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"Heldhaftig, Vastberaden, Barmhartig" [Tea Van der Veen]

Invitado el Mar Jun 16, 2015 6:19 pm

1 de julio
Después del término de las clases


Por regla general no me disgustaba viajar y visitar nuevos países, pero por alguna razón en aquel verano en concreto la idea de irme toda una semana con mi familia a Holanda se me hacía un tanto aburrida. Había intentado convencerles de que estaría bien en Londres y de que podría apañármelas por unos días aunque ellos no estuvieran, pero una vez más sobretodo mi padre aprovechó los poderes de autoridad que ser el patriarca le otorgaba y poco más pude hacer, ya que al parecer no tenía prácticamente elección.

Una vez había aceptado mi tedioso destino y como solía hacer días antes me informé un poco sobre aquel país del que poco había escuchado hablar. Me daba la sensación de que era el típico país cargado de naturaleza y árboles donde lo más apasionante que se podía hacer era ir de caminata o hacer picnics en el campo, sin embargo, lo que me encontré no me desagradó en absoluto.
Al parecer era el país de la libertad, por llamarlo de alguna forma. Lo que más me llamó la atención fueron la cantidad de festivales que solía haber (sobre todo en las fechas que nosotros estaríamos allí) y el "Barrio Rojo". Por lo visto no sólo estaba permitida la droga para consumo personal, sino también la prostitución, que parecía una especie de servicio totalmente legal para los ciudadanos y extranjeros. ¿Podía ser más genial? Todo aquello había despertado el poco interés que tenía dentro de mí, por lo que la idea de ir se me antojó algo más interesante de repente.

Así, una semana más tarde nos encontrábamos con los últimos preparativos para ir hasta el traslador que nos haría aparecer en Ámsterdam en pocos segundos. - ¡Vamos, Damon! – La voz de mi hermano desde la base de la escalera hizo que despertara de mi ensimismamiento, ya que yo había terminado de prepararme desde hacía ya varias horas. Él si se había emocionado nada más conocer la noticia de que nos iríamos de viaje, cosa que era normal en él. Aunque claro, con los amigos que tenía se limitaba a ir a museos, a quedar para ESTUDIAR o a jugar a videojuegos, ¿se podía ser más friki? ¿Qué había hecho mal en mi rol como hermano? Arturo se estaba yendo del rumbo bueno y cada vez era más difícil tratar de meterle en rumbo de nuevo. Al final acabaría cansándose con una muggle y trabajando de dentista, lo veía venir.

- ¿Ya estás preparado Damon? – La voz de mi madre sonaba tan hiperactiva como siempre. – Sí mamá, desde hace mil años. – Exageré, poniendo los ojos en blanco. - ¿Llevas ropa interior de recambio suficiente? – Esta vez la miré con cara de "are you fucking kiddin me", planteándome si simplemente ignorar aquella pregunta, pero sabía que si no le contestaba se pondría de pesada, así que decidí zanjar la conversación. - ¿Tu qué crees? – Mi tono había sonado molesto, pero es que no era para menos. ¿Qué edad se creía que tenía? El año que viene pasaría al último curso de Hogwarts y aún me trataba como si fuera un niño de nueve años.

Cuando llegamos a nuestro destino ya estaba anocheciendo. La ciudad era tal y como la había visto en fotos días antes. A pesar de que aún quedaban un par de horas de sol ya había farolas iluminadas y algunas de las luces decorativas de la ciudad ya comenzaban a encenderse. Miré a mi alrededor satisfecho con lo que veía, a simple vista no estaba nada mal, se respiraba un ambiente tranquilo pero animado a la vez.

Nos dirigimos al hotel de cinco estrellas que mi padre había reservado. Las personas normales quedarían impactadas por aquel ambiente y por aquel recinto, pero yo ya estaba acostumbrado a aquel tipo de lujos. – Buenas noches, señor Harrelson, le estábamos esperando. – Las palabras amables del recepcionista llenaron la sala, que permanecía casi completamente en silencio. – Aquí tiene, habitación 202, segundo piso. Con vistas a la ciudad como había pedido. – Mi padre cogió las llaves, se las tendió a mi madre y se dispuso a pagar el resto de la reserva.

Al llegar a la habitación nos encontramos sobre la mesa una botella de champán y unos entremeses por invitación del director del Hotel. – Es un gran admirador de mi equipo. – Explicó, como si nosotros lo hubiéramos preguntado. Cuando decía "su" equipo obviamente se refería al equipo del que era entrenador, el Fitchburg Finches.

Tras colocar las cosas mi padre había propuesto ir al bar del Hotel a tomarnos algo, pero desde luego yo no tenía ganas de eso, ya que terminaría hablando él solo y sobre los temas que sólo a él le interesaban. – Papá, ¿puedo ir yo a dar una vuelta por la ciudad? No volveré tarde. – Se formó un silencio de unos cuantos segundos y tras estos dio finalmente su consentimiento. Al parecer los aires de Holanda le sentaban bien. – Vale, pero en una hora te quiero de vuelta, que mañana hay que madrugar. – ¿Podría vivir mi padre un día entero sin dar alguna clase de norma u orden? Lo dudaba. Bueno, era algo y llegados a aquel punto era mejor no pedir nada más, por lo que sin mediar muchas más palabras salí del recinto y me encontré en mitad de la ciudad, que rezumaba vitalidad por cada uno de los rincones. Sopesé a dónde debía dirigirme y sin tenerlo muy claro comencé a andar sin un rumbo fijo, fijándome en la tiendas y los bares de alrededor. “¿Se venderá marihuana por aquí?”
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InvitadoInvitado

Invitado el Lun Jun 29, 2015 3:27 am

Ha pasado un mes desde que salí de Hogwarts y parece que todos los años que pasé por allí se esfumaron en cuestión de segundos. Todo había pasado tan rápido, la entrega, la ceremonia y ahora BOOM! universitaria. No era que no estuviera emocionada, nuevos amigos, mejores fiestas... pero también había dejado cosas atrás que siempre añoraría y también esta eso... Axel. No recuerdo a cuantas fiestas he ido, y no por la diversión sino para olvidar ciertas cosas sobre él, sobretodo las que me hacen sentir cosas raras.

En fin. Estaba en casa. Me encantaba mi tierra y sus costumbres. El verde y la tranquilidad de sus calles. Pero sobre todo la marihuana. Que si, que la podría conseguir en cualquier lugar fácilmente, pero que mejor aquí que es legal y encima puedo hacerlo en una cafetería. Así que salí con mi vestido amarillo y mis vans negras a por un poco de felicidad chutada. Venga tía. Día nuevo, vida nueva. Las penas al río. Soy una dramática joder. Cuerpi sani menti sana ¿Cómo era eso que me dijeron? Entre en la primera cafetería que era para fumadores sin pensármelo demasiado. - Hola, un té de melocotón y una maría por favor - No me había acomodado el culo y ya me habían atendido. ¡Qué eficiencia oye!

Pasó una hora desde mi primer pedido y reclamé otra María. Lo encendí y me quedé en modo ameba mirando hacia la nada mientras olía la maría. Será estúpido... Tea estudia. Ya verás cuando seamos universitarios Tea, va a molar mucho. Estaremos juntos en la universidad, ya verás. FALACIAS. MENTIRAS. Aquí estoy pasando mis últimas vacaciones para ser luego una universitaria oficial. ¿Y Dónde demonios estás peque? Me lo prometiste... me dijiste que iríamos juntos. Traidor...  ¡No! No ... Esto ya lo tengo superado. Día nuevo, vida nueva he dicho joder, hostia, puta, ya. Hombre de dios. Suspiro y me tomo un largo sorbo de té. - ¡Mentiroso! - Grité. Y seguí tan tranquila con mi té, hasta que me di cuenta como me miraba una señora. - A lo suyo señora - Me di cuenta que me estaba pasando cuando el camarero miró para mi con cara de muy pocos amigos. - Ni el té se puede tomar uno tranquilo oye - Di un sonoro sorbo a mi té molesta. Sé que estaba actuando como una infantiloide pero tenía la cabeza con un potaje mental de sentimientos de mierda y aún María Juana no me hacía el efecto deseado, solo me daba hambre cada vez más ¿Y la risa boba? Me están estafando. Hazte universitaria decía... Será divertido decía... Te echo de menos. Idiota.
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InvitadoInvitado

Invitado el Mar Jun 30, 2015 10:02 pm

Llevaba ya un rato deambulando por la ciudad sin un rumbo determinado, fijándome en cada uno de los detalles de la misma. Lo que más me llamó la atención fue la cantidad ingente de luces que adornaban todos y cada uno de los edificios, también había luces en los árboles y a los lados de la calle, de hecho me hacía gracia que hubiera farolas, ¿acaso hacían falta? Había personas yendo de un lado a otro, muchos de ellos eran jóvenes que iban en grupos portando bebidas en las manos, por lo que supuse que beber alcohol en la calle también estaba permitido allí. No sabía muy bien a dónde dirigirme, pero no me importaba, el lugar era agradable y yo no tenía prisa por encontrar ningún sitio en concreto. Lo cierto era que apenas conocía nada de allí a pesar de haber leído cosillas antes de ir, así que pensaba improvisar.

Tras un rato llegué a una zona donde había una especie de largo río que atravesaba gran parte de la ciudad y a los lados del mismo un sinfín de bares, tiendas y casas en las cuales entraba y salía gente sin cesar. Me fijé un rato en el paisaje y finalmente decidí entrar a uno de esos establecimientos, eligiéndolo completamente a voleo y sin tan siquiera saber qué pedirme. Además en teoría no podría estar mucho rato ya que mi padre me había dado órdenes explícitas de volver a una hora determinada. "Puto pesado."

Aquel lugar en concreto no parecía tan abarrotado como el resto, cosa que en parte agradecí, ya que no me apetecía demasiado aguantar tanto bullicio. Caminé un poco inseguro hasta la barra y esperé a que el camarero se percatara de mi presencia y viniera hacia mí. ¿Me darían alcohol aunque fuera menor de edad? Era una buena pregunta. - ¿Qué le pongo? - Medité un instante, el camarero no parecía tener mucha paciencia, así que me estresé y pedí lo primero que se me vino a la cabeza. - Quiero una cerveza. -Viva la originalidad. "¡Mentiroso!" Aquella palabra llenó por un momento el local, que hicieron que gran parte de los allí presentes se giraran en dirección al foco del sonido, incluído yo. "Coño, ¿a esa chica no la conozco yo?" Entorné un poco los ojos para fijarme mejor, pero un hombre se puso en medio y tuve que alongarme hacia un lado para poder mirar, pero ¡zas! Otra figura salvaje apareció, haciendo que en aquella ocasión tuviese que levantarme incluso para volver a mirar, parecía imbécil. "¿Se han puesto todos de acuerdo o qué?" Una vez conseguí tener una visión clara de quién se trataba no dudé en acercarme a ella, olvidando por completo mi pedido.  - ¡Hola! - Sin pensármelo demasiado ni pedir permiso me senté en la butaca que había a su lado. - Eres... ¿Tea, no? - Creía recordar que ese era su nombre, aunque mentiría si dijese que estaba cien por cien seguro.  - Qué casualidad. - Comenté con una sonrisa en los labios. "Qué buena está tú" Era inevitable tener pensamientos impuros con aquel tipo de mujeres.  - Soy Damon, ¿me recuerdas? Creo que hemos coincidido en alguna clase.

En ese momento fijé mis ojos en una pipa que sostenía en una de sus manos y no pude evitar sentir curiosidad al respecto. - No será eso... - Le dije, señalándole el objeto y deseando que se tratara de lo que estaba pensando. Nunca había probado la marihuana ni nada parecido, pero me habían hablado de ella y parecía ser la ostia. En caso de que no fuera eso, ¿sabría ella dónde se podía comprar? Joder, ahora que lo pensaba, ¿no sería ella de allí? Hay días en los que la suerte está de tu lado y aquel parecía ser uno de esos maravillosos días.
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