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Lay all your love on me [Lluna Conde][Flashback] [+18]

Invitado el Miér Sep 30, 2015 7:21 pm

¿Cuántas veces lo había hecho en mi vida? Aquella pregunta me rondaba la cabeza mientras me dirigía hacia la casa de Lluna, o más bien de su tío. A decir verdad tampoco es que fuera un experto en aquellos asuntos, habían sido un par de veces contadas y ni tan siquiera guardaba un recuerdo formidable de todas ellas. Sólo en una ocasión había disfrutado de verdad, y en esa ocasión la chica tenía claramente más experiencia que yo, por lo que lo único que tuve que hacer fue hacerle caso y dejarme llevar. Pero cuando la chica era la inexperta era otro rollo. En aquellos casos era yo el que tenía que tomar las riendas de la situación y eso no era algo que se me diera especialmente bien. No me consideraba un negado sexualmente, pero tampoco un Dios. De hecho odiaba admitirlo, pero sin duda Ian había desvirgado a más chicas que yo, pero vamos, de lejos. Ian se podía considerar el desvirgador oficial de Hogwarts, teniendo en cuenta su historial.

A pesar de todo lo cierto era que llevaba esperando aquel día desde hacía ya un par de meses y no pensaba desaprovechar la oportunidad de estar a solas con Lluna en un lugar que no fuera público o que no estuviera bajo permanente peligro de serlo, como mi habitación de Hogwarts, por ejemplo. Aún me reía cuando recordaba aquella magistral intervención por parte de mi mejor amigo, qué cabrón era.

De todas formas entre nosotros había confianza, o al menos eso creía, así que de hacer algo que no le gustara seguramente no dudaría en decirmelo, o eso esperaba. Aunque a ver, tampoco es que fuera sólo y exclusivamente para eso. Parecía que sí ya que aquellos pensamientos ocupaban el 90% de mi capacidad cerebral, pero en realidad gran parte de mi visita se debía a que hacía ya un tiempo que no nos veíamos y me apetecía estar con ella. Entre mi viaje con mis padres, el suyo con su tío etc el verano se había ido pasando a una velocidad de vértigo y nos habíamos dado cuenta de que comenzaba a agotarse el tiempo que podíamos pasar juntos fuera de aquella cárcel infernal llamada Colegio, así que postergarlo más no era una opción.

Como se puede comprobar fácilmente tenía la mente repleta de diversos pensamientos, por lo que apenas me di cuenta de que había llegado hasta que me encontré justo frente a su puerta. Por el camino había decidido comprar una botella de Vodka y una flor. La botella porque todos sabemos que con algo de alcohol en el cuerpo todo es más divertido y una flor por… bueno, para hacer un poco la pelota. ¿Le gustarían a ella esas cursiladas? La verdad es que aún no me había quedado del todo claro.

La cuestión es que tenía ganas de pasar una tarde memorable y de tratar de olvidar todas las preocupaciones que me habían estado incordiando durante los últimos días, sobretodo referente a mi padre, que desde hacía poco había decidido adoptar la figura de “progenitor preocupado por el futuro de su hijo”. Odiaba cuando se ponía en ese plan.

- ¿Hola? Soy yo. - Hablé por el telefonillo cuando escuché que lo habían descolgado tras mi llamada. Es comunmente conocido que en todas las casas abren siempre a “yo”, sea quien sea, es una clave internacional y mundialmente aceptada. Además de que suponía que tuviera una cámara o algo donde poder ver de quién se trataba, así que dar más detalles era innecesario.

Estoy to' bueno:


Última edición por Damon Harrelson el Sáb Dic 12, 2015 12:23 pm, editado 1 vez
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Lluna Forman el Jue Oct 01, 2015 1:11 am

Me levanté súper tarde y Matt ya no estaba en casa. Tenía la casa para mi sola y no me lo podía creer. Por ese motivo había invitado a Damon a venir y había aceptado más que encantado. ¿Sabes lo que eso significa? Vamos a estar completamente solos por primera vez dese que salimos. Sin miedo a que nadie pueda vernos haciendo nada indebido, sin Ians entorpeciendo un momento bonito, sin nadie. Total intimidad, total privacidad. ¿Qué significa en palabras normales? Sexo. Vamos a poder estar solos para ello. Siendo nervios y algo incómodo que sube y baja en mi estómago, pero estoy preparada y tengo ganas de que ocurra. Quiero que sea con él. Es tan especial conmigo... He olvidado ya el porqué solía verlo como un chico prepotente y cretino. Me trata genial, es paciente, es divertido, le gusta estudiar conmigo, compartimos golosinas... Es lo que hacen las parejas, supongo. Con él todo es mejor.

Lo más extraño es que siempre estaba yo, sola ante el mundo. Sola pensando, criticando o imaginando en mi mente. Lo mejor de estar con Damon es que podía compartirlo con él y no me miraba de forma extraña como si estuviese hablando con una loca. Como por ejemplo mi odio desmedido y bien disimulado hacia la buscadora tejona. Podía criticar con él su forma de andar, su forma enclenque de moverse, su cara de muggle... y Damon reía, me animaba y me escuchaba dándome completamente la razón. Y no es solamente eso. Son sus abrazos, sus caricias furtivas, sus besos... Es algo parecido a eso que todos llaman amor pero mejor porque nos está pasando a nosotros.

Cabe destacar que me vestí y me desvestí mil veces aquella mañana. Salí a comprar pasteles y pan, alimentos básicos. Matt tenía de todo en la nevera y me había dejado claro como usar el microondas. Lo que no me atrevo a usar es el otro, el grande, el macroondas supongo que se llama. Es más grande, calienta el doble y no se ni siquiera como se enciende. Incluso me había dejado cerveza en la nevera, sabiendo que yo no me la iba a beber, y una gran multitud de preservativos en una cajita con una nota. Que tonto es... Seguro que estará gastando muchos más él de los que pueda gastar yo en un año. Me costó decidirme, pero finalmente me puse algo cómodo para estar en casa. De todos modos él no iba a fijarse en la ropa. Estaba tan nerviosa que ni siquiera pude comer a gusto. Me di una ducha reparando en cada zona de mi cuerpo. Me peiné con una coleta para estar más cómodo, revisé todos los pelillos mal situados, usé crema hidratante en mi piel... Las típicas cosas que no suelo hacer todos los días, vamos. Estaba más que preparada para la llegada de Damon pero cuando sonó el timbre di un salto y no pude responder nada coherente por el intercomunicador de la pared, de modo que abrí sin más. Me quedé en la puerta, abierta, sosteniendo el pomo. Mientras esperaba a que Damon subiese preparaba en mi mente el ataque. Lo había pensado mucho en realidad, incluso mientras dormía. Iba a darle un beso corto, le cogería de la mano y me lo llevaría directamente a mi habitación. Eso es lo que quería hacer. Otra cosa muy diferente es lo que hice.

- Tenía muchas ganas de verte.

Le di un abrazo incluso antes de dejarle entrar en casa, y después un beso largo para autentificar mis palabras. Lo cierto era que tenía muchas ganas de verle y aún más de tener contacto con él. Lo siguiente que hice fue fijarme en la botella que traía en una mano y la flor en la otra, y se me olvidó mi plan infalible. Le invité a pasar sin más, señalando el sofá por si quería sentarse. Nada de arrastrarlo hasta mi cama.

- ¿Te ha costado encontrar esto? ¿Quieres tomar algo?

Era casi hora de merendar. Mi cuerpo continuaba sintiendo ganas de arrastrarlo de la mano hasta el dormitorio pero también quería escucharlo hablar, decir algo solamente para mi. Y además, estaba tan guapo. Tenía gusto a la hora de combinar ropa muggle, y aunque vestía con ropa simple, siempre se veía genial.  



Ropita:

Sin el bolso XD El día que esta mujer se vista con normalidad la adoraré un poco. Tiene un estilo más raro que un perro verde.
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Invitado el Vie Oct 02, 2015 6:56 pm

No sabía muy bien qué tipo de bienvenida me esperaba. Por una parte sabía que me echaría de menos, aunque sólo fuera un poco, ya que llevábamos bastante tiempo sin vernos, pero por otra parte me daba la sensación de que Lluna podía llegar a parecer tan inestable que igual si la cogía de mal humor o abstraída en sus propios pensamientos mi visita sólo resultara una molestia más.

Qué equivocado estaba. Su saludo fue más que caluroso y cariñoso, fue verdaderamente genial. Yo sin duda no pensaba hacer otra cosa que responderle encantado a aquellos besos y tratar de alimentar aquella euforia que parecía invadirla en aquellos momentos. Sus labios fueron como volver a probar una droga que hacía tiempo que no consumes. Realmente necesitaba aquellos besos más de lo que pensaba. ¿Tendría pensado comenzar ya con la acción nada más llegar? No lo sabía, de todas formas no iba a ser yo el que diera el primer paso así de repente, que tampoco quería que pensara que iba a lo que iba, aunque en el fondo fuera así.

Una de mis manos fue a posarse en su trasero por puro movimiento impulsivo, pero ella se separó antes de que pudiera suceder, lo que en parte agradecí. ¿Dónde se había quedado lo de ir despacio por mi parte? - Yo también tenía muchas ganas de verte, más de las que creía. Y no, no me ha costado llegar. - Me senté en el sillón que me había señalado desplomándome en él y le sonreí desde allí. - ¿Tienes una cerveza? Mejor empezamos con el vodka más tarde, ¿no? - Beber vodka a las seis de la tarde no podía ser muy sano, era mejor comenzar con algo suave. - Y un bocata si puede ser, o unas galletas… - Dije, para luego soltar una carcajada. - Es broma. - En otras ocasiones no me importaba tomarme las confianzas de servirme yo mismo, de hecho en casa de Circe o la de Ian no solía tener problema alguno en atacar la despensa si la situación lo precisaba. Sin embargo en aquella ocasión ni tenía hambre ni la confianza suficiente para actuar por cuenta propia.

- No tardes. - Le dije antes de que fuera hacia la cocina, guiñándole un ojo con un deje divertido.

Me quedé unos segundos completamente sólo, observando mi alrededor. Lo cierto era que una casa bastante moderna, más de lo que parecía desde fuera. Su tío tenía un gusto bastante particular y diferente al de mis padres, que eran bastante más tradicionales. Pero no estaba mal, era bastante acogedora y aquel sillón era bastante cómodo. Me planteé levantarme para observar de cerca los retratos que había sobre algunos muebles, pero justo en ese momento volvió Lluna. Ella me tendió la cerveza, no obstante ahora tenía otro tipo de sed, así que la agarré de la mano con cuidado para no derramar la botella y la atraje hacia mí, de modo que no tuvo más remedio que sentarse a mi lado. - Estás guapísima, como de costumbre. Y no es por hacerte la pelota. - ¿Desde cuándo me había vuelto un hombre tan cortés y amable? La falta de sexo tenía efectos inesperados.

Le agarré el rostro como solía hacer y me acerqué a ella levemente, para luego sumirnos en un pasional beso que aparentemente ambos esperábamos de la misma manera. La volví a acercar un poco más hacia mí con la otra mano, empujándola por la cadera. El mero hecho de pensar que estábamos completamente solos ya me hacía ponerme como una moto, pero una vez más logré frenar mis impulsos animales, tratando de actuar como una persona civilizada. ¿Qué era eso? ¿Se comía? - La cerveza se va a calentar, un poco como otros. - Dije con un tono pillín, colocándome en una posición más relajada y bebiendo un sorbo de la botella.

- ¿Cómo te ha ido el verano? - Me interesé. Ya me había contado cosillas vía correo, pero quizás hubiera algo nuevo que le apeteciera contarme. ¿Me importaba realmente? Bueno, sí. Pero para ser sinceros mi mente ahora mismo divagaba en un mundo un poco más… entretenido.
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Lluna Forman el Mar Oct 06, 2015 12:07 am

No podía permitirme el lujo de estar tan nerviosa. Es Damon, mi querido novio, alguien con quien tengo bastante confianza. Creo que me tiembla un ojo. Le invité a pasar, a sentarse y a tomar algo. Todo muy seguido. Damon sostenía una botella de vodka pero pidió una cerveza. Antes de que la fuera a buscar me pidió también un bocata, o galletas. Algo habrá. Me dirigí hacia la cocina conteniendo mis ganas de gritar. Alcancé una cerveza del frigo y luego saqué unas galletas de mi escondite de las galletas. Las hace Matt y son mías, pero puedo compartirlas con Damon. Le tendí la cerveza y dejé las galletas sobre la mesita. De nuevo vi la flor, y la cogí. Me senté al lado de Damon ya que él me hizo caer a su lado, y me hizo un cumplido. Sonreí ampliamente buscándome los pies. Luego olí la flor, susurré un gracias, y la dejé sobre la mesita para acercarnos de nuevo. Era para mi. Si o si. No había nadie más. Tenía muchas ganas de besarnos, porque le había echado de menos y había estado demasiado tiempo sin mi dosis de Damon. Pero Damon parecía algo distraído. Se apartó para poder beber, porque la cerveza se estaba calentando. Si en lugar de ofrecérsela le hubieses llevado a mi cuarto esto no habría pasado. En ese momento me preguntó por el verano.

- Amm... Estuve en Canarias con Matt. Muy divertido el viaje. He salido algunas noches de fiesta con él, y poco más. ¿Y el tuyo?

Eso ya lo habíamos hablado por carta. De modo que resumí el resumen de las cartas para terminar más rápido, interesándome en él por pura simpatía. Lo que de verdad deseaba era mostrarle mi habitación. El sofá es muy cómodo pero quiero que pase en mi cama. Quiero que huela a él. Quiero oler a él. Esperé a que me hiciera su propio resumen de lo que le había deparado el verano antes de hablar yo de nuevo. Antes de que Damon llegara tenía unos planes hechos y no quería abandonarlos. Quizá él también está nervioso y por eso no deja de hablar. Tomé aire decidida a atacar sin temor. Estamos solos. Voy a estar sola hasta mañana. No hay prisa en realidad.

- ¿Quieres que te enseñe la casa? ¿Y mi habitación?

La primera pregunta era cortés, me han educado así. La segunda tenía doble intención. ¿Qué puedo hacer? Me han educado así. Mi intención era hacer una visita rápida a la cocina, para que sepa donde está la nevera; el baño, por si tiene necesidades; el cuarto de Matt, para tener claro en que habitación no meterse; y finalmente mi habitación, donde le enseñaría más detalladamente donde estaba todo. Me costaba mantener la mirada fija en la de Damon por pura vergüenza. Pero esta vez mi descaro estaba más que justiciado. Llevaba muchos días, y muchas noches, pensando en aquel momento.

Le llevé de la mano por toda la casa, enseñando lo básico de cada habitación desde la misma puerta, hasta llegar a la mía. Le dejé pasar, soltando su mano para acercarme a la cama y sentarme en ella. Luego le miré como retándolo a acercarse. Damon no era el primer chico que entraba hasta mi habitación, pero eso él no iba a saberlo. Aquello no llegó a nada, ni siquiera había hablado con Matt de aquello. Antes de esto había ordenado a la elfa que no apareciese por casa para nada. Y si la abuela le mandaba a vigilarme, lo haría desde el armario de la cocina. Le diría que leo mucho y he invitado a unas amigas a dormir conmigo. La elfa me ha dicho algo así como que me estoy volviendo indecente como mi tío, y me he reído. Mi tío se sentiría orgulloso, mi abuela pondría el grito en el cielo si se enterase de que estoy sola con Damon en la casa de Matt. Pero no puede saberlo, Matt tampoco le ha dicho que se iba de fin de semana con Apolo.
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Invitado el Miér Oct 14, 2015 8:37 pm

Podía parecer increíble viniendo de mí, pero en realidad me apetecía hablar con ella. Quizás fuera que hacía tiempo que no nos veíamos, o que simplemente no había salido demasiado con amigos este verano, pero la idea de charlar un rato con ella se me antojaba bastante atractiva. Aunque tampoco iba a ir de inocente y sentimental por la vida, lo cierto era que si se terciaba la ocasión no dudaría y muchos menos me negaría a pasar a mayores, al fin y al cabo seguro que ambos estábamos pensando lo mismo cuando pactamos quedar en su casa cuando no estuviera su tío. No éramos unos críos, sabíamos lo que queríamos.  Y yo no iba a ser quien se fuera por las ramas si hallaba el momento adecuado.

- Yo fui a Holanda con mi familia. - Había tenido un par de ocasiones con las que poder ligar con chicas y me apetecía fardar de mi aguante y sensatez con ella, ya que al final no había hecho nada inapropiado, pero al final decidí guardarme aquel tipo de detalles, por si no se los tomaba demasiado bien. Con las mujeres nunca se sabía. - La verdad es que es un lugar increíble, sobretodo Ámsterdam. Deberíamos ir en alguna ocasión. - Al fin y al cabo éramos magos y podíamos desaparecernos cuando quisiéramos, aunque antes de hacerlo acompañado prefería practicar un poco por mi cuenta, ya que era algo que no había acababa de asimilar del todo y no me apetecía que ninguno de los dos terminara con una extremidad menos o algo por el estilo.

Me planteé contarle algo sobre mi relación últimamente con mi padre, que no era sencilla en absoluto. De hecho hacía poco habíamos tenido una fuerte pelea y desde entonces no nos hablábamos demasiado. No obstante apenas me dio tiempo a sacar el tema, puesto que a Lluna le apetecía enseñarme la casa. Por una parte me dolió no poder expresarme, pero por otra (mucho más amplia) me alegró que me hubiera lanzado aquella indirecta. Porque aquello había sido una indirecta clara, vamos. No había que ser el detective este… ¿Cómo se llamaba? ¿Sherlock? Para averiguarlo.

Fue por ello que apenas le di importancia a que cambiara de tema tan rápidamente, sino que por el contrario le sonreír ampliamente antes de tomar un último y largo trago a la cerveza, dejándola luego encima de la mesa, ya que Lluna me había cogido de la mano para guiarme por la casa. Fuimos pasando por cada una de las habitaciones hasta llegar a la suya, la cual tenía un aire algo más diferente al del resto de la casa. Se notaba que era su habitación, ya que tenía un "toque Lluna" bastante apreciable a simple vista. Era sencilla, pero era bastante acogedora y luminosa.

Pensaba que ahora haría lo típico de enseñarme alguna de sus pertenencias más preciadas o algo de eso, pero lo cierto era que no podía estar más equivocado. En un momento me había quedado mirando a su escritorio, en busca de alguna foto interesante o de algo que llamara mi atención, pero al darme la vuelta me di cuenta de que nada podría llamar más mi atención que la propia Lluna, que permanecía sentada al borde de su cama y en su cara se adivinaba una clara invitación a que me acercara.

Sin decir ni una sola palabra me acerqué a ella y me agaché levemente para besarla. Al parecer Lluna no parecía querer andarse con rodeos y yo estaba conforme con ello, sin duda. Ya habría tiempo para hablar luego.

Me senté a su lado lentamente, sin dejar de besarla. Aquellos besos habían terminado por ser de algún modo adictivos. Le tocaba la cara con las yemas de mis dedos y en ocasiones le mordía levemente el labio inferior, sin hacerle daño. Normalmente cuando estábamos en aquellas situaciones solía temer ser interrumpido por alguien, pero en ese momento no había nadie en la casa y era muy poco probable que algo nos detuviera.

Poco a poco, casi de un modo imperceptible, bajé mi mano hasta posarla sobre una de sus piernas, pero sin más intenciones por el momento. Pasé de besar sus labios a posar los míos sobre su cuello, notando cómo se estremecía casi en el acto, como la mayoría de las veces. Aquellos pequeños gestos por su parte me ponían extremadamente caliente, por lo que estaba perdiendo la paciencia que había ido teniendo hasta el momento. Pensé en preguntarle si quería hacerlo, o si estaba segura, pero hablar en aquellas circunstancias nunca había sido mi fuerte, así que me limité a quitarme la camiseta y a ayudarla a quitarse la suya. Si ella quería parar (que esperaba fervientemente que no) ya se encargaría de hacermelo saber, como había hecho en otras ocasiones. Sin embargo si sus intenciones y las mías estaban sincronizadas estaba dispuesto a llegar hasta el final. Cuánto tiempo había estado deseando aquello…
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Lluna Forman el Vie Oct 23, 2015 7:47 pm

Empezaba a parecer una interesaba hablando deprisa para poder llegar cuanto antes a la parte en la que le enseño a Damon mi mullidita cama y hacemos el amor. Pero ya que me preguntó sobre mi verano se lo tuve que explicar un poco, aunque no había mucho más que lo que le conté por correo. Pregunté también por el suyo. No solamente por quedar bien, de verdad me interesaba. Había estado en Holanda con su familia y le había gustado tanto que quería que fuésemos juntos. Puse mi mano sobre la suya por decir aquello. Si dice eso es porque estando allí se acordó de mí. Que mono. Mi Damon se hace de querer. Es por ese tipo de cosas que lo veo como al chico adecuado. Nunca he tenido un referente de chico pero ahora sé que es él.

- Claro. Me gusta viajar. Es tan fácil con magia…

No quise contar a nadie que Matt me obligó a realizar el viaje a las Islas Canarias de la forma muggle. Hasta este año no podía sacarme el curso de aparición, y le pareció oportuno enseñarme como se viaja en avión, tren y bus. Mi tío podía hacer que ambos nos desapareciéramos con las maletas incluidas, pero le gustaba ejercer de padre en ese tipo de temas. Me dijo que ese tipo de cosas no te las enseñan en Hogwarts, y no siempre es seguro viajar por red Flu o apareciendo, de modo que debo estar agradecida por ese tipo de enseñanzas.

Pensar en el tipo de familia que yo tengo, formado por muchos primos pero sin padres, me hizo pensar en la familia de Damon. Desconozco si se llevan bien, si sus padres están casados… ¿Debería conocerles? Yo creo que no, aún es pronto. Aunque Matt insiste bastante en conocer a Damon, y más sabiendo de sobra que este fin de semana lo va a pasar aquí. Quiere conocer a ese novio mío, que no es Axel, y saber qué es lo que tiene de especial para que me guste tanto. No me ha amenazado directamente pero en ocasiones ha dejado caer que se pasará por Hogsmeade sin avisar para pillarnos sin salida y que no tenga otra opción que presentarlos. ¿Es broma? Con Matt puede ser cualquier cosa. Pero ya se lo diré a Damon con tiempo, ahora quiero que vea mi habitación.

Había alguna foto de cuando era pequeña, fotos con Matt y varios posters de Quidditch. Algo así como una habitación de chica, ordenada y perfumada, pero con alguna que otra cosa fuera de lugar, con algún par de zapatos tirados por ahí y una camiseta limpia que me puse un momento esta mañana y luego descarté reposando, del revés, encima de una silla. Me senté en la cama, dejando un tiempo a Damon por si quería ver algo más de cerca. Nunca me ha importado que toquen mis cosas si estoy delante. Él miró la habitación pero no tardó en acercarse y besarme para después sentarse a mi lado y continuar con los besos. Estaba nerviosa, no puedo negarlo. Pero también muy segura y muy a gusto. Nadie nos podía estropear aquel momento. Damon lo sabía, y empezó con sus besos en mi cuello, esos que sabe que me dan como cosquillas y a él le gusta que me retuerza de placer. Le acaricié el pelo, el torso hasta bajar a la cadera. De momento no me atrevía a bajar más. Damon se quitó la camiseta y después atacó los botones de la mía. Él tenía el torso desnudo y a mí me cubría solamente el sujetador. Me adentré un poco en la cama y atraje a Damon para quedar acostados de lado. No tenía muy claro que hacer o por dónde empezar, así que reconocí mi inexperiencia.

- Quiero que me guíes.

Le miré a los ojos casi suplicando. En lo que llevábamos juntos no quise nunca preguntarse por sus experiencias pasadas pero estaba segura de que Damon sabía mucho más del tema que yo. Por mi parte podía hablarle de anticonceptivos, preservativos para ser más exactos, y lubricantes. Es lo único que me quedaba claro sobre el sexo. A demás de lo básico que es saber que se mete donde. Le besé de nuevo mientras aprovechaba para ir quitándome la falda y los zapatos, que estaban ya despasados, que cayeron sonoramente al suelo al lado de la cama.
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Invitado el Miér Dic 02, 2015 12:11 am

Al principio había estado deseando llegar a aquel punto, en el que las palabras habían dado lugar a los actos y a las muestras de cariño, no obstante sentía que estaba más nervioso de lo normal, incluso algo incómodo. De alguna forma sentí de repente la responsabilidad de sacar adelante aquella situación, y lo cierto era que nunca me había visto en aquella tesitura. En otras ocasiones había sido la otra persona la que me había guiado, por así decirlo, así que nunca había tenido que “enseñarle” a nadie en aquel aspecto. Siempre había pensado que sería fácil, o que saldría por sí solo, pero lo cierto era que en aquel preciso instante aquello me resultaba más embarazoso de lo que hubiera imaginado.

Trataba de poner la mente en blanco, pensando en cosas que no tuvieran importancia: quidditch, el viaje a Ámsterdam, mi padre… incluso por momentos llegaron a mi mente algunas cosas que habíamos dado en encantamientos el curso anterior. Estaba prácticamente ido, al menos mentalmente, ya que exteriormente parecía que estaba perfectamente. Me gustaba acariciarla, besarla y sobretodo me gustaba sentir cuánto le gustaba cada cosa que le hacía, pero pensar en seguir adelante se me hacía cada vez más cuesta arriba. ¿Quién hubiera pensado que tras esperarlo tanto me hubiera sentido de aquel modo? Un millón de preguntas comenzaron a surgir en mi cabeza: ¿y si no le gustaba? ¿y si la defraudaba? ¿y si lo hacía mal? Necesitaba quitarme aquellos pensamientos de la cabeza cuanto antes.

Dispuesto a eliminar toda duda que pudiera tener me dispuse a quitarme la camiseta con un rápido movimiento. Ambos nos movimos un poco, quedando más adentro de la cama y medio acostados. Mientras le besaba el cuello lentamente no podía evitar dirigir mi mirada hacia su escote en varias ocasiones, esperando que no me costara demasiado quitarle el sujetador. Entre mi inexperiencia y mis nervios me veía fallando descaradamente en mi intento por parecer un entendido en el tema. Pensé en pedirle permiso para ir un poco más allá, como había hecho en tantas otras ocasiones, pero en aquel momento ella se adelantó, y aquellas palabras me hicieron estremecerme por momentos. Lluna se había hecho una idea equivocada de mí. Pensaba que lo había hecho con cientos de chicas y que a aquellas alturas estaba más que acostumbrado a aquello, pero no era cierto. Tragué un poco de saliva e hice un esfuerzo por sonreírle, para luego asentir. - No te preocupes por nada. - Le dije, tratando de sonar convincente. Sabía que hablar no era buena idea, así que me limité a hacer lo poco que había aprendido.

Agradecí que tuviera la iniciativa de deshacerse de la poca ropa que aún tenía encima, de forma que quedó en ropa interior en cuestión de pocos segundos. Yo hice lo mismo, así que me quité el vaquero y volví a recostarme junto a ella, quedando un poco más encima que la vez anterior. Coloqué una de mis piernas entre las de ella y tras entretenerme algo más con su cuello comencé a bajar lentamente, sin parar de besarla a medida que lo hacía. Al quedar a la altura de sus pechos comencé a acariciar su estómago a la misma vez que besaba su escote con suma delicadeza. A pesar de que empezaba a sentirme más cómodo que antes seguía notándome algo angustiado, por lo que de forma instantánea ideé algo que me ayudara a soltarme un poco.

Me erguí un poco y eché una ojeada rápida a mi alrededor. Sabía que Lluna se estaría preguntando qué pasaba, así que no tardé en sacarla de dudas. Me levanté y cogí un pañuelo que había en el respaldo de la silla que había enfrente del escritorio y volví con una sonrisa divertida en los labios, no sólo por lo que estaba pensando, sino también por la cara de Lluna, que lógicamente no entendí qué pretendía. - Te voy a vendar los ojos, ¿vale? - Advertí cierto recelo en su mirada, así que me acerqué un poco y le di un leve pero intenso beso en los labios. - Confía en mí. - Le susurré, separándome un poco para disponerme a comenzar con mi pequeño juego.

Aquello había sido una idea brillante, puesto que no sólo añadiría un punto erótico a la situación sino que me ayudaría a soltarme un poco más. Quieras o no el hecho de que me mirara constantemente hacía que me sintiera un poco coartado. Me coloqué detrás de ella y le coloqué la fina bufanda en los ojos, atándosela por detrás sin apretarla demasiado. - ¿Estás bien? - Le pregunté con un tono completamente seductor, acercándome a su oído, para luego morderle levemente el lóbulo de la oreja. Nunca había pensado que podía llegar a ser tan delicado cuando se trataba de tener sexo, de hecho en otras ocasiones había sido todo rápido y conciso, sin pararme demasiado a pensar en que la otra persona disfrutara de verdad.

Spoiler:
Entonces me puse delante de ella y seguí besándola, sólo que cada vez lo hacía más intensamente, con más deseo. La rodeé con mis manos y aproveché aquella posición para tratar de quitarle el sujetador. ¡Sorpresa! Lo había conseguido en menos de diez segundos. Estaba hecho un campeón. Aquello levantó mi ánimo considerablemente, así que la empujé con suavidad sobre la cama, quedándome justo encima de ella, con ganas de ir más allá. Podía sentir sus pechos contra mi torso y en aquel instante fue cuando comencé a sentirme verdaderamente cachondo. La vergüenza que había sentido al principio comenzaba a disiparse con rapidez y mi mente comenzaba a nublarse notoriamente. Mientras la besaba llevé mi mano derecha hacia su vientre y dibujé circulos alrededor de su ombligo antes de bajar un poco más, metiendo levemente mi mano en su ropa interior, aunque sin llegar al punto clave.

Entonces abandoné sus labios para dirigirme a mi parte favorita de las mujeres. Mis labios se posaron sobre uno de sus pechos y tratando de controlar mis ansias caté levemente su pezón, que se erizó en poquísimos segundos. Mi parte varonil comenzaba a apretarme los calzoncillos y se podía notar cómo el ambiente comenzaba a caldearse velozmente. Entonces me pregunté si no estaría yendo demasiado deprisa, así que la miré, aunque ella no podía verme a mí y le pregunté si le estaba gustando. Esperaba que así fuera, puesto que sinceramente estaba dando lo mejor de mí. Nunca hubiera imaginado que el sexo podía llegar a ser tan complicado…
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Lluna Forman el Sáb Dic 12, 2015 3:26 am

Los adultos pueden pensar que es el chico el que presiona a la chica para que el sexo ocurra. En mi caso no es así. Damon no me dijo en ningún momento nada al respecto y comprendía perfectamente mi incomodidad en Hogwarts. No hay mucha privacidad que digamos, aunque tampoco se puede decir que hayamos explorado mucho el castillo. Hemos estado ocupados con el Quidditch, los deberes y los dichosos exámenes. Pero ahora llegó el verano, vacaciones, días y días sin hacer nada.  Y como un regalo del destino Matt se fue de viaje con Apolo a las Maldivas o Hawaii, no recuerdo. De modo que la casa se queda sola para mí. Mi tío lo sabe, por supuesto, y me ha dejado todo un arsenal de material necesario a la hora del sexo. Todo con sus respectivas explicaciones y su típica frase de “es divertido pero no necesitas hacerlo en todas las habitaciones de la casa”. Soy virgen, al menos hasta hoy. ¿De verdad se cree que en mi primera vez voy a tener sexo por toda la casa?

Por suerte para mí estaba con Damon, mi novio. Mi primer novio. Estaba completamente segura de lo que iba a pasar y lo estaba deseando. Puede ser un bruto en clase, con sus amigos, con todos esos medio muggles... Conmigo nunca es así. Me trata muy bien, preguntando a cada momento si quiero parar o necesito algo. Es el momento idóneo y adecuado. Además, aunque no me guste pensar en ello, Damon tiene más experiencia que yo en este campo. Seguro que ha tenido mucho sexo porque es guapo y deseado. No hay nada que temer, él sabe lo que hacer. Por eso le pedí que me guiara. Confiaba plenamente en su forma de hacer las cosas.  La ropa escaseaba en nuestros cuerpos y se notaba en el ambiente lo que estaba a punto de ocurrir. Con sus besos me erizaba la piel y afloraban mis instintos más básicos. Los besos más abajo del cuello eran como cosquillas, me hacían reír pero a su vez el cosquilleo se convertía en una electricidad que recorría mi cuerpo. Me quedé extrañada cuando Damon se levantó de sopetón, y más aún cuando vi que cogía mi pañuelo largo del cuello.

- ¿Y eso? ¿Tienes frío en el cuello?

No hacía nada de frío, era una broma mientras intentaba comprender que pretendía. Su sonrisa pícara me dio pistas de que algo bueno y a la vez extraño iba a hacerme. Dijo que iba a vendar mis ojos y que confiara en él. Quería discutir con él aquella decisión pero a su vez se lo permití con una sonrisa. No me gustaría perderme nada de lo que estaba a punto de pasar aunque he leído en alguna parte que al privarse del sentido de la vista los demás sentidos se agudizan más. Cerré los ojos y con gestos delicados pero concisos Damon me puso el pañuelo en la cabeza. Ya no podía ver nada.

- Si, estoy bien. Muy bien.

Empezar con los ojos cerrados no significa que vaya a perderme parte de la acción. He podido notar en alguna ocasión el bulto que Damon esconde en el pantalón y no puedo negar que tengo ganas de verlo. Si, de ver su pene. Me da miedo que sea muy grande, es la verdad. ¿Y si duele? El miedo se disipó cuando empecé a suspirar porque Damon me había quitado el sujetador y me estaba besando los pechos. De nuevo esas extrañas cosquillas que me daban ganas de moverme y apartarme, y a su vez quería más y más. Intentaba imaginar mentalmente lo que estaba ocurriendo. Damon pasaba su lengua por mi pezón y una de sus manos estaba en mi vientre. Poco después esa mano bajó hasta meterse por dentro de la única pieza de ropa que me quedaba en el cuerpo, provocando una reacción instantánea de susto. Me relajé y sonreí, aún jadeando.

- Siento muchas cosquillas.

Me mordí el labio inferior y deseé que la ropa desapareciera. Lo bueno de llevar los ojos vendados es que no sentía vergüenza. Damon me estaba viendo completamente desnuda por primera vez y me daba igual. Lo único que quería es que su boca no parase de revolotear por mi piel, y eso hizo. Busqué a tientas su cuerpo, y le acaricié la espalda. Su piel era tersa y suave, dura. Luego mis manos traviesas buscaron su trasero. Me gusta la reacción que tiene cuando se lo toco. Es como que se alegra pero a su vez se sorprende, y me encanta. Noté que llevaba aún ropa interior, al igual que yo, y metí mi mano por dentro para bajárselo un poco. Era mi manera fina de decir que esos sobraba. Igual quería que yo misma se lo quitase, de modo que usé las dos manos para bordear su cintura y empecé a bajar sus bóxers por delante y por detrás hasta que algo quedó al descubierto. Lo rocé con el reverso de la mano y me detuve. Entonces agarré su pene y lo acaricié lentamente como tratando de adivinar su medida, su dureza y su grosor. Se lo continué frotando ya que no le disgustaba. Estaba muy duro y tieso, preparado para la acción. De nuevo me volvió el miedo al pensar que aquello no podía caber dentro de mí.


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Invitado el Mar Dic 29, 2015 6:02 am

Tras unos segundos noté que mi cerebro ya no carburaba como debería, estaba concentrado, demasiado quizás, era como si todo aquello ocupara el 100% de la capacidad de mi cerebro. Estaba absorto en cada uno de mis movimientos, y de los suyos, esperando no estropearlo todo. Era consciente de que en aquel tipo de situaciones cualquier paso en falso podía acabar con aquella atmósfera que habíamos ido creando con el paso de los minutos. ¿Era aquella la idea que había tenido de una primera vez con Lluna? La verdad era que resultaba ser mucho mejor de lo que esperaba. Para ser sinceros siempre había pensado que sería en algún lugar bastante más precario y transitado que en su habitación, por lo que por esa parte podíamos estar más que tranquilos.

Ahora más que nunca me sentía más que embelesado por el perfume que desprendía su cuerpo, y no fue hasta ese momento en el que me percaté de la verdadera textura de su piel. Era increíblemente tersa y podría haberme pasado horas y horas recorriendo cada rincón del mismo. Trataba de guiarme por sus movimientos, sus gestos, tratando de adivinar si iba por buen camino o si por el contrario no se sentía cómoda con lo que le estaba haciendo. Sin embargo todas mis dudas se disiparon cuando pareció pasar a formar activa de todo aquello.

Iba alternando una y otra vez, pasando de besarle los pechos a volver a su boca, dándole pequeñas mordidas en el labio que en ocasiones la hacían sonreír. Comenzaba a notarse un calor que si no fuera por la situación sería insoportable, todo mi cuerpo se sentía cálido e incluso sofocante. Estaba realmente excitado y cuanto más segundos pasaban más aumentaban aquellas ganas de ir cada vez más lejos. Mis miedos comenzaban a disiparse a medida que comenzaba a conocer su cuerpo y mi mente comenzaba a nublarse por momentos, de forma que básicamente comenzaba a pensar con el pene, más que con la cabeza.

Dejé sin quejarme en absoluto que sus manos también juguetearan un poco con mi cuerpo, pasando de acariciar mi espalda hasta mi trasero. Sentía que el tiempo estaba pasando realmente lento y que era hora de dar un paso más allá, pensamientos que quedaron confirmados al ver cómo Lluna no dudaba un instante en bajar la única ropa interior que tenía puesta. Me había sorprendido aquella iniciativa por su parte, sin duda, lo que hizo que me viniera arriba en cuestión de segundos, y no sólo hablo de mis ánimos, sino también de cierto miembro viril que ya no se preocupaba por aparentar. Lluna lo tocó con cuidado durante unos segundos y aquello fue más que suficiente para sentirme preparado para el siguiente paso.

Mis manos fueron hacia la ropa interior que le faltaba y sin dudarlo un segundo bajé las mismas, dejándola completamente desnuda frente a mí. Luego hice que se recostara un poco más gracias a mi propio peso y tras besarla más apasionadamente que nunca durante unos segundos la miré con decisión. Ella aún tenía la venda en los ojos, pero llegué a la conclusión de que ya no me importaba que pudiera verlo todo, al fin y al cabo a aquellas alturas ya nos encontrábamos prácticamente en la recta final, así que le hice la venda hacia arriba, quitándosela y sonriéndole una vez abrió los ojos.

No le mantuve la mirada por mucho tiempo, sino que proseguí con mis preliminares, que se limitaban a besarle el cuello y tocar su vagina con cierto respeto. Al fin y al cabo los preliminares de mis relaciones anteriores no habían durado más de par de minutos y no estaba acostumbrado a tardar tanto en llegar al momento culmen. Fue en el momento en que decidí dar el siguiente paso cuando se me congeló el cerebro, literalmente. ¿Y los condones? Recordaba que yo había traído condones, pero para buscarlos tendría que parar demasiado tiempo, con el desfavorable inconveniente de que la situación podría enfriarse un poco. Odiaba aquellos momentos, tras aquello le pediría que se tomara la pastilla anticonceptiva, sin duda. Finalmente decidí preguntarle si tenía algunos a mano. Lluna era inocente en muchos aspectos, pero conociéndola estaba seguro de que habría pensado en aquello con anterioridad, y si se lo preguntaba con delicadeza quizás no resultaría un parón TAN fastidioso.

Volví a recostarme sobre ella, de forma que muy probablemente sentía mi miembro viril erecto sobre su muslo y tras darle un pequeño beso en los labios le pregunté. - ¿Tienes preservativos a mano? - ¿Qué clase de macho alfa preguntaba eso a su novia? No importa, se lo recompensaría luego… Y con creces.
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Lluna Forman el Jue Ene 07, 2016 10:58 pm

No sentía tanto pánico como esperaba sentir en un momento como aquel. Al contrario, estaba deseosa. Tenía ganas de llegar hasta el final con Damon. Debido a esa seguridad, que no era mucha, me decidí a hacer algo a parte de dejarme hacer. Mientras Damon besaba cada parte de mi piel desnuda yo quise acariciarlo a él, y lo hice hasta que busqué su pene. Muchas sensaciones se arremolinaban dentro se mi cuando acariciaba suavemente su pene. ¿Lo estaré haciendo bien? Al mismo tiempo sentía miedo y euforia. Algo en mi interior gritaba: ¡estoy tocando un pene! Cada caricia encendía más nuestra pasión. Habíamos esperado mucho tiempo para esto y se notaban las ganas. Aun así ninguno de los dos tenía prisa. Matt no iba a volver hasta el día siguiente, si es que volvía, y teníamos toda la casa para nosotros solos. Podíamos recrearnos todo lo que quisiéramos. Sabía que cuando más juegos y caricias hay mejor porque eso hace que te excites y la penetración es menos dolorosa. Ai, dolor...

Intenté no pensar en el dolor. Es ley de vida que duela, o eso dicen todos. No me da miedo sentir un poco de dolor, pero no justamente en esa zona que es tan delicada. Por suerte Damon la trataba con delicadeza. Estaba desnuda frente a él. Continuaba teniendo los ojos tapados y no podía verle, aún así le sonreía entre gemidos y resoplidos. Cuando me sacó la venda lo miré un tanto azorada y sus ojos me tranquilizaron. No dudó en continuar con los besos un poco más hasta que paró. Me hizo entonces una pregunta que solamente podía responder con un gesto. Abrí el cajón de la mesilla esperando hallar lo que Damon me pedía. Pero en lugar de encontrar una caja el cajón entero estaba repleto de preservativos con envoltorios de todos los colores. Cogí una morado ya que el verde debía ser de sabor menta y me resultaba extraño acabar teniendo menta en mis partes. Cerré el cajón riéndome.

- Mi tío es muy precavido.

Se lo tendí a Damon dando a entender que yo no iba a ponérselo. Me da cosa no ponerlo bien y supongo que él se los ha puesto más veces ya. Además, el pene es suyo. Él sacó aquel artefacto pringoso del envoltorio y se lo puso mientras yo le observaba. Eso no cabe dentro de mi. Es muy grande. Me asusté de nuevo y toda la magia se fue a la porra. Tomé aire y aprovechando que podía ver me arrodillé sobre la cama y me puse detrás de Damon para besarle el cuello y los hombros. Estaba muy nerviosa. Sin llegar a temblar pero a punto de salir corriendo presa del pánico. Este era un momento único. Cuando pasasen los años me reiría de todo esto pero ahora estaba muerta de miedo. Temía el dolor más que nada. Por lo demás estaba segura de que quería que pasase y quería que pasase con Damon.

- ¿Estás preparado? - pregunté con indecisión.

Me acosté de nuevo sobre la cama. La gente experimentada puede realizar todo tipo de piruetas mientras tiene sexo, yo espero disfrutar de esto y más adelante ya se verá. Me mordí el labio mirando a Damon. Quería borrar de mi mente la indecisión y el mejor remedio serían sus besos. Elevé las manos para atraerlo hacia mí, como dándole permiso para empezar. Estaba totalmente desnuda, él también, con su pene recubierto de aquel plástico resbaladizo que le sentaba como un guante. Respiré profundo expulsando el aire lentamente y abrí mis piernas para darle libertad de movimiento. Damon situó su pene en la entrada de mi vagina. Lo tenía muy duro. Por alguna extraña razón toda la excitación que tenía cuando nos estábamos besando y acariciando se había esfumado. La idea de sentir dolor se había apoderado de mi ser, y apreté los dientes cuando empecé a notar como Damon empujaba. En mi vida había sentido tanto dolor en esa zona. Cuando pensaba que ya estaba toda dentro Damon empujaba de nuevo y más dolor. Me encontraba tan tensa que sin darme cuenta estaba arañando la espalda de Damon. Le murmuré una disculpa entre jadeos que nada tenían que ver con placer.
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