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El Gran Golpe [Jupiter Levy] {Flashfoward}

Danielle J. Maxwell el Mar Ago 25, 2015 1:38 am

Expreso de Hogwarts
Flashfoward con Jupiter

Había estado ideando junto a mi abuela la broma perfecta de bienvenida para los de primero. Ahí dónde veíais a mi abuela, lo que parecía una Gryffindor respetable y seria, es una bandida cruel y gamberra como yo. Por eso, en el fondo, me comprende y no me castiga tan severamente. Así que en parte, volvía muy motivada para el nuevo curso, sobre todo porque estaba todo el rato ideando la mejor manera de hacer que los de primero tuvieran su gamberrada incluso antes de ser elegidos para una casa. ¡Quién sabe! ¡A lo mejor gracias a mí entran en una casa diferente a la que hubieran caído de no ser por lo que haré!

Realmente, mi abuela me había ayudado a idear la idea porque se creía que no era tan gilipollas como para hacerla, pero oye, una está siempre para demostrar que es más de lo que se piensan de ellos, por lo que yo le iba a demostrar a mi abuela, inconscientemente claro, que soy todavía más gilipollas de lo que ella se piensa.

Eso sí, después de pensarlo detenidamente, había llegado a la conclusión de que iba a necesitar a un secuaz, a un compi, a un… ALIADO. Por lo que tras tener todo lo necesario en una pequeña bolsa, tener mi equipaje bien ordenado en mi vagón y con el uniforme puesto para no perder el tiempo, me puse a buscar a mi aliado. Le pregunté a Rhea que si quería ser partícipe de la mayor gamberrada de la historia mundial de Hogwarts. Bueno vale, quizás no era la mayor gamberrada de la historia mundial de Hogwarts, pero iba a ser épica. Pero Rhea se negó, ya que al parecer era demasiado pronto como para estarse metiendo en líos.

¡Aburrida! Me fui del vagón a la vez que le enseñaba la lengua. En el fondo la quiero mucho, pero no importaba: encontraría a otra persona.

Mi búsqueda fue lenta, progresiva, llena de negativas y dolorosas contestaciones… encontré a la persona perfecta. Mirada felina, cuerpo delgado, un año por debajo de mí, pelos despeinados pero que aún así le quedaban bien… ¡Jupiter era mi chica! Entré al vagón en dónde estaba en plan heroico, abriendo la puerta como si fuera una película trágico dramática.

¡JÚPITER! ¡TÚ Y YO NECESITAMOS MANTENER UNA CONVERSACIÓN SERIAMENTE AHORA MISMO! —grité, señalándola con el dedo índice y sin apartar la mirada de ella. Luego miré al chico con el que estaba y endulcé mi mirada—. ¿Nos dejas un momento de privacidad? —esbocé una adorable sonrisa; de esas que podrían derretir el corazón de alguien que realmente no supiera lo mentirosa que puedo llegar a ser.

El niño se fue. OBVIO. Después de mi entrada nadie OSARÍA quedarse en el mismo vagón que Jupiter y que yo. Me senté al lado de mi amiga y le sonreí ampliamente, con ese guiño travieso.

¿Qué tal el verano? ¿Guay? —pregunté, dando por hecho que si estaba VIVA, es que muy mal no podía haberle ido—. ¿Has venido con ganas de fiesta? Porque yo he venido a ofrecerte la unión a mi malvado plan contra los de primero. Necesito un cómplice. ¿Y quién mejor que tú? ¡Anda! Dí que sí. Lo estás deseando... te lo veo en los ojos...—le señalé los ojos con diversión.

Esperaba que dijera que sí. Quería contarle mi gran idea a alguien de una vez por todas o iba a explotar. Y quería tener a un cómplice ya para matizar todo lo que teníamos que hacer, ya que desde que el vagón parase, todo iba a ser contrareloj. ¿Cuánto tiempo había perdido ya?
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Invitado el Miér Sep 30, 2015 1:48 pm

<< Era la medusa más grande que había visto en mi vida, ¿sabes? En mi viiiiiiiida. – Y para dejarlo perfectamente claro abre tanto tanto los brazos que se cae para atrás en el banco del vagón. Cuando se endereza, se echa para atrás el pelo de un manotazo. Le brillan los ojos, y sigue explicando, gesticulando con las manos cada cosa que va diciendo, de forma absolutamente exagerada. – Venían buenas olas. Y yo estaba preparada. Con mi tabla a punto, lista para cogerlas. – Junta las palmas de las manos de un manotazo, y las mueve en zig-zag asemejando una tabla de surf. – Cojo la ola, enderezo la tabla y poco a poco me voy levantando... – Lo escenifica, poniéndose de pie en los asientos del vagón, con la postura perfecta de una surfista experimentada, las rodillas flexionadas, los brazos contrarrestando para mantener el equilibrio. Va descalza. – Y entonces... Lo vi. Al levantar la ola. ¡Era enorme! Transparente, con los tentáculos violeta. ¡Un pasada! ¡Y venía hacía mí! Intenté esquivarla, pero con las prisas perdí el equilibrio. – Se deja caer de culo al suelo, esforzándose tanto en el realismo que se hace daño. – ¡Auch! Pero nada. No la pude esquivar. Se me agarró al cuerpo como un pulpo. ¡Mira! >>

Se levanta la camiseta hasta enseñar el sujetador de colores, que más parece la parte de arriba de un bikini, para mostrar las marcas de su odisea, envolviéndole el costado derecho y parte del vientre y la espalda. Su interlocutor está sentado frente a ella, apartándose tanto como puede y mirándola con cara de susto. Ya no solo porque hable rápido, y porque le esté contando su vida con pelos y señales pese a que no la conoce, porque es un novato. Si no que además, la situación hubiera sido un poco menos rara si Jupiter no hubiera decidido que era un buen momento para practicar su esperanto, que había intentado aprender durante el verano. Eso sí, muchas palabras se las inventaba, y en otras tantas se le olvidaba. Lo cual, aunque el muchacho hubiera sido esperantista, algo muy complicado, hubiera hecho que, de todas maneras, no se enterase de nada. Por si el chico no supiera ya dónde meterse, la llegada de Danny le hizo dar tal salto en el asiento que casi chilla. La rubia no tuvo que decirle dos veces que se fuera, en cuanto vio su oportunidad salio corriendo del vagón cual alma que se lleva el diablo y murmurando algo así como "¡Está loca!" Pero a la australiana le da igual.

La llegada de su amiga le hace sonreír de oreja a oreja. Está mucho más bronceada que de costumbre, lo que hace que su blanca sonrisa ilumine todavía más. Lleva por los brazos, las manos y las piernas al aire las marcas espirales y trivales de tatuajes de henna veraniegos que han comenzado a borrarse. Tiene colgados en el pelo más abalorios que de costumbre y de media longitud hasta las puntas, el sol ha hecho que el cabello adquiera un degradado hacía un dorado muy claro y brillante. Las "mechas californianas", que a ella le aparecen de forma natural. – ¡¡DANNY!! – Se baja la camiseta, cubriendo las marcas de la medusa y salta a abrazar a su amiga, haciendo que caiga en el asiento que antes ocupaba el chico, y le da un beso enorme en la mejilla. Coco y Kiwi, las pequeñas lagartijas blancas, deciden que es un buen momento de salir a saludar y aparecen por entre los mechones alborotados del cabello de dueña y bajan hasta los hombros, la una persiguiendo a la otra como si quisiera mordisquearle la cola. – ¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho este verano? – Dice de forma sincronizada cuando la rubia le pregunta a ella también por el verano, y rompe a reír divertida. Esa tregua es todo lo que necesita Danny para soltarle su nueva ocurrencia.

La castaña había perdido la cuenta de las veces que la habían castigado por culpa de la mayor. Realmente, Jupiter no era una chiquilla mala. Ni siquiera tenía malicia suficiente para idear una broma. Además, solían darle mucha lástimas las víctimas de su compañera, quizá porque ella misma había sido, y seguía siendo, la diana de bromas realmente pesadas. Pero Danny no lo hacía con crueldad, si no por ganas de divertirse, y al final la australiana se dejaba arrastrar, más por una desmedida curiosidad para ver qué nueva locura había ideado que por verdadera voluntad de participar. Muchas veces se limitaba a ser una observadora que se pasaba todo el rato diciendo "¡Pobrecitos!" "¡Pobrecitos" Así que Jupiter se imaginó que, si había recurrido a ella, es porque era la última opción de la rubia, algo que también solía ocurrir a menudo. Además, la morena no sabía decir que no. Estaba en contra de su naturaleza. Era demasiado influenciable, o demasiado buena, o directamente demasiado tonta de puro ingenua. Y Danny, mucho más espabilada que ella, sabía sacar buen provecho de aquella debilidad. – Me lo vas a contar aunque no quisiera... – Se sienta a lo indio en el suelo del vagón, resignada. – Pero no vas a ser muy cruel, ¿No? No me gustan las bromas crueles.
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Danielle J. Maxwell el Jue Oct 01, 2015 1:49 am

¿Cómo se me había olvidado Jupiter? ¡Si ella siempre aceptaba a todo! Menos mal que la vi en uno de los vagones, porque si no me hubiera pegado mucho tiempo para dar con alguien que quisiera acompañarme a esta obra maestra que tenía preparada. Fue un poco confuso entrar y verla con la camisa subida, pero era Júpiter, por lo que tampoco le intenté buscar una razón demasiado lógica a ese comportamiento.

Ahora te cuento qué tal mi verano, QUE HA SIDO SUPER ÉPICO —recalqué con diversión, ampliando una sonrisa—Te veo más morena. ¿Has estado acosando a la playa? —sonreí, sentándome en frente de ella después de que nos abrazáramos amorosamente. Porque a ver, había una cosa es que estaba clara: yo cuando doy un abrazo, LO DOY CON AMOR. Y Júpiter también era amor, me daban ganas de achucharla y no dejarla ir nunca.

Pero había que meterse en situación. Tenía que contarle mi idea para que así se animara a ayudarme. Su suposición me hizo fruncir el ceño. ¿Yo, haciendo cosas crueles? No, por favor. Yo no era como los Slytherin, que basaban sus “gamberradas” en hacer daño a otras personas y humillarlas de manera cruel y traumatizante. Yo tenía suerte de que ya estaba en sexto y sabía defenderme, pero mis cuatro primeros años para mí fueron desmotivantes y duros. Después de mi primer año en Hogwarts, yo no quería volver al colegio de lo mal que lo pasé, sin amigos y solo con gente que quería verme llorar. Fue horrible.

Pero yo no hacía ese tipo de cosas. Yo hacía cosas divertidas que no suponían ni la humillación ni hacer daño a nadie. Yo quería que la gente se divirtieran y, en cierta manera, me gustaba meter ese “factor sorpresa” que nadie se espera. Además de que normalmente mis travesuras suelen ser de manera generalizada y no solo a una persona en concreto. Como aquella vez que repartí galletas de canarios por todo el gran comedor y de repente se convirtió todo aquello en una jaula de canarios enormes chocándose entre sí mientras piaban. Ahí pringan todos y es una situación divertida.

La idea que tenía para hoy era algo parecido: una manera de darle la bienvenida a los de primero, para que así entren a Hogwarts preparados para cualquier cosa. Yo no era mala, era previsora. Gracias a mí entraran con desconfianza y así no permitirán tan fácilmente que se metan con ellos.

Sabes que yo no hago daño a nadie —le dije sonriente, dándole a entender que sería una broma divertida y no cruel— Es para los de primero, para que entren a Hogwarts bien preparados para los que les espera… —añadí divertida, frotándome las manos en señal “maliciosa”—Verás, ven ven, que te lo cuento —dije, bajándome del sillón para quedarme sentada en el suelo frente a ella. Porque sentarse en los sillones era demasiado mainstream—Tiene que ser rápido. La idea es salir del Expreso e ir rápidamente hacias las barcas. Ya sabes que los de primero siempre van en barca a Hogwarts para mayor epicidad y esas cosas, pero todos los demás vamos en carruajes cutres. Pues la idea es ir a la barca antes de que lleguen los de primero, que tardarán hasta hacer el recuento mil veces... y poner debajo de cada barca esto… —saqué de la mochila lo que parecía unos contadores de cocina que pones el tiempo y cuando termina pues suena. Mi abuela los utilizaba para que no se le quemaran las galletas—Están encantadas. Me las encantó mi abuela, pero shh… —dije divertida, llevándome el dedo índice a los labios, unos labios que mostraban una traviesa y divertida sonrisa—Mi abuela tiene un alma rebelde, la verdad que sí… —me dio por matizar—La cuestión es que cuando los pongamos, habrá que activar el botoncito este y empezará la cuenta atrás. El camino en barca normalmente tarda veinte minutos, pues esto está a diez minutos. A mitad de camino se activará y… ¡VOILÁ! ¡EXPLOTARÁN! —Miré la cara de Jupiter y luego solté una divertidísima carcajada que resonó por toda la habitación de aquel vagón—¡Que no, que es broma! ¿Cómo van a explotar? —continué riéndome porque solo de pensarlo me parecía super horriblemente sangriento—Lo que pasará es que la madera de la barca se resquebrajará y entrará el agua al interior. Entonces se empezarán a hundir. ¡Drama! —le expliqué divertida, esperando ver su reacción—.Tengo curiosidad por saber qué harán los profesores cuando miren por las ventanas y vean las barcas hundirse con pobres alumnos de primero que aun no saben usar ningún hechizo...

A ver, usando la lógica, obviamente la madera flota. No obstante, al empezar entrar agua al interior, se hundirá pero no hasta el fondo. Cuando esté debajo del agua, lo lógico sería darle la vuelta y, automáticamente, seguro que se queda flotando. No se iba a ahogar nadie, ¿pero mojarse y gritar? ¡Seguro que todos se mojaban y se ponían histéricos!
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Invitado el Mar Nov 24, 2015 6:27 pm

Es cierto que Danny no era propensa a las bromas crueles, ni humillantes, ni que tuvieran un único objetivo en plan bullying, pero eso no quitaba que muchas veces se le fuera la broma de las manos y quizá, solo quizá su concepto de la diversión no era del todo comprendido y compartido. Aún así, para Jupiter era su amiga, y la quería con locura, y al final siempre acababa siendo arrastrada tras ella a cualquier tipo de broma en que la rubia la quisiera hacer partícipe. Danny no era mala, solo un poco traviesa, y excesivamente imaginativa. La australiana no sabía de dónde sacaba la mitad de las ideas. Y cuando hablaba con su abuela, era todavía peor. Volvía el doble de gamberra que se había ido. La morena no se imaginaba lo sorprendentes que podían resultar las  navidades en casa de la familia de Danny.

Casi le daba miedo cuando se frotaba las manos como si fuera una mosca, o una evil mind planeando como dominar el mundo. Si dedicara todo el tiempo que dedicaba a planear maldades a estudiar, algún día sería ministra de magia por lo menos. Aunque sería capaz de bajarle los impuestos a las tiendas de artículos de broma o algo así si llegaba a un cargo en el gobierno. Lo veía venir. Danny empezó a relatarle su plan maestro con demasiado entusiasmo, y la morena empezó a temer que la escucharan en los otros vagones y se le fastidiase la sorpresa, por lo que empezó a hacerle gestos con las manos para que hablase más bajito, pero lo cierto es que su veterana amiga no le hacía demasiado caso, estaba más concentrada recreándose en su propia travesura que Jupiter escuchaba con los ojos cada vez más abiertos.

– ¡Danny! – Gritó sobresaltada, y horrorizada, y todo a la vez, cuando la rubia dijo que iban a explotar. Evidentemente, si lo pensaba dos veces, ella misma se daba cuenta de que su amiga no sería capaz en la vida de hacer una burrada de ese calibre, pero en el momento, pues se había asustado un poco. Se puso la mano en el pecho, que latía a doscientos por hora, mientras la miraba con el ceño fruncido por intentar quedarse con ella y escuchaba el verdadero resultado de aquella jugarreta, que era mucho menos sangriento, pero no menos descabellado. – ¿Pero y si alguno de los niños no sabe nadar? ¿O si les atacan los monstruos del lago? ¿Y si son alérgicos al agua? – Había leído un caso de una persona que era alérgica al agua y hasta su propio sudor le provocaba urticaria. ¡Podrían morir! Sin embargo, Danny se reía a carcajadas. ¡Era muy bonita cuando se reía! – Estás como una cabra. – Le dijo Jupiter, negando con la cabeza. – No me vas a dejar en paz si no te ayudo. ¿No? Vas a ser peor que Peeves.
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Danielle J. Maxwell el Miér Nov 25, 2015 1:05 pm

Jiji, Jupiter se creyó que iban a explotar, qué mona es… Pero estaba claro que no. Yo era una chica responsable y con tres dedos de frente, por lo que había pensado muy bien las consecuencias de la gamberrada que tenía pensada. Era muy difícil que alguno se ahogara, ya que iba a haber suficiente madera a la que agarrarse, además, los profesores no creo que dejen el lago a su libre albedrío cuando carne jugosa viene en balsa siempre a principio de curso. Las criaturas no son tontas, alguna alguna vez habrían intentado atacar a los de primer curso. Por lo que yo estaba trabajando a partir de la teoría de que los profesores eran inteligentes y hechizaban el lago para que ningún bicho inmundo se atreviese a acercarse a los pezqueñines de primero.

Pero no pensé en la posibilidad de que alguien fuera alérgico al agua. Joder, ¿y si son alérgicos al agua? ¿Y si mato a una persona sin querer por darle sobre dosis de agua? Miré a Jupiter con un rostro claramente confundido, pues me había cogido totalmente de sopetón.

¿Cuántas probabilidades hay de que alguien sea alérgico al agua? —le pregunté, entonces, cuandomi mente lo razonó—¿Es muy raro, no? No creo que haya ningún alérgico al agua, no te preocupes. Si fuera así, no le obligarían a ir en una barca hasta Hogwarts, jopé, qué crueldad… —dije divertida. Es como si yo era alérgica a los gatos y me obligaban a ir sobre un río de gatos, ¿sabes? Algo totalmente lógico y viable…

Mi sonrisa se pronunció tanto cuando dijo que si no la ayudaba no la iba a dejar en paz, que podría compararse incluso con el gato de Alicia en el País de las Maravillas. Los carrillos se me inflaron y las mejillas se me tensaron, dando entrever toda mi dentadura en una gran gran gran gran sonrisa. Pero muy grande. Aproveché ese momento para sentarme mejor a su lado y pasar mi mano por detrás de sus hombros, para acercarla a mí cariñosamente. Bueno, una mezcla de cariño e interés, ya que quería decirle los detalles de la travesura.

Sabía que aceptarías, yo sé que tú sabes que yo sé que tienes un alma rebelde ahí escondida, no intentes ocultármela —dije, fingiendo un tono malévolo—Tenemos que ponernos de acuerdo. Pero en realidad será fácil. Te daré la mitad de las cosas a ti y la otra mitad la llevaré yo. Tú se las pondrás a las barcas que están más alejadas de la llegada, por si acaso nos pillan que te puedas zambullir y librarte del castigo lo que sea a tiempo, yo me sacrificaré por la patria y me arriesgaré en hacerlo en las primeras —dije divertida, sabiendo que a simple vista, no haría falta tomárselo demasiado deprisa porque normalmente los de primero siempre tardaban en organizarse y salir hacia las barcas—Tenemos que ser las primeras en salir del Expreso, ¿vale? ¡Pero las primeras primeras! Para que nadie nos vea dirigirnos hacia allí. Había sopesado la idea de salir por la ventana justo cuando estuviera parando. ¿Qué opinas? ¿Será peligroso? —entrecerré los ojos—Es que no me ha dado tiempo a calcularlo, pero cuando esté frenando, no creo que pase nada, ¿no? Y así nos aseguramos de que nadie nos vea y de llegar con tiempo de sobra.

Sí, ¿se nota que llevo las dos últimas semanas hablando con mi abuela del tema? Solo que mi abuela y yo no sabemos mucho de física, y eso de la caída desde un vehículo en movimiento, no lo dominábamos del todo como para tenerlo claro.

Y eso. ¿Alguna sugerencia? ¿Alguna idea para mejorar el plan? ¿Lo tienes todo claro? Si lo tienes todo claro, deberías contarme algo de tu vida para no estresarnos con el plan. No te estreses, ¿vale? Actuar bajo estrés es lo peor. ¿Ves? Mírame, yo no estoy estresada… —Sí, estaba de los nervios. Quería hacerlo, ir a Hogwarts y esperar expectante hasta que todos los alumnos llegasen empapados para ser elegidos.
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Invitado el Jue Nov 26, 2015 8:46 pm

No quedaba claro qué era más disparatado, que a Jupiter se le hubiera ocurrido la peregrina idea de que alguno de los alumnos pudiera ser alérgico al agua o que Danny lo hubiera contemplado como una posibilidad factible que hizo tambalearse, por solo unos segundos, su plan maestro. – Pues creo que solo hay treinta y pico casos en el mundo... – Confiesa la castaña, llevándose un dedo a la barbilla en posición pensativa y frunciendo el ceño al hacer un ejercicios mental para acordarse del reportaje al respecto que había leído, o escuchado, o visto vete tú a saber dónde. Enseguida, la rubia hizo gala de todo su sentido común, ese que brillaba por su ausencia a la hora de  idear las bromas, para rebatir cualquier posible argumento que pudiera echar al traste su obra maestra. Pero lo cierto es que llevaba razón, en el hipotético caso de que uno de esos casos extraños estuviera en el colegio, no le iban a hacer atravesar el lago. Así que esa posibilidad de escapatoria para la australiana, quedaba invalidada.

Oh, no. Y ahí estaba. La sonrisa. Esa sonrisa. En el mismo momento en que Danny mostró su espléndida dentadura con los carrillos hinchados como un hámster, Jupiter supo que ya no había escapatoria posible. Suspiró, pensando en que iban a batir un récord en ser las alumnas más rápidas a la hora de ser castigadas. Iban a superar incluso al grupo de Potter y compañía. Y por si la sensación de haberse quedado sin salida no era ya suficiente, la mayor la rodeó con un brazo para manifestar de forma física que no podía escapar, aunque ella lo hiciera como un gesto de complicidad y camaradería. – Yo no escondo nada. – Protesta la castaña, pero sabe que la otra no le está escuchando, a vuelto a dejarse llevar por su locura. Al menos había tenido la consideración de dejarle a ella la posibilidad más factible de escapar si algo salía mal, aunque en realidad Jupiter sabía que es porque a la pequeña gamberra le encantaba estar en primera línea de fuego y poder ver en modo panorámico las consecuencias de su genialidad.

Llegó un momento en que simplemente Jupiter asentía de manera automática a todo lo que la rubia le decía. Al menos hasta que, con cierto retardo, procesó lo que su compañera le estaba proponiendo realmente. – ¡¿Pero qué también quieres que nos tiremos del tren en marcha?! – Utilizó ese tono tan agudo que, según sus primos cuando se burlaban de ella, era capaz de confundir a los murciélagos. La muchacha tenía los ojos muy abiertos, parpadeaba despacio y boqueaba como un pececillo fuera del agua. ¡Estaba loca! Y debía de ser muy evidente para que ella misma se diera cuenta. Finalmente se lleva una mano en la cara. – Nos vamos a matar... – Vaticinó la australiana. – Y eres tú la que te estás estresando. – Jupiter se levantó del suelo y buscó en su baúl hasta dar con una cajita de varitas de incienso, colocó una sobre la mesa del vagón y la encendió con la varita antes de sentarse frente a su amiga a lo indio. – Cierra los ojos. Vamos a meditar y así te relajas. – Ella misma lo hace, inspirando y expirando profundamente. – Le he traído un regalo a Peter. – Deja caer como quién no quiere la cosa.
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Danielle J. Maxwell el Dom Nov 29, 2015 7:04 pm

Vale, a lo mejor tirarse de un tren en marcha no era la mejor idea. Pero era solo una sugerencia… jope, si está frenando, no creo que sea peligroso, ¿no? Nunca lo he probado, pero teóricamente parece totalmente fiable. En fin, si tal lo hacía yo y Júpiter que salga por la puerta.

Podemos ahorrarnos ese detalle si no te parece buena idea —contesté ante su histérica reafirmación de que mi idea era salir por la ventana. LO ADMITO, no era una idea totalmente pulida. Podía tener fallos.

La chica entonces se levantó y sacó de su mochila incienso, el cual encendió y se colocó enfrente mía sentada mientras cerraba los ojos. Adoraba como olía, por lo que me senté de la misma manera y cerré los ojos, imitádola. Ella sabía de esas cosas y en el fondo, te hacía concentrarte y todo. Yo había intentado meditar en otras ocasiones, pero no me salía bien. Tengo un arte divino para quedarme dormida en cualquier posición y en cualquier sitio, así que es un claro intensivo de ello eso de meditar.

Eso sí, abrí los ojos de golpe cuando me dijo que le había traído un regalo a Peter. Peter Waid, un Slytherin que a mí ni me iba ni me venía. De hecho, ni lo conocía… Habría hablado con él un par de veces, pero por pura obligación social en clase… Eso sí, todos mis conocimientos sobre ese chico guardados en mi memoria ram, eran por Júpiter. No sabía qué le pasaba a esta mujer, pero parecía tan obsesionada con ese hombre como yo con Anakin. La única diferencia es que yo ya he aceptado que mi obsesión es inalcanzable y he movido a Anakin de obsesión a amor platónico. Ella debería hacer lo mismo. Porque al fin y al cabo, ¿es eso nada más, no? Una mezcla de rara admiración con un poco de interés en hacerse notar hacia ese hombre.

La verdad, yo no tenía ni pajolera idea de por qué la gente hacía ese tipo de cosas por otras personas. Abrí un ojo y la miré con reproche.

¿En serio, tía? —Lo admito, yo una vez le mandé una carta de fan alocada a Hayden Christensen pidiéndole que se vistiera de Anakin y viniera a mi cumpleaños. PERO NO ES LO MISMO—Sé que te lo he preguntado varias veces, pero la verdad es que nunca me ha quedado claro. ¿Pero por qué te esfuerzas tanto por ese chico? ¿Él te hace caso? —le pregunté con curiosidad. Pero curiosidad de verdad, porque en cierta manera, quería entender ese sentimiento que ni entiendo ni he experimentado nunca por nadie real. Porque al fin y al cabo, Anakin no cuenta—¿Qué le has traído?
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