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Savin' me {William O'Connor}

Natalie Corvin el Miér Jul 01, 2015 2:28 am

¡¡Era universitaria!! ¡Por fin! Os relataré como ha sido mi emoción desde que terminé Hogwarts hasta que me he independizado.

Día 1. Fin de curso. Estado de ánimo: SUPER FELIZ.
“Oh dios, qué feliz soy. Me gradúo con todo aprobado, he conseguido entrar en la universidad justo en lo que quería. Mis padres me odian, pero no importa. ¿Qué mas da? Yo soy feliz y ahora empieza mis auténticas vacaciones hasta que me empiecen las clases. Adiós profesores, adiós alumnos. ¡Hoy, empieza mi vida!”

Día 2. Con la familia. Estado de ánimo: Feliz.
“Que sí menuda mierda de estudios, que si esas notas no te dan para nada, que si aun estoy a tiempo de cambiar mi decisión para mis estudios, que si debería haber ido a Dursmtrang, que esto en Dursmtrang no pasaba…”

Día 3. Con la familia, claro. Estado de ánimo: Bien.
“¿Qué te vas a dónde? ¿Qué qué? ¿Piso de estudiante, qué? ¡Tú te quedas en casa con papá y mamá hasta que termines la universidad! ¿Ya has pensado en cambiarte de carrera? ¿No te gustaría estudiar para fiscal? ¿Qué tal inefable? ¡Hasta inefable es mejor que desmemorizador!”

Día 4. Con la familia. Estado de ánimo: No tan bien.
“¡Mis casas, mis normas! ¡No mueves un pie de esta casa como que me llamo Robert Corvin! ¿A dónde te crees que vas con esa maleta? ¿Y CON ESA OTRA MALETA? ¡NATALIEEEEEEE!”

Día 5. Con mi hermano. Estado de ánimo: Hasta el ojete de mi familia.
“Quizás deberías volver con papá y mamá… Si se enteran de que te quedas en mi casa, me revientan la cabeza lentamente con un palo.”

Día 6. Sola, buscando piso a la vez que entrego la solicitud de mi universidad. Estado de ánimo: Cansada y estresada.
“Alquiler muy caro. Que si aquí no se entrega. Que si lo siento el anuncio está caducado…”

Día 7. Buscando piso y trabajo. Estado de ánimo: De perros. No, de TROLL.
“No necesitamos bibliotecaria. No necesitamos dependiente aquí, gracias. No necesitamos personal. No necesitamos limpiadora. No necesitamos NADA. El MUNDO VA MUY BIEN POR LO QUE PARECE. LUEGO DICEN QUE NO HAY EMPLEO, CABRONES.”

Día 8. Buscando piso y trabajo. Estado de ánimo: ¿Por qué nací? Puta bida TT.
“...Introducir aquí mil y una manera de negarse a darte trabajo…”

Día 9. Deprimida en el Caldero Chorreante. Estado de ánimo: Quiero morir lentamente. Eutanasia pls.
“Matt se fue de viaje por el mundo y me abandona. Jayce me abandona. Zack no vale, es rico. ¿Qué mas amigos tengo? No tengo más amigos.”

Día 10. Buscando solo piso. Estado de ánimo: Algo más contenta porque el camarero del Caldero de Chorreante debió de verme muy deprimida como para ofrecerme empleo.
“Piso de estudiantes en medio de Londres. Una vacante libre, preferiblemente mujer que no fume, que no tenga perros y que sepa, como mínimo, poner la lavadora. Llamar al 673281941 y preguntad por Jaime.”

Día 11. Tirada en mi nueva cama con olor a alhelí con mi delantal de camarera. Estado de ánimo: MARAVILLOSA.

-

Y eso ha sido el resumen de mi vida hasta ahora. Por suerte no me empiezan las clases hasta Septiembre y aprovecho para hacer todos los turnos que pueda en el Caldero Chorreante para ganar algo de dinero extra como ahorro. O por lo menos intentarlo.

No obstante, hoy, justo y nada más llegar de mi turno de por la mañana, vi una carta en mi ventana. Vivía en un octavo sin ascensor, así que echaba de menos las cartas en los buzones normales de personas normales para así ir leyéndola en lo que subo y tener algo que hacer con mi vida. Estaba deseando buscar la manera de aparecerme y desaparecerme dentro de mi casa sin que mis compañeros de piso MUGGLES se percataran de ello, pero todavía no había encontrado la solución.  

La carta era de William y me emocioné al verla. En parte por saber que aún se acordaba de mí y en parte porque además de acordarse, no había olvidado lo de la última vez. ¿Era normal que me emocionase tanto por estas cosas? Bueno, era normal teniendo en cuenta que había dado todo por perdido por evidentes razones y claras incomodidades. Pero ahora… ahora no había formalidades de profesión de por medio. La carta me citaba para esa misma tarde a la siete, por lo que me abstuve de responderle ya que no tenía lechuza a mano (ya que tener lechuza como mascota no está muy bien visto entre muggles) y me fui a pegar una ducha.

Y a la siete, allí estaba en medio del cine capitolio buscando con la mirada a William. Era verano, por lo que había optado por un conjunto bastante fresquito. No tardé en dar con él haciendo la cola para comprar las entradas del cine. Me colé a través de todo el mundo hasta que llegué justo a la punta de delante, justo cuando William estaba a punto de pedir las entradas.

-¡Dos por favor!-No sabía ni qué película era la que íbamos a ver, ¿pero acaso importaba? Por fin desde que salí de Hogwarts salía con alguien a hacer algo. Por fin podía pasar tiempo con William sin sentirme mal por el qué dirán. ¡Y por fin era el primer día normal de verano!-¿Llego tarde? Seguro que pensabas que no iba a venir... ¿a que sí?-Pregunté por lo bajo a William, quitándome las gafas de sol para ponérmelas de diadema junto con una risueña sonrisa.

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Invitado el Lun Jul 20, 2015 5:00 am

Definitivamente a William no le gustaba tener tanto tiempo libre. Desde que habían terminado las clases en Hogwarts sentía que le faltaba algo, a decir verdad lo echaba de menos. Además en aquel mes había terminado también sus clases en la Universidad de Genética, las cuáles habían finalizado con unos resultados más que buenos para el hombre. Después de aquello sólo tendría que presentar el trabajo de Fin de Carrera para que le dieran oficialmente el título que indicaría que había terminado sus estudios en Genética después de tanto esfuerzo, aquello al menos lo mantenía ocupado en cierto modo, ya que aunque aún no debía ponerse con ello al menos tenía una excusa para leer libros constantemente sobre el tema y así evitar aburrirse. Se había estado planteando cuál sería el tema más apropiado para aquel Trabajo pero había tantos ámbitos que le llamaban la atención que no había sido capaz de decantarse por uno en concreto.

Por otra parte había vuelto a adoptar la costumbre de tocar el piano más a menudo desde que Natalie había estado en su casa. Se dedicaba a ello sobretodo cuando comenzaba a anochecer y podía pasarse horas y horas pegado a las teclas de aquel maravilloso instrumento. De alguna forma le hacía sentirse un poco más cerca de la chica, aunque hiciera ya unos cuántos días que no sabía nada de ella. Fue por ello que un buen día decidió romper aquellas barreras que él mismo se había impuesto y se puso manos a la obra con una carta que esperaba que tuviese un efecto positivo en la relación entre ambos. ¿Qué mejor que una cita en el cine para relajar tensiones? Lo cierto era que William nunca había sido un experto en citas, pero pensó que al no ser algo demasiado formal quizás hiciera ilusión a la ex-Slytherin.

El día elegido pasó la mayor parte del tiempo en un banco que tenía en el jardín leyendo un libro sobre la transcripción del ARN mensajero, un apasionante tema para aquel que supiera apreciar las maravillas de la genética. Era una pena que pocas personas fueran capaces de ver dicha belleza en aquel mundo de tantas y tan increíbles y variadas posibilidades.

Cuando fue acercándose la hora William se preparó decentemente. Le hizo gracia sentirse nervioso, como cuando tenía quince años y se colaba en la habitación de alguna chica que le gustaba cuando estudiaba en Hogwarts, o como cuando Dumbledore le ofreció el puesto de profesor en el colegio donde había pasado toda su infancia... Realmente ahora que lo pensaba no le había ido nada mal en la vida hasta ahora. Nunca le había faltado de nada y en mayor o menor medida siempre se había sentido satisfecho con el rumbo que había escogido a lo largo de los años. Aún así era curioso que con treinta y tres años siguiera sintiendo aquellas cosas en el estómago por el simple hecho de quedar con una chica. No importaba cuántas experiencias vivieras en la vida o cuán viejo fueras, el amor siempre sería capaz de despertar en tí los sentimientos más inesperados. En gran parte de su nerviosismo se debía a que Natalie por alguna razón no le había respondido a su carta, aunque algo le decía que no había sido porque estuviera enfadada o molesta con él, sino por algún motivo ajeno a la relación entre ellos. Lo más probable era que el correo hubiese tenido algún tipo de contratiempo o que por alguna razón a Natalie le fuese imposible responderle, la cuestión era que William tenía la sensación de que vendría y además él le había dicho que estaría allí fuera cual fuera su decisión.

Una vez se sintió a gusto con su aspecto trató de no demorarse mucho más y puso rumbo al lugar de encuentro. La calle estaba bastante animada a aquella hora y eso puso al hombre de buen humor. Le gustaba ver el ir y venir de los londinenses, envueltos en sus propios asuntos, ajenos a lo que pasaba en el resto del mundo. A William se le vino a la cabeza todo lo relacionado con Voldemort y sus fieles secuaces, acordándose especialmente de alguien en concreto que le había apalizado no hacía demasiado en la Casa de los Gritos. Un pequeño escalofrío momentáneo recorrió su cuerpo al recordar la carta que había recibido días atrás de su enemigo declarado, que le había devuelto la varita aparentemente con la intención de un segundo encuentro no muy amistoso. Seguramente se hubiera sorprendido al descubrir que aún seguía con vida y querría acabar lo que no había finalizado en su momento. William aún se planteaba qué hacer, pero desde luego una amplia parte de su ser le guiaba a que aceptara el desafío y así tener una segunda oportunidad de demostrarle que era mejor contrincante de lo que había demostrado y así quizás acabar con un mortífago peligroso en potencia.

Aquellos pensamientos se alejaron de su mente cuando reparó en un escaparate de una joyería a la que nunca había entrado. Había una pulsera aparentemente de plata bastante bonita para el gusto de William y sin pensarselo demasiado decidió entrar a la tienda con la intención de comprársela a Natalie como obsequio por haber terminado los estudios en Hogwarts.

Unos minutos más llegó hasta el cine donde le había dicho a Natalie que iría. Éste miró alrededor unos segundos pero no vio ni rastro de la chica, pero no se preocupó demasiado, sino que se apoyó en una columna que había en la entrada con aire despreocupado a la espera de que apareciera de un momento a otro. En aquella ocasión sus pensamientos se alejaron de la destrucción y la violencia para dar paso a la inquietud que le producía todo el tema con Natalie, ¿qué le diría? ¿cómo se suponía que iba a comenzar una conversación como aquella? Tampoco quería espantarla, ni asustarla, pero era cierto que debían dejar las cosas claras cuanto antes ya que a él al menos no le estaba haciendo ningún bien ignorar aquello por más tiempo.

Pasaban los minutos y éste seguía observando a un punto fijo de la calle, jugando con el regalo de Natalie, que tenía en el bolsillo. La ilusión comenzaba a disminuir a medida que pasaban los minutos y la posibilidad de que Natalie hubiese rechazado su invitación comenzaba a ser cada vez más probable. ¿Habría supuesto aquel último beso el final de la relación entre ambos? Quizás William había actuado de una forma demasiado impulsiva y había hecho que Natalie se planteara mucho las cosas hasta el punto de decidir alejarse de él por completo. Aquella idea desde luego le hacía sentirse completamente abatido y desganado, por lo que trató de despejarse y se dirigió a la cola. La película estaba a punto de comenzar, si no venía entraría solo. No era su costumbre ir sólo al cine, pero a aquellas alturas ¿qué podía hacer mejor que ver una película para despejarse? - Oiga, ¿le importaría? - Sin darse cuenta se había quedado parado un buen rato sin dejar avanzar al resto. - Perdón, perdón. - Éste dio unos pasos hacia delante, acercándose cada vez más a la ventanilla donde tendría que comprar la entrada y aún Natalie seguía sin aparecer. A aquellas alturas ya comenzaba a hacerse a la idea de que entraría sólo a la sala.

- Buenas, dígame. - La voz de la chica tras el cristal despertó a William de sus pensamientos, que lo miraba expectante a la espera de su decisión. – Emm, si... - El hombre miró una vez más a la pantalla que había tras la mujer donde estaban todos los títulos. - Deme una para... - En ese momento William pegó un saltito en el sitio sobresaltado por la inesperada intromisión de aquella persona que llevaba tanto tiempo esperando. Éste le sonrió ampliamente, negando con la cabeza con un deje divertido. - Eres de lo que no hay. - Comentó, antes de volver a mirar a la chica.  - Dos para Van Helsing, por favor. - Un par de segundos más tarde se alejaron de la cola, adentrándose en el edificio donde se encontraban todas las salas. - ¿Por qué eres tan cruel conmigo? - Dijo, parándose y mirando a su acompañante. -  Ya pensaba que tendría que entrar solo, lo admito.  - Hizo un gesto de tristeza bastante gracioso y se llevó una mano al bolsillo del pantalón. - El otro día se te olvidó esto en mi casa. - Le dijo, guiñándole un ojo y mostrandole una cajita de cuero negro. Interior  - Por tu nueva etapa. - Añadió, esbozando una dulce sonrisa. William no se consideraba un experto en la materia de aquel tipo de regalos pero esperara que le gustara, creía conocer lo suficiente a Natalie como para saber  si era su estilo.  - ¿Quieres comprar unas palomitas? Yo hoy estoy caprichoso. - Comentó con un deje infantil, acercándose a la barra donde unas dependientas no paraban de sacar palomitas de un gran recipiente justo en frente de ellos.[/color][/b]
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Natalie Corvin el Vie Jul 24, 2015 10:53 am

¡Había llegado a tiempo! Llego a pillar un semáforo en rojo más y probablemente hubiera llegado cuando William ya estuviera entrando al interior. Suspiré algo cansada cuando llegué a la punta de delante de la cola (escuchando a mi espalda a gente quejándose por haberme colado, pero… ¿qué más da?) y me coloqué al lado de William con una risueña sonrisa. Al parecer, le había cogido muy de sorpresa. ¡Ni yo me esperaba llegar a tiempo! Supongo cómo se sentiría él al no verme por ninguna parte. Además de que ni siquiera me había dado tiempo de contestarle a la carta. Nunca pensé que fuera a decir esto, pero… a pesar de lo complicado que es y lo que me está costando ser independiente… no lo cambiaría por nada.

-Me parecía mucho más divertido hacerte esperar hasta el último momento… -Contesté divertida, metiéndonos en la sala con múltiples portones que daban al interior de cada una de las habitaciones del cine.-¡Claro que iba a venir! Si no te hubiera mandado una carta diciéndote que no. No soy tan mala. Que ya no soy Slytherin, ¿eh?-Guiñó un ojo con diversión.-Aunque según tengo entendido, quién nace Slytherin sigue siendo Slytherin toda su vida y quién nace Gryffindor se convierte en idiota…-Bromeé divertida, pegando un pequeño salto para alejarme de William por si buscaba venganza al comentario.

Entonces William sacó una caja, diciendo que se me había olvidado algo la noche que me quedé en su casa. Fruncí el ceño intentando hacer memoria, ya que a mí parecer lo único que se me había olvidado en su casa fue la DIGNIDAD de alumna. La abrí sin esperarme en ningún momento que fuera un regalo, por lo que cuando en su interior vi una preciosa pulsera plateada me quedé estupefacta. Cogí la pulsera con cuidado porque parecía que se podía romper y miré a William.

-Es preciosa, Will. Muchas gracias.-Dije, llamándole por su diminutivo, ya que era muy bonito y apenas lo usaba por no tomarme “demasiadas confianzas” con mi antiguo profesor.-¿Un regalo por mi graduación entonces? Es el primero que recibo. ¿Me la pones? -Le pedí, ya que ponerse una pulsera con una sola mano me hacía parecer un poco retrasada, ya que yo tenía la teoría de que nací sin sincronización en mis movimientos.-Y sí, claro, ¿qué es una película en el cine si no nos compramos palomitas y un refresco?-Burgueses. Yo cada vez que iba al cine iba en plan burguesa aunque las palomitas me costaran más que la entrada. Y ahora que tenía mi propio dinero me lo pensaba, pero… ¿pagaba él, no? Luego tendré dinero, pero el primer mes como que vivo siendo pobre hasta mi primera paga, menos mal que mi hermano me ha ayudado un poco económicamente o aún estaría quedándome en el Caldero Chorreante.

Llegamos a dónde se compran las palomitas y William pidió lo que se le apeteció. Ya que pagaba él no iba a pedir nada de más. La verdad es qeu no me gustaba nada que me invitaran a cosa, me sentía un lastre. Estaba deseando que pasasen los meses para poder ahorrar y poder tener mi propio dinero. Me fijé en la ropa que tenía puesta Will y, a pesar de estar muy guapo, no entendía como no se estaba muriendo de calor.

-¿No tienes calor con esa chaqueta?-Suspiré.-Si yo estoy así y me estoy asando. Eso sí, ahora cuando entremos a la sala será como entrar al Polo Sur.-Sonreí.

Tenía ganas de contarle todo lo que había cambiado mi vida. Es decir, él lo último que sabía de mí es que vivía en el Valle de Godric, con mis odiosos padres y mi toque de queda. ¿Ahora? Ahora vivía con un grupo de muggles, tenía mi trabajo y estaba en progreso de pagarme yo misma la universidad. Me había independizado antes de tiempo y… la verdad es que creo que no podría haber sido un momento mejor. Pero tampoco quería soltárselo así de golpe. La dependienta nos tendió las cosas. Él cogió las palomitas y yo la bebida, de la cual bebí un sorbo por la pajita. El hielo con cocacola estaba INCREÍBLEMENTE aguado y frío. Lo primero no era tan bueno, pero lo segundo me hizo refrescarme entera.

-¿Y eso que te ha dado por venir a ver Van Helsing? ¿De qué va esa peli? -No, no tenía ni idea de qué iba la película, pero tampoco me importaba.-¿No pudo venir tu mejor amigo… Ryan, se llamaba?-Intenté hacer memoria, ya que en una ocasión me había hablado de él.
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Invitado el Sáb Ago 08, 2015 1:43 am

Al parecer su gusto por los regalos aún no se había atrofiado del todo. Hacía muchísimo tiempo que no le compraba a alguien algo porque sí, sin tener como excusa un cumpleaños o alguna celebración especial, pero la verdad era que le encantaba hacer ese tipo de cosas. Desde siempre le había gustado ver la cara de los demás al ver sus regalos o sorprenderlos con alguna cosa que no esperaran, aunque con Natalie se añadía un poco de emoción teniendo en cuenta lo que la chica significaba para él. Fue por ello que sintió una sensación de alivio enorme cuando ésta vio la pulsera y comentó que le había gustado. Una especie de exhalación de desahogo surgió de los labios de William, que tras los nervios que aquella cita le había causado comenzaba a sentirse un poco más seguro de sí mismo.

Es porque te lo mereces. -
Le dijo en un tono afable y cordial, tomando la pulsera y abriéndola para rodear su muñeca con la misma. William sintió un cosquilleo extraño en el momento en que le tomó la mano, como si hiciera años que no la veía. ¿Alguna vez dejaría de producir en él aquellas sensaciones? Parecía que no importaba cuánto quedaran, siempre parecía la primera vez.

Se la puso, admirando lo bien que le quedaba y esbozó una afectuosa sonrisa, contento de que finalmente hubiese decidido aceptar su invitación. - Tienes razón.

Ambos se dirigieron a donde las dependientas servían las palomitas y los refrescos apenas sin tener un respiro, iban de un lado a otro tratando de atender lo más rápido que podían. La cola pasó rápidamente y pronto fue el turno de ellos. - Un menú de palomitas para dos, por favor. - La muchacha obedeció casi al instante, como si supiera de antemano lo que William iba a pedir. - ¿Bebida? - Le preguntó de espaldas a él, media encorvada ya que se encontraba vertiendo las palomitas en el recipiente más grande. - Mm, ¿te gusta la coca-cola? - Natalie asintió y aquel mero signo la dependienta lo consideró una afirmación, así que sin más se dirigió a la máquina de las bebidas. - Son 8 euros, señor. - William sacó la tarjeta y tras pagar, William cogió las roscas, Natalie el refresco tamaño gigante y ambos se alejaron de allí rápidamente, William ya comenzaba a agobiarse con toda aquella ingente cantidad de gente. - Ahora que lo dices sí que me estoy asando un poco. - Admitió, aunque en aquel momento le era imposible quitarse la chaqueta si no quería formar un desastre.

Caminaron hasta donde se encontraba el señor de las entradas y tuvieron que pararse un buen rato hasta que la cola comenzó a movilizarse. - ¡Eh! - William se percató de las intenciones de Natalie de coger una palomita y éste atrajo el paquete hacia sí con un deje infantil, evitando que Natalie llegara a cogerla. - ¿Quién ha dicho que sean para compartir? - Bromeó. Lógicamente bromeaba, no sólo porque obviamente su intención era compartirlas, sino porque por mucho que se esforzara él sólo no sería capaz de acabarse aquel enorme paquete de palomitas, a menos que quisiese morir en el intento. Éste sonrió y volvió a acercarle el recipiente a su acompañante. - Justamente me la recomendó él, aunque tengo un poco de miedo, Ryan siempre ha sido un poco rarito para gustos de películas. - La estaba sobre avisando, si la película acababa resultando ser un ñordo ya tenían a quién echarle la culpa. - Va de… un hombre. - William sonrió ante la cara de “no me digas” de Natalie, tratando de recordar lo que le había dicho su amigo. - Un caza… vampiros, creo. Ya sabes, ciencia ficción. - Le guiñó un ojo de forma audaz, ya que ellos sabían perfectamente que aquel tipo de cosas podían existir, al menos en el mundo del que ellos venían. Se quedó un poco ausente al no saber qué responder ante la pregunta de si Ryan no podía venir. Ni siquiera le había preguntado, él quería venir con ella. - Que va, él siempre está muy ocupado. - Acabó diciendo, encogiéndose de hombros y quitándole importancia al asunto.

Pronto llegaron hasta delante y como la película estaba por comenzar se dirigieron hacia la sala correspondiente, que era la más cercana a la entrada. - Fila… - Echó una ojeada a las entradas como buenamente pudo para no tirar el paquete al suelo. - Fila 10. - Subieron por las escaleras hasta llegar a la misma y se adentraron hacia las butacas que les habían tocado. Justo al lado había un hombre que debía pesar unos 130 kilos y que tenía dos paquetes como el de William aparentemente para él solo. Lo más probable es que fuera un muggle, no sólo porque aquellos cines solían ser frecuentados más por estos sino por la forma de comportarse, con el tiempo era fácil distinguir un grupo de otros.

Ambos se sentaron, William al lado del tipo extraño y miraron hacia la gran pantalla, que aún estaba completamente oscura. - ¿Vas a contarm... ? - En ese momento una palomita salió volando justo a su lado, proveniente de un lugar que se encontraba por encima de ellos, para luego recibir otra justo en la coronilla. - ¿Qué demon...? - William miró hacia arriba y vio una mano levantado en señal de saludo. - ¡Hola Will, cuánto tiempo! - Se trataba de Jack Shepard, un ex-compañero del Ministerio. “Genial.” Éste se limitó a levantar la mano en respuesta a su saludo, pero en seguida volvió la vista hacia delante. No sabía qué le molestaba más, si que le vieran con Natalie y pudiesen inventarse historias como ya habían hecho en más de una ocasión en Corazón de Bruja o si le tiraran palomitas. Era molesto que te tiraran palomitas, ¿VALE? - En fin. - Se dirigió a Natalie, irguiéndose un poco hacia ella. - Un pesado del Ministerio. - Le dijo, colocando las palomitas en medio de ambos.

Iba a volver a preguntarle por su vida cuando la pantalla se iluminó y comenzaron los tráilers de otras películas. En definitiva, no iba a poder hablar con ella decentemente hasta que salieran, ¿a quién se le había ocurrido invitarla al cine en vez de a una cena o a un paseo?
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Natalie Corvin el Sáb Ago 08, 2015 7:12 pm

La pulsera era muy bonita y me gustaría decírselo, pero me quedé un poco avergonzada con ese regalo inesperado, por lo que fui bastante concisa en el tema a pesar de no parar de mirarla con gratitud. Tras comprar las entradas nos dirigimos a comprar palomitas. Dentro de poco podría convertirme en la cinéfila que siempre había querido ser, pudiendo pagarme todas las películas y todas las palomitas que quisiera con mi propio sueldo. Tenía ganas de decirle a William como había cambiado mi vida en el mes que llevo de vacaciones, pero ahora mismo no era el momento. Se lo contaría después de la película.

Asentí cuando me preguntó que si me gustaba la cocacola. La verdad es que era el refresco al que menos tirria le tenía, ya que me he ido demasiado de fiesta mezclando demasiados refrescos con bebidas alcohólicas. Realmente lo que más me gusta actualmente para beber si alcohol es el zumo. Espero que nunca se me ocurra mezclar zumo con alcohol o iba a terminar aborreciendo todas las bebidas.

Cuando lo tuvimos todos nos movimos hasta la fila en dónde iban entrando poco a poco todas las personas a sus respectivas salas. Fui a robarle una palomita a William, pero éste retiró el paquete hacia atrás. Fruncí el ceño e inflé los mofletes ante lo que dijo.

-Qué malvado.-Dije, viendo como después volvía a dejármelas delante para poder coger. Olían muy bien, no podía esperar a entrar.-Wow, un cazavampiros... -Dije por lo bajo, mirándole de reojo con un gesto de no tener muchas expectativas respecto a las películas.-¿En plan cazando vampiros como los de crepúsculo o vampiros más épicos? Porque como sea lo primero me quedo dormida…-Lo miré de reojo con diversión mientras entrábamos.

Fue gracioso ver a William peleándose con su propio equilibrio para poder mirar las entradas y que dijera en qué fila estábamos. Cuando llegamos y nos sentamos, no tardó en aparecer una persona que saludó a William. Era una persona de su edad y, por su matización de después, me quedó claro que probablemente era un excompañero del ministerio.

-El mundo es un pañuelo.-Le dije, antes de acomodarme a su lado y poner el refresco en el hueco redondeado que había entre él y yo. Cogí de las palomitas y justamente se bajaron las luces y la pantalla se iluminó. Empezaron los traílers, cosa que me encantaba del cine. Primero apareció un trailer de una nueva película de Pixar. Me encantaba Pixar. Luego apareció otro trailer de un superhéroe en miniatura… Espera… Le di un golpecito a William de pura sorpresa.-¡Es Kate de Lost!-Murmuré en alto.

-¡Sí, es Kate de Lost!-Añadió el hombre gordo que estaba al lado de William. Yo sonreí risueña al hombre obeso.

Observé la cara de William y me mordí el labio inferior.

-¿No has visto Lost?-Le pregunté con una cara totalmente indignada.-Cómo no has podido ver Lost si es la mejor serie del mundo enter…

-SHHHHHHH…-Dijo uno de atrás. Y eso que eran los trailers.

Alcé las cejas y me quedé callada durante todo el resto de los trailers y la película. En verdad la película no estaba nada mal. Además, salía Hugh Jackman, el pelo largo no es que fuera su mejor look, pero oye, estaba bueno igual. No sé cuánto duró la película, pero se me hizo bastante corta. Cuando se dio por terminada y empezaron a salir las letras, miré a William.

-Pues me gustó. ¿A ti?-Pregunté.-Me gusta eso de entrar con pésimas expectativas, así me sorprendo y me gusta más.-Confesé, ya que al principio no se me veía muy motivada por la película escogida. Aunque realmente me daba igual, ya que lo importante era salir un rato con él.-Pero ahora lo importante, que ya puedo hablar.-Me puse de pie y cogí el refresco, del cual quedaba poco. Bebí un sorbito y le ofrecí a él lo restante.-¿No has visto Lost?-Sonreí ampliamente, ya que todavía tenía ese tema en la cabeza.

-Deberías ver Lost, colega.-Dijo el hombre obeso de rizos y pelo largo, que nos había adelantado por la escalera. Se me parecía a alguien...
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Invitado el Jue Ago 13, 2015 3:42 am

Las luces de la sala no tardaron en apagarse para dar paso a los tráilers. Cuando era más pequeño William odiaba llegar tarde al cine porque le encantaba verlos, aunque a aquellas alturas le era un poco indiferente. El primero que apareció fue uno de dibujos animados de Pixar, éste no pudo evitar sonreír por la cantidad de payasadas que aparecían sin cesar una tras otra, aunque ahora que lo pensaba le parecía extraño que pusieran aquel tráiler antes de una película sobre cazar vampiros. Luego apareció uno de Marvel, en ese momento Natalie llamó su atención, exclamando algo sobre una tal… ¿Kate Delost? Nunca había escuchado ese apellido, aunque debía admitir que la cara de aquella actriz le sonaba pero… ¿de qué exactamente? Éste se encogió de hombros con una sonrisa en los labios por la reacción de Nat. No sabía quién era, pero debía de gustarle mucho a ella.

Miró hacia un lado cuando el hombre que estaba allí sentado le dio la razón a Natalie, al parecer era más conocida de lo que pensaba. Tendría que preguntarle de qué la conocía tanto cuando salieran del cine. La verdad era que la mujer era realmente atractiva, ahora que se fijaba.

- ¿Lost? - Miró hacia Natalie un tanto abochornado, era Kate de Lost, no Kate Delost, aunque obviamente no estaba dispuesto a destapar aquel error tan estúpido. - Pues no. - Admitió, poniendo cara de inocent y sin poder evitar sonreír por su ridícula confusión. Quiso preguntarle si merecía la pena verla, ya que aquel tráiler en especial no le llamaba mucho la atención, pero un hombre sentado unas gradas más arriba pidió silencio de una forma bastante borde. ¿En serio se ponían así y no había empezado la película? William soltó un suspiro y volvió a mirar a la pantalla.

La película transcurrió verdaderamente rápido, el tiempo allí se le hizo cortísimo. Desde su punto de vista había sido bastante entretenida y en alguna ocasión se había llevado un susto que había hecho que ambos se miraran sonrientes, siempre era gracioso ver como alguien saltaba en su asiento fruto de algún sobresalto inesperado. Las criaturas estaban increíblemente bien conseguidas y el actor, al cual ya conocía de otras películas, realizó una labor desbordante de talento. En un momento determinado se quedó mirando la mano de Natalie unos segundos, la cual mantenía en el reposabrazos justo a su lado. Se planteó la idea de darle la mano de algún modo que no resultara demasiado cantoso o vergonzoso, pero no había había manera de hacerlo sin crear un silencio incómodo entre ambos, por lo que simplemente se rindió y continuó espectando el largometraje, aunque la idea no volvió a salir de su cabeza hasta que las luces se encendieron de nuevo y todos los allí presentes comenzaron a salir de la sala. Ellos no tenían prisa, por lo que se quedaron sentados un rato hasta que hubieran salido la mayoría.

Asintió fervientemente ante su pregunta, sin dejar de mirar la las letras que iban saliendo. - Me ha encantado, la verdad. Me esperaba mucho menos. - Éste rió ante su siguiente comentario, ya que tenía razón. - Sí, es verdad. ¡Alan Silvestri! Lo sabía. Es un genio.  - Natalie se le quedó mirando un tanto confusa, obviamente. - El compositor de la banda sonora, soy un gran fan de las bandas sonoras. - Entonces puso los ojos en blanco tras Natalie decir que fueran a lo realmente importante. - ¿Tan increíble es esa serie? - Le dijo con una sonrisa, cogiendo las cosas de la butaca para tirarlas en la papelera. La nueva intervención del hombre que se había sentado a mi lado fue la única respuesta que necesitaba a mi pregunta. Miró a Natalie y ambos sonrieron, es que la situación no era para menos. Conclusión: ¡debía ver Lost!

Ambos salieron y William notó el radical cambio de temperatura, pasando de estar en el Polo Norte al desierto del Sahara en cuestión de segundos. ¿En qué pensaban los trabajdaores del cine cuando ponían el aire acondicionado a aquella temperatura? - Uff, no sé tú, pero yo voy a ir a por una granizada. ¿Tienes prisa por volver a casa? Me gustaría dar un paseo. - Le dijo a aquella usando aquel tono cordial que usaba cuando quería pedir favores a alguien o cuando quería dar pena, inconscientemente claro. William nunca usaría sus dotes de manipulación para que Natalie le hiciera compañía, ¡nunca! En teoría.

Ambos se dirigieron a una heladería que había cerca. William se pidió su tan ansiada granizada y después de que Natalie pidiera ambos decidieron ir a la calle en vez de sentarse dentro del local. A aquella hora la zona de Londres donde se encontraban no estaba demasiado transitada o abarrotada, por lo que podían dar un paseo tranquilamente sin tener que estar tropezando con alguien cada dos por tres. Ambos estuvieron sumidos en sus respectivos helados un rato hasta que William decidió romper el silencio, ya que a decir verdad había bastantes cosas de las que hablar. No obstante dejó que lo que tanto le había estado preocupando estos días quedara para el final de la conversación. - ¿Cómo te fueron los EXTASIS? Extraordinario en Defensa, espero. - Estaba muy interesado en cuál sería su futuro próximo, en sus expectativas. - ¿Realmente estudiarás para desmemorizadora? - Le agradaba esa idea, de alguna forma le hacía sentirse más cercano a ella. - Aunque no lo parezca es un trabajo muy emocionante, y aprendes muchísimo en él. - William tomó otro sorbo de su granizada, hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una, por alguna extraña razón tenía bastante calor. - ¡Cuéntame! ¡Quiero saberlo todo! - Insistió con una sonrisa, mirándola con aquellos ojillos azules inocentes mientras seguía sorbiendo con ganas.
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Natalie Corvin el Jue Ago 13, 2015 3:31 pm

Yo era de esas personas en las que en vacaciones hace tres cosas: dormir, salir de fiesta y ver series. Bueno, antes, ahora ya no tengo vacaciones porque he decidido independizarme porque mi familia es una mierda. Pero oye, antes era una persona normal y vaga que hacía cosas de adolescentes vagos en verano. Ahora, no sé cuándo, he madurado. He madurado antes de perder la virginidad. Soy una especie única. En peligro de extinción. Esto no se ve todos los años. Como diría el Emperador de Mulán: “Una chica así no se encuentra todos los días.”

El caso es que era indignante que William no hubiera visto Lost, por lo que ya me apunté mentalmente la tarea de: “Obligar a William a ser menos hereje” y eso sólo podía ocurrir si veía Lost.

De repente William saltó con un nombre totalmente aleatorio que, para mí, no tenía ningún sentido. Lo miré confusa sin decir nada, ya que suponía que si era profesor de Hogwarts era lo bastante inteligente como para descubrir el por qué de mi confusión. Cuando me dijo que era un tío que hacía bandas sonoras le miré con cara de: “¿En serio?”

-Te sabes nombres de personas que no le importan a nadie y no has visto Lost…-Me llevé una mano a la frente, riéndome después. Iba a dejar ya el tema de Lost o le iba a coger tirria.-Es broma, ¿eh? Yo soy fan de Phil Collins.-Carraspeé.-You’ll be in my heart…-Canté con un hilillo de voz, pero luego lo miré de reojo.-Ya, sin comentarios. Lo mío no es cantar.-Sonreí, percatándome que entonces él volvía a sacar el tema de la serie. Que conste en acta que no fui yo, fue él de manera totalmente voluntaria.-Es… INCREÍBLE. Tiene de todo esa serie. Es la serie de las serie. La serie suprema. La vemos, juntos, ¿vale? Me apetece verla otra vez y siempre he querido verla con alguien para ver sus reacciones.-Le medio-pedí, ya que en el fondo me hacía especial ilusión verla con él.

Cuando me preguntó que si tenía prisa para volver a casa, me inundó un placer enorme al no tener esa responsabilidad interior de tener que llegar a casa a una hora estipulada. Ahora vivía con Luke y podía hacer, literalmente, lo que me diera la gana. Siempre y cuando llegase a una hora razonable, ya que mañana madrugo para trabajar.

-Demos ese paseo.-Le contesté, de manera risueña. No tenía nada de ganas de irme a casa, es más, me pasaría toda la tarde y toda la noche dando ese paseo.

Llegamos a un puesto de helados y le imité. La verdad es que iba a decantarme por un helado de melón, pero al ver la increíble pinta que tenía la granizada de William pedí una igual. Un culo ve, culo quiere, básicamente. Pero este fue totalmente justificado.

Comenzamos a caminar, callados pero a la vez cómodos, por lo menos por mi parte. Estaba entretenida y bastante ocupada tomándome aquello sin que se me congelaran las ideas. No obstante, el fue el primero en preguntar por mis EXTASIS y por mis futuros estudios. La verdad es que todo lo que habíamos hablado con anterioridad siempre había sido de manera soñadora, pero ahora por fin había llegado el momento de decidirme.

-Los EXTASIS me salieron mejor de lo que esperaba. Siento decepcionarte, Will, saqué un Supera las Expectativas. No sé que clase de problema tengo con el Riddikulus, mi boggart cambia cada momento y me quedo en shock. Yo no tengo imaginación para imaginarme mis miedos graciosos. ¡Son miedos, no son graciosos!-Expliqué, con divertida indignación. La verdad es que si por algo me caracterizaba es porque era un miedica, ahí donde me veías. En mi nueva casa iba con el Lumos encendido por la noche todo el rato o estirándome cual mantis religiosa para llegar a encender la luz del pasillo sin salir de mi habitación.-Pero las demás bastante bien. Menos Adivinación y Runas Antiguas, las dos asignaturas más mierdas de todo Hogwarts. Saqué un suficiente, lo suficiente para poder entrar a la universidad como estudiante a…-Lo miré mientras me mordía el labio inferior, metiendo tensión.-¡Desmemorizadora, claro!-Finalicé por fin.-Hace años que quiero hacer eso. Tengo la plaza ya, ahora sólo falta empezar. Y, por mucho que me arrepienta llegado el momento, en realidad tengo ganas de que empiece la universidad.-Admití.

Me iba a estresar y lo sabía. Entre el trabajo, los estudios y, eso que se llama VIDA, iba a estresarme. Pero todo era organizarme acorde al volumen de trabajo y el volumen de estudio. O eso esperaba, que fuera tan fácil hacerlo como decirlo.

-Pero esa no es la noticia más importante.-Dije, llevándome la pajilla a los labios para sorber de mi granizada. Mi rostro reflejaba pura alegría. La verdad es que el verano empezó fatal, pero las cosas han ido mejorando hasta lo inesperado.-Ya no vivo en Godric. Me he mudado a Londres con Luke, el Hufflepuff.-Era profesor, sabría quién era.-Y estoy trabajando en el Caldero Chorreante a tiempo parcial para poder pagar el alquiler y la matrícula. Para que vayas a visitarme un día.-Dije, orgullosa. Claro que estaba orgullosa… siempre he sido esa niña de “papá y de mamá”, pues ahora ya no.-Así que, oficialmente, soy un chica de dieciocho años totalmente independiente.-Alcé las cejas en un movimiento juguetón y le miré, queriendo saber ver su reacción.

Probablemente, como todos los adultos, pensaría que me he precipitado y que si lo habia pensado bien. Pero sí… Es decir, me negaba a vivir en un sitio dónde me condicionan a ser alguien que no soy. Yo no estaba hecha para mi familia.
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Invitado el Lun Sep 07, 2015 5:29 am

Al hombre le gustaba la forma en que Natalie hablaba sobre las cosas que le apasionaban. Éste podía pasarse horas y horas escuchándola sin cansarse ni un ápice, aunque muchas de las veces le hablara de cosas totalmente nuevas para él, como lo era aquella serie que supuestamente era tan fascinante. A William le gustaba conocer aquellos gustos y detalles de la chica, que hacían que la considerara alguien cada vez más fascinante e interesante. Nunca le habían gustado las chicas que no tenían nada de lo que hablar o las que se pasaban la mayoría del tiempo hablando de ellas mismas sin prestar atención a la otra persona.

Natalie no sólo hablaba por los codos (cosa que le gustaba) sino que también le preguntaba por sus intereses y se preocupaba en entenderlos. Alguna que otra vez la había tenido una hora escuchando sobre genética o sobre el piano sin tan siquiera quejarse. Así que eso, no sólo le encantaba hablar, sino que además tenía el don de escuchar al resto, por lo que para William no resultaba ningún problema que le hablara sobre una serie que él no conocía o de cosas banales que a él no le afectaban. Si a ella le importaban, a él también.

William no pudo evitar sonreír ampliamente al escuchar la respuesta de Natalie. Realmente le preocupaba el futuro de la chica y escuchar que todo había salido según lo planeado y que podría dedicarse a lo que le gustaba a William le alegraba muchísimo, tanto que se paró en seco para escucharla, mientras se terminaba su granizada. Lo que escuchaba era genial. Soltó una carcajada natural y sincera ante el comentario de los Boggarts. A William no le importó en absoluto que Natalie no sacara Extraordinario en Defensa, de hecho le sorprendía gratamente la nota que había sacado, aunque no dudaba que seguramente de haberse esforzado un poco más hubiera conseguido la nota más alta. Natalie era una chica tremendamente inteligente y su don para la magia era indudable, pero a veces pecaba de holgazanería y ello podía hacer que sus notas se vieran afectadas, aunque un Supera las Expectativas no estaba nada mal, en absoluto.

- Eres increíble, ¿lo sabías? - En el rostro de William seguía dibujada aquella estúpida sonrisa.  - Estoy muy orgulloso de tí. - Sus palabras eran sinceras y sobretodo veraces.

Entonces cogió su vaso ya vacío, lo tiró a una papelera cercana y volvió junto a Natalie. - Esto hay que celebrarlo de inmediato. ¡Ya podrías habérmelo dicho antes! Vamos. - William caminó unos metros hasta un lugar mucho menos transitado, una especie de callejón, y una vez allí se volvió hacia ella con gesto divertido y misterioso.  - ¿Confías en mí? - ¿Quién no confiaría en él con aquellos ojos azules y aquella sonrisa inocente? William le tendió un brazo dándole a entender que tenía la intención de desaparecerse y una vez ésta aceptó se dispuso a ello. - Supongo que ya estás acostumbrada a desaparecerte.

Segundos más tarde se encontraban en una especie de pista de aterrizaje. Al lado de la misma había numerosos garajes, algunos abiertos dejando entrever distintos tipos de aviones y otros cerrados. - A ver si hay suerte. - William le guiñó un ojo y sin dejar de agarrarle la mano de forma cariñosa se dirigió a un garaje en concreto. William se asomó con respeto y dio un par de golpecitos en el marco de la enorme puerta de hierro.  - ¿Frank? - Casi al instante salió de detrás de una estantería metálica un hombre alto. Era rubio y tenía los ojos aún más claros que los de William. - ¡Chaval! - Tras reconocerlo se dirigió a éste y no dudó en estrecharle la mano fuertemente a modo de saludo. - Ella es Natalie. - Le dijo, señalándole a su acompañante. - Natalie, él es Frank Lapidus, un buen amigo mío. Ambos se saludaron.

Ambos tuvieron una muy breve charla y luego William decidió ir al grano por si Natalie se aburría, aunque aburrirse con aquel hombre era casi imposible. Frank tenía una forma de expresarse digna del mejor de los monologuistas. - ¿Nos darías una vuelta? - Su amigo aceptó de inmediato, parecía incluso encantado de hacerle aquel favor a William. - Vuelvo enseguida, voy a traer el equipo necesario.

Lapidus desapareció a los pocos segundos, dejándolos a solas de nuevo. - Hemos tenido suerte, está a punto de atardecer. ¿Te gusta volar? Si no te gusta podemos irnos, sólo dímelo. Aunque te aseguro que no te arrepentirás. - Quería asegurarse de que Natalie se sentía a gusto con el plan, aunque estaba seguro de que una vez arriba le encantarían las vistas. William solía escaparse de vez en cuando para pasar largas tardes por aquellos lares, incluso Frank le había enseñado algunas cosas sobre pilotar, y lo cierto era que le apetecía compartir aquello con ella. Ellos, los magos, podían volar siempre que quisieran usando una simple escoba, pero desde el punto de vista de William aquello era una experiencia totalmente diferente. No sólo podías llegar más alto, sino que podías hacer cosas que con una escoba no eran posibles. Le había apetecido hacer algo especial y allí se encontraban, esperando pasar un buen e inolvidable rato.

Poco después Frank volvió a aparecer, cargado de utensilios tales como auriculares muy grandes, provistos de micrófonos para que pudiésemos comunicarnos una vez en el avión. - ¿Preparados? Hoy el día está especialmente despejado, ¡habéis tenido buena puntería! - Comentó con un tono afable, tendiéndoles los dispositivos y acercándose al avión mientras nos hacía señas para que se acercaran.  - ¿Vamos allá? - William volvió a mirar a Natalie por si decidía echarse atrás, esperando que confiara en él.[/color][/b][/color][/b]
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Natalie Corvin el Lun Sep 07, 2015 3:25 pm

Me gustaba que William me hubiera apoyado en todo lo que le había dicho. A todas las personas mayores de treinta años a las que le había dicho mi situación actual, se escandalizaban. Sobre todo porque empecé sin nada. Tenía muchísima suerte de haberme ido a vivir con Luke, o aún estaría viviendo en ese piso de mala muerte lleno de muggles. Sonreí ampliamente cuando él mencionó lo orgulloso que estaba de mí. Rara vez me decían eso, por lo que inevitablemente me sentía muy bien cuando alguien podía sentir orgullo de mí.

-¡No podía decírtelo antes! ¡Todo ha pasado demasiado rápido este mes!-Dije divertida, persiguiéndole a un callejón. Estaba oscuro, pero sus ojos azules parecían lo suficientemente fuerte como para iluminar cualquier lugar.-Menuda pregunta…-Alcé una ceja, algo coqueta.-Contigo sí.-Añadí, sintiendo aquello que siempre sentía cuando me desaparecía con alguien. Me había acostumbrado pero no me gustaba lo más mínimo, tanto que se me daba horrible desaparecerme. Algo me decía que no iba a sacarme la licencia de aparición nunca…

Aparecimos en una pista de aterrizaje. Hacía muchísimo viento, por lo que mis pelos se habían vuelto locos. Seguí a William con algo de confusión hacia un garaje y me mantuve en silencio, ya que a pesar de que pudiera parecer obvio, yo aún no tenía ni idea de qué hacíamos allí. William llamó a alguien y éste salió de detrás de una estantería, contento y feliz de ver a su amigo. Yo, sorprendida por aquella situación surrealista, me quedé al lado de William, saludando a Frank.

-Un placer.-Dije, risueña, tras darnos dos besos en la mejilla. Aún teníamos las manos cogidas y no fui yo quién las separó. Si a él no le importaba que un amigo de él nos viera así, la verdad es que a mí mucho menos. Me parecía un gesto adorable y me encantaba tener mis dedos entrelazados con los suyos. Reí con la conversación que mantuvieron Lapidus y William, pero no me metí en medio, sino más bien fui una libre oyente. No obstante, cuando William le pidió la vuelta, mi alarma salió disparada.-¿Una vuelta?-Pregunté sorprendida. Aunque me quedé más sorprendida cuando Lapidus aceptó al momento y se fue a buscar las cosas.-¿Vamos a volar en eso?-Señalé el avión que no parecía muy estable. Aunque claro, yo no tenía ni idea de aviones.-¿Es un amigo de confianza?-Pregunté con diversión, con los ojos entrecerrados.-No quiero morir joven.-Bromeé.

Justo después apareció Frank y me asusté, por si había escuchado mis pensamientos negativos en cuánto a su confianza. Pero no, era muy feliz. Ese hombre parecía demasiado feliz. Asentí con la cabeza cuando preguntó que si estábamos preparados y me acerqué al avión. Vamos, estoy segura de que no voy a morir aquí. Después de lo que me ha costado asentar mi vida este verano, sería muy cruel que mi destino ni me dejase empezar la universidad.

Frank me puso los cascos y yo me mantuve quieta. Luego me dijo que me sentara en el primer asiento de todos y me quedé quieta también.

-Asegura a Natalie mientras yo pongo todo en marcha.-Le dijo Frank a William.

-Asegúrame.-Dije asomándome por allí mientras miraba a Willian que estaba aun de pie abajo, colocándose los cascos. William se acercó a mí y se subió a la tarima por dónde había subido yo. Mientras él se buscaba la vida con los cinturones de seguridad que yo no tenía ni idea de cómo poner, yo le miraba.-Estoy nerviosa. ¿Es normal que esté nerviosa, no? Volar en escoba es fácil y lo controlo yo. Esto es una lata de hierro. ¿Seguro que esto vuela, no? Ten la varita a mano, por si acaso.-Susurré eso último, por si Lapidus no era mago.-¿Lapidus es mago?-Pregunté, ya que me había entrado esa duda y me sentía incómoda mientras él me ponía los cinturones y yo no hacía nada, ya que eran montones. Estaba hablando super rápido, posiblemente debido a que me había puesto nerviosa. No me esperaba para nada la idea de subirme a un avión hoy.
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Invitado el Vie Sep 11, 2015 1:37 pm

William estaba ansioso por mostrarle a Natalie un sinfín de cosas. Conocía lugares y experiencias que estaba deseando compartir con la chica y aquella era sin duda una de ellas. Se pasaba tardes enteras pensando en planes y citas con las que sorprenderla, con las que esperar de ella algo más que puro cariño, así que su cerebro solía trabajar a mil por hora para dar con esas ideas brillantes que conseguirían marcar la diferencia y con suerte cambiar la relación entre ellos, llevándola a un punto más íntimo.

Los miedos que el hombre había sentido al principio, al conocerla, se habían ido desvaneciendo a medida que pasaban los días y las semanas. Aunque tampoco podía mentir, el temor le invadía en ocasiones, obligándole a ver un futuro incierto ante todo aquello, pero William se había esforzado al máximo en eliminar aquellos pensamientos negativos, tratando de ver solamente lo bueno. Él la quería, estaba seguro de ello, y no podía permitirse seguir dejando que el tiempo pasara sin dar muestras de ello, con el peligro que ello suponía. ¿Perderla por el hecho de no mostrarse sincero y real? Ni hablar. No quería perderla, ni tampoco quería perder la oportunidad de formar parte de su vida de una forma diferente a como lo había hecho hasta ahora. Quería ser alguien importante en su vida, no alguien prescindible con el que pasar un par de tardes divertidas para luego volver a la misma vida aburrida y monótona de siempre.

Era por eso y por muchas cosas más por las que la había llevado hasta allí. Quizás sólo fuese un juego para ella, o una mera sorpresa, pero para William significaba mucho más. Esperaba por encima de todo que le gustara tanto como le gustaba a él, o al menos que supiera valorar el placer de volar en un trasto como aquel.

Las dudas que Natalie mostraban le hicieron sonreír de un modo aniñado bastante peculiar. - ¿No habías dicho que confiabas en mí? - Le preguntó con un tono juguetón, mientras la miraba directamente a aquellos preciosos ojos azules, que bajo aquella luz se tornaban grisáceos. - No te preocupes, es completamente de fiar y he hecho esto un millón de veces. - Añadió, por si de verdad necesitaba un comentario tranquilizador.  - Aunque a veces pilota un poco ebrio… - Tras aquel comentario solté una carcajada, levantando la vista para observar a Frank, que se acercaba a nosotros con aires de emoción e inquietud. - ¿Todo listo?

Un momento más tarde se encontraban subiéndose a aquel avión. A simple vista parecía algo antiguo e inestable, pero lo cierto era que estaba en perfectas condiciones para volar y William lo sabía muy bien, de no ser así no dejaría que Natalie corriera ningún tipo de riesgo. - A ver… - Una vez Natalie se había sentado en su sitio el profesor subió a terminar de revisar el resto de detalles, sobretodo lo que iba siendo el cinturón de seguridad. Notaba cómo Natalie le miraba mientras éste manipulaba ambos lados del mismo. Entonces la escuchó hablar. Éste miró hacia arriba desde donde estaba, tras cerrar fuertemente el seguro del cinturón. - Es perfectamente normal. - Le sonrió, levantándose un poco y quedándose justo a la altura de su rostro. - Te encantará. - Se limitó a decir, irguiéndose luego para dirigirse a su asiento.

Hizo lo mismo consigo mismo y tras Frank preguntar si ambos estaban preparados éste encendió los motores. El avión comenzó a moverse, cada vez más rápido. Una sonrisa se dibujó en el rostro de William, mientras cerraba los ojos para sentir aquella tan conocida sensación cuando despegaban. Y así fue cómo minutos más tarde se encontraban sobrevolando los cielos de Londres. Las casas y los coches se volvían cada vez más diminutos y la sensación de altura era cada vez más notoria. William se acercó al asiento de Natalie, el cual se encontraba justo en frente de él y le tocó el hombro. - ¿Estás bien? - Le preguntó, gritando levemente.

La ventaja de aquello era que no tenían por qué preocuparse en no ser vistos por muggles o en cumplir alguna infracción mágica. Poco a poco el avión fue estabilizándose hasta que pareció que se paraba en medio del cielo, aunque en realidad se movía, aunque muy lentamente. Frank había dado de lleno con unas vistas espectaculares, y William no dudó en llamar la atención de Natalie, mientras miraba expectante por la ventanilla de su izquierda. - ¡Mira hacia allí! - Le indicó.

El cielo estaba completamente despejado y el sol se divisaba perfectamente en el horizonte, posándose tras el mismo como si quisiera esconderse de nosotros. La luz del mismo iluminaba todo lo que se encontraba bajo el mismo y desde allí todo parecía más bonito que nunca. Incluso aquella calles, que siempre le habían parecido desgastadas y estropeadas adquirían un aspecto bohemia y singular. Desde allí arriba William se sentía único, pero a la vez insignificante ante tanta belleza. Y entonces miró hacia delante. La poca silueta que podía ver de Natalie le resultaba más atractiva y atrayente que nunca y hubiera deseado poder mirarla directamente a la cara, aunque su imagen estaba siempre viva en su pensamiento y aquella sonrisa difícilmente conseguía olvidarle por un tiempo demasiado prolongado. - ¿Qué opinas? - Le preguntó, volviendo a inclinarse hacia adelante. - No es lo mismo que ir en escoba, ¿no? - Estaban a bastante altura, a una altura que en escoba resultaba peligrosa, además de que encima de un palo de madera no se podían apreciar con tanta tranquilidad aquellas vistas, o al menos esa era la humilde opinión del hombre. - Es casi tan precioso como alguien que conozco. - Se atrevió a decir, muy cerca de su oído.

Si había algo más perfecto que aquella escena William no tenía ninguna duda de qué se trataba.
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Natalie Corvin el Sáb Sep 12, 2015 1:54 pm

Miré a William con cara de pocos amigos cuando me dijo que su amigo normalmente volaba medio borracho. ¡Pero qué clase de confesión es esa para una novata que va a volar por primera vez con ese tío! ¿Quería que me bajara y me fuera corriendo? No obstante, su risa y su mirada me dieron a entender de que estaba de broma. ¿Porque estaba de broma, no? A ningún ser humano se le ocurriría la brillante idea de volar con un cachivache de hierro estando borracho y con personas inocentes a bordo.

Finalmente intenté relajarm. William seguía vivo después de haberse montado tantas veces en aquel cacharro con aquel tipo ebrio, por lo que parecía que el ebrio sabía lo que hacía.

-Eso espero…-Dije, cuando él me aseguró que me encantaría.

Me aseguré de que los cinturones estaban perfectamente sujetos y noté como una ventanilla ovalada empezaba a caer sobre nosotros, aislándonos del exterior. Los motores comenzaron a rugir y tras unos segundos en dónde el piloto esperó a estar preparado, el avión comenzó a moverse. El piloto, aunque estuviera ebrio, contactó con la cabina de mando para asegurarse de que podía despegar tranquilo. Al tener una respuesta negativa, comenzó a moverse para salir del angar. Se colocó en la línea de salida y, cuando el centro de mando le dio la orden, el avión comenzó a coger velocidad.

Cerré los ojos cuando empezó a subir y sentí como lo que parecía una burbuja de aire subía por mi vientre hacia arriba en esa sensación que siempre me hacía sonreír. Cuando me dio la sensación de que el avión estaba ya colocado horizontalmente, abrí los ojos y vi como todo Londres se quedaba a nuestros pies. Mi boca se entreabrió por sí sola al admirar todo aquello y conservé mi sonrisa, ya que, sobretodo lo impresionante que era eso: aún estábamos vivos. Noté la presencia de William por mi derecha, ya que estaba detrás de mí y asentí enérgicamente.

-¡Perfectamente!-Grité de igual manera.

Miré para dónde me había señalado y había unas vistas espectaculares. Podríamos ir en escoba, pero rara vez tenías la oportunidad de estar sobre Londres admirando con tranquilidad el manto que formaban los edificios. Ni siquiera en el edificio más alto podrías tener aquellas vistas, en dónde el horizonte parecía ser infinito. Además, era totalmente diferente a la sensación que tenías montando en escoba. Aquello era incómodo, pues ya me diréis que tipo de comodidad hay en sentarse en un palo y allí estábamos perfectamente sentados, seguro y a una altura que, en escoba, era prácticamente imposible de llegar si no querías atentar contra tu vida.

Will volvió a ponerse a mi lado y yo me incliné levemente para poder mirar de reojo su cara, aunque mi mirada estaba fija en el exterior.

-Opino que has tenido una idea genial. Cada vez me queda más claro que eres un hombre de grandes ideas. Cualquier otro me hubiera llevado a unos recreativos a jugar al futbolín.-Le contesté, mirándole a los ojos con una sonrisa. Era de grandes ideas y, sobretodo, de ideas románticas. La primera vez que no conocimos no, fue todo muy de casualidad, pero todo lo que hacía con él me parecía romántico. Quizás sea por lo que siento por él, pero todo en su compañía parecía increíble.

Entonces nos matuvimos callados durante unos segundos, hasta que sentí su respiración cerca de mi oído. Sus palabras me dejaron helada. ¿Eso era por mí, no? Mi Natalie precavida se molestó en asegurarse que eso iba por mí. Una sonrisa tímida se formó en mis labios y mis mejillas se enrojecieron levemente. Con ese tipo de cosas avivaba la chispilla interior que inevitablemente se había apagado con el tiempo. Recordaba aquella vez, borrachos en su casa, en dónde le besé. Después de eso me prometí no volver a besarle nunca debido a su reacción, pero al día siguiente… él fue el que me besó a mí. Me dejó confundidísima. Como profesor y alumna, no podía hacer nada, no quería meterle en un problema… Pero luego este tipo de comentarios hacía que no pudiera sacármelo de la cabeza.

-Seguro que le dices eso a todas...-Contesté sin saber muy bien qué contestar. Lo dije en tono divertido y aún con esa sonrisa me volví a girar hacia adelante para admirar las vistas.

De repente, el móvil de Lapidus sonó y al parecer lo tenía vinculado con los cascos que llevaba puesto, así que sin previo aviso, comenzó a hablar.

-¿Cariño?-Preguntó Lapidus, quedándose luego callado.-¿Cómo? ¿En serio? ¿Y cómo está?-Añadió, para luego mantenerse callado a la espera de respuestas.-Estoy volando, pero puedo llegar en un rato.-Continuó con su conversación.-Sí, no te preocupes, pasó por la farmacia.

Tras colgar, giró el avión para dar la vuelta.

-Lo siento chicos, mi mujer necesita al hombre de la casa urgentemente.
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Invitado el Lun Sep 28, 2015 9:48 am

A medida que permanecían en el aire se iba apoderando de William una sensación de bienestar que rara vez experimentaba con nada más, excepto quizás cuando tocaba el piano. A veces pensaba en que le encantaría poder volar sin tener que depender de ningún artefacto tales como escobas o aviones. En multitud de ocasiones lo había soñado, se imaginaba a sí mismo sobrevolando la ciudad de Londres sin necesidad de usar ningún artefacto más que su propio cuerpo y el aire que golpeaba su rostro pasaba a llenar sus pulmones, como si se tratara de una bocanada de puras ganas de vivir. Al hombre le parecía divertido y emocionante enseñarle aquel tipo de cosas a Natalie, y de alguna forma le hacía sentirse más cercano a ella, como si aquel muro que se encontraba entre ambos fuera desapareciendo a medida que pasaban tiempo juntos. Para él Natalie era una persona apasionante, pero a la vez le hacía sentir escalofríos cuando pensaba en ella y en lo que le hacía sentir. Era como cuando caías en picado sobre una escoba con la intención de hacer una gran jugada o de coger una resbaladiza snitch. La sensación que se creaba en el estómago era muy parecida, y Natalie podía considerarse una especie de snitch tremendamente complicada de alcanzar. ¿Triunfaría en aquella ocasión como lo había hecho tantas veces jugando para Gryffindor cuando iba a Hogwarts?

A William le gustó saber que Natalie parecía encantada con la idea que se le había ocurrido de aquella forma tan espontánea, así que no dudó en sonreír desde donde se encontraba. Lo del futbolín le hizo soltar una carcajada divertida. William se consideraba un hombre sencillo y de ideas espontáneas, pero había ocasiones en las que se venía arriba y acababa haciendo cosas como aquellas, dignas de cualquier película de amor digna de verse. Muchas veces se había avergonzado de aquella forma de ser tan soñadora y utópica, pero había aprendido a aceptarse como era, de modo que ya no tenía problemas en mostrarse tal y como era, y menos cuando se trataba de dar una sorpresa a Natalie. Sin embargo la idea de jugar al futbolín o al billar tampoco le parecía mala, de hecho le parecía divertido.

No sabía si había sido fruto de la inspiración que sentía en aquel momento o de la exaltación misma, pero desde luego aquellas palabras que se atrevió a decir poco después no eran de esperar de una persona como él, al menos no hasta el momento. Temió por un segundo de cuál sería la reacción de la chica, quizás se había pasado de confianzudo. Un silencio eterno se adueñó del momento, sin embargo Natalie no tardó en responderle con aquel tono pícaro y natural de siempre, lo que tranquilizó en gran medida al hombre, que comenzaba a arrepentirse de su atrevimiento. - Me has pillado. - Dijo con un tono divertido. - Eres la tercera chica que traigo aquí en esta semana.  - Bromeó, volviendo a colocarse decentemente en su asiento y echando una última ojeada al horizonte.

Había sido la última ya que la voz de Lapidus le hizo despertar de su ensimismamiento. Al parecer le había surgido algo inesperado y desgraciadamente debían ir descendiendo, y por supuesto ninguno de los dos puso objeciones al respecto.

Una vez en tierra firme ambos volvieron a la vida real. Se quitaron los cinturones de seguridad con más agilidad que anteriormente y se despidieron de Frank, que parecía bastante consternado. - Lo siento mucho, chicos. - Tendió la mano de ambos, aparentemente afligido. - No pasa absolutamente nada, Frank. - William hablaba con sinceridad, Lapidus nunca le había fallado en nada y desde luego aquello no debía molestarle en absoluto. - Has sido muy amable con ambos. Te debo una. Y saluda a Noemi de mi parte.  - Le sonrió y tras aquella breve conversación Lapidus desapareció de la vista de ambos, al parecer más animado. William esperaba que tuviera suerte con cualquier cosa que tuviera que hacer, uno no encontraba personas tan fieles y humildes como él demasiado a menudo.

Así, ambos quedaron a las afueras del garaje, ya cerrado, bajo aquel cielo, que comenzaba no sólo a anochecer, sino también a nublarse. - ¿Entonces te ha gustado de verdad? ¿O lo dices para que no me sienta mal? - Le habló animado, metiendo las manos en sendos bolsillos del pantalón y caminando despacio por la ancha pista de aterrizaje. Tras unos segundos se paró en seco, sintiendo cómo unas pocas gotas de lluvia le mojaban la cara. - Será mejor que nos resguardemos.  - Le dijo con un tono dulce y cariñoso, posando su mano en la espalda de la chica suavemente, de forma que ambos comenzaron a caminar hacia un pequeño techo que sobresalía de la puerta de garaje donde habían estado pocos minutos antes. - Me alegro muchísimo de que todo te vaya tan genial, de verdad.  - Sintió la imperiosa necesidad de demostrar cuánto se alegraba por ella, aunque no fuera capaz de expresarse todo lo claro que le gustaría. - ¿Crees que seguiremos viéndonos por mucho tiempo? - Le preguntó de repente, cambiando de tema de una forma un tanto brusca. - Es decir, no se si para tí estas salidas son sólo algo momentáneo, pero a mi me gustaría seguir teniendo contacto contigo durante mucho tiempo…  Me lo paso muy bien contigo.- Parecía un adolescente de quince años hablando. De alguna forma temía que debido a su cambio de vida las cosas cambiaran de la noche a la mañana, que de repente salir por ahí con su ex-profesor ya no le resultara un plan tan atractivo sino más bien incómodo. ¿Estarían aquellas dudas justificadas o sólo se estaba comiendo la cabeza él mismo temiendo perderla sin apenas haberla tenido?
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Natalie Corvin el Mar Sep 29, 2015 3:54 pm

Por desgracia, a Frank le había llamado su señora, por lo que le paseo fue más corto de lo esperado. Una pena, sobre todo teniendo en cuenta que ya me había adaptado a estar a tanta altura sobrevolando Londres con un tío que no me inspiraba confianza. Pero bueno, por poco que fuera, había sido increíble. Una vez abajo, Frank no tardó en irse pitando y dejarnos allí, pues al parecer lo que había pasado le requería bastante urgencia.

El cielo se había nublado casi de repente y había comenzado a llover, por lo que ambos nos quedamos en la puerta del hangar de Frank pues había un pequeño techo que nos mantenía a cubierto. Realmente no hacía frío, hacía bochorno. Ese calor molesto de verano que se une a unas malas nubes, por lo que te quedabas con el calor y el agua pegajosa. Era un tiempo horrible, pero que en aquel momento ni me había percatado de él. Había empezado de improvisto y la verdad es que mi atención todavía estaba en el cielo. Y, como no, en él. El tiempo me daba igual, hablando claro...

-Lo digo para que no te sientas mal, en realidad ha sido una mierda…-Le dije, mirándole de reojo para luego sacarle la lengua.-Claro que me ha gustado. ¿Por qué? ¿A las otras dos no les gustó y por eso estás probando conmigo? Seguro que eran muggles…-Dejé caer, mirándole con diversión. No tenía nada en contra de los muggles, pero era por decir algo.

William volvió a alegrarse por mí y todo lo que me había pasado. La verdad es que era la primera vez que hasta yo misma me sentía orgullosa de todo lo que había sido capaz de conseguir. Cierto era que había tenido ayuda de mi hermano, pero vamos… su dinero sigue guardado en mi hucha de cerdito, ya que sé que por mucho que se lo devuelva, él me lo volverá a dar. Pero por todo lo demás, había sido mérito propio y, quieras o no, habiendo sido siempre una niña de papá siguiendo todas sus mierdas, me sentía por fin libre. Capaz de tomar decisiones propias y de importancia.

La pregunta de William me cogió por sorpresa, ya que no me esperaba para nada precisamente esa pregunta. Me encogí de hombros y ladeé una sonrisa ante su explicación. ¿Podía ser más adorable? Estaba claro que no podía ser más adorable. ¿Cómo era posible, que alguien me lo explique, que alguien tan guapo, simpático, agradable, dulce y, encima, rico, no estuviera casado y con hijos con ya 33 años? Es que es prácticamente perfecto. Que a mí me da igual lo de que sea rico, pero he de admitir que es un dato que muchas personas no lo toman con indiferencia.

-Si tú quieres, sí -Contesté, con una dulce sonrisa.-En verano, todo lo que quieras. Mi horario en el Caldero no es fijo hasta que me empiecen las clases y puedo cambiar turnos, por lo que tengo bastante tiempo libre. Cuando me empiece la universidad si que voy a estar liadísima y… claro... tú estarás en Hogwarts…-Fruncí el ceño al recordarlo, apenando el rostro. Cuando empezaran las clases, no íbamos a vernos nunca. Él vivía en Hogwarts toda la semana y yo podría tener la mala suerte de tener que currar todo un fin de semana en el Caldero si me tocaban malos turnos.-O quizás no es tan fácil como parece, ¿eh? Por lo menos desde que empiecen las clases. Tú estarás muy ocupado intentando soportar a todos los alumnos de Hogwarts, que ya te advierto que los de séptimo de Slytherin estarán muy subidos…-Solo de imaginarme a O., Ian, Circe y Damon siendo la representación de Slytherin me daba un patatús. Circe y O. tenían un pase, porque a pesar de cómo eran, tenían responsabilidad y en el fondo eran chicas decentes. Pero Ian y Damon… vaya dos.-Y yo estaré intentando no suicidarme por no poder compatibilizar mi trabajo con los estudios.-Sonreí, acercándome a él para apoyarme en la puerta del hangar de Frank y cruzarme de brazos, sin apartar mi mirada de sus ojos azules, que más que ojos parecían un mar de sentimientos. Me daba la impresión de que sus ojos hablaban por él, lo único malo es que no sabía qué me decían, pero eran extremadamente expresivos.-Pero aún queda para eso.-Dije, algo más animada. Aunque claramente se me había notado ese bajón de pensar de que iba a pasar de verlo poco a verlo nada.
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Invitado el Vie Oct 02, 2015 5:52 pm

La sensación que invadía a William ocasionalmente cuando pensaba en que su relación con Natalie podría desvanecerse de un momento a otro le hacía sentir inseguro e inestable. Lo cierto era que de algún modo notaba que sus lazos con ella eran variables e inconstantes. Al fin y al cabo no era sólo la diferencia de edad lo que formaba un pequeño muro consistente entre ellos, sino también y por consecuencia los distintos tipos de vida. ¿Qué podían tener en común una universitaria que trataba de convertirse en alguien independiente con un profesor con la vida prácticamente resuelta?

Por otra parte sentía que de algún modo debía evitar ir demasiado deprisa, pero también demasiado despacio. El tiempo con ella era oro y si no lo aprovechaba debidamente podía llegar en cualquier momento otra persona más afín a ella y que la llenara igual que él o incluso más. Realmente era una incesante agonía que no estaba dispuesto a seguir soportando, necesitaba resolverlo cuanto antes.

Sus siguientes palabras eran agradables, al parecer su idea iba más allá de un par de quedadas esporádicas. No obstante su respuesta no acababa de llenarle, era como si necesitara más de ella, más implicación, verla más a menudo. ¿Cómo podría explicarle lo que sentía sin parecer demasiado impulsivo? ¿Había llegado el momento de abrirse un poco más y expresar sus sentimientos con más detenimiento?

La lluvia comenzaba a ser más notoria y las gotas de agua cada vez eran más grandes y más abundantes, del mismo modo el ambiente comenzó a refrescar, pero William seguía sintiendo una calidad en el ambiente que sólo la presencia de Natalie era capaz de proporcionarle. Sus sentimientos habían comenzado a ascender como si se tratara de una montaña rusa, para luego bajar en picado de forma brusca e inesperada. Era cierto que cada uno tenía que llevar su vida como mejor podía, pero si por él fuera intentaría escaparse cada vez que pudiera para hacerle una pequeña visita a la chica que alegraba sus días últimamente.

Una leve sonrisa surcó el rostro del profesor, lo menos que le preocupaba ahora mismo era que los alumnos fueran rebeldes. De hecho en aquellas momentos en su cabeza no había lugar para algo que no tuviera que ver con Natalie. Echaría de menos darle clase y poder verla casi a diario, pero por otra parte sentía que el hecho de que ya no pertenecieran exactamente al mismo ámbito abría un poco las puertas hacia algo más profundo entre ellos. No quería seguir conformándose con ser solo su amigo, necesitaba saciar aquellas ansias por demostrarle más cosas. Durante varios meses había tratado de reprimir aquellos impuros deseos, pero su paciencia comenzaba a agotarse, y más aún cuando la observaba fijamente a los ojos, como en aquel preciso momento. Sus palabras dejaron de tener sentido, era como si sus oídos hubieran decidido tomarse un descanso, dejando en su lugar a la vista, que ahora se centraba en los labios de su acompañante a medida que pronunciaba aquellas palabras.

- Natalie. - Su voz irrumpió de pronto, como si hubiese sido un acto reflejo. De la misma forma se giró completamente hacia ella, quedando ambos frente a frente. Desde aquella posición podía sentir la lluvia golpeando su espalda, mojandole la camiseta, pero no le importaba en absoluto, su mente se encontraba procesando lo que diría en los segundos siguientes. No sabía cómo reaccionaría ella hacia lo que tenía pensado decir, pero ya no había vuelta atrás. Su corazón palpitaba a toda prisa y su cerebro bombeaba sangre a una velocidad de vértigo, si se mantenía de aquel modo durante mucho tiempo acabaría por desmayarse.

- He luchado en vano por ocultar lo que siento por tí. Te juro que he intentado despejarme constantemente, remediarlo de cualquier modo, pero he llegado a la conclusión de que para mí es imposible negar lo que me haces sentir cuando te veo. - Había empezado mirándola a los ojos, en un momento dado separó su mirada de la de Natalie, pero al volver a hablar volvió a levantar la cabeza. Si sus palabras no eran capaces de expresar lo que sentía sus ojos lo harían por él.

- Me has conquistado desde el primer momento en que me miraste. Me odio a mí mismo por haber caído tan torpemente en estas redes que me mantienen tan cerca de tí. Se que no puedo ser el más adecuado, o el más apto, pero si hay algo cierto es que mi amor es sincero y puro. - Su voz se quebraba levemente a medida que a hablaba, pero no dejó de hacerlo. - Si no sientes lo mismo lo entenderé y no volveré a sacar el tema. - Estaba claro, él no era ningún acosador y tenía la ferviente idea de que los sentimientos no pueden crearse a la fuerza. - Pero si por el contrario una parte de tí, tan sólo una mínima parte, piensa que podríamos ser más que amigos… Te ruego que me lo digas, porque no aguanto más la presión de la indecisión y la duda. Si es así haré lo que sea porque salga bien.

A aquellas alturas su camiseta se encontraba empapada e incluso su pelo comenzaba a mojarse, ya que el viento estaba propiciando que la lluvia fuera en dirección hacia ellos. Pero para él era como si el mundo se hubiera parado un instante y toda la humanidad y la fauna, y todo lo que componía la Tierra se encontrara expectante hacia la respuesta de la persona que en su día consiguió meterse en su mente de forma tan efectiva. Ahora sólo quedaba esperar.
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Natalie Corvin el Sáb Oct 03, 2015 1:52 pm

Las únicas veces que había visto a William serio era en clase, pero aún así siempre seguía manteniendo ese gesto afable que poseía ya no solo como profesor, sino como persona. Por esa razón, cuando me interrumpió diciendo mi nombre y adoptando ese gesto serio que nunca antes había visto, me esperé lo peor.

Pero no, fue todo lo contrario. Cuando sus palabras comenzaron a salir de sus labios, no sabía exactamente que estaba sintiendo en mi interior, pero sin duda alguna era algo bueno. Podría haber dicho que era algo similar a mariposas, como suele decirse, pero no, aquello era algo más parecido a Duendecillos de Cornualles intentando salir al exterior con todas sus fuerzas. No le interrumpí a pesar de tener mis sentimientos claros, por una parte porque quería saber qué era lo que rondaba esa cabeza que para mí era un libro cerrado, sino también porque era la primera vez desde que nos conocemos que he visto que le cuesta tanto decir algo.

Siempre había considerado a William una persona con ideas claras, fuerte y decidido, pero en aquel momento me pareció adorable y vulnerable, como si no fuera capaz de ordenar sus propios sentimientos. Le entendía. Claro que le entendía. Quizás yo no fuera tan valiente como él como para enfrentarme a la persona por la que siento algo y decirle a la cara lo que siento por ella con esa iniciativa, pero esos sentimientos que crees que debes ocultar pero a la vez no puedes hacerlo, yo también los tuve. De ahí que haya besado a mi profesor mientras aún era su alumna sin estar bajo el pleno uso de mis facultades… Porque está claro que de haberlo estado, la razón hubiera ganado a la impulsividad y nada de aquello hubiera pasado.

Y de hecho, después de ese momento lo di todo por perdido. Hasta ahora, claro, que en mi sonrisa debía de divisarse la felicidad de haber escuchado esas palabras salir de William. Si él estaba dispuesto a intentar una relación así, era todo lo que yo necesitaba.

-¿Una mínima parte?-Repetí lo que él había dicho, mirándole a los ojos. Unos ojos  que por fin sabía lo qué me estaban diciendo.-Llevo tiempo intentando que solo sea una mínima parte para poder olvidarme de esto a lo que consideraba un capricho.-Dije, acercándome a él, cogiendo una de sus manos con la mía y entrelazando los dedos, sintiendo como el agua de la lluvia llegaba a nosotros por culpa del viento.-Pero no lo conseguí y me di cuenta de que no era solo un capricho. De hecho puedo asegurar que después de lo que me has dicho, has tirado a la basura todos mis progresos en intentar olvidarme de ti.-Sonreí, subiendo mi otra mano por su clavícula hasta posarla delicadamente en su cuello.

Con cualquier otro hombre no hubiera tenido pudor en decirle lo que sentía, en volcarme en intentar algo, pero William despertaba en mí ese temor de negación, esa intimidación por ser alguien con más experiencias que yo, esa necesidad de estar totalmente segura de lo que él sentía para poder actuar en consecuencia, porque lo que menos quería era perderle por la actitud de una niña adolescente que no sabe controlar sus impulsos. Podría no ser el más apto, ni el más adecuado, pero para mí lo era y, fuera como amigos o fuera como algo más, no lo quería fuera de mi vida. Pero en aquel momento, todos esos prejuicios desaparecieron y solo quería hacer una cosa. Esa cosa que llevo deseando hacer mucho tiempo y que no he hecho por miedo.

-Esta vez no irás a decirme que no, ¿no?-Murmuré acercándome a él y tirando levemente de su mano hacia mí, sintiendo como esos Duendecillos de Cornualles se volvían cada vez más locos en mi interior.-Porque voy a besarte...-Añadí susurrante tras cerrar los ojos y rozar sus labios para hacerlos mío.

El agua nos daba de manera intermitente debido al viento y las gotas de agua que caían en nuestra cara resbalaban hasta quedar en contacto con nuestros labios, haciendo el beso frío y húmedo. Le besé con suma lentitud, recreándome en él y sintiendo como los Duendecillos iban desapareciendo hasta crear una presión en mi pecho. Una presión que no sabía si significaba que estaba llena de nervios o si era una señal de estar realmente realizada; feliz. Mi mano en su cuello se movió hasta su nuca por su piel mojada, enredando mis dedos con los mechones de su pelo. Y entonces me di cuenta de una cosa: me daba igual lo que nos deparara el futuro, aquello era todo lo que necesitaba en ese momento.
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