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Go Big or Go Home. {Elia Deveraux} +18

Zachary S. Dankworth el Mar Sep 29, 2015 5:13 pm

El final del verano se acercaba más rápido de lo que a muchos nos gustaría. El comienzo de las clases se encontraba a la vuelta de la esquina, y era extraño pensar que no iba a tener que volver a King’s Cross para coger el tren que nos llevaría a Hogwarts. Esa etapa de mi vida había terminado y había comenzado una nueva, la de la universidad. Un nuevo edificio antiguo, nuevas clases, nuevos profesores, nuevos compañeros… Echaría de menos Hogwarts, pero me gustaba ser un universitario. Tenía muchísimas ventajas. Libertad era la ventaja más grande, ya no tendría que estar encerrado en el castillo nueve meses siguiendo un montón de normas (o más bien fingiendo que las seguía). Podría ir a donde quisiese y hacer lo que quisiese cuando quisiese, y eso era algo que me gustaba. La otra ventaja eran las fiestas. Todo el mundo sabía que las fiestas eran lo mejor que había.

Durante uno de los tour por la universidad que hacían en verano para que los alumnos fuésemos conociendo el lugar había conocido a algunos de los que serían mis nuevos compañeros de carrera, además de que había conocido por el campus a alumnos que estaban estudiando en cursos superiores y que habían sido bastante amables. Nos habíamos llevado muy bien todos, y no tardé en ser invitado a una de las fiestas que lanzaban unos alumnos de tercer y cuarto curso. La fiesta era en un adosado de cuatro pisos de uno de los mejores barrios de Londres, donde se habían reunido alumnos de todos los cursos y además algunos antiguos alumnos. Entre la gente que había en la fiesta reconocía a antiguos compañeros de Hogwarts que eran de otros cursos y Casas. Obviamente todos los que estaban en la universidad habían sido estudiantes de Hogwarts en el pasado, pero era curiosos verles allí. En Hogwarts mucha gente aparentaba ser muy estirada y seria, y verles ahora desfasándose en una fiesta era curioso y divertido. Era una noche para pasárselo bien.

No faltaron la música y el alcohol. Los dueños de la casa habían puesto hechizos para que no se oyese el ruido desde fuera, porque si no lo más seguro sería que los vecinos Muggles llamarían a la policía para quejarse del ruido a aquellas horas de la noche. Tampoco nos preocuparía mucho si eso pasase, puesto que no haría falta más que un simple Confundus para que nos dejasen en paz y se fuesen de vuelta a la comisaría. Había todo tipo de bebidas en la fiesta, pero empecé por algo suave, cervezas, en vez de abalanzarme a por mi amado vodka. Hacía mucho calor, y no había nada como unas cervezas bien frías para refrescarse en medio de toda aquella gente.


Última edición por Zack Dankworth el Dom Abr 03, 2016 8:26 am, editado 1 vez
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Elia Deveraux el Jue Oct 01, 2015 9:56 pm

Tania y Mandy me hablaron sobre una fiesta de universitarios en un piso de Londres cerca de su casa y no me pude resistir. Debemos ir, si o si. Nos invitaron unos compañeros de universidad. Es decir, que en la fiesta se van a mezclar ex-alumnos y universitarios. Es el tipo de fiesta que me gusta. Adoraba esas fiestas cuando era yo la universitaria y tenía la oportunidad de ligar con tíos graduados y mayores. Quizás era tiempo de ligar con chicos menores. Pasé días hablando de la fiesta con ellas. Iba a ser nuestra última fiesta del verano y no la íbamos a desaprovechar. Conversamos mucho sobre la posible calvicie de unos y otros que quizás ni acudieran a la fiesta. Del tipo de vestido que nos íbamos a poner, de que hacernos en el pelo... Es la ocasión ideal para ver a nuestros amigos de la universidad, pues cuando hay una fiesta de ese tipo se une mucha gente, y restregarles lo bien que nos va y lo bonitas que nos conservamos.

Lo primero nada más llegar fue saludar a las anfitrionas. Tres chicas de diferentes edades con pelo muy largo y vestido muy corto. Conocí a la más mayor en mi último año de universidad, y estaba ya en su último año. Las otras dos continuaban estudiando. Daban la fiesta en su casa con todo tipo de protecciones antimuggles para evitar enfrentamientos y habían instalado una zona de aparición dentro de la propia casa. En esta casa es donde suelen darse las fiestas de universidad. Todos los años llega una nueva inquilina cuando se va una graduada. La única condición es que le guste la fiesta. Tienen unas normas y unas leyes o lo que sea. De modo que esta casa siempre es al sede de las fiestas de universidad donde surgen todo tipo de encuentros. Nos tomamos unos chupitos de algo flojo que sabía a fresa y luego me uní al juego de unos chicos que trataba sobre beber tequila y otras mezclas dependiendo de unas preguntas. Admito que fallé unas cuantas a propósito. ¿Quién no sabe la cantidad exacta de sanguijuelas que se necesitan para elaborar la poción multijugos? Yo no si fallar consiste en beber un chupito de tequila. Me había cansado ya de jugar y cedí mi lugar a una morena con muchas ganas de jugar. Tania y Mandy se habían perdido en la fiesta, la música estaba genial y se me antojaba bailar. Sentía una emoción conocida por efecto de la bebida. Desinhibición y desenfreno.

Bailaba entre chicos y chicas buscando alguien con quien pasar una gran noche. No pienso decirlo en voz alta pero hace demasiado tiempo desde mi último polvo y mi meta es encontrar alguien que me de pasión esta noche. Localicé un chico muy atractivo cerca de la ventana. Me dirigí bailando y contoneándome hasta que me di cuenta que no debía tener mucho más de diecisiete años. A no ser que la noche termine muy mal, no quiero terminar follando con un crío que perfectamente podría estar en mis clases de Runas. Elia Deveraux nunca caería tan bajo. Continué mi búsqueda hacia la barra para aprovechar y conseguir otro chupito o una copa de algo para refrescarme pues el ambiente estaba cargado. Allí parado y solitario vi a un chico que me sonaba y me acerqué lentamente observándolo. Mientras me servían un whisky de fuego me acerqué al chico. - Tu cara me suena muchísimo. - Me acerqué mucho más de lo esperado ya que había tomado demasiados chupitos de tequila y no controlé bien la distancia. Le rocé el pecho con el codo mientras le sonreía mirando sus bonitos ojos. No lo recuerdo de clase de modo que todo está bien.

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Zachary S. Dankworth el Vie Oct 02, 2015 12:35 am

Para mí la fiesta estaba siendo tranquila por el momento, sin desfasarme mucho. Había charlado con compañeros nuevos, bailado con algunas chicas, bebido un poco, pero todo de manera muy moderada. En aquel momento me dedicaba a estar de pie junto a una mesa con un grupo de estudiantes más mayores que yo que había conocido en la fiesta y a algunos de ellos cuando visité el campus. Casi todos ellos habían sido de Slytherin y de Ravenclaw (se notaban quiénes eran los exGryffindor y los exHuffepuff porque eran los que más ruido estaban haciendo, por alguna razón los leones y los tejones nunca dejaban de hacer el idiota ni cuando salían de Hogwarts) y algunos incluso me sonaban de vista aunque en el pasado no había hablado con ellos, y estábamos echándole un ojo a las chicas del lugar. La gran mayoría eran muy guapas y alegraban la vista, no me estaba desagradando lo que me esperaba en la universidad. Los otros chicos comentaban qué chicas eran las que les gustaban a ellos, y me proponían que fuese a por algunas en particular. En cierto momento uno de los chicos, Ryan, un exSlytherin que estaba en este momento a punto de empezar cuarto de carrera en la universidad, señaló a una pelirroja de tercero de carrera que estaba bailando de manera provocativa con sus amigas al otro lado del salón donde estábamos.

-¡Ve a por esa!- me dijo Ryan riendo de la típica manera en la que reía la gente cuando empezaba a pasarse un poco con las cervezas.

-Conozco a esa chica- le dije entonces, negándome a ir a por la pelirroja. Sonya, creo recordar que se llama. Sí, Sonya. De lo que más me acordaba de ella no era de su nombre precisamente, sino de su locura. Era muy guapa y muy buena en todo, pero era una desquiciada aunque no lo pareciese. ¡Ni con un palo volvía yo a acercarme a esa! Se lo conté a los chicos, que al principio no entendían por qué no iba con Sonya, y en cuanto les expliqué mis razones (las cuales eran muy válidas, pues temía por mi integridad física y mental) comenzaron a reírse.

-¡Pues si no vas tú ya voy yo!- exclamó Ryan, que decidió que las chicas demasiado locas eran lo suyo y se separó del grupo para irse con la pelirroja. Los que nos quedamos atrás reímos mientras observábamos como los dos se iban a bailar y luego desaparecían. Sentía un poco de lástima por el pobre Ryan, pues sabía que era posible que por la mañana despertase con la columna vertebral partida en tres y el cuerpo en general hecho polvo.

Poco después los demás chicos también se dispersaron por la fiesta y yo me quedé allí en compañía de mi tercera o cuarta cerveza, no estaba muy seguro de cuántas llevaba, pero no eran suficientes ni de lejos. Continuaba observando lo que ocurría a mi alrededor cuando de repente vi algo que no esperaba para nada, y eso fue a mi antigua profesora de Runas Antiguas de Hogwarts, Elia Deveraux, acercándose a mí. He de admitir que nunca había atendido mucho en su clase, las Runas no eran lo mío, me costaba entenderlas y siempre me pasaba el tiempo pensando en otras cosas, por lo que no había destacado precisamente en ese aula. Pero no estaba ciego, y no era el único chico que había estado en Hogwarts que había pensado que Elia Deveraux era una mujer tremendamente hermosa y sensual. Los rumores decían que estaba un poco loca también, pero no sabía si había que fiarse mucho de las cosas que decían mis compañeros en la Sala Común y en los dormitorios cuando nos sentábamos a hablar de chicas y mujeres. Debía de haber algo de cierto en aquellos rumores, dado el hecho de que mi antigua profesora se encontraba en esa fiesta de universitarios, sonriendo y bailando y pasándoselo bien aparentemente, y además parecía que estaba un poco tomada. Me la quedé mirando con una ligera media sonrisa mientras se acercaba a mí. Siempre había pensado que era una mujer guapa, pero antes había sido mi profesora así que mis ojos y mis pensamientos habían estado en otra parte. Esta noche, sin embargo, no podía negar lo innegable. El vestido que llevaba puesto hacía que no mirar fuese incluso más difícil de lo que ya era.

-No puedo imaginarme la razón de ello- dije con tono pícaro e irónico y mirada traviesa cuando se acercó a mí y me dijo que mi cara le sonaba muchísimo. No sabía si lo estaba diciendo en serio, en cuyo caso consideraba divertido no recordarla de dónde me conocía por el momento, o si por el contrario estaba bromeando y entonces yo le estaba siguiendo el juego. En cualquier caso me sentía con ganas de jugar, y mi interés por estar en aquella fiesta se hizo muchísimo mayor que antes. Me terminé de un sorbo la botella de cerveza que tenía en la mano y la dejé en la mesa a mi aldo antes de mirar a Elia a los ojos.- La tuya me suena muchísimo también, pero estoy segurísimo de que recordaría a una mujer tan guapa como tú- dije, siendo más descarado de lo que había sido en mucho tiempo mientras mantenía el tono irónico, aunque más ligero que el de antes.

En aquel momento de repente el salón se oscureció pero las luces de colores que le daban el ambiente de fiesta al lugar se hicieron más intensas, y la música cambió. La canción que sonaba era mucho más movida y daba más ganas de bailar, y mi sonrisa pícara se amplió.

-¿Bailas?
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Elia Deveraux el Miér Oct 07, 2015 10:42 pm

La culpa podía ser del alcohol que había ingerido ya, pero me sentía con ganas de marcha y desinhibida del todo. Suelo ser sutil y discreta pero siendo esto una fiesta universitaria no hace falta. Los chavales que hay aquí buscan lo mismo que yo. Todas las chicas que hay aquí buscan lo mismo que yo. Quieren bailar, pasarlo bien, reírse, follar, beber y llegar a casa muy tarde para dormir la mona. Y todo eso es un ambiente excitante rodeada de gente joven y alcohol. A algunos más insensatos les daba por usar drogas, algo que a mi nunca se me ha pasado por la cabeza. He visto muchas veces los efectos que tienen. Es muy de muggles consumir esas substancias. Nosotros, los magos y brujas no necesitamos ese tipo de evasión de la realidad, y más si eres yo. Elia Deveraux ha tenido una vida fácil, feliz y divertida. Con tomar alguna que otra copa me basta, y al parecer hoy necesitaba unas cuantas. No veo doble, pero tengo esa agradable sensación en el estómago que me invita a hacer todo aquello que me apetezca. Sin límites.

Me acerqué a la barra, pues, para tomar algo más suave. El tequila tiene el poder de tumbar a las personas y no es lo que busco esta noche. Quiero bailar, que me miren los chicos y que me digan que soy sexy. Que me entren, que me pidan sexo, negárselo, bailar, restregarme con ellos, ponerlos calientes, y finalmente terminar la noche con el chico que a mi me gustase, con el que me diese la gana. Mi premisa suele ser nada de críos recién salidos del colegio, porque me recuerdan a mi trabajo con los odiosos críos. Pero estoy demasiado bebida esta noche como para hacer distinciones. Ni siquiera estoy segura de querer saber sus nombres. Me arrimé a un chico, soltando una típica frase para empezar una conversación. Me suena su cara lo mismo que la de los otros muchachos de la fiesta. Quizás de verlos en otras fiestas, o en mis últimos años de universidad. O a lo peor de Hogwarts. ¿Qué importa? El chico se interesó bastante en mi. Parecía divertido de verme. Dijo que mi cara le sonaba pero que recordaría a una mujer como yo. Eso es un premio, machote. Solté una risita de agradecimiento mostrando mi sonrisa cautivadora. Todas mis armas de mujer desplegadas hacia el chico de la barra. Ni siquiera le contesté verbalmente a su invitación para bailar. Lo cogí de la mano y lo llevé al centro de la pista. Me topé con Mandy, mi ex Slytherin favorita, que me guiñó un ojo mientras se restregaba con un polluelo recién salido de Hogwarts. Le sonreí bastante sorprendida. Mandy es de tipos altos, rudos, musculados... y estaba con un crío al que justamente le estarían saliendo los pelos.

El tipo de canción me daba ganas de bailar. Es lo bueno de las fiestas universitarias que nada tienen que ver con las fiestas de pijos que dan los ricos, con música clásica y todo el paripé. A mi que me pongan las sinfonías de Kesha. - ¿En que curso estás, guapo? - Pregunté cerca de su oreja en uno de los cambios de canción. Estaba siendo divertido bailar con un chico tan guapo, pero compartir algunos datos básicos es primordial. Si me dice que está en primero este año quizás me replantee mi próximo paso. O quizás no. Lo que en realidad debería preguntarle es si le mide más de quince centímetros, y si me acompaña un momento al baño. Pero no se tiene que notar que tengo muchas ganas de tener sexo, porque entonces me van a dejar con las ganas. Mi misión esta noche es recibir lo que quiero dejando que parezca idea de él. Le pasé las manos por detrás del cuello para bailar mirando sus ojos con nuestras caras muy juntas. - Creo que no me has dicho tu nombre. - Repasé mentalmente mis alumnos de Hogwarts del curso pasado, que no habían sido muy numerosos, y no me venía ningún mote a la cabeza. De modo que él no había estado en mi clase. Tengo recuerdos contundentes de los chicos de mi clase. Los odiosos Slytherins, y Max McDowell. Ese Ravenclaw me tenía el alma robada por ser simpático e inteligente en mis clases. Pero, de ponerle un mote a este chico ¿cuál sería? Yo creo que le llamaría gatito, por esos ojos de tigre que tiene en su cara de buen chico. No puede ser un tigre con esa cara de gatito. ¡Miau!
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Zachary S. Dankworth el Miér Oct 14, 2015 5:39 am

No podía borrar la sonrisa pícara y sinvergüenza de mi rostro, no mientras veía cómo Elia, la joven mujer que hasta hace pocos meses ha sido mi profesora, estaba delante de mí ligando conmigo en un estado algo desfasado y ebrio. No hice nada para apartarla de mí ni para apartarme yo mismo, sino que me mantuve allí mirándola y hablando con ella como si fuésemos dos desconocidos que no se hubiesen visto en la vida. Me resultaba extraño y curioso que actuase así, y no sabía si estaba jugando conmigo o si iba en serio que pensaba que estaba hablando con un desconocido, pero pronto me quedó claro que sí que no sabía quién era. ¿Tan borracha estaba? Mi código solía impedirme bailar con mujeres o chicas que estaban tan borrachas, o siquiera acercarme mucho a ellas, para evitar situaciones en las que estar sobrio era un abuso de poder. Pero Elia estaba endiabladamente hermosa esa noche, ya no era mi profesora, y por alguna razón durante el último mes había mandado a tomar por culo a mi código de honor en varias ocasiones. El honor no hacía nada más que joder a uno mismo, aunque luego moralmente te sintieses bien. Pues ya no quería sentirme moralmente bien, o al menos no esa noche.  Quería sentirme físicamente bien, así que no iba a alejarme de la hermosa mujer que se había acercado a ligar conmigo descaradamente. Aquello prometía.

La ofrecí bailar, y Elia no tardó en cogerme de la mano y tirar de mí para alejarme del rincón donde me había encontrado y acercarme a la pista de baile, justo en el centro de la fiesta. Ahí parecía todo estaba más oscuro, pero las luces de colores eran más intensas y producían un efecto casi hipnótico por la manera en la que vibraban y por las luces y sombras que provocaban sobre la gente que bailaba en la pista. Nos pusimos a bailar casi de inmediato de manera divertida y alocada, pues estaba sonando una canción movidita, propia para una fiesta o una discoteca. Elia no dejaba de ser sensual en todo momento. Siempre había estado guapísima en Hogwarts, pero nunca la había visto fuera de las clases. Esto ya era otro nivel, estaba todavía más hermosa siendo libre en esta fiesta, con el brillo de los efectos del alcohol en sus enormes ojos, y con ese vestido que la sentaba como si fuese una obra de arte. No era excesivamente revelador, como el de otras chicas en la fiesta que no dejaban lugar a la imaginación, per sí que dejaba adivinar las sensuales formas de su cuerpo y permitía ver sus largas y esbeltas piernas que daban a los hombres ideas muy malas. Me sorprendí a mí mismo cuando me imaginé la delicia que sería tener esas piernas rodeando mi cintura. Me sorprendí no por el pensamiento en sí, sino porque se me hacía raro pensar así de mi antigua profesora… pero me daba igual. Era una mujer joven y hermosa. Mi cuerpo me pedía a gritos alguien como ella.

-Primero- contesté cuando me preguntó en qué curso estaba. Yo no le pregunté a ella, porque obviamente sabía que no era una alumna, pero no me apetecía revelar por el momento que sabía quién era porque me estaba pareciendo increíblemente entretenido que ella no se diese cuenta de que yo era uno de sus antiguos alumnos. ¿Seguiría así o se daría cuenta por fin?

Sonreí pícaramente cuando se acercó más a mí mientras bailábamos y puso sus brazos alrededor de mi cuello, casi pegando completamente su cuerpo al mío. Sabía usar excelentemente sus armas femeninas, y en mi mirada azul se veía que sus movimientos y sus gestos me estaban excitando, y no tenía ningún deseo de contenerme.- Tienes razón, disculpa mis malos modales… Soy Zack- dije mi nombre en su oído para que me escuchase por encima de todo el ruido de la gente y la música de la fiesta. Desde aquella posición vi a lo lejos a los chicos que habían estado antes conmigo y que ahora me estaban mirando con gesto divertido mientras bailaba con Elia. Algunos miraron con aprobación y uno de ellos sonrió y se puso a hacer gestos obscenos aludiendo a situaciones sexuales con las manos. Le respondí con otro gesto obsceno con el dedo corazón y entonces me separé un poco de Elia para volver a mirarla a la cara y seguir bailando con ella.

La música cambió de repente, y la nueva canción era un poco más lenta pero estaba cargada de energía e incitaba a bailar de una manera más sexual. Algunos de los que estaban bailando antes a nuestro alrededor se marcharon de la pista para ir a tomar algo, o incluso para colarse en alguna de las habitaciones de la casa. Nosotros nos quedamos y seguimos bailando. Cambié el ritmo del baile para complementar al de la canción, y entonces agarré a Elia y la hice girar repentinamente con un movimiento muy fluido para que quedase de espaldas a mí, con su cuerpo completamente pegado al mío mientras yo bailaba y movía la pelvis de manera acentuada.

-¿Tengo premio si adivino el tuyo?- pregunté de nuevo en su oído con tono exageradamente descarado mientras nos movíamos de una manera sobre la pista que algunos más puritanos que nosotros marcarían de completamente inapropiada y escandalosa, pero que a mis compañeros de antes les estaba haciendo silbar desde el otro extremo de la sala. Mi mano derecha se deslizó sobre su costado, mientras que la mano izquierda sujetaba su cadera.
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Elia Deveraux el Sáb Nov 07, 2015 1:40 am

Me sentía pletórica, con muchas ganas de pasarlo bien. A parte de bailar, sentía deseos de moverme en otro tipo situación, y esta era mi noche de caza. Puede resultar extraño ver a una profesora seria de Hogwarts borracha y en busca de jovencitos universitarios, pero estaba demasiado bebida para que me importase. Además de que llevaba mucho tiempo sin sexo. Me acerqué a aquel gatito con ojos de tigre. Él estaba receptivo. Atractivo y joven, sonriente, galán. Es mucho más de lo que esperaba encontrar esta noche. Tenía pensado dar unas cuantas negativas para sentirme aún mejor, y no iba a ser a él a quien se la diese. No tardó en ofrecerme bailar y como respuesta me lo llevé al medio de todos. Existen muchas formas de bailar, y poca gente lo hace como yo. Aprendí hace mucho tiempo que lo bonito está en moverse mucho y poco a la vez. Es decir, mover muchas partes del cuerpo pero lentamente. De forma sensual. Las caderas son un buen aliado, casi tanto como una bonita sonrisa. Sirve para casi todas las canciones que me gustan. Eso pone mucho a los chicos. El gatito no me quita los ojos de encima, supongo que le gusto. Es difícil saberlo a ciencia cierta. El alcohol nos da una falsa sensación de seguridad y nos hace pensar que todo es como queremos que sea. Si a la cantidad de copas que me he tomado le sumas que yo siempre tengo esa seguridad, la probabilidad de que le guste es del cien por cien.

Por hablar de algo y no tratar al chico como un mero objeto, le pregunté por el curso en el que estaba. Me quedé con la boca abierta de forma graciosa cuando dijo que estaba en primero. Después reí y continué bailando. O sea, que el año anterior si estaba en Hogwarts y debería conocerle. Me acerqué más, rodeándolo con mis brazos. Quise saber su nombre. Tenía que acordarme de este gatito tan mono. Cuando se presentó me quedé igual. Zack. Bonito nombre para un lindo gatito, pero no me suena. Cambió la música y continuamos bailando. Esta canción exigía movimientos más lentos y pegados. Muchos abandonaban la pista para llenar sus copas o ir al baño. Existen canciones así, las ponen después de las canciones buenas para que la gente tenga un respiro. Zack en lugar de seguir a la mayoría se quedó en la pista y yo con él. Esto puede ser divertido. Me dio un giro y quedó a mis espaldas. Grr, que sexy. Así es como me gusta que me cojan. Ladeé un poco la cabeza e imité sus movimientos pegando mucho mi espalda a su torso. Su siguiente frase me hizo sonreír. Él sabe mi nombre porque en el curso anterior estaba en el colegio. Eso es trampa. Di media vuelta y me pegué a él para poder hablarle al oído. - Mejor hablemos del premio. Espero que sea algo que pueda cumplir esta misma noche. - Al separarme de su oreja lentamente me quedé mirando sus ojos con mi boca muy cerca de la suya, pero no le besé. Solamente le creé la expectativa de un beso para dejarle con ganas. - No venías mucho a mi clase, ¿verdad? - Me mordí el labio traviesa. Le estaba dejando claro que aunque al principio no entendía lo gracioso del asunto ahora si, y no me importaba para nada. Él había estado en Hogwarts mientras yo era profesora, pero ahora ya no lo era. No es delito follar con un ex-alumno. Tampoco lo es bailar, y por el momento es todo lo que hacemos.

Hice un barrido visual por la habitación hasta encontrarme con los ojos de Tara. Me hizo una señal de aprobación. No es que la necesite, pero me gusta ver como mis amigas me envidian. Ella estaba hablando con otras dos chicas, seguramente de temas aburridos. Odio a ese tipo de gente que no sabe desconectar ni en una fiesta. El alcohol ayuda. Amo tener inteligencia y me gusta mucho discutir sobre temas transcendentales, pero esto es una fiesta, Zack es muy guapo y tan solo quiero echar un polvo. Por eso mi forma de bailar se iba volviendo provocativa a casa paso. Mi misión era encender al gatito y después enseñarle la casa. Está mágicamente diseñada para que todo el mundo pueda tener su momento de gloria y paz. Le dediqué una mirada a Zack llena de entusiasmo, como si se me hubiese ocurrido la mejor idea del mundo, me acerqué a su oído para contársela y en lugar de hablar le propine un pequeño mordisco cariñoso en la oreja.
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Zachary S. Dankworth el Miér Ene 20, 2016 5:12 pm

Estaba jugando con Elia cuando le pregunté de manera pícara que si tendría un premio se adivinaba su nombre. Era trampa, claramente, ya que parecía que ella estaba demasiado borracha como para acordarse de que apenas hace unos meses fui uno de sus alumnos… Pero Elia puede que fuese rubia, pero no era tonta, y no cayó en la trampa, aunque sí que me siguió el juego diciéndome que mejor hablásemos del premio.

-Se me ocurren un par de premios que se pueden hacer esta noche- murmuré cuando ella acercó mucho su rostro al mío, tanto que casi se rozaron nuestros labios, pero no hubo ningún tipo de contacto. Aquello solo me hizo desearla más. Siempre me había dado cuenta de que era una mujer increíblemente hermosa, pero también era increíblemente sensual. Sus labios parecían ser carnosos y suaves. Quería darle un mordisquito a esos labios. La manera en la que la miré no dejaba lugar a dudas sobre qué tipo de pensamientos lujuriosos estaban cruzando mi mente en aquel momento. Elia se había convertido en la manzana de la tentación aquella noche en medio de aquella fiesta, y yo quería ser un pecador.

Y por fin se dio cuenta de que yo había sido uno de sus alumnos. No parecía molestaba por haberse dado cuenta de que yo había sido uno de sus alumnos durante el curso pasado. Sonreí cuando me preguntó que si no iba mucho a su clase cuando estaba en Hogwarts.- Claro que iba, solo que no participaba mucho- dije mientras me encogía de hombros.- Prefería observar con detenimiento las cosas tan interesantes que había en la clase- añadí con tono sugerente y pícaro mientras seguíamos bailando y mis manos se deslizaron por su costado hasta su cadera, tocando solamente la tela de su vestido, pero era tan fino y prieto que casi podría estar tocando su piel.

Elia se mordió el labio y volví a sentir unas ganas tremendas de morder ese labio. Estaba seguro de que sus labios sabrían exquisitos, al igual que toda ella. Tenía ganas de coger en brazos, pegar su cuerpo al mío aun más de lo que ya estaba mientras bailábamos de aquella manera que se acercaba un poco a ser descarada. Se volvió más descarada todavía cuando Elia comenzó a moverse de una manera muy provocativa, haciendo que todos los nervios de mi cuerpo se disparasen. Si no fuese porque estábamos rodeados por cientos de personas ya le habría arrancado el vestido sin miramientos. Sentía la sangre recorriéndome las venas y calentando mi cuerpo y pidiéndome a gritos que tomase de una vez por todas lo que deseaba. Cuando Elia se dio la vuelta y me mordisqueó de aquella manera tan juguetona la oreja surgió una especie de ronroneo desde el fondo de mi garganta. Cuando se separó de mí la miré con fuego en la mirada, pero antes de que pudiese hacer o decir nada la canción cambió.

La nueva canción era muy rápida y movida, hecha para bailar y disfrutar a lo loco, pero yo ya no tenía interés en bailar. Sin embargo parecía que todo el mundo que se había ido de la pista antes ahora sí que quería bailar otra vez, y vino una avalancha de gente a donde estábamos nosotros, rodeándonos por todas partes y casi ahogándonos en un mar de cuerpos que desprendían calor y que apestaban a alcohol. Tomé de la mano a Elia y caminé hacia atrás, abriéndonos paso a ambos entre el mar de gente para salir del centro de la pista de baile e ir a otro sitio. Llegamos hacia una puerta del salón que llevaba a un pasillo; antes de salir de allí agarré una botella de vodka para llevármela conmigo y bebí un largo trago. Sentí el placentero ardor en mi garganta y sonreí de manera traviesa mientras conducía a Elia por la casa. Nunca había estado en esa casa y no tenía ni idea de por dónde se iba a donde, pero yo solo quería alejarme del abarrotado salón, los demás detalles del lugar de la casa al que acabásemos yendo me daban igual.

-Estaba empezando a llenarse demasiado el salón- dije entonces, como si esa fuese la verdadera razón por la que había querido marcharme de allí. Mentira…

Había muchas puertas en el pasillo, y también varias personas. Muchas de ellas estaban liándose con otras personas de manera pasional y sin pudor, sin importarles quién estuviese alrededor de ellos mirando. Eso estaba bien, todo el mundo se lo pasaba bien cuando el pudor se esfumaba. Bebí otro trago de vodka y entonces cruzamos una de las puertas abiertas que había en el pasillo. Las luces estaban apagadas, así que no me di cuenta de qué habitación o sala de la casa era o si había más salidas allí por las que se pudiese ir a otros lugares de la casa, pero en aquel momento me daba igual. Había una mesilla junto a la puerta y dejé la botella de vodka allí, y cuando Elia también cruzó la puerta no perdí el tiempo en cerrarla casi con brusquedad sin decir ni una sola palabra. La expresión de mi rostro era la de un deseo y un hambre voraz y unas ganas insaciables de ser malo y jugar.

Di un paso hacia ella para que despareciese la distancia entre nosotros, y entonces la agarré de la cintura sin apartar la mirada de ella y la levanté en el aire sin esfuerzo, apoyando su espalda contra la puerta y haciendo que sus piernas rodeasen mi cintura. Mis manos agarraron la parte de debajo de sus muslos, muy cerca de su trasero, y entonces sonreí de nuevo con picardía y besé su cuello, su escote, jugué con mis labios en su piel hasta llegar a sus labios y la besé. Sabía a frutas y a alcohol. Por fin podía morder ese carnoso labio…  
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Elia Deveraux el Miér Feb 03, 2016 12:33 am

Me encontraba en ese estado de felicidad absoluta que te da la bebida cuando no la has tomado en exceso. Los chupitos han sido suficientes como para tumbar a uno de estos universitarios que no están acostumbrados, pero yo soy gata vieja en esto. Tengo buen aguante. El alcohol me afecta, como a todos, y me hace flotar pero puedo controlarme. Dejé de beber al encontrarme con aquel tigre con ojos de gatito porque salimos a bailar. Lo estaba pasando mejor de lo que imaginé al salir de casa. Es la mejor técnica. Si no haces previsiones la noche se convierte en auténtica locura y desenfreno, diversión máxima. En cambio, si planeas la noche todo sale mal y terminas yéndote a casa sola y amargada. No reconocía al chico, ni siquiera recordaba su nombre, ni su cara... Seguramente perteneció a una casa de las menos destacadas como Gryffindor o Hufflepuff.

Recuerdo a todos los Ravenclaw, sobre todo a ese tan parecido a un muñeco Ken, y es imposible olvidar a los Slytherin, son todos unos bandidos, macabros y venenosos. Le pedí su nombre, Zack, y continuaba sin acordarme de él. Pero el chico si se acordaba de mí, por eso quería un premio si adivinaba el mío. Me interesaba saber que tipo de premio se avecinaba pues el chico sabía mi nombre muy bien. Sonreí satisfecha al conocer su respuesta misteriosa sobre los premios que podría darle. - Estoy segura de que te van a gustar los premios. - Zarandeé mis pechos divertida y reí con un tono agudo muy típico de las chicas borrachas. Aunque yo no me importaba nada. Al caer en la cuenta de que Zack me conocía de Hogwarts le dije que no venía mucho por mi clase, él alegó que no era de los más participativos y que cuando asistía prefería observar con detenimiento las cosas interesantes de la clase. - Debí no poner tanto énfasis en enseñar y más en ver, porque me estaba perdiendo algo muy bonito. - Las manos de Zack no vacilaron al buscar mi cadera. Mi sonrisa no decayó y continuamos bailando.

Poco o nada les importaba a los que bailaban a nuestro alrededor la forma sensual de moverme que usaba para provocar al gatito. Algunos más y otros en menor medida, pero cada alumno y alumna de la fiesta buscaba ligarse a alguien de la fiesta. Al parecer yo lo había conseguido, o puede que Zack lo haya conseguido. De nuevo cambió la música y con esta una variación notable de ritmo. Las canciones lentas dejaron paso a las canciones nuevas y locas que todo el mundo desea saltar. Porque ahora las canciones ya no se bailan, se saltan. No me importaba continuar bailando pero el gesto de Zack fue cogerme de la mano para sacarme de todo el montón de gente que aquella canción moderna había congregado en el centro de la pista de baile. Llegamos a la zona de bebidas, donde pensé que Zack soltaría mi mano pero no lo hizo, cogió una botella de vodka llena y siguió caminando pasillo adentro. Por un momento me enfadé. Si entraba por allí es que sabía el secreto de la casa de las fiestas. Cada cual puede entrar en una habitación que mágicamente se cierra y aparece  otra vacía en su lugar, de modo que la habitación ocupada no se puede abrir hasta que los usuarios salgan. - Parece que conoces bien la casa. - Respondí, sin mucho sentido, a su frase sobre lo abarrotado que estaba el salón.

Mi enfadó duró lo que dura un suspiro. Zack me guió hasta una de las habitaciones vacías y no pude negarme. No importa si no es la primera vez que está con una chica en una de estas habitaciones mágicas, tampoco es mi primera vez aquí. Me fijé en los chupitos de vodka sin vaso que el gatito se servía directamente de la botella, como para coger valor. Entramos en la habitación oscura y pude sentirme salvajemente observada por él. Di dos palmadas y las luces se encendieron revelando una habitación sencilla pero práctica adornada con un par de cuadros y poco más. No quería perderme detalle de lo que iba a pasar en aquella habitación. Se acercó a mí y sin decir nada me agarró para levantarme. Rodeé su cintura con mis piernas mientras que notaba la puerta fría a mi espalda y las manos cálidas de Zack sujetándome y tocando algo que no había tocado durante el baile. Tan solo un leve jadeo escapado de mi boca rompió el silencio de aquella sala. Un silencio parecido a la calma que precede una tempestad. Esos ojos azules me miraron con picardía y poco después su boca estaba besando mi cuello y mi escote para terminar en mis labios. Lo primero que saboreé fue alcohol puro, y pasión juvenil, mi favorita. Lo atraje más hacia mí pasando una mano por su espalda y sujetando su cuello con la otra. Aquel beso estaba cargado de ansiedad. La llevábamos acumulando toda la noche.

No me hubiese importado tener sexo contra aquella puerta fría pero ya que estábamos en una estupenda habitación con cama era una tontería no aprovecharla. Cuando el beso cesó me escurrí entre la puerta y el cuerpo de Zack con una sonrisa traviesa. Le empujé levemente hasta llegar al borde de la cama. Justo antes de lanzarlo en ella y tirarme encima le quité la chaqueta que iba a ser lo más dificultoso. La tiré al suelo sin miramientos y a él encima de la cama ayudándome de mi propio peso, pues caí encima de él. Pero no de cualquier modo, con glamour, con las piernas a cada lado de su cuerpo y la falda castamente subida. Me mordí de nuevo el labio y me lancé a su cuello, que aún olía a colonia a pesar del apasionado baile.
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Zachary S. Dankworth el Dom Abr 03, 2016 8:26 am

Cualquiera que mirase a Elia Deveraux y no se diese cuenta de que era una mujer terriblemente hermosa y aún más sexy era un completo idiota. Yo me había dado cuenta, y no solo hoy, sino que me había dado cuenta cuando todavía estaba en Hogwarts. Muchos se morían de deseo por ella y tenían sucias fantasías en las que ella era la protagonista. Y aquí la tenía yo ahora, en mis manos, y no iba a dejar escapar aquella oportunidad ni loco. En cuanto entramos en aquella habitación después de andar un poco por la casa y alejarnos de la sala en la que todo el mundo estaba bailando y de fiesta y emborrachándose y perdiendo el tiempo la estampé contra la puerta dispuesto a probar por fin sus labios, como había estado deseando desde el momento en el que posé mis ojos sobre ella y comenzamos a bailar. Ya a plena vista se intuía que su boca debía de ser un manjar, pero la realidad era todavía mejor, y supe que no me iba a arrepentir de haberla probado.

Elia me rodeó con sus brazos y pegó mi cuerpo más al suyo, haciendo que mis ganas de poseerla entera incrementasen hasta el punto en el que pensé que iba a perder el control y le iba a arrancar la ropa allí mismo, de pie y contra la puerta, sin importarme nada más que dejarnos caer en la pasión y el deseo. Pero Elia nos apartó a ambos entonces de la puerta, y nos hizo caer en la cama después de que me quitase ella la chaqueta, yo de espaldas y ella encima de mí. Quedé sin aire al caer sobre la cama, no  por la caída en sí, pues el colchón era mullido y cómodo, sino porque Elia parecía una diosa de la sensualidad. Miles de hombres serían capaces de morir felices y sentirse realizados solo por haberla tenido a ella de aquella manera sobre ellos, luciendo tan hermosa y sexy. Los escépticos sobre la guerra de Troya dejarían de serlo de estar en mi situación, pues al ver a Elia de aquella manera era muy fácil darse cuenta de que la belleza y sensualidad de una mujer podía perfectamente llevar a los hombres a una guerra épica por ella.

Mis manos se deslizaron sobre sus muslos descubiertos a causa de cómo se le había subido la falda, y se colaron entonces por dentro de su vestido justo cuando ella se agachó sobre mí y besó mi cuello, haciendo que escapase un leve jadeo de mí al sentir sus labios en contacto con mi piel. Mientras ella me besaba mis manos subieron más por su piel por debajo de su vestido, acariciando sus caderas y su cintura y la parte baja de su espalda, y la apreté más contra mi cuerpo. La manera en la que estaba sentada sobre mí hacía muy fácil que ella notase el efecto que su sensual presencia y perfecto cuerpo tenían sobre mí. La fiesta había acabado yendo en una dirección mucho mejor de lo que había pensado cuando había decidido venir.

Con un levísimo empujón hice que ella quedase de espaldas sobre la cama conmigo sobre ella, aunque me apoyé sobre mis brazos para evitar aplastarla con mi peso, por lo que tuve que sacar mis manos de debajo de su corto vestido que seguía cubriendo su cuerpo. Enterré mi rostro en su cuello, besándola y mordisqueando su piel y dejándola levemente roja, y mordisqueé también el lóbulo de su oreja.

-Dime… qué deseas- murmuré con voz ronca debido al alcohol y el deseo en su oído. Volví a besar su cuello entonces y comencé a bajar por su cuerpo, besándolo por encima del vestido, el cual no le había quitado todavía. Continué apoyándome en mi brazo izquierdo mientras que la mano derecha se deslizaba por su costado y bajaba hacia sus piernas, acaricié su muslo y entonces mi mano se coló en la entrepierna de Elia. Podía sentir su calor a través de la ropa interior, y pasé  la punta de mis dedos por encima, rozándola sin llegar a tocarla directamente. Mis dedos rozaron levemente su piel en la zona baja de su vientre entonces, trazando suaves círculos en su piel mientras mis labios volvían a los suyos. Mientras la besaba mi mano apartó la ropa interior, y entonces sentí directamente su calor y su humedad, que me invitaban como si me estuviesen llamando a gritos. Mientras mi índice entraba en ella (y más tarde también el dedo corazón) mi pulgar se centró en trazar sículos sobre su clítoris para hacerla sentir con más intensidad, más placer mientras mi mano se movía y trabajaba en ella.- Dime cuáles son tus fantasías… Incluso las más perversas- murmuré contra sus labios cuando me deparé de ella antes de bajar por su cuerpo mientras mis dedos salían de ella tras haber estado un rato masturbándola, y le quité las bragas y las tiré al suelo. Sujeté sus piernas a ambos lados de mí con mis manos mientras colocaba mi cabeza entre ellas y entonces dejé que mi lengua se encargase de la tarea de la que antes se había encargado mi mano, moviéndola de distintas formas y chupando y succionando a intervalos distintos para aumentar las sensaciones que ella pudiese sentir al máximo. Iba a hacer a aquella mujer mía de todas las formas posibles esta noche.

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Elia Deveraux el Mar Abr 12, 2016 11:47 pm

Cualquier noche en este piso donde se celebran las mejores fiestas universitarias puede una terminar en las habitaciones haciendo travesuras. En mi primer año no hubo fiesta en la que no abandonase a mis amigas para acostarme con alguno de los chicos mayores. No soy especial, ni mi belleza lo es, pero hay algo en mi forma de mirar que les atrae. Y yo lo sé, y me aprovecho de ello. Eso hice con Zack, mirarlo fijamente hasta que me dejé llevar hasta unas de las habitaciones. Ni siquiera me paré a pensar en su edad. Es algo que nunca tuvo importancia para mí. No hay nada de malo si dos personas quieren pasar juntas un buen rato. Solo hay dos excepciones: si son feos o si son de mi propia familia. Ni siquiera tengo la estúpida norma de honor que suelen tener las amigas de no tocar a los novios. Mis amigas lo saben. Si me lío con un chico es porqué él también quiere. El sexo es cosa de dos.

Solamente dos personas estábamos en aquella habitación sencilla pero bien iluminada. No tardé en apartar a Zack de la puerta y hacerle caer en la cama. No quería parecer desesperaba pero estaba más que lista para pasar a la siguiente fase. Intenté tranquilizarme pues las cosas también se disfrutar mejor si se va despacio. Como ex-alumno mío que es seguro que ha fantaseado alguna vez conmigo. Debemos pasar un buen rato para cumplir sus espectativas. Hoy me apetece cumplir sus fantasías. Me puse muy cachonda cuando me empujó y me dejó caer arriba abajo en la cama. Es una de mis debilidades. Cuando un hombre lleva la iniciativa me dan granas de gritarle que me folle duro. Zack estaba siendo muy respetuoso dentro de lo que cabe. Sus manos recorrían mi cuerpo delicadamente, sin que le temblase el pulso. Por un momento la estúpida idea de que lo estaba deseando yo más que él cruzó por mi mente.

Su mano se había deslizado por dentro de mi vestido, que ya no estaba tapando mi piel de forma recatada, y me besaba a la vez que sus dedos buscaban mi sexo. Lo encontraron fácilmente y lo encontraron fácil. Desde que habíamos recorrido el pasillo de la casa empecé a sentir ese calor que precede al sexo. Sus dedos entraron en mí y gemí de nuevo mientras Zack preguntaba por mis deseos y mis fantasías.  Le dediqué una de mis sonrisas cuando sonó la palabra perversas. Si follar con un ex alumno es una fantasía perversa estoy a punto de cumplirla. No solamente follar, el dulce gatito se había convertido en un tigre hambriento que no dudó en quitarme las bragas y bajar con sus labios hasta mi sexo. Me retorcí un poco al tiempo que soltaba gemidos con cada oleada de placer. Bastante tiempo había pasado ya desde la última vez que me encontré en una situación similar y me pasó por la cabeza pedirle que no me soltase hasta que me corriera un par de veces con ayuda de su boca. - ¿Fantasías? - Logré vocalizar. - ¿Perversas? - Gemí soltando una risita. - Suelo perseguir todas mis fantasías hasta que se convierten en realidad. Quizás sea mejor que tu me digas alguna fantasía perversa que tengas. Estoy segura de que la podré cumplir. - Una de mis manos estaba estrujando la ropa de cama con fuerza mientras que la otra acariciaba la cabeza de Zack dando pequeños tirones a su pelo cuando su lengua tocaba algún punto fuerte.

No quería dejar pasar una oportunidad tan buena para correrme con sexo oral pero al mismo tiempo deseaba hacer algo especial con Zack para que no se le olvidase su primer año de universidad. Me incorporé poco a poco hasta quedar sentada y obligué al chico a parar. - Me encanta que ya no seas mi alumno o no podría estar haciendo esto. - Recorrí la habitación con la mirada hasta encontrar dos trozos de tela que me servirían. Me levanté para cogerlos sin dejar de sonreír perversamente. Al volver a la cama até una de las telas a la muñeca de Zack y le até a la cama, e hice lo mismo con la otra mano. - ¿Qué te parece así? - Poco a poco fui desabrochando los botones de su camisa y de su pantalón para dejar a la vista lo que me interesaba. Bajarle el pantalón y el boxer no fue tarea fácil pero tuve la colaboración del tigre. Le cubrí de besos el pecho, el abdomen, y no tuve reparos en empezar a lamer su pene y succionarlo entre mis labios. Estaba bastante duro ya, pero lo quería extremadamente duro. Mi lengua jugaba con su miembro de arriba a abajo, y luego besaba la punta con suma delicadeza. Alguna que otra vez le dedicaba una mirada fugaz.

Cuando me pareció que su pene ya estaba lo suficientemente erecto me incorporé y me senté encima de él, haciendo coincidir nuestros sexos para notar el roce. Solté una risita traviesa al notarlo puesto que él ya me había quitado las bragas. Yo misma me quité el vestido por arriba,  despeinándome de mala manera, y tiré el sujetador a un lado. Zack aún conservaba algo de ropa aunque desabrochada y yo solamente mis zapatos. Le miré fijamente a esos ojos tan bonitos mientras yo misma buscaba la forma de ser penetrada. Me salió solo un suspiro y un pequeño jadeo al notar su miembro introduciéndose en mí. Tras ese primer paso tan cauteloso como elegante empecé a moverme con más brío y menos decoro.
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Zachary S. Dankworth el Mar Mayo 10, 2016 9:19 am

Sonreí perversamente cuando Elia me dijo que ella siempre perseguía todas sus fantasías y me preguntó entonces por las mías mientras yo me mantenía entretenido con la cabeza enterrada entre sus piernas. ¿No era este el paraíso de cualquier hombre, estar entre las piernas de una mujer tremendamente hermosa que estaba dispuesta a darle cualquier cosa durante una noche? Oh, estaba seguro de que esta mujer sería capaz de complacer cualquiera de mis fantasías y me dejaría completamente satisfecho. Mientras pensaba, a la vez que mi lengua jugaba con su sexo, en todas las cosas que me gustaría hacerle y que ella me hiciese a mí sentí que mi cuerpo se encendía aún más.

-Sorpréndeme- murmuré, apartando mi boca de su sexo apenas unos centímetros, lo suficiente para poder decir eso y que ella me oyese mientras alzaba la mirada y la clavaba en la suya, llena de seducción y descaro y deseo. Retomé entonces la tarea de hacerla gemir de placer con mi lengua, y sonreí levemente al sentir cómo su cuerpo se estremecía. La manera en la que su mano se enredaba en mi pelo me hacía gruñir con gusto, y sus gemidos que se volvían más fuertes cada vez que una oleada de placer la recorría estaban despertando un animal en mi interior, un animal que quería ser salvaje y poseer a Elia con fiereza y sucumbir a todos sus caprichos hasta quedar completamente satisfecho.

Sentía a Elia cada vez más húmeda, y estaba deseando escucharla gritar de placer pero en ese momento ella se incorporó. Solté sus piernas y me apoyé en la cama con los brazos mientras la miraba con curiosidad para ver por qué se apartaba y cuáles eran sus intenciones. Se levantó y cuando volvió a la cama traía con ella unos trozos de tela en la mano. Me bastó una sola miraba a la expresión traviesa que ella tenía en su rostro en aquel momento para adivinar sus intenciones, y reí complacido cuando ella me ató las manos al cabecero de la cama sin tapujos y sonriendo perversamente. No tuve que decirle en alto que aquello me parecía perfecto, pues la expresión de mi rostro lo dejaba más que claro. La lentitud con la que me desabrochó los botones de la camisa me desesperó; estaba loco por hacerlo con Elia, por estar dentro de ella y tenerla encima de mí como la diosa de la sensualidad que era. Sentí que mi respiración se agitaba un poco, y me costó esfuerzo no retorcerme a causa de la desesperación que sentía por culpa de la espera. Quería tocarla, besarla, pero al tener las manos atadas y estar inmovilizado me era imposible. Me sentía como una bestia enjaulada que estaba cada vez más hambrienta. Elia me dejó completamente desnudo entonces y besó todo mi cuerpo. Jadeé de place cuando sentí su boca llegando a mi miembro y dejé caer mi cabeza sobre la almohada y cerré los ojos mientras sentía como si mi cuerpo entero estuviese envuelto en llamas que no quemaban, sino que me cubrían de un inmenso placer. La lengua y los labios de Elia hacían verdaderas maravillas, y sentí mi respiración agitándose todavía más.

-Me vas a volver loco…- jadeé mientras abría los ojos y levantaba un poco la cabeza para poder mirarla, y nuestras miradas coincidieron entonces. Sonreí de manera tan perversa como ella lo había hecho antes.

Cuando volvió a incorporarse para sentarse sobre mí. Siseé cuando sentí su zona rozando la mía, pues el contacto entre nuestros cuerpos se sentía igual que si estuviese tocando algo ardiente. El hecho de no poder tocarla completamente todavía era una tortura, pero una tortura que hacía que el placer incrementase. Había algunos tipos de dolores exquisitos, dolores que te hacían desear más. Esto dolor no era físico, sino que era un dolor causado por las ganas imparables que tenía de hacer a Elia mía (o ser yo suyo, más bien dicho en este caso) de una vez por todas y que me hacían desearlo todo más y más. Cuando Elia se quitó el vestido y quedó desnuda sobre mí intenté incorporarme rápidamente en la cama para poder acariciarla y besarla, pero las ataduras me mantuvieron inmóvil sobre la cama e incapaz de hacer eso. Gruñí con frustración, pero sin dejar de sonreír complacido.

-Eres muy cruel, ¿lo sabías?- pregunté retóricamente con tono pícaro que indicaba que me encantaba. Permanecí tumbado sobre el mullido colchón mientras Elia se colocaba perfectamente sobre mí y entonces, poco a poco, hizo que yo entrase en ella. Su jadeo fue acompañado por mi propio gruñido gutural de placer al sentirme dentro de ella. Si esto estaba siendo un error desde luego no era un error del que fuese a arrepentirme nunca.

Su ritmo fue avanzando poco a poco hasta que tomó una velocidad que hizo que entre las paredes de la habitación resonase el sonido de nuestras respiraciones agitadas y entrecortadas y el sonido de nuestros cuerpos chocando con fuerza de una manera intensamente placentera. Elia era una diosa en la cama, pero era una diosa muy cruel. Con cada uno de sus movimientos que hacían que yo entrase profundamente en ella más incrementaban mis ganas de tocarla. Su cuerpo, el bote de sus pechos… quería tocarlos, besarlos, mordisquearlos, a ellos y a cada centímetro de su cuerpo. Elia continuó montándome como una fiera salvaje y haciendo que la cama chocase contra la pared y amenazase con hacer una grieta en ella… pero era una fiera salvaje a la que yo quería domar. Tenía que hacerlo, todo mi ser me lo pedía a gritos. Los músculos de mis brazos hicieron fuerza de tal forma que acabé rompiendo las ataduras que me mantenían sujeto a la cama e inmóvil, y fui libre por fin. Casi grité al sentir aquella liberación, y no perdí tiempo en agarrar a Elia de la cintura y empujarla de manera que se diese la vuelta y cayese ella de espaldas contra la cama, siendo yo esta vez quien quedó sobre ella. A falta de otra cosa con la que sujetarla como ella había hecho conmigo agarré sus muñecas con mis manos y mantuve sus brazos sujetos contra el colchón, y mientras besé sus labios, su cuello, sus pechos y la piel entre ellos mientras la penetraba con fuerza una y otra vez manteniendo el ritmo que ella antes había establecido, haciéndola mía como ella me había hecho a mí antes suyo.
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Elia Deveraux el Vie Mayo 20, 2016 9:59 pm

Todavía hay gente que no se encuentra cómoda teniendo sexo con alguien a quien a penas conoces. Queda claro que yo no soy de ese tipo de persona. Tampoco es que pueda decir que Zack es un completo desconocido para mí. Me encanta el juego de la seducción. Alcohol, unos bailes, un poco de roce, calor y finalmente sexo desenfrenado. Es mi hobbie favorito. Más aún cuando gano. Y hoy estoy ganando. Es doblemente divertido cuando además de ser un chico muy guapo es un ex-alumno mío. Es como prohibido, cosa que lo hace más sexy si se puede. Como estar rompiendo alguna norma no escrita. Eso me hace bastante feliz. Mi perspectiva de tener sexo esta noche se iba a cumplir. Zack estaba más que dispuesto a ello. El año anterior no me había fijado detenidamente en él y, posiblemente, era uno de los alumnos más guapos que pasaron por mi clase. Sin olvidar al muñequito de mi misma casa.

Estaba dejando volar mi imaginación. Para que el sexo sea bueno debe ser divertido, innovador. No basta con tumbarse y follar como seres irracionales. Siempre digo que hay que jugar un poco para que todo sea más dulce yala vez más picante. Zack parecía estar encantado con ello. Le até a la cama y me encargué de sentarme encima de su erección. Ignoro si lo estaba deseando más él o yo. No pude más que sonreír cuando me dijo que era muy cruel. Sé lo que quiero y me lanzo a por ello sin dudarlo. El miembro erecto de Zack estaba siendo usado por mi en aquellos momentos. Me movía lentamente al principio y luego más rápido, buscando mi propio placer. Jadeaba con cada movimiento. Quería soltar las manos de Zack para que pudiera sujetarme fuertemente por la cadera mientras yo bailaba sobre él, pero decidí esperar un poco más para darle ganas. Mi cuerpo no tiene nada que envidiar a las modelos de lencería, y mis pechos no son abundantes pero si lo suficientemente grandes para resultar atractivos.

Me perdí buscando mi propio placer, tanto que no me di cuenta de que Zack se había soltado las manos. Fue una sucesión rápida de acontecimientos. Se soltó, me agarró y me hizo girar sobre la cama hasta quedar él encima de mí. Me había gustado la fuerza que había aplicado contra mí, y lo bruto que estaba siendo al sujetarme ambas manos contra el colchón intentando imitar mi jugarreta de antes. Pero me había quedado un tanto parada puesto que sentía el orgasmo cerca y aquel cambio me podía hacer desconentrar. Nada más lejos. Los movimientos de cadera de Zack penetrándome junto con sus besos recorriendo mi cuello y todo lo que le quedaba al alcance me hizo poner a tono en menos de un segundo. Me tenía jadeando de nuevo contra su oreja. Sabía lo que se avecinaba y lo ansiaba con todas mis fuerzas. Gemí con más intensidad mientras mis músculos se tensaban y un calor conocido recorría mi cuerpo. Mis movimientos de cadera se juntaron con los suyos, luego me descompasé y perdí el ritmo totalmente mientras duraba el intenso orgasmo. Entonces nuestras miradas se cruzaron, justo cuando más alterada estaba, y le sonreí. - Quiero más. - Le dije con voz ronca respirando agitadamente. Me mantuve unos instantes acostada con Zack encima de mí para recuperar un poco el tirmo cardiaco.

Aunque hacía bastante tiempo que no tenía un orgasmo no había olvidado la maravillosa sensación que producen, y lo había disfrutado inmensamente. Una vez recuperada le pedí un cambio a Zack. Quería volver a montarle pero esta vez disfrutando de la libertad de sus manos para tocarme todo el cuerpo. Nos despegamos un momento, y él quedó sentado sobre la cama. Nada más sentarme encima de él volvió a penetrarme sin dificultad. Le pasé ambas manos por detrás del cuello y empecé a moverme rapidamente. - Agárrame, vas a correrte tu ahora. Quiero sentirlo todo dentro. - Le sususrré al oído para después morderle el cuello. Los jóvenes no suelen tener problemas cuando una mujer les dice que pueden correrse tranquilamente. Soy responsable de mis métodos anticonceptivos desde hace mucho tiempo. Es algo que no puedes dejar en al aire. Nadie quiere tener un crío berreador a tan temprana edad.
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Zachary S. Dankworth el Sáb Ago 06, 2016 11:58 pm

Había polvos que se olvidaban, y otros que no. Había mujeres cuyos rostros eran olvidables, insignificantes, rostros meramente decorativos que complementaban un buen cuerpo y que aparte de eso no eran nada más. Mujeres que nada más salir de la cama ya no existían, se convertían en una de más, un mero cuerpo que había servido durante un rato para entretenerme, para hacerme disfrutar y sentir placer. Mujeres sin nombre, sin nada.

Luego había mujeres que no encajaban en ese grupo. Mujeres que me hacían ver las estrellas y de cuyos rostros, cuerpos, y nombres no se perdían en el olvido. Mujeres que se ganaban sin duda alguna un hueco en mis recuerdos, porque sus personalidades eran puro fuero y esas ardientes llamas se propagaban por mi cuerpo también cuando estábamos juntos. Elia era una de esas mujeres, su espíritu y aura eran suficientes para que cualquier hombre cayese a sus pies, su cuerpo entre los brazos y su piel bajo mis manos se sentían como un pedazo de paraíso, y cada uno de sus movimientos traía consigo una oleada de placer que arrasaban con todo aquello con cuanto se topaban, provocándome que yo en cambio cada vez me moviese con más brío y sintiese más ganas de hacerla completamente mía esa noche.

Sentí sus uñas clavándose en mi espalda cuando legó al orgasmo. Su cuerpo se estremeció contra el mío, sus gemidos ahogaron todos los demás sonidos que llenaban la habitación que habíamos reclamado como nuestra esta noche, y todo eso mezclado encendió todavía más mi propio fuego y seguí moviéndome sin parar. En cuando su voz ronca por el placer me pidió más yo la complací como si fuese su eterno siervo cuyo objetivo era solamente ese, el de complacerla.

Por eso también cuando ella me pidió un cambio de posición no rechisté lo más mínimo y la obedecí, separándome de ella aunque era lo último que quería hacer, y gruñí de placer cuando se sentó sobre mí y sentí mi miembro entrando en ella limpiamente. Ella comenzó a moverse sobre mí como la fiera que era, y en cuanto escuché sus palabras sonreí de manera lujuriosa y enterré mi rostro en su cuello mientras nuestros movimientos seguían al mismo ritmo y perfectamente acompasados, haciendo que llegase hasta el fondo de ella. Dejé marcas sobre su cuello, mis manos recorrieron su espalda, agarraron sus glúteos, y subieron por su costado mientras mis labios seguían besando cada parte de ella que era capaz de encontrar, hasta que volvieron a los labios de ella para besarla y morderla ligeramente, tirando de su carnoso labio interior y soltándolo antes de aumentar el ritmo de mis movimientos, subiéndola a ella con la fuerza de mis brazos y bajándola sobre mí, hasta que por fin el orgasmo llegó a mí de manera casi violenta y extremadamente placentera. Mi gemido de placer llenó la habitación como el de ella había hecho antes, y mis manos acariciaron un poco más su cuerpo incluso después de que los movimientos hubiesen cesado.

Había sido maravilloso. Se lo dejé saber con una mirada traviesa y un intenso beso y un pequeño azote en su culo antes de que ella se separase de mí. Elia era tan maravillosa que yo no tendría ningún problema con ir a por otra más, pero tenía la sensación de que mañana no podría caminar con propiedad.

Me levanté de la cama y fui a buscar mi ropa. Lo primero que encontré fue mi camisa, la cual me puse pero no abroché antes de girarme para mirar a Elia con una sonrisa complacida y traviesa.

-Tal vez deberíamos volver ya a la fiesta…
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Elia Deveraux el Miér Ago 31, 2016 1:23 am

En ese delicioso momento te olvidas de todo. Te corres, gritas, gimes, arañas... y casi todo eso ocurre sin que seas plenamente consciente de ello. Después de aquello necesitaba recuperar el aliento y la compostura, así como la respiración y el ritmo cardíaco. Después miré a Zack sonriendo. Había estado genial, muy genial. Imagino que el año anterior sería para él una meta inalcanzable, la profesora joven y guapa a la que jamás podría aspirar. Y mira por donde, en la primera fiesta de la universidad en la que nos topamos terminamos usando uno de los cuartos secretos de esta casa. Victoria para él y para mí, joder. Necesitaba un buen polvo casi tanto como comer todos los días. Zack se levantó de la cama a recoger su ropa y lo agradecí, no quería quedarme desnuda y abrazada a un hombre, no suele irme bien si pasa eso. Ambos buscamos nuestra ropa y nos fuimos vistiendo con orden. Hice todo lo posible para arreglar mi pelo pero finalmente desistí y me lo anudé en una coleta alta pero arreglada. Miré si había un espejo y me acerqué para ver si mi maquillaje estaba en su sitio y pude ver un pequeño morado en mi cuello. -Me has dejado un regalo en el cuello, Zack, 50 puntos menos para Slytherin. - Sonreí un tanto pícara.

Teníamos que volver a la fiesta, y eso hicimos. Salimos los dos de la habitación, juntos. Somos dos adultos y nuestra desaparición va a generar comentarios, de modo que vernos salir juntos por el pasillo aún más. Dejé que Zack pasase primero y luego salí yo, directa a la barra. Quería tomar agua, mucha agua fresca, y también algo de refresco de cola que viene muy bien para reponerse. No tardó en acercarse Tara con una cara conocida para mí. - Si. - Le dije sin más, sonriendo. Ese simple vocablo significaba que al fin había tenido sexo, que lo había pasado bien, que me sentía contenta y que todo iba genial. - Pero me voy ya, ¿tu vienes? ¿Y Mandy?- Ellas querían irse también, de modo que quedé con ellas en la puerta y me acerqué a Zack. - Me marcho, ya nos veremos. - Deposité un inocente beso en su mejilla y salí de la fiesta en busca de mis migas. Quería darme una larga ducha relajante para meterme en la cama luego. Mi cuerpo olía a Zack, pero me sentía pegajosa, cansada y radiante.
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