Situación Actual
3º-10º
22 diciembre -> luna llena
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
ARTEMISIA pj destacado
STEFAN & POPPY DÚO DESTACADO
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline

Welcome to Paradise. {Abi McDowell} [Flashback]

Caleb Dankworth el Vie Jul 03, 2015 11:43 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Adoraba mi vida, sobre todo ahora que me estaba tratando muy bien. Y adoraba mi trabajo. Siempre me había gustado mi trabajo, el sueldo era bueno y desmemorizar era divertido, pero en estos últimos tiempos aguantar a mi jefe había sido un verdadero suplicio. Era un imbécil y había planeado mil maneras distintas de matarle, sobre todo después del incidente con la poción, pero me abstuve. Pero sin embargo, cuando el banco me había pasado una factura espantosa por un viaje a España que no había hecho yo y me di cuenta de que había sido Desmond, juré matarlo. Aquel viaje no le hacía ningún daño a mi cuenta corriente, pero joder, se había pasado mil pueblos. Planeaba secuestrarle y torturarle y descuartizarle y hacer salchichas con él y dárselas de comer al perro de Alyss, a ver si así de una vez le caigo bien, cuando recibí la noticia de que otro bicho ya se había comido a mi jefe. ¡Un tiburón! Fui tan feliz al recibir aquella noticia que es prácticamente un milagro que mi Patronus no haya cambiado de forma de buitre a tiburón. Lo que sí que hice fue un muy generoso donativo a una asociación que se dedicaba a proteger a aquellos animales en peligro de extinción. ¡Alabados sean!

Así que yo había sido ascendido y ahora era el jefe. Mis empleados estaban mucho más contentos conmigo que con Desmond, pues aunque yo tenía mis días poco simpáticos de vez en cuando, al menos era un trabajador competente. Seguía realizando muchas de las mismas funciones que antes, pero ahora mandaba yo y tenía más responsabilidad y a la vez más beneficios. Los beneficios económicos no me impresionaban mucho, pero el aumento de mis vacaciones sí que lo hacía.

Tenía unas cuantas semanas libres y quería aprovecharlas antes de que Zack acabase el curso y volviese de Hogwarts. Pensaba que Alyss tal vez podría coger vacaciones, pues aunque no le tocaban su jefe es mi mejor amigo y siempre podía pedirle un favor. Pero cuando hablé con ella me encontré con que tenía que marcharse un par de semanas a una convención internacional de Inefables en Japón. Se iban todos los Inefables del mundo allí a presentar sus proyectos y sus descubrimientos. Yo pensé que iba a ir con ella, pero dado que el trabajo de los Inefables era tan secreto y nadie podía saber nada sobre él, a mí no se me permitía ir. Iba a estar medio mes más sólo que la una en mi mansión, pensando las vacaciones mirando al techo...

¿Pues sabéis qué? Que no le da la gana.

Hice planes. Bueno, planes no, planazos. Reservé un viaje, pagué dos semanas en un hotel, hice todo el papeleo en el Departamento de Transportes Mágicos, miré que actividades había en el lugar al que me iba a llegar a vivir la vida... Y no reparé en gastos para nada. Ni una sola vez miré el saldo de mi cuenta bancaria. Aquello me encantaba.

Llegó el día en que Alyss se fue, dejándome más sólo que la una en Londres, pero yo no iba a quejarme. No, yo me iba de vacaciones como Dios manda. Hice mis maletas, pero en vez de llevar un montonazo de equipaje lo que hice fue coger una pequeña maleta y hacerle un hechizo para que cupiese absolutamente de todo dentro de ella son problemas, y cuando tuve todo listo le día órdenes al servicio para que tuviesen mi casa en orden y que no dejasen entrar a absolutamente nadie, y me desaparecí de allí.

Me aparecí en una calle cerca del edificio donde vivía Abi. Caminé hacia allí tan contento, vestido de una manera completamente casual con manga corta, definitivamente para un clima más cálido que el de Londres. Llegué al edificio de Abi con mi pequeña maleta llena de cosas, entré en el portal a la vez que un joven con pinta de universitario que se extrañó al verme allí, y subí las escaleras hasta llegar al piso de Abi. Llamé al timbre de la puerta y esperé a que me abriese. Sabía que ella estaba de vacaciones y que no tenía absolutamente nada que hacer, pues se había estado quejando de ello hacía unos días. Si fuese de noche me iría a buscarla por los bares de Londres, pero dudaba que se hubiese ido de marcha a la una de la tarde.

Sí que estaba en casa, y me abrió la puerta. Antes de que me dijese nada la miré pícaramente a través de mis gafas de sol. Estaba apoyado contra la pared al lado de su puerta con pose completamente despreocupada, con las piernas y los brazos cruzados. La sonreí mientras movía el brazo y le enseñaba el traslador que me habían dado en el Ministerio. Todavía no estaba activo, pero lo estaría luego.

-Haz las maletas preciosa, nos vamos de viaje- dije con tono tan pícaro y alegre como mi mirada y mi sonrisa. Espero que no haya hecho ya otros planes, aunque seguro que los míos eran mejores.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 38
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 25.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 386
Puntos : 262
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb

Abigail T. McDowell el Sáb Ago 08, 2015 1:09 pm

“Tú me asaltaste salvajemente, pero no te enamoraste de mí”. Hm. No, yo no me enamoré de él. ¿Enamorar? Esa palabra era muy amplia y no, estaba claro que no me había enamorado de él. Enamorarse… tsk. Eso es para muggles. Estaba claro que le tenía cierto aprecio, es mi amigo y a pesar de todo nos hemos conocido desde hacía tiempo  y, quieras o no, el roce hace el cariño. ¿Pero enamorarme? Ni de coña, vamos. Me quedé callada a lo que dijo pero curvé una sonrisa divertida al comentario. Quieras o no, era gracioso. Caleb tenía ese encanto natural que probablemente haría enamorarse a cualquiera. A cualquiera menos a mí, claro. Porque yo NO estaba enamorada de nadie.

Pero luego vino la gota que colmó el vaso. ¿Y esa alusión a que hacían mucho ejercicio juntos? Ambos sabemos qué significa esa mirada pícara en los ojos de Caleb. Lo que me faltaba; no tenía suficiente con imaginarme a esos dos juntos haciendo cosas de pareja que encima ahora me corroboraba lo bien que se lo pasaban en la cama. Había bromeado, por lo que para no parecer una piedra debido a lo seria que me había quedado, curvé una sonrisa. Una sonrisa falsa de: “en realidad no me hace puta gracia”. Me conocía lo bastante bien como para poder entender lo que esa sonrisa quería decir, aunque quizás también me conocía bastante bien como para no darle importancia. Aceptaba, de mala gana, que Caleb tuviera ahora a su pareja feliz con la que pasar el resto de su vida. Me parecía una mierda, pero era mi amigo y no me quedaba otra que aceptarlo. ¿Pero alegrarme por ello? No, gracias. No había cabida en mí para alegrarme por eso. Simplemente no me alegraba. Y para colmo me recuerda lo que más me molesta. Solté aire e intenté no parecer muy antipática.

Qué bien. Me alegro por ti —¿Qué podría decirle yo para contrarrestarlo? NADA. No había nada que pudiera decir para contrarrestar ese golpe bajo inconsciente que me había dado—. ¿Qué ves en Alyss? —lo pregunté intentando que el tono de asco no me sobresaliese, aunque quizás no sonó muy neutral. Eso sí, lo miré con curiosidad, porque de verdad de la buena quería saber qué había visto Caleb en alguien como ella. ¿Qué narices tenía ella que no tenía yo? En físico le gano y con la cara de subnormal que tiene no me creo que sea mejor que yo en la cama.

Obviamente una tortuga marina no me impresionó. Sí que tenía a una niña interior, pero a esa niña interior no le apasionaban las tortugas marinas. Fruncí el ceño ante lo que dijo y negué con la cabeza divertida mientras notaba como se sumergía y volvía a salir. Lo que si me impresionó fue el increíble yate que había al fondo. Yo era una mujer con una economía totalmente media, quizás un poco alta, pero no para permitirme un yate. Creo incluso poder asegurar que pocas veces había montado en uno de eso.

¿Cuándo he sido yo mala contigo como para no merecer un viaje en yate? —me hice hacia adelante para intentar mirarle a los ojos desde arriba, en mi posición—. Yo soy adorable y lo sabes. Solo me porto mal en la cama y cuándo tú me lo pides —le dije, esbozando un sonrisa.

Aunque justo en ese momento me tiró hacia atrás y termine metiéndome totalmente en el agua tras dar una especie de voltereta hacia atrás. Odiaba que me hundieran en el agua, me sentía indefensa y tenía la sensación de que iba a morir ahogada por no coger suficiente aire. Sí, llamadme paranoica. Cuando salí al exterior, pude contestar a lo que dijo sobre el chocolate y la alusión a mi peso.

Qué debilucho. Alyss no te hace hacer suficiente ejercicio —le guiñé un ojo, entre pícara y celosa mientras me iba muy digna nadando de espaldas—. Hacía poco podías cargar conmigo contra una pared y cansarte el triple sin soltarme. Aquí el problema no soy yo… —dejé caer con una sonrisa de: "I win this time" y dándome la vuelta para empezar a nadar.

En realidad nos pegamos en el agua una infinidad de tiempo hablando de varias cosas y simplemente pasando el rato. El rato restante nos lo pasamos entre nuestra hamaca, la arena, comiendo y otra vez en el agua. La verdad es que un tiempo y un espacio de relax como ese me hacía muchísima falta. Daba gusto tener amigos con los que hacer cosas en vacaciones sin yo tener que organizar nada. Primero Derek, luego Apolo y ahora Caleb. Quizás y, solo quizás, debería decirle que estoy casa con mi amigo gay. Sería un buen tema de conversación.

Tras pasarnos casi todo el día en la playa, volvimos a nuestra villa. Dejé que él fuera el primero en meterse en la ducha para poder buscar entre mi ropa el conjunto perfecto para esta noche. Era mujer, adicta a la moda. Necesitaba buscar el conjunto perfecto para esta noche. Además, quería cerciorarme de que no me había quemado ninguna parte del cuerpo antes de meterme en la ducha. Cuando Caleb salió unos diez o quince minutos después, entré yo con mi ropa interior y la toalla al baño. Su comentario me ofendió. Falsamente, claro.

No me compares con las demás féminas del mundo. ¿Acaso aún no te ha quedado claro que soy única en mi especie? Estoy en peligro de extinción y tú ahí desprovechándome… —negué con la cabeza divertida mientras entraba al baño y cerraba la puerta detrás de mí.

Una vez dentro me bañé tranquilamente, cosa que no me llevó más de siete minutos. Es decir, yo tampoco entendía a la gente que se pegaba vida y media duchándose. Si me estuviera tomando un baño de burbujas, pues oye, otro gallo cantaría. Cuando salí de la ducha, me sequé, me dejé el pelo despeinado y me pinté la raya del ojo, único maquillaje que uso, para salir a la habitación en ropa interior. Total, acaba de verme en bikini. ¿No es acaso lo mismo? Y él y yo no teníamos nada que ocultarnos.

Quince minutos —miré a Caleb y me encogí de hombros, acercándome a un sillón en dónde había dejado lo que me iba a poner. Comencé a vestirme; primero me puse unos short que me realzan los glúteos de una manera muy notoria, luego me puse una camisa blanca, ibicenca y con encaje en la parte superior. Parecía una camisa de ocho tallas más grandes, pero se llevaban así y eran increíblemente cómodas, además de que dejaba entrever mi hombro al ser caída. Luego me senté en el sillón mientras me ponía unas sandalias romanas—. Estos días vas a verme más de lo normal sin tacón. ¿Te acostumbrarás a la adorabilidad de mi enanismo? —bromeé, colocándome delante de él, ya que me sacaba cabeza y media sin exagerar—. Me encantan los tacones, pero no es plan estando en la playa—dije, cogiendo mi toalla y volviendo a secarme el pelo por segunda vez, luego la dejé sobre el perchero para que se secase y zarandeé la cabeza haciendo que todos los mechones pelirrojos se quedasen sobre mi rostro, soplé hacia arriba y sonreí—. ¿A qué hora empieza eso?
avatar
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 28.902
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 779
Puntos : 553
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Mar Ago 11, 2015 1:06 am

Lo de que hacía mucho ejercicio con Alyss lo dije con tono bromista, para picarla. Porque sabía que se iba a picar. Cuando dos personas son amantes durante bastantes años y tienen el mejor sexo del mundo y de repente dejan de ser amantes porque uno de ellos empieza una relación seria obviamente hay piques sobre quién está follando más y mejor ahora que ya no follaban entre ellos. Pero me esperaba que Abi replicase diciéndome que había un compañero del trabajo que la había dejado con tales agujetas que no había podido mover el culo en una semana o dos. Lo que no me esperaba era que me hablase con ese tono tan… forzadamente neutro. Fruncí el ceño y giré un poco el cuello para echar la vista atrás y mirarla. ¿Eran paranoias mías o había sonado un poco molesta? Y no molesta en el sentido de picada, sino… molesta molesta. Decidí ignorarlo, pues seguramente fuesen todo absurdas imaginaciones mías. Pero entonces Abi me preguntó que qué veía en Alyss. ¡Ahí estaba, otra vez! ¡El tono molesto y forzadamente neutro! ¿Me lo estaba imaginando o de verdad estaba molesta? ¿Pero molesta por qué? ¿Qué me estaba perdiendo?

-Alyss… Me devolvió una parte de mí que yo pensaba que había muerto para siempre- dije tras meditar cómo responder a aquella pregunta que yo consideraba complicada. Por alguna razón necesitaba que Abi entendiera aquello, aunque no me explicaba muy bien por qué.- Pasé unos años muy malos. Malísimos. Tú no me conocías entonces, creo que estarías empezando la universidad. Alyss apareció en mi vida cuando más la necesitaba. Se hizo mi amiga y volvió a sacarme una sonrisa. Era muy inocente y… no sé, supongo que trajo un poco de equilibrio a mi vida. Ya no era todo muerte y sangre y destrucción. Me dio un respiro. Esa Alyss ya no está, ha cambiado muchísimo, pero no importa- me quedé callado entonces, sin saber qué decir y a la vez sin querer decir nada más. Era raro hablar de aquello en voz alta con alguien, y menos con Abi, era algo que nunca había hecho. Estaba destapando una parte de mí que nadie veía nunca, y sentía como si estuviese completamente desnudo en un lugar público donde todo el mundo tenía sus ojos puestos en mí. Solo dejaba que la gente viese mi lado cruel, ese lado de mi personalidad que quería descuartizar gente y quemarlos vivos tras desollarlos. Abi conocía muy bien ese lado mío. Y también conocía muy bien, al igual que lo hacían otros, mi lado familiar. Mataría y moriría por mi familia, haría cualquier cosa. No es un secreto… ¿Pero esto que acabo de confesar? Abi nunca me había conocido cuando estaba casado, no sabía cómo era capaz de amar a una mujer, y con Alyss llevaba muy poco tiempo. Era todo muy nuevo… y confuso. Era demasiado confuso volver a sentir que aquel lado de mí despertaba. Pero había más confusiones, confusiones que no entendía y en las que no quería pensar en el momento.

Por supuesto que si Abi quería que alquilase un yate para los dos solos un día y que la llevase a navegar por el mar del Caribe la iba a llevar, no iba a ser yo el que le dijese que no. Yo a estas vacaciones había venido con Abi con una cosa muy clara: lo que Abi pidiese, Abi lo iba a tener. ¿Por qué? Porque es mi mejor amiga, la quiero muchísimo, la adoro, y aunque ya no tengamos sexo salvaje por todos los rincones oscuros del mundo me gustaba consentirla. Incluso en Londres me gustaba consentirla, no teníamos que estar necesariamente de vacaciones para que lo hiciese.- Eres mala fuera de la cama también, mala pécora- dije mirándola y devolviéndole la sonrisa traviesa.- Y no te lo tenía que pedir, precisamente…- le recordé guiñándola un ojo. Ay, qué tiempos que habían quedado atrás… Era extraño, en verdad, pensar en ello.- Tendrás tu yate. ¡Como luego te quejes de mí y digas que no te consiento te vas de vacaciones a una playa cutre de Inglaterra y encima te vas sola!- amenacé, todavía sonriendo de maneta divertida. Replicó a mi comentario sobre su peso llamándome debilucho, diciéndome que yo era el problema.- Perdona, el culo que pesa es el tuyo, yo diría que el problema lo tienes tú- insistí, y como si quisiese comprobar mi argumento metí la mano en el agua y le pellizqué la nalga con descaro.- ¿Ves? ¡Ahí hay más carne que antes!

Después de pasar todo un perfecto día entero volvimos a la habitación para arreglarnos para ir a cenar y de fiesta. Me metí con todo el tiempo que tardaban las mujeres en arreglarse, tras lo cual Abi protestó.- Eres única en muchos aspectos, pero da igual, en el baño tardas más que yo seguro- repliqué antes de que ella se encerrase en el baño. Cierto es que no tardó mucho tiempo, pero sí que estuvo más que yo, aunque no fue una cantidad de tiempo exagerada. Cuando salió del baño solo tenía puesta la ropa interior y yo tenía los bóxers y estaba en proceso de abrocharme los pantalones. Muchos amigos se horrorizaban si se veían los unos a los otros con poca ropa encima, pero Abi y yo creo que nos hemos visto el uno al otro más veces sin ropa que con ella puesta.

-Me acostumbraré e intentaré no pisarte sin querer si no te veo- bromeé cuando dijo lo de los tacones. Si con los tacones puestos la sacaba un montón, sin ellos puestos aquello era la risa. Ella era muy bajita y yo era muy alto, completamente opuestos. Pero así era divertido, cargar con ella cuando era necesario era mucho más fácil.- Nunca me gustaron las mujeres muy altas, así que con eso tienes suerte- dije mientras me ponía la camisa y me la abrochaba. Iba a salir informal pero bien arreglado, con pantalones oscuros y una camisa blanca simple e impecable. Detestaba a los tipos que salían a cenar con bermudas, chanclas, y camisetas hawaianas.- Los shows empiezan a las diez, y la party hard empieza como a las doce. Con lo que nos hemos retrasado son las ocho y media así que nos da perfectamente tiempo de ir a cenar tranquilamente y luego nos vamos a todo lo demás, ¿te parece?

Salimos de la habitación y bajamos las escaleras por segunda vez aquel día para marcharnos de la Villa y dirigirnos a la zona de bares y restaurantes. No estaba muy lejos, pero sí lo suficiente como para que el paseo fuese largo así que cogimos el trenecito otra vez, que nos dejó justo en la puerta del restaurante principal del resort. Casi no había mesas, pero había algunas reservadas para los VIP y con enseñar nuestras pulseras nos condujeron a ellas. El menú era estilo Buffet y aquella noche había langostas.- No se si lo sabes pero amo el marisco- le dije a Abi mientras me servía una ración enorme. Yo comía como una vaca siempre.

Cuando tuvimos los platos llenos de todo tipo de comida (¡porque ahí había de todo!) fuimos a la mesa, donde un camarero nos sirvió vino. Cogí mi copa y brindé con Abi.- Por unas vacaciones estupendas con la mejor compañía- dije con una sonrisa, y bebí.

Había música en directo. En aquel momento estaban tocando una bachata, y en el escenario que había para entretener a los comensales estaban bailando unos bailarines. Algunos de ellos sacaban a gente a bailar con ellos, y unos lo hacían decentemente y otros fatal. Una bailarina se acercó a mí cuando yo acababa todavía no había comenzado a comerme mi langosta, y me sacó a bailar antes de que yo pudiese hacer nada para evitarlo. ¡Oye, que yo quería cenar! Bueno, ya que estamos...

Sorprendí a los bailarines y a los turistas al ponerme a bailar y demostrar que lo hacía tan bien como los mismísimos bailarines. ¿Un guiri que sabía mover el culo al ritmo latino? ¡Por favor, todo el mundo debía de estar pensando que se acercaba el Apocalipsis! Un bailarín había ido a robarme a la bailarina que me había sacado a bailar, pero le aparté y me puse a bailar en su lugar con una sonrisa. La gente miraba divertida. Tras unos segundos volví corriendo a la mesa y le tendí una mano a Abi.

-¿Bailas?- la invité con una sonrisa. La música había cambiado, ahora era una salsa y yo movía el cuerpo ligeramente con el ritmo mientras esperaba la respuesta de Abi.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 38
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 25.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 386
Puntos : 262
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb

Abigail T. McDowell el Mar Ago 11, 2015 2:43 am

Llamadme insensible, pero todo lo que me contestó Caleb me parecía una estupidez. Podía entenderlo, pero no ponerme en su lugar. Y como no podía ponerme en su lugar, no me parecía algo lógico. Me sorprendió escuchar que antes Alyss era más inocente. ¿Más todavía? ¿Cómo podía Caleb enamorarse de una chica así? Si es más inocente que ahora, podía rozar la estupidez suprema.

No dije nada. Sobraba cualquier cosa que pudiera decir, pues no serviría de nada. Por una parte no tenía nada que añadir a su cursilada del día que me había dejado claro sus sentimientos y, por otra parte, tampoco tenía nada de lo que quejarme. Bueno sí, quejarme podría hacerlo, pero no serviría de nada. Además, por muchas ganas que tuviera de quejarme y decirle que Alyss no le merecía, otra parte de mi cuerpo me mantenía callada con un nudo en la garganta; callándomelo todo. Básicamente de lo que estaba enamorado Caleb era del recuerdo de lo que una vez Alyss fue para él. A ver quién competía con eso. Era hora de dejarme de tonterías...

Simplemente asentí a lo que dijo, dándolo por entendido. Sinceramente, no quería ni tenía ganas de seguir hablando de Alyss. Antes la soportaba, pero desde que la vi en la fiesta de cumpleaños de Caleb no la tragaba.

Luego comenzamos a bromear sobre mi maldad tanto fuera como en la cama. En realidad tenía su gracia y podría haber seguido la broma o reírme, pero después de hablar de todo ese tema no me había quedado precisamente con el mejor sabor de boca y me limité a sonreír.

Es que sacabas lo peor de mí —admití, sonriente cuando me dijo que no hacía falta que me lo pidiera. En realidad lo habíamos hecho en montón de sitios y, contra todo pronóstico, podría acordarme de casi todas las veces. Curioso que hubiera durado tanto con el mismo amante sin cansarme nunca de él—. Sabes que no —le miré de soslayo cuando me pellizcó el culo—. Intenta autoconvencerte, pero sigo estando igual o más buena que antes. —Le saqué la lengua.

Después de pasarnos un día estupendo en la playa —el cual podría haber sido mucho mejor si no hubiéramos sacado el tema de Alyss el primer día de vacaciones, mea culpa—, volvimos a nuestra villa para prepararnos. En realidad yo nunca me pegaba mucho tiempo duchándome, aunque esta vez me lo tomé con calma. Me quité los tres kilos y medios de arena que me había llevado conmigo en el bañador y me despejé por completo. Es más, frente al espejo me miré y me obligué a mí misma a dejar de ser una gilipollas mental con todo el asunto de Caleb y su nueva novia. ¿Qué era feliz? Pues bien por él.

Salí al exterior a vestirme a la vez que él mientras hablábamos de la noche que nos esperaba. Dijo que tenía suerte de ser bajita, ya que a él le gustaban las chicas no muy altas. ¿Suerte por qué? Cómo si me sirviera de algo ahora mismo… Tsk.

Vamos sobrados de tiempo. En realidad tengo hambre, la playa me abre el apetito —De siempre, en vacaciones podía decirse que comía el doble de lo que normalmente comía. Que en realidad normalmente no comía mucho, pero para alguien de mis dimensiones se notaba cuando comía mucho, pues parecía que no me cabía—. Sí, me parece —sonreí, meditando qué me llevaba y qué no. No tenía hueco para la varita y, realmente, me daba pereza llevarla, así que la dejé sobre la mesilla de noche.

Tras un rato en dónde volvimos a salir de la habitación, coger el trenecito y caminar durante un trecho, llegamos a la zona de los restaurantes. Como Caleb se preocupó en que tuviéramos todo absolutamente VIP nos llevaron a la zona de los buffet, en dónde nos sentamos en unas mesas privilegiadas para ver tanto la música en directo, como la pista de baile y, encima, estar cerca de la comida. Me acerqué a dónde se encontraba toda la comida junto a Caleb, intentando decidirme por algo.

Ahora lo sé —le contesté, observando la cantidad de marisco que había. El estómago de Caleb debía de estar saltando de alegría sólo de olerlo—. Pues no sé que comer yo, creo que me voy a copiar de ti —Básicamente porque elegir entre todo lo que había me llevaría probablemente más tiempo que lo que tardo en comérmelo.

Finalmente volvimos a la mesa, yo con obviamente un plato mucho menos lleno que el de Caleb. ¿Dónde narices iba a meterse todo eso? Cuando nos sentamos, brindamos y yo sonreí. No iba a mentir, estaba en unas vacaciones estupendas con la mejor compañía. Bebí del vino y luego me puse a comer tranquilamente.

En cierta ocasión, una mujer sacó a bailar a Caleb de pleno improvisto. ¿Aquí también la gente se sirve éxtasis en las copas o qué? Podría haberme puesto celosa, ir a dónde estaba esa señora y reclamar a mi hombre. Pero no. Ya tenía a suficiente con odiar a una mujer en este mundo como para cargar también mi frustración emocional con esa mujer americana. Realmente ya me había quedado llena, por lo que al terminar me limpié con una servilleta las manos y la comisura de los labios y observé a Caleb dándolo todo. Tenía un arte para bailar, CASI tan bueno como el mío. Yo sabía bailar de todo. Tenía mis preferencias, claro, pero fue uno de mis pasatiempos favoritos a los 21: aprender a bailar de todo.

Caleb se acercó a mí para sacarme a bailar y no dudé en terminarme la copa de vino para luego sujetarle la mano.

No sé si lo sabes, pero yo amo bailar —le dije esta vez yo a él, antes de levantarme y seguirle hasta la pista de baile, ya que había empezado a sonar una canción de salsa.

Mi cuerpo comenzó a bailar al ritmo, hasta que llegamos al centro de la pista, en dónde Caleb me sujetó por la cintura y me pegó a él justo antes de que la canción llegase a un cambio de ritmo. Fue entonces cuando mis piernas no cesaron de seguir el ritmo de aquella música latina y a moverlo absolutamente todo. Siempre había sido de bailes mucho más tranquilos y sensuales, vals o tango, pero lo bueno que tenía aquel tipo de bailes es que lo sacabas todo. Era super hiperactivo y no podías parar de moverte: cabeza, piernas, trasero y manos, absolutamente todo tenía que estar coordinado. Y unas de las cosas que más me evadía de todo era bailar junto a cualquier persona. Así que dejé que Caleb me guiase. Seguí todos sus pasos y sus manos eran las guías de mis movimientos.

Tras tres minutos en dónde algunas parejas se nos habían unidos y otras se habían quedado expectante, se acabó la canción, la cual terminamos con mi cuerpo totalmente inclinado hacia atrás siendo sujetado por uno de sus brazos. Me volvió a erguir y todos aplaudieron, incluída yo con una increíble sonrisa en el rostro.

Espera aquí —Le dije, acercándome a dónde estaban los músicos y hablando con el primero con el que me encontré. Les pregunté que si sabían una canción y me asintió como si fuera obvio.

Tras intercambiar algunas palabras entre ellos, comenzó a sonar. Adoraba esa dulce melodía. Mi sonrisa se volvió traviesa y me giré para mirar a Caleb. Las luces se habían atenuado en la zona de baile y habían puesto un tono rojizo en la iluminación. Entonces elevé el dedo índice y le hice una señal de que se acercara para comenzar a bailar eso.
avatar
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 28.902
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 779
Puntos : 553
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Jue Ago 13, 2015 1:56 am

Los hombres éramos unos completos inútiles a la hora de adivinar lo que estaba pasando por la cabeza de una mujer. Somos tontos, ellas nos dicen algo y pensamos que en realidad sienten lo que están diciendo, o no dicen algo y somos gilipollas y pensamos que realmente no tenemos nada que decir. Pero aunque es verdad que somos un verdadero puto desastre, al menos un reducido número de nosotros era capaz de intuir que algo no cuadraba completamente, y eso era lo que me estaba pasando a mí cuando escuché el silencio de Abi tras mi explicación. Pero intuir que algo no cuadra está muy lejos de adivinar la realidad. Muy lejos. Así que, como buen hombre inútil con estos temas que soy, me quedé callado y no dije nada.

Un buen día debía finalizar con una buena noche. Y por eso no debían faltar los restaurantes, la música, comida, copas, bailes, un poco de desfase… Aunque el resort era muy tranquilo para la comodidad de los huéspedes, en las piscinas más lejanas sí que daban buenas fiestas por las noches hasta altas horas de la madrugada. Fiestas latinas, de las buenas. Eso era algo que yo no iba a perderme en este viaje.

Abi cogió mucha menos comida que yo en el buffet libre para comer. Miré su plato, que era menos que la mitad del mío, y alcé las cejas.- Si comes tan poco no me extraña que seas tan pequeñita, no has podido crecer en condiciones- meterse con la altura de Abi era la cosa más fácil del mundo. Estoy seguro de que si la acompaño a una tienda de ropa la pierdo entre el mar de percheros. Nos sentamos a comer mientras disfrutábamos de la música en directo y de los bailarines. Yo tenía la mala costumbre de empezara comer por lo que menos me gustaba y dejar lo mejor para el final. Es una mala costumbre porque si ocurre algo de repente y no puedes terminar tu comida te quedas sin probar lo que más te gusta. Apenas había probado un bocado de aquella exquisita y perfecta langosta cuando la bailarina me secuestró y me sacó a bailar junto con otros comensales. Bueno, que me alejen de mi comida para ponerme a bailar no es nada malo, así que con gusto y gracia me puse a bailar y pronto todos los demás empezaron a quedar a un lado.

No tardé en abandonar a la bailarina secuestradora para sacar a Abi a bailar conmigo aquella salsa que estaba sonando. No llevaba la mejor ropa para bailar este tipo de baile, ¿pero a quién le importaba? A mí no, desde luego, y por la manera en la que ella sonrió, se bebió el vino, y aceptó mi invitación se veía claramente que a ella tampoco. Además, nada más empezar a moverse ya quedó claro que Abi no necesitaba trajes estrafalarios con muchos flecos y vivos colores y que dejase a la vista carne de sobra para ser la bailarina más sexy del lugar. Bailaba cual profesional, y todos la miraban. Los hombres sobretodo.

-Creo que somos la mejor pareja del lugar- dije con una sonrisa pícara mientras bailábamos. Hasta los bailarines nos miraban, y muchas parejas se estaban animando a bailar gracias a nosotros y otras se daban cuenta de que lo hacían tan horriblemente mal comparados con nosotros que se retiraban de la pista y se ponían a mirar. Parecía que Abi y yo habíamos nacido para ser la pareja de baile perfecta. Nuestros movimientos estaban perfectamente sincronizados y nuestra coreografía era perfecta. Era como si la hubiésemos ensayado una y otra vez al igual que los bailarines, pero no, no lo habíamos hecho. Simplemente bailar nos salía de dentro.

Cuando acabó el baile me apetecía bailar más, ya me había olvidado de la maldita langosta. No sabía qué tipo de música iban a tocar después de la salsa, puede fuese lo que fuese estaba preparado para bailar cualquier cosa. La música y el baile siempre hacían que sintiendo una euforia que muy pocas veces sentía, y en aquel momento era feliz. Cuando Abi me dijo que esperase allí donde un segundo la hice caso a medias, pues esperé pero tuve que alejarme un segundos a por un sorbo de agua, pues lo necesitaba. Dejé el vaso vacío en una bandeja que pasó por ahí un camarero, y entonces me desabroché dos botones de la parte de arriba de la camisa porque tras los dos bailes me había entrado calor.

Iba a volver entonces al mismo punto de la pista donde me había dejado Abi, pero me detuve en seco cuando escuché las primeras notas de la canción. La reconocí de inmediato, era inconfundible. La iluminación del lugar cambió, y casi todo quedó a oscuras menos la pista de baile, que estaba balaba por luz roja. Roja como el fuego y la sangre y la pasión, pasión que emanaba de cada nota de la canción que sonaba en aquellos momentos.

No me quedé inmóvil por mucho más tiempo. Como si hubiese sido activado por el gesto del dedo de Abi y su mirada traviesa que parecía acentuada por aquella canción, comencé a dar lentos pasos hacia ella, pasos de tanto, hasta que ambos nos encontramos en el centro de la pista. Estábamos solos, todas las demás parejas habían decidido que ellos sobraban en aquella estamos; incluso los bailarines se habían retirado fuera de la lista, dejándonos a nosotros dos como únicos protagonistas del espectáculo especial de la noche. Nos detuvimos y nos miramos. El contacto visual era una de las cosas más importantes del tango. El tango era un baile cargado de emociones, de interpretación, de tensión. Era en la mirada donde se podían encontrar todas esas cosas unidas.

Comenzamos a movernos. Mi mano viajó a su cintura, la suya a mi hombro, y nuestras manos libres se entrelazaron en el aire. Movíamos las piernas al son de la música en un sinfín de pasos de tango. Los pasos de tango eran siempre muy liosos y difíciles, sobre todo al ir rápido y sin practicar antes, pero de nuevo parecía que Abi y yo habíamos estado bailando este baile desde que teníamos uso de razón.

Durante el baile, que cada vez era más intenso y la música más pasional, mis manos viajaron por su cuerpo. A veces ella me rechazaba, a veces me aceptaba. Así era el tango, un vaivén de emociones, te quiero pero ahora no, márchate pero ahora ven, muérete pero no me dejes nunca, bésame pero vete y no vuelvas más. Pronto ya no existía nada más que el baile y nosotros. Se habían esfumado los músicos, se habían esfumado los espectadores, e incluso parecía que nosotros mismos nos habíamos desintegrado y habíamos sido consumidos por las emociones que interpretábamos con ese baile de tal manera que se habían materializado en un cuerpo propio y ahora ellas eran las que bailaban. El mundo entero se desvanecía. Deseo, ira, lujuria, dolor, melancolía, odio, pasión. Esas eran todas las emociones que interpretábamos con aquel baila, una detrás de otra sin parar y todas mezcladas hasta que parecía que iban a desbordarnos y a estallar hasta consumir lo todo en un mar de llamas.

Abi daba vueltas en mis brazos. Se apartaba y luego quedaba pegada contra mi cuerpo. Me tocaba y me empujaba. Nos uníamos y recorríamos la pista de baile como si no hubiese un mañana, contando la historia de un hombre que deseaba a una mujer que todo parecía indicar que no era para él. ¿Por qué tenía la sensación de que había algo paradójico en la historia?

Tras vueltas y vueltas y que la música y el baile se volviesen tan intensos y casi agresivos que casi hasta me dolía el alma, la música paró de pronto en cuanto sonó la nota final, momento en el cual finalizó nuestro baile. El cuerpo de Abi había quedado pegado al mío mientras uno de mis brazos rodeaban su cintura y la otra mano agarraba su pierna y la levantaba junto a mi cuerpo. Nuestros rostros habían quedado muy juntos, apenas a un centímetro de distancia, y mi mirada permanecía clavada en la suya. Respiraba rápidamente, sintiéndome abrasado por dentro, y poco a poco fui recobrando consciencia de mí mismo y del mundo que nos rodeaba. Las luces habían vuelto y también la gente, que estallaron en aplausos.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 38
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 25.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 386
Puntos : 262
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb

Abigail T. McDowell el Jue Ago 13, 2015 10:20 pm

Cuando terminamos de bailar aquella salsa, no dudé ni un momento en ir hacia dónde estaba la banda para pedirle una canción en especial. No era salsa, ni de lejos. Se trataba de la música más pasional de todas; aquella en dónde no valía con moverte al ritmo de ella, sino que hacía falta sentimiento. Yo tenía absoluta pasión por el tango, por lo que bailarlo me resultaba increíblemente fácil a pesar de no haber bailado nunca con Caleb. No obstante, su reputación de buen bailarín no se iba a caer con el tango, sino todo lo contrario.

A medida que nos acercábamos, todos los que estaba allí se alejaban, dejándonos nuestro espacio. Nos miraban como si fuéramos profesionales, cuando lo único que éramos eran dos aficionados que tenían muy claro cómo bailar junto al otro. Al llegar justo delante de Caleb, mi mirada se quedó clavada en sus ojos, como si no pudiera por voluntad propia apartar mis ojos de los suyos. Y en parte, así era. Tal vez no exista una intimidad más grande que la de dos miradas que se encuentran con firmeza y determinación, y sencillamente se niegan a apartarse.

Me sujetó por la cintura, me acercó a él y entonces, sólo entonces, fue cuando me di cuenta que hice mal en elegir un tango para bailarlo precisamente con él.  

Al principio los pasos resultaban fáciles, lentos… llenos de deseo y de tensión, pero a medida que la canción continuaba, se volvían más intensos y mucho más pasionales. Durante la canción, dejé de pensar, mis movimientos eran puramente instintivos y del cuerpo, ya que mi mente se había alejado de toda razón lógica. Si había un baile que yo realmente sintiera, ese era este. Sacaba lo mejor de mí y, en aquel momento, incluso lo peor.

Cuando me acercaba a él, las manos de Caleb me recorrían por completo… mi cuerpo lo sentía, pero mi mente lo transformaba todo, transportándome a otro lugar totalmente distinto. Cuando su cuerpo y el mío se pegaban, en mi mente ya no existía aquel escenario, ni tampoco aquellas personas que nos rodeaban, tampoco la banda que nos ofrecía aquella música, sólo existíamos él y yo, en la oscuridad, con su cuerpo pegado al mío. Automáticamente quise separarme de él,  empujándolo con la mano y dándome la vuelta, pero su mano sujetó la mía con fuerza, haciéndome girar hasta llegar a él y pegarme a su cuerpo. Su mano bajó hasta mi trasero... por mi pierna, acariciándola con fuerza y necesidad hasta obligarme a flexionarla y a arquear mi espalda, mientras su rostro se agachaba y seguía al mío, pero en mi mente no, en mi mente seguíamos existiendo sólo él y yo, en la oscuridad, con él acariciando mi pierna, consiguiendo con sus besos y caricias que arquease mi espalda y matándome por dentro por salvaguardar esa distancia entre sus labios y los míos. Cada movimiento parecía alentar a la perversidad de mis pensamientos; cada roce, cada melodía y cada nota… En mi mente sólo estábamos él y yo, con los labios sobre la piel del otro y, sintiendo en otro lugar muy distinto, lo que el tango te hacía sentir. Robándome respiros, arracándome suspiros, romperme el ritmo de la respiración, entrecortármela, acerlerarla y, durante un instante, detenerla...

El baile se volvió mucho más intenso y llegó un momento en dónde no sé si prefería mantenerme alejada de él o totalmente pegada. Era solo un baile, estaba claro, pero por una parte, sintiéndome totalmente a su lado sentía esa pasión recíproca, esa mirada de deseo y ese gesto de necesidad… por otra parte, eso mismo hacía querer separarme de él. Era una repetición imposible; algo que no volvería a pasar nunca más, pero todo mi cuerpo y toda mi razón se empeñaban en hacerme desear lo contrario.

Todo terminó y mi cuerpo terminó pegado al de él, con mi rostro pegado al suyo y mi corazón a mil, no sólo por el cansancio, y con una de sus manos agarrando mi pierna. Mis ojos seguían clavado en los suyos y mi rostro no estaba sonriente, ni tampoco con ese gesto pícaro que normalmente adopta en situaciones como esa. Estaba serio; incluso preocupado. Mi mirada brillaba y luchaba contra viento y marea para no desviarse a sus labios, porque si se desviaba hacia allí, probablemente me obligaría a cometer una estupidez por no poder resistirme a él. Y dirán: "La única manera de vencer a una tentación es sucumbiendo a ella..." Y me encanta. Pero no. En aquel momento no. Era mi amigo y PUNTO. Se había encargado de recordarmelo hoy en la playa. Abi, no es tan difícil, mujer. ¿Qué narices necesito? ¿Tres hostias bien dadas?

Así que cuando los aplausos me sacaron de mi ensimismamiento, me separé de él cómo si me hubiera olvidado y arrastré toda esa paranoia y todos esos sentimientos a la papelera de mi mente. O por lo menos, esa fue mi intención. Sonreí entonces, casi obligada, e hice una reverencia teatral a todos los que nos aplaudían. No tenía ni pajolera idea de lo que había hecho, pero si todos aplaudían así es que había salido bien. Justo después de eso empezó otra vez la salsa típica latina y yo me acerqué a Caleb.

Voy a por algo MUY FRÍO —Hielo con agua, por ejemplo. Me abaniqué con la mano, en señal de que el baile me había dejado acalorada. ¿Sólo acalorada? Tengo un puto horno creciendo en mi interior.

Me acerqué a la barra en dónde servían bebidas —una totalmente independiente y alejada de la de la comida, que estaba al fondo— y me senté en un taburete, abanicándome con la mano. Vi un posavasos y lo cogí, abanicándome con él.

¡Wow! ¿La increíble bailarina viene a mi barra a pedir una copa? —dijo el barman, mirándome de arriba abajo—. ¿Qué puedo ponerte?

Algo frío —le pedí, sonriendo. Tuve que sonreír, todo aquello era surrealista.

¿Con alcohol o sin alcohol? —preguntó.

Con, con mucho. Grandes cantidades alcohol —Entre más alcohol, menos pensamientos. Así sería todo mucho más fácil. ¿Cuántos días me quedan todavía aquí? No me quedaba nada…

Cada vez que piense en sexo con Caleb, alcohol en vena. Así estaba curada de espanto. El barman dejó delante de mí un mojito bien fresquito. Se me hizo la boca agua sólo de verlo.

Gracias.

A ti, un baile como ese no se ve todos los días. ¿Son pareja? —preguntó mientras secaba un vaso con su paño.

Más quisiera él —fue lo primero que dije, bebiendo con una pajita el mojito.

Pues lo parecen —dijo el hombre.

Sólo somos amigos —dije finalmente tras tragar, mirando a Caleb.

Alcé las cejas y le pedí al camarero que me diera otro mojito. Obviamente no para mí. Cuando me lo dio, me puse de pie y fui hasta dónde estaba Caleb y se lo tendí, ya que parecía con tanto calor como yo. Luego me puse a bailar con un chico aleatorio que se había acercado a mí. Dejé mi mojito en una mesa al lado de una columna (algo que no me gustaba hacer después de la experiencia de Las Vegas. A ver si me van a meter EXTASIS otra vez y esta vez me tatuo: "Ábreme" en la ingle) y continué bailando con él.
avatar
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 28.902
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 779
Puntos : 553
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Mar Sep 15, 2015 8:42 am

Sentía como si hubiese entrado en un mundo ficticio en el que todo el mundo desaparecía y solo quedábamos Abi y yo, suspendidas en el vacío, rodeados de la más absoluta nada, y parecía que estaba sintiendo todas las emociones del mundo a la vez, pero elevadas a su máxima potencia. Dios mío, parecía que mi corazón iba a escapar de mi cuerpo abriendo un agujero en mi pecho en cualquier momento de lo desbocado que estaba. Pero poco a poco me fui volviendo más consciente de mí mismo y de lo que me rodeaba, hasta que de repente fui devuelto a la realidad y sentí como si me cayese un cubo de agua helada encima. Fue una sensación desagradable y a la vez bienvenida, dado que parecía que mi piel estaba al rojo vivo.

Abi fue la primera de los dos en reaccionar y hablar, diciendo que iba a ir a por algo muy frío. No dije nada, simplemente asentí con la cabeza mientras ella se alejaba. Me quedé allí unos segundos, todavía un poco atontado por el calentón del baile, hasta que escuché que empezaba una nueva canción y vi que la pista de baile volvía a llenarse y entonces salí de allí para volver a las mesas. Mi camino se vio interrumpido por un grupo de tres mujeres alemanas (se notaba que lo eran por el pelo rubio claro y porque se habían puesto tan rojas como langostas cocidas bajo el sol y además tenían un pésimo gusto vistiendo) que sonreían tanto que casi daban miedo.

-¡Bonito baile!- exclamó una de ellas.

-¿Tú enseñas a nosotras como bailar así?- preguntó otra de ellas con un acento alemán muy fuerte y una gramática horrible. Las otras dos riendo coquetamente y se inclinaron hacia delante mientras esperaban mi respuesta. Su invasión de mi espacio personal me molestaba.

-No, señoritas, disculpad…- murmuré algo incómodo. Hace un año me habría encantado la atención femenina, pues no eran feas, pero en estos tiempo no la quería.- Me voy a mi mesa. Disfrutad en la pista.

-¿Quieres tomar una copa con nosotras?- preguntó la tercera del grupo, que hablaba mi idioma mucho mejor que su amiga.

-No, gracias- dije, tal vez un poco más brusco y cortante de lo que había pretendido en un principio, pero funcionó y eso era lo que importaba. Volví a mi mesa, donde continuaban estando nuestras cosas. Cuando habíamos llegado a cenar lo primero que habían hecho había sido servirnos un vaso grande de agua con hielo, como hacían en casi todas partes, y como me sentía como si me estuviese quemando en las profundidades del infierno cogí el vaso y me bebí casi todo el agua de golpe, sintiendo como me congelaba la garganta. En aquellos momentos me daba igual que aquello no tuviese alcohol y que yo raramente bebiese una sola gota de agua, necesitaba refrescarme y el agua era lo que tenía más cerca. Además, tenía la sensación de que ingerir alcohol en aquellos momentos no sería una muy buena idea…

¿Qué había ocurrido durante el baile? Por un momento había parecido como si el fin del mundo estuviese cayendo sobre nosotros y ese baile fuese lo último que íbamos a hacer en la vida, así que habíamos puesto toda el alma en él. Era… extraño. No había una mejor palabra con la que pudiese describir aquello en esos momentos.

“Te ha dado demasiado sol en la cabeza esta mañana…” se burló de mí una voz en el fondo de mi cabeza.

Una camarera vino a preguntarme si se me antojaba algo, pero le dije que estaba todo bien y que no quería nada, y permanecí allí sentado mientras se me quitaba aquel apabullante calor que me había entrado a causa del baile. Definitivamente me había quedado claro que había pocas parejas de baile como Abi en el mundo, y que en la pista compenetrábamos a la perfección. Curiosamente parecía que encajábamos perfectamente en muchísimos aspectos. La busqué con la mirada y la encontré en el barra, bebiendo y hablando con el camarero. Permaneció allí un par de minutos, hasta que pidió otra bebida y en cuanto se la dieron cogió el vaso y se alejó de la barra para acercarse a mí. La sonreí cuando llegó y me levanté, cogiendo el mojito que me tendía agradeciéndoselo.

-Si hubiese sabido antes que bailabas así de espectacularmente habría bailado contigo hace mucho tiempo- le dije entonces con un toque divertido en mi mirada mientras bebía el mojito que me había traído. Vale que antes hubiese pensado que mejor era no tomar alcohol en aquellos momentos, pero por un mojito no iba a pasar nada. Cuando terminé de bebérmelo dejé el vaso vacío sobre la mesa y le tendí una mano a Abi con una mirada traviesa.- ¿Otra? A ver si continúas sorprendiéndome…

Y lo hizo. Volvimos a la pista de baile, donde volvimos a bailar pero esta vez justo con todos los demás en vez de bailar nosotros solos nuestro propio baile, aunque por las miradas que nos dirigían muchos de los que estaban allí se veía que estaban deseando ver otro baile como el anterior. Se siente gente, ya hemos alcanzado la cuota de bailes excepcionalmente apasionados, sexys, e increíbles de la noche. Pero aunque no volvimos a bailar un espectacular tango como el de antes sí que bailamos de todo, y nadie consiguió arrebatarnos nuestro puesto de mejores bailarines del lugar, puesto que nos habíamos ganado a pulso.

Después de lo que parecieron ser horas y horas de baile abandonamos el restaurante para volver a nuestra villa. No habíamos bebido mucho pero sí que estábamos agotados de bailar. Abi era la que más se quejaba de las escaleras incluso por la mañana, cuando no estaba cansada, así que en cuanto comencé a escuchar sus quejas al pie de las escaleras del primer piso me agaché para cogerla en brazos y cargué con ella hasta nuestro piso. Aquella era una imagen muy cómica, parecíamos una pareja de recién casados que se dirigían a su nidito de amor. Seguro que eso era lo que todo el hotel pensaba de nosotros ya a este paso…

-¡Me lo he pasado muy bien, ha sido una muy buena noche!- exclamé en cuanto volví a ponerla de pie en el suelo y entramos a la habitación.- ¿No te parece? Dios, estoy agotado, me hago viejo- bromeé mientras bostezaba y me quitaba los zapatos y me desabrochaba algunos de los botones de la camisa.- Mañana por la noche te toca a ti decidir adónde vamos, aunque por la mañana escojo yo- dije, pues ya sabía perfectamente a dónde iba a llevarla después de lo que habíamos hablado esta mañana.

Me metí yo primero al baño, pues iba a tardar menos que ella por mucho que ella tardase poco que el resto de las mujeres del mundo, y me quité la ropa y me puse un pijama cómodo para este clima. Eran unos simples pantalones finos de color azul marino y una camiseta blanca. A veces dormía sin camiseta, porque era muy cómodo, así que luego si tenía calor a lo mejor me la quitaba. Me lavé los dientes y salí del baño, dejándole pasar a Abi, y mientras ella se cambiaba de ropa yo me tiré en la gigantesca y mullida cama. Tenía muchísimas ganas de dormir, pero tenía que hacer algunas cosas antes. Cogí el teléfono y llamé a recepción, donde atendían las veinticuatro horas al día. Después de explicarles qué era lo que quería me dieron la información necesaria, les dije que lo cobrasen todo de mi cuenta sin problemas, y colgué justo cuando Abi salía del baño.

-Mañana ya tienes tu yate- dije mientras la guiñaba un ojo y sonreía de manera pícara. Me acomodé en la cama y cerré los ojos, sintiendo que me iba a dormir de un momento a otro, pero entonces abrí un ojo solamente y miré a Abi.- ¿Qué lado de la cama prefieres?- pregunté mientras bostezaba. En las ocasiones en las que habíamos dormido juntos siempre había sido (salvo por una ocasión) después de una intensa sesión de sexo, así que dormíamos donde cayésemos porque estábamos agotados, pero a lo mejor tenía una preferencia. Mucha gente la tiene.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 38
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 25.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 386
Puntos : 262
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb

Abigail T. McDowell el Miér Sep 16, 2015 3:41 am

Estaba increíblemente agotada. No sé por qué nos dio por seguir bailando y por qué acepté a continuar con todo aquello, pero había sido una mala idea. Me dolían los pies y hasta el alma. Y eso que era pelirroja y, técnicamente, no tenía. Por suerte Caleb se apiadó de mi vagancia, ya que me estaba quejando a cada escalón que subía y me cogió en brazos para llevarme hasta la habitación. Era incómodo… ya podría haberme cogido a caballito, menos serio, pero por lo menos no me da la sensación de que me acabo de casar con un hombre con el que no voy a tener sexo.

Me dejó en el suelo cuando entramos a la habitación y me dirigí directamente a la cama, en dónde me tiré boca arriba totalmente exhausta. Quería cerrar los ojos y quedarme dormida en aquella precisa posición. Sin embargo, le escuché y le imité, quitándome los zapatos.

¿Cuántos eran ya? ¿39? —curvé una sonrisa irónica y traviesa. Probablemente con 39 años, Caleb estaría cinco años más buenorro que ahora. Era el típico hombre que mejoraba considerablemente con la edad—. Yo también me lo he pasado genial. Hacía muchísimo tiempo que no me pegaba una noche entera bailando todo tipo de estilos —le contesté a su comentario. La última vez que había bailado tanto fue en Las Vegas con Apolo, ese mismo día en dónde me casé y me tatué en el labio. Pero bailé de una manera muy distinta a la de esta noche—Estoy tan cansada que te diría dormir hasta mañana por la noche. Pero no, por la noche podemos hacer algo tranquilo. Me pareció ver que habían conciertos en plan algo más serios y tranquilos, probablemente en otra villa que no sea a la que acabamos de ir. Me pierdo con tantas villas —le dije chasqueando la lengua, ya que me apetecía ir a ver tranquilamente un concierto convencional y no arrastrarme a la pista de baile para ponerme cachonda mientras bailo con mi amigo emparejado, gracias.

Caleb fue el primero en entrar al baño y yo me quedé en la cama, tirada boca arriba. No obstante, me levanté en un arrebato de fuerza para ir a buscar mi neceser. Cogí el cepillo de dientes y de mi maleta un pijama, para esperar a que Caleb saliera y entrar automáticamente yo en el baño. Me miré en el espejo tras cerrar la puerta y vi como parecía un panda. Bueno, no tan exagerado. Cogí un desmaquillante y me quité los restos de lápiz de ojo de los ojos —OBVIAMENTE— y luego me cepillé los dientes. Tenía la buena costumbre de pegarme por lo menos tres minutos lavándome los dientes mientras mi mirada se perdía en mi mirada a través del espejo y me ponía a divagar sobre diferentes cosas. En esta ocasión, como no, divagué sobre el increíble tango que habíamos bailado y, algo me decía, que no iba a olvidarlo fácilmente. Me molestaba el efecto que Caleb estaba teniendo en mí, confuso y sin poder buscarle solución, aunque lo que más me molestaba es que parecía estar haciéndolo totalmente inconsciente. ¿Cómo puedo acaso explicarle a alguien que deje de tirarme testosterona a la cara, por favor, porque no quiero tener que violarle para respetar su relación con la maldita pelo de lejía?

Cuando terminé de lavarme los dientes, me peiné el pelo un poco y me cambié de ropa. Mi pijama era una camisilla de seda de color negro algo holgada, además de unos pantalones cortos de la misma tela. Yo necesitaba escurrirme en las sábanas o sentía que el pijama me aprisionaba. Obviamente, para más detalles, dormía siempre con el sujetador. Odiaba profundamente que mis pechos volaran libremente cual gaviota liberadora mientras intento buscar una posición para dormir. A mí que se me quedaran bien sujetas en su lugar.

Me pasé el pelo por detrás de la oreja y salí del baño para dejar las cosas sobre mi maleta, ya mañana lo colocaría todo bien. Miré a Caleb cuando habló y sonreí ampliamente ante la noticia.

Qué eficiente —curvé una sonrisa— ¿Será solo para nosotros o habrá que compartirlo con alguien? —pregunté por pura casualidad, mientras guardaba mis cosas en el neceser antes de dejarlo al lado de mi maleta. Probablemente tuviera un piloto, a no ser que Caleb vuelva a sorprenderme y también sepa conducir yates. Nunca he tenido sexo en un yate, mira tú por donde. Mañana no será el día en el que lo tenga, pero me lo apuntaré.  

Me preguntó que qué lugar de la cama era el que quería para dormir y en un principio pensé que me daba igual, pero tras pensarlo detenidamente, elegí el lado derecho, es decir, el que no daba para el balcón, sino para la puerta y el baño. Lo elegí con un simple movimiento de cabeza, subiéndome directamente a la cama para abrir las sábanas y taparme solo con ellas, ya que hacía bastante calor como para taparme también con la colcha. Aún no me había acostado, sino que me había quedado sentada.

¿Qué te ha gustado bailar más? ¿Salsa, merengue, bachata, aquella canción extraña de swing o el tango? —le pregunté, curvando una sonrisa mientras le miraba de reojo. Quería saber si yo era la única que se había quedado exhausta después del tango, aunque no fueran precisamente con esas palabras, conocía bastante bien a Caleb para saber más cosas de las que salían de su boca solo con meras palabras. Pero después de ese baile lo único que podía hacer era alejarme a él y tomarme algo bien frío, quería saber si había sido la única emparanoiada. Que probablemente sí. Alcé la sábana y comencé a escurrirme para acostarme—A mí el tango, con diferencia, hacía tiempo que no bailaba con nadie que lo bailase tan bien —añadí finalmente a mi pregunta antes de apoyar mi cabeza en la almohada, la cual parecía increíblemente cómoda. Solo podía recordar a un hombre que pudiera estar a la altura de semejante tango y era Derek. Pero debía de admitir que no había ni punto de comparación entre ambos.

Me tapé hasta los hombros y me acosté hacia un lateral, dándole la espalda a Caleb. La verdad es que no me apetecía dormir con él. Me sentía limitada y esa limitación me hacía actuar en contra de mi voluntad. Era como no poder comer carne y tener que dormir con carne rodeándote. Bueno, eso no tiene mucho sentido, pero seguro que se entiende mi horrible sensación. Es como tener algo y no poder cogerlo. Era irritante y me hacía sentir cada vez más en segundo plano por no poder hacer nada.

Buenas noches —le deseé, cerrando los ojos y esperando que él se diera la vuelta y se posicionara mirando para el balcón. Entre menos se acercara a mí, mejor, pues me haría un favor. No me haría ningún bien tener que dormir teniendo que respirar su embriagador aroma—Mañana despiértame a la hora que quieras —le dije, todavía con los ojos cerrados, en la perfecta pose para quedarme dormida.

Deberíamos haber reclamado una habitación con dos camas.
avatar
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 28.902
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 779
Puntos : 553
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Miér Sep 30, 2015 2:32 am

La miré fingiendo estar ofendido cuando dijo en broma lo de los 39 años, pero luego sonreí, pues estaba de muy buen humor después de el espectacular día que habíamos tenido completamente alejado de nuestra rutina. Adiós al trabajo, adiós a Londres y a Inglaterra en general. Teníamos dos semanas en el paraíso, y habíamos empezado bien. Esuché que mañana por la noche Abi prefería hacer algo tranquilo, cosa con la que estuve de acuerdo. Ya tendríamos tiempo de desfasarnos otras noches, mañana sería un día de relax.- Como tú quieras, a mí eso me parece genial. Hay de todo en este hotel, no tenemos falta de opciones…

Después de usar yo el baño para cambiarme y prepararme para ir a la cama dejé el baño libre para Abi y me tiré en la cama a hacer las llamadas necesarias para preparar el día de mañana, y lo dejé todo listo. Esperaba que mañana fuese un día igual de bueno o incluso mejor de lo que lo había sido hoy. Cuando Abi salió del baño ya cambiada y con el pijama puesto me la quedé mirando sin decir nada durante unos segundos de manera completamente inconsciente, porque aquel pijama de seda negro le quedaba muy bien a pesar de no ser nada especialmente provocador. A pesar de todo no podía hacer desaparecer en el vacío del olvido todos los años que Abi había sido mi amante, al igual que tampoco podía hacer desaparecer la atracción que sentía por ella, y por eso me la quedé mirando. Mirar no era nada malo, era algo normal, ¿no? Además de que Abi estaba guapa, me parecía un poco curiosa y surrealista la situación en la que nos encontrábamos, pues no era normal que nos estuviésemos preparando para meternos en la cama vestidos, con la única intención de dormir, como si fuésemos una pareja normal o algo. Sonreí ligeramente para mis adentros a causa de aquello, y entonces devolví la mirada a los ojos de Abi, donde debía permanecer.

-Tenemos que compartirlo con un grupo de veinte turistas filipinos- la informé con cara de “qué se le va a hacer, estas cosas pasan”, fingiendo estar hablando totalmente en serio durante unos instantes hasta que finalmente arqueé la ceja.- Abi, ¿cómo voy a coger un yate compartido? Por favor…- reí, dejando claro que no íbamos a tener que compartir el yate con veinte turistas filipinos.

Abi escogió el lado de la cama que daba a la puerta en vez de al balcón, lo cual era perfecto porque a mí siempre me gustaba dormir en el lado que diese al balcón o ventana, tenía esa manía. Me moví para ponerme en mi sitio y dejarle el espacio libre a Abi. Me preguntó entonces cuál había sido el baile que más me había gustado de los que habíamos bailado. Habíamos bailado absolutamente de todo, y todos los bailes habían sido perfectos, pero no tuve que pensarlo ni un segundo para decidir cuál había sido mi preferido.- El tango- contesté, coincidiendo con su baile favorito. No me sorprendía, en realidad. Había sido sin duda alguna el mejor tango que había bailado en mi vida, y había sido también el más extraño. Lo que había sentido durante ese tango… ¿había sido a causa del baile en sí, la música… o la bailarina? No quería pensar en ello, pues sentía que se me iba a formar en la cabeza el mismo cacao mental que antes y estaba demasiado agotado para ello.

Abi fue la primera en acostarse y taparse con las sábanas. Me dio las buenas noches tras tumbarse dándome la espalda.- Que descanses- dije a la vez que apagaba la luz, dejándonos completamente a oscuras, y me tumbaba yo también dándole la espalda a ella. Estaba tan agotado que pensé que no iba a ser nada difícil caer en un profundo sueño… pero no fue así. A pesar de lo cansado que estaba no lograba pegar ojo y parecía un búho con los ojos abiertos en medio de la noche. Se colaba algo de luz de la luna desde el balcón de la habitación, y a medida que el tiempo pasaba y mis ojos se iban acostumbrando más a la oscuridad más luminosa parecía la habitación hasta el punto en el que parecía que directamente no había oscuridad, lo cual hacía más difícil intentar dormir. Quería dar vueltas en la cama, pero no quería molestar a Abi. Escuché atentamente para ver si conseguía escuchar algo que me indicase si ya se había dormido o si seguía despierta, pero estaba quieta y pensé que tal vez ya estaba dormida. Seguí tumbado sin moverme ni un centímetro mientras miraba al techo y a la ventana del balcón. Intentaba despejarme para poder dormirme, pero cuanto más intentaba despejarme más vueltas me daba la mente a todo. ¡Joder! Además hacía calor, muchísimo, a pesar de que solo estaba cubierto con las sábanas y no con el edredón… Cerré los ojos, cansado de no quedarme dormido, pero entonces sentía todavía más el calor. Suspiré pesadamente y al final me harté. Me senté en la cama, me quité la camiseta del pijama, la tiré al suelo y volví a tumbarme sin taparme por completo con las sábanas. Así estaba mucho mejor, no tenía calor, y por fin logré despejarme…

Me quedé dormido sin darme cuenta, como todo el mundo se queda dormido siempre. Me desperté gracias a la luz del sol que entraba por la ventana, pues no había puesto alarma. No la necesitaba, ya que el yate lo había alquilado solo yo y podíamos ir cuando nos diese la gana, no se iba a ir sin nosotros. Al principio estaba súper vago, más dormido que despierto. Entonces me di cuenta de que no estaba en la misma posición en la que me había dormido horas atrás, sino que estaba tumbado de lado, dándole la espalda al balcón, y estaba agarrado a algo. Bueno, no a algo, a alguien. Tenía el brazo sobre su cintura, rodeándola, y el cuerpo pegado al suyo. Abrí los ojos un poquito, pues la luz me molestaba después de haber dormido tan bien, y miré a Abi.

-Buenos días…- murmuré sin estar muy seguro de si estaba despierta o dormida, pero poco después abrió los ojos.- ¿Qué tal has dormido?

La solté y me moví perezosamente sobre la cama para darme la vuelta y poder levantarme, aunque no tenía ninguna gana de hacerlo. Había dormido estupendamente y quería quedarme en la cama, pero a la vez quería levantarme y salir de la habitación para comenzar nuestro segundo día en Punta Cana. Ya tendría tiempo de volver a dormir en el yate si quería, y por la noche. Volví a mirar a Abi y la sonreí antes de levantarme. Ella seguía tumbada en la cama, así que me metí en el baño con la ropa de aquel día y me cambié rápidamente, dejando el pijama en la bolsa de la ropa sucia. Los deservicio de habitaciones se la podían llevar y lavarla si queríamos. Salí del baño en apenas unos minutos, con unas bermudas sobre el bañador y con una camisa banca veraniega y con el pelo negro completamente despeinado y dándome un aspecto que parecía que había estado de juerga toda la noche en vez de durmiendo.

Abi se metió en el baño después para cambiarse y prepararse para salir. Yo aproveché para buscar mis gafas de sol y el móvil, y cuando Abi salió del baño ya lista para que nos fuésemos volví a sonreírla.

-¿Preparada?- abrí la puerta del hotel y dejé que Abi saliese primero. Cogí la tarjeta de la habitación y cerré la puerta entonces, siguiendo a Abi escaleras abajo hacia la calle para coger el trenecito que nos llevaba por el hotel. La parada en el edificio donde estaba el buffet del desayuno fue una de las primeras, pero no teníamos que bajarnos allí pues podíamos desayunar en el yate. El trenecito fue por un par de villas y por la playa antes de llevarnos a la zona a la que teníamos que ir. Tuvimos que caminar un poco por una playa casi desierta hasta llegar a la orilla, donde un empleado del hotel nos esperaba en una barca. Nos saludó muy contento, como hacían siempre todos los dominicanos que trabajaban en aquel lugar (y también miró descaradamente a Abi, como hacían con todas las mujeres extranjeras guapas sin ningún pudor), y subimos a la barca para que nos llevasea una parte más profunda del mar, donde nos esperaba el yate.

No había alquilado el yate más grande que tenían, pues eso habría sido pasarse tres pueblos innecesariamente. Me importaba una mierda despilfarrar dinero, me había dedicado toda la vida a hacerlo, pero cuando no iba a obtener una experiencia necesariamente mejor despilfarrándolo no me molestaba en ello. El yate que había alquilado tenía dos niveles, era de 30 metros de largo, con cinco camarotes, sala en el deck, y comedor, y tenía capacidad para veinticinco personas aunque solamente íbamos a estar el capitán, dos marineros, y el chef que nos iba a preparar todas las comidas que quisiéramos. El empleado del hotel paró la lancha junto a las escaleras y yo me subí a ellas primero, tendiéndole entonces la mano a Abi con una sonrisa tremendamente pícara en el rostro.

-Bienvenida a bordo, señorita McDowell- dije con picardía en la voz mientras ambos subíamos a bordo.- ¿Te gusta?


Yate:
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 38
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 25.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 386
Puntos : 262
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb

Abigail T. McDowell el Miér Sep 30, 2015 6:04 pm

No, obviamente no me dormí desde que cerré los ojos. Hubiera sido toda una bendición que eso pasara, pero evidentemente, a mi mente le había dado por ponerse a su máximo rendimiento en aquel momento. Aún así, no me moví, no hablé, ni dije nada. Quería que terminara aquel día, pues me había prometido a mí misma que a partir de ese día todo ese cúmulo de confusión y sentimientos extraños que estaba sintiendo por Caleb, debía de desaparecer. Y eso iba a pasar. Iba a cogerlos y a tirarlos a lo más profundo de mis recuerdos a largo plazo, a olvidarlos y a pasar página.

Después de probablemente una hora o dos, me quedé dormida y, por desgracia, soñé. Y soñé mierdas relacionadas con él. Lo mejor de todo es que cuando me desperté no recordaba nada, pero aún así me había quedado con se mal sabor de boca, ese inconformismo interior… Esas ganas de seguir durmiendo para soñar otra cosa que no te dejara con tan mal cuerpo. La voz de Caleb fue la que me dejó claro que estaba despierta y no dudé en abrir los ojos lentamente. Quise llevarme una mano a los ojos para restregarme, pero no pude. Cuando quise darme cuenta, Caleb estaba pegado a mí, abrazándome y con su cara a escasos palmos de la mía. Mis ojos se fijaron en sus ojos durante un rato y lo único que pude hacer fue suspirar, apartándome de él a la vez que él se apartaba de mí.

Bien —contesté somnolienta y escueta, cuando realmente no había dormido nada bien—¿Y tú? —pregunté, más que nada para no quedar de antipática.

Me quedé acostada mientras él se fue al baño, de costado y casi en posición fetal, con la mirada perdida en ningún sitio mientras mi mente se encontraba totalmente en blanco. Cerré los ojos y por un momento pensé que me había quedado dormida, pero no, el sonido de Caleb saliendo por la puerta del baño me alertó. Me levanté y fui a cambiarme. Me pondría una falda y un top encima del bikini.

Después de prepararnos, salimos al exterior y Caleb fue el encargado de preocuparse de coger todo lo indispensable para poder volver a entrar a nuestra habitación. Yo ni preocupé, simplemente salí de allí y comencé a bajar las escaleras hasta llegar al trenecito. Hoy no me encontraba muy habladora, posiblemente por varios factores: el primero, no había dormido muy bien y, el segundo, que tampoco tenía nada qué decir. Me encontraba en ese momento catatónico depresivo de la mañana en el que no tienes ganas de hacer nada, aunque debía de admitir que la idea de ir al yate me motivaba muy mucho.

Llegamos a la playa y un encargado nos subió a una pequeña lancha para llevarnos al yate que estaba mar adentro, probablemente con todo perfectamente preparado para nosotros. Llegamos bastante rápido y fue Caleb el primero en subirse al yate. Yo acepté su mano y me subí detrás de él.

¿Tú qué crees? —pregunté retóricamente cuando me preguntó que si me gustaba. Tío, toda mi vida había sido limitada por mi dinero y mis oportunidades, está claro que las cosas lujosas me encantan—Claro que me gusta. Me encanta que cumplan mis caprichos, ¿no te lo he dicho anteriormente? —dije algo más animada, subiendo por las escaleras hasta la parte alta del yate, escuchando como la lancha que nos había traído se iba nuevamente hasta la orilla.

Porque estar en ese pedazo de yate solo había sido eso: un capricho y Caleb, que es rico y le encanta mantener a sus seres cercanos contentos, me cumplió el capricho. Si en el fondo era todo un sentimental. Subí con una sonrisa en el rostro hasta llegar a la parte del yate que estaba al descubierto y poseía una pequeña piscina acompañada de dos perfectas y cómodas hamacas. Ya quería tirarme ahí y no levantarme en todo el día mientras el mecer del yate me hacía quedarme dormida. No obstante, a nuestra derecha apareció lo que parecía el capitán. Por el gorro, vamos.

¿Os apetece desayunar, señor y señora Dankworth? —preguntó amablemente el capitán.

Yo me partí el culo ahí mismo. Aquello debía de ser de puta coña. Vamos, desde que pronunció esas palabras solté unas tremendas carcajadas que me hicieron hasta soltar una lagrimita. De verdad, señor y señora Dankworth. SEÑORA ENCIMA. No señorita, sino puto señora. Que tengo veintiocho años, joder.

A mí llámeme señorita McDowell o simplemente Abi, por favor. No somos pareja, solo amigos —dije claramente después de parar de reírme, acercándome a él—Y si, desayunemos. Me muero de hambre —dije, persiguiendo al capitán. En realidad de lo que me moría de ganas era de acostarme encima de esa hamaca y pegarme todo el día metida dentro de esa piscina.

Nos metimos en el interior de yate y era de lujo. El suelo era de madera brillante, la decoración parecía minimalista, todo en blanco y negro, con algunos detalles en amarillo que le daban vida al interior. Justo en el centro de lo que parecía una gran sala de estar, había una mesa redonda, con toda clase de comida para desayunar. Huevos, bacon, tortitas, mermelada, tostada… De todo. Ambos no sentamos alrededor de la mesa y lo primero que hice fue echarme en un vaso largo zumo de naranja que parecía increíblemente apetecible por el color que tenía y lo fresco que parecía.

Que aprovechen. Disfrutad de todas las comodidades que les ofrecemos, cualquier cosa podéis encontrarnos en la sala de mando, traspasando esa puerta —señaló hacia atrás levemente y luego alzó ambas manos, una señalando para la derecha y otra para la izquierda—Allí a la derecha tenéis el baño y a la izquierda un dormitorio. Esperamos que sea todo de vuestro agrado.

Y se dio la vuelta, para irse a la cabina y dejarnos desayunar tranquilamente. Volvió a volar a mi mente el momento de: “Señor y señora Dankworth” y sonreí automáticamente, de verdad, aún me hace gracia. Miré a Caleb con una divertida sonrisa, porque aquello cada vez me parecía más de coña.

¿Quieres? —le dije, ofreciéndome a echarle zumo de naranja en su vaso si quería. Luego miré a todo mi alrededor y, como siempre, no pude evitar soltarlo, ya que siempre comparaba sus comodidades con las que estaba acostumbrada yo—¿Sabes? Todo este yate es más grande que mi casa —Y solté otra divertida risa, porque después de lo de “Señor y señora Dankworth” me había animado el día el jodido capitán—¿Quieres dejar de traumatizarme? Voy a tener que comprarme una casa más grande para no sentirme cohibida cada vez que me llevas a sitios que deben ser más pequeños y son más grandes. Entre Derek, Apolo y tú me tenéis muy mimada —dije, dejando la jarra de zumo de naranja sobre la mesa para beber un poco del vaso, dándome cuenta de que no le había contado a Caleb nada de lo que me había pasado en verano—¿No te lo conté? Derek el último día que tenía de trabajo vino a mi despacho y me arrastró a la fuerza. Me llevó a Italia una semana. La verdad es que antes no lo consideraba muy importante en mi vida, pero después de eso lo veo de otra manera —sonreí con la mirada perdida, dándome cuenta de que conocía a Derek desde hacía un montón de tiempo y ese gesto conmigo me había dado cuenta de que no éramos simplemente conocidos que trabajan juntos—Y después Apolo me invitó a acompañarle a Las Vegas por negocios y nos pegamos cinco días allí. Menuda locura… —¿Debería contarle que me casé con él? Quizás es algo bastante relevante. O no, es gay, tampoco es que me haya casado por amor.
avatar
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 28.902
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 779
Puntos : 553
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Jue Oct 01, 2015 5:39 am

El despertar fue un poco incómodo, pero no en plan incómodo de “qué horror”, sino que fue incómodo porque fue un poco tenso. Abi estaba un poco tensa, y aunque yo no tenía ni la más remota idea de a qué se debía eso, cuando ella estaba tensa yo estaba tenso. Pero eso se pasó muy rápidamente, en cuanto ambos nos cambiamos de ropa y nos preparamos para salir al yate. Aunque el viaje en el trenecito del hotel fue muy silencioso la tensión ya parecía haberse esfumado. Yo no estaba acostumbrado a dormir con Abi en situaciones como la de anoche, así que a lo mejor en días normales ella estaba así siempre por la mañana, vete tú a saber. Yo tampoco era una persona muy mañanera, así que me daba igual.

El ambiente mejoró considerablemente en cuando el hombre de la barca nos llevó al yate que nos esperaba mar adentro. Yo fui el primero en subir las escaleras del yate y le ofrecí mi mano a Abi para que subiese conmigo al interior. La sonreí pícaramente, y me sentí alegre cuando dijo que sí que le gustaba el yate que había alquilado para complacer sus caprichos. Me gustaba complacer a mis seres queridos, y me gustaba incluso más complacer a Abi. Daba igual si era o dejaba de ser mi amante, siempre era mi mejor amiga y tiene prioridad.- Y a mí me encanta complacer tus caprichos y lo sabes- dije mientras la guiñaba un ojo y curvaba una sonrisa.- Te aprovechas de mí, es imposible negarlo.

Para mí estar en un yate no era nada nuevo. A mi madre le encantaban, así que cuando era niño nos íbamos mis hermanos y yo con ella y mi padre a islas lujosas. Pero aunque no fuese nada nuevo eso no significaba que no supiese disfrutarlo. Todo lo bueno se disfrutaba siempre, daba igual cuántas veces se hiciese, y más si era en buena compañía como lo era Abi. Yo observaba distraídamente el yate, mirando las cosas que tenía, pero observaba con más interés la reacción de Abi al verlo todo, y parecía que realmente le estaba gustando. Todo iba perfectamente hasta que llegó el capitán, que era muy educado y simpático, pero en cuanto le escuché dirigirse a Abi como “señora Dankworth” me quedé de piedra durante un segundo. ¡Otra vez no! ¡¿Por qué siempre me pasa esto?! Siempre que iba a algún lugar acompañado de una mujer ocurría la misma cosa, la llamaban señora Dankworth. Yo no tenía ningún problema, eran ellas las que solían tener el problema, a no ser que fuese alguna de las tipejas a las que les encantaría llamarse así de verdad para desplumarme, que no había habido pocas en mi vida. Pero tenía la sensación de que a Abi no le haría gracia que la etiquetaran como una mujer casada.

-Eh, no es mi esposa…- comencé a corregir al capitán, pero Abi ya se estaba riendo de manera muy divertida, lo cual me sorprendió y me alivió. Ella se encargó de corregirle sin darle mucha importancia al asunto y entonces se fue detrás del capitán para que este la llevase al comedor donde estaba servido el desayuno. Yo fui con ellos, tenía un hambre voraz. Había comido como un cerdo anoche, y normalmente cuando alguien cena muchísimo por la mañana aún está un poco lleno, pero conmigo pasaba lo contrario, mi estómago rugía y protestaba reclamando comida. No podía evitarlo, era un tipo grande y me gusta mucho comer. Me gusta mucho más beber e ingerir todo el alcohol inhumanamente posible, pero comer estaba muy bien. Seguí al capitán y a Abi hasta el comedor del yate, donde estaba servido todo tipo de comida de desayuno, y tras despedirme del capitán cuando este se marchó para dejarnos solos miré a ver qué era lo que me apetecía servirme.

-Sí, por favor- asentí cuando Abi me ofreció zumo. Eran las diez de la mañana, no eran horas apropiadas para servirme alcohol (aunque opino que cualquier hora del día es buena para tomar alcohol), así que me tocaba beber algo sano para que mi hígado no se suicidase. Bebí un sorbo y me agradó descubrir que no tenía pulpa, pues la pulpa era la cosa más asquerosa del mundo. Dejé el vaso medio vacío sobre la mesa y reí por lo bajo cuando escuché el comentario de Abi.- Tienes un trauma con el tamaño de tu casa- bromeé.- Que si mi salón es más grande que tu casa, que si mi baño es más grande que tu salón, que si el yate es más grande que tu casa, que si no sé qué, que si no sé cuántos… Y luego dicen que los hombres son los que se preocupan con los tamaños- dije mientras negaba lentamente con la cabeza y miraba a Abi.- ¿Para qué quieres una casa más grande? La que tienes te sirve, ¿no? Pues eso. Las casas grandes solo dan problemas. Impuestos, mantenimiento, limpieza, problemas y peleas con las herencias, se te pierden las cosas, se te pierden los familiares… Una lata- bromeé. No voy a mentir, me encantaba vivir en una mansión, y ya había vivido en un piso pequeño una ve hacía años, un piso que era más pequeño que la mitad del de Abi, y no pensaba volver a vivir así jamás, pero el de Abi estaba bien.- Además, tú misma lo acabas de decir, ya estás rodeada de hombres que te miman, así que gastarte tu propio dinero para mimarte a ti misma sería una gilipollez. ¿Ves? Usas a tus amigos ricos vilmente para tu propio beneficio- dije con una media sonrisa en el rostro mientras me sería huevos revueltos y bacon en mi plato y cogía unas uvas verdes y las limpiaba en un cuenco con agua. La escuché mientras me contaba lo que había hecho con sus otros amigos. Por alguna razón… por alguna razón no me gustó esa manera en la que su mirada se perdió y sonrió cuando me contó que Derek la había llevado a Italia. No me pasó lo mismo cuando habló de Apolo, sin embargo.- ¿Italia? Es un buen lugar para ir, muy hermoso. Muy romántico también- comenté obviamente con burla en la voz, pues Derek L’orée y Abi eran dos de las personas menos románticas que había conocido en toda mi vida.- ¿Y cómo le ves ahora, exactamente?- Entonces me contó que Apolo la había levado a Las Vegas. No conocía mucho a Apolo Masbecth, aunque sí que habíamos coincidido en varias ocasiones. Una de las primeras fue bastante incómoda, ya que le interrumpí mientras cuando intentaba tirarse a mi mejor amigo de toda la vida mientras yo me liaba con su hermana que resultó ser una de las “amigas” ocasionales de mi hijo… Cada vez que pensaba en eso me daban ganas de meter la cabeza en un cubo de agua helada y no volver a sacarla nunca, pero por suerte era agua pasada. Me imaginé a Apolo y a Abi en Las Vegas liándola parda y aquello me hizo gracia.- Ir a Las Vegas debió de ser divertido, ¿te gustó la ciudad? Ocurren todo tipo de locuras allí. Menos mal que fuiste con Apolo, porque ya sabes las historias de la gente que va allí, casi todos vuelven casados sin enterarse- dije mientras me comía el desayuno, que estaba delicioso.

Cuando terminé de desayunar me levanté de la mesa con la intención de salir a cubierta de nuevo, a disfrutar del sol y de la brisa marina, pero antes de eso fui donde uno de los frigoríficos pequeños que había allí y saqué de él un bote de crema de protección solar que había pedido la noche anterior por teléfono que tuviesen allí para Abi, para no tener que cargar con la suya desde el hotel y para que no se cociese al sol por no echársela.- Toma- dije mientras se la daba,- ¿quieres venir afuera?

Salí a cubierta y me saqué las gafas de sol del bolsillo de las bermudas y me las puse para que dejase de molestarme el fuerte sol de la mañana caribeña. Soplaba una leve brisa agradable que me revoloteaba todo el cabello negro y que hacía que la temperatura fuese de lo más agradable, como lo había sido ayer. El yate ya estaba navegando sobre las aguas cristalinas del mar Caribe en línea paralela a la playa, pero alejándose del hotel. Me apoyé en la barandilla de la proa del yate y observé en calma el mar, disfrutando de las vistas mientras navegábamos a una velocidad bastante tranquila. No estuvimos mucho tiempo en movimiento, pues el yate se detuvo enfrente de una zona de la isla no muy lejos del hotel pero que era todo selva, con densa vegetación tropical y enormes palmeras y playas de arena blanca. Junto a la playa el agua era del mismo color azul que mis ojos o incluso más clara, casi transparente, mientras que el yate estaba situado en una zona más profunda y por lo tanto más oscura.

-¿Hay tiburones?- le pregunté al capitán, pues aunque siempre me habían dicho que no había no me fiaba mucho.

-No muchos- contestó el capitán, lo cual me hizo arquear una ceja.

-¿No muchos? Eso no es muy reconfortante.

-En esa zona no hay ninguno- dijo el capitán, señalando a la zona de agua cristalina junto a la playa. Luego señaló la línea que separaba esa agua clara del agua oscura donde estábamos nosotros.- El arrecife les detiene, no pueden pasar. Aquí estamos en mar abierto, hay más peces… Pero no hay casi ninguno, jamás atacan- dijo entonces apresuradamente el hombre tras darse cuenta de que sus palabras no estaban arreglando mucho la situación. Sonrió de manera tranquilizadora, aunque yo no había dejado de mirarle con el ceño fruncido a través de mis oscuras gafas de sol.

Busqué con la mirada a Abi y entonces me encogí de hombros y me quité las gafas y la camisa y las bermudas. Supongo que los del hotel no permitirían bajo ninguna circunstancia que los turistas se acercasen aquí si había riesgos de ataques. ¡Sería patético que acabase igual que mi antiguo jefe! Pero no estaba preocupado, solo lo había preguntado por curiosidad. Dejé las cosas sobre la cubierta y miré con una sonrisa al capitán y a Abi mientras pasaba por encima de la barandilla del yate.- ¡No se puede disfrutar la vida en condiciones con preocupaciones como esas!- exclamé antes de saltar y zambullirme de cabeza en el mar.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 38
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 25.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 386
Puntos : 262
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb

Abigail T. McDowell el Jue Oct 01, 2015 4:28 pm

A mí me encantaba mi casa, pequeña y funcional, si no me gustara ya me hubiera ido de ahí hace mucho tiempo. Pero aparte de que no lo necesito, no me apetecía derrochar el dinero en algo que me sobra. No me estaba quejando, solo estaba recalcando lo paradójico que era que todos me llevasen a sitios que, aparentemente, tenían que ser más pequeños y, no, todos superaban el tamaño de mi casa. Después de este yate y ese pedazo de hotel en dónde nos estamos quedando, voy a volver a mi casa y va a parecer que me meto en un puto zulo.

Sabes que yo sí que me preocupo del tamaño… —le miré con una pícara sonrisa—Tienes suerte de tener una casa muy grande —añadí. Sí, la casa… A mí eso de que un tío con un pene pequeño podía ser igual de satisfactorio que uno que tuviera uno de tamaño medio alto, era mentira. Y dirán: “Si saben lo que hacer, sí”. Joder, pero claro, si la tiene pequeña pero me hace oral, claro que depende. Pero lo que es lo otro está claro que hay una clara diferencia—No me quejo de mi piso, solo lo comparo. La verdad es que estoy muy contenta con él, sino, no viviría ahí —Mis ambiciones iban más allá que poseer una casa más grande, la verdad.

Fue entonces cuando me dio por contarle a Caleb lo que había hecho el resto de mis vacaciones. Los tres me habían sorprendido gratamente y ninguno ni me dejó negarme ni tampoco me dejó preparar nada. Simplemente se aparecían en mi casa o en mi trabajo y me llevaban a algún lugar increíble en el que pasar como mínimo una semana de relajación. De Apolo me lo esperaba, es atento y es un amigo que nunca pensé que pudiera tener y de Caleb también. ¿Pero de Derek? Mi sorpresa al verlo en el trabajo ya fue suficientemente grande, pero cuando luego me llevó a Italia me quitó todos los prejuicios que tenía sobre él. Caleb dijo que Italia era muy romántico y yo alcé una ceja.

Punta Cana también —dejé caer, mirándole con una ceja alzada mientras jugaba con mi zumo—Pero nada, en ese viaje hubo de todo menos romanticismo, de eso puedes estar seguro. Ya sabes que a mí eso no me va —Porque sí, había que admitirlo, yo era todo lo contrario a una chica romántica y Derek también. Pero habíamos tenido ese momento de complicidad en donde dejábamos de lado quiénes éramos frente al mundo y quiénes éramos para el otro, pero ya está. No sé, es agradable ver que alguien a quién siempre has tratado con un poco de indiferencia, realmente es mucho más importante de lo que crees—Pues… —su pregunta me confundió, ya que no me esperaba que me la hiciera—Derek y yo desde hace años que nos conocemos y en un principio no cuajamos muy bien nuestra relación. Nos llevábamos mal, nos odiábamos con todas las palabras. Pero con el tiempo hemos madurado y quieras o no, eso se nota. Es un tío estupendo y me sorprendió que me tuviera tan en cuenta —le contesté, bastante escueta, ya que mostrar mis sentimientos abiertamente con respecto a las personas era algo que siempre me había costado.

Entonces Caleb nombró Las Vegas y, como no, la necesidad que tenía la gente de casarse en ese sitio. La verdad es que yo cuando fui no tenía pensamiento de que me drogaran y que me diera la estúpida necesidad de casarme con Apolo. Pero son cosas que pasan. Y mírame, en Punta Cana con un buenorro con novia y yo casada con un gay. ¿Podría ser más surrealista? ¿Dónde ha quedado mi vida de hace dos años? Quizás hubiera sido el momento perfecto para decirle que me había casado con Apolo y que, legalmente, yo podría ser considerada una Masbecth, pero no sé por qué no me salió decirlo en ese momento. Vergüenza, ¿quizás?

Sí, qué locura… —dije, con un gesto de lo más divertido en el rostro mientras cogía los cubiertos y seguía comiéndome el desayuno.

Al terminar yo —un poco después de Caleb— vi como se acercaba con un bote nuevo de crema para mí. Ayer no me había quemado, todo un récord. Así que le sonreí por haberse acordado de mi salud de piel y le seguí hasta afuera cuando me preguntó que si quería salir. Me puse las gafas de sol, porque entre que hacía un día estupendo, el yate era blanco y los rayos de sol incidían en cualquier lugar para luego entrar de manera dolorosa por mis ojos, me iba a quedar ciega.

Vi como Caleb se ponía a hablar con el capitán y yo ni me molesté en escuchar la conversación, sino que me acerqué a dónde estaban esas apetecibles hamacas y me senté en una de ellas. Me quité la ropa, quedándome en un bikini de color celeste bastante elegante y pequeño. La parte de arriba no tenía tiras, por lo que se me sujetaba perfectamente en mis pechos. Aun sentada, me fijé en el tatuaje que tenía en mi muslo, esa cruz que siempre me había gustado y, automáticamente, sonreí. No me había hecho todos mis tatuajes porque sí. Todos tenían un motivo, aunque apostaría a que absolutamente nadie sabe cuales son. No me dio tiempo a echarme crema en ningún lugar, ya que de repente vi a Caleb tirándose al mar. Me levanté de la hamaca y me acerqué a la barandilla por dónde había saltado Caleb, apoyándome con los antebrazo para asomar la cabeza. Cuando lo vi salir, con el pelo mojado y los rayos de sol dándole directamente, sonreí. No estábamos a mucha distancia, por lo que no tenía que alzar la voz para lo que quería decirle.

Me casé —le dije a Caleb—Me casé con Apolo en Las Vegas —añadí, sabiendo que el maldito se partiría el puto culo. Primero, porque sabe perfectamente la fobia que tengo al compromiso y a la palabra “matrimonio” algo en lo que Caleb y yo no nos parecíamos en nada. Ya había hecho apuestas con Derek de cuánto tardaría en pedirle matrimonio a su nueva novia. Segundo, porque no podría haberme casado con el peor chico… con lo que me gusta a mí el sexo y me caso con gay. Puta vida, de verdad. Es que era para troncharse, no se lo iba a recriminar si se pegaba todo el día riéndose. Cuando yo me enteré quería que me tragara la tierra, pero luego lo pensé sin resaca y… en realidad es gracioso. Estuve un día entero riéndome con Apolo una vez llegamos a Londres—Antes de que te rías —dije, alzando el dedo para mirarle desde allí encima—En mi defensa diré que estaba bajo los efectos de las drogas que, de manera totalmente involuntaria contra mi persona, me obligaron a tomar. El éxtasis es muy malo, Caleb, aléjalo de tu vida —Y como, obviamente, no quería quedarme allí para ver como Caleb se reía de mí, me di la vuelta y volví a mi hamaca sin dejarle tiempo a que dijera nada.
avatar
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 28.902
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 779
Puntos : 553
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Lun Oct 26, 2015 11:59 pm

De alguna forma u otra Abi y yo siempre conseguíamos sacar algo sexual en el tema de conversación, así que pillé perfectamente su indirecta cuando me dijo que yo tenía una “casa muy grande” y no pude evitar sonreír de manera pícara, pero me abstuve de comentar nada al respecto. Continué comiéndome mi desayuno mientras escuchaba hablar a Abi sobre los viajes que había hecho este verano, cortesía de sus amigos.- Punta Cana no es tan romántico… Bueno, si sales a pasear cogidos de la mano en la orilla de la playa a contemplar el atardecer en el horizontes más allá del océano entonces sí que es romántico, pero como que no- dije, y entonces sí que me entró la risa de verdad, porque no había nada que me pareciese más en contra del orden de la Naturaleza que Abi haciendo cosas románticas como esa. De repente me había puesto de muy buen humor, a pesar de que antes por alguna razón que desconocida me había molestado la mención de Derek. Qué raro, a mí nunca me había molestado ese tipo.- Entiendo- dije cuando me explicó su relación con Derek.- A mí no me sorprende que te tenga tan en cuenta. ¿Te has conocido a ti misma? Para que a un hombre no le caigas bien el tipo tiene que ser un completo gilipollas  tener muy mal gusto- comenté con tono casual.

No me di cuenta del tono extraño en la voz de Abi después de que yo comentase que menos mal que había ido a Las Vegas con Apolo y no con cualquier otro hombre, pues eso habría acabado mal seguro. ¿Y si la hubiese llevado yo a Las Vegas? Puff, conociendo lo locos que estamos y lo mucho que nos desfasamos con el alcohol (sobre todo yo, que no tengo alcohol en mi sistema sanguíneo sino que tengo sangre en mi sistema alcohólico) eso habría podido acabar siendo una tragedia de tres actos. Pero no, se había ido con Apolo, al que le gustan los hombres, sobre todo mi mejor amigo Matt, así que todo estaba bien.

Abi me acompañó a la cubierta pero no se tiró al agua conmigo, sino que se quedó en una de las hamacas que había allí, perfectas para tomar el sol. Antes de tirarme al agua la miré durante un segundo, y no se me escapó la manera lujuriosa en la que la estaban mirando el capitán y los pocos miembros de la tripulación que navegaban el yate. No era de extrañar que la mirasen así, creo que jamás he visto a ni  un solo hombre que no haya mirado a Abi como si fuese el filete más jugoso que había sobre la faz de la tierra. Tengo que admitir que incluso a mí me costaba no mirarla como si fuese el filete más tierno y jugoso que había, y puede que esa dificultad se hiciese peor porque yo sabía cómo era su sabor y sabía lo que me estaba perdiendo, no tenía que limitarme a fantasías de mi imaginación, como hacían los demás hombres que había en este yate. Ellos vieron que yo les había pillado mirando así a Abi y apartaron la mirada rápidamente con cara de susto y de “¡yo no he hecho nada!”, y yo me reí por lo dentro. No sé si antes les había quedado claro que Abi no era mi mujer, pero seguro que piensan que precisamente amigos no somos, y tenían miedo de que yo les agarrase del pescuezo y les tirase de cabeza al agua por mirarla así. La verdad era que, aunque en estos momentos sí que somos solamente amigos, nuestra relación había sido íntima durante tanto tiempo que la confianza entre ambos era muchísimo mayor que la normal entre dos personas que simplemente son amigas, y eso se notaba. Me daba igual lo que pensasen, la verdad, pero me reí por dentro al ver sus caras antes de tirarme al agua.

El agua estaba perfecta. Había distintas corrientes, entonces había zonas frías y zonas cálidas, pero al ir nadando un poco por ahí me encontré sumergido en la temperatura perfecta. Aquello era sin duda el paraíso. La vida debería ser así todos los días, tocándome las pelotas en un yate en una isla del Caribe bajo el cálido sol, con fiestas por la noche, viviendo la buena vida… Tenía suficiente dinero como para dedicarme a vivir como un rey sin dar palo al agua durante el resto de mi vida y dejarle una suculenta herencia a mis hijos, ¿así que qué hacía yo metido en Londres durante el resto de días del año? No hay que malinterpretarme, me gustaba mucho mi vida, me lo pasaba bien, disfrutaba de lo que tenía, pero a nadie le amarga un dulce, y desde luego no me quejaría de tirarme toda la vida viviendo como un rey.

Estaba flotando en la superficie del agua, pensando en mis propias cosas, cuando escuché la voz de Abi. Abrí los ojos y la vi apoyada en la barandilla, y escuché lo que decía sin entenderlo muy bien al principio. ¿Se casó? ¿Cómo que se casó? Debe de habérseme metido agua en los oídos…

Pero no, no había oído mal lo que me decía Abi. Se había casado con Apolo Masbecth. ¡Se había casado! ¡¡¡Con Apolo Masbecth!!!

Mi cara debió de ser un verdadero poema, pues Abi ya sabía que me iba a reír. ¡¿Pero cómo no iba a reírme?! ¡Se había casado con Apolo Masbecth! La única razón por la que aún no me estaba descojonando de tal manera que me estuviese escuchando la isla entera, incluida la parte de Haití, era porque aún estaba en estado de shock y mi cerebro estaba procesando la información, pues aquello era muy surrealista. Jamás me había imaginado a Abi casada, pero de haberlo hecho no me la habría imaginado casada con un tío al que no se puede tirar.

En cuanto Abi se alejó de la barandilla del barco fue cuando estallé en carcajadas. No podía contenerme. Me reí y me reír y me reí, y sentí cómo se me ponía la cara roja de tanto reír. Me reí tanto que incluso el capitán se asomó para ver si estaba todo bien, pero yo seguía riéndome y no pude contestarle casi. Nadé hacia las escaleras laterales del yate para poder subir. Me reía tanto que casi me costaba agarrarme a la escalera, pero conseguí subir por ellas para volver a la cubierta del yate, donde estaba Abi tumbada en su hamaca de manera muy digna. Me acerqué a ella mientras seguía riéndome.

-¡Jajajajaja! ¡Te has casado con Apolo! ¡CON APOLO! ¡Jajajajajajajajajaja! ¡Vais a ser el matrimonio más infiel del mundo entero! ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!- me tiré en la hamaca que estaba junto a Abi. Seguí riéndome, tanto que me dolía la tripa y me salían lágrimas de los ojos. Aquello era demasiado divertido. Abi, casada. ¡Casada! Nunca en mi vida pensaba que eso habría sido posible, sabía que Abi le tenía fobia al matrimonio. Y ahora va y se casa, y encima lo hace con un tío que se debe de atraer más su propio reflejo en el espejo de lo que le atrae Abi a él.- Aaaayyyyyy que me muero. No, espera, espera, no me mientas. No puedes haber cometido semejante estupidez por culpa de drogas. Tú te has casado con él para desplumar a los Masbecth. ¡Confiesa bandida!- la miré muy, pero que muy seriamente durante un segundo mientras cesaba completamente de reírme, pero no pude contenerme durante mucho tiempo y volví a soltar una risotada.- Señora Masbecth. ¡JAJAJAJAJA!
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 38
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 25.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 386
Puntos : 262
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb

Abigail T. McDowell el Vie Oct 30, 2015 12:32 am

Que Punta Cana no era romántico… Mi mirada cuando Caleb dijo eso fue de lo más reprobatoria. ¿No era romántico que te trajeran a un pedazo de hotel de cien estrellas con todo pagado y hacer cosas juntos todos los malditos días? Yo odiaba los romanticismos, eso estaba claro, para hasta soy capaz de ver a través de mi coraza de anti-romanticismo que esto, de romántico, tiene. Sería el triple de romántico si estuviéramos juntos y yo fuera una mujer dada a hacer cosas que normalmente a mí me harían vomitar arcoiris, pero si nuestro viaje no era romántico era porque simplemente íbamos como amigos. Pero vamos, lo romántico no se lo quita nadie. Aun así, preferí no darle bola al tema, ya que no me hacía especial gracia discutir con Caleb sobre el hecho de que me había traído a un lugar romántico.

Le miré de reojo cuando a él no le extrañó lo más mínimo que Derek me tuviera tan en cuenta. A mí se me hacía raro, simplemente, que gente mostrase algo más que interés casual en mí, probablemente por eso se habían vuelto tanto Caleb, como Apolo y Derek tan importantes para mí en tan poco tiempo. Supongo que no estoy acostumbrada a que me mimen.

Yo no me soportaría, no sé cómo ustedes sí que lo hacen —confesé tranquilamente. ¿Otra Abi por ahí? Seguro que un encuentro de mí conmigo misma sería increíblemente horrible. Tendré cosas positivas, pero las negativas harían que me pegase un hostión a mí misma. Si algo tenía de bueno ser Abi McDowell, es que solo había una.

Después de tomar un pequeño desayuno allí dentro, ambos salimos hacia afuera. Él se tiró al agua pero a mí no se me apetecía, por lo que me quedé cerca de una hamaca, en donde me quité la ropa para quedarme en un potente bikini negro que dejaba bastante claro la perfección de mi trasero y mis pechos. Me di cuenta de cómo me miraba la tripulación, pero les hice caso omiso. Al fin y al cabo y por mucho que me pusiera el uniforme de capitán y marinero, tenía a un hombre mucho más interesante en el agua.

Me asomé por la barandilla y decidí confesar mis pecados. Suena irónico eso de considerar al matrimonio un pecado, pero en mi filosofía sí que lo era. Tenía la teoría de que el gilipollas que nos drogó nos echó más de una pastilla, porque de verdad que no entiendo como una pastilla podía habernos nublado la mente hasta tales niveles a Apolo y a mí. Pero bueno, era lo que había… Apolo y yo sabíamos las consecuencias de salir de fiesta, pero jamás pensamos despertar en habitaciones distintas esa noche con una anillo de plástico en el dedo anular de cada uno. Sin contar mi super tatuaje del labio que aún conservo. Cuando me drogo o me emborracho me vuelvo más puta de lo normal.

Nada más contárselo, no esperé a ver su reacción, sino que me di la vuelta y volví a mi hamaca, sabiendo que probablemente estaría descojonándose. Joder, es que era para reírse. Me volví a acostar en la hamaca tranquilamente, cerrando los ojos y flexionando una pierna para estar más cómoda. Pero Caleb no tardó ni un minuto en subir por las escaleras a carcajada limpia. Yo negué con la cabeza desde mi posición. ¿El matrimonio más infiel? Nos pusimos los malditos cuernos la misma noche de bodas, no me jodas.

Es un matrimonio que desde la noche de bodas se quemó en el pecado, créeme —comenté divertida, informándole de la primera infidelidad de todas. Nada más despertarnos Apolo había aparecido en una habitación con dos personas desnudas, mientras que yo me había tatuado un “FUCK ME” en el labio. Una semana después me vinieron los flashes de mi noche loca con el tatuador aquel. Podría decirse que con nuestro matrimonio consumamos nuestra amistad, en vez de nuestro amor.

Reí divertida cuando Caleb dijo que no podía haber cometido semejante estupidez por culpa de las drogas… sino que lo había hecho para desplumar a los Masbecth. Si llego a ser una puta que se preocupa por el dinero, quizás, pero teniendo en cuenta que el dinero nunca había sido algo que me preocupara, estaba claro que sí, todo aquello había sido solamente porque una droga desconocida había impactado directamente en la zona más irracional de mi cerebro.

De haberme querido casar con alguien por dinero, te hubiera intentado embaucar a ti, Dankworth. Así por lo menos en mi farsa de matrimonio podría haber podido follar con mi falso marido —le dije claramente, alzando una ceja con diversión—Hubiera sido incluso más fácil —añadí, mirándole de arriba abajo a la vez que cogía mis gafas de sol y me las ponía para dejar de fruncir el ceño.

Él seguía riéndose, pero una tras otra. Era normal, pero una vez lo procesas deja de ser gracioso. Pero bueno, era el precio a pagar cuando le cuentas a uno de tus mejores amigos que te has casado con otro de tus mejores amigos gays. Lo peor de todo no era eso, era mi mejor amigo gay con un hijo. ¿Podía ser todo más surrealista? Tenía un jodido marido gay y un jodido hijastro. ¡Tenía un puto hijo y un marido al que no me podía follar! ¿Podía haber, acaso, un matrimonio peor que ese? En fin, esperaba poder firmar los papeles del divorcio pronto y que el hijo de Apolo no se haya enterado de que hicimos esta gilipollez. Con lo pequeño que es con la misma se cree que tiene una nueva mami.

Sí, sí… Mi marido exigirá explicaciones de por qué traes a su esposa a Punta Cana durante dos semanas —bromeé divertida, consciente de que Apolo y yo después de aquel momento seguíamos siendo igual que siempre, haciendo caso omiso al hecho de que estábamos casados—Y mi hijo, claro. Ahora, por culpa de unos papeles, tengo también un hijo. Mátame y ahórrame el sufrimiento, ¿quieres? —añadí con una divertida sonrisa en el rostro.
avatar
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 28.902
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 779
Puntos : 553
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Caleb Dankworth el Dom Nov 29, 2015 6:41 am

Casi no podía ni hablar mientras me reía de lo que Abi me acababa de confesar. Si cualquier otra persona me hubiese dicho que se había casado con su mejor amigo gay simplemente me habría hecho gracia y ya está, pero Abi… ¡Abi era Abi! Tenía fobia al compromiso, cualquier persona que la conociese lo más mínimo sabía eso de ella, y además la encantaba follar sin parar. Y va y se casa, que es uno de los mayores compromisos que hay en el mundo, ¡y lo hace con una persona con la que no puede follar! Los de la Real Academia deberían borrar el significado de la palabra “Ironía” y substituirlo por esta anécdota. “Ironía: mujer ninfómana que sufre de gamofobia se casa con hombre al que no le gustan las vaginas ni de lejos.”

-Bueno, técnicamente podríais estar los dos en la misma cama en una situación sexual si os buscaseis un hombre bisexual al que compartir, ¿no?- pregunté entonces mientras hacía un esfuerzo por dejar de reírme, y me limpié las lágrimas de los ojos con los dedos. Hice una mueca entonces al imaginarme ese menage a trois; desde luego no era una imagen que quiero que se quede grabada en mi mente.

Insistí en modo bromista que ella se había casado no por las drogas (si Abi se casase cada vez que se iba de party hard y se le iba un poco la mano ya habría estado casada un millón de veces) sino porque quería desplumar a los Masbecth, pero Abi lo negó y dijo que en ese caso habría ido a por mí. La miré alzando una ceja de la misma manera en la que lo estaba haciendo ella, y me giré en la hamaca para mirarla mientras ella me recorría entero con la mirada.- Si lo hubieses intentado lo hubieses conseguido- dije de repente con completa seguridad, sorprendiéndome incluso a mí mismo con aquellas palabras que acaban de escapar de mi boca. Enmascaré mi propia sorpresa con una expresión divertida y una media sonrisa. Recordé cuando conocí a Abi; ella era la nueva becaria de unos veinte años, hermosa e inteligente y ambiciosa y con maña para conseguir todo lo que quería, y era muy mala. Le había echado el ojo inmediatamente, por supuesto, porque me había atraído con una fuerza que me había sorprendido. No tardamos en ser amantes, y el resto es historia.

Ya había conseguido parar de reírme del todo, aunque mi expresión no estaba seria sino que estaba sonriendo porque lo de antes había sido muy gracioso. Le hice un gesto al camarero del yate para que me trajese una bebida, y vino rápidamente con una bebida fresca.- Tu marido puede besarme el culo- dije con el mismo tono divertido y bromista que había empleado Abi al decir que Apolo exigiría explicaciones. Era lógico que eso no pasaría, pero imaginarme a Apolo Masbecth poniéndose chulo y yendo a buscarme cabreado para exigir una explicación estuvo a punto de provocarme la risa otra vez. Lo que sí que me hizo reír un poco fue cuando Abi mencionó a su hijastro.- No sufras, te has librado de la etapa de los pañales y los biberones y de los berrinches a las tres de la mañana- dije, pensando entonces que esa era una época que a mí me tocaría revivir muy pronto, cuando naciese mi nuevo hijo o hija. Zack había sido un bebé tranquilo, pero aún así había dado mucho trabajo, pero nunca me quejé de eso. Había adorado ser padre.- Pero es casi un preadolescente… Era es la peor etapa de todas, por mucho que digan que es la adolescencia. Si te vas a divorciar yo que tú lo haría ahora- la aconsejé. No me imaginaba a Abi con la suficiente paciencia como para soportar las gilipolleces típicas de un niño de once años.

Ahora que ella me había confesado que se había casado, ¿debería confesar yo también que iba a ser padre por segunda vez? Abi debería saberlo. No es solo porque es mi mejor amiga y todo eso, sino que siento que tengo una obligación moral de decírselo, por alguna razón. Pero no me atrevía a hacerlo. ¿Por qué? Estoy feliz con la idea de ser padre por segunda vez, no podía esperar a tener a ese bebé en brazos y cuidarle y protegerle y criarle con el mismo cariño con el que lo había hecho con Zack, pero… Pero se me estaba haciendo muy difícil la idea de decírselo a Abi. Mejor en otro momento. Ahora tocaba disfrutar.

El capitán puso un poco de música tropical en el yate, música alegre que iba perfectamente con el ambiente paradisíaco en el que estábamos. El sol ya me había secado entero en apenas unos segundos, y tenía ganas de disfrutar de todos los lujos del yate.- ¿Quieres bailar?- le propuse a Abi, sintiendo cómo mi cuerpo quería moverse al ritmo de la música caribeña, y teníamos toda la cubierta para hacerlo.- ¿Nadar? ¿Ir a un puerto? Ya sabes que tus deseos son órdenes para mí- dije con una sonrisa mientras volvía a apoyar la espalda en la hamaca, ya que había estado tumbado de lado durante un largo tiempo. Estaba comodísimo. Ya me había acabado mi bebida, así que le pedí al tipo de antes que me trajese una botella entera de whisky.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Ian Somerhalder
Edad del pj : 38
Ocupación : Desmemorizador
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 25.100
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 386
Puntos : 262
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t869-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t1036-watch-the-world-burn-with-me-caleb-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t1294-welcome-to-my-life-cronologia-de-caleb-dankworth http://www.expectopatronum-rpg.com/t3233-arcon-de-caleb

Abigail T. McDowell el Lun Nov 30, 2015 12:53 am

Apolo era increíblemente atractivo, pero para mí ya no lo era. El hecho de saber que un hombre es gay y que da o le dan por culo, hace que se me baje toda la libido. Lo respeto y lo acepto, pero Apolo ha sido bastante detallista en sus anécdotas como para dejar de haberlo visto como alguien a quién me follaría. Matt Forman era otro ejemplo de persona atractiva al que le he perdido el atractivo por saber que se folla a mi mejor amigo, no obstante, el hecho de que matara a Willow tras follársela le ha dado los puntos que perdió.

No, por favor. Hace años Apolo me resultaba atractivo, ahora es como un hermano para mí, no podría tener sexo con él —dije claramente. Apolo había empezado siendo una piedra en mi zapato, ya que al principio no cuajamos bien… pero actualmente, después de todo este tiempo, sin duda alguna es una de las personas más importantes en mi vida. Se ha convertido en una persona a la que contarle absolutamente todo, la primera persona posiblemente con la que he tenido tanta confianza.

Miré a Caleb de reojo cuando me dijo con tanta seguridad que de haberlo intentado, hubiera podido casarme con él para desplumarle. Por una parte, con su afán por el compromiso, no me extrañaba. Pero estaba claro que tenía un ojo excepcional con los miembros de la familia Fitzroy y que por tanto, hubiera sido imposible. Se veía bien claro sus prioridades con los miembros de esa familia. No dije nada, en realidad, prefería no tener que entrar en detalles en “cómo hubiera sido si lo hubiera intentado” algo que ni en este mundo ni en otro podría pasar.

El hecho de decir que tenía un hijastro era meramente anecdótico. Ícaro era un niño bastante adorable y al cual no me daban ganas de escupirle, por lo que en parte le tenía un cariño especial por ser el hijo de Apolo, pero estaba claro que no tenía intención alguna de ejercer de madre con él.

No voy a ser su madre —le dejé claro a Caleb—Nos divorciaremos, eso está claro. Pero no hay prisas, yo ahora mismo estoy muy ocupada en Punta Cana y él jugando con dragones —curvé una sonrisa, para luego recapacitar sobre lo que decía de los bebés. Solo de pensar en bebés se me erizaba la piel. No me veía ni cogiendo uno… la última vez que cogí uno fue hace más de 17 años cuando mi hermano aún ni sabía hablar—Pañales, biberones y berrinches a las tres de la mañana… —le repetí, frunciendo los labios en un gesto de desagrado—¿Lo pasaste mal cuando Zack tenía esa edad? ¿Volverías a tener otro hijo? —Luego recapacité, ¿qué clase de pregunta era esa? Sonreí y solté un bufido antes de que él me contestara—Eres Caleb Dankworth, una gran asesino, un perfecto amante, pero sobre todo, un increíble padre. ¿Cómo voy a preguntarte eso? Tú tendrías un equipo de quidditch, seguro —dije divertida, negando con la cabeza varias veces, recostándome sobre la hamaca.

Caleb parecía estar de un hiperactivo increíble. Me preguntó que si quería bailar, ir a un puerto o incluso nadar. Pero la verdad es que en aquel momento yo estaba perfectamente… Y ya era decir, teniendo en cuenta cómo terminé el día ayer con la moral un tanto indispuesta. Pero había decidido tomarme las cosas con filosofía y ahora mismo estaba perfectamente en mi zen, junto a mi amigo cogiendo sol.

Me da igual —dije sinceramente—Lo que tú quieras, yo estoy bien aquí.

*

El resto de los días que nos quedamos por allí, nos lo pasamos de puta madre. Todas las noches íbamos a conciertos, lugares a dónde bailar y pasarlo bien, de fiesta en fiesta. La peor noche fue el último sábado que nos quedamos, en dónde fuimos invitados por el hotel a una fiesta en un barco. Fue increíble y a pesar de haber terminado relativamente pronto, terminamos la fiesta yendo a la ciudad y armándola en las discotecas. Tengo el vago recuerdo de que hicimos magia delante de muggles, pero también asumo que si estaban tan borrachos como nosotros, ni se acordarán de haberlo visto. O distorsionarán la realidad para intentar entender lo que vieron estando borracho, que para el caso es lo mismo. No era algo de lo que preocuparse.

Por el día, sin embargo, cada día innovamos algo nuevo. Entre la playa, el yate, hacer turismo a cada uno de los recovecos que nos ofrecían y la gran cantidad de comodidades que te daba el hotel, no entendía cómo es que luego teníamos fuerza para irnos de fiesta por la noche. Además, otro punto a favor de los días restantes, es que dejé de comerme la cabeza totalmente y dejé a un lado los sentimientos para poder pasármelo bien.

Lo importante es que fueron unas vacaciones de película. Incluso había cogido un ligero tono menos pálido, porque decir moreno sería mentir vilmente, pues esa opción no estaba en mi lista de tonos de piel posibles. Así que el último día, evidentemente, nos despertamos con algo de pereza por ser el último día. Teníamos que irnos antes de la nueve de la noche, por lo que podríamos aprovechar el día haciendo algo hasta que tuviéramos que liberar la habitación. Así que como el hotel había organizado ese mismo día una fiesta caribeña en su propia playa, estaba claro que íbamos a asistir. Me vestí con un traje de tela blanco con algunos encajes, tenía unas tiras finas y me llegaba por encima de la rodilla, añadí unas sandalias y me ahorré el bolso, ya que lo único que hacía falta era la tarjeta de la habitación y para aparentar, ya que realmente podíamos aparecernos dentro de la habitación.

Llegamos a la fiesta los dos juntos en el trenesito que me tenía hasta los cojones por haberlo usado durante tanto tiempo y admiramos lo que teníamos delante. Habían varias mesas tapadas por grandes toldos blancos, además había una zona que habían habilitado para poder bailar. Había camareros repartiendo cocos y una música bien agradable. Aunque lo más curioso es que habían varios grupos de personas organizando ciertas actividades. Fruncí el ceño, ya que no me gustaba la idea de hacer el retrasado junto a muggles.

Cogí dos cocos de un camarero y le tendí uno a Caleb.

Por nuestro último día —brindé con él, chocando los cocos—Gracias por haberme traído, ha sido increíble —le agradecí antes de beber.
avatar
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 28.902
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 779
Puntos : 553
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 3. Precedente  1, 2, 3  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.