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La Montaña de la Muerte [Esther Fenixheart // Trama]

Invitado el Mar Sep 22, 2015 12:35 am

Para ser sincero nunca me habían llamado la atención los parques de atracciones. Es más, en cierto modo los detestaba. En mis 23 años de vida aún no había encontrado la diversión que se hallaba en subirse a un vagón vagamente estable para luego caes en picado y dar vueltas sin ton ni son. ¿Acaso no era parecido ir en escoba? Además con ella podía elegir mis movimientos y no me veía obligado de aquel modo. En definitiva, si me preguntaras cuál era mi lugar favorito donde pasar una tarde aquel no sería mi respuesta. No obstante a uno de los integrantes del equipo se le había ocurrido la grandísima y genial idea de pasar allí el día con el objetivo de estrechar nuestros lazos, argumentando que debíamos llevarnos bien ya que trabajábamos diariamente juntos. Era una mierda de excusa.

Yo por mi parte me había planteado seriamente no ir hasta el último momento, pero finalmente una extraña fuerza de motivación que desconocía por completo me había llevado a acabar apareciendo en el lugar de encuentro. Al fin y al cabo no tenía nada mejor que hacer aquel día. - ¡Viniste! - La voz de mi compañero, más concretamente de uno de los golpeadores del equipo resonó por todo el lugar. - No me digas. - Respondí, aparentemente serio, mientras le tendía la mano en señal de saludo. De la misma forma me dirigí al resto de componentes del equipo, parándome especialmente para saludar a Arabella. - Dime que tienes un plan de escape. - Le susurré con una sonrisa. - No seas gruñón, lo pasaremos bien.

Unos minutos mas tarde nos adentrábamos en el recinto. Ya no había escapatoria posible. A simple vista estaba plagado de niños que corrían de un lado a otro, y como era de esperar no tardaron en percatarse de nuestra presencia y acosarnos con autógrafos, como cada vez que íbamos a lugares públicos de aquel estilo, y más si íbamos todos en masa. Sin embargo yo no estaba de ánimos para toda aquella parafernalia, así que en cuanto tuve la mínima oportunidad (que fue francamente difícil de encontrar) me escabullí y desaparecí entre la multitud usando mi táctica ninja extrema, con el mapa del lugar en mano. ¿A dónde debería dirigirme?

Quizás ya que estaba allí podría aprovechar para subirme a alguna atracción hasta que las cosas se calmaran para el equipo y pudiera volver. “La Montaña de la Muerte” Leí en un cartel enorme, era un nombre bastante sugerente. Elevé la vista hacia dicha atracción, que aparentemente era la más alta y temeraria de todo el parque y sin más me dirigí hacia la misma, buscando evadirme un poco y tratar de disfrutar un poco, ya que estaba allí.
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Invitado el Miér Sep 30, 2015 11:54 pm

Me habían contado muchas veces, que nosotros tenemos una forma especial de divertirnos....Con eso de hacer piruetas con las escobas y hacer giros con toda la adrenalina que te podías imaginar. Pero por lo visto los muggles también tienen una forma parecida de divertirse, ya que ellos no pueden volar en escoba, pues lo hacen por medio de unas cosas que son como trenes a toda velocidad y haciendo trazados parecidos a los de la escoba, a esas cosas les llamaban montañas rusas. Yo nunca había tocado una, tan sólo las había visto de lejos y escuchado historias de ellas, pero lo que es montarme...nunca.

Sentía mucha curiosidad por subirme, quería saber lo que se sentía era igual que cuando metía el turbo con la escoba, por lo que cuando tuve libre en el colegio, una amiga de la universidad me pidió que fuera con ella...Mas bien ella iba porque se enteró que un equipo de Quidditch iba a pasar el día y quería echarle el ojo a alguno para seguir con la diversión en otro lado...Nada más llegar la perdí de vista, ni siquiera se dignó a despedirse ni nada. Suspiré y comencé mi aventura en solitario en medio de tanta gente, la gran mayoría muggles. Tras un rato caminando siempre escuchaba la misma frase, que acababan de inaugurar una gran montaña rusa que iba muy rápido y era muy alta. Yo solo sonreí al ver las caras de miedo que tenían las chicas, como se notaba que no estaban acostumbrada a lidiar con una escoba.

Me metí las manos en los bolsillos de la sudadera y fui en busca de la montaña rusa perdida, tampoco es que estuviera muy lejos pero me gustaba ese toque de misterio. Cuando llegué al gran cartel, allí se encontraba un chico...Su aspecto me sonaba de verlo el algún sitio...en alguna revista de deportes mágicos o algo, ahora mismo no caía. -Dicen que es muy alta y con muchas curvas, el corazón te va muy rápido... Comenté mirando el cartel, sin darle importancia al chico que estaba a mi lado. -Nunca se sabrá hasta que se pruebe. Sonreí y me adelanté para ponerme en la cola. Ahora veríamos si es de verdad eso que dicen de que es igual que montarse en una escoba descontrolada.


Off: Perdón la tardanza >.<
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Invitado el Vie Oct 02, 2015 6:58 pm

Mi curiosidad por aquel tipo de artilugios era más bien escasa, pero qué era peor, ¿pasar un rato en aquellos trastos o pasarse el día firmando autógrafos? No cabía duda, al menos por el momento. Me gustaba la fama, sentirme importante y que me admiraran, pero también valoraba mis momentos de ocio y entretenimiento lejos de aquel mundo de locos. Aunque aún así no cambiaría la vida que llevaba ahora mismo, ya que con todos sus pros y sus contras me encantaba, por qué no admitirlo. Ser conocido y respetado tenía unas ventajas que difícilmente se podían alcanzar siendo completamente anónimo. ¿Cambiar mi fama por un poco más de privacidad? Tonterías, ya me ocupaba yo mismo de proporcionarme dicha privacidad cuando realmente la necesitaba y hasta ahora me había ido bien así.

Por otra parte me incomodaba un poco estar entre tantos muggles, como si estuviera constantemente rodeado de gente inferior cuyas mentes no albergaban más preocupaciones que tener un trabajo estable, familia e hijos. ¿Qué tipo de emoción podía haber dentro de aquellas vidas vacías y carentes de emoción? Cada día daba las gracias por haber nacido bajo mi condición y no bajo los dogmas de los muggles.

Me encontraba planteándome seriamente si subirme a aquella "impresionante" atracción cuando una voz femenina que me resultaba conocida llamó mi atención, de forma que miré hacia un lado para adivinar de quién se trataba.

Aquel cabello pelirrojo, aquella forma de hablar… No podía tratarse de otra persona, aunque hacía un par de años que no la veía era imposible no acordarse de ella. - ¿Fenixheart? - Se atrevió a preguntar, a pesar de que no le había visto el rostro aún claramente. No obstante no dudó en fijarse un poco más para cerciorarse del todo. - ¿Así es como le hablas a un viejo rival de Quidditch? - Alcé una ceja, adoptando una expresión irónica. No eran amigos del alma, ni se conocían demasiado profundamente, pero desde luego no había olvidado la cantidad de piques que en su momento llegaron a tener gracias al deporte mágico por excelencia. Siempre le había parecido una repipi inaguantable, pero debía admitir que tenía madera de golpeadora, de hecho en alguna ocasión había recibido alguna bludger fruto de su habilidad en el campo.

Me coloqué a su lado en la cola, dispuesto a molestarla un poco. Ya que se presentaba una oportunidad así no iba a desaprovecharla. - ¿Qué te cuentas? ¿Sigues odiándome por ser mejor que tú? - Su voz tenía un cierto tono molesto, aunque no pretendía meterse con ella en plan embustero, sino más bien en plan cojonero, al menos por el momento.

Pronto ambos llegaron al final de la cola y tras recibir la entrada para la atracción se separaron por un instante mientras les asignaban puestos. Sin embargo el destino parecía estar dispuesto a jugarles una mala pasada, pues el vagón al que se iba a subir Esther no estaba disponible finalmente y tuvo que subirse con él, uno más atrás. - Ya sabía que siempre habías sentido una atracción irresistible hacia mí, pero deberías tratar de disimularlo. - Le dijo, antes de que todos los vagones comenzaran a moverse. Aquello sería un paseo divertido, después de todo.
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Invitado el Sáb Oct 03, 2015 7:37 pm

No entiendo como siempre acabo engatusada a acompañar a gente que luego me dejan tirada toda forever alone en medio de un parque de atracciones lleno de muggles de todas las edades. Menos mal que tengo algo de brillantez y me divierto o me largo a casa a seguir jugando con mi playstation, que ella si me ama y nunca me abandona...como el desodorante muggle ese, creo que era Rexona. Lo de mi amiga ya lo había olvidado desde que me dio la palmadita en el hombro y se fue a buscar a los jugadores, esta mujer me lo hacía cada vez que ve a un chico por lo que pasaba de enfadarme y quedarme con las ganas de quemarle el pelo, por lo menos si se lo quemo capaz que así liga más y me deja tranquila con mi play y con mi trabajo en la vagueza en los días libres.

Me fijé en el cartel ese de la gran montaña rusa que tanto se escuchaba desde el minuto cero. La cola no era ni muy grande, ni muy pequeña...Aparentaba larga pero la gente se movía con fluidez por lo que si mi cuerpo lo cree aceptable, quizás pueda montarme otra vez. Ya se sabe, una para probar y la otra para pillarle el sabor de boca, y si me entra las ganas pues otra, ya que como es gratis pues como si te subes desde por la mañana hasta por la noche, ellos no pueden decirte nada porque yo he pagado mi entrada y tengo el derecho de disfrutar de las atracciones las veces que a mi me salga de la punta de la nariz...que fina puedo llegar a ser cuando me lo propongo, jijiji.

Hablé sola en voz alta, sin percatarme del chico que había a mi lado...Me sonaba su cara, pero hasta que me llamó por mi apellido, no me situé en quien era realmente. Cuando llegó cerca de mi, me preguntó si así era como trataba a los viejos rivales...Mi mente se iluminó por completo y lancé un dedo acusador a su cara. -Tú...De todas las personas que me puedo encontrar en un sitio repleto de muggles, tiene que ser contigo, Corvin. Lo miré con una mirada rival, de estas de los dibujos que saltan chispitas entre ambos. Jayce Corvin era jugador profesional, y varias veces nos llegamos a enfrentar en el campo...Que relajada me quedaba cuando le partí la nariz más de cuatro veces con la bludger. -¿Que hace un jugador de Quidditch en un sitio como este? Vete a entrenar que luego si te escogen para el mundial, nos dejarás sin pasar de fase de grupos. Le dije con un tono risueño y medio burlón. Nos llevábamos bien, pero teníamos ese pique profesional que sin querer lo habíamos llevado fuera del campo y cada vez que nos vemos, solo nos faltan escupirnos en un ojo.


Lo que no sabía era que se iba a montar en la misma atracción que yo, espero que no nos toquen juntos porque mi plan de disfrutarla se iba a ir al traste. Suspiré con un resoplido cuando me preguntó si seguía odiándole por ser mejor que yo. Lo miré con con una cara, que si tuviera telequinesia ahora mismo un bloque de cemento caería en su cabeza y lo dejaría inconsciente en el suelo. -Mi vida bien, enseñando a las futuras generaciones a ser buenos jugadores de quidditch. Y tranquilo, puedo dormir por las noches a pesar de que según tú, seas mejor que yo...¿Quieres que te vuelva a partir la nariz otra vez y lo comprobamos? Me crucé de brazos mientras llegamos a un sitio donde pudimos separarnos por un momento. Ahora solo queda que se suba en el vagón delante mía y poder perderle de vista...Pero al final tan mala suerte tengo que me tocó sentarme a su lado, y encima el muy idiota me suelta que sentía atracción por él. No dije nada, tan sólo me quedé callada y disfruté de la atracción, en un momento me encontraba bajando... -Yo me voy a subir de nuevo, me supo a poco...Esto no tiene nada de emocionante. Seguro que tienes cosas que hacer. Le alcé la mano y me volví a poner en la cola, espero que no le entre la mala idea de seguir acompañándome en mi periplo buscando la adrenalina.
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Invitado el Miér Oct 14, 2015 2:18 pm

La relación que Esther y yo manteníamos era cuanto menos peculiar. Por una parte había cierto resquemor y rivalidad entre ambos, desde siempre, casi desde el primer momento en que nos habíamos visto, pero por otra nos guardamos cierto respeto, sobretodo en el ámbito del Quidditch. Yo era muy bueno, modestia aparte, pero no podía negar que sus habilidades estaban casi siempre a la altura de las circunstancias. Era una buena golpeadora y por su culpa me había llevado un par de golpes dignos de mención con alguna que otra bludger, pero eso no quitaba que siguiera pareciéndome una chica repipi e inaguantable en ocasiones. Sus comentarios me hicieron soltar alguna que otra carcajada irónica mientras avanzábamos en la larga cola.

No obstante aquel día estaba medianamente de buen humor, por lo que a pesar de que seguía manteniendo mi carácter egocéntrico y sarcástico, no tenía problema alguno en charlar un rato con ella. Aunque todo debía ser en su justa medida. Fue por ello que al ver cómo se sentaba a mi lado no pude evitar sentir un revoltijo de sentimientos contrariados. Por una parte prefería tener a mi lado a una conocida, en vez de a algún imbécil muggle (obviamente), pero por otra parte el hecho de tener que pasar más tiempo al lado de la pelirroja me producía ciertas náuseas. Con todo supongo que podría ser peor.

Aquella vuelta se pasa bastante rápido, más de lo que esperaba. A decir verdad la atracción no estaba nada mal, aunque no estaba seguro de si hacía justicia a aquel nombre tan… "aterrador". En algún momento sí que había sentido la adrenalina corriendo por mi estómago, pero apenas habían sido un par de segundos en comparación con lo que duraba el viaje. Al bajarnos Esther parecía dispuesta a volver a subirse y mis ganas de molestar se vinieron arriba, así que decidí acompañarla una vez más, esta vez asegurándome de que se sentaba en mi mismo vagón. - No me mires con esa cara, a mi también me ha gustado. - Comenté con un deje inocente cuando me miró con cara de pocos amigos al ver cómo me unía con ella a la cola una vez más. Era mentira, me había parecido aburrida, pero todo fuera por joderle un poco la paciencia. - ¿Entonces estás dando clases en Hogwarts? - Ese dato más bien lo había deducido, puesto que sólo me había dicho que daba clases, pero no dónde. Por algún motivo su forma de ser me hacía creer que había decidido volver a aquel Castillo de mala muerte.  - ¿O por tu cuenta? ¿No te has planteado dejar toda esa parafernalia y convertirte en una jugadora profesional? Se cobra mucho más, créeme. Y es más divertido que enseñar a renacuajos.- Le dediqué una sonrisa socarrona, la cual podría resultarle molesta.

Un poco más tarde volvimos donde habíamos estado poco antes. - ¿Vienen juntos?  - La voz del chico que se encargaba de sentar a la gente en sus respectivos asientos llamó mi atención. - Sí, sí, vamos juntos. - Contesté rápidamente, antes de que Esther tuviera tiempo a echarse atrás.

Una vez bien asegurados aquel cacharro volvió a ponerse en marcha exactamente de la misma forma que lo había hecho la vez anterior. La mínima emoción que pudiese haber albergado en mi interior la vez anterior se había disipado por completo, así que ahora me limitaba a observar a mi acompañante.

No obstante tras unos pocos minutos percibimos que algo extraño sucedía. El vagón comenzó a frenarse de una forma sospechosa hasta que quedó completamente parado, justo en la parte más alta de los raíles. - ¿En serio? - Miré hacia abajo, buscando a los responsables de aquel artefacto, pero parecían tan confusos como nosotros.

La idea de incordiarla con mi presencia durante la duración de la atracción me parecía divertida, pero desde luego la idea de pasar allí más tiempo del necesario sin poder movernos ni hacer nada no me parecía entretenida en absoluto. Solté un largo suspiro antes de apoyar mi frente en la barra que nos mantenía adheridos al asiento. - Sabía que me amabas, ¿pero planear todo esto con tal de estar más tiempo conmigo? Te has pasado, Fenixheart. - Le dije, manteniendome en aquella posición y esperando que arreglaran aquello pronto.

Sin embargo como si hubieran leído mi pensamiento una voz resonó en el altavoz del parque de atracciones, informándonos de algo terrible. - Sentimos las molestias. Hemos sufrido un error técnico que tardaremos aproximadamente media hora en arreglar. Rogamos que no traten de moverse o de bajar de sus respectivos asientos, por su propia seguridad. Se les compensará debidamente cuando se solucione. - ¿Por qué tenían que pasarme aquellas cosas a mí?

Off: Soy lo peor. No me había dado cuenta de que me habías posteado hasta ayer que me dio por mirarlo. Esta vez estaré más atento, lo siento de veras.
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Invitado el Vie Oct 30, 2015 11:05 am

¿Sabéis ese dicho de que la curiosidad mató al gato? Pues seguramente yo sea ese gato porque quien me diría que por quedarme a probar esa atracción, me encontraría con una de las personas que en este preciso instante no quiero ver. A ver, siempre es agradable ver a viejos rivales de juego, pero es mejor encontrártelo otra vez en el campo que en un parque de atracciones muggles, al cual no voy a volver a visitar en la vida, ni teniendo hijos vuelvo a este sitio. Creo que me están entrando ganas de vomitar por algo que he comido...O puede que sea el volver a ver a Jayce, que también es una opción válida. Sí, esa persona que me reencontré es Jayce Corvin...Bueno, no quiero rememorar viejos tiempos como una vieja, quizás para cuando saque mi libro a lo mejor le dedico un par de párrafos a cómo dejaba su cuerpo marcado por mi astucia con el bate.

Seguía igual de gilipollas cuando hablaba, me recuerda al otro gilipollas de Magnus. ¿Por qué los hombres que conozco son gilipollas? Bueno, Drake es uno de mis amigos y es algo normal, es raro que un auror tenga un mono pero eso es lo que le hace diferente. También esta Sven, pero como es casi mi hermano y aunque a veces me haga putadas, en el fondo es un buen chico...A ver si coincidimos porque en el colegio apenas nos vemos. Bueno, dejando a un lado mi mala suerte con los hombres, volvamos a aguantar a Jayce. Me medio comentó que por qué no me hacía jugadora profesional y abandonaba el camino de la enseñanza. -Podría hacerlo, incluso lo pensé. Si no me daban la plaza en Hogwarts me habría hecho jugadora...¿te imaginas que estuviéramos en el mismo equipo? Pregunté irónicamente, evidentemente era mejor estar en uno contrario porque así la satisfacción de partirle la boca con la bludger generaría unas mejor sensación de victoria en mi. -Estoy bien donde estoy, así puedo enseñar a que sean mejores jugadores y quien sabe, quizás alguno de mis alumnos llegue a tu equipo y te quite el puesto. Le hablé y le miré con una expresión de "jodete cabron" Tras nuestro pequeño pique profesional, dio la casualidad que nos tocó juntos en el mismo vagón de la atracción. Por suerte se acabó rápido, pero luego metí la pata al decirle que me supo a poco y que me volvería a subir. Cualquier persona habría dicho que se lo pensaría, pero con tal de joderme un rato, Jayce me dijo que si. Espero que ahora no nos toque en la mismo vagón.... De repente me dejó con la palabra en la boca, ¿como que venimos juntos? Le miré con una cara de desprecio total que solo me faltó pegarle un bofetón con la mano abierta, que se cree este.

-Que te gusta joderme la existencia, que sepas que esta es la última vez que me monto. Una vez lleguemos al suelo de nuevo, cada uno tomará su camino y ya nos volveremos a ver en otra ocasión. Ya ni sabía que tono poner, porque aunque hablara o neutral o cabreada o media dormida, siempre me iba a sacar de quicio, así que prefiero hablar con neutralidad y ya veríamos el resto...De repente cuando pensaba que mis esperanzas de librarme de él se habían cumplido, el vagón se frena y nos quedamos parados en medio de las vías, menudo trasto muggle... Jayne apoyó la cabeza en la barra y me soltó que yo había planeado eso para estar los dos juntos porque me amaba. -Ni en mis pesadillas te amaría. Le dije mientras me di un golpe con la cabeza para que chocara suavemente con la barra, si le hubiera querido hacer daño lo habría hecho, pero solo fue un golpe de advertencia para que tuviera cuidado con lo que decía. Mis plegarias no fueron escuchadas cuando dijeron que eso de iba a demorar media hora. -¿Media hora? Joder...Y lo más gracioso es que no podemos llamar a nuestras escobas o aparecernos porque daríamos el cante enseguida. Enfin...Ahora quédate en tu lado y yo en el mío, y calladito por favor...Que por una vez estarás guapo. Menos mal que tenía el pelo agarrado porque el viento allí arriba daba lo suyo, pero imaginemos que estamos en la noria y disfrutemos las vistas, si...disfrutemos...imagina que estás sola y no hay nadie... -¿Se te ocurre algo que hacer? como no sea adivinar la forma de las nubes, no se me ocurre otra cosa que hacer aquí arriba. Suspiré estirando los brazos totalmente aburrida, que ganas de que pasen los minutos y así irme a casa y pegarme una buena ducha relajante.
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Invitado el Mar Dic 08, 2015 3:01 am

Por mi forma de ser era perfectamente capaz de producir sentimientos totalmente opuestos en según qué persona. Si alguien me caía bien lo normal era que fuera mutuo, puesto que solía adoptar una actitud atenta, divertida y afable, pero por el contrario si alguien no era santo de mi devoción esa actitud pasaba a convertirse en algo más tosco, más agrio, más… como mi relación con Esther. No es que hubiéramos chocado especialmente por algún motivo en concreto, sino que era ese tipo de trato que se adquiere desde el principio, producido por formas de ser totalmente opuestas.

Yo me consideraba una persona de alto standing, por así decirlo. Alguien con un futuro prometedor, ideales fijos y tanta confianza en sí mismo era imposible que consiguiera llevarse bien con una chica aparentemente tan mimada, inocente y consentida. Aunque la verdad era que ni siquiera me había tomado nunca la molestia de conocerla más a fondo para tratar de cambiar esa imagen sobre ella, puesto que era una persona que se dejaba llevar por impulsos y por primeras impresiones. Hasta el momento nunca me había equivocado, así que no tenía razón alguna para cambiar.

Quise sacar conversación en el tiempo que tendríamos que hacer cola, aunque lógicamente siempre lo hacía con una intención más oscura que la del simple hecho de pasar el rato. Era tan divertido ponerla nerviosa y molestarla… Se había convertido prácticamente en un hobbie para mí y disfrutaba de lo lindo llevándolo a cabo. - ¿En el mismo equipo? Me temo que para entrar en las Avispas se requiere un nivel más… elevado. Siento decírtelo. - Comenté con un deje divertido, alzando una ceja con el objetivo de que Esther me considerara una molestia, si es que no lo hacía ya. Además ella parecía querer seguirme el juego, así que no puse ningún tipo de inconveniente en seguir con aquel entretenido pasatiempo. - Si son todos como tú no creo que lleguen a quitarle el puesto a nadie, la verdad.

Por suerte no tardamos en volver a llegar al final de la cola, puesto que aunque yo me lo estaba pasando genial era cosa segura que de seguir de aquel modo íbamos a acabar por llevarnos las manos a los pelos, y tampoco era plan.

Esbocé una sonrisilla picaresca al ver su reacción por mi atrevimiento al asegurar que íbamos juntos, con el objetivo de que nos pusieran juntos. Al principio, al verla, hubiera preferido evitarla, pero ya en aquel punto me resultaba atrayente seguir “obstaculizando su felicidad”. Sin embargo no tardé en arrepentirme, puesto que de repente aquel cacharro no sólo se había estropeado, sino que al parecer iba a llevar su tiempo poder volver a la normalidad y bajar de allí de una vez. Mi primera reacción fue evidente. Ambos teníamos claro que no nos soportábamos mutuamente y no nos esforzábamos por ocultar cualquier muestra de fastidio que tuviera que ver con pasar más tiempo del necesario el uno con el otro.

Pronto volví a ser el mismo de siempre, soltando aquellas puyas y aquellos comentarios que tanto la desquiciaban. Solté un bufido claro y conciso cuando dijo que no me amaría ni en pesadillas. Yo en el fondo siempre había pensado que me tenía cierto aprecio, incluso para llegar al punto de llegar a gustarle si yo no fuera tan hijo de puta cuando me relacionaba con ella. Aunque para ser sinceros yo pensaba eso de casi cualquier chica que conociera, al fin y al cabo me consideraba un chico con un futuro y un porvenir brillantes, además de atractivo y por qué no decirlo, bastante astuto. Así qué, ¿por qué no iba a poder gustarle a cualquiera? Yo me gustaría a mí mismo si fuera chica, sin duda. De hecho me moriría por mis huesos.

Aquellos pensamientos tan egocéntricos pero a la vez tan propios de mí me hicieron abstraerme por momentos, incluso se formó una leve sonrisa en mis labios, pero la irritante voz de mi compañera de vagón no tardó en volver a la carga. - Así es, media larga y pesada hora, así que será mejor que no hablemos mucho si no queremos acabar mal. - Indirectamente le estaba pidiendo que no incordiara demasiado, aunque al parecer no pilló del todo la indirecta, puesto que volvió a hablar a los pocos segundos, a lo que en primera instancia respondí con un prolongado suspiro.

- ¿No sabes estar callada más de un minuto seguido? - Inquirí, aún sin mirarla. En ese momento alcé la cabeza, pero no estaba enfadado, a pesar de lo que pudiera parecer tras aquella pregunta.
- Podríamos desaparecernos sin más. - Dije con sorna, mirando a Esther de reojo. En realidad yo me venía perfectamente capaz de hacerlo, aunque aquello supusiera un trastorno enorme para los que allí se encontraban e incluso me vinieran represalias por parte del Ministerio. Al fin y al cabo sabía que aunque me imputaran acabaría por salir del meollo en cuestión de pocos días. Meterse con un jugador profesional de Quidditch no era aconsejable en ocasiones. No obstante sabía que Esther Fenixheart, cursi golpeadora de Hogwarts no sería capaz de cometer una “locura” así, por lo que me hizo gracia proponérselo, aunque realmente no fuera en serio.

- También podemos enrollarnos, te sorprendería ver lo rápido que se pasa el tiempo cuando se hace ese tipo de cosas. ¿Tu alguna vez has besado a alguien, por cierto? ¿O sigues siendo virgen?
- Alcé una ceja en plan seductor. Obviamente por su edad me imaginaba que sí, pero me daba curiosidad quién había sido el ignorante que se había atrevido, Esther parecía la típica chica que se enamoraba con un ligero roce de manos accidental. - Debe ser duro no tener sexo muy a menudo… - Bromeé, aunque en el fondo quizás sí que quisiera hacer un poco de daño. - Quizás lo que necesites sea un hombre como yo para experimentar ciertas cosas… - Añadí, con cierto tono lacónico.

En ese momento volví a apoyarme sobre la barra, preguntándome la posible fuente de mi mala suerte por todo aquello, y no había estado más de un minuto en esa posición cuando ésta cedió. Lo único que me dio tiempo a escuchar fue un ligero “crack” antes de prácticamente quedar colgado de aquel inestable vagón, que por momentos era lo único que me aferraba a la vida. Miré hacia abajo un momento y solo en ese instante me percaté de toda la distancia que nos separaba del suelo. El maldito karma me la había jugado. - ¡Ayúdame Esther! ¡Joder! - Grité con urgencia, mientras escuchaba los gritos del resto de personas que estaban subidos a aquella estúpida atracción. ¿Quién me había mandado a mí a ir a aquel lugar?
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Invitado el Miér Dic 23, 2015 11:40 am

De todas las personas que existen en el mundo mágico, me tuve que topar estando en uno de los sitios menos conocidos del mundo muggle con el tío más idiota y gilipollas de todos los tiempos. Seguro que en el fondo era buena persona, eso parecía cuando éramos más niños, pero ahora se ha convertido en un ser despreciable que dan ganas de pegarle una patada en la cara con unas botas militares, o un rodillazo en sus partes nobles...Ahí, con fuerza, que se oiga el crujir y se retuerza de dolor. Normalmente no soy así de agresiva, suelo ser una chica muy amigable con la gente y si veo que una persona no me conviene, intento alejarme sutilmente disimulando algo para no volver a cruzarme con ella es un tiempo, pero es que con Jayce era demasiado...¿Será así por el golpe que le di por la bludger cuando nos enfrentamos? Este es mi castigo divino, dios llévame pronto...O sácame de aquí que es más fácil.

Se supone que las personas cambian con el tiempo, pero Jayce sigue igual de insoportable que la última vez que nos vimos, incluso puede que esté aún peor. Creo que la vida de jugador no le va...¿Estará tomando bebidas energéticas o drogas que le están afectando al cerebro? No creo, seguro que los jugadores tienen controles de esos que los muggles llaman doping. Intentaba relajarme, recordaba todos los amigos que tengo y eso me hacía no sentir muchos impulsos de querer matarlo, ¿y si mando a Emily a que le chupe la sangre...? No, a saber que clase de cosas tiene este en el cuerpo, no quiero que mi amiga caiga enferma por mi culpa. Ahora me vino una duda existencial, ¿los vampiros se ponen enfermos? Porque a lo mejor toman sangre en mal estado, o con sida. Vale, ya tengo unas cuantas preguntas para hablar con Emily la próxima vez que la vea, cosa que va a atener que esperar porque primero me tengo que librar del chulo de Jayce.

Mientras estábamos en la cola para montarnos una segunda vez, le medio insinué que si no me hacía profesora, pues me hubiera metido de jugadora, capaz que en el mismo equipo. A veces creo que digo las cosas sin pensar, quiero evitarlo lo máximo posible y voy y le digo que si se imaginaba que nos hubiera tocado en el mismo equipo. No le dije nada cuando me dijo que para entrar en las Avispas se necesita un nivel mas alto del que yo tengo. No respondí a ese mensaje porque yo conozco a gente que trabaja en el equipo y tengo un buen nivel, y si entrenara tendría más. Seguro que estaría pensando que no respondí porque le estaba dando la razón, que piense lo que quiera yo hablo cuando me sale de abajo. Por fin nos montamos en la atracción de las narices, que con un poco de suerte en unos pocos minutos volveríamos a estar en tierra y ahí lo mandaría a tomar viento fresco, o en su caso contaminado porque de frescura no tiene nada.

Llegando a la gran curva, esa que después de unos giros pequeñitos se acabaría todo, sentí como un pequeño tirón y posteriormente, el vagón se paró en seco. Mi alma se me cayó a mis pies, mi ansiada libertad ahí a unos metros y me la arrebatan. No dije nada, respiraba tranquilamente...Hasta que lo mas terrible que podía pasarme ocurrió, no lo arreglarían hasta casi media hora. Media hora más con Jayce es como si fuera una tortura mental, pobrecita de la novia que tenga, a no ser que sea igual. O es una muñeca hinchable, que nunca se sabe en esta vida, y prefiero no preguntar por si me suelta que tiene algún fetiche raro y me de más asco de lo que me está dando ahora o me daba anteriormente. Las cosas que una pena para intentar distraer la mente en momentos como este...Propuse no hablar para que no ocurriera una catástrofe, como yo tirarle del vagón y que se estampara contra el suelo, con todo mi cariño y mi amor por supuesto. Pero yo no podía estar callada mucho rato para pasar el tiempo, básicamente porque en el bolso no tenía ni pergamino ni nada para poder escribir, dibujar o simplemente hacer garabatos. Hablé para ver si proponía algo y lo que me hizo es medio preguntarme si no sabía estar callada más de unos segundos, si sabía pero ahora para joderte sigo hablando. -Ui perdone usted, por interrumpir sus pensamientos. Seguro que estabas recordando tus hazañas en el campo. Hablé con repudio mirándolo mal, que ganas de escupirle en el ojo. Propuso lo de desaparecernos, que lo haga si quiere pero yo no lo pienso hacer...Las vistas me gustan y estoy bien, pero la compañía es lo que estropea el momento.

Otra cosa que propuso era enrollarnos, para que viera como se pasaba el tiempo. Lo miré soltando un bufido para que se diera de cuenta de una puta vez que nunca me enrollaría con un hombre como él, ni siquiera borracha...Y mira que para que yo beba es muy raro. Me preguntó si yo había besado a alguien y capaz que seguía siendo virgen. -Que yo sepa, besar no implica que luego seas virgen o no. Te puedes enrollar con mil personas y no acostarte con ninguna, pero creo que ese no es tu caso. Hablé lo más tranquila posible, mirando al frente, no quería mirarle a la cara mientras hablábamos de temas de este tipo. -Y contestando a tu pregunta, si he besado a alguien, y no te diré quien es porque a parte de que no quiero decírtelo, no te mereces escucharlo. Ah y no soy virgen, ya puedes hacer la fiesta que seguro que ibas a montar por esta noticia. Me crucé de brazos sin mirarle, que se notara el desprecio que el tengo. No iba por ahí de maruja diciendole "ai tío, me he enrollado con este y con este, que son super guapos" Después de eso me insinuó que debía de ser duro eso de no tener sexo a menudo, por suerte con la playstation puedo entretenerme...La verdad es que era algo duro pero tampoco soy de esas necesitadas que van buscando hombre en todas las esquinas. Lo que verdaderamente me hizo gracia fue lo que me dijo después, que lo que necesitaba era un hombre como él..Lo miré aún seria y le solté. -Que te folle un negro por detrás, así experimentarás cosas nuevas.

Y tras decir lo que tenía que decir, se escuchó como que algo se rompía...Pensé que era que nos íbamos a mover, pero para mi asombro era que la barra de Jayce se había roto y estaba ahí colgado con su vida dependiendo del borde del vagón. Podría ser una mala persona y déjalo ahí sufriendo por todo lo que me ha dicho y hecho, pero yo no sería capaz de dejarlo ahí. -Sin exigencias eh, que hago lo que puedo. Me moví un momento y le agarré de la ropa para impulsarlo hacia atrás. -Joder Jayce, estás gordo o que...Le dije tras dos o tres intentos de volverlo hacia atrás y por fin estar los dos donde empezamos...-Me debes una, pero ahora no me la devuelvas. Suspiré aliviada que no había ocurrido nada, aunque creo que me arrepentiré de esto porque capaz que el cabrón este volverá a decirme cosas de las suyas a la medida de cambio. -Creo que esto se empieza a mover, que ganas de llegar abajo... Me escurrí por mi asiento dejando me que el vagón me llevara a su sitio, a tierra firme...Una vez llegamos me levanté corriendo y me estiré toda, como si me hubiera acabado de levantar de la siesta. -No subimos otra vez ni de coña, creo que es momento de que cada uno vaya por su lado. Le medio insinué que yo me iba a marchar y que no quería volverlo a ver hasta dentro de un tiempo, ni aunque me llamara cobarde no subiría a este trasto en lo que queda de día, y puede que en lo que quede de año.
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