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Rhythm Inside —Matt Forman]

Sam J. Lehmann el Vie Sep 18, 2015 7:41 pm


Era viernes y la jornada laboral de Sam, que normalmente era de nueve a una, se había extendido algunas horas debido al trabajo extra que le estaba haciendo al fiscal Magnus Brooks como secretaria, por lo que terminó a las tres y media. Normalmente los jefes de departamento y las figuras más representativas salían más tarde de trabajar debido a la cantidad de trabajo que tenían, por lo que cuando se levantó de su puesto para dirigirse a la salida, se encontró saliendo de su despacho a su jefe, Matt Forman. Había un cargo entre ella y él, pero aún así, Matt Forman seguía siendo su jefe principal, ya que era el jefe del departamento de Misterios y ella trabajaba dentro de ese departamento.

Se acercó por detrás de él, aprovechando que no debía de esperarla ya no había nadie por la zona pues todos ya se habían ido y llamó su atención colocándose a su lado y mirándole con un gesto divertido—Me ha dicho un pajarito que hoy me llevarás a un sitio muy bonito. ¿Es eso verdad? —preguntó la chica, haciéndose la sorprendida.

Tenían por costumbre ir de vez en cuando a tomarse algo juntos, pues los dos tenían bastantes cosas de las que hablar y la verdad es que congeniaban de maravilla y, por norma general, a no ser que alguno tuviera otros planes, solían salir los viernes después del trabajo para desestresarse y empezar bien el fin de semana. Obviamente Sam prefería quedarse en casa viendo una película, comiendo helado y leyendo un poco, pero debía de admitir que salir con Matt era bastante divertido y uno de los pocos que le alentaban a ello.

¿O no? —añadió a la pregunta, apartándose para ponerse a su lado y caminar junto a él por el pasillo, para llegar un pequeño hall en dónde estaban los ascensores. El departamento de Misterios era el zulo. Era donde menos gente había, con diferencia y el de la planta más baja, por lo que parecían estar en el culo del mundo—El viernes pasado elegí yo, así que te toca. Pero no me lleves a ese sitio raro de la otra vez, olía fatal y la gente bailaba como si tuviera esquizofrenia. ¿Te acuerdas aquel tío de la entrada que nos dijo que si queríamos entrada VIP? Yo creo que eso incluía una bolsa de todo tipo de drogas para volverse loco allí dentro —comentó la chica con algo de diversión.

Y debía de admitir que por mucho que fuera su jefe, propiamente dicho y con todas las letras, le parecía tan simpático que podía tratarlo con todo el respeto tanto fuera como dentro del trabajo y, a la vez, con una complicidad envidiable—¿Dónde quedamos?

Entraron al ascensor y la chica pulsó el botón que los llevaría a la primera planta, en dónde estaban las chimeneas de la Red Flu. Podrían haber hablado por carta a la tarde, pero total, ya que se habían encontrado, mejor dejar las cosas claras ahora y así podrían descansar por la tarde, que no sabía él, pero Sam estaba cansadísima y aún tenía que ir a correr para suplir su dosis de deporte del día.

-

Ya llegada la hora, Sam se había preparado y estaba totalmente lista a las 22:55 pm. Se había alisado el pelo y se había pintado los labios de rojo, además de ponerse un vestido de flores que le llegaba por encima de la rodilla, unos tacones marrones claros y un bolso del mismo tono.

Se apareció en un sitio cercano de dónde había quedado con Matt y comenzó caminar hasta el lugar exacto, buscándole con la mirada.
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Matt Forman el Jue Sep 24, 2015 1:10 am

Otro día laborable que llegaba a su fin. El mejor día laborable porque llega el fin de semana y, a no ser que haya un accidente o una emergencia, puedo despreocuparme por completo de los Misterios. Por norma general los viernes salía a tomar algo. Unos con colegas del trabajo. Colegas a los que dentro del Ministerio llamo subordinados. A veces con Sam. Y en contadísimas ocasiones con Caleb. Cada día que pasa se hace más caro de ver, la paternidad afecta. En esta ocasión había apalabrado salir a tomar algo a un lugar de ambiente con Sam. Ella no es una mujer corriente. Adorable, sexy y muy femenina, pero tiene una sola pega. Le gustan las mujeres. En cierta manera no es una pega. Una mujer a la que le gustan las mujeres tiene muchas ventajas y muchas oportunidades. Su pega es que solamente le gustan las mujeres. No quiere penes en su vida. A mi me quiere, pero como amigo. Desde el primer día congeniamos. Sobre todo después de intentar ligar con ella y que tajantemente me dijese que no le gustaban los hombres. Yo le dije que a mi si, y nos reímos bastante. Como está en mi departamento a veces me la cruzo, y es divertida. Lo que mejor se me da es sacarla de casa, que no le gusta la fiesta de ninguna manera, y mi misión en la vida es enseñarle lo que se pierde si se queda un fin de semana encerrada en su casa.

Pensando en la reina de Roma, por la puerta asoma. No me dio susto porque estoy bien entrenado aunque sigue sin gustarme que me pillen desprevenido y por la espalda. Sam salía muy tarde del trabajo y nos encontramos cerca de las chimeneas. Se situó a mi lado para preguntar directamente que íbamos a hacer esta noche. Dijo algo sobre un sitio muy bonito, y lo que tenía en mente lo era, pero desconozco si será de su agrado. Habrá muchos penes, quizás demasiados, pero ninguno interesado en ella. La última vez eligió ella el local y esta vez elegía yo. Mi últimos elección no fue muy acertada. Puedo beber hasta caer redondo pero no soy amigo de las drogas, y en aquel local las vendían incluso en la puerta. La gente bailaba mal, y raro, y todo el mundo hablaba como si le hubiese atropellado un autobús. Por no hablar de los que salían del baño con más harina en la nariz que un panadero.

- Esta vez me he documentado un poco mejor. Vamos a ir a un sitio muy selecto. Estoy seguro de que te encantará. Te aviso que puedes vestir como gustes que nadie va a comerte con la mirada. Excepto yo, ya lo sabes. Pero solo un poco.

Sam sabe que es hermosa a rabiar y que, como hombre sexualmente activo, sus curvas me gustan más que a un conductor de Formula 1. Lo sabe tanto como yo sé que no tengo nada que hacer con ella. Además me cae bien, es mi amiga. He aprendido a no mirarla de ese modo. Casi nunca.

Llegamos a las chimeneas y no habíamos acordado donde encontrarnos. Le dije que en el lugar de siempre. Nos pilla a medio camino a los dos y podemos llegar a los locales a pie sin necesidad de aparecernos cerca. No se puede hacer uno la idea de lo que se usan los callejones cercanos a ese tipo de locales. Es una locura. Dejé que ella desapareciera primero y luego lo hice yo. Quería llegar a casa, quitarme los zapatos y tumbarme en el sofá un par de horas. Después invertiría mi tiempo en arreglarme y ponerme elegante para salir.


- - -


Sam estaba bellísima caminando hasta mí con su vestido ondeando, sus tacones resonado en la acera y sus labios rojo pasión. Me acerqué a ella y la tomé del brazo con galantería. Se le daba muy bien arreglarse o es que la naturaleza le ayudaba bastante, pero estaba muy guapa. Impone en cierto modo. Por eso en ocasiones las mujeres la miran con miedo de acercarse. Quiero alejarme de los falsos criterios, pero Sam no parece una lesbiana camionera. Es una señorita de pies a cabeza.

- Luces genial. Todo el mundo va a comentar tu look allá donde vamos. Pero siento decirte que no vas a ser la reina del baile...

Dejé todo el misterio en el aire para no decirle directamente donde íbamos. Es mejor que se vea ella misma la sorpresa al llegar. El local estaba unas calles más lejos. Cinco minutos caminando a lo sumo pues justamente cruzamos dos avenidas y ya habíamos llegado. El letrero grande de la entrada, luminoso, rosado y con la palabra Chic anunciaba que allí se juntaba la cream de la cream. Había sacado las entradas con antelación y las mostré al portero, al cual le hice un confundus de forma disimulada para que no se fijase en que Sam era una mujer real, que nos atendió sonriente y nos dejó pasar sin rodeos. La entrada incluía barra libre de copas y chupitos en el local. Entrada en la zona VIP y una botella de champagne. Es todo lo que se puede necesitar en una gran noche. Luego tendría oportunidad de explicarle a Sam lo que la entrada, plastificada, nos regalaba. Al entrar pudimos ver a los gogós, todo hombres musculados; los camareros, todo hombres musculados; los bailarines de la pista; todo chicos musculados... Todo hombres, para resumir.

- No suelen permitir la entrada de mujeres, a menos que sean travestis y conserven su pene. Eres una privilegiada. ¿Te gusta?

Sería yo el que podría sentirme en mi salsa en una disco repleta de hombres bailando apretujados. Nadie iba a mirar a Sam. Quizás algunos, como yo, que son bisexuales, pero ella sabría como frenarles. Bailar, beber, subirse encima de la barra... Todo le iba a estar permitido, sin que nadie intentase tocarle por error una teta, o de intentar mirar debajo de su corta falda. Pero si no le gusta iremos a otro lugar. Puede no gustarle estar rodeada de tantos hombres a los que ni desea ni la desean.
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Sam J. Lehmann el Jue Sep 24, 2015 6:37 pm

Cuando dio con Matt y llegó hasta él, dio un pequeño giro cuando su amigo le dijo que lucía genial. Su siguiente comentario le sorprendió, sobre todo por el final. Sam era de esas chicas que prefería mil veces pasar desapercibida, pues le incomodaba mucho ser el centro de atención, por lo que más que algo malo, lo vio como algo bueno—Mejor para mí, sabes lo poco que me gusta destacar —dijo, sujetándole del brazo para caminar junto a él. Mucha gente dirá: ¿Cómo es posible que no te guste ser el centro de atención? Pero no, ser un objeto de admiración que recibiera todas las miradas era algo que a muchos podría subirles el ego, pero a ella no.

Caminaron por las calles mientras hablaban animadamente de cosas banales, aunque la chica sobre todo recalcó la tremenda siesta que se había echado esa misma tarde para poder aguantar. Además, después de una buena siesta, siempre uno se levanta con ganas de quemar todas esas energías ganadas. Tras unos cinco minutos, llegaron a un pub que por fuera tenía muy buena pinta. Apenas sin quedarse mucho tiempo en la puerta, Matt sacó unas entradas y ambos entraron al interior rápidamente. Daba gusto ir con las cosas tan bien preparadas y no tener que hacer colas enormes para entrar. Una vez dentro la música estaba alta, pero a un volumen perfecto para poder hablar con tu acompañante. ¿La verdad? Sam ni se percató en el hecho de que solo había hombres, por lo menos no hasta que Matt habló. El comentario de su amigo le hizo abrir los ojos de par en par, ya que no se lo esperaba para nada que le llevara a un local gay—¿En serio? —casi como autoreflejo, sonrió—Es decir… el ochenta por ciento de los hombres que están aquí dentro pensarán si tengo un pene debajo de esta falda, ¿no? —dijo, echándole una mirada con un poco de reproche—¿Pero sabes qué? No me importa que se cuestionen que tengo entre las piernas —añadió finalmente, ya que lo que pensara gente desconocida de ella le daba exactamente igual—Y claro que me gusta. Sabes lo mucho que me encantaba sacar mi vena bailarina, esa que se me da tan mal, sin que me acosen —dijo finalmente, dándole a entender que ella estaba encantada con el lugar.

Odiaba, por una parte, a esas mujeres criticonas que siempre están buscando mal rollo por todas partes. Que la gente dirá que son solo los hombres, pero no es así. Las mujeres estaban muy locas. Y también odiaba a los hombres chicle, como los llamaba ella, esos hombres que creen que pueden seducirte pegándosete al culo y no dejándote en paz en la discoteca. Lo peor de todo es que si les decía que era lesbiana, una verdad totalmente absoluta, ellos decían: “Anda, no pongas excusas”. De verdad, ir a discotecas era todo un deporte de riesgo para alguien tan sencilla como lo era Sam. Ella lo único que quería era meterse en la pista de baile y volverse loca.

Persiguió a Matt hacia donde le llevaba y terminaron, con una botella de champagne, en una zona de color rojo que parecía ser la de los ricos, es decir, la gente que pagaba por tener privilegios. Miró a su alrededor, quieta delante de un gran sillón rojo—¿Zona VIP? —preguntó sorprendida, con una sonrisa que parecía de lo más impresionada.

Zona VIP —dijo un camarero que se había acercado hacia ellos, musculoso y sin camiseta. Tenía los ojos azules y una barba perfectamente perfilada en su mandíbula cuadrada—Es raro ver a una chica por aquí —dijo, con una sonrisa afable—Cualquier cosa me llamáis, que os traigo lo que queráis —añadió, guiñándole un ojo a ambos.

Sam se tiró en el sofá y miró a Matt con diversión, cruzándose de piernas—Ese no ha tenido duda alguna de que no tengo nada colgando entre las piernas. Le hace un favor a mi lado femenino —dijo la chica, ya que estaba la posibilidad de que la gente se preguntara si la chica en realidad fue un chico, algo que si se la gente se lo planteaba, es que muy femenina no podía ser.
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Matt Forman el Miér Sep 30, 2015 12:51 am

No estaba muy seguro de si a mi amiga le iba a gustar lo que tenía planeado para esta noche, por lo poco que la iba conociendo me daba la impresión de que si puesto que es un local totalmente repleto de hombres gays. A Sam le encanta pasar desapercibida y no llamar la atención de los hombres. Es lesbiana, le gustan las mujeres exclusivamente, de modo que es un ambiente perfecto para que ningún hombre intente ligar con ella. Se lo comuniqué una vez dentro del local. Por el momento no parecía disgustada, más bien al contrario. Se mostraba encantada con la idea de poder bailar sin sentirse acosada sexualmente. Parecía divertirle el pensar en que es los hombres pensarían de ella. Si tenía pene o no debajo de la falda. El ochenta por cierto de los hombres que bailan desenfadadamente en este local quieren a otros hombres con pene, la simple visualización de una fémina les asusta. El otro veinte por cierto es muy variado. Unos se sienten, al igual que yo, atraídos por ambos sexos. Probablemente menos de un diez por ciento sienta curiosidad por los transvestidos y/o transexuales. Y posiblemente yo sea el único enfermo de la sala que opina que una persona que tenga pechos y pene es el mejor invento del mundo.

- Muy pocos hombres aquí van a sentirse atraídos por una mujer con pene, créeme. Hay otro tipo de locales especializados en transexuales o transvestidos aunque aquí no se les vete la entrada.

Se lo expliqué a Sam para que le quedara claro que si algún hombre la miraba era porque le gustaba su peinado, odiaba su rostro perfecto, o adoraba su vestido. Me alegré tanto al saber que ella estaba encantada que la llevé hasta el reservado para tomar esa botella de champán que nos ofrecen con la entrada VIP. Nos sentamos en los sillones cómodos en una sala apartada del epicentro de la fiesta, donde se podía conversar aunque la música del local se escuchaba de fondo. Un camarero sacado de una revista de gays de gimnasio se acercó a nosotros. Nos trató de maravilla con esa simpatía fingida que tan bien saben interpretar. No dudó en sacar a relucir lo extraño que era ver a una mujer en el local al ver a Sam y esta parecía encantada al ser tratada como lo que era.

- Al ser un local para hombres, tienden a pensar que todo son hombres aunque lleven vestido. Yo he querido hacerte experimentar lo que es bailar y pasarlo bien en un sitio donde nadie va a insinuarse o hacerte proposiciones cada vez más indecentes. Es normal que se fijen en pequeños detalles que muestran que no eres ni has sido un hombre nunca en tu vida.

Cogí la botella leyendo un poco por encima la procedencia de aquel champan antes de servirle a Sam una copa y a continuación la mía. Simplemente comprobé que la calidad correspondía con el precio de la zona reservada. Lo cierto es que se lo habían currado bastante bien. Saboreé el espumoso recordando el porqué odiaba aquel tipo de bebida. Las burbujas se suben muy rápido. Una copa y no más, me dije.

- Uno de los rasgos que muestra que no eres un hombre es el cuello. A los hombres se nos sale la nuez al tragar. Eso es así. - dije exagerando al posición del cuello para que se me marcase. - Además, tienes los pies y las manos de un tamaño normal de mujer. En las muñecas también se nota, en la voz... Y, dejemos el tema. Les das igual tu. Desde que me han visto entrar todos quieren llevarme a casa esta noche.

Me reír descaradamente. Sam sabía tan bien como yo que pese al tono de broma ese era mi verdadero pensamiento. Ese ochenta por ciento de hombres totalmente homosexuales quiere follarme. Podemos subirlo a noventa al incluir a los bisexuales. Pero todo eso me da igual. He llegado a la madurez mental y ya no salgo para ligar. Vengo a divertirme. Hoy es mi noche con Sam. Solamente me divertiré si ella lo hace. Quizás sea eso lo que me hace tan interesante. Me ven bailando sin intentar nada con nadie e inmediatamente le intereso a todo el mundo.

- Para empezar bien la noche, brindemos por la diversión. - grité alzando mi copa y tomando otro sorbo. - Pero antes de divertirnos vamos a ponernos al día. - dije sacando mi vena de amigo cotilla. - Que te veo a todas horas en el Ministerio pero no nos da tiempo de hablar de nada. Dime si hay alguna mujer que te quite el sueño. También puedes contarme como te lo quita, - le dije alzando las cejas de forma cómica. Me refería a quitarle el sueño de forma sexual. - con pelos y señales por favor.

Esto último también fue dicho en tono de broma ocultando un pensamiento del todo real. Dos tías montándoselo me pone. Empiezo a pensar que tengo algún tipo de trastorno. Me gusta pensar en mujeres, en hombres, en mujeres desnudas con otras mujeres, en hombres desnudos con otros hombres, en mujeres y hombres desnudos... Bien pensado, tengo una variedad sexual que muchos envidiarían. Soy muy afortunado.
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Sam J. Lehmann el Miér Sep 30, 2015 3:00 pm

A Sam le dio la sensación de que Matt estaba bastante experimentado en el tema de locales de ambientes a los que asistir y de los distintos tipos que había. Le pareció sorprendente por una parte, aunque no tanta por otra. Al fin y al cabo, Matt era increíblemente extrovertido y se le veía un hombre tanto de negocios como de diversión, por lo que no le extrañaba lo más mínimo que supiera tanto de lugares a los que salir en dónde se sintiera cómodo. Totalmente lo contrario a Sam. Era la primera vez que iba a un lugar de ambiente y jamás había ido a ninguno de solo mujeres.

Una sonrisa salió de sus labios ante la sinceridad de Matt—Con lo que me gusta bailar sin tener que preocuparme de que algún tío me arrime la cebolleta… —sonrió entre divertida y risueña por la expresión. Era muy incómodo tener que decirle a los hombres que no estaba interesada en sus encantos masculinos.  Matt dio por sentado que casi ningún hombre confundiría a Sam con un hombre porque tenía rasgos muy femeninos, motivo principal de que Sam le mirase con gratitud y algo de diversión en los ojos—Gracias, tú también me ayudas a que mi lado femenino se sienta mucho mejor —admitió, antes de soltar una divertida risa ante el comentario de puro ego de Matt—¡Baja ego, que Matt te ha quitado el puesto! —dijo divertida, con esos ojos entrecerrados de manera risueña—Y tonto es el que no quisiera llevarte a su casa. No me irán los hombres, pero tengo ojos —dijo con una sonrisa pícara, mirándole de arriba abajo. Había que admitirlo, Matt Forman era un hombre increíblemente atractivo y Sam lo sabía. Solo esperaba que no se fuera con ninguno esa noche y le dejara en un local lleno de gente desconocida.

Sam se sentó al lado de Matt en aquel cómodo sillón, recibiendo una copa del champán que su mismo jefe le había servido. Apostaría cincuenta galeones que a cualquier otra persona le resultaría incómodo salir con su jefe a un local de ambiente, pero entre ellos había una complicidad bastante extraña. Posiblemente porque desde un primer momento tuvieron plena confianza. Sam probó el champán y arrugó el ceño cuando notó las burbujas y ese sabor amargo—¿Se supone que debe de estar rico, verdad? —preguntó divertida, aunque después el sabor que se le quedó en la boca no estaba tan mal.

Mientras él hablaba de ponerse al día, Sam continuó bebiendo del champán y cuando le escuchó hablar casi lo escupe y le sale por la nariz. Se llevó la mano a la boca, intentando ocultar una sonrisa entre incómoda y tímida—¿Qué? —soltó por lo bajo, totalmente avergonzada por la pregunta. Sobre todo la segunda pregunta. Se le subieron los colores hasta las mejillas y había bajado la mirada momentáneamente—Siento informarte de que no hay ninguna mujer que me quite el sueño, de ninguna de las maneras que insinuas —Se encogió de hombros, frunciendo los labios en señal de inconformismo—Creo que nunca nadie me ha quitado el sueño de esa manera… —comentó, algo pensativa, dándose cuenta de que lo que había dicho podía malinterpretarse—Es decir, no me lo ha quitado porque esté enamorada ni nada de eso... De la otra manera sí —Y, de repente, debido a esa matización innecesaria, volvió a sentir como el rostro se le encendía— Vamos, que no hay nadie —Y rápidamente volvió a beber del champán.  

Sam sabía lo que era el amor, lo había experimentado tanto con su familia como con su mejor amigo, pero jamás había estado enamorada de nadie. Las únicas experiencias que había tenido había sido en la universidad, pero hacía muchísimo tiempo que ni tenía una cita ni conocía a nadie que realmente le interesara. A veces tenía la sensación de que no iba a conocer a nadie nunca, pero realmente no tenía prisa ninguna ni se esforzaba por ello.

Se terminó la copa de lo que bebió por la timidez, aunque Matt tampoco es que le hubiera echado demasiado. Miró a su amigo y jefe, intentando apartar la atención de ella y de su triste vida amorosa, la cual era totalmente nula—Yo me supongo que tú estás totalmente libre de ataduras, ¿no? Por el Ministerio corren tantos rumores sobre los jefes que ya no sé ni qué pensar —le dijo, mirándole de reojo—¿Es verdad eso que te tiras a la nueva del departamento de Seguridad Mágica? ¿A la francesa? —preguntó curiosa, ya que ella rara vez solía creerse los rumores. Pero vamos, la francesa era una mujer de muy buen ver… Hasta ella se había fijado. Así que con los encantos que tenía Matt, no le parecía nada raro que fueran ciertos.
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Matt Forman el Lun Oct 05, 2015 12:23 am

En estos meses había experimentado la fiesta en diferentes locales, y en mayor o menor medida todos me gustaban. En un ambiente solamente de hombres me siento a gusto porque siento todas las miradas en mí. Soy como una tarta de chocolate en el escaparate de una pastelería. Hay tartas de nata y nueces, pero el chocolate gusta a todo el mundo. En los locales mixtos uno se pierde. Hay mujeres y hombres, mezclados, y estallan bombas. Es curioso lo que uno puede llegar a ligar en un local mixto. La última vez que fui, y ya hace semanas de eso y de momento no me planteo el volver, tuve sexo con una mujer en el baño. Estaba muy metido en la idea de que todas las mujeres buscaban estar con otras mujeres y dirigí mi radio sensual solamente a los hombres. Pero una chica tropezó conmigo en el pasillo del baño se podría decir que me forzó a tener sexo con ella. Me explicó, bastante escueta, que era bisexual pero que su novia no la entendía y se le antojaba un pene aquella noche. ¿Cómo resistirse? Le di lo que quería y me fui a casa pensando en no volver más a ese lugar.

En este local se estaba bien, había clase. Sam parecía a gusto y eso era suficiente para mi aquella noche. Lo ideal sería sacarla a un lugar donde se le abalanzaran las mujeres encima. Sam es un pivón. Rasgos bonitos, forma ideal, simpática y un poquito tímida. Es muy mona. Lo que intento es sacarla de fiesta para que se deje llevar, y cuando esté descuidada meterla en un antro de bolleras para que se vaya a casa acompañada aunque sea para una noche. A mi me ha dejado claro que los tíos no le van, por más que le suba el ego diciéndole lo guapa que es. Me reí cuando gritó que bajara el ego que subía yo. Me gusta Sam porque no me juzga, sabe como soy y se ríe conmigo. A veces de mí. Pero normalmente conmigo.

- El día que cambies de acera me avisas a mi primero. Con una mujer como tu incluso me plantearía el matrimonio.

Solía decirle a menudo cosas como esa a Sam. Es divertida, no me juzga, es guapa... No se puede pedir mucho más. Además, por la cara que pone, no le está gustando el champán. Y hace unas galletas buenísimas. Es la mujer ideal. Dejé la copa vacía sobre la mesa con intención de no tomar más. Prefiero beber algo rico. Iba a llamar al camarero pero Sam bebía tranquilamente y yo tenía una pregunta en la punta de la lengua que no podía parar. Mi querida amiga por poco se ahoga al escucharme hablar. Intenté no reírme pero me parecía adorable su forma de expresar que no tenía pareja y que no había estado nunca enamorada.

- El próximo día iremos a un club exclusivo de mujeres. Podría tomar poción multijugos y hacerme mujer por unas horas para poder entrar contigo. - puse mi mano sobre la barbilla en pose reflexiva. - Sería muy divertido tener tetas. Bueno, y tu tendrías oportunidad de ligar a mares.

Algo le decía que no era lo que Sam quería. Es de ese tipo de personas que necesitan amor, compromiso y lealtad. No creo que eso se pueda encontrar en un rollo de una noche, pero lo que si encontrará es a un montón de bolleras que se morirán por atenderla y la harán sentir guapa, deseada y bien. Le subiría bastante el ego. Quiera o no quiera nuestra próxima salida, o nuestra próxima parada según como se de la noche, será un club de bollos. Hice venir al camarero musculado que nos observaba desde la barra mientras Sam me preguntaba sobre una francesa.

- No, no me la tiro porque nadie me la ha presentado. ¿Quién es? He estado demasiado ocupado últimamente, casi no salgo del despacho.

El chico acudió como un perrito faldero al que el amo le silva para hacerle venir. Le pedí un vozka de cereza, bebida deliciosamente dulce que se puede pedir en un local gay sin que te miren raro. Esperé a que Sam pidiera otra cosa, si es que no quería continuar bebiendo esa asquerosa bebida espumosa, para contarle algo de lo que aún no le había hablado. Antes de empezar me cercioré de que el camarero hubieses desaparecido para buscar nuestras bebidas.

- Lo que si tengo es un rollo bastante serio con un chico divino. Conoces mi aversión por las relaciones formales, y me asusta que esto se desarrolle en algo serio. Pero es tan...perfecto. En realidad tengo un lío tremendo en la cabeza. Bebamos para olvidar.

El camarero llegaba con las bebidas y le agradecí con un guiño. No me lo intentaba ligar, simplemente disfrutaba en aquel local calentando al personal. Le di un sorbo corto disfrutando del sabor dulce de la cereza. Espero que mis labios no se queden del color rojo de la bebida. Estábamos muy acomodados en el sofá, hablando como dos amigos que se cuentan los secretos más vergonzosos, pero esto no podía acabar así. En un momento u otro tendremos que bailar, y me da igual si lo hacemos aquí o en un local de bollos.
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Sam J. Lehmann el Mar Oct 06, 2015 12:15 am

Sam veía muy negro eso de cambiarse de acera, otra vez. La idea del matrimonio le pareció adorable viniendo de alguien como él, sobre todo por lo que sabía de su increíble antipatía por el compromiso con alguien. Pero vamos, si algo tenía claro Sam en su vida, aparte de que los erizos de mar eran el diablo hecho animal, era su sexualidad. A los hombres los veía guapos, pero no encontraba ninguna atracción hacia ellos; las mujeres, por otra parte, siempre habían venido acompañadas de curiosidad y algunas despertaban en ella algo que ni ella misma sabía identificar. Algo que, en un principio e incluso en la actualidad, hasta ella misma se cohibía por su timidez—Serás el primero. Creo que puedo decir con total seguridad que serías mi hombre perfecto —le dijo, poniendo su mano en el corazón en un gesto romántico—Pero déjame advertirte de que dudo mucho que eso pase —añadió en un gesto demasiado optimista.

En realidad, si se ponía a pensar, tenía muchos amigos pero ninguno con el que siquiera pudiera imaginarse en una relación si fuera heterosexual. William era demasiado bajito para ella y era como un hermano para Sam, como Henry. Y luego estaba Sven, que era en la misma proporción que ella tanto en alejarse de compromisos como en timidez por lo que una relación entre ellos dos sería cuánto más desesperante.

Por un momento Sam iba a negarse rotundamente a eso de ir a un club solo de mujeres, ya que eso, por mucha controversia que pudiera crear, no le parecía nada guay. Pero nada de nada, prefería mil veces que le “arrimara la cebolleta” algún chico, ya que era mucho más fácil quitárselo de encima. Pero si una chica lesbiana va a un lugar de ambiente de mujeres suelen malinterpretarse intenciones que claramente Sam no tenía. Pero no pudo negarse, ya que Matt dijo algo que Sam no pudo pasar por alto—Iba a decir que no rotundamente, pero me has convencido —dijo con una sonrisa—¿Tú de mujer? Oh, por favor. Eso tengo que verlo con mis propios ojos. ¿Rubia? ¿Morena? Yo creo que te pega ser una mujer pelirroja y sexy —agregó, para luego asentir con la cabeza a su pensamiento—Sí que es divertido tener tetas —le dio la razón, llevándose la mano al rostro para reír—Pero no, si me vas a obligar a ir a un sitio de esos será contigo como chica y para ver cuánto eres capaz de ligar tú. Apuesto que romperás corazones —aseguró, dando por hecho de que si ya con su encanto masculino los rompía, no iba a haber duda de que la otra manera también.

Le preguntó por la chica francesa, pero al parecer Matt no tenía ni idea de quién era—Yo tampoco la conozco personalmente, solo la he visto. Supongo que no ha tenido que tratar directamente contigo para nada —dijo Sam, ya que tampoco es que ella supiera mucho del tema. Sabía lo que había oído y sabía cómo era la mujer porque la había visto en la cafetería.

Sam se pidió lo mismo que él, por una parte porque adoraba probar cosas nuevas y, por otra, porque tampoco es que fuera experta en bebidas alcohólicas. Ella solía beber cosas suaves como malibú, pero el toque a cereza llamó su atención. Tanto, más o menos, como la noticia de que Matt había conocido a un chico con el que tenía un rollo serio. La boca de Sam formó un perfecto círculo con sus labios, mirándole incrédula—¿En serio? —preguntó antes de que dijera que bebieran para olvidar—¡Claro que no! ¡Espera, espera! —dijo estresándose por momentos, se mantuvo callada cuando el camarero volvió con las bebidas y se las puso delante y, cuando ya se hubo ido, volvió a mirar a Matt—¡Nada de beber para olvidar! ¡Cuéntamelo! Adoro las historias de amor —dijo soñadora, para luego mover la mano al darse cuenta de que había dicho "amor" y a veces esa palabra es sinónimo de histeria—O historias de pareja, como quieras llamarlas, no te sientas presionado por mi emoción… —dijo, mordiéndose levemente el labio inferior para coger su bebida y sorber por la pajita un poco, estaba fría y era dulce—¿Cómo se llama? ¿Cómo pasó? ¿Voy a tener que preguntarte los detalles? —añadió visiblemente emocionada. Ya que su vida amorosa era una constante elevada a cero, cualquier novedad de ese tipo  que no fuera un “rollo de una noche”, despertaba en ella su sentido del romanticismo.
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Matt Forman el Jue Oct 08, 2015 1:51 am

En muchas aspectos Sam era la mujer perfecta para mí. Su único defecto es que no le gustan los hombres. Siempre que puedo le recuerdo lo guapa que es. Algunas veces soy un poco más soez y le digo lo buena que está. Y en contadas ocasiones le pregunto si se dejaría follar estando borracha. Como no quiero que me crucen la cara, esa pregunta la hago muy de vez en cuando. Pero es cierto lo que le digo sobre que me casaría con ella sin dudarlo. Nos divertiríamos mucho. En la cama podríamos invitar a chicas, y lo pasaríamos en grande los tres. Todo ventajas. Pero a Sam no le gusto ni lo más mínimo. Seré su primera opción si se cambia de acera, cosa que no ocurrirá jamás. Lo que en realidad quería era verla ligando, siendo la mujer poderosa que parece que es, mandando en la pista y dejar a todas esas mujeres lesbianas babeando. Por eso le dije de ir a un club de chicas en otra ocasión, y no a este club donde todo son penes. Yo estoy en la gloria aquí, pero pienso en las necesidades de mi amiga también. Me dijo que si solamente por verme convertido en una mujer. Yo le ofrecía compañía para ir a ligar con mujeres y ella lo único que escuchó fue que yo, con total entrega, me convertiría en mujer por unas horas para poder estar con ella.

- Es increíble. Te ofrezco compañía, jugándome el respeto de los demás si soy descubierto, y te quedas con que sería una pelirroja muy sexy. Además, crees que ligaría más que tu. - la miré seriamente con cara de decepción. Esta mujer me va a volver loco. Lo haría por ella y se lo toma a cachondeo. - Que poco agradecida eres.

Tras pensarlo un momento me parecía una idea muy buena y muy divertida. ¿Podría tener sexo con mujeres siendo mujer? Eso ya sería sublime. Debo revisar los libros sobre transformaciones para ver si dicen algo sobre ello. Si voy a ser mujer por unas horas quiero serlo con todas las de la ley. No me vale ser mona y bailar, quiero poder disfrutar de todo. Bueno, de todo no. La menstruación me parece asquerosa, repugnante y dolorosa. Hace que las mujeres adorables se conviertan en ogros que saltan a la primera de cambio.

- Si prometes no reírte y no contarlo a nadie yo mismo consigo un pelo de mujer pelirroja y sexy. Se donde conseguir poción multijugos de calidad. Tu me dejas ropa y me ayudas con eso de arreglarse el pelo y el maquillaje, y vamos al local de chicas lesbis a ligar. Nada de tacones altos. ¿Hay trato?

Le tendí mi mano para que me al estrechase. Nuestro pacto quedaría sellado. Un día, cuando menos se lo esperase, me presentaría en su casa con el bonito cuerpo de alguna mujer a la que le habría robado un pelo para que me ayudase a elegir ropa, maquillaje y estilo para el pelo. Y no tendría otra opción más que acompañarme al local de fiesta para chicas, y pasarlo en grande.

Hablamos de pasada de la nueva chica francesa a la que a partir del lunes le seguiría la pista para ver quien es y si me interesa para algo. De momento no podíamos comentar mucho más puesto que Sam tampoco la conocía. Ella, al estar un eslabón por debajo del jefe, se enteraba de todos los cotilleos del Ministerio aunque fuesen absurdas burdas inventadas por trabajadores ineptos. Bebimos el dulce y sabroso vozka de cereza, especialidad de la casa, y continuamos cotilleando. Opté por contarle algo que era verdad, y se puso un poco histérica lanzándome muchas preguntas a la vez. Yo solamente quería beber y olvidar todo lo que Apolo me hace sentir. Pero Sam, la eterna romántica, quería saberlo todo.

- No te flipes. Que yo no he dicho nada de amor. Es ese chico que conocí en la fiesta de navidad del año pasado en mi casa, ya te lo conté. Que me besó a traición y casi tuvimos sexo con la casa llena de gente, pero obvio, nos interrumpieron. Resulta que hemos seguido quedando, y nos hemos visto bastante. Incluso hace unos días, antes de volver al trabajo pasamos un fin de semana juntos en Hawaii.

Dejé que Sam digiriese lo que le acababa de contar mientras tomaba un sorbo largo del vozka, tan largo que mi copa quedó vacía. Me entró sed al recordar la noche que pasamos en aquel hotel. Fue muy divertido y placentero. Apolo me gusta. Eso no significa que sea amor. Me gusta como es conmigo. Es muy seguro, muy serio, y tan sensual... Admito que lo paso bien con él. Lo considero un buen amigo. Un amigo con derechos. Con muchos derechos en realidad. Y eso me asusta bastante. Me da miedo que él crea que quiero algo más serio cuando yo estoy muy bien así. ¿O no? Además, está ese otro niño mimado. No me lo saco de la cabeza. Se indignó por mi actuación en la tienda, pero me dio la dirección de su casa. Luego invitaron a Lluna a su cumpleaños y le di yo el regalo para él, y ni siquiera una nota de agradecimiento o algo. Creo que ese es un caso perdido. Debería sacármelo de la cabeza por más que me recuerde tanto a Neil.
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Sam J. Lehmann el Vie Oct 09, 2015 4:07 pm

Podría decirse que teniendo en cuenta el afán de Sam por ir a lugares de ambiente dedicados especialmente al sector femenino, no se había tomado demasiado en serio eso de que Matt fuera de chica junto a ella. No porque fuera una desagradecida, sino más bien porque no veía a Matt tomándose una poción multijugos de verdad para acompañarla. Porque era eso. Sam no iría ahí sola ni en broma, pero con una compañía incluso se lo pensaba—Ah, ¿pero lo dices en serio? —dijo sorprendida, mirándole con una cara digna de fotografiar para la eternidad—¡No! —exclamó cuando dijo que era una desagradecida, tocándole el brazo en señal de que le prestase atención por su cagada—¡Pensé que estabas de broma! —indicó ante su indignación, nadie en su sano juicio diría eso en serio—Pero seguro que ligarías más que yo —dijo finalmente, básicamente porque Sam no ligaba. Y si ligaba lo hacía sin querer. Podría decirse que tenía la autoestima en un nivel medio, ni se consideraba guapa ni se consideraba fea, pero no porque tuviera ningún trauma o complejo, sino simplemente porque nunca se había visto potencialmente atractiva, simplemente como alguien normal. Además, simplemente no sabía "cómo se ligaba", ese manual no estaba entre sus libros a empollar en su juventud.

Matt no paraba de sorprender a Sam. Era increíble, de verdad. Jamás había conocido a nadie tan espontáneo como él, tan divertido y, a la vez, tan atento con las personas que le rodean. De verdad que no entendía cómo un partidazo como lo era Matt, aún estaba soltero. Pero lo que le estaba diciendo, era para no creérselo. La sonrisa que se le formó a Sam en los labios pasó de ser la típica inocente y contenta, a poseer un pequeño atisbo de travesura y ser un poco más juguetona. Alzó la mano y sujetó la de él, dándole un leve apretón que denotase que había claramente trato—Si haces eso por mí, te prometo no ser tan arisca con cada persona que se me acerque —le prometió. Ya que le ayudaba, por lo menos que fuera para algo. Dudaba mucho que encontrase en un lugar de ambiente a su pareja ideal, pero no perdía nada por intentarlo—Obvio no se lo diré a nadie. Pero… ¿No puedo reírme ni un poquito? Esa noche será para reírnos hasta asfixiarnos… —dijo, mordiéndose inocentemente el labio inferior—Pero me reiré contigo, con la pelirroja sexy, no de ti —recalcó finalmente, para que no se lo tomase a mal.

Sam adoraba con toda su alma las historias de amor de todo tipo. Adoraba las historias felices de amor, las comedias de amor, los dramas de amor… pero claro, vistos desde una perspectiva de tercera persona. Adoraba volcarse en una novela de ese tipo o ver una película rodeada de mantas y comida basura mientras lloraba a lágrima tendida. Para ella era el amor era algo idealizado, algo increíblemente especial que encuentras una vez en tu vida. Podría sentir cariño y sentimientos por muchas personas que pudieran confundirte y creer estar enamorada, pero para ella un auténtico amor solo existía una vez. Quizás se equivocara, o no. La verdad es que posiblemente por eso fuera una chica tan reacia que no quisiera precipitarse con nada pero a la vez volcarse en todo al ver una oportunidad que le llenase de emoción y esperanzas.

Así que cuando Matt le contó lo del chico con el que se había enrollado en su fiesta, Sam se emocionó. Vale, quizás no era nada, pero para ella ya era algo, prosperase o no. Su explicación fue bastante orientativa para Sam, pero cuando terminó de hablar, Sam abrió la boca con una sorpresa indescriptible—¿En Hawaii? —preguntó estupefacta—Es muy típico ir a Hawaii un fin de semana con un amigo con el que no hay nada… Sí… —Usó un sarcasmo palpable en el ambiente. No un sarcasmo hiriente, sino más bien de reproche divertido. Entonces se giró hacia él en el sofá y le dio un suave e inocente golpecito en el hombro—¡En Hawaii, Matt! ¡Uno no se lleva a otra persona a Hawaii a pasar un increíble fin de semana si no tiene más intenciones! Si solo hubiera querido pasar un rato contigo, te hubiera llevado a un hotel de la costa cutre de Londres —frunció el ceño, mirándole con reproche—Bueno, dime una cosa. Y si no ya me callo y te prometo que no te nombro más nada del tema, que sé que te incomoda… —Habían salido lo suficiente como para que ambos supieran perfectamente los temas “tabú” del otro. Por parte de Sam eran los detalles del sexo, sus dotes de ligoteo y los erizos de mar—¿Te gustaría que hubiera algo más entre vosotros dos o prefieres que todo siga como hasta ahora, con posibles fines de semanas en Hawaii esporádicamente, pero con el temor de que el día menos esperado desaparezca? —le preguntó, alzando una ceja—¡Pero sé sincero! Sabes que puedes confiar en mí.—Si algo bueno tenía Sam es que aparte de no juzgar casi nunca pues siempre intentaba buscar las razones propias para las acciones que se han hecho, era alguien muy pero que muy confidencial. A ella no le iba eso del "cotilleo" y rara vez contaba los problemas de unas personas a otras. Lo que a ella le contaran, no iba a salir de ella.
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Matt Forman el Jue Oct 15, 2015 12:51 am

Estaba hablando totalmente en serio a pesar de que podía parecer una broma. Tuve que convencer a Sam de que lo haría por ella. Convertirme en chica no es que me hiciese sufrir. Sería divertido poder tocarme las tetas todo el rato. Y la idea de divertir a Sam me parecía muy interesante. Podría reírse de mi, si, pero ambos estaríamos rodeados de mujeres. Sam es una preciosidad. Alguna posibilidad tendría de no irse a casa sola. A menos que sea eso lo que le gusta. Que yo no la juzgo, cada cual tiene sus creencias, pero es hermosa y tiene muchas posibilidades. Pero mi querida amiga es un tanto romántica en ese aspecto. Espera que llegue su mujer ideal a sacarla de la cárcel de cristal que ella misma ha construido a su alrededor. Y quizás eso no pase. Mi tarea como amigo es romper el cristal con el martillo de emergencias de la forma que sea. Si transformarme en mujer ayuda, por una noche lo hago.

- Podemos reírnos mucho los dos. Lo que pasa es que me surgen muchas dudas. ¿Puedo ser una chica coqueta? ¿O me pega más una chica masculina? Ya que me pongo prefiero ser toda coqueta. - le hice un gesto a Sam con la mano nada usual en mi. - Y lo más importante. ¿Crees que podría llegar a tener sexo con otra mujer mientras tengo el cuerpo de una mujer? Sería fabuloso...

Mi menté quedó atascada en un bucle infinito de pensamiento en el que hacía gozar como una perra a una mujer lesbiana siendo yo una mujer con unas tetas perfectas. Vale, mejor dejar de pensar en ello porque me excito. Sam, eso, Sam. Me prometía ser amable con las mujeres que se le acercasen. Eso ya es un punto a favor de mi transformación. El tema amoroso no era del agrado de Sam, pero necesito saber y por ella misma no lo cuenta, de modo que siempre debo preguntarle. Ya que ella no tenía nada que aportar el puse al día sobre mi estado mental. Le hablé de Apolo y del fantástico fin de semana que pasamos en Hawaii. Sin darle detalles, claro, no le gustan los hombres. No necesita escuchar como se lo montan dos hombres.

Pedí otra copa al musculado camarero que nos observaba desde lejos. Necesitaba un poco más de alcohol en mi cuerpo para abordar el tema. Sam y yo siempre nos hemos entendido en todo, desde el día en que me dejó claro que yo no le interesaba ni lo más mínimo sexualmente. Le comenté que me gustaban mucho los hombres y nos hicimos amigos. Pero resulta que ella cree que el amor existe y es algo que dura y dura, como las pilas alcalinas. Rodé los ojos y suspiré cuando me discutió que pasar un fin de semana en Hawaii no es algo que hacen los simples amigos.

- En primer lugar, si Apolo quisiera algo más conmigo me lo hubiese dicho. Pero nos estamos conociendo. Tenemos gustos parecidos en algunas cosas, y nos entendemos muy bien en la cama. Eso es todo. Eso no quiere decir que vayamos a casarnos. Y en segundo lugar, tiene muy buen gusto. No puede invitarme a un hotel cutre. Con él las cosas son a lo grande, al igual que conmigo. ¿A que no te he llevado al primer antro que he encontrado en el catalogo London Gay? Te he traído aquí porque viene gente con clase, no suele haber peleas, los camareros son guapos y tienen un aforo limitado. ¿Significa eso que es una cita súper romántica? Yo creo que no.

El camarero se acercó sonriente dejando las bebidas sobre la mesa. La mía iba acompañada de un papel con un número de teléfono. Dejé de mirar como se alejaba para prestar atención a Sam. Estábamos tratando temas serios pero de forma relajada. Es Sam, creo que llega a comprenderme aunque no comparta mis gustos. Le di un beso en la mejilla, no quería enfadarla al mostrarle mi modo de ver el mundo. Pero, le quedaba una duda. Esperé paciente a que me la planteara y ella tuvo que esperar mi respuesta porque me quedé un tanto descolocado. Ni siquiera me había pasado por la cabeza plantearme el poder perder de vista a Apolo. Pero tampoco podía plantearme una relación formal. Sería de locos. Aunque ya tengo una edad...

- Me gusta estar con él porque nos divertimos. Hay química. Es el hombre más perfecto que conozco. Me hace sentir como un adolescente inexperto a su lado. No se si me comprendes. Es todo tan nuevo para mi... Pero no me planteo nada formal porque no soy de fiar. Tu lo sabes. ¿Y si estoy con él y a los dos días me encapricho de otro?

A los dos días o ya mismo. Esa manera de ser de Luke me intriga. También quiero conocerle mejor y poder disfrutar de su compañía. Distingo muy bien que él no es Neil. Pero se parecen físicamente un montón. Y resulta tan adorable... Coloqué los brazos sobre la mesa, apartando la copa, y dejé caer mi cara encima. Que tremendo lío. Me levanté deprisa, agarrando la mano de Sam.

- Vamos a beber y bailar. Mañana tendré las cosas mucho más claras. Es la magia del alcohol. Si los médicos muggles lo supieran ya hubiesen descubierto la cura de ciertas enfermedades a día de hoy. ¡Fiesta! ¡allá vamos!

No esperé una negativa por parte de mi amiga. Terminé mi copa y la arrastré hacia la multitud e el medio de la pista. Allí podríamos hablar igualmente, pero dejando atrás los temas serios. Ya tengo bastante por hoy de ellos. Quiero divertirme. Aquí hay mil hombres que me llevarían a mi casa en brazos si se lo pidiera. Sigo sin entender porque la gente se conforma con uno. Yo no quiero, no es lo que deseo ahora mismo. Y si Apolo quiere dejar de hablarme por ello lo entiendo. Sufriré, si. Pero después de perder a Neil dudo que pueda sufrir nunca tanto.


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Sam J. Lehmann el Jue Oct 15, 2015 8:28 pm

La pregunta que Matt le hizo a Sam la hizo quedarse un tanto pensativa. ¿Chica coqueta o chica masculina? Él como hombre era todo un hombre masculino y atractivo, pero también era coqueto. Dependía mucho de la chica a la que cogiera para convertirse ese tipo de detalles. Por otra parte, Sam se puso a pensar en cómo sería su chica ideal, pero no tenía ni idea. Lo que sí que tenía claro era que no le atraían nada esas conocidas “lesbianas camionero”, si había algo que había hecho que Sam se diera cuenta de su férrea atracción por las chicas es que le atraían las cosas femeninas y no chicas que parecen chicos.

Sam sonrió algo divertida ante lo que le decía Matt. Solo a él se le podían ocurrir esas preguntas y esas ideas y posiblemente por eso a Sam le encantaba—Sabiendo lo ligón y lo fácil que se te da flirtear, serás la chica más femenina y coqueta de la fiesta —le aseguró divertida al ver su gesto con la mano. Eso sí, cuando nombró el tema del sexo, Sam tuvo que reírse solo de imaginarlo—Qué pervertido. Realmente te va todo, ¿eh? —preguntó con una mirada de lo más perspicaz—Lo que es poder, claro que podrás. Eso sí, asegúrate de que la poción dure hasta el final o será un momento muy incómodo cuando estéis las dos en la cama —le dijo, tratándola sin querer ya de femenino. Pero qué va, no podía tomárselo en serio, así que negó con la mano—Pero no lo hagas. ¡Es muy perturbador, Matt! —dijo finalmente solo de imaginárselo.

La lógica de Sam era totalmente lógica. Aunque suene redundante, es recalcable el hecho de que no siempre la lógica de una persona es lógica, ya que hay gente muy ilógica. A dónde quiero llegar es al hecho de que cuando una persona se esfuerza en otra persona es porque hay interés, sentimientos y agrado. Y no era desacertado pensar en que si Apolo se había tomado tantas molestias, es porque algo, por muy pequeño que fuera, había. Lo que pasa que las personas solían tender a negar lo evidente, a negar por el simple hecho de estar más cómodos y no complicar las cosas. ¿Pues sabes qué? Sam era todo lo contrario. Ella cuando viera una relación y la viera potencialmente especial, no dudaría en volcarse aunque eso supusiera su destrozo. Mejor arriesgar y ganar, a jugar siempre en la misma liga. No obstante, Matt también tenía razón y Sam no quería agobiarle con el tema ni tampoco molestarle—Tienes razón —Aunque tras una pausa, puso un gesto de sorpresa y algo de incredulidad—¿Qué esto no era una cita super romántica? —Apoyó con gesto de derrota su frente en el hombro de Matt—Qué decepción… —añadió, tomándose a broma el tema, ya que estaba claro que ambos tenían dos visiones bastantes distintas del asunto. Y era simplemente eso: dos opiniones de dos personas que entendían pero no compartían la del otro.

La siguiente pregunta que Sam le hizo fue crucial. Quizás no para ella, pero sí para él. Muchas personas no suelen plantearse un futuro con una persona que para ellos es algo del presente. Si algo tenía claro Sam es que si tú con una pareja no te ves futuro, es una pareja que no parece tener demasiado tiempo. Su explicación parecía tener lógica, pero también parecía la típica explicación que usan aquellas personas que tienen miedo al compromiso—Suena a excusa —dijo Sam, sonriendo a la par que le miraba con una ceja alzada—No hablemos de Apolo ahora, sino en general. Ya sabes que no soy experta en temas de amor, pero bajo mi punto de vista si algo te gusta, si algo te hace sentir bien y sobre todo, estás a gusto, no lo dejes escapar. ¿Y qué si a los dos días te encaprichas de otro? ¡Puede ser un simple capricho que no termine en nada o ser el amor de tu vida! —dijo Sam, ampliando la comisura de sus labios y adoptando una pose totalmente risueña—Quién no arriesga no gana, jefe —le guiñó un ojo finalmente, para coger su bebida y llevarse la pajita a los labios, terminándose todo lo que quedaba en su interior.

Justo cuando dejó el vaso, sintió como la mano de Matt tiraba de ella. Se puso de pie y se colocó la falda, la cual iba desde por encima de su ombligo hasta la mitad de sus muslos. No le gustaba que se le viera el ombligo. Persiguió a Matt hasta la pista de baile, donde había muchos hombres bailando. Una canción que conocía a la perfección empezó a sonar en la discoteca y los ojos brillantes de Sam comenzaron a buscar a los de Matt con la intención de comunicarle lo mucho que le gustaba esa canción mientras su dedo índice se señalaba al oído y señalaba al cielo. Comenzó a moverse con diversión. Sam no bailaba con movimientos lentos y sensuales. Que va, ella no tenía esa sintonía mujer-música en el cuerpo. Ella saltaba, se movía como si estuviera relatando la canción y bailaba junto a su pareja de baile de cualquier manera. Luego, lejos de hacer el ridículo, tenía unos pasos bastante chulos—¿Sabes qué? —preguntó Sam mientras seguía bailando delante de él—En realidad me alegro que estés soltero y que no estés con nadie, voy a dejar de animarte —dijo, aunque en realidad sonaba un poco mal—Me refiero a que seguro que un viernes por la noche, de tener pareja, la pasarías con él y no me obligarías a salir y a pasármelo tan bien —explicó el por qué de esa manifestación.

Aunque antes de poder decir nada más, un hombre muy simpático (quizás con demasiada pluma) se acercó a ellos con dos cócteles que tenían un tono lila, tendiéndole uno a cada uno de ellos—¡Que ven mis ojos! —dijo el hombre, acompañado de otro que se mantenía callado pero sonriente—Entre la divinidad de la ropa de esta mujer, ay me enamoran los estampados de flores… Y tú… —le dio un golpecito en el pecho a Matt—Me tenéis acalorado hoy —dijo, abanicándose con un posavasos que había encontrado en una mesa cercana—A esa os invito yo. ¡Pasaoslo bien! —dijo antes de darse la vuelta e irse moviendo el culo casi más femeninamente que como lo hacía Sam.

Sam miró a Matt y sonrió, probando el cóctel aquel—Apuesto a que no es tu tipo de hombre, ¿me equivoco? —le preguntó con la pajita en la boca, sorbiendo de aquel dulce cóctel que estaba riquísimo.
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Matt Forman el Mar Oct 20, 2015 10:01 pm

Estaba entusiasmado con la idea de robar un pelo a una pelirroja y usarlo para transformar mi cuerpo en mujer. Aunque surgían tantas dudas que resultaba abrumador. Sam tenía la teoría de que mejor ser una mujer coqueta que una masculina. Le hice morritos y le lancé un beso al aire. Es cierto, se me daría genial. Me intrigaba también la idea de tener sexo siendo mujer con otra mujer. ¿Se darían cuenta? ¿Al llegar al orgasmo saldría despedido un chorro enorme de semen masculino? Son preguntas que nadie puede responderme. Debo ser el único hombre que ha pensado en ello. Sam reía pero a su vez me aconsejaba que no lo hiciera. Más que nada por si se terminaba el efecto de la poción antes de lo estimado. Es sabido que el efecto puede durar una hora, no más. Debería conseguir una petaca y llevar poción conmigo para que no se vea alterado mi nuevo aspecto hasta que a mi me convenga.

- Si surge no pienso negarme. Pero mi idea es jugar de otro modo. Puede ser la chica que te acosa todo el rato, y quizás encuentres al amor de tu vida entre una multitud de chicas al rescate.

Es una buena táctica de ligoteo. Yo la acoso bailando o como sea, y seguramente haya una bollera justiciera que acuda en su rescate. Entonces yo desaparezco del mapa y Sam se queda en buena compañía. Éxito completo. Pero con Sam nunca se podía jugar sobre seguro. Ella es tan... de amor de canciones. Por eso me aconseja con el tema Apolo. Se cree que me llevó a Hawaii porque está enamorado de mi o algo así. Estas mujeres... Le expliqué mi modo de verlo y le sonó a excusa. Su consejo estrella fue que si estoy a gusto no lo deje escapar. Estuve a gusto cenando con él en mi casa, y en Hawaii. ¿Pero que más? Fidelidad, amor eterno... Puedo estar muy equivocado, pero Apolo no me parece así. Yo le gusto, eso puede ser, porque él me gusta a mí. Y lo pasamos bien juntos. Pero tampoco hemos hablado de ir más allá. Debo admitir que el tema me asusta. Por algún motivo no me atrevía a hablarle de Luke a Sam. Ni yo mismo tenía claro que me pasaba con él. Lo veo tan niño, tan inmaduro...y a su vez tan adorable y gracioso cuando se enfada...

- Ya veré si arriesgo, querida.

Dimos el tema por zanjado, al menos yo, porque cogí la mano de Sam para llevarla a bailar. Lo pasábamos genial aunque no éramos ni de lejos las reinas de la pista. Había un par de tíos que llevaban la coreografía aprendida de casa. Otros, que como yo usaban la táctica de inspeccionar la mercancía, pasaban mirando a todo el mundo con su copa en la mano y bailando levemente cuando veían a alguien que les gustaba. Muchos reparaban en Sam, pero ella bailaba muy alegremente pasando de todos. La miraban por ser mujer, no por ser mujer. La miraban por tener tetas, y no a las tetas. Su siguiente confesión me hizo sonreír.

- Si algún día tengo una pareja que no me deja salir los viernes, me matas. Estaré mejor muerto.

No salgo todos los viernes, ya no tengo veinte años. Los años de universidad terminaron hace tiempo. He madurado desde entonces. Pero me permito un viernes de vez en cuando para perderme por el Londres muggles para continuar usando mi magia y mi varita. También para ver a mis preciados amigos, para bailar, y para beber algo que no es vino. Alguien se acercó, un chico con dos copas, muy simpático y sonriente. Dijo que nos invitaba por lo bonito que era el estampado del vestido de Sam y por mí. Le sonreí amablemente dándole las gracias moviendo solamente los labios. Bebimos sin más, sin pensar en ningún momento que el chico aquel le hubiese puesto algo en la copa. Inconscientes. Negué con la cabeza al ritmo de la canción.

- No es mi tipo, no. Me parece adorable de todos modos. Pero me gustan los hombres masculinos y las mujeres femeninas.

No es que un hombre así me tirase para atrás, pero me resultaba demasiado escandaloso. Al igual que esas chicas rudas y masculinas, que no me parecen de confianza y dan miedo. Es como si te retasen a mirarlas, y si tus ojos se llegan a cruzar con sus tetas, te giran la cara soltándote alguna barbaridad.

- Copas gratis. - levanté la copa para brindar con Sam. - Acostúmbrate, muñeca, porque aquí me van a invitar muchos hombres. ¡Y cuando sea una pelirroja imponente me van a llover los chochetes! - después de hacer el baile de la victoria me di cuenta que había olvidado algo. - Y a ti también, a ti también.

Las copas me estaban sentando muy bien y empezaba a estar un poco borracho. Ese dulce estado de alegría efímera y efusividad. Cada canción era un himno. En ese momento el DJ anunció que esa noche se celebraba un concurso de belleza. El Mister Gay 2015. Los candidatos subían al escenario para bailar, y luego el público votaba mediante aplausos y silbidos. Me iba a descojonar de aquello con mi gran amiga, que me miraba de una forma extraña.

- No, ni de coña. No pienso presentarme a eso. Vamos a reírnos de los que suban, suena más divertido.

El chico más atrevido ya estaba preparado para bailar. Era como si llevase un año esperando aquel momento. La regla del concurso incluía que el ganador del año anterior no podía presentarse. Sonó la canción y las luces se volvieron locas encima del escenario. De pronto apareció un chico no muy alto pero con todo en su sitio colocado de forma excelente. Vestía con poco más que unos calzoncillos y bailaba mejor que nadie, moviéndose más que una bailarina de streptease. Me reí tanto que salpiqué un poco de líquido de mi copa en el suelo. Estúpidos muggles. Pero es divertido. Me terminé la copa para poder aplaudir y gritar como hacían todos. Miré a Sam con cara de pena, eso no debe gustarle. Por mi podemos irnos, o subir de nuevo a la zona vip. En sus manos queda, que pida por esa boquita de fresa.  
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Sam J. Lehmann el Miér Oct 21, 2015 2:20 pm

Sam observó a Matt de reojo cuando opinó que si era su chica acosadora podría encontrar al amor de su vida entre la pila de chicas que fuera a rescate. Si es que iba al rescate alguna… Matt tenía la ventaja de que siempre que salía solía ligar debido a su físico, a su atractivo y a su increíble personalidad. Él lo tenía muy fácil. Pero Sam no servía para esas cosas y el simple hecho de pensar de que habría alguna mujer que fuera al rescate de ella le parecía imposible. O muy poco probable como para imaginarse a más de una—No sé yo si eso funcionará… —Además, eso conlleva al hecho de que si por alguna casual funcionaba, iba a tener que quedarse a sola con dicha chica y a Sam no le gustaba esa idea. ¿Y si la rescatadora no le gustaba?—¿No podemos ser amigas? Seguro que conseguimos más siendo dos amigas solitarias que buscan compañía que tú acosándome —soltó como contraoferta, ya que si se imaginaba a Matt Forman siendo una pelirroja buenorra intentando acosarla… Iba a reírse, aquello no iba a funcionar—Además, me partiría de tenerte delante haciendo de acosadora. No soy muy buena actriz.

Matt sujetó la mano de Sam y ambos se dirigieron a la pista de baile para bailar. Por lo menos por parte de Sam, que desde que encontró su pequeño hueco en medio de todo el mundo, comenzó a bailar como a ella le gustaba. Ella no quería destacar, tampoco molestar a nadie, ella simplemente quería bailar. Liberar lo que sea que se libera con el baile y que te hace sentir tan bien. Y si lo hacías junto a un buen amigo y rodeado de personas que sabías al cien por cien que no iban a molestar, mejor qué mejor. Sam sonrió ante lo que dijo Matt. La cuestión no era que no le dejara salir (eso sería preocupante), si no el hecho de que él seguro que preferiría quedarse con él—Lo tendré en cuenta. Aunque si no te deja salir los viernes, mejor le matamos a él por posesivo, ¿no? —contestó la chica, con un guiño.

Una de las cosas que más le gustaba de salir con Matt, fuera al pub que fuera, es que era muy probable que le invitaran a cosas. Y normalmente, por compromiso, se invita al grupo entero, por lo que Sam también recibía ese tipo de bebidas gratuitas. En esta ocasión había sido un hombre un poco afeminado, motivo principal de que Sam pensara que no era el tipo de hombre que le gustaban a Matt. Y acertó, aunque claro que era adorable, eso no se lo quitaba nadie. Sam probó la bebida; era un cóctel muy dulce, pero que aún así no era empalagoso. Brindó con Matt y sonrió—Yo no sé cómo lo consigues pero siempre te llueve todo tipo de cosas —se quejó Sam—Cuéntame tu secreto —le pidió, sintiendo como el alcohol le estaba empezando a subir. Sam era bastante alta, pero también bastante delgada, por lo que copas algo cargadas le subían bastante rápido. Era la típica chica que debía de moderar lo que bebía o terminaba muy mal.

Luego la música cambió y allí delante comenzó un espectáculo en donde varios hombres subían al escenario para bailar con bastante poca ropa. Era un concurso de belleza y Sam no pudo evitar mirar a Matt con un gesto de lo más cómplice, animándole a subir ahí. Era increíblemente atractivo, seguro que si subía desbancaba a todos los demás concursantes. Pero él fue claro y la verdad es que Sam tampoco veía a Matt quitándose los pantalones mientras bailaba para todos. La chica se quedó expectante y boquiabierta ante el arte que tenía uno de los candidatos bailando. Quizás ese tipo de baile estaba dedicado a atraer y seducir, pero Sam estaba totalmente atenta a lo rápido que se movía y a sus precisos movimientos. ¡Si parecía un profesional! Ella desde muy joven que tiene asumido que los hombres no le atraen lo más mínimo, es como si los viera de una manera totalmente asexuada. No le atraían los músculos marcados, ni las espaldas anchas, ni el vello facial (características que suelen gustarle a las chicas), ella adoraba la suavidad de la piel, las miradas de las mujeres y esa delicadeza y curvatura que poseía el cuerpo femenino. Sam se acercó a Matt para hablarle al oído aunque estuviera mirando al hombre que bailaba—A ese seguro que le ganabas, ¡deberías subir! —dijo jocosa, terminándose aquel cóctel que a pesar de su dulzura, se notaba el toque a alcohol que tenía—Te propongo algo —dijo Sam, mirando esta vez a Matt con una pícara mirada—Si subes ahí y bailas, luego yo tengo que hacer lo que tú quieras sin rechistar ni negarme. ¿Qué dices? —Alzó una ceja, expectante de la respuesta de su jefe.

Si Matt subía ahí, seguro que ganaba. Ese hombre rebosa arte por todos los poros de su piel y Sam quería verlo ahí encima dándolo todo. Por otra parte, aquella proposición era el típico juego que en una noche podía llegar incluso a ser eterno, pues a medida que pasaba la noche cada reto se volvía más comprometido y, como venganza, le decías al otro algo todavía más comprometido. Y así hasta llegar a un bucle infinito de vergüenza y diversión a partes iguales.
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Matt Forman el Dom Oct 25, 2015 7:11 pm

Convencer a Sam de su potencial sexual y de su poder para atraer y conquistar a una mujer que le guste era frustrante. Ya podía ganar el premio Miss Universo que ella se seguiría viendo como una chica que no puede. No es solamente timidez lo que detecto, es algo así como poco amor por ella misma. Poco carisma. Le falta todo el que a mi me sobra. Es guapa, es increíble. Si no estuviésemos rodeados de tíos gays, todo el mundo la estaría mirando y trazando un plan para seducirla. Tiene buenas piernas, y unos ojazos. Es bastante divertida y sonríe a menudo. A mí me gusta. Si no me hubiese dejado claro en más de una ocasión que no le atraen los penes ni lo más mínimo creo que lo hubiese intentado. Y aún sabiendo que es cien por cien lesbiana, mi mente enferma sigue pensando que su opinión con respecto a los penes cambiaría si sintiera uno dentro. Pero la respeto ante todo, por eso no hago nada más que intentar ser un buen amigo. Y los buenos amigos tienen que animarte a salir y a ligar. Le propuse un juego para cuando yo, como buen amigo, me transformara en mujer por unas horas. Podía ayudarla a ligar siendo la tía molesta y cualquiera de las mujeres en la disco se acercaría para ser la salvadora de tan bella dama. Sam prefería no hacer eso porque es mala actriz y se reiría si yo hiciese eso. Sería muy gracioso en realidad pero me dan ganas de pegar cabezazos contra la pared, sería más efectivo que intentar convencer a Sam para ligar algo.

- ¿Dos amigas lesbianas y solitarias que van a una disco de ambiente juntas? Parece muy extraño, pero vale. Usaré otra de mis tácticas. - sonreí pícaramente dando a entender que tenía un gran repertorio y no dudaría en usarlo.

Lo importante era divertirse y pasarlo bien. Por eso vinimos a este local, y para eso me haré pasar por mujer y poder ir con Sam a un lugar de ambiente para mujeres y que ella tenga la oportunidad de pasarlo bien y ligar. Aunque ligar no sea su meta. Somos divinos juntos. Lo pasábamos bien bailando y riendo, sin pensar mucho en quien nos miraba o a quien teníamos al lado. Sam lo estaba pasando bien, contenta de poder bailar sin que la miren desnudándola, y feliz por ser invitada por chicos gays interesados en mí. Me confesó que no quería que saliera con nadie y menos si ese alguien no me daba libertad para salir los viernes con ella. Después dice que no le gusta la fiesta, pero mira las cosas que me dice... Asentí a lo de matar a mi no posible futura pareja si era demasiado posesivo. No me imagino a Sam ni matando a una mosca, eso es lo divertido de la situación.

Disfrutamos de la copa de regalo por parte de mi amigo el de la pluma. Sam también gozaba de ese privilegio pues al verla conmigo la invitó también. Se la veía contenta pero pensativa pues quería saber cual era mi secreto. Me reí sonoramente aunque no lo escuchó más que ella, porque estaba cerca de mí. Según ella siempre consigo todo tipo de cosas.

- Es fácil. Cuestión de seguridad en uno mismo. Y que soy el tío más sexy del lugar. Además, tu me conoces pero ellos no. Me ven aquí bailando, con mi traje de sastre y pasando de ellos, y sienten que soy inalcanzable. Es su ego lo que les invita a probar suerte. Quieren saberse capaces de poder ligarse a alguien como yo. Prefiero que me inviten a copas a que se pongan a bailar con sus penes pegados a mi culo.

Dije todo aquello de forma improvisada, un poco afectado por las copas pero definiendo claramente lo que pasa por las mentes de todos los tíos gays del planeta. Me ven y quieren algo conmigo. Soy sexy. Me pasa muy parecido con las mujeres, lo que ellas son algo más recatadas y no se les nota a primera vista, pero sé que todas quieren montar una noche en el tren Forman.

No hay noche en un local como este en la que no haya algún tipo de acontecimiento. Eso atrae al público. Noche de drags, concurso de camisetas mojadas, pases de modelos en bañadores enanos... He visto de todo. De todo menos lo que tienen montado hoy. Al igual que en un concurso de Misses muggles, hacían subir a los hombres aspirantes al título de Mister Gay y debían mostrar sus dotes en lo que fuese. Bailando principalmente. Le dije a Sam que no pensaba subir. Me miraba de una forma entre divertida y cabrona. Quería verme allí encima, bailando semi desnudo delante de todos esos hombres hambrientos. Los dos primeros fueron bastante buenos en sus movimientos, pero demasiado serios. Luego subió otro que cantaba canciones de una tan Lady Gaga o algo así. No estuvo mal tampoco, pero no me gustó mucho. Sam quería verme hacer el tonto en aquel escenario, por eso me hizo una propuesta que no pude rechazar.

- ¿Hacer lo que yo diga sin rechistar implica sexo?

Mi intención era ponerla en un apuro con una broma traviese, pero una parte de mí estaba deseando escuchar un sí por respuesta. Ella que cierre los ojos y se deje hacer. Por un premio así subo donde haga falta. Pero no, no era tan fácil. La recatada Sam había empezado un juego que podía ser muy divertido y terminar siendo muy humillante. Me acerqué a ella para decirle sensualmente.

- Acepto el reto, nena.

La dejé allí sola en medio de la pista y busqué el pie del escenario por la parte de atrás. Había un chico preparado con sus plataformas, maquillado en exceso, con una peluca rubia impresionante y un vestido rojo muy corto. Él iba a salir ya mismo y yo podía ser el siguiente. Me acerqué al chico que llevaba aquello y le dije que quería participar. Me miró de arriba a abajo con un pose muy afeminado. En todo momento me habló en femenino y me pidió explicaciones sobre lo que tenía pensado hacer en el escenario. Le dije que simplemente bailar y quitarme algo de ropa para hacer sudar a esas perras. Y eso hice. Subí al escenario con una canción de AC DC bastante rítmica. Me moví mucho por el escenario, haciendo gestos sensuales y tocando mucho mi cuerpo. Pude adivinar las caras de los que estaban en primera fila y se les caía la baba, y puede que algo más. Me desabroché la camisa aflojando la corbata y la lancé al público. Los gritos ensordecieron la canción y todo. Estuve sonriente todo el rato pues estaba siendo el centro de atención y aquello me parecía excelente. Bajé la cremallera del pantalón mostrando un poco más de carne, pero sin enseñar nada. Los tíos silbaban, gritaban obscenidades y coreaban mi nombre artístico, inventado en aquel mismo instante, huracán Forman.
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Sam J. Lehmann el Miér Oct 28, 2015 2:54 am

¿Qué había de raro que dos amigas solitarias y lesbianas fueran a un local de ambiente? Porque Sam no había tenido la suerte de tener una amiga así, pero si la tuviera, sería de lo más normal ir a pasárselo bien a un lugar como el que planteaba. Aunque pensándolo fríamente… Sam siempre había encajado más con hombres en su vida que con mujeres. Henry, William, Sven, Matt… Y era extraño, porque aparte de llevarse bien con todo el mundo, solía tener bastantes gustos y hobbies más del género femenino que del masculino. Alyss podría ser lo más cercano a una amiga, aunque realmente dónde más hablaran fuera a la hora del desayuno en el trabajo—Vale, entonces trato hecho —dijo finalmente, acertando las condiciones de todo el trato. Si eso llegaba a pasar de verdad, iba a ser increíble y divertidísimo.

Después de bailar hasta notar el cansancio en sus piernas y notar ese calor interno por toda la gente que les rodeaba, fueron partícipes directo de uno de los conocidos “Fenómenos Forman”, más conocido por el hecho de que cuando Matt Forman entre a una discoteca, automáticamente habrá alguien que intentará llamar su atención invitándole a una copa. Y, para no quedar de rácano ante alguien como Matt, invita también a su acompañante que, en este caso, es una mujer que no parece representar una gran amenaza teniendo en cuenta que estaban en un local de ambiente gay.

Pero ahí no quedó la cosa. Todas las luces se enfocaron en un pequeño escenario mientras que la música cambiaba radicalmente para que uno de los locutores dijera que iba a empezar un concurso, más o menos como esos que se televisan en la televisión muggle para la elección de un Mister Belleza. Aunque ahora mismo estaban ante una competición para ver quién conseguía el título de Mister Gay. En un principio Sam había mirado a Matt con un gesto pícaro para animarlo, pero él se negó. Tras ver a los concursantes a Sam no pudo quedarle más claro que Matt tendría muchísimas oportunidades ahí encima. Era guapo, bailaba bien y, no lo había visto sin ropa, pero apostaba a que haría babear a todos los hombres que ahora mismo estaban allí dentro. Así que Sam apostó por lo alto y lo arriesgado teniendo en cuenta que se había bebido ya tres copas rápidamente y le había subido. Era uno de los problemas de Sam, que bebía mucho y rápido al principio y le subía rápidamente. Así que sin pensarlo demasiado, retó a Matt a subir allí. Su contestación hizo que Sam se ruborizase por completo y le mirase con un gesto que denotaba cierta incomodidad—¡Todo menos eso! —le dijo de manera sorprendida y jovial. Jamás había tenido sexo con un hombre y, por el momento, no tenía intención de que eso cambiara. De hecho podía asegurar que el único pene que había visto en su vida era el de su padre.

Matt aceptó el reto y Sam le miró con cierta picardía cuando se lo susurró al oído y salió directo a inscribirse antes de que fuera demasiado tarde. Sam se acabó su bebida mientras veía al que iba antes de Matt y la dejó encima de una mesa aleatoria que encontró dos pasos más a la derecha de dónde estaba. Cuando escuchó que empezaba a sonar AC/DC (un grupo que no le apasionaba, pero que conocía perfectamente) supo que se trataba de Matt. Se giró y vio como había hecho que todo el mundo se volviera loco gritando, saltando y haciendo que la música se quedase incluso baja ante sus gritos de “Huracán Forman.” Sam se acercó a las primeras filas y se peleó con un hombre rubio de ojos verdes por la camiseta de Matt. No fue muy difícil arrebatárselas de sus manos cuando éste prestó toda la atención a Matt mientras se bajaba la cremallera de sus pantalones de manera seductora y sensual. Por lo menos para todos los que estaban allí dentro.

Como eran actuaciones cortas, Matt no tardó en bajar del escenario. Sam fue la que se encargó de ir hacia donde estaba él, más emocionada que la mitad de los hombres que estaban allí dentro. Sam era feliz con poco. Eran de esas personas que con pequeñas cosas sacaba una sonrisa, por lo que si le añadimos a eso que estaba ya algo piripi y que Matt le acababa de sacar una mega sonrisa, en aquel momento estaba increíblemente feliz—Si fuera hetero, me hubiera subido al escenario y te hubiera hecho más hombre todavía —le dijo claramente exagerando, alzando la camisa de Matt para dársela y que no fuera medio desnudo por toda la discoteca—¿La echabas de menos o te gusta sentirte el objeto principal de todas las miradas? —le preguntó, consciente de que probablemente ambas cosas fueran ciertas, sobre todo la última—Bueno, tienes toda la noche para cobrarte el reto. Sé bueno conmigo, qué gracias a mí ganarás el premio a Mister Gay esta noche… —añadió, aludiendo al hecho de que por mucho que se presentaran candidatos después de él, el sudor y la motivación que había creado Matt con su baile y todo lo que hizo, era insuperable. Tenía que ganar él o eso era tongo.
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