Situación Actual
21º-14º // 5 octubre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Edward W.Mejor PJ ♂
Abigail GreyMejor PJ ♀
Henry KerrMejor User
Zoe LevinsonMejor roler
Circe MasbecthMejor Mortifago
Fiona ShadowsOrden del Fenix
Alex & ZoeMejor dúol
Denzel S.Premio Admin
Afiliaciones
Hermanas [2/4]
Expectro PatronumExpectro Patronum
Directorios [8/8]
Élite [36/40]
1zp6r0z.jpgSaint Michel UniversitéMagic WordsBelovedHogwartsExpectro PatronumExpectro PatronumExpectro PatronumExpectro Patronum
Redes Sociales
2añosonline

Encuentros inesperados || Magnus K. Brooks (Flashback)

Invitado el Vie Oct 02, 2015 6:00 pm

Recuerdo del primer mensaje :

De aquel día no pasaba de ir a comprar el resto de materiales al Callejón Diagon. Era agosto, apenas quedaban unas semanas para ir a Hogwarts y empezar el nuevo curso. ¿Cómo se me ha podido pasar? Ya tenía comprados todo el material y todos los libros, menos los dos libros (de Defensa Contra las Artes Oscuras y el de Pociones) que se le habían agotado a los dependientes de Flourish & Blotts cuando fui a comprarlos. Vale que podía pedirlos vía lechuza una vez en Hogwarts, pero no podía permitirme que la lechuza se retrasara y empezar las clases sin mis libros. Era el año de los TIMOs, podría marcar la diferencia entre un Aceptable y un Extraordinario.

Papá se había empeñado en ir conmigo pero al final pude yo más; hacía buen tiempo y él había trabajado toda la semana, se merecía un día libre. Así que salí de casa con uno de mis vestidos veraniegos favoritos, de esos con falda corta y que estilizaban mi figura, cogí mi bolso y eché a andar camino al Caldero Chorreante, y de ahí al Callejón Diagon. Tuve suerte de que en la librería apenas había gente y por ello pude comprar los libros que me faltaban (casi le doy un beso al dependiente cuando sacó mis ejemplares nuevecitos del almacén y me los entregó) y entretenerme unos minutos más a ojear las estanterías, como hacía siempre que iba allí. Mi visita duró poco, no vi a nadie conocido con quien entablar conversación. Aunque sí paré en el Emporio de la Lechuza para comprarle a Regaliz sus chuches favoritas.

Ya de regreso al Caldero Chorreante, con las chucherías de Regaliz guardadas en mi bolso y los dos libros en una de mis manos, alguien se chocó contra mí. Perdone, no le vi venir. Había estado pensando en varias cosas a la vez: los TIMOs (solo de pensarlo me entraba ansiedad), lo que tenía que meter en mi baúl para Hogwarts, los días que tenía que reservar para despedirme de mis amigos muggles (que creían que estudiaba en un estricto internado y que solo volvía por vacaciones), etcétera. El hombre me miró de arriba abajo con una mirada que me dio escalofríos; definitivamente no era nada amigable ni inocente. Es un crimen que las chicas guapas se disculpen. Ya me lo decía mi madre, ¿sabes? Me decía: "Rory, las chicas son siempre unas damas, tienes que verlas como tal". Al menos ya he aprendido. Mi cara debía ser un poema pero lo cierto es que no sabía que decir. Miré alrededor pero la gente no parecía querer prestarnos atención. Tengo que irme.

Mi intención era echar a andar en dirección al Caldero Chorreante, sin pausa pero tampoco excesivamente deprisa para no delatarme. La mala suerte para mí era que el hombre era como un armario de grande; sabía algo de defensa personal, pero era una tontería intentarlo con un tipo así, pues no tenía precisamente las de ganar. Sin embargo, tan pronto me giré, el hombre me puso una mano en el hombro; me agarró lo suficientemente fuerte como para no poder seguir. Basta, me haces daño. El corazón me palpitaba tan deprisa que parecía a punto de salirse del pecho. Miré asustada a los ojos del hombre, pero solo había diversión y malicia.Entonces no te resistas y ven conmigo, te invito a tomar algo y charlamos tranquilamente. Vamos, ¡será divertido!

El grandullón seguía sonriendo y yo notaba como me temblaban las piernas. Incapaz de decir nada, decidí revolverme de su mano y echar a correr en cuanto tuve ocasión. Confiaba en que la masa de gente me protegería y lo despistaría, pero no conté con la altura de más que me sacaba. Fue cuestión de tiempo que me recortara la distancia. Me encantan las mujeres difíciles. ¿Mujeres? No, no. Ha habido un error. Yo no soy una mujer, solo tengo quince años. Noté como los ojos me escocían cada vez más, cómo algo cálido caía por mis mejillas y como se me helaba la sangre al verle venir hacia mí, sintiendo más miedo que nunca en mi vida. Actué por impulso y me defendí con lo que tenía a mano: mis libros recién comprados. Los cogí con fuerza con las dos manos y le arreé un golpe al gradullón en el lado derecho de la cabeza. Suspiré aliviada cuando vi que le había dado y le había hecho daño, a juzgar por su cara (ahí le salía un moratón como poco) y eché a correr donde pude. Sin embargo, no había sido ningún golpe definitivo y al parecer lo único que conseguí fue cabrearle. Eso ha dolido, ¿sabes?

Estábamos en un estrecho y corto callejón entre dos tiendas, sin salida posible más allá de la que me bloqueaba mi acosador. Confiando en mi triunfo anterior, alcé los dos brazos para arrearle otro golpe pero lo vio venir y se protegió. No solo eso: consiguió aferrarse a uno de mis brazos y tiró de él, atrayéndome hacia su musculoso y repulsivo cuerpo. De la sorpresa, los dos libros cayeron de mi otra mano al suelo.Por favor, déjame irme, no me hagas daño. No se lo diré a nadie, lo juro. El hombre hizo caso omiso. Mientras movía ese brazo lo suficiente como para inutilizarme también el otro, movió la otra mano hasta posarla en mi trasero, agarrándose como si fuese un naúfrago agarrado a un bote salvavidas. Debido a lo cerca que estaba de su cuerpo, no podía mover la pierna lo suficiente como para darle una patada, ni siquiera un rodillazo. Así, sin otra opción posible, incapaz de escapar, solo me quedaba una opción. ¡SOCORRO! ¡Ayud...! El hombretón movió la mano de mi trasero a la boca para impedir que gritase, pero aun con lágrimas en los ojos abrí mi boca y mordí como si fuese un perro rabioso. Aprovechando el momento en que el hombre retiró la mano dolorida, reuní más voz que antes y seguí gritando. ¡AYUDA! ¡SOCORRO! Nunca en la vida había rezado, pero aquella vez fue la excepción. Solo quería que alguien me oyera y me sacase de allí, aunque fuese la momia egipcia de esas películas muggles.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Jue Oct 22, 2015 10:00 am

Cuando Rose me habló de algo llamado… ¿ewok? me quedé mirándola como si me hablara en chino. Rápidamente me lo explicó, y me quedé más pillado todavía porque ahora no hablaba en chino, hablaba en arameo. Joder, si que es verdad que la tecnología muggle nos supera y por mucho, pero eso me parecía una gilipollez. No sé qué haría yo sin mi biblioteca personal.

- ¿Cómo un móvil pero más grande? - pregunté, intrigado. - Yo no podría utilizar eso, tengo la suerte de vivir en una casa grande y tengo una habitación para los libros. El… ewok ese parece buen invento, pero no es comparable a utilizar un libro de verdad. - opiné, yo no lo usaría, pero para una persona que no tiene espacio no parecía mala opción. Claro que también había hechizos para poder meter literalmente “mil libros en un bolso”, pero esos tal ewok no parecía mal sustituto muggle. Se las apañan de maravilla sin nosotros, las cosas como son.

Supuse que querría entrar en el departamento de Juegos Mágicos al escuchar su comentario y por que evaluándola me parecía un buen fichaje para el Ministerio. Ya tenía muchísimo potencial, no me querría imaginar dentro de unos años… y joder, quiero que entre a trabajar alguien competente al Ministerio aunque sea solo por una vez. ¡Por una vez! ¡Tanto no estoy pidiendo! Pero no, no quería entrar a trabajar allí, quería ser jugadora de quidditch. Meta ambiciosa, desde luego.

- No te cierres puertas nunca. Pero nunca. No se puede saber lo que nos depara el futuro. - le aconsejé, yo mismo en mi época saqué buenas notas en todas las asignaturas por si no podía optar a la carrera que quería. Que al final sí, pero pudo ser que me quedara sin plaza, eso nunca se sabe. Y si al final eso de ser fiscal se queda en agua de borrajas bien puedo solicitar una plaza como profesor de Historia de la Magia, que estoy más que cualificado. Aunque sinceramente, prefiero mil veces antes mi opción 1. O quedarme donde estoy, también. - Pero si tienes un sueño lucha por él, no te quedes de brazos cruzados pensando que solo es un sueño y que no se cumplirá. Nada es imposible. - bueno sí, que yo me convierta en gay, pero eso no venía a cuento. - Si algún día eres golpeadora profesional prometo ir a verte a los partidos. E invitarte a una Perdición de chocolate después. - probablemente eso último le gustara más que un desconocido fuera a verla. Que en verdad no sé para qué cojones he dicho eso, si yo no he ido a un partido de quidditch en mi puta vida.

Al terminar los helados, como era obvio, me empeñé a acompañarla a su casa. No espera, después de todas las hostias que me he metido ahora la dejo ir sola y a la vuelta de la esquina le pasa lo mismo, no te jode. Aparte que por lo visto vivía cerca, así que no me iba a causar ningún trabajo, cuando me asegurara de que estaba sana y salva en su casa entonces iría a que me arreglaran la nariz a San Mungo. Íbamos ya por el Caldero Chorreante cuando le pregunté si iba a contárselo a sus padres. Imaginaba que sí, aparte, que ver llegar a su hija con un desconocido de treinta años iba a ser muy raro y querrían su explicación.

- Ah vaya, lo siento. - contesté cuando dijo que su madre murió cuando era pequeña. No sé que hubiera hecho yo en su situación, pero por lo que parecía Rose tenía mejor relación con su padre de la que yo tendría jamás en mil milenios. - ¿Policía? ¿Cómo auror? ¿Esos que se ven en la tele y que dicen: FBI, no se mueva? - pregunté intrigado, sé que mi pregunta sonaba muy estúpida, pero es que mis conocimientos sobre el mundo muggle se basan en la televisión. Ya en la parte muggle de Londres me di cuenta que la gente se me quedaba mirando, y no eran precisamente miradas disimuladas. Joder, que descarada es la gente. - Creo, solo creo, que voy llamando la atención. - dije en voz baja, bromeando. Obviamente que iba llamando la atención, si parecía un puto payaso del circo.

Yo la seguía sin tener mucha idea de dónde estábamos, mirándola con curiosidad cuando volvió a sacar ese aparatejo llamado móvil y fulminando con la mirada a la gente que se me quedaba mirando la nariz. De repente Rose se paró y yo me detuve a la vez, mirando a mi alrededor, pensando que ya estaríamos delante de su casa o a saber. Pero no, lo único que quería era confirmar que iba a acompañarla hasta la puerta. Alcé una ceja con incredulidad ante su pregunta, porque la verdad… no creía que su padre me fuera a disparar. Y si lo hacía me aparecía en un momento en San Mungo y dejaban que los profesionales hicieran su trabajo, total, su padre era un muggle conocedor de la magia, no tendría mayores problemas si hacía magia delante suya.

- Recapitulemos: padre soltero y parece que bastante sobreprotector… me apuesto lo que sea a que eres hija única, ¿me equivoco? - pregunté, la mayoría de los padres sobreprotectores tenían solo un hijo. Un buen ejemplo es mi madre, que me sigue tratando como un niño a pesar de todos los pelos que tengo en los huevos. - Y encima policía. De esos que cuando ven a su hija con un tío sacan la escopeta y le apuntan a la entrepierna. Rose, créeme, he conocido a muchos padres de esos, no me asustan. - claro que en este caso era distinto. Las otras veces me miraban con desprecio pensando “este es el hijo de puta que se folla a mi hija”. Y tenían razón. Las pocas novietas medio serias que tuve en mi vida fueron todas hijas únicas con padres plastas, era una especie de rutina que tuve en mi vida sentimental. Bueno, si exceptuamos a Eris, pero cada vez estaba más convencido de dejarla. Todavía estaba a tiempo.

La seguí a su casa que no estaba muy lejos, apenas un minuto andando. Cuando llamó al timbre me coloqué detrás, pareciendo que intentaba esconderme, lo cual era bastante cómico porque le sacaba cabeza y media a la chiquilla. Y de ancho ya ni hablemos. Me sorprendió que el padre abriera la puerta al segundo y medio de llamar al timbre, o tenía un puto petardo en el culo o había estado el tío todo el rato detrás de la puerta esperando. Que obsesión. Anda que cuando se enterara de lo que pasó rato antes… no me quería ni imaginar. Ahí no lo culpaba, si me tocan los cojones cuando les pasa a personas desconocidas y arriesgo mi integridad por ellas, no me quiero imaginar si tuviera una hija adolescente y alguien quisiera aprovecharse de ella. Si le cortaría los putos huevos a ese cabrón y ni siquiera conocía a Rose… si fuera su padre… mejor no imaginarlo, pero las películas Saw serían de Disney al lado de lo que yo haría.

Después del ataque de padre preocupado, me miró como si me estuviera arrestando. Pero con todas las letras vamos, que solo le hacía falta al tío sacarme las esposas. Era hasta divertida la situación, para que negarlo. Antes de que abriera la boca su hija se explicó, aunque fue una explicación más que escueta, de ahí que no me extrañara el segundo interrogatorio policial.

- Magnus Brooks, señor. Le aconsejo que se tranquilice, ya bastante asustada está su hija como para que también tenga que lidiar con su nerviosismo. - mi voz sonaba neutral, pero si no lo digo reviento. Toma All-Bran, tío. -  Pillé a un cabrón acosando sexualmente a Rose y le di su merecido. Yo me he llevado una nariz rota, pero le aseguro que ese hijo de puta está mucho peor. - era un jodido policía, así que tampoco vi necesario decirle “tranquilito que si no fuera por mi hubieran violado a tu hija” porque creo que cualquier persona con más de dos neuronas lo pillaría. - Me he empeñado en acompañarla a casa porque temía por su seguridad. No se preocupe que físicamente está perfectamente, asustada como es normal, pero está bien. Y ahora que está sana y salva tendré que ir a que me vean lo que me queda de nariz… - ahora mi prioridad se llamaba San Mungo, por estaba empezando a dolerme otra vez una barbaridad la muy puñetera. - Rose, si necesitas cualquier cosa, y ahí incluyo ayuda con los TIMOS, mándame una lechuza. Estoy seguro de que te servirán muchos libros que tengo. Número 46 del valle de Godric. - quizás hubiera sido mejor decírselo antes y no delante de su padre, pero me gusta fomentar la inteligencia cuando la veo. Y por desgracia no la veo mucho. Si mi “querida” prometida tuviera la mitad de inteligencia que esa quinceañera yo sería tremendamente feliz. - Tiene una hija excepcional. Que pase buena noche. - me despedí con cortesía del tipo no-te-acerques-a-mi-hija-que-te-mato. Que educado soy y que me quiero en ese tipo de situaciones, joder. Me di la vuelta y eché a andar por el camino opuesto a dónde habíamos venido, con la intención de volver al Caldero Chorreante y allí utilizar la aparición para ir hasta San Mungo.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Jue Oct 22, 2015 12:09 pm

Me encantaba la cara de confusión que ponían muchos magos cuando les hablabas de cosas muggles; sabía que era la misma cara que ponía yo, o había puesto, cuando me hablaban de cosas demasiado mágicas. Pero no sé, esa cara de confusión y desorientación me parecía adorable prácticamente siempre. Y lo mismo me pasó con Magnus; todo serio y tan adulto, pero se queda a cuadros al hablarle de un ebook. Asentí cuando preguntó si era más grande que un móvil; algunos daban aspecto de tablet, pero básicamente sí. Pero claro, seguro que Magnus ni sabía lo que era una tablet, así que con asentir era suficiente.

Lo que no esperaba era que confundiese el nombre del libro electrónico con el de las criaturas más cuquis de Star Wars. Cuando mencionó a los ewoks, me entró tal ataque de risa que me sentí mal por Magnus y me expliqué en cuanto pude controlar la risa, para que no pensara que me reía de él o algo. Ebook, no ewok. Los ewoks son unas criaturitas adorables, parecidas a ositos, que aparecen en el episodio seis de Star Wars. Los ewoks eran tan adorables... Apuesto a que por eso mi patronus es un osezno, porque son el animal vivo más parecido a los ewoks y son también muy adorables. Aunque el nivel de adorabilidad de un ewok no podrá igualar al de un osezno; ¡los ewoks llevan gorrito! Después caí en que Magnus probablemente tampoco conociera Star Wars, porque claro, ¿quién va a conocer una de las mejores sagas de ciencia ficción de todos los tiempos, junto con Star Trek? Como tenía otras cosas de las que preocuparme, como de mi padre, lo di como un caso perdido por el momento. Ya tendría ocasión de introducirle el universo de Star Wars.

No me esperaba que Magnus se mostrara como se mostró cuando le expliqué que quería ser jugadora profesional de quidditch al haber dicho que no le gustaba el deporte, y por eso me tomé más en serio lo que me dijo. En el fondo, eran palabras que si lo pensaba fríamente también me podía decir a mí misma. No cerrarme puertas, luchar por mi sueño. Asentí, completamente en serio. No es que no lo fuera a intentar, otra cosa eran las posibilidades que tuviera de conseguirlo. Sonreí cuando dijo que vendría a verme a los partidos e invitarme a una perdición de chocolate. Entonces me aseguraré de que no se acerque a ti ninguna bludger desviada, lo que sea por otra Perdición de chocolate. Reí. Pero era bien cierto que el chocolate era adictivo, y más durante ciertos días del mes, así que probablemente lo dijera más en serio de lo que pensaba.

Cuando salimos del callejón Diagon y estábamos en el Caldero Chorreante, quiso saber si se lo contaría a mis padres. Le hice saber que no era plural, sino singular, porque mamá había fallecido hacía tiempo. Sacudí la cabeza cuando dijo que lo sentía. No te preocupes, fue hace tiempo. Lo tengo superado. Habían pasado casi diez años desde aquel día, había llovido mucho desde entonces. También le advertí de mi padre era policía y no podía ocultarle nada porque sabía cuando lo hacía. Sí, es algo así como el auror del mundo muggle. Aunque el FBI es otro cuerpo especial, mi padre es de la policía normal, a secas. Lo cierto es que eso estaba mejor en el mundo mágico; solo había aurores y ya. Y en cambio, en el mundo muggle estaban los policías normales y luego servicios especiales con un montón de nombres, cada uno con siglas distintas. Desde luego quien inventara tanto nombre se había puesto las botas.

Me daba pena por Magnus que se le quedaran mirando como si fuese un tipo sospechoso o incluso malvado solo porque su nariz no daba mucha confianza; conmigo se había portado genial, e incluso me sentía en cierto modo culpable por que el tipo de antes le hubiera dejado esa nariz. Sin embargo, estaba nerviosa por papá, y más cuando descubrí todas las llamadas perdidas en mi móvil. Por eso, cuando estábamos cerca de casa, le advertí a Magnus de que mi padre tenía una pistola y de que sería mejor que hablara yo. Suspiré cuando Magnus acertó que era hija única. Aunque no entendí muy bien cuando dijo que no le asustaban los tipos así. ¿Qué quería decir con eso de que había conocido más tipos así? Seguro que se refería a los padres de las chicas con las que habría salido, seguro que eran bastantes. Es decir, era alto, con voz grave y, aunque no era guapo, teniendo esa nariz bien se le podía considerar atractivo. Además, era serio y responsable, y no dudaba en defender a una mujer en apuros. Seguro que las mujeres se pegaban por él, y seguro que a los padres de estas no les hacía gracia...

Al llegar a casa, como no, mi padre abrió la puerta casi nada más llamar. Se le nota preocupado y asustado, pero en cuanto vio a Magnus notó que algo no iba bien. Le conté escuetamente que Magnus había sido mi salvador, aunque sin dar demasiados detalles, pero papá era policía, así que por supuesto no se contentó y quiso saber más. Entonces habló Magnus y se presentó con apellido y todo. Observé como mi padre me deslizaba discretamente hacia su espalda, como interponiéndose entre Magnus y yo, cuando este le dijo que se tranquilizara. Tuve que contenerme para no soltar una risa nerviosa. Magnus acababa de demostrar una vez más ser un Gryffindor; no veía la cara de mi padre desde mi posición, pero supuse que ese comentario le encantó. Pero al menos dejó a Magnus contar su historia, bueno, mi historia. Me puse tensa cuando Magnus mencionó la palabra "acoso sexual"; recordaba al detalle lo que había pasado, pero esas palabras eran muy fuertes. Inconscientemente, me acerqué más a papá, como buscando su protección, pero este parecía petrificado, en shock.

Asentí cuando Magnus dijo que le avisara si necesitaba algo, y memoricé mentalmente su dirección. Gracias de nuevo, Magnus. Jamás me cansaría de agradecerle lo que había hecho por mí. Y siento mucho lo de tu nariz. Después, despedí a magnus con la mano mientras este se despedía y se iba; papá se apresuró a cerrar la puerta, y entonces me miró entre preocupado y serio. Parecía a punto de echarme una regañina. Pero en su lugar, me cogió mis libros recién comprados y los apoyó en el mueble de la entradita antes de apoyar sus manos en mis hombros; en ningún momento me quitó los ojos de encima. Quiero que me cuentes todo lo que ha pasado, con pelos y señales. Le miré a mi padre con el ceño fruncido. Te lo acaba de contar Magnus. No entendí muy bien por qué quería que le contara todo; además, tampoco es que tuviera ganas. El chocolate me había dejado más tranquila, y mi padre en dos segundos iba a hacer que no hubiera servido para nada. Ya lo sé. Pero a él no le conozco de nada; quiero que me lo cuentes tú.

Papá debió notarme reticente, así que me llevó delicadamente hasta el sofá y me hizo sentarme junto a él. Al principio me costó arrancar, pero después le conté todo, sin omitir detalle. En algún punto a la mitad de la historia se me humedecieron los ojos, pero controlé las lágrimas. Era una mujer fuerte, las mujeres fuerten no lloran. Cuando llegué a la parte donde Magnus hizo acto de presencia, noté como mi padre volvió a respirar de nuevo, y al final incluso se relajó cuando le conté la parte de la heladería y todo lo que habíamos hablado Magnus y yo hasta aparecer en la puerta de casa. Papá estuvo un par de minutos en silencio, sin decir nada; no sabía como interpretarlo. Pero de pronto, suspiró y se reclinó hacia atrás en el sofá, girando la cabeza hacia mí. El tal Magnus se ha llevado un buen golpe, ¿eh? Me dejó desconcertada. Después de todo mi relato, ¿eso era todo lo que tenía que decir? Me cae bien, se nota que el tipo tiene agallas. Cuando papá vio mi cara, me rodeó con sus hombros y me atrajo hacia él; yo apoyé mi cabeza en su hombro y pasé mi brazo por su cintura, abrazándole con fuerza. Y además ha salvado a mi hija hoy, estoy en deuda con él. De pronto, papá se separó de mí y me dejó sola en el sofá. Le oí alejarse hasta una de las habitaciones y oí ruidos, como si estuviese rebuscando en algún mueble. ¿Papá? Cuando apareció delante de mí, tenía un bote en la mano. Y esto es para ti, señorita. No vuelvas a salir de casa sin esto. Y no es una pregunta.

Lo raro es que, teniendo un padre policía, no hubiera instaurado la norma del spray de pimienta antes, pero tampoco me quejaba. Aunque después de aquel día, no iba a quejarme por llevarlo en el bolso tampoco. Papá volvió a preguntarme si estaba bien y yo le dije que sí, aunque tenía hambre. Mientras él se metía en la cocina a preparar algo de cena, yo fui al comedor a preparar la mesa y mientras encendí la tele del comedor. Estaba llevando las servilletas cuando vi por el rabillo del ojo que estaban emitiendo un anuncio de la última película de Star Trek, recién estrenada el mes anterior. Dios, me encantaba Star Trek. Y esa película era genial; ya la había visto en el cine con papá, y volvería a verla más veces. Estaba en mi mundo de yupi, a punto de llamar a Scotty mentalmente para que me teletransportara al Enterprise, cuando de pronto apareció Spock en pantalla en una escena de acción, una de cuando van de expedición al planeta Kronos. El servilletero se cayó al suelo, causando mucho ruido cuando el metal tocó la tarima del suelo.

¡Ahí estaba! ¡Ahí había estado todo el tiempo! Desde el primer momento que había visto a Magnus, su cara me había resultado familiar, aunque no había localizado de donde y al final me había dado por vencida, suponiendo que habían sido imaginaciones. Pero aquel anuncio me habían demostrado que no lo habían sido. Magnus era Spock. ¡MAGNUS ERA SPOCK! ¡Claro! Ahora todo encajaba. Por eso había sido el único de toda la muchedumbre lo suficientemente hombre como para ayudarme, por eso sus puños habían hecho tanto daño al otro tipo. Y aún con otro estilo de pelo y las cejas no tan rectas, el parecido era innegable. Cuando terminó el anuncio, me agaché para recoger el servilletero y al incorporarme vi que papá estaba en la puerta de entrada al comedor, mirándome con ojos divertidos. Ya decía yo que parecía buen tipo. Puse los ojos en blanco pero no pude ocultar mi sonrisa.

Aún tenía que encontrar la forma de agradecerle a Spock Magnus lo de aquel día, pero al menos parecía que lo peor ya había pasado.
avatar
InvitadoInvitado

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.