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Singing in the rain. {Leonardo Lezzo}

Lisbeth Ravensdale el Lun Jul 20, 2015 12:06 am

Habían pasado varios meses desde el ataque que acabó con mis padres y hermanos. Después de haber estado ingresada en el hospital y de que me diesen el alta me habían ofrecido dejarme estar en casa de mis tíos un tiempo para que pudiese recuperarme del trauma antes de volver a los estudios, pero yo no quise eso. No quería ir a vivir con mis tíos. Sabía que ellos eran buenos, pero mi tía era una de los que le habían hecho eso a mi familia, y sabía que siempre estaría paranoica, dudando sobre la verdadera lealtad de Theo y Gregor y sus esposas, e incluso sus hijos, sobre todo Hayden y Sarah.

Quise volver rápidamente a Hogwarts para distraerme con los estudios y así pasar el día entero pensando en trabajos y hechizos y pociones y exámenes y Quidditch y no pensar en lo que había pasado. Muchas veces lo encontré demasiado difícil; los recuerdos de lo ocurrido se reproducían en mi mente como imágenes en una pantalla de cine. Era horrible. No comía y no dormía y no hablaba con nadie, pero hice todo lo que pude y saqué el curso adelante.

Cuando acabó el curso tuve problemas. No quería ir con mis tíos, pero no podía volver a casa. Aunque quisiese volver allí no podría, pues estaba en obras ya que había quedado destruida en varias partes durante el ataque. La mayor parte del destrozo fue mi culpa, y al final no sirvió para nada. No tenía dinero para alquiler un piso, y mis tíos no querían que viviese sola así que no me daban dinero para así obligarme a volver con ellos, pero no lo haría, todavía no estaba preparada. Estaba trabajando en lugares Muggles para ahorrar un dinerillo que a lo mejor podría cambiar por galeones en Gringotts más tarde. No podía usar el dinero en un alquiler de un piso muggle pues aunque en el mundo mágico era mayor de edad en el Muggle aún me faltaba un año para eso. Mientras tanto estaba quedándome en casas de amigos, y estudiaba mis opciones. Seguramente acabaría teniendo que volver con mis tíos.

Aquella tarde de sábado no tenía nada que hacer. Había quedado con mi amigo Leonardo, quién ya se había graduado. Desde lo del ataque casi no había hablado nada con él ni con nadie, y él también había estado un poco callado aunque no sabía por qué. Ahora ya estoy más tranquila de lo que estaba hace meses y era capaz de quedar y de tomar algo y de charlar, aunque sonreír... Sonreír todavía era algo difícil. ¿Cómo podía sonreír si mis padres, Robb, Lyanna y Richard ya no volvería a sonreír ni a reír conmigo nunca más?

Mientras me dirigía caminando hacia el café donde habíamos quedado en el centro de Londres comenzó a llover. No era nada, apenas un calabobos, y todavía hacía sol. Me había puesto una chaqueta con capucha al salir de la casa de mi amiga en la que me estaba quedando estos días, así que me puse la capucha y continué caminando sin más. Antes me encantaba cuando llovía mientras estaba en la calle, me encantaba empaparme y escuchar música mientras cantaba bajo la lluvia. Ya no cantaba, aunque lo añoraba. Tenía el iPod metido en el bolsillo de la chaqueta, más por costumbre que por otra cosa, pues no lo usaba desde hacía muchísimo. Estaba medio tentada a ponerme el auricular y darle al Play y sentir lo que solía sentir antes.

Llegué al café puntual, y entré. Me quité la capucha, dejando al descubierto mi largo cabello pelirrojo, y miré a las mesas a mi alrededor a ver si Leo ya había llegado.
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Leonardo Lezzo el Vie Jul 24, 2015 2:09 am

El verano jamás había sido tan maravilloso para Leo. Estaba libre de obligaciones aunque a su vez sentía como si una nube negra se aproximara con demasiada rapidez. Se encontraba en ese estado de calma que precede a una tormenta. Entrar en la universidad no iba a ser camino fácil. Recién comenzado el verano ya empezaba a tener problemas. La madre de Leo estaba encantada con la idea de que su hijo estudiase para auror pero la economía no les permitía mantener un piso cerca de la universidad. Tanto madre como hijo pasaron mucho tiempo buscando una solución hasta que encontraron un piso de estudiantes bastante barato. Lo bueno es que no estaría solo en una casa. La única parte mala es que compartiría el piso con tres desconocidos. Esa idea desagradaba al chico. Estaba acostumbrado a compartir habitación, baño y comidas con más gente gracias a Hogwarts pero la idea de vivir solo le atraía más. La economía familiar no lo permitía y debía aguantarse. Dos semanas antes de empezar la universidad iría a visitar el piso con los demás, y así podrían conocerse. De momento es tiempo de ver a gente conocida. Leo aprovechó que se quedaba en Londres para ver a sus escasos amigos. Entre ellos Yvette. Hoy mismo había quedado con Lis. Desde los ataques de Hogwarts que no había sabido nada de ella y fue triste enterarse de su desgracia por los diarios. Por eso mismo decidió quedar con ella y hablar. Sentía pena por ella y no sabía en que situación se encontraba. Lis iba a empezar su último curso en Hogwarts, y esta vez no estaría Leo para consolarla. Eso apenaba el ex-Gryffindor.

Leo puso interés en encontrar ropa adecuada para verse en Londres. El día estaba nublado y amenazaba lluvia, de modo que el paraguas no podía faltar. Tenía tantas ganas de ver a su amiga que llegó pronto al bar y la esperó tomando un refresco. La mayoría de chicos de su edad no dudaban en pedir copas con alcohol nada más entrar en los bares. Leo no lo hacía por una sencilla razón, ya había visto el efecto del alcoholismo en una persona y no deseaba verlo nunca más. Mucho menos en él mismo. El amable camarero le acompañó la bebida con unas aceitunas y Leo correspondió con una sonrisa. No tardó en llegar Lis, que destacó en aquel bar medio vacío gracias a su abundante melena pelirroja. - ¡Lis! - Gritó el chico levantando una mano para ser visto. Inmediatamente se acercó a la chica y le dio un pequeño abrazo. - Me alegra verte. - Quiso decir algo para animarla pero no supo bien que decir y prefirió permanecer callado. La invitó con un gesto a sentarse con él y llamó al camarero para que ella pudiese pedir algo. Una vez sentados la miró con tristeza aunque sentía ganas de animarla. - ¿Cómo está todo? - Cautelosa pregunta la que el chico formuló para empezar.
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Lisbeth Ravensdale el Sáb Ago 22, 2015 12:53 am

Había entrado en el bar sin estar segura de si Leo ya había llegado o no, pero en cuanto crucé la puerta hacia el interior su voz se oyó por encima de las de los demás e inmediatamente giré la cabeza en aquella dirección para mirarle. Ahí estaba Leo, alzando un brazo para que le viese en aquel mar de mesas. Me dirigí hacia donde estaba él y a medio camino él se levantó y vino hacia mí con la intención de abrazarme. Aunque mi estado de ánimo no había sido el mejor durante los últimos tiempos y durante el trayecto desde la casa de mi amiga hacia aquí, en el momento en el que Leo extendió sus brazos para envolverme con ellos y abrazarme sonreí.  Me sentía bien al ver que aunque había perdido mi familia y mi hogar seguía teniendo a mis amigos que me querían y me apoyaban. Al menos eso me daba una buena razón para salir adelante a pesar de todo, y sacaba muchas fuerzas de ellos para no desmoronarme. No podía permitir que todo terminase de irse al garete, tenía que luchar por conservar las fuentes de alegría que aún me quedaban y por recuperar la vida que habían intentado arrebatarme. Tenía que ser valiente, y aunque me costaba tanto esfuerzo como si estuviese arrastrando yo sola todo un tren con una cuerda montaña arriba, lo conseguiría. Costase lo que costase, lo conseguiría.

-Lo mismo digo- dije con una pequeña sonrisa sincera cuando dijo que se alegraba de verme. Yo me alegraba mucho de verle a él, pues apenas había podido verle en sus últimos meses en Hogwarts. Entre que yo estaba hecha una mierda y que él tenía exámenes para los que estudiar, no había habido casi tiempo para cruzar dos palabras. Pero agradecía poder pasar ahora un rato tranquilo con un buen amigo, lo necesitaba.

Nos sentamos en la mesa en la que él había estado esperándome y no tardó en llegar una camarera a preguntar qué quería tomar.- Un zumo de naranja, por favor. Sin pulpa- le pedí, y ella fue a por ello. Había dos cosas que me relajaban mucho al beberlas, el chocolate caliente y el zumo de naranja. Ya había tomado demasiado chocolate caliente en el desayuno, y me apetecía tomarme el zumo. El sabor me daba alegría, por alguna razón.

Leo me preguntó que como estaba todo, que era mejor que preguntar directamente cómo estaba yo. A la gente le aterrorizaba aquella pregunta, les incomodaba pensar en mi reacción, aunque lo más normal del mundo es que tus amigos te pregunten como estás aunque sepan que estas mal, por si hay algo que tienes guardado y quieres soltarlo en ese momento. Suspiré y me encogí de hombros mientras curvaba mis labios en una media sonrisa.- Pues ahora mejor. Conseguí no repetir, que es un milagro, así que eso me ahorra problemas. No quiero ir a vivir con mis familiares, así que estoy en casa de gente y voy cambiando de hogar más a menudo que un hippie gitana, pero no pasa nada. Estoy ahorrando algo de dinero y quizás pronto logré tener dinero para irme sola a un motel hasta que empiece el curso. Podría irme ya, pero no quiero tocar la herencia... Es muy pronto- no sabía qué más podía decirle para ponerle al tanto de mi situación actual, así que no dije nada más.

La camarera llegó entonces con mi zumo y de lo agradecí. Tomé un sorbo y al instante me sentí mejor, aunque los efectos del chocolate siempre eran incluso mayores.- ¿Y tú qué, qué tal andas? Debe de ser emocionante ir a empezar ya la universidad- dije con una sonrisa un poco mejor que la de antes. Pensé en la universidad. Yo nunca había querido ir, tenía planes para seg jugadora profesional de Quidditch... ¿Pero ahora? No sé si esos planes seguirán en pie.
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Leonardo Lezzo el Dom Sep 20, 2015 11:43 pm

Por más amigos que fuesen Leo habló con Lisbeth de forma contenida. No sabía muy bien como abordar el tema ni como preguntarle por su estado sin dañarla. Lisbeth había pasado por un trago traumático y Leo se andaba con pies de plomo. Así es como lo trataron sus conocidos tras la muerte de su pare. Los vecinos, los familiares lejanos... Todo aquel que no sabía que la muerte de su padre no le dolía en absoluto. En el caso de su amiga era diferente. Ella estaba dolida de verdad porque tenía gran estima a su familia. Lo único que hizo bien a sabiendas fue darle un abrazo. La gente necesita de ese tipo de contacto cuando se encuentran mal. No es que Leo repudiase ese tipo de comportamientos, lo que ocurría es que no estaba acostumbrado a ello. Ese ser al que le obligaban a llamar padre veía los besos y los abrazos como signos de debilidad. Si Leo abrazaba a su madre para consolarla, este recibía una buena tunda por ello. En el chico quedó la sensación de que el contacto estaba mal. Poco a poco y tras la liberación que supuso la muerte de Mael, Leo se iba soltando para ser más cariñoso con las personas que lo merecían.

Lis pidió un zumo de naranja y automáticamente a Leo se le hizo la boca agua pensando en ello, aunque ya tenía su refresco. No hay gran variedad de bebidas sin alcohol en un bar, de modo que automáticamente pide refresco porque odia las infusiones. No quiere tomarlas si no es que le duele la barriga. El chico pensó que su amiga estaba tan bien como siempre aunque había una sombra oscura en sus ojos. No era para menos. La dejó hablar sin interrumpir y a cada palabra iba sintiendo más pena. Si él pudiese hacer algo por ella lo haría, pero también estaba en una situación poco confortable. - ¿Y tus familiares no te piensan ayudar? Aún no eres mayor de edad en el mundo muggle pero podrían ofrecerte algo. - Leo tomó una servilleta y sacó un bolígrafo de su chaqueta para escribir en ella. - Esta es mi dirección. Estaré alquilado en ese piso lo que duren mis estudios, o eso espero. Comparto piso con Jason. Creo que a ninguno de los dos nos importaría cederte la cama. Si te ves con la necesidad, ni lo dudes. - Leo le entregó la servilleta donde había anotado la calle, el número de portal y el piso donde estaría viviendo de ahora en adelante.

Podía hacerse una idea de su situación pero nada que ver con la realidad que Lis tenía que afrontar cada día. La familia que le quedaba no le gustaba y prefería vivir en un motel que con ellos. ¿Qué clase de gente permite eso? Si necesitaba hablar más de ello Leo la escucharía y la consolaría dentro de sus posibilidades, pero sabía por experiencia que lo mejor era cambiar de tema. Fue la misma Lis la que preguntó por la vida de Leo para airear la mente. - Más que emocionante es acojonante. Ha sido una odisea encontrar un piso cerca de la uni. Además, los muggles no nos ven como adultos y les parece extraño que dos chicos de diecisiete años vivan solos. Al menos tenemos cerca a Luke y a Natalie, no nos vamos a aburrir. - El chico tomó un poco de refresco para hacer una pausa y dejar turno de replica. - Me da un miedo horrible la universidad. El mismo miedo que me daba Hogwarts a los once años. Para que te hagas una idea. - El sentimiento era parecido aunque el grado de madurez no. Leo sabía muchas cosas que antes ignoraba sobre la magia, y había aprendido a luchar. Estaba asustado más que nada por entrar en una etapa nueva, con gente nueva y lejos de Hogwarts. Lejos también de Lis, de Yvette... - Espero que me mandes muchas cartas ya que no vamos a compartir ya más la sala común. - Intentó animarse a si mismo al pensar que seguirían en contacto pese a la distancia. Leo estaba seguro de que visitaría Hogsmeade cada fin de semana con la esperanza de encontrarse con sus amigos de cursos inferiores.
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Lisbeth Ravensdale el Vie Oct 16, 2015 10:55 pm

Me relajaba estar así, tomando tranquilamente algo con un amigo sentados en un bar. Era algo tan mundano que parecía que la vida seguía igual, que nada había cambiado, y que todo estaba bien. Eran los pequeños momentos de paz los que poco a poco iban curándome y a los que me aferraba con la esperanza de que, efectivamente, algún tía todo volvería a estar bien otra vez. Le conté cómo estaba mi situación actual, contándole que iba de un lado a otro sin parar porque no me quería quedar con mis tíos. Leo pareció indignado con mis familiares en ese momento.

-No es eso, sí que me quieren ayudar, lo han intentado en varias ocasiones pero yo he rechazado su ayuda- le expliqué. A lo mejor podía parecer que eso era a causa del típico orgullo Gryffindor que a veces hacía que actuásemos de manera bastante estúpida, así que le expliqué mis razones para rechazar a mi familia, al menos por el momento.- Mi tía Anna Lysa es una de las mortíagas que atacó a mi familia. Mató a mi hermano- murmuré.- Ahora está en Azkaban. Siempre fue la oveja negra de la familia, pero algunos de mis familiares se parecen a ella. La mujer de mi tía y dos de mis primos, por ejemplo. Son el típico estereotipo de Slytherin malvado, son crueles y… y sé que a lo mejor es una tontería y que ellos no son para nada como Anna Lysa, que solo son adolescentes demasiado brabucones para su propio bien, pero en el fondo me da miedo. Me da pánico que sean como Anna Lysa, y me niego a estar todo el tiempo vigilándome las espaldas por si alguno de ellos me hace lo que hizo mi tía. Me niego a vivir con esa paranoia- dije con tono muy decidido. Hasta que no estuviese completamente segura de que estaba a salvo con mis tíos y con mis primos, o hasta que no supiese defenderme como era debido, no iba a volver a estar bajo el mismo techo que ellos.

Leo me apuntó su nueva dirección y me la dio, diciéndome que si lo necesitaba no dudase en acudir a él. Le sonreí con ternura, pues apreciaba de verdad que fuese tan buen amigo y tan buena persona.- Muchísimas gracias Leo. No quiero ser ninguna molestia… ¡pero algún día te visitaré!- dije, intentando estar algo más animada al hablar.- Tengo que ver tu nuevo piso. Y tengo que ver a Jason, se os va a echar de menos a los dos este año.

Tomé la iniciativa de cambiar de tema, y le pregunté sobre la universidad. ¡A todo nuevo universitario se le debía preguntar por la universidad! Supuse que debía ser emociónate, y reí por lo bajo cuando dijo que era acojonante.- Bueno, es una aventura. ¡Eres un Gryffindor, las aventuras deberían ser lo tuyo! Además, si le tenías miedo a Hogwarts pero te salió todo bien allí, no hay motivo para pensar que no va a ocurrir lo mismo con la universidad, ¿no?- le dije para animarle un poco mientras le sonreía con cariño.- ¿Qué vas a estudiar?

Asentí cuando me dijo que tenía que escribirle muchas cartas.- ¡Claro que sí! Te acabarás aburriendo de ver a mi lechuza todo el tiempo. Y tú tienes que escribirme a mí, ¿eh? Y pásate por Hogsmeade algún fin de semana.

Me terminé mi zumo de naranja y dejé el vaso vacío sobre la mesa.- ¿Quieres ir a algún sitio? Parece que va a llover, pero si no te importa podríamos pasear un poco- le propuse. Los días lluviosos eran bonitos.
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Leonardo Lezzo el Miér Oct 21, 2015 9:01 pm

Al escuchar la nueva situación de su amiga Lisbeth Leo se sentía indignado porque sus familiares no la ayudasen. Al rato entendió que era la propia Lis la que no quería ayuda de ellos. La entendía perfectamente. Y más cuando escuchó lo que su amiga el contaba sobre su tía. Familia de mortifagos. Su tía había matado a su hermano y estaba en Azkaban, pero quedaban sus primos que podían ser iguales o peores que su madre. Lógico y normal que Lis prefiriera buscarse la vida. Leo le ofreció su cama por si necesitaba donde dormir. El sofá que habían puesto en el salón era bastante cómodo, y no temía al dolor de espalda si con ello contribuía al bienestar de una amiga. - Puedes venir cuando quieras. - Leo quería animarla, pero se sentía un tanto angustiado por la situación. - Siento mucho lo de tu tía. Pero esto habla muy bien de ti. Rechazas a los mortifagos y eso, como futuro auror, me agrada. Y te apoyo. No dudes en pedirme lo que sea. - Le resultaba extraño estar hablando de todo eso. Como si la felicidad se hubiese terminado en el planeta.

Por suerte Lis estuvo rápida cambiando de tema. Estaba bien hablar de las cosas malas de la vida si es necesario, pero si ella cambiaba de tema es porque necesitaba airear su mente de problemas. Preguntó al chico sobre la universidad y este le explicó el sentimiento exacto que estaba experimentando. - Como ex-Gryffindor y futuro auror no debería darme miedo nada, pero estoy cagado. Me da miedo no estar a la altura. He mejorado bastante en los duelos, pero tengo entendido que exigen un nivel altísimo en defensa. - Leo se pasó la mano por el pelo un tanto agobiado por la situación. - Ya me dirás que opinas tu el año que viene, lista. ¿Qué te gustaría estudiar? ¿Lo sabes ya? - Los alumnos no suelen ser previsores y piensan en su último año de Hogwarts que estudiar. Leo era un caso extraordinario. Desde que descubrió todo el tema del señor oscuro y la forma de combatirlo quiso hacerlo. Ya fuese siendo auror o perteneciendo a la Órden del Fénix.

Quedaron en escribirse mucho, y el chico lo iba a cumplir. Como se habían terminado las bebidas, Lis propuso ir a pasear por Londres. Es una ciudad bastante acogedora una vez la conoces. Nada que ver con Florencia, pensaba Leo, pero es donde le tocaba vivir. El chico invitó y salieron juntos a la calle. - Si llueve podemos meternos en alguna tienda. No llevo paraguas y no quiero arriesgarme a usar magia con tanto muggle. - Tampoco había mucha gente en la calle, con el mal tiempo aumentaban las visitas a librerías, cafeterías y tiendas de ropa. - ¿Dónde quieres ir? Hay un parque aquí cerca en el que podemos pasear sin rumbo fijo. Hay multitud de animales. - No podía presumir de conocer todo Londres al dedillo, pero el universitario empezaba a conocer lugares bonitos, y empezaba a tener lugares favoritos. El parque estaba entre ellos. Tranquilidad. Gente haciendo deporte. Niños jugando. Todo un remanso de paz en el que no se veía ni rastro de magia por ningún lado y en el que, por un instante, podía olvidar que el mundo estaba lleno de magos y brujas, muchos de ellos con intenciones malignas y él estudiaba para dedicarse a perseguirlos.
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Lisbeth Ravensdale el Dom Dic 27, 2015 7:41 pm

Leo era un chico muy bueno, y le sonreí cuando me dijo que podía pasarme por su nuevo apartamento cuando quisiese. El cambio de tema de después creo que nos vino muy bien a los dos, y desde luego que el ánimo del ambiente cambió. Escuché lo que me contaba sobre sus preocupaciones acerca del futuro, que eran la cosa más normal del mundo para los estudiantes que se acaban de graduar del colegio y van derechitos de camino a la universidad.

-Bueno, tener miedo a este tipo de cosas es normal, aunque a veces se confunde el nerviosismo con miedo- todo el mundo le tenía miedo al futuro porque era incierto y no sabíamos qué esperar, y tendemos a imaginarnos que todo va a ser mucho peor de lo que en realidad lo será.- Estoy segurísima de que cuando empieces a estudiar esa carrera todo te va a ir de maravilla, eres aplicado y en los entrenamientos mejorarás en las cosas en las que a lo mejor tienes que mejorar un poco. Por eso eres un estudiante y no un Auror profesional, ¿no?- le hice ver.- Mi hermano estaba igual de nervioso que tú cuando se metió a la carrera de Auror, y mi padre le dijo que el miedo es lo que nos hace más fuertes porque nos enfrentamos a él, así que si le tienes miedo a no estar a la altura ve a por todas y verás como sí- le dije con una amplia sonrisa, y le guiñé un ojo cariñosamente.

Me quedé un poco pensativa cuando me preguntó qué quería estudiar yo cuando me graduase. Hace poco no habría dudado en absoluto sobre lo que quería hacer, pero ahora no lo tengo tan claro.- Siempre he querido ser una jugadora profesional de Quidditch. Ha sido mi gran pasión desde siempre, así que no tendría que ir a la universidad. Ahora estoy dudando un poco, porque al haber visto en primera persona la maldad que hay en el mundo siento la necesidad de luchar contra los mortífagos, como los Aurores- confesé. Era un nido de dudas en este momento. ¿Debía abandonar mis antiguos sueños para perseguir la justicia?- Aunque creo que hay otras maneras de luchar contra ellos sin ser Auror…

Salimos a pasear por Londres después de abandonar el local en el que nos habíamos reunido. Las calles no estaban muy pobladas debido al cielo gris que prometía un mal tiempo dentro de poco, y Leo propuso meternos en una tienda si se ponía a llover. Yo no quería esconderme ni huir de la lluvia, me encantaba.

-¿Nunca has paseado bajo la lluvia? ¿Corrido y saltado bajo ella? ¿Cantando?- le pregunté mientras paseábamos. De pequeña siempre salía corriendo al jardín cuando llovía, y mi madre mandaba a mi hermano mayor a salir para llevarme de vuelta a la casa para que no me mojase y me resfriase, pero siempre acabábamos los dos jugando bajo las nubes negras que descargaban agua sobre nosotros.- Vale, vayamos al parque.

Fuimos allí, donde se estaba en calma. La gente estaba feliz, como si todo en el mundo estuviese bien y nada malo estuviese ocurriendo. A veces le tenía envidia a los muggles, porque andaban por ahí, tan despreocupados e ignorantes sobre la amenaza que se cernía sobre todos nosotros… Pero luego dejaba de tenerles envidia y les tenía pena. ¿Cómo vas a defenderte de un mal que desconoces? Y ellos son tan víctimas o incluso más de los mortífagos como los magos y brujas que no estábamos en su bando, y no podían defenderse contra su magia, no tenían nada que hacer. Y para colmo, los muggles tenían sus propios males, muggles malos que querían hacerles daño y que estaban destrozando sus vidas y la paz que los magos ilusamente pensamos que tienen.

-¡Ven conmigo!- cogí de la mano a Leo y corrí con él hacia unos columpios que había en el césped no muy lejos de donde estábamos. Todos siempre decían que los columpios solo eran para niños y que cuando te hacías mayor ya no podías montarte en ellos, pero eso son tonterías. No había ningún niño ahí en ese momento, así que pudimos ir sin problemas. Era demasiado alta como para sentarme en el columpio sin que mis pies se chocasen con el suelo, así que me puse de pie sobre él y me puse a balancearme suavemente y luego con más ímpetu para ir más alto.- ¡Es sano sacar el lado infantil de vez en cuando!- le dije a Leo entre risas.

Mientras me balanceaba en los columpios se puso a llover, al principio un poco, luego con más fuerza. Muchas personas que había en el parque salieron corriendo para ponerse a cubierto, mientras que otros se quedaron. Un grupo de gente joven que había estado sentada en el suelo se levantaron y se pusieron a reír y a correr. Su risa era contagiosa, y miré arriba hacia el cielo y dejé que la lluvia cayese sobre mí.

-Don't worry baby don't you cry… As long as we keep getting high… Keep burning like we’re never gonna die…! Fire baby, fire baby, love…- canté bajo la lluvia, como solía hacer antes. La lluvia tenía un efecto extraño, como si me limpiase en el interior. Era una sensación muy buena.- Fire baby, fire baby, love…

Miré a mi amigo con una amplia sonrisa, contenta como pocas veces lo había estado en los últimos meses.

High- Zella Day:
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Leonardo Lezzo el Mar Dic 29, 2015 9:59 pm

El chico quería alegrar a su amiga pero esas cosas no se le daban bien. Tampoco quería forzarlo. Simplemente intentaba hablar de temas más alegres una vez que supo lo que había pasado con su familia. Lis se había quedado sin padres, sin su hermano, y la causante de eso era el resto de su familia, todos pertenecientes al malvado grupo de secuaces del que no puede ser nombrado. Situaciones como aquella le daban fuerza a Leo para continuar estudiando y entrenando fuerte para conseguir ser un buen auror. Muchos mueren por el camino pero eso no le asusta en absoluto. Cambiaron de tema ya que llevaban tiempo sin verse y la situación de ambos había cambiado notablemente. Leo estaba en la universidad y su amiga quería saber como se sentía. No dudó en confesarle a Lis que tenía miedo de ir a la universidad porque no se veía a la altura. Como buena amiga, Lis le dijo que quizás eran nervios y no miedo como el chico aseguraba. Leo hizo un gesto de poco convencimiento pero dejó correr el tema. No quería ponerse aún más nervioso.

Los ánimos de Lis le reconfortaban. Eran como palabras mágicas, como cuando su madre le da ánimos. Le hacen sentir bien y le crean comodidad. El hermano de Lis también había querido ser auror. - Voy a por todas, puedes estar segura. Odio las injusticias y el mejor modo de combatirlas es ser auror. - Leo quería saber sobre ella, que terminaba el colegio en un año y debía elegir carrera. No es tarea fácil aunque siempre hay quien lo tiene claro desde el primer día. Su amiga era de ese tipo de personas pues quería ser jugadora profesional de Quidditch. - ¿Y que hay que hacer para ser jugador profesional? ¿No hay una carrera de deportes o algo parecido? Es muy interesante. Yo iría a animarte siempre. Que no nos falte el Quidditch nunca. - Leo era un apasionado de los deportes en general. Siempre jugó a fútbol con sus amigos y a baloncesto en el colegio. Necesitaba el deporte para vivir. Por eso superaba fácilmente las pruebas físicas que se necesitaran para ser auror. Lo que necesita mejorar son sus cualidades mágicas.

De todos modos Lis se estaba planteando ser auror. Depsués de todo lo que había pasado con su familia se veía con la necesidad de intervenir de algún modo. - Sería un placer tenerte estudiando lo mismo. Incluso podríamos practicar defensa juntos. - En cuanto a lo que dijo la chica sobre luchar contra el mal de otra forma, Leo tenía la respuesta. - ¿Has escuchado hablar de la Órden del Fénix? - Nunca revelaba a nadie que estaba en la órden. Ni siquiera su madre lo sabía. Solamente Yvette y el resto de sus compañeros de la órden. Pero el chico sabía que su amiga es de fiar y podía comentarle sobre aquel grupo de personas que se dedican desinteresadamente a perseguir a los mortifagos y descubrirlos ante la ley.

El día no invitaba a salir pero a los chicos les apetecía. Leo propuso ir a un parque cercano, uno de sus lugares favoritos de Londres ahora mismo, para poder pasear y rodearse de tranquilos muggles. El chico temía mojarse porque no llevaba paraguas pero ella parecía divertida con la perspectiva de mojarse. Incluso le preguntó a su amigo si nunca había paseado, corrido, saltado y cantado bajo la lluvia. - Recuerdo correr bajo la lluvia, para refugiarme. Creo que si corres te mojas más. Pero nunca lo he hecho por placer. Temo coger una pulmonía. - Leo adoraba el aroma de tierra mojada que inundaba su calle cuando llovía, era uno de sus recuerdos infantiles más preciados. Uno de los pocos buenos. Lo malo de la lluvia es que Mael no podía ir al trabajo y se pasaba el día en el bar, lo que significaba que llegaba a casa muy borracho y con ganas de bronca. La lluvia no tenía la culpa pero sin querer Leo la odiaba un poco. Cuando era pequeño relacionaba la lluvia con una posible riña o paliza de su padre. Sin querer aquel recuerdo empañaba el presente.

Lis lo sacó de su ensimismamiento para llevarlo hasta los columpios del parque y subirse, aprovechando que no había muchos niños allí. Ella se subió de pie ya que si se sentaba sus pies impedían el balanceo. Leo se sentó en el columpio contiguo y la observó. Su risa era contagiosa, así que ambos terminaron riendo. Al poco rato se puso a llover y todo el mundo hecho a correr menos ellos dos. Lis parecía disfrutar del agua mientras Leo, aún sonriendo, observaba a su amiga. Sin más, ella se puso a cantar una melodía desconocida para el muchacho. No sabía muy bien que hacer o que decir y optó por balancearse mientras las gotas de lluvia le mojaban el pelo, la piel y la ropa. Tuvo que secarse las gotas de la cara porque le molestaban. Si su amiga estaba bien bajo la lluvia no iba a ser él quien la apartase. Había sufrido mucho y tenía derecho a hacer lo que quisiera. Había conocido a estudiantes superiores de pociones y sanación, no temía el posible resfriado. Tampoco temía una posible paliza porque el causante de su dolor estaba muerto y enterrado. De un modo extraño Leo se sentía en paz, y aquel pensamiento le hizo reír exageradamente fuerte. - Todo va a estar bien. - Dijo más para si mismo que para Lis.
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Lisbeth Ravensdale el Sáb Jun 25, 2016 1:18 pm

Al ver que Leo estaba nervioso dado a que todo iba a ser nuevo, había dejado Hogwarts e iba a empezar la carrera de Auror intenté darle ánimos, dejándole saber lo que mi padre, quien había sido Auror, le había dicho a mi hermano cuando él mismo estaba nervioso por las mismas razones que Leo. Yo creo que mi padre había tenido razón, el miedo nos hacía fuertes porque nos enfrentábamos a él. Todo el mundo tiene derecho a tener miedo, es algo natural, y se le puede tener miedo a mil cosas. Pero tenemos que ser valientes, y cuando tenemos miedo es la única ocasión en la que podemos ser valientes porque sino no tiene ningún mérito. No tener miedo nunca no es una virtud, es más bien bravuconería o ser temerario. Sonreí cuando Leo dijo que podía estar segura de que él iba a por todas.

-Así me gusta- le dije con alegría.- Ya verás como conseguirás que el mundo sea un poquito mejor. Solo hay que combatir la injusticia paso a paso, con paciencia y perseverancia.

Negué con la cabeza cuando él me hizo preguntas a mí sobre el Quidditch.- No, no hay que hacer ninguna carrera, pero sí que tengo que presentarme a pruebas para que me admitan en el equipo. He oído que son pruebas muy duras, sobre todo si quieres entrar en un equipo bueno- y yo no quería entrar en un equipo de mala muerte. Ya que me dedico a eso quería estar en uno de los mejores equipos… ¡O en el mejor! Sería muy difícil, claro que sí, pero yo lo intentaría con todas mis fuerzas. Si no intentas algo no lo vas a conseguir. Me molesta la gente que no cumplía sus sueños porque dicen que es “muy difícil”. ¡Pero hay gente que sí que lo ha conseguido, eso demuestra que no es imposible! Y todo lo que no es imposible se puede lograr. Volví a sonreír cuando Leo dijo que iría a animarme siempre.- ¡Eso espero! Y yo te conseguiré las entradas buenas. Aunque espero no estar en un equipo que no te guste… ¡o que el equipo contrario sea el que te guste! ¿Tienes algún equipo favorito?- pregunté con curiosidad.

Estuve encantada cuando, al salir a la calle, se puso a llover. Me encanta la lluvia, y se lo hice saber a Leo, quien no parecía compartir mucho mi opinión. Le fulminé con la mirada a modo de broma cuando dijo lo de la pulmonía, y me mofé un poquito.- ¡Pero si eres un mago! Tienes mil maneras de evitar una pulmonía, ¡eso no es excusa!- me reí de manera simpática. Durante el rato que habíamos estado juntos Leo había conseguido animarme lo suficiente como para hacer que mi sonrisa fuese casi permanente en mi rostro ese día. No tenía ganas de volver a tener la cara larga que había tenido durante meses, tenía derecho a disfrutar un poco de los pequeños momentos de la vida, ¿no?

Mi ánimo había mejorado tanto que cuando llegamos a los columpios del parque y nos subimos a ellos sin importarnos que fuesen para niños y nosotros ya no lo fuésemos me puse a cantar un trocito de una canción que me encantaba y que en ese momento me hacía sentir mejor. Sentía que la lluvia me limpiaba de una manera casi espiritual, me hacía sentir liviana y ligera, y al disfrutar del momento estaba dando un pequeño paso hacia el futuro, prometiéndome a mi misma que, sin importar lo tenebroso y horrible que hubiese sido este año para mí, seguiría adelante con fuerza, sin detenerme ni dejar que nada me derrumbase. Dejé de cantar en voz baja aquella canción y escuché a Leo murmurando algo. Su voz era baja pero le escuché, así que le miré y sonreí con cariño.

-Por supuesto que sí.

Se puso a llover incluso más entonces, muchísimo más. ¡Madre mía! Ahora sí que, magos o no magos, nos gustase la lluvia o no, lo mejor sería que buscásemos refugio.

-¡Creo que ya es hora de irnos!- exclamé cuando sentí que la lluvia que de repente caía con la fuerza de una catarata nos empapaba hasta los huesos. Salté del columpio y corrí por el parque.- ¡Corre corre corre!
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Leonardo Lezzo el Mar Jul 05, 2016 9:44 pm

Leo estaba contento por haber ayudado a su amiga de distraerse de su trágico presente. Además se sentía feliz al saber que ella iba a estudiar para Auror, como él. Con esa excusa podrían verse más y no abandonar la bonita amistad que les unía desde que se conocieron en Hogwarts hace más de cinco años. La pasión de Lis también era el Quidditch y juntos podrían pasarse horas hablando de ello. La chica quería dedicarse profesionalmente a ello y el universitario no podía hacer otra cosa que animarla. - Mi equipo favorito son los Magpies, o puede que las Avispas, o los Chudley Cannons, no sé. - Contestó pensativo. - Me gusta ver los partidos y disfrutar con las jugadas. Mi favorito será en el que juegues tu. - Leo opinaba que lo importante de los deportes era el juego en si, y una vez terminada la competición todos amigos. Por eso no tenía ningún equipo favorito. Todos le gustaban por unas cosas u otras.

La lluvia les estaba mojando la ropa y el pelo. Poco a poco iba calando hasta la piel. El chico no sentía frío pero empezaba a sentirse incómodo. La lluvia puede ser muy bonita pero la mejor manera de disfrutar del agua es una buena ducha. Al menos Lis sonreía como siempre, como antes de que la tragedia inundase su vida. Leo le sonrió también, contento de haber contribuido a mejorar el ánimo de su amiga aunque fuese por un instante. La lluvia que daba paz dio paso a lluvia que mojaba y con esas primeras gotas empezó a ponerse el cielo más negro y a caer mucha más cantidad. Lis se levantó del columpio y salió corriendo, Leo tras de ella. Buscaron refugio en la ciudad, bajo unos balcones. Pero no era el mejor sitio donde estar. Entraron en un callejón y desaparecieron juntos para ir a un lugar donde poder secarse y continuar hablando.  
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