Situación Actual
3º-10º
22 diciembre -> luna llena
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
ARTEMISIA pj destacado
STEFAN & POPPY DÚO DESTACADO
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline

Time is fleeting [Bellatrix Lestrange]

Matt Forman el Sáb Oct 03, 2015 1:16 am

Bonito viernes si no fuese porque tenemos un lío con el tiempo a kilómetros de aquí. Había un reloj que contaba las horas al revés, de modo que en lugar de avanzar en el tiempo, se atrasaba. Es decir, era como volver al pasado hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo. Encontraron el reloj en una pequeña tienda de un pequeño pueblo en India. El dueño aseguraba que era una rareza, que era mágico y que nadie se lo podía robar. Él lo tenía en una habitación cerrada, y entraba un par de veces al día. Como entraba solo en la sala el retraso en el tiempo solamente le afectaba a él, de modo que no tenía otro efecto que el no hacerlo envejecer. Pasaba unas ocho horas allí durmiendo, de modo que era cada día ocho horas más joven que cualquier persona que le conociese. Nos llegaron rumores de la existencia de ese reloj y mandé a dos subordinados para traerlo, junto con un chico desmemorizador del Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas. Entre los tres no habían conseguido más que cabrear al dueño. De modo que tuvieron que hechizarlo. Pero esos tres patanes quedaron fascinados con la magia del reloj y llevaban ya dos semanas en la India entrando y saliendo de esa sala para hacerse más jóvenes. Que idiotas. Necesito que alguien con dos dedos de frente vaya a traerlos de vuelta para que pueda suspenderlos un mes de empleo y sueldo. ¿Pero quién, a parte de mi, puede contar con el potencial para traer a esos tres idiotas sin quedar prendado de tan objeto?

- Quiero que localices a la señora Lestrange ya mismo. Que acuda a mi despacho en menos tres segundos. Es importante.

Le ordené a la secretaria a gritos. Estaba histérico. Encima de mi mesa tenía la carta de aquel bobalicón de Andrew Marcus. “Señor Forman no vamos a volver. El reloj es la monda. Cuanto más tiempo pasamos en la habitación más jóvenes nos volvemos. Ese reloj es una bendición y queremos quedarnos aquí para disfrutarlo un poco más. En un par de semanas volveré a ser un chico de veinte años pero con la sabiduría que tengo ahora. ¿No es lo que todo el mundo desea?” Maldito sangre sucia. Sabía yo que ese chico nos iba a dar problemas. Además, es estúpido. No cuenta con que estar una semana en la habitación del reloj solamente supone rejuveneces dos semanas. Debería estar cinco años metido en la habitación para volver a tener veinte años. Sin contar que en esos cinco años el esto del mundo habría avanzado cinco años.

Tiré la carta sobre la mesa con desprecio. Si voy yo a la India voy a traer un reloj y tres cadáveres. El poder del reloj es una locura. Puede ser útil en algunos casos pero no para esa tontería. El lugar del reloj está en la sala que hemos preparado para él en el Departamento de Misterios, de modo que solamente pueda usarse con supervisión. ¿Dónde se ha metido esa mujer? Me va a dar un ataque si no llega pronto o voy a salir a buscarla yo mismo por el departamento.  
avatar
Imagen Personalizada : Todo se reduce al placer.
RP : 10
PB : Matt Bomer
Edad del pj : 35
Ocupación : Inefable
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 19.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Ninguno
Mensajes : 634
Puntos : 230
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t271-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t297p30-relaciones-de-matt http://www.expectopatronum-rpg.com/t861-cronologia-de-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t384-lechucheria-de-matt-forman
Matt FormanJefe Departamento

Invitado el Mar Oct 06, 2015 1:42 pm

A Bellatrix no se le mete prisa y a Bellatrix no se le exige nada. A Bellatrix se le sugiere que hay algún asunto que precisa de su interés y que, tal vez, ese asunto requiera cierta urgencia. Ella es la que decide, por supuesto, si merece la pena invertir o no su tiempo en ello. Cualquiera que conozca a la bruja sabe que no debe tentar demasiado a la suerte. Y el funcionario que ha ido a traerle las demandas del jefe de departamentos de Misterios traga saliva cuando la mirada acerada de la morena le perfora como si quisiera leer bajo su piel. No tiene muy seguro de haber optado por la opción correcta, pues tanto Lestrange como Forman parecen capaces de matar al mensajero si se les pilla en mal momento. La bruja flexiona los dedos, haciendo crujir el cuero de los largos guantes que, casi siempre, lleva puestos cuando sale de la seguridad de su casa, o de la casa de su Maestro, como si el resto del mundo fuera de aquellos dos sacrosantos lugares fuera tan repugnante como para contaminarla si lo tocaba con las manos desnudas.

En realidad, no era tanto una cuestión de purismo, que también, como que, gracias a los guantes, ocultaba la marca tatuada en el interior de su muñeca.

El funcionario debe dar gracias por haberse encarado a la joven inefable en el Ministerio, donde su identidad es conocida, tanto como su reputación, y no se puede permitir "deslices" de ese tipo, por mucho que sepa de la cuerda que cojea el Ministro, al igual que su "jefe". Así que, se limita a chasquear la lengua y hacer un gesto con la cabeza que el joven interpreta como un "fuera de aquí". Ni siquiera tiene que repetirlo, pues sale por la puerta como alma que se lleva el diablo y la mujer se levanta de su escritorio, recogiendo con una floritura de la varita unos rollos de pergamino con sus notas e investigaciones y los encierra en un baúl con cinco cerraduras. Solo entonces, cuando no hay nada fuera de su sitio, se digna a acercarse a la chimenea, coger un pellizquito de ceniza de un ornamentado recipiente de vidrio de la repisa y lo arroja a las llamas, que rugen y cambian de color antes de que ella, cogiéndose elegantemente la falda del vestido, de un paso adelante y se deje devorar por ellas.

La mujer que sale por la chimenea de Forman es altiva, soberbia y hermosa, ataviada con una sencilla túnica sin mangas color vino que sacude ligeramente para quitar los restos de las cenizas, completamente lisa, y que se ciñe a su cintura con un cinturón de cuero, a juego con los largos guantes. El cabello recogido en la nuca, enmarcando su rostro anguloso con un par de mechones sueltos, y su altura incrementada unos centímetros por unos botines negros, también de cuero negro. Todo en ella es sencillo, sofisticado, elegante, y como ligeramente pasado de época. Una belleza clásica de piel blanca como la porcelana y, sin embargo, su mirada gélida y su ceño permanentemente fruncido envilecen sus facciones, empañando su hermosura. Al entrar en el despacho no hay gestos de reconocimiento por su parte, ni un saludo de cortesía o una palabra de respeto. Si no que se cruza de brazos, desafiando al hombre con la mirada, con el mismo interés con el que se analiza un insecto que se te sube al zapato, dándole la oportunidad de salir volando antes de tomarse la molestia de aplastarlo.

– ¿Y bien?

_______________________
Bella en atuendo de trabajo
avatar
InvitadoInvitado

Matt Forman el Dom Oct 11, 2015 11:12 pm

El nivel de nervios estaba al máximo. Si la señorita Lestrange llega a tardar dos segundos más me da un ataque al corazón. La situación era muy grave. Escuché un pequeño pop y dirigí mi mirada a la chimenea. Estaba sentado sobre la mesa de mi escritorio, papeles en mano y con cara de susto por lo que estaba pasando. Al verla tan imponente y elegante se me fue el asunto de la mente y no pensé en el asunto del reloj hasta que ella habló. Eran pocas las ocasiones en las que tenía que llamar a un Inefable de urgencia, y normalmente no era a ella. Pero mis dos mejores hombres estaban ya en la India y necesitaba de alguien experimentado. Me levanté del escritorio en señal de respeto y no le ofrecí sentarse porque el asunto corría prisa. Su forma de hablarme no me pareció la más correcta pero hice caso omiso porque el tema a tratar era urgente. En ese momento vi oportuno acompañarla en la misión para no dejar a una mujer sola encargarse de tres idiotas.

-Tenemos un problema. El caso del reloj de India, ¿te suena? Mandé a un desmemorizador con Joe y Daniel, y los muy inútiles se han quedado allí usando el reloj en beneficio propio. Necesito que me acompañes para traerlos de vuelta, trasladar el reloj y arreglar el asunto para que los muggles del lugar no sospechen nada.

Me fijé mejor en la mujer que tenía delante. Así a rasgos generales el único defecto que le encontraba era la extrema delgadez. Por lo demás estaba estupenda. Desde sus labios rojos mostrando desagrado hasta sus manos enguantadas. Es el tipo de persona que encaja en este departamento. Es más, podrían ser todo mujeres a mi mando y no tipos inútiles que se dejan engatusar por un simple reloj mágico. Esos estúpidos incompetentes me van a tener trabajando muchas horas el día de hoy.

En lugar de mandar órdenes tenía por costumbre usar frases como “necesito que hagas” o “tenemos que”. La persona que recibe las órdenes lo ve más como una contribución y no como un trabajo sucio que se le ha impuesto. Es lo que me hace ser un buen Jefe, he aprendido bien a medir mis palabras. Es algo que los empleados valoran.

- Deberíamos marcharnos ya. ¿Te ves capaz?

En la mesa del escritorio tenía el cajón donde traeríamos el reloj. Era lo bastante grande como para meter un reloj antiguo, y lo bastante pequeño para que no pudiera solarse un humano dentro. De modo que el reloj viajaría seguro sin que nadie sufriera los efectos mágicos del mismo. Lo tenía todo listo para irnos. Me acerqué a la señorita Lestrange para coger su brazo y desaparecernos al lugar adecuado, pero primero tenía que esperar su contestación. No puedo obligar a una preciosa Inefable a acompañarme a realizar un asunto importante si ella no quiere. Siempre puedo llamar a Jason, o a esa chica nueva, ¿cómo se llama?, ¿Odette?.
avatar
Imagen Personalizada : Todo se reduce al placer.
RP : 10
PB : Matt Bomer
Edad del pj : 35
Ocupación : Inefable
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 19.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Ninguno
Mensajes : 634
Puntos : 230
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t271-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t297p30-relaciones-de-matt http://www.expectopatronum-rpg.com/t861-cronologia-de-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t384-lechucheria-de-matt-forman
Matt FormanJefe Departamento

Invitado el Miér Oct 28, 2015 9:32 am

Con ella no funcionaban todas esas moderneces absurdas que idiotas aprovechados que se las daban de triunfadores enseñaban a otros idiotas más profundos, que se las daban de snobs, para sacarles el dinero. Tanto coach y tanta psicología, tanto medir el lenguaje para parecer un jefe "cercano", "amigable", "colaborador", "cooperativo". Chorradas. Sandeces. Y la mueca de desagrado se acentúa cuando el hombre comienza a hablarle con esa condescendencia medida y aquel tono evidentemente manipulador. Debilidad, eso es lo que Bella veía en cada hombre que pisaba la faz de la tierra, exceptuando a su maestro y, tal vez – y solo tal vez – su marido. Si ella tuviera el puesto de Forman, algo a lo que evidentemente aspiraba, desde luego no trataría a sus subordinados con ese "colegueo" insufrible. Bella rueda los ojos y se digna a romper la postura de sus brazos para señalarle con el dedo índice. – No, querido, no "tenemos" un problema. TÚ tienes un problema y necesitas que YO te lo solucione. Es un matiz pequeño, pero muy significativo. Yo no trabajo en el departamento del tiempo, y lo sabes.

Cualquier otra persona hubiera agradecido la consideración y la confianza depositada por su jefe, pero Bella estaba demasiado pagada de sí misma. Desde luego, si las tornas fueran a la inversa, si ella fuera la superior y Forman el que hubiera osado en dirigirse a ella de esa manera, el cariz de la situación se hubiera tornado bien distinto. No se ejerce verdadero poder con sonrisas y amiguismos. El verdadero poder es el terror, el miedo, la amenaza constante. Pon una espada de Damocles sobre la cabeza de una persona y no osará siquiera hablar demasiado fuerte. Esa era la psicología que Lestrange entendía. Aún así, la bruja sabía fingir, mimetizarse con la sociedad y acatar sus directrices, por estúpidas que le parecieran, si le convenía mezclarse con la plebe y pasar desapercibida. En ese momento, desde luego, sabía hasta que punto debía tensar la cuerda. No le interesaba enfrentarse a Forman abiertamente, y menos por una cuestión de orgullo. Aún así, él la necesitaba, y pensaba saborear aquella pequeña victoria, frugal y efímera, sí, pero a nadie le amarga un dulce y Bella, cuando le interesa, sabe ser muy muy golosa.

– Hay poco de lo que yo no sea capaz, señor Forman.

Replica a su reto con falsa modestia, que sabe que ha lanzado para asegurarse de que no se marchará sin hacer el trabajo si con eso pone en duda su capacidad. Matt alarga la mano y ella le tiende la suya. El reloj de la India era un curioso e interesante objeto. Por supuesto, a Bella poco o nada le importaba su poder en sí. Ella ya era joven, y hermosa, y en este momento su vanidad no le pedía arañarle segundos a la vida de una forma tan ruin y desesperada. Pero era un objeto con un increíble potencial mágico. ¿Qué se podría hacer con semejante joya? ¿Y si se invirtiese el hechizo y se le hiciera ir hacía adelante? ¿Qué ocurriría si se le inyectase más poder y se acelerase el proceso? ¿Y si se lograra envejecer tres, cuatro años al día a quien encierren junto a esa maravilla? Toda magia se puede pervertir, todo encantamiento se puede corromper. Toda magia blanca tiene una contrapartida negra. Y Bella es curiosa, y juguetona, en su peculiar y sádica manera. Y cuando sus dedos tocan los del mago y siente el tirón en el vientre propio de la desaparición se le antoja que aquel reloj maldito sería un fantástico regalo de aniversario para su marido.

Nada más sus pies se posan en el suelo, la mueca de desagrado se acentúa. El calor es sofocante, el ambiente es denso, y el bullicio caótico y ensordecedor. En el aire se entremezclan los aromas de decenas de especias diferentes con el del sudor agrío, el del agua mal evacuada y el de los excrementos de algunos animales. Bellatrix aparta con la mano un par de moscas que pretenden beber del sudor que perla su frente y fulmina a Forman con la mirada como si le responsabilizara del clima hostil de aquel lugar. Los impecables zapatos negros están pardos por el polvo en apenas cuestión de segundos. No solo han ido a la India, si no a una de las zonas más pobres y decadentes, al parecer y para disgusto de la mujer. Con un suspiro, sus ojos recorren el callejón donde se han aparecido, con el suelo de tierra prensada, justo enfrente del anticuario de marras. Bella no espera, echa a andar hacía la puerta sin acatar ningún tipo de instrucción y con un movimiento de la varita, esta se abre justo antes de que ella llegue, permitiéndole el paso sin que ella tenga que tomarse la molestia de asir el pomo e ignorando el cartel de cerrado. La tienda parece estar completamente vacía.
avatar
InvitadoInvitado

Matt Forman el Dom Nov 01, 2015 10:09 pm

El tiempo se nos echaba encima, y nunca mejor dicho, y aún así me andé con rodeos para explicarle a la señorita Lestrange en que consistía el trabajo. Me dejó muy claro que ella no estaba en el Departamento de Tiempo y que yo estaba necesitando su ayuda. Como si le estuviese pidiendo un gran favor que tuviera que devolverle con lágrimas, sudor y sangre. Su actitud prepotente me pareció poco acertada para un momento tan complicado. Necesitaba a mi lado a alguien con el temple necesario para no dejarse engatusar por el reloj mágico, pensé en ella, y me viene con esas...

- Mira cariño, aquí yo soy el Jefe. Puedes venir conmigo y solucionar el problema, o irte a mendigar un puesto en el Departamento de Seguridad. Podrías estar agradecida de que confíe en ti para esto en lugar de llamar a Allen o a cualquier otro.

Se acabaron las lindezas. Intento ser un buen jefe y tratar a todo el mundo como iguales, pero con este tipo de zorras no se puede. Me la quedé mirando con reproche. Cualquier otro Inefable estaría encantado con la confianza depositada, pero la señorita Lestrange es especial. Va a su puta bola. Esa es al descripción. Es buena, es muy buena en su trabajo, pero se cree por encima de todos. Y eso yo no lo consiento. Nunca soy un jefe autoritario, pero con ella voy a serlo. Le pregunté si se veía capaz con un tono serio y una expresión totalmente neutra. No necesito que me acompañe, en realidad iba a mandarla sola pero soy imbécil y no me fío de dejar a una mujer al mando.

Le tendí mi mano y la cogió. Ambos nos desaparecimos, con la caja para el reloj, y aparecimos en India. En una zona bastante pobre y llena de gente en sus calles. Lo primero que noté fue calor, después hedor. Nadie se dio cuenta de nuestra llegada. Destacaban nuestros atuendos entre ropa tan colorida y nuestra piel pálida entre gente morena. Buscamos la casa del hombre. La señorita Lestrange tomó la iniciativa, abrió la puerta mediante magia antes de llegar y entramos en aquella pequeña tienda mal iluminada. No había nadie. Solamente una puerta separaba la puerta de la estancia donde se escuchaba hablar a varios hombres.

- El reloj debe estar ahí dentro. En menos de un minuto debemos entrar y poner el reloj en la caja especial sin dejar que nuestros queridos compañeros escapen.

Le hice señas a la mujer para entrar en aquella sala y ocuparnos de todo en menos de un minuto. Yo llevaba la caja en la mano, de modo que mi tarea sería buscar el reloj, meterlo en la caja, y después atrapar a aquellos tres inútiles. Serían enviados directamente a juicio por desobediencia, a parte de suspendidos de empleo y sueldo. En la sala estaban los tres, mis dos Inefables y el desmemorizador. Cuando abrimos la puerta dieron un respingo, uno de ellos gritó del susto y no tardaron en coger sus varitas y atacarnos. Perfecto, si alguno de ellos muere en esta misión nos ahorraremos un juicio. Le lancé un desmaius al desmemorizador que cayó al suelo, y me dirigí raudo hacia el reloj. No me detuve hasta tenerlo metido en la caja, de modo que el hechizo que hacía retroceder al tiempo ya no funcionaba en la sala. Esperaba que Bellatrix hubiese parado los pies a sus dos compañeros. No nos costó mucho tenerlos a los tres atados en medio de la sala.

- Sois unos sacos de mierda. Como me gustaría mataros y decir que os estabais resistiendo. - les miré con cara de enfado, hablando de verdad. - ¿Dónde está el dueño de la tienda?

Les pregunté a los tres y ninguno quiso contestar. Entonces me acerqué, con mi paciencia bastante mermada, y le propiné una patada a Joe en la pierna. Los tres miraban al suelo sin querer contestar. Aquello me hizo pensar que el hombre había escapado, sabiendo el secreto, o algo peor. Quizás lo habían matado para que no los delatase y así poder beneficiarse del poder del reloj. La caja que lo contenía pesaba un poco más que antes, no la dejaba en el suelo ni en ningún sitio pues prefería sujetarla yo. Al ver que ninguno de los tres contestaba les apunté con la varita.

- Podemos hacerlo por las buenas o por las malas.

No me atrevía a usar maldiciones imperdonables delante de Lestrange, porque no me fiaba de ella. Podía pensar de mi algo que no es. Si, puedo torturar a alguien que hasta hace unas semanas estaba en mi departamento, tomando copas conmigo después del trabajo, pero no quiero que piensen que soy un mortífago. Ese tipo de maldiciones útiles están asociadas con el mal. Mi plan era hacerles creer que usaría algo así contra ellos para que de ese modo hablasen.

- ¿Qué es más apropiado usar la maldición Cruciatus o directamente algo más mortal? Diremos que ha sido un accidente. - le dije a la señorita Lestrange con tono cómplice y una pequeña sonrisa.

La estaba tratando como si fuésemos dos viejos amigos que disfrutan torturando y matando gente cuando lo cierto es que no somos ni viejos ni amigos. Necesitaba usar esa carta para ver si los idiotas confesaban de una vez donde estaba el hombre para poder irnos. Para ello Lestrange tenía que colaborar, con sus dotes interpretativas, para que los idiotas colaborasen. Joe, que siempre fue el más miedoso, fue el que habló primero. Se notaba disgusto en su voz. Siempre quiso ser Inefable a pesar de su poca destreza, y yo lo acogí como a un amigo. No llevaba ni un año trabajando con nosotros, y en la primera misión importante que se le encarga la caga. Dan ganas de matarlo.



- Lo siendo señor F., el poder del reloj nos cegó. Quisimos hacernos más y más jóvenes... - dijo con voz afligida. -  Adam le modificó la memoria al viejo y ya no vive en este pueblo. Nos quedamos con su casa y con su reloj... Lo siento. Debe perdonarnos.

Solté un pequeño suspiro seguido de un gruñido de rabia. que el viejo estaba en otro lugar y no sabía nada del reloj era un avance, pero nos quedaba la ardua tarea de llevar a los tres chicos al Ministerio. Antes de eso quería saber si estaban diciendo la verdad. Continué con la varita levantada mirando a cada uno de ellos. Las verdades se sacan con tortura, es algo que aprendí de mi padre.
avatar
Imagen Personalizada : Todo se reduce al placer.
RP : 10
PB : Matt Bomer
Edad del pj : 35
Ocupación : Inefable
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 19.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Ninguno
Mensajes : 634
Puntos : 230
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t271-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t297p30-relaciones-de-matt http://www.expectopatronum-rpg.com/t861-cronologia-de-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t384-lechucheria-de-matt-forman
Matt FormanJefe Departamento

Invitado el Vie Nov 20, 2015 9:13 am

Nada más entrar en la sala y descubrir a los tres patanes, Bella desenfundó la varita, y no necesitó esperar a que los fogonazos cruzaran la habitación para conjurar un incarcero e inmovilizar a los presentes. Dejó que Forman se hiciera cargo del reloj, pasando a un segundo plano discreto, en posición de observadora, mientras contemplaba como Matt se manejaba con todo aquel asunto. La mirada de la bruja demostraba muchas cosas: Hastío, desprecio, impaciencia... Hasta chasqueó la lengua con disgusto cuando a vio a Matt darle la patada a su ex-subordinado. Y no por que le pareciera un abuso de poder o un trato inapropiado para un funcionario del Ministerio, si no porque le parecía patético que perdiera el tiempo, el de ambos, de una forma tan absurda. Aún así, decidió no intervenir hasta que Matt se volvió a ella con aquel tono cómplice de radionovela barata.

– Por el amor de Dios, ya basta. – Bella rodó los ojos, dejó escapar un suspiro de resignación, y tomó la posición dominante parándose en el centro de la sala, haciendo resonar los tacones. Apenas le tomó unos segundos, un movimiento de varita y ninguna palabra, hacerse con las tres varitas de los tres funcionarios. Tomó la de uno de ellos, la del que parecía más colaborativo, y apuntó con ella a uno de sus compañeros. La varita se sentía extraña en sus manos, la embargó una sensación de mediocridad tan intensa que le provocaba nauseas. – No me extraña que seáis magos tan lamentables usando estos mondadientes. Voy a tener que usar hechizos verbales. ¡Avada kedravra! – El fogonazo verde inundó la habitación antes de tomar otra de las varitas y conjurar con ella contra el más hablador de los tres. – ¡Crucio! – Los gritos del desgraciado empezaron a resonar en toda la tienda mientras tomaba la varita del que estaba siendo torturado, y apuntaba al único que quedaba vivo y horrorizado, pero intacto. – ¡Avada kedravra!

Toda la maniobra apenas les había hecho perder diez segundos. Terminó el crucio del hombre del ministerio y dejó en las manos de Matt las tres varitas. – La ambición por el reloj les volvió locos. Joe mató al primero, a lo que su compañero respondió con la maldición cruciatus, pero a Joe aún le dio tiempo de quitárselo de encima también. No te puedes fiar de nadie. ¿Verdad? – Responde con sorna. – Mételas en la caja del reloj, así si el departamento de seguridad las analiza, los hechizos fueron conjurados antes de que nosotros llegásemos y los encontrásemos a todos muertos. – Le da unas palmaditas a su jefe en el pecho y sonríe. – Sácale dónde está el viejo y acaba con él. Tengo un poquito de prisa. Le prometí a mi marido que comeríamos juntos y este lugar me está poniendo enferma. Si tu confías en que estos tres patanes hayan sabido hacer si quiera un hechizo desmemorizador bien, eres más imbécil de lo que sospechaba. – Puso los ojos en blanco una última vez antes de dirigirse hacía la puerta, haciéndole un gesto con la mano. – Te espero fuera. No tardes.
avatar
InvitadoInvitado

Matt Forman el Miér Dic 02, 2015 12:12 am

Estaba más que cabreado con todos pero especialmente con Joe. Siempre pensé que conseguiría crear un buen Inefable a pesar de su torpeza, y me había demostrado que había sido demasiado bueno con él. Allí estaba arrastrándose y casi llorando al explicar lo sucedido. Por una mierda de reloj que tiene más inconvenientes que virtudes me han hecho quedar mal como Jefe. Y eso no me gusta nada. Me gusta pensar que mi padre, Inefable de profesión hasta el día de su muerte, estaría orgulloso de mí. Intentaba no ser grosero ni vanidoso, tratar a todos con respeto y... La he cagado. De ahora en adelante las pruebas serán más duras. No puedo dejar que cierta gentuza se mezcle con mis Inefables más fiables porque las misiones se van al traste, y no lo soporto. En verdad sentía ganas de cargarme a alguien pero me contuve. Usé la hipotética situación de tortura y muerte para que se acojonasen y me dijesen que había pensado. Joe había contado lo sucedido ya, aunque no era muy creíble su versión debido a sus ojos llenos de lágrimas. Fue Bellatrix la que hizo que mi hipótesis se volviera realidad. Tomó de nuevo esa posición dominante que tan poco me gustaba y robó las varitas a los tres magos. Usando una de las varitas robadas mató a Adam y al otro Inefable. A Joe lo dejó gritando y retorciéndose de dolor en el suelo debido a un Crucio conjurado con muy mala baba. Al terminar me entregó las tres varitas y rápidamente ideó una historia detallada sobre lo que había ocurrido ahí. Después de poner en duda mis habilidades como Jefe de Inefables salió a la calle para esperarme. Me quedé mirando a Joe y solté un bufido.

- Es una arpía pero es mucho mejor que  tu. Le he ordenado ayudarme con vosotros y lo ha hecho. Ahora, es tu turno de cantar o morir.

Con un simple hechizo coloqué una cuerda alrededor de su cuello y lo subí hasta el techo. Lo dejé atado mientras se asfixiaba como si se hubiese querido suicidar. Su cara empezaba a ponerse morada cuando lo detuve y le pregunté de nuevo por el viejo. Señaló una trampilla del suelo mientras lloraba. No pude entender mucho más. Lo dejé allí colgado pero a salvo de momento y abrí la puertecilla que daba a un sótano. Olía extremadamente mal, a podrido. Rastreé la sangre que había en el suelo hasta un baúl. Lo abrí mediante magia para no tener que acercarme mucho y dentro encontré al viejo del reloj. Lo reconocí por las fotografías del informe. Llevaba mucho tiempo muerto. Subí rápidamente antes de darme tiempo a vomitar y cerré la trampilla sintiendo nauseas.

- Que hijos de puta, Joe. Os mando a por un simple reloj y matáis al viejo, le robáis la casa y os quedáis con el reloj. Es irónico que los tres hayáis encontrado la muerte en donde buscabais juventud eterna. Todos pensarán que te suicidaste después de matar a tus compañeros para quedarte el reloj. Nos escuchaste llegar y...ya no pudimos hacer nada por ti.

Solté la cuerda y me quedé mirando hasta que Joe quedó completamente ahogado, colgando en la misma sala donde había estado el reloj. Recogí las varitas y las metí con el artefacto mágico como había dicho Bellatrix. Se nota que sus métodos, aunque poco ortodoxos, son efectivos. Con un difindo dejé caer a Joe al suelo. Busqué su pulso pero ya estaba muerto. Lo encontrarán así los de asuntos mágicos porque yo intenté salvarlo cuando lo vi colgando aunque ya estaba muerto y no pude hacer nada.

Con la caja entre manos salí de la casa en busca de mi subordinada. Estaba allí, con cara de indignación y con ganas de desaparecer para ir a comer son su maridito. Y yo tratándola de señorita todo el tiempo, aunque tampoco se quejó. No dejamos ningún cabo suelto y la historia del reloj sería una más de tantas historias trágicas del Departamendo de Misterios.

- Por más bien que nos haya salido el plan no apruebo sus métodos, señora Lestrange. No puedo decir que haya perdido a dos grandes Inefables porque no me gusta mentir, pero seguramente deberé rellenar mucho más papeleo a causa de esas muertes. ¿No le da pena que yo tenga que rellenar todo ese papeleo?

Dejé salir una de mis sonrisas de satisfacción. Si bien es verdad que de ahora en adelante estaría mucho más pendiente del tipo de personas a las que les doy mi confianza, nadie me quitaba el placer de haber estado en la India matando a Joe. No me gusta que me mientan y me hagan quedar mal como Jefe. Le tendí mi brazo para poder volver a mi oficina y dejar atrás el calor y el hedor.
avatar
Imagen Personalizada : Todo se reduce al placer.
RP : 10
PB : Matt Bomer
Edad del pj : 35
Ocupación : Inefable
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 19.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Ninguno
Mensajes : 634
Puntos : 230
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t271-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t297p30-relaciones-de-matt http://www.expectopatronum-rpg.com/t861-cronologia-de-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t384-lechucheria-de-matt-forman
Matt FormanJefe Departamento

Invitado el Vie Dic 18, 2015 12:43 pm

Esperó a Forman en la calle, con la mueca de desagrado perenne en el rostro, los brazos cruzados sobre el pecho y mirando a su alrededor con desprecio. Se pasaba la lengua por las muelas, analizando si habría que dar demasiadas explicaciones si hacía volar aquella barriada atestada de muggles con todos dentro cuando Matt llamó su atención, poniéndose a su lado. Sus labios se torcieron en una sonrisa de niña traviesa al escuchar la "reprimenda" de su jefe y le miró de reojo, chasqueando la lengua. – Es tu trabajo. ¿No es cierto? ¿Acaso a ti te ha dado pena traerme hasta este estercolero para solucionarte un problema que ni siquiera tienes que ver con mi departamento? – Se vuelve para enfrentarle, se acerca a él con actitud provocadora y le da un par de golpecitos en el pecho con la mano extendida. – Vamos, Forman. No me seas tan pusilánime. Mis métodos son iguales que los tuyos, aunque quieras ir de "jefe enrollado".

Hizo explícito el gesto de las comillas con los dedos y rompió a reír, en respuesta a la sonrisa cómplice y satisfecha que el jefe de los inefables le había dedicado. Matt nunca se había identificado con ella como un mortífago, pero no era necesario. No había secretos entre ella y su señor, o eso es lo que a la bruja le gustaba pensar, y aquello pasaba por conocer las identidades de aquellos que en las misiones se ocultaban tras una máscara de metal. Si exceptuamos aquel pequeño incidente con Fawley, por supuesto. Cuando Matt le tendió el brazo, Bella lo agarró, pero bajando la mano hasta el antebrazo de manera que, sobre la ropa, los dedos se aferraban sobre la Marca tenebrosa, que acarició delicadamente moviendo las yemas, casi con cierta devoción, inclinándose contra el oído de hombre para poder susurrarle, con los labios prácticamente pegados a su piel. – ¿No lo notas? Ese reconocimiento... Como palpita, como arde...

Ambos desaparecieron de aquel lugar y volvieron a aparecerse frente a la mesa del despacho. El cambio radical de la atmósfera, ahora más fresca, ligera y ventilada, los recibió como si se tratara de un abrazo reconfortante. La postura de ambos era la misma de cuando habían abandonado la India. Bellatrix estaba frente a Matt, todavía aferrada a su brazo, y con una distancia entre el cuerpo de ambos por demás inapropiada e ínfima. Los ojos claros de la mujer conectaron con los del hombre de un modo elécrico. La bruja podía apreciar el olor de su piel, a aftershave, a perfume caro y elegante, y también un poco a sudor. Pero no resultaba desagradable. Y estaba segura de que, del mismo modo, él podía sentir el aroma de ella. Se puso de puntillas para depositar un casto beso, más provocador que agradecido, en la mejilla, cerca de la comisura de la boca.

– Ávisame cuando necesites otro favor de este tipo. Lo haré encantada.


A fin de cuentas, no todos los días torturaba y asesinaba a tres hombres antes del almuerzo y delante de su jefe. Como experiencia laboral resultaba de lo más motivadora. Y sin necesitar un coach ni actividades de grupo. – ¿Qué va a ocurrir ahora con el reloj? – Preguntó señalando con la cabeza en dirección a la caja y separándose lo suficiente para romper la asfixiante cercanía entre ellos.
avatar
InvitadoInvitado

Matt Forman el Jue Dic 24, 2015 12:40 am

La actitud de la señora Lestrange resultaría desagradable para una gran multitud de personas, por ser arrogante y engreída, pero para mí resultaba de lo más estimulante. No dudé en soltarle una reprimenda por los métodos que utilizó ya que si alguien en el Ministerio se enteraba de que habíamos matado a esos tres empleados terminaríamos en Azkaban, y es un futuro que no me gustaría llegar a tener. Me había gustado trabajar con ella, de modo que fui blando y ella no tardó en recalcarlo. Según ella mi trabajo es rellenar papeleo y no le da pena que tenga que rellenar unos cuantos, al igual que a mí no me ha dado pena traerla a este lugar caluroso y maloliente.

- Recuérdeme cual es tu función exactamente en mi Ministerio, y dame una sola razón para no preferir trabajo de campo rodeada de tu atractivo jefe.

Yo más. Ninguna muchachita insolente y altiva va a decirme que hacer. Ella trabaja para mí y debe obedecer si la mando a la India a por un reloj o a África a por la piedra con la que se limpia el culo un rey negro. Ella opinaba que sus métodos eran igual que los míos, y ene so se equivocaba. Cierto es que no creo en la justicia y sé que esos tres ineptos no hubiesen pagado su atropello ni con mil años en Azkaban, pero jamás en mi vida había matado a uno de mis empleados. Ahora que se lo que se siente puede que lo haga más a menudo. Total, los accidentes ocurren y en Ministerio de Misterios está plagado de historias extrañas y muertes sin resolver.

Le tendí mi mano para volver a mí cómodo despacho y noté como la mujer me tocaba el brazo de un modo diferente al anterior. Imaginé que la mujer casada que quería comer con su marido no era tan fiel como se podía pensar, y que su gesto era un leve lisonjeo. Cuando se acercó a mi y me habló supe que no buscaba ligar conmigo. Bellatrix Lestrange creyó que me estaba tocando la marca tenebrosa, esa que mi padre tenía grabada en su antebrazo y que yo nunca llegué a tener porque jamás estuve tanto tiempo con los mortífagos como para que el señor oscuro me la otorgara.

Llegamos a mi despacho y sentí ganas de reír pero me contuve. Bellatrix se había destapado como una mortífaga, y no la saqué de su error pues pensaba que yo también lo era. Quizás Voldemort, que osado soy, le había hablado de un Forman. Un Forman que no soy yo, debe ser Brad. Quise unirme cuando esos aurores mataron a mi padre, y quise unirme después de matarlos uno a uno, y quise unirme la noche en la que maté a Willow. Pero no lo hice. Mi madre sentía gran devoción por la causa pero no quería perder a su hijo como había perdido a su marido, y siempre respeté su dolor. Que no sea uno de ellos no significa que no pueda ayudar en su causa. No me importa matar a quien lo merece. Bellatrix estaba tan cerca que pensamientos impuros borraron la sombra de mí pasado. La muy zorra se excitaba con tan solo pensar que yo podía ser uno de ellos. Seguro que está muy sexy vestida con su túnica oscura y una máscara ocultando su rostro pero dejando al descubierto sus eléctricos ojos. Me dio un suave beso muy cerca de los labios y me mantuve sereno. Observé su gracilidad y contesté sin vacilaciones a su oferta de trabajar de nuevo conmigo. Que estaría encantada.

-Tenía entendido que odias los sucios estercoleros. - sonreí vacilante. - Por suerte para mi el 80 por ciento de mi trabajo transcurre dentro del Ministerio, de modo que no resuelvo muchos casos como el de hoy. No dudaré en avisarte si eso ocurre. Mientras tanto, puedes venir a visitarme siempre que lo desees. Será agradable ver algo tan bonito.

No era mi intención flirtear con mi subordinada, pero había empezado ella con esas suaves caricias en mi antebrazo y ese beso con más maldad que bondad. No soy un necio, se que está casada. Por eso no puedo negarle un poco de diversión si es lo que está buscando. Ella preguntó por el reloj, de modo que se disolvieron las tensiones. El reloj mágico continuaba dentro de la caja, al igual que las varitas de los tres hombres muertos.

- El protocolo a seguir es dejar que los especialistas en tiempo lo inspeccionen, luego encerrarlo en alguna sala y analizar sus propiedades. Si puede ser útil para algo lo custodiaríamos para siempre, y si no lo es también. Aunque se guardaría de modo diferente. ¿Te interesa el reloj? Dudo que necesites sus efectos...

En parte mi contestación nacía de mi pasión por mi propio trabajo, pero también quería saber si ella estaba interesada en el reloj de algún modo. Dudo que pueda ser útil a los mortífagos ya que con cada hora rejuveneces una hora, y poco más. El paradigma es que tienen que pasar diez años para que tu te veas diez años más jóven, mientras que fuera de la habitación en la que estés con el reloj han pasado diez años hacía delante. Es decir, tu eres diez años más joven y todo el mundo es diez años más mayor que tu, con lo cual la diferencia de edades es de veinte años. No le encuentro ningún tipo de utilidad. Quizás mis hombres especializados lo hagan.
avatar
Imagen Personalizada : Todo se reduce al placer.
RP : 10
PB : Matt Bomer
Edad del pj : 35
Ocupación : Inefable
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 19.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Ninguno
Mensajes : 634
Puntos : 230
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t271-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t297p30-relaciones-de-matt http://www.expectopatronum-rpg.com/t861-cronologia-de-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t384-lechucheria-de-matt-forman
Matt FormanJefe Departamento

Invitado el Jue Ene 28, 2016 12:02 pm

– Odio los sucios estercoleros. – Responde a su pregunta con una sonrisa traviesa, jugueteando a recorrer con el dedo índice y corazón la superficie de madera de la mesa del despacho de Forman, como si pretendiese evaluar cómo de limpia se encontraba. – Pero me gusta exterminar a las ratas. – La sonrisa se curvó un poco más, perversa. Y es que la excitación de la mujer y el aparente flirteo con su superior nada tenía que ver con un verdadero interés sexual por el varón, si no por la adrenalina corriendo rauda por sus venas como una potente droga después del pequeño secreto que compartían. Bella nunca había sido desleal a Rodolphus, y no tenía interés en hacerlo. No por una fidelidad sustentada en el amor, si no en pragmatismo. No había conocido todavía a un hombre más adecuado para ella, y era demasiado elitista para revolcarse con cualquiera. Se sentía satisfecha con su vida matrimonial, aunque eso no impidiera que, de vez en cuando, se permitiera algunos caprichos íntimos en los que, desde luego, el juego de camas no tenía nada que ver.

Rodolphus no tenía motivos, al menos todavía, para sentirse traicionado.

Sin embargo, Matt responde de la forma típica en la que cualquier hombre desesperado por unas faldas respondería ante la actitud de Bella. Al final, demasiado simple para entender el tipo de intimidad que había compartido, mucho más especial, a ojos de la mortífaga, que una intimidad carnal. La mueca de decepción no pudo ser más evidente y el interés vino como se había esfumado. Bellatrix tomó distancias de su jefe y la habitación pareció enfriarse un par de grados. El juego, sin duda, había acabado y cad auno debía de volver a la posición que le correspondía. – Has tenido que estropear un momento tan especial con un piropo tan trasnochado. – La morena chasquea la lengua en señal de disgusto y alza la mirada, dirigiendo a nadie en concreto al decir su siguiente frase, como si pensara en voz alta. – ¿Acaso los hombres no saben cerrar esas bocazas y simplemente disfrutar el momento?

El tema pronto cambió de tercio y sus atenciones se centraron en el reloj, apartando la posibilidad de que las indirectas y sutilezas provocaran algún posible malentendido. El funcionario volvió a hacer gala de su estrechez de miras en su respuesta simplista, a la que no pudo evitar poner un broche con otro requiebro manido. – No seas tan simple, querido. No lo quiero para mí, para usarlo, pero sigue siendo una magnífica anomalía mágica, digna de estar en una colección privada de reliquias como la que tiene mi marido. Solo pensaba en que sería un buen regalo de aniversario... Y un buen material para poder investigar algo más relacionado con mi departamento. Para entender de un modo más profundo la naturaleza de la muerte... – La morena estaba pensando en qué ocurriría en caso de revertir el proceso, hacerlo adelantar las horas, en lugar de retrocederlas.– ¿Qué ocurriría en caso de aislar una parte del cuerpo solo con el reloj? ¿Solo afectaría a la zona afectada o al organismo completo?

Una curiosidad malsana acababa de anidar en ella, y no iba a parar hasta satisfacerla.
avatar
InvitadoInvitado

Matt Forman el Lun Feb 08, 2016 10:49 pm

Realmente no recordaba el cometido de la señora Lestrange en mi departamento. Por eso intenté sutilmente que me recordara en qué consistía su trabajo, y muy sutilmente ella obvió mis palabras y continuó como si nada. Una vez a salvo en mi despacho hablamos sobre el trabajo realizado. Ella estaba feliz por haber podido exterminar a las ratas. Cosa que por otra parte a mí me traería algún que otro quebradero de cabeza. No por el hecho de haber matado a tres trabajadores del Ministerio ya que se lo tenían bien ganado. Más bien es que voy a tener que dar algunas explicaciones a los agentes encargados del caso, ya que ha habido muertos y desaparecidos, y no me apetece nada. No es justo que yo tenga que tragar con todo eso y esta mujer se vaya de rositas, como si nada. Por otra parte, ella estaba tan sensual y picante en aquel momento que poco me importaban las preguntas y los muertos. Me interesaba más ella.

Quise hacerle saber que mi despacho estaría siempre abierto para recibirla. Era un cumplido sin mala intención, pero la mujer se lo tomó muy a pecho. Mi semblante sonriente continuó inmutable. Llamo bonitas a todas las mujeres trabajen o no para mí, si se cree ella que recibe un mejor trato por mi parte por ser mi empleada está muy equivocada. Es parte de mi forma de ser. Las mujeres necesitan escuchar decir a los demás que son bonitas para saber que lo son. A la mujer que de verdad me gustaría tener siempre en mi despecho es a Abi, y supongo que para que eso ocurra debería ser yo el Ministro. Las demás poco me importan. Solamente una vez tuve un lío con una trabajadora de otro departamento y me agobié tanto que tuve que pedir un favor a un amigo desmemorizador para que olvidase mi cara. No es bueno juntar el placer con el trabajo, demasiado bien que lo se.

- Siento haberla molestado, señora Lestrange. Está en mi naturaleza decir cosas bonitas a las mujeres. A todas.

Con aquel duro golpe esperaba que se desmoralizase un poco y bajase de la nube en la que estaba subida. Ni de lejos es la mujer más bella del mundo. ¿Qué se cree? Odio las típicas mujeres que se creen excelentes y se enfadan por una simple palabra de afecto en su favor. Es tan ilógico.
Olvidamos aquel breve incidente ya que a la mujer le interesaba el objeto mágico que acabábamos de rescatar de las manos de nuestros tres compañeros de trabajo. Los chicos del Departamento se encargarían de catalogar aquel objeto y encuentren todas sus propiedades. Lo que escuché me asombró pero mantuve la compostura. También mi padre coleccionaba objetos mágicos extravagantes a la par que peligrosos en casa. Muchos de los cuales eran sustraídos del Ministerio una vez estaban clasificados y listos para almacenarse en alguna de las numerosas salas del Departamento. La pregunta de Bella me descolocó por completo. ¿Cómo vas a dejar un miembro solamente con el reloj?

-Seguramente esa es la pregunta más extraña que me han hecho nunca. Dudo mucho que los especialistas lo comprueben, puede que ni siquiera lo tengan en cuenta a la hora de estudiar este reloj. - como me pareció una pregunta bastante interesante en el fondo, creí conveniente contarle algo a Bella. - Mi padre trabajaba en este departamento antes incluso de nacer yo, y era un gran coleccionista de objetos extraños. La clave está en sustraerlo cuando ya nadie lo necesita. Y yo suelo saber cuando un objeto está listo para transferirlo a los almacenes. Quizás algún día podamos encontrar un regalo adecuado para su marido.

Como Jefe del Departamento es muy fácil hacer desaparecer uno de los objetos del almacén y rellenar una ficha como si el objeto en cuestión hubiese sido destruido por precaución. Estoy seguro de que el señor Lestrange debe ser un gran hombre si es capaz de encontrar atractivos tan oscuros objetos, al igual que mi padre lo fue.
avatar
Imagen Personalizada : Todo se reduce al placer.
RP : 10
PB : Matt Bomer
Edad del pj : 35
Ocupación : Inefable
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 19.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Ninguno
Mensajes : 634
Puntos : 230
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t271-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t297p30-relaciones-de-matt http://www.expectopatronum-rpg.com/t861-cronologia-de-matt-forman http://www.expectopatronum-rpg.com/t384-lechucheria-de-matt-forman
Matt FormanJefe Departamento

Invitado el Mar Feb 16, 2016 2:33 pm

Si creía que iba a ofenderla o incomodarla de modo alguno por sus réplicas, había pinchado en hueso. Bellatrix era demasiado soberbia para ver en los comentarios de Forman más allá de una pataleta para intentar recuperar el orgullo herido. No hacía falta que le especificara que hacía lo mismo con todas las mujeres, ya se había percatado de eso, y aquello solo servía para incentivar la imagen que la morena se había hecho de su superior. Sin embargo, lo que no esperaba era lo que vino a continuación. Que Matt se mostrara tan solícito a la hora de satisfacer las necesidades de la bruja había sido una agradable sorpresa. ¿De verdad le ayudaría a conseguir el reloj para Rodolphus? ¿Por qué? ¿Y con qué propósito? Realmente no creía que el sentimentalismo paternalista del inefable tuviera nada que ver. Bella no estaba acostumbrada a las acciones desinteresadas.

– Ya veo... ¿Y a qué precio?

No necesitaba la ayuda de Forman para hacerse con el reloj. Ella misma podría buscar las mañas de hacerlo desaparecer. Si el jefe se ofrecía a facilitarle aquella poco ortodoxa labor, sin duda sería a cambio de algo. ¿Tal vez convertirla en una mujer más solícita con sus pretensiones? No, desde luego no ansiaba tanto aquella rareza mágica como para acceder a algo así. ¿Información? ¿Más ayuda con temas que se escapasen de sus competencias? Mientras espera una respuesta mira el reloj, con marcada impaciencia. Lo decía en serio cuando había afirmado que quería comer con su marido, no era una mala excusa para librarse de los tediosos trámites que proseguían al cierre de una misión. – Podría cenar algún día con nosotros, señor Forman. Le presentaría gustosa a mi marido. Creo que pueden encontrar mucho en común. Y siempre es bueno tener aliados, conocidos e influencias en otros departamentos de este Ministerio.

Sin mucho más que añadir al respecto, Bellatrix alargó la mano con la firme intención de que Matt se la besara. A pesar de los pequeños roces que el ego desmedido de ambos pudiera provocar, la bruja era consciente de cuando un adversario (y para Bella todos los eran) era digno de tener en cuenta. Matt podría ser un mujeriego empedernido y un adulador trasnochado, pero sin duda era un buen mago, y poseía un importante cargo. Posiblemente convenía conservarlo en posibles alianzas pues, una vez la mujer lo pusiera en la lista negra, no habría nada que el mago pudiera hacer capaz de redimirlo. – Ha sido un placer, señor Forman. Estoy convencida de que nos veremos pronto y, seguro, en circunstancias tan... emocionantes como la de esta mañana.

Sin más despedidas, sin venias ni protocolos, Bella se dio la vuelta. Caminando elegante y soberbia hacía la salida, contoneándose suavemente, de forma elegante, y haciendo repiquetear con fuerza sus tacones contra el suelo como si cada paso fuera una violenta puñalada. Dejando tras de sí, al marcharse, la estela de su perfume.
avatar
InvitadoInvitado

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.