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Marea roja {Yvette Larsson}

Invitado el Mar Jun 30, 2015 3:10 am

Había sido un día sombrío, aún a pesar de ser verano, había llovido de manera intermitente mientras el sol luchaba lastimosamente para filtrar sus rayos a través de las nubes que cubrían el cielo Londinense. Muchos magos y brujas sabían que aquel clima no era una buena señal, días oscuros consumían el verano constantemente, días oscuros en que las desapariciones se hacían cada vez más frecuentes, y los ignorantes muggles comenzaban ya acostumbrarse al supuesto cambio climático que golpeaba a esa parte del continente europeo.

Acababa de oscurecer y las calles estaban prácticamente vacías, la poca gente que deambulaba en los alrededores se encontraba concentrada en los bares o restaurantes de Londres. Risas y voces lejanas rellenaban el espacio dejado por bocinazos y motores, todo parecía realmente tranquilo hasta que el sonido de un golpe sordo pareció enmudecer al mundo por un par de segundos.

—¡Vamos, vamos, corre!

Rompió el silencio la exclamación de una voz que intentaba ser susurro y le hizo eco los pasos presurosos de un par de encapuchados que salieron de aquel callejón con los ojos asustados y la prisa azotándoles las ancas. Uno de ellos llevaba una mochila aferrada a su mano, una que parecía haber sido arrebatada a la fuerza, mientras que la otra extremidad se aferraba con mas fuerza a una cosa más pequeña, pero mil veces más peligrosa, pues el cuchillo ensangrentado brillo con el reflejo de la luna, amenazante ante cualquier pregunta o mirada acusadora.

Ambos muchachos corrieron como alma perseguida por el demonio y se perdieron en la primera esquina que se cruzaba en su camino, mientras un quejido moribundo luchaba por ser escuchado desde las entrañas más oscuras de ese tétrico callejón.


Última edición por Alaric Rhydderch el Miér Jul 01, 2015 2:07 am, editado 1 vez
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Invitado el Mar Jun 30, 2015 6:51 pm

El día de hoy había sido todo lo contrario de lo que había esperado, pues había salido con la idea de pasear acompañada de un poco de luz y sin embargo las nubes me la habían jugado tapando al sol y dejando que solo pequeños rayos de este se colaran entre ellas. Nada bueno auguraban esas nubes o esa es la sensación que producían en mi cuerpo cada vez que alzaba la vista. Hacía rato que me dirigía a la parada del autobús y durante ese trayecto el día termino por oscurecerse como estaba mandado, sin embargo por más que caminara no lograba alcanzar  la parada a la que me dirigía y la verdad eso me resultaba la mar de extraño pues juraría que no se tardaba mucho desde donde estaba, por otra parte percatarme de que no se oía ningún voz a mi alrededor y que nadie paseaba por la calles activo mi alerta, aquello no podía significar nada bueno eso seguro, así que acelere el paso todo lo que pude sin llegar a empezar a correr, aquello era más difícil de lo que parecía.

Oí una especie de ruido, quizás fuera alguien hablando no estaba segura pero eso incremento mi miedo, así que me deje de boberias y comencé a correr, pero justo en el momento que me giraba a comprobar que no había nadie a mis espaldas me tropecé bruscamente con alguien provocando que los dos cayéramos al suelo “Me cago en la puta” fue lo que dijo la persona que se tropezó junto conmigo, cuando  le mire para disculparme me quede helada, pues pude comprobar por suerte o desgracia no sabría bien cómo interpretarlo que uno de ellos llevaba en la mano un navaja y no estaba precisamente limpia, el miedo me invadió “ Y ahora que hago” miraba para todos lados esperando encontrar a alguien que me ayudara, pero allí no había ni un alma “Joder vamos corre” dijo su compañero en el cual no me había percatado hasta que había hablado y para mi suerte los dos se marcharon corriendo, sin embargo yo me quede allí tirada en el suelo aún asustada y sin saber muy bien cómo reaccionar hasta que algo, un ruido, la mar de extraño llamo mi atención, me quede quieta y cuando lo oí de nuevo me di cuenta de que era el quejido de alguien “Oh dios mío”. Dejándome llevar por la curiosidad o estupidez llamadlo como queráis entre por el callejón de donde habían salido esos dos tipos y del cual provenía aquel quejido.
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Invitado el Miér Jul 01, 2015 2:26 am

El callejón estaba aún más oscuro que la calle misma. Húmedo y lúgubre, como cualquier callejón después de la lluvia. Olía a basura mojada y a los restos de algo, no podía decirse si vegetal o animal, en descomposición.

Todo parecía tranquilo a primera vista, pero la chica no alcanzó a terminar su tercer paso callejón adentro, cuando algo se movió al fondo de éste. Era un muchacho que intentaba ponerse dificultosamente de pie, mientras maldecía entre dientes algo parecido a “Malditos muggles”.

El joven tenía una de sus manos puestas a un costado de su pecho, por debajo del brazo izquierdo, como lo haría cualquiera que intentase aplicar un poco de presión a una herida sangrante, pues su mano también se coloreaba de carmín. Fue en ese momento cuando su mirada chocó con los ojos asustados de la chica que había entrado a aquel lugar sin la mayor certeza de lo que iría a encontrar.

El adolescente, que a primera vista parecía tener la misma edad que la muchacha, le observó por un par de segundos con el ceño fruncido, antes de obligarse a retomar su compostura para enfrentar a la fémina como si ahí nada pasara.

—¿Se te ha perdido algo, pelirroja?

Preguntó y se empujó a sí mismo para dar un paso, pero el dolor traicionó a su postura digna y le hizo doblarse y fruncir el rostro de dolor. Probablemente llegase a necesitar ayuda, pero jamás la había pedido en su vida, y tampoco la había necesitado, mas su madre siempre había procurado alejar a torturas cualquier atisbo de debilidad en su muchacho, su ofrenda que jamás alcanzó a entregar.
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Invitado el Miér Jul 01, 2015 10:36 pm

Aquel callejón olía a basura mojada, además muchas de las farolas estaban rotas y poco me ayudaban a ver que había a mas de cuatro metros de mí, aún así no me eche para atrás y decidí entrar un poco más adentro de aquel callejón desconocido para mí, pero antes de ni siquiera volver a andar una figura masculina me salió al paso.  Me quedé petrificada, ¿sería amigos de aquellas otros dos? Me pregunte a mí misma mientras le observaba atentamente y alerta por si decidía atacarme, sin embargo mi observación detenida de aquel muchacho me llevo a ver que estaba herido, ohhh dije en alto y me lleve las manos a la boca horrorizada, estaba herido. Nuestras miradas se cruzaron.

Antes de que me diera tiempo de responder a su pregunta vi como se doblaba por el dolor que sentía, así que sin pensarlo me dirigí hasta él para ayudarlo, no podía dejarlo allí tirado. Mientras me acercaba rebusque en mi bolso pero no tenía nada que pudiera ayudarlo salvo mi bufanda, cuando me acerque lo suficiente a él le tendí la mano en la que tenía la bufanda esperando que la aceptara para hacer presión en la herida.
-¿Quieres que llame a una ambulancia?, ¿Algún familiar? ¿Vives cerca?- podríamos ir hasta allí y pedir ayuda?  Mi mente iba demasiado deprisa y no me daba tiempo a analizar lo que decía, estaba nerviosa pues no sabía muy bien qué hacer para ayudarle, pero no quería dejarlo allí solo estando así pues no pareciera que aquella herida fuera nada.
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