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Más de cien mentiras [Stella Moon]

Invitado el Dom Jun 28, 2015 2:52 pm

El tiempo pasaba incansable e imperturbable, y el día sucedía a la noche y viceversa. Uno podría pensar que el dolor de tener que matar al menos una persona por noche se hacía más tenue según pasaba el tiempo, pero eso de que el tiempo todo lo cura es solo una fantasía creada para consolar a los inconsolables. El tiempo cura el dolor, cura la pérdida, cura la tristeza y en ocasiones la alegría. Lo cura todo, ciertamente, menos la propia naturaleza. Y cuando tu naturaleza te obliga a matar, el tiempo se convierte en tu mayor carga, nunca en tu cura.

La noche, como tantas otras en verano, era cálida y la ebullición en la gente era más fuerte que de costumbre. El fin de semana estaba a punto de terminar, pero no con el las fiestas continuas que anunciaban el comienzo de la estación más calurosa del año. A mi antes me gustaba el sol y el calor, pero había aprendido a verlos como mi mayor enemigo y mi potencial salvación. Debía respetar esos elementos.

Entré en un bar de Londres en busca de mi presa del día. Era un sitio oscuro y abarrotado en el que te podías asegurar que nadie, aunque te viese, se acordaría de tu cara. Los hombres sudorosos y medio ebrios o ebrios del todo abasallaban a las mujeres que, o aceptaban sus atenciones o se veían obligadas a huir durante un buen rato de ellos buscando no tener problemas por rechazar a tan asquerosos especímenes. El olor en aquel lugar era diferente y definitivamente desagradable para mi. No suele gustarme, en general, la sangre cargada de alcohol y tanto su sabor como su olor es como comer algo que saber que no ten gusta pero tus padres te obligan. Sin embargo, en aquel bar había algo especialmente desagradable. No era alcohol, ni era suciedad. Olía a lobo rabioso, a perro mojado y a perfume de mujer, todo a la vez. Tuve que arrugar la nariz nada más entrar. Aquel aroma no era desconocido para mi en absoluto, pero lo que era peor es que me llamaba como un imán y despertaba todos mis instintos asesinos. Era el olor de un licántropo muy cerca de su transformación seguramente. Escruté el bar con toda mi atención, dejándome guiar por mi olfato y mis instintos y con plena consciencia de que mis ojos estaban más rojos y más rabiosos que nunca. Una mujer, morena, sentada en la barra me daba la espalda, pero hizo que mis colmillos destellearan en la penumbra de aquel sitio. Los escondí buscando no llamar la atención y miré a la mujer desde atrás pensando en cual debía ser mi siguiente movimiento. Estaba claro que no iba a tardar mucho en darse cuenta ella de que yo también estaba allí.

Cuando me decidí a ir hacia ella para arreglar el inevitable problema entre nosotras, un hombre con un vaso de cerveza en la mano se cruzó en mi camino agarrándome del brazo.- Hola guapa, tienes unos ojos preciosos, lo sssabias?- dije con voz arrastrada y pegajosa. Levanté una ceja y miré su mano que sujetaba mi brazo.- Suéltame -dije con tranquilidad pero una voz de ultratumba que no debería escuchar nadie a quien no me fuese a comer posteriormente.
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Stella Moon el Miér Jul 15, 2015 8:14 pm

El verano ya estaba aquí, y eso me irritaba. No me importaba el frío en invierno, casi nunca me molestaba aún cuando las personas a mi alrededor estaban congeladas y temblaban por las bajas temperaturas. Tampoco es que me gustase especialmente el frío, pero al menos no me hacía sentir miserable, a diferencia del calor del verano. Los veranos donde crecí eran horribles; el aire estaba cargado de humedad y casi todos los días había una tormenta. ¡Y ya ni qué hablar de los huracanes! Además, había mosquitos por todas partes y no paraban de molestarme. Por fortuna, parecía que a esos bichos despreciables no les gustaba el sabor de mi sangre y por lo tanto no me picaban, aunque no dejaban de ser un incordio. ¡Ventajas de ser una licántropa! ¿Acaso el sabor de nuestra sangre era diferente a la de los humanos normales? No lo sabía, pero a lo mejor sí. En fin, al menos lo bueno del verano en el Reino Unido era que no era tan cálido como en otros lugares, especialmente en Londres. Londres tenía unos pocos días soleados, pero por lo general el cielo era gris como siempre. A diferencia de en otras temporadas del año, la lluvia era bienvenida en estos días. Era refrescante y nos daba a todos un respiro del sofocante calor de los días más soleados.

Había sido un día largo y agotador en el trabajo. Aunque normalmente encontraba el trabajo entretenido había días que eran aburridos y que me cansaban mucho. Hoy había sido uno de esos desafortunados días, ya que había estado repleto de reuniones a las que ir y papeleo que leer y firmar. Yo siempre era muy profesional y manejaba todas aquellas tediosas obligaciones del trabajo con paciencia, pero desafortunadamente para todos los demás trabajadores y para los empleados mañana iba a ser luna llena, lo cual significaba que la paciencia no es una virtud que poseo estos días. Había estado bebiendo la poción mata lobos durante toda la semana, pero aquello no hacía que desapareciesen los síntomas de la transformación, y los síntomas no eran para nada agradables. Tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no perder los nervios con mis pobres empleados, que ellos ya me tenían bastante miedo y no necesitaban más razones para ello. Yo podía llegar a ser una jefa encantadora cuando quería, pero había días en los que era una mala zorra. No podía evitarlo, era mi naturaleza.

Fue por culpa del largo y agotador día de trabajo que necesitaba relajarme. No fui de vuelta a casa con Drake y Fly, sino que me fui a la calle en busca de un buen bar donde tomar algo. Me encantaba ir a bares y pubs y beber hasta tambalearme, o mejor aún hasta que encontrase a algún hombre atractivo que me calentase la cama. La gente siempre dice que los hombres que iban en busca de mujeres a los bares no son de fiar, pero yo nunca les temía, no podían hacerme daño. Si tenían intención de hacerme cualquier tipo de daño entonces no tardaban en darse cuenta de que habían cometido un error muy grande al elegirme a mí como su posible víctima, y se daban cuenta de ello cuando les golpeaba una Maldición Imperdonable o cuando les rompía el cuello con mis propias manos. Sin embargo, si hacerme daño no estaba en sus planes entonces se veían recompensados con una apasionante noche de sexo salvaje. ¿Qué podía ser mejor?

Pero esta noche no iba en busca de un hombre. Todo lo que quería era emborracharme. ¿Era eso una buena idea? Probablemente no. Ya me dolía bastante la cabeza, y una resaca no me ayudaría absolutamente nada. Pero aquello no importaba, quería emborracharme así que me emborracharé. No servían whisky de fuego en los bares muggles, así que me pedí un tequila. De repente un hombre enorme con un dragón tatuado en sus gigantescos bíceps apareció y se sentó a mi lado en la barra mientras me miró con hambre y deseo.

-¿Puedo invitarte a una copa?- me preguntó, y le miré con una ceja ligeramente arqueada. Era un hombre enorme, del tamaño de un toro, y parecía lo suficientemente fuerte como para machacar a varios hombres a la vez en una pelea. Tenía la cabeza tapada y parecía un matón. La mayoría de los hombres que había a nuestro alrededor en el bar eran matones. Apestaba a sudor y alcohol y tabaco, y por culpa de mis sentidos de licántropa, que estaban despertando, apestaba aún más de lo normal. El hombre que se había sentado a mi lado también apestaba a eso. Era bastante atractivo, pero como ya he dicho antes, esta noche no es un hombre lo que necesito. O al menos no le necesito para sexo, precisamente...

-Gracias guapo, pero ya tengo una copa- le dije con una sonrisa encantadora mientras alzaba con mi mano el vaso de tequila.

-Bueno, pues te invito a la siguiente ronda.

-Si insistes...- murmuré mientras hacía un esfuerzo para no poner los ojos en blanco. Bebí un trago de tequila, sintiendo como la bebida alcohólica bajaba por mi garganta y me quemaba. Esa una sensación que me aliviaba después de la pesadez del día. Lo que no me alivió tanto fue ver por el rabillo del ojo como la mano del hombre se acercaba a mi pierna. Le fulminé con la mirada, ya sin encanto en mi expresión.- Tal vez deberías reconsiderar dónde vas a poner esa mano.

El hombre se rió por lo bajo, divertido por mi repentina expresión molesta. Seguramente se imaginaba que una mujer como yo no podía hacer nada contra un hombre como él. A su lado yo era diminuta, él era una montaña.

-¿O qué?

-No sé. Podrías perder unos cuantos dedos- dije entonces con tono juguetón, mezclando mi tono con una mira de seriedad.- O el brazo entero.

Por supuesto, no me tomó enserio. Se rió por lo bajo, entretenido por el hecho de que una mujer le estuviese amenazando. Suspiré y puse los ojos en blanco cuando vi que el tipo no iba a echarse atrás. Puso su enorme mano en mi pierna y apretó mi muslo, y fue entonces cuando le agarré por la parte de atrás del cuello con mi mano. Durante el resto del mes, cuando era una simple humana, era muy fuerte porque me entrenaba duro y era más fuerte que la mayoría de mujeres y que muchísimos hombres, a pesar de que no tenía mucho músculo no parecía marimacho. Pero el día previo a la luna llena comenzaba a tener cosas propias de los licántropos, y la fuerza era una, así que no me costó absolutamente ningún esfuerzo empezar su cabeza hacía bajo y estampársela con fuerza en la superficie dura de la barra. Se oyó un horrible crujido cuando su nariz se rompió al recibir el golpe, y el hombre calló al suelo gritando de dolor y sangrando.

-¡PUTA!- vociferó cual banshee.

Le ignoré, al igual que estaba ignorando a todas las personas a mi alrededor. Muchas personas y sobre todo el barman no parecían muy sorprendidos por lo que acababa de ocurrir. Estábamos en un bar, después de todo, y había peleas de vez en cuando. Lo que no era muy normal era ver a alguien como yo haciéndole eso a un tipo como él y además con tanta facilidad, pero bueno, cosas más raras de habían visto por el mundo.

El hombre se levantó y se cubrió con cuidado la nariz ropa con las manos. Estaba sangrando mucho, y tenía que ir al hospital. Me estaba fulminando con la mirada llena de rabia, y era muy obvio que le encantaría estrangularme aquí y ahora. Pues qué pena por él, se iba a quedar con las ganas.

-¿No ibas a arrancarme el brazo?- me provocó, sorprendiéndome. Estaba muy chulo para alguien a quién acababan de patear el culo de una manera casi humillante. Me encogí de hombros.

-Puedes quedarte tu brazo. Lo necesitarás para ir a cascártela- mascullé. El áspero tono de mi voz fue suficiente para indicarle el hombre que era hora de que se marchase. Sin embargo, antes de que pudiese marcharse estiré el brazo hacia él y metí la mano en su bolsillo, sacando algunos billetes mientras sonreía de manera algo siniestra.- Creo que ahora sí que me apetece esa copa. ¡Gracias!

El tipo maldijo entre dientes, pero se dio la vuelta y se fue, apartando bruscamente a todo el mundo de su paso de camino a la puerta. Yo devolví mi atención a mi tequila como si nada hubiese pasado y me metí el dinero en el bolsillo. Tal vez luego sí que paga de otra copa con él.

La paz y la tranquilidad no duraron mucho en el bar. Apenas unos segundos después de que se marchase el hombre capté un olor en el aire, algo que no era ni tabaco ni sudor ni alcohol ni perfume. Era un olor que conocía bien. Había convivido con aquel olor durante muchos años y lo reconocería en todas partes, además de que mi naturaleza licántropa lo captaba inmediatamente y hacía que me hirviese la sangre. A los licántropos no nos gustan los vampiros, aunque cuando somos humanos nos cuesta muchísimo distinguirlos de personas normales porque nuestros instintos están adormecidos... Pero ahora no, ahora estábamos a un día de una luna llena, y mis instintos de estaban disparando y me gritaban que detrás mío estaba uno de mis enemigos. No sabía si sería un vampiro o una vampira, pero me daba igual. Ya lo vería ahora, cuando me girase a dar la cara. Seguro que estaba captando mi olor a lobo y se estaba volviendo loco. Sonreí de medio lado de manera traviesa. Sería interesante ver qué hace un vampiro en medio de un bar repleto de Muggles.

Nunca me habían gustado los vampiros, pero cuando mi hermano fue atacado y se convirtió en uno comencé a odiarles a muerte. Mi hermano odiaba ser uno de ellos. Yo vi con mis propios ojos cuanto sufrió en el pasado por culpa de lo que es. Por eso lo abandoné todo y me fui con él de vuelta a casa, a Estados Unidos, para estar con él y apoyarle. Tardó muchísimos años en poder controlar su naturaleza y aceptar se a sí mismo, pero por fin lo había logrado, por fin estaba bien y feliz. Por eso yo había vuelto a Londres, la ciudad que se había convertido en mi hogar, y le había dejado a él sólo allí. Pero Drake era el único vampiro al que podía tolerar, a los demás no.

Me bebí todo lo que me quedaba de tequila de golpe y me giré rápidamente de repente para mirar a cara a cara al vampiro que había estado acechándome y que no me había visto la cara hasta ahora. Tenía curiosidad por ver qué haría el vampiro. ¿Estaría luchando por ocultar su naturaleza y reprimir sus instintos? ¿Osaría atacarme delante de toda esta gente?
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Invitado el Miér Jul 22, 2015 11:10 pm

Aquel bar era como cualquier otro en el que yo pudiese haber entrado en aquella noche estival. Apestaba a sudor y hormonas, todas las personas allí presentes estaban ebrias o a dos pasos de estarlo y la razón se dejaba con el abrigo en la puerta pues todos aquellos parecían almas perdidas, demasiado insatisfechos con su vida y tan frustrados que necesitaban engañar a su cuerpo y hacerle pensar que el mundo era maravilloso pero se escondía al final de un vaso de ron con hielo. Yo no tenía la capacidad de engañar a mi cuerpo de esa manera, para él, el mundo era un buffet libre y su única traba era yo y mi maldita conciencia, por lo tanto, el mundo era una especie de habitación llena de botones rojos que te tentaba tocar pero sabías que no debías.

Cuando entré el ambiente estaba agitado, pero eso no era algo que fuese de mi incumbencia ni me importase. En cuanto capté el olor de aquel licantropo, el resto de gente de aquel establecimiento pasó a darme igual y cuando aquel enorme y musculoso hombre se fijó en mi, no pude más que odiarlo por interponerse en mi camino hacia una presa mayor y una pelea mejor. Su aliento me asqueó y, si ya me gustan por lo general poco los hombres, este me hizo odiarlos. No quería saber nada ni de sus músculos, ni de sus manos, ni de esa cosa que le colgaba entre las piernas y por la que no sentía ningún aprecio. Mi contestación a sus piropos debió dejarle claras mis intenciones con él y la borrachera que llevaba encima no debía ser tan contundente pues bastó una palabra para que desapareciera de mi vista. Al desviar la mirada hacia la morena de la cual se desprendía aquel terrible olor a perro mojado y rabioso me encontré con su mirada directamente clavada en mi y no con su nuca como esperaba. "Adios al factor sorpresa" pensé con una mezcla de satisfacción y lástima.

Los licántropos nunca me habían importado cuando era humana a no ser que me atacasen. Si no para mi eran personas con...una menstruación más monstruosa que la de los demás. Pero desde que mi naturaleza había cambiado, los veía irracionalmente como monstruos a los que había que eliminar. Encendían mi sentido de supervivencia como ninguna otra cosa, ni siquiera enfrentarme al sol o a un dragón especialmente rabioso. No había nada peor para mi que un licántropo. Sin embargo, en cuanto le vi la cara, me di cuenta de que este no era un licántropo cualquiera. Inevitablemente sonreí al reconocerla, aunque no de una manera feliz, si no más bien de una manera sádica, muy poco mia. Era una vuelta de tuerca más a aquella situación.

- Te noto cambiada- dije dando por hecho que ella también me reconocería a mi. Stella era una sombra de mi pasado. Una amiga del colegio de esas que no había esperado tener. Habíamos tenido cosas en común, como el quidditch, pero siempre habíamos sido muy distintas. Ahora más que nunca lo notaba.-Ha pasado mucho tiempo- dije fingiendo tranquilidad.

Ella había sido mi amiga, pero no podía esperar que ese sentimiento se mantuviera. Sería demasiado ingenuo por mi parte. Y más teniendo en cuenta que ahora éramos enemigas naturales... Mi parte humana quería salir corriendo de ahí, alejarme lo máximo posible de ella, poner continentes entre nosotras. Pero dominaba en mi el vampiro...y quería fiesta y a lo bestia. Me acerqué a ella con paso elegante forzando mi resistencia y mi sentido del olfato. Me apoyé en la barra a su lado y la miré con una sonrisa coqueta. Mi parte vampírica había aprendido bien de Alexandra y le encantaba coquetear.- Que pena habernos encontrado en medio de un monton de muggles, en la soledad de la noche este encuentro habría tenido muchísimos más matices- dije sonriendo y dejando ver lo rojo de mis ojos que lejos de apartar a los humanos los atraía más y más.

Allí puesta a su lado, quería, por encima de todas las cosas, arrancarle la cabeza. Quería llevar a mi casa la cabeza de una mujer lobo clavada en una pica y reírme con mis hermanos. Pero no quería nada de eso en realidad."Emily..." Sonó la voz de mi madre en mi cabeza haciéndome sentir culpable y aun más rabiosa a la vez.
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Stella Moon el Sáb Ago 15, 2015 11:59 pm

Me di la vuelta para encarar al vampiro que había estado acechándome. Ya le había partido la cara a un hombre borracho en el bar, partirle la cara y los colmillos y tal vez la columna vertebra a un vampiro haría que mi noche diese un giro muy feliz. Era capaz de aguantar la presencia de vampiros, pues había convivido con mi hermanos durante años sin problemas. Cierto era que habíamos tenido nuestros problemas, pues los instintos naturales eran difíciles de controlar, pero había aprendido a estar cerca de un vampiro sin convertirme en una fiera rabiosa que lo único que quería era arrancar cabezas. Pero una cosa era aguantar a mi hermano, y otra muy distinta era aguantar a otros vampiros. Drake era la persona a la que más quería yo en el mundo entero, y los demás vampiros eran seres despreciables. Habían hecho desagraciado a mi hermano, y deseaba encontrar al culpable de su transformación para hacerle sufrir por lo que le había hecho a Drake.

Me giré para dar la cara al vampiro que me acechaba. Me hacía gracia que me acechase en medio de un bar Muggle, pero encontraba lógico que viniese aquí en vez de a un bar mágico pues en esos lugares si se le iba la mano alguien llamaría a los del Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas. En un bar Muggle podía merendarse a quien quisiese después de distraerle y llevárselo a la calle o a un rincón oscuro. Pero a mí no podría hacerme aquello. En cuanto me giré para darle la cara al vampiro y hacerle saber que me había dado cuenta de que se acercaba se me borró la sonrisa retorcida de los labios, y en su lugar apareció en mi rostro una expresión de profunda confusión y de asombro.

“¿Qué hace Emily aquí?” me pregunté a mí misma cuando vi a mi amiga allí, enfrente de mí. ¿Dónde estaba el vampiro…? Me sentí desconcertada durante un segundo hasta que me di cuenta de la verdad. Emily era el vampiro. El desconcierto desapareció de mi rostro y mi expresión se volvió más fría cuando vi sus ojos rojos. Esbocé una sonrisa que reflejó la de Emily: retorcida, siniestra.

-Yo estoy igual que siempre, Em. Eres tú la que has cambiado- dije mientras la miraba de arriba abajo, haciéndome a la idea de que de alguna manera, en todos aquellos años que llevaba sin verla ella había sufrido el mismo destino que mi hermano y había acabado convertida en una sanguijuela. Era difícil pensar que la joven, dulce e inocente Emily se había convertido en… esto. Una criatura de la noche. Un monstruo que se alimenta de succionarle la vida a los demás. Qué diferente estaba a como era cuando ambas estábamos en Hogwarts. Aunque ella estaba unos cursos por debajo de mí y era una Hufflepuff nos habíamos hecho amigas, contra todo pronóstico. Los demás Slytherins que eran amigos míos no entendían muy bien por qué yo me había hecho amiga de una chica como Emily, que pertenecía al grupo al que siempre le hacíamos bullying. Pero Emily tenía una personalidad y un encanto difíciles de ignorar y me di cuenta de que ser su amiga era mucho más entretenido que hacerla bullying, así que fue una de los tejones con los que entablé amistad. De vez en cuando yo tenía la manía de hacerme amiga de gente que los demás de mi Casa no aprobaban, y a mí me daba igual.

Pero era evidente que esa Emily que había sido mi amiga ya no existía. En su lugar había una copia de Emily, una mujer adulta que lucía su rostro pero cuyos ojos rojos no reflejaban ni de lejos las emociones que los ojos oscuros de mi amiga de la escuela habían reflejado. Era más oscura, y peligrosa. Por una parte me daba pena el cambio. Por otra parte me encantaba, pues me gustaba mucho rodearme de gente peligrosa y oscura. Pero también odiaba ese cambio. Era una vampira.

-No creo que te de pena no poder hincarme el diente, tengo entendido que a los de vuestra clase les desagrada mucho nuestro sabor- dije con tono bromista en respuesta a aquel último comentario suyo. Podía ver un intenso conflicto en sus ojos, pero en ellos estaba claro quién estaba ganando aquella batalla: el instinto vampírico, el que me odia. No puedo culparla. Si mi presencia le estaba desagradando tanto como la de ella a mí entonces no me extrañaría que quisiese acabar conmigo. La cercanía de un vampiro tan cerca de mí me estaba poniendo los pelos de punta y hacía que me hirviese la sangre… y eso que yo estoy acostumbrada a estar cerca de los de su especie, y mis instintos solo están medio despiertos gracias a la proximidad de la luna llena.- Matices rojos supongo- murmuré mientras reía por lo bajo.- ¿Está impidiendo toda esta gente que intentes arrancarme la cabeza ahora mismo?

Era muy extraño hablar así con Emily, pero no podía evitarlo, era una vampira. Y aún así… era Emily. Había aprendido a controlarme alrededor de Drake, si lo intentaba no tenía por qué no llevarme igual con Emily que como me había llevado con mi hermano. El problema era ella. ¿Podía ella controlar sus instintos?

-Veo que me he perdido muchísimas cosas en los años que estuve fuera de Inglaterra- comenté, refiriéndome obviamente a su cambio de humana a vampira. Pedí otra bebida al barman, y me la trajo rápidamente. Muchos hombres nos estaban mirando, se sentían atraídos por la imagen de dos chicas hermosas entre las que parecía haber tensión.- ¿Hace cuánto tiempo que estás así?
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Invitado el Mar Ago 18, 2015 12:26 pm

Encontrarme cara a cara con Stella en aquel bar no formaba parte de mi plan inicial. Por prejuicio puro y duro, cuando huelo a un licántropo de una manera tan fuerte espero encontrarme a un hombre peludo y tosco o una mujer medio neandertal que disfrutan mordiendo a niños pequeños para meterlos en su secta de perros mojados. Era curioso que mis instintos se despertasen de esa manera cuando me encontraba a un licántropo y aun así, que casi lo único que me importase actualmente, fuese un lobo. Y aun teniendo en cuenta todo eso, no esperaba encontrarme con Stella en aquel maldito bar, oliendo a perro sucio y mojado.

La recordaba perfectamente de nuestros años en Hogwarts. Ella había sido una de esas rara avis de Slytherin que se relacionaban conmigo. Nunca me pregunté por qué lo hacía pues yo tampoco podía contestar a esa pregunta si me la hacían, simplemente disfrutaba de su compañía y me aportaba más cosas buenas que malas, pero si llegué a saber que era un licántropo, mis problemas posteriores y mi transformación lo habían borrado de mi memoria. Quizás porque tenía cosas más apremiantes en las que pensar.

La gente que nos rodeaba nos miraba intrigada, como si la tensión entre nosotras fuese una interesantísima cúpula que nos envolviese y todo el mundo pudiese verla. Supongo que aunque no supiesen lo que éramos, la relación entre nosotras trascendía más allá de lo físico y todo el mundo podía captarlo aunque fuese a un nivel subconsciente, como si nuestras iracundas hormonas los llamasen para unirse al banquete. En parte, todas esas miradas de interés me complacían y solo en momentos en los que mis instintos me invadían podía llegar a entender en una medida mínima a Alexandra y su amor por ciertas cosas.

- Preferiría comer tofu- dije ligeramente juguetona cuando comentó que a los vampiros no nos gustaba la sangre de los licántropos. Yo era de ese tipo de vampiros que elegía con mucho tiento a sus víctimas, teniendo en cuenta eso, pensar en morder a un licántropo para comérmelo me abría en arcadas.- Impidiéndolo? No. Pero si haciéndolo más interesante- dije aun sonriendo de esa manera que para alguien que me conociese cuando era humana debía ser casi extraterrestre.

En mi interior, la que era mi personalidad humana luchaba por salir y reventar a mi yo vampírico. Quería poder hablar con Stella con normalidad, contarle cosas, retomar lazos, no morirme de ganas por arrancarle uno a uno los miembros y llevarme el que quedase más grande como trofeo- Unos años. Podríamos decir que salí del castillo por la puerta grande- dije con una risilla al final- Tú también estas distinta, sabes?- dije con actitud traviesa mientras clavaba mi mirada en una muggle y me pasaba la lengua por los labios. Percibí de ella como su corazón se disparaba y su presión sanguínea crecía y algo oscuro en mi se sintió complacido. Clavé mi mirada en Stella, inclinando la cabeza con cierta curiosidad. Había algo que notaba en ella desde que había entrado pero hasta ese momento en el que miré a otra persona no había logrado identificar que era.- Es curioso encontrarte aquí, con esa...sombra de lobo que te acompaña cuando algo en ti huele a uno de mis hermanos...- dejé caer mientras la ira crecía ligeramente en mi parte humana también. Una vez había reconocido el olor el recuerdo de la mente de mi creadora acudió a mi. Alexandra sentía cuando uno de sus "hijos" moría y lo notaba como un dolor físico y apabullante. No me había dado pena en aquel momento, pero me había obligado a consolarla. Drake había muerto a manos de un licántropo, una mujer.-Tenías un hermano, verdad? Me enteré de su muerte... Supongo que tus instintos son más fuertes que el amor- dije manteniendo la sonrisa pero con desprecio y cierto rintintín.

A mi mente había acudido rápidamente el recuerdo de lo que mi creadora había percibido. La imagen de Stella y el cuerpo de Drake inerte y deshaciéndose por la enorme estaca que había atravesado su corazón. Un país extraños y muchos kilómetros por el medio no habían podido romper la conexión aunque yo sabía que Drake lo había intentado, tanto como yo. Su muerte me había obligado a ceder. Por la muerte de Drake yo me había convertido definitivamente en una esclava y por eso, mi parte humana ahora también batallaba contra Stella, cargando mi mirada de odio sin dejar paso a la confusión.
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Stella Moon el Dom Sep 20, 2015 11:05 pm

Solté una leve carcajada cuando escuché a Emily diciendo que prefería comer tofu antes que morderme a mí, un licántropo. Su cara de asco reflejaba a la perfección lo mucho que la repugnaba aquella idea, como le ocurría a la gran mayoría de vampiros. A mi hermano también le había dado mucho asco, pero cuando estaba fuera de control y tenía que ser encerrado en casa todo el día para no matar a nadie y que no le pillasen no le quedaba más remedio que beber mi sangre para no morirse de hambre. Nunca le dejé que me mordiese directamente con sus colmillos, sino que una amiga sanadora me ayudó a sacarme sangre (me negaba a hacerme un corte yo sola en casa, eso era una barbaridad) como hacían los Muggles para hacer transfusiones, y puse la sangre en botellas metidas en una mininevera cerrada con candado para que Drake no perdiese el control y se la bebiese toda de golpe. Drake siempre me decía que mi sangre le daba arcadas, y yo siempre le ignoraba… Bueno, un día sí que le dejé comerse a un tío que era enemigo mío. Drake odiaba matar, pero tratándose de un enemigo no le importó, y me dijo que la sangre de ese hombre sabía mucho mejor que la mía. A los licántropos, sin embargo, nos encantaba morder vampiros y destrozarlos. Por suerte controlo muy bien mis instintos.

-Ya veo- dije cuando comentó que había salido de Hogwarts por la puerta grande.- Yo estoy igual que siempre, soy sí desde mucho antes de ir a Hogwarts, desde que tengo uso de razón… Pero no muchos sabían mi secreto. ¿Y el tuyo? Me imagino que sería un escándalo a ojos de los tejones que su tejoncita más buena e inocente se haya convertido en… bueno, en ti- dije con una sonrisa algo retorcida. No necesitaba más palabras para expresar que Emily era todo lo contrario a lo que una vez había sido.

Fruncí el ceño cuando dijo que algo en mí olía a uno de sus hermanos. ¿A un vampiro, se refería? ¿A Drake? No podía ser, cuando ella había conocido a Drake en Hogwarts él todavía no era vampiro, y cuando se convirtió Emily aún era humana, no habría podido reconocer la esencia de un vampiro cuando ella misma no lo era… Además, yo hacía dos años que no veía a Drake, así que no podía oler a él porque no le había tenido cerca. Emily debía de estar refiriéndose a otro vampiro.- Puede que me haya cruzado con alguno antes. Sois una plaga estos días…- Pero entonces vi la ira en sus ojos, y me sentí mucho más confundida que antes. ¿Qué ocurría? ¿Estaba apoderándose de ella su instinto? Me puse alerta por si de repente Emily decidía hacer algo estúpido, pero ella no se movió. Lo único que hizo fue hablar, y sus palabras me golpearon como un puño de hierro en toda la cara.- ¿Muerte? ¿Cómo que muerte? Drake no está…- entonces me di cuenta de a lo que seguramente se estaba refiriendo Emily. Drake había muerto como un humano y había resucitado como vampiro. Me calmé, pues durante unos segundos me había sentido llena de pánico al escuchar las palabras “hermano” y “muerte” juntas en la misma frase…

Y entonces mi alivio se transformó en rabia. Mi rostro ya no reflejaba una expresión amigable y algo traviesa mezclada con una sonrisa algo retorcida, sino que mi gesto se endureció y miré a Emily con enfado.- ¿Cómo te atreves? Desde el mismo momento en el que una de las sanguijuelas de tu especie le atacó y le convirtió no hice nada más que cuidar de él. Lo dejé todo por mi hermano, estuve con él día y noche y no me aparté de él ni un segundo durante los peores años de su vida. Me desviví por Drake, le apoyé hasta que mejoró aunque parecía que eso nunca iba a ocurrir… Le vi sufrir muchísimo. ¡Y todo por culpa de alguien como tú!- mi odio por los vampiros resurgió entonces, estallando de repente como una bomba. Estaba agarrando un vaso en la mano, y sin querer lo apreté tanto que se rompió. El odio que sentía no era el típico que los licántropos sienten hacia su enemigo natural, sino el odio que una hermana siente hacia los monstruos que destrozaron la vida de la persona a la que más quería en el mundo.
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Invitado el Mar Oct 13, 2015 10:44 pm

A veces resulta curioso como al meterse en un tema importante, el resto del mundo que te rodea desaparece. Estar puteándonos la una a la otra no era importante, era lo natural para nuestras dos especies y un espectáculo digno de ser visto para los que nos rodeaban, pero en cuanto las fibras sensibles se tocaban, la cosa cambiaba y ya no era solo que el resto del mundo dejase de importar por un rato, es que tampoco querías percibir como te observaban como si fueses un animal encerrado listo para que ellos se fascinasen contigo.

Le comenté más o menos la fecha en la que me había transformado, pues ella pregunto y dadas las circunstancias era un tema al que parecía necesario hacer referencia. Ella tenía su naturaleza licántropa desde hacía mucho más tiempo que yo la mia vampírica, al parecer en el colegio ya sufría esa condición, pero yo no lo sabía o no lo recordaba. No la habría juzgado por ello en aquel entonces tampoco. Ahora las cosas habían cambiado.- Los tejones son mucho más comprensivos que las serpientes- dije a modo de pulla entre casas. En un pasado, lo que Stella pensase de mi me habría importado pues era mi amiga, pero ahora, yo era una asesina, más en ese momento que nunca, y ella al parecer ya llevaba siendolo bastante más tiempo.- La esencia de una persona nunca desaparece del todo si la persona no quiere...yo no hago daño a quién no se lo merece.- dije dejando claro entre líneas que si ella no me atacaba a mi o alguien inocente en mi presencia, yo no iría a por ella. Podía controlar mis instintos y por nuestra vieja amistad, no tenía pensado atacarla o pelearme con ella... Pero todo cambió cuando mi mente se centro momentanéamente en otra cosa y recordé algo fundamental que no había vivido pero que sin duda iba a marcar nuestro encuentro.

Ella no podía saber lo que su hermano había significado para mi porque no lo había vivido conmigo. Ella no sabía que su hermano era una leyenda y el único foco de esperanza que muchos habíamos tenido durante un tiempo. Era mi héroe por decirlo de algún modo, la esperanza de que si él conseguía librarse de Alexandra yo también podría, pero Stella, la persona que tenía delante de mi en ese momento, se había encargado de acabar con la vida de Drake y con ello mi esperanza de ser libre de nuevo algún día. Alexandra se había visto dañada durante mucho tiempo por la pérdida, y ella no me daba pena, pero yo me hundí porque mi esperanza había muerto a manos de la que había sido una de mis mejores amigas. Stella había acabado con mi mayor oportunidad de ser libre y ahora, que al fin los olores, las imágenes y los recuerdos se habían ordenado en mi cabeza como si yo misma los hubiese vivido, mi ira hacia ella iba mucho más allá que el simple odio entre especies.

No dije nada ni la interrumpí mientras lo que parecía ser el flujo natural de sus pensamientos tomaba forma alrededor de lo que yo acababa de decirle. Ella había estado ahí, debería saber lo que hizo, ahora solo tenía que asilar que había arrancado la esperanza a los hijos de Alexandra que soñaban con ser libres y además había destrozado a uno de los suyos. Estaba en aguas peligrosas y debía ser consciente de que todos los miembros de mi nido la odiaban. Mientras ella hablaba, casi como si se desahogara, mi sonrisa perversa crecía, pero no como la de antes, si no como una sonrisa del que se regocija en el sufrimiento de otro. No había nada de pícaro en mi en ese momento, solo rabia. Cuando terminó me eché a reir y pude distinguir en mi esa risa de niña pequeña y psicótica que mi creadora acababa transfiriendo a todas sus creaciones. Sentí asco de mi misma pero no era el momento de pararse a analizarlo.- Si, claro- dije aun riéndome- Supongo que hasta para un monstruo como tú clavarle una estaca en el pecho a un vampiro tan fuerte como él tuvo que suponer un enorme esfuerzo- dije con sarcasmo y rodando los ojos para dejarlo muy claro- Pero son tus manos las que estan manchadas con su sangre porque en ningún sitio he oido eso de que matar a alguien sea sinónimo de "mejorar"- dije haciendo comillas con los dedos y haciendo referencia a lo que había dicho que de había cuidado de él hasta que mejoró. HASTA QUE MEJORÓ! Sí, claro.- Y no te equivoques, Stellita, quien transformó a tu hermano no es alguien como yo. No hay nadie como ella. Ella es nuestra madre y sintió todo el dolor de Drake mientras tu estaca perforaba su corazón. Casi muere ella también, si lo hubiese hecho quizás mi odio hacia ti no sería tal, pero como no lo fue, tu estaca solo se cargó a tu hermano y nuestra esperanza- dije cargando cada palabra de odio.

No entendía demasiado bien porque ella se ponía a la defensiva. Si había matado a su hermano, lo había hecho, obviamente eso iba a hacer que yo la odiase, pero, ¿por qué negarlo? ¿Me tenía miedo? No creía que fuese eso, su ira parecía genuina. La observé fijándome en todos los detalles de sus expresiones, lista para pasar a la batalla si fuese necesario y en el momento oportuno, pero ella había acabado con mi esperanza y aunque era una esclava, quería una compensación por eso.
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Stella Moon el Miér Oct 14, 2015 7:57 am

El reencuentro inesperado con Emily estaba siendo tenso, ¿pero qué era de esperar de un reencuentro entre una vampira y una licántropa, enemigas naturales, que fueron mejores amigas en el colegio? La situación estaba condenada a ser incómoda, aunque no tenía por qué acabar en desgracia. Simplemente nos atacamos un poquito verbalmente, de esa manera inofensiva que me recordaba muchísimos a las pullas que de traían los de nuestras Casas cuando estábamos en Hogwarts.

Sin embargo todo empezó a cambiar a peor cuando, pillando me completamente por sorpresa, Emily sacó a Drake en medio de la conversación. Me sorprendió mucho al principio que le mencionase, aunque a lo mejor después de tantos años estando junto a Drake, cuidándole sin descanso, algo de su esencia o de su aroma había acabado impregnándome para siempre y por eso ahora Emily era capaz de detectarle al tenerme cerca. Pero recordé que Drake solía saber varias cosas de vampiros a los que nunca había conocido, por lo que suponía que los de su especie tendrían algún tipo de conexión extraña o algo por el estilo. No tuve mucho tiempo de darle importancia al asunto, pues enfurecí rápidamente cuando Emily insinuó de manera nada sutil que yo odiaba a mi hermano por lo que era. Aquello era algo que yo no pensaba permitir que creyese, pues no había nadie en este mundo que quisiese a Drake Moon más que yo. Lo había dejado todo por irme con él, para que estuviese lejos de la tierra en la que había sido torturado y transformado, para que volviese a casa y se sintiese mejor. Había luchado contra mi propio instinto para cuidar de él con todo el cariño del mundo hasta que ya se había puesto mejor y cada uno había podido seguir con su vida.

Intenté dejarle eso claro a Emily. No sabía de dónde había sacado ella que yo odiaba a mi hermano, pero estaba muy equivocada. Por alguna razón que yo no llevaba a comprender, pues que yo supiese ella ni siquiera conocía a Drake lo suficientemente bien como para saber nada de él ni de su vida, ella no me creyó. Es más, las siguientes palabras que surgieron de su boca me golpearon como un puño de hierro en la cara, y me quedé petrificada y blanca como la leche mientras la mirada con expresión horrorizada e incrédula. Era muy difícil conseguir que yo entrase en un estado como en el que estaba en estos momentos, pero las palabras de Emily me habían dejado helada.

-¿Pero de qué estás hablando?- pregunté con un hilo de voz, aunque tenía ganas de gritarle que era una puta loca. ¿Cómo se atrevía a pronunciar tan viles mentiras? ¿Quién se creía ella que era, y qué creía que estaba haciendo? La transformación en vampiro debió de volverla loca y hacerla imaginar cosas, o tal vez su instinto de vampiro, el instinto que me odiaba, se estaba apoderando de ella. El mío acabaría apoderándose de mí si Emily continuaba diciendo esas cosas.- ¿Qué estaca, qué muerte, qué sangre? ¡Emily, Drake está en Estados Unidos, en casa!- exclamé. No tenía ni idea de por qué tenía que darle explicaciones a Emily sobre mis asuntos, ella no era nadie para venir a acusarme a mí de nada y menos de esto, pero me ardía la sangre en las venas con sólo pensar en las cosas que ella había dicho. ¿Cómo podía inventarse algo así? Y lo peor es que parecía que realmente creía lo que estaba diciendo, creía que sus mentiras eran verdad.

Lo que vino a continuación fue la gota que colmó el vaso. Miré incrédula a Emily mientras hablaba, y sus palabras me hicieron darme cuenta de que ella sabía quien había sido el vampiro que había transformado a mi hermano. Drake nunca me dijo quién había sido, pero sí que me confesó que había visto que su atacante había sido una mujer, y en estos momento Emily estaba mencionando a una vampira. No podía ser casualidad, Emily realmente sabía quién era la persona a la que yo más odiaba en este mundo. En apenas una milésima de segundo mi rostro reflejó el más intenso odio e ira, y los que estaban a nuestro alrededor, aunque no estaban escuchando nuestra conversación, se dieron cuenta de que algo iba mal y nos miraban preocupados e intrigados.- ¿Tú sabes quien atacó a mi hermano...?- mascullé entre dientes temblando de la furia que me quemaba por dentro.

Sin pensarlo y sin dudar agarré a Emily bruscamente del brazo y tiré de ella para arrastrarla fuera del bar por la puerta trasera. Con la proximidad de la luna llena mi fuerza era mucho superior a lo normal, así que no me costó esfuerzo tirar de la vampira, y en apenas segundos habíamos cruzado la puerta trasera y habíamos salido a un callejón muy oscuro y vacío. Solté a Emily con brusquedad y la fulminé con la mirada.

-No sé qué clase de jueguecito crees que estas jugando, pero estás loca- mascullé con el mismo odio o tal vez más del que había en su propia voz cuando me hablaba a mí.- Drake está perfectamente, viviendo su vida en la otra punta del mundo lejos de este lugar infernal infestado de los vuestros. No sé si te lo habrás inventado tú todo, o si alguien te ha mentido y te ha contado historias inventadas, pero más te vale que cierres la boca, Emily... Y ahora mismo vas a decirme quién es la puta que asesinó a todos los amigos de mi hermano delante de él y que le transformó en un monstruo y le destrozó la vida, y con gusto clavaré una estaca en su corazón- mascullé con una expresión que me hacía parecer una psicópata loca. Estaban saliendo demasiadas emociones de mí, demasiada rabia reprimida durante años, demasiado dolor, demasiada desesperación que había tenido que contener desde el principio por el bien de Drake. Pero quería venganza, por él que casi lo había perdido todo y por mí que había tenido que sacrificarme por él.- ¡La arrancaré el corazón del pecho con mis propias manos!
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Stella MoonMinisterio

Invitado el Mar Nov 10, 2015 10:21 pm

No pensaba amenudo en Drake Moon como persona real, ni siquiera me había dado cuenta hasta el momento que olí a Stella de que era realmente una persona física y nada menos que el hermano de una de mis mejores amigas de la infancia. Yo andaba con Stella en el colegio pero no con su hermano, y cuando morí, este pasó a ser más importante para mi que ella, pero nunca como una persona. Drake Moon era para mi y para todos los rebeldes de la familia de Alexandra una idea, un principio. Algo parecido a V en V de Vendetta. Sin embargo, cuando Drake murió, el ideal que iba con él acabó en su misma tumba, el mismo lugar que ahora mantenía retenida nuestra esperanza de volver a ser libres aunque fuésemos monstruos. El olor de Stella solo había devuelto a mi todos los restos del rencor que la esperanza perdida había ido dejando a su paso y, con la aparición de eso, toda la amabilidad que pudiese tener con ella por haber sido mi gran amiga en el colegio, desaparecía. El ahora era más importante que el pasado.

A pesar de todo, Stella no parecía querer reconocer sus actos y cuando le eché en cara todo lo que yo sabía de la muerte de su hermano y como este había caido por ella y la estaca que le había clavado, pareció juzgarme de loca como si no entendiese porque yo sabía lo que sabía. Pero todo eso solo era el principio de la historia. Mi mención a la persona que había transformado a su hermano fue lo que pareció enfurecerla de verdad y no lo pensó dos veces antes de agarrarme del brazo y sacarme a toda prisa del local bajo la atenta mirada de todos los allí presentes que durante nuestra discursión se habían quedado hipnotizados mirándonos. Cuando su mano se cerró alrededor de mi brazo, me eché a reír con una de esas risas que no expresan ni rastro de felicidad, esa que derivan de la locura de la desesperación- No necesitas hacer todo este paripé ¿sabes? Yo no voy a matarte, en cuanto ella se enteré de que fuiste tú quien le arrebató la vida a su juguete favorito, hará algo mucho peor contigo- dije entre risas.

Me lanzó cuando estuvimos fuera sin que yo mostrase demasiada resistencia. De haber querido, el viaje a la calle habría sido mucho más tortuoso para ambos, pero no tenía ningún sentido complicarlo más. Si Alexandra se enteraba, el destino de Stella estaba sellado, y si por el camino me hacía algo a mi, solo lo empeoraría. La miré con la cabeza inclinada hacia un lado y una sonrisa en la cara mientras no podía ver en ella otra cosa que no fuese a un alma oscura, concretamente la que se había encargado de apagar el último rayo de luz que me quedaba hacía ya mucho. Sin embargo, su confusión y desesperación cada vez me parecían más y más reales- Realmente no lo recuerdas, ¿verdad? ¿Quién lo hizo? ¿Quién te borró la memoria de una manera tan magistral como para que no recuerdes la muerte de Drake?- Dije sin perder la sonrisa. Quedaba ya muy poco de la humana Emily en mi, lo justo para no saltarle a la yugular y arráncarsela, manteniendo ese toma y daca de información sobre su hermano que parecía enfurecerla a ella y debilitar mi autocontrol.

Su promesa de acabar con la creadora de su hermano hizo que mi sonrisa se ampliase. La parte vampírica de mi, la más juguetona, tenía más control que nunca sobre mis instintos. Abrí los brazos en cruz y, levantando una pierna, apoyando todo el peso de mi cuerpo en la punta del pie del otro lado, giré sobre mi misma un par de veces- Me encantaría ver como lo intentas, pequeña- dije antes de reirme un poco más. Paré en secó y corrí hacia Stella hasta quedar a escasos centímetros de ella. Le puse las manos sobre los hombros con dulzura y le susurré- La mujer que convirtió a tu hermano en un vampiro fue la misma que me convirtió a mi en esto. Así que tu hermano era mi hermano también, y no solo eso, era el favorito de mi mami- dije juguetona con una risilla en su oído.- Creo que solo ha disfrutado tanto torturando a alguien con otra persona y esa soy yo.- dije en el mismo tono- Si vas a por ella, Stella, será ella la que te arranque el corazón a ti y lo guardará en un tarro de cristal para mirarlo mientras se masturba en las noches aburridas- terminé con un pequeño mordisco cariñoso en su lóbulo para hacerle ver que mis colmillos ya la estaban esperando.

Era curioso como a medida que mis instintos afloraban, no me volvía más violenta, sino que me hacía más juguetona, más bravucona y suicida. Cuando mi yo vampiríco tomaba el control, me convertía en la hija que Alexandra siempre había querido tener, quizás por la pelea interna que eso conllevaba para mi.

- Ahora mismo eres un bicho taaan asqueroso para mi- dije con tono juguetón, separándome de ella y dándole la espalda- Me encantaría verte sufrir- dije con una sonrisa embelesada mientras medio bailaba a la luz de la luna. Me agaché y cogí una piedra. Con un toque de varita lo transformé en una especie de tubo de cristal con tapa- Por eso, te voy a hacer un regalo, con la esperanza que seas lo bastante estúpida como para ir a buscar a Alexandra y así ella libere contigo todo ese odio que tiende a liberar conmigo y mis hermanos- Me llevé la varita a la sien y un plateado recuerdo con la muerte de Drake Moon salió de entre mis cabellos. Lo metí en el tubo, lo tapé de nuevo y se lo tendí con una sonrisa en los labios.

Miré hacia arriba medio soñadora con la sonrisa todavía en los labios- Jamás podremos perdonarte, Stella- dije con tono grave de ultratumba pero con la misma expresión de niña traviesa- Va a ser muy divertido- dije bajando la mirada y clavándole mis ojos rojos en los que ya no quedaba ni pizca de humanidad. La Emily humana acababa de salir de escena completamente.
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Stella Moon el Mar Ene 19, 2016 10:45 pm

Estaba furiosa con Emily. ¿Cómo se atrevía a acusarme en mi propia cara que yo había matado a mi hermano? ¡A mi hermano! ¡La persona a la que más quería en el mundo entero! ¡La persona por la que derrumbaría montañas con mis propias manos, por la que iría hasta el mismísimo infierno de ser necesario! Llevaba mucho tiempo sin saber nada de él, pero porque Drake era muy pasota y solitario, así que no me preocupaba… Pero las palabras de Emily fueron como un puñal frío y oxidado que se clavó en mi pecho y me atravesó de lado a lado. No entendía por qué estaba diciendo esto, por qué contaba tantas mentiras o por qué alguien la había mentido a ella para que estuviese convencida de que lo que me decía era verdad…

-¿Borrado la memoria?- repetí con un hilo de voz cuando Emily me preguntó que quién me había borrado los recuerdos. Parecía convencida de que esa era la razón por la cual yo no recordaba la supuesta muerte de mi hermano mellizo.- A mí nadie me ha borrado la memoria. No recuerdo la muerte de Drake porque jamás pasó, Emily, mi hermano está vivo. Está en casa…

Pero de repente tuve un momento de duda. ¿A quién estaba intentando convencer, a ella o a mí misma? No quería admitirlo, pero en el fondo de mi ser estaba formándose un vacío, y ese vacío se estaba llenando de miedo y duda. Una mínima parte de mi consciencia pensó: “¿y si no está mintiendo? ¿Y si de verdad alguien me ha robado los recuerdos?”

No, eso no podía ser cierto…

La ira que sentía al pensar en todo aquello, al no entender qué estaba ocurriendo y no saber qué era verdad ni qué era mentira y estar siendo recorrida por esta inmensa duda que Emily había plantado en mi mente con sus palabras, era más fuerte que cualquier cosa que hubiese sentido antes en mi vida. De verdad que deseaba abalanzarme sobre ella y hacerla pedazos por atreverse a insinuar que yo había matado a mi hermano… ¡Por atreverse a hacerme dudar de mis propios recuerdos! Y esa ira solo aumentó todavía más cuando supe que ella sabía quién había transformado a mi hermano en un monstruo, quién le había destrozado la vida y había hecho que durante años Drake sufriese por ser algo que él no quería ser.

-No me subestimes, querida- dije con tono de voz gélido y duro, marcando que no hablaba en broma. Había pocas cosas de las que yo no fuese capaz, y menos si se trataba de un tema en el que mi hermano estaba de por medio. Emily no me reveló el nombre de la vampira que acababa de ocupar el primer puesto en mi lista negra, una lista de la que la gente no tardaba nunca mucho en desaparecer porque para tener un puesto en ella había que estar vivo. Pero no me importó que no me dijese su nombre, pues de alguna forma u otra averiguaría su identidad y la mataría. Tardase el tiempo que tardase, costase lo que costase, yo no me iría a la tumba sin haber enviado antes a esa mujer, a ese monstruo inmundo, a la suya de manera definitiva. Sonreí de manera retorcida cuando Emily intentó asustarme diciéndome lo que haría su ama conmigo. No me asustaba nada; por muy despiadada que pudiese ser era vampira yo me había enfrentado y frecuentaba a gente que serían capaces de hacer sufrir al mismísimo Lucifer para que él pudiese mantener el trono del infierno y no tuviese que cedérselo a ellos.- Todo el mundo, incluso los más poderosos y despiadados, tienen su final. Tu ama selló el suyo el día que se metió con mi hermano. Así que, si le tienes aunque sea un poco de aprecio o apego, ve despidiéndote de ella.

Lo decía completamente en serio, no había ni un rastro de duda en mi voz. Miré fijamente a Emily a los ojos, sintiendo asco por la cosa en la que se había convertido, tan asquerosa y retorcida y que no era ni siquiera una sombra de lo que ella había sido en el pasado. Esta cosa que tengo delante de mí tenía la cara de Emily, pero no era ella. Tenía ganas de deshacerme de todo el cariño que le había tenido a mi amiga en Hogwarts (cariño que estaba desapareciendo a la velocidad de la luz por culpa de lo que estaba sucediendo) y arrancarle la sonrisa del rostro de un zarpazo. Solamente aparté mi mirada de ella para mirar con desconfianza el frasco con los recuerdos que ella me tendía, pero al final lo cogí y me lo guardé en el bolsillo. No sabía lo que iba a ver en esos recuerdos, y en el fondo estaba temblando, pero mi rostro permaneció duro y frío como antes.

-Si fueses un poco lista te pondrías de mi lado en vez de en el de esa tipa- murmuré. Emily acababa de revelarme el nombre de la vampira, Alexandra. Bien, eso me lo ponía todo mucho más fácil.- Con la actitud que tienes no serás libre de ella jamás.

No malgasté mi tiempo ni mi saliva ni mi aliento más en hablar con Emily, no tenía nada más que discutir. Quería irme de allí lo antes posible y perderla de vista antes de que algo en mi interior explotase y me empujase a ceder a mis instintos y arrancarle la cabeza de verdad. Emily se fue, y yo me desaparecí. No tenía un pensadero en casa, pero conocía a alguien que tenía uno. No quería ir a ver los recuerdos en uno de los pensaderos del Ministerio, no me sentiría cómoda. La persona que tenía un pensadero era un miembro de la Orden que había acudido en varias misiones conmigo, y en cuanto me aparecí en su casa y le pedí que si podía usar su pensadero me dijo que sí. Vivía solo, así que nadie me molestó mientras veía los recuerdos que me había pasado Emily. Pensaba que a lo mejor había sido todo una broma, pero no. El recuerdo estaba incompleto y difuminado, pues era el recuerdo de una imagen telepática que había recibido Emily de la vampira que había visto las cosas a través de los ojos de mi hermano. Era todo muy confuso, pero sí que se veía que mi hermano estaba conmigo en las grandes cataratas de Maryland, uno de sus lugares favoritos, y…

Grité y salí inmediatamente del pensadero en cuanto vi como en el recuerdo yo le clavaba una estaca de madera en el corazón a mi hermano, matándole. Choqué de espaldas con la pared, horrorizada por lo que había visto, y sentí que el corazón me bombeada a mil por hora y que un monstruo hecho de dolor y furia se había desatado en mi interior. Algunas cosas que había en la sala explotaron a mi alrededor debido a la explosión mágica que crearon mis fuertes y descontroladas emociones.

-No puede ser verdad… ¡No puede ser verdad!

El hombre de la Orden había escuchado el alboroto y vino a ver qué ocurría. En cuanto cruzó el umbral de la puerta cayó al suelo tras ser golpeado por una maldición asesina que le envié yo a causa de la raba y el dolor. Rápidamente recogí el recuerdo y lo metí de nuevo en el bote de cristal, y me desaparecí de allí inmediatamente.

Aún no sabía si Emily me había dicho la verdad o si el recuerdo que había visto era falso… pero tenía que averiguarlo.
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