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Shot Through The Heart. {Bastian Daugherty} [Flashback]

Davina Abrasax el Jue Sep 10, 2015 9:00 pm

Aquello era una verdadera locura. Todo el mundo cantaba a pleno pulmón sus canciones favoritas mientras esperábamos todos juntos a que el concierto comenzase y saliese al escenario nuestro cantante favorito: Jon Bon Jovi.

Mi madre me había sorprendido la semana pasada diciéndome que tenía un regalo para mí, y casi no había podido creérmelo cuando me había dado el ticket para el concierto de Bon Jovi. Siempre, desde que era chiquitita, me habían encantado sus canciones, y podía decirse que era uno de mis grupos favoritos. Jamás había tenido la oportunidad de ir a uno de sus conciertos aunque había sido una de mis grandes ilusiones, pero siempre que venían a Londres o hacían algún tour por Inglaterra yo estaba estudiando en Hogwarts y no podía salir del castillo para ir a un concierto de rock Muggle. Pero este verano por fin podía ir gracias a mi madre. ¡Puede que mamá sea una pesada a veces o una pasota, pero es innegable que es la mejor madre del mundo! Yo casi siempre era una chica seria, pero en cuanto mamá me enseñó el ticket para el concierto chillé como una preadolescente histérica. ¡Estoy segura de que dejé sordo a todo el vecindario de todo lo que fangirleé al ver que iba a poder ir a ver a Bon Jovi!

Fui yo sola al concierto, pero eso me daba igual, no necesitaba ir con nadie para disfrutarlo a lo máximo. Mi madre solo había comprado una entrada porque eran bastante caras, pero sabía que a mí no me importaba ir sola. Mis hermanastros protestaron mucho cuando se enteraron de que yo iba al concierto y ellos no, y ver sus caras indignadas me hizo feliz. Para ir al concierto me puse cómoda: unos vaqueros y mi camiseta de Bon Jovi con el corazón apuñalado por la daga con alas. Mi madre me llevó en coche hacia el estadio donde iba a darse el concierto y me dejó en la entrada después de desearme que me lo pasara bien. Lo único que me pidió fue que tuviese cuidado y que volviese a casa en cuanto terminase, cosa que le dije que haría. ¡Después de este fantástico regalo no puedo rechistarle a mi madre y ser rebelde cuando me pide que vuelva a casa a horas decentes!

Había miles de personas allí, esperando impacientes. ¡Se respiraba emoción en el aire! Yo me encontraba cerca del escenario y estaba rodeada de gente de todas las edades, y en cuanto comenzaron a cantar una de mis canciones favoritas mientras esperaban el comienzo del concierto yo me les uní.

-You get a little but it’s never enough, and then you are on your knees, that’s what you get for falling in love, now this boy’s addicted cause your kiss is the drug!- cantaban ellos animadamente mientras daban saltos emocionados.  

-Your love is like bad medicine!- canté yo, sin preocuparme de si sonaba bien o mal. Estaba feliz.- Bad medicine is what I need! Your love is like baaaaaad medicine! Bad medicine is what I need…

No estuvimos esperando mucho más tiempo. De repente unas luces intensas de color rojo iluminaron el escenario. La gente comenzó a chillar todavía más a causa de la emoción y yo casi brincaba como un canguro con las ganas de ver por fin a Bon Jovi. Comenzó a escucharse una suave melodía de guitarra eléctrica por los altavoces mientras los miembros del grupo salían al escenario. David Bryan y Tico Torres salieron al escenario, pero todavía quedaba Jon Bon Jovi por salir al escenario. Todos esperábamos impacientes y entonces la primera canción comenzó. La reconocí inmediatamente: It’s My Life.

-This ain’t a song for the broken-hearted. No silent prayer for the faith-departed…- la voz de uno de mis cantantes preferidos llenó el escenario de repente. La gente chilló aún más que antes y yo chillé con ellos. Ahí estaba yo, perdiendo toda mi dignidad como buena fan adolescente que era, muriéndome de la emoción al ver aparecer a Jon Bon Jovi en el escenario con el micrófono en la mano. Todos cantábamos a la vez que él, acompañando la letra de su canción.- I ain’t gonna be just a face in the crowd, you’re gonna hear my voice when I shout it out loud…!

Disfruté cada segundo de la canción. Y de la segunda, We Weren´t Born to Follow. Y de la tercera, Wanted Dead or Alive. Y de la cuarta, Livin’ On A Prayer, una de las canciones más preciosas que había escuchado en mi vida. Y de la quinta, Have a Nice Day. Y de la sexta, Because We Can. Pasaron las horas, y con cada minuto que pasaba me sentía más feliz. En cuanto la séptima canción comenzó estuve convencida de que no había vivido un día tan genial en toda mi vida.

-Shot through the heart! And you ‘re to blame! You give love a bad name... I play my part! And you play your game!- cantaba Bon Jovi mientras le hacíamos coro.

-You give love a bad name!- canté mientras reía, sin tener ni la más remota idea de que estaba a punto de suceder algo terrible.

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Invitado el Lun Sep 28, 2015 11:28 pm

La noche se podía resumir en una reunión en la que quienes habían acudido se encargaron de planear todo lo que pasaría a lo largo del día siguiente. ¿El evento? Un concierto de un rockero muggle, Jon algo, ni siquiera le había resultado interesante escuchar su nombre, simplemente iba a dejarse llevar por los demás realizando su cometido como compañero o integrante de aquel colectivo de magos anti-muggles. No le hacía especial gracia exterminarlos, aunque no podía negar que la idea de ver como estos huían despavoridos a los haces de luz verde que las varitas de los magos despedían era relativamente entretenido. La mayoría luego de los ataques no sabía ni lo que había visto, no tenía ni la menor idea de lo sucedido en el lugar y mucho menos identificaba los hechos con ataques de mortífagos, eran más dados a pensarse que había sido todo producto de su estrés. Los hechos no eran para asustar a los muggles propiamente, si no para advertir al ministerio de que no iban a parar hasta que se le negase la entrada a los sangre sucia a las instituciones mágicas, era un hecho más que evidente que era una de las necesidades primarias de aquel colectivo que servía a Lord Voldemort, devolver la pureza a la magia.

Las horas pasaron para él, quien se encontraba sentado en uno de los grandes sofás de su casa, frente a un mueble vacío donde supuestamente debería haber un aparatejo muggle al que llamaban televisión, pero nunca se había interesado demasiado por algo de tal calibre, es más, lo único muggle que le fascinaba era la radio, se pasaba noches enteras escuchando programas extraños en ella, decía extraños por que no era la primera vez que escuchaba al interlocutor hablar de alienígenas, seres extraños, apariciones de santos... No era religioso, es más, no creía demasiado en aquellas cosas y mucho menos en que un ser divino se apareciese a simples humanos que no entendían ni lo que eran ni por qué se aparecían, además de que de ser reales probablemente no se apareciesen a dar las buenas tardes y santas pascuas.

Un destello de luz hizo que se levantase con tranquilidad, tomando la túnica que ya estaba prácticamente preparada para ser colocada sobre sus hombros, haciéndole respirar profundamente antes de colgarse la máscara a un lado y abrir la ventana. Una bofetada de aire caliente entró, haciéndole resoplar antes de tomar la forma en la cual llegaría más rápidamente al lugar donde debía estar aquella tarde, donde deberían golpear nuevamente a una legión de sangres impura que probablemente ni pensasen en lo que estaba a punto de ocurrirles, en lo que iba a pasar en su mera presencia sin que realmente fuesen conscientes del por qué estaba sucediéndoles aquello ¿Era justo? No, pero tampoco iba a meterse en temas de ética y moral.

Su cuerpo rápidamente cambió de forma, sus majestuosas alas se estiraron lanzándose por la ventana en vuelo picado, era una sensación que a nadie podría explicar, se sentía libre. Batió las alas con fuerza, no le llevaría más que un cuarto de hora llegar al lugar acordado. Sentirse por un mero instante libre de preocupaciones, de cualquier necesidad humana era un soplo de aire fresco, siempre, desde pequeño le había encantado aquel animal del que ahora tomaba su forma, el haber soñado con algo como aquello y que ahora lo tuviese en la palma de la mano cuando quisiera hacerlo.

Las luces del concierto se veían a lo lejos y la música hacía vibrar lo que ahora eran plumas pero en tan solo unos segundos volvería a ser carne. Casi con fastidio visualizó al corrillo con capuchas que se encontraba jugando a un macabro juego con los miembros del staff que estaban en la entrada del recinto. Uno de los hombres estaba totalmente ido, en una esquina postrado en el suelo, mientras que otro se encontraba totalmente encogido, con la mirada perdida y casi arrancándose algunos cabellos de su cabeza.

Su forma humana llegó antes de que estos pudieran ver la transformación, no le convenía que supiesen de su condición de animago, ni siquiera aquellos que debían ser sus compañeros. Una vez se hubo acercado, el más bajito del grupo elevó la varita al cielo y se colocó la máscara, gesto que imitó con semblante impasible.

Recibió un golpe en el hombro, girándose hacia otro muchacho que no debía de ser mayor que él, pero lucía un semblante excitado ante lo que iba a suceder. "Mi favorita es One Wild Night" vamos a romperlos, tío". Enarcó una ceja mirando al muchacho a través de la máscara, de haber sido otro momento, probablemente le habría partido el brazo sin dudarlo por tocarlo de aquel modo, pero justo cuando iba a replicar, los haces de luz ya estaban surcando el cielo y los gritos no se habían hecho esperar.
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Davina Abrasax el Miér Oct 14, 2015 3:23 pm

El concierto estaba siendo todo lo que podía desear y más. Jon Bon Jovi estaba siendo increíble, los miembros del grupo estaban siendo increíbles, la música estaba siendo increíble, ¡y hasta el público estaba siendo increíble! Todos saltábamos emocionados y excitados, bailando todos juntos de manera alocada, mientras cantábamos las canciones que estaban tocando a la vez. Me lo estaba pasando genial, y a medida que se tocaban más canciones me lo pasaba mejor y no dejaba de querer más y más. Este era, sin duda, el mejor día de todo el verano y posiblemente uno de los mejores días de toda mi vida.

Ni en mil años me hubiese imaginado que fuese a haber un ataque mortífago en aquel lugar en pleno concierto. Por eso, cuando las sombras negras aparecieron y comenzaron a sobrevolar al público y a lanzar maldiciones a diestro y siniestro yo no comprendía qué estaba ocurriendo, porque me había quedado en blanco. Fue cuando un rayo de luz verde golpeó de lleno a un chico que estaba cerca de mí y este se desplomó muerto en el suelo al instante cuando por fin reaccioné. No grité ni me puse histérica, como le estaba ocurriendo a todos los Muggles que había ahí y que no comprendían qué estaba ocurriendo pero que de todas formas huían despavoridos en estampida como una manada de animales asustados, sino que saqué mi varita. Menos mal que la había traído, pues nunca se sabía cuándo iba a ocurrir una emergencia, y esta era la emergencia más grande que podía haber. Era una situación de vida o muerte.

Intenté abrirme paso entre la marea de gente que había allí, pero aquello era difícil. Todos corrían en todas direcciones, sin saber a dónde ir, y me empujaban de un lado a otro con brusquedad y en más de una ocasión estuve a punto de caer al suelo y ser pisoteada por la gente. La música había cesado por completo, y cuando miré durante un fugaz segundo al escenario vi que el grupo se había marchado corriendo, arrastrado por sus miembros de seguridad, en cuando habían visto que las sombras que nos sobrevolaban estaban matando a la gente como por arte de magia. Mi segundo de distracción fue interrumpido por un grito frente a mí. Un hombre había sido alcanzado por una maldición asesina y había caído fulminado al suelo, y la mujer que lo acompañaba había tropezado con su cuerpo y había caído al suelo. Por suerte nadie pasó por encima de ella, porque con toda la gente que había ahí podría ser fácilmente aplastada, y corrí hacia ella para ayudarla a levantarse. Di un respingo cuando una de las sombras que había estado sobrevolándonos y lanzando maldiciones a diestro y siniestro se posó en el suelo y se materializó en un hombre alto con una máscara de plata y una larga túnica negra. Los Muggles gritaron y huyeron, y el mortífago rió y se dispuso a lanzar maldiciones tan rápidamente que no parecía humano. Apuntó entonces a la mujer que había caído al suelo, y yo le apunté con mi propia varita.

-¡Déjala en paz!- grité furiosa y a la vez asustada, y le lancé un Expelliarmus que le lanzó por los aires y le alejó de donde estábamos. Aproveché el momento en el que mortífago había caído para alcanzar a la mujer y ayudarla a ponerse de pie. La pobre estaba llorando y temblando, y no quería apartarse del hombre al que habían matado.- Ya no puedes hacer nada por él. Tranquila, corre hacia la salida, tienes que salir de aquí. ¡Venga!- exclamé, y entonces me hizo caso y salió corriendo hacia las salidas.

El mortífago había vuelto a ponerme de pie y me había lanzado un maleficio, del cual pide protegerme con un Protego gracias a mis reflejos acentuados por la adrenalina.- Asquerosa sangre sucia- oí al mortífago mascullar. Él no sabía lo que yo era, pero lo dedujo por mi actitud y porque estaba en un lugar plagado de Muggles. Yo sonreí con más descaro del que debería tener una persona en la situación en la que yo me encontraba en aquellos momentos.

-Y a mucha honra- dije antes de que el mortífago volviese a lanzarme otro maleficio que pude bloquear. Pero luego me lanzó un Avada Kedavra, y esos no se podían bloquear. El corazón se me subió a la garganta y el estómago me dio un terrible vuelvo cuando vi la luz verde viniendo a toda velocidad hacia mí, pero en el último momento esquivé la maldición como de milagro. No podía creer mi suerte, pues durante un horrible instante había visto toda mi vida frente a mis ojos.

No tuve mucho tiempo para cantar victoria, pues en ese preciso instante el mortífago me lanzó un Crucio, y eso sí que no fui capaz de esquivarlo. La maldición torturadora me golpeó de lleno y al instante sentí como si se hubiesen clavado ganchos en mi cuerpo que tiraban de mí sin piedad y me desgarraban, partiendo mi cuerpo por la mitad. Caí al suelo retorciéndome de dolor y mi grito se alzó sobre el de todos los demás que gritaban asustados a mi alrededor.
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Invitado el Dom Oct 18, 2015 5:57 pm

Su varita aún estaba totalmente a buen recaudo debajo de la túnica, sin hacer siquiera ademán de sacarla de aquel lugar ya que no lo veía precisamente necesario. Entrecerró los ojos cuando los primeros gritos se clavaron en sus oídos, abriéndolos lo suficientemente rápido como para apartarse de la estampida de gente que ahora se acercaba a su posición. Negó levemente con la cabeza antes de comenzar a caminar entre el tumulto formado por gritos, plegarias y gente que necesitaba por cualquier medio salir de allí, aunque algunos, ilusos a ojos del propio Bastian, trataban de enfrentarse a los chorros de magia de las varitas de los hombres vestidos de negro, probablemente para proteger a algún acompañante, también era seguro que aquellos quienes querían proteger a los otros se arriesgaban a aquello producto de la adrenalina producida por el peligro que actualmente corrían.

Una chica pasó corriendo a su lado, aterrorizada al pensar que él, al igual que los que iban vestidos de su misma guisa la dañaría, cosa que le hizo adelantarse para que esta simplemente pasara de su presencia, caminando tranquilamente a través de la que allí se estaba liando. No era de los que se metía en aquel tipo de fregados, es más, solía evitarlos para así no tener que cargar con compañeros que se emocionaban en exceso a la hora de torturar a la gente. Alguna vez se había visto inmiscuido en aquel tipo de eventos en los que un mortífago que quizás se creía algo más que el resto se echaba contra un grupo de niños o mismo escogían torturarlos cumpliendo alguno de los miedos más recurrentes de los pequeños. Una cosa era ir contra adultos, pero otra muy distinta era atacar a críos indefensos, aunque ambos colectivos estaban totalmente desamparados al uso de la magia, unos por que aunque la tuviesen no podían usarla fuera del colegio de magia y otros por que veían aquello como un mal sueño del que se despertarían el poco tiempo.

Pronto a sus oídos, entre los gritos y lamentos llegó aquella voz que estaba seguro de que podría reconocer en un radio de kilómetros si se lo propusiese. Instintivamente se movió entre la gente buscando de donde venía, apartando a más de uno de sus compañeros, excusándose en que un muggle revoltoso al que le había echado el ojo estaba escapándose de él, estos solo asentían y alguno murmuraba algún tipo de estupidez semejante a que cambiase de presa a otra menos escurridiza. Un chico se arrojó contra él, probablemente producto de sus ropajes, no le costó demasiado reducirlo y ponerlo de cara a un espacio lo suficientemente grande como para que este pudiese irse - Corre antes de que me arrepienta - Empujó el cuerpo del chico quien le miró totalmente confuso por su actuación, sacudiendo la cabeza justo después y comenzando a correr, probablemente ya sabiendo que su vida estaba en peligro real y que enfrentarse a algo que desconocía no era precisamente un acto de valentía, aunque Bastian no lo culparía, sobre todo por que tenía por seguro que haría algo parecido en tan solo unos segundos cuando encontrase la procedencia de aquella voz.

"Y a mucha honra"

Negó con la cabeza antes de ver como un rayo verduzco pasaba rozando a la chica, cosa que casi hizo que se le parase el corazón. No es que fuese a reconocer que la chica le importaba, al menos no en voz alta, pero para él aquello era más que un hecho que en aquel momento en el que lejos de importarle demasiado que le viesen defender a una "sangre sucia" lo único que le pasaba por la cabeza era salvarla de lo que fuese que su compañero iba a hacer. Pero no podía simplemente deshacerse de él con aquella ropa, sería demasiado llamativo y pondría a los demás en alerta, por lo que no tardó demasiado en tirar la capa y la máscara a un lado, corriendo empujando a la gente que se interponía en su camino en aquel momento, llegando al tipo justo antes de que terminase aquellas palabras que llevarían a la muerte a la chica que ahora se retorcía en el suelo. Agarró el cuello del mortifago girándolo de tal modo en el que un chasquido y la posterior desaparición del halo verde que estaba a punto de salir disparado le hizo saber que el tipo estaba ya muerto.

Tras finalizar el hechizo con rapidez, tomó a la joven en sus brazos, desapareciendo en aquel preciso instante de allí, tras atraer la ropa que dejó atrás y no ser reconocido como el artífice de la muerte de uno de ellos. Suspiró al entrar en su propia casa, encontrándose a su ex allí, mirándole con preocupación antes de acercarse a ambos - Llévala a tu cuarto, necesita descansar y le echaré un ojo - El joven asintió con rapidez acelerando sus pasos para dejar a Davina en su propia cama sin estar demasiado seguro de como iría a despertarse tras aquello, pero al menos una cosa estaba clara, estaba a salvo de todo. Salió de su cuarto al tiempo que la rubia entraba en él - Estás fatal de la cabeza, de verdad, te has arriesgado demasiado - El chico chasqueó la lengua negando con la cabeza - Hay cosas por las que siento que merece la pena arriesgarse. - Apretó levemente los labios al ver la manera en que la chica negó con la cabeza - Y gracias. -Bajó las escaleras, guardando la capa y la máscara en uno de los armarios, dejándose caer en el sofá, masajeandose las sienes.
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Davina Abrasax el Mar Oct 27, 2015 8:06 am

Nunca antes había experimentado un dolor tan espantoso como el que me estaba provocando la maldición Cruciatus en aquellos momentos. Era como si cada átomo de mi cuerpo estuviese al rojo vivo, como si me algo en mi interior estuviese en llamas y mi piel se estuviese desintegrando. Todo el coraje con el que me había enfrentado al mortífago en medio de aquella matanza en la que se había convertido el concierto desapareció como si hubiese sido barrido de un plumazo por la maldición del hombre enmascarado, y me vi reducida a nada más que una simple niña indefensa por más que me resistiese. Tenía la sensación de que mis gritos iban a hacer que me estallasen mis propios tímpanos, pero al menos si me quedaba sorda no tendría que escuchar las estridentes carcajadas llenas de burla que escapaban detrás de la máscara del cruel asesino.

El dolor cesó únicamente cuando el mortífago retiró la maldición, pero se me quedó en el cuerpo entero la sensación de que había sido atropellada por un camión que iba a doscientos kilómetros por hora, mezclado con la sensación de que mi piel entera estaba quemada. ¿Qué clase de monstruo era capaz de disfrutar haciéndole esto a gente inocente? A mi alrededor volaban hechizos, la mayoría de ellos de color verde que iluminaban el lugar como si en el cielo hubiese fuegos artificiales, y la gente guía y chillaba y tropezaba y caía muerta. Una mujer cayó justo a mi lado, quedando inmóvil para siempre. Yo sólo la miré, pues mi cuerpo había quedado tan magullado que era incapaz de moverme siquiera un centímetro, ni de cambiar la expresión vacía de mi rostro para poder reflejar lo que sentía en aquel momento.

Sí que fui capaz de alzar la vista para mirar al mortífago, quien me estaba apuntando con la varita. Podía ver su figura, aunque todo estaba borroso por culpa de lo exhaustos que estaban mi cuerpo y mi mente. Al ver que su varita me apuntaba supe que aquello era el final, y le miré con toda la dignidad que me era posible a pesar de que estaba tirada en el suelo sin fuerzas y sin ser capaz de defenderme. Estaba dispuesta a morir sosteniéndole la mirada a mi verdugo, y justo en aquel momento apareció alguien como un héroe salvador, o como un ángel guardián. En aquella situación desde luego parecía aquello último, pues que la maldición asesina se apagase en la punta de la varita justo en el último momento sí que era un milagro. El mortífago murió rápidamente pero con brutalidad. Todo estaba borroso, y sentía que mi cuerpo no daba para más y que todo se estaba volviendo más oscuro a medida que pasaban los segundos, pero mi cerebro aún estaba lo suficientemente despierto para procesar algunas cosas. Vi al hombre que me había salvado dirigiéndose hacia mí, pero para cuando se agachó a mi lado ya había perdido casi completamente la consciencia y tan sólo creí reconocer sus rasgos durante una milésima de segundo.

-Bas...- murmuré débilmente, pero no llegué a decir su nombre completo, pues me desmayé en sus brazos.

No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado ni de qué había sucedido desde que perdí la consciencia. Cuando me desperté no abrí los ojos directamente, pues mi cuerpo estaba todavía demasiado magullado y me sentía cansada. En un principio no recordaba nada de lo que había sucedido después de que atacaran los mortífagos en el concierto. Fue cuando estuve más espabilada y mi más consciente de la molestia que tenía en el cuerpo a causa del terrible dolor que había sufrido antes que recordé al mortífago que me había atacado vilmente, pero no recordaba cómo había logrado escapar de él ni de cómo había logrado llegar hasta mi cama.

Me sí cuenta un minuto después de que aquella no era mi cama. El tacto de las sábanas era extraño, y el arome que desprendía la almohada no era el de la mía. Era un aroma familiar, pero no conseguía averiguar por qué lo era, pero su familiaridad era... reconfortante. Sí. Me hacía sentir segura, por alguna razón que no llegaba a entender. Abrí los ojos y me encontré con que efectivamente no estaba en el dormitorio de mi casa, sino que me encontraba en un lugar completamente extraño. Al principio me asusté. ¿Dónde estaba? ¿Y cómo había llegado hasta aquí? Sólo recordaba pequeños detalles de lo que había ocurrido antes de que me desmayase, y esos detalles estaban demasiado borrosos como para que me diesen una idea clara de lo ocurrido. Pero creía estar segura de que en el último momento alguien había llegado y le había salvado. ¿Sería esa persona la que me había traído a hasta aquí?

Me levanté de la cama, haciendo una mueca cuando sentí que todos loa huesos y músculos de mi cuerpo protestaban. No parecía tener ningún daño físico en el cuerpo, así que no me preocupé. Busqué mi varita, pero no la tenía encima ni estaba por ahí cerca. ¿La habría perdido en el concierto o la tendría la persona que me había traído aquí? Aunque aquello me parecía poco probable, puesto que ese lugar estaba plagado de muggles y seguramente uno de ellos me habría salvado, y un muggle no se den tendría a recoger algo que pensaba que no era más que un palo. Me habría gustado tener mi varita encima sólo por si acaso, pero me atreví a aventurarme a salir de aquel dormitorio sin ella.

Quién fuese la persona que me había traído ahí me había traído a un dúplex. Sentía mucha curiosidad por el lugar, pero en aquellos miembros mi mente estaba más centrada en la curiosidad que sentía por la persona que me había traído aquí. Caminé lentamente por los pasillos, con cautela, aún en estado de guardia a causa de las experiencias que todavía estaba muy recientes. Me abracé a mí misma con mis brazos, de esa manera que la gente siempre hace cuando tiene frío, y bajé con cuidado las escaleras sin hacer mucho ruido. En el salón por fin vi que no estaba sola en la casa, y encontré a la persona a la que había estado buscando. Fue entonces cuando comprobé que mi salvador no había sido un muggle que estuviese allí, sino Bastian. Tenía pequeños flashes de lo ocurrido en el concierto, pero no había estado segura de que fuesen reales sino un producto de la imaginación de mi mente traumada.

No podía creerme que, de todo el mundo que podría haberlo hecho, Bastian me hubiese salvado. No le había visto desde el fin de curso, y antes de eso no habíamos hablado mucho aparte de lo necesario por temas de mis clases y sus prácticas. Desde aquel día en el lago yo había sentido una extraña y cautivadora atracción hacia él. Era algo que parecía poco racional, pero contra lo que parecía que era incapaz de luchar. Le había mirado discretamente en el castillo, pues su presencia muchas veces se sentía como un imán del polo opuesto, y creía que a veces le había visto devolverle la mirada, pero siempre había pensado que era producto de mi imaginación. ¿Por qué iba él a mirarme como yo lo hacía con él, después de todo? Pero la sensación que sentí al verle allí, en ese salón delante de mí, fue... no podía describirlo. Todavía estaba muy confusa por todo lo que había ocurrido, había sido todo muy intenso, y parecía que tenía un torbellino en mi interior.

-Me salvaste- no era una pregunta, era una afirmación. Mi rostro se iluminó con un millón de emociones. Alegría, gratitud, sorpresa, incredulidad... Tenía un millón de preguntas, pero en aquel momento no era capaz de formularlas. Todavía no era capaz de relajarme del todo, mi cuerpo entero estaba en alerta de manera inconsciente, pero di unos cuantos pasos pequeños hacia donde él estaba. No sabía qué decir.
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Invitado el Mar Dic 01, 2015 4:02 pm

Sabía muy bien que tras haber recibido aquella maldición se podría llegar a pasar incluso días durmiendo. Había sufrido esta en sus propias carnes y era consciente de que hasta el más fuerte terminaba sucumbiendo al dolor extremo que aquel maleficio ocasiona en quienes eran maldecidos por el. Aún tenía el sonido del cuello de su compañero partirse entre sus manos y lo peor en aquel momento es que no sentía arrepentimiento por acabar con la vida de este sin titubear, lo que lo preocupaba era que alguien lo hubiera visto, no tenía manera de explicar por qué había desnucado a un compañero para salvar, ni más ni menos que a una sangre sucia. Lanzó el libro que sostenía entre sus dedos a la mesita de café, suspirando pesadamente. Se llevó las manos a la cabeza, revolviéndose el cabello con frustración, no era capaz de explicarse a sí mismo el porqué de todo aquello.

¿Qué tenía Davina que fuese tan fuerte sobre él para haberse arriesgado a perder todo lo que había construido desde su graduación de Hogwarts? Intentaba explicarse aquello de miles de formas diferentes, que si era una joven inocente, que no se merecía caer en aquello cuando ella no estaba metida en ninguno de lo bandos, que la inteligencia y perseverancia de la chica no podía perderse por una confrontación como aquella, no por aquella tontería, pero por más que se gritaba internamente a sí mismo aquello, sabía demasiado bien que no era la realidad, que simplemente no estaba preparado para aceptar algo como aquello, por más que lo supiese perfectamente. Se levantó para abrir la nevera, encontrándose con un limón rancio, algo así como la mascota de toda nevera, una lata de refresco y probablemente más frutas de las que se podría comer él solo, por lo que decidió que lo mejor sería salir a comprar algo para que su "invitada" tuviese algo que llevarse a la boca más que una triste mandarina acompañada por una fruta que ni siquiera sabía que era pero que le habían recomendado o que probablemente alguno de sus amigos hubiera metido allí con la esperanza de que comiese algo distinto a los batidos que solía tomar.

Se cerró la sudadera, asegurándose de llevar todo cuanto fuese necesario para comprar lo suficiente para mantener a la morena en su piso hasta que pasara un poco la tempestad del ataque y que se recuperase rápidamente de aquel trago aunque dudara enormemente que fuese a olvidarlo jamás, de hecho el mismo no había olvidado la primera vez que aquella maldición había revuelto sus entrañas y a consecuencia de ello se había quedado grabado a fuego aunque no tuviese marcas físicas por ello. Daba gracias de vivir en una zona lo suficientemente comercial como para que hubiese supermercados cerca y no arriesgarse a que Davina se despertase sola en su casa. Puede que aquella compra fuese la más grande que había hecho en su vida, al menos físicamente hablando, entre chocolate, pasta, diferentes verduras y un sinfín de cosas que, pese a saber cocinar nunca se había planteado llevar lo necesario por tener como amigos a un par de gorrones conocedores de sus habilidades culinarias. Tras pagar salió todo lo rápido que pudo camino a casa, claro que la rapidez era bastante menor que al ir, por eso de que ahora la carga era mayor y había cosas que probablemente romperían si se dedicaba a correr con ellas colgadas de las bolsas.

Entró nuevamente en su hogar buscando con la mirada si Davina se había levantado, pero no había rastro de aquello, por lo que tras poner la cafetera a punto para que esta comenzase a preparar algo de café fue colocando todo lo recientemente adquirido en su lugar correspondiente y la verdad es que aquello le daba un aire muy diferente a lo deprimente que parecía sin tener prácticamente nada más en las alacenas y encimeras. En un primer momento se planteó preparar algo, pero estaba claro que podría tardar en ponerse en pie y se echaría a perder todo, por lo que tras coger su taza se sirvió un buen chorro de café para mantenerse despierto hasta que ella se pusiera en pie y comprobase que esta estaba bien o al menos, en plenas facultades para irse. La taza estaba ahora lo suficientemente caliente para templar un poco la baja temperatura de sus manos y con ello aportar un poco de confort instantáneo.

Estaba tranquilo tomando aquella taza de café cuando la voz de la chica le hizo atragantarse, levantándose casi de un salto cuando esta se hubo acercado a su posición, dejando la taza sobre la mesa donde minutos antes había dejado el libro - No podía dejarte morir allí - Apretó la mandíbula mirándola como si se tratase de un espejismo creado por su propia imaginación. Dio un par de pasos a un lado para dejar que ella se sentase - Deberías sentarte, no es conveniente que te fuerces a quedarte en pie. ¿Tienes frío? - Preguntó casi sin coger aire después de sus palabras al verla abrazándose a sí misma - Puedo traerte una manta y necesitas comer algo. - Se percató de como sonaba, pero no podía evitar estar preocupado por su salud, por ella en general aunque aquello dijese a gritos las palabras que no iba a reconocer a viva voz. Carraspeó tratando de volver a su tono indiferente habitual, mirando hacia otro lado que no fuese ella - Te vendría bien para sentirte mejor.
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Davina Abrasax el Mar Dic 01, 2015 11:14 pm

La expresión en el rostro de Bastian era curiosa. Se veía una mezcla de emociones que no estaba acostumbrada a ver reflejadas en su rostro desde que le conocía. Alivio, tal vez. Preocupación. Confusión. Todo ello enmascarado por una fina capa de dureza, lo cual sí que era más normal de ver en él, pero sus ojos me miraban de una manera que no lo habían hecho antes mientras me acercaba un poquito a él. No mucho, pues todavía estaba en shock y no me sentía capaz de moverme rápidamente ni de hacer muchas cosas ni de relajarme, pero sí que me acerqué. Sentí un escalofrío cuando le escuché diciendo que no podía dejarme morir allí. Recordé de nuevo al mortífago que me había torturado y que había estado a punto de matarme. Había estado a punto de terminar de pronunciar la maldición, el rayo verde ya había estado brillando en la punta de la varita, preparado para salir disparado hacia mi corazón en cuanto terminase de decirse la última sílaba. No habría podido salvarme, no habría sido capaz de esquivar aquel hechizo después de haber sido torturada por la otra maldición imperdonable. Ese habría sido mi final para siempre y ahora mismo sería un cadáver más de entre cientos de no haber sido por Bastian. Ser consciente de la suerte que había tenido y de lo cerca que había estado de tener un destino completamente distinto y horrible hizo que todas las era una carga muy pesada y repentina, y estaba intentando ser fuerte y no ponerme histérica, aunque todos los nervios de mi cuerpo estaban chillando de angustia por lo sucedido y por lo que podría haber pasado.

-Gracias- dije con la voz cargada del más profundo alivio. No estaba segura de qué más decir ni de qué hacer, pero entonces Bastian se apartó para dejarme sitio en el sofá y me dijo que me sentada. Dudé solo durante una milésima de segundo, pero entonces volví a avanzar unos pasos y me senté, sintiendo mis músculos relajarse entonces. Físicamente estaba sana, pero aun así mi cuerpo estaba magullado y aunque solo había estado de pie durante un par de minutos me encontraba mejor estando sentada por el momento. Seguía rodeándome a mí misma con los brazos, gesto que Bastian interpretó como que tenía frío, así que me ofreció una manta.- No, no hace falta, gracias- dije, pues no tenía frío, y dejé de abrazarme a mí misma. Las manos me temblaban un poco, pero dejó de notarse en cuando las apoyé sobre mis piernas.

Cuando me dijo que tenía que comer no dije nada, simplemente asentí y bajé la mirada. Sabía que necesitaba comer, y en realidad tenía hambre, pero a la vez sentía que si intentaba comer algo me pondría enferma. Antes había estado muy calmada, pero ahora parecía que todas las emociones reprimidas desde que había recuperado la consciencia querían estallar y salir de mi interior al igual que la onda expansiva de una bomba. Mi mente estaba procesándolo todo de nuevo, esta vez más lentamente y con más detalle. Al despertar había comprendido qué era lo que había pasado, pero la severidad del asunto no me había impactado por completo, solo había pensado en mí y me había sentido aliviada de haberme salvado de milagro. Había muerto gente, muchísima gente inocente, y todo por culpa de unos psicópatas clasistas e intolerantes que se negaban a aceptar que los muggles, aunque no tuviesen magia, eran personas que se merecían estar en paz. Comprendía por qué los mortífagos actuaban como lo hacían, era muy simple en realidad. Los sangre limpia eran la minoría en la sociedad mundial, y durante toda la historia de la humanidad la minoría había hecho hasta lo imposible y había cometido atrocidades para mantenerse en la cima de la pirámide por miedo a ser aplastados por la mayoría. Tenía sentido, pero que lo tuviese no significaba que lo aceptase. Los inocentes jamás deberían pagar con sus vidas por culpa del miedo de personas ajenas a ellos.

-¿Qué estabas haciendo allí?- pregunté entonces con voz temblorosa y con el ceño fruncido, pero justo después puse los ojos en blanco y me regañé a mí misma mentalmente.- Olvídalo, es una pregunta estúpida. Estabas en el concierto como todo el mundo, qué otra cosa ibas a estar haciendo allí…- dije con un poco de nerviosismo.- Lo siento, es que… Es que estoy un poco bloqueada porque había tanta gente y mataron a tantos y me cuesta aceptar que yo me he salvado precisamente porque estabas allí y, y…- balbuceé, y no me salieron más palabras. Estaba hecha un lío, y suspiré mientras se me empañaban un poco los ojos, pero no lloré.

Sentí una tremenda angustia al recordar la cantidad de gente que había visto caer al suelo tras ser golpeados por rayos verdes y pensar que Bastian también había estado entre toda esa gente y podría haber caído víctima de uno de ellos. Sentí esa opresión en el pecho no porque pensase de manera egoísta que si él hubiese muerto yo no me habría salvado, sino porque si él hubiese muerto… Si él hubiese muerto… La angustia al pensar en ello se hizo más fuerte, y me di cuenta entonces de que si Bastian hubiese muerto, y yo gracias a cualquier otro milagro hubiese sobrevivido y me hubiese enterado después, habría sufrido mucho. No como sufría al pensar en la muerte de los desconocidos que habían caído a mi alrededor, sino que muchísimo más.

Me levanté entonces del sofá rápidamente, sin importarme que mi cuerpo dolorido necesitase reposo, y crucé rápidamente la corta distancia que nos separaba a Bastian y a mí. En cuanto llegué a su lado le rodeé con mis brazos casi con desesperación y le abracé fuertemente contra mí, sintiendo una agradable sensación al hacerlo incluso más fuerte y poderosa que el alivio que había sentido al darme cuenta de que iba a sobrevivir al ataque. Bastian era más alto que yo, y apoyé mi cabeza contra su pecho sin soltarle, sintiendo que mi cuerpo temblaba pero mi espíritu se relajaba.
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Invitado el Sáb Dic 26, 2015 2:26 am

No estaba acostumbrado a sentirse de aquella manera, ni siquiera se había percatado del todo por lo que sentía al verla bien hasta que la vio de pie. Aunque hubiera tenido la certeza total de que estaba viva al haberla tenido en sus brazos, era como si aquello no hubiese dejado una constancia real de que la joven estaba bien, ya no solo viva. Se golpeó mentalmente a sí mismo, no era de los que tenían aquel tipo de sentimientos, ni siquiera era de aquellos que mostraban ni ínfimamente como se sentía, pero con ella y desde un primer momento se había sentido desnudo en ese sentido lo cual le hacía tener sentimientos encontrados al respecto. Los sentimientos eran de débiles y él en cuestión de unos meses cerca de la menor había caído en un pozo repleto de estos y lo peor, para él es que no le resultaba del todo incómodo.

- No he hecho nada por lo que deban ser dadas - Murmuró con su habitual tosquedad, aunque por una vez no trataba de sonar duro o brusco, pero era así y le costaba mostrarse de otro modo por más que dentro de su pecho bailasen mil y un sentimientos que ni él mismo era capaz de plasmar de ninguna manera más allá que su evidente falta de formas para ayudarle a expresarse, aunque en aquel momento dudaba enormemente que fuese necesario decir nada, sus gestos lo delataban y por una vez no se sentía incómodo por ello. Estaba aliviado, se sentía feliz y tremendamente cómodo con la presencia de la joven en su casa pese a no ser de los que disfrutaban teniendo invitados en su hogar, al menos no llevados por él, generalmente sus invitados eran de aquellos que directamente se auto-invitaban a entrar sin permiso alguno por parte del moreno. - ¿Estás segura? No me importa traerte algo. - Ser Hospitalario no era su fuerte, podría decirse que estaba perdiendo el partido contra su propia falta de caballerosidad en aquellos momentos.

Mentalmente estaba pensando en las cosas que podría hacer para que la chica comiera, percatandose de que no sabía que le gustaba o que no lo hacía. ¿Sería de platos pesados? ¿O quizás de algo tipo ensalada? Tampoco estaba seguro de que aquel fuese el momento propicio para saber su plato favorito viendo como estaba. Pudo ver las manos temblar, casi sintió como propio el alivio de la joven al dejarse caer en el sofá, metiéndose las manos en los bolsillos por el simple hecho de no tener claro dónde meterlas en aquel momento. Se mordió la cara interna de la mejilla, mirando hacia la cocina de reojo sin prestar verdadera atención a sus propios pensamientos pero si a las palabras de la chica que por una parte le hicieron sentirse totalmente aliviado. No lo había relacionado con los mortífagos, cosa que quizás se debía más al haberle visto asesinar a uno a sangre fría y sin titubear ¿Que clase de imagen estaba dando a Davina de su propia persona? ¿La de un asesino? No le preocupaba demasiado ya que, de no haber sentido aquel hueso partirse bajo su presión, ahora la chica estaría muerta.

No iba a decirle que no tenía ni idea de quién era aquel tipo que estaba en el escenario, gracias daba que sabía el nombre y que dudaba que en su casa encontrase cosa alguna con la que reproducir discos más que la radio, que obviamente, no usaba para ponerse al día de las novedades musicales muggles, pero comentar aquello volaría por los aires sus propios argumentos y no pretendía ponerse a explicarle a Davina su situación, el por qué estaba con los mortífagos o por qué cojones había actuado en aquella masacre aunque no hubiera elevado su varita, no paró a los otros y eso podría ser suficiente para que la imagen que la chica pudiera tener de él, si es que podía de verdad ser buena, se convirtiese en un mar de sangre desatado sabiendo como era el carácter de la morena.

Pero verla de aquel modo hizo que algo se resquebrajara dentro de su cuerpo, como si verla de aquel modo le hiciese querer tirar todo a un lado y no pensar en nada que no fuese ella y su bienestar, cosa que, lejos de hacerle sentirse bien, lo hizo sentir un nudo en el estómago. En las misiones no solía dejarse llevar por impulso, sin embargo el ver a la chica allí, en peligro le hizo abandonar todo y lanzarse a salvarla aún manchando sus manos de la sangre de un "hermano" cosa que nunca se planteó que pudiera suceder, ya sin hablar de el nudo que se formó en su estómago cuando pensó en el mero hecho de que hubiese muerto, cosa que rápidamente alejó de sus pensamientos puesto que la incomodidad solo le hacía sentirse ahogado y con quizás lo que podría llamar angustia por perder a una de las pocas personas que habían logrado que traicionara a su propia gente por sus sentimientos hacia la ravenclaw.

No se esperó lo que sucedió a continuación. Bastian no era precisamente ese hombre al que querías abrazar, probablemente antes hubieras querido abofetear por grosero o soso, pero aquel abrazo hizo que algo se removiera en su interior, algo que no sabría explicar ni aunque le dejasen cien años para hacerlo, solo supo que quería estrecharla entre sus brazos, dar a entender a la morena que estaba ahí, para ella, para lo que necesitase si es que podía dárselo, sus palabras solían ser bastante secas y toscas, pero aquel abrazo probablemente hablaría por lo que sentía, por el alivio, del estrés que le embargó al saber que ella estaba allí, la sensación de terror que sintió cuando pasó horas esperando verla bajar por las escaleras sin que llegase a suceder. Apoyó levemente su mejilla sobre la cabeza de la joven, tomando aire - Creo que así no voy a poder hacer nada para que comas un poco - Murmuró con evidente tono jocoso pero sin querer tampoco separarse de ella.
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Davina Abrasax el Sáb Dic 26, 2015 11:53 pm

Se me hacía extraño ver este lado de Bastian, el lado más suave, el que se preocupaba y que se mostraba más sensible al contrario que como era en Hogwarts, donde siempre tenía una fachada dura y casi impenetrable. Esa fachada me había atraído increíblemente en Hogwarts, pero esta nueva faceta de Bastian que estaba descubriendo en estos momentos, después de que me salvase de una muerte segura hace apenas unas horas, me estaba impresionando y estaba haciendo que esa atracción se hiciese más intensa. No entendía a ese hombre, siempre me había parecido desde que le conocí que era un misterio hecho persona. Había algo indescifrable en él. Puede que otras personas me llamasen loca si pudiesen leer mis pensamientos, pero yo no podía evitar pensar así. Ni tampoco podía evitar sentirme como me sentía. Ya no tenía manera de negarlo, aunque lo intentase ni por mucho que hubiese tratado de que mis discretas miradas furtivas en Hogwarts no fuesen nada más que algo pasajero. No iban a ser algo pasajero. Había pensado que sí, pero ahora que estaba aquí, en su casa, delante de él, tan cerca… sabía que no.

Sonreí cuando quiso asegurarse de que yo no necesitaba que me trajese nada. No tenía frío, mi temblor no tenía nada que ver con mi temperatura corporal ni la del ambiente de la casa.

-Estoy segura- le confirmé.

Parecía que él estaba nervioso. Le observé, intentando averiguar el origen de sus nervios mientras buscaba la manera de distraerme para no pensar en lo que había ocurrido la noche anterior y en lo que podría haber pasado de no haber ocurrido el milagro de que Bastian apareciese de repente y me salvase. Observé sus gestos y sus movimientos. Era extraño, pues en Hogwarts siempre había parecido tan seguro, tan compuesto… En las clases de prácticas muchos alumnos le habían tenido un poco de miedo por la postura intimidante que adquiría y por la manera que tenía de bufar las palabras y de fulminar con la mirada a los que le molestaban, que solían ser casi todos. Podía entenderle en eso, a mí también me molestaban muchas veces mis compañeros. Pero ahora no había nada de ese bruto que se veía en Hogwarts, sino que parecía que estaba inseguro y que no tenía ni idea de qué hacer o qué decir. Aquello despertó mi innata curiosidad.

Por mucho que intentase distraerme fijándome en cosas como esa no pude evitar que mi mente se centrase de nuevo en los eventos de la noche pasada. Un pensamiento llevó a otro, y fue una angustiosa cadena sin fin alguno hasta que me puse a pensar en la posibilidad de que a él le hubiese pasado algo por estar a él, y me dolió el corazón. Me dolió de verdad, como si alguien lo hubiese cogido en su puño dentro de mi pecho y lo hubiese estrujado sin escrúpulos. Fue eso lo que me empujó a correr hacia él y abrazarle como pocas veces había abrazado a alguien, y como jamás pensé que le abrazaría a él. Apreté mi cuerpo contra el suyo como si mi vida dependiese de ello y enterré mi cabeza en su pecho, sintiendo una explosión de emociones dentro de mi propio pecho. Entre esas emociones se encontraban alivio, alegría, e incluso euforia. Apenas me dio tiempo durante un segundo a pensar que seguramente él me iba a agarrar y me iba a separar de él y me iba a pedir que no volviese a hacer eso, pero eso no llegó a ocurrir. En cambio sentí como su cuerpo, que cuando le había abrazado estaba tenso, se relajaba, y sentí sus brazos rodeándome fuertemente y su mejilla apoyándose en mi cabeza. No se separó de mí; es más, puede que incluso nos pegásemos más, y no parecía estar dispuesto a soltarme. Como si… como si estuviese feliz de estar así. De estar así conmigo.

Llamadme idiota, pero es lo que intuí. Y… la verdad es que yo me sentí feliz también.

Tenía sentimientos, no podía negarlo. Me era imposible negárselos ya al mundo, y mucho menos a mí misma. ¿Cuándo habían aparecido? No estaba segura, no tenía ni idea. Pero habían aparecido y ahí estaban, y se habían ido desarrollando con el paso de los meses en Hogwarts y ahora aquí estaba yo, abrazando al hombre cuya esencia básicamente se había colado bajo mi piel y no había manera de quitármelo de encima (¡ni quería!) como si no hubiese un mañana.

-Puedo comer algo si eso te hace estar más tranquilo- reí por lo bajo, pensando que él estaba más preocupado por mi salud de lo que yo misma estaba.

Me separé entonces de él, aunque no mucho. No le solté, sino que mis manos seguían tocándole. No era algo mu apropiado, pero dejar de mantener contacto con él completamente se me hacía algo intolerable en aquellos momentos, por inapropiado que pudiese ser o parecer. Desvié la mirada durante un instante, sintiéndome algo insegura, pero en cuanto puse mis pensamientos en orden mi mirada volvió a tener la misma estabilidad y seguridad que me caracterizaban siempre, y miré directamente a los ojos a Bastian, muy segura de lo que iba a decir y hacer a continuación. Que me parte un rayo si no hago lo que mi cuerpo y mi alma me piden a gritos ahora que sé lo incierta que es la vida y las malas vueltas que puede dar.

-Esto es probablemente… algo muy estúpido- comencé a decir mientras todavía permanecía inmóvil delante de él, a apenas escasos centímetros de distancia.- Y probablemente me mandes al cuerno, pero anoche estuve a punto de morir y me he dado cuenta de que la vida son dos segundos y puede acabarse en cualquier minuto. Y hace meses que me he estado diciendo a mí misma que soy una idiota por esto, pero ya no. Me niego a seguir callándome cuando sé que en cualquier momento puede aparecer un loco con una varita o puede atropellarme un coche en medio de la calle… ¡O a lo mejor nos cae un meteorito encima, quién sabe! Pero pase lo que pase no pienso seguir viviendo ni un solo segundo sin hacer caso a lo que todo mi ser desea- dije, dejando que las palabras fluyesen libremente de mí mientras que le miraba a los ojos sin vacilar ni una sola vez.

No le di ni un solo segundo a la oportunidad de echarme atrás de aparecer. En apenas un suspiro me puse de puntillas y coloqué mi mano en la nuca de Bastian, y atrae su rostro al mío para unirnos y besarle. En cuanto mis labios rozaron los suyos, suaves y carnosos, sentí una explosión en mi interior solo si hubiese miles de toneladas de fuegos artificiales que hubiesen estallado todos a la vez y me estuviesen llenando de chispas, fuego y vida. Le besé como había deseado hacerlo desde que me di cuenta de que estaba increíblemente atraída a él a pesar de mis esfuerzos por evitarlo, y le besé como sentía que era mi derecho después de todo lo que había pasado. Si la vida se me podía robar en cualquier momento, al menos no iba a quedarme con el arrepentimiento de no haber actuado respecto a lo que sentía.

Me separé de él y abrí los ojos para mirarle. Tenía el corazón en un puño, pues estaba casi segura de que me iba a decir que me fuese de su casa para siempre.
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Invitado el Lun Dic 28, 2015 4:33 pm

No era un hombre dado a darse a ver como alguien que se preocupaba por otro ser humano, evitaba aquella faceta propia por puro temor a ser visto como alguien débil, alguien a quién se podía atacar por lo que sentía y por ende atacar a aquellos que él quería. Davina no estaba segura en su mundo, en aquel en el que tan solo cabía esperar la propia oscuridad que en más de una ocasión le habían dicho que irradiaba con tan solo cruzarse con otra persona. Entrecerró los ojos aún aferrado al cuerpo de la menor, no debía sentirse de aquel modo, no estaba bien para ninguno de los dos que probablemente terminarían sufriendo probablemente por su causa, cosa que para nada se le hacía agradable siquiera el pensar en aquel momento en el que el mundo parecía haber parado de girar a su alrededor, en el que el tiempo se había convertido en una medida inútil para medir algo que no tenía posibilidad de ser medido por nada ni nadie.

No contestó a lo que ella acababa de decir, no era necesario insistir más en el tema aunque siguiese preocupado por ello, por lo que simplemente se encogió de hombros dando a entender que no discutiría sus palabras, al menos no en aquel preciso instante.

Era consciente de que el nerviosismo saliendo de él podía detectarse rápidamente aunque tratase de ocultarlo, no era bueno ocultando sus sentimientos, siempre acababa por explotar de alguna manera y en aquel preciso instante esto había sido el haber estado a punto de perderla para siempre y lo peor era, quizás el haberse dado cuenta de que eso le asustaba, que lejos de ser una más era aquella a la que temía perder y por la que se había lanzado a lo kamikaze a por un compañero sin pensarlo más que los dos segundos suficientes que por su cabeza se dibujó la simple idea de perder a la chica a manos de alguien conocido, a medias, claro. Tomó aire tratando de apartar la cabeza todo pensamiento relacionado con la joven aunque teniéndola entre sus brazos aquello era una obvia tarea imposible.

A pesar de aquello el joven seguía pensando, para sí mismo que aquellas miradas, aquella sensación extraña que su cuerpo sentía cuando la chica se cruzaba con él era una mera seña de atracción, una atracción física más que fácilmente cambiable por cualquier otra mujer que se le cruzase, pero era casi como si su subconsciente se estuviese riendo en su maldita cara con lo que le hacía sentir la chica cada vez que se la cruzaba. Era como si todo su ser supiese perfectamente lo que pasaba por su piel cada vez que la veía sin embargo su propia cabeza era la que lo echaba tres pasos atrás para que no cometiera ninguna estupidez, asunto que tenía más que claro que terminaría por mandar al cuerno en no mucho tiempo y sin cuidado alguno, aunque si pensaba en su terquedad a la hora de reconocer lo que sentía o dejaba de sentir era casi una obviedad que el chico no iba a rendirse de primeras y mucho menos dejar que alguien pensase lo contrario a lo que él pensaba, aunque estaba claro que sus amigos estaban más que seguros de que ya había un sentimiento algo más fuerte de lo que jamás terminaría por aceptar.

Respiró profundamente antes de negar levemente a las palabras de Davina, no iba a obligarla a comer por sentirse él mejor, simplemente sabía que comer algo le iba a ir bien en aquel momento debido a saber lo que había vivido, que al igual que tras tener un dementor cerca, los dulces ayudaban a recomponerse lo suficiente como para huir de la zona o simplemente del malestar, pero tampoco quería apartarse de la morena, o si quería, realmente su cuerpo lo estaba fingiendo realmente bien. Entrecerró los ojos pero cuando estaba a punto de decir algo, el pequeño discurso de la Ravenclaw le hizo sentirse confuso. ¿Qué significaban aquellas palabras? Puede que en su subconsciente fuese algo claro lo que significaban, pero para su yo consciente no eran del todo claras o al menos no quería encontrar la claridad que buscaba en ellas por miedo a que fuese lo que él mismo luchaba por esconder.

Y finalmente pasó. Los labios de la menor estaban sobre los propios, haciendo que toda su piel se erizase como si fuese su primer beso, como si nunca otros labios hubieran rozado los suyos. Su cabeza le instaba a apartarse, pero nada respondía a aquello, de repente es como si todo se hubiese apagado a su alrededor y solo ella existiese, su agarre se hizo más fuerte para acercarla a él, cosa que hizo que cuando se separó se mantuviese sin apartar la mirada de los ojos de esta, negando con la cabeza.

- No sabes lo que estás haciendo, Davina. No soy lo que tú necesitas.

Pero aunque aquellas palabras salieran de sus labios se veía que eran casi palabras de rigor, pues sus labios no tardaron demasiado en buscar nuevamente los de ella. Había pasado miedo por poder perderla y aunque se mintiese ahora ya nada podía decir al respecto. Sentía algo por la joven, algo lo suficientemente fuerte para que, aun sabiendo el peligro en el que se ponía, siguiera sin ser capaz de soltarla de entre sus brazos.
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Davina Abrasax el Jue Ene 21, 2016 7:30 pm

Había llegado el momento que nunca pensé que iba a llegar, porque cuando en los meses anteriores me había dado cuenta de lo que sentía había pensando que me lo quedaría callado y jamás lo confesaría, pero dadas las circunstancias había mandado todo al cuerno y había decidido no quedarme callada. Quedarse callado sobre las cosas que uno quiere hace que pierdas la oportunidad de tenerlo, y la vida es demasiado corta e incierta como para desaprovecharla de esa manera. Así que tras soltarle aquellas palabras a Bastian no me lo pensé dos veces y le besé.

Cuando me separé de él le miré con un poco de miedo porque no sabía cuál sería su reacción, aunque no me arrepentía de nada. Mi corazón palpitó dentro de mi pecho con tanta fuerza que parecía que iba a salir desbocado y mi cabeza me daba demasiadas vueltas como para darme cuenta de que Bastian me había rodeado con sus brazos y me había apretado más contra él en vez de haberme apartado de él después de lo que yo había hecho. Le miré a los ojos, y cuando escuché lo que me dijo entonces estaba a punto de replicarle pero no me dio tiempo, pues en ese momento él me besó a mí.

Sentí como si me recorriese el cuerpo entero una potente descarga eléctrica que en vez de producir dolor producía la sensación más placentera que había sentido en mucho tiempo, y fue como si cada uno de los nervios de mi cuerpo despertasen y su sensibilidad se hiciese diez veces más potente, y todo lo que sentía era a Bastian. El tacto de sus manos, el calor de su cuerpo pegado al mío, su aroma tan masculino, el sabor de sus labios, el sonido de su respiración entrecortada mezclada con la mía, pues estábamos tan perdidos en nuestro beso que parecía que se nos había olvidado como respirar con normalidad. Alcé los brazos y los pasé por encima de sus hombros, pegando aún más mi cuerpo al suyo, cosa que antes había parecido imposible, y correspondí a su beso con ansias y pasión. El fuego que había sentido antes en mi interior seguía quemando, propagándose cada vez más hasta que me hubo envuelto entera.

Cuando me volví a separar de él no fue porque quisiese hacerlo, sino porque necesitaba respirar o iba a asfixiarme. No me separé mucho más de él, sino que seguí con mi cuerpo pegado al suyo y con mis brazos rodeándole. Sonreí, llena de alegría porque él me había correspondido, aunque fruncí un poco el ceño al recordar sus palabras. Le di un golpe en el pecho (no fuerte, por supuesto) a modo de protesta.

-¿Qué sabrás tú lo que yo necesito o dejo de necesitar? Necesito lo que quiero, y te quiero a ti.

Era probablemente la verdad más grande que había dicho en meses, y en cuanto dije eso volví a besarle.

No me separé de él por tercera vez hasta que el sonido de mi móvil comenzó a volverme loca. Sonó durante mucho tiempo pues me estaban haciendo una llamada tras otra tras otra y así sin parar, y o ignoré durante todo el tiempo que pude hasta que la maldita cancioncita empezó a rayarme. Estaba segura de que me estaba llamando mi madre, pues a estas horas el ataque que había ocurrido en el estadio durante el concierto debía de estar por todas las noticias y yo no había vuelto a casa ni dado señales de vida.

-Creo que es mi madre…- le dije a Bastian mientras me separaba de él. No quería ir a coger el móvil, pero seguro que si no lo hago a mi madre le da un infarto.

Bastian debía de haber cogido mi móvil cuando me trajo aquí, pues estaba sobre la mesilla del salón en vez de en mi bolsillo. Lo cogí y atendí a la llamada. Esperaba escuchar la voz angustiada de mi madre al otro lado de la línea, pero en vez de eso me encontré con los gritos furiosos de mi padrastro y tuve que apartar la oreja del móvil para que no me estallase el tímpano. Hice una mueca mientras escuchaba lo que me gritaba. Gritaba tanto que se le oía por todo el salón, y yo puse los ojos en blanco. Típico de Paul, en cuanto encuentra una oportunidad para gritarme lo hace… pero a mí me entraba por un oído y me salía por el otro.
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Invitado el Sáb Ene 23, 2016 3:05 am

No debía haber respondido de aquella manera al beso de la menor, en su cabeza algo le decía que aquello era un error, que no debería estar pasando desde el primer momento en el que sus miradas se habían cruzado. Bastian había rehuido de las relaciones personales desde el preciso instante en que puso sus pies fuera de Hogwarts debido a sus ideales, consideraba que no era el momento de centrarse en él, si no en su misión, en sus ganas de hacer las cosas bien para ser el hombre que una vez se creyó que podría llegar a ser. Y sin embargo allí se encontraba, con sus labios sobre los de ella de aquella manera en la que ni él se habría esperado terminar.

Sus manos se asieron a las caderas de la joven, no sabía cómo había llegado a aquella situación en la que su cuerpo buscaba el contacto con la morena sin pensar realmente en lo que estaba pasando. Lo necesitaba. Negarlo era una estupidez ahora que sus labios bailaban al son de los de la menor y su propio cuerpo respondía a cada caricia que esta pudiera otorgarle como si se tratase de un animal esperando el cariño de su amo. Quizás era una exageración compararse a sí mismo con un perro, pero la verdad es que no era una descripción muy alejada de la realidad quitando obviamente el tema de ser peludo e ir a cuatro patas.

Describir cómo se sentía en aquel momento, una mezcla de sentimientos reprimidos explotó dentro de su cuerpo sin poder pararlo y los brazos de Davina rodeando su cuello le hicieron olvidar prácticamente el por qué evitaba pillarse por alguien, el que había pasado tan solo unas horas antes e incluso el hecho de que ella debía comer algo ya que estaba bastante seguro de que lo necesitaba y eso en cierto modo le hacía verse como un egoísta sucumbiendo a el simple hecho de sentir los labios de aquella muchacha contra los propios, aquel olor que desde el primer día que la había visto lo había cautivado aunque fuese en lo más profundo de su ser. Ahora ya todos los esfuerzos por dejar atrás sus sentimientos los cuales prácticamente se habían materializado al escucharla en aquel ataque ligeramente improvisado por los mortífagos en aquel concierto. No lo calificaría de mariposas en el estómago, aquello era demasiado cursi para él, pero si que una sensación extraña se había ubicado en su carne haciéndole saber que aquello no podía acabar bien, apreciaba demasiado a la muchacha como para castigarla con lo que él no podía aportar a su vida por mucho que lo intentase.

El pequeño golpe en su pecho cuando la joven se separó hizo que una leve sonrisa se dibujase en sus labios. Leve por que no era dado a hacerlo, rápidamente cambiando su semblante ante las palabras de ella, aunque no tuvo demasiado tiempo para responder a aquello cuando los labios de la joven le "asaltaron" nuevamente.

Aquel beso quizás fue en el que él estuvo más participativo hablando de intensidad, él de por sí era alguien intenso, todo lo que hacía lo hacía por que de verdad lo sentía y una vez desatado le costaba enormemente centrarse en lo que eran sus deberes y por ello estaba sucediendo aquello. Pero entonces aquel sonido titilante y molesto para él, comenzó a llenar la estancia. No habría sido tan molesto probablemente de haberse producido en otro momento, ni siquiera le habría importado pero en aquel momento le hicieron dibujar una leve mueca. Cuando escuchó quién podría ser, asintió levemente soltándose para que pudiese tomar el artilugio muggle y con ello contestar. - Haré algo para que recuperes fuerzas mientras tranquilizas a tu madre entonces. - Tomó aire antes de dirigirse a la cocina antes de que ella atendiera finalmente la llamada.

Escuchó el griterío salido del objeto girándose mirando a la chica como al interlocutor de tales gilipolleces. Asumió con aquello que sus padres no controlaban demasiado el tema mágico y que no estaban muy familiarizados con los mortífagos y sus costumbres por matar a sangre sucia en medio de las calles o dejarlos tirados en alguna fría esquina sin embargo aún no era el momento de decir las cosas, al menos no de molestar a la joven con aquella cuestión. No tenía muy claro lo que hacerle, por lo que optó por un desayuno normal y corriente, ya luego le preguntaría exactamente que le gustaba, no iba a molestarla en aquel momento.
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Davina Abrasax el Dom Mar 27, 2016 10:28 am

Era muy extraña la manera en la que el mundo daba vueltas y giros inesperados, cambiándote la vida de formas que nunca te hubieses imaginado. La noche anterior yo solo había salido de casa para ir a un concierto de Bon Jovi tan tranquila, sin planes más allá de eso. Se suponía que tenía que haber ido, haber estado allí hasta que acabase y prácticamente me habrían tenido que sacar a rastras los de seguridad porque seguramente yo habría querido más, habría ido a casa a dormir y hoy habría sido un día totalmente mundano. Y sin embargo lo más inesperado había sucedido: primero un ataque mortífago, que es algo que nadie jamás quiere que le pase a uno mismo, y había estado al borde de la muerte, cosa que jamás ni en mil año hubiese esperado que sucediese de aquella manera… y ahora estaba aquí, en los brazos de Bastian Daugherty, en su casa, y estábamos besándonos, y sentía que la cabeza me daba mil vueltas (pero en el buen sentido, no en el malo) y sentía que en cualquier momento podía ponerme a bailar la conga de lo feliz que estaba. Le había besado siguiendo un impulso al cual me empujaba todo mi ser, porque lo necesitaba con tanta urgencia que hasta yo misma me sorprendía de que hubiese sido capaz de negarme a mí misma durante tantos meses lo que sentía, y había temido que él me apartase de él y me mandase a tomar viento, pero no, me había atraído hacia él y me había besado después a mí con más ansias aún que la que yo había demostrado primero, y sentía que podría ponerme a volar yo sola sin ayuda de ningún objeto mágico en cualquier momento.

Lo único que fue capaz de interrumpir mi momento de absoluta gloria en el que sentía que estaba flotando por el universo y que me acercaba al Sol dado al aumento de la temperatura que hubo de repente mientras nos besábamos con pasión fue el espantoso e incesante sonido de mi teléfono móvil, que amenazaba con volverme loca si no paraba. Quien fuese que estaba llamando (seguramente mi madre) no parecía tener intención de cesar sus intentos de comunicarse conmigo, lo cual era normal dado lo que había ocurrido. A estas horas seguramente mi madre, mi padrastro y mis hermanastros habían visto en las noticias que había habido un atentado durante el concierto, y como yo no había vuelto a casa en toda la noche ni había llamado para decir que estaba bien mi madre debía de estar histérica.

-Está bien- asentí, y me separé de Bastian y me fui a por el móvil mientras él iba a la cocina y se ponía a hacer algo, aunque no vi qué era lo que estaba haciendo.

Encontré mi teléfono sobre la mesa del salón. Me sorprendí al ver que la pantalla no se había roto después de todo el ajetreo de la noche. Sin embargo puse mala cara al ver quién estaba llamando y comprobar que no era mi madre, sino el idiota de Paul.

-¿Sí?- contesté tras respirar profundamente para prepararme. Sabía que estaba a punto de caerme una buena bronca.

-¡¿Pero se puede saber dónde estás, mocosa idiota?! ¡¿Acaso te crees que esto es un hotel para ir y venir cuando te da la gana, o qué?!- mi padrastro gritó tanto por el móvil que tuve que apartármelo del oído para no quedarme sola.

-Estoy bien, gracias por preguntar- dije con tono amargo y lleno de sarcasmo. Por supuesto que a Paul le daba igual si yo estaba bien o no, seguro que estaba decepcionado de que hubiese cogido el teléfono. Mis hermanastros simplemente me caían mal porque eran unos cansinos y unos holgazanes, pero mi padrastro era de lo peor, en serio. Pero claro, como con mi madre siempre se portaba como el perfecto caballero... Así no había quien se lo quitase de encima.

-¡¿Qué clase de falta de respeto es esta?! ¡Vuelve a casa ahora mismo! ¡Vas a estar castigada hasta que tengas que volver a ese colegio para raritos al que vas!

Puse los ojos en blanco y caminé hacia la cocina donde estaba Bastian. Paul gritaba tanto que seguro se le oía por toda la casa perfectamente.

“Castigada. Ya, claro. Con buena ha ido a dar si piensa que va a poder conmigo…” pensé después de escuchar aquellas palabras. ¿Pero este quién se pensaba que era para hablarme de aquella manera? Habría entendido que mi madre se disgustase conmigo por tenerla preocupada durante horas, pero a ella le habría explicado lo que había pasado y ya. No iba a perder mi tiempo con Paul.

-Mira, vete a tomar viento un rato, ¿vale?- le contesté de muy malos modos, pero no merecía otra cosa.- ¿Está por ahí mi madre?

-¡A MI NO ME HABLES ASI! ¡VENTE A CASA AHORA MISMO, YA TE HE DICHO QUE TE VAS A ENTERAR! ¡Y no, tu madre no está, ha salido a ver si te encontraba! ¡Ya le dije que era una pérdida de tiempo y que no se molestase, niñata malcriada!

Colgué la llamada sin despedirme antes siquiera, no quería malgastar más tiempo en seguir discutiendo con él. Marqué rápidamente el número de mi madre, quien no me cogió a la primera así que le dejé un mensaje diciendo que estaba bien, pero aún así lo volví a intentar y esa vez sí que me cogió, extremadamente aliviada. Sí que se enfadó un poco conmigo al principio, pero en cuanto le expliqué todo lo ocurrido se tranquilizó y me dijo que no pasaba nada, y quedó todo bien. Colgué tras despedirme de ella, y en cuanto lo hice vi que volvía a llamarme Paul, sin duda con la intención de seguir chillándome e insultándome hasta que se me cayese la oreja. Gruñí fastidiada, ignoré la llamada y dejé el móvil sobre la mesa de la cocina.

-Era mi padrastro. No le aguanto- dije mientras ponía los ojos en blanco otra vez y me acercaba a Bastianm que estaba ocupado preparando un desayuno. Olía rico.
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Invitado el Vie Abr 01, 2016 10:53 am

Aquello no debía estar pasando, no era ético ni moral que alguien ya graduado incluso de la universidad estuviese en aquel tipo de relación con una chica que apenas iba a comenzar el séptimo curso en la escuela de magia y hechicería. Bien cierto era que no se llevaban tantos años, pero la sensación de estar haciendo algo mal se había instaurado en el estómago del joven, cosa que lejos de echarlo atrás le hizo percatarse de que realmente aquella sensación no era la de algo mal hecho, si no la de algo que debía haber hecho antes de ver la vida de la joven peligrar frente a sus ojos, haber esperado al momento de flaqueza de esta para aquello le sabía verdaderamente mal, es más, probablemente si ella no hubiera sido la primera en plantarle aquel beso, no habría llegado a estar cuestionándose aquellas cosas, es más, probablemente hubieran seguido con aquel tonteo hasta que los cerdos volasen o a los sapos les creciese la melena. Aunque no quisiera reconocerlo tenía más ganas de que aquello sucediese de lo que le gustaría reconocer en un futuro, de hecho, su propia ex había comentado, molesta el hecho de que Bastian sintiese algo por una “niña” de diecisiete años ¿Qué culpa tenía él de haber sentido más por la menor que por su propia ex pareja? Nunca se había sentido de aquel modo y era lo que más confundido le tenía, como si todos los sentimientos totalmente reprimidos de su vida se hubieran dedicado a saltar a la superficie solo ante la presencia de Davina y para qué mentir, estaba asustado precisamente por aquello, asustado y maravillado ante lo que era sentirse de aquel modo por otra persona, no diría que era amor, pero por lo menos era algo más fuerte que una mera atracción física.

El maldito teléfono estaba por volverle completamente loco, era por eso y por su mala relación con cualquier aparato electrónico existente que no tenía un elemento como aquel entre sus pertenencias. Solo jodían momentos íntimos como aquel o en cuyo defecto hacían a los jóvenes pequeños zombis de la tecnología, no era lo suyo, las lechuzas eran menos tocapelotas y dejaban la carta para luego volver por donde habían venido, sin tener que cargarse enchufadas a alguna pared. Era algo así como un joven prehistórico, no era demasiado dado a las nuevas tecnologías, por favor, ni siquiera tenía televisión, había visto alguna, claro, en casa de sus amigos o mismo por las calles, incluso alguna vez había ido a un bar a ver algún partido de fútbol muggle, pero nada más allá de aquello, tenerla en casa solo le serviría para tener otro mueble cogiendo polvo.

Caminó con tranquilidad hasta la cocina, pero sin poder evitar el escuchar a la joven hablar por teléfono, cosa que no le ayudó demasiado a concentrarse en lo que estaba haciendo, al menos no en un primer momento.

Suspiró al escuchar de lejos las palabras de quien fuera que estaba al otro lado del teléfono, cosa que le hizo dirigir su mirada a la joven que parecía casi más tranquila de lo que él podría haberse mantenido ante tal interlocutor. Abrió la nevera, agarrando un par de cosas, haría probablemente unas tortitas con frutas probablemente, no tenía demasiado claro que era lo que podía gustarle a la joven, por lo que optó por lo más fácil de hacer y rápido tratando de apartar su oído de la conversación que estaba teniendo con el Hooligan, de lo contrario acabaría agarrando el teléfono y siendo él quien contestase de mala manera a aquel hombre.

Entrecerró los ojos mientras cortaba los pedazos de fruta para acompañar las tortitas, viendo ya a la morena acercarse a él dejando el teléfono móvil sobre la mesa de la cocina, mirando a la chica esta vez algo más parado, encogiéndose levemente de hombros ante su explicación del por qué había contestado de aquel modo, negando después con la cabeza. – No tienes que darme explicaciones, tranquila, ya se ha oído que no es precisamente muy agradable.

Se dio media vuelta para terminar de servir aquello, girándose antes para mirar a la joven - ¿Té, café, chocolate? No sé muy bien que es lo que te gusta, puedo hacer cualquiera de las tres cosas o si quieres algo más … Podría hacértelo. – Elevó su mirada hacia la de ella, se sentía verdaderamente extraño en aquella situación, no sabía tampoco cómo reaccionar ante aquella situación, quería comentar el qué era aquello que había pasado, pero por otro lado prefería mantenerlo en el olvido en el que se sumía en aquel momento.

Terminó de ponerle en frente a ella el plato con un par de cubiertos para que pudiera comer, aparte de un par de cuencos con diferentes frutas en ellos, un bote de sirope de caramelo y otro de nata, girándose para abrir la nevera en busca de un bote de zumo de mango que había comprado ese mismo día, se lo habría ofrecido, pero suponía que preferiría algo más cálido para llevarse al estómago con el desayuno. De todos modos, dejó aquello encima de la mesa para que, si ella quería, agarrase la botella para servirse, no le diría que no al fin y al cabo era su invitada.

- ¿Hay algún motivo para que sea tan agradable? – Elevó las cejas bebiendo un trago de su vaso de zumo, dejándolo sobre la mesa antes de sentarse en uno de los taburetes de la barra de la cocina y tras agarrar un tenedor, partió con cuidado la comida de su plato para llevarse un pedazo a la boca – Si quieres que te prepare otra cosa solo dilo, no te cortes, al fin y al cabo, eres mi invitada. – Se pasó la lengua por los labios, agarrando el sirope para echar un chorro en su plato, junto con un montón de nata considerable, era de las pocas cosas dulces que le gustaba y solía abusar bastante de esta.

No apartó la vista de ella, entre otras cosas aun pensando en qué la había terminado llevando a besarle, se hacía la idea de que era porque se sentía igual que él, pero por otro lado lo achacaba a la adrenalina creada por el evento del día anterior, por lo que intentó no meterse en el tema aunque sabía que tarde o temprano deberían hablar al respecto de lo que había pasado, aun siendo un simple beso era un tema a tratar, o, por lo menos, a aclarar si había sido por que sí, o porque al igual que él llevaba tiempo pensando en ella de aquel modo en el que era consciente que no debía, era una alumna, de hecho había sido SU alumna indirectamente hablando. Se frotó la nuca revolviéndose en su asiento esperando las palabras de esta.
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Davina Abrasax el Dom Abr 03, 2016 7:55 am

No había aguantado a Paul desde el primer día en que mi madre me lo presentó cuando comenzaron a salir hace años, y cada día le aguantaba menos y menos. Era simplemente insoportable, aunque se le podía tolerar cuando nos ignorábamos mutuamente. Sin embargo en ocasiones como esta deseaba que ojalá a los mortífagos les diese por matarle algún día, ya que tanto les gustaba matar muggles así por la cara. Pero nada, hasta la fecha no había habido suerte. Tal vez debiese colar en la mochila de alguno de los alumnos de Slytherin más puristas y radicales una nota en la que dijese “Hola, ¿me harías el favor de decirle a alguno de tus familiares o amigos mortífagos que se carguen a este sucio muggle cuando vaya de camino al trabajo un día? ¡Gracias!”

Parecía que Bastian se había enterado de toda la conversación, ya que los gritos de Paul se habían escuchado por todo el dúplex, y por la expresión en la cara de él no parecía muy contento con lo que se había escuchado. Yo no tenía mala cara más allá de la molestia que me producía que me gritasen por teléfono sin motivo alguno, pero estaba tan acostumbrada a Paul que había aprendido a pasar de él y a olvidarme de las cosas que hacía y decía para así no amargarme la existencia.

Vi las cosas ricas que Bastian había preparado y que estaba sirviendo en la mesa, y en aquel momento me rugió la tripa. Fue un sonido estruendoso y se oyó perfectamente, y sentí como si mis tripas se estuviesen removiendo. Puse cara de sorpresa ante la repentina protesta de mi estómago y me llevé las manos a la tripa, la cual sentía vacía, y miré a Bastian cuando él me habló.- Pues no te diría que no a un poco de chocolate caliente- dije entonces, casi relamiéndome al imaginarme el delicioso ahora de esa bebida que tanto me gustaba. El chocolate me volvía loca, y después de la nochecita que había pasado el cuerpo casi me lo pedía a gritos.- A mí me gusta casi todo menos el café. El café me parece una bebida infernal creada por el mismísimo Satán- dije entonces medio distraídamente cuando Bastian dijo que no sabía qué era lo que me gustaba a mí. La gente siempre me miraba raro cuando decía eso, pero era la verdad, nunca me había gustado el sabor.

Me senté en la mesa donde Bastian había servido el desayuno y tuve que hacer acoplo de todo mi autocontrol para no ponerme a devorar las cosas como si fuese un animal. Eché mucha nata en la parte del plato en la que no había tortitas, y entonces a cada tortita le ponía sirope en la mitad y en la otra mitad le ponía nata que esparcía por ella con el tenedor antes de comérmelas. Aquello era algo raro, pero tenía esa manía, la nata me gustaba comérmela o sola o poner pequeñas cantidades en las cosas, no ese chorro enorme que sale del bote.

Bastian me preguntó entonces por mi padrastro. Me encogí de hombros.- No sé, conmigo siempre ha sido un amargado. Con mi madre se hace el bueno, pero en cuanto se le cruzan los cables no veas cómo se pone conmigo. Yo creo que no le gusta nada que yo sea bruja. Y como encima no soy su hija, pues que sea bruja le gusta menos, y a la mínima oportunidad me echa la bronca. Yo paso totalmente de él- dije con toda la tranquilidad del mundo antes de comerme otro trozo de tortita. Cuando tragué volví a hablar.- Delante de mi madre se porta mejor para que ella no se enfade con él. La verdad es que no tengo ni idea de qué ve ella en él, pero bueno, supongo que el amor es ciego…

Cuando terminé las tortitas me puse a comerme la fruta, que en aquel momento me pareció el manjar más delicioso del mundo. Negué con la cabeza cuando Bastian me dijo que si quería algo más.- Pues… ¿no tendrás tal vez un huevo por ahí?- pregunté sintiéndome un poco abusona, pero la idea de un huevo frito me estaba haciendo la boca agua.- Siento que podría comerme una vaca- dije mientras me moría del gusto tras casi empacharme a tortitas.- ¿Los mortífagos siempre dan tanta hambre?- nada más hacer esa pregunta me quedé con cara de póker. ¿Pero qué mierdas?- Olvida eso, el Crucio me ha dejado tonta...

Dejé mis platos limpios, y ahora que ya me encontraba con la mente un poco más tranquila pues mi estómago no le estaba gritando a mi cerebro que me ordenase a comer como si no hubiera un mañana me puse a pensar en lo que había ocurrido antes de que el idiota de mi padrastro se pusiese a gritarme como un poseso. Pensé en el beso, en lo maravilloso que se había sentido el tacto de los labios sobre los míos, en el sabor de su boca y en el hormigueo que el contacto con él me había provocado por todo el cuerpo. Le miré a él entonces sintiendo que necesitaba hablar, pero sin encontrar las palabras para ello. Aquello era algo extraño, yo nunca me quedaba sin palabras para nada, siempre tenía algo que decir en todas las situaciones, nunca me quedaba en blanco. Pero ahora no sabía qué decir porque no sabía cómo expresar en palabras lo que estaba pasando por mi cabeza. Como no saber qué decir me frustraba un poco me levanté y llevé los platos al fregadero, pues me molestaba dejar los platos sucios por ahí en una casa que no era la mía. En cuanto los puse ahí y tuve las manos libres suspiré. Si no podía decir nada, sí que podía hacerlo.

Me giré y me acerqué a Bastian.- Odio que me interrumpan- dije entonces, refiriéndome a la llamada de teléfono que nos había separado antes. Tomé su rostro entre mis manos otra vez y le besé de nuevo, no de manera tan explosiva como antes, pero aun así la intensidad dejó muy claro cuánto quería esto. Cuando me separé de él le miré a los ojos y sonreí.
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