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Sin magia, sin armas (Dexter) [PRIV]

Invitado el Lun Jul 27, 2015 4:21 pm

Emma se apoyó contra el marco de la puerta que llevaba al salón de su casa a las afueras de Berlín y contó desde el diez hacia atrás. Desde que sus hermanos habían… desertado… de la familia, los cuidados que tenían sus padres con ella podían ser exagerados. Aun para una madre como la que tenía que la empujaba a las responsabilidades y la independencia con todas sus fuerzas. Pero ahí estaba, escuchando las advertencias de su progenitora a pesar de que ya se las había dado tres veces el día anterior. Emma deseó tener uno de esos relojes de pulsera que había visto en sus amigos porque podía jurar que iba a llegar tarde. Pero si quería salir de ahí sin levantar sospecha era necesario escuchar atentamente cada palabra y asentir en los momentos indicados. En realidad, su madre no le pedía mucho, solo que le escribiera, tuviera cuidado y cargara siempre con ella los dos trasladores que su padre había conseguido para ella. Emma no podía esperar el momento en que pudiese aparecerse, porque comenzaba a frustrarse de todo eso, más cuando tenía que gastarse su dinero para conseguir trasladores ilegales a las espaldas de sus padres.

- Pero ¿Por qué Marlene y tú van a ir de campamento hasta el otro lado del mundo? –indagó una vez más su madre, cruzándose de brazos.

Emma conocía esa expresión, era aquella en donde ponía en duda sus argumentos y quería confirmar si decía la verdad. Por suerte Marlene le había cubierto con todo eso, si no fuese porque necesitaba los transladores hubiese mentido hasta del lugar al que iba.

- La experiencia de “sin magia” se vive mejor por nuestra cuenta en un lugar poco conocido. Además, me gusta acampar y con eso la estaría sacando de su zona de confort a ella. Yo sin magia y ella a la intemperie, debes admitir que es divertido. –le sonrió con orgullo, manteniendo el contacto visual a todo momento. Si tenía suerte y llegaba a lucir como su madre pero sin su carácter sería todo un logro porque parecía una inquisidora cuando se lo proponía, una reina fría la mayoría del tiempo y una erudita por sobre la humanidad… siempre.

- A la menor duda te voy a rastrear –le advirtió su madre, levantándose de golpe y clavándole una dura mirada antes de respirar hondo y hacerle una señal para que se retirar- Solo ten cuidado –repitió.

Emma sonrió, tomó su pequeño bolso y se acercó a su padre que esperaba en la puerta trasera de la casa. Él le abrazó con suavidad y le hizo una pequeña recopilación de cosas de acampar que esperara que cargara, ella asintió tranquilamente, desde pequeña había hecho esa parte del trabajo así que estaba tranquila. Le advirtió que tuviese cuidado con Dium porque no estaría acostumbrado a donde lo llevaba y si lo soltaba escaparía. La rubia asintió, no pensaba dejar libre a su búho, si lo hacía, se perdería la posibilidad de escribir a su familia y los tendría sobre ella antes de poder parpadear con libertad. Su padre le recordó que estaría al noroeste de Estados Unidos por un trabajo y que si ocurría algo estaría con ella. Eso le daba gracia, toda esa inesperada preocupación solo venía porque en lugar de acampar en ¿Quién sabe? Irlanda, había decidido hacerlo en Canadá.

Ella sonrió, un poco incómoda por su preocupación y palabras atentas, con una rápida despedida tomó el traslador con su mano libre. En un tirón se encontró cerca de las afueras de un bosque frondoso y aunque se parecía mucho a Alemania sintió el ambiente distinto, los olores y la vegetación eran de un tono más verde. Además del sol que golpeaba su cuerpo. Emma avanzó hasta la carretera justo donde había un letrero de autopista y se apoyó contra este. Si era sincera sentía el corazón martillando sus oídos, casi con parsimonia guardó su varita en el último bolsillo de su bolso jurándose no sacarla. Ella no sabía darle el control de su vida a nadie, era extremadamente independiente, se obligaba a aceptar las muestras de caballerosidad pero en confianza sus amigos podía jurar que Emma prefería arrastrarse que aceptar la mano de alguien. Pero… ahí estaba. En un lugar que no conocía, con su varita guardada y sola. Sin sus amigas ni un hilo que le diera la voz de mando. Ella se mordió el labio inferior, entre sorprendida y emocionada. La idea de una experiencia así la había embrujado y cuando Dexter le había sugerido que podrían acampar juntos, nadar y él mismo enseñarle un truco o dos sobre los bosques, ella había dicho que si antes de siquiera pensarlo.

Tal vez fuese porque había terminado otro año de estudios. Solo faltaban dos años más y todas sus oportunidades se verían minadas por alguien que aún no conocía. Eso significaba que este era su penúltimo verano porque no estaba segura que en las vacaciones de séptimo la dejaran libre. Si, cuando sentía la soga del tiempo sobre ella, la idea de ir a otro país que nunca había pisado, adentrarse en un bosque extraño, prometerse no usar magia y dejarse en las manos de un amigo confiable sonaba tentador. La parte del trato había sido aparecerse ahí con Dium y su bolso mientras esperaba a Dexter. Por suerte había escogido ropa cómoda porque el sol ya estaba calentando su piel acostumbrada al frío, se preguntó si se nublaría pronto, si era suerte que el sol la recibiera o sería un constante en ese día. Emma le lanzó una mirada a Dium y este ocultó su cabeza contra su pecho emplumado como respuesta al sol. Ella quería hacer lo mismo pero en su lugar paseó la mirada de un lado a otro.
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Invitado el Dom Ago 02, 2015 5:36 am

Las vacaciones de verano se hicieron esperar bastante más de lo deseado, pero finalmente llegaron, con todo lo que eso implica. Primero fue proponerle a Emma la idea de acampar juntos en algún bosque canadiense, luego de enterarnos de que el viaje que planeamos con el resto del grupo no se iba a realizar. Al parecer, a todos les surgió algún imprevisto, y sólo quedamos ella, yo, y nuestras ganas de pasar un verano a lo grande. Mi último verano, dado que cuando llegue el próximo, mi vida adulta habrá empezado, y ya no podré juntarme con mis amigos para acampar bajo las estrellas. Es ahora o nunca. Por suerte para mí, Emma aceptó inmediatamente. Al inicio imaginé que se lo iba a pensar, que quizás sus padres no la dejarían irse sola de campamento con un chico un año mayor que ella —no hace falta aclarar las razones—, en otro país, y mucho menos en otro continente, pero mi amiga de Slytherin volvió a sorprenderme con un pequeño plan muy bien elaborado. Solucionado ese problema, y emocionado por la aventura que teníamos por delante, sólo me quedaba otro asunto que resolver.

Como todos los veranos, mi hermana Laura sale del internado en el que vive durante casi todo el año lectivo, y vuelve a casa de mi tío para pasar las vacaciones. Durante los últimos cinco años yo hacía lo mismo, y pasaba con ella los meses de calor, evitando en lo posible la presencia de nuestro tío. No es un mal tipo, pero vive en su mundo, y tiene modales bastante desagradables. Como sea el caso, hace un par de años le prometí a Laura que la llevaría conmigo de visita a Canadá en cuanto cumpliera la mayoría de edad. Bueno, para el mundo mágico ya soy mayor de edad desde hace unos meses, así que planificamos que iríamos este verano, pero en Agosto en lugar de Julio. Cuando me preguntó por qué, le respondí que pasaría un par de semanas con una amiga, y desde entonces no dejó de atormentarme con más preguntas al respecto, aparentemente muy divertida por la revelación. Le dije que le contaría cuando volviera por ella para llevarla conmigo a Alberta, y que mientras tanto se portara bien. Una chica de trece años, entrando en la adolescencia, con el mundo a sus pies sin que nadie la moleste, no creo que tenga las palabras "portarse bien" en su lista de prioridades... pero no me queda otra que confiar en ella.

Con mi mochila de montaña en la espalda, cargada de todas las cosas útiles que necesitaremos en el bosque para sobrevivir al estilo muggle, me presenté en la Oficina de Trasladores del Departamento de Transportes Mágicos del Ministerio, y solicité uno que me llevara a Jasper, Alberta. Tengo mi licencia para aparecerme, pero no es muy seguro viajar de esa manera a través de distancias tan vastas, y menos cuando te falta práctica. Y así fue cómo regresé a mi país natal, el más verde que he visto nunca, el más frío y el más templado, el más montañoso y el más hermoso, con la mejor gente que uno podría desear... Sí, sólo conozco Canadá, Estados Unidos y el Reino Unido. No tengo mucho "mundo" que digamos, pero de lo que he visto, nada me enamoró más que el Gran Norte Blanco.

Recorrí una casi desierta carretera hasta llegar a una zona boscosa, en las faldas de una montaña, y me interné en el bosque, hacia lo profundo. Volver a oler el aroma de los árboles y de las flores del norte de América fue maravilloso. Miles de recuerdos de mi niñez aflorando en mi memoria como golpeado por un rayo. Armé el campamento a las orillas de un lago, cerca de un arroyo de aguas rápidas y heladas. Gracias a mis padres y mi abuelo, tengo suficiente experiencia para montar todo y dejarlo preparado sin incendiar nada ni generar contaminación ambiental, algo de lo que no se pueden jactar la mayoría de los campistas. Personas que, por supuesto, no nos vamos a cruzar estas semanas. Cuando el sol llega a lo alto, salgo del agua después de darme un chapuzón, y miro en la dirección donde se encuentra la carretera. Emma debe estar a punto de llegar. Durante unos instantes, pienso realmente en lo que vamos a hacer. Visto desde un panorama más general, parece una locura. Cientos de situaciones podrían darse entre nosotros dos al encontrarnos aquí solos, sin más compañía que la nuestra... Un cosquilleo de emoción me recorre desde el vientre, poniéndome ligeramente nervioso. Emma no sólo es la mejor amiga que tengo, sino que además a veces nos permitimos traspasar un poco el límite de la amistad, por el bien de la diversión y la curiosidad. Nadar juntos todos los días del año, vistiendo únicamente nuestros trajes de baño, es ya un buen aliciente. Siempre me he sentido atraído por ella, primero por su personalidad, por sus gustos, y por su inteligencia, y a medida que iba creciendo, también por su belleza y por su cuerpo, que con el pasar de los años se fue convirtiendo en el de una joven y cautivante mujer. Y ahora que estaremos un par de semanas solos... Tendré que controlar mis hormonas por si se desbocan. Nunca he estado con una chica. No sé si podré confiar mucho en mis instintos.

Sacudiendo la cabeza, me quito esos pensamientos de encima y luego vuelvo a mirar el curso del sol. Hora de ir a buscarla. Esbozo una divertida sonrisa, y corro hasta la carpa para buscar un pequeño cartel que me cuelgo alrededor del cuello con una fina soga, antes de transformar mi apariencia y adoptar la forma de un oso grizzly, mi forma de animago. Sí, así es como la recibiré. En el cartel se leen claramente las palabras «Súbete al oso. Confía en mí. Dexter». Parándome en mis cuatro patas, atravieso rápidamente el bosque hasta llegar al linde que separa los árboles de la carretera. Allí la veo a ella, justo al lado del letrero que le indiqué cuando programamos las vacaciones. Con paso tranquilo, me acerco a la chica, mirándola fijamente a los ojos, y me detengo a escaso metro y medio de distancia. Me levanto en mis patas traseras, y con una de mis zarpas golpeo el cartel para que le preste atención y lo lea. Tras hacer esto, me apoyo nuevamente en todas mis patas, y me giro, esperando a que se acerque para subirse a mi espalda. Soy un oso grande, bastante grande. Casi tres metros de altura cuando estoy de pie y más de quinientos kilogramos de peso. Ni bien Emma cumple con el silencioso pedido, vuelvo a adentrarme en el bosque. De cierta forma le hago un tour por el lugar, tomándome mi tiempo para que conjeture por su cuenta qué diablos está pasando. Pero al cabo de un rato llegamos al campamento, y me levanto sin previo aviso, provocando que ella caiga de espaldas sobre un montículo de hierba mullida. Girándome, la observo allí recostada, y poco a poco altero mi forma, recobrando lentamente mi aspecto humano, vestido sólo con mi traje de baño y el cartel colgando del cuello.
¡Ta-dá! —exclamo, riendo a carcajadas, mientras alzo los brazos al aire.
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Invitado el Lun Ago 03, 2015 11:58 pm

El sonido en los árboles llamó su atención y giró el rostro rápidamente. Un jadeo ahogado le hizo dar un paso hacia atrás y golpearse con el letrero con fuerza. No iba a mentir, entre sus peores escenarios, que un oso apareciera a los minutos que ella llegara… no había sido lo que esperaba. Dium comenzó a chillar con fuerza, volando en su jaula de un lado a otro de forma desesperada. Rápidamente su mano fue a su bolsillo en búsqueda de su varita pero no la encontró. Solo un par de minutos atrás la había guardado en el fondo de su bolso ¡Que lista! Maldijo en alemán y observó de un lado a otro calculando sus posibilidades. Hasta que el oso se levantó en sus patas tan cerca que sus piernas temblaron. El plan era extremadamente simple, iba a lanzarle su maleta en la cara y a correr hacia un árbol hasta subirse al mismo ¿Por qué? Porque el maldito oso no le había dado tiempo para nada más. Por fortuna sus ojos azules se clavaron directo sobre el letrero que el oso golpeó insistentemente.

- Por Merlín… –susurró, llevándose una mano hacia su pecho donde sus collares descansaban- debes estar bromeando… –le clavó la mirada al oso por primera vez, buscó sus pequeños ojos y notó algo muy familiar en ellos. No eran nada amenazantes y podría jurar que lucía increíblemente divertido por su reacción- No puede ser… –levantó su jaula y miró a su lechuza de la forma más calma que pudiese con su tirón de adrenalina- Hey… hey… calma… calma… –la manta que lo había estado cubriendo se había caído y la recogió para taparlo otra vez- Maldita sea, Bigby… te voy a matar –no adoraba a muerte a Dium pero… era su Dium, la idea de que se hubiese aterrado le molestaba. Más aún porque era justificable el tremendo susto del búho pigmeo… Emma le lanzó una larga mirada al oso que se había puesto en cuatro patas frente a ella- Maldita sea… –masculló, acercándose al oso.

Nunca hubiese imaginado que un oso tuviese ojos azules.

Bien, no era culpa del animal. Y no era la cosa más terrorífica que había visto. Pero si era la primera vez que veía uno. Mil veces prefería tratar con grifos que ya conocía que con criaturas que no. El oso lucía tranquilo y podría jurar que divertido ¿Podían reírse estas cosas? Además, era enorme… La Slytherin suspiró y subió a la espalda del animal, sintiendo sus piernas estirarse demasiado al tener que rodear el torso de tan gran animal con sus delgadas piernas- ¿Eres el culpable de que a Bigby le gusten los osos? ¿El muy… indigno tiene uno de mascota? ¡Pudo haberme dicho! –Ella le diría si tuviese un zorro de mascota. Oh… sería genial tener uno. Emma tuvo que agarrarse al grueso pelaje y contuvo un suspiro cuando se fueron adentrando al bosque. En más de una ocasión tuvo que casi recostarse sobre la espalda del animal para evitar ramas. Así que le sorprendió que fuese tan cálido y suave. El aroma que tenía le recordó mucho al del cabello de Dexter que en varias ocasiones había acariciado con sus dedos. En realidad, su suavidad era similar y una risa se le escapó sin poder evitarlo- ¿Bigby te baña con su champú? Hueles igual a él… y a oso, obvio –no sería la primera vez que hablase con un animal, aunque si era de las raras veces que el animal no era mágico. El entorno la sorprendió y respiró hondo para contener un suspiro profundo. Por suerte no estaba Dexter cerca y no debía mantenerse cínica y bromista en ese tipo de lucha amistosa que tenían los dos. Por un momento se relajó, enderezándose y mirando el entorno. La jaula de Dium descansó entre sus piernas, una de sus manos se mantuvo bien agarrada al grueso pelaje y la otra se estiró para acariciar el cuello del animal sin miedo a perder la mano- Voy a confiar en que eres dócil, pero no se lo digas a tu amo ¿Entendido? Va a alardear de que confío en él. –le pidió, como si el animal pudiese aceptar su secreto.

Pero su relajado paseo se vio interrumpido abruptamente cuando el oso se levantó. Por unos preciados segundos se aferró a su pelaje. Por suerte había logrado soltar la jaula antes de que el oso se levantara y ahora estaba tranquila en el suelo. Pero ella no tuvo la misma suerte, el resto de su cuerpo se deslizó hacia abajo pero no tardó demasiado en resbalarse y caer recostada sobre algo blando con aroma a pinos. Un ligero grito escapó de sus labios en el proceso, luchó por apoyarse en sus codos y su mirada se clavó en… ¿Dexter? Sus ojos se abrieron de golpe y se sentó al mirar al chico en el traje de baño y el letrero que ahora le lleva por el vientre. No se dio cuenta que tenía la boca abierta hasta que se obligó a cerrarla. Tal vez por primera vez frente a Dexter sus mejillas se incendiaron y se tapó la boca al recordar toda la escena, desde el susto hasta los segundos de total relajación. La sorpresa desapareció y una fría furia le calientó la piel. Sin dudarlo se impulsó hacia las piernas del chico, derribándolo y gateo hasta sentarse sobre su vientre, con el letrero sobre sus piernas al cual miró con fastidio- ¿Confía en mí? ¡Voy a matarte! –gritó, golpeándolo en el brazo con su palma abierta.

¿Era normal que aun enojada encontrara al chico increíblemente atractivo y tentador con el traje de baño y el letrero? Claro, el letrero podría decir otra cosa mucho más interesante…
Emma se enfocó y le dio otro golpe en su brazo, en parte por el enojo y en parte porque era culpa de Dexter que se distrajera- ¡Eres un animago! –masculló, como si alguien fuese a escucharlos- ¡No me dijiste que eras un animago! –se sentía ligeramente traicionada al no saber tal secreto ¿No le había contado todo a él? ¿Sus anécdotas familiares? ¿Sus años de ballet? ¿Todo lo que sentía cuando cantaba? ¿El estrés que sufría al tener que ser una perfecta prefecta? Bueno… excepto sobre sus hermanos… pero había pensado hacerlo en este viaje ¡Y resultaba que él era un animago!- Y para colmo te conviertes en un nada discreto animal –no sabía ni por qué le regañaba con eso, Emma sabía que no se podía controlar este tipo de cosas, pero ella se enderezó, respirando hondo y le dio otro golpe en el pecho, sin intención de bajarse- Me voy a vengar. Oh… no tienes idea de cómo me voy a vengar, te voy a torturar tanto… pero tanto… –juró, sonriendo astutamente- Tu única salvación es tener una excelente excusa para no haberme contado sobre esto y haberme asustado. Más aun, asustaste a Dium. Le debes una disculpa –le dijo, fulminándolo con la mirada.

Pero su sonrisa no desapareció.
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Invitado el Miér Ago 12, 2015 7:35 pm

Mientras recorremos tranquilamente el bosque de camino al campamento, no me pierdo de ninguna de las reacciones de Emma ante lo que está viviendo en estos momentos. Sé muy bien que, cuando se entere de la verdad, me querrá matar. Pero esto... oh, pero esto lo vale. Además, y sin que lo hubiese planeado de ninguna forma, ella relaja su actitud y se abre conmigo como si yo fuera el mejor confesor silencioso del mundo. Y, claro, soy un oso, en teoría no puedo hablar ni comunicarme con otros humanos, cualquier secreto que me cuente debería quedar bien enterrado, más allá de que directamente no debería entenderlo. Y no es que sus secretos no vayan a quedar enterrados, lo que ocurre es que Emma no planeaba revelárselos a Dexter. Es agradable sentir sus caricias sobre mi pelaje, especialmente cuando acaricia mi cuello. Volteo el rostro hacia atrás para mirarla a los ojos cuando me pide que no me diga a mí mismo que ella confía en mí, y en mi hocico se forma casi la forma de una sonrisa. A pesar de que realmente no puedo sonreír muy bien, mis ojos deben estar expresando exactamente lo mismo.

Pero lo mejor llega cuando Emma cae sentada sobre el montículo de hierba que preparé especialmente para la ocasión, y yo le revelo mi pequeño gran secreto. La observo allí sentada, mirándome con ojos como platos y la boca abierta de la sorpresa. Oh, sí. Justo eso quería ver. En esta ligera competencia de tira y afloje que tenemos entre los dos, esto podría contar como un tanto a mi favor, ¿verdad? ¡Dexter Logan Kane vuelve a impresionar a Emma Olga Vanity von Bismarck con uno de sus mejores trucos! Una sonrisa se pinta en mis labios, mezcla de diversión y cariño, al momento en que noto cómo sus mejillas se colorean como el fuego. Este instante trae a mi memoria una ocasión en que estábamos los dos en el lago de Hogwarts, haciendo una carrera de nado, y yo le gané cinco veces consecutivas; una vez que salimos a secarnos, en juego le dediqué una especie de "baile de la victoria", y Emma se puso toda roja, antes de tomarme una fotografía. En su momento pensé que podría haberse enojado, pero ahora no estoy tan seguro... ¿Acaso habrá sido, como en esta ocasión, pudor?

Lo que sí estoy completamente seguro es que sus siguientes acciones no están movidas por ningún pudor, sino por simple y franco enojo. Me lo veía venir, realmente. Caigo derribado al suelo en cosa de unos segundos, y pronto la tengo a ella sentada sobre mi vientre. Debo confesar que se la ve bastante dominante acomodada de esa manera. Y bastante sexy también... Esta es una de esas situaciones en las que pensaba anteriormente, una de las que podrían darse entre los dos. Aunque, claro, en mi imaginación ella no estaba enfadada y posiblemente vestía una o dos prendas menos. Me cubro rápidamente el rostro con mis manos cuando ella me lanza un golpe, pero no termina siendo ni muy fuerte ni me da en la cara, sino en el brazo. Merecido me lo tenía, lo sé. Intento aclarar mi garganta mientras Emma parece quedarse pensativa unos momentos, pero pronto vuelve a golpearme en el brazo, obligándome a cubrirme otra vez.

¡Lo lamento! ¡Es que...! —la miro por entre mis dedos, comprobando si puedo retirar mis manos o si va a pegarme de nuevo. Como veo que no parece querer hacerlo otra vez, las bajo—. De verdad, es el último secreto importante que no te había contado. A casi nadie, de hecho, al menos no voluntariamente. Pero porque no es una cosa legal, ¡y no sabía quién más podría llegar a enterarse! —respondo, viéndola a los ojos. Estoy seguro que todos los demás grandes acontecimientos de mi vida ya los hemos hablado en otras ocasiones, a pesar de que no han sido tantos como uno podría imaginar—. Y dado que teníamos todo el viaje para nosotros solos, pensé que sería un buen momento para contártelo, sin oídos indiscretos dando vueltas por ahí. Y, bueno, respecto a la manera en que te lo hice saber... —Siento cómo otro golpe va a dar contra mi pecho, sin prenda que me proteja, y finjo que me dolió, frotándome la zona "dolorida". Más me intimida su sonrisa que sus palabras, pero igual esbozo yo una en mis labios, divertido—. ¡Lo siento! Pero debes admitir que fue divertido. Y si mis razones no te convencieron, pues tendré que preparar algún plan para no sufrir mucho por tus torturas... —Desvío mi mirada hacia el búho, enarcando una ceja al verlo todo alterado—. Oh, ¡esto no es mi culpa! Los osos comen peces, no pájaros. ¡Dium debería saberlo! —De todos modos, y para no enfadarla de más, incorporo mi torso para quedar sentado con las piernas extendidas y con Emma todavía acomodada sobre mi regazo—. Querido Dium, lamento el casi haberte provocado un infarto. Tendré más cuidado la próxima vez —le afirmo solemnemente al búho, antes de mirarla a ella—. ¿Así está bien, Silver? Porque podrías ponerte tu traje de baño así vamos a bañarnos al lago mientras todavía hay luz, si estás de acuerdo —sonrío, divertido.
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Invitado el Miér Ago 26, 2015 4:20 am

El oso de Dexter fue toda una revelación. Siempre lo había escuchado defender a estos animales con puño y espada, pero nunca pensó que sería porque tenía un vínculo tan cercano con uno. Y al parecer el Gryffindor lo había cuidado muy bien, porque su pelaje era suave y parecía muy amistoso. El calor que emanaba envolvía sus piernas y acaloraba su piel de forma agradable. El oso era un pequeño verano ambulante, una manta para el inicio del invierno. En realidad, sentía envidia respecto a Dexter, si es que podía tener un animal así con él. Emma tenía suerte de tener a Dium con ella y Magenta solo era un dolor de muela que se comportaba bien frente a sus padres y hermanos.

Pero todos sus pensamientos relajados desaparecieron cuando se encontró frente a la verdad. El pequeño verano, la manta para invierno no era un oso… sino Dexter. Y por la manera en que la miraba lucía como si su victoria respecto a la Copa de las Casas había sido eliminada del mapa. Pero en verdad había alardeado al respecto cuando las banderas verdes decoraron el Gran Comedor. Pero esa sonrisa… la sonrisa de ese preciso momento era tan personal y ególatra que deseaba borrársela de la cara. A veces lo odiaba, francamente podía entender porque su Casa detestaba a los Gryffindors cuando veía a Dexter hacer ese tipo de demostraciones. Ella estaba acostumbrada por James, pero mientras que en él lo encontraba encantador y dulce… En Dexter era tremendamente frustrante y deseaba golpearlo con todas sus fuerzas.

Realmente era frustrante verlo tan seguro de sí mismo. En muchos chicos era una característica que le fastidiaba porque iba de la mano con un gran ego que usaban para conquistar a las chicas. Pero Dexter no era así, a pesar de su atractivo y esa seguridad tan natural que tenía, carecía de los rasgos que otros chicos hacían que Emma pasara de sus insinuaciones. Tal vez fuese algo que ambos tenían en común ¿No? Ella también se sentía segura en su propia piel, no se sentía atractiva ni nada por el estilo, pero estaba muy segura sobre sí misma. Así que también podría lucir tan orgullosa y pomposa en poca ropa como Dexter lo estaba haciendo frente a ella. Eso no lo justificaba en absoluto, por supuesto. Y no cabía duda de que lo golpearía un par de veces por andar de esa manera frente a ella.

Oh Merlín…

Realmente odiaba esa mirada inocente y divertida en él. Lo escuchó explicarse, aun oculto por sus brazos a pesar de que nunca apuntó sus ataques hacia su rostro- Ja… No finjas inocencia. Una cosa es contarme sobre… esto y otra cosa es el show que has hecho ¡Te juro que…! –detuvo su mano para no golpearlo y en su lugar se cruzó de brazos, mirando a un lado con cierta frustración, algo infantil, sí, pero totalmente justificada- Bien… fue divertido… pero no te perdonaré. No me gusta bajar la guardia. Lo único que podrás lograr, Bigby es que la tortura pueda… pueda ser de tu agrado. Eso es todo. Ya veremos. Porque no te he dado permiso de verme con la guardia baja. –aclaró, regresándolo a ver con seguridad en su mirada. Para ese entonces él debía saber que la única manera en que ella podía estar totalmente relajada era con un par de tragos encima y después de bailar. Todas sus defensas abajo y toda su energía agotada. Pero lo que había ocurrido cuando estuvo con él, la paz que le mostró y la forma en que se dejó llevar… no era algo que se lo mostrase a todo el mundo, ni siquiera a los amigos más cercanos como Dexter.

Al escuchar sus palabras, Emma rodó los ojos- No importa si no comen aves. El hecho es que toda tu transformación y los gritos provocados por tu juego lo alteraron. –apenas y logró agarrarse al cuello del chico cuando este decidió sentarse sorpresivamente. Así, pasó de su vientre a sus caderas en un parpadeo, sintiéndolo hablar cerca de su rostro dado que Dium estaba a un costado. Los dedos de Emma se cerraron con firmeza sobre la espalda alta del chico y esperó con paciencia ¿Lo había hecho a propósito o simplemente no se había dado cuenta que podían terminar en una posición así? Aunque ella no le molestaba, él era un torrencial terreno conocido pero no era como si a todo momento que estuviesen solos ellos se transformaran en dos hormonales chicos. Así que estaba sorprendida por su acercamiento, hasta que le habló y ella tuvo que apartar un poco su rostro para mirarlo- Esta bien… pero debo escribir a mis padres –apoyó sus manos atrás, sobre la tierra y se empujó hasta caer en el suelo, lejos del contacto del chico. Así era mejor, no estaba segura qué pasaría si se recreaba mucho tiempo ahí, tan pronto al estar solos. La rubia le dio la espalda para sacar un pedazo de papel y una pluma con la que empezó a escribir una corta carta- Ellos creen que estoy con Marlene –se explicó, mientras comentaba que habían llegado bien y estaban preparando el campamento. Al terminar la carta la guardó en un sobre y sacó su athame, en el mango del mismo había un sello, con un árbol y un pentagrama a un costado, ese era elescudo familiarde su familia por lado materno. También sacó un trozo de cera color plata y la calentó con su varita hasta que dos gotas cayeron sobre el sobre y presionó su athame sobre estas. Dos segundos después separó el arma y el sello cerró la carta. Para ella era normal hacer todo eso en sus cartas, aunque sabía que era una costumbre muy rara, aun entre los sangre pura. Así que lo hizo con naturalidad mientras liberaba a Dium y amarraba la carta para él- Vuelve a casa –le susurró, antes de que la pequeña ave levantara vuelo y girara en círculos por un momento antes de irse.

- Bien, con eso no tendremos que temer que mi padre aparezca de la nada. No quisieras verlo enojado. –se levantó y arrastró su mochila hasta la tienda y ahí se puso su bikini. Emma salió, calzando unas sandalias con una pequeña plataforma para no ensuciar sus pies al caminar por el bosque y en su brazo colgaba una toalla gris- Bien, guía el camino –le invitó, siguiendo sus pasos por el bosque, viviendo la experiencia familiar y a la vez extremadamente curiosa de estar alejada de todo y al mismo tiempo sin tener que preocuparse de los ojos de nadie. Bueno, tal vez solo de una persona, pero no le molestaban esos ojos. Aunque en ese momento ya no eran prefectos, no eran estudiantes, ni un Gryffindor hijo de muggles con una Slytherin sangre pura. Solo eran amigos, pasando el rato.[/i]
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Invitado el Dom Sep 13, 2015 12:56 am

Es más difícil impresionar a Emma Vanity de lo que la gente podría imaginar. Ella tiene muy en claro lo que quiere, qué cosas le gustan y qué cosas no, y para su edad ha visto y vivido de todo un poco, por lo cual es complicado impactarla con algo novedoso. Es por eso que ahora me divierto en lugar de correr por mi vida, dado que esta vez sí conseguí impresionarla, y no hay amenaza en el mundo que pueda asustarme lo suficiente para hacer que me arrepienta de mis acciones. Sé que la llevé a adoptar una actitud que generalmente no muestra ante otros, y tal veeez yo haya cruzado un límite o dos, pero en el fondo estoy seguro de que no la ofendí ni la pasó realmente mal. ¡Además, alguien tenía que hacerlo alguna vez! Sacarla de esa zona de confort, pero sin humillaciones ni nada, dado que el único aquí para presenciar lo que ella podría considerar un momento de debilidad, fui yo. Yo y Dium.

Oh, tú sabes que contártelo así sin condimentos hubiera sido muy aburrido... «Hola, mi nombre es Dexter y soy un animago» —recito con monotonía. Pero la sonrisa en mis labios delata que estoy bromeando, y se amplía aún más al verla apartar el rostro y cruzarse de brazos, como quien no quiere confesar algo que es verdad pero que le molesta que sea verdad. ¡Algo como el haberse divertido! Mi entrecejo se frunce ligeramente ante la última parte de su respuesta, ladeando el rostro con curiosidad—. Ahora me gustaría saber cómo una tortura podría ser de mi agrado... Y tú, mala mujer, probablemente me dejarás con la duda —digo con un suspiro, notando la seguridad con la que me observa.

Debo admitir que no planeé bien mis acciones cuando decidí dejar de estar recostado en el suelo para quedar sentado y así "hablar" más cómodamente con el búho de Emma. No lo planeé porque, cuando ella terminó sentada sobre mis caderas, con sus brazos rodeando mi cuello y aferrándose a mi espalda, y con su rostro tan cerca del mío, un leve sonrojo tiñó brevemente mis mejillas, ocasionando que la sangre empezara a correr desbocada por mis venas. Supongo que a éste podríamos considerarlo el segundo strike... ¿Cuántos más habrán de ocurrir antes de que nos demos cuenta que montar un campamento entre un chico y una chica adolescentes, sin contar con la vigilancia de nadie, no es una idea muy casta y virtuosa? Y claramente por esta razón no les dijo a sus padres que se iría unos días al bosque a acampar con un amigo, y sí con una amiga. Porque con un amigo pueden ocurrir todo tipo de situaciones indeseadas para los padres.

Despierto de mis divagaciones mentales cuando menciona lo de la carta, y me echo también hacia atrás para terminar el contacto, al igual que lo hace ella. Poniéndome de pie casi inmediatamente, la miro sacar papel y pluma de su mochila y empezar a escribir.
Esa es una buena excusa —comento, pues Marlene jamás traicionaría su confianza, ni delataría las verdaderas circunstancias de su viaje. En realidad, no estoy seguro de que la Gryffindor sepa que Emma está acampando precisamente conmigo, pero sabiendo lo buena amiga que es, no importa con quién esté Emma acampando, la cubrirá de todas formas. Observo con curiosidad lo que hace al terminar la carta, sellándola con cera y todo el repertorio. No había visto nunca a alguien poniéndole tanto empeño a una carta, y de alguna manera me recuerda a esas películas de época en las que los personajes también sellaban sus sobres con cera roja a la luz de una vela en un viejo castillo. Los magos y las brujas tienen costumbres bastante anticuadas, pero ciertamente maravillosas.

Asiento con la cabeza por sus palabras, despacio, mientras las voy asimilando.
Oh... Sí... No me gustaría verlo enojado... —Por mi mente desfilan un sinfín de imágenes en las que el padre de Emma (quien, en realidad, a pesar de ser alto, no es un hombre muy intimidante, no con sus lentes, su cuerpo delgado, y su apariencia de nerd simpático y divertido) me aniquila de las formas más dolorosas posibles, como si fuera el MacGyver del asesinato. Y, por supuesto, en mi imaginación tiene el aspecto de un Johnny Canuck de lo más aterrador. Trago saliva y me estremezco ligeramente—. No, mejor que no aparezca. Hay muchas cosas que tengo que vivir todavía... —susurro para mí mismo, sin reparar en que Emma ya se metió en la tienda para cambiarse de ropa.

Tras unos minutos, me giro hacia ella cuando la escucho hablar, y me quedo mudo de la sorpresa al verla. Okay, ya entiendo a qué se refería con que la tortura podría ser de mi agrado. Este parece ser un pequeño adelanto. Como sé que debo parecer un idiota mirándola sin decir nada, me recompongo rápidamente tosiendo una vez, y luego apunto en una dirección con mi dedo índice.
Sí... Hacia allí. ¡No, espera! Es para el otro lado —me rectifico, emprendiendo la marcha hacia el bosque. Camino en silencio, apartando ramas del camino para que Emma no se golpee, volviendo a disfrutar de esa quietud que sólo tiene el bosque. No hace falta andar mucho, pues en poco tiempo llegamos a un río ancho de aguas oscuras, cuya corriente en este tramo es casi nula, generándose así dos o tres pozones profundos y bastante menos fríos que la temperatura normal del río. Uno de los pozones, el más cercano a nosotros, está bordeado por una alta pared de roca con forma cóncava, ideal para apoyarse o afirmarse en caso de cansarse mucho al mantenerse a flote en el agua. Con un gesto de la mano, se lo presento a Emma—. Aquí estamos. Te sorprendería lo calentita que está el agua en este lugar.
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Invitado el Miér Sep 16, 2015 8:52 pm

Emma se abrazó el vientre sin poder evitarlo, Dexter hacía una buena imitación de ese tipo de intervenciones para alcohólicos que hasta el Mundo Mágico tenía. Bien, era divertido estar con Dexter, de una forma equilibrada y sana. No era un peligro para su reputación (Más allá del “Oh no, una Slytherin sangre pura y un Gryffindor hijo de muggles están hablando. Oh no…”), él se adaptaba bien y sabía cuándo era momento de ser juicioso y cuando divertirse. Y por extraño que pareciera, conseguir otra persona así era casi imposible. La mayoría de sus amistades pasaban de un extremo a otro sin cambio de luces o solo se quedaban en un sector. Dexter era diferente y eso era lo que le agradaba, era perfecto en su vida y la forma en que la vivía- Solo veamos tu desempeño próximo. No soy mala, soy justa. Y eso es lo que te frustra –bromeó, ya sin un atisbo dentro de ella de sorpresa o reproche en su voz.

- Te estas sonrojando –lo dijo con toda la maldad que una Slytherin podría tener y con toda la diversión que una amiga podía mostrar. Dexter estaba en desventaja en toda esa situación. Desde pequeña, Emma había compartido con varones, fuese James, Peter o Leo. Además, sinceramente, era mujer, era todo más fácil para su género cuando se trataba de chicos, podía estar hirviendo por dentro, con los instintos a flor de piel y externamente ni siquiera mostrar un sonrojo si la persona frente a ella era terreno algo conocido o la experiencia la apoyaba. En el caso de Emma eran las dos cosas, sentada sobre Dexter, aferrada a él, sentía el impulso de empujarlo contra el suelo y tomar la iniciativa pero siempre se recordaba que él era virgen y obviamente por decisión propia, así que sería vil de su parte tomar ventaja de su cercanía solo por sus propias hormonas. Dexter era atractivo y carismático, de seguro había tenido cientos de posibilidades pero había escogido usar su cerebro en cada una de ellas. Él no era como ella, que había visto que su libertad se acababa y había saltado a vivir su vida al máximo sin tiempo para romances ni cortejos para sus primeras experiencias, ni las siguientes a esas. Así que no quería aprovecharse de él. Y sí, podía ser la chica y por ende, desentenderse de toda responsabilidad y aprovecharse de la situación, pero también era su amiga y por eso se mantenía en calma, sin dejarle ver que como muchas veces estaba conteniendo sus impulsos y tomando ventaja de su género para lucir indiferente y tranquila. Bien, molestarle sobre el sonrojo era normal, era su mínima venganza contra el chico que lograba hervirle la sangre. Oh Merlín, quien sea que hubiese dicho que eso de “tomar responsabilidades” era solo con los chicos, estaba muy equivocado. Solo debían entrar a la mente de Emma para notarlo.

Emma rio abiertamente- Él tiene enojo frío, hasta mi madre sale corriendo. Yo especulo que cuando se enoja con alguien le lanza un ejército de criaturas mágicas –dijo, medio en serio, medio en broma antes de cambiarse. Cuando salió, le tomó por sorpresa la mirada que él le dio. No, no solo la mirada, todo el rostro de Dexter era de total sorpresa. A Emma le gustaban las prendas que iban de blanco al negro, aunque sabía que el color blanco la hacía ver algo más fantasmal o irreal dado que su piel no se bronceaba, pero era totalmente indiferente a la moda o a cómo lucía cuando estaba fuera del castillo. Pero era agradable notar que a pesar de eso llamaba la atención de Dexter. Bien, otro tipo de venganza, ella se había quedado sin aire cuando lo había visto casi desnudo después de la transformación, así que dejarlo sin habla era agradable. Y era divertido verlo confundirse, pero en lugar de eso cambió de tema- ¿A dónde va tu ropa cuando te vuelves oso? En algunos animagos, mi padre dice que se nota sus lentes como parte del pelaje. Pero creo que los lentes es algo más constante y como… parte de la persona que la ropa misma ¿O también se hacen manchas en tu pelaje? Porque sería gracioso –no había notado en el oso ningún cambio de color en su pelaje, pero si era sincera tampoco se había puesto a mirarlo profundamente, se había impresionado por… bueno… el hecho que un oso iba a ser su montura y guía del bosque.

Los ojos de Emma siguieron el río cuando llegan a este, había esperado algo mucho más simple, pero era increíblemente y el tipo de divisiones que tenía lo hacía parecer como si los humanos lo hubiesen acomodado de forma que fuese un punto turístico. Pero podía notar la mano de la naturaleza, de que todo había sido causa y efecto natural- Dexter Kane preocupándose por la temperatura del agua. Ahora si estoy impresionada –sus pies salieron de las sandalias y caminó, bordeando el pozón más cercano hasta notar cierta profundidad, dejó su toalla a un costado y le puso una roca encima para que no saliera volando. Emma le lanzó una mirada a Dexter antes de inclinarse e impulsarse al agua, sumergiéndose hasta lo más profundo, notando el agua cristalina abrazar su figura y recibirla cálidamente, rodeándola. Emma buceó de un extremo a otro, lentamente, manteniendo el aire dentro de sus pulmones hasta que emergió, aferrándose a la roca, sintió contra sus pies la vida vegetal aferrada entre las rocas, acariciando sus pies. La calma del lugar, el estar tan apartados de todo… era el momento indicado que había estado esperando. Ella se mordió el labio inferior y la sonrisa se borró de sus labios- ¿Bigby…? –lo buscó con la mirada- Soy Emma Vanity y tengo tres hermanos. –lo dijo con voz monótona, como lo había hecho él en su broma, pero sin sonrisas y en realidad una mueca de desagrado se formó al final de su oración, en verdad parecía una alcohólica en su primera intervención- Los primos mellizos que me odian son realmente mis hermanos y se fueron de casa cuando entré a Slytherin. Mi hermano Mark es hijo del primer matrimonio de mi padre, pero su madre murió cuando él era pequeño y mi madre lo termino criando. –respiró hondo, había planeado contarle al respecto, pero después de saber el secreto de Dexter, tenía la necesidad de decirle el suyo, el más grande de su familia- Carrie y Christopher viven con mi tío. Muy poca gente sabe esto. –concluyó, buscando la reacción del chico ¿Tendría preguntar? ¿Le sorprendería que su compañera de Casa y año fuese realmente hermana y no prima de Emma? ¿Le molestaría que no se lo hubiese contado desde antes? O por lo menos como Emma veía ¿Encontraría raro que sus hermanos se apartaran de la familia, de su amoroso padre y de su carismática madre porque ella era Slytherin, por su culpa? Porque a ella le sorprendía, no era importante. Ella no era importante.
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Invitado el Dom Oct 04, 2015 8:39 am

Me agarra con la guardia baja cuando descubre mi sonrojo y lo pone en evidencia. Podría sonrojarme todavía más, pero considerando la íntima situación en la que nos encontramos, y el hecho de que no queda mucho para ocultar, termino por sonreír y desordenarle maliciosamente el cabello.
Pues no me lo puedes reprochar —me defiendo, aún sonriendo—. Ya sé que tenemos una amistad abierta a besos y roces ocasionales, pero tampoco es que nos pasemos el tiempo el uno sobre el otro... —murmuro. La relación entre Emma y yo es del tipo... "amigos con derechos". Prefiero ser honesto con este tipo de cosas, y los dos somos conscientes de la atracción mutua y de la adrenalina que corre por nuestras venas después de nadar juntos en poca ropa durante horas. Cada tanto nos permitimos cruzar esa línea de la amistad y divertirnos de una forma diferente. Pero nunca fuimos más allá de eso, y ciertamente no recuerdo haberla tenida nunca sentada en mis caderas, abrazados, y yo vistiendo un bañador. No, esto es completamente nuevo... y debo confesar que me gusta el cosquilleo que me produce la situación aunque no lo admita en voz alta.

Ya sea que el señor Vanity tenga enojo frío o volcánico, un ejército de criaturas corriendo hacia ti en estampida suena bastante terrorífico. Además, me imagino que deben ser criaturas mágicas... y eso es mucho peor. Hipogrifos, centauros, acromántulas, unicornios, todos queriendo asesinarte. No, definitivamente no quiero ver al padre de Emma enojado. Pero me olvido de él cuando ella sale de la carpa. No es que nunca la haya visto en bikini, pero siempre solían ser bikinis más recatados. O sea, no da ir de exhibicionista en pleno lago de Hogwarts. Y sin llegar a ser vulgar, este nuevo traje de baño es un poco más revelador. Oh, pero no me quejo. Para nada.
La ropa se queda conmigo. Es decir... —Me rasco un momento la cabeza, intentando ponerlo en palabras mientras vamos de camino al río—. No sabría bien qué ocurre exactamente con la ropa. Forma parte del proceso de transformación, por lo que supongo que se transforma también. Y luego reaparece cuando me destransformo. Con la magia, todo es posible. —Sonrío—. En mi caso, lo único que mantengo de mi forma humana es el color de mis ojos. Los grizzlies tienen ojos marrones y pupilas negras, pero cuando me convierto en oso, los tengo azules y no marrones. Una diferencia bastante clara, pero como nadie está prestando atención a los pequeños ojos sino a las inmensas garras, pocos se dan cuenta.

Me olvido por un momento de todo cuando llegamos al pozón, rememorando viejos sucesos que tuvieron este lugar como protagonista. Ya había venido a acampar aquí antes, con mi abuelo. Atrapamos un pez de un metro de largo en aquella ocasión. El estar de regreso en casa me produce todo tipo de sensaciones, desde la más profunda nostalgia hasta la emoción más pura.
Oh, me preocupo por tu temperatura cuando entres en contacto con el agua —refuto sonriente. Sigo a Emma despacio, viéndola dejar la toalla en la orilla, y cruzo una mirada con ella antes de que se lance de cabeza al agua. No me apresuro en seguirla, tenemos todo el día por delante. Bueno, lo que queda de la tarde, en realidad. Con la montaña al oeste, aquí oscurecerá más temprano de lo usual. Vuelvo a ver a la Slytherin cuando emerge a la superficie y se aferra a la pared rocosa de la semicueva. Me detengo al llegar junto a su toalla, y luego la miro a los ojos cuando me llama. Mi mirada se torna en sorpresa al escuchar su revelación, sin esperar para nada que eso fuera lo que me quería decir. Pero no es exactamente lo que dice lo que me hace fruncir el ceño, sino lo duro que le resulta admitirlo, y eso me deja entrever que es algo muy importante para ella. La escucho hasta el final, mientras al mismo tiempo en mi mente aparecen recuerdos de momentos compartidos con su prima... quiero decir, con su hermana en las clases, dado que ella está en mi mismo curso y Casa. Nunca hubiera imaginado que... Pero ahora muchas cosas empiezan a tener bastante sentido.

Sin más dilación, me lanzo al agua. Doy lentas pero largas brazadas, disfrutando por un instante del roce del agua sobre mi piel desnuda, hasta que en muy poco tiempo llego a la roca cóncava. Sacudo un poco mi cabeza, despejando mi rostro, y me acerco un poco más a Emma, manteniéndome a flote frente a ella con una mano afirmada a la pared a mi costado. No sé por qué sentí la necesidad de hablar de esto de forma más privada, porque no hay nadie más en este bosque en muchos kilómetros a la redonda. Pero supongo que como personas estamos acostumbrados a buscar la privacidad cuando queremos sacar a la luz cosas personales.
Si lo mantuviste en secreto tantos años, es porque es algo significativo y no una simple pelea, ¿verdad? —pregunto, mirándola a los ojos—. ¿Por qué se fueron a vivir con tu tío? No podría creer que se pelearon con la familia porque tú entraste en Slytherin... Y tal vez estoy siendo un poco indiscreto, pero una corazonada me dice que hay algo más. Tiene que haber algo más, alguna otra razón.
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Invitado el Jue Nov 05, 2015 4:17 am

Emma se sorprendió cuando le desordenó el cabello y se controló para no fulminarle con la mirada. Ella sabía bien que eso no ayudaba mucho en su esfuerzo por recordarle que eso no se le hace a las personas que ya no eran infantes. No importaba si él le pasaba con algunos meses, casi un año- Bigby finge ser genial y de cabeza fría… como si no lo conociera… –murmuró Emma, aunque lo hizo para que él escuchara su indiferente comentario. Aun así, para ella era halagador saber que podía darle ese efecto a Dexter. Muchos chicos se comportaban dominantes y casi indiferentes cuando de una chica que ya conocían se trataba, no importaba si solo la habían besado o simplemente la habían visto en poca ropa, ellos actuaban como si fuesen Dioses frente a simples mortales. Pero por eso le gustaba Dexter, él era sincero con ella, aunque lo pusiera en desventaja. Él era… reconfortante, en especial para el tipo de chicos que rodeaban día a día a Emma.

El tema de ser animago capta su atención ¿Y cómo no lo haría? Dexter era la primera persona que conocía con ese poder. Siempre le había gustado y en más de una ocasión, Emma había creído que tal vez se transformaría en un zorro plateado, lo cual sería una explosión de felicidad ¿Cómo podría alguien estar decaído si podía convertirse en su animal favorito? Una vez había leído que los animagos se conectaban con sus espíritus animales, con sus guardianes. Ahora el nombre Bigby tenía más sentido, ese oso podía ser aterrador solo por estar ahí. Ella misma se había llevado un susto de otro mundo- Un oso parece capaz de destrozar a un ser humano. A mi forma de ver, podrías luchar mejor en forma de oso que en tu forma actual. Solo imagínalo, yo desarmo a los atacantes y tú les rompes en pedazos. –le dijo medio en serio, medio en broma- Debe ser terrible convertirte en un delfín o en tiburón. Algo tan genial limitado a un solo elemento. Por ejemplo, en verano debe ser horrible convertirte en oso, he leído que los osos pueden llegar a tener la temperatura de ebullición y por eso pasan cerca de las vertientes de agua

El agua la reconfortó, le dio el ánimo que necesitaba para confesarle la verdad. Emma confiaba en Dexter y después de todas las cosas que habían vivido (y algunas que aspiraba que fuesen a vivir), debía demostrarle que confiaba en él y lo tomaba en serio como persona. Por un momento agradece el silencio que él le da, pero la necesidad de saber su opinión la apremia y aun así, Emma sintió nervios al verlo nadar en su dirección. La idea de estar acorralada y por propia decisión fue desagradable, pero se mantuvo en su lugar, sin dar su brazo a torcer. Las palabras de Dexter fueron algo que ella misma había pensado cientos de veces. Sus propios padres no comentaban de lo sucedido, todo por el orgullo que tenían aunque Emma estaba segura que pensaban en el asunto tanto o más de lo que ella lo hacía. La Slytherin se dejó caer hacia atrás, hasta flotar boca arriba y mantuvo sus pies aferrados a la pared de rocas, enganchándose ahí para no moverse. Pero sus ojos siguieron el camino de piedras que había a su alrededor- Ellos me tratan como una escoria. Carrie siempre fue recelosa conmigo, me acusaba de robarle la atención que se merecía y cualquier cosa mala que pasaba en casa creía que yo lo había ocasionado para hacerla sufrir. Así que su actitud no me extraña. Chris, en cambio, nunca fue malo conmigo hasta que ingresé a Slytherin, él fue quien me amenazó después de la elección y me dijo yo había muerto como su hermana ¿Qué más podría pensar? Carrie debió encontrar la perfecta excusa para cortar todo lazo conmigo, además de que seguiría a Chris al fin de los tiempos si fuese necesario. Por un tiempo creí que él temía que fuese a hacer algo malo. Ya sabes, sangre pura, Slytherin… has los cálculos, es lo que la mayoría cree de mí en Hogwarts. Pero cuando se mudaron con mi tío me extrañó todo –los ojos de Emma buscaron los de Dexter- Él no aprueba la mezcla de sangre, es un purista. Cuando mi madre insinuó que sus hijos podrían casarse con un hijo o hija de muggles siempre y cuando tuviese potencial y el poder para ser alguien en la vida, mi tío pegó el grito en el cielo. Dado que mi familia nunca fue muy sociable y nosotros no salíamos de casa, la mayoría cree que mis hermanos son hijos de mi tío. Ahora mi tío está encargado de buscarle parejas a mis hermanos. Mis padres, orgullosos, ya los rechazaron como hijos, los tratan como familia lejana y no hablan de ellos en casa. Aunque solo fueron unos niños cuando tomaron la decisión de irse. Nunca los buscaron. Una locura y una familia orgullosa –soltó uno de sus pies de la roca y se movió hasta enganchar su pie en el costado de Dexter, hasta sostenerse de su espalda, a la altura de la cintura, sobre el agua. Y de igual manera hizo con el otro pie, al otro costado del chico, para ahora estar apenas agarrada a él, pero sin quedar flotando a la deriva- Una familia orgullosa, por orgullo no le he admitido a la gente que mis propios hermanos me repudian. –eso y la amenaza de muerte que le dio Chris…. Eso le recordó el reciente encuentro que tuvo con él y como la había amenazado con matarla, encerrándola en un aula cuando hubieron los ataques de mortífagos- ¿Cómo son las cosas con tu hermana? Cuéntame como suelen ser los hermanos normalmente ¿Te cela si sabe que tienes novia o te ve con alguna chica? ¿Te quita tus cosas? ¿Quiere pasar todo el tiempo contigo? ¿Cómo es? –consultó, vivamente interesada.
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Invitado el Sáb Nov 28, 2015 11:02 pm

Dejo escapar una carcajada cuando me comenta esa alocada idea. Apuesto a que no tendríamos tiempo ni de desarmarlos ni de romperlos en pedazos antes de que los atacantes salieran huyendo despavoridos. Es la reacción humana más lógica al ver a un enorme oso caminando hacia ti —o peor, corriendo hacia ti—, el único pensamiento coherente que te queda es salir de allí lo más rápido que puedas y, en lo posible, subirte a un árbol o a una estructura elevada.
Sí, debe ser feo transformarse en un animal acuático, especialmente si le tienes terror a las profundidades. Además, imagínate tu primera transformación... Uno está sumamente emocionado porque lo consiguió bien, y ¡zas!, te conviertes en una merluza que no puede respirar. Ya te digo, un espanto —sonrío divertido, antes de asentir con la cabeza por su último comentario—. Totalmente, hace un calor de horrores. Ni te imaginas lo que fue ese viajecito desde la ruta hasta acá. Por suerte vinimos por el bosque, a la sombra. Pero, en general, siempre que me da calor cuando estoy en mi forma osuna, me doy un chapuzón en algún lado —murmuro, volviendo a sonreír.

La verdad sobre sus hermanos me ha puesto a pensar bastante. Es como si Emma me hubiese dado la llave para abrir una puerta al pasado que hasta el momento permanecía cerrada, sin poder ver la verdad que se ocultaba detrás de ella, dejando un montón de cosas en el misterio. Carrie y Christopher Vanity siempre me parecieron personas un poco raras, con más de una excentricidad en sus personalidades o comportamientos. No raras en un mal sentido, sino del tipo que te provoca un cosquilleo en la nuca, con la sensación de que están ocultando algo. En especial Carrie, con quien conviví en el mismo curso y Casa durante seis años de mi vida. Todo este tiempo la vi como la prima extravagante de Emma, muy sociable en ocasiones, pero muy distante en otras, con una disimulada tendencia pro-purista de la sangre. Más que nada por esa razón no hablamos mucho, puedo darme cuenta que no soy una compañía muy grata para ella. Sin embargo, a pesar de cualquier rareza que ambos pudieran tener, nunca hubiese imaginado que pudiesen ser tan... odiosos. Y mentirosos. Y mezquinos, como para despreciar a sus padres y hermana y renegar de su verdadera familia.

Apoyo mi espalda contra la roca, sosteniéndome con ambas manos de ésta para que mis piernas no se cansen de tanto flotar, mientras observo a Emma echarse boca arriba sobre el agua, con sus pies enganchados a la piedra muy cerca de mí. Estamos en un sitio muy tranquilo, ideal para hablar este tipo de cosas. Y, a decir verdad, suena a una locura todo el asunto. He escuchado comentarios al pasar sobre las familias de sangre pura de la comunidad mágica, y de varias de sus particularidades y costumbres, pero hasta ahora nunca había calculado seriamente las cosas que podrían llegar a hacer por perpetuar la sangre, o por desligarse de familiares que podrían empañar el buen nombre de la familia. Estoy seguro de que los padres de Emma no lo hacen deseando ningún mal, y que probablemente sus hermanos se hayan desencaminado por culpa de la temprana edad a la que tomaron semejante decisión, y por culpa de un tío ya de por sí desencaminado. Esa es la peor parte, nada de esto parece haber sido hecho con malas intenciones, pero aún así sucedió, y hay que vivir con las consecuencias.

Tal vez algún día tus hermanos se den cuenta de que tomaron la decisión equivocada. Tal vez algún día regresen y puedan hacer las paces. No hay que perder la esperanza —respondo, levantando el rostro hacia el cielo, con un suspiro. Regreso a mirar a Emma cuando siento sus dos pies sujetarse a mis caderas para no quedar flotando a la deriva, y apoyo casi instintivamente mis manos sobre sus tobillos, moviéndolas sobre su piel de forma distraída. Esbozo una pequeña sonrisa cuando menciona a mi hermana, bajando la vista un momento—. Sí, me cela un poco. Pero de una buena manera. Hasta diría que es más preocupación y curiosidad que otra cosa. Fue mi trabajo cuidarla y criarla desde que ella tenía cinco años, por lo que siempre fuimos muy unidos. Mi tío nunca tuvo mucho tiempo para nada que no fuera él mismo, así que debíamos confiar el uno en el otro porque es lo único que teníamos. —Eso, y la promesa de regresar algún día al hogar que la vida nos arrebató—. En las vacaciones de verano solemos pasar mucho tiempo juntos. Y me refiero a... mucho tiempo —hago énfasis, ladeando una sonrisa—. No nos vemos casi nunca durante todo el año, es de esperar. Le gusta que la lleve al cine. Tú sabes, ese entretenimiento muggle en el que ves proyectadas imágenes en movimiento por sobre una pantalla blanca —aclaro—. Y le encanta que le cuente cosas de Hogwarts. Puede pasarse horas escuchándome hablar sobre la magia, los magos, el castillo, la sociedad mágica, los hechizos, los libros, las escobas voladoras, el Quidditch, el calamar gigante, el Bosque Prohibido, los unicornios, las sirenas, los trolls, las pociones, las runas, y un sinfín de cosas más. Se emociona cada que vez que le muestro mi varita mágica y le dejo empuñarla, y le encantaría poder visitar Hogwarts alguna vez. No sé si eso sea posible, pero le prometí que la llevaría al Callejón Diagon en cuanto me egrese. Y cuando pueda juntar un pequeño grupo de amigos que nos acompañe... Considerando cómo están las cosas hoy en día, temo por lo que pueda ocurrirle a una joven muggle en un espacio mágico tan abierto —murmuro, con el semblante ligeramente ensombrecido. Pero el temor pasa pronto, y una nueva sonrisa se dibuja en mis labios—. Recuerdo que casi me derriba de la emoción cuando le conté que hay un santuario de dragones en Rumania. Ahora está deseosa de montar un dragón. Como verás, también es un poco, bastante aficionada a la naturaleza y la vida al aire libre. Es un rasgo de familia —digo, sonriendo, y luego cambio ligeramente el tema al echarle un vistazo al cielo y luego al pozón—. ¿No te dije que el agua aquí es muy templada? Podríamos pasarnos horas flotando sin que disminuya la temperatura. Aunque oscurecerá pronto. Queda menos de una hora de luz.
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Invitado el Sáb Dic 12, 2015 5:34 am

Emma sonrió más relajada. Esa era una de las razones por las que disfrutaba tanto la compañía de Dexter. Él no hablaba con ella como un Gryffindor ni como un hijo de muggles lo haría, ni la veía como una Slytherin ni sangre pura. Solo eran dos jóvenes charlando. Y eso, increíblemente, era refrescante de mil formas. Solo bastaba ir a una clase cualquiera para ver el tipo de agobio que podía ser mirar a tanta gente cortada con la misma tijera justificando prejuicios y por otro lado los prejuiciosos que arruinaban una vida escolar que debería ser dedicada a aprender y no a riñas tontas. Por eso le gustaba estar con sus amigos, eran una bocanada de civilización- Justo eso estaba imaginando. Lo increíblemente frustrante y terrorífico que debía ser comenzar a ahogarte. No sé mucho sobre todo el tema de los animagos, pero… Me pregunto ¿Habrá alguien que se muriera por no saber cómo volver a su forma humana? Ya veo porque debe estar legalizado y necesitar estudios y todo eso. –se encogió de hombros- Tal vez, un día, aprenda, pero de forma legal. Tal vez. Ahora estoy pensando seriamente aprender cerca de un río y el mar. Solo por precaución –aunque nunca había imaginado realmente ser una animaga. Excepto cuando había visto la forma de su patronus. En lo personal adoraba ser una observadora, tener múltiples experiencias pero poder analizar todo. Los animagos siempre le parecieron personas a las que debía ver, analizar, estudiar, no… ser.

La Slytherin levantó su rostro y enmarcó una ceja, sonriendo de costado- Me alegra tanto que por lo menos sufrieras un poco a comparación del susto que me he llevado. Realmente espero que te diera un calor horrible. –susurró, fulminándolo con la mirada. El tema de sus hermanos no le agrada demasiado, solo había querido sincerarse con él, confiaba en Dexter, le gustaba lo que existía entre ellos y se lo estaba demostrando - Ya queda en ellos si recapacitan. Algo que verás muy común en muchos sangre pura es que no somos muy… familiares. Muchos tienen la historia de rechazar miembros de la familia, de haber sido negados o de admitir que no tienen idea dónde están sus otros familiares. Eso es algo que no he visto tanto en los mestizos e hijos de muggles. –sonrió- Solo oírte hablar de tu hermana, por ejemplo. Ni siquiera Mark, el hijo del primer matrimonio de mi padre, y al cual le agrado bastante, hablaría así de mí. Él me agrada y no tengo idea de dónde estará ahora. Por ejemplo, mi padre es una rareza, adora pasar tiempo en familia, dentro de casa. –le explicó. Para Emma, saber de la hermana de Dexter era interesante. Todo eso debía ser toda una experiencia. Un mago y una muggle siendo hermanos. Dos mundos diferentes entre sí. La curiosidad era demasiado fuerte para Emma y lo escuchaba con extrema atención- Ella debe extrañarte. Aunque por otro lado, también estará en vacaciones ¿No? Ella debe estar disfrutando con sus amigos también. Tal vez y hasta tiene un pequeño novio –bromeó, porque era con lo que su hermano Mark le molestaba constantemente cuando había iniciado la adolescencia, curiosamente, había estado saliendo con Ian en ese entonces, así que era justificable sus nervios- No debe ser difícil llevar a tu hermana ahí. En especial si no eres tú quien la lleva, sino otro mago. Dados los tiempos, sospecharían de ti si andas con una adolescente menor, pero otros no levantarían sospecha. Por ejemplo, si yo la llevara, vestida como bruja y nos encontráramos contigo en otro punto, podría pensar que es una prima mía de Alemania. Así podría lucir curiosa, dado que está visitando el lugar y no tendría que hablar, dada la falta de idioma. Claro, es un ejemplo. La mejor forma de ocultar algo es a la vista de todos ¿Y qué mejor que de la mano de una Slytherin, sangre pura y rubia? Porque debes admitir que hay muchas rubias en mi Casa… es terrorífico. Pero, en preferencia, deberíamos esperar a que todo esto pase. –no lo dijo en voz alta, pero en su voz era muy obvio lo que quería decir “A este paso será peligroso hasta para ti y eres un mago”. Pero guardó el argumento, no quería arruinar el momento que Dexter se había esforzado por crear-[color=White] Si se emociona tanto, podría presentarle a mi padre. A ambos les gusta la naturaleza, después de todo. Alguien a quien él pudiese darle sus enormes explicaciones desde cero. Eso es como el mejor regalo de navidad para él. Las Criaturas Mágicas son su especialidad y hablar de ellas es su pasión. color] -¿Sería posible? La ida de entregarle información a una muggle sonaba curioso ¿Qué ocurriría? ¿Le animaría a hacer algo con esa información? ¿Tal vez investigar más? ¿Comparar con su mundo? ¿Analizar las cosas desde el punto de vista muggle y darle un sentido a la magia desde las ciencias y estudios? Emma negó, ya estaba evaluando las cosas de antemano, ese era uno de sus terribles hábitos y uno grosero cuando lo hacía con alguien frente a ella dado que simplemente se quedaba callada. Por suerte Dexter ya estaba acostumbrado a esa actitud. Aunque eso no la justificaba.

Emma se aferró bien e impulsó el resto de su cuerpo hacia Dexter hasta que pudo rodear la cintura del chico con sus piernas y se enderezó hasta estar recta, con sus manos sobre los hombros del chico y su rostro frente al suyo- ¿Vas a cazar algo? ¿Vas a atrapar peces en tu forma de oso? –medio en broma, medio en serio, la idea en realidad le parecía increíblemente interesante- Aunque tal vez deberíamos regresar. Mi padre siempre dice que es mejor estar en el campamento antes de que oscurezca. –se encogió de hombros y se mordió el labio inferior- Claro que él lo dice porque hay muchísimas criaturas que atacan en la noche a los magos. Y dado que solíamos acampar en sus territorios, era mejor estar a salvo. También me gustaría ver más cosas muggles. Aunque sé que tienes tiempo para deslumbrarme con tus cosas muggles. No puedo creer que existan magos que simplemente le den la espalda a estas cosas. –la chica deslizó sus dedos por el perfil de Dexter, como si lo incluyera a él mismo en el mundo fascinante y extraño que ella no conocía- Todo es más que otra cultura y yo sé mucho de la mezcla cultural, siempre me ha gustado todo eso. Tengo la sangre de dos investigadores, curiosear está en mis venas. Me gusta descubrir nuevas cosas, de todo. –sus dedos bajaron por el mentón del chico y recorrieron la garganta masculina hasta su clavícula.

Curiosamente, la idea de volver al campamento era tan tentadora como ver a Dexter cazar. Claro, eran dos cosas completamente diferentes, pero tal vez en el campamento hubiese comida muggle, algo que volvía el camino de regreso mucho más tentador.
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