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¿Trabajo o diversión? [Uzumaky Dai]

Abigail T. McDowell el Miér Oct 02, 2013 11:29 pm

Sábado 28 de Septiembre
23:00 de la noche
Zona de marcha en Londres

Me gustaba mi trabajo, era fácil, divertido y cobraba muy bien. Cierto era que me había costado conseguirlo, pero valió la pena todos estos años de sufrimiento y teniendo que soportar a imbéciles como jefes. A más de uno, actualmente, les tengo metido un palo por el culo por sus grandes tratos conmigo años atrás... No obstante, fuera de la diversión adicional que sólo yo considero divertida, ocupaba gran parte de mi tiempo pues requerían de mi presencia y de mis dotes en muchos lugares, y la otra parte de mi tiempo, lo dedicaba todo a mi otro trabajo, por lo cual rara vez me quedaba con tiempo libre.

Hoy era un día especial, no tenía que ir al Ministerio, me había tomado un pequeño día sabático con permiso, y me había pasado la gran parte de mi tiempo contestando correspondencia en mi casa. Sin embargo, el antebrazo izquierdo comenzó a quemarme, recibiendo la llamada de Lord Voldemort. Asistí, obediente y curiosa, a la reunión, y el Señor Tenebroso estaba muy, muy enfadado... y el responsable tendría que pagar por ello. Nos encomendó a mí y a una compañera encargarnos del  tipo, de buscarlo y de traérselo para que él pudiese tratar personalmente con el que osó traicionarle. Ambas aceptamos —obviamente, a ver quién es el valiente que le dice que no a Voldemort—, y, tras acordar una fecha y lugar y contactar con algunos contactos para buscar información sobre el tipo, nos fuimos cada una por su lado. En realidad, me molestaba que me pusiese con otra cualquiera... pero era mi compañera de trabajo doble, así que tendría que resignarme y acostumbrarme. Eso sí, odiaba que me mandasen, así que esperaba que tuviese una mente abierta y pensase, en todo, como yo, pues no me va eso de discutir para ver qué opción es la más acertada... siempre he sido de actuar con un razonamiento bastante impulsivo.

Según lo que nos habían dicho, el tipo, solía frecuentar locales muggles de noche y solía usar Imperio con muggles para llevárselas a la cama. Sí, muy triste. Él ignoraba todo esto, él creía que su traición había quedado vetada en el olvido y en el silencio, pero al parecer, él no es el único que traiciona a alguien, e iba a pagar las consecuencias de desafiar la confianza del mago más temido de todos estos años.

Había quedado con Dai en un pequeño callejón, un poco alejado de la gran masa de muggles adolescentes y desesperados de la zona central de fiesta, llena de discotecas y pubs. No se me apetecía lo más mínimo tener que meterme ahí para encontrar a ese gilipollas, pero no me quedaba otra. Me aparecí en dicho callejón, y me había vestido para la ocasión...  llevaba una falda negra de tamaño criticable, unas medias de encaje negras y unas botas altas de tacón de cuero negro, por la parte superior me había vestido con una camisilla cuya parte posterior dejaba gran parte de mi espalda al descubierto, dejandose ver la parte trasera de mi sujetador y, por delante, un pronunciado escote; a todo esto, le sumé una elegante chupa de cuero.

Me apoyé en el muro, con los brazos cruzados y las piernas entrelazadas y esperé impacientemente a Dai. Odiaba que me hiciesen esperar. No obstante, tenía entretenimiento... cada grupo de chicos que pasaba por allí, no se cortaban en silbar o intentar dirigirse a mí... Pobres ilusos...
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Vie Oct 04, 2013 8:34 pm

Estaba tranquilamente en mi casa jugando al Shogi con uno de mis criados al que había seleccionado hacía ya tiempo para practicar en mi tiempo libre mientras tomaba un té. El Shogi me ayudaba a organizar mis ideas, aunque este pobre no tenía ni la mitad de idea que yo de este juego de estrategia, y algún día acabaría por cansarme de no tener un mínimo reto y me libraría de él para buscarme un nuevo y mejor contrincante. Pobre desgraciado...
Sentí un quemazón en el antebrazo y enseguida supe que debía reunirme con el señor tenebroso. Me irritaba que me interrumpieran en medio de una batalla, pero no había opción posible a la de acudir a su encuentro, aunque por otra parte era algo que me interesaba para mis fines.

Llegué a la mansión Riddle y no era la única presente, Abi también estaba allí. Por lo visto alguien había jugado con su suerte y ahora nosotras debíamos encargarnos de él.
Tener que ensuciarme las manos en cosas así era otra cosa que me molestaba profundamente, sobre todo cuando no tenía que ver con nada de lo que yo buscaba. Deseaba mandar uno de mis inútiles subordinados y olvidarme del tema, pero eso no era posible si quién te lo ordenaba personalmente era Lord Voldemort. Y siendo sincera, no me apetecía jugármela como ese imbécil al que tendríamos que buscar, no, mucho menos después de haber llegado hasta aquí.

Tras un breve tiempo de obtención de información, quedamos en el lugar en el que tendríamos que llevar a cabo nuestro cometido. Un callejón cerca de la zona de ''fiesta'' de gente con poca clase.
Me vestí, elegante pero discreta, guardé mi varita en mi cinturón y salí al encuentro. Al llegar a la calle Abi ya estaba allí, apoyada en una pared y haciendo imagen de su cuerpo ante los adolescentes que pasaban y la escaneaban. Me acerqué a ella justo cuando pasaban dos chicos echándole el ojo y los miré de forma amenazante.
Espero que no se les ocurra acercarse o acabaré con ellos, no me apetece soportar a gente insignificante y sin modales.

Miré a Abi con rostro serio - Vayamos ya- Le dije - Acabemos cuanto antes con esta faena- Comenzamos a caminar hacia el centro de los locales de la zona buscando uno llamado ''Darkness'' o algo parecido donde encontraríamos al individuo. Esperaba que Abi se centrara en el trabajo y fuera eficiente, ya no que no me apetecía que esto se prolongar demasiado.

Y a dos callejones estaba el dichoso local.

Pensé en esforzarme en poner una falsa sonrisa picarona para poder pasar sin problema entre los guardas de la puerta, pero le dejé esa parte a Abi, ya que no tenía que poner mucho empeño en ello que digamos.
En caso de que ella fallara usaría algún hechizo sencillo para evitarlos, pero teniendo en cuenta que la zona estaba bastante abarrotada de gente era mejor reservarse esa opción para una ocasión de más urgencia.

Había dos o tres personas haciendo cola para entrar. Solté un bufido de indignación, ya que estas cosas sobre las fiestas de los muggles de clase baja me desesperaban, sin embargo en menos de 3 segundos fue nuestro turno de pase. Nos acercamos hasta la entrada, yo con mi continua mirada fría y Abi...Bueno Abi siendo ella misma y esperamos a que nos dejaran pasar.
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InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Dom Oct 06, 2013 6:58 pm

Mi compañera no me hizo esperar demasiado, supongo que ya sabría que no era de mis virtudes eso de ser paciente. Además, me vuelvo insoportable cuando me impaciento… más de lo normal, me refiero. Me impulsé contra la pared para ponerme de pie cuando veo que se acerca Dai, sencilla pero elegante, hacia mí. No me caía especialmente bien —algo lógico, pues raramente me llevo bien con alguien—, pero era una buena compañera, y había tenido el placer de hacer más misiones con ellas, así que por regla general, solíamos compenetrar muy bien a pesar de que éramos bastante distintas. Nada más llegar, me dijo que fuésemos ya, para acabar cuanto antes, yo sonreí ladeadamente por sus prisas, y comencé a caminar hacia nuestro destino. Yo también tenía pensado acabar cuanto antes con esto e irme; no se me apetecía quedarme por la zona demasiado tiempo.

Nuestro destino era un pequeño local llamado “Darkness” era, en un principio, un pequeño pub con música alternativa en donde se reunían grupos; no obstante, se había convertido en una discoteca con muy buena reputación estos últimos meses y rara vez no estaba abarrotada de gente. Mientras caminábamos, me dirigí a Dai, sin mirarla, pues a lo mejor teníamos la suerte de encontrarnos a nuestra presa fuera del pub, y debíamos estar atentas.

¿Recuerdas cómo es el hombre, no? —le pregunto, dando por hecho de que no tiene memoria a corto plazo, y sí lo recuerda. Era un mortifago novato, por tanto, al ser nosotras veteranas, a todas las reuniones globales íbamos con la máscara, por eso él no sabía quiénes éramos y nosotros sí sabíamos quién era él. Cosas de lealtad y seguridad. El Señor no es idiota— Si lo ves, avísame. Lo intentamos apartar de la gran masa de gente que habrá ahí dentro y buscamos la manera de llevarlo ante él, ¿vale? —no quería sonar como la líder de nuestro pequeño grupo, aunque así me lo considerara. Pero creía que esa era la mejor opción, ya que en lo que misiones directas de Voldemort se tratara, prefería ir con organización— ¿O tienes una idea mejor? —le pregunto.

Llegamos a la cola y, desde que nos colocamos en la cola, el portero, tanto como los adolescentes hormonados de los alrededores, fijaron sus ojos en nosotros. Yo fijé los míos, con una traviesa mirada, sobre el portero; un hombre delgado y bien formado, con barba de tres días y con ropa negra, con una chaqueta vaquera que le hacía muy sexy. El otro portero era el típico grande y gordo del que todo el mundo rehúye. Nada más adelantar la cola, nos quedamos justo delante de ambos, pero el portero gordo se quedó atendiendo una pelea verbal entre dos muggles.

¿Carnet de identidad? —pregunta el portero, sin mucha autoridad, con una seductora sonrisa. Yo, con una ceja alzada por echarme menos de veintiún años, esbozo una ladeada sonrisa— Si lo que quieres es saber mi nombre, sólo haz de preguntarlo… pero ambos sabemos que no tengo menos de veintiún años y que tú no quieres mirar mi edad. —me humedezco los labios y el portero me dejó pasar con un movimiento de cabeza, divertido y ligón. Menos mal, porque yo no tengo carnet londinense, tengo el del Ministerio. Caminé hasta el interior junto a Dai y ambas notamos cómo una mirada cargada de ardor se posaba en nuestros traseros. Hay gente que no se corta ni lo más mínimo.

Entre la puerta y la discoteca, la mujer que vendía las entradas nos obligó a comprar una. O bien de cervezas o bien de copas. Vaya por Dios, menudo ritual para entrar a una jodida discoteca… Ni Dai ni yo queríamos consumición, estábamos allí para llevar a la muerte a una persona, no para consumir alcohol muggle. Además, tampoco tenía monedas muggles, solo tenía galeones en el bolsillo. Así pues, con la varita en la manga de mi chaqueta, hice un Imperio no verbal.

Gracias. —le digo irónicamente cuando la tía nos da uno de copas a cada una sin pagar nada. Más que nada para aparentar dentro. Dai y yo abrimos la puerta que insonora el exterior con el interior y el sonido de la música inundó nuestros oídos.

Era un local pequeño y el hedor a sudor y humanidad inundaba cada recoveco de aquel sitio. Era asqueroso. Las luces chocaban en una gran bola en el centro del local que se reflejaba por todos lados, además de que habían luces de neón por las paredes dándole un aspecto bastante alternativo. Por todas las esquinas y paredes podías encontrar sillones en donde reunirse grupos de personas a descansar o a "hablar". En raro sitio podrías encontrar un lugar libre de gente en donde coger aire, así que ni nos lo planteamos, había que ponerse manos a la obra. Miro a Dai y me señalo a mí misma, para después señalar a la barra del fondo, dando por hecho de que entiende que yo voy allí. Me daba igual a donde fuese ella, pero ya habíamos quedado en que si alguien lo veía, que avisara a la otra, así que sobra volver a repetirlo, ninguna de las dos somos idiotas. Me doy la vuelta y me quito mi chupa de cuero, metiendo mi varita por detrás de mi falda y tapándola con la blusa. Dejé de mi chupa en el guardarropa y comencé a mirar por la discoteca, moviéndome inconscientemente con la música apoyada a la barra; sin apartar la mirada de toda persona que estuviese en mi rango de visión. Vamos Dean… aparece Dean… sólo queremos llevarte al destino más doloroso que podrás imaginarte…
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Lun Oct 07, 2013 11:32 pm

Abi expone el plan de apartar el sujeto de la multitud. Opción que me parece totalmente acertada, la pregunta era ¿cómo hacerlo sin que fuera sospechoso? - Es una buena idea, solo engáñalo y atráelo para separarlo, yo iré detrás.- Le propongo, ya que fue la opción más rápida que se me ocurrió para atraer a un hombre tan vulgar como ese. Si está aquí, solo puede haber un par de razones, y seguramente la más importante será ''llevarse a una tía al huerto''. Hombres sin orgullo...

Como supuse, Abi hizo su buena actuación y sin yo decir una palabra rápidamente entramos en el local. Obviamente sin pagar ni un galeón. Pagar por entrar aquí...¿Les falta una luna?.
El sitio era un lugar oscuro y agobiante en el que podías notar hasta la más mínima gota de sudor de cada participante. Repugnante. Intenté olvidar todo mi alrededor y seguí caminando.
Abi me señaló que se desviaba hasta la barra del fondo, así que decidí ir al área contraria de la discoteca. Sentía que me abrasaba mientras caminaba entre el gentío, pero no quería dejar mi cara chaqueta en manos de esos magos, así que me la quité y tuve que cargarla. Ahora entiendo por qué todas esas chicas vienen tan ligeras de ropa, espero que mamá no las vea salir así de casa...

Me concentré en buscar a nuestro objetivo, avancé entre jóvenes ''bailando'' o más bien haciendo un ritual de apareamiento babuino, entre parejas intercambiando saliva como si la vida les fuera en ello y entre gente, gracias a Dios, hablando como personas normales. Solté un bufido de desesperación, quería huir de ese antro de una vez.
Y entonces la suerte me sonrió, unos metros más adelante estaba él, Dean. Por fin. Busqué a Abi con la mirada y le hice una señal con la cabeza de la posición del individuo.

Justo cerca de él se encontraban los baños, me acerqué por detrás sin perderlo de vista en lo que Abi venía a realizar su cometido. Entré en los servicios de chicos en el que solo había un tipo cayéndose debido a la intoxicación que llevaba. Me bastó una simple sonrisa para atraerlo y un empujón para sacarlo del cuarto. Volví a salir hasta la puerta y me aseguré de que nadie más tenía intención de entrar.

A continuación me acerqué a Dean hasta asegurarme de que me visualizaba, puse una expresión juguetona y le hice una señal para que se acercara, asegurándome de que Abi ya estaba cerca por detrás. Oh por dios, lo que tengo que hacer, esto es totalmente ridículo. Este tipo de misión me hacían avergonzarme de mi misma, me daban ganas de darle clases de rectitud a todo el personal.
Aunque por otro lado tenía que admitir, aunque me doliera, que era un método efectivo ya que Dean se acercaba a mí con Abi en un flanco mientras yo retrocedía hasta introducirme de nuevo en los baños y acercaba lentamente mi mano hacia la varita.
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InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Mar Oct 08, 2013 7:04 pm

Sólo me hacía falta saber dónde estaba ese tío para embaucarle. No era por darme méritos y rosas, pero se me daba muy bien fingir ser quién no soy y embaucar a quién yo quisiera... y más si es un hombre. Las mujeres son más desconfiadas e inteligentes, y no es tan fácil escupirle un mentira a la cara. No obstante, estábamos hablando de un creído mortifago, borracho y que ahora mismo sólo estaba buscando un agujero en donde meterla esta noche; teniendo en cuenta que le ofrecería dos, iba a durar menos de dos minutos.

Observé como Dai buscaba mi mirada, y seguí sus indicaciones, dirigiéndome a la zona a la que me había dicho. Me abrí paso entre la gente, o más bien, entre los pegajosos muggles que intentaban fusionarse entre sí o hacer algún proceso de simbiosis extraño, y llegué a un lugar en donde me choqué, debido a la luz que me cegaba y no veía demasiado, de frente, con un hombre. Elevé la mirada y... allí estaba nuestro querido Dean. Normalmente respondería ante un choque así con una mirada fría y algún que otra reacción más agresiva, pero esta vez no. Sonreí con cierta picardía al ver como, en vez de pedirme perdón simplemente me miraba de arriba abajo, y él mismo fue quien se acercó a mi oreja para poder hablarme allí dentro.

¡Perdón! ¿Te apetece una copa? —gritó de tal manera que pudiese escucharle dentro de aquel habitáculo de decibelios. Se alejó para ver mi reacción, pero yo le sujeté significativamente por la nuca y lo atraje para hablarle yo, pegándome más de lo normal a su oreja para rozarle con mis labios— ¿Mejor un baile? —mi insinúo descaradamente.

Obviamente, aceptó.

Pasó sus manos por mi cintura, a lo que me resigné a poner cara de asco... Menos mal que sé que es un fiambre andante hasta dentro de par de horas... o esas manos estarían mejor cortadas y como alimento para ratas... pienso, a la vez que la música cambia, empezando a sonar una melodía de lo más... pegajosa para un baile. Había que apartarle, pues desaparecernos allí sería caótico y podría venirse cualquier muggle inútil por error con nosotras; además de que como mortifago, dudo que se fíe de cualquiera si no parece una joven y buenísima chica borracha. Observé como Dai se encontraba en la puerta de los baños de los chicos y decidí dar paso, de una vez por todas, a mi último contacto físico con semejante bicho. Pegué mi cuerpo a él, me insinúe de todas las maneras sensuales posibles y le metí mano con descaro. Él me siguió el juego, ebrio como se encontraba, y no tardé por sujetarle por el cuello de la camisa y atraerlo a mí.

Sígueme... tengo una amiga que también quiere divertirse. —le dije con cierto "desespero" fingido, mordiéndome el labio inferior. Yo, si fuese hombre, ya estaría empalmado. Le cogí de la mano y lo llevé hacia el baño, donde se encontraba Dai.

Le sujeté por detrás juguetona haciendo que fuese él primero y, a la vez que entraba en el baño, empecé a sacar mi varita de detrás. Una vez dentro, Dean retrocedió desconfiado al vernos, sobrias y serias, haciendo que su rostro cambiase de estar excitadamente contento, a estar serio y cabreado. Sonrío con malicia.

Parece ser que tu incapacitado cerebro por fin relaciona las evidencias, Dean. —me burlo, encogiéndome de hombros.
Malditas zorras —murmura, con odio, asustado— Reconocería ese culo en cualquier lado, McDowell.
Lo sé... y me encanta.lo de zorra, digo. Aunque lo del culo tampoco ha estado tan mal... Da igual, mi contestación sirve para ambos contextos...
¡Cállate! ¿Qué queréis de mí? ¿El Ministerio os envía a buscarme? —pregunta, con temor, aunque se le notaba en los ojos que en realidad no temía la respuesta a esa pregunta, sino que el motivo no fuese ese.
Ciertamente... no nos envía ese incompetente, los tres aquí teníamos, hasta hace poco, un mismo señor al que jurar lealtad. Pero tú... creo que has osado traicionarlo, ¿no? —y lo miro con gesto amenazante.

Él, rápidamente, saca su varita de dentro de su chaqueta y no dudó en lanzar un hechizo contra nosotras, y, según mis conocimientos, si nos daba podría ser bastante doloroso. Había que conseguir tener contacto físico con él, o podría escaparse desde que tuviese un pequeño punto de concentración.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Jue Oct 10, 2013 11:08 pm

Cuando ya volvía a estar dentro de los baños y me había apartado al lado de la puerta, entró Dean con Abi justo detrás. Parecía de lo más contento hasta que se dio la vuelta y se fijó bien en nosotros. Su rostro se volvió serio y desconfiado, y me atrevería a decir que también tenía un intento de expresión amenazante. Ts, como si pudiera hacernos algo, pensé fijándome en lo insignificante y ridículo que parecía Dean.

Por lo visto, acababa de reconocer a Abi, o más bien a su culo. Alcé una ceja y los miré a los dos mientras charlaban como quién observa un partido de tenis. -En fin - Intervine de forma cortante, ya que no quería que esa conversación sin sentido se alargara. -Terminemos ya con esto- continué refiriéndome a mi compañera.
Pero en ese instante Dean reaccionó y lanzo un hechizo contra nosotras. Rápidamente ambas nos movimos, cada una hacia un lado, dejando el hechizo de por medio. Volqué la vista rápidamente hacia Dean de nuevo para mantenerlo vigilado y di un paso atrás sin perderle de vista, ya que mi experiencia me había enseñado a no darle la espalda nunca a un enemigo.

Dean volvió a incorporarse y cometió el terrible fallo de dirigir su concentración a Abi durante unos segundos para atacarla. Aproveché sus milisegundos de debilidad y lancé un Reducto contra las paredes de madera de mala calidad del lavabo que tenía detrás, con la intención de hacerle perder la concentración.
La estructura le caía encima y el giró la cabeza para esquivarlo el tiempo justo que necesité para lanzarle un nuevo hechizo. -¡Imperio!- Grité, y se podía contemplar en su cara una expresión de desesperación justo el momento antes de hacerle efecto, cuando se dio cuenta de lo que le venía.

Hice que se encogiera y se arrodillara en el suelo en dirección a nosotras, tal y como se arrodillaría una geisha. -¿Acaso creías tenías alguna posibilidad contra el alto mando del señor tenebroso? -Le pregunté con ironía, aunque obviamente sabía que no podría responderle.
Levanté mi pierna derecha y coloqué la suela de mi tacón sobre su cabeza con desdén.- Iluso, no sé tienes buena o mala suerte de que no tengamos que torturarte nosotras.- dije con desprecio.

En ese momento aparecieron por la puerta un chico una chica, como diría yo, bastante acaloraditos y acaramelados. ¿Por favor, es que aquí no se hace otra cosa?.
Por desgracia no iban lo suficientemente ebrios como para tomarse esto como acto de su imaginación, y se quedaron paralizados y mirando boquiabiertos. Con nuestras miradas amenazantes y penetrantes el chico intentó adelantarse y adoptar una posición de combate, pero Abi se ocupó de anularlo. Pobre ignorante.
Intercambié una mirada con Abi, esperando su reacción al reciente acontecimiento, pero se nos estaba haciendo demasiado tarde para ocuparnos de eso ahora. - Sácanos de aquí - dije algo apurada. -Ya haremos algo con esos luego.- Volví a mirar a Dean para no perder la concentración y esperé el siguiente movimiento.
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Abigail T. McDowell el Vie Oct 11, 2013 12:19 am

Yo era de las que se inclinaban más por cosas limpias y bastante sutiles, no sé... un Crucio en conjunción con un Muffiato para que los gritos no se oyesen, un Religio acompañado de un Sectumsempra... Pero por lo que estaba viendo, a Dai le gustaba hacer las cosas a lo grande. En una primera instancia, ambas nos separamos de su impaciente e impertinente ataque, fue demasiado evidente, y no nos costó lo más mínimo el apartarnos.

Yo tenía la varita en la mano, pero Dai aprovechó que Dean se encaró conmigo para atacarle. Utilizó un Reducto con la pared del fondo, y esta estalló en mil pedazos hacia adelante, cayendo sobre Dean; así mismo, también hizo un ruido escandaloso, pero por suerte estábamos en una discoteca con música cuyos decibelios debería estar por encima de lo permitido. Por suerte yo ya estaba acostumbrada a violar a mis tímpanos con música así de alta, pero aún así, tenía los oídos medio taponados. Dean intentó incorporarse, pero Dai fue más rápida y lo controló con un sencillo Imperio. Pan comido... Ruedo mi varita por mis dedos con diversión mientras Dai habla con él.

Obviamente, tiene buena suerte. El Señor tiene mejores que hacer que recrearse en la tortura de una escoria como él. —contesto con burla y desdén— Aunque ahora pensándolo... a Nagini le gusta mucho jugar... —le meto el miedo en el cuerpo, pues yo había sido consciente de los cuerpos que Nagini había dejado, y son cuerpos totalmente irreconocibles. Aunque claro, pocas veces deja cuerpos... y éste pobre desgraciado sabía que le esperaba algo parecido a eso...

Sin previo aviso, la puerta se abrió con una pareja de adolescente visualizando el panorama, una chica de unos veinte años y un hombre mucho más maduro, quizás veintisiete años, que, debo añadir, estaba de muy bien ver y seguramente de mejor palpar. Malditos Muggles curiosos y hormonados, ¿acaso no podéis ir a tener sexo a un jodido motel? ¡O a un puto callejón, cojones! ¡El baño está lleno de enfermedades, imbéciles ignorantes! Dai instó en irnos de allí cuanto antes, y luego iríamos a por esos dos para limpiar rastros. Teníamos que poner prioridades claras y ahora mismo lo era el imbécil que teníamos delante... como no quería que unos muggles fuesen testigos de cómo tres personas se desaparecen en medio de la nada, alcé la mano de la varita en un giro en el aire y a ambos les tapó los ojos una venda mágica, acto seguido, abrí la puerta con la varita, les empujé hacia atrás haciendo que chocasen contra los de fuera y volví a cerrar la puerta mágicamente. Habrían visto el estado de la habitación, pero no creo que relacionen nada con la magia. Aunque obviamente, tendrían un lavado de cerebro en cuanto hayamos terminado con nuestra misión principal.

Sujeté el hombro de Dai y, como esta tenía contacto con Dean, me desaparecí de allí, apareciendo en el comedor principal de la Mansión Riddle. Me aireé el pelo y la mano derecha del Señor apareció, perseguida por Nagini. Dean retrocedió hacia atrás, pero desde sus espaldas apareció su peor pesadilla, encadenándolo y preparándolo para la peor noche de su vida. O mejor dicho... para la última noche de su vida.

No nos pegamos mucho tiempo allí, y volvimos rápidamente a la discoteca para terminar lo que habíamos empezado. Nos aparecimos en un callejón cercano, y justo había un coche de policía en la puerta, seguramente por el destrozo que había en el baño. Evidentemente, cosas como aquellas no se ven todas las noches en las discotecas de Londres. Suspiré cansina, pues no tenía ganas de ir a por dos imbéciles que estaban en el lugar equivocado en el momento erróneo sólo para limpiar cualquier ínfimo rastro. Miro a Dai.

Voy a por el chico y tú a por la chica. Por cómo entraban a hurtadillas en el baño supongo que se acababan de conocer, y tras las cosas anormales que le pasaron, no creo que pasen mucho tiempo más juntos. No obstante, si están los dos juntos, voilà. Una de las dos tendrá suerte esta noche. —sentencio, dando mi opinión. Yo, personalmente, con mi "novio" no haría guarrerías en un jodido baño, pero los muggles adolescente son gente cojonudamente rara— ¿Ok? —pregunto con una ceja alzada, pues no creo que tenga objeción. Ambas queríamos terminar esto rápido, y no tendríamos ni el más mínimo problema contra Muggles, así que lo mejor era separarnos— Cuando hayas terminado, avísame. —le pido, pues si ella no hace su trabajo o no puede hacerlo, alguien tendría que ayudarla. Y si ella se encuentra  a los dos, estaría bien que me avisara para no estar haciendo la idiota por las calles de Londres— Nos vemos en un rato. —y, sin más, me voy a buscar a mi próxima presa... Empezaré por el interior de la discoteca... a lo mejor es tan gilipollas que sigue allí dentro y me ahorra trabajo...
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Vie Oct 18, 2013 11:54 am

Como esperé, Abi se ocupó de la parejita de intrusos que se nos había colado en el baño durante nuestra misión. Se quedó unos segundos mirando al chico, o más bien al hombre, ya que tenía unos rasgos característicos que lo diferenciaban de la estúpida adolescencia. ''La verdad es que…en fin, no quiero saber lo que esta chica está pensando’’.
Abi les tapa los ojos y los echa del cuarto en un rápido movimiento, volviendo a cerrar la puerta y volviendo a nuestra intimidad para poder seguir ocupándonos de nuestra presa.

Volví a mirar a Dean, poniendo una sonrisa de maldad, ya que sabía lo que le esperaba. Abi puso una mano sobre mi hombro y los tres nos desaparecimos por fin de ese local de mala muerte. Aparecimos en la mansión Riddle y llevamos a nuestro capturado en presencia del señor tenebroso, el cual se ocupó del pobre ser infeliz y nos liberó rápidamente de la tarea.
Solo quedaba una cosa por hacer, si ya de por sí no me gustaba tener que ir a borrar trapos sucios de secuaces inútiles de Lord Voldemort, tener que ocuparme de los estúpidos que se habían interpuesto en el proceso me resultaba aún más aburrido.

Mi compañera y yo volvimos a la zona de los locales y volvimos a llegar hasta la puerta de ‘’Darkness’’. Abi hizo una rápida organización de búsqueda y entró en la discoteca para buscar al chico. ‘’Sí, supongo que ella sabrá ocuparse de él’’.
Decidí dar un rodeo por la zona para buscar a la chica, ya que si los dos aún estaban dentro, teniendo en cuenta lo pequeño que era ese lugar, probablemente Abi los encontraría a los dos, y yo entraría para nada.

Caminé un par de calles, desprendiendo un aire cada vez más malhumorado que formaba una burbuja invisible a mi alrededor del que la gente se alejaba. Y hacían bien.
‘’ ¿Dónde estás pequeña alimaña?’’ Me estaba alejando ya demasiado de la zona recreativa de hormonas saltarinas, y estaba por desistir y volver al centro otra vez cuando oí la voz de unas chicas por las cercanías. Seguí avanzando, para comprobar si era ella, hasta llegar a un cruce que daba por un lado a una carretera principal y por el otro a un callejón.
Volví a oír las voces, eran dos, una de ellas sonaba algo desesperada y la otra apenas soltaba palabra.

-¿Pero tía, cuéntame, que es lo que pasó? Te vi alejándote con Jean y de repente te veo saliendo super seria de la disco. –Dijo una con tono alterado. -¿Te hizo algo?
-no…solo es que me pasó algo muy extraño en los lavabos. – Se aventuró a decir la otra. Pero en ese momento llegué a la esquina que daba al callejón y las visualicé rápidamente. Cualquier otra persona hubiera fingido simpatía en ese momento y le habría resultado fácil, pero no a mí.
Me acercaba a ellas con paso ligero, cuando la amiguita de mi objetivo se giró y me vio aproximándome a ellas algo amenazante.

-¡¿Eh tú, qué quieres?!- Me gritó, y entonces la otra giró la cabeza para mirarme. ‘’ ¿cómo se atreve a gritarme?, que falta de educación.''
La segunda, que era a la que originalmente buscaba, llamémosla ‘’X’’, empezó a reconocerme. Se colocó muy erguida y dio un paso atrás con una expresión entre asustada y confusa. Su amiga se dio cuenta y se colocó delante de ella, intentado interponerse en mi camino. ‘’ ¿En serio?, los muggles son tan triviales…’’
Llegué hasta su protectora y la aparté hacia un lado de un empujón.

-Parece que me recuerdas.- Digo dirigiéndome a ‘’X’’ y acto seguido miro a su amiga.- Y tu quizás deberías aprender algo de modales, sobre todo cuando te diriges a alguien muy superior a ti.- Al decir esto, la chica frunció el ceño y me miró, muy enfadada. ‘’Que adorable’’.
Di un paso atrás y saqué mi varita. –Vais a tener suerte, hoy no me apetece limpiar fiambres- Les dije con una sonrisa irónica. Algunos días me resultaba más fácil acabar con los imprevistos de un golpe y si estaba animada, eliminar las pruebas del crimen. Obviamente enviando a uno de mis subordinados, ‘’ ¿imaginas que voy a entretenerme en eso?’’.
Pero hoy me sentía generosa, me apetecía ser parte de la protección de animales en peligro de extinción. Esas dos pobres chicas tenían cara de animalillos intentando proteger su comida.
Alcé la varita y con un suave zarandeo les borré la memoria de todo lo ocurrido esta noche. –Bye, bye- Dije antes de realizar el hechizo. Mañana creerán que habían bebido tanto que el alcohol les nubló el cerebro toda la noche. A lo mejor debería crearles también un dolor de cabeza y estómago, para que sea más realista. Pensé divertida.

Era hora de ir a avisar a Abi, dejé a las dos chicas ahí tumbadas junto a la pared del callejón, no tardarán mucho en despertar e ir a casa confusas, aunque sinceramente no creo que sea la primera vez que no recuerdan una noche.
Me dispuse a realizar el camino de vuelta al repugnante local, continente de sudor con personas. Tardé unos veinte minutos a paso ligero en llegar hasta la calle céntrica y una vez más, y esperando que la última, llegué hasta la puerta esperando encontrar a Abi con su objetivo ya despachado para poder volver a casa.
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Abigail T. McDowell el Dom Oct 20, 2013 8:53 pm

Me había tocado, o más bien me había adjudicado, el limpiar los rastros de la pequeña escoria masculina. Odiaba tener que limpiar pruebas, era molesto y una pérdida de tiempo. Hubiera preferido tener un trabajo más limpio y poder estar haciendo cosas más útiles y funcionales en mi tiempo libre… no sé, rascarme el ombligo o afeitar bombillas seguro que es más productivo que pegarme la noche buscando a un muggle inútil que debe de estar traumatizado con lo que le pasó en la discoteca.

Suspiré desganada y me fui de donde estaba Dai, dejándola a ella con su cometido. Me dirigí nuevamente a donde anteriormente estaba la cola de entrada  a Darkness, aunque ahora mismo no había nadie. Mucha gente se había ido por la hora, o habían conseguido entrar todos los que estaban esperando, así pues, tranquilamente, volví a intentar entrar. Pero el portero buenorro, se interpuso entre yo y mi destino, dirigiéndose a mí con un intento de parecer extrovertido y ligón. Alcé la cabeza al ver que me interrumpía el paso y me apoyé en una pierna, mirándole con cierta curiosidad.

Bueno, chica misteriosa, ¿te quedarás mucho por aquí? —me preguntó, ojeando “distraído” a los demás adolescentes que pasaban por la zona.
Me estoy aburriendo, así que si no consigo diversión, me iré a buscarla a otra parte. —contesto, tajante. Capté su atención al momento.
Yo salgo en media hora… y mi compañía te aseguraría diversión hasta el amanecer. —me aseguró con una sonrisa altanera y sensual. Yo alzo una ceja, pues los muggles tienen el sentido del ligoteo un poco atrofiado. Pero bueno, debía de admitir que éste hombre lo menos que necesita es una labia útil, pues su físico le arregla mucho la tarea de ligar.
Me lo pensaré. —le guiñé un ojo, y le aparté de mi camino con mi mano en su brazo, para poder pasar al interior de la discoteca.

Me pegué en el interior de la discoteca más tiempo del que me hubiese gustado estar. Estaba repleta, y para pasar de un lado a otro había que tener contacto físico con cuatro personas a la vez, por lo menos. No había visto rastro de él en ninguna parte, hasta que, quizás veinte minutos después —en donde me bebí dos copas mientras rechazaba con continuidad a algunos adolescentes obsesionados con las pelirrojas sexys—, vi al pequeño muggle bailando con una rubia. Milagro.

Dejé la copa sobre la barra, me levanté del taburete y fui, sin apartar la vista y dejando al tío hablando solo en la barra, hacia donde se encontraba mí objetivo. Aparté a la rubia despectivamente y sujeté el cuello de la camisa del chico para acercarlo a mí. Noté su mirada, ebria y desubicada, y me lamí los labios, divertida.

Acompáñame. —le dije en su oído. Él no me recordaría, casi no tuvo tiempo para poder verme, y mucho menos me reconocería en ese estado de embriaguez.  Sujeté su mano y me lo llevé de allí, nos dirigimos escaleras abajo a un pequeño almacén, y abrí la puerta con un fácil conjuro, pues estaba cerrada.  Empujé al chico hacia dentro y, tras fijarme en que no había nadie a mi alrededor, me metí detrás, cerrando la puerta.

Si hubiera estado bueno, posiblemente me hubiera aprovechado de él. O, cómo él pensaría, él se hubiese aprovechado de mí. Aunque teniendo en cuenta que puedo matarle con dos palabras, creo que es más acertado decir que yo me aprovecho de él. No obstante, un cuerpo daría mucho de qué hablar, y deshacerme de un fiambre no estaba en mis planes, así pues, disfruté de unos minutos de pavor y sufrimiento, por pura diversión, y cuando vi que pasó la media hora, le borré la memoria y lo dejé inconsciente en la puerta de aquel almacén. Quién lo encuentre creerá que intentó abrir la puerta y que se quedó dormido antes de poder conseguirlo. Realmente, me importa un jodido pepino lo que piensen.

Salí de la discoteca, y vi a Dai caminando de camino a donde yo estaba. No tenía pensado quedarme con ella más de lo preciso, sabiendo cómo era ella, si no hubiese cumplido con lo que tenía que hacer, no estaría viniendo hacia aquí, así que querrá irse cuando antes. No la veo yo con ganas de querer divertirse de ninguna otra manera un sábado por la noche… Me dirijo al portero que me mira saliendo y me pongo de puntillas para llegar mejor a sus oídos.

Te espero en el callejón de la calle contigua. No me hagas esperar. —retrocedo de espaldas, y tras unos pasos, me doy la vuelta y me dirijo hacia donde está Dai. La veía “contenta” o, más bien, “satisfecha”, pues ver contenta a alguien que rara vez sonríe, es difícil. Llegué delante de ella, y continué caminando a su lado para irnos de aquella zona fiestera adolescente— Mi parte está hecha. Y sabiendo cómo trabajas, supongo que la tuya también. ¿Gritó mucho? —bromeé, con una perversa sonrisa.

Iríamos juntas hasta el cruce de calles, luego yo me quedaría y ella haría lo que quisiera. ¿Debería proponerle un trío? Sería épico ver su cara... No quería irme con este mal sabor de boca un sábado noche, quería algo de diversión extra y pretendía conseguirlo a costa de aquel atractivo portero…
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Mar Oct 29, 2013 10:55 am

A apenas unos pasos de llegar a la discoteca, Abi apareció por la puerta, se acercó al portero diciéndole algo al oído y luego vino hasta donde yo estaba. Se adelantó y seguimos caminando alejándonos de aquella zona de ruido y pecado.  Me confirmó que ya se había ocupado de su parte del trabajo y supuso que yo también me había encargado de la mía.
No gritó- Dije tajante.- Me molesta el ruido, y los gritos y chirridos me taladran el cerebro.- Bufé indignada, aunque reconozco que de vez en cuando me gustaba saciarme y desahogarme con algunas víctimas, sobre todo cuando se lo merecen… pero por lo general me resultaba molesto y cansino.
Miro a Abi y la correspondo con su sonrisa perversa.- Solo se asustó como un ratoncillo en una trampa. Doy por hecho que tu si te has quedado satisfecha ¿no?- Pregunto, aunque la respuesta era bastante obvia.

Seguí a Abi mientras caminábamos hasta que llegamos a un callejón cercano y ahí paró de caminar. Supuse que ya sería hora de despedirnos, por fin, había sido una tarea muy fácil y no nos había llevado demasiado tiempo que digamos, pero el simple hecho de que me lo ordenaran, y que me ordenaran meterme en ese antro me molestaba, pero no me quedaba otra opción que tragarme mi orgullo si quería conseguir lo que quería.

Miré a Abi y vi que no tenía intención de moverse de allí, ¿a que está esperando? Me pregunté bastante extrañada, no es que yo entendiera la forma de ser ni de divertirse de Abi, pero había supuesto que también estaría deseando terminar con la misión y largarse.
Estaba a punto de desaparecerme sin darle más importancia cuando un movimiento llamó mi atención por la derecha, con un acto reflejo miré hacia ese lado y me mantuve en estado de alerta hasta que reconocí de quién se trataba, el portero de la discoteca. ¿Qué demonios quiere ese ahora?, tendría que ocuparme de él o esperar a que pasara de largo si quería desaparecerme.

Sigue caminando hacia nosotros y me fijo en que mantiene una sonrisa picarona hacia Abi. Miro hacia Abi y la veo corresponder con una expresión similar. ¿Será que ella se va a encargar de él? ¿Pero por qué sigue ahí parada? Vuelvo a mirar al portero y entonces me viene a la mente la imagen de Abi acercándose a él al salir y susurrándole al oído.
Miro a Abi de nuevo confusa, como quién observa un partido de tenis, y observo como sigue expectante esperando a que el hombre se acercara, lo cual corrobora mis sospechas.
-¿En serio?- Pregunto con curiosidad, ya que de verdad no entendía como podía pensar ahora en acostarse con ese tío con cara de pocas luces, aunque no me sorprendía. – Déjalo, prefiero no saberlo.- Digo antes de que pudiera responderme, realmente me daba igual, ya había cumplido con su parte del trabajo y había sido eficiente así que podía hacer lo que quisiera.

-Disfruta de tu premio pues- me limité a decir indiferente, aunque seguía intentando comprender la situación.  Caminé en dirección al portero pasándolo y quedando por detrás de él de forma que no me viera y entonces me desaparecí. Al menos puse algo de mi parte para no estropearle el pastel por el momento, si el tipo había visto algo raro ya se encargaría ella.

Una vez en mi casa me deshice del pesado abrigo y del resto de la ropa y me vestí de forma más cómoda.  De alguna forma, esta pequeña salida me había servido para despejarme, y ahora pensaba dedicarme a terminar de atar los cabos sueltos de de mis últimas infiltraciones en el  ministerio para luego irme a dormir. Fui hasta la cocina ordenando que me sirvieran un té y algo de comer, cogí el periódico y me dispuse a leer las últimas noticias relacionadas con el ministerio y catástrofes recientes en relación con mi pesado trabajo.
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InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Mar Oct 29, 2013 11:39 pm

No iba a juzgar a Dai, ella era de las que prefería un trabajo silencioso, y yo de las que lo prefería sin sangre, sutil y limpio. Cada uno con sus manías, aunque más que manía, lo mío era una necesidad… es ver sangre y ponerme verde. No obstante, un requisito indispensable era para mi satisfacción personal, era que suplicaran. No gritar, eso ya puede quedar en un segundo plano… pero eso de que te pidan clemencia, o supliquen para que pare el dolor que les atormenta… Sí, eso me hace sentir muy bien. Estoy enferma… Pero me encanta…

Asentí convencida a lo que dijo de que yo me había quedado satisfecha, dándole por hecho con mi rostro impasible y tranquilo que había cumplido perfectamente mi misión. Comenzamos a caminar, y hubo un lugar en donde yo me paré a esperar a mi diversión de esta noche; Dai se me quedó mirando, pero lo entendió todo cuando vio aparecer al portero de aquella discoteca y observó nuestras cómplices miradas y traviesas sonrisas. No sé qué me hacía más gracia, si la cara de flipado que tenía el tío por saber que esa noche podría tirarse a alguien como yo, o la cara de sorpresa de Dai… Debería proponerle un trío a Dai, a lo mejor acepta… seguro que es una fiera en la cama…

Créeme, lo haré. —le contesté a Dai con una maliciosa sonrisa cuando me dijo que disfrutara de mi premio. Podría haberle contestado con picardía o con cierta travesura, pero hoy no era el día de pensar en picardías.

Dai pasó por el lado del portero y, cuando se quedó atrás, se desapareció. El portero se dio la vuelta para buscar a mi compañera, pero vio que ya había desaparecido, a lo que me miró sorprendido sin saber lo que había pasado; no obstante, yo ya no estaba a tantos metros de él, sino que estaba justo delante, a escasos palmos de su rostro, pues me había aparecido justo ahí. Él me miró con deseo, y yo esbocé una sonrisa.

Vamos a pasárnoslo bien… —le digo, pasando mi mano por su cuello y acercando sus labios a los míos sin besarlos, obviamente. Acto seguido, me desaparezco con él de allí y aparecemos en una habitación de un motel llamado “The Bridge”. Él, sorprendido por eso, se separa de mí y retrocede con nerviosismo y miedo, cayendo sobre la cama.

Saco la varita, conjuro un hechizo para silenciar la habitación y comienzo a caminar hacia él con lentitud, cerrando las ventanas y las puertas mágicamente, a la vez que le movía y le sentaba sobre una silla, sentándome a horcajadas sobre él.

Nunca nombré el sexo, ¿verdad? Creo que hoy voy a aprovecharme de ti. Y déjame informarte, pequeño ligón del tres al cuarto, de que debes medir a tus presas antes de lanzarte a por ellas… —esbozo una perversa sonrisa y le hago la cabeza hacia atrás— Pues pueden que sean mucho para ti.

Obviamente, no iba a tirarme a un sucio muggle. Tengo expectativas mucho más altas en mi lista de deseos sexuales, y puedo encontrarme a uno mucho más guapo, mucho más inteligente y con quien pasarlo mucho mejor visitando cualquier lugar mágico, un auténtico mago que sepa qué hay que meter y en dónde. Además, esto de torturar adolescente me ha dejado con mal sabor de boca… un sabor insatisfecho, y este portero es el candidato perfecto para mis fines… medio idiota y guapo. El pobre, espero que no tenga mucha gente querida, o a partir de esta noche van a tener que empezar a echarle de menos…
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