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Getting Away With Murder. [William O'Connor]

Caleb Dankworth el Lun Sep 28, 2015 9:22 pm

Aquel día el cielo de Londres estaba teñido de rojo. Era el rojo de la sangre que había sido derramada, sangre de hombres, mujeres y niños inocentes que habían sido asesinados sin piedad, sangre que ahora manchaba las manos de los miembros más crueles de la comunidad mágica.

En varias ocasiones los mortífagos atacábamos el Londres Muggle, e incluso a veces otras ciudades y países extranjeros, causando enormes catástrofes. Aquel día un grupo grande de seguidores del Señor Tenebroso habíamos atacado uno de los hospitales más grandes e importantes de todo Londres, desatando el caos en la ciudad. Habíamos entrado vestidos con nuestras túnicas y máscaras de mortífagos, sin molestarnos en disfrazarnos de Muggles para ocultarnos, y habíamos atacado a todo aquel que habíamos tenido a nuestro alrededor. No habíamos atacado con métodos Muggles, sino que habíamos usado magia, sin importarnos que pudiese haber supervivientes que descubriesen nuestro secreto. La mayoría de mortífagos  no ocultaban su magia a la hora de matar y torturar Muggles. Estábamos hartos de tener que escondernos por culpa de los Muggles, por eso queríamos matarlos a todos, ¿así que por qué ocultar lo que verdaderamente éramos si eso era precisamente de lo que queríamos librarnos?

Habíamos asesinado a muchísimos. Muchos habían escapado y muchos de los supervivientes nos habían visto, pero estaban tan en estado de shock que no sabían procesar qué era lo que habían visto. Aún así, el secreto de la magia se había roto con ellos, lo cual le provocaría un grandísimo dolor de cabeza al Ministerio de Magia. No tardarían mucho en arreglarlo, pues siempre lo conseguían, pero al menos con este ataque habíamos logrado que el mundo mágico se pusiese muy nervioso, y el mundo Muggle estaba de luto. Habíamos tenido que actuar rápidamente en el hospital. Los Aurores habían sido alertados de nuestra presencia allí y habíamos tenido que marcharnos antes de que llegasen, pero antes de irnos nos aseguramos de causar más muertes de las que ya habíamos causado con nuestras maldiciones asesinas. Entre todos provocamos unas explosiones que derrumbaron el hospital completo, haciendo que no quedasen del edificio más que escombros, y todos los que estaban en su interior perecieron o sobrevivieron pero quedaron atrapados. Las cámaras de los Muggles que estaban fuera del hospital grabaron la tragedia, y ahora el mundo entero pensaba que aquello era un ataque terrorista y estaban todos histéricos. Los supervivientes que habían escapado directamente de la escena del crimen sabían la verdad, ellos sabían quiénes eran los verdaderos culpables, aunque no sabían cómo explicarle al mundo los horrores que habían presenciado. La magia era demasiad para la mente cerrada de los Muggles.

En cuanto todos los mortífagos que habíamos estado involucrados en el ataque nos marchamos de allí volvimos a nuestra rutina con total normalidad, sin levantar ninguna sospecha. Yo tenía el día libre, pero no tardé mucho tiempo en recibir una llamada del Ministerio, del departamento de Aurores. Necesitaban a los desmemorizadores urgentemente, y yo como jefe era el encargado de que todos los que trabajasen en el Ministerio fuesen a trabajar inmediatamente, daba igual si ese era su día libre o si tenían otras cosas que hacer. Hice llamar a todos los desmemorizadores, fui al cuartel, me reuní con ellos y les expliqué que teníamos que encargarnos de los supervivientes y teníamos que ayudar a los Aurores, que nos habían solicitado nuestro apoyo. Todos los desmemorizadores fueron al cuartel de Aurores para que ellos les dijesen con qué Auror tenían que trabajar en equipo para solucionar el jaleo que los mortífagos habíamos organizado, pero me fijé en que no todos los desmemorizadores eran emparejados con Aurores, sino que les ponían a trabajar con gente de otros departamentos. Miembros de la Orden del Fénix, sin duda… ¿Es que no podían dejar de meter las narices en ninguna parte?

El Jefe de Aurores me dijo que a mí también me habían asignado un compañero, cosa que no me agradó. Soy el jefe, ¿por qué tienen que imponerme a una persona de otro departamento para que trabajase conmigo? No protesté, sin embargo, y al ver que el tipo que sería mi compañero todavía no estaba allí (no tenía ni idea de con quién tendría que trabajar) volví a mi despacho y me puse a poner el orden todo el papeleo necesario para esta situación, para matar el tiempo mientras esperaba. Fingía que estaba preocupado por la situación en la que estábamos, aunque en el fondo estaba de muy buen humor. No me iba a durar mucho, gracia a mi compañero…
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Invitado el Miér Sep 30, 2015 6:08 pm

Aquel día William se encontraba plácidamente ordenando sus cosas en el amplio escritorio de su habitación cuando un miembro de la Orden del Fénix se apareció justo tras él, llamando su atención de inmediato. - Casi me da un infarto. - La voz del profesor parecía cansada, aunque aún conservaba una pizca de la simpatía que siempre mostraba hacia el resto. No obstante aquella leve sonrisa se desvaneció enseguida con el simple hecho de ver la expresión en el rostro de su compañero. - Ha sucedido algo horrible, te necesitamos.

William ni siquiera quiso acosar al hombre con más preguntas al respecto, sino que se limitó a ponerse un abrigo por encima ya que estaba vestido de antes y se desapareció en cuestión de segundos en el lugar que le habían indicado en Londres, cerca del lugar de la tragedia. Éste caminó pausadamente hasta el emplazamiento indicado. En teoría allí debía haber un hospital delante del cuál William había pasado incontables veces cuando se dirigía a la Universidad, pero en lugar de eso aquel gran edificio había pasado ser sólo un cúmulo de ladrillos, un espacio completamente en ruinas. En el rostro del hombre se adivinaba la sorpresa y sobretodo un desconcierto desmesurado. ¿Qué había ocurrido allí? Obviamente no hacía falta cavilar demasiado para llegar a la conclusión de que aquel desastre había sido a manos de un grupo de poderosos mortífagos. La pregunta era, ¿qué demonios les había movido a realizar tal atrocidad? No podía ser que las meras ansias de poder les movieran a aniquilar a un grupo de enfermos muggles con las mínimas posibilidades de defenderse. Aquello se escapaba de la comprensión del ex-desmemorizador.

La escena estaba plagada de trabajadores que iban de un lado a otro, muggles y magos, conocía a muchos de ellos, pero ahora mismo se encontraba en un trance importante como para ponerse a saludar. Caminó unos instantes entre los escombros, abstraído por completo de la realidad, tan concentrado como si su misión fuera la de contar el número de ladrillos que habían derrumbados. Se paró en seco unos instantes y se agachó levemente para alcanzar el marco de un pequeño retrato, el cristal estaba hecho añicos, pero aún podían distinguirse las figuras de los que habían posado para dicha foto en su momento. La persona que se situaba en el centro de la fotografía estaba en silla de ruedas, pero su expresión rezumaba alegría se mirase por donde se mirase. William se preguntó si aquella persona habría muerto debido a aquel ataque. Estaba acostumbrado a acudir a aquel tipo de accidentes, pero hacía tiempo que no veía un golpe de tal magnitud.

Volvió hacia donde estaba el resto, encontrándose con un ex-compañero del departamento del Ministerio donde él trabajó durante varios años. - ¿Cómo estás, Will? Hace tiempo que no sé nada de tí. - Éste le tendió la mano, pero ya no quedaba ni rastro de la sonrisa que le había dedicado al miembro de la Orden que le había dado la noticia. - Pues bastante ocupado, ser profesor en Hogwarts no es fácil. - Se limitó a decir, sin embargo no tardó en abordar la situación, que al fin y al cabo era por lo que estaba allí. - ¿Saben qué ha sucedido? ¿De cuántas víctimas hablamos? - El muchacho le miró con ojos preocupados antes de responderle. - Dicen que por ahora van casi un centenar de muertos reconocidos, pero los datos aún no son estables. Todo tiene pinta de haber sido causado por magos, pero aún nos estamos cerciorando al respecto.

William se llevó la mano al pelo y se lo hizo hacia atrás en un ademán de mantener la paciencia. sssss- No se si te han dicho que te han asignado como compañero al jefe del departamento de desmemorizadores.

Aquello era lo que le faltaba por oír. - ¿Dankworth? - Esperaba llevarse alguna alegría y enterarse de que el jefe había cambiado, pero no fue así. - Sí, exacto. Oye, tengo que irme, hablamos luego.

Su compañero salió disparado y William se quedó allí plantado, pensativo. Se planteó la posibilidad de soltar alguna excusa y que le pudieran asignar otro compañero, pero finalmente llegó a la conclusión de que no estaba el horno para bollos y que todo aquello era más importante que una mera rivalidad entre ambos, así que tras hacerse a la idea fue en su búsqueda, hacia el lugar donde pensaba que estaría.

Tocó levemente la puerta con dos golpecitos leves y entreabrió la misma, entrando de golpe en aquel despacho que tantos malos recuerdos le traía a la mente. Ambos habían tenido incontables discusiones en aquella estancia. - Ya, ya sé que es una putada. - Se limitó a decir cuando vio la expresión de su rostro, probablemente aún no le habían dicho quién sería su querido compañero.

- Hagámos esto rápido y quizás así no tengamos que aguantarnos demasiado. - Añadió, mirándole con ojos desafiantes y con una actitud decidida. En el pasado su figura le había producido cierto respeto al tratarse de su jefe, pero en aquel momento ambos estaban en igualdad de condiciones, por lo que no dejaría que se pasara ni un pelo. Además allí la prioridad estaba clara, o eso creía.
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Caleb Dankworth el Jue Oct 01, 2015 8:16 am

Esperé pacientemente en el despacho a que apareciese el compañero con el que iba a tener que trabajar para arreglar el destrozo que yo mismo había ayudado a provocar con mis compañeros mortífagos. No tenía ninguna prisa por ir a trabajar, no me apetecía en absoluto ir, aunque sí que tenía ganas de que todo pasase rápido para poder irme a mi casa, ya que quería pasar tiempo con mi hijo, con quien ya había logrado volver a llevarme como siempre, y con mi hermano con quien tenía mucho tiempo perdido que recuperar, y con Alyss, que estaba ya en el final de su embarazo. Cualquiera de estos días recibiríamos a nuestro pequeño hijo o hija. ¡No sabíamos qué iba a ser! Sería una sorpresa, pero en cualquier caso sería una sorpresa buenísima. Pero con el desastre que se había creado en el hospital tras el ataque me imaginaba que iba a estar casi el día entero trabajando aunque no quisiese.

Estaba manteniéndome ocupado mientras esperaba cuando de repente la puerta del despacho se abrió. Ya había llegado mi compañero, así que alcé la mirada para ver con quién me iba a tocar pasar aquella jornada de trabajo… y mi cara debió de ser todo un poema cuando vi que era nada más ni nada menos que William O’Connor. No hice ni el esfuerzo de reprimir el gruñido de fastidio que se escapó desde lo más profundo de mi ser, pues no soportaba a ese hombre. Casi desde que entré a trabajar al Ministerio ese tío había sido uno de los mayores granos en el culo que había tenido la desgracia de soportar. Siempre le tenía encima de mí, espiando, sospechando, metiendo las narices donde no le importaba… No entiendo cómo no le he matado en todos estos años. Celebré el día que se marchó del cuartel de desmemorizadores, pero no me hizo gracia enterarme de que él era el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en Hogwarts, pues durante casi todo un año había sido mi hijo el pobre desgraciado que había tenido que soportar a ese pesado. Me animaba el hecho de que así al menos los alumnos de Hogwarts iban a tener a un imbécil inepto como profesor. No había recibido ninguna queja de mi hijo sobre Willia durante el curso, así que no debía de haber sido muy insoportable, o al menos no más de lo normal. Aunque un día, hace unas semanas fue mencionado William en un tema de conversación y Zack puso una muy mala cara. No me quiso decir qué era lo que pasaba, pero me imaginaba que Zack se había unido al grupo de haters de O’Connor por alguna razón.

Mi expresión debía de reflejar perfectamente lo poco que me agradaba aquella situación, porque no había dicho absolutamente nada y William dijo que estaba de acuerdo con que aquello era una putada. Pues sí, lo era, y de las gordas. ¿Quién era el gilipollas encargado de hacer los equipos para esta mierda de operación? ¡Ya podrían haberme puesto a un Auror idiota de compañero, y no a este incordio!

-Por fin por una vez en tu vida dices algo con lo que estoy completamente de acuerdo- dije tras lo último que él dijo, y esbocé la sonrisa más sarcástica del mundo, que era a la vez una enorme mueca de fastidio y desagrado. Puse los papeles que tenía en la mano en una cajón, lo cerré, y me levanté de la silla para dirigirme a la puerta del despacho.

O’Connor y yo salimos del cuartel de los desmemorizadores y del Ministerio de Magia en silencio, sin cruzar la palabra ni una vez, pues conociendo nuestro historial sabíamos de sobra que cuanto más nos ignorásemos el uno al otro más en paz estaríamos. Cuando llegamos al Atrio, la zona del Ministerio desde la que nos podíamos desaparecer, nos aparecimos en un lugar solitario de Londres muy cerca del hospital atacado pero lejos de ojos espías que pudiesen descubrirnos haciendo magia. Caminamos hacia el hospital que había sido atacado, o más bien hacia la montaña de escombros que solía ser una vez un hospital del que ya no quedaba casi nada. El lugar había sido precintado por la policía Muggle, que habían acudido inmediatamente al lugar, dado que era un hospital Muggle. Estaban allí todos los Aurores del Ministerio de Magia, y muchos de ellos estaban disfrazados de policías y de paramédicos para poder pasar desapercibidos entre los Muggles mientras investigaban y ayudaban a aquellos que habían sido afectados por la magia de los mortífagos. Los policías y paramédicos reales habían sido afectados por Confundus para que no interfiriesen en el trabajo de los Aurores y de los desmemorizadores y miembros de la Orden. Era ilegal hacer eso, pero en circunstancias como aquella, que era una emergencia, las leyes mágicas podían romperse sin problema pues era considerado necesario. Nos acercamos a la cinta que precintaba el hospital y uno de los Aurores nos dejó pasar.

-No sé qué te habrán mandado a ti a hacer aquí, pero yo voy a empezar por ahí- le informé a William, señalando con la cabeza un grupo apartado de supervivientes que estaban siendo atendidos por Aurores disfrazados. Los desmemorizadores teníamos que encargarnos de los supervivientes para borrar todo rastro del recuerdo de la magia de sus mentes.

Sin fijarme mucho en lo que estaba haciendo William me abrí paso entre los escombros del hospital en ruinas que yo había ayudado a destruir. Observé la destrucción a mi alrededor con gesto serio, un gesto que reflejaba lo mismo que los rostros de los demás trabajadores del Ministerio, aunque en el fondo no me sentía como ellos. Estaba de muy buen humor, porque había matado y matar me pone de buen humor, a pesar de que cuando nos habían ordenado realizar esa misión no había estado muy contento. Era un hospital, al fin y al cabo, lleno de gente que no suponía placentero matar. Me había apartado del camino de esas personas y había dejado que mis compañeros mortífagos se encargasen de los más débiles, mientras que yo me dedicaba a matar a todos los médicos y enfermeras que encontraba a mi paso.

-¿Han visto algo?- le pregunté a uno de los Aurores cuando llegué junto a ellos y el grupo de supervivientes.

-Sí, casi todos ellos afirman haber visto gente encapuchada que gritaban palabras raras y disparaban luces que mataban- me dijo uno de ellos.- Son demasiados testigos como para hacerlo pasar por una alucinación del trauma.

-Yo lo arreglo- le aseguré al hombre, y me puse manos a la obra. Tardé un rato, pero fue fácil borrar los recuerdos de aquellos supervivientes del ataque. Pero aquel era un grupo pequeño, y había más supervivientes de los que a los mortífagos nos habría gustado que hubiese a pesar de la cantidad enorme de muertos que había. Iba a estar horas allí ayudando a desmemorizarlos a todos.

Me alejé de ese grupo y fui a dirigirme hacia otro cuando de repente algo llamó mi atención. Había una niña pequeña que estaba cubierta de heridas y de polvo y que lloraba mientras buscaba algo entre los escombros. Me desvié de mi camino y fui hacia la niña. Cuando había atacado el hospital me había mantenido lo más alejado posible del área de pediatría, que por suerte era la más pequeña de todo el hospital porque cerca había un hospital pediátrico y entonces no hacía falta. A pesar de que era un asesino, también era padre, y no disfrutaba manchándome las manos de infantes.

-Estoy buscando a mi hermanito, es un bebé… Michael…- me dijo la niña llorando cuando me arrodillé a su lado. Me levanté y la cogí con cuidado de la mano. William estaba cerca de allí, así que llevé a la niña hacia donde él estaba.

-Tranquila, todo va a estar bien- le dije a la niña con una delicadeza que no habría tenido con un adulto. Cuando llegamos a donde O’Connor me detuve y volví a mirar a la niña, que me estaba haciendo sentir mal. En el pasado no me habían importado en absoluto los niños, pero desde que murió mi esposa hace casi once años los niños que se encontraban en ese estado me recordaban a Zack, y en lo mal que estaba cuando los Aurores me reunieron con él.- William, ayuda a esta niña, por favor- le pedí a mi compañero, siendo esta una de las raras veces en las que le había hablado civilizadamente de manera genuina. Ese buen trato no iba a durar mucho, obviamente, pero necesitaba que ayudase a la pobre chiquilla.

Cuando dejé a la niña con William volví a la zona donde la había encontrado. Busqué entre los escombros durante más o menos un minuto, perdiendo la esperanza de encontrar algo que no fuese más que un diminuto cadáver hasta que de pronto, casi como un milagro, escuché el débil llanto de un bebé… Seguí el sonido hasta llegar a su origen y allí encontré al bebé, vivo y sano. Le saqué de entre los escombros que no le habían hecho daño, porque habían creado una especie de cámara a su alrededor y le habían protegido. Era un recién nacido, y miré la etiqueta en su muñeca: Michael. Era el hermano de la niña. A pesar de que mi propósito y el de mis compañeros mortífagos había sido causar muerte, me sentí increíblemente aliviado de que ese no hubiese sido el caso con el bebé. Le cogí con extremo cuidado, como había hecho con Zack cuando tenía esa edad y con Clary cuando la encontré en circunstancias muy parecidas a esta, y como haría dentro de poquísimo con mi nuevo hijo o hija. Caminé con cuidado hacia un Auror, a quien entregué al bebé para que lo reuniese con su hermana, y suspiré. Tenía que continuar con mi trabajo, y con suerte me encontraría con otras cosas que me harían volver a sentir bien con aquella tragedia que había ayudado a provocar.
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Invitado el Lun Oct 05, 2015 10:07 am

¿Que por qué desconfiaba y no soportaba a Caleb Dankworth? Lo cierto era que William no hubiera sido capaz de dar una razón lo suficientemente coherente como para que alguien de su alrededor compartiera su opinión. No se trataba de su forma de comportarse (siempre tan correcta), ni de su pasado (aparentemente limpio), más bien se trataba de una intuición. El profesor consideraba que tenía un sexto sentido cuando se trataba de desconfiar en personas como él y casi desde el primer momento en que había tenido contacto con el desmemorizador esa especie de don se había activado, haciendo que a partir de entonces ninguno de los dos se tragaran mutuamente. Independientemente de sus inclinaciones mágicas William siempre lo vería como alguien ególatra, cuya fachada ocultaba a una persona mucho más egoísta y cruel. ¿Estaría en lo cierto? Nunca se sabía, pero William siempre había confiado en que ese tipo de personas acababan delatándose ellos mismos.

Por otra parte lo más probable es que Caleb lo considerara un metomentodo, y en parte era cierto. Desde luego si estabas en el lado equivocado el hecho de que alguien desconfiara de ti no convendría en absoluto, por lo que podría considerarle una molestia, una amenaza incluso. Le pasaba prácticamente lo mismo que con Abi McDowell, sólo que con ella esos sentimientos eran aún más latentes. Era mirarla y sentir que era una mentirosa y una manipuladora. Ambos eran de la misma calaña y William no iba a ser quien cayera en sus redes como el resto de los trabajadores. El profesor consideraba que estaba muy por encima de burdas mentiras y de aquellas estúpidas apariencias.

Su objetivo aquel día sería intercambiar las palabras justas y necesarias, realizar su trabajo lo más rápido posible y volver en seguida a su propia rutina, lejos de aquel descerebrado. Así que tras decidir ignorar sus gestos de fastidio o sus palabras irónicas, las cuáles este le hubiera devuelto con gusto, ambos se dirigieron una vez más al lugar de los hechos, donde todo estaba tal y como lo habían dejado. Los avances habían sido más bien escasos, de hecho podría decirse que había aún más jaleo que cuando William se había desaparecido un momento en busca de Dankworth.

La escena estaba casi completamente bajo control de magos, tanto aurores, como medimagos… Allí se congregaban gran parte de los trabajadores del Ministerio y también varios compañeros de la Orden que habían sido llamadas exactamente igual que él, con el objetivo de ayudar en lo que fuera posible. Desde luego la parte más pesada la tendrían los desmemorizadores. Gran cantidad de muggles habían visto horrorizados cómo un grupo de magos irrumpía en el establecimiento y comenzaba a aniquilar a todo aquel que se cruzaba en su camino, pero por si fuera poco también decidieron destruir el edificio, por si acaso había supervivientes. William seguía teniendo en el estómago aquella sensación de desazón y malestar que le había invadido desde que se había enterado de la noticia. Le parecía un acto repugnante, digno de los mortífagos más deshonestos y viciosos que pudieran existir. ¿Acaso conseguían algo acabando con la vida de enfermos? ¿Era para Voldemort un acto heróico matar a personas desvalidas y con las posibilidades mínimas de defenderse? Siempre había tenido en su interior aquellas ganas de pelear contra él y toda su estirpe, pero aquel día aquel sentimientos se estaba incrementando a un nivel bastante superior de lo usual.

O’Connor se limitó a asentir de forma breve ante las palabras de su querido compañero y él por su parte se dirigió hacia un grupo de magos que se esforzaban por levantar los escombros de lugares en los que fuera posible encontrar supervivientes. William se unió a ellos, sin importarle en absoluto qué clase de trabajo le hubieran asignado a Caleb. Era irónico que hubiesen sido asignados como compañeros y que por el contrario trataran de evitarse a toda costa.

Mientras realizaba aquella tarea fue cuando se percató de el calor que estaba haciendo. El sol estaba en lo más alto y el sudor no tardó en brotar de los cuerpos de los que se encontraban allí, trabajando duro por disminuir las pérdidas de aquella bochornosa escena. Sin embargo los minutos pasaban y los avances eran nimios, casi inexistentes. La moral de los magos comenzaba a verse gravemente afectada y el ritmo de trabajo disminuía de forma proporcional al cansancio que los embargaba.

El profesor, más desanimado, se alejó un poco del grupo y se sentó en uno de los ladrillos, más grande que el resto, sacando un pañuelo del bolsillo para secarse la frente. A pesar del cansancio de su interior seguían rezumando unas ansias de venganza que pocas veces había experimentado a lo largo de su vida. Respiró profundamente, llevándose una de las manos a la nuca, y en ese momento sintió la presencia de alguien que requería su atención. Por un momento se planteó decirle un par de palabras bien dichas al hombre, debido al mal humor, pero entonces se fijó en la niña que le cogía la mano, con cara asustadiza. - ¿Qué pasa? - Preguntó con un tono tranquilo y pacífico. Probablemente era la primera vez que le hablaba de aquel modo a Caleb, al que siempre había tratado con desdén y desprecio. - Yo me ocupo.

Caleb dejó con él a la pequeña y volvió a alejarse, esos segundos en los que se habían hablado con educación habían sido demasiado inverosímiles. - Dime, ¿en qué te puedo ayudar? - Aún no se había levantado de donde estaba, así que podía hablarle frente a frente, mostrando una compasión y una bondad dignas de alguien como él. - No encuentro a mi hermanito, se llama Michael. - William sintió que algo se destensaba dentro de él, amenazando con provocar más de una lágrima, pero con una fuerza sobrehumana consiguió afrontar la situación y ponerse manos a la obra. - Pues vamos a buscarle. -  Mostrarse triste y abatido no ayudaría en absoluto a aquella niña.  

- ¿Cómo te llamas? - Le preguntó, mientras comenzaban a caminar con cuidado sobre los escombros. - Sarah. - Aquella fina voz provocaba en él sentimientos contradictorios, cariño mezclado con una buena dosis de odio hacia los que habían hecho aquello. - Es un nombre muy bonito.

Caminaron por los alrededores sin encontrar ninguna pista del paradero de su hermano. William comenzaba a pensar que no había esperanza alguna, pero un poco más tarde un auror al cual no conocía se acercó a ellos con una sonrisa en los labios. - Caleb Dankworth le ha encontrado, está con los médicos. - La niña se zafó de su mano y corrió en dirección a las ambulancias. William cerró los ojos, aliviado, y entonces sí que no pudo evitar que una lágrima surgiera de sus ojos, sólo que esta vez eran lágrimas de alivio. Se quedó allí un instante, observando de lejos cómo la niña se reencontraba con su hermano, que parecía haber salido ileso. Aquello sí que era un milagro.

Comenzó entonces a dirigirse hacia otro de los lugares, con las fuerzas totalmente renovadas, al pasar por un puesto de ayuda sanitaria encontró a Caleb, que parecía concentrado en su función. Por un instante dudó de lo que estaba a punto de hacer, pero finalmente se acercó a éste y sin apenas mirarle pronunció unas palabras que en la vida se hubiera imaginado diciéndole a aquel hombre. - Buen trabajo. - Un pequeño silencio incómodo se adueñó de la atmósfera. - Has hecho muy feliz a esa niña. - Si había algo de bondad en su interior, aunque fuera sólo un poco, agradecería aquellas palabras. William era un hombre de principios claros, pero sabía cuándo debía dejar de lado sus preferencias. - ¿Necesitas ayuda? Ya que nos han puesto juntos podríamos intentar hacer algo productivo. - ¿Se había vuelto loco? ¿Pensaba que podrían dejar de lado sus diferencias y trabajar codo con codo? Qué equivocado estaba. Definitivamente la euforia del momento le había hecho subirse arriba.

Off: Me motivé mucho con los pensamientos y adelanté poco. Sorry JEJE. En los próximos adelantaré más, I promise. mono8  
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Caleb Dankworth el Miér Oct 28, 2015 4:32 am

Era irónico que hace apenas una hora hubiese estado en aquel mismo lugar destruyéndolo todo y matando junto con mis compañeros mortífagos para mandarle al Ministerio y a los Aurores el mensaje de que no importaba lo que hiciesen por proteger al mundo mágico, pues era algo que jamás lograrían, y que ahora estuviese allí, entre los escombros, ayudando con los supervivientes. Todo lo hacía por mantener mi fachada de ciudadano bueno y respetable, y también porque era mi trabajo encargarme de los muggles después de que ocurriesen este tipo de cosas. No me sentía culpable, para nada. Me sentía bien matando, era parte de mí desde siempre, e hiciese lo que hiciese no podía deshacerme de esa parte de mí. Ya no era asunto de ser un mortífago y que me gustase matar muggles porque yo era un mortífago de sangre pura y ellos eran inferiores en la pirámide de la evolución y de la sociedad, sino que directamente me gustaba matar. Por eso había ido a por los médicos que estaban sanos en vez de a por los enfermos indefensos, porque ellos daban más deporte. Pero no me gustaba que hubiese niños pequeños entre las víctimas. Era padre de un adolescente e iba a ser padre de un bebé dentro de muy poco, y el instinto paternal que era tan fuerte en mí me impedía que le hiciese a un niño lo que me mataría que le hiciesen a los míos. Era capaz de matar a adolescentes que se interponían aposta en mi camino durante las misiones, ellos mismo se lo buscaban, pero la niña pequeña que necesitaba mi ayuda y su hermano bebé no eran personas que yo quería tener en mi lista de víctimas. Por eso no paré hasta que encontré al bebé sano y salvo, y los dos hermanos fueron reunidos. ¿Estarían sus padres vivos? Probablemente no, pues si ese fuese el caso la niña no habría estado sola por ahí, pero a lo mejor sí que lo estaban y formaban parte de las víctimas que estaban inconscientes o siendo atendidas urgentemente o metidos en una ambulancia para llevarlos a un hospital.

Volví a mi trabajo en cuanto le entregué el bebé a un Auror. Uno de sus compañeros me avisó de que se necesitaba mi ayuda en un grupo de atención sanitaria, pues muchos de los supervivientes que estaban siendo atendidos no paraban de mencionar histéricos que habían visto a sus atacantes hacer magia. Estaban usando específicamente la palabra magia, y había que frenar eso cuanto antes y modificarle también a los paramédicos muggles que les estaban atendiendo. Había más desmemorizadores allí encargándose de la situación, y yo me puse inmediatamente manos a la obra en cuanto me uní al grupo. Acababa de desmemorizar a un superviviente anciano muy gruñón (seguramente había sobrevivido al ataque porque había intimidado a mis compañeros mortífagos con su mal carácter y porque la manera en la que blandía su bastón cual espada era muy peligrosa) cuando de repente apareció William a mi lado. Le miré con la típica expresión desagradable que teníamos los dos reservada especialmente el uno para el otro, pero le miré con sorpresa cuando me dijo que había hecho un buen trabajo. Aquella era, literalmente, la única vez que me había dicho algo bueno en toda su vida.

-Gracias- le dije con tono de voz y con expresión civilizada y amigable por primera vez desde que le conocía.- No soporto ver a niños sufrir… Si alguna vez tienes hijos entenderás que no hay nada peor en la vida- murmuré con seriedad cuando me dijo que había hecho muy feliz a la niña al reunirla con su hermano. Soy un hombre cruel, pero todo el mundo tiene su debilidad. La mía siempre había sido la familia, pero desde el mismo momento en el que hace más de dieciocho años Rose me dijo que estaba embarazada de mí descubrí cual era mi talón de Aquiles.

William me preguntó que si podía ayudarme en algo, y estuve a punto de mandarle a tomar viento y decirle que me dejase en paz, pues el breve momento en el que no me había caído mal (oye, los milagros existen) ya había pasado, pero lo pensé mejor antes de decir nada.- Me han dicho unos Aurores que hay un grupo pequeño de muggles que se han dado a la fuga en estado de pánico antes de que pudiesen detenerles. Tenemos que buscarles aunque haya que rastrear todo Londres, no sabemos lo que han visto, no sabemos si han grabado algo… Ya sabes cómo son con la tecnología. Toda la atención mediática del país y probablemente del mundo está centrado en este ataque ahora mismo, si alguien suelta información rara el Ministerio tendrá muchos problemas- le dije a William, compartiendo con él la información que los Aurores e habían dado a mí.- El ataque es reciente y los muggles son lentos yendo de un sitio a otro, todavía podemos encontrarles a tiempo... Ayúdame a buscarlos.

Era una lata cuando se escapaban testigos de una masacre de este tipo y no se sabía por dónde habían ido, porque estábamos en una ciudad grande y podían haberse metido en literalmente cualquier sitio. Si estuviésemos en un pueblo sería mucho más fácil, y en un pueblo pequeño este trabajo sería pan comido. Pero en la capital del país manda huevos, íbamos a tirarnos horas buscando a esta gente. Por suerte en los hospitales había registros, y algunos de estos registros habían sobrevivido al ataque. Los Aurores y la policía muggle se estaban encargando de revisarlo todo para saber cuánta gente había en el hospital en el momento del ataque y así saber si había desaparecidos y cosas por el estilo. Me acerqué con William al grupo de Aurores que estaban trabajando junto a los policías (que serían desmemorizados más tarde) para obtener información.

-Vamos a ir a por los desaparecidos para ocuparnos de ellos, ¿tenéis información que nos sirva?- le pregunté al Auror que me había dado esa información antes.

-Sí, tenemos bastante información que os servirá- asintió él, tendiéndonos a William y a mí unos papeles en los que habían apuntado la información.- Se han marchado cinco personas antes de que pudiésemos detenerles para encargarnos de ellos. Una enfermera, Camille King, un médico, John Lynch, una patiente, Beth Griffith, y una pareja que estaba visitando a alguien, se llaman Charlene Stevens y Tyrone Clark. Hay más Aurores y desmemorizadores buscándoles, pero cuando más gente vaya a buscarles más probabilidades habrá de encontrarles antes de que hagan o digan algo- dijo el Auror.

Revisé la información que teníamos disponibles sobre los muggles a los que debíamos encontrar para desmemorizar. Teníamos las edades y algunos detalles de la descripción física que ayudaría a identificarles, pero aparte de eso poco más.

-Está bien… O’Connor, deberíamos averiguar las direcciones de estas personas e ir a buscarles a sus casas- le dije a mi compañero de trabajo de ese día. Normalmente cuando la gente se encontraba en peligro huían a sus casas, así que ir allí era lo más lógico. Por suerte existían miles de lugares en los que los se podía encontrar información sobre los muggles. Páginas amarillas, ese invento tan extraño y útil llamado internet, y los magos teníamos muchos métodos para encontrar a la gente, nada era imposible. Encontrar al médico y la enfermera habría sido más fáciles si tuviésemos más archivos sobre ellos del hospital, pero parecía que por el momento esta era toda la información que teníamos sobre ellos.- ¿Por quién quieres empezar?
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Invitado el Vie Dic 04, 2015 11:07 pm

Caleb era para William como un grano en el culo, un fastidio que antes de cambiar de trabajo era prácticamente constante y un estorbo diario. Para él había sido un verdadero incordio y desde el primer momento había despertado en él cierto recelo y desconfianza. William no se tragaba aquella fachada de buena persona y humilde que solía mostrar a la sociedad, sino que para él siempre ocultaba una faceta mucho más oscura y mucho más real de él. Era por eso que nunca se habían tratado con respeto y mucho menos se habían elogiado el trabajo el uno al otro, sin embargo de la misma forma que el ex-desmemorizador podía llegar a ser realmente cabezota, también era capaz de valorar la situación cuando ésta la merecía, y en aquella ocasión su querido (irónicamente hablando) compañero se había ganado aquella alabanza que a William tanto le había costado demostrar.

La situación de aquella pequeña niña y el reencuentro con su hermano pequeño le había ablandado el corazón de tal forma que por un momento fue capaz de tragarse por completo su orgullo, agradecido por aquel feliz desenlace. No obstante temía que aquella paz no durara demasiado y no tardó en arrepentirse cuando había decidido preguntarle si necesitaba su ayuda para algo.

En primera instancia pensó que la reacción de Dankworth sería mandarle a freír espárragos (como mínimo), pero sorprendentemente este se mostró interesado en su ayuda, por lo que William comenzó a plantearse si no hubiera sido mejor idea mantener la boca cerrada. Era inútil tratar de cambiar la relación entre ambos, los dos sabían cómo acabaría aquello si pasaban más de cinco minutos juntos. A pesar de todo no era muy sabio zafarse después de haberle concedido su ayuda, así que aceptó medianamente a regañadientes su destino próximo, esperando que pasara rápido.

Escuchó atentamente lo que éste le decía y se dispuso a trabajar con él dejando de lado toda posible hostilidad que pudiera existir entre ellos. - Está bien. - Se limitó a decir, mientras ambos comenzaban a caminar en dirección a un grupo de aurores, los cuales les proporcionaron la información que poseían respecto a los muggles que habían logrado escabullirse del lugar del accidente. Éste echó una rápida ojeada a las hojas que uno de los aurores le había tendido, mientras escuchaba al mismo. Al escuchar uno de los nombres levantó la cabeza, claramente sorprendido. Sin embargo no dijo nada hasta que el informante hubo desaparecido y se quedaron a solas.

- Podemos empezar por Beth Griffith, la conozco. Fuimos compañeros en la universidad durante dos años, hasta que le diagnosticaron una enfermedad mental y tuvieron que ingresarla durante un largo tiempo.... - Aquel tema siempre había despertado en él cierta incomodidad, puesto que en varias ocasiones fue testigo de cómo la esquizofrenia comenzaba a hacer efecto en su vida diaria. En alguna ocasión se había puesto a gritar sin motivo aparente en medio de una clase. Era una pena, siempre había sido una compañera excelente, y muy inteligente. - Sé dónde vive, acompáñame.

Ambos caminaron durante unos segundos y cuando estuvieron en un lugar seguro William le hizo una seña para que se apoyara en él, con el objetivo de desaparecerse. No le hacía ninguna gracia que éste le tocara, pero ir mediante los medios usuales podía llevar más tiempo del que disponían.

Poco más tarde se encontraban frente a una pequeña casa. Era blanca y poseía un aire bohemio bastante marcado, parecía ser muy luminosa por dentro, a pesar de que todas las ventanas se encontraban cuidadosamente tapadas por cortinas opacas. Aparentemente no había señales de vida ni dentro ni alrededor de la estancia, pero William se acercó con paso decidido hacia la puerta de madera, dando un par de golpecitos suaves. Tras eso tocó el timbre levemente, por si no le había escuchado la primera vez. Esperaron un breve momento y cuando la esperanza de ambos comenzaba a mermar escucharon un grito que les alertó de inmediato. - ¡No pienso abriros! ¡Largáos! - William miró a Caleb, que era ligeramente más alto que él y su cara compuso una expresión de confusión.

- Beth, soy William O’Connor. ¿Me recuerdas? Fuimos compañeros en la Universidad. - Le habló con el tono más delicado que fue capaz de usar, aunque alzando la voz para que pudiera escucharle. - ¡FUERA! ¡NO ESTOY LOCA! ¡LO QUE HE VISTO ES REAL!

William dedujo que su enfermedad mezclada con la experiencia que acababa de vivir había terminado por desatar del todo aquella terrible afección. Se preguntó si sería adecuado seguir insistiendo o si por el contrario debía tomar medidas por su cuenta. Supuso que tratar de convencerla no serviría de nada, así que sacó la varita disimuladamente (aunque aquella casa estaba bastante apartada del resto) y conjuró un alohomora de forma no verbal. Desde luego dejarla en aquel estado y sin borrarle la memoria no era una opción. No sólo podía resultar un peligro para la sociedad mágica sino también para ella misma.

Sin embargo sólo había dado un par de pasos dentro de la estancia cuando la chica salió de detrás de la puerta con un bate de béisbol y le propinó un fuerte golpe en la nuca, que hizo que cayera de bruces contra el parqué del salón. Aquello había dolido, y mucho.
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Caleb Dankworth el Vie Ene 22, 2016 6:29 am

Por la cara que había puesto William se veía que no le hacía ni puta gracia que yo hubiese aceptado su oferta de ayudarme con cualquier cosa, pero me daba igual, que se jodiese. No es que yo necesitase ayuda con nada, pero ya que tengo que mantener las apariencias en la sociedad arreglando el desastre que había provocado antes junto con mis compañeros mortífagos, al menos que este vago mueva el culo y haga algo útil en vez de ir por ahí dando tumbos. No tenía muchas ganas de tener que aguantar a William durante horas, pero ya que le habían asignado como mi compañero para hoy al menos que compartiese algo del trabajo conmigo. Cuanto antes terminásemos con todo esto antes podríamos irnos cada uno a nuestra casa y perdernos de vista, con suerte para siempre.

Fue una grata sorpresa que dijese que conocía a una de las muggles que se habían fugado y a las que teníamos que buscar, pues había sido su compañera de la universidad. Al escuchar eso esbocé una sonrisa burlona.

-Teniéndote a ti de compañero de clase no me extraña que la pobre mujer acabase mal de la cabeza- dije sin cortarme ni un pelo. A lo largo de los años habíamos aprovechado cualquier oportunidad para insultarnos y meternos el uno con el otro. Sentía lástima por mi hijo que había tenido que aguantarle en clase durante todo un año.- Está bien, vayamos a buscarla. Después deberíamos ir a por Stevens y Clark, al ser visitantes van a ser más difíciles de encontrar. Los Aurores pueden encontrar las direcciones de los otros mientras vamos a por estos.

Caminamos para apartarnos a un lugar donde poder desaparecernos. Hice una leve mueca al tener que tocar a William, como si éste fuese a pegarme miasmas. Ya podría haberme dicho el tío la dirección en la que tenía que aparecerme para que fuese yo por mi cuenta o algo. Un segundo después nos aparecimos delante de la casa de la tal Beth. Espero que esté en casa y no haya huido despavorida del hospital hacia otro sitio, como a un bar. Lo normal es que después de pasar por una experiencia trágica como lo es el casi ser asesinado la gente se vaya a un bar a ahogarse en alcohol… ¿o eso solo lo hago yo? Bueno, yo siempre estoy ahogándome en alcohol, es fácil encontrarme haya habido una tragedia o una alegría o simplemente sea un día normal.

Cuando William tocó al timbre y llamó educadamente a la puerta alcé las cejas y le miré con cara rara.

-¿En serio, llamas al timbre? Tío, tenemos prisa y la mujer debe de estar histérica, usa un Alohomora y entra- le dije, pero William esperó ahí como un tonto a que la mujer abriese la puerta, y a mí se me estaba agotando la paciencia.- Quita, ya lo hago yo…

En ese momento escuchamos los gritos de la mujer mandándonos a tomar por culo, cosa que era muy lógica dadas las circunstancias. Me crucé de brazos mientras escuchaba como William intentaba ser diplomático con la mujer, cosa que claramente no estaba dando resultados. Luego él usó un Alohomora. ¡Haber empezado por eso! Entramos en la casa con las varitas en alto, preparados para ponernos en acción en cuanto tuviésemos la oportunidad. Lo que no nos esperábamos era que la muggle, Beth, nos atacase tan de improvisto y nos pillase por sorpresa antes de que pudiésemos defendernos. Por suerte le pilló más cerca William, y fue primero a por él. Cuando la mujer golpeó a William en la nuca y le tiró de bruces al suelo no pude resistirme: comencé a partirme el culo de la risa ahí mismo. Es que había sido muy bueno, y me había vuelto el fan número uno en el mundo de aquella mujer.

-¡Jajajaja!- me reí de William, que seguía tirado en el suelo dolorido. Entonces miré a la mujer, que era joven y bonita pero tenía pinta de histérica con los ojos muy abiertos y el bate de béisbol en alto.- ¡Por favor, que alguien me recuerde que te envíe flores cuando todo esto haya acabado!

La mujer, Beth, intentó golpearme con el bate de béisbol como había hecho con William, pero yo ya estaba preparado y detuve el bate con mi mano y se lo quité, tirándolo entonces al suelo. La mujer gritó asustada, pero yo actué rápido. A veces no teníamos tiempo de calmar a los muggles a los que teníamos que desmemorizar y había que actuar incluso cuando ellos estaban histéricos. Además, si la mujer tenía problemas con su salud mental sería aun más difícil calmarla, así que mejor no perder el tiempo.

-Esto no te va a doler, lo prometo- dije antes de apuntarla con la varita, y la mujer se quedó inmóvil debido a un hechizo que la eché. Entonces entré en su mente, buscando los recuerdos que quería aislar y borrar, y los que quería modificar para que ella recordase la versión oficial que se iba a dar sobre el ataque que había sucedido en el hospital. Mientras indagaba entre sus recuerdos haciendo mi trabajo encontré algo que me puso de buen humor: Charlene Stevens y Tyrone Clark, la pareja de visitantes que habían escapado, habían ido a visitarla a ella, así que eso era una buena pista por donde empezar para encontrarles. No tardé mucho en terminar de hacer mi trabajo; la mujer no recordaría absolutamente nada de los mortífagos, ni de la magia que había visto en el hospital. Ahora ya no gritaba, pero nos miraba con los ojos como platos y temblaba un poco. Intenté que me dijese dónde podía encontrar a sus amigos, pero no soltó prenda. Un poco de legeremancia resolvería el problema, pero eso no siempre era ético en el trabajo, además de que las mentes débiles no podían soportar ese tipo de invasión y con esta mujer sería muy arriesgado. Miré entonces a William, quien ya se había puesto de pie pero tenía un enorme chichón. En serio, le mandaría flores más tarde a la mujer.- Conoce a la pareja de visitantes que estamos buscando. Mira a ver si tú consigues averiguar dónde podemos encontrarles.

Me aparté de la mujer entonces, dejándole el camino libre a William.
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