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Sexo duenderil | Esther Fenixheart

Invitado el Vie Ago 28, 2015 7:41 pm

Uno de los pocos inventos muggles que me gustaban era Internet. A través de Internet podías hacer cualquier cosa sentado en el sofá mientras te rascabas los huevos. Es ideal. Los muggles en eso nos llevan mucha ventaja, la comunidad mágica en general parece que se quedó anclada en el siglo XIX.

Estaba en mi despacho del Ministerio enfrascado en un caso particularmente difícil cuando me interrumpió una lechuza. Odio que me interrumpan mientras leo, y menos si es algo laboral, pero no tuve otro remedio que echar un ojo a la carta que traía atada a la pata. Y casi me cago en Merlín allí mismo cuando leí el contenido. Era de Gringotts. Por lo visto mi padre habría transferido de su cuenta a la mía un montón de bártulos y reliquias de los Brooks. Así, por la cara. En la carta ponía que era una especie de herencia anticipada o no sé qué mierda. ¿Se estaría muriendo el viejo? Joder, eso sería una buena noticia. Pero no caería esa breva, mala hierba nunca muere. Simplemente vería que se estaba haciendo mayor y no quería arriesgarse a que sus queridísimas posesiones de nuestros purísimos antepasados se perdieran. Una mierda para él.

Si existiera un Internet mágico podría arreglar ese problema en cinco minutos y con un par de clicks en ese aparetejo que los muggles llaman ratón. Pero como no existe tendría que ir a Gringotts después del trabajo y apañármelas. No tenía ni puta gana, para que mentir. Ese día estaba siendo especialmente duro y lo único que me apetecía era tirarme a la bartola en mi casa del valle de Godric. Y no era ingenuo, sabía que ir a Gringotts requería mucho tiempo. Esos duendes no eran precisamente rápidos, y encima coincidía con los últimos días de las vacaciones escolares… ¡joder, iba a estar petadísimo de gente! Me estaba entrando una mala leche tremenda que aumentaba a cada segundo.

A las 7 de la tarde me aparecí en mitad del callejón Diagon. Como ya había supuesto estaba repleto de adolescentes con acné ultimando sus compras. Como siempre, la gente suele ser propensa a dejar las cosas para último momento. Justo enfrente de mí se encontraba la enorme fachada de Gringotts. Era un edificio muy imponente, cada vez que iba me daba la impresión de que empequeñecía. Entré y nada más hacerlo casi me da un infarto de miocardio. No es que estuviera repleto, es que había una cola más larga que la barba del director de Hogwarts, Dumbledore. Tampoco es que hubiera mucho personal atendiendo, lo que empeoraba la larguísima cola de magos. Fruncí el ceño, pensando en la lógica aplastante de tener poco personal justo días antes de terminar las vacaciones de Hogwarts, cuando el callejón tiene más afluencia. La gente es subnormal, joder. Quienquiera que fuese el director de Gringotts se estaba luciendo.

Me puse en la cola con un resoplido. Solo quería que sacaran de mi cámara todas las mierdas de Deimos, y para eso iba a perder toda la tarde. No estaba siendo mi día, desde luego. Distraído, me fijé en la persona que estaba justo delante de mí, precediéndome en la larga cola. Estaba de espaldas, pero esa figura y ese pelo rojo lo conocía bien.

- Fenixheart… ¿tú por aquí? ¿Te apetece un poco de sexo duenderil? - pregunté alzando una ceja, esperando a que se diera la vuelta. Sabía de sobra que no venía a follarse un duende, pero era divertido imaginarlo. - Encantado de verte, querida. - comenté con evidente sarcasmo, mientras una imagen de Fenixheart follándose a un duende aparecía en mi mente. No sé para qué coño hablo. Iba a tener pesadillas con esa imagen.
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InvitadoInvitado

Invitado el Sáb Sep 12, 2015 11:26 am

Faltaban pocos días para que empezaran las clases, en consecuencia de eso, yo empezaba a trabajar en el castillo otro año más...Estaba yo tan tranquila en mi casa jugando a mi amada y fiel Playstation 3, todavía no he ahorrado lo suficiente para comprarme la 4, espero que alguna alma caritativa me la regale. Me estiré perezosa mientras mataba zombies cuando escuché que eran casi las siete de la tarde. Bostecé y pegué un salto que casi se me cae el mando al suelo, resulta que debía de ingresar en el banco el dinero que me dieron mis padres cuando fui a Italia en verano.

Resoplando me vestí con una camiseta que pillé en el cesto de la ropa limpia, unos pantalones cortos que encontré encima de la silla y unas sandalias. Suspiré y me aparecí en el Callejón, cerca de la tienda de artículos para el quidditch. Saludé a los dependientes desde fuera y me adentré en el banco, no me gustaba lidiar con los duendes...Algunos son muy gruñones y otros son amables, pero casi siempre me tocan los gruñones. La cola era larga, por lo que tocaba esperar un ratito, eso me pasa por olvidarme de mis encargos y dejarlo todo para el último momento. 

Absorbida en mis pensamientos no me daba de cuenta de las personas que se iban colocando detrás mía, hasta que alguien me llamó por mi apellido. Me giré rápidamente y vi de quien se trataba, del tonto de Magnus. Era mayor que yo, coincidimos en la Universidad. Era un tío bastante raro y siempre me sacaba de mis casillas. -No me apetece nada con un duende...Pero a lo mejor a ti te van esas cosas. Peores cosas se han visto. Hablé mirándole con cara de indiferencia. A veces era buena gente pero no podía con mi vida cuando se quejaba, era muy....argh. -Yo también me alegro de verte, ¿que hay de tu vida? Pregunté tajante con una sonrisa de mala gana. De las peores personas que me podía encontrar en este banco, tenía que ser el hombre este...Vamos cola, avanza de una puta vez.
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InvitadoInvitado

Invitado el Lun Sep 14, 2015 2:53 pm

El capullo de mi padre no paraba de tocarme los cojones a dos manos. Aunque hiciera siglos que no le veía buscaba maneras de hacerme la vida imposible. Vale, no me voy a morir porque transfiera objetos y reliquias de la familia a mi cuenta de Gringotts, pero yo no le he dado permiso y no quiero esa mierda. No quería nada de herencias ni mierdas de ese patético ser. Uno de mis objetivos a largo plazo era matarlo y sabía que lo acabaría haciendo. De una manera u otra.

La cola del banco era eterna simple y llanamente porque había muy pocos duendes atendiendo. Muy lógico, días antes del comienzo de Hogwarts, el callejón Diagon petado y pocos duendes ateniendo. A veces pienso que toda la Tierra es retrasada, que todos los seres que vivimos aquí somos retrasados. Bueno, yo no. A ver, tendré mil defectos, pero soy inteligente. Mis méritos podrían hablar por mí.

Identifiqué rápidamente ese pelo rojo, a cuya dueña saludé de forma mordaz. Arqueé una ceja con su respuesta, demasiado previsible pero bastante asquerosa.

- No, joder, no. Soy muy hetero y muy normal, gracias por la sugerencia. - ironicé mirándola estupefacto con su siguiente pregunta. No me esperaba que me preguntara por mi vida, la verdad. La miré como si estuviera drogada o algo. - ¿Desde cuándo te interesa a ti mi vida? Pues mira, yo te la resumo en una palabra: trabajar. No todos disfrutamos de las ventajas de ser profesor. - vaya puta vida la de un profesor, joder. Eso sí que es vivir, con esas pedazo de vacaciones y encima el trabajo era muy sencillo: mandar deberes y corregir exámenes. - ¿Sabes que mi segunda opción laboral era ser profesor de Historia de la Magia? - pregunté hablándole totalmente en serio. - Me encantaba esa asignatura. Pero al final… - me encogí de hombros como quien no quiere la cosa, observando el principio de la fila. Era una señora mayor que discutía con un duende. Joder, esto va para largo. - Supongo que tu vida irá como siempre, ¿sigues follando igual de poco? - pregunté más por joder que por interés real. A lo mejor la vida sexual de Esther era más intensa que la mía, que peores sorpresas te da la vida.
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InvitadoInvitado

Invitado el Mar Oct 13, 2015 10:06 am

Yo pensaba que con los años mis despistes iban a disminuir porque se supone que me iba haciendo una adulta responsable y esas cosas que les dicen los padres a sus hijos cuando aún todavía vives con ellos, yo no se si tuve la suerte o la desgracia de que pasé la gran mayoría de los años de mi vida internada en Hogwarts y luego en la universidad. Pero parece que no, seguía siendo la misma despistada que cuando salí del colegio, aún recuerdo cuando casi se me queda los papeles de la universidad atrás porque mandé la lechuza a la dirección que no era...Menos mal que la lechuza era lista y sabía a donde tenía que ir a pesar de que la mensajera fuera así de especial.

Dejando atrás mis despistes, ahí estaba yo...En la cola del banco poco antes de que cerrara, como ya estaba dentro no me echarían cuando fuera la hora del cierre, se supone que los duendes no hacen eso. Y bueno, también tenía compañía...era un hombre apuesto, pero daba la casualidad que no era el hombre que quería ver en la cola del banco. Me sacaba unos años y a pesar de estar casi cerca de los cuarenta, seguía siendo el mismo insolente gilipollas que conocí en mis años de universitaria. Casi le miro mal cuando me insinuó que el hombre era muy hetero y no le iba el sexo con duendes...A no ser que pague a una puta y la disfrace, que oye...hay gente pa todo en esta vida, de todos modos yo no pienso preguntar para luego no quedar traumatizada de por vida.

-No me interesa nada tu vida, sólo preguntaba como una persona normal que no te ve desde hace tiempo. Le miré con cara de querer sacar el bate de golpeadora del bolso y reventarle la cabeza, pero soy una chica civilizada a la que no le van las peleas violentas. Me medio insinuó que los profesores no trabajábamos, será... -Que sea profesora no significa que no trabaje, los profesores enseñamos a los futuros magos y mientras tu trabajo solo es estar sentado todo el día escuchando juicios y juzgando a inocentes que no tienen ningún delito. Me medio sulfuré hasta que recordé que estaba en un sitio público y comencé a respirar y me di la vuelta esperando a que la dichosa cola avanzara para poder irme a casa y no seguir viendo la cara a Magnus. -¿Historia de la magia? No te veo como profesor...aunque quien sabe, hasta que no lo compruebe no lo sabemos...¿y por qué no fuiste profesor? ¿Te asustan los niños o es que no llegaste a la nota suficiente para conseguir la plaza?. Pregunté un tanto cajonera, creo que debería de calmarme porque estoy viendo que me estoy adentrando en un terreno pantanoso y yo soy muy mala para salir por mi propia cuenta, aunque ganas no me dieron de darle una patada en los cojones y dejarle estéril cuando me dijo que mi vida sexual seguía de sequía como cuando estaba en la universidad... -Y a ti que te interesa mi vida sexual, que me quedara encerrada estudiando en en la época universitaria no significa que ahora siga igual. Sonreí para que me dejara tranquila y me di de nuevo la vuelta, espero que así la cola se de un poco de prisa, aunque la vieja que tengo delante... De repente entró mi amigo Erik, trabajaba media jornada en la tienda de Qudditch, le saludé y se lo presenté al tonto polla de Marcus, así ellos dos tendrían una conversación de hombres y a mi me dejarían tranquila con mi ingreso.
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