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La oveja negra y la oveja squib (Mathilde)

Invitado el Dom Ago 09, 2015 5:25 am

Los negocios no podían pasarse la vida yendo viento en popa. Ni siquiera uno tan prospero e inagotable como el mundo truculento en el que él se movía. Era un negocio duro, donde cualquier amateur creía que podía hacer dinero y a los profesionales, como él,  les tocaba ver su preciado negocio despreciado y tratado con menos que el respeto que se debía. Bufó ligeramente. Ya nadie respetaba el antiquísimo arte del origamí y cualquier idiota creía que podía ganar un dineral vendiendo papel mal doblado. Falta de respeto. Él había estudiado durante años de años para ser el profesional que ahora era… y…

Un desconocido le hizo la típica seña y Odi se lo pensó, rebuscando ligeramente en sus bolsillos. Sí, tenía un poco de la vieja y buena marihuana en los bolsillos. Así que se acercó, y tras cruzar unas mas que inocentes palabras hubo un brevísimo intercambio de dinero y mercancía. Dos pasos mas allá, un pobre hombre pregonaba sus desdichas a todo volumen, hablando de tragedias con gigantes y centauros y, por las barbas de Merlin, que hombre tan ruidoso. Así que Odi le metió un par de billetes en la boca, porque le parecía mas bonito callado. El callejón se perdía bajo sus pies y entre una y otra cosa, el cielo se oscureció y el hombre se encontró en medio de la calle, sin un solo peso en los bolsillos y sin droga para vender. Vaya vida tan dura.

Pero a Odi nada podía arrancarle el buen humor… A menos no durante mucho tiempo. Él sabía de un hermoso lugar por lo que un módico (y gratuito) precio podías comer deliciosamente. Así que se guardó las manos en los bolsillos y caminó con sus zancadas de 1.96, que no eran poca cosa si se ponía. Sus pies saben mejor el camino que su conciencia y pronto se encuentra en la parte trasera del Caldero Chorreante. El dueño es un viejo amigo suyo, de esos amigos que cuando te ven te amenazan con la varita y a gritos ¡Ah! Esas amistades tan bellas. Estaba seguro que no le importaría si entraba y le tomaba prestada algo de comida. Aunque sin intención alguna de devolverla, claro. Así que se dispuso a abrir la puerta usando el antiguo e infalible método muggle, tan solo para encontrarse con que ya estaba abierta. Frunció ligeramente el ceño, para acabar por encogerse de hombros y entrando de todas formas. Su conciencia sobre lo que era peligroso no estaba muy bien arraigada.

Aún quedaba un poco para la cocina, así que lo hizo cuan sigilosa y teatralmente pudo, cantando bajo su aliento una vieja canción de película de acción muggle. No entendía muy bien las películas, pero si que le gustaban sus canciones.

-Hakuna Matata, una forma de ser –susurraba, en voz sigilosa y baja mientras esquivaba con giros y saltos todos los invisibles obstáculos que sabia que había, pero que como buenos obstáculos invisibles solo él, con sus habilidades magnificas de yonqui podía ver.

Finalmente, cuando la canción estaba por acabarse… O la parte que él se sabia al menos, llegó a su destino. Uno pensaría que la cocina de un lugar tan prestigioso como aquel iba a ser mas… mas… más más. Pero en realidad era tan solo una cocina como cualquier otra, con trastos voladores que hacían todo el trabajo, como esclavos. Odiseo negó un par de veces con la cabeza. Él estaba totalmente en contra del esclavisamiento de los objetos inanimados. Era de pésimo gusto. Dio un paso y luego otro y agarró lo primero que su nariz le indicó que era comestible, que resultó ser una presa de pollo, pero al jalarla hacia él se dio cuenta de que al otro lado había otra persona. Aquel día era muy confuso, sí. Miró con intensidad a la completa desconocida, repasando su rostro y sus rizos y todo lo repasable con la mirada antes de regalarle una de sus mas encantadoras sonrisas.

- No te preocupes, hay suficiente comida para ambos. Rodrigo Roberto de la Serenidad siempre deja mucha comida –habla como si tal cosa, como si la conociera de toda la vida. Vieja costumbre suya. Le cede, como buen caballero, aquella presa de pollo y se estira para tomar de su lado lo que parece ser… bueno, no sabe exactamente que, pero con aquella hambre canina se veía posiblemente agradable.


Última edición por Odiseo Masbecth el Dom Sep 27, 2015 5:38 am, editado 2 veces
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Invitado el Jue Ago 13, 2015 1:08 am

Mi situación últimamente oscilaba entre jodida y terriblemente jodida, pero cuando eres una fugitiva no puedes esperar milagros. En realidad había huido de la prisión muggle sólo para encerrarme en mi peculiar prisión. Llevaba varios días prácticamente sin salir de mi horrorosa y ruinosa habitación en el Caldero Chorreante, la más barata que podía conseguir, y algo me decía que me habían acondicionado un cuarto de las escobas para tal fin. Pero el dinero – robado – lo había invertido todo en pagar la habitación. No podía permitirme la comida. Eso quiere decir que tenía que buscarme la vida, y no había perspectivas de futuro a corto plazo. ¿Qué coño iba a darme trabajo? A una maldita squib don nadie... Y no, la opción de pedirle ayuda a papá y mamá estaba descartada. Me habían abandonado en un internado muggle. ¿Por qué iban a mover un dedo por mí?

Estuve dando vueltas en la cama hasta que el hambre no me dejó pensar con claridad. Me había comido por la mañana mi última chocolatina de reserva, así que tendría que bajar a saquear la despensa, porque no se me ocurría mejor alternativa. Pero he de reconocer que, pese a ser "mi mundo", el mundo mágico me aterrorizaba. Me pasaba el día acojonada. No estoy acostumbrada a los hechizos, las criaturas mágicas campando a sus anchas como en una jodida película fantástica. Cuanto menos me dejase ver menos me exponía a... a todo. ¡Joder! Debería haber crecido rodeada de estas cosas, con una varita en la mano, volando en una puta escoba mágica como la bruja de El mago de Oz. Las cosas me hubieran ido mucho mejor... O mucho peor, sobre todo si había una versión mágica de Dante con poderes en algún rincón del callejón Diagon. Eso estaría condenado al fracaso... Más de lo que ya lo estaba siendo "normal".

Al final me vestí con lo primero que saqué del macuto y me decidí a bajar a la cocina para hacerme con algo de comida, y os juro que casi me da un infarto cuando me encuentro en medio de "Fantasía", con los cacharros volando y haciendo cosas solos como si tuvieran vida propia. Casi esperaba que apareciera Lumiere para cantarme una cancioncita con ese acento franchute tan sexy mientras me servían la cena. Pero no, resulta que si quiero comer, tengo que "atrapar" la comida porque "flota". Un día de estos voy a despertar en un hospital de Londres después de un coma de meses para descubrir que esto es un sueño. No sé cuánto nivel de surrealismo voy a ser capaz de soportar antes de perder completamente la cabeza. Voy fallando tiradas de cordura a pasos agigantados. En fin, que cuando quiero darme cuentas estoy a cuatro patas subida encima de la encimera tratando de atrapar un muslo de pollo en una cacerola...

Y detrás del muslo hay una cara.

– ¡Hostia puta!

Blasfemo sobresaltada antes de perder el equilibrio y acabar en el suelo de la cocina como una rana, boca abajo, parando el golpe con las manos, lo que hace que una de las muñecas se resienta un poco. – ¡Joder! – Vuelvo a protestar, esta vez entre dientes, mientras me siento en el suelo apoyando la espalda en la isla de cocina de la que me he caído y sujetándome la muñeca dolorida y los restos de mi orgullo herido antes de levantar la cabeza para enfrentar al puto elfo del Hobbit, pero sin melenita metrosexual y con pinta de colgao.¿Cómo cojones has entrado sin hacer ruido? Me has dado un susto de muerte, imbécil. – Porque por sus explicaciones me ha quedado claro que no es nadie de los trabajadores que me hayan pillado con las manos en la masa... o en el pollo, más bien. ¿Habría utilizado algún conjuro de sigilo o algo así? Mierda... Las varitas. Lo olvidaba. Le miro desde abajo apretando los dientes. – Esto... perdona por lo de imbécil, ¿eh? ¿Me vas a convertir en rana o algo así?

Look (Sin tacones):
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Invitado el Lun Sep 14, 2015 4:00 am

Todo iba tan bien entre su pollo y él hasta que de pronto ¡una negra salvaje apareció! Decia salvaje… Bueno, porque estaba tirada en el piso cual rana y todos sabemos que las ranas son animales tremendamente salvajes. Como los colibrís. Salvajes a mas nada poder. Y peligrosos, peligrosísimos. Esos piquitos eran dolorosos cuando se te clavaban en el rostro. Observa todo sin dejar de devorar su muslo. A fin de cuentas, la chica parecía no quererlo. Es mas, apoya su cadera contra la isla de la cocina mientras lo hace, para observar mejor su espectáculo ranil. Que acabó pronto, porque la chica se sentó y empezó a desbancar antes de darle la oportunidad de decir cualquier cosa, que igual no quería porque su muslo estaba muy sabroso y prefería comer.

Cuando habló de convertirla en rana ladeó la cabeza. En realidad nunca había convertido a nadie en rana. Una vez había convertido a Desmond en macadamia… ¿o era eso algo que había pasado drogado? El estúpido que dijo que la vida es sueño nunca estuvo drogado. No, no, lo había convertido en aceituna… No, no eso era otra cosa ¿En qué era que había convertido a Desmond? ¡Bah! Ya se acordaría luego. Casi nunca lo hacia, pero ya lo haría.

- No pienso convertirte en rana… A menos que quie… No, aunque quisieras no podría. Lo siento, nunca fui bueno para Transformaciones. Ni para ninguna materia en general. Tengo un gran talento para las pociones, pero no de la forma que es escolarmente apropiada. La única razón por la que me gradué es porque mis padres sobornaron a todo el mundo para que lo hiciera. No podía quedarme eternamente en Hogwarts, avergonzando la familia- se encoge de hombros y se da cuenta que su comida se ha acabado, así que empieza a buscar entre los trastos voladores algo que llevarse al estomago para calmar al monstruo que vivía en el.  Se llamaba Rupertino y podía ser el ser mas molesto de la creación cuando se lo proponía.

Alguien con dos dedos de frente o un porcentaje menor de alucinógenos en el cerebro, se habría extrañado por el comentario de la chica, pero Odiseo no se extrañaba ya por nada. Había vivido tantas experiencias en sus viajes que ya todo le parecía natural ¿Plantas parlantes? Por favor, creatividad ¿Personas serias? Bah, aburrido ¿Relaciones entre hombres disfrazados de cangrejos y sus hermanos gemelos perdidos? Cosa de ayer. Actualízate, hombre ¿Aquel  apetitoso trozo plato cargado de papas fritas? Sí, por favor y gracias. Lo tomó al vuelo, una vez mas y al ver que la chica seguía sentada en el suelo, la imitó, preguntándose si ella sabia algo que él no. Además, aquella enorme distancia que había entre ambos estaba empezando a hacer que le doliese su valioso cuello.

- Cuentame, ¿por qué este repentino interés en ser convertida en un anfibio?

Sí, Odiseo sabia algo de animales. ¡En un kakapo! Lo había convertido en un kakapo. Satisfecho con su memoria, se metió una papa frita en la boca. Estaba deliciosamente tibia y no demasiado añeja.
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Invitado el Miér Sep 23, 2015 10:52 am

Un colgado. Un puto colgado. El tío de la cocina está como una jodida regadera. ¿Qué coño hace contándome su vida así? ¿Sin venir a cuento? Por no hablar de esa mirada. Reconocería a esa mirada en cualquier parte, hasta a oscuras. Este tío está metido hasta arriba de setas. Y quién dice setas dice cualquier droga similar. ¡Genial! La noche no deja de mejorar. De todas las personas que me podrían encontrar en esta cocina robando comida me toca el elfo yonki con varita. Yo ya no sé si echarme a reír o a llorar, así que lo que hago es mirarle perpleja parlotear y parlotear, con los ojos muy abiertos y parpadeando poco, muy despacio. Vamos, lo que viene siendo la típica cara de "¿Pero qué coño me está contando este tío?" Sí, soy muy mal hablada, lo sé. Pero joder, tengo hambre, y me he hecho daño en la muñeca. ¿Qué esperáis?

El tío no para de comer, pero tampoco para de mirarme con esos putos ojos de sapo que tiene y me está empezando a poner muy nerviosa. – ¿Qué pasa? ¿Qué quieres una foto o qué? – ¿Qué hago? ¿Me levanto? ¿No me levanto? ¿Pillo algo de comida? ¿Me voy cagando leches? ¡Es qué no sé que va a hacer! El caso es que el tío no parece tener ningún problema en robar la comida delante de mí. ¿Por qué debería entonces tenerlo yo? Porque, seamos sinceros, este chaval no es parte del personal. Miro de reojo otro plato, con un trozo de pollo, y me debato entre si cogerlo o no. Me pone muy nerviosa que me miren mientras como. Pero antes de poder decidirme, se sienta delante de mí, con su plato de patatas, sin dejar de mirarme, y más cerca de lo que me hubiera gustado. Retrocedo un poquito, arrastrando el culo por las baldosas del suelo, mientras me hacen la pregunta más extraña que me han hecho en mi vida.

– ¿Eh? ¿Qué? ¡No! No quiero convertirme en ningún anfibio. ¿Tú qué coño fumas? – ¿Para qué pregunto? – Me refería a que tú... por insultarte... – Al final suspiro, relajo la postura, que no me había dado cuenta de que tenía la espalda tensa desde el susto que me he llevado, y niego con la cabeza, haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia. – Da igual. Déjalo. – Me levanto del suelo, apoyándome en una sola mano, y me sacudo las palmas en el pantalón, en la zona de la cadera. Abro y cierro los dedos de la mano en la que me he hecho daño al caer, pero parece que solo me la he recalcado un poco. Me estiro con la otra mano hasta que noto un pequeño crujido, y con un instantáneo y un pelín doloroso tirón siento inmediatamente el alivio. Miro a mi alrededor y cojo un plato que parece sin tocar de una ensalada con trocitos de queso y palitos de cangrejo. ¿Por qué la gente pide comida si no se la va a comer?

Cojo el plato y uno de los cubiertos recién lavados del fregadero y me siento sobre la isla de cocina, con los pies colgando, y sujeto con firmeza la ensalada en el regazo, no vaya a ser que se escape volando. Intento comer despacito, no engullir como un pato, pese al hambre que tengo. pero tampoco quiero parecer una desesperada delante del tipo este. Aunque la verdad, creo que le importaría una mierda. – Yo no suelo hacer esto a menudo. ¿Sabes? Es solo que estoy pasando por una mala racha... –  ¿Por qué me veo en la necesidad de justificarme? ¡Él está haciendo exactamente lo mismo! La lechuga de la ensalada ya anda un poco mustia, como cuando la dejas de un día para otro en el frigorífico, pero está comestible igualmente. Mientras como, no puedo dejar de mirar al elfo de reojo. – Pero tú no tienes pinta de que te vayan mal las cosas. ¿Qué haces esto? ¿Por deporte? – Ya no me iba a extrañar, desde luego, de las gilipolleces que te hacen hacer las drogas. No tantas como el amor, pero casi.
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Invitado el Dom Sep 27, 2015 5:34 am

Las patatas, aunque no todo el mundo lo sepa, son un tubérculo muy noble. Por sus venas corre sangre azul diamante, que sí, que es un color y han librado una serie de largas, dolorosas, inútiles y descabelladas guerras en la profundidad de la tierra. Casi hubo escasez una vez, pero lo entendieron mal y se fueron para el otro lado. La verdad es que pueden ser nobles, pero no son demasiado inteligentes. Todo esto corría por la mente de Odiseo mientras esperaba que su acompañante saliese del trance budista al que parecía haber entrado. Tan solo atinaba a mirarlo como si él fuese el sapo… ¿Sería un sapo? Se miró por todos lados, intentando encontrar si era verde… o de otro color. Si él fuese un sapo le gustaría ser uno de esos sapos alucinógenos de muchos colores. Pero la cosa se puso interesante cuando la chica, cuyo nombre aún desconocía, porque los desconocidos son desconocidos hasta ser nombrados… y porque en realidad no se lo había preguntado. Bueno, que la chica puso la cosa interesante cuando le pregunto que había fumado. Con un cerebro tan altamente atrofiado por todo tipo de experimentos y drogas como tal para Odiseo era imposible distinguir las preguntas retoricas de las normales y antes de que la chica tuviese tiempo de aclararlo, la verborrea salió de su boca, interrumpida por breves pausas para introducir alimento en su boca. Como si aquello reemplazara las palabras que acababan de salir… O algo… ¿Qué esperan? ¿Lógica?

-Yo fumo tan solo lo mejor de lo mejor. La mas altísima calidad de marihuana no medicinal en todo el mundo mágico, no mágico e indefinido- a veces, Odiseo confundía las cosas y no se había hecho la idea que la magia no era como una elección sexual- la cultivo yo mismo, así que estoy seguro de que no tienen ninguna clase de químicos o hechizos vigorizantes que dañan su sabor y potencial. No, tan solo el mas puro abono de Mildred y de vez en cuando unas gotas de algún delicioso alcohol. Porque Rasputina no es demasiado joven para ser abstemia y tampoco ninguna de sus compañeras. Eso es lo que fumo, pero también hoy he consumido una gran variedad de otras drogas. No te recomendaría la mayoría. De baja calidad y poco efecto realmente, pero siempre hay que estar abierto a todo-toma aire, o se mete varias patatas en la boca que parece ser lo mismo porque va soltando esto como una metralleta de información indeseada y continua… O al menos lo intenta, porque se da cuenta de que sus papas fritas se han acabado y eso para él es una tragedia monumental. Así que se olvida siquiera de la perorata que había estado echando para pasar a buscar una nueva victima de sus fluidos estomacales.

La chica empieza a decir que no suele hacer aquello a menudo y a Odiseo la verdad no le importa. No es el tipo de personas que juzga a la primera. Hacia mucho que había aprendido que cualquiera podía ser un pato de tres cabezas y todo le daba igual. Cada uno debía ser feliz de la forma que pudi… ¡Uh! Un helado. Nunca había entendido muy bien porque el postre debía ir antes de la comida cuando el postre sabia tan bien. Así que con la velocidad de un ornitorrinco drogado atrapa el postre  volador y se pone a comerlo, agradeciendo que venga con una cuchara incluida. Una cena muy nutritiva la que estaba teniendo hoy.

- No me van mal las cosas, tengo mi propio piso, con mi propia vaca y mi propio cisne negro. Pero no puedo dejar que toda esta comida perfectamente comible se desperdicie. No, en realidad… -Odiseo se da cuenta de que no sabe el nombre de la chica, así que decide ponerle un apodo, porque eso es lo sensato. ¿Qué buen apodo? Cualquier bautizo debe tomarse con toda la seriedad del asunto. Es mas, Odiseo saca de su bolsillo trasero (donde todos sabemos que es el lugar mas seguro para guardar una varita) a Agripina y como si tal cosa apunta a la chica de la forma menos amenazadora que puede. Que no la va a volver rana- yo te bautizo Goldie- y tras terminar de decir esto, un chorro de agua empapa el rostro de la chica porque todo bautizo debe tener agua- entonces, Goldie. Vengo aquí para comer porque Ramiro Rodriguez de Sofocles- sí, no se sabia el nombre del propietario pero siempre se había imaginado que era con r de gruñón- detesta que lo haga. O al menos eso dice él, yo sé que secretamente le causaba un enorme placer.

OFF: Si me tome demasiadas libertades, ignorame
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Invitado el Vie Oct 16, 2015 12:52 pm

Cena con espectáculo. ¿Se puede pedir más? Había tratado con muchos colgados, drogatas y gente rara en mi vida como para asustarme y, pasada la sorpresa inicial me dediqué a reírme con ganas de sus ocurrencias y disparates. No hay nada mejor que alguien puesto o borracho con el puntillo, cuando está simpático y gracioso, pero no pesado. – ¿Le has puesto nombre a tu planta de marihuana? ¿Y quién diantres es Mildred? ¿Tu novia? – Me río, porque la imagen mental que ha aparecido en mi cabeza lo merece y sigo pinchando a mi ensalada con aire distraído. – Hace mucho que no pillo marihuana de la buena. Si tan orgulloso estás de tu planta, estoy segura de que no te importará darme a probar para que lo compruebe, ¿eh? – Me parecían que habían pasado eones desde la última vez que me fumé un porro, pero no tengo dinero para permitírmelo e igual si le echaba la cara suficiente, aquel tipo se estiraba y me pasaba alguno.

Entiendo lo del abono y quién es Mildred cuando habla de su vaca. ¿Sería normal que todos los magos tuvieran una vaca en su piso o es solo cosa suya? ¿Y cómo tienes una vaca en un piso? A lo mejor el piso era como la Tardis, más grande por dentro que por fuera, o era una vaca enana como las cabezas del autobús noctámbulo. Es como un episodio de Fringe con su vaca y las peroratas del doctor hablando de todo y de nada, sin la más mínima coherencia. Doy cuenta de mi ensalada y cojo un plato con algo que parece carne y huele bien, y no me pregunto lo que es, simplemente me lo empiezo a comer. Sabe bueno, pero está un poco frío. – Oye. ¿podrías calentármelo con la varit...? ¡Eh! – No me da tiempo a seguir hablando porque el muy idiota me ha echado un chorro de agua a la cara que me limpio con el brazo. – ¿Por qué has hecho eso? ¿No era más fácil preguntarme como me llamo? Además, Goldie es nombre de puta. ¡O de perro!

Para los no ilustrados, Goldie es el nombre de una prostituta que aparece en las historias de Sin City. Y también me suena al nombre que le pondría Paris Hilton a su chihuahua. En cualquier caso, me parece horroroso. – Me llamo Mathilde. – No me sorprende que me diga que él viene a comer a hurtadillas sólo por tocarle los cojones al dueño Y, cuando se inventa el nombre, no puedo seguir enfadada aunque quisiera y me da por reírme. – Eres todo un personaje. ¿Eh? Anda, toma. – Le tiendo el plato con la carne. – Caliéntamelo y no te lo comas. Es lo mínimo que puedes hacer después de mojarme. No tengo mucha ropa aquí. ¿sabes? – Espero a que me devuelva mi plato y pienso en que voy a tener que dejar la habitación más pronto que tarde, pero que tampoco quiero que me echen de ese lugar antes de tiempo. – Por favor, no llames mucho la atención. ¿Eh? No me puedo permitir que me pillen robando. El Caldero es lo más barato que he encontrado y no me sobra el dinero. No podría pagarme otra pensión.

Evidentemente, no me conozco todo el mundo mágico. Puede que existan lugares más baratos, y más cutres también, pero ahora mismo es lo que tenía más a mano. – ¿Y tú como te llamas? – No puedo seguir llamándole eternamente el elfo drogata o el colgao, aunque sea en mi propia cabeza, parece que está un poco feo. ¿No? – Necesitaría un trabajo, para conseguir algo de dinero. Se me están agotando los ahorros que me quedaban. – Que venían siendo los últimos que robé hace unos días. Pero no quería ser una carterista toda la vida. Aunque esa es una información que prefería guardarme.Teniendo en cuenta que al tío no le ha importado contarme que consume y posee drogas (imagino que también la vende), sé que entenderá mi situación. – Necesito un curro donde no hagan muchas preguntas, pero que sea decente. No quiero volver a meterme en líos. Un taller, o de chica-anuncio. Lo que sea. Tu eres de aquí. ¿Se te ocurre algo?
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