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Confidence Man. {Drake Ulrich}

Stella Moon el Sáb Jun 20, 2015 2:29 pm

Tenía unas semanas de vacaciones en el trabajo, y los primeros días había estado en casa. Eran esos días en los que no había absolutamente nada que hacer, y aprovechaba para hacer el vago y recargar las pilas para volver a salir a la calle y hacer cosas todo el tiempo, pues yo era una persona bastante activa y estar tirada en cada mirando al techo no era una de mis actividades favoritas, pero de vez en cuando no estaba mal hacerlo.

Hoy no estaba sola en casa. Fly había salido a trabajar, pero Drake estaba en la casa, haciendo cosas. ¿Qué cosas? Pues no tengo ni idea, pero tampoco me he puesto a cotillear mucho. Si en el pasado me hubiesen dicho que iba a acabar compartiendo casa con Drake Ulrich habría empezado a partirme el culo de la risa. ¿Yo, compartiendo casa con Drake Ulrich, el Hufflepuff más Hufflepuff de la historia? Por favor... Pero había pasado. El tejoncito se había mudado con su novia después de que todas sus amigas la habían palmado, así que ahora le veía todos los días. Era muy divertido, la verdad, y también útil. Soy una espía de los mortífagos, cosa de la que ellos no tenían ni idea, y vivir con dos miembros de la Orden del Fénix en la misma casa era buenísimo. Ellos pensaban que yo era una víctima de la mala influencia de la mala gente que nos había rodeado en Slytherin y en la sociedad de los sangre limpia pero que hace años me había reformado y había escogido el buen camino. No sospechaban que jamás fui una víctima de la mala influencia ni que me reformé, sino que estaba espiándoles a ellos y a toda la Orden. Aunque no fingía ser su amiga. Tenía mejores amigos entre los mortífagos, y si tenía que luchar contra estos dos lo haría... pero me caían bien. Vivir con ellos no era aburrido, y me llevaba bien con ellos. Así que todo iba bien por estos lares. Drake ni siquiera sospechaba ni de lejos que yo era la que le había atacado en Hogsmeade. El pedrusco gigante que le tiré a la cabeza le dejó medio tonto y no se acordaba de muchas cosas, y aunque Fly no paraba de hacer chistes sobre mi condición de licántropa y pregonándolo por toda la casa, Drake jamás pensó ni por un segundo que le había atacado una licántropa y que esa preciosa lobita era nada más ni nada menos que yo. Pues genial, porque si no tendría que dejarle más que tonto.

Mientras Drake iba por la casa haciendo sus cosas y atendiendo sus asuntos, yo estaba tirada en el sofá tan tranquila. Hacía mucho calor, y llevaba puestos unos pantalones negros ajustados y un top azul sin mangas. No me había molestado en ocultarme la Marca Tenebrosa. Como ya decía antes, todos los de la Orden pensaban que yo había sido una víctima de la mala influencia purista a los diecisiete años y que hacia años que me había reformado y ahora era buena e inocente y estaba de su lado, apoyándoles en la guerra contra las Artes Oscuras. Por lo tanto, en vez de molestarme en ocultarla con ropa o maquillaje o hechizos, la dejaba a plena vista, al menos cuando estaba en casa.

Estaba aburrida, y no quería estar tirada en el sofá todo el tiempo, pero tampoco tenía nada que hacer. Miré la televisión entonces, y vi las consolas que Drake había traído con él cuando se había mudado. Él jugaba muchísimo con ellas, y recuerdo que mi hermano también estaba viciadísimo a ellas. Había jugado varias veces con él, y hasta que se transformó en vampiro yo siempre le gana a porque mis reflejos eran mucho mejores. Pero cuando su vampiros no agudizó sus sentidos y estuvimos a la par, las cosas de volvieron mucho más reñidas. Me levanté del sofá entonces y encendí la televisión y la consola entonces, pues me apetecía jugar. Total, si no tenía nada mejor que hacer... Cogí las cajas de videojuegos que había ahí y abrí la caja de Call of Duty: Black Ops. Cogí el mando de la consola y me volví a sentar en el sofá, atenta a las imágenes del videojuego en la pantalla. En el menú puse el modo Zombie, y me puse a jugar. Al principio fue facilísimo, pues los zombies eran bastante lentos y era facilísimo dispararles. Rápidamente fui subiendo de nivel, y con cada nivel que subía había más zombies y eran más agresivos y rápidos. Pero mis reflejos también eran excelentes, así que no me mataron.

-¡Muereeeee!- exclamé mientras disparaba sin piedad a todos los zombies.


Ropa.:
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Drake Ulrich el Miér Jul 01, 2015 2:02 pm

Por norma general, cuando el Ministerio me da tiempo libre que poder gastarlo en mí, me desentiendo de cualquier obligación. Me gustaba perder el tiempo haciendo nada, jugando o viendo películas. Eran acciones vacías que realmente no me aportaban nada, pero que con entretenerme tenía. Sin embargo, este fin de semana no tenía pensado hacer nada de eso.

Había estado algo estresado en el trabajo por la desaparición de un compañero Auror desde hacía ya varios días y había estado intentando buscar el motivo o el lugar. Me llevaba especialmente bien con esa persona; no éramos íntimo (y menos mal, porque en tal caso ya estaría muerto como Willow, Katerina o Alicia) pero salíamos bastantes veces a tomarnos una copa y hablar de nuestras cosas. Realmente era la única persona de mi mismo sexo con el que compartía tantas cosas, ya que normalmente soy un hombre con más amigas que amigos.

Seguí el rastro de mi compañero y lo último que había hecho era ir a una misión en Alemania en solitario. Al saber eso, me acerqué a su mesa para intentar buscar todo tipo de pruebas que me dijeran para qué clase de misión había ido a Alemania por su propia cuenta. Encontré dos informes, en cuya parte posterior ponían: “Misión Harkness” y “Jeremy Harkness”. Cogí ambos informes y antes de que nadie me viera husmeando en la mesa del compañero por el que nadie se preocupaba, me fui.

Actualmente estaba en la cama de Fly y mía, sentado sobre ella en calzoncillos mientras observaba todos esos informes. Uno hablaba de la misión y el otro tenía todo tipo de información sobre la persona en particular a la que mi compañero había ido a encontrar.

El problema era… ¿Una vez en Alemania, cómo podía saber yo por dónde empezar a buscar? Suspiré, porque sabía que había sido en Berlín, pero no era precisamente el sitio más pequeño del mundo como para ir deliberadamente a buscar en cada rincón.  Me estresé después de una hora leyendo cosas repetidas y escuchando a Stella matar zombies desde allí y me levanté para ir a servirme una bola de helado. Al levantarme, tiré sin querer uno de los informes, el cual se deslizó por el suelo y del cual cayó un pequeño post it. Lo cogí y en él ponía una dirección. Mis ojos se iluminaron.

¡ALELUYA! —grité, corriendo a la silla más cercana para ponerme unos vaqueros y una camiseta. Me tiré en el suelo y me puse unas playeras, para luego salir corriendo de mi habitación y ponerme delante de la televisión que estaba mirando Stella, llamando claramente su atención— Eres muy mala a eso, préstame atención a mí —y me puse a bailar delante de ella— ¿Sabes Sven Riley? El que está en la Orden y también es auror —le ubiqué— Pues lleva desaparecido desde hace tres días y nadie se está encargando de su caso. He estado husmeando entre sus archivos y los informes de la misión que fue a hacer y… ¡TACHÁN! —le tiró encima el post it con la dirección— No sé lo que es, pero es lo más cerca que estoy de él. Esa dirección está en Alemania y te necesito porque no tengo ni idea de dónde es, pero se ve que se había tomado la misión totalmente por su mano —le dijo claramente, aprovechándose de su posición en el Ministerio— Según tengo entendido fue detrás de Harkness. ¿A quién se le ocurre ir solo contra Harkness? —dije eso último con algo de rabia e impotencia, ya que solo Sven se creía el Rey del mundo para ir contra alguien que es famoso por sus delitos, él solo.
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Stella Moon el Sáb Jul 11, 2015 2:05 am

Estaba en racha matando a los zombies del videojuego. Cada vez salían más y más y les mataba a todos sin parar. ¡Me encanta este juego! Violencia gratuita sin necesidad de mancharme yo misma de sangre y tener que cambiarme de ropa después. Era un coñazo cada vez que me iba a alguna misión de los mortífagos y acababa manchada de la sangre de quién fuese que habíamos a ido a matar, porque tenía que tener cuidado de que no me viesen Fly y Drake con esas pintas cuando volvía a casa y tenía que lavar la ropa súper rápido en vez de tirarme directamente en la cama tal cual a dormir la siesta después de un trabajo bien hecho.

Mientras mataba zombies alegremente ignoraba completamente a Drake, que estaba en su cuarto haciendo yo qué sé qué cosas. Cosas de Hufflepuffs y de Aurores. Vamos, gilipolleces. Estaba tan tranquila, escuchando solamente los ruidos que emitía el videojuego, cuando de repente escuché un altísimo gritó de ¡Aleluya! de Drake que me hizo dar un bote sobre el sofá y casi me hizo tirar el mando, pero no lo solté. Pero me distraje mirando en la dirección del pasillo que llevaba al dormitorio y por su culpa me atacó un zombie, pero le maté antes de que me matase él a mí. ¡Maldito Drake! ¿Qué le habrá puesto tan contento de repente?

La respuesta a aquella pregunta llegó más rápido de lo previsto. Drake apareció corriendo y se puso delante de mí, bloqueando la pantalla de la televisión.- ¡Oye!- protesté, pues me iba a hacer perder la partida. A él aquello no le inportó, incluso me dijo que era mala. Bufé y arqueé una ceja.- Si quieres puedo practicar con tu cabeza- mascullé entre dientes, dando a entender que más valía que el motivo de su grosera interrupción fuese buena. Yo era siempre maja y todo eso con Drake y Fly, pero de vez en cuando me irritaba y aquello era difícil. Fly ya estaba más que acostumbrada, Drake no sé si lo estará tanto aún.

Mi expresión de molestia fue reemplazada por un ceño fruncido cuando Drake mencionó a Sven Riley. Pues claro que sé quién es Sven Riley, era aquel Auror idiota de la Orden que nos había dado más de un dolor de cabeza a los de más mortífagos y a mí. En una ocasión estuvo a punto de pillarme, pero fui una grandísima perra y conseguí que pillara a otra de mis compañeras en mi lugar, salvándome así el pellejo. No la conocía en persona, así que me dio igual que la llevasen a Azkaban. Si hubiese sabido mi identidad la habría matado antes de que pudiese hablar pero no lo sabía así que no fue necesario. Lo último que supe de Sven Riley fue que fue tras Harkness con la esperanza de capturarle, y Harkness había acabado capturándole a él. Habíamos hablado de ello en la reunión de mortífagos que habíamos tenido hacía dos días, y nos habíamos reído de lo lindo con el tema. Harkness había comunicado a otros compañeros que mantenía vivo a Riley y se estaba divirtiendo mucho con él. Nadie sabía lo que había pasado, no los de la Orden... O al menos eso era antes, porque Drake lo acababa de descubrir.

"¡Pero será hijo de la grandísima puta!" exclamé indignada cuando vi que Drake había encontrado la dirección de Harkness. Sabía que era aquella su dirección porque me la sabía de memoria. En algunos de mis viajes a Berlín le había hecho... visitas, a Harkness. Es que Harkness era mucho Harkness, y yo no me podía perder aquello. No me podía creer que el inútil de tejón que tenía ahora mismo delante hubiese dado en el clavo con su investigación.

Hice un grandísimo esfuerzo para no poner mala cara y para no romperle el mando de la consola a Drake en la cabeza y dejarle más tonto de lo que le dejé cuando le lancé aquella roca en Hogsmeade. En lugar de eso sonreí, fingiendo a la perfección que me alegraba de que hubiese hecho aquel descubrimiento importante para la Orden.

-¡Genial, Drake! Pero a lo mejor sólo es una dirección cualquiera, a lo mejor no es nada- dije entonces, para que no se hiciese muchas ilusiones. Aunque con lo cabezota que es seguro que llama a los de la Orden para avisarles. Tendría que escaquearme con sigilo lo antes posible para poder enviarle un mensaje a Harkness y avisarle de que estaban a punto de pillarle.

Debido a la distracción que había provocado Drake, en Call of Duty los zombies ya me habían matado bien matado hacía mil años, pero aquello ya no me importaba. Seguí escuchando lo que decía y volví a fruncir el ceño.- ¿Cómo que me necesitas, para qué?- pregunté, aunque tenía una idea de por donde se estaba yendo Drake, y no me gustaba. Él criticaba a su compañero y amigo de ir a las misiones por su cuenta, pero es lo que él mismo también hacía, y por la rabia que había en su rostro y su cabezonería estaba segura de que quería ir a Alemania. Ahora mismo. Y de paso arrastrarme a mí con él. Ay, no...
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Drake Ulrich el Dom Jul 12, 2015 12:38 am

A ver, no es que Stella fuera mala a aquel juego, es que yo era increíblemente bueno y claro, en comparación de técnica, pues se notaba la diferencia. Pero tampoco le di mucha importancia a eso. Decirle a una mujer que es mala suele ofenderla, menos a Fly, que se la suda tanto todo que cuando me meto con ella por lo mala que es jugando, me ignora, se levanta y se va. Y no vuelve, que es lo peor.

Pero no era momento ni de hablar de lo mala que era Stella jugando al Call of Duty: Black Ops ni tampoco de las ignoradas que me pega Fly cuando intento ser un novio bueno que se mete con ella cariñosamente. No. Era momento de hablar de mi amigo Sven. ¡Uno de los pocos que tengo! Lo que me faltaba es que también se me muriese. Tenía que ponerme las pilas con mis seres queridos o me iba a quedar solo en este mundo viendo como todos los de mi alrededor mueren lenta y dolorosamente. Me había propuesto esforzarme el doble por todos aquellos que aún me quedaban. Por eso mismo, desde que di con la dirección, fui corriendo hacia dónde estaba Stella para contarle mi descubrimiento. Era sorprendente que alguien como yo descubriera algo y fuera algo BUENO, porque descubriendo cosas soy el puto amo, ahora, siempre son mentira o están mal, por lo que no me extrañaba lo más mínimo que Stella dijera ese comentario de que a lo mejor era una dirección cualquiera y estaba mal.

Es probable, pero hasta que no vaya a mirar no estaré tranquilo —le contesté, observando la dirección con una mirada profunda. No sabía nada, pero había un no sé qué qué sé yo que me decía que eso no había caído de la carpeta por casualidad—. Necesito tu ayuda porque necesito que me lleves a Alemania. Nunca he estado allí; no sabría desaparecerme. Eres la jefa del departamento de transportes, seguro que no te cuesta nada encantar… —me quité le zapato— Este zapato y utilizarlo como traslador —le dije, tirándole mi zapato a la cara. Me encantaba tirar cosas a la cara. Menos a Fly. Los reflejos de Fly eran similares a los de un gato SUPER RETRASADO y siempre todo le daba.

Fue entonces cuando tuve que acercarme a Stella y rogarle. Estaba claro que Sven era importantes para todo, pero también entendía que no todos eran igual de gilipollas que yo, de esos que se dejan llevar por los sentimientos y una mínima pista lo significa todo. Quizás Stella no se llevara bien con Sven o viera todo aquel asunto tan estúpido que no quisiera ayudarme. Pero bueno, yo la ayudaría a ella aunque me pareciera estúpido lo que estuviera pensando. Nunca se sabe la cantidad de ideas estúpidas que pueden resultar siendo beneficiosas. El ejemplo que doy fue cuando sin querer tiré aquella torre del campanario en Hogsmeade que arrasó con casi todo. Estoy seguro que si la mortifaga que estaba peleando conmigo no llega a verse afectada por eso, me hubiera rematado. Fue un estúpida idea, pero oye, sigo vivo.

Me senté a su lado y le quité el mando de las manos para que me prestase seria atención, lo puse sobre la mesa y le sujeté las manos.

Se lo pediría a Fly, pero no está. Y no podría haberme venido mejor que fueras la jefa del departamento de transportes mágicos. ¿Tú crees en las casualidades? Porque yo no. Yo creo en el destino y si eres mi compañera de piso y esta dirección —le enseñé el papelito— me han aparecido justamente hoy, es por algo. Anda porfi —le pedí con la típica mirada de niño débil que siempre solía poner en estas ocasiones. No era teatral, de hecho sentía que debía de ir a Alemania y corroborar que allí no había nada— Si no hay nada nos volvemos, prometido. No me voy a ofuscar en intentar salvar a nadie. Se ve que en eso soy inútil —bromeé—. Pero quizás no esté equivocado —concluí.

Aún no estaba del todo convencido de que mi charla hubiera sido suficiente. Tenía que buscar la manera de que ella ganase algo. Que en realidad con salvar a Sven debería ser suficiente pero… entiendo que ella sea realista y después de tres días ya lo de por muerto. Pero yo no era realista, yo era muy optimista en tiempos de guerra y debía de seguir siéndolo para no volverme loco.

Haré la comida y la cena durante dos semanas seguidas si aceptas —le ofrecí, ya que teníamos una especie de plano de obligaciones en la nevera sobre quién hacía los quehaceres diarios cada día—. Y te daré masajes dos veces por semana durante un mes —¿Yo negociando? MALÍSIMO.
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Stella Moon el Sáb Ago 08, 2015 1:48 pm

Que mi querido compañero de piso viniese a interrumpirme mientras jugaba al Call of Duty y mataba zombies y se pusiese a contarme sus cosas no me importaba, me había acostumbrado a eso y a cosas peores. Que viniese a hablarme de cosas de Aurores y de la Orden y ese tipo de cosas no me importaba, pues trataba esos temas todo el tiempo. Pero que viniese a contarme que creía que sabía donde se había llevado Harkness a aquel condenado Auror sí que me molestaba. Bastante, además, aunque no lo demostrase y en mi rostro solamente dibujase una alegre sonrisa por el supuesto descubrimiento de mi compañero.

Aquello era un gran incordio para los mortífagos. Las veces en las que los Aurores eran eficientes eran muy limitadas, pero cuando lo eran eran un grandísimo dolor en el trasero. Le dije a Drake que a lo mejor la dirección que tenía no era nada, pero él estaba empeñado en ir a investigar para asegurarse. Hice un esfuerzo para no poner los ojos en blanco, porque sabía que la dirección que tenía era la correcta, allí estaba Harkness. Maldita sea, ese mortífago podría haber tenido más cuidado al ocultar su identidad, o podría haber tenido una identidad falsa para que las investigaciones no llevasen directo a su casa. Estaba muy bueno y era muy malo, pero al final era igual de idiota que todos los hombres.

-Está bien, ve a echar un vistazo entonces, no pierdes nada con ello- asentí cuando dijo que no se sentiría tranquilo hasta ir a ver. ¡Que vaya, que vaya! Mientras él se marchaba a mí me daría tiempo a avisar a Harkness muy rápidamente de que el Auror se dirigía a su casa, así le daría tiempo a largarse. Entonces Drake me dijo para lo que le necesitaba, y de nuevo tuve que hacer un esfuerzo para no maldecir. ¡¿Quiere que le lleve yo?! ¡Entonces no va a tardar ni un segundo en llegar! No me daría tiempo a avisar a Harkness para que huyese o estuviese preparado para defenderse. Drake me tiró un zapato a la cara entonces. A tan corta distancia a la mayoría de personas siempre acababa golpeándoles el maldito zapato. ¡Odio cuando Drake tira cosas a la cara! Pero mis reflejos son excelentes, así que atrapé el zapato en el aire con un movimiento tan rápido que casi pareció que no se había movido mi brazo. Le lancé el zapato de vuelta a Drake.

-Lo que me estás pidiendo es ilegal, ¿sabes?- le dije después de que me pudiese hacer el traslador. Tenía razón, no me costaría nada hacer uno con cualquier objeto que pillase, pero hacer un traslador para ir a salvar a un Auror que es un incordio al que que está torturando un compañero mortífago no me hace ni pizca de gracia.- Hay que rellenar un montón de papeleo para que sea revisado y aprobado y...

...y ese papeleo siempre acaba sobre mi mesa para ser aprobado por mí. Así que realmente podía hacer lo que me saliese de las narices a la hora de crear Trasladores, porque podía aprobados automáticamente. Suspiré. No podía decide a Drake que no le llevaría a Alemania o sería sospechoso, y yo hasta la fecha jamás había sido sospechosa. Siempre desempeñaba mi papel de espía a la perfección, y eso a veces implicaba tener que ir en misiones para ayudar a la Orden y perjudicar a mis verdaderos compañeros. Qué se le va a hacer.

-Está bien, voy a hacer un traslador- dije entonces, levantándome del sofá tras escuchar todas las maneras en las que Drake intentaba chantajearme para que accediese. No pude evitarlo y me reí.- Está bien, haz la comida y la cena durante dos semanas. Eso será más por tu propio bien que por el mío, ya sabes lo mal que cocino- era verdad, mis habilidades culinarias eran nulas. O hacia explotar la comida, o la quemaba, o estaba poco hecha, o el sabor era horrible. Era una negada cocinando. ¡Pero era muy buena haciendo postres, sobre todo pasteles! Algo es algo.

Fui a buscar algo que transformar en traslador, y cogí una botella vacía de la cocina que serviría perfectamente, al igual que cualquier otro objeto, pero es siempre mejor coger un objeto que después se pueda tirar por ahí y que no vayamos a echar de menos. Volví a donde estaba Drake para comenzar a hacer los encantamientos que activasen el traslador.

-A ver, dame la dirección- dije, cogiendo el papel que tenía en la mano donde estaba escrita la dirección a la que quería llevarnos. Sí que era la dirección de Harkness, sí... Mierda, odio cuando esta gente es eficiente. Suspiré y conjuré un Acio para traer un mapa que tenía en mi habitación. Era un mapa especial que teníamos en el departamento de Transportes Mágicos. Estaba en blanco, pero cuando decías el lugar que querías ver aparecía allí.- Alemania, Berlín- en el mapa en blanco de dibujó de repente un mapa de la capital alemana. Señalé el lugar al que Drake quería ir.- Es ahí, así que tendríamos que aparecernos en un lugar no muy alejado pero escondido de los Muggles y de posibles espías de seguridad...- ¿Tendrían a gente vigilando? Espero que sí.- Aquí- dije señalando un lugar en el mapa que era perfecto para Aparecerse con un traslador. Hice un conjuro no verbal que hizo que se aparecía en unas coordenadas de humo rojo sobre el mapa.- Son las coordenadas de donde queremos aparecer con el traslador. No vale simplemente decir un hechizo y ya, el traslador te enviaría a la China entonces- le expliqué a Drake mientras yo cogía la botella vacía y la convertía en un traslador, encantándolo con aquellas coordenadas.- Listo, se activará en un minuto- dije mientras miraba mi reloj.

Tenía todo lo que necesitaba para ir a Alemania a hacer aquella repentina locura, y esperé allí con el traslador en la mano mientras Drake se aseguraba de que también lo tenía todo. Puso la mano en el traslador antes de que se activase, y el traslador nos hizo desaparecer de nuestra casa en Londres y sentí como si diese miles y miles de vueltas muy rápido en el centro de un tornado. Aquello era incómodo. Segundos después aparecimos de repente en Berlín, justo en la callejuela solitaria a la que yo quería ir para estar lejos de miradas indiscretas. La mayoría de la gente caía de culo al viajar en traslador, pero yo tropecé y conseguí no esmorrarme tras agarrarme rápidamente a la pared que tenía detrás.- ¿Estás bien?- le pregunté a Drake, buscándole con la mirada para ver si él sí que había caído de culo como bien Hufflepuff.
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Drake Ulrich el Jue Ago 13, 2015 12:40 am

Finalmente, conseguí convencer a Stella de que me hiciera el traslador. Era la única manera que tenía de ir a buscar a mi amigo con la única pista que poseía. Si llego a ir por mi cuenta, no daría con el sitio hasta dentro de montón de tiempo y, si por el contrario, iba al Ministerio a pedir uno, iban a hacerme demasiadas preguntas. Y yo me estreso con las preguntas porque no sé mentir. Así que, gracias a Merlín, vivo con la jefa del departamento de transporte, que hace cosas ilegales por mí. Porque me ama y soy su compañero de piso favorito.

Perfecto, porque a mí me encanta cocinar. ¿Has visto que bien nos compaginamos? —sonreí, divertido, ya que me había puesto contento que accediera a ayudarme.

La perseguí por toda la casa mientras ella buscaba lo que tenía que buscar, sin molestarme en esperar en ningún lado, por si acaso cambiara de opinión por el camino. Además, Fly siempre me decía que ya que hacía las cosas que no se le apetecía, por lo menos la acompañara. Y ahí me veías acompañando a Fly a tirar la basura porque le tocaba y yo sin cargar con ninguna bolsa.

Una vez volvimos a dónde el principio, ella comenzó con el ritual satánico de creación de un traslador. Yo no tenía ni pajolera idea de cómo hacer uno, por lo que la observé con admiración. Como había cogido el mapa, como lo había encantado, como lo había hecho todo. En realidad parecía divertido. Podría aprender y meterme en su departamento, seguro que es mucho más divertido que estar en el departamento de aurores con el puto papeleo de los huevos. Es que mira que en un principio parecía entretenido, pero no. Es una mierda excesiva.

¡Guay! —dije cuando dijo que se activaría en un minuto—. Pues qué fácil. Espera, a ver si tengo todo… —dije, tocándome en los bolsillos, los tenía vacío. Da igual, en realidad no necesitaba nada. Con tener la varita, tenía suficiente—. Estoy listo —Y le eché una última ojeada al mapa, para tener una idea de dónde apareceríamos y a dónde teníamos que ir.

De repente, cuando tocamos la botella y el traslador se activó, todo a nuestro alrededor desapareció y empezó a dar vueltas como si estuviéramos en la atracción más fuerte del mundo. Mi barriga fue la parte más afectada, pero por suerte estaba curado de espanto con la aparición como para soportar al traslador. Una vez se aparecieron en aquel callejón no, no me caí de culo. Fue mucho peor. Salí volando hasta caer encima de un contenedor que, por suerte, estaba lleno y fue mucho más acolchado.

¡Aquí! —dije, sacando la mano por fuera del contenedor al ver que me había preguntado cómo estaba. Salí rápidamente de allí y me sacudí dignamente—. Bien lo que se dice bien, no estoy. Acabo de caer en un contenedor, Stella, por favor —dije, indignado—. Vamos —aclaré finalmente, saliendo de aquel callejón muy sospechosamente, ya que era un callejón sin salida. Acabábamos de salir de un callejón sin salida un poco exhaustos por la aparición y todos despeinados por la misma. Parecía que acabamos de tener sexo salvaje detrás del contenedor. Por eso esa mujer del gorro de flores nos miró con esa cara…

Caminé hacia la izquierda y empecé a contar las calles y las casas, hasta que llegamos a la que era. Se trataba, por lo menos desde fuera, de un edificio normal y corriente de dos plantas. La planta superior tenía un cartel que ponía que se vendía, por lo que estaba vacía, la primera planta estaba apagada y, por lo que parecía, tenía sótano.

Es ahí —le dije a Stella, algo nervioso—. ¿Entramos así sin más? ¿Tocamos la puerta? —le pregunté, pidiéndole consejo, ya que, obviamente, yo pienso que es mi más fiel aliada—.  ¿O entramos en plan Rambo, echando la puerta abajo con una patada? Pero vas a tener que darla tú, nunca he tenido mucha fuerza en las piernas —solté una risilla, pues era broma—. Bueno, vamos a acercarnos a ver qué vemos…

Cruzamos la carretera (después de mirar para ambos lados, ya que los alemanes están muy locos conduciendo) y observé a través de las ventanas a las que llegaba. No veía nada relevante.

Entremos —saqué la varita disimuladamente, acercándome a la puerta.
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Stella Moon el Dom Ago 16, 2015 12:11 am

No vi dónde había caído Drake hasta que su mano se asomó desde el interior de un contenedor que había cerca. Si es que solo un Hufflepuff tiene tanta mala suerte como para caer dentro de un contenedor después de viajar en traslador. ¿No podía caerse de culo y ya? Más que tejón parecía un mapache en estos momentos. Drake salió del contenedor algo indignado, y tuve que hacer un esfuerzo enorme para no reírme por lo ridículo de la situación. En cuanto Drake se acercó a mí arrugué la nariz.- Madre mía, ¿sobre qué mierda has caído? Ahora apestas- dije mientras me apartaba un paso de él y agitaba la mano en el aire frente a mi cara.- Vamos, no hay tiempo que perder…

Salimos del callejón, e ignoré a la vieja alemana que había ahí cerca y que nos miró mal. No era difícil imaginarse qué era lo que estaba pensando la señora, pero esta debía de ser una de las pocas veces en mi vida en las que salgo toda revuelta de un callejón en compañía de un hombre y que sea a causa de haber viajado en traslador en vez de que dicho hombre me hubiese estado empotrando contra la pared. Nos dirigimos hacia la dirección a la que teníamos que ir, a la casa de Harkness. Durante el corto trayecto estuve maldiciendo mentalmente a Drake y a su amigo y a media Orden, pensando en qué iba a hacer ahora. No le había dicho a nadie que íbamos a venir aquí los dos, ¿o sí? Creo que no, pues después de que yo accediese a traerle aquí me había estado siguiendo cual perro y no había avisado a nadie… Puede que efectivamente nadie supiese que estábamos aquí. Si Drake desapareciese de repente nadie se daría cuanta hasta que fuese demasiado tarde, y yo no me metería en problemas…

Llegamos a nuestro destino. Podría noquear a Drake y entregárselo en bandeja de plata a los mortífago que había dentro de esa casa. En el fondo me daría pena que Drake muriese, pero sería culpa cuya por haberme pedido a mí precisamente que le acompañase aquí en vez de a su novia. Además, ¿qué iba a hacer yo? ¿Entrar allí y atacar a los de mi verdadero bando para salvar a un Auror que era como un grano en el culo? O, Drake no podía salir bien de esta… Pero mejor sería seguir con las apariencias hasta que estuviésemos dentro de la casa.

Cuando Drake hizo aquellas preguntas fruncí el ceño y le miré estupefacta.- ¿Pero tú cómo mierdas aprobaste el examen de Auror, Drake?- era una pregunta completamente sincera.- Estoy segura de que si llamamos a la puerta te va a abrir- dije con todo el sarcasmo del mundo en la voz.- Y no podemos entrar a lo Rambo, ¡estamos en medio de la puta calle! ¿Qué quieres, que los Muggles llamen a la policía y lleguen en medio de la bronca que se va a armar ahí dentro? Si sales vivo de ahí los del Ministerio te van a retorcer el pescuezo. Además, no podemos tirar la puerta abajo sin más, ¡habrá hechizos de protección!- me estaban entrando ganas de agarrar un cubo de la basura de la calle, levantarlo y darle con él en la cabeza a Drake por sugerir semejantes estupideces, aunque el hecho de que él era estúpido me lo ponía todo muchísimo más fácil a mí.

Drake estaba completamente dispuesto a entrar, y yo le detuve. Si él intentaba forzar la puerta iba a activar los hechizos de seguridad, y nos lloverían las maldiciones desde dentro. Los mortífagos éramos más de lanzar las maldiciones primero y preguntar después, cosa que en aquellos momentos no me beneficiaba en absoluto. Si íbamos a entrar al menos quería hacerlo sin que me dejasen tiesa en un segundo, ese era un destino que solo Drake debería sufrir.- Espera, Drake, quita- dije mientras le apartaba de la puerta.- No están protegidos por un Fidelio, eso es bueno. O a lo mejor sí, pero la nota estaba escrita por el Guardián… En todo caso, recuerdo que los mortífagos tenían más cuidado que los de la Orden con los hechizos que le ponían a sus casas.- Alcé mi brazo, dejando mi propia Marca Tenebrosa al descubierto, y posé el tatuaje de la calavera y la serpiente sobre la puerta de entrada de la casa de Harkness. A Drake no debería extrañarle para nada que yo supiese como entrar utilizando aquel método, pues después de todo al ser una supuesta mortífaga reformada lo lógico sería que recordase aquel tipo de cosas. Aparté la Marca Tenebrosa de la puerta, y mi tatuaje brilló con un suave destello verde y entonces la puerta de entrada se abrió, permitiéndonos el paso.

No nos encontramos a nadie cuando entramos, y aquello era bueno porque prefería poder asegurarme de que yo no estaba en peligro antes de que aquello se convirtiese en un caos. Alcé mi varita y miré a Drake, todavía fingiendo que estaba de su lado.

-Busca tú en el sótano, yo iré a mirar arriba- le dije. Sabía que en el piso de arriba era donde estaban el dormitorio y el despacho de Harlness, y esperaba encontrarle allí. Si había salido de la casa aquello sería una pena.- Ten cuidado.

Fuimos hacia las escaleras y cada uno fue en direcciones distintas. Yo subí al piso de arriba sin hacer ruido y con cuidado por si me cruzaba a alguien que decidía mandarme una maldición por creer que soy una intrusa. Por suerte no me crucé a nadie por las escaleras ni por el pasillo de la planta superior. Muchas de las puertas de las habitaciones estaban cerradas, ¿habría gente allí? A lo mejor sí, siempre había muchos de los nuestros que se hospedaban en casa de Jeremy Harkness. Encontré su despacho vacío, pero la puerta de su habitación estaba abierta, y…

-¿Gisela?- preguntó Jeremy medio adormilado. Estaba tirado en la cama con solo unos pantalones puestos y si camisa, enredado entre las sábanas. Era un hombre muy apuesto, con rasgos afilados y peligrosos, el cabello negro muy corto, una poblada barba también muy oscura y corta, y cuerpo de atleta. Tenía los ojos cerrados, pero su mirada azul como el hielo era penetrante y gélida, y a veces tenían un cierto brillo que indicada locura. Era la mirada de un asesino.

-Uy, ¿quién es Gisela? ¿Debería ponerme celosa?- pregunté con tono juguetón y bromista mientras entraba en la habitación. Jeremy abrió los ojos y me miró sorprendido durante un instante, pero luego se sentó en la cama y me miró con seriedad.

-¿Stella? ¿qué haces aquí?- preguntó con un fuerte acento alemán, a pesar de ser medio británico.

-Asuntos de la Orden- dije sin más mientras continuaba acercándome a la cama donde él estaba sentado. Le miré de arriba abajo. Tal vez no estaba tan mal que Drake me hubiese obligado a venir.

-¿Cómo puedo saber que eres la verdadera Stella y no una puta de la Orden disfrazada de ella?

-La última vez que te vi estabas atado a esa cama, no durmiendo en ella- le dije, manteniendo el tono juguetón. Llegué a la cama y me senté en ella junto a él.- También estabas amordazado, así que hacías muchas menos preguntas.

Jeremy se rió por lo bajo y entonces acercó su rostro al mío y me besó de manera salvaje. Si todas las misiones de la Orden tuviesen giros como estos me apuntaría a ir a ellas muchas más veces de lo que lo hago.

-¿Asuntos de la Orden, dices?- me preguntó entonces, separándose de mí después de que yo le mordiese el labio inferior.

-Sí. El Auror al que te llevaste, Riley, tiene amigos… Bueno, tiene uno. No es un amigo muy útil, pero sí que ha conseguido encontrarte. Yo me sentiría ofendida si fuese tú.

-¿Y ese amigo te ha mandado a ti a por Riley?- se mofó Harkness.

-No, me ha pedido que le acompañe- contesté, y en ese mismo momento comenzaron a oírse gritos y golpes que venían del sótano, o tal vez del piso de abajo. Parecía que Drake ya se había encontrado con los demás ocupantes de la casa, y no estaban muy alegres de verle.- No durará mucho tiempo.
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Drake Ulrich el Dom Ago 16, 2015 11:53 pm

¿Había sido una pregunta retórica o realmente iba a tener que contestar a cómo narices me saqué el examen de auror? Odiaba esa historia. ¿No soy el auror perfecto, vale? No soy perfecto, soy Hufflepuff. Cada uno hacía lo que podía. Yo había estado años intentando prepararme, pero ¿qué le voy a hacer? Si al final siempre era lo mismo: la puesta en escena. ¿La estrategia? Soy bueno. ¿En el combate? Soy bueno. ¿A la hora de improvisar? Puff… ahí no soy tan bueno. Soy un miedica, un cobarde. ¡Joder, por algo no entré en Gryffindor siendo toda mi familia de Gryffindor! Pero era lo que había. Hacía mi trabajo; normalmente bien y ya está. Intentaba dar lo mejor de mí, pero está claro que todos esperan más. Ya tenía suficiente con Fly como para que todos me dijeran lo mismo.

Qué bordes te pones, mujer —comenté al final, cuando me dijo todos los contras que tenían las preguntas que le acababa de decir y, que, en su gran mayoría, eran bromas. Podía ser un poco inútil, pero no era estúpido. Bueno, quizás un poco, por creer en Stella. ¿Pero qué voy a hacer yo si siempre me ha demostrado ser una tía legal?

Fui a entrar directamente, cuando ella me paró. ¡No me deja actuar! Pero bueno, lo que hizo estaba bien. Utilizó su marca tenebrosa para hacernos entrar al interior, cosa que me dio repelús. No acostumbraba a ver de manera tan normal aquel tatuaje sin considerarlo una amenaza. Es decir, ¿habéis visto lo feo qué es? ¡¿Qué clase de persona se tatua eso y luego deja a Voldemort?! ¡Tío, que los tatuajes son para toda la vida! Yo me había hecho uno tras meditarlo profundamente, pero de verdad que no entendía qué narices ofrecía Voldemort para que la gente se dejase tatuar así de fácil. ¿Y si en vez de en la mano llega a ser en la frente, qué? Por lo menos era un tatuaje gratis, que eso era una ventaja teniendo en cuenta lo caro que eran los putos tatuajes.

Guay —dije, entrando al interior y alzando el dedo pulgar en señal de que me parecía buena idea.

Luego me fui por mi lado, refunfuñando cosas en plan: “Que si cómo me saqué el examen de auror”, “que si como le vas a pegar una patada a la puerta”, “que si no saques la varita aquí que estamos rodeado de muggles”... Y todo eso mirando por la primera planta, yendo a la cocina y cogiendo un cuchillo de una tabla que, al parecer,  había sido utilizada hace poco para cortar cebolla. Luego pasé por el salón, cogí el mando de la tele, lo visualicé y lo dejé. Luego me asomé por el baño y luego continué refunfuñando, bajando por las escaleras hacia el sótano. Todas las mujeres eran iguales. ¡Con razón vivían juntas! ¿Cuándo me decidí yo de irme a vivir con ellas? ¿Cuándo y por qué?

Llegué a la punta de abajo de las escaleras y abrí lentamente la puerta con la mano, ya que no había ningún tipo de impedimento para entrar. Cuando la abrí, todo estaba sumido en la profunda oscuridad. Busqué un interruptor (lo que toda persona normal hubiera hecho), pero al no encontrarlo en los primeros cinco segundos, opté por crear un Lumos. ¡Mi sorpresa fue indescriptible!

Corrí hacia Sven (SIN MIRAR EN LA OSCURIDAD DE MI ALREDEDOR) y le quité lo que tenía en la boca y las vendas de los ojos. Le di un par de cachetones mientras le quitaba las cuerdas con magia.

¿Sven? —le pregunté, mirándole a la cara. Estaba ido y bastante deshidratado. Conjuré un aguamenti y le empape la cara, haciendo que bebiera. ¿Era potable? NI IDEA. Pero lo importante en aquel momento era el factor AGUA.

Sven reaccionó poco a poco. Tenía los ojos rojos cuando los abrió y poseía heridas cuya sangre se había coagulado en su propia salida. Fruncí el ceño ante lo mal que estaba y decidí seguir intentando buscar un sonido receptor de su parte.

¿Me escuchas? ¿Estás bien? —continué insistiendo.

Él asintió con la cabeza muy levemente. Yo sonreí como un niño chico. Contento. Feliz. ¡Muy feliz! No le abrazaba porque estaba débil, que si no le apachurraba. Pero no. ¡Claro que no! ¿Cómo iba a ser tan fácil? Un golpe sordo me dio en la cabeza y caí al suelo. Caí como un saco de papas. Como un humano inútil. COMO UN HUFFLEPUFF MUERTO.

No, no estaba muerto.

Después de, probablemente, unos minutos de inconsciencia y dolor de cabeza, me encontraba sentado en frente de Sven, igual de amarrado que él. Solté aire, nervioso. Muy nervioso.

Lo intenté. ¿Vale? —le dije a Sven, que me miraba, bajo esos ojos hinchados por los golpes, con algo de reprimenda.

De repente, apareció un hombre al lado mía.

¿Es tu novia, Riley? —le dijo. Yo, obviamente, me ofendí.

De aquí a monologuista el tío, qué gracioso —GOLPE. De esos golpes sonoros que duelen; esos golpes en el pómulo de tu cara. ESE golpe. Debía de callarme. Cállate, Drake, cállate. Pero tenía esa… labia tocapelotas de nerviosismo que me hace hablar por miedo.

Sigue haciéndote el gracioso, a ver cuánto bromeas cuando te corte los dedos y se los mande al Departamento de Aurores —bufó.

¿Eres consciente de que si me cortas los dedos podré seguir bromeando, no? Quizás la lengua sea más efectivo —GOLPE. Esta vez en la boca. Ahí, con odio. Noté como mis propios dientes me hacían daño en la parte interior y como inmediatamente me salía sangre.

Pues la lengua será —dijo el hombre—. Pero todavía no, la necesito para escucharte hablar. Quizás tu umbral de dolor sea menor que el de Riley, lo cual nos resultará mucho mejor. A este imbécil no conseguimos sacarle nada.

¿Sois conscientes que para ser recompensados han de ser agradecidos? Si nos pegáis, ¿cómo pretendéis que seamos propensos a hablar? Duele. Y el dolor nos pone de mala hostia. Y si nos ponéis de mala host... —GOLPE. Sacudí la cabeza y solté un grito, PUES ME DOLIÓ—. ¡AARRRG! —Una vez me hube desecho del dolor mediante ese grito y una mueca, continué hablando:— ¡Y SI NOS PONÉIS DE MALA HOSTIA, OBVIAMENTE NOS CABREAMOS Y NO HABLAMOS! —Y, entonces, me revolví en la silla y me libré de las cuerdas, ya que había usado mi labia para distraerlos mientras con el cuchillo que había cogido antes me había desatado.

Me tiré encima del tío que me había pegado NI UNA, NI DOS, NI TRES, SINO TRES VECES. Y empecé a aporrearle EN LA PUTA CARA. LE IBA A DEVOLVER LOS TRES PUNTOS GOLPES. Y ESO QUE A MÍ NO ME GUSTA LA VIOLENCIA.

¿VES? ¿TIENES GANAS DE HABLAR AHORA QUE TE ESTOY PEGANDO, GILIPOLLAS? —dije. Tío, yo soy un chico pacífico, pero es que esta gente me pone de mala hostia, de verdad. Le di las tres veces (creo que le partí la nariz) y le arrebaté la varita, alejándome tirado en el piso, dándome cuenta de que había otro tío apuntándome con la varita.

Dos enemigos. Uno con varita, el otro recomponiéndose... y mi amigo. Conjuré un Expelliarmus al que tenía la varita y salí corriendo hasta la puerta para subir corriendo las escaleras muy mareado y desorientado, de hecho, de lo mal que estaba por los golpes que acababa de recibir, cualquiera que me veía me veía subiendo las escaleras a cuatro patas. NECESITABA BUSCAR A MI ALIADA.
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Stella Moon el Jue Sep 24, 2015 6:49 pm

Aunque en el fondo me daba pena el pobre Drake, que no tenía ni idea de que había entrado directamente en la boca del lobo por culpa de su propia ingenuidad, no podía reprimir la gran satisfacción que me daba aquella derrota sobre la Orden. Los mortífagos iban a matar solamente a uno de los miembros de la Orden, a Sven Riley, pero ya que Drake había insistido en venir aquí los fallecidos serían dos. Últimamente los de la Orden no hacían más que perder a sus miembros, pronto no iban a poder permitirse perder más, eso les perjudicaría enormemente. Eso les pasaba por culpa de su pésima habilidad para elaborar buenos planes.

-Espera- dijo Jeremy de repente, apartándose un poco de mí. Su mirada era tan cruel y traviesa que despertó toda mi curiosidad, pues supe que se le había ocurrido algo.- Quiero que bajes a salvar a tu amigo y a Riley.

-¡¿Qué?! ¿Te has vuelto loco? ¿Para qué quieres que salve a dos miembros de la Orden?

-Ya sabes que me gusta mucho joder a la gente- dijo Jeremy, y yo asentí, porque era cierto que sabía que le gustaba muchísimo.- ¿Qué podría joder más a la Orden que pensar que han salvado a su preciado Auror y celebren y entonces le mate y les borre la sonrisa del rostro?

-Sí, les jodería mucho, pero prefiero que les mates ahora y a mí no me des problemas- protesté, pues esto de ser espía se me hacía muy pesada cuando los mortífagos se ponían a jugar con los de la Orden como si fuesen gatos que jugaban con su comida antes de comérsela. Me estresaban, porque por el simple hecho de querer pasárselo bien a veces metían la pata y lo estropeaban todo y yo tenía que ir detrás de ellos arreglándolo todo para no meterme en líos. Pero cuando a Jeremy se le ocurría una idea perversa era casi completamente imposible hacer que cambiase de opinión. Suspiré, dándome por vencida.- Está bien… Dime, ¿qué quieres que haga?

Jeremy sonrió y se inclinó hacia mí para decirme qué era lo que tenía en mente, y en cuanto me lo dijo sonreí yo también. Vale, no me parecía mala idea, era entretenido y sería un corte de mangas a la Orden del Fénix. Me había convencido de que hiciese lo que me pedía sin que tuviese que ser a regañadientes.

-Está bien- dije mientras me levantaba de la cama y me dirigía a la puerta. En cuanto llegué al umbral me giré y vi que Harkness ya no estaba tumbado en la cama. ¿Se habría desaparecido? ¿Habría salido por la ventana? ¿Estaría bajo una capa de invisibilidad? No sabía, pero sería mejor que pareciese que él no había estado en la casa cuando llegamos Drake y yo, pues Harkness era conocido por ser tan peligroso que sería muy sospechoso que saliésemos vivos de ese lugar.

En cuanto salí al pasillo me encontré con un mortífago que había salido de una de las habitaciones. Antes de que él pudiese decir nada o reconocerme siquiera le apunté con mi varita y le ataqué, dejándole inconsciente y fuera de juego. Me dirigí hacia las escaleras y otro mortífago apareció. Ese sí que me reconoció y al principio pareció confuso, sobre todo cuando vio a su compañero desmayado en el suelo.

-¿Pero qué coño haces?- preguntó con algo de enfado.- ¡Se supone que eres de los nuest-!

-¡Se supone que no!- exclamé entonces rápidamente, antes de que él pudiese terminar de hablar, y entonces le di un puñetazo que le dejó inconsciente como al otro hombre. Comencé a escuchar un gran barullo en el piso de abajo entonces y me precipité a bajar las escaleras a toda prisa. Llegué al piso principal, desde donde pude ver que Drake subía corriendo las escaleras a cuatro patas. Me detuve durante un segundo para contemplar aquella curiosa escena. No solo parecía Drake un perro mareado subiendo las escaleras así, sino que además alguien le había dejado la cara hecha un poema. Esta noche Fly lo iba a flipar en colores cuando llegase a casa y viese lo guapo que estaba su novio. Oí un grito de rabia entonces detrás de él y vi que había aparecido un mortífago que intentaba subir las escaleras para alcanzar a Drake. Un hechizo mío hizo que se cayese estrepitosamente por las escaleras, y entonces me acerqué a Drake cuando llegó arriba de las escaleras ara que se pusiese en pie.- ¡¿Estás bien?!- pregunté fingiendo estar preocupada. Se me daba genial fingir.- ¿Has encontrado a Sven?

Me dijo que estaba abajo, así que bajé por las escaleras y me encontré a un mortífago fuera de juego, a otro recomponiéndose de unos cuantos golpes, y a Sven Riley. Otro al que habían dejado guapo... Fui hacia donde estaba, le desaté, y tiré de él hacia las escaleras. Estaba muy débil pero consciente, y con la suficiente adrenalina en las venas para querer sobrevivir, por lo que me siguió sin rechistar aunque le costaba un esfuerzo.

-¡Vamos!- exclamé al llegar junto a Drake en el piso principal. Conjuré unas cuerdas mágicas que apresaron a otro mortífago que corría hacia nosotros desde el fondo del pasillo y le hicieron caer al suelo. Agarré a Drake y a Riley de los brazos e intenté desaparecerme de allí. Obviamente sabía que no iba a poder desaparecerme de esa casa, pero era todo por teatro.- ¡Mierda!- exclamé, supuestamente frustrada por no poder escapar rápidamente. ¿Veis? Y el Oscar a la mejor espía va para… ¡Stella Moon! Cualquiera que me viese en aquellos momentos realmente vería en mi expresión una gran ansiedad completamente genuina por escapar de ahí sanos y salvos.

Bajaban otros dos mortífagos del piso de arriba. ¿Esos donde estaban antes, en el baño? Porque yo no los había visto cuando subí. No importaba, el hecho era que tenía que ayudar a Drake y Riley a escapar y seguir con mi teatrito.

-¡Corred!- ordené a ambos hombres, empujándoles hacia la puerta de entrada de la calle. Teníamos que salir y correr en medio de las calles de Berlín, entre montones de Muggles donde no podríamos usar magia ni desaparecernos para llegar al cuartel de la Orden en Berlín.- ¡Seguidme!

La gente nos miraba. ¡¿Cómo no nos iban a mirar, si corríamos como alma que lleva el diablo mientras nos perseguían unos tipos, y encima los dos que me acompañaban estaban hechos un Cristo?!

-Haltet sie!- gritaba uno de los mortífagos en alemán, exigiéndole a los Muggles que nos detuviesen como si fuésemos ladrones. Qué ironía, un mortífago pidiendo ayuda a Muggles de la calle.
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Drake Ulrich el Mar Sep 29, 2015 3:25 pm

Por mi mente solo pasaba lo mucho que necesitaría ahora mismo estar al lado Stella. No iba a negarlo, ella era mejor con la varita que yo, parecía mucho más seria y, yo no sé cómo lo hacía, pero dejaba a todos caos de un golpe. ¡Y yo me paso ahí años pegando puñetazos y no dejo K.O a ninguno! Iba a tener que preguntarle si tiene alguna técnica secreta de cómo pegar el puñetazo. La verdad es que Stella era mejor que yo en todo y ahora mismo LA NECESITABA. Así que mientras subía las escaleras a cuatro patas, sentí un alivio tremendo cuando vi su rostro en la parte alta tras haberse deshecho de un tipo ahí.

No, ME MUERO —le contesté cuando me ayudó a levantarme—Me arde la nariz, creo que la tengo rota —me quejé, notando como me dolía solo de intentar arrugarla—Sí, Sven está abajo. Hay dos enemigos, ten cuidado —le advertí, quedándome allí para cubrirle las espaldas.

No tardó nada y pronto vi a Sven saliendo por la puerta en compañía de Stella. Ay, qué felicidad más grande. Ayudé a Sven a acercarse a mí y me uní a Stella cuando ella intentó desaparecerse. ¡Joder! No podíamos. Cuando menos me lo esperé, ya estaba sintiendo las manos de Stella empujándome hacia la puerta para salir de ahí. El show que se montó después no era ni normal. Dos hombres, Sven y yo, terriblemente malheridos sobre todo por la zona de la cara y Sven con sangre por la ropa acompañados de una chica muy sexy mientras corríamos despavoridos por las calles. Para más guasa, nos perseguían claramente tres matones. Pero matones matones. De esos que tu ves por la calle y dices: "voy a cambiarme de acera no vaya a violarme." Pues ala, encima estos tenían varita. Por suerte no podían usar la magia, o no la usarían si eran lo suficientemente inteligentes, algo por lo que yo no apostaría demasiado.

Los mortifagos que nos perseguían no paraban de darle señales a los muggles. No sabía exactamente qué estaban diciendo, pero teniendo en cuenta que los muggles se apartaban suponía que les estaría diciendo: “Apártense, estorban.” Pero no sé por qué, me parecía algo demasiado bondadoso para un mortifago.

Como buenos prófugos que parecíamos, perseguimos a Stella allá a dónde iba. Cruzando calzadas sin mirar si venían coches (¡STELLA, MIRA ANTES DE CRUZAR LA CALLE!), motivo principal de que casi me atropellara uno y tuviera que pasar por encima del capó de otro. También entramos en una tienda para seguir de largo a través de los puestos de ropa que había por todos lados y continuamos corriendo por callejones y calles peatonales que estaban llenas de personas. ¿Era eso un mercadillo? Sin duda era un lugar perfecto para perder a los que nos perseguían, pero sobre todo para perdernos a nosotros mismos. Intenté no perder de vista a Stella, pero había demasiada gente. Me chocaba con todo el mundo y en cierta ocasión tuve que desviarme para poder continuar mi camino y que no me cogieran los mortifagos. Eché por una calle paralela y corrí tan rápido que di la vuelta a la manzana. Busqué por todos lados, sintiéndome tremendamente mareado tanto por el dolor como por los sudores que me estaban saliendo. Aquello era demasiado ejercicio. Debería haber calentado antes de hacer todo eso. Suspiré debido al aire que necesitaba recuperar y, de pronto, mi mirada enfocó a Stella, la cual estaba buscándome tanto a mí como a Sven o por lo menos eso parecía. Fui a acercarme a ella cuando me di cuenta de que por detrás de ella venía un mortifago con un objeto punzante en la mano. ¿Era una daga? Rápidamente corrí hacia ella y por el camino cogí una silla de madera de uno de los puestos. Era una silla de madera hecha artesanalmente con madera de olmo por un viejito muy mono al que le había costado 6 horas termiarla. Pero yo la cogí como si se tratase de un arma y corrí hacia dicho mortifago. A un metro de Stella, le rompí la silla en la cabeza al mortifago, dejándolo K.O. en el suelo.

Iluso —dije, soltando la pata de la silla, lo único con lo que me había quedado en la mano. La mirada del viejo del puesto del mercadillo era de pena, pero yo ni me había dado cuenta. Posé mi mano en la cintura de Stella, más por preocupación que por otra cosa. Admitámoslo, yo era un hombre demasiado atento—¿Estás bien? ¿Dónde está Sven? ¿A dónde nos estás llevando? —pregunté seguidamente. Obviamente si tenía que decidir entre la seguridad de Stella o la de Sven, elegiría la de Stella. Pero en aquel momento no quería dar nada por sentado.

Y menos mal. Pues Sven salió de entre una multitud de gente corriendo, siendo perseguido por los dos mortifagos que faltaban. Posiblemente se hubiera desviado igual que yo, solo que él tuvo peor suerte pues le persiguieron a él.

¡Seguid corriendo o ayudadme, pero no es quedéis ahí parados! —gritó Sven. No obstante, al mirar para el lado al que se supone que debiéramos correr, habían aparecido dos policías muggles. Siempre metiendo las narices en asuntos que sobrepasan su entendimiento...
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Stella Moon el Miér Sep 30, 2015 6:19 am

Corríamos a toda la velocidad a la que podíamos por las calles desconocidas de Berlín. Yo podría ir más rápido que los dos hombres que me acompañaban si quisiese, pero estaban heridos (Sven más que Drake, estaba hecho una mierda) y tenía que ir más despacio para no dejarles atrás, en cuyo caso los mortífagos que habían ido tras nosotros les alcanzarían y se desharían de los dos, y ese no era el plan. Yo corría sin fijarme en lo que me rodeaba, me habría preocupado más si hubiesen estado lanzándonos hechizos y maldiciones a la espalda, pero ya me había dado cuenta de que los mortífagos no planeaban atacarnos con magia en medio del Berlín Muggle, pues eso les daría más problemas de los que les solucionaría. Crucé la carretera varias veces sin fijarme en si venían coches o no, pues no tenía tiempo de pararme y esperar, y en casi todas las ocasiones escuché frenazos y gritos enfadados en alemán de los conductores. Seguramente me estaban gritando obscenidades, pero me daba absolutamente igual. Solo me detuve y me giré en una ocasión, porque escuché un golpe seco detrás de mí y vi que un coche había chocado con Drake. No le había pasado nada, solo se había llevado un buen golpe, así que seguí corriendo rápidamente, pues los mortífagos seguían pisándonos los talones. ¿Les habría dado Harkness instrucciones? ¿Estarían fingiendo intentar pillarnos o estarían persiguiéndonos de verdad? No tenía ni idea, pero por si acaso lo mejor era no dejar de correr para huir y no distraerse. En cierta ocasión un coche frenó demasiado tarde y estuvo a punto de darme. Me pitó varias veces seguidas y me irritó mucho más de lo que lo habían hecho los demás conductores enfadados, y con ese sí que me permití perder un segundo de mi tiempo para darle una patada muy fuerte y abollarle la parte de delante, por gilipollas.

-¡Está en verde!- le grité enfadada, permitiéndome perder otro segundo más de mi preciado tiempo antes de reanudar mi huida junto a Drake y Sven Riley.

Había habido gente en las calles, pero no tanta como para que nos fuese imposible correr por ellas. En cuanto cruzamos la carretera sin embargo nos encontramos en una calle que estaba abarrotada. Aquello era bueno en el sentido de que era más fácil darle esquinazo a los mortífagos que nos perseguían, pero era malo porque teníamos que ir apartando a la gente bruscamente de nuestro camino y eso nos hacía más visibles. Como si no estuviésemos llamando suficientemente ya la atención… Corrí entre aquella marea de gente, apartándoles sin disculparme (aunque lo hiciese no serviría de nada porque no me entenderían), y solamente me detuve para ver cómo estaban Drake y Sven… y vi que no estaban allí. Dejé de correr inmediatamente y miré por todas partes a ver si les localizaba, pero no las veía por ningún sitio. Además estaba un poco mareada de tanto correr, y aunque nunca me molestaba el ejercicio la carrera me había dejado sin aire, y respiraba sin dificultad. Notaba un montón de miradas de gente curiosa a mi alrededor mientras buscaba a los dos hombres por todas partes. Estaba confusa, Harkness quería que escapasen, ¿entonces por qué los mortífagos no lo estaban poniendo tan difícil? No me sentía preocupada por mis compañeros de la Orden, pero sí que me sentía frustrada por lo agitado que estaba siendo mi día, y me sentía frustrada porque Drake y Riley se hubiesen quedado atrás. ¡Par de inútiles!

Estaba tan distraída buscando con la mirada a Drake y a Riley entre la multitud que no me di cuenta de lo que ocurría a mis espaldas. El mortífago me habría clavado la daga por la espalda o me habría degollado o cualquier cosa sin que yo pudiese impedirlo de no ser porque en ese momento apareció Drake de repente corriendo como si fuese un guerrero de una tribu dirigiéndose a la batalla, y le dio un golpe en toda la cabeza al mortífago con una silla de madera, dejando al hombre inconsciente inmediatamente. Me sobresalté con lo ocurrido y di un respingo, apartándome hacia un lado con un pequeño salto y mirando primero a Drake sorprendida y luego al mortífago tirado en el suelo fuera de juego. Vi como su mano soltaba la daga, que produjo un sonido metálico al golpear la acera que retumbó en mis oídos. Una daga. ¡¿Me iba a matar?! ¡¿Pero este tío quién se cree que es, es que no se ha dado cuenta de quién soy yo?! ¡Imbécil!

No sabía qué era lo que me tenía más patitiesa. Que uno de los míos hubiese intentado apuñalarme por la espalda o que Drake Ulrich me hubiese salvado la vida.

-Gracias…- dije, aún incrédula y un poco consternada. Ahora nos miraba incluso más gente, y muchos jóvenes nos grababan con sus móviles como si fuésemos un espectáculo, pero a nosotros nos daba igual. Sí que me di cuenta de que había un viejito que era el que había hecho la silla que había destruido Drake para salvarme, y nos miraba con mucha pena. Tengo que admitirlo, soy una mala perra, pero el viejito me dio pena. Sé apreciar el duro trabajo de la gente, aunque si ponía su trabajo en una balanza y en la otra ponía mi vida, mi vida pesaba mucho más sin dudarlo.- Estoy bien. No sé dónde está Sven, pensaba que estaba contigo. De repente os he perdido la vista a los dos… Os estoy llevando al cuartel alemán de la Orden, es el sitio más seguro desde el que podremos conseguir volver a Londres…

Drake miró a nuestro alrededor durante un par de segundos para buscar a Sven, y esos dos segundos los aproveché para mirar con desprecio al mortífago que había querido atacarme de aquella manera tan miserable. Se dibujó una mueca en mi cara al mirarle a la cara.- Gilipollas…- dije con asco, y no pude contenerme y le di una patada en los huevos. No debía de estar del todo inconsciente, porque gruñó de dolor, pero permaneció inmóvil. La gente a nuestra alrededor soltó exclamaciones ahogadas, y los jóvenes continuaron grabando con sus móviles. Precisamente por eso no podíamos hacer magia…

Sven apareció. Los otros dos mortífagos aparecieron. La policía alemana apareció. Aquello era un verdadero desastre. Apreté la mandícula y les miré a todos con enorme fastidio sin saber qué hacer. ¡¿Por qué tenía que haber tanta gente allí?! ¡¿Por qué no podía cargarme a todos y ya?! Tenía que admitir que en aquel momento no le tenía ningún aprecio a los otros dos mortífagos, y por mucho que fuesen de mi bando me alegraría si la policía les disparase entre ceja y ceja, pues estaba segura de que ellos me atacarían como lo había hecho el otro. La policía nos gritaba cosas en alemán que no entendíamos, Sven nos gritaba, la gente grababa y cotilleaba como si aquello fuese una telenovela… Estaba segura de que íbamos a estar en las noticias. Menuda faena.

-Ve con la policía- le dije a Drake. Estaba segura de que aquello sonaba a locura, pero sabía lo que hacía.- Hazlo, lento y con cuidado, alza las manos en el aire. Sven, ve hacia la policía con las manos en alto.

Sven me miró como si estuviese completamente loca, pero hizo lo que le decía. La policía, que eran solo dos, nos apuntaba a nosotros y a los mortífagos con pistolas. Me acerqué con cuidado a ellos, y entonces los mortífagos hicieron lo que yo pensaba que iban a hacer. Uno de ellos sacó la varita de su bolsillo (¡idiota!) y apuntó a Sven o a Drake, no sé a cual de los dos, rápidamente con la intención de atacar y matarle. Uno de los policías, pensando que lo que había sacado era un arma debido a la confusión del momento, disparó al mortífago y le tiró en el suelo. No sabía si estaba muerto, y en realidad me daba igual. La gente chilló y muchos salieron corriendo, y yo aproveché la confusión del momento para golpear al policía que estaba junto a mí y noquearle, quitándole la pistola en el momento. Golpeé con la pistola en la cabeza al otro policía para dejarle K.O también y entonces apunté al mortífago que quedaba en pie. Le disparé en el hombro, haciendo que gritase y cayese al suelo siendo víctima de un dolor atroz. En ese momento toda la gente que quedaba allí comenzó a huir despavorida, y yo miré a Drake y a Sven.

-¡Vamos!- les grité para que volviesen a echar a correr, y eso hicimos.

No tardamos mucho más en llegar al cuartel de la Orden en Berlín, al cual no tuvimos ningún problema en acceder aunque era invisible para todos los demás. Escuchamos el sonido de las sirenas de muchos coches de policía Muggles haciendo eco entre las calles de la ciudad, pero por suerte ni ellos ni otros mortífagos nos encontramos. En cuanto entramos al cuartel alemán de la Orden del Féniz y cerramos la puerta tras nosotros me tiré en el sofá más cercano, sintiendo que me ardían todos los músculos del cuerpo, y tiré la pistola sobre la mesa.
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Stella MoonMinisterio

Drake Ulrich el Jue Oct 01, 2015 1:49 am

¿Ir con la policía? ¿Estaba loca? Mi mirada de: “Tía, estás loca” fue claramente visible junto a un resquicio de pánico. ¡Lo que me faltaba! ¡Que me arresten en Alemania! Aun así, como Stella era más inteligente que yo y ella lo sabía y yo lo sabía, no rechisté. Sino que me puse ambas manos en la nuca y caminé obedientemente hacia los policías junto a mi amigo Sven. Mientras caminaba tranquilamente, ya que como buen iluso que soy pensé: “Coño, si hay policías armados lo normal es no arma bullicio, porque somos gente responsable.” Pero no, al parecer yo soy el único responsable.

No sé qué pasó detrás de mí, pero solo escuché como uno de los policías que estaba delante de mí disparó y algo cayó al suelo a mi espalda. Me quedé FLIPANDO. Ese mortífago debe de ser la deshonra de todos los mortífagos. ¡Asesinado por un muggle! Es que da hasta risa. O sea, me da pena, pero en el fondo me da risa porque me está intentando matar y se lo merece porque yo soy una persona buena que vela por la seguridad de todos.

Después de ese disparo yo no hice NADA. Solo me quedé mirando como la pro de mi compañera se volvía loca y dejaba a los dos policías totalmente K.O mientras todos los que estaban a nuestro alrededor se iban corriendo de allí. Cosa normal, oye, menos mal que no soy el único inteligente.

Después de eso lo único que hice fue seguir las indicaciones de Stella y correr como alma que lleva el diablo, por si acaso. Corrimos por las calles, pero esta vez no éramos perseguidos por nada ni nadie. Llegamos sin problemas a la Sede Alemana de la Orden del Fénix y me sentí a salvo. Al sentirme al salvo, la adrenalina había desaparecido, por lo que el dolor que tenía en cada músculo de mi cara me inundó por completo, diciéndome: “Hola, soy tu herida y estoy aquí, torciendo tu nariz y jodiendo tu ojo.”

Me acerqué a donde estaba Stella y me senté en el sillón de enfrente, cogiendo un pañuelo que tenía en el bolsillo y humedeciendolo con un Aguamenti para poder llevármelo a todas las zonas en las que tenía heridas, ya que el tío que me había pegado parecía tener mil y un anillos.

Yo creo que salimos en la tele —dijo Sven, sentándose al lado de Stella, ya que yo lo estaba pringando todo con agua—Había más de uno con el móvil fuera. ¿Habéis hecho magia? —preguntó preocupado—Espero que solo salga aquí de manera nacional, porque si no en Londres lo vamos a pasar muy mal —añadió, algo más animado.

Nos miró a ambos, que estábamos callado. Por mi parte porque estaba la cara hecha una mierda y me dolía un montón y por parte de Stella no sé, estaría cansada.

Muchas gracias por venir a buscarme, de verdad. Yo ya me daba por muerto, cuando vi entrar a Drake, a pesar de que venía amarrado, sabía que saldríamos de allí. Me diste ánimos —dijo Sven—Gracias a los dos, de verdad —puso la mano de manera agradecida sobre el brazo de Stella, para llamar su atención—Siempre pensé que seguías siendo de ellos, ahora veo que me equivoqué. Te debo la vida.

Sven era un dramático, la verdad. Pero era muy buen tío. A mí me caía estupendamente, no como el otro Sven de mi vida (ya que yo por mi ricitos mato), pero era un partidazo y muy buen mago, no me extrañaba que hubiera sido él a quién cogieran.

¿Stella eres buena con los Episkey? —pregunté, ya que nada más tocarme la nariz sentía una punzada increíble. Además, no me veía, pero probablemente debiera de tener un moretón increíblemente grande en toda la nariz—Es que creo que tengo la nariz rota —“CREO.” Estaba 100% seguro. Era eso o un puto gremlin viviendo en mi nariz—Es que yo soy malísimo y no quiero apuntarme al ojo o algo. Que soy muy malo con esas cosas —dije sinceramente.

Mientras tanto, Sven miraba a todos lados.

¿No hay nadie aquí? —preguntó, ya que habíamos entrado como Pedro por su casa—Deberíamos irnos a Londres cuanto antes. Entre más lejos de Alemania estemos, mejor —opinó, levantándose para ir a mirar por la casa.

Espera a que esté de una pieza —le pedí, esperando a ver si Stella aceptaba ayudarme con mi nariz rota.
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Stella Moon el Lun Oct 05, 2015 2:44 am

Berlín no iba a olvidarse de este incidente durante al menos una semana. ¿Tres personas, dos de ellas malheridas, siendo perseguidos por tres matones de los cuales uno abatido por una silla del mercadillo, otro por un policía, y el otro por la chica que previamente ha dejado K.O a los dos policías? Íbamos a estar en todos los malditos canales de televisión de Alemania, y a lo mejor teníamos mención especial en otras partes de Europa. El Ministerio tenía un arte especial para darse cuenta de si en un incidente estaban implicados magos, así que si nos identificaban íbamos a salir seguro en el Profeta. También saldrían los mortífagos, y los muy imbéciles no llevaban máscara. Aunque poco me importaba que les arrestasen las autoridades mágicas después de que uno de ellos hubiese intentado apuñalarme por la espalda. Jamás pensé que le debería la vida a Drake. No sabía qué era lo que más me molestaba, que uno de los míos me hubiese traicionado de una manera tan sucia o que ahora le debía la vida a Drake Ulrich. Lo que sí que tenía claro era que ahora tenía que ocuparme de que a Drake no le pasase nada, por una cuestión de decencia moral. No tengo mucha, pero algo es algo.

Conseguí que llegásemos los tres sanos y salvos al cuartel de la Orden del Fénix en Berlín sin que nos encontrasen antes la policía Muggle ni los estúpidos mortífagos que habían estado en la casa de Jeremy Harkness. No sabía si habían salido más a perseguirnos o si esos tres eran los únicos que habían salido para ayudar con el cuento de que estábamos escapando, pero daba igual porque donde estábamos no podría encontrarnos nadie.

A pesar de que mi resistencia física era un poco superior a la que sería normal en una mujer como yo (no por ser licántropa, sino porque siempre he sido una bruta y muy deportista) estaba agotada después de aquella carrera, en la que me había estresado mucho. Pero peor estaban Sven y Drake, que se tiraron en el sofá y en un sillón igual que yo para descansar. Ambos tenían la cara hecha un poema. De Sven me lo esperaba, porque había estado varios días atrapado con los mortífagos, pero Drake apenas había estado cinco minutos con ellos y su cara ya parecía un mapa de todas las cordilleras del mundo.

-Yo no he hecho magia- le dije a Sven cuando preguntó. Drake tampoco había hecho, y que yo sepa tampoco los mortífagos, aunque el que había sido disparado por la policía había estado a punto de hacerlo. Hice una mueca cuando Sven dijo que esperaba que esto no se supiera en Londres. Yo también esperaba que no se supiese, pues tenía varios compañeros mortífagos que malinterpretarían mi papel en todo este asunto y verme disparando al otro mortífago y ayudando a mis falsos compañeros de la Orden no iba a sentarles muy bien. Eran idiotas, ¿no se enteraban de que para ser una buena espía hay que hacer estas cosas? Esbocé una sonrisa falsa pero excepcionalmente convincente cuando Sven nos dio las gracias a Drake y a mí por haber ido a salvarle, y mi expresión adoptó un toque dulce cuando me pidió disculpas por haber dudado de mí en el pasado. Pobre iluso, era uno de los únicos inteligentes que habían dudado de mí.- No te preocupes, es lógico que dudases de mí- le dije amablemente, y vi cómo miraba la Marca Tenebrosa que estaba tatuada en mi antebrazo descubierto. Siempre que había visto esa marca la miraba con odio y asco, pero hoy la miraba de manera diferente… como con agradecimiento e ironía. Sabía lo que estaba pensando, que esa marca le había salvado porque nos había permitido entrar en la casa de Jeremy. Qué equivocado estaba…

Me levanté del sofá para ir a ayudar a Drake con el Episkey para su nariz rota. Estaba tomando una sabia decisión al no hacérselo a sí mismo, pues seguramente acabaría dejándose un ojo bizco o haciéndose un cambio de nariz peor que el de la Muggle que salía en algunas de las revistas que me cotilleaba cuando estaba jodidamente aburrida, Belén Esteban.- Estate quieto, esto te va a doler un poquito- le advertí, aunque seguro que no le iba a doler más que el golpe que le había roto la nariz. Con un simple toque de la varita su nariz quedó curada, aunque iba a necesitar un poco de descanso después de la golpiza que se había llevado. Sven quería marcharse ya, pero Drake quería descansar, y a mí me venía mejor que nos quedásemos un rato más.

-Somos miembros de la Orden, podemos quedarnos todo el tiempo que queramos y nadie nos va a encontrar aquí, estaremos seguros mientras os recuperáis, os habéis llevado una buena paliza.

Drake estuvo de acuerdo con eso y se levantó del sillón, ya menos dolorido porque no tenía la nariz rota pero aún se sentía magullado de los golpes, y se fue a buscar alguna habitación libre en la que poder tumbarse a descansar un rato antes de volver a Londres. Sven se levantó y fue a la cocina a buscar algo, pues estaba malnutrido desde que le capturaron, y yo me dirigí al baño más cercano que había. Abrí el grifo y me lavé un poco la cara, y entonces saqué los frasquitos diminutos de cristal que me había metido Jeremy en el bolsillo cuando me había contado su plan. Eran unos frasquitos del tamaño de la punta de mi dedo, y estaban rellenos de un líquido transparente que parecía agua. No olía y no sabía, era indetectable. El cristal de un frasco era blando y el cristal del otro era negro para distinguir cuál era cual. Abrí el frasquito negro, cuyo contenido era un veneno altamente letal. No actuaba directamente, sino que tardaba un tiempo, a veces incluso horas, en matar a la víctima. Sin pensarlo vertí el veneno sobre mis labios, humedeciéndolos y dejando que el líquido letal se colase dentro de mi boca y corriese por mi garganta. No tenía miedo, sabía lo que tenía que hacer. Rompí el frasco negro apretándolo muchísimo estampándolo contra el lavamanos, y dejé que los trocitos diminutos de cristal cayesen por la tubería y así desapareciese todo rastro de que ese frasco había estado ahí. Me miré al espejo y me peiné un poco el pelo antes de volver a salir del baño.

Me encontré a Sven de nuevo en el salón sentado en un sofá. Se estaba bebiendo una cerveza de mantequilla y parecía que ya había comido un poco, pues había recuperado un poco de color, y se había lavado la cara. Así estaba más apuesto que antes. Era unos diez años mayor que yo y de expresión severa y cuerpo robusto, el típico Auror que sí que infunde respeto cuando se le miraba. Nunca me había caído bien, desde que yo me uní a la Orden del Fénix y había mentido diciendo que ya no pertenecía a los mortífagos desde hacía mucho tiempo había estado intentando demostrarles a todos que les estaba engañando. Pero ahora por fin tengo su confianza. Y un hombre que ha sido encerrado y torturado durante días y que pensaba que iba a morir justo antes de ser milagrosamente salvado es una víctima muy fácil. Le vi levantarse cuando se terminó la botella de cerveza, pero se detuvo al verme allí. Le sonreí y me acerqué a él.

-Creo que has sido muy valiente- le dije. Los hombres a los que se les hinchaba el ego eran víctimas más fáciles aún.

-De nuevo, gracias por salvarme.

-No me las des, ha sido todo Drake. Él te encontró.

-Pero tú le llevaste hasta mí- insistió él, y dio un paso hacia mí.- Todas esas veces que te acusé… Si hubieses sido una de ellos habrías dejado que nos matasen a Drake y a mí en ese sótano mientras mirabas- cuando dijo aquellas palabras me dieron ganas de reír, pero mi rostro permaneció perfectamente neutro, justo como tenía que estar.- Pero no lo hiciste. Gracias…

No dije nada. Simplemente me le quedé mirando unos segundos a los ojos, como si estuviese aceptando sus gracias, como si algo bueno se estuviese despertando en mí. Era todo mentira. Sven Riley estaba sellando su propio destino con esas palabras. Todavía en silencio me puse de puntillas y le besé en los labios. Fue un beso suae, como si fuese una jovencita tímida e insegura, pero Sven me devolvió el beso, que duró unos cuantos segundos. El tiempo suficiente para que el veneno pasase de mi boca a la suya.

Me aparté de él y volví a clavar mi mirada en la suya mientras le sonreía suavemente. Permanecí en silencio, y entonces me giré y me fui de allí, no sin antes ver como la punta de la lengua de Sven rozaba sus labios, probando el veneno que no sabía a nada. Con que ingiriese una sola gota ya estaba condenado a una muerte segura. El ya no podía verme porque estaba de espaldas a él, pero sonreí de manera cruel.

Busqué una habitación vacía para descansar un rato como lo estaba haciendo Drake y como lo iba a hacer Drake. En cuanto cerré la puerta a mis espaldas saqué el frasco que me quedaba, el transparente, el que contenía el antídoto, y me lo bebí. Ya estaba a salvo, y no quedaba nada para Sven. Me sequé los labios y con un toque de la varita hice desaparecer el frasco antes de tumbarme en la cama luciendo una enorme sonrisa satisfecha en el rostro.
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Drake Ulrich el Mar Oct 06, 2015 9:15 pm

Sven era un hombre duro de roer, pero yo no. A mí me dan dos hostias y estoy para el arrastre. Soy un chico pacífico que opta por una vida sana y lejos de golpes, por lo que en aquel momento estaba hecho polvo. Desde que Stella dijo que podíamos quedarnos allí todo el tiempo que quisiéramos, preferí quedarme allí una hora más para descansar y no llegar muy mal a Londres que irme ya y que Fly me viera como para tirarme a la basura. Además, solo sería una hora y ya estábamos a salvo, por fin.

Así que me fui del salón y subí los escalones que daban a una planta superior, pequeña y con pocas habitaciones. Me metí en la primera que encontré y fui directo hacia la cama, en dónde me senté. Antes de irme a dormir me limpié la sangre de los nudillos y me percaté de que tenía hasta heridas de haberle pegado a aquel subnormal. Intenté no darle más vueltas, finalmente gracias a Stella había salido de allí de maravilla y por suerte no habíamos recibido todos demasiado daño. Me acosté en la cama asegurándome de que ninguna de mis heridas decidiera aventurarse a la rozadura de la tela y no tardé nada en quedarme dormido.

No soñé absolutamente nada, pero tampoco sé si me quedé totalmente dormido. Normalmente tengo una facilidad increíble para dormirme, pero estaba preocupado por varias cosas: por el dolor, por estar en Berlín y por no haber avisado a Fly. Descansé lo suficiente como para no mirar con cara de mala hostia post-sueño a Sven cuando fue a despertarme a la habitación una hora más tarde. Él sí que estaba mal, tenía moretones por todos lados, además de varias heridas abiertas en la cara debido probablemente a golpes con objetos. Puff, daba pena.

¿Nos vamos ya? No me encuentro muy bien. Y quiero ir a San Mungo para ver si no tengo nada preocupante de todo lo que recibí —me dijo Sven, que estaba sentado al lado mío.

Sí, por mí sí. ¿Tengo mejor aspecto que antes? —le pregunté a Sven.

Él negó con la cabeza. Yo chasqueé la lengua. Probablemente, viniendo de Fly, no se preocuparía al verme en mal estado. Ella diría: “¿Estás vivo, no? ¿Por qué debo de preocuparme?” y yo le diría: “¡PORQUE CASI MUERO!” y ella me diría: “Pero no te moriste.” Y así estaríamos todo el rato. Yo, por mi parte, siempre me preocupaba, en sus palabras, demasiado. Pero es que era lo que había, para mí ella lo era todo y era increíblemente frágil (a mis ojos), aunque sé que es incluso más fuerte que yo.

Pues nada… Habrá que irse. ¿Dónde está Stella? —le pregunté, ya que me había ido a dormir antes de saber qué iban a hacer ellos.

Está durmiendo en la habitación de al lado. ¿La despiertas tú? —me preguntó.

Yo simplemente me encogí de hombros y me levanté de un tirón, estirándome delante de la cama (escuchándose algunos huesitos de la espalda) y restregándome los ojos, momento en el cual me quejé por mi estúpida acción, ya que me dolieron los nudillos y el ojo, pues ambas cosas estaban doloridas. Salí de la habitación y me metí en la de al lado, viendo a Stella tumbada en la cama, pero no estaba dormida, sino que estaba… o parecía… ¿Reflexionando? No sé, yo si cojo una cama no es para reflexionar, yo me quedo dormido aunque haya dormido anteriormente 24h seguidas.

¡Hey! —le dije, entrando al interior. La puerta automáticamente se cerró detrás de mí, no sé exactamente por qué—¿Qué tal? ¿Nos vamos? —le pregunté, sentándome en su cama por un lateral, cerca de sus piernas. Esa caminada de habitación a habitación me había cansado—Sven quiere irse, que quiere ir a San Mungo para que le curen. Dime tú la verdad… ¿Tengo mejor aspecto ahora que antes? —le pregunté, ya que no me fiaba de la opinión de un hombre. Las mujeres siempre tenían la razón y tenían una opinión más objetiva. Sobre todo Stella, que era una mujer con la que poseía una sinceridad abrumante. Ella me decía la ropa que me daba como un gilipollas (en el fondo se lo agradecía aunque me lo dijera con esas palabras) y yo estaba empezando a cogerle confianza como para decirle qué ropa era de guarrilla. Pero me daba vergüenza. Pero bueno, todo para advertir a mi amiga sobre su posibles pintas.  

Después de eso los tres bajamos a la planta baja de aquella sede. No había aparecido nadie en todo el rato, PERO MEJOR. Tener que explicarle a alguien que nosotros habíamos sido los culpables de toda la persecusión de esa tarde, no parecía ser algo precisamente corto de contar, ya que habría que remontarse bastante atrás. Aprovechamos que había Red Flu para un viaje más seguro. Yo fui el primero en meterme en el interior.

¡Número 12 de Grimmauld Place! —dije tirando el polvo a mis pies como bruja malvada que tira ajenjo a una poción. Al momento me fui de allí y, tras un viaje movidito, aparecí en una habitación de la sede que yo conocía—. ¡Hola! —saludé al darme cuenta de que había gente allí reunida—¿Cómo va eso? —todos me miraron un poco raro—Todo tiene una explicación. Denme un momento —Y, automáticamente, me di la vuelta, dándole las espaldas para esperar. Joder, ¿no podríamos haber tenido la suerte de que no hubiera nadie?

Esperé a que llegasen los otros dos, para luego dividirnos. Stella y yo nos iríamos para casa para informar de lo sucedido  y sobre Harkness mientras que Sven se iría a San Mungo y se ocultaría durante un par de días. La primera en aparecer después de mí, fue Stella.

¡Bienvenida a casa! —dije divertido, aludiendo a Londres, ya que todavía no estábamos en nuestra casita bonita, acogedora y bonita en dónde poder gandulear y comer porquerías hasta sentirnos gordos y vagos. Y felices, sobre todo yo, después de salvar a Sven y volverlo a tener en mi vida. ¡Me gustaba poder salvar a mis amigos y que no se me murieran todos!

Aunque lo que siguiente que pasó fue bastante confuso. Sven apareció en la Red Flu, pero en vez de salir como una persona normal (es decir, levantando una pierna para traspasar el bordillo de la chimenea y agachándose un poquito), no, él simplemente se inclinó y salió con la cabeza, cayéndose al suelo con ella por delante.
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Stella Moon el Vie Oct 16, 2015 4:53 pm

No dormí nada, tan sólo me tumbé en la cama y me quedé ahí tranquilamente con los ojos cerrados mientras el tiempo pasaba. Sonreía pícaramente debido a la "travesura" que acababa de realizar. Sven Riley viviría el tiempo suficiente para volver a Londres, pero no para ver un nuevo día. No me preocupaba que pasásemos tanto tiempo descansando en el cuartel alemán de la Orden como para que los efectos del veneno matasen a Sven mientras todavía estábamos en Berlín, pues sabía que Drake únicamente quería descansar un poquito y que ni él ni Riley deseaban quedarse en este país más tiempo del estrictamente necesario. Lo Aurores eran muy paranoicos, seguro que alguno de los dos o ambos pensaba que los mortífagos les iban a encontrar e iban a dar con una manera de entrar a la fuerza y atraparnos. En cierto modo los mortífagos ya les habían encontrado. Agradecía que Jeremy Harkness no me hubiese pedido que matase a Drake también, pues eso me habría puesto en un conflicto. En cualquier otra ocasión no habría tenido objeción, pero hoy Drake me había salvado de un mortífago estúpido, y tengo suficiente honor como para no matar a los que me han salvado la vida el mismo día.

Fue precisamente Drake quien irrumpió de repente en la habitación en la que yo me haya a descansando para avisarme de que ya era hora de irse. ¡Oye! ¿Y si los demás no hemos terminado de descansar? En realidad no, yo también quería irme y volver a Londres, así que me senté en la cama y asentí.- Sí, vámonos. ¿Te encuentras mejor tú? Pobre Sven, él se ha llevado la peor parte, lógicamente...- yo me había llevado la mejor, no tenía ni un solo rasguño, mientras que Drake y Sven estaban hechos un poema. Drake me preguntó que si tenía mejor aspecto que antes, y aunque mucha gente le habría mentido cortésmente, yo no era de esas.- Estás de puta pena- le contesté con la verdad. Tenía la cara hinchaba y amoratada y un ojo negro, pero al menos no tenía la nariz rota, algo es algo.- Cuando lleguemos a casa dile a Fly que te de un besito y te cante un "cura cura sana".

Después de aquel pequeño intercambio de palabras ambos salimos de la habitación en la que yo había pasado ese rato, y nos reunimos con Sven en el salón donde estaba la chimenea. Menos mal que podíamos transportarnos mediante la Red Flú, porque la verdad era que no me apetecía nada crear un traslador en aquel momento para que nos llevase a Londres, con eso sí que estaba vaga. Ya había trabajado demasiado por un solo día para ambos bandos, y se suponía que era mi día libre. Drake fue el primero en saltar a la chimenea llena de llamas verdes, dejándonos a Sven y a mí atrás. Yo me quedé quieta, pensando que tal vez Sven quería ir antes que yo, ya que era el malherido que necesitaba llegar urgentemente a Londres, pero él se movió ligeramente un poco incómodo y me miró de reojo. Carraspeó, y entonces le miré y señaló con la cabeza a la chimenea.

-Las damas primero- me dijo con una ligera sonrisa, y yo tuve que hacer un esfuerzo enorme para no poner los ojos en blanco. Hombres… En serio, pueden pasarse toda la vida odiándote, pero les das un beso y se convierten en flan. Se merecía lo que estaba a punto de pasarle no por ser Auror y ser un grano en el culo para los de mi verdadero bando, sino por ser tan imbécil. A ver si así aprendía una lección y cuando llegase al Más Allá no se fiaba de los angelitos que revoloteaban por el cielo, que seguro había algún demonio disfrazado por ahí…

Salté a la chimenea, hubo un fogonazo verde brillante, y tras dar varias vueltas aparecí en plena sala del cuartel de la Orden del Fénix en Londres. Me alegré al ver que allí no estábamos solamente Drake y yo, sino que había más miembros de la Orden. ¡Qué bien, mi gran obra iba a tener un público que lo presenciase! Jeremy se iba a poner muy contento cuando se enterase…

-Me debes una después de hoy- le dije a Drake con tono bromista, dándole un golpe cariñoso que inspiraba confianza en una zona del brazo que no tenía dolorida ni magullada. Todos los miembros de la Orden que estaban allí nos miraban con curiosidad, sin entender todavía por qué habíamos aparecido allí de repente ni por qué tenía esa cara que parecía una ciruela gigante.

No tardó en aparecer Sven por la chimenea también, pero inmediatamente se vio que algo no iba bien. Bueno, no iba bien para él, pero sí que iba bien para mí. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no mostrarme satisfecha cuando el hombre se desplomó sobre el suelo, dejando a todo el mundo un poco confuso al principio. Sven había caído de bruces, así que no se le veía la cara, pero tras u par de segundos de confusión Drake corrió hacia su amigo y le dio la vuelta, y entonces sí que se vio lo que le pasaba a Sven.

El veneno había cobrado efecto y estaba actuando despiadadamente en el cuerpo de Sven Riley. La cara se le había puesto amoratada, como si se estuviese asfixiando, su cuerpo se convulsionaba, y cuando habría la boca era incapaz de hablar, y una mezcla de sangre y espuma comenzó a escapar entre sus labios en vez de palabras.

Hice además de ir a ayudarle, torciendo mi gesto con una expresión de horror y preocupación, pero fui apartada a un lado por uno de los miembros de la Orden que era sanador y que fue corriendo a intentar ayudar a Sven, pero su muerte era inevitable. Nadie tenía el antídoto a mano, y era muy tarde como para frenar los efectos del veneno o para llevarle a San Mungo. Los demás miembros de la Orden se quedaron atrás, murmurando entre ellos espantados mientras que eran incapaces de apartar sus ojos de Sven. Yo interpreté mi papel a la perfección, actuando como si estuviese igual de horrorizada y conmocionada que ellos mientras contemplaba cómo Drake y el sanador intentaban ayudar al Auror al que acabábamos de “salvar” de las garras de los mortífagos en Berlín. Me llevé las manos a la boca, tapándomela como hace la gente cuando está en shock o presencia algo terrible, y miré todo el tiempo para no perderme ni un segundo de la muerte del hombre al que había traicionado.

Durante un momento él me miró. Su mirada parecía suplicante, aunque era difícil de saberlo dado al estado en general en el que se encontraba. Fue solo cuando él me miró y nadie más lo estaba haciendo que durante una milésima de segundo dejé caer mi fachada y le mostré mi verdadero yo. Durante esa milésima de segundo, que para él debió de sentirse como todo un minuto, le dejé ver mi expresión cruel y la satisfacción de la victoria en los ojos, y lo supo. Supo que yo le había hecho esto, que yo le había matado. Antes de morir supo que él siempre había estado en lo cierto mientras que todos los demás estaban equivocados, y que yo nunca había dejado de ser una mortífaga.

Volví a retomar mi papel de chica buena, y Sven Riley apartó su mirada de mí. Poco a poco su cuerpo fue quedando inmóvil en los brazos de su amigo.
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