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A Grey day [Priv/Danny]

Invitado el Vie Jul 17, 2015 10:58 pm

Sus dedos comenzaron a resbalar levemente sobre las cuerdas de la guitarra que yacía sobre sus rodillas. Por alguna razón, aquella canción lo relajaba, era como una nueva vía de escape a sus evidentes preocupaciones aunque a decir verdad, durante el verano y en la compañía que actualmente tenía tampoco es que le diese demasiado tiempo a pensar en lo que le traía de cabeza desde su más tierna infancia. Cabía destacar que ya había pasado su transformación y que por ello las fechas para el campamento habían sido escogidas con alguna que otra excusa urdida por sus padres con la intención de que el chico no tuviera que revelar su condición a nadie más que quien ya lo sabía y entendía de la importancia de mantenerlo como el secreto que era. Entrecerró los ojos con suavidad cuando la música comenzó a llegar a sus oídos, Remus no era el chico solitario que acostumbraba a apartarse del resto para tener sus momentos de tranquilidad, solo lo había hecho por que le apetecía tocar la guitarra y le pareció la mejor idea para no molestar a sus amigos que probablemente estuviesen vagueando en alguna de las tiendas.

El cielo estaba ligeramente cubierto por las nubes, probablemente sería alguna de aquellas tormentas de verano que tanto había comenzado a apreciar, eran totalmente impredecibles, tanto podía hacer un bochorno enorme como de repente descargar una buena cantidad de agua sobre las cabezas de los pobres viandantes que paseaban por la zona. La letra de la canción comenzaba a escribirse en su cabeza como si de una libreta se tratase, solía escucharla casi cada día de camino a comprar el pan para sus padres o simplemente cuando salía por las calles de Londres en busca de algún libro con el que entretenerse y lejos de parecerle repetitiva para el era como su himno aunque la letra realmente no lo identificase demasiado.

Unas gotas se dejaron caer sobre su espalda, la cual al estar ligeramente destapada debido a la camiseta de tirantes que la cubría dejaba bastante piel al descubierto. Miró hacia el cielo sin dejar de tocar la guitarra. ¿De verdad el tiempo iba a ser tan cabrón de fastidiarles el día? No tenía demasiado claro que comerían, pero si que tenía ganas de algo hecho a la barbacoa cosa que si el cielo decidía descargarse en aquel momento probablemente no pudiera hacer a no ser que se les diese por prenderle fuego a alguna de las tiendas de campaña, cosa que realmente no descartaba dadas las compañías.
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Danielle J. Maxwell el Jue Jul 23, 2015 11:03 pm

Tenía los dedos de las manos y de los pies tan arrugados que me parecía a mi abuela y eso era un claro signo de que debía de salir del agua ya. Además, después de tanto tiempo me estaba congelando, ¿desde cuándo se había puesto el día tan frío? Dejé a todos en el agua, bueno, a casi todos, ya que Luke estaba durmiendo y Remus estaba junto a las casetas de campaña y salí del agua. Bueno, quién dice “salí del agua” así de rápido… en realidad me pegué la vida intentando salir limpia y sin arena debido a las veintemil olas que me daban y la corriente que había. Parecía una morsa retrasada intentando salir. Pero LO CONSEGUÍ. En realidad hacía un día pésimo, pero era verano y estábamos de acampada y el hecho de estar en aquella situación, me hacía creer que todos los días eran igual de increíbles. Fui hacia dónde estaban nuestras toallas y cogí la mía, sacudiéndola de arena fuertemente antes de pasármela por encima y ponerme las chanclas para dirigirme hacia nuestro campamento.

Habíamos colocado las casetas de manera circular entre unos árboles, de tal manera que en el centro teníamos la barbacoa y ese lugar de ocio común en dónde nos sentábamos a hacer gilipolleces varias o jugar a cosas. Mi caseta era la de color lila, realmente era una caseta de Rhea para tres personas y nos quedábamos las dos juntas con Luke. Era el único hombre con el que mi abuela me dejaba quedarme. Luego habían dos más para los cuatro merodeadores. Justo en una silla, en frente de su propia caseta, estaba Remus, tocando la guitarra. Caminé hacia él con la toalla tirada por encima, una toalla amarilla de pingüinos con gafas de sol.

Observé en lo que llegaba que miró al cielo mientras tocaba y yo hice lo mismo, notando como de repente una gota me caía justo en la punta de la nariz. Estaba tan empapada que si me mojaba más, no iba a notarlo. Eso sí, al día siguiente, como siguiera cogiendo frío si iba a notarlo y mucho.

Sí, llueve —le corroboré a Remus, ya que al parecer la lluvia estaba por cortarle el rollo mientras tocaba esa canción que, yo no conocía de nada, pero lo que había escuchado era preciosa—. Tocas tan mal que haces que llueva —fruncí el ceño— ¿Era por cantar, verdad? —añadí, bromista. Ya le había dicho mil y una vez que tocaba de maravilla, por lo que sabría que era broma. Y es que en Hogwarts ni se me hubiera ocurrido pensar que Remus tocaba la guitarra. Era increíble ver la de cosas que hacía la gente fuera de las cuatro paredes mágicas—. Pero bueno, son solo cuatro gotas, en realidad…

Pero tuve que decirlo para que empezase a llover más fuerte. Puse los ojos en blanco y sonreír. En realidad parecía que había sido una bocazas, pero es que el color azul del cielo despejado no se veía en ningún lado. Las nubes estaban tan grises y unidas que era un milagro que no hubiera llovido antes. Me dirigí a mi tienda, pero nada más abrirla por la cremallera, salió la cara de Luke adormilado. Me miró de arriba abajo, empapada y chorreando tanto del mar como de la lluvia.

Aquí no entras, que luego a la noche está todo húmedo y no podemos dormir. ¡HABER ESTUDIADO! —Y cerró nuevamente mi caseta.

¡Pero…! ¡Dame ropa por lo menos! —dije, volviendo a abrir la caseta.

La abrí lo suficiente para que Luke sacase la mano con una sudadera de él súper calentita de color negro.

¡Fuera! —dijo, cerrándolo nuevamente tras darme la sudadera.

Luego me di la vuelta y miré a Remus, notando como el agua me caía de lleno en la cabeza y en la toalla. Me guardé la sudadera debajo de la toalla para que no se mojase.

En realidad tiene razón —me autoconvencí—. Y tú deberías guardar la guitarra. Que se te estropea.
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Invitado el Lun Jul 27, 2015 12:48 am

Enarcó levemente las cejas al escuchar a la pequeña alborotadora distraedora (¿Aquella palabra existía?) de estudios. Nunca se le había dado por cantar en realidad y cuando lo pensaba se le pasaba un escalofrío por la nuca que le indicaba que no era buena idea, de hecho probablemente sonaría como un lobo aullando (irónicamente) más que como una persona cantando, tenía oído nulo para lo que a entonar se refería, por lo que de intentarlo, probablemente llegaría un tremendo temporal y no solo una pequeña llovizna como la que se aproximaba. Vale, puede que estuviese exagerando, pero cuando se había escuchado cantar por primera vez, se percató de que aquello no era lo suyo y mucho menos lo iba a volver a intentar, lo suyo era tocar la guitarra, no andar dando alaridos por ahí asustando a todo el mundo que se acercase, aunque también era cierto que en el metro muchas veces que había usado dicho medio de transporte se había encontrado a seres de voces indescriptibles y no para bien precisamente, de hecho incluso algunos parecían no tener demasiado claro lo que era tocar una guitarra y la aporreaban como si se tratase de un timbal. A veces hasta le daban pena los pobres instrumentos que no tenían culpa alguna de que aquellos seres desaprensivos los usasen como descarga de frustraciones.

- ¿No me digas? Gracias, de corazón, no me había percatado - Asintió levemente llevándose una mano al pecho como si lo agradeciese de verdad, bromeando obviamente no trataba de molestar a su amiga, aunque sabía bien que no se tomaría a mal el comentario. - Tienes la suerte de que no haya abierto la boca o nos quedaríamos sin tiendas donde dormir - Chasqueó levemente la lengua mirando hacia el cielo, la verdad es que dudaba que aquello pasase de una lluvia fina y superficial que no llegaría si quiera a mojarlos, pero más valía prevenir que lamentar - No creo que llegue a llover demasiado, o eso espero por lo menos, por que parece que basta hablar para que comience a llover de verdad - Asintió levemente mirando ahora como la muchacha se dirigía a su tienda de campaña donde una lucha encarnizada por una ropa que solo llegó en parte ya que Luke parecía más en los mundos de Morfeo que en el mundo real.

Negó levemente con la cabeza sintiendo como ya la ropa comenzaba a pegarse a su piel debido a la lluvia y se le erizaban los pelillos de la nuca ante el fresco que se posaba sobre su piel al tenerla mojada. La guitarra comenzaba a mojarse, pero tenía la suerte de que fuese lo suficientemente resistente a todo aquello, viviendo en Londres lo menos que podías hacer era conseguir un material resistente al agua, de lo contrario te quedarías sin absolutamente nada en cinco minutos ya que quien más quien menos debía salir acompañado siempre de un pequeño paraguas de mano para cumplir con el tópico de que en Reino Unido siempre llueve, sea verano, invierno o lo que sea.

No pudo evitar que una leve risa se escapase de sus labios al ver a la chica conformarse con la ropa que el bello durmiente le había dado, levantándose para meter la guitarra en su funda y lanzarla dentro de la tienda de campaña en la que le había tocado dormir. - No le pasará nada, mi padre ya la compró pensando en el mal clima que tenemos - Se encogió levemente de hombros mirándola de arriba abajo - ¿Quieres un pantalón? Luke no parece por la labor de dártelo y así te va a coger el frío - Él mismo llevaba unos pantalones de chándal grises y largos, también cabía destacar que al ver como iba avanzando el día, había preferido no jugársela poniéndose un pantalón corto, aunque cambiarse tampoco le habría llevado demasiado tiempo.
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Danielle J. Maxwell el Lun Jul 27, 2015 1:43 am

Teniendo en cuenta de que Remus solía hacerlo todo bien A EXCEPCIÓN de controlar a sus amigos, me apostaba cualquier cosa a que incluso cantar lo hacía bien. Yo sabía cantar. Hombre, cantar sabía. Como una gallina afónica, pero sabía. Lo había intentado, de verdad que lo había intentado, pero tanto mi abuela como mis padres me habían hecho prometer que nunca más lo intentaría. En mi familia había confianza como para decirnos sinceramente en lo que somos buenos y en los que somos putos pésimos. Bastante tenían que soportarme cantando por ahí los hechizos que aprendí el primer año como para encima tener que soportarme cantando Beyoncé.

Su ironía me hizo alzar una ceja. ¡Qué gracioso! A veces me cuesta pillar el sarcasmo, pero este fue bastante notorio.

De nalgas, mi coleguita —le contesté, sacándole la lengua mientras seguía acercándome a él. Aunque me paré a medio camino, ya que tenía frío y había meditado la idea de pillar ropa en mi tienda de campaña—. Seguro que cantas bien. ¿Eres consciente de que eres un batalla, verdad? —lo piqué con una mirada juguetona—. Siempre dices que algo se te da mal, ¡pero luego todo se te da bien! —le señalé acusadoramente con el dedo índice, el cual saqué un poco a través de la toalla—. Seguro que dices que se te da mal cantar, pero luego empiezas a cantar y… PUM. PAVAROTTI EN HOGWARTS. ¡Y no lo niegues, Remus John Lupin! —le dije, aún con el dedo acusador, guardándolo otra vez dentro de la toalla antes de dirigirme a la tienda, ya que, como no, había empezado a llover...

En realidad si nos poníamos a pensar en la discusión que había tenido con Luke… “¿HABER ESTUDIADO?” ¿Qué clase de insulto, comentario, cosa extraña, era esa? No lo había pensado en el momento, pero a saber en qué narices estaba soñando como para soltar eso gratuitamente en medio de nuestra pelea por la ropa y la entrada a la tienda.

Me puse nuevamente de pie y miré a Remus, sin ponerme la sudadera. ¿Qué lógica tenía ponérmela ahora, si me iba a mojar igual? Necesitaba buscar un árbol suficientemente frondoso para no mojarme y poder secarme debajo. O robarle la tienda a esta gente que no la estaba usando… Total, NADIE SABRÍA QUE LES HE MOJADO LA CAMA. Mientras yo tramaba mi próximo movimiento mientras el agua me caía encima, Remus me ofreció un pantalón. Observé los que tenía y parecían super calentitos, así que…

Sí porfa. Yo mañana te doy uno mío como compensación —le guiñé un ojo con diversión. Quién viera a Remus con un short o mis leggins de R2D2 y C3PO.

Entonces me acerqué a su tienda y esperé a su lado pacientemente, dándole claramente prisa para que entrase y me sacase MI pantalón. Mientras tanto, yo cogí la toalla para secarme lo máximo posible y poder vestirme. ¡Me estaba congelando! ¿Pero y estas nubes del demonio estaban esperando a que nos mojásemos para empezar su estratagema de frío y lluvia para conspirar contra nosotros?

Comencé a dar saltitos allí en medio y observé a lo lejos como la gente había salido del mar (SUPONGO QUE PARA NO MOJARSE, QUÉ IMBÉCILES) y se habían alejados hacia el bosque más cercano con todas las cosas, probablemente para que la lluvia no les mojase las cosas y esperar allí en dónde no les daba el agua. Jeje… era mi momento. Peter y James estaban lejos y su tienda de campaña estaba sola y desamparada. Una sonrisa traviesa se me formó en el rostro y salí a hurtadillas hacia su tienda de campaña, abriéndola y metiéndome en el interior rápidamente antes de seguir mojándome. Me quité la toalla empapada, tirándola hacia fuera sobre una piedra y me puse rápidamente la sudadera de Luke, la cual era tan suave como una nube y tan calentita como un tazón de leche calentado por mamá. Porque todos sabemos que las madres calientan las cosas para retar al magma volcánico.

Para cuando Remus se asomó de su tienda, yo estaba a salvo de la lluvia en la tienda de campaña de James y Peter. Sonreí ampliamente.

Calle Barro Asqueroso, primera tienda a la izquierda —me inventé una dirección para llamar su atención—. Tíralo si quieres, así no te mojas. Prometo cogerlo y salvarlo del barro —dije sonriente—. Soy buscadora, recuérdalo. Se me da bien coger cosas —me enorgullecí, sacando levemente las manos por si decidía tirármelo.

Qué estúpidos parecíamos hablando desde distintas tiendas.
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Invitado el Lun Jul 27, 2015 10:03 pm

Aquellos días le gustaban, aunque no cuando lo pillaban perdido en medio del monte con sus amigos ya que obviamente coartaban demasiado lo que pudieran hacer en el tiempo que pasasen durmiendo a la intemperie. Tampoco parecía ser un inconveniente ya que dos de los que estaban compartiendo aquel tiempo de ocio dormían plácidamente en su tienda de campaña sin probablemente percatarse de que el mal tiempo asolaba el campamento.

Negó levemente con la cabeza cuando su amiga parecía insinuar, o no insinuar si no directamente decir que era un agonías en cuanto a lo que se refería a que cantaba mal, pero no era una excusa para no hacerlo, era una verdad inexpugnable que de ser demostrada, probablemente el arca de Noe fuese a ser un juego de niños comparado a lo que se avecinaría.

- A veces tu manera de hablar me desconcierta - Negó levemente con la cabeza riendo levemente, aquella jerga era algo extraña pero viniendo de Danny probablemente ya lo tenía como algo enteramente normal ya que la chica era así, quizás lo que la hacía especial era aquel carácter que a veces dejaba a todos los que la rodeaban totalmente fuera de sí - ¿Un batalla? ¿Eso que es? Pero en serio, que no soy buen cantante, la guitarra se me da bien pero entonar es para mi una tarea imposible, hasta mi padre lo dice - Se encogió levemente de hombros , su madre era de las que suavizaban las cosas pero su padre tendía a ser algo más crudo, recordaba cuando de pequeño le había dicho a su padre que quería ser una estrella del Quidditch y este había dado dos palmaditas en su cabeza, negando a su vez con la propia y murmurando algo que el pequeño no pudo llegar a escuchar, pero que a posteriori se traduciría como un "los sueños sueños son, hijo mío" de hecho cuando había escuchado que su pequeño se había apuntado al equipo de Quidditch le envió una carta para saber si era real o simplemente una locura inventada - No quieras que te lo demuestre, pequeña padawan, será peor para tus tímpanos, hazme caso por una vez en tu vida.

Pensar en obtener un pantalón de la chica como agradecimiento realmente se le hizo hasta difícil de imaginar. Nunca se había puesto una malla o pantalón por encima de las rodillas, por lo que pensar en ponerse uno, de mujer, hacía que realmente la imagen fuese, cuanto menos, grotesca. Que la rubia estaba tramando algo no pasaba desapercibido, de hecho se le podía ver en la cara a cincuenta kilómetros de distancia que pensaba hacer alguna cosa de carácter travieso en cuanto se viese segura para hacerlo, o no, Danny era bastante impredecible en aquel tema y más por que aquella cabecita parecía manejar demasiada información para ser tan pequeña. - Lo agradezco, de verdad, pero creo que no me servirían, quizás debería adelgazar un poco - Asintió levemente metiendo la cabeza dentro de su tienda para revolver un poco hasta dar con uno de los pantalones que había llevado, primordialmente para dormir y entregárselo a la chica.

En un principio se sintió presionado por Danny, pero llegó un momento en el que la presencia hiperactiva de la chica se dejó de sentir cercana para dar paso a un sonido como si se tratase de alguien abriendo una tienda...Vale, la chica se había metido dentro de la tienda de Peter y James, aun cuando sus propios compañeros le negaron el paso a su propia tienda para no mojar nada. De todos modos no diría nada, a esos dos les estaba bien que les diesen un poco de su propia medicina además de que por mojarse un poco tampoco pasaba nada, de hecho probablemente se mojaría más la tienda en el momento en el que esos dos animales entrasen en ella.

Enroscó el pantalón color amarillo alrededor de su mano y una chocolatina para después cerrar la tienda de campaña y acercarse a la de sus amigos, ahora ocupada por la chica, metiendo la mano dentro para que lo agarrase, suponía que estaba visible, pero no era plan de meter la cabeza dentro de la tienda sin previo aviso. Cuando sintió la mano liberada de la tela suave del pantalón agitó levemente la chocolatina para que la chica la agarrase.

- Para que luego te quejes de tus amistades - Chasqueó levemente la lengua echándose el cabello hacia atrás para que el agua cayese por otro lugar que no  fuese su rostro ya que eso se hacía realmente incómodo. Pese a que la brisa corría levemente y su piel estaba mojada, no tenía frío, al menos no por ahora y eso siendo él era bastante extraño aunque si que era cierto que solía tener la temperatura corporal más alta que la gente normal salvo en la semana anterior a la luna llena, donde perdía color y temperatura, era difícil de explicar pero al menos quienes le conocían ya lo tomaban como algo normal y no como un hecho extraño por el que hacer preguntas - Quitemos lo mal que suena eso y que con una tienda de campaña de por medio no tengo ganas de que el pantalón termine negro antes de que llegue a tí.
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Danielle J. Maxwell el Mar Jul 28, 2015 11:54 am

Yo decía tantas gilipolleces seguidas que era normal que desconcertara cualquiera al hablar. Además, también tenía la habilidad de cambiar de tema más rápido que respirar, motivo por el cual aparte de desconcertar, también perdía a la gente en las conversaciones que tenía conmigo. Para más añadido, también me inventaba mis propias palabras, existentes o de otro idioma que metía en mi habla habitual como si fueran lo más normal del mundo. Sí, habla conmigo era toda una aventura de riesgo. Aunque he de decir que si me escuchabas atentamente, todo lo que llegaba a decir, tenía su lógica.

Batalla es similar a ser un victimista. Pero “victimista” suena como más hardcore, batalla es más mono y para meterme con mis amigos de forma bonita. ¿Me explico? —le expliqué, asintiendo con la cabeza como si fuera una palabra de lo más normal, admitida en la Real Academia. Insistió tanto en que cantaba mal que al final le tuve que creer. ¿Por qué? Porque probablemente yo me hubiera defendido de la misma manera y hubiera insistido mucho en que no me oyera cantar porque sé que podría matar a alguien. Yo era lo contrario a Cenicienta, ella hace volar pajaritos; yo los hago explotar—. Vaaale. Te creo. Yo también canto de culo y mis padres me odian, aunque como ellos me ven con otros ojos y me oyen con otros oídos, dicen que a veces afino. Yo creo que es para hacerme sentir bien… —entrecerré los ojos, mirando divertida a Remus—. Así que te haré caso por una vez en tu vida. ¡No te acostumbres! —exclamé, consciente de lo que le molestaba que no le hiciéramos caso en Hogwarts por el simple hecho de que él era prefecto.

Me ofreció sus pantalones y yo, como soy una buena chica que cree en la recompensación de las acciones buenas y en el castigo de las malas, le dije que luego le dejaba yo uno, claramente de broma. Aunque su comentario… tiene suerte de que sea una chica de ahora mismo dieciséis años que no se preocupa por esas cosas, pero le dice eso a otra chica y puf… Remus termina en la Luna de una patada en el culo. Yo porque era muy guapita y rara vez me preocupaba por mi físico… Es más, no era la típica chica super delgada, tenía mi chichita en la barriga como toda persona normal. ¡Pero una chichita super mona!

¿Te has dado cuenta de que ese comentario desencadenaría el proceso de tu muerte si se lo llegas a decir a otra chica? —le pregunté allí mismo mientras seguía mojándome y pasando frío, porque era más importante instruir a mi amigo en el trato de mujeres—. ¿Que tienes que adelgazar para ponerte mis pantalones? ¿ME ESTÁS LLAMANDO GORDA? —grité en plan cómo gritaría esa demente y supuesta mujer del montón—. Cuida tus palabras, mi joven aprendiz, o de la hostia que te da la chica te manda al Lado Oscuro —reí divertida, observando cómo entraba a la tienda para buscar mi pantalón.

Mientras él estaba distraído, yo me moví cual ninja hacía la caseta de los otros dos restantes. Sirius y Remus eran los que mejor me caían, así que no iba a meterme cual jabalí en su caseta para robarles el calor y mojarles todos. James y Peter… bueno, ellos me dan más igual. Y James es muy molesto a veces, así que se lo merece. Mientras Remus salía, me sequé con la toalla en la medida de lo posible y la dejé fuera, pues estaba empapada. La sudadera de Luke estaba increíblemente calentita, como si hubiera estado puesta en Luke toda la mañana. No tardó en venir el pantalón, el cual me puse rápidamente, sintiendo como el acolchado interior me calentaba casi instantáneamente. Uy… Un escalofrío agradable me recorrió entera gracias al gustito de estar calentita.

De repente, vi la chocolatina en la mano de Remus y la cogí rápidamente. Qué bien me conoce. El chocolate es bueno para el frío… ¡Y para el cansancio! Remus siempre tenía chocolate o chocolatinas para dar y regalar. Y luego estaba así de delgado… Yo creo que las trae para cebarnos, por si estalla una hecatombe zombie, tener carne que comer. ¿Cómo no se me ocurrió a mí antes?

Nunca me quejaría de mis increíbles amigos. ¿Luke? Prefiere dormir calentito a dejar que su amiga muera de hipotermia. Los demás no cuentan, porque están muy lejos. Pero tú… —de repente me di cuenta de que estaba ahí fuera, mojándose entero y sin quejarse. De repente, me sentía una quejica—. ¿Tío, no tienes frío? Que por debajo vas bien tapado, pero esa camisilla… —Y entonces, como de costumbre, yo nunca sé que es lo que “suena mal” de lo que yo digo—. ¿El qué ha sonado mal? —Mi cara de confusión y seriedad era muy graciosa, ya que miraba muy seria a Remus para que me explicase lo que sonaba mal.

Abrí más la parte de delante de la tienda para poder asomar mi cabeza. Ya no tenía frío, de hecho estaba perfecta. Quizás me faltaban unos calcetines para que mis dedos no pasasen frío… Observé todo a mi alrededor y… no, no me iba a poner los calcetines ni de Peter ni de James. Prefería salir con mis chanclas frías y mis dedos al aire libre.

¿Qué quieres hacer? Aquellos no creo que vengan hasta que escampe, Luke está esforzándose hoy mucho en superar su record de horas dormidas y, por lo que veo, te gusta que llueva. ¿Quieres hacer la danza de la lluvia alrededor de la barbacoa? Aunque no tiene mucho sentido ahora que está lloviendo, siempre me ha parecido muy confuso —admití divertida desde dentro de la caseta, pero observando al exterior para poder ver cómo Remus ya estaba totalmente mojado de arriba abajo. Y yo estaba sequita, menos el pelo—. Yo salgo y me mojo por ti ahora que tengo super protección de ropa. Para que luego tú también te quejes de amigos. Podría quedarme perfectamente durmiendo aquí hasta que escampe, pero me preocupo por tu aburrimiento —me sinceré, aunque realmente si no me quedaba durmiendo ahí era porque olía un poco a queso y me sería imposible dormir con ese olor impregnando mis fosas nasales.
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Invitado el Miér Jul 29, 2015 11:16 pm

Si algo tenía que reconocer era que la chica era imaginativa, que cada día que hablaba un poco con ella descubría una nueva manera de expresar algo que probablemente solo fuese a entender la actual interlocutora, pero de igual modo se le hacía realmente entretenido el tratar de entender lo que la muchacha decía sin generalmente mucho éxito ya que tenía que recurrir a preguntar lo que quería decir con sus palabras usadas a su antojo sin muchas veces tener demasiado que ver con lo que en realidad quería decir, o sí, pero solo sabiéndolo ella. En realidad era una virtud esa de tener tu propio idioma casi, algo que no mucha gente podía presumir de tener o de poder expresarse con el.

- Vamos, ser un agonías de toda la santa vida, tampoco es para tanto, no soy ni "batalla" ni victimista, simplemente sé de lo que soy capaz y de lo que no - Se frotó la nuca nuevamente tomando aire, si contaba todas las veces que había tratado de cantar sin sonar como un perro ahogado se le acabarían los números existentes en la actualidad, algo así como el infinito definitivo, nada más allá de la exageración que aquello suponía, cuando era pequeño había querido ser cantante en un grupo pero por evidentes asuntos de falta de voz no pudo llegar jamás a cumplir aquel "sueño" que se quedó en el cajón de Frustraciones - Creo que todo el mundo alguna vez en su vida y aunque sea por casualidad afina, aunque sea como nosotros que más nos vale no intentar cantar por el mero hecho de que podemos perforar oídos, oye, sería como sentirnos Banshee, aunque en mi caso es complicado ya que son espíritus puramente femeninos y por ahora, no soy mujer - Se encogió levemente de hombros, sonriendo levemente - Así me gusta, trataré de no acostumbrarme, pero se siente tan bien el llevar la razón...

No había pensado en su comentario como algo de carácter hiriente, es más , si lo hubiera visto de ese modo probablemente no lo habría dicho, no le iba ir molestando a la gente fueran mujeres o no. No había querido insinuar que la chica estuviese gorda ni mucho menos, si no que siendo más pequeña, caía de cajón que él no iba a entrar en un pantalón de ella ni apretando a no ser que le gustase la idea de estar tan apretado que le saliese voz de pito, rollo castrati y no era uno de sus planes para el momento actual. Llamar a Danny gorda sería una total incoherencia ya que no había por donde agarrarla prácticamente, aunque si un extremo podía alterar a cualquiera si le decía aquello probablemente lo haría peor.

- ¿Por qué? No he dicho nada malo en realidad, o eso creo - Enarcó las cejas levemente, de haber entrado por ese camino probablemente ya le habría arrancado la cabeza y probablemente se la habría dado de comer al resto de sus amigos en un guiso aquella noche. Como escena de película gore aquella imagen no tenía parangón - Vamos, no me refería a eso, si no a que eres más pequeña que yo y si quisiera ponerme tu ropa tendría que adelgazar por que es obvio que soy más alto y más ancho aunque tu tengas caderas y esas cosas que a las mujeres se os marcan más, no hablaba de gordura, mal pensada- Negó con la cabeza levemente, riéndose después - Y es por eso que no me echaré novia nunca, pensar en lo que podríais tomaros a mal las mujeres es demasiado quebradero de cabeza.

No esperaba una negativa a la chocolatina, nadie con dos dedos de frente rechazaba el chocolate, a no ser que fuese alérgico, entonces si que era totalmente justificable el hecho de que decidiese no aceptar el regalo de chocolate de un amigo. Tomó aire levemente agarrando una chocolatina que tenía en su bolsillo para llevársela a la boca, estaba un poco derretida y calentorra, pero aquello la hacía bastante más sabrosa aunque un poco más difícil de comer. El que se hubiera metido dentro de la tienda de campaña de sus amigos, mojando esta era un hecho que pasaría gustosamente por alto más que nada por que de haber sido ellos los que estuviesen mojados, también se habrían refugiado en una tienda ajena para evitar el que sus propias pertenencias se mojasen y probar de vez en cuando un poco de su propia medicina por parte de otra persona a ellos mismos era un bocado que le sabía a gloria.

No pudo evitar reírse, seguramente Luke estaba más en sus mundos de relajación y sueños profundos que pensando que acababa de dejar a Danny fuera de la tienda de campaña a la merced de la lluvia y con ello arriesgando a la rubia a pillar un resfriado de tres pares de narices. Por otro lado no tenía ni pajolera idea de donde se habían metido los otros tres y en realidad tampoco tenía demasiadas ganas de saberlo por si acaso era algo que pudiera hacer que le culpasen de cómplice.

- Dices que nunca te quejarías pero en realidad te estás quejando - Eso lo dejó ligeramente confuso, no tenía demasiado claro que aquello no fuese una queja pero tampoco de que se estuviese quejando de verdad, aquella chica era realmente desconcertante y ya no trataba de encontrarle una lógica a sus palabras o a sus no quejas. - ¿Yo? Que va, estoy bien, tengo algo de calor pero nada más, tampoco hace tanto frío en realidad - Se encogió levemente de hombros negando con la cabeza, estaba perfectamente, tenía la temperatura perfecta para estar donde actualmente se encontraba. - Ha sonado mal lo de coger cosas, no sé, igual solo me ha sonado mal a mí, pero bueno, da igual, ha sido una tontería en realidad. - Sacudió levemente la mano restando importancia a lo recientemente dicho.

Cuando la chica asomó la cabeza sonrió levemente, no quería que la chica se mojase de nuevo, obviamente el tenía la "suerte" de no estar pasando frío, pero no estaba seguro de que a ella le fuese a ir igual de bien ya que ella misma hacía dos segundos estaba esperando por el pantalón que él le prestó para paliar el frío. Se cruzó de brazos negando levemente.

- Creo que con este tiempo hay pocas cosas que podamos hacer, pero quizás estando ya seca pueda dejar que entres en mi tienda y podríamos jugar a algo, creo que tengo cartas, algún que otro juego de mesa y hasta un dominó, he sido previsor con el posible aburrimiento - Rió levemente negando con la cabeza - La danza de la lluvia se hace para que llueva, algo que ya sabrás y si hay algo que no nos falta en Londres es precisamente la lluvia, por lo que no necesitamos que me ponga a bailar, además de que pareceré Jack Skeleton más que un chaman de esos que llaman a los elementos - Sacudió levemente la cabeza sacándose el agua como si de un perro se tratase y enarcó las cejas - Sé que ahí dentro no debe de oler precisamente a rosas, pero te prometo que en mi tienda huele bien, me preocupo de que Sirius deje los zapatos y calcetines fuera antes de entrar a dormir. - Asintió levemente acercándose a la tienda para coger una camiseta nueva para él y no ser quien dejase aquello empapado si es que Danny aceptaba la idea de echar una partida a algo allí.
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Danielle J. Maxwell el Vie Jul 31, 2015 8:54 pm

Cantar era el mal. Probablemente a la hora de crearnos nos pusieron máquinas de matar con el sonido en nuestras gargantas para poder tener un mecanismo de defensa en caso de perder la varita. Selección natural, lo llaman. Nos ponemos a cantar Bohemian Rhapsody delante de nuestros enemigos y… puff… la parte de “Mamma mía, Mamma mía, Mamma mía FIGAROOO” sería nuestro ataque supremo de inconsciencia ajena. Casi como una Banshee, solo que más guapa. No me tenía en muy alta estima, pero es que las Banshee eran fea de cojones. Lo miré de reojo con cara sonriente: “Se siente tan bien llevar la razón…” ¡Dímelo a mí, que nunca la llevo! Cuando la llevo, es como una acción divina de misericordia para mí.

Luego fue divertido ver cómo se ponía cuando le dije que si me estaba llamando gorda. Yo no estaba gorda, ni tampoco me lo creía. Era un chica demasiado despreocupada de todo como para preocuparme de mi aspecto físico en aquellos momentos de mi vida. Por mucho que me diga Damon, yo soy muy guapa. Así que realmente, no lo dije por propia creencia, sino solamente para que Remus se diera cuenta de la chicas que hay por ahí dispuestas a amargarle la vida con una afirmación o pregunta.

¡Que es broma! O sea, ahora estoy de broma, pero hay gente muy perturbada que hará lo que sea para que digas algo parecido a lo que ellas quieren escuchar y formar una discusión —le advertí; ser chica conllevaba a conocer a más chicas en Hogwarts y, menos Rhea, TODAS eran unas zorras—. A mí es que eso de discutir me da tanta pereza… cuando tenga novio tendré una palabra mágica, probablemente “PAPAYA” que será para decirla en momentos de tensión molesta de discusión para parar automáticamente la pelea. O “Pausa” como Mónica y Chandler en Friends, que hacían un pause cuando discutían para hablar normalmente de otra cosa y luego hacían “Fin de la pausa” y continuaban discutiendo en otro momento más propicio —Danny, buscando soluciones a sus perezas aún sin tenerlas. ¡Para qué veáis que previsora soy!— ¡No seas bobo! No somos tan complicadas. Y ustedes tampoco son tan simples —le dije, cuando dijo que nunca se echaría novia.

Alcé una ceja cuando me quedé de mis amigos y él se dio cuenta. Realmente me había quejado un poco irónico, pero obviamente sí, me estaba quejando. ¡Mi mejor amigo me acababa de dejar fuera de mi propia caseta! Maldito. Ojalá le pique un mosquito en la nalga.

Sí, me estaba quejando, Luke es un pésimo amigo cuando está siendo controlado por Morfeo —puse los ojos blancos, pero luego le sonreí, porque todo el mundo siendo poseídos por Morfeo somos muy gilipollas—. Bueno, es que tú no acabas de salir del helado mar del Polo Norte —señalé con la cabeza en línea recta, en dónde, si mirabas, estaba el mar—, supongo que eso tiene que ver.

Luego le miré de reojo cuando intentó explicarme lo que había sonado mal. Llamadme lenta o inocente, pero yo no sabía qué había dicho que había sonado mal. O soy muy tonta, o él es un mente sucia. Y normalmente no me veo tonta, así que… Remus, voy a tener que lavarte la cabeza con lejía.

Como Luke no se veía con intención de despertarse hasta la hora de comer y los que acababan de salir del mar estaban bajo un árbol probablemente jugando a algo allí mientras se secaban, sólo estábamos Remus y yo. De estar en Hogwarts, yo estaría persiguiéndole mientras le pido que por favor no se chive, rogándole que fuera conmigo a entrenar Quidditch, que por favor me acompañe al bosque prohibido a buscar un caracol homosexual o diciéndole que me preste los deberes de Herbología. Pero no, ahora estando de vacaciones, me era incluso difícil pensar en una distracción. Hogwarts me mal acostumbra.

No obstante, a él se le ocurrió jugar a algo en su tienda. Las cartas me encantaban, los juegos también y, el dominó, era para viejos. La verdad es que no era mucho de dominó. Pero lo demás sí que me gustaba. Sonreí ampliamente y tuve que reír cuando se comparó con Jack Skeleton.

Ya sé que la danza de la lluvia es para llamar a la lluvia, pero es demasiado mainstream. Mi danza de la lluvia es más guay porque se baila bajo la lluvia. ¿Nunca has querido bailar bajo la lluvia? ¡Todo el mundo quiere bailar bajo las lluvias! —dije divertida. En realidad no. A mí bailar bajo la lluvia nunca me había llamado porque básicamente no sé bailar. Nunca he aprendido a bailar y me siento muy retrasada cuando lo intento. ¿Esa sensualidad que tienen las mujeres cuando mueven su cuerpo al ritmo de la música? No, yo no la tengo, lo siento—. ¿Ya preveías que te ibas a aburrir con nosotros? —le miré fijamente a los ojos, con gesto dolido. Aunqu rápidamente sonreí—. ¡Menos mal! Porque yo no traje nada. Os tengo en muy alta estima, ¿eh? Pensar que no iba a aburrirme con ustedes… —lo miré bromista, saliendo de aquella tienda después de que él se diera la vuelta y fuera hacia la suya. Cerré la tienda de Peter y James a pesar de que me mojara un poco y luego salí corriendo hacia la de Remus.

Le empujé (CARIÑOSAMENTE) hacia el interior para que me dejase espacio para entrar, haciendo que se metiera en su propia tienda por completo. No quería mojarme más de la cuenta. Ya tenía el pelo lo suficientemente mojado como para encima tener que mojar también mis nuevas prendas super femeninas. La sudadera me llevaba por debajo de la cadera, mientras que los pantalones, al ser bastante más bajita que Remus, me quedaban bastante grandes. Parecía una rapera.

Me metí gateando en su tienda y me senté como los indios, dejando mis chanclas cerca de la abertura de la tienda. Luego intenté peinarme un poco… Quería estar “decente” y no parecer una loca. ¿Por qué? Pues por propia satisfacción personal, me supongo.

Tienes razón, aquí huele mucho mejor —cogí aire profundamente. No olía a rosas, pues esa era mi tienda, ya que Luke era bastante tiquismiquis con el olor y la limpieza—. Creo que de todo lo que me has dicho prefiero las cartas. Pero déjame ojear tus súper juegos de mesa. Porque también soy muy fan del backgammon. ¿Tienes el backgammon? Soy la hostia jugando al backgammon, no intentes si quiera intentar ganarme porque perderás entre una terrible humillación —intenté poner cara de malvada, pero realmente no me salió. ¿No, atisbando lo más mínimo de maldad en verano? Qué va, era demasiado. Me salió una sonrisa más bien traviesa y mona—. Mi padre no era de parchís ni de la oca, así que desde pequeña me enseñó a jugar al backgammon —le conté gratuitamente, porque era mi amigo y los amigos se cuentan cosas aparentemente insignificantes pero que realmente son importantes—. Yo creo que te caería bien mi padre. Es así delgado y alto, como tú y fue delegado de clase, que oye, en el mundo muggle eso es casi como ser prefecto!
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Invitado el Vie Ago 07, 2015 11:04 pm

El sonido de una guitarra siempre le había parecido muchísimo más atractivo que el de una voz entonando, aunque bien era cierto que muchos de los cantantes de la actualidad eran dignos de escuchar, que aquellas voces eran tan armónicas que el despreciarlas sería un enorme error aunque, como en el caso de Remus, prefería una buena melodía a una voz tapando los acordes y notas de un instrumento. Quizás aquello era por lo que se "excusaba" de no saber cantar, por lo menos, sabía tocar un par de instrumentos de manera pasable y sin reventar tímpanos ajenos, lo cual era, obviamente un talento bastante útil a la hora de amenizar alguna que otra fiesta o velada, al fin y al cabo las típicas reuniones de amigos entorno a una buena hoguera y las canciones de campamento eran uno de los pocos pasatiempos americanos que no terminaban en tragedia, aunque eso pasaba siempre y cuando no fuese en una película, entonces probablemente la noche la terminarían todos muertos.

Como si, pensándolo bien, aquella afirmación previa hubiera sido formulada, como bien decía Danny en frente a otra mujer que no fuese ella, entonces el tema de las películas de terror americanas se quedarían en un mero juego de niños comparadas con la que la histérica en cuestión le liaría de interpretar aquella desafortunada afirmación como lo había mencionado la rubia, seguramente su vida se convirtiese en una tragedia a partir de aquel día y por ello daba gracias de que la chica frente a quien lo había comentado no fuese una de esas locas histericas con sendos problemas de auto-control.

- Quiero pensar que ese afán por discutir sea solo de unas pocas, no sé hasta que punto pueden tomarse una afirmación totalmente inocente por el camino más retorcido que pueda llegar a tener, haces que tenga miedo de abrir la boca - Se frotó levemente la nuca sonriendo, la verdad es que no era ella la que le daba miedo, de hecho era una mera broma, no es que Remus fuese de los que se mordía la lengua a la hora de decir las cosas aunque si que las decía con extrema precaución por si acaso - ¿Papaya? - Rió levemente negando con la cabeza - Yo no soy de los que discute, probablemente si es que algún día termino saliendo con alguien es que ella discuta sola mientras yo simplemente trato de relajar la situación,ya no me gustan los conflictos creados por mis amigos como para que me gusten los que me pueda crear una hipotética pareja - Se encogió levemente de hombros, nunca se había planteado verse con pareja, probablemente por que el ser un licantropo le hacía tener pocas ganas de crear un legado familiar tan lastimero para el posible crío que llegaría a la vida fruto de una relación suya - Somos bastante menos complicados que vosotras, puede que lo seáis mas o menos, pero todas tenéis esa lógica extrañamente retorcida que nos hace siempre ver como los malos. Es escalofriante.

Negó levemente con la cabeza - Él necesita descansar, es normal que te haya dejado de patitas en la calle, además, yo te estoy acogiendo en mi tienda, no seas tan quejica - Le echó la lengua levemente arqueando la espalda hasta escucharla crujir y con ello aquel alivio que acababa de recorrer esta se extendiese a todo el cuerpo. No era de los que se pasaban la vida haciendo aquello, de hecho el sonido le daba bastante grima pero a veces era simplemente necesario. - Dicen que el agua fría es buena para algo aunque no recuerdo el qué - Asintió totalmente convencido de lo que acababa de decir aunque podría estar diciendo una soberana gilipollez.

Probablemente aquello solo había sonado mal en su cabeza, pero aclarado aquel tema ya estaban en las mismas o por lo menos aquello creía ya que su previo comentario seguramente no tenía demasiado sentido para la rubia quien parecía no haberlo entendido igual que él, quizás era debido a la mente masculina de Remus que obviamente no sería la misma que la de la rubia.

Si algo le extrañaba es que a la chica no se le hubiese ocurrido un plan descabellado por parte de la rubia. La última vez que habían quedado para estudiar habían acabado hablando de la fuerza y cientos de cosas que de seguro no les iban a caer en un examen, pero también sabía que a su lado, la pequeña era más imaginativa, él solía tener fama de aburrido y aguafiestas por lo que aquel super plan de jugar a juegos de mesa era quizás de lo mas soso que se le podía haber ocurrido, pero con la lluvia había poca cosa más que hacer siendo dos al estar los demás o apagados, como Luke y compañía o fuera de cobertura, como los otros dos que parecían haber huido de escena.

- No es que sea demasiado fan de bailar en general, deberías hacer la danza del sol para que tengamos una temperatura agradable al menos en lo que nos queda de vacaciones, que si no vamos a ver la playa desde la tienda - Se encogió levemente de hombros, conforme no era de los que sabía cantar, la coordinación de Remus a la hora de bailar era prácticamente nula, aunque se las había arreglado para ser bueno en su puesto del equipo de Quidditch y con ello demostraba que su falta de coordinación solo se daba para lo que le interesaba realmente - No pensaba que fuese a aburrirme, pero tenía previsto que pudiera hacer este tiempo y había que encontrar pasatiempos para paliar estas horas muertas - Sonrió levemente negando con la cabeza, pensar que se iba a aburrir con aquella panda era algo que ni se le había pasado por la mente, ni siquiera en Hogwarts tenía tiempo de aburrirse ya que precisamente algunos de ellos eran los que le daban varios quebraderos de cabeza como prefecto.

Cuando se vio bruscamente empujado hacia el interior de su tienda rápidamente se giró para mirar a la nueva intrusa, negando con la cabeza antes de estirarse a agarrar una toalla que se puso por encima para secar su parte superior por lo menos y también su cabello. Entrecerró los ojos mirando a la chica, negando levemente ante aquella situación, ella estaba seca, pero él no lo estaba, por lo que había mojado levemente los colchones de la tienda donde dormiría aunque la verdad es que le daba un poco igual, podría secarse rápidamente y Sirius jamás lo notaría, básicamente por que llegaría mojado igual que él estaba ahora y este no tendría ni cuidado ni nada.

- Digamos que no me hace ilusión que el lugar donde duermo huela a cuadra, manías sin importancia supongo - Se encogió levemente de hombros mirando a su acompañante, encogiéndose de hombros mientras rebuscaba en busca de una camiseta seca aunque el quitarse la camiseta delante de su ahora acompañante le daba bastante vergüenza, asunto por el cual probablemente terminaría quedándose con la camiseta que tenía puesta y la que agarraba quedaría a un lado de la tienda de sus piernas sin pena ni gloria - Pues creo que ese no lo tengo, no sé, mi padre se encargó de meter todos los juegos que encontró por casa y entraban en la mochila - Agarró la citada mochila para ponérsela a los pies a la rubia, secándose el cabello con la toalla - Mi padre fue más de enseñarme juegos mágicos, los pocos muggles que conozco son los que alguna vez mi madre ha sacado a relucir en ausencia de este, tengo un pulso tremendo para jugar al jenga, ahí serías tu la humillada - Chasqueó la lengua divertido. No conocía al padre de Danny, era un hecho, pero si había sido delegado probablemente sería más responsable que su hija, o al menos en apariencia - Parece mi homólogo muggle, seguro que será una de las pocas personas que no me desquicien, podré decirle que su hija es un torbellino y que no me deja ser una figura de autoridad con seriedad.
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Danielle J. Maxwell el Lun Ago 10, 2015 1:12 am

Discutir era para idiotas. La única persona con la que he discutido en mi vida es con mis padres porque coartan mi libertad (obviamente), con mi abuela por lo mismo, con una de mi cuarto por pegar a mi gato y con Damon en busca de hacerle entrar en razón de que hacer daño a la gente está mal, sea cual sea su condición. En realidad he discutido bastante, pero oye, la cuestión es que no me gustaba.

Ambos sabemos que “Papaya” es la solución de toda pareja, no intentes negarlo —sonreí divertida, escuchando como pretendía acarrear las situaciones de discusión—. A lo mejor eres tú quién empieza una discusión. No siempre somos las mujeres. Aunque bueno, con tal de que no la llames loca, conservarás tu vida —amplié mi sonrisa. En realidad a mí me daba igual que me llamaran loca. No era un insulto, era otra forma de ver la vida. ¿Y si son ellos, acaso, los locos aburridos?— ¡ESO NO ES VERDAD! —le señalé con el dedo cuando asumió que todas las mujeres teníamos esa lógica retorcida—. Estás generalizando. Es como si yo digo el típico cliché de que todos los hombres son insensibles porque no nos escuchan nunca —bufé—. Estoy segura, por lo que  te conozco, de que tú no entrarías dentro de esa categoría. ¿Acaso yo entro en la de loca de lógica retorcida? —pregunté indignada.

¿Por qué Luke necesitaba descansar? Si era un vago. Durmió anoche como todos y aún así se echa una siesta de mil horas. ¡De necesitar nada! Eso no debe de ser bueno para el cuerpo.

—No es normal que necesite descansar, pero no me quejaré para que no tengas motivos para llamarme quejica, porque yo no soy una quejica. Tsk —lo miré de reojo mientras observaba toda su tienda. No estaba tan recogida como la mía porque obviamente ellos no tenían a un eficiente Luke y yo sí.

La danza del sol no era tan épica como la danza de la lluvia, por lo que simplemente negué con la cabeza. Yo si bailaba lo hacía de forma épica, ya que se me daba horriblemente mal, por lo menos si bailaba algo ridículo no parecía ridícula. Luego le pregunté lo del aburrimiento y sonreí de medio lado cuando parecía haberlo tenido todo controlado desde un principio. A mí ni se me había ocurrido la idea de traerme juegos por si llovía y teníamos que pegarnos todo el rato dentro de las tiendas de campaña. Sonreí de medio lado cuando dijo que íbamos a tener que ver el mar desde aquí.

Claro que no. Podemos ir aunque llueva. ¿Qué nos va a pasar, que nos mojemos? —reí, medio cerrando los ojos risueñamente—. Da igual que llueva, en realidad. El problema es el frío. Que en verdad ahora no hace mucho frío, pero como llevo medio año en el agua mi cuerpo aún está frío. Además, tiene que estar guay estar en el agua mientras llueve. ¿Cuántas veces es repetido frío? Me siento un disco rayado.—Reí al percatarme de mi poca variedad léxica.

Luego me di cuenta de que había cogido una camiseta seca pero no se la había puesto. Era muy probable que fuera porque yo estaba allí con él. ¿Había visto alguna vez a Remus sin camiseta? Me ruboricé solo de pensarlo.  A todos los demás sí y, total, no era nada especial, pero a Remus no. Quizás a él también le daba vergüenza. ¿Iba a quedarse todo el rato con esa camiseta empapada? Iba a decir algo, pero rápidamente comenzamos a hablar sobre los juegos de la infancia con nuestros padres y seguí con ese tema para no interrumpirlo.

No sé cuál es el jenga, creo… —intenté hacer memoria, sobre todo cuando me dijo que era por el pulso. La verdad es que yo de puntería y pulso era horrible. Yo en el juego ese de “operación” en dónde había que quitarle cosas a un muñeco sin rozar los bordes, era malísima. Mataba al paciente en cada movimiento que hacía—. Supongo que si le dices eso a mi padre te dará la razón. Llevo quince años dándole la lata personalmente y lo sabe. ¿Sabes cuántas cartas le han llegado a mis padres de los múltiples profesores que me han pillado y me han castigado? Tengo suerte de que Esther me quiera mucho y suavice las cartas que manda a mis padres —sonreí divertida—. El segundo año, cuando empezaron a llegar las cartas a mi casa, cuando volví en verano mis padres las habían plastificado todas y me las habían colgado en mi habitación como recordatorio. Son amor —le dije como curiosidad personal a Remus, con una sonrisa de enamorada familiar en los labios—. Los quiero más —Sí, quería a Jerry y Sylvia como a nadie. No eran mis padres biológicos, pero a mí eso me daba exactamente igual.

Fue entonces cuando no pude quitarme de la cabeza el tema “Remus tiene la camisa mojada y se le notan los pezoncillos erizados”, por lo que decidí ser una buena amiga y facilitarle la tarea. Y facilitármela a mí también, pues no me parecía justo que me hubiera prestado unos pantalones increíblemente cómodos y secos y él estuviera con la camiseta toda mojada.

Me tapo los ojos si quieres, para que te pongas la camiseta —Y me llevé las manos a los ojos, tapándomelos como el mono de la imagen de los tres monos en dónde uno se tapa los oídos, otro la boca y otro los ojos—. No quiero ser el mal que te haga ponerte malo estando de acampada —añadí con los ojos tapados, curvando una sonrisa—. Pero rápido, que me siento retrasada.
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Invitado el Miér Ago 26, 2015 8:29 pm

Las discusiones enfocadas hacia su persona solían terminar en un griterío unilateral en el que Remus era un simple espectador ya que no solía entrar al trapo de las batallas que se montaban entre los demás a su alrededor, había tratado de mediar en alguna que otra ocasión pero siempre terminaba saliendo el mal parado o regañado, por lo que se limitaba a aguantar el chaparrón de malas palabras, generalmente por cosas que el no había hecho, pero que sabía que de ser el perpetrador de aquella regañina el que estuviese escuchando acabaría todo bastante peor de lo que ya estaba con algún comentario que cualquiera de los dos causantes consideraría tremendamente ingenioso.

- Bueno nunca he tenido pareja, pero cuando lo haga te comentaré si esa palabra funciona para que se calme o para que me calce dos bofetones - Asiente con lentitud pensando en que las veces que ha visto a sus padres discutir, cada vez que su pobre padre decía algo semejante a lo citado, o simplemente un "cálmate" era como despertar a la bestia, su madre tendía a entrar en cólera y casi podría compararla a Medusa, de mirarla a los ojos puede que en piedra no los convirtiese, pero si que tanto al padre como al hijo, la mirada colérica de aquella mujer les hacía congelarse por dentro, al nivel de simplemente huir a hacer tareas de casa que en otros momentos ni se les habría pasado por la cabeza llevar a cabo. - Creo que es mejor decir loca que pedir calma, generalmente decirle a una mujer que se calme provoca el efecto contrario y puede desencadenar en una tragedia - No pudo evitar reírse cuando ella usó aquel argumento que le hizo asentir nuevamente, dándole la razón - Puede que no todas, vale, pero si que es una mayoría del colectivo las que actúan de ese modo, no es la primera vez que una chica le da la vuelta a mis palabras y luego me encuentro con sorpresas poco agradables - Generalmente, al igual que con el tema de las discusiones, aquello solía ser causado por alguno de sus dos amigos, pero era él el que tenía que comerse las lideras de las pobres jóvenes - ¿Decías? - La miró de reojo fingiendo que no la había escuchado para luego reír de nuevo - Claro que no, que una mayoría sea de un modo no nos hace a todos iguales.

Negó levemente con la cabeza mirándola, pasándose levemente la lengua por los labios - Vamos, pero si ya te estás quejando, listilla - Se encogió levemente de hombros negando nuevamente, no lo decía a modo recriminatorio, si no con cierto aire de burla y solo por meterse con ella, por alguna razón era algo realmente divertido. - Además este día es a lo que invita, a dormir.

Otra cosa quizás no, pero Lupin siempre había sido un tipo bastante previsor, por lo que el haber llegado a aquel campamento con todos los juegos de mesa que pudo meter en la pequeña maleta había sido simplemente una muestra de ello. Para nada había pensado en que se fuesen a aburrir, es más, con la panda que iba con él dudaba enormemente que tuviese tiempo para aburrirse, pero conociendo el tiempo que solía dominar la zona en la que acamparían era una locura no pensar en que algún día llovería y con ello el senderismo o simplemente el salir a dar una vuelta o tumbarse en la playa al sol sería inviable.

- Vale, visto así lo que acabo de decir suena estúpido, además el agua suele estar mejor cuando llueve, pero no es agradable venir mojado hasta la tienda por no empapar la toalla y que no sirva de nada ¿No crees? - Además de que la arena se pegaría a la susodicha y luego a su piel, cosa que le desagradaba, podía soportar quemarse con el sol, el agua helada, cualquier cosa, pero la arena de playa escondida en lugares que nunca antes habría pensado que podían llenarse de arena lo desagradaban enormemente - Un poco, pero descuida, no pasa nada, se ha entendido tu punto acerca del frío - Asintió levemente, sonriendo antes de frotarse la nuca suavemente.

- Es un juego en el que hay una torre con fichas rectangulares alargadas y tienes que ir sacando de las filas de abajo y colocarlas en la cima sin que se caigan todas, mucho pulso, siempre gano a mis padres - No tenía el mejor pulso del mundo, pero trataba de conseguirlo ya que por muy calmado que fuese, tenía también aquel orgullo que casi todo el mundo tenía, osea, le gustaba ganar igual que a cualquier ser humano, que si alguien dijese que no le gustaba, estaba probablemente mintiendo - Al menos tenías una buena decoración y se tomaron el tiempo de colgarlas - El no tenía aquel problema, realmente cuando alguna carta había llegado a sus padres había sido probablemente destruida o simplemente ignorada por que habría sido algún tipo de aviso sobre las compañías de Remus y que estas le llevarían al fracaso y bla,bla,bla, sus padres siempre apreciarían a los merodeadores por haber logrado que su hijo se sintiese más normal dentro de su anormalidad.

Negó levemente aunque agradecido por aquel gesto, no le gustaba que le viesen sin camiseta principalmente debido a que algunas cicatrices eran bastante visibles en aquella zona y eso generaría preguntas, a demás de que al lado de sus compañeros quienes adoraban ir sin camiseta tendía a sentirse poca cosa, por lo que rápidamente se quitó la camiseta, para reemplazarla por una seca, sacando la mojada fuera para que no empapase la tienda - Gracias.
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Danielle J. Maxwell el Jue Sep 03, 2015 6:52 pm

Para que funcionase el "papaya" había que hacer que fuera una norma de la relación, es decir, coger a tu pareja y hablarle seriamente de las palabras que supondrían significados ocultos para ambos. Tengo algunas en mente: "papaya" sería la palabra utilizada en momentos de hostilidad y discusión y, automáticamente, se dejará de discutir. No importa el pretexto ni el motivo. Muchas veces las discusiones se recreaban por estados de ánimos y hablar de algo serio estando cabreado no era muy buena idea. Por lo que la "papaya" era una manera de posponer la discusión o simplemente olvidarla. Otra palabra que siempre he pensado que sería tan útil como "papaya" es "picaporte", esa palabra la utilizaríamos mi novio y yo para informarnos EN PÚBLICO que tenemos ganas de hacer caca. Así nos apoyamos mutuamente en intentar que nadie nos moleste en el baño y de que nadie se entere.

Claro que funcionarán. Aunque para eso hace falta que implantes el Método de Seguridad y Señales en Pareja de Danny Maxwell, en honor a su creadora. Aunque a mi me gusta llamarlo el método SSP —Lo miré de reojo con una traviesa sonrisa. Cuando me da por inventarme cosas no hay quien me pare. Alcé una ceja y reí cuando intentó hacerse pasar por esos tíos que no escuchan y, finalmente, le tendí la mano en modo de empate—. Entonces ni tú eres un insensible que no escucha ni yo una loca retorcida… —dije con una sonrisa, mirándole a los ojos—. Nos vemos con buenos ojos, como nuestros padres —Me reí de mi propio comentario. Pero era cierto... Me ponía a pensar en todos los posibles defectos que podrían tener los tíos y demás en una relación convencional (atendiendo claramente a lo que he escuchado y visto en películas) y no veía a Remus siendo ninguna de esas cosas.  

Un poco estúpido sí que sonaba no bañarse en el mar porque llovía. Realmente eso era una tontería. Estaba claro que lo peor de todo venía siempre después, en ese momento en dónde quieres salir y no tienes nada en lo que secarte porque, obviamente, todas tus cosas están empapadas porque ha estado lloviendo. Pero oye, la experiencia, aún así, parecía ser muy guay. Aunque hablando con propiedad… yo era una mujer conservadora, por lo que prefería mil veces estar en la caseta con Remus a la espera de jugar a algún juego que en el agua bañándome mientras llueve.

Entonces me explicó de qué iba su juego y se me encendió una bombillita en la cabeza. Era esa sensación de saber qué conoces algo pero no saber ubicarlo en tu propia memoria. Con su descripción, no obstante, ya me había venido a la mente un recuerdo en dónde yo me encontraba jugando con un amigo muggle a ese juego.

¡Sé cual es! —dije, sonriente—. He jugado y he de decirte que soy malísima. Mi pulso es similar al de Stephen Hawking con parkinson. ¡Imagínate! —Stephen Hawking tenía una enfermedad que no le permitía mover sus músculos con facilidad, por lo que cuando intentaba mover algo parecía un poco ortopédico. Imagináos eso, pero encima con parkinson—. Lo tiraba todo nada más empezar casi. Nunca más me dejaron jugar porque las partidas conmigo eran muy cortas, además de que no me gusta jugar a juegos en los que siempre pierdo. Odio perder... —De hecho, era una malísima perdedora. Aunque siempre atendiendo a las personas con las que jugara y a qué estoy jugando.

Entonces, como no quería ser el motivo de que mi amigo se pusiera malo por no querer cambiarse la camiseta, me tapé los ojos con las manos y le dije que se pusiera la camiseta, ya que, como amiga que vela por la sanidad de sus amigos, no iba a permitir que se quedara con esa. Mientras se la cambiaba —pues tengo oído y no es muy difícil saber cuándo se la está quitando y cuándo se la está poniendo—, entreabrí los dedos para ojear. Aunque desde que le vi sin camisa (probablemente durante dieciséis milésimas de segundo que mi mente hizo que fueran por lo menos cinco segundos), volví a cerrar los dedos para no mirar nada, ya que me dio vergüenza. Espero que no se haya dado cuenta.

Pero por suerte, dijo “gracias” y no dijo nada más, motivo principal de que yo diera por hecho que no se había dado cuenta de nada. Suspiré más tranquila y me destapé los ojos y sonreí ampliamente, mirando los juegos que tenía. Aunque realmente no tenía ganas de jugar a ninguno, yo era de cartas. Las cogí y las saqué, barajándolas mientras me acomodaba en las mantas que no sabía si eran de Remus o de su compañero.

¿Te leo las cartas? —Dije divertida, ya que era lo que mejor se me daba de adivinación y él lo sabía ya que siempre alardeaba de ello en clase. Cogí cuatro cartas y las puse boca abajo— Ya sabes que pro soy adivinando a través de las cartas —Levanté una de ellas, era el Rey de Espadas. Lo miré preocupada. Levanté la segunda, era el tres de copas. Lo miré con angustia, como si fuera a morirse. Levanté la tercera, era la sota de oro. NO COMPRENDÍA ESA CARTA AHÍ. Miré a Remus confusa. Luego levanté la última sin enseñársela, sino que la miré yo sola. Entonces, lo miré con asombro. Era el UNO de BASTOS.

Le vas a dar con un basto a Luke después de tomarte tres copas y te vas a quedar a cuerpo de rey —Predije, mirándole con cara de pocos amigos, ya que ni yo misma me creía lo que acababa de decir— Bueno, a lo mejor no se me da tan bien como pensaba —Solté una risilla y volví a unir todas las cartas en el mazo.

¡Danny! —Gritó Luke desde fuera. ¡Bien! Así no tendríamos que darle importancia a mi predicción— ¡DANNY, ¿ESTÁS VIVA?!

Me asomé por la puerta de la tienda y llamé su atención con la mano. En plan: “estoy aquí”, fue fácil, ya que estaba cerca, debajo de un árbol, mientras se subía la cremallera. Posiblemente estuviera haciendo pipí.

NO POR TI ESTOY VIVA, CACHO PERRO —le insulté cariñosamente, ya que nunca insulto a nadie porque soy una persona adorable y muy respetuosa, sobre todo con mis amigos—. Sigue durmiendo, que estoy jugando a las cartas con Remus.

Y sin decirle nada más, volví a meterme al interior para cerrar la cremallera y mirar a Remus con una sonrisa incómoda.

Mejor dejamos de leer cartas y jugamos a algo más sencillo. ¿Pumba? ¿Al burro? ¿A buscar parejas? ¿Un rápido? —le pregunté, dándole a entender que me daba exactamente igual a qué jugar—.Sé jugar a prácticamente todo. Te dejo que elijas.
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Danielle J. MaxwellUniversitarios

Invitado el Lun Sep 28, 2015 8:44 pm

Quizás Danny era mejor consejera de pareja de lo que ninguno de sus amigos lo fuese a ser jamás, aunque cabía destacar también que cuando dichos amigos estaban más pendientes de cuantas faldas levantar en una semana que en mantener una relación estable normal, dudaba que pudieran dar ningún consejo válido para más de una noche, de hecho tenía más que claro que si algún día llegaba a querer consejo de alguien que entendiese de aquel tipo de situaciones no sería a sus amigos a quienes preguntase, ni a su padre, su padre sería todavía peor opción que sus amigos aunque por motivos radicalmente distintos ya que pensaba que no era seguro para la naturaleza de su hijo el tener aquel tipo de relación en la que tendría que guardar el secreto de su licantropía para no asustar a la muchacha que decidiese inmiscuirse con él, por lo que lo incitaría a cortar con su pareja o directamente darle consejos adversos para que la relación nunca llegase a cuajar.

- Quizás deberías escribir un libro, ya sabes, patentar tus consejos y lucrarte de ellos, así no tendría que trabajar nunca más , al fin y al cabo los problemas de pareja son algo que siempre existirá, osea que hasta tus hijos vivirán de ese libro - Asintió levemente convencido, era un hecho que un solo libro no iba a sacar a la chica y su futura hipotética familia de tener que trabajar, pero si la cosa le iba bien con un primero podría hacer como casi todos los escritores muggles, escribir secuelas del primer libro, o incluso pre-cuelas en las que hablase de cualquier tontería, se vendería si el primero se vendió, así era el mundo muggle en lo respectivo a los libros. Sonrió levemente mirándola. - Supongo que para ser una loca o un insensible tendríamos que haber crecido con gente así...O haber caído en Slytherin, creo que eso también habría colaborado a nuestro declive como personas coherentes y relativamente maduras - Se frotó levemente la nuca.

No era demasiado fan de la sensación de estar mojado con ropa, ni siquiera era de su agrado el sentir la arena mojada bajo sus pies. Aunque su padre se empeñaba en decirle que antes del mordisco del hombre lobo se pasaba horas en la arena mojada, él ni lo recordaba ni lo sentía. Si que le gustaba estar en el agua con su bañador, jugando o simplemente flotando por horas, pero salir era otro cuento. Por otro lado encontrar sus cosas mojadas y con la arenilla pegada tampoco le hacía gracia, osea que simplemente evitaba acercarse a la playa cuando el tiempo amenazaba con descargar agua o cuando directamente llovía. Aunque sonase extraño, podía detectar cuando llovería y cuando era simplemente una neblina tonta, su olfato a pesar de ser menos efectivo que cuando toma su forma animal, estaba probablemente más desarrollado que el de los demás ,trayéndole graves problemas al bajar al aula de pociones con aquel batiburrillo de olores tan característicos de algunas plantas.

- Bueno, Stephen Hawking probablemente jugaría con algún aparato electrónico y sería todo un as en el juego, aunque eso sea un poco trampa. - No pudo evitar reírse ante aquella confesión de la rubia, negando levemente con la cabeza antes de mirarla - Perder es parte de cualquier juego, si nunca has perdido nunca llegarás a ganar, al menos no lo sentirás al cien por cien, al menos eso solían decirme de pequeño cuando me sentía desganado por ser mal guardián. Aunque ahora no soy mucho mejor tampoco soy el manta que hace unos años - Tampoco le gustaba perder, dudaba que a nadie le gustase o simplemente no le importase, dentro de casi todo el mundo hay un espíritu competitivo que atender cuando se compite, valga la redundancia de la frase.

No le gustaba que le viesen sin camiseta, de hecho incluso en los vestuarios de Quidditch solía quedarse el último o salir el primero para evitarlo. Era consciente de las cicatrices que eran más visibles en su cuerpo que, aunque no eran demasiadas, algunas eran bastante visibles y para ahorrarse las preguntas o pitorreos al respecto prefería no mostrar. Ni se fijó en si ella mantenía o no las manos ante sus ojos, se fiaba de la chica y por ello tampoco se iba a poner a analizar si miraba o no.

Fue un momento incómodo y sobre todo se le hizo eterno aunque lo hizo todo lo rápido que pudo antes de que ella se cansase o simplemente por no hacerla estar en aquella posición durante mucho tiempo. Dejó la camiseta donde no mojase nada, frotándose un poco el pelo para quitar la poca agua que pudiera quedar en este, mirando con atención como barajaba las cartas, no era bueno en juegos de cartas, pero si era lo que hacía que la chica se divirtiese no sería él quien cambiase el juego que podrían jugar.

No pudo reprimir una leve carcajada ante su "destino" dado por la interpretación de Danny de aquellas cartas, a lo que negó levemente abriendo un poco los brazos como intentando decir que sería inocente de aquella acción - Quizás deberías avisar a Luke en vez de a mi, no creo que le haga especial ilusión el recibir dos bastonazos por que el destino lo haya deparado de ese modo - Además de que a su parecer el destino se podía cambiar, claro que se podía, siempre y cuando no entrañase algún tipo de enfermedad incurable o la muerte por estado avanzado de edad y esas cosas que ni la ciencia ni la magia lograban remediar aún con los avances de ambas disciplinas, por llamarlas de algún modo. - Igual sabes leerlas bien pero no consigues encontrarle sentido al o que ves, dicen que eso pasa a veces con cualquier tipo de método de adivinación. - Asintió levemente poniendo las manos sobre sus rodillas para estirar estas un poco sin darle a ella, pero si quedando algo cerca de esta - ¿Te molesta que esté así?

Lo siguiente fue escuchar la voz de Luke, con la consecuente respuesta de la chica, haciéndole negar levemente con la cabeza ante la conversación tan extraña que estaban manteniendo, cualquiera diría que eran realmente amigos ante aquel intercambio de palabras entre ambos.

Aprovechó para "peinarse" un poco ya que debía de tener los pelos disparados hacia todos los lados debido a haberse cambiado de camiseta segundos antes y sonrió levemente al escuchar nuevamente a Danny dirigirse hacia él, asintiendo levemente con la cabeza antes de responder - Bueno, de todo eso sé jugar al burro y asumo que a las parejas ya que no parece que sea un juego demasiado complicado. Osea que tu eliges de esos dos el que más rabia te de.
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Danielle J. Maxwell el Miér Oct 21, 2015 12:45 am

¿Escribir un libro? ¡Menuda pereza! Mis conocimiento con respecto a la vida de pareja venían ligadas a lo que había visto tanto en mis padres como en mi sala común, siendo casi siempre mis compañeras de habitación la que me daban su visión de la discusión. A mí, como no me gusta discutir, pues me parece que es una pérdida de tiempo pues tienes la molestia de enfadarte y luego la pereza de desenfadarte, por lo que prefiero no discutir nunca. Así que cuando mi pareja y yo tengamos un discusión, la palabra Papaya será la encargada de hacer que dejemos de discutir. ¡Vaya que sí! Pero claro, hacer un libro yo sobre parejas teniendo en cuenta que nunca he tenido pareja… Es un poco raro.

Un libro. Nadie compraría un libro de “Soluciones de pareja” de una niña que nunca ha tenido pareja —dije claramente, pues mi lógica racional básica me había ayudado a deducirlo. Solté una divertida carcajada cuando Remus nombró a Slytherin y luego añadió lo de la madurez y lo de la coherencia. La verdad es que había sido un punto bueno.

Me imaginé a Stephen Hawkings jugando a ese juego con algún tipo de aparato electrónico y me hizo mucha gracia. Pero no me reí, porque en el fondo ese hombre era un crack y yo le respetaba aunque a veces me riera un poquito de él. Luego, lo que dijo sobre perder y ganar, me recordó a mis padres. Sin duda se llevarían bien. Pero a mí no me pasaba lo mismo que a ellos, yo no necesitaba perder para saber ganar, ni viceversa. ¡Era una tremenda tontería! Así que mientras él me contaba eso, yo negaba con la cabeza continuamente para dejar claro que no estaba de acuerdo con esa filosofía de vida.

He perdido muchas veces en mi vida jugando a todo, por eso valoro tanto el ganar. No me sabe nada cuando juego y pierdo, si yo juego, es para ganar. Llámame competitiva, pero es simplemente realización personal. Cuando pierdo me cabreo y me pongo triste y cuando gano me pongo feliz —me encogí de hombros—Quizás a juegos de mesa me lo tomo menos personal, pero ya que has sacado el tema del Quidditch… Me ha costado mucho llegar a ser buscadora como para no cabrearme si pierdo. Además, ¡quiero dedicarme a eso! ¿Qué clase de buena elección seré para la universidad si pierdo mis partidos en el colegio? —le pregunté retóricamente, ya que ese era mi pensamiento. Perder era una mierda y a mí eso de: “por lo menos participaste” me parecía una chorrada inmensa.

Mientras Remus se cambiaba la camisa y yo NO miraba, me puse a pensar en qué juegos podríamos jugar. La verdad es que las cartas tenían una infinidad de posibilidades, pero lo malo de eso es que no todas las personas del mundo sabíamos jugar a lo mismo. Esperaba por lo menos tener algo en común con Remus para no pegarnos tres horas decidiendo juego. Aunque a mí cualquiera me valía. Antes de decidir ningún juego, le leí las cartas, aunque debo admitir que se me da de culo leer las cartas.

Puede ser eso, seguro que es eso —dije divertida, acogiéndome a la excusa de que sabía leerlas pero no interpretarlas bien—No, no me molesta —le dije sonriente cuando puso sus piernas estiradas cerca de mí.

Tras que me dijera a los juegos que sabía jugar, que eran relativamente pocos, me decanté por el más típico pero que nunca pasa de moda: el de las parejas. El burro estaba bien, pero era demasiado sencillo y a la larga terminaba aburriéndome, por lo menos el de las parejas tenías ese propósito de memorizar las que han salido y ponerte nerviosa por saber si tu contrincante tiene mala o buena memoria como para ganarte.

Pues el de las parejas, que como bien has dicho no tiene mucha ciencia —dije divertida, terminando de barajar. Entonces como entre él y yo no había suficiente hueco en dónde poner todas las cartas boca abajo, lo que hice fue moverme y colocarme a su lado, para poner las carta en frente nuestra—Me pongo aquí para poder poner las cartas —le expliqué a la vez que ponía la primera carta y continuaba poniéndolas todas formando una perfecta cuadrícula. Me pegué unos largos segundos colocándolos, pero no demasiado. Cuando terminé, me aparté el pelo húmedo de la cara y me lo hice todo a un lado—Empiezo yo —me auto proclamé la que empieza, dándole la vuelta a dos cartas aleatorias del centro: era un Rey y un cinco— Como no son iguales, les vuelvo a dar la vuelta —les di la vuelta— Te toca. Si aciertas te vuelve a tocar. Al final el que más parejas tenga, ganas.
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Invitado el Lun Nov 02, 2015 10:04 pm

Dicho de aquel modo hasta el dudaba de la efectividad de aquel libro sobre consejos, pero también era cierto que muchos escritores no tenían demasiada idea sobre lo que daban consejos o sobre lo que escribían directamente al no haber vivido ninguna de las situaciones sucedidas en sus libros. Había libros que narraban apocalipsis zombies con total credibilidad y sin embargo era imposible que su autor lo hubiese vivido, además de que claro, el hecho de que diferentes autores hablaban de los no muertos con diferentes características igual era lo que lograba desconcertar a veces, por lo que un libro escrito desde la inocencia del desconocimiento quizás ayudase más de lo que la rubia podría llegar a pensar, o al menos eso le parecía a él.

- Bueno, ellos no tienen por que saber que nunca la has tenido, además igual eres una gran consejera sin saberlo, cosas peores se han visto en esta vida - Se encogió levemente de hombros mirando hacia arriba al ver la tienda volver a sacudirse levemente ante las gotas que volvían a caer con fuerza, daba gracias a que aquellas estructuras estaban totalmente preparadas para soportar aquel tipo de temporales y lo que era más importante, que la gente con quienes la había montado sabía cual era la manera correcta de clavarla al suelo para evitar que una mala racha de viento levantase el pedazo de tela y alambres de la tierra como si de una hoja de papel se tratase.

Obviando el momento de burla respetuosa a Stephen Hawkings, la verdad es que era bastante cómico el modo en el que se lo imaginó en plan Inspector Gadget sacando un gadgeto brazo de la silla de ruedas y con ello dejando a todos los confiados contrincantes con una cara de tontos que podría ser como para enmarcar. Aunque dijese lo que estaba diciendo, Remus no era tampoco de aquel tipo de persona a la que le daba igual perder, claro que le gustaba ganar por encima de todo, pero no siempre se podía y había que experimentar lo que era perder en algo para saber lo que era realmente y no llegar a tener tan mal perder como otros de sus compañeros a los que había visto perder los estribos.

- Que prefieres ganar es algo de lo que me he dado cuenta, descuida, que me libren de enfrentarme a ti en el Quidditch, doy gracias a ser guardián y no tener que pelear contigo por la snitch. De todas formas puedes ser muy buena jugadora y si el equipo no ayuda tampoco vas a lograr ganar tu sola, por lo que es algo a nivel individual y en eso estoy seguro de que no tienes ningún problema para impresionar a cualquier ojeador que se te ponga delante - Claro que suponía que el ganar los partidos y demás si podría contar, pero si era igual que en el fútbol muggle, muchas veces lo importante era deslumbrar a quienes iban a verte con una buena actuación, independientemente de que ganases o perdieses ya que dentro de lo que cabe un equipo no es solo una persona, y por más que esta se dedicase en cuerpo y alma a marcar goles, si tenía un portero coladero no serviría de mucho el que se inflase a marcar goles, aunque si era cierto que en el mundo del Quidditch era diferente por eso de que el buscador se traga 150 puntos de una tacada si agarraba la snitch.

Miró como la rubia era la que comenzaba aquel juego, sonriendo levemente al ver que no conseguía la primera pareja, aunque dudaba que el fuese a conseguirla tampoco teniendo en cuenta que era bastante gafe. Se frotó la barbilla pensativo, dando la vuelta a la primera carta, siendo esta una sota de bastos, pensando en a cual darle la vuelta - ¿Eres consciente de que soy pésimo jugando a estas cosas no? Vas con ventaja - Se rió levemente dando la vuelta a otra, topándose con un as de copas - ¿Ves? - Chasqueó la lengua levemente sonriendo después, volviendo a colocar las cartas como estaban en un comienzo - Tu turno.
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