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You didn´t see coming? [Gabriel J. Blumer][Priv.]

Invitado el Sáb Oct 10, 2015 6:00 pm

El rubio estaba nervioso por varias cosas ese viernes, la primera era porque había quedado con Gabriel, al cual no veía desde que estuvieron bajo las garras de un mortífago en el invernadero, desde que Luke, bueno desde que vio sus manos manos manchadas con las sangre inocente de una compañera de casa, y eso le ponía bastante nervioso, no sabía si había llegado el momento de hablar, y tampoco sabía muy bien que decir en el caso de que le momento hubiese llegado, pero también estaba nervioso por la sorpresa que le tenía para el chico y para él mismo, No sabía porque lo había escogido, seguramente porque se sentía cómodo con él o porque en el fondo su interior necesitaba hablar las cosas, hablar de esas cosas que le seguían atormentando por las noches que lo despertaban empapado en sudor frío, y por consiguiente a Nat, su compañera de piso que lo escuchaba gritar aterrorizado.

Llegó a las Tres Escobas donde había quedado con el otro chico relativamente temprano, faltaban seis minutos para que diera la hora en la que había quedado con Gab, pero tampoco pasaría nada si llegase tarde, al fin y al cabo él todavía no se podía aparecer, además de que aunque pudiese eso no estaba permitido en Hogwarts y ya se podría meter en líos por fugarse del colegio, como para encima que rompiese más normas. Se sentó en la primera mesa vacía que encontró, pidiéndole a la camarera dos cervezas de mantequilla, se frotó las manos contra el pantalón, tenía algo de frío el otoño ya había llegado y las temperaturas empezaban a bajar poco a poco, puso ambas palmas pegadas a la primera jarra que se posó en la mesa, -¿Son las dos para ti?- le preguntó la mujer con el tono regañado, sabiendo que se acordaba de él y de el desastre que ocasionó la última vez que estuvo allí con Aaron, -No, no estoy esperando a alguien, que llegará enseguida estoy seguro- le dijo explicándole la situación viendo como la señora relajaba su gesto, -Bueno, mientras no me montes el espectáculo de la última vez, no hay problema- le dijo dejándole esta vez muy claro que si se acordaba de él y es que olvidarse de aquel desastre no iba a ser fácil. El chico bajó la cabeza de a modo de disculpa, y clavó los ojos en la jarra, esperando, "Si se le enfría no servirá de mucho la cerveza" pensó, mirando la otra jarra al otro lado de la mesa con una silla vacía en frente.
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Gabriel J. Blumer el Dom Oct 11, 2015 10:57 am

¿Una carta? ¡Una carta! Gabriel adoraba ver cómo las lechuzas cruzaban el Gran Comedor e iban dejando caer paquetes sobre las diferentes mesas de las casas. Era algo que, tras siete años entre los muros de Hogwarts, seguía llamando su atención. A veces era como un niño pequeño con una pelota nueva, aún fascinado con sus dibujos y su olor a goma. Pero la magia aún seguía siendo una gran desconocida para él, pues por mucho que llevase seis años estudiando día tras día para formarse como mago, aún no sabía lo que era vivir realmente en un ambiente con magia. No sabía lo que era ver cómo las tareas domésticas cobraban vida solas ante sus ojos o cómo la chimenea se iluminaba en colores verdosos para anunciar la llegada de una visita.

Rara vez recibía correo. Normalmente era el número de El Profeta o una carta de su abuela preguntando por cómo iba el curso y si necesitaba algo. Normalmente, quejándose de no recibir noticias por parte de su único nieto. Gabriel por su parte, aún tenía la esperanza de que una de aquellas lechuzas dejase caer una carta de su madre. Pero si en seis años no lo había hecho, ¿Por qué iba a empezar aquella mañana? De igual modo, una sonrisa se dibujó en sus labios al ver el remite de la carta: Luke Simmons. Un chico rubio, apenas un año mayor que él y con el que tenía una relación algo extraña debido a los últimos acontecimientos tenidos lugar en el curso pasado. Y esos acontecimientos no únicamente habían cambiado la relación entre ambos, sino que ambos habían cambiado. Matar a alguien de manera inconsciente y sin poder controlar sus actos no era fácil, pero verlo sin poder hacer nada tampoco lo era.

Bien era cierto que si Gabriel había decidido ayudar a los Mortífagos en la mayor parte de las situaciones era por intentar que a O. no le pasase nada. La chica era capaz de cuidarse sola, pero era su mejor amiga y, si lo pensaba bien, la persona que más le importaba en el mundo. Por su parte, ver cómo Luke era obligado a acabar con la vida de aquella chica había supuesto un duro golpe que no esperaba. Lo que había hecho que cambiase su visión de la situación. ¿Matar a críos de apenas dieciséis años? No entendía como O. podía estar a favor de eso. Pero había intentado no darle demasiadas vueltas al tema, ni siquiera había tenido el valor de hablar con la Slytherin.

En cuanto el horario lectivo terminó y las puertas a Hogsmade quedaron abiertas, Gabriel fue en el primer grupo que salía hacia aquel pueblecillo mágico. Normalmente esperaba a Max, lo que suponía un par de horas rondando por las torres del castillo, las cocinas y, posiblemente, un cambio de opinión a última hora para ir el sábado a visitar Hogsmade. Pero en aquella ocasión no tardó en dejar el uniforme en su dormitorio y marcharse del castillo.

El lugar acordado eran Las Tres Escobas y, como de costumbre, estaba lleno de alumnos de Hogwarts de tercer curso que habían ido lo más rápido posible hasta el lugar. Los del resto de cursos solían tomarse las salidas con más calma, pero los de tercero no. Al ser la primera oportunidad que tenían de abandonar Hogwarts, no dudaban ni un minuto en salir de allí e ir corriendo a tomar cerveza de mantequilla. - ¿Llego tarde? – No llevaba nunca reloj encima, pero juraría que apenas distaban unos minutos de la hora acordada. - ¿Cómo va la vida de universitario? – Mostró una amplia sonrisa antes de dejarse caer en una de las sillas situadas frente a Luke y miró las dos cervezas. No sabía si una era para él, pero lo cierto es que tenía ganas de cogerla y darle un trago. Pero no lo haría, por educación.
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Invitado el Lun Oct 12, 2015 6:58 pm

La cerveza aún seguí caliente y el sabor que dejaba en el paladar del chico no había cambiado, templada suave y dulce, tres características de la bebida que le encantaban y que esperaba que nunca cambiasen porque de ser así no sabría qué otra cosa tomar. Gabriel llegó de improvisto ya que Luke etsbaa bastante absortó en sus pensamiento y en el deleite que suponía aquella bebida para él. Lo miró con una sonrisa amistosa y pensó en levantarse y saludarlo de forma formal, un apretón de manos, un abrazo, o un choque de puños pero la verdad es que aunque fuese muy sociable y lo conociese no sabía cómo saludarlo, aunque le pasaba con muchas personas no solo con el moreno, así que optó por esperar a que el otro se sentase y le preguntase por su nueva vida fuera de los muros del castillo.

Se reclinó en la silla sin quitar la mano de la cerveza, -Pues la verdad es que la vida de universitario es genial, aunque es algo aburrida porque no tengo mis amigos de siempre me lo paso bien, no vivir en un colegio lleno de gente con mala uva ayuda…- le dijo notando como el chico miró ambas cervezas pero no cogió la suya, así que el rubio se acercó para empujar la otra garra hacía él, -…es para ti, no me hagas el feo- le dijo con tono divertido volviendo a la misma posición para darle un gran sorbo a la suya, - Y tú ¿qué tal?- le preguntó de forma muy general aunque se refería más bien a como le iban las clases, suponiendo que bien, tampoco le importaría saber más del chico, aunque ya tenía algunas cosas en claro como que era un amante de los animales y que le gustaba el arte, además de meterse en problemas tanto como él mismo. Dejó la jarra en la mesa quedándose con un pequeño bigote de espuma encima de su labio superior al darle aquel gran sorbo.

-Espero que estés intentando ganar la copa de la casa, o al menos la de Quiddicth, este año que no estoy yo tendrás más posibilidades- le dijo con rin tintín y una sonrisa perlona en la cara de forma desenfadada por sacar algo de tema animado hasta que se acabasen las cervezas y se pudieran ir porque, el día que les esperaba iba a ser largo. Estaba entrando la tarde, a punto de dar las cuatro y el toque de queda para los de último curso eran las diez de la noche así que tenían seis horas para disfrutar de la sorpresa y teniendo en cuenta el cambio horario de país ya podría ir hacía los estudios de Marvel y poder disfrutar de un chute de heroicidad al más puro estilo Avengers.
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Gabriel J. Blumer el Lun Oct 12, 2015 9:48 pm

Se dejó caer en uno de los asientos y jugó con sendas manos sobre la madera de la mesa, dibujando leves círculos con la punta de los dedos de manera inconsciente. Clavó la mirada en las bebidas y rápidamente la volvió a su amigo, mientras este contaba brevemente cómo iba la vida en la universidad. Gabriel ni si quiera había tenido tiempo para pensar cómo sería la vida en la universidad, o más bien, ni si quiera había considerado necesario pensar aquello. Suficiente tenía con pensar en que tenía exámenes a final de curso y debía superarlos con buenas notas; suficiente tenía con las entregas semanales de eternos pergaminos acerca de las propiedades mágicas de diferentes plantas o de los usos del veneno de la acromántula en la medimagia; suficiente tenía con recibir cartas semana sí y semana también de su abuela recordándole que tenía que estudiar si quería llegar a ser un hombre de provecho. ¡Pero si no sabía ni lo que quería estudiar!

- Vale, vale, haré el esfuerzo para que no te sientas mal. – Contestó con tono afable haciéndose con una de las jarras para darle un corto trago y volver a situarla sobre la mesa. Para qué engañarse, su presupuesto no era el que le gustaría, no podía ir por ahí invitando a los demás, a veces ni si quiera podía pagarse la bebida a él mismo si quería comprar material escolar cada curso. No todos vivían bajo las mismas posibilidades y, por suerte o por desgracia, a él le había tocado el lado malo de la balanza. – No puedo quejarme. – Dio un nuevo trago a su bebida y pensó, pues claro que podía quejarse. – Tan sólo tengo que hacer redacciones todas las semanas, escuchar lo importantes que son los exámenes finales cada diez minutos, vivir con el estrés de los entrenamientos de Quidditch… Lo normal, ya sabes. Además, este año me ha tocado ser subcapitán y tener a Max McDowell como capitán no es de mucha ayuda. No sé quién es menos responsable de los dos. – Y eso era cierto. Por separado Max podía ser el Ravenclaw inteligente centrado en los libros, pero en cualquier otro ámbito y con él cerca, no lo era.

Soltó una carcajada antes de volver a llevarse a la boca la jarra de cerveza, pues de haberlo hecho la cerveza posiblemente hubiese acabado en la cara de Luke. – No me hagas reír, estamos más lejos de ganar la Copa de las Casas que cualquier otro año. No hay manera alguna de ganar puntos, y yo que pensaba que con eso de ser los listos ganaríamos puntos en las clases… - Se encogió levemente de hombros. – Tienes… - Señaló la cara del chico y seguidamente la suya propia, dibujando un bigote con los dedos índices de ambas manos. – Deberías afeitarte ese bigote de espuma. No te queda mal, pero no es tu estilo. – Añadió con tono bromista antes de dar un trago final a su bebida y terminarla, dejando la jarra de un solo golpe en la mesa.

- ¿Y qué era eso que querías enseñarme? – Preguntó con la curiosidad propia de Ravenclaw, pues la única razón que le había llevado a caer en aquella casa, pues lo que era inteligencia… No era tonto, pero tampoco destacaba por ser brillante. - Dime que no tiene nada que ver con lo que pasó en Hogsmade, creo que aún no estoy preparado para ir al psicólogo. - Intentó decir con medio tono bromista, pues no habían hablado de aquel tema lo más mínimo, al menos no entre ellos. Gabriel por su parte no se lo había mencionado a nadie, ni si quiera a Stella, y eso que era su mentora tanto en un bando como en otro. Por esa misma razón, por la verdadera fidelidad de la chica, pues cada día se planteaba más qué bando era el correcto.
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Invitado el Jue Oct 22, 2015 12:37 pm

No dejó de sonreírle al chico en todo momento, la conversación se había tornado bastante amena, ya que hacía bastante que ambos chicos no se veían, desde el cumpleaños del rubio para ser exactos, así que tenían bastante cosas de las que hablar. Luke por su parte había comentado como era estar en la universidad, y aunque era cierto que era algo estresante y muy diferente a estar en Hogwarts el chico lo disfrutaba, sobre todo porque estaba haciendo lo que más le gustaba en el mundo, estaba aprendiendo no solo a defenderse, si no también a defender al resto del mundo, algo que desde su último encuentro con los mortífagos en la casa de los gritos, veía más necesario que nunca. Gabriel por otro lado seguía menospreciando así mismo con cada palabra que decía, dejando muy claro que seguía sin saber porque estaba en la casa de las águilas, y aunque Luke no compartía ese sentimiento, ya que veía a su  migo como alguien brillante y bastante inteligente, se reía de aquellas pequeñas pullas que se tiraba a sí mismo. Daba sorbo tras sorbo, hasta que en uno de ellos un pequeño bigote de espuma se le quedó encima del labio superior, una imagen muy graciosa que el moreno supo llevar avisándolo con gestos y luego una pequeña broma, -Y yo que pensaba dejarme crecer el bigote, bueno tendré que buscarme otro cambio, tal vez me tiña el pelo- le dijo al chico bromeando, porque su pelo era sagrado, no tanto como para matar a alguien si se lo despeinaba pero si como para declararle la guerra a quien se lo estropeara de forma definitiva o durante un periodo largo de tiempo, por eso no iba a las peluquerías, los magos no tenían por costumbre cortarse el pelo y los muggles eran muy patosos.

No dejó de sonreírle al chico en todo momento, o al menos hasta que llegó un momento bastante incomodo para él. La pregunta de Gabriel estuvo fuera de lugar, o al menos eso le pareció al rubio, pero más que la pregunta, ese comentario del psicólogo fue lo que le molestó más, ¿de verdad Gabriel creía que tendría que ir al loquero solo por , presencia, un asesinato?, ¿acaso no fue el mismo rubio quien mató a su amiga?, obligado, sin control de sus actos pero siendo consciente de todo lo que había hecho, fue él, quien le arrebató la vida a Arya, fue él quien intentó salvarlos a ambos, mientras el otro estaba atado en un agujero en el piso, sin moverse ni siquiera sin intentarlo. No dijo nada solo dejó de sonreír, reflejando no solo molestia si no también tristeza en sus ojos. Aún no lo había superado del todo, y aunque había tenido ayuda de sus amigos, o de al menos casi todos, porque no se atrevió a contárselo a mucha gente, seguía teniendo pesadillas, seguía sintiendo escalofríos cuando se paraba a pensar en lo que había hecho, seguía sintiendo temor, y asco por si mismo, no había sido de controlarse, no había sido capaz de defenderse como era debido y eso había ocasionado la muerte de alguien que no se lo merecía.

Le dio el último trago a la cerveza dejando un poco más del fondo en la jarra, echándose para atrás. Se pasó el dorso de la mano por un ojo estirándolo un poco y volvió a mirar al chico, -No no era sobre eso, de hecho es algo que seguro te va a gustar muchísimo- le volvió a sonreír pero esta vez de una forma un poco más fingida. Echó la silla hacía atrás y miró el reloj de pulsera que llevaba, -Y será mejor que vayamos tirando si queremos aprovechar, de momento no me han enseñado a parar el tiempo- le confesó levantándose de la mesa para dirigirse a la barra a pagarle a la mujer.

Cuando volvió le puso la mano en el hombro al chico para llamar su atención y ver como se levantaba, se quedó frente a él unos segundos viendo como se ajustaba la chaqueta y se dirigió a la puerta de salida. El otoño ya se empezaba a sentir, cada vez más fresco, cada vez menos sol, aunque esto último tampoco abundaba, por esa razón se notaba más su ausencia. Al salir de la posada el rubio se ajustó el gorro de invierno y la remera al cuerpo, estaba bastante calentito pero lo que estaba a punto de hacer daba una sensación extraña y no sabía que podría pasar por el camino si se les caía algo. –Bueno, la mejor manera para ir, es apareciéndonos, no soy el mejor pero te aseguro de llegar de una pieza, solo una cosa, asegúrate de que tienes todo bien sujeto- le picó un ojo intentando llevar la broma por un camino más picarón. Le cogió del brazo y le miró con complicidad, desapareciéndose con la misma sin avisarlo

La sensación de mareo cada vez decaía más, ya no la sentía tan fuerte como antes, y esperaba que su compañero estuviera bien. Cuando elevó al vista, en frente de ellos, se encontraba un cartel enorme que ponía “Stage 6: Avenger : Age of Ultron” ya habían llegado sin nadie por los alrededores que pudiera verlos, con la puerta a un par de metros de distancia, sanos y salvos o al menos él.
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Gabriel J. Blumer el Jue Oct 29, 2015 12:10 pm

¿Sabéis de esas personas que no son capaces de ver lo malo de las situaciones? Gabriel era una de esas personas. Buscaba el lado bueno a todo de tal manera que todo era de color de rosa en su vida. Todo era maravilloso y aunque estuviese metido en el mayor problema visto en su vida hasta el momento a él le parecería que, a fin de cuentas, la situación no era tan mala. No sólo veía la luz al final del camino, sino que veía todo el camino lleno de luces de colores, como si de guirnaldas de papel se tratase. Para él todo era bueno, no había nada por lo que dejar de sonreír, dejar de ser feliz. Ni si quiera cuando su madre había decidido retirarle la palabra casi siete años atrás había visto la oscuridad. Había preferido pensar que su abuela era la mejor persona con la que convivir en un mundo mágico y que su madre solo precisaba de un tiempo para asumir las cosas. Un tiempo que para cada persona es diferente y por eso no metería prisa alguna.

Por eso mismo tocó aquel tema referente a la Casa de los Gritos con total naturalidad. Con tal nivel de indiferencia que parecía incluso que no le importaba el hecho de haber visto morir a una de sus compañeras de colegio a manos del que consideraba su amigo y ahora estaba frente a él, borrando la sonrisa del rostro y mostrando aquel tono de voz tan falso acompañado de una sonrisa fingida que Gabriel ni notó. No era observador. Era un hombre, a fin de cuentas. Y muchas mujeres afirman que los hombres no saben leer entre líneas. No se puede saber a ciencia cierta si eso es verdad, pero sin duda, en Gabriel ese punto era totalmente cierto. Si le decías que todo estaba bien, él lo creería, aunque estuvieses a punto de romper a llorar. – Deberían enseñártelo, es algo muy útil. – Afirmó a la mención de parar el tiempo. - ¿Existe manera alguna de pararlo? – Preguntó con la curiosidad digna de su casa, pues era lo único que le hacía ser un miembro de la casa de Ravenclaw. – He leído sobre maneras de volver atrás un par de horas en el tiempo, pero pararlo completamente… ¿Es posible? – Dibujó una leve sonrisa que rápidamente se tornó en una carcajada. – Perdona, a veces no me doy cuenta que no puedo ir preguntando todo lo que se me pasa por la cabeza por ahí. Ni que fuese mi profesor o algo.

Gabriel esperó en su asiento mientras Luke fue a pagar. Y aunque no era muy observador, si se había dado cuenta de aquel punto y comenzó a sentirse algo mal por haber sido invitado a aquella bebida. Por no contar con el dinero suficiente como para poder comprar un par de bebidas para invitar a un amigo. ¿Alguna vez lograría ahorrar algo? Al paso que iba lo veía complicado, pues cuando tenía algo de dinero siempre tenía la brillante idea de gastárselo en algún regalo para alguno de sus amigos.

Escuchó la voz de su amigo tras de sí al mismo tiempo que notó su mano en el hombro. Pegó un pequeño brinco debido a que no se esperaba que apareciese tan rápido, o quizá a que su cabeza estaba dando vueltas en otros temas y perdió la noción del tiempo, incluso olvidando que estaba con gente.  – Al menos sabes aparecerte. – Argumentó Gabriel, quien ni si quiera había empezado sus clases para lograr aprender a aparecerse, algo que debía hacer antes de que acabase el curso. - ¿Es fácil? – Preguntó con curiosidad mirando a los ojos de su amigo con el brillo característico de un niño que acaba de encontrar un tesoro escondido bajo la cama. Pues los ojos de Gabriel siempre se iluminaban cuando hacía preguntas que realmente le interesaba conocer la respuesta.

Las mesas desaparecieron acompañando a las sillas. El olor a cerveza de mantequilla también lo hizo. Y del mismo modo lo hicieron las voces de los que hablaban en la taberna. También desapareció la dueña del local y todos sus clientes. Desapareció el suelo bajo sus pies, el techo sobre sus cabezas y las paredes que los rodeaban. Y en su lugar llegó el vacío. Sintió un leve mareó y cuando abrió los ojos para dejarlo pasar el lugar había cambiado completamente. Ahora estaban frente a un cartel con grandes letras que Gabriel no tardó en leer. – Estás bromeando, ¿Verdad? – Preguntó admirando la puerta de entrada.
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