demasiado obnubilada en preguntarle a Apolo qué quería hacer ahora.

¿Qué quieres hacer ahora? ¿Blackjack? ¿Tomarte algo en la barra? ¿Tragaperras para terminar como el pokemon legendario de ahí atrás? —reí, mirando a todos lados—. ¡Oh, espera, siempre he querido hacer esto!

Me alejé de él y me acerqué de manera tranquila hacia una mesa de Blackjack, me quedé observando la partida durante un momento en dónde le hice una señal a Apolo de que esperase un momento. En ese momento en dónde Apolo estaba esperando, las dos chicas se le acercaron. Una era morena de ojos claros, mientras que la otra era rubia de ojos oscuros. Comenzaron a hablar con Apolo pero… obviamente yo no me enteré.

Cuando la partida de Blackjack terminó la primera ronda, yo me acerqué discretamente hasta un hombre de treinta y picos años que estaba muy rivalizado con el otro. Acerqué mis labios a su oído y…

El otro está haciendo trampa. Está contando —Y, acto seguido, me fui hacia dónde estaba Apolo.

Detrás de mí pudo verse como el hombre se levantaba rabioso, pues encima iba perdiendo y se tiraba sobre el otro que podría tener perfectamente cincuenta años. Enraizandose ahí en una pelea, yo llegué hasta dónde estaban las dos chicas y Apolo. Pasé la mano por el hombro de Apolo, en plan: “ES MÍO, PUTAS” y las miré.

¿Qué pasa aquí? —pregunté, con un notable tono de borracha pero una amplia sonrisa en el rostro. Hacía tiempo que no me encontraba tan… efusiva y con ganas de saltar, cantar, bailar y hacerlo todo a la vez—. ¿Qué le estáis haciendo a mi amigo? Es gay, ¿vale? No está interesado en gente con vagina. Asumidlo. A mí me costó varios años asumirlo —confesé con un gesto de lo más travieso, acercándome ligeramente a las dos chicas.
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Apolo Masbecth el Jue Ago 06, 2015 10:49 pm

Su egocentrismo no le permitió aceptar que apestaba para los juegos de azar, dado que no es un muggle y no tenía idea de cómo funcionaban los casinos, salvo lo que alguna vez vio en películas con sus hermanos. Entonces se dejó llevar por su amiga quien comenzaba a explicar cómo funcionaban las reglas del juego, aunque para ser sinceros creía que tampoco ella conocía muy  bien de lo que estaba hablando. - Si, si, el rojo, el 13 - repitió sin mucho sentido solo siguiendo lo que ella decía sin realmente prestar atención pues ahora su concentración estaba en la pequeña bola que giraba sobre la ruleta, le llamaba bastante la atención e incluso estiraba una mano para cogerla pero el encargado del juego lo reprendía, diciendo que se comportara o lo escoltarían fuera del casino. - aguafiestas - murmuró pero realmente no se entendía lo que dijo mientras al parecer se dio cuenta que ganaron pues su amiga se mostraba demasiado efusiva con él e incluso lo estaba abrazando. - Si, esa es mi chica - dijo dándole un beso en la mejilla y celebrando la victoria, así que cuando sugirió cambiar de estrategia e irse cuanto antes mientras su racha perduraban le hizo caso y fueron hasta otra zona de aquel casino.

- Lo que quieras, no tengo idea ni de cómo se llaman la mitad de estos juegos - mencionó cuando ella se emocionaba por alguna otra cosa pues enseguida desapareció de su rango de vista quedándose completamente solo, entre un mar de personas. La soledad no le pasó demasiado tiempo pues dos mujeres lo acorralaron en una esquina, mientras que el muy drogado Apolo se recargaba sobre el frío pilar del lugar, justo al lado de una máquina que hacía demasiado ruido y tenía muchos botones de colores, pero su atención no se enfocaba en eso sino en las mujeres quienes se pegaron muy cerca de él.

- ¿Por qué tan solo cariño? - preguntó la rubia sosteniendo una copa de martini. - ¿Necesitas un poco de compañía? - la morena terminó la frase, Apolo las veía borrosas debido a la combinación de píldoras y alcohol pero aun así estiró la mano hasta uno de los senos sintiéndolo y la mujer le tomó ambas manos - así que te gustan, eh, ¿qué te parece si vamos a nuestra habitación y nos divertimos los tres? Vamos a cuidar muy bien de ti - aquello le sonaba como la conversación de una mala película porno de esas que alguna vez vio de adolescente con sus amigos. - Eh, verán, no creo que sea buena idea - dijo soltando los senos de la rubia y en ese momento una pelirroja aparecía en escena. Aquello se estaba volviendo un cuarteto multicultural.

La voz le revelaba que se trataba de su amiga, quien lo sostuvo del cuello. - Si, soy homosensual  - logró decir de manera atropellada y las mujeres hicieron muecas de desagrado mientras se retiraban lo más pronto posible. - Me espantas a mis ligues, no seas celosa - dijo mirando a su amiga y sonriendo, claramente bromeando.

Le tomó de la mano mientras la arrastraba lejos de ahí hasta salir del casino, él no tenía idea de a dónde iba pero quiso salir en busca de aire fresco. Caminaron a paso acelerado por la acera en aquella noche calurosa de verano, pasando por algunos transeúntes quienes los miraban mal por como Apolo se tambaleaba al caminar en forma de zig zag. Sin querer se detuvieron justo frente a una capilla de esas típicas de Las Vegas donde sueles ir a casarte después de una borrachera. El letrero con luces neón llamó su atención y entraron ambos, topándose con un hombre vestido de Elvis Presley y una pareja que se alegraron al verlos entrar. - ¡Tenemos a los testigos! - dijo la novia mientras corría a su encuentro. - Ustedes han venido a salvarnos, queremos casarnos y necesitamos dos testigos, ¿nos ayudarían? Les pagaremos cincuenta dólares a cada uno - habló con una sonrisa de oreja a oreja, se le veía esperanzada y el novio pronto llegó a su lado. - Por supuesto que sí  - el rubio logró decir luego de que su lengua se le trabara durante un par de segundos y se apoyaba en su amiga para no caerse. - Una boda, que emocionante, ¿qué debemos hacer? - dijo claramente divertido con la idea, tomando la decisión por ambos sin siquiera consultar a su amiga.
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Abigail T. McDowell el Vie Ago 07, 2015 1:48 am

Las mujeres son todas unas zorras de mierda. Mira esas dos, intentando ligarse a MI amigo. ¿Pero qué se creen? Y encima de esa manera tan… tan… tan… típica. Joder, un poco más de imaginación. Ofrecerle un trío a un tío, es que ya no tienen ni imaginación. Así que, obviamente, nada más llegar a donde estaba Apolo, les dejé en claro lo que había, ya que Apolo parecía bastante ocupado tocando eso que nunca toca, ya que él prefiere los penes a las tetas.

Miré a Apolo de reojo antes de partirme cuando dijo que era homosensual. ¡Eso era verdad! Homo y sensual. ¡Estúpido y sensual, Apolo! De verdad que nunca entendería por qué este pedazo de hombre tuvo que nacer gustándole los chicos.

Eso eso, homosensual, ahuecad a buscaros otro heterosexual, panda de guarrillas —Y moví la mano, haciendo un despectivo movimiento con ella. Luego miré a Apolo cuando me dijo que no fuera celosa—. Tú eres MI homosensual. A parte de tus hermanas, yo seré la única chica de tu vida, que te quede claro, mi homosensual y sexy amigo —le dije, poniéndome de puntillas para darle un beso en la mejilla de esos que duran y son puro amor. Porque estando drogada me sale mi vena amorosa.

Salimos de allí sin darnos cuenta de que teníamos en nuestras manos un montón de fichas que podríamos haber vuelto a intercambiar por dinero. Pero… ¿qué más da? Ahora mismo lo único que importaba era hacer ALGO. Tenía la imperiosa necesidad de hacer algo. Ya había visto al espécimen legendario de Las Vegas, había ganado a la ruleta, había hecho que dos hombres se pegasen por desconfiar en el Blackjack, había ahuyentado a las zorras de turno de mi amigo Apolo y… ¿Qué faltaba?

De repente, vi en frente nuestra un cartel de neón que representaba a una capilla. Mis ojos se iluminaron, en parte por el neón y en parte porque me encantaba esa idea. Yo si algún día me casaba, me casaría ahí. Entramos al interior corriendo y un hombre y una mujer vinieron a abrazarnos como si fuéramos su única esperanza, pidiéndonos que fuéramos sus testigos. Sonreí ampliamente. ¡Qué guay! ¿Cómo era posible que algo como eso me pusiera tan efusiva?

Sujeté a Apolo para que no se cayera y tuve que sujetarme al mostrador de atrás para no caerme con él.

Improvisaremos, no puede ser muy difícil ser testigo —contesté, cogiéndolo de la mano para perseguir a Elvis y a su novia. Entramos a la capilla, la cual era bastante pequeña. Era de color rosa y los bancos eran bastante escasos. Poseía cuatro bancos por cada lado y el cura estaba al final sentado. Era un cura vestido de Batman, lo cual me hizo abrir los ojos sorprendemente. Cogí a Apolo de la mano y se la apreté, llamando su atención—. ES BATMAN —dije lo evidente, mirándole con ojos empañados de la emoción—. Quiero que Batman sea el cura de mi boda. Porfa, porfa, porfa, porfa, porfa, porfa… —me puse a saltar delante de él, tropezándome con mi propia torpeza y cayéndome al suelo de lado. Mientras me ponía de pie, aproveché para quedarme de rodillas—. ¡Cásate conmigo, Apolo Damian Masbetch! ¡Ambos sabemos que estaremos ahí para el otro para siempre, aunque no tengamos sexo! ¡Será un compromiso de amor fraternal! —Le abracé la pierna—. ¡Yo te espantaré a las zorras y tú me espantarás a los feos! Si es que no podíamos hacer mejor pareja… —hice un corazón con los dedos mis manos.

Poneos a pensar en un momento cómo os imaginais mi boda… Está claro que esta es perfecta, en una maldita capilla rosa con Batman de cura. Imaginaos la boda de Apolo… super cutre, también, porque al ser gay solo puede casarse por lo civil. ¡Si es que era la ocasión perfecta! Y, tío… era Batman. Probablemente mañana me arrepintiera de esto pero… ahora mismo no podía imaginarme una idea mejor que plantarme frente a Batman y profesar mi amor eterno por Apolo.

Spoiler:
<-Me descojono.
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Apolo Masbecth el Sáb Ago 08, 2015 4:51 am

- Improvisemos, sí  - dijo al sujetarse con más fuerza de su amiga pues se sentía algo mareado. El grito de su amiga lo asustó y tuvo que mirar a que se refería viendo como el juez que iba a casar a los novios estaba vestido de Batman. Él solo sabía de quien era Batman por ella, por su amiga que a veces le enseñaba cosas muggles, le daba igual como si fuera el ministro de magia pero era obvio que a ella no, pues parecía bastante emocionado por lo que él como buen amigo le siguió la corriente. - Está bien, cuando te cases me asegurare que el juez vaya vestido de Batman - logró decir pero entonces abrió los ojos con sorpresa al ver como su amiga no solo se arrodillaba frente a él pero también le estaba pidiendo matrimonio. Apolo comenzó a vociferar un sonido desconocido, no se sabía si de emoción o de pánico pero no dejaba de hacerlo.

- SI, ¡SI ME CASO CONTIGO! - logró decir luego de ese vergonzoso sonido, no supo si fue por el efecto de la droga o por lo ebrio que se encontraban ambos pero decidieron casarse luego de ver cómo les pidieron ser testigos. - Señor cura, queremos casarnos también - dijo levantando a Abi y sosteniendo su mano mientras se acercaban hacia el hombre vestido de Batman. - No soy un cura, soy un ministro y la boda es solo por lo civil, si están seguros pasen con la secretaria para que haga los trámites - dijo señalando a una señora anciana que también hacia la función de tocar el órgano. Ella se levantó del instrumento musical a paso de tortuga mientras les tomaba sus datos. - Necesitamos anillos - dijo Apolo pero la anciana tenía a la venta unos muy cutres pero que servirían así que compró el paquete completo, que incluía ramo de flores, anillos, testigos, un pastel de bodas demasiado simple, trajes de novia y de novio de velcro, música y una foto con el batimóvil y el juez. Apolo terminó pagando con las fichas del casino al darse cuenta que no llevaba mucho efectivo encima y para su sorpresa se las aceptaron.

- Todo listo, pero primero se casara la otra pareja - dijo la anciana y se levantó para ir al órgano y comenzar a tocarlo. La ceremonia dio inicio, el juez dijo unas palabras y después de un par de minutos ya estaban casados, luego de que tanto Abi como Apolo firmaran los papeles donde hicieron de testigos. El rubio aplaudió con fuerza y derramó una lágrima al ver a la pareja de recién casados besarse y sonreír. Ellos se ofrecieron para ser testigos de la boda de los magos y entonces les dieron sus trajes.

Apolo se vistió rápidamente y se dio cuenta que olía raro ese atuendo, a cigarro pero no le importó en esos momentos. - Te ves preciosa - dijo al ver a Abi intentando contener la risa y entonces el juez - Batman comenzó. - Ante Dios y los hombres nos hemos reunido para ayudar a esta pareja que ha hecho votos de mutuo amor, a convertirse en "una sola carne", de acuerdo con las leyes de Dios y del estado de Nevada - habló bastante serio - Si entre los presentes hubiere alguno que pueda alegar razones válidas para que este pareja no quede unida en matrimonio, se les exhorta a hablar ahora  - entonces se hizo silencio, no había nadie ahí más que ellos así que nadie podía impedirlo. - Muy bien, en ese caso. Abigail McDowell ¿toma a Apolo Damian Masbecth para ser su esposo legal y amado compañero? - espero la respuesta y prosiguió -   Apolo Damian Masbecth ¿toma a Abigail McDowell para ser su esposa legal y amada compañera? - preguntó viendo al novio. - Si, acepto - dijo el rubio sintiendo como las rodillas le temblaban y sin poder creer lo que estaba haciendo. La mujer que se había casado hace unos minutos entregó los anillos a los novios y estos dijeron lo siguiente: - Yo Apolo Damian Masbecth te tomo a ti Abigail McDowell para que seas mi legal y amada compañera. Prometo quererte y respetarte así como me uno a ti, en enfermedad y en salud, hasta que la muerte nos separe - dijo colocándole el anillo a la pelirroja, luego el ministro volvió a hablar. - Por la autoridad que me ha sido conferida como ministro y de acuerdo con las leyes de Estados Unidos de Norteamérica y el estado de Nevada, los declaro esposo y esposa, puede besar a la novia - todos aplaudieron y Apolo se abalanzó rodeando a la novia con sus brazos y le dio un beso bastante largo y pronunciado hasta que tuvo que separarse en busca de aire.

Estaba hecho, estaban casados. La anterior pareja aplaudía y silbaba mientras la anciana tocaba en el órgano una melodía de recién casados y otra persona traía el pastel y una botella de champaña barata sirviendo a todos para brindar.
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Abigail T. McDowell el Sáb Ago 08, 2015 2:40 pm

¿Me acababa de decir que sí? ¿Entre esos sonidos me acababa de decir que sí, verdad? ¡Iba a casarme con Apolo! En un estado normal, en dónde no estuviera ni ebria ni drogada, probablemente ni se me hubiera ocurrido la estúpida idea de casarme, mucho menos de ser yo la que diera la jodida idea. Es más, mañana cuando nos levantemos verán a la Abi gamofóbica que todo el mundo conoce tirándose de los pelos. O no, realmente se estaba casando con Apolo, su amigo. Lo verdaderamente chungo sería casarse por amor. ¿Quién narices hace eso?

Pero ahora mismo no cabía en su felicidad. Su mente estaba increíblemente feliz y su rostro lo reflejaba con cada sonrisa y cada salto repentino de felicidad. Apolo fue el encargado de acercarse a Batman (pues a mí me daba vergüenza hablar con semejante celebridad) y nos indicó qué teníamos que hacer. No tardamos en seguir a la anciana, la cual nos puso los papeles delante para firmarlos. Eso sí, nos faltaba lo esencial.

¡Los anillos! —la anciana sacó unos anillos bastante cutres, pero teniendo en cuenta mi estado, me parecían todos preciosos. Apolo fue el encargado de pedir el pack completo, que nos proporcionaba de todo lo necesario para que fuera una boda alucinante—. Tío, vamos a casarnos , juju—le sujeté del brazo, me mordí el labio inferior y di unos saltitos. ¿Qué narices hacía el éxtasis y en dónde había dejado a Abi y al Apolo racionales?

Entonces fuimos a presenciar la primera boda, de la cual éramos testigos. Me pasé todo el rato con las manos unidas a la altura del pecho, mirando aquello con suma admiración. De verdad, ¿dónde se había quedado la razón? Cuando terminaron de casarse, en apenas unos minutos, ambos se dirigieron a dónde marido y mujer estaban firmando para poder firmar como testigos de su preciosa boda. Yo aplaudía constantemente a todo. A los novios, a Batman y su increíble discurso emotivo y sobre todo, a la anciana. Esa anciana era la caña.

Apolo y yo entonces nos vestimos con aquellos vestidos super galantes que olían a mierda, pero no importaba, en aquellos momentos todo parecía surrealistamente perfecto. Ya habría tiempo de reírse de nuestra estupidez mañana cuando nos despertaramos con una resaca increíble.

Todo comenzó y yo estaba temblando. ¿Estaba temblando? ¿Por la efusividad? ¿Porque una parte de mí me estaba alentando a irme corriendo? No, claro que no. ¡Era por la efusividad! Quería mucho a Apolo como para no querer casarme con él.

¡Si quiero! —Nunca imaginé que esas palabras salieran de mi boca, pero sí, salieron y en un tono alto y muy emocionado—. Yo, Abigail McDowell, te tomo a ti Apolo Damian Masbecth para que seas mi legal y amado compañero. Prometo quererte y respetarte así como me uno a ti, en enfermedad y salud, hasta que la muerte nos separe —Y le coloqué el anillo en su dedo anular.

Entonces, cuando Batman nos declaró marido y mujer, Apolo se abalanzó hacia mí y me besó. ¡Eso sí que no me lo esperaba! Cuando nos separamos, miramos a nuestro gran público. ¡Ahí estaban nuestros queridos testigos! Se llamaban Paola y Rodrigo y eran tan guays como la anciana que tocaba el órgano. Estaban aplaudiéndonos como si fuéramos los reyes de Las Vegas y no tardaron en aparecer nuestro trozo de pastel acompañado de una copa de plástico rellena de champán.

Todos cogimos la copa de champán con una mano y el trozo de tarta con la otra mano.

¡Brindemos! —dije yo, sin saber muy bien por qué brindar.

¡Por el amor! —dijo Rodrigo.

¡Por Las Vegas! —añadió Paola.

Las copas de plástico en vez de hacer “chin” hicieron “puf” al chocar plástico con plástico, pero fue suficiente como para llevarnos el líquido en la boca. Esta noche me estaba superando. ¿Cuántos tipos de alcohol había mezclado ya? Luego miré la tarta y no tenía nada de hambre. Así que cuando fuimos a firmar Apolo y yo la confirmación y Paola y Rodrigo lo de ser testigos, dejé mi tarta en la mesa como quién no quiere la cosa.

Busqué a Batman con la mirada y le señalé con el dedo índice.

¿Podría sacarnos una foto? —le pregunté, aunque él fue bastante efectivo en sacar de debajo de su mesa una cámara instantáneas. Nos colocamos en medio de la capilla, yo al lado de Apolo y guiñé un ojo, saqué la lengua y elevé el dedo anular en dónde tenía mi súper anillo antes de que saliera el flash. Después de unos segundos, salió la foto por la cámara. La sujeté y empecé a saltar—. Mira Apolo —solté una risilla de pura borrachera—. Para nuestros hijos —Y me carcajeé allí mismo, tanto que me dolieron hasta las mejillas—. Tengo pipi, ahora vengo —Y salí corriendo hacia el baño.

Minutos más tardes, salí afuera, aun con el vestido de novia de velcro puesto.

¡Tengo mucho calor! ¿Sabes qué deberíamos hacer ahora? —me puse de puntillas para hablarle a Apolo—. ¡Colarnos en un hotel de cinco estrellas y meternos en la piscina para celebrar nuestro compromiso!

¡Nos apuntamos! —dijo Rodrigo. Creo que ese se había metido más éxtasis que nadie. No era normal el tamaño de su pupila.

Se apuntan, dicen —repetí, antes de coger la mano de Apolo y tirar de él para salir corriendo de la capilla.

¡LOS TRAJES! —gritó la anciana.

Pero yo solo pude soltar una risilla maliciosa mientras fruncía el ceño y miraba a Apolo con travesura. Este traje es MÍ traje de bodas. Me lo quedo YO. Aquella noche estaba siendo épica.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Apolo Masbecth el Dom Ago 09, 2015 5:57 pm

Sostuvo la copa de champaña en una mano y en la otra una rebanada de pastel, brindo con todos ellos sonriendo. Sus nuevos amigos habían resultado tener nombres exóticos, y tras preguntarles supo que eran de Colombia, y habían ido de vacaciones con los ahorros de más de dos años, aquello sí que le pareció bastante interesante al mortífago. - ¡Porque sea una noche inolvidable! - agregó contento al brindis comunitario que se estaba organizando. Paola y Rodrigo no llevaban puestos los trajes de novios porque no compraron el mismo paquete que los brujos así que andaban como simples turistas.

Sintió como su amiga le jalaba para ir con el juez- Batman a que le tomara una foto. Él hizo su pose intentando ser serio pero los ojos no se ponían de acuerdo y el resultado final fue que parecía estar bizco. El batimóvil de fondo complementaba muy bien la fotografía. - Es genial, lástima que no tiene movimiento - dijo sosteniéndola para darle un vistazo mejor. Ella dijo que quería hijos y luego se fue al baño. El rubio mientras tanto aprovechó para acercarse a la otra pareja de recién casados. - Nos han caído muy bien, deberíamos de intercambiar datos para estar en contacto - dijo Paola, la mujer de piel trigueña con la sonrisa encantadora. - Si, definitivamente debemos hacer eso, ¿nos das tu correo electrónico? - agregó Rodrigo, el esposo de piel trigueña y ojos azules. Apolo se les quedo viendo sonriendo para luego asentir, él sabía que era un correo electrónico por las cosas muggles que de alguna forma siempre están presentes pero nunca tuvo uno. - Claro que sí, es soyelputoamo@asociaciondemagos.org.uk   - dijo mientras ellos lo anotaban en su teléfono móvil - es que soy mago, ya sabes, sombrero de copa y conejo - sonrió y ellos se rieron, en esos momentos apareció su ahora esposa con una idea tanto descabellada como genial.

No hizo falta que aceptara, fue arrastrado junto con los demás fuera de la capilla escuchando los gritos de la anciana y el Batman pero ninguno de ellos se detuvo para ver sus rostros. Apolo llamó a un taxi a media calle y al detenerse todos se subieron dentro. Su esposa apenas y cabía con aquel vestido abultado que los colombianos tuvieron que ir bastante apretados en el asiento trasero mientras el rubio iba de copiloto. - Nos lleva al hotel con la mejor piscina por favor - soltó mientras el conductor lo veía con cara extraña pero no dijo nada, los llevo hasta la entrada de un hotel bastante elegante.

Al bajarse fueron por la parte trasera del hotel buscando alguna entrada, la de los empleados pues según Rodrigo todos tienen una y son menos vigiladas. Lograron encontrarla y cuando una mujer de la limpieza salió a fumarse un cigarrillo aprovecharon para colarse dentro sin ser vistos. Estaban en el área del sótano, corriendo por largos pasillos subterráneos hasta dar con unas escaleras y letreros que indicaban las áreas comunes del hotel, lo que significaba una cosa, piscina y bares. Subieron y se encontraron con una fiesta en el área de la piscina. Música electrónica, mujeres en trajes de baño y hombres alcoholizados mientras bailaban.

Apolo sujeto la mano de Abi llevándola hasta la orilla de la piscina donde la gente se hizo a un lado y se arrojaron dentro en una especie de clavado mal hecho pero logrando caer con los pies primero y no de panza. La gente aplaudía y silbaba al ver que iban vestidos de recién casados. Sus amigos colombianos los siguieron y nadaron de orilla a orilla. Al parecer el conductor no entendió lo que le pidieron y los terminó llevando a una fiesta muy concurrida, pero solo unos pocos se metían al agua. Las dos parejas y otras personas fueron las únicas valientes. El rubio se quedó inmóvil logrando flotar sobre la superficie y escupiendo agua de la boca como si fuese una fuente humana. Aquello normalmente le resultaría asqueroso pues nunca se sabe que tanto hay en esas piscinas comunitarias pero en esos momentos ni siquiera se puso a pensar en ello.
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Abigail T. McDowell el Mar Ago 11, 2015 2:45 am

Hacer pipí con aquello era un martirio. Entre que abultaba un montón y que estaba mareadísima se me hizo una tarea tremendamente difícil. Por suerte, la misión de hacer pis por dentro fue todo un éxito. Luego volví a salir al exterior y no dudé lo más mínimo en pillar a Apolo y sacarlo de allí corriendo. ¡Le había dado todas las fichas del casino! Estaba más que amortizado ambos trajes e incluso un batmovil nuevo.

Apolo paró a un taxi en nuestra huída de capilla y tanto Paola, Rodrigo como yo nos metimos en la parte de atrás del taxi de la única manera que cabíamos, que era yo en medio porque era la más bajita para no molestar a la visión del conductor. Aunque probablemente todo el traje estuviera molestando al conductor por todos lados. Paola, Rodrigo y yo nos pusimos a cantar como locos en la parte trasera del coche, siguiendo las canciones aleatorias que salían en la radio de aquel taxi. Pero gritando. Estábamos GRITANDO, en vez de cantando. Y eso que mi voz era preciosa.

Cuando nos bajamos, volví a unirme a mi marido y ambos perseguimos a Paola y Rodrigo hasta nuestro destino. Fuimos por montón de laberintos corriendo y a hurtadillas, pasando desapercibidos. O intentándolo, ya que íbamos vestido de novio y novia. Realmente no fueron laberintos, pero estaba alucinando tanto con todo aquello que me parecía que estábamos en un laberinto profesional para ratas inteligentes.

Llegamos a una fiesta, pero lo único que mis ojos podían vislumbrar era la increíble piscina que había en el centro. Apolo me sujetó de la mano y corrimos hacia la piscina, tirándonos al interior como si fuera estuviéramos huyendo de una llamarada. El agua estaba climatizada, por lo que no estaba extremadamente fría. Me hice un lío con el vestido y no tardé en ir a dónde estaba el velcro y separarlo, quitándome el traje y dejándolo en la piscina flotando. Miré entonces a todas esas personas que nos estaban mirando.

¡Oh, vamos! ¡Hasta que salga el sol! —grité, saltando en medio de la piscina para que todos se unieran a nosotros.

Contra todo pronóstico (ya que probablemente la gente que estaba allí de fiesta también se hubieran tomado más de un éxtasis, ya que parece estar de moda), muchos dejaron sus bebidas y se tiraron. Aunque hubo gente que ni dejó su bebida en un lugar seguro y simplemente se tiraron a la piscina. De repente el agua empezó a rebosar por todos lados y la pista de baile parecía haberse convertido allí dentro. El DJ subió el volumen de la música. La típica música perreosa de Beyoncé que te hace mover absolutamente todo el cuerpo. Entre Beyoncé y Lady Gaga estaban todas las canciones que sonaban. La gran mayoría de las personas, incluida yo, nos pusimos en la zona de la piscina en dónde prácticamente el agua nos llegaba por las piernas, ya que era una piscina que parecía ir progresivamente a lo más hondo.

Aquello se había desmadrado y lo único que mi cuerpo pedía era música, alcohol y baile. Todo parecía ir a cámara lenta y podía decirse que era la primera vez que me deshinibía tanto en una fiesta y me sentía tan INCREÍBLE.


Al día siguiente…

Estaba deshidratada. Mi boca estaba pastosa y si no bebía agua rápidamente iba a darme una deshidratación inmediata. Abrí los ojos lentamente, sintiendo como estaban llenos de legañas y de lágrimas debido al cansacio que estaba experimentando. Cuando abrí los ojos me encontré de frente con un culo. Sí, un maldito culo. Me levanté de golpe y cuando quise darme cuenta, estaba encima de una alfombra en medio de un piso que no sabía de quién era. Miré a ambos lados, primero en busca de la cocina y luego en busca de Apolo. Desde que di con la cocina caminé hasta allí, sintiendo como toda mi visión se ponía negra y me daba un increíble dolor de cabeza. RESACA. MUCHA RESACA. Me fui a servir un vaso de agua, pero cogí la garrafa y bebí directamente de ella.

Luego fui a paso lento (de tortuga coja) en busca de Apolo por todo el piso. Debía de estar ahí. ¿Y si no estaba ahí dónde estaría? No tenía mi varita. Tampoco sabía dónde estaba. ¿Qué hora era? ¿Y el vuelo de regreso a Londres? De repente me estresé.

¿Apolo? —pregunté abriendo el baño, encontrándome a una mujer haciendo sus necesidades.

¡Oye! —gritó la mujer.

Cerré la puerta tras de mí, observando mi cuerpo en un espejo. Tenía unos pelos de loca y me dolía increíble el labio inferior. Me lo toqué y era un dolor intenso. Me acerqué al espejo y me sujeté el labio, dándole la vuelta pues sabía que era un dolor interior. Al hacerlo, vi en color negro, recién tatuado por sus bordes en rojo un “FUCK ME”. Me quedé muerta al verlo. Pero qué puta soy estando borracha como para tatuarme esa puta mierda. ¿Cuándo me había hecho eso? MENOS MAL QUE NO ME DIO POR TATUÁRMELO EN LA PUTA FRENTE.

Me acerqué al teléfono y lo descolgué, mirando los números. ¿A quién narices iba a llamar? Suspiré y me llevé la mano al puente de la nariz, intentando pensar razonadamente e intentando que no me explotase la cabeza del dolor. ¿Cómo era posible que no me acordase de la mitad de la noche? Nunca me había pasado algo por el estilo.
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Apolo Masbecth el Vie Ago 14, 2015 11:31 pm

Por más que seguía corriendo el rubio no dejaba de pasar por el mismo sitio. Una vieja casa abandonada con una puerta en color amarillo la cual se abría al momento que él pasaba frente a ella. Se quedaba mirando por unos segundos hasta que observaba un par de ojos rojos que lo veían en la oscuridad de esa casona. Apolo continuaba corriendo intentando escapar de ahí pero siempre regresaba, por lo que dedujo que estaba dando vueltas. Al aceptar su destino se detuvo frente a la puerta y comenzó a caminar hacia ella la cual poco a poco se abría más para dejar entrar al mago curioso. Estiró la cabeza a escasos centímetros de esta cuando una luz tan blanca y pura lo cegó imposibilitando que viera lo que había dentro. Escuchó voces también y alguien lo tocaba mientras daba manotazos intentando liberarse para huir por su vida.

Cuando logró enfocar y recuperar la vista pudo ver el rostro de alguien con un bigote gracioso, estaba a escasos centímetros de su rostro e intentaba besarlo pero el rubio se hizo a un lado rodando sobre la cama hasta caer al suelo. - ¿Qué? ¿Qué ha pasado? - se levantó de un salto hasta quedar de pie y notar que estaba en la habitación de hotel donde se hospedaba junto con Abi. Las persianas de la ventana estaba abierta y los rayos del sol era lo que le encandilaron. Un hombre desconocido estaba sobre la cama y se mostraba sumamente interesado en el mago. Aparte de ellos dos había una pareja sobre los pies de la cama abrazados roncando profundamente.

- ¿No recuerdas nuestra noche de pasión desenfrenada? Involucró a los cuatro - dijo aquel hombre con bigote gracioso señalando al hombre y la mujer que dormían plácidamente. - Mierda, no es verdad - se colocó la mano sobre el rostro claramente apenado por todo y en ese momento se dio cuenta que llevaba un anillo sobre en su mano derecha. - Oh si, la novia está en la habitación de al lado con sus amigos, ¿no recuerdas la fiesta en la piscina y como nos regresamos todos juntos? - preguntó aquel hombre quien se presentó con el nombre de David - No lo recuerdo - mintió mientras un flashazo apareció en su mente de cómo se arrojaba dentro de la piscina con todo y traje de novio. Era verdad, se había casado, sería cuestión de tiempo para que todo volviera a su cabeza. - Siento como si alguien hubiese taladrado mi cabeza - mencionó el rubio - lo sé, supuse que eso pasaría por eso he pedido a recepción que trajeran algún medicamento para la resaca, toma - le extendió una caja con pastillas y un vaso con agua - gracias - dijo leyendo las instrucciones y se tomó dos pastilla con el agua pero se tuvo que recargar sobre el muro.

- ¿Qué hora es? - preguntó y cuando le dijeron que eran las dos de la tarde se volvió loco - Mi vuelo, ¡Lo he perdido! Debería estar camino a Inglaterra - dejo el vaso sobre la mesita de noche y salió del cuarto no sin antes ser sujetado del brazo por David - ten, mi número, llámame, anoche estuvo fenomenal - le guiño el ojo y le dio un beso, Apolo estaba tan aturdido que no hizo por rechazarlo. Luego recordó que dijo que su amiga estaba en la habitación de al lado y comenzó a llamar a la puerta tres veces.

Se abrió la puerta y un hombre le recibió, alguien que no conocía pero claramente él si. - ¿Está Abi? - preguntó el rubio mientras el moreno asentía - Apolo, pensamos que te habías ido sin tu esposa, pasa, aquí está Paola con ella - comentó abriendo la puerta y otro flashazo. Ambas parejas en la capilla con un Batman como el juez y una anciana tocando el órgano. El sonido de la puerta cerrándose le dolió hasta el alma. Entró buscando a su amiga pelirroja hasta encontrarla sujetando un teléfono. - Hemos perdido el vuelo  - fue lo primero que se le vino a la mente al verla llevando también aquel anillo. Luego la observó durante unos segundos sin decir nada hasta que sintió como la tierra se movía y todos alrededor, de pronto vio todo oscuro. Se había desmayado y cayó sobre la alfombra.

Al abrir los ojos se encontró con tres rostros familiares. - Tuve una pesadilla horrible, que me había casado y que estaba atrapado en Estados Unidos - dijo viendo a su amiga y a los colombianos. - Ah, mi cabeza - se quejó tratando de levantarse, se sentía bastante mareado.
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Abigail T. McDowell el Sáb Ago 15, 2015 2:53 am

Moraleja: La droga es mala.

Mientras pensaba a quién cojones llamar, me llegó a la mente un recuerdo del camarero dándome su número de teléfono, el mismo camarero que nos había confesado que nos había drogado. Me apreté tanto el puente de la nariz de la impotencia y el cabreo que tenía que hasta me dolió. Por suerte, el sonido de la puerta de la habitación me hizo salir de mi odio mental. Mi mirada se tranquilizó muchísimo más cuando vi a Apolo aparecer por la puerta. Su cara daba pena, posiblemente tanto como la mía, pero por lo menos ya no estaba sola. Es decir, ¿qué narices iba a hacer yo en Las Vegas, sin saber en dónde estoy, sin varita y sin dinero? Y con aquel dolor de cabeza como para intentar aparecerme. Podría terminar con un brazo menos y cuatro dedos en total.

Fui a acercarme a Apolo, pero tras decirme que habíamos perdido el vuelo —algo de lo que ni me acordaba— cayó al suelo desplomado. Solté el teléfono y me acerqué rápidamente hacia dónde estaba mi amigo. Un hombre entró por la puerta y la mujer que antes estaba haciendo sus necesidades se acercaron también a nosotros. Por lo que decían y cómo trataban a Apolo, suponía que nos conocían. Aunque entonces me llegó un flash de anoche… Rodrigo, Paola contra Apolo y yo jugando al ping pong con bebidas alcohólicas. Creo que perdimos Apolo y yo. Me llevé las manos a la cara para tranquilizarme, atendiendo luego a mi amigo y arrodillándome al lado de él.

¿Apolo? ¿Estás bien? —pregunté, a ver si me escuchaba. Respiraba, pero debía de estar probablemente tan mareado y echo polvo como yo—. ¿Paola? —pregunté dubitativa a la chica, la cual me miró como si fuera mi best friend forever—. Trae agua para él, está en la cocina.

Y, entonces, ME FIJÉ EN SU MANO. Y EN MI MANO. ¿Por qué teníamos los mismos anillos? No puede ser… Y sí. Así había sido. No tardé en recordar a Paola y Rodrigo vestidos de novios casándose mientras yo me arrodillaba en frente de Apolo y él aceptaba nuestro compromiso FELIZMENTE. APOLO, POR FAVOR, COMO SE TE OCURRE DECIRME QUE SÍ. Me llevé la mano a la frente y me incliné lo suficientemente como para que mi cabeza llegase al suelo. Qué desgraciada es mi vida. Me caso y encima con un gay. ¡Con un gay! Lo más guay de una boda, que es la noche de boda, Y NO TENDRÉ. Suspiré, dándome cuenta de que mejor estar casada con él que con cualquier desconocido que hubiéramos conocido esa misma noche. Entonces escuché la voz de Apolo y lo miré fijamente, sujetando su mano con el anillo de mierda de color rojo y enseñándole el mío que era idéntico pero de color rosita.

NO —dije claramente— FUE —añadí, mirándole con seriedad— UNA PESADILLA —suspiré y me puse de pie. Paola, muy amablemente, le tendió el vaso de agua a Apolo—. ¿Qué más mierdas hice anoche? ¡Me casé, me tatué, me drogaron, mezclé más esta noche que en toda mi vida y parece como si me hubieran metido tres toneladas de tornillos en mi cabeza! —me quejé—. Podrían haberme violado tres negros que no me enteraría. Me duele tanto la cabeza que no podría notar si me duele el culo —me quejé, cabreada y seria.

Paola, tan simpática ella, se encargó de recordarme todo lo que había hecho.

También pinchaste un castillo hinchable y hubo dos heridos graves que estaban saltando en su interior, entonces tuvimos que salir corriendo de aquel recinto para que no nos pillaran. Terminamos en un hospital, donde se disfrazados de oso y de dinosaurio y fueron habitación por habitación asustando a la gente. Luego, como los guardias os perseguían, robastéis una moto de telepizza y, como consecuencia, nosotros dos tuvimos que robar otra para perseguiros. Como las motos tenían pizzas, nos la comimos en la Torre Eiffel y, como os sentó mal la comida, uno vomitó dentro de la fuente y otro dentro de un coche de policía. No me acuerdo quién fue quién vomitó en dónde...

Me quedé flipando ante todo lo que decía, ya que no me acordaba de nada. Pero le hice un movimiento con la mano para que se callase. ¿Por qué razón pasamos toda la noche con esta gente de acento extraño? Me acerqué a Apolo, ignorando a Paola y a Rodrigo.

Apolo —lo miré, seriamente—. Quiero matar a alguien.
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Apolo Masbecth el Miér Ago 19, 2015 4:11 pm

Las penumbras en las que se encontraba le otorgaron paz y tranquilidad, pero al cabo de unos minutos un dolor tan intenso acompañado de una luz blanca le hicieron cobrar el conocimiento y en consecuencia abrir los ojos topándose con los de su amiga y dos personas de piel trigueña. - ¿Que dices? ¿NO HA SIDO UNA PESADILLA? - se incorporó sentándose en el suelo y mirando de manera intercalada a todos en aquella habitación, a la pareja le siguieron otras personas que no conocía de nada. Se sostuvo la cabeza e hizo una mueca de dolor, la pastilla que le dieron momentos atrás aún no surtía efecto. Tuvo que cerrar los ojos porque la luz natural que entraba por la ventana le estaba calando hasta el cerebro si es que eso podía ser así. - ¿Puede alguien cerrar las malditas persianas? - pidió a modo de quejido y entonces unos segundos después se oscureció el cuarto y finalmente abrió los ojos.

Escuchó con atención como tanto su amiga, ahora esposa y la chica de nombre Paola relataban los hechos sucedidos la noche anterior y conforme los escuchaba se dio cuenta de que en realidad todo eso pasó pues lo estaba recordando a medida que se lo decían, como si viviera la misma película, incluso recordaba con claridad quien vomitó sobre el coche de policía fue él y no Abi. - No lo dice en serio - se excusó con los colombianos por el comentario sobre matar a alguien e intentó levantarse con la ayuda de Rodrigo se sostuvo sobre él y entonces exhaló aire de manera pesada. - Yo no sé cómo es que termine en la habitación de al lado con otras personas - dijo viendo a su amiga y entonces la mujer colombiana abrió la boca.

- Cuando fuimos a la piscina en la fiesta te pusiste a platicar con un chico, no sé de qué hablaban pero se les veía bastante animados y luego de que fuimos a comer la pizza y vomitaron nos volvimos a encontrar a ese grupo de gente y coincidió en que estábamos en el mismo hotel, hicimos una mini fiesta hasta altas horas hasta que decidiste seguir con ellos y nosotros nos dormimos, que raro eres, deberías pasar la noche de bodas con tu esposa no con otras personas - ella habló con bastante propiedad en su voz y Apolo la miró con una ceja levantada y luego a la pelirroja.

Hubo un silencio sepulcral durante un par de minutos en el que ninguno de los dos dijo nada mientras los demás huéspedes los dejaron solos pues bajaron a desayunar mientras ellos aún permanecían en la habitación. - Casados, ¿eh? Que locura, mi madre no se lo va a creer, primero un nieto de un hijo homosexual y ahora una esposa, del género femenino  - tragó saliva intentando reír pero el dolor se lo impedía. -Sigo sin creerlo, es por eso que odio las drogas, te hacen ser la peor versión de ti mismo. Mira que despertar al lado de dos hombres y una mujer desnuda en la misma cama no es reconfortante, estoy seguro que no dormimos simplemente -  se acercó hasta el mini bar por una botella de agua y se la bebió de una sola vez. - Puedes pedir el divorcio, creo que he cometido adulterio bajo los efectos del alcohol - esta vez sí que se rió y terminó sentándose sobre el colchón. - No nos van a reembolsar el vuelo, nos vamos con magia entonces. Mierda mi varita - recordó que se le había extraviado en algún lugar de Las Vegas - bueno, cuando nos comencemos a sentir mejor que en estas condiciones yo no viajo - finalmente se dejó caer sobre la cama con los pies colgando. - Pide algo de comer tengo hambre, esposa mía - dijo con una sonrisa en los labios.
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Abigail T. McDowell el Lun Ago 24, 2015 2:13 am

Aquello era increíble. De verdad. Menos mal que me había casado con Apolo y no con ningún subnormal de Las Vegas del que mi subconsciente borracho se hubiera enamorado la noche pasada. Abi McDowell, la mujer con gamofobia por excelencia y zorra a tiempo completo, casada. ¿Quién iba a decírmelo? Pero estaba tan resacosa que no podía ni pensar en las consecuencias de todo eso. O más bien, estaba tan resacosa que no veía tan mal el haberme casado. Total, fue sin querer. O queriendo pero sin querer. Como bien ha dicho Apolo el alcohol saca lo peor de nosotros. Por suerte sé que es Apolo. Nadie tiene por qué enterarse de nada y seguro que podemos divorciarnos igual de fácil. O no, ¿en realidad qué más da? No voy a casarme nunca.

Los colombianos no tardaron en irse tras mirar a Apolo mal por no pasar la noche conmigo. Yo sonreí de medio lado y, cuando cerraron la puerta, miré a Apolo.

Qué vergüenza de marido. Haciéndose cuartetos mientras su esposa está en la habitación de al lado. ¡Y con una mujer! Si fueran todos tíos tenías un pase. Ya podrías haberme avisado a mí —le di un golpe en el hombro. En realidad no. Yo tríos con dos hombres sí, ¿pero tres hombres para mi sola? No, por favor, seré una zorra, pero esos son demasiados penes a la vez para mí—. Tu madre me adoraría y lo sabes. Sería la mejor pareja del género femenino que podrías tener. Por lo menos no sería un zorro infiel como lo eres tú —lo miré de reojo, sentándome a su lado en el colchón.

Yo también tenía hambre y, por suerte, el servicio de habitaciones en un hotel tan aparentemente lujoso funcionaba a la perfección. Cogí el teléfono y marqué el número que te repiten una y otra vez cuando te encuentras a un botones y que tenía grabado en la mente y nos pedí un buen manjar. Total, no sabía de quién era aquella habitación, pero iría todo a su cargo.

Está en camino, esposo mío —dije una vez colgué, apoyando mi cabeza en su hombro—. Ahora, técnicamente, tengo un hijastro —dije con la mirada perdida—. Este día va de mal en peor… No quieras verme ejerciendo de madre —bromeé, mirándole divertida, ya que obviamente lo decía de coña. Debo de ser tan eficiente de madre como controlándome estando bajo los efectos del extasis, para que os hagáis una idea.

Finalmente, la comida llegó, comimos con suma parsimonia y cuando estaba atardeciendo (ya que dormimos prácticamente hasta el mediodía y “desayunamos” nuestro almuerzo), nos pusimos de acuerdo para volver a Londres después de recoger nuestras cosas en nuestra habitación. Volvemos a nuestro país no con solo resaca, sino con un matrimonio, un tatuaje, una varita menos y dos amigos colombianos nuevos. ¿Rodriga y Paolo se llamaban? Ni idea. No los volveríamos a ver en la vida.
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