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Younger Dreams —Sam Speckhart]

Sam J. Lehmann el Lun Sep 14, 2015 9:57 pm

Sam era una de esas personas a las que le gustaba disfrutar de los pequeños placeres de la vida, esos placeres que parecen insignificantes pero te recuerdan a grandes momentos pasados o te hacen sentir especial. La rubia aprovechó para ir un sábado libre a Hogsmeade a recordar viejos tiempos. No recordar precisamente como pasaba allí todos los fines de semana de sus siete años en Hogwarts, ya que era Ravenclaw, de hecho, lo raro era verla en Hogsmeade y no tirada en su sala común vacía junto a su amigo Henry mientras se atiborraban a galletas y se ponían a relatar historias totalmente imposibles.

Por eso para Sam Hogsmeade no era un lugar que le cansara de tanto visitar, sino todo lo contrario. Le parecía un sitio magnífico; mágico y con una increíble variedad de cosas. Desde pequeña, debido a su condición de sangre sucia, nunca había tenido relación con ningún lugar mágico, por lo que cuando descubrió Hogsmeade, fue como un boom para ella.

¿Otro boom para ella? La cerveza de mantequilla. Se había informado de cómo estaba creada y deseó no haberlo hecho nunca, ya que no parecía muy apetitosa. Pero hizo una especie de reset a su propia memoria para no tener en cuenta nunca los ingredientes de la cerveza y, actualmente, lo considera uno de los mejores alimentos alimenticios de la comunidad mágica.

Así que sin pensárselo dos veces, llegó a Hogsmeade y se metió en las Tres Escobas. Tenía buenos y malos recuerdos de ese lugar, pero los buenos ganaban con creces a los malos. Se acercó a la barra y se sentó cómoda y femeninamente en uno de los altos taburetes. La camarera se acercó a ella para atenderla, ya que aquel día no había mucha gente en comparación a cómo solía llenarse aquello—Hola —saludó Sam, con una pequeña sonrisa en el rostro.

Hola… —contestó la camarera, para luego fijarse más fijamente en su cara— ¡Qué ven mis ojos! ¿Sam? ¡Cuánto tiempo! —y la camarera se estiró por detrás de la barra para poder abrazar a Sam, la cual también se inclinó hacia adelante—¿Qué te pongo, cariño?

Una cerveza de mantequilla, la echo de menos —la rubia sonrió de manera risueña— ¿Cómo estás?

Muy bien, como siempre —dijo la camarera, llenándose una jarra de cerveza de mantequilla para ponérsela delante a Sam—¿Y qué es de ti? ¿Henry y tú al final terminásteis juntos? Hice apuestas con mi marido. Dime qué he ganado —dijo la camarera, con un gesto la mar de afable.

La chica podría haber borrado su sonrisa debido a la incomodidad, pero decidió ahorrarse las malas noticias y simplemente sujetó la jarra para negar levemente con la cabeza.

No, lo siento, Henry y yo no somos compatibles en ese sentido —explicó la chica, sonriente— Voy a tomarme esto mientras leo el Profeta. Si te aburres, ya sabes dónde estoy —contestó, bajándose de ese taburete de talla gigante y buscando con la mirada una mesa vacía.

Encontró una mesa cerca de una chimenea que por suerte estaba apagada. Se acercó hasta allí y se sentó en una de las sillas. Bebió de su cerveza de mantequilla y tras sentir ese líquido caliente bajar por su garganta, sonrió. Aquella bebida siempre le traía buenos recuerdos.

Abrió el Profeta y comenzó a leer las noticias que había en su interior. Por una parte había una página dedicada expresamente a los mortifagos que habían terminado en Azkaban el último mes como los mortifagos reconocidos que aún no habían sido capturados. También hablaban de los Mundiales de Quidditch y de cómo un equipo se había dopado y habían sido descalificados. Pero lo que ahora mismo estaba leyendo Sam era un artículo sobre el extraño método de hibernación de los trolls. Al parecer ahora a principio de Otoño salían de sus cuevas y comenzaban a amenazar pueblos mágicos. Cerca de Godric, al parecer, habían visto trolls armando jaleo. Todo parecía surrealista, pero a Sam le parecía más curioso eso que el Quidditch. No le gustaba nada el Quidditch.
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Invitado el Mar Sep 15, 2015 2:05 pm

Younger Dreams
Sam & Sam
Las tres escobas ||  18:40 pm ||  Sábado

Entró a las Tres Escobas con un suave paso y un movimiento de cabeza que llevó su melena hacia detrás de sus hombros. Se quitó el sombrero que llevaba y con su camiseta de Kiss, sus botas negras y unos leggins se acercó hasta la barra, donde un joven la miraba con una sonrisa en la cara y mirada atontada. -Hola Peter. -dijo la rubia sin mucho interés. Le dedicó una sonrisa torcida que ocultaba mucha malicia y se inclinó sobre la barra. -¿Que tal una cerveza de mantequilla gratis por lo de la última vez? -susurró cerca de él, con tono sensual. Se había quejado mucho por su condición de semi-veela, incluso había gritado a su padre mil veces que si no había mujeres guapas con las que acostarse una noche loca que tuvo que ir a por la veela, pero la verdad era que sus capacidades para "convencer" a los hombres la habían hecho ahorrar mucho dinero. El camarero inclinó un poco la cabeza, pero acabó cediendo y dejó sobre la mesa disimuladamente una jarra. No dijo nada. -Gracias, te debo un par. -respondió Sam, mientras cogía la jarra y se deslizaba para internarse en el bar.

Inspeccionó con su mirada cada persona que había sentada en Las Tres Escobas. Raramente, era fin de semana y estaba allí de manera legal, pero normalmente cuando visitaba el bar era porque se estaba saltando clases o porque había pasado de la clase de vuelo. Cuando llevaba a cabo alguna de sus excursiones tenía mucho cuidado de no ser descubierta, por lo que nunca usaba el mismo nombre dos días, y por supuesto nunca decía el suyo. Tampoco decía la verdad respecto a su edad, ni respecto a su trabajo, a veces hasta cambiaba de personalidad para conseguir lo que se proponía.

De pronto se percató de la presencia de una mujer de mediana edad. Mira que había que tener mala suerte para que una profesora fuese a Las Tres Escobas un sábado por la tarde. No estaba violando ninguna norma de la escuela, para variar, pero no le hacía especial gracia que la viesen por ahí. Maldijo por lo bajo y se acercó a una mesa donde se encontraba una mujer rubia de rostro adorable. Estaba leyendo el periódico, algo sobre Quidditch al parecer. -Apasionante perdida de tiempo. -dijo con descaro justo antes de sentarse junto a ella, y de espaldas a la profesora. -El Quidditch digo. La cerveza de mantequilla siempre es una buena inversión. -y le dio un pequeño trago a la suya.

-¿Te importa que te acompañe? - esperaba que realmente no le importase, porque no tenía ganas de discutir con nadie. Además, por alguna razón, tenía la impresión de que podían llegar a ser grandes amigas. Y eso es raro, el concepto de amistad de Sam estaba, digamos, un tanto distorsionado.

 
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Sam J. Lehmann el Mar Sep 15, 2015 11:05 pm

Se había dado cuenta después de empezar a leer la noticia de qué no veía nada, por lo que sacó de su bolso las gafas negras de pasta, sencillas y que le ayudarían a poder leer el maldito periódico. Después de algunos minutos, su estado anímico cambió por completo. Sam estaba indignada. Nunca se había puesto a pensar en defender a los pobres trolls, pero después de leer el artículo y darse cuenta de cómo los trataban, daban una pena increíble. ¿Qué culpa tenían los pobres trolls de nacer retrasados? Absolutamente ninguna. Seguro que iban amistosamente al valle de Godric a buscar amigos y comida y la gente los trata como una amenaza. Pero es que no tienen mente para pensar en cosas malvadas. Tienen una mente tan retrasada que lo máximo malvado que pueden pensar es en sacarse un moco y pegárselo al troll que tengan delante para luego reírse como si hubieran comido un cerdito y se hubieran quedado con su risa.

Pero bueno, realmente ella no se consideraba una protectora de seres extraños y con retraso mental, por lo que solo se indignó un poquito. Lo suficiente como para prestar toda la atención a la noticia y no fijarse en que una chica estaba acercándose a ella y mucho menos sentándose en su misma mesa. Rara vez personas se sentaban en su mesa para compartir una charla o simplemente la mesa, por lo que cuando habló, Sam bajó el periódico y miró por encima de él sorprendida—¿Qué?—preguntó de manera totalmente automática cuando habló la chica, pues Sam no se había enterado de lo que había dicho. La miró expectante, con cara un tanto preocupada, ¿habría dicho algo relevante?

Por suerte para la chica, su acompañante tuvo el detalle de repetirlo casi por inercia. Sonrió cuando habló de su disgusto por el Quidditch y solo por eso ya tenía un voto para que no le molestara que se quedara allí. Además, las Tres Escobas no estaría muy repleto, pero las mesas estaban prácticamente todas cogidas y a Sam no le importaba lo más mínimo compartir—Para nada, la compañía humana es siempre más gratificante que la de un trozo de papel —Mentira cochina. ¡Pero cochinísima!—Bueno, no, un buen libro es mucho mejor que la compañía de ciertas personas, pero supongo que no es el caso —tuvo la obligación de corregir sus propias palabras—Soy Sam —dijo, quitándose las gafas porque le mareaban mirar a una distancia media con ellas puestas, pues eran exclusivamente para leer—Y tampoco me gusta el Quidditch, no sé por qué a todos les vuelve tan locos —añadió con una pequeña sonrisa en el rostro. A ella no le gustaba el Quidditch, ni las bludger, ni las escobas. Mira que le habían dicho: “Te encantará volar en escoba”. Pero no, después de caerse de una en primero después de que una bludger le diera de lleno, hizo que le cogiera todo el odio posible a ambas cosas. Como Ravenclaw que fue, era increíble que sus notas más bajas siempre las tuviera en vuelo.
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Invitado el Lun Sep 28, 2015 10:16 pm

Younger Dreams
Sam & Sam
Las tres escobas ||  18:40 pm ||  Sábado

Las escapadas de Sam tenían por costumbre acabar con un afortunado encuentro y nuevas amistades. Esta vez no iba a ser diferente, y menos si era para huir de una de sus odiosas profesoras. No entedía la razón de tanto odio hacia ella, cuando era, sin duda alguna, de las alumnas más creativas e interesantes de la escuela. Que si, puede que más de una vez acabase revolucionando la clase o liando alguna, pero eso no hacía que fuese menos interesante, sino todo lo contrario. La conclusión final era que nadie la entendía. Por eso acabó sentada en una mesa con una desconocida. La joven tenía un aspecto adorable. Sería bastante mayor que Sam, pero no lo aparentaba por la combinación entre su cara de niña y la cara de adulta de Sam, por lo que a simple vista, podrían haber sido confundidas como compañeras de trabajo.

-Sophie -dijo Sam, presentándose a si misma. Lo normal era que mintiese respecto a su nombre, y esta vez no iba a ser distinto. Era una manera de cubrirse las espaldas frente a posibles problemas, prefería no arriesgarse a ser delatada. -Es un deporte de masas, la gente no necesita una razón para que le guste. Simplemente parecen divertirse gritando en compañía y peleándose por cosas sin importancia. -explique brevemente dandole un largo sorbo a la cerveza. Estaba deliciosa.

Escuché como la silla de atrás rechinaba. La profesora tenía que estar levantándose, y por fin podría girar la cabeza sin miedo a tener que saludar de manera forzada a una persona que no quería ni ver. Yo no le caigo bien, ella no me cae bien. No debería haber mayor problema pero, ¿quien entiende las normas sociales? -Siento haber sido tan brusca. ¿Ves a esa señora de pelo oscuro y moño repeinado? Tengo un pequeño problema con ella desde que la cacé traficando con información confidencial del Ministerio. -mentí. Me encantaba mentir, pero sobre todo me gustaba lo convincente que sonaba. -Avísame cuando se haya ido, por favor. -le pedí a mi nueva amiga. Que divertido.

 
THE END
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Sam J. Lehmann el Mar Sep 29, 2015 1:19 pm

La chica que Sam tenía enfrente se presentó como Sophie. Era un nombre bonito, o por lo menos a Sam siempre le había parecido de lo más lindo. Luego Sophie opinó sobre el Quidditch y Sam no pudo estar más de acuerdo. El Quidditch nunca le había llamado demasiado, por lo que siempre veía en él la misma afición que los muggles tienen por el fútbol. Está claro que el Quidditch poseía una mayor complejidad y era más completo, pero en cuánto a las personas que lo siguen, eran igual en todos los sentidos.

Sam asintió—Ya… odio a la gente que se pone a discutir sobre cuál es mejor equipo y lo tornan a algo personal. Muchos se quejan de los muggles, pero ahí los tienen, actuando de igual manera, fanáticos por un equipo y volviéndose locos por ellos —contestó Sam, con algo de molestia, ya que por ejemplo en su mismo departamento no paraban de discutir de esas chorradas y se volvía la conversación más importante de toda la mañana—Yo no lo soporto.

A Sam no le dio la impresión de que la chica estaba siendo brusca. Quizás no el ser más sociable del mundo, pero lo veía muy normal teniendo en cuenta de que se acababa de sentar al lado de una desconocida. Sam, no obstante, atendió a su explicación. Una explicación que bien no había pedido y que se podía haber ahorrado perfectamente. Entrecerró los ojos algo más seria mirando en dirección a la mujer de pelo oscuro y moño repeinado—Pero… —dijo Sam, algo confusa por lo que le acababa de decir—Si es ella la que ha estado traficando con información confidencial, ¿no es la que debería ocultarse y estar en problemas? —preguntó, ya que le parecía lo más lógico—Las fugas de información confidencial en el Ministerio suele tratarse con seriedad y dureza. ¿Cómo consiguió zafarse de Azkaban? —preguntó Sam, sorprendida.

La mujer del moño se acercó a la barra para pagar, por lo que Sam miró a Sophie algo más relajada—Está pagando para irse, no te preocupes por ella. No creo que haya reparado en tu presencia —le dijo.

La verdad es que Sophie se la había metido doblada a Sam. Por norma general Sam era una persona increíblemente desconfiada con las personas que no conocía, pero no cuando iba tranquilamente a Hogsmeade a rodearse de estudiantes y un ambiente nostálgico, sino más bien en los negocios. Y ahora mismo estaba rodeada de todo menos de negocios. Además, era un tema que no iba con ella, por lo que claramente no pensó que alguien pudiera estar tomándole el pelo. Así que con un gesto de lo más curioso, prestó atención a Sophie, curiosa por saber la historia de la soplona del pelo negro y moño repeinado—¿Solo la despidieron y ahora te tiene tirria y quiere venganza, es eso? —preguntó, mostrando unos ojos brillantes y curiosos. Como a toda mujer, adoraba los cotilleos… y más si son del Ministerio. Mira si era una rata de biblioteca y estaba obsesionada con su trabajo, que ni había visto nunca a Sophie por el Ministerio ni se había enterado de esa historia. Debía de empezar a socializarse más...
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