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Arrival of the birds [O. Winslow] [Flashfoward]

Axel S. Crowley el Miér Ago 12, 2015 3:38 pm

Flashfloward. 11 de Septiembre. Viernes a las 7:14 pm.

Lo prometido era deuda. Cierto era que le había prometido tanto a Lluna como a O. que las vería lo más pronto que pudiera desde que volviera a Londres, pero debía de admitir que prefería verlas por separado y, aquel primer día, ya había hecho sus planes para ver a una de ellas.

Había contactado con una de sus compañeras de habitación, sin ser ni Circe ni Lluna ni Annabella. Si no la otra, la que era bastante más invisible pero aún se llevaba con ellas. Axel le había pedido que si por favor podía llevar a O. con alguna excusa a las Tres Escobas el viernes por la tarde. Que se lo currara para que no faltase, que sería recompensada con lo que quisiera. ¡Irónico lo que le pidió! Pero Axel no tuvo ningún problema en aceptar el trato con dicha chica.  

Quería darle una sorpresa. Era muy típico eso de: “¿Quedamos el viernes? Te espero en tal sitio. Te echo de menos, blablabla.” Axel quería ver en su rostro, o por lo menos intentarlo, algún atisbo de sorpresa. ¿Felicidad? No sabía lo que vería en su rostro, pero O. era tan poco dada a mostrar sus sentimientos que Axel por lo menos quería intentarlo y sentirse satisfecho con ver el mínimo resquicio de sorpresa.

Así que el viernes, a eso de las seis y media, Axel se apareció en la puerta de las Tres Escobas y entró al interior. Respiró profundamente y sintió como el característico olor a las Tres Escobas le llegaba hasta lo más profundo de lo nostálgico. ¡Ocho años yendo todos los fines de semana a aquel lugar! Se sentó en la barra y miró a la encargada con ojos cariñosos.

-¿Me echabas de menos?-Preguntó cuando la mujer le reconoció.

-¡Axel!-Se acercó y se estiró por la barra para darle dos besos al chico.-En verano agradezco la ausencia de alumnos, pero ahora echaré de menos tus visitas. ¿A qué se debe el placer?-Preguntó al exRavenclaw.

-He quedado con una amiga. ¿Sabes? Al final he hecho el viaje que siempre te conté que haría.-Le dijo contento, mientras la encargada le servía una cerveza de mantequilla sin que él se la hubiera perdido.

-¿Qué me diceees?-Dijo, en plan maruja.-¿Y no me has traido nada? ¡Cuéntamelo todo! -Y es que había confianza, pues desde que a Axel se le permitió entrar en las Tres Escobas, había tenido una relación muy buena con ella.

Había quedado con la amiga de O. y, por ende, con O. a las siete, por lo que entre lo que se retrasarían y demás, Axel no se preocupó, sino que se puso a hablar con la encargada de las Tres Escobas y algunos más que se acercaron, contándole anécdotas del viaje.

Y ahí le veías, en medio de las Tres Escobas con la encargada haciéndole más caso a él que a los clientes y un montón de alumnos de primero y segundo de todas las casas prestando atención a los que le contaba Axel. Ya que, por cómo lo contaba, parecía más bien una historia de aventuras inhóspitas y peligrosas que un viaje normal.

Y, bueno, quizás no fue tan emocionante como él lo contaba, pero sin duda alguna hubo peligro y aventuras muy peliagudas en el viaje, sobre todo teniendo en cuenta que ninguno de los dos tenía su licencia de aparición todavía y tenían que andar con cuidado de no perderse en medio de ningún país. Además, fue con Matt. Matt era un maldito liante. Así que podéis haceros una idea.

El chico se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla que se había apropiado y en cuyo asiento había una gran carpeta, volviendo a sentarse en la mesa para hablarle a todos aquellos que estaban sentados a su alrededor.

Realmente, sólo estaba haciendo tiempo ya que Axel tenía una labia impresionante como para captar la atención de todos los que quisiera, pero ese día tenía unos planes muy diferentes. Por lo que si la chica hacía su cometido de traer a O., no tardaría en irse de allí.


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O. Winslow el Jue Ago 13, 2015 1:30 am

Era viernes y apenas había comenzado el nuevo curso. A pesar de ser fin de semana no tenía muchas ganas de salir del castillo. Mis planes eran otros para esta tarde de viernes. Tenía intención de recorrer el castillo en busca de Gabriel y armar algo de alboroto, ponernos al día y buscar nuevas opciones para encuentros ocasionales en el cuarto de las escobas. No podía estar todo un curso sin aperitivos carnales.

Celaena entró en la habitación cuando estaba a punto de salir. Había cambiado ya mi vestimenta, había dejado de lado el uniforme y vestía un simple vestido de alta costura. El rostro desmaquillado salvo por un poco de lápiz labial y el pelo despeinado. Como su un huracán hubiera pasado por mi cabeza. – ¿A dónde vas, O.? – Preguntó con una sonrisa y una mirada extraña. – ¿Qué más te da? – Respondí con algo de sequedad. No era la primera vez que lo hacía, solía ser así con el ochenta por ciento de la población del castillo, por poner excepciones.  – No seas así, sólo quería pedirte que me acompañaras a Hogsmeade. – Mi rostro se contrajo con intriga, ¿desde cuándo me pedía ser su acompañante? Miré el suelo unos segundos, observando mi bolso con detenimiento. – No me apetece ir a Hosgmeade hoy, tengo cosas mejores que hacer. – Fue mi respuesta, dando un par de pasos hacia delante y quitándola de mi camino.

Por fin había salido del dormitorio, mas Celaena no iba a darse por vencida. Me siguió hasta la sala común, adelantándose un poco e interponiéndose de nuevo en la salida de la sala común. – ¡Por favor! Acompáñame. Me tengo que reunir con unos amigos de Ravenclaw y tengo la sensación de que te encantará acompañarme. Venga, ¿qué puede ser más divertido que ir a Hogsmeade un viernes? – Sus palabras me dejaron atónica, ladee la cabeza y sonreí con malicia. – ¿Una noche de sexo salvaje con Gabriel? ¿Te parece lo suficientemente emocionante para preferirlo a Hogsmeade? – Mis  palabras hicieron que diera un paso atrás, no se esperaba para nada una respuesta como esa. Pero una lucecilla se encendió en su cabeza y fue más ingeniosa de lo que pudiera haber imaginado. – Si fuera cierto, ¿cómo es que Gabriel es uno de los que me espera en las Tres Escobas? – Me había pillado, no me esperaba algo así. Cierto era que no había quedado con él, pero tampoco hubiera imaginado jamás que se iría a reunir con ella. – Tú ganas. – Me rendí al fin. Su júbilo fue extraño, demasiado para ser una simple tarde de viernes. Pero no le di mucha importancia.

Tardamos bastante en llegar a Hogsmeade, más de lo que recordaba a pesar de haber ido en carruaje. El pueblo estaba abarrotado, el curso requería de más movimiento. Padres visitando a sus hijos, exalumnos visitando amigos. Por mi parte no tenía intención de ver a nadie más que a mi mejor amigo, era lo único que necesitaba esa tarde.

Entramos en las tres escobas, eran las siete y media más o menos, apenas quedaba media hora para el regreso al castillo. Una tontería reunirse a esa hora en aquel lugar, pero la inteligencia no parece el fuerte de muchos. El local estaba como siempre, lleno de gente, pero con una inusual aglomeración en la barra. Cuchicheos apagaban la voz cantante en esa zona. – ¿Y bien?¿Dónde está Gabriel? – No me respondió y yo comenzaba a impacientarme. No me gustaban estos jueguecitos. – Ya que estamos aquí, podrías pedirme una cerveza de mantequilla. Por el recorrido al menos. – Le exigí más bien. Ya que estaba en el local, al menos tomar algo antes de volver. Quizás podía encontrar algún juguete para este curso entre tanta gente.

Me encamine hacia una de las mesas más alejadas, apartada de las vistas indiscretas y donde podría observar todo lo que quisiera sin preocuparme por nadie.


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Axel S. Crowley el Jue Ago 13, 2015 9:38 pm

Axel se pegó hablando más del tiempo esperado con todas aquellas personas, algo que no le importó. Miraba a cada momento el reloj, dándose a sí mismo ánimos de que Celaena conseguiría traer a O.a las Tres Escobas. Ya le había advertido por carta de que nunca había sido especial amiga de O., pero que lo intentaría con toda sus fuerzas.

En cierta ocasión, él que se encontraba detrás de una columna, pudo ver por el reflejo de la ventana que había entrado tanto Celaena como O. El rostro del chico se le iluminó y curvó una sonrisa, mirando a todos los que estaban delante de él escuchando sus historias.

-...Y luego volví a Londres.-Finalizó tajante.

-Ohhhh, venga ya…-Decían algunos de los alumnos, que, probablemente, no tuvieran nada mejor que hacer que estar allí escuchando los que le decía un universitario.

-Lo siento, ha venido mi cita.-Dijo, cogiendo su chaqueta, poniéndosela y cogiendo también la carpeta que había traído consigo.

Se acercó a dónde estaba O. y Celaena y, cuando ésta última pidió una cerveza de mantequilla para O., Axel apareció desde detrás y se colocó al lado de O., mirando a su amiga, la encargada de la tienda.

-Ahórrate la cerveza, por favor.-Le dijo a la encargada, mirando a O. con una sonrisa.-Tengo algo mejor que ofrecerle. Sin ofender…-Miró entonces a su amiga, guiñándole un ojo.

Miró a Celaena y le tendió la carpeta.

-Mis apuntes de Runas Antiguas, Herbología y Pociones para los EXTASIS. Cuídalos bien, ¿vale?-Le dijo sonriente. Axel había sacado extraordinario en todo, veríamos de qué era capaz Celaena.

Entonces, enfocó toda su atención en O., la cual estaba delante de él. Estaba preciosa, incluso despeinada. ¿Había un huracán ahí fuera y Axel no se había enterado? Pero bueno, a esa mujer le quedaba bien todo lo que se hiciera en el pelo. Estaba más que comprobado. Rosa, rubio y corto, moreno y largo… Curvó una sonrisa.

-Llegas tarde a nuestra cita.-Le recriminó con diversión, mirado de reojo a Celaena, la cual ponía los ojos en blanco.-Ya sabía yo que iba a costarle traerte hasta aquí… -Añadió, negando suavemente con la cabeza. Entonces, tomándose toda la libertad, posó su mano en la de ella y, tras una mirada traviesa, se desapareció junto a ella.

Ambos aparecieron en una habitación preparada para magos para aparecerse. Axel sujetó a O. nada más aparecer, pegándola a él para que no se cayera por haberse desaparecido de imprevisto. Su frente se le quedó a la altura de los labios, por lo que le dio un beso justo en el centro, antes de separarse y mirarla a los ojos.

-Hola.-Le saludó.-Ya sé que no te he dado tiempo a decir lo mucho que me has echado de menos, pero es que llegábamos tarde…-Y, acto seguido, abrió la puerta que tenía delante de ellos, enseñándole el lugar al que la había llevado.


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O. Winslow el Sáb Ago 15, 2015 11:28 pm

Celaena había logrado algo que parecía imposible, lograr que acudiera a las tres escobas en contra de mi plena voluntad. Solo quería dar con Gabriel, tenía muchas cosas que hablar con él y ella había echado mi estrategia para librarme de ella de un tras. Lo cierto es que a ambas podía habernos salido el tiro por la culata con la excusa, sin embargo ella tenía un as bajo la manga, y no era otro que haber visto de casualidad como Gabriel salía hacia Hogsmeade una hora antes de ir a insistirme.

Una vez en el local, pude comprobar cómo la gente se amontonaba a un lado, lo cual daba una amplia visibilidad para saber que Gabriel no estaba allí. Celaena me había engañado y esto lo iba a pagar, por el momento con una cerveza de mantequilla. “Ahórrate la cerveza” ¿quién se atrevía a decir eso? ¿Es que ya nadie podía beber ni una cerveza a gusto? Mi cara no era de muchos amigos precisamente y me giré hacia el origen de esas palabras con mala leche y una ceja enarcada. – ¿Axel? – Pregunté con más confusión que nunca. Era a la última persona que me esperaba ver en ese lugar. Mi rostro había cambiado por completo, volviendo a tener una expresión más relajada, con una leve sonrisa.

- ¿Cita? Si hubieras avisado sí sería una cita. Pero esto no lo es. – Respondí con mi usual tono de voz. Ahora comprendía el porqué de la insistencia de Celaena, me había cambiado todos mis planes por unos míseros apuntes. Tan poco me conocía que no era consciente de mi valor. Por mí se debería pedir mucho más que apuntes para tres asignaturas que todo el mundo debería aprobar sin complicaciones.  

Todo sucedió luego con una rapidez asombrosa, la mano de Axel agarró la mía y tuve el impulso de retirar la mano con brusquedad, más me había sorprendido de tal modo que, por suerte, no lo solté. Sentí como mi cuerpo se desvanecía en el aire, por instinto apreté más fuerte su mano, esperando no perder ninguna parte de mi cuerpo en el trayecto.

Aparecimos en una habitación de lo más extraña y desconocida para mí. Ligeramente mareada retrocedí un paso, alejándome de él. Axel comenzó a hablar, estaba confusa y no era algo que me gustara, odiaba no saber que ocurría y mucho más que las cosas no fueran como yo esperaba. Me paré en el cuarto y dejé que abriera la puerta, ni siquiera hice por salir. Sólo me acerqué lo justo a él y le di una bofetada con toda la fuerza que en esos momentos tenía.  Bofetada que fue seguida de un beso corto pero cargado de pasión. Fue mi peculiar modo de decir “Hola, yo también te he echado de menos.” – La próxima vez avisa. – Dije con una sonrisa ladeada y salí de aquel cuarto.

La brisa del mar me golpeó con fuerza, sentía pequeñas gotas de agua caer sobre mi piel. El olor impregnó mis pulmones  de modo que una calma extraña recorrió mi cuerpo. – ¿Dónde estamos? – Pregunté con curiosidad y un tono mucho más relajado. Aunque hubiera podido demostrar que estaba disgustada por encontrarme en a saber dónde, me sentía complacida y feliz por verle de nuevo. Habían sido unos meses muy largos.
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Axel S. Crowley el Dom Ago 16, 2015 8:22 pm

Y nada más girarse tras abrir la puerta, bofetón que se llevó. Se quedó sorprendido, pero fue acompañado de un beso, algo que suavizó considerablemente la situación actual. Ese bofetón le había pillado totalmente de imprevisto. Uno no espera ser golpeado por su cita cuando la llevas a Italia en plan sorpresa. ¿A quién no le gustan las sorpresas de ese estilo? O quizás Axel se había complicado demasiado y O. prefería tomarse tranquilamente una cerveza de mantequilla. Pero Axel tenía la manía de complicarse las cosas en busca de sorprender a la chica. Él era así, no podíamos pedir menos del Crowley posiblemente más romántico de los cinco hermanos.

-Tranquila, lo haré. No más sorpresas, captado.-Dijo, llevándose la mano a la mejilla en dónde había recaído el golpe a mano abierta y frotándosela.-Qué golpe más gratuito. ¿Era una reprimenda por haberte abandonado todo el verano?

Salió detrás de ella y respiró profundamente, notando su mejilla roja y caliente. ¡Pero qué golpe! Nada más salir se pudo observar todo lo que había delante de ellos, un restaurante de lo más estiloso y oculto en lo que parecía un risco al lado del mar.

Axel había visto ese restaurante cuando Matt y él había pasado por Italia en Agosto y le había gustado mucho el estilo. Además de que por lo que decían, se podía comer de todo y no tenía que estarse complicando la vida pensando que tipo de comida le gustaría más a O.

-En Italia.-Sonrió de medio lado, pasando a su lado.-Estamos más concretamente en la localidad de Polignano a Mare y ese es el mar Adriático.-Comentó Axel, informándola de todo lo que se encontraba a su lugar.-Este es el Hotel Grotta Palazzese, una de las mayores recomendaciones en Italia. Espero que te guste. Yo nunca he venido nunca.-Le dijo, guiándola con una mano en la parte baja de la espalda por el camino hasta llegar a una mesa, situada justo al lado de la barandilla principal que separaba el restaurante de la caía rocosa hecha por la erosión del oleaje.

Axel le movió la silla para que se sentara y luego se sentó él en frente de ella, era una mesa de dos, pequeña e íntima. Luego cogió la etiqueta de “reservado” y se la guardó en el interior de su chaqueta. La camarero no tardó en acercarse a ellos, un mesero muy elegante que poseía un paño blanco alrededor de su mano y un bloc en dónde apuntar.

-¿El Señor Crowley, cierto?-Preguntó, sólo para cerciorarse.

-El mismo.-No le gustaba que le llamasen así, le recordaba a su padre.

-Les traigo la carta en un momento, ¿sabéis ya lo que queréis beber?

Axel adoraba el vino. Le hacía parecer un poco mayor, pero probablemente era la única afición que había sacado de su padre. El único Crowley que era fanático tanto del olor como del sabor de esa peculiar bebida. No obstante, no sabía si a O. le gustaría, por lo que observó a su amiga.

-Elige. ¿Champán? ¿Vino? ¿Refresco? ¿Un zumo? No creo que haya de calabaza aquí…-Esbozó una sonrisa, dándole la oportunidad de elegir a ella para que el camarero se fuera a traer la carta.

Esperaba que eligiera para poder preguntarle que tal le había ido todo el verano. Tenía curiosidad. MUCHA. Sobre todo por el tema de: "la búsqueda de diversión". O. podía ser como fuera, no era nada malo teniendo en cuenta de que entre ellos, realmente, no había nada, pero Axel solía comerse la cabeza con ese tipo de cosas. Le gustaba que lo que a él le gustara, fuera sólo de él. Compartir no solía estar en su vocabulario. Pero no sabía por qué, O. siempre le había parecido una chica que jamás sería solo de una persona. Algo que, en parte, le molestaba. No sabía si era así, o sólo la sensación que le daba, ya que, obviamente, no era la persona que más le conocía ni de lejos.
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O. Winslow el Sáb Sep 05, 2015 4:08 pm

No sólo no era consciente de donde estaba, sino que al despertar lo que menos esperaba era esta situación. Lo había extrañado, claro que lo había hecho, mas nunca lo admitiría. En mi mente no cabía esa sensación, no entendía porqué me sentía así cuando él no estaba. Me había acomodado, debía ser eso. Estaba demasiado acostumbrada a verle día sí y día también. Sí, era sólo la falta de costumbre.

- Por supuesto. Y no sólo por haberme abandonado, sino por llevarte contigo a Matt. No tienes la menor idea de lo aburrido que es un verano sin salir al menos una noche de fiesta con él. - Le reproché sin más. Había sido un verano demasiado largo, aunque había tenido momentos de diversión, no evitaba que extrañara otros pasados. No solía vivir estas situaciones, siempre que quería algo lo tenía y con ese estúpido viaje alrededor del mundo me había quedado sin mi peculiar diversión con ambos.

Salimos de aquel cuarto y el mar se extendía ante nosotros, una suave brisa acompañada del característico olor del mar. Gratificante pero a la par más confuso que antes. Italia. Sorprendida me hallaba de encontrarme a orillas del Mediterráneo cuando unas horas antes había estado en clase. Sorprendida por la ocurrencia de Axel, me dejé guiar por él hasta una pequeña mesa para dos. Había que reconocerle el esfuerzo, pero sobre todo el logro.

- No, no he estado aquí antes. Pero es un lugar precioso. - Respondí mirando el mar. Era impresionante, nunca había tenido la ocasión de cenar junto al mar. Aunque espero que ninguna ola sea lo suficientemente grande como para mojarnos. No quiero tener el pelo más desastroso de lo que ahora lo tengo.  - ¡Gracias! - Le agradecí el gesto. Axel era todo un caballero, pocos se esforzaban en ayudarte a sentarte. - Nunca me hubiera esperado algo así de ti, Crowley - Comenté una vez estuvo sentado frente a mi.

Un camarero no tardó en acercarse, como es habitual en cualquier restaurante como este. La mesa estaba perfectamente colocada y las copas relucientes. Al escuchar la pregunta del camarero, esperaba que Axel eligiera, principalmente porque lo único que suelo beber mientras como es agua o zumo de calabaza a lo sumo. Por ello mi rostro reflejó mi sorpresa al delegar en mí tal decisión. ¿Qué digo? ¿Vino? ¿Champán? - Una pena que no haya zumo de calabaza. - Dije con un tono afligido, dándome tiempo a decidir. - Vino blanco afrutado. - Dije a modo de pregunta, no al camarero sino a Axel. Podría gustarle o no, y ya que era su invitación el decoro me impedía elegir por él. Sin embargo el camarero lo tomo como una petición y se marchó a buscarlo. Ya no había marcha atrás.

- Antes de nada, debería advertirte que mi tolerancia al alcohol es más bien poca. - Le confesé asintiendo con la cabeza en repetidas ocasiones. Después tenía que devolverme al colegio, estaba dejando todo en sus manos, o al menos mi integridad física. - ¿Sólo pueden entrar magos? -Pregunté tras echar un vistazo a mi alrededor e inclinándome hacia él. No fuera a escucharme alguien que no debía. Esperaba una rotunda negativa a mi pregunta, pero todo era posible y de haber muggles en el local, no me quedaría otra que aguantar. Seamos realistas, me ha traído Axel, estoy en un país a kilómetros de mi casa y no puedo usar la aparición porque no me he examinado, no me quedaría otra que soportar compartir la cena con tan desagradables seres.
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Axel S. Crowley el Lun Sep 07, 2015 2:09 am

El bofetón fue tremendamente inesperado. E incomprensible. Por lo menos, claramente, para el chico, el cual se había currado una bonita cita para Ophelia. Llevaba meses sin verla, por lo que había pensado que hacer algo “por lo grande” era una buena manera de volver a verse, sobre todo teniendo en cuenta que ahora apenas iban a verse. Teniendo en cuenta lo independiente que parecía la chica y lo rata de biblioteca que era Axel… Debía de cambiar mucho la cosa como para que el exRavenclaw dejase de lado su carrera para hacer más su vida social. Cosa que debería. En Hogwarts estaba casi obligado a relacionarse pues vivía allí las veinticuatro horas del día, pero ahora todo era diferente y uno debía de empezar a conservar a sus amistades y, por qué no, crear nuevas.

-¿Qué no tengo la menor idea?-Soltó una carcajada.-No podría recordar la de veces que he ido de fiesta con Matt este verano. Y creo que sé a lo que te refieres y tienes razón. Ese chico tiene un don para las fiestas.-Dijo Axel, totalmente convencido. Habían ido de fiesta, como mínimo, una vez por país. Teniendo en cuenta que habían visitado doce países diferentes y, realmente, iban de fiesta en cada ciudad menos los días en dónde terminaban muy quemados por lo que hacían por el día. Así que habían salido un montón.-Deberías pegarle a él, por preferirme a mí a ti. Aunque ambos sabemos que tú también hubieras acertado a un viaje tan espectacular como ese en mi compañía. ¿O no? No puedes culparle.-Un brote de egocentrismo apareció en Axel, en un brillo divertido de ojos. Realmente era broma, ¿pero quién en su vida no ha querido sentirse nunca deseado? En parte era un comentario para picarla.

Salieron al exterior y fue entonces cuando se vio la preciosidad del lugar. Todo perfecto, sin ningún tipo de probabilidad de errores. Era uno de los hoteles más prestigiosos (y caros) de Italia, por lo que todo debía de ser perfecto. La actitud de Ophelia sorprendió a Axel. Normalmente era mucho más cerrada e irónica, pero el chico estaba contento, ya que parecía haberla cogido por sorpresa; que era lo que él quería.

-Bueno…-Esbozó una pequeña sonrisa.-Este tipo de detalles no podía tenerlos en Hogwarts. Ese castillo limitaba mi carácter detallista.-Confesó.-Me apetecía traerte a una “cita” -hizo comillas con los dedos- de verdad. Bajo mi punto de vista, creo que eres una de las pocas chicas que se lo merecen.-Concluyó.

Realmente, si nos poníamos a pensar fríamente la cantidad de personas que había en Hogwarts, las personas de linajes mágicos prestigiosos y mágicos, como eran los Winslow, los Crowley, los Masbecth, los Harrelson y demás, poseían ese atractivo de personas poderosas, ricas y atractivas y destacaban sobre las demás. Se esperaban grandes cosas de ellos y, quieras o no, siempre estaban esas personas que “soñaban” con ellas. Por eso Ophelia era una persona tan deseada. Igual que Circe, quizás Damon, e incluso Axel. Pero por lo menos el exRavenclaw, en vez de aprovecharse, prefería volcar todos sus recursos en una sola chica.

El camarero llegó a ellos y les pidió nota de lo que querían beber, ya que ambos debían de ver la carta para decidirse a algo de comer. Estaban en Italia, por lo que suponía que en el caso de que nada le llamase la atención, podían recurrir al comodín de comida italiana, que eso le gusta a todo el mundo. Axel escuchó la sugerencia de Ophelia y asintió al camarero cuando el tono de voz de la chica se volvió más dudoso de lo normal, dándole a entender que lo que había dicho era perfecto.

-No te preocupes, no pretendo emborracharte. No hoy, por lo menos.-Sonrió de medio lado.-Hoy pretendo que estés cuerda para que te acuerdes de todo lo que has hecho en verano y me lo cuentes.-Añadió, callándose para atender a la pregunta que había formulado Ophelia. La verdad es que no entendía qué más daba que pudieran entrar magos solamente o muggles. En cierta manera, en un lugar como aquel, prefería intimidad y los muggles la daban. Para Axel eran otro mundo aparte del que no tomar parte, no había que preocuparse de ellos.-No. Es un hotel mundialmente conocido, pero uno de los encargados es mago y por eso nos facilita el acceso. Nuestro camarero también es mago, creo recordar.

Entonces se calló porque venía el camarero, pues hacer distinciones en cuánto a magos y muggles, teniendo en cuenta que no todos eran así de nazis, podía dar a malos entendido. Sonrió al camarero que, efectivamente, era mago y aceptó la carta que le daba, dándole otra a su acompañante.

-Espero que no sea un problema.-Dijo cuando se fue el camarero.-Me ofendería que le dieras más importancia a eso, que a todo lo demás.-Añadió, con un mohín, ojeando la carta mientras el camarero les abría el vino y les servía en la copa a ambos.

Podía decantarse por algo italiano, pero aprovechando que se trataba de una ocasión especial y lo italiano podía comerlo en cualquier lugar, se decantó por un plato más sofisticado.

-Quiero de primero una ensalada de pulpo y aguacate.-Se le hizo la boca agua.-Y de segundo, pescado al escabeche con papatas.-Luego pasó la hoja para observar los postres y dejó que su amiga pidiera antes de decantarse por un postre. Cuando terminó de pedir, él ya se había decidido.-Tarta de queso con arándanos.-Sonrió y cerró la carta, dándosela al camarero.

Se fue y Axel se quitó acomodó la chaqueta.

-Tengo un regalo para ti, no me he olvidado de tu cumpleaños. Pero cuéntame qué has hecho en verano. Eres bastante escueta por carta.-Le dijo, consciente de que él tampoco es que le hubiera contado grandes detalles.-Yo también, lo admito.
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O. Winslow el Miér Oct 28, 2015 9:17 pm

Compartir amistades no era algo a lo que estuviera acostumbrada, aunque no eran amistades propiamente dichas, más era lo de menos. Saber que los dos se habían ido todo el verano juntos me había causado emociones encontradas. Si algo sabía de Axel es que era algo celoso, o eso me había dado a entender. E imaginarmelo compartiendo historias sexuales con Matt teniendo en cuenta todo lo que había vivido con ambos. Me resultaba incómodo, sobre todo impensable. Era un riesgo no calculado, ¿y si ahora decidían ambos que no jugarían más conmigo? No podía permitirlo, no así.

- Puede ser, pero nunca lo sabremos. - Respondí alzando las cejas en un intento de dejarlo desconcertado. ¿Podía haber aceptado una experiencia así con él? Quizás con él sólo no, pero pensándolo bien no hubiera estado nada mal. Descubrir el mundo de fiesta en fiesta y lo que ello conlleva. Aunque no nos engañemos, me conozco lo suficiente para saber que no dejaría a Axel salir de la habitación tan fácilmente.

Salir del cuarto minúsculo en que nos aparecimos y ver el mar ante nosotros, una brisa cálida y unos colores en el horizonte que claramente no eran propios del norte, había sido más que gratificante. Axel había logrado lo que muy pocas personas, sorprenderme. Lo cierto es que cuando se le antojaba algo, no paraba hasta lograrlo, una cualidad digna de admirar.

- ¿Una cita? - pregunté con una media sonrisa y una mueca escéptica en mi rostro. Aunque algo en mi interior, en algún lugar muy recóndito se activó con cierta alegría ante sus palabras. - ¿Y quiénes serían las otras que se merecerían estar ahora en mi lugar? - Mi tono de voz sonó sarcástico, un intento de disimular algo que me negaba a admitir. Celos, sí, probablemente Axel era el único que había despertado en mí ese sentimiento, y teniendo en cuenta lo que había hecho este verano por unas simples sospechas e hipótesis que tenía sobre una hipotética relación entre él y Lluna, tenía cada vez más claro que algo mayor ocultaban esos celos. No eran normales. Aunque estoy segura que no es más que mi necesidad de no compartir nada. Sí, era eso.

El camarero llegó a tomarnos nota, al menos de lo que tomaríamos de beber. Difícil decisión que recayó en mí, básicamente porque no soy de las personas más indicadas para elegir un vino u otro. No era de mi agrado el alcohol y era consciente de que dos copas podían hacer que hablara más de la cuenta o hiciera el mono sobre la mesa sin importarme lo que pensaran, que nunca me había importado, pero la apariencia es algo a guardar y más siendo mi padre quien era.

Una sonrisa tímida asomó en mi rostro. - Quizás para saber todo lo que he hecho sí que necesites emborracharme. - Añadí con un guiño, inclinandome hacia delante en la mesa a la vez que hacía una nueva pregunta, algo más íntima. Su respuesta fue un tanto inesperada. Muggles y magos trabajando juntos. No me sorprendía, era consciente de las facilidades que aportaba esa unión. Que los muggles no son tan inservibles, lo que no me agradaba era tenerlos como iguales. Y en ese local no sabría diferenciar uno de otros, quizás ahí estaba lo ilógico de mi pensamiento, más era irrelevante ahora.
-En realidad no me importa, de ser así nunca visitaría museos. - Confesé sin más, cierto era que mi pasión por el arte no dejaba que mi asco por los muggles me impidiera pasar horas entre ellos con un fin claro. Y una cena con Axel, en la cual el resto de personas me daba exactamente igual mientras no me molestara…

- De primer plato tomaré gnocchi di pane sin espinacas, de segundo ossobuco alla milanesse. - Fui pidiendo tras una lectura rápida a la carta mientras Axel pedía sus platos. Tenía bastante claro que comer, no era la primera vez que visitaba Italia, aunque si ese local. Leí los postres aún teniendo clara mi elección también, pero dejó que Axel pidiera primero, al final es quien va a pagar la cuenta. - Yo tomaré un cannolo de postre. - Concluí, tendiendole la carta con una sonrisa y tomando un poco de vino, el cual ya estaba servido. El primer contacto con mis papilas gustativas fue extraño, una extraña sensación aunque no desagradable. Podría acostumbrarme.

- Contarte así sin más no tiene diversión. Ya sabes que me gusta más jugar. - Dije con diversión. - Te digo dos palabras y si vas por el camino correcto te cuento o no algo de mi verano. Pero tú también debes contarme algo a cambio. - No estaba segura de haberme explicado bien, pero era un chico bastante listo. - También tengo algo para ti. - Admití al final. - Solo que no aquí. - En realidad nunca le había dado su regalo por no estar segura de que fuera apropiado. Ni como se lo tomaría, pero llegados a este punto había tomado la opción de dárselo.

-¿Desierto o selva? - Fueron las dos palabras que a mi mente acudieron, una de ellas había representado uno de mis viajes.
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Axel S. Crowley el Mar Nov 03, 2015 6:17 pm

Axel se quedó con la duda de si la chica le hubiese acompañado a un viaje así. Pero por una parte, quería pensar que sí que hubiera aceptado. Ya no por ego, sino porque ¿quién en su sano juicio rechazaría la oferta de ir a un viaje por varios países acompañado de alguien que te cae bien? Ya no era solo por la extraña relación que se traían entre mano, si no en general por cómo se llevaban. Aunque pensándolo fríamente… ¿Si no hubiera esa atracción física entre ellos, se llevarían bien? Porque todo entre ellos había empezado por esa atracción, ya que en un principio Axel no estaba muy convencido en acercarse a la chica porque por su culpa le habían roto la nariz. Pero todo cambió después. No era solo atracción física mutua, sino que Axel también sentía una tremenda atracción por su misterioso carácter.

Curvó una encantadora sonrisa cuando la chica preguntó por las otras candidatas que podían optar a estar en su posición en aquel momento.

-¿En tu lugar ahora mismo? Por Merlín, ninguna.-Contestó totalmente seguro. Axel no llevaba a cualquiera a Italia, eso estaba claro. Pero era cierto que tenía muchas amigas con las que no le importaría ir a otro tipo de citas, por hablar y ponerse al día. Entre ellas Lluna, aunque estaría bastante ocupada con su novio ahora mismo, Tea, Circe… Eran con las chicas con las que más complicidad tenía.-Con lo que me he roto la cabeza para traerte aquí... Solo he venido aquí contigo y no pretendo traer a nadie más.-Dijo con suma tranquilidad, dándole a entender que aquella ocasión era totalmente nueva para él.

Axel se sorprendió cuando la chica dijo con total sinceridad que para enterarme de todo lo que había hecho en verano necesitaría emborracharla. Qué ganas de no saciar el interés de Axel… Era una de las cosas que le sacan de quicio y, en parte, le gustaban de la chica. Era consciente de la insaciable curiosidad de Axel y, aún así, siempre conseguía desesperarlo.

-No me des ideas.-Curvó una sonrisa, mirándola con reproche por no contarle nada.-¿Museos muggles?-Preguntó sorprendido, pues ahí dónde les veían, realmente sabían poco sobre las pasiones del otro.-¿Qué clase de museos visitas?-Preguntó por curiosidad, esperando que O. fuera un poco más abierta y no le contestase con una pregunta retórica o evasiva.

Ambos pidieron la comida que deseaban y le camarero se fue con la misma eficacia con la que había llegado, dejándolos a solas otra vez. Axel probó el vino y, como de costumbre, no le decepcionó su amargo sabor. Le encantaba, desde “pequeño” era una de las pocas cosas que su padre compartió con él, su afición por el vino.

-¿Algo para mí?-Repitió con sorpresa.-¿Y eso? Mi cumpleaños fue hace mucho.-Contestó, curioso por saber de qué se trataba y si era por puro capricho de ella o por algo en especial.-Vale, venga.-Dijo Axel cuando O. le propuso el juego de las dos palabras. De las dos que dijo, Axel tenía claro cuál iba más con ella, pero no podía estar seguro de a dónde se habría ido de viaje más de lo que le había dicho por carta. Hizo memoria y dio su respuesta.-Me dijiste que habías visitado Italia, Francia e Irlanda, aunque algo me hace inclinarme más por tu viaje estrella a Australia. Aunque en ese país hay tanto desierto como selva… pero me voy a decantar por el desierto. Si he acertado, me merezco saber también algo de eso prohibido que solo podré saber si te emborracho.-Dijo divertido, esperando a ver si había tenido suerte.

Teniendo en cuenta que en Australia estaban los desiertos más calientes de todo el mundo, inclusive por encima que el Sahara, era la respuesta más lógica que podía haber dado. Eso sí, ni siquiera sabía con exactitud si estaba hablando de ese viaje u otro.
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O. Winslow el Jue Nov 05, 2015 6:56 pm

En mi interior algo se removió, haciéndome sonreír con una paz que no recordaba jamás. Era una sonrisa tímida quizás. No lo tenía claro pero saber que nadie podía reemplazarme en esa ocasión y mucho menos quería él traer a otra, había provocado una extraña reacción en mí. Una seguridad y calidez jamás sentida. Son esas cuestiones que no soy capaz de comprender hoy en día, ni creo que sea capaz de hacerlo en la vida.

Allí estábamos, en una mesita a orillas del mediterráneo dispuestos para cenar y compartir una cita al parecer. - He de admitir que tus palabras me tranquilizan. - Comenté como si tuviera sentido lo que acababa de decir. Espera…¿le había confesado que me importaba con quien saliera? No, ¿no? Me estaba volviendo blanda.

Querer hablar de nuestras vivencias en verano era cuestión peligrosa, más que nada por no estar segura de qué debía contar y qué no. - Sí, museos muggles. ¿No creerías que me conocías ya, no? - Fue mi respuesta con evasiva, con una media sonrisa burlona. - He visitado muchos, pero particularmente me encanta el Louvre. - Respondí al final, admitiendo una de mis mayores pasiones. - Y mi sección favorita la de la época romana y griega antigua. - Añadí, ya que hablaba pues contaba toda la información.

- Soy consciente de que tu cumpleaños fue hace mucho, pero eso no quiere decir que no me acordara de él y tenga algo para tí. - Contesté encogiendo un hombro levemente y sonriendo con inocencia.

Su razonamiento ante mi juego no debía sorprenderme, sin embargo me había olvidado que le había contado y que no en nuestras cartas. - Empiezas bien. - Dije con una sonrisa satisfecha. -Aunque no estoy segura de decirte algo prohibido. - Añadí mordiéndome el labio inferior sutílmente.  - Fui a Australia, sí, me llevó mi padre. Estuve dos semanas viviendo con una tribu mágica que suele estar cerca del parque nacional de Witjira. Aprendiendo muchas cosas interesantes sobre pociones y plantas mágicas, se puede aprender mucho de ellos. - Comenté como si de un viaje cultural se hubiera tratado, cuando también aprendí a hacer mucho daño sin apenas esfuerzo por mi parte.

- Y como algo prohibido, sólo te puedo decir que tendrás que desvestirme para comenzar a relatarte otra aventura veraniega. - Una mirada pícara y una sonrisa ladina acompañaron dichas palabras, bebiendo un poco de vino. Sólo un poco, lo justo para no tener la garganta seca.

El camarero se acercó con el primer plato, olía estupendamente. Cogí el tenedor y probé un poco de mi plato. Los sabores recorrieron mis papilas gustativas como una danza primaveral. Nada me gustaba más que esa suave textura de la pasta en su punto. - ¡Delicioso! -  Exclamé cerrando los ojos unos segundos.  - Es tu turno de relatarme tu verano, porque asumo que recordarás algo entre borrachera y borrachera. - Tenía intriga, era natural. Un verano así podía dar para mucho y no precisamente cosas buenas y de santo.
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Axel S. Crowley el Mar Nov 10, 2015 4:13 am

Y Axel debía de admitir que escuchar sus palabras también le tranquilizaban. En cierta manera el hecho de que O. se preocupase por el hecho de que el exRavenclaw pudiera llevar a otras chicas a algún tipo de cita o ella pensase que pudiera haber otra en su situación, es que detrás de todo eso, había algo de interés. Aunque fuera mínimo, aunque fuera una ínfima parte de curiosidad… Había preocupación y, bueno, eso en parte, para alguien como Axel, era bastante teniendo en cuenta que para él O. no era comparable con ninguna de las otras chicas con las que ha estado.

-Vaya, no paras de sorprenderme…-Dijo Axel, dejando clara su sorpresa.-No es que no te pegue, realmente ahora que lo has dicho, no podría parecerme un gusto increíble para alguien como tú. Pero en cierta manera siempre te he visto más por la rama purista, quizás me he dejado condicionar por tu apellido.-Confesó sin ningún tipo de reparo.-Es curioso y a la vez grandioso que una bruja purista sea capaz de sentir atracción y pasión por el arte muggle. Muchos lo cuestionan solo por ser muggle y es un craso error.-Explicó Axel, dándola a entender en cierta manera que el hecho de que le gustara eso, era todo un puntazo.-Aunque no voy a mentirte, sé muy poco de arte muggle. Soy más de música clásica.-Le confesó, encogiéndose levemente de hombros.-Te perdiste mi gran actuación a violín en la fiesta de los Forman el año pasado.-Curvó una pequeña sonrisa. Ambos tenían alguna pasión muggle oculta, una relacionada con arte y otro con la música clásica.

Axel era de esas personas que recibían regalos todos los años, claro, uno de cada hermano menos del loco y uno de su padres cómo mínimo. Pero por norma general siempre era lo mismo… sus padres le regalaban algo caro e innecesario, su hermana algún libro interesante que siempre le gustaba, su hermano el pijo otra de lo mismo con algo caro e innecesario y su hermano mayor era el que más se lo curraba: todos, absolutamente todos los cumpleaños de Axel, los dieciocho que ya tenía, le había regalado pares de calcetines. Así que en cierta manera, que sus amigos piensen en él y le regalen algo, le hace ilusión. Más todavía si se trata de O., una persona que no veía para nada regalándole algo por el cumpleaños.

-¿Y por qué has tardado tanto en dármelo?-Preguntó confuso, sin entenderlo. Normalmente, o por lo menos él lo sentía así, cuando tienes un regalo, quieres ver la cara del otro al dárselo y ver si le gusta.-Podrías habérmelo dado en el banquete de fin de curso… o el mismo día. ¿Tienes vergüenza?-Preguntó, simplemente por intentar averiguar el por qué.

Axel acertó con lo de Australia y se quedó impresionado con lo que había hecho y lo que había aprendido. Se apuntaría el destino de Australia para la próxima vez que viajara, que a ese paso o sería en navidades o en el próximo verano. Posiblemente el próximo verano, porque sus padres insistían en que pasara las navidades con ellos.

-Fascinante. Tu padre debe de conocer todas las tribus que hay por todo el mundo, ¿no?-Suspiró, envidioso. Pero envidia de la sana.-Me apuntaré ese destino para mi próximo viaje. O podrías explicármelo tú y me ahorro un viaje.-Curvó una sonrisa.

El chico conservó la sonrisa cuando O. le dijo que para una de las historias prohibidas, iba a tener que desvestirlas. Qué cosa les decía… que el pobre es un alma débil ante declaraciones tan poco sutiles y en bocas de chicas que le volvían loco.

-Tendré que esperar para que me cuentes esa entonces…-Dijo, poniendo una mueca claramente apenada.-Qué pena que hayamos pedido ya, ¿eh?-Le guiñó un ojo, viendo como la comida se la ponían delante. Su ensalada de pulpo y aguacate tenía una pinta increíble. La probó y, puff, hacía honor a su aspecto totalmente. Se alegró de que O. también estuviera contenta con su comida y, finalmente, le preguntó por el verano del chico. Él tragó y sonrió casi de manera automática.-Ha sido increíble, la verdad. Primordialmente fue un viaje para aprender. Matt y yo nos informamos de las tribus de Europa y las intentamos buscar. No las encontramos todas, pero sí unas cuantas. No sé si lo sabes, pero él se ha metido a estudiar arqueología y su relación con la magia y yo he tirado más por las especies mágicas, así que un poco nos hemos compenetrado para ayudarnos mutuamente.-Explicó resumidamente.-Eso es lo que hacíamos estando sobrios, claro… Varias veces tuvimos que quedarnos acampando por ahí perdidos en la mano de Merlin, pero muchas veces encontrábamos hostales bastante baratos en medio de la ciudad y eso por la noche era una locura. Lo peor que recuerdo fue en Irlanda, si mal no recuerdo y según atamos cabos al día siguiente Matt y yo, robamos un coche de policía muggle, lo conduje yo, que no sé conducir, y lo estampamos contra el ayuntamiento por petición de una chica rebelde que llevábamos detrás.-Le explicó.-Obviamente nos fuimos al día siguiente lo más pronto que pudimos.-Añadió, recordando toda la cristalera del ayuntamiento rota y la mitad del coche dentro.-Hay muchas cosas… pero claro, ahora mismo se me ocurren las mismas, pero vamos, fue un viaje diez.-dijo finalmente, llevando su tenedor a su ensalada para seguir comiendo de ella.-El próximo verano te apuntas, ¿no? Será tu verano de graduada, es para desfasar en cualquier parte del mundo antes de empezar con lo que será la formación de tu vida.
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O. Winslow el Miér Dic 02, 2015 10:14 pm

Confesarle a Axel mi pasión muggle me había salido de modo tan natural que me sorprendía a mi misma. Quizás tuviera algo que ver haberlo admitido frente a Hannah y Lluna ese mismo verano. De todos modos no tenía porqué ocultarlo, ello sólo eludía las sospechas de todo el mundo sobre mis ideales puristas, algo que mi padre se había preocupado de ocultar para poder conservar su puesto.

- ¿No has leído últimamente el profeta? ¿Durante los últimos tres años? Vale que mi apellido confunda, que ambos sabemos que no confunde demasiado. Pero mis padres están en proceso de un lavado de imagen, no es apropiado que relacionen a mi padre con ciertas cosas. - Comencé con los codos sobre la mesa y entrelazando las manos. En gesto pensativo pero que además demostraba mi interés por la conversación. Que le sorprendieran mis gustos no era de extrañar, si recordamos la que monté por verlo con un teléfono móvil….

- Eso me contaron, pero bueno, tenía planes mejores y disfruté de la noche con uno de los galanes más seductores de Londres. - Respondí con tono socarrón, poco recordaba de aquel día, pero sí lo que Lrog me contó que vio. Mas no nos engañemos, quería escuchar a Axel tocar el violín. - Podrías darme un concierto privado algún día.- Dije al fin, guiñándole un ojo y bebiendo levemente de mi copa.

Sacar a la luz que tenía un regalo para él había supuesto un tipo de preguntas más incómodas. ¿Qué responderle? No sabía si quería o no responder, partiendo de que no soy de las que regalan de un modo especial y en esta ocasión iba a ser así...Era complejo.

-Bueno, no es un regalo para darte delante de cualquiera o enviartelo por carta. Debemos estar sólos y en un lugar relajado para poder disfrutarlo. - Usé un tono de voz más misterioso y meloso. Si algo había elegido a lo largo de mi vida es que los regalos no debían ser materiales, sino simplemente experiencias inolvidables y para ello me había estrujado la cabeza, buscando el regalo más próximo a la perfección para el Ravenclaw, bueno ex-ravenclaw.

La conversación como siempre, fluía sin demasiado impedimento, volviendo a un tema que a ambos parecía interesarnos: qué ha hecho el otro durante el verano. Ambos teníamos mucho que contar y quizás mucho que ocultar. Fuere como fuere, necesitaba saber algo, conocer que había hecho pero sobre todo saber si había jugado a los médicos con alguna otra. De Matt me lo esperaba, de él...esperaba no equivocarme.

- Es algo así como una pequeña tradición familiar, cuando estás apunto de cumplir los diecisiete en mi familia te envían al desierto australiano a aprender. - Fue mi modo de decirle que debía ir si quería aprender, pues la tribu te obligaba a realizar un ritual similar a un juramento inquebrantable, sus pociones debían ser secretas y la razón estaba más que fundada.

Esperar, esperar a que me desvistiera. Probablemente la espera que más disfrutaba, una cena por delante en la que el juego de la seducción haría presencia, sabiendo que al final habría más juego. Siempre que no apareciera un ciempiés o un entrometido profesor. Respondí a sus palabras con un leve encogimiento de hombros mientras el primer plato era servido. Delicioso, fue la palabra que brotó de mis labios tras el primer bocado. La pasta estaba en su punto, como no podía ser de otro modo. Mis papilas gustativas saltaban de placer al contacto. Espero que el segundo plato sea igual de delicioso.

Escuchaba con atención su relato, en realidad no sabía que iban a estudiar, no suelo retener ese tipo de información. Enarqué una ceja y lo miré con desconcierto. - ¿Una chica rebelde? - De todo lo que había contado era triste que sólo me fijara en ese detalle. Podía haber preguntado por el altercado, la razón de huír del país luego, pero no, preguntaba por una tía cualquiera. ¿Porqué hacía eso? - Debia de ser sumamente guapa para acceder a chocar un coche contra una institución sólo por su capricho. - Mi tono de voz fue todo lo indiferente que pude, sin apartar la mirada de sus ojos y esperando una buena respuesta, auténtica. Aunque seamos sinceros, no debería importarme en absoluto. Sin embargo me estaba mostrando demasiado celosa en mi interior, tal como lo estuve cuando mi hermano se marchó.

- ¿Sólo un verano? - Pregunté con sorpresa. Riendo un poco y tomando vino de nuevo, para aclarar mis ideas antes de responder. Eso tendría lógica si supiera que haré el próximo curso, por el momento no tengo la menor idea, así que quizás me tome un año sin hacer nada, explorando el mundo y a mi misma. - Respondí con convicción. No tenía nada claro respecto a mi futuro, sólo una cosa, perfeccionar mis artes oscuras y mi animagia. De resto...
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Axel S. Crowley el Vie Dic 11, 2015 1:55 pm

Axel curvó una sonrisa cuando O. aludió al hecho de que su apellido estaba siendo reformado por la prensa para que el Ministro Winslow tuviera mayor prestigio y aceptación. Pero a Axel no le engañaba, no cuando era un Crowley y, como tal, conocía desde hace tiempo a todas las familias puristas con ciertas tendencias oscuras. Pero vamos, a ojos de los ignorantes en el tema, podía conseguir perfectamente lo que la publicidad está haciendo.

-Bueno, soy un Crowley. Dudo mucho que sea la primera vez que un Winslow y un Crowley se juntan como para que un lavado de cara publicitario me haga pensar otra cosa.-Sonrió, para luego escuchar cómo había pasado la noche O. aquella noche en dónde Lluna celebró una fiesta a la cual fue invitado. Axel frunció ceño.-Vaya, eso me interesa.-Se acomodó en la silla.-¿Se puede saber quién es uno de los mayores galantes de todo Londres?-Preguntó, obviamente con curiosidad. Negó levemente con la cabeza cuando le pidió el concierto privado.-Ya sabes que en la intimidad yo te toco lo que quieras. Si prefieres que te toque el violin y te de un concierto privado, así será.-Hizo un juego de palabras, para terminar la frase con un guiño pícaro.

Era normal que Axel se entusiasmara por un regalo. Por regla general todos sus regalos materiales procedente de su familia eran una mierda cara y que no usaba prácticamente nunca; suponía que si O. todavía no le había dado nada, era porque no se trataba precisamente de algo material. Y por lo que decía, iba a ser algo para disfrutar. Axel perdió entonces la mirada en ella, recordando las veces que habían estado juntos, cada cual mejor que la anterior. Obviamente, todo lo que se le venía a la cabeza con relación a su regalo, era relacionado con sexo. Aunque quizás se equivocara. Fuera como fuese, no quería imaginárse que era lo que le tenía reservado.

-Está bien, seré paciente. Por suerte eso se me da bien.-Dijo finalmente.

También debería de ser paciente con lo de saber qué había detrás de esa tribu australiana, ya que por lo que parecía, para saberlo iba a tener que ir él mismo  a Australia, algo que no le importaba lo más mínimo, para qué mentir. Adoraba viajar y tenía los medios para ello; una de las muchas ventajas de ser rico.

Fue entonces cuando Axel le contó por encima algunas de las anécdotas de su viaje, aquellas que primero le vinieron a la mente, sin ningún tipo de interés en conseguir nada, solo para que O. supiera que no había sido un viaje responsable entre dos preuniversitarios, sino todo lo contrario. Axel no solía ser ese tipo de personas que arma jaleo cuando sale de fiesta o se vuelve loco en un país desconocido, pero junto a Matt sin duda alguna se había desinhibido. Su madre tenía razón: Matt Denbrough era una mala influencia para él.

Axel se sorprendió que de todo lo que le había dicho, se quedase con lo de la chica rebelde. Si había dicho “chica rebelde” es porque no se acordaba ni del nombre. Obviamente dicha chica rebelde prefirió al rebelde de los dos y prefirió terminar la noche con Matt.

-Era muy guapa, sí. La llevábamos detrás porque estaba dentro del coche de policía esposada, no porque fuera nuestra amiga.-Admitió divertido.-Íbamos muy pedos como para ponernos a pensar en las consecuencias de todo eso. Además, mejor haberlo estampado, así con ese revuelo ahí no se les ocurrió buscarnos esa noche. Para cuando intentaran buscar a los culpables, Matt y yo estábamos muy lejos. Y la chica… ni idea de qué pasó con la chica. Tendré que preguntarle a Matt.-Confesó, sin que le importara mucho el tema de la mujer esa.

A pesar de que O. no supiera todavía qué quería hacer, el verano después de su graduación en Hogwarts, sería su gran verano. Es el único verano en dónde no tienes preocupaciones pasadas ni tampoco futuras. Un verano en el que cambias de etapa y empiezas una nueva vida. Así lo pensaba Axel, por lo menos, aunque también es verdad que en la vida de Axel habían cambiado bastante cosas.

-A eso me refiero, si quieres alargar el verano y que sea todo un año, mejor todavía.-Dijo Axel, recreándose entonces en el hecho de que O. parecía todavía no tener muy claro lo que hacer. Le parecía raro, ya que siempre le había parecido una chica con las ideas claras y muy organizada.-¿Ninguna idea? ¿Cero?-Preguntó sorprendido.-Pensé que tu futuro ya lo tendrías decidido. ¿No hay nada que siempre  te haya gustado? Yo por ejemplo lo tenía muy claro. Desde pequeño las criaturas mágicas han despertado interés en mí y en Hogwarts me di cuenta de que hay muchas lagunas y mucho desconocimiento. Quiero ser esa persona que salga como referencia en los libros; e incluso hacer uno propio. Ser el primero en descubrir algo, es uno de mis muchos sueños. Ser la semilla de algo nuevo; de un cambio.-Le explicó, para que se hiciera una idea de a lo que se refería.-¿Cuáles son tus mayores ambiciones? Podrías empezar por ahí.
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O. Winslow el Dom Feb 21, 2016 12:32 am

Mucho había llovido desde aquella fiesta de navidad en casa de los Forman, una fiesta a la que no acudí pero que sin duda me había quedado con las ganas de disfrutar del concierto tan peculiar que allí tuvo lugar. Aunque todo valía la pena por ver la reacción de Axel a mi plan para aquella noche.

- El Ministro, ¿quién si no? - Pregunté alzando una ceja y riendo. No podía haber tenido mejor compañía aquella noche que la del hombre que consiente todos mis caprichos y más. - Cualquier cosa que me toques será una delicia. - Respondí de un modo coqueto, mordiéndome el labio inferior con descaro.

La cena daba paso a una animada conversación, si bien nuestras conversaciones habían perdido variedad de temas con el tiempo, dado que no soy una persona propensa a entablar grandes conversaciones. Entre plato y plato, entre bocado y bocado, fuimos relatando nuestros respectivos veranos. El mío plagado de viajes y encuentros que poco iba a relatarle. El suyo un viaje inolvidable con Matt y muchas anécdotas para contar. Anécdotas nada divertidas si incluían mujeres, a mi ver. Todavía mi cerebro no alcanzaba a comprender esa reacción celosa ante la posibilidad de que pudiera haber otra chica en su vida, era un impulso irracional. Quizás algún día logre comprenderlo, simplemente por el momento me conformo con poner mi mejor cara y evitar que se noten mis reacciones.

- ¿Alguna anécdota más alocada que contar? - Pregunté con más calma, ante su dejar de lado el tema. - No sabía que eras tan...bebedor. - Comenté al recapacitar sobre las palabras antes dichas, “demasiado pedo”, qué expresión más extraña. ¿Por qué la gente decía que iba pedo al beber? ¿Qué es, que se van peando sin parar? ¿Irán gaseándose todo el rato?  De ser así, es bastante asqueroso. Aunque la última vez que salí con Matt podría clasificarse como ir pedo, y aun así, yo no recuerdo ninguna ventosidad. Entonces, ¿por qué lo llamarán así?

Hablar sobre el futuro no era de mi predilección, básicamente odiaba hablar del futuro. No tenía claro que quería hacer al terminar Hogwarts, bueno, sí lo tenía, pero no era remunerado. ¿Pero porqué se agobian todos tanto? Yo por ahora con obtener la calificación máxima en todas las asignaturas para no cerrarme ninguna puerta, tengo suficiente. Escuché a Axel, mientras meditaba, o así que meditaba. Que él lo tenía claro ya lo sabía desde hacía tiempo, recuerdo que una vez me contó cuales eran sus intenciones de futuro. Sin embargo, yo no tenía nada claro, en absoluto. ¿Por dónde empezar? Ni idea.

- ¿Mis ambiciones? Creo que ya te lo dije una vez, quiero tener un ejército de elfos domésticos y conquistar el mundo. - Respondí con naturalidad y una sonrisa inocente. No conquistar el mundo, quizás no tanto, pero librar al mundo de una severa plaga sí, la plaga de los sangresucias. Esa era mi ambición, o así lo sentía.

En ese momento llegó el camarero con el postre, momento que aproveché para estirar mi pie bajo la mesa, hasta tocar las piernas de Axel. - Aunque tengo otra ambición, más bien una pasión que no sé si me llevará muy lejos… - Iba diciendo mientras subía por su pierna, acariciando su muslo con mi pie. - pero con que me lleve a una habitación de este hotel y pueda disfrutar de ti me conformaría. - Terminé de decir, llevándome el índice a la comisura del labio y sonreírle con picardía, mientras hacía una ligera presión en su zona más íntima. - Dime que no lo deseas y pararé. Dime que lo deseas tanto como yo y haré que jamás lo olvides. - Añadí mientras retiraba el pie y me ponía en pie. No iba a tolerar un no, y si me había llevado a un lugar tan hermoso suponía que esperaba algo a cambio. - ¿Vamos? - Pregunté extendiendo la mano. La proposición encontró pronto una respuesta, y ambos salimos del comedor directos al ascensor. Ya que estábamos en Italia, al menos podíamos disfrutar plenamente del fin del semana.
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