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Another one bites the dust [Apolo Masbecth]

Invitado el Miér Sep 02, 2015 12:32 am


Era una calurosa mañana de finales de Agosto cuando el memoradum del jefe de mi departamento había llegado a mi despacho con una noticia para mi. Esa noticia, un recorte de El Profeta, era suficiente para que yo supiera lo que tenía que hacer sin que Forman me lo pidiese explícitamente. En el pergamino ponía que se había encontrado un cadáver en Gales. Lo habían identificado como el mediano de una familia pudiente de magos, acababa de salir de la universidad y se estaba dando la vida padre antes de que sus padres lo obligasen a encontrar trabajo llegado septiembre. Parecía que el último verano libre de su vida había sido literalmente eso.

Nada más recibir la noticia, me puse a investigar sobre ella. A simple vista no parecía haber nada de raro en la muerte pues en el periódico no daban muchos detalles, solo sospechaban de que había sido un asesinato por la zona en la que había aparecido: una reserva de dragones. No decía cual era la carrera del chico asi que si había estudiado para dragonolista, el emplazamiento podría haber sido totalmente lógico. El cuerpo había aparecido quemado en un alto grado, pero no calcinado y un ojo, en mi opinión, inexperto, había juzgado que el encargado de matar al chaval había sido un dragón. Yo discrepaba de la noticia. En primer lugar, porque en la foto del periódico aparecía el cuerpo cubierto con una capa oscura, probablemente propiedad de alguno de los medimagos, pero la mano derecha del mismo estaba destapada, y lo curioso es que estaba intacta. Inerte, sí, pero no quemada, lo cual era curioso ya que los dragones no tenían por costumbre dejar ninguna extremidad de sus víctimas sin quemar. En segundo lugar, de haber sido un dragón, el cadáver no habría aparecido tan de una pieza, esos animales no desperdicían la comida según creo. Por todo ello, había demasiadas cosas en aquel artículo que no me encajaban, motivo por el que supuse que Forman me lo reenvió. Él también sabe ver esas cosas a veces.

Mi investigación en otras fuentes de información, corroboradamente fiables, me llevó a descubrir que el cadáver del joven no había aparecido solo, sino que llevaba consigo una especie de maletín que no habían podido abrir ni mover. Eso era realmente lo que a mi me interesaba saber y probablemente el motivo de que la noticia hubiese llegado a mi al fin y al cabo. O quizás solo había sido casualidad, pero eran este tipo de casualidades las que a mi más me gustaban.

Todo el proceso de investigación preliminar lo había llevado a cabo desde mi despacho por lo que aun estaba a tiempo de reunir el equipo necesario para llevar a cabo la investigación de campo. Lo primero que hice fue escribir una nota y enviarla a Apolo, explicándole la situación y pidiéndole ayuda, si estaba libre, en el caso que me atañía. Por ley, se me obligaba a que un experto en el entorno me acompañase en misiones como esta, y si tenía que depositar mi confianza en alguien, mejor que fuera en alguien en quien ya confiaba. Esperé su respuesta y cuando esta llegó, confirmándome además lugar y hora de encuentro entre nosotros, me dispuse a preparar lo demás. Cogí mi americana y mi capa del perchero de mi despacho y tras una visita rápida al laboratorio del departamento para recoger mi maletin y llenarlo, crucé la sala circular y subí al Atrio. Una vez allí, la red de polvos flu hizo que llegase a la reserva en unos minutos, por lo que aproveché mi ventaja temporal para presentarme ante el personal encargado del sitio y todas aquellas personas que trabajasen allí y que pudiesen tener algo que ver en el incidente.

- Buenos días- dije ante una sala de personas en las que los encargados habían reunido a todo el personal- Mi nombre es Jason Allen, formo parte del equipo de campo de Inefables del Ministerio de Magia. Les informó de que el día de hoy sus actividades se verán supervisadas por mi persona y, aunque deben realizarlas con normalidad, es muy posible que yo me acerque a hacerles preguntas. Contaré con un compañero que se presentará en breve y al que no sé si ya conocerán. Les comento todo esto para que no se sorprendan si me ven acercarme- dije con una sonrisa cautivadora y guiñando un ojo a una joven que temblaba de arriba abajo por lo que parecían ser nervios.- Eso sí, rogaría que nadie se acercase a la zona del incidente. ¿Alguna pregunta?- dije con una sonrisa que la mayor parte de la gente no se esperaba de un inefable. Mientras tanto yo lo estudiaba. Todo lo que sus expresiones me pudieran decir, sería útil.
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Apolo Masbecth el Miér Sep 02, 2015 7:21 pm

Recibir aquella carta de parte de su nuevo amigo le sorprendió bastante, más porque fue a altas horas de la madrugada y estar durmiendo plácidamente cuando una lechuza picotea tu cabeza no es algo que al rubio le encante, pero se alegró de saber que requería de su ayuda así que le escribió de vuelta aceptando la reunión de trabajo pero volvió a dormirse. Su despertador mágico le indicaba que ya eran pasadas las ocho de la mañana y a él le costó trabajo levantarse hasta que uno de sus elfos domésticos lo hizo, por consiguiente se llevó una reprimenda descomunal aunque en el fondo lo agradece porque de lo contrario tendría que llegar tarde a ese lugar. Se metió a la ducha y se cambió en un tiempo récord, iba enfundado en algo de ropa  casual, la que generalmente utiliza para el trabajo y porque el sentido común le dijo que se ensuciaba por más cuidadoso que sea.

En poco tiempo estuvo listo y los elfos ya le tenían preparado el desayuno así que comió un poco antes de irse pues con el estómago vacío el rubio puede ser un tanto irritable. Mientras desayunaba pensó en el contenido de la carta, un asesinato bajo circunstancias extrañas, donde se requería de la presencia del ministerio, por supuesto que la curiosidad le hizo aceptar, además que vería a Jason una vez más y siempre era una agradable sorpresa encontrarlo. Decidió que para viajar utilizaría la chimenea de la mansión, así que cuando la servidumbre se la dejo lista cogió un poco de polvos flu, mencionando el sitio al cual tendría que viajar, para ser exactos la reserva de dragones en Gales. Una nube de polvo verde le hizo desaparecer de manera casi instantánea.

Apareció en una chimenea bastante peculiar, tuvo que agacharse para no golpearse la cabeza y prácticamente salir gateando, aquella era una sala bastante acogedora, llena de pieles y estampados florales, sin duda la casa de alguna señora, una señora que el rubio conocía muy bien, le llamaban la señora de los gatos, ¿por qué? porque tiene más de una docena de ellos y justo uno salió volando por la cabeza de Apolo y este se asustó. - Maldito gato del demonio - balbuceó pero tenía que salir de ahí antes que la mujer lo viera y no lo dejara irse, una mujer muy sola que en otra ocasión quizá le haría un poco de compañía pero no en esos momentos. Salió a toda prisa de la casa que estaba justo al lado de la reserva y se acomodó la ropa quitándose un poco de hollín de la camiseta. Al llegar a la reserva en la entrada había dos hombres de aspecto intimidante pero que lo conocían muy bien. - Buenos días señores, ¿cómo va todo? - preguntó mostrando una sonrisa amistosa y los de seguridad le saludaron de vuelta haciendo un poco de conversación trivial, le dieron una identificación como personal del lugar para que pudiera acceder a la locación, a pesar de que no iba por parte de trabajo precisamente.

Fue escoltado hasta las instalaciones, a una sala de juntas para ser precisos, donde se le estaba esperando. Pudo ver a través de los muros de cristal a Jason y el personal administrativo, entre otros colegas dragonolistas. Se acomodó el cuello de la camiseta antes de entrar y sonrió. - Buenos días - fue directamente a saludar a Jason con un apretón de manos y entonces se sentó al frente justo al lado de donde estaría él mientras saludaba con la mirada al resto de sus compañeros. - Muy bien, el señor Allen me ha explicado la situación a grandes rasgos, así que debemos cooperar con él, porque el que incumpla esto estará cometiendo una falta hacia el ministerio, ¿está claro? - preguntó mirando a todos y estos asintieron mientras que algunos simplemente murmuraban y se notaba un poco tenso el ambiente, como si alguno de ellos sabía exactamente lo que estaba pasando.

Al parecer ya habían discutido cosas importantes porque el rubio llegó un poco tarde y todos parecían ver a su amigo con mala cara. Apolo por su parte se dio cuenta que se veía diferente con esa barba de semanas, ya le preguntaría al respecto en un momento a solas que tuvieran. - ¿ Porque es que justo anoche me entere de lo sucedido por alguien del ministerio y no directamente de ustedes? Eso es humillante - su rostro amistoso había cambiado por uno de molestia - Todo sucedió tan rápido, lo pasamos por alto Apolo, es mi culpa  - la voz de una mujer sonaba lastimada, como si realmente estuviera apenada. - Quiero ver el reporte completo - estiró la mano para que la mujer se lo entregara y le dio una hojeada. - Sucedió a las diez y cuarto de la noche, ¿quién estaba de guardia a esa hora? - preguntó una vez más y ahora un hombre de estatura baja respondió - el difunto y Calvin, pero él lleva desaparecido desde anoche - murmuró esas últimas palabras y el rubio vio a Jason - bueno, creo que tenemos al principal sospechoso, ¿han podido abrir ese misterioso maletín? - los miró y todos negaron, como si aquello fuera un detalle terrible que omitieron.
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Invitado el Sáb Sep 05, 2015 12:43 pm

Hablar ante la gente no es algo que me de miedo ni que me incomode, pero es algo que preferiría no hacer. Había gente en el departamento de Misterios encargada de dar los comunicados al resto de departamentos y a la prensa, pero yo sabía, que aunque es un trabajo que podría dárseme bien, no está hecho para mi. La gente se me da bien, pero la oscuridad y el anonimato me gustan más. Resulta agotador tener que ser amable durante tanto tiempo algunos días. Por suerte para mi, en la reserva de dragones no tenía que mostrar una cara amable, al menos no la más amable, porque aunque buscaba cooperación, tenía que demostrar que también era una figura de autoridad. La presencia de Apolo en este caso era necesaria y su compañía era una de las pocas que no me molestaba. Él ya sabía demasiado de mí como para que eso llegase a pasar, por eso había contado con él y no había permitido que me endosasen a otro experto para el caso.

Cuando llegué me dirigí al personal, pude notar los nervios generalizados y algo de miedo hacia mí. Eso podía cambiar a lo largo de la investigación pero tenía que reconocer que la barba me daba un aspecto más agresivo. A mi y a las damas nos gustaba, pero no parecía surtir el mismo efecto en los sospechosos de una investigación, ni aunque mostrara la mejor de mis sonrisas, lo que me hacía sospechar de la sinceridad de todos los allí presentes.

Apolo no tardó en llegar y pronto se dejó ver que él ya conocía muy bien aquel lugar. Debía ser un veterano o alguien lo bastante bueno en su trabajo como para que tuvieran que informarlo de estas cosas. No sabía hasta qué punto llegaban sus influencias en estos campos, pero quizás pudiese aprovecharme un poco de ellas. Lo saludé con un apretón de manos y lo dejé dirigirse al mismo público al que me había dirigido yo, sin interrumpirle. Mientras él hablaba y pedía explicaciones yo observaba como se dirigía al equipo y cómo ellos respondían. Veía en sus caras respeto, y en algunos casos miedo, en otros casos había sentimientos que no lograba clasificar porque parecían no tener nada que ver con nuestra presencia allí. Eso podía significar temas personales o que estaban haciéndose los locos para que no se notase que sabía algo. Escuché la conversación que estaba teniendo Apolo con los que debían ser sus compañeros y me sorprendió su ofuscación por lo haberse enterado antes y más todavía la rápida respuesta que obtenía por parte del equipo. Realmente el respeto que le tenían debía ser grande. Le pasaron un papel con todos los datos que allí tenían sobre el incidente y por respeto no me puse a mirarlo mientras él lo ojeaba, pero seguí notando como la respuesta a sus preguntas llegaba más rápida que si las hubiese formulado yo, por lo que permanecí en silencio. Escuché cómo el joven asesinado sí trabajaba en la reserva, haciendo guardias al parecer. Quizás si había estudiado para dragonolista como yo sospechaba y esa era su manera de empezar, eso tenía sentido, pero lo preguntaría más tarde para corroborarlo. Noté como conmigo en la sombra, Apolo sacaba sus propias conclusiones y sonreí. Lo más probable es que el tal Calvin también estuviese muerto, de hecho, apostaría que él seguramente era el verdadero objetivo del asesinato y el maletín probablemente sería suyo, pero pronto veríamos cuál de los dos tenía la razón.

Me había mantenido en silencio desde la entrada de mi compañero, pero ante la ausencia de respuesta cuando preguntó por el maletín, me vi obligado a intervenir.- ¿Alguien ha podido siquiera moverlo?- pregunté con incredulidad y la respuesta fue la misma. - Bien, lo suponía. Iré a echarle un vistazo. ¿Cuento con tu compañía? Gracias por venir, por cierto.- le pregunté a Apolo con una sonrisa.

No tardamos en llegar al lugar donde se había descubierto el cuerpo y pocos metros más allá estaba el maletín. Me acerqué a él sin tocarlo y lo observé en silencio. Era un maletín de piel marrón, nada exótico, cualquier muggle podría tener uno igual. No parecía tener señales de nada, ni golpes, ni arañazos recientes, solo parecía un poco desgastado por el uso. El objeto reposaba tranquilo sobre sus 4 apoyos inferiores, imperturbable a todo lo que pasaba a su alrededor, pero aunque parecía un objeto muy simple, no podía abrirse ni moverse. Que estuviera cerrado con magia no era tan extraño como que estuviese anclado al suelo. Me pasé la lengua por los labios mientras seguía buscando ese detalle fundamental que me diese la pista que necesitaba para seguir, y tras unos 10 minutos de observación, conseguí encontrarlo: Un pequeño grabado, casi invisible, en el que aparecían las iniciales C.S. y lo que me temía que era un hechizo rúnico.- ¿Cual era el apellido de Calvin?- pregunté sin mirar a nadie en concreto- Spencer- dijo la voz de alguien que había venido hasta allí con nosotros.- Y la víctima llamaba Theodor Rickman, ¿cierto?- pregunté del mismo modo y hubo un asentimiento general.- Bien, pues creo que Calvin Spencer era el dueño de este maletín...y...si no me equivoco- dije mirando al suelo pues acababa de encontrar otra cosa- debe estar en esa jaula- señalando a la jaula que estaba a nuestra derecha en la cual había un dragón verde y dorado extrañamente tranquilo.
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Apolo Masbecth el Lun Sep 07, 2015 4:06 am

Estaba claro que Apolo no es el jefe ni el que manda en esos centro de investigación ni en albergues pero durante el último año se volvió un miembro importante para los dragonolistas, su jefe superior, le tenía mucho afecto y respeto por haber demostrado su lealtad y lo bueno que es en su trabajo, por eso se convirtió en su mano derecha y todo debía pasar por manos del rubio para entregarlo al jefe el cual desconocía la procedencia mortifaga de su pupilo, de saberlo él dudaba que se le daría el mismo trato pues era una persona bondadosa con buen corazón y Apolo, pues simplemente no lo es. Y ahí estaban reunidos en una sala de conferencias, el equipo del albergue en Gales, donde se suponía todo tendría que marchar bien pero sus compañeros no cumplieron con su deber, tal vez por eso el hombre se mostraba bastante irritado por el asunto y su amigo Allen parecía compartir el sentimiento. Dejo que hablara e hiciera ahora él las preguntas, solo interviniendo cuando fuera realmente necesario pero no lo vio así pues el moreno resultó ser un hombre bastante elocuente y sabía hacer bien su trabajo.

- No tienes que agradecerlo, es algo que me compete también, así que aquí estoy tratando de descubrir lo mismo que tú  - dijo al momento que se adelantaron y en ese momento a solas que tuvieron le susurró - ya que no creo que haya sido un ataque por parte de nuestros camaradas o estaría enterado - dijo algo preocupado, en ese momento cambió el tema pues se le unieron el equipo de hombres y mujeres bastante nerviosos, una de ellas se escuchaba como le rechinaba la dentadura.

Al llegar al lugar donde se encontraba el maletín lo primero que el rubio hizo fue ordenar a uno del equipo que lo levantara pero fue en vano, tenía magia y no era tan fácil, permaneció en silencio observando al objeto de piel y luego a su amigo intercalando entre ambos hasta que el silencio fue interrumpido por el hombre con la barba prominente. De nuevo, la barba le parecía un cambio bastante peculiar y hasta distractor. - ¿Que jaula? - preguntó no sabiendo de a qué se refería hasta que en efecto la vio, estaba sobre el nivel del suelo, en un agujero bastante grande que no vio antes - ¿desde cuándo esta esto aquí? - pero sus compañeros solo dijeron que el día de ayer no se encontraba - así que es reciente y tiene un dragón. Jason será mejor que te quedes tras de nosotros que estamos capacitados para manejar a estas criaturas - le dijo con media sonrisa en el rostro mientras uno por uno descendieron hasta llegar a la jaula de color negro, medía alrededor de uno tres metros de altura y la criatura era joven y aun no crecía en su máximo potencial, pero lo que más llamó la atención al rubio fue ver aquel pedazo de tela justo por fuera de los barrotes. - Ahí, alguien recójalo - y uno de los hombres utilizó unas pinzas para recoger la evidencia, el pedazo de tela de color negro mostraba ser de una camiseta - es el uniforme de Calvin sin lugar a dudas, ¿crees que? - el hombre de cabellos rojos vio a Apolo bastante aterrado - se lo ha tragado, tal vez por eso no ha tratado de quemarnos, está satisfecho, pero la pregunta es ¿cómo llegó este animal hasta aquí y quien está detrás de todo esto - caminó alrededor de la jaula con sumo cuidado y en ese momento el dragón escupió algo de su gran hocico alargado, una pierna a medio masticar, sin duda humana, no cabía duda de que Calvin sirvió de alimento para ese reptil alado.

- Ahora si que estoy interesado en que ese maletín se abra en este instante ¿Crees que puedas abrirlo?   - dijo acercándose  a Jason - sospecho que andaban en malos pasos, aunque conocía  Theodor, era una persona alegre y vivaracha, todo mundo lo quería, ¿por qué alguien lo mataría? - preguntó viendo a su amigo y luego al dragón quien abría y cerraba los ojos como si estuviera queriendo dormir y fue ahí que notó algo raro - este animal ha sido sedado, mira - señaló un dardo en su pata izquierda, uno lo suficientemente grande como para mantenerlo drogado y no fuera agresivo.
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Invitado el Lun Sep 07, 2015 9:08 pm

Las presentaciones preliminares y la introducción del caso junto con mi llegada y la de Apolo no aportaron gran cosa a lo que yo necesitaba para terminar la investigación. El equipo estaba nervioso, y por lo tanto se cerraba en banda, algo que no me favorecía en absoluto. Apolo parecía tener cierto poder sobre ellos, no sabía que lugar ocupaba en la gerarquía de los dragonolistas pero parecía estar en un puesto lo bastante consolidado como para tener gente que le rindiese cuentas. Aún así parecía que había algo que sabían pero no contaban y a medida que el tiempo transcurría estaba más seguro que la vía de la autoridad no iba a ser la más efectiva para conseguir saber todo lo que había pasado.

- Pareces una persona importante aquí...y eso a veces significa no enterarse de muchas cosas- dije mirando a Apolo. Sabía por qué creía que se habría enterado, porque era uno de ellos, pero tenía autoridad y cuando una persona adquiere importancia los que están por debajo de él pierden un poco de la posible confianza que tenían antes. No se lo decía por aguarle la fiesta, pero tampoco quería que se sorprendiese si acabábamos sacando algún trapo sucio.

Llegamos al lugar del incidente y mientras los murmullos se incrementaban a mi alrededor yo buscaba pistas. No tardé en encontrar dos: las iniciales de una de las víctimas y un pequeño camino de gotas de sangre que un ojo que no las estuviera buscando no encontraría. El camino de sangre llevaba hasta una jaula en la que un dragón descansaba tranquilamente, sin embargo, al parecer ese dragón no debería estar allí. La extrañeza se vio reflejada en mi cara cuando descubrí que muy pocos de los allí presentes sabían de la existencia de esa jaula, en parte porque acababamos de pasar por delante, y en parte porque era algo lo bastante grande como para que se llevase un control de donde se ponía. Solo había una persona allí presente que no se extraño, una mujer que llevaba un rato rechinando los dientes de puro nerviosismo. Por eso, cuando Apolo me dijo que me apartara para que entrasen en la jaula y viesen que había me acerqué a ella- Vaya escena ¿verdad? Da miedo- comenté mirándola a los ojos como miro a las mujeres que pretendo conquistar.- No debes asustarte, ¿de acuerdo? Una chica tan guapa como tu no debería estresarse tanto- dije con un guiño a pesar de que la chica tenía de guapa lo que la abuela de Tutankamon en tanga. Conseguí de ella una sonrisa que parecía demostrar que estaba más tranquila- Me encantaría invitarte a cenar al terminar esto, Annie.- dije con mi sonrisa más cautivadora a lo que ella respondió sonrojándose y asintiendo con la cabeza mientras su expresión mostraba un asombro que rozaba el pasmo. Había sabido su nombre por una pequeña chapa que llevaba en el uniforme, pero seguramente ella no se había dado cuenta- Por lo que sería genial que si pudieses decirme algo que me ayudase a avanzar y terminar cuanto antes y así pasar el resto de mi tiempo de una mejor manera- dije mientras le cogía las manos y le daba a entender que iba a hacerle pasar una noche que no iba a olvidar jamás.- Ayer por la noche oí discutir a Calvin con otro hombre, no era Theo, su voz era más ronca. Discutían sobre una mercancia o algo así. Vi la sombra de una capa larga y negra y creo que era rubio, pero no le vi la cara.-dijo mirándome a los ojos como hipnotizada- No me caia bien Calvin, siempre me miraba raro y oía cuando me insultaba delante de los demás- me dijo claramente disgustada aunque estaba claro que el propietario del maletín no le importaba especialmente- Mi pobre Annie, lo que has tenido que sufrir...-dije con tono bajo, casi como una confesión mientras cogía su fragil rostro entre mis manos y le besaba lentamente la frente.

Apolo se acercó a mi tras encontrar una pierna a medio comer y un trozo de camiseta en la jaula del dragón. Me separé de la pobre y fea Annie que parecía haberse chutado heroína despues de mi beso. Me dirigí a Apolo cuando me habló, dándole la espalda a Annie y sin intención de acordarme más de ella salvo si era estrictamente necesario- Voy a intentar un par de hechizos, pero dudo que el maletín se abra o pueda ser trasladado, y no creo que alguien quisiese matar a Theodor, creo que estuvo en el lugar equivocado en el momento más inoportuno.- dije sopesando cada una de mis palabras. Mientras hablábamos, Apolo seguía mirando al dragón, supongo que por lo extraño de su comportamiento, y descubrió que había sido sedado. Pude ver con claridad el dardo que me señalaba y eso me abrió un nuevo camino- Creo que debería entrar en esa jaula- concluí.- Alguien discutió ayer aquí con Calvin, un hombre rubio con una capa negra que al parecer sabía lo que se hacía en cuanto a dragones. Si quería que pesaramos que el dragón estaba tranquilo por el festín nocturno, es que hay algo en esa jaula que no quiere que veamos- le dije a Apolo y para mi desgracia, tuve que volver a tirar de mi renovada influencia con Annie- Querida, ¿te importaría ir a comprobar quien trajo aquí esta jaula?- le pregunté con voz melosa volviendo a coger su rostro entre mis manos.- Creo que lo que necesitamos encontrar...es la varita de Calvin.- dije girándome hacia Apolo y el resto del equipo- ¿Qué necesito saber para entrar ahí y no morir en el intento?- pregunté librándome de la capa, dejándola caer en el suelo y sacándome también la americana, quedándome solo con la camisa blanca y la corbata y la varita en la mano.
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Apolo Masbecth el Jue Sep 10, 2015 2:40 am

A pesar de estar examinando la jaula y su contenido, Apolo escuchó perfectamente como su nuevo amigo estaba trabajando con una de sus compañeras, la menos agraciada de todas y que parecía caer redondita en los encantos de Jason, el rubio quiso reírse pero estaban en una situación seria así que dirigió la mirada nuevamente a la escena del crimen donde descubrió la pierna masticada y el pedazo de prenda de aquel individuo. Calvin era su nombre, lo conoció poco, incluso trabajaron juntos en una ocasión pero el hombre era demasiado reservado y un tanto especial, esa fue la primera impresión que se llevó de él y no volvió a verlo más, ahora estaba muerto y había razones para creer que algo estaba sucediendo en ese sitio.

Uno al lado del otro, analizaron la situación, incluso escuchó como relataba un poco de lo sucedido anoche y el hombre misterioso de la capa negra. - ¿Crees que un mortifago tenga que ver en esto? viendo las pruebas, creo que no deberíamos descartarlo - dijo a su amigo, de esa forma si los compañeros escuchaban la conversación no resultarían implicados. - Haz lo que tengas que hacer y cualquier cosa que necesites solo pídela, nosotros la traeremos para ti - asintió observando al resto de las personas reunidas en ese sitio, el dragón se movió un poco pero fue solo para acomodarse mejor mientras dormía de manera plácida. - Beatriz, ya escuchaste al señor Allen - le hizo una seña para que se fuera y eso hizo, desapareciendo a pasos agigantados mientras los demás simplemente se miraban unos a otros sin saber qué hacer, pero para eso estaban los dos mortífagos ahí, para instruir a las personas en cuestión.

- Eso será fácil, la tenemos en la oficina del jefe, ahora voy por ella - dijo uno de los hombres mientras Apolo asentía y entonces se dirigió nuevamente a su amigo - Primero que nada no vas a entrar ahí solo, voy contigo, lo que necesitas es de la ayuda de todos para que si el dragón despierta puedan controlarlo, ah y un hechizo protector, es momentáneo pero con suficiente tiempo como para salir de la jaula si las cosas se salen de control - y al decir esto el joven mortifago sacó su varita lanzando el hechizo para Jason y para él, un aura de color púrpura los iluminó durante un par de segundos y luego se desvaneció. - Bien, abran la jaula ahora y ciérrenla tras de nosotros - el rubio fue el primero en entrar, dándose cuenta que a pesar de lo grande que aquella prisión metálica era, en realidad solo tenían espacio reducido y dos hombres ahí no era una buena idea, sin embargo no quiso dejar solo a Jason y permaneció en una esquina dejando que inspeccionara al animal y la escena.

La mentada Beatriz regresó agitada y junto con el hombre que cargaba la varita en un recipiente, pasándosela justo por los barrotes a Apolo, el cual la sacó y con sumo cuidado se la entregó a Allen, la mujer en cambio se acercó hacia su conquista de la noche y con una sonrisa triunfante comenzó a hablar - al parecer había un envío de un dragón no programado para anoche, es decir que no estaba en nuestros registros pero a los de seguridad se les dijo que si y lo dejaron entrar, no le vieron el rostro al hombre pues llevaba una máscara supuestamente por su protección y se lo creyeron, también dicen que el dragón estaba agitado y tenía los ojos de un color extraño. Pero lo más raro fue que un solo hombre pudiera llevar una jaula de ese tamaño - ella estaba sacando sus propias conclusiones. El rubio se acercó hasta el rostro de la criatura y le abrió los parpados dándose cuenta que en efecto tenía una sustancia extraña en ellos. - Podría apostar que ha sido drogado previamente al sedante, si no me equivoco esto es lo que usan los cazadores furtivos cuando quieren sacar mejores ganancias, verás, un dragón enojado es más eficaz en algunas pociones que elaboran en el mercado negro, lo que sigo queriendo saber es que hay en el maletín, me da la sensación que se resolverá al abrirlo - esta vez salió de la jaula antes que su compañero porque se dio cuenta que le estorbaba en vez de ayudar pero permaneció por fuera de los barrotes para ayudar en caso de ser necesario. - Despertará en poco tiempo, así que date prisa.
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Invitado el Mar Oct 13, 2015 10:41 pm

Había momentos en los que mi trabajo me exigía comportarme más como un investigador que como un inefable. Se podría suponer que alguien del departamento de seguridad mágica podía hacerse cargo de este caso, encontrar al asesino y el departamento de misterios seguiría enfrascado en sus asuntos. Sin embargo, no había manera de abrir o mover aquel misterioso maletín y lo que contenía era lo que a mi realmente me interesaba, aunque reconozco que nunca me niego a una buena cacería, sea de lo que sea. El panorama del crimen se me antojaba de lo más interesante, algo digno de haber salido de una novela negra barata de esas que tanto les gustan a las jóvenes de hoy en día cuando no están leyendo libros de divulgación de algún tipo. Me encontraba ante un maletín inalterable, un par de hombres muertos pero solo un cadáver y poco más, una misteriosa figura que nadie podía parecer identificar y un dragón medio grogui al que no sabía muy bien si clasificar como amenaza, asesino o víctima inocente.

Tras engatusar a aquella pobre chica y sacarle la información que necesitaba, me reuní con Apolo. Según lo que había dicho ella, la opción de que fuese un mortífago el encargado de todo el desvarajuste no era tan descabellado, pero me sorprendía que ninguno de nosotros dos tuviera noción de eso si era un encargo del Señor Tenebroso. Cierto era que él no compartía sus planes con todos sus allegados, pero la gente hablaba igualmente. También estaba el tema de la ausencia de Marca Tenebrosa. Me encogí de hombros ante su conclusión antes de responder.- No es una idea que descartaría, pero fallan algunos elementos. Si se tratase de un mortífago habría hecho un trabajo pésimo, sobre todo porque seguramente lo que buscaba esté dentro de ese maletín. Y falta el elemento clave del mortífago -dije señalando al cielo con una sonrisa ladeada. Sabía que Apolo me entendería a la perfección.

Mi compañero, muy diligente, mandó a dos de los que allí estaban a por el registro de la jaula y la varita del muerto del que aún solo habíamos encontrado una pierna.- ¿Es normal que los vigilantes vayan sin varita o es que la encontraron antes de que llegáramos?- pregunté como al aire pero mirando a Apolo. Me resultaba curioso que no supieran donde estaba su cuerpo pero sí su varita. Un mago no suele separarse de su arma principal a no ser que sea estrictamente necesario... Pero Theodor también había aparecido sin varita. Que extraño... Recibí el hechizo protector del que ya consideraba mi amigo y juntos nos metimos en la jaula después de que nos abrieran. No había demasiado espacio, pero el dragón parecía tener demasiadas ganas de dar problemas. Miré a mi alrededor, varita en mano, buscando rastros de sangre, ropa o lo que fuera, pero antes de llegar a encontrar nada, las dos personas que habían ido en busca de registros y varita ya habían vuelto. La varita llegó a mis manos sin demora de parte de Apolo y mientras seguía buscando, escuché atentamente lo que la chica tenía que decir. Al parecer alguien quiso, premeditadamente, colarse en esta reserva. O al menos colar a ese dragón, y sabía lo suficiente de como funcionaba todo como para poder eludir la seguridad. Había drogado a un dragón y no había dejado pistas de su presencia, a parte de una testigo en la que seguramente no había ni reparado. Observé como Apolo examinaba al dragón y vi un pequeño charco de sangre a los pies del mismo, donde momentos antes había estado su cabeza. En realidad no llegaba a charco, debían ser unas 10 gotas demasiado juntas entre ellas.- Está bien, sacadme ya si es posible- dije tras las palabras de mi amigo.

Desgraciadamente, mi excursión a dentro de la jaula no había sido tan útil como a mi me habría gustado. Solo unas gotas de sangre eran mi pista así que tendría que tirar por otro lado para averiguar porque el cadáver de Theodor estaba quemado por todas partes menos una mano y porque de Calvin solo quedaba una pierna pero no parecía haber habído una sangria en aquella jaula. Salí pensativo de entre los barrotes y sin mediar palabra clavé mi mirada en los ojos de Apolo, como buscando que la inspiración divina me ayudase... Y funcionó. Apunté con mi varita a la de Calvin- Prior incantato- dije en voz baja y ronca. El fantasma de los últimos hechizos de Calvin salió flotando de la varita que temblaba descontroladamente en mi mano como si la estuviera torturando. Vi surgir de su punta un par de hechizos triviales y luego uno, muy antiguo y desconodido por la mayoría que se usaba para abrir puertas malditas en China. Sonreí.- Abrámoslo- dije con confianza.

Por un momento, olvidé que debía buscar un cadáver cojo y que toda aquella situación rodeaba un asesinato, solo quería saber que era lo que había en aquel maletín. Me dirigí a donde estaba, inamovible, y con la varita de Calvin en mano me dispuse a hacer el hechizo que había visto salir de ella, sin embargo...- NO!- gritó un hombre a mi espalda rompiendo mi concentración. Me giré y vi a un hombre corpulento, con una coleta rubia y las manos echadas hacia delante. Lo miré estupefacto y por un momento nadie dijo nada. Al momento siguiente, el hombre echó a correr. Con mi varita, apunté hacia él y lo até con cuerdas mágicas para inmovilizarlo. Me acerqué a él y me agaché, ya que él se había caido- ¿Motivos?- pregunté con una ceja levantada. Su silencio me dijo que era más importante para él callarse que enfrentarse a lo que había dentro del maletín, por si aun quedaban posibilidades de salvarse. Asentí con la cabeza en silencio y, volviendo al maletín, realicé el hechizo correspondiente. El instrumento se abrió solo, dejando ver en su interior una especie de foso iluminado con un cerebro flotando en una especie de sustancia viscosa.
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Apolo Masbecth el Lun Oct 19, 2015 4:29 pm

Permaneció atento por fuera de la jaula, pegando un ojo al dragón para asegurarse que no despertaba y el otro a su amigo el inefable, solo para que estuviese a salvo, eran sus dominios y si sucedía algo el escándalo que se armaría no iba a tener precedentes y era posible que se les retire el fondo para sus investigaciones. Sacudió la mente de esos pensamientos cuando Jason les indicó que lo sacaran de ahí, el rubio asintió haciendo una seña a sus compañeros - abran la puerta - ordenó mientras le ayudaba a salir. Entonces se preguntó qué es lo que habría descubierto pero cuando lo vio empuñar la varita dio un paso hacia atrás imaginando cual sería el siguiente movimiento y tuvo razón.

El hechizo lanzado por el inefable fue muy acertado pues les mostró con claridad qué era lo que hizo antes de morir. No supo con exactitud las palabras mencionadas por el difunto pero parecía que Jason si así que le dejó continuar con aquello hasta que el grito de un hombre les hizo voltear en aquella dirección. Apolo le conocía muy bien, se trataba de uno de los de seguridad, solo recordó su apellido porque estaba inscrito en su uniforme, Reynolds. Sacó su varita dispuesto a interceptarlo pero no fue necesario, ya se encontraba inmovilizado por su compañero. Al acercarse hasta él le levantó el rostro - Empieza a hablar o te pudrirás en Azkaban, personalmente me encargare de ello  - habló con voz grave colocándose en cuclillas para verlo mejor, pero entonces escuchó un clic y como el pasador del maletín cedía logrando que este se abriera.

La luz era cegadora, tuvo que cubrirse los ojos por unos segundos hasta que fue capaz de mirar lo que había dentro teniendo que acercarse con sumo cuidado. Escuchó a sus compañeros quienes fueron los primeros en ver su interior como jadeaban y ahogaban un grito de sorpresa. - ¿Por qué tanto alboroto? No se acerquen demasiado - al llegar vio el cerebro flotando. - ¿Qué? - se giró entre el hombre de las coletas rubias, Reynolds y el maletín. - Es... Nosotros no pensábamos con claridad, nos prometieron una buena recompensa, solo queríamos entregar el paquete a su destinatario, no se supone que debíamos abrirlo o moriríamos, esa fue la única condición que nos dieron. Por favor no dejen que me encuentren. Yo solo quería poder retirarme con el dinero que me darían y vivir una vida tranquila, nunca quise que esos dos murieran, se interpusieron en nuestro camino, pero yo no los maté, los juro - el hombre chillaba y hablaba entre sollozos al verse acorralado, se notaba que no estaba mintiendo pero sus palabras le dejaron más interrogativas al rubio.

- No creo que sea prudente tocarlo, ¿qué hacemos? - preguntó a Jason mientras se acercaba - tal vez deberíamos dejar que Reynolds sea el conejillo de indias, dado que le gusta ser un peón, de los más bajos - se acercó de nuevo a su rostro y le apretó la mandíbula pero luego lo soltó pues estaba rodeado de sus compañeros de trabajo quienes no decían nada, solo murmuraban. - Tenemos un traidor entre nosotros  - habló para que todos escucharan - ¿Hay alguien más aquí que trabajaba contigo? Habla. ¿Quién mato a Calvin y Theodor? Cuéntanos todo lo que sepas sobre el maletín - lo miró con cara seria mientras su varita apuntaba a la mejilla derecha del mago amarrado con cuerdas mágicas. - Fueron ellos, los que me contaron, nunca les vi el rostro ni dieron nombres. Uno de ellos trajo el dragón anoche y lo dejamos entrar, se suponía que el maletín y el dragón irían juntos, alguien los iba a recoger aquí, nunca nos dijeron que había dentro, digo la verdad, por favor, no quiero morir, no quiero que me encuentren, no debería estar diciendo esto - el hombre ya no lloraba pero se mostraba afligido y aterrorizado por la sola idea de encontrarse con esas personas misteriosas. - ¿Eran mortífagos? - preguntó Apolo decidido pero el hombre negó con fuerza - no, no lo creo. Pero escuche decir a uno que el dragón había ingerido la última pieza que iba con el maletín, por eso los necesitaban juntos y alguien aquí lo abriría, oh Dios, ¿por qué tengo que hablar de más - se tapó la boca para ya no decir nada y entonces el rubio miró a su amigo. - Por eso los han traído aquí. Solo en pocos lugares se cuenta con el material necesario para abrir un dragón, este es uno de esos, quieren recuperar la otra parte. ¿Pero, un cerebro? - levantó una ceja, entendía los motivos pero no que es lo que se supone harían con esas cosas. - ¿Qué se supone debemos hacer ahora? No me pagan lo suficiente para resolver misterios o asesinatos, ni siquiera es mi trabajo - le dijo mientras miraba a sus compañeros quienes también tenían cara de interrogación. - Eso quiere decir que alguien más está trabajando con ellos, alguien de aquí que planeaba ayudarles a matar al dragón  - miró a todos buscando algún sospechoso, ellos se veían con cara aterrada deseando saberlo.
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Invitado el Lun Nov 02, 2015 7:11 pm

Mi cerebro había metido la sexta marcha cuando la inspiración divina me invadió y se me ocurrió el simple hechizo que nos ayudaría a descubrir algo más acerca de uno de los muertos de aquella situación. El prior incantato es un hechizo muy útil en mi profesión pero también muy subestimado por todos aquellos demasiado acostumbrados a la cultura muggle de detectives a lo Sherlock Holmes. Tiene algo esta cultura pop que acaba enganchando a todos los que la prueban, pero aun así, en situaciones que incluyen dragones y cerebros enlatados, nunca está demás algo de magia tradicional.

Cuando descubrí que hechizo era el que abría el maletín y me dispuse a hacerlo, una voz medio atormentada surgió de entre el gentió haciendo que me detuviera. El hombre rubio que llevaba allí desde que yo había llegado y del cual, al parecer, nadie sospechaba, tenía algo que ver con lo que había pasado en aquella reserva. Sin embargo, cuando todos los miramos en busca de respuestas, se limitó a huir, lo que me obligó a inmovilizarlo y exigir respuestas. Ante la ausencia de estas en un periodo de tiempo que me pareció más que aceptable y tras la intervención de mi amigo en ese breve y nada frutífero interrogatorio, me dispuse a ignorar las palabras de aquel hombre en el que acababa de reparar y abrí el maletín de marras. Cuando las hasta ese momento innamovibles cubiertas de cuero se separaron una luz cegadora salió despedida de su interior. Mis pupilas tardaron unos segundos en adaptarse a aquella luz que poco a poco disminuía dejando ver lo que el maletín había estado ocultando hasta ese momento: Un cerebro suspendido en una extraña sustancia. La revelación de lo que el maletín escondía hizo que el que era ahora nuestro prisionero se decidiese a soltar a la lengua y contarnos lo que sabía. Con la ayuda de las inquisitivas preguntas de Apolo y sin intervención alguna por mi parte, Reynolds contó que los dos muertos y él mismo habían sido contratados para permitir que el dragón y el maletín entrasen en la reserva, en pro de que el cerebro estuviese a buen recaudo, supuse, y de reunirlo con la supuesta pieza que lo acompañaba y que el dragón se había tragado.

Mi mirada se diridió al hombre mientras hablaba, poniendo toda mi atención en sus palabras y asimilando todo lo que ellas significaban. Sabía que ellos no sabían lo que había en el maletín, pero que Calvin lo había abierto, pues su varita lo probaba. Sabía que el dragón era importante porque contenía algo que los jefes en la sombra querían, pero que lo más probable era que los jugos gástricos ya lo hubieran deshecho, para intentar recuperarlo en el que caso de que hubiese resistido, necesitaban un cirujano altamente especializado en dragones y de ahí que nos encontrásemos en una reserva... Apolo tenía razón había un traidor en medio de aquel grupo de personas, otro más a parte de Reynolds- ¿Quiénes son los mejores cirujanos de esta reserva? ¿Están aquí?- le pregunté en un susurro a Apolo tras levantarme y ponerme a su lado. - Si querían recuperar algo que este animal se haya tragado, van a necesitar a alguien muy bueno ¿no?- insistí, pero en ese momento un grito femenino cruzó el aire.

Al girarme me di cuenta de cuan gran error había cometido al girarme y dejar el maletín sin vigilancia confiando en la inteligencia de todos los allí presentes. La misma mujer que yo había conseguido engatusar momentos antes ahora pendía sobre nuestras cabezas atrapada por una especie de cadenas planas y brillantes que parecían salir directamente del maletín que contenía el cerebro. Esas mismas cadenas la elevaron en el aire y la aprisionaron como si fuesen un lazo del diablo, haciéndola gritar cada vez más. Saqué la varita y apunté a aquellas cosas con la esperanza de dar pronto con un hechizo para liberarla, pero cuando mis ideas se acabaron y la deseperación empezaba a hacerse demasiado palpable para mi gusto, el cerebro se cansó de la mujer, y sendas correas tiraron de ella en direcciones opuestas partiéndola a la mitad. No había gritado al morir pues el cerebro la había amordazado, pero sobre el grupo de gente que formábamos en el suelo llovió sangre como si de una plaga se tratase. El líquido que en su momento había dado la vida a aquella pobre desgraciada ahora nos bañaba mientras intentábamos cubrirnos y muchos empezaban a abrirse en arcadas al darse cuenta de lo que pasaba. Suspiré por la estupidez que había sido necesaria para llegar a aquel punto.- Lamento haber sobreestimado vuestras dotes, pero por si alguien no lo tiene claro o siente de deseos de satisfacer su morbosa curiosidad sobre lo que se siente al tocar un cerebro, os aclaro que lo que os espera si lo tocais...es eso- dije alzando la voz con malas pulgas y señalando al cielo del que ya no caia más sangre para dejar claro el mensaje. A muertes como esta me gustaba denominarlas selección natural. Me encaminé hacia el maletín y lo cerré de nuevo, cubriéndome las espaldas por si alguien más tenía afán por morir.

- Creo que ya sé que ha pasado- dije girándome de nuevo hacia Apolo. Cubierto de sangre como estaba mis ojos azules debían destacar de una manera extraña y tal vez algo psicótica, pero creía haber dado con la explicación- Creo que Calvin y Theodor aceptaron el trato de trasladar eso a cambio de una significativa suma de dinero, al igual que Reynolds, pero la curiosidad de Calvin, que parece ser equiparable a la de....comosellamase,- dije refiriéndome a la mujer que acababa de morir mientras localizaba una parte de su cuerpo sobre la jaula del dragón- y creo que quiso ver la mercancia. Theodor quería sacarse un dinero sucio, porque ya se sabe que a los niños ricos les gustan las emociones fuertes, pero no estaba dispuesto a morir por ello e intentó impedírselo. Pelearon y Calvin debió agarrar por la mano a Theodor y empujarlo contra la jaula del dragón que en un momento de furia lo quemó entero, salvó por la mano que lo sujetaba contra la misma jaula que estaba enfundada en material ignífugo con toda seguridad. Pero todo eso pasó después de que Theodor hiciese un encantamiento de presencia premanente en el maletín para que Calvin no se saliese con la suya. Eso explicaría porque no podemos moverlo, aunque no fue una idea muy inteligente. Nuestro amigo Reynolds aquí, enfundado en su capa se encontró con la situación y discutió con Calvin, pero no tuvo el carácter suficiente para pararlo, así que huyó, ¿me equivoco?- pregunté mirándolo- Finalmente, Calvin conseguiría abrir el maletín y su curiosidad le llevó a tocarlo y...de ahí que solo aparezca una pierna de él- dije dando una explicación que parecia contener todos los puntos de la situación- Si estoy en lo cierto, solo nos queda saber que se comió el dragón y quien se lo iba a sacar.- dije mirando a mi amigo con una mirada inquisitiva para que me llevase con los cirujanos o me dejase abrir al dragón cuanto antes.
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Apolo Masbecth el Lun Nov 09, 2015 3:35 pm

La situación se estaba saliendo de control con cada minuto que pasaba. Sus compañeros estaban fascinados y aterrados por igual debido a todo lo dicho antes. La jaula con el dragón durmiendo y el maletín que no se podía abrir y que logró abrirse para mostrar algo tan ridículo e intrigante. Apolo miró a todos, luego al hombre rubio de las coletas que comenzó a hablar soltando todo lo que sabía por miedo a morirse. - Este hombre habla demasiado fácil - le susurró a su amigo mientras negaba - los cirujanos que conozco están en mi reserva, los de aquí son nuevos me parece y no tengo idea de quien sean - comentó pues ese sitio no era más donde Apolo trabajaba, pero si lo hizo durante algún tiempo.

Lo siguiente fue tan bizarro como esclarecedor. Del cielo estaba lloviendo sangre, y no al azar, sino de una de sus ex compañeras de trabajo. El rubio hizo por cubrirse la boca con la camiseta y parte del rostro, parecía que esa lluvia no tendría fin, hasta que finalmente se detuvo y vio como todos estaban cubiertos por el líquido rojizo. - Que desafortunado incidente  - fue lo único que pudo decir dadas las circunstancias. Una de las mujeres comenzó a sollozar, era su mejor amiga por lo que el mago sabía así que lo comprendió, por otra parte los demás estaban aterrados y un par de ellos vomitaba mientras Apolo se acercó hacia Jason cuando este dijo saber qué es lo que había ocurrido.

La explicación fue detallada y tenía sentido por lo cual estuvo de acuerdo con todo eso hasta que terminó de hablar fue capaz de intervenir - creo que tienes razón, ni yo mismo lo hubiera deducido de manera tan elocuente, quizá por eso trabajas en misterios - le dijo tratando de darle un cumplido pero también de ser sincero. Su trabajo no era el de andar resolviendo asesinatos ni misterios pero el de Jason si así que hizo su trabajo de manera esplendida y no dudo en felicitarlo por ello.

- Vamos, te llevaré a la sala de cirugía, ustedes lleven el dragón hasta ahí, lo quiero en cinco minutos preparado para la operación - le tomó del brazo y lo encaminó hasta donde se suponía estaban los cirujanos. - Toma, límpiate  - le dio una toalla para que se secara el rostro, el rubio hizo lo mismo y con una sacudida de la varita ya estaban secos sin rastros de sangre. - Ellos son, son tres, uno de ellos debe ser el culpable, déjame intervenir, tendré al responsable en poco tiempo - le dijo que esperara y entonces entró a la sala. - Buenos días caballeros, ¿quién estuvo en el turno de anoche? - Los tres cirujanos se vieron con cara de incógnita hasta que uno de ellos levantó la mano - Jones, ¿cierto? ¿Tenías alguna operación programada para la noche anterior? - preguntó al ver el gafete y acercándose buscando intimidarlo. El hombre se puso nervioso, se sintió acorralado, pudo ver en los ojos del mortifago que sabía la verdad, así que balbuceando retrocedió tomando un bisturí del tamaño de una pierna y lo apuntó hacia Apolo - Tú no lo entiendes, ellos me obligaron, amenazaron con liquidarme -  dijo asustado - ¿así como me amenazas con eso? Eres patético, allá fuera está un hombre del ministerio que está escuchando todo, te irá mal  - el hombre entró en pánico y le hizo un corte en el brazo izquierdo a Apolo.

Este gruñó al sentir el corte y como sangre brotaba de él. Sus compañeros lo detuvieron y le quitaron el bisturí mientras que los demás llegaron con el dragón. Todos vieron el incidente. Él enojado se acercó hasta el cirujano quien era sujetado por sus dos compañeros y le dio un golpe en la quijada dejándolo inconsciente. Este cayó al suelo mientras uno de los médicos le curaba el brazo. - Llévenselo, lidiaremos después con él, necesitamos que extraigan algo importante del dragón, no sabemos que es, así que procedan con cuidado. Es urgente, ¿entendido?  - los médicos asintieron mientras terminaban de vendar el brazo de Apolo y sus compañeros acomodaban a la criatura y se llevaban al desmayado. - Pues encontramos al culpable - dijo a Jason una vez estaban todos dentro - harán la operación, quizá debamos salir de la sala  - todos salieron y los únicos que quedaron dentro fue el par de cirujanos.
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Invitado el Dom Nov 15, 2015 9:47 pm

Todo el tema del cerebro y el dragón me parecía cada vez más claro. Eso no lo hacía un caso menos enrevesado pero sí más interesante. Una vez supe lo que había dentro del maletín y que había algo más dentro del dragón, mi curiosidad se vio desviada hacia los jugos gástricos de la criatura que en ese momento escondían mi segundo puzzle del día. Sin embargo, en el transcurso de intentar poner todos los puntos en orden y de encontrar la manera de abrirle el canal al dragón una mujer había muerto debido a su propia curiosidad y estupidez. Lejos de sentirme afectado por toda la gente desesperada a mi alrededor y por la muerte de la chica, solo pude sentirme asqueado por la lluvia de sangre que me dejaría pegajoso, y frustrado por el grado de estupidez humana al que me estaba enfrentando. ¿Sólo a mi me parecía obvio que si 2 personas habían muerto por proteger un objeto lo ideal era no tocarlo? No podía pensar en la muerte de la chica de otro modo que no fuese selección natural. Darwinismo puro y duro.

A pesar del incidente por el que tan solo Apolo y yo parecíamos seguir manteniendo la compostura, me dispuse a exponer todo el caso tal y como yo lo entendía. No era de mi competencia saber quien había orquestado toda aquella pantomima, pero si quería recuperar lo que hubiera dentro del dragón y entregar a los aurores a todos los implicados posibles. Puede que yo fuera un mortífago, pero eso jamás haría que hiciese mal mi trabajo. Además la huella del Señor Tenebroso parecía estar muy lejos de aquella chapuza. En parte, antes de cerrar el maletín de nuevo, esperaba que otro incauto fuese lo bastante estúpido para tocar aquel cerebro, por pura diversión. Apolo me felicitó por mi trabajo deductivo y se lo agradecí con un inclinamiento de cabeza.

Mi amigo tardó apenas unos minutos más en llevarme hasta el ala de cirugia de la reserva, donde él no estaba familiarizado con el personal pero de todas maneras seguía siendo una figura de gran influencia allí dentro. Me tendió una toalla para limpiarme la sangre y me indicó que esperara fuera mientras él hablaba con el equipo. No puse reparos a sus indicaciones o proceder ya que él también merecía algo de diversión en aquella extraña mañana. Oí a la perfección la conversación que estaba teniendo Apolo con el cirujano que al parecer iba a ser responsable de abrir al dragón y solo hice acto de presencia cuando me mencionaron, al tiempo exacto de ver como cortaban a mi amigo con un bisturí y el se vengaba dejando al otro inconsciente. Aun con el rostro empapado en sangre sonreí, y cuando los otros dos cirujanos me vieron hacerlo, el color huyó de sus rostros. Me sentía satisfecho de dar esa expresión mientras finalmente me retiraba la sangre de la cara. Segundos después, los encargados de trasladar al drogado animal hacían su aparición en las instalaciones, mostrando al dragón ya preparado para ser intervenido.

Vi con tranquilidad como trasladaban al hombre inconsciente y algo me dio mala espina, asi qué con un toque de varita, mi patronus siguió a la gente que lo estaba transportando. Para que se sintiesen vigilados y para en caso de fuga, poder seguir a algo familiar.

Salí de la sala bajo las indicaciones de Apolo, quedando dentro solo los cirujanos que iban a operar a la criatura. Ellos son profesionales, pero yo me iba a sentir fastinado al ver como abrían a un dragón de semejante tamaño. A través de un enorme ventanal como en los hospitales muggles podríamos ver, Apolo y yo, toda la operación.- Jamás había resuelto algo así en una reserva de dragones. Tengo que reconocer que el hecho de poder ser cremado en cualquier momento le da emoción al asunto.- le comenté con una sonrisa y una ceja levantada. Nada mejor que un buen puzzle para estimularme.- ¿Tu brazo está bien? Ese cretino parecia totalmente desesperado.- le pregunté a mi amigo sin mirarlo, pendiente de lo que pasaba en la operación.

Era de lo más curioso ver a un dragón dormido y estirado sobre una enorme plataforma. Los cirujanos estaban subidos a estructuras móviles sujetas mediante magia para poder alcanzar los puntos de incisión correctos. Las herramientas que usaban tenían el brillo del metal de duendes, lo que explicaba que pudiesen cortar la durísima piel de un dragón. El primer corte, en la parte central del abdomen del animal, dejó al descubierto la mayor parte de órganos vitales del mismo. Los cirujanos debían llegar al estómago y tener cuidado de no dañarlo por si dañaban lo que se había comido, pero sus manos parecía de lo más firmes. Tras apartar un par de órganos de lo colores de lo más extraños, llegaron a lo que parecía ser el estómago y con una nueva incisión, los jugos gástricos del animal se esparcieron ligeramente.- Fascinante- dije casi en un susurro mientras inclinaba la cabeza observando la operación. No soy partidario de la experimentación con animales, pero tengo que reconocer que su fisionomia es una auténtica obra maestra.

Los dos cirujanos metieron las manos dentro del estómago del animal y rebuscaron con paciencia. Después de un rato se giraron hacia nosotros y se encogieron de hombros, dando a entender que no habían encontrado nada. Me giré hacia Apolo en ese momento- ¿La droga que consumió el dragón ralentizaba su metabolismo? Porque si es así, creo que hemos esperado demasiado tiempo- dije con un deje de fastidio por haber perdido ese segundo elemento fundamental.
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Apolo Masbecth el Vie Dic 04, 2015 2:45 am

Decir que esa mañana había resultado un tanto ajetreada era poco, dragones, muertes, lluvia de sangre, desmembramientos y misterios formaban parte de aquel día en el que el rubio hizo a bien acompañar a su amigo el inefable. Se encontraban en la reserva a la cual él ya no trabajaba pero seguía siendo respetado. Por eso cuando decía algo sus compañeros debían seguirlo sin refutar. Después de ir al quirófano y enfrentar a los tres cirujanos uno de ellos resultó estar en complot con los implicados en el delito. Apolo tratando de encararlo recibió un corte considerable en tamaño pero no profundo. El cirujano demente y desesperado por las represalias intentó escapar pero le fue imposible pues fue interceptado.

Todo transcurrió como debería, tenían que operar a esa criatura, abrirla y extraer el objeto que faltaba para resolver el misterio completamente. Mientras esperaban el rubio se sentó en una de las sillas del otro lado del cristal presenciando cómo abrían al dragón, aquel evento era fascinante para una persona que no lo ha visto nunca, no era su caso pues presenció bastantes cirugías antes pero seguía sorprendido de lo que sus ojos estaban viendo. Sonrió ante el comentario de su amigo y tuvo que mirarlo a los ojos antes de responder  - Es bastante alucinante, si, deberías ver los nacimientos, eso si que es indescriptible - comentó sonriendo y recordando muchos momentos durante su carrera como dragonolista en los que tuvo esa increíble oportunidad, incluso cargando a los recién nacidos al nacer miden lo que mediría un niño de 8 años, bastante grandes - se inclinó un poco para ver cómo retiraban los órganos y buscaban dentro del esófago pero la pregunta del pelinegro volvió a hacer que lo mirara.

- No es nada, unas cuantas puntadas y estaré bien. Para ser un cirujano es bastante idiota, fue una herida superficial, yo la habría hecho profunda y que fuera una muerte lenta, pero supongo que el doctor no tiene ese gen asesino - le guiño el ojo a Jason e incluso le pasó una mano por el hombro, le caía bastante bien, se consideraba su amigo pues tuvieron algunos momentos bastante esclarecedores. Finalmente lo soltó cuando le escuchó decir sobre la pérdida de la evidencia. El rubio se acercó hasta el cristal que los separaba y en efecto no había rastro de ella.

No lo pudo creer, estaba molesto y pensó en entrar al quirófano pero estaban en el medio de una cirugía así que al final no lo hizo. Sin embargo presionó el botón del intercomunicador sobre una de las columnas de la sala. - ¿Dónde está? ¿Qué ha pasado? ¿Los jugos gástricos lo ha desintegrado?  - preguntó algo tenso mientras los veía y al dragón sedado con los órganos de fuera. Los científicos se miraban el uno al otro y luego movieron su cabeza en señal de negativa pues no tenían idea de lo sucedido. Cuando hicieron por volver a meter los órganos y coserlo de vuelta uno de ellos gritó algo que no fue posible escuchar por los mortifagos del otro lado del cristal. Los dos cirujanos se apresuraron a remover los dentros del animal sacando algo extraño, era de color negro, una piedra del tamaño de un puño que tenía toques brillantes en color plata, apenas perceptibles por la luz de la habitación. Los dos científicos lo embolsaron y prosiguieron a cerrar al dragón.

Al término de la operación Apolo arrastró a Jason consigo al quirófano donde los compañeros dragonolistas ya se estaban llevando a la criatura para que reposara. Los médicos intentaron entregar  la muestra al rubio pero este se negó. - - ¿Qué demonios es esto? Analícenla, quiero saber de qué está hecha, procedan con cuidado, no queremos más muertes en nuestro turno - dijo haciendo que los hombres la llevaran a su área de trabajo mientras los mortifagos esperaban en el pasillo. - Que día hemos tenido, mi amigo, que día   - le sonrió para aligerar lo tenso del asunto, al menos el rubio lo estaba pues tanto misterio lo estresaba, necesitaría un masaje después de eso.
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Invitado el Jue Dic 10, 2015 9:23 pm

Jamás antes había tenido la suerte de presenciar una operación tan abierta a un animal tan poderoso como un dragón. En realidad, jamás había presenciado ningún tipo de cirugia, mayor o menor, a un dragón, pero después de esta vez estaba seguro de que si se me volvía a presentar la oportunidad no la dejaría escapar. La piel del dragón, es por todos sabido, es dura como muchos metales y es uno de los animales más letales jamás conocidos, y, sin embargo, estaba allí tirado, en su enormidad, inconsciente y abierto el canal. Totalmente vulnerable ante las manos de los cirujanos y nosotros, que en cualquier momento podríamos haber entrado en el quirofano y haberle prendido fuego a todo. Aquella situación me hacia sentir fascinado y poderoso y eso salió de mi en forma de una simple palabra que casi fue más un susurro a mi mismo que una opinión. Aun así, Apolo me miró cuando me explicó que estaba de acuerdo conmigo, pero que los nacimientos eran todavía más impresionantes. No dije nada más al respecto, pero siempre me había imaginado que el nacimiento de un dragón no sería muy diferente al de un lagarto cualquiera solo que a mayor escala. No obstante, confiaba en la palabra de Apolo así que si se me presentaba la oportunidad de ver algo así en el futuro, esperaba poder estar en primera fila.

Le pregunté por su brazo, ya que había recibido un inesperado corte por parte del que ahora era un testigo y parte de la investigación que yo estaba llevando a cabo.- Por suerte- contesté con un guiño a sus palabras sobre la ausencia de gen asesino en el médico que lo había atacado. Su mano se posó en mi hombro como gesto de amistad y lo miré a los ojos con una sonrisa enigmática que daba a entender que sabía perfectamente que él tenía gen asesino por dos personas. Ese era uno de los motivos por los cuales yo lo consideraba mi amigo, calificativo que no llevaban muchas más personas.

La operación al dragón siguió su curso pero mientras hablábamos, los cirujanos buscando concienzudamente en el estómago del animal sin encontrar ni rastro de algo inusual, o simplemente algo que hubiese resistido a los jugos gástricos de la criatura. Expresé mi resignación ante mi amigo pero él no pareció tener ganas de quedarse con aquella impresión. Apretando el botón del interfono para comunicarse con los cirujanos les hizo saber nuestras dudas, pero ellos no tenían ninguna respuesta satisfactoria para nosotros. Cada vez estaba más claro que el abrir al dragón no había sido algo productivo, pero cuando ya estaba a punto de salir por la puerta de aquella sala de observación, los cirujanos encontraron algo. Una especie de roca negra con destellos plateados salió del interior del animal en manos de uno de los especialistas que lo estaban interviniendo. Me acerqué al cristal en busca de ver con más detalle aquel objeto, pero al igual que me había pasado con el cerebro, con concebía el haber visto nada igual antes. Los cirujanos lo guardaron en una bolsa especial y procedieron a cerrar a la criatura.

Cerrar a un dragón parece, con mucho, extremadamente más fácil que abrirlo y quizás una persona más pudorosa que yo se habría preocupado de que le dejasen todo en su lugar, pero en mi caso, el destino del dragón que se había tragado mis pruebas no era de mi incumbencia. Salimos de la sala y los cirujanos no tardaron en encontrarse con nosotros, bolsa de pruebas en mano. Apolo les pidio que la analizaran, pero yo tenía un plan mejor- Mejor prepárenla para que me la lleve. Es mejor que nos ocupemos nosotros desde aquí. Agradecería su colaboración a la hora de no divulgar excesiva información sobre este objeto y les ruego que lo toquen directamente lo menos posible, no sabemos que capacidades puede tener.- dije con voz firme a los dos cirujanos. Cuando desaparecieron, el comentario de Apolo me arrancó una sonrisa fugaz- Pues este ha sido un caso bastante sencillo y tranquilo- Medio bromeé.- Creo que será mejor que me vaya y me llevé todas las pruebas al laboratorio del departamento. Por lo que veo el equipo de apoyo acaba de llegar- dije mirando por la ventana que tenía enfrente que daba a la entrada del edificio.- Ellos se llevaran a los sospechosos y el cadaver. Los aurores no tardaran en aparecer- dije informando al rubio de todo el proceso que íbamos a seguir para que no se sorprendiese.- De nuevo muchas gracias por ayudarme en estas extrañas circunstacias. Me ha venido muy bien tener a un hombre de dentro- dije con una sonrisa más o menos cómplice.- ¿Puedo compensártelo invitándote a cenar?- pregunté mientras le ponía una mano en el hombro con camaradería- Así podremos ponernos al día- dije con un guiño final.

Momentos después y tras haberme despedido de Apolo con la promesa de un encuentro posterior, me desaparecí mediante un translador con la piedra y un trozo de suelo pegado a un maletín.
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