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Ordenando libros [Castigo] (Catherine C. Campbell y quien quiera unirse)

Invitado el Lun Oct 19, 2015 10:34 pm

Reto de rol:
Este va por el reto de rolear sin reírme...
Martes
18:30 hs

Tras haber hecho de las mias en clases de historia de la magia, y sacar totalmente de sus casillas a quien impartía la clase, fui castigado con el peor tormento posible... desempolvar y ordenar libros en la biblioteca. Vaya tedio aquel, libros que nadie leía, nunca, por eso estaban tapados con kilos de polvo y telarañas.
Nada mas al llegar ya me estaba esperando un paño y un cepillo, al lado de una lista por orden alfabético de nombres de libros. Realmente me había decepcionado a mi mismo, como podía ser que hubiera agotado a tal punto la paciencia tan rápido como para ser retirado de clases expresamente a cumplir un castigo...

esto no está bien, no es justo...tenían que reír y seguir como si nada. Estaré perdiendo la gracia?... seré simplemente uno mas que es revoltoso? la idea de haber perdido la gracia o ser un revoltoso normal me había quitado las ganas de todo, era como volverse invisible en aquel castillo...
Poco a poco con la mirada perdida llegue al primer estante designado y de una sola ojeada vi que no existía un orden allí, y que debía sacar todo para re-ordenar, y mientras limpiarlo; así que tome los libros de a uno y los bajé de la estantería mientras les quitaba el polvo para poder leer de que era cada cual, y luego despejando de tela de arañas y tierra el estante colocarlo según el orden de la lista
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Invitado el Mar Oct 20, 2015 10:14 am

¿He dicho alguna vez que odio Transformaciones? Sí, probablemente sí, como unas tres millones de veces. Es tan raro que yo vaya a esa clase que McGonagall ni siquiera sabía cómo me llamaba. Bah, es normal, creo que habré ido a esa clase dos o tres veces a final de cada curso, nunca al principio, ¿cómo iba a recordar mi nombre? Me llamó “la del pelo rizado que va en pantalones en vez de con falda como marcan las reglas de este colegio” y ese nombre tan largo y complicado lo repitió varias veces. Primero “la del pelo rizado…” explícanos la definición que acabo de repetirle a tus compañeros, luego “la del pelo rizado…” enseña tus dotes como bruja y transforma nosequé en nosecuánto, y para acabar “la del pelo rizado…” cuéntame por qué no escuchas lo que estoy explicando y miras por la ventana. Total, que al final exploté. Demasiado había aguantado.

- No te escucho McGonagall porque me importa una mierda lo que estás explicando, y si he venido a tu clase es porque afuera está lloviendo y no me apetece quedarme en la sala común rodeada de niñatas que solo saben hablar de chicos y maquillaje. Por eso miro por la ventana. Y ahora déjame en paz de una maldita vez. - solté cabreada, cruzando los brazos sobre el pecho y mirando a la profesora desafiante. ¿El resultado? El obvio, directa a la sala de castigos y también parloteó sobre algo de hablar con el jefe de mi casa. Que le den por culo. Nunca he entendido muy bien esa expresión, pero suena contundente. En la sala de castigos me explicaron lo que tenía que hacer. Rompí a reír cuando me lo dijeron, ¿en serio eso era un castigo? - ¡Mola! ¡Me encanta ordenar! ¡Voy a mandar a la mierda a McGonagall más veces! - aseguré feliz, mientras el encargado de los castigos me miraba como si tuviera algún tipo de problema mental.

Más feliz que una perdiz en un cuento donde los protagonistas son vegetarianos (ya se sabe: por eso de que fueron felices y comieron perdices… pobres perdices) me encaminé a la biblioteca. Busqué con la mirada a Mathilde, la bibliotecaria molona que era squib. ¡Squib! Sabía de gente que se había metido con ella por su condición, y yo siempre la defendía. ¡Era una chica tan molona y guay! ¡Squib, guapa, bibliotecaria, independiente, pasota… es mi yo dentro de unos años! Bueno, no creo que me convierta de repente en squib ni que sea igual de guapa… pero lo puedo intentar. Si nunca uso magia todos me tomarán por muggle o squib y puedo hacerme la cirugía estética.

Fuera como fuera a Mathilde no la veía, y eso me causó decepción. Quizás tuviera el día libre o estuviera haciendo un descanso o a saber. Me habían comunicado que ya estaba un compañero de mi casa haciendo el mismo castigo que yo, que mi tarea era ayudarlo y hacerlo entre los dos. Pues vaya castigo más tonto. Me puse a merodear por la biblioteca buscando a alguien con la túnica de Slytherin que pareciera amargado ordenando libros. Hasta que mi mirada chocó con la visión de Jerome. Bingo. Me acerqué a él a paso rápido.

- Vengo a salvarte el culo. Yo también tengo que limpiar libros y ordenarlos, ¿a qué es guay? Me encanta ordenar. - dije con naturalidad, usando una escalera de mano para subirme hasta arriba de los estantes con facilidad. Mi agilidad y mi cero vértigo ayudaban a la tarea. - Yo los voy cogiendo y te los voy pasando. Los pones encima de esa mesa - señalé con la cabeza la mesa vacía que estaba detrás de Jerome - y cuando termine los limpiamos entre los dos, yo me subo y tú me los vas pasando para que los coloque. - en un pispás había organizado la tarea de una manera rápida y eficiente. ¡Si es que tengo alma de bibliotecaria! Otra ventaja de usar pantalón en el uniforme en vez de falda es que podía subirme a donde quisiera: escaleras, árboles, torres… sin que nadie tuviera que verme las bragas. Pero siempre que un profesor me miraba me reñía y me castigaba por no llevar falda. ¿Por qué son todos tan imbéciles?
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Invitado el Mar Oct 20, 2015 3:22 pm

Si algo parecía no faltarle al día, seguramente era esto. Una niña enérgica tratando de animar la idea de estar haciendo un burdo trabajo por estar castigados, bah. Enseguida con su cara de contenta se colgó y trepó, tratando de dinamizar y organizar el trabajo, ya trepada arriba soltando libros para que los atrapara y los colocara mientras ella BASTA! Ahora también vas a soportar que una niña venga a imponerse así? que decepcionante eres jerome jerome sentía que unos gritos irrumpían en mi mente y sacudí la cabeza mirando a la niña. Tome mi varita y con un movimiento leve -Glisseo- dije mientras la escalera a la que estaba montada se convertía en tobogán, claro que a pesar del repentino cambio y el efecto que tuvo en la muchacha hubiesen sido por lo menos 5 minutos de risas, pero simplemente me senté otra vez apoyando la espalda en otra estantería con trapo en mano quitando el polvo de la única tapa de libro que venia limpiando desde que llegué ahí, con la mirada perdida pensando y oyéndome hablar.

Sin levantar la mirada ni expresar gesto alguno le dirigí la palabra: - Que te parece si mejor vas y comienzas por la ultima estantería de la lista, y te vas acercando a la mitad a medida que termines, en lugar de que desaparezcas mágicamente en este rincón poco concurrido de la biblioteca- mientras levantaba la mano con la varita para indicar el camino hacia el fondo donde se encontraba la ultima estantería, y luego pasando la punta de la varita por el cuello desde debajo de una oreja a la otra mientras hacia énfasis en la parte de desaparecerla mágicamente.
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Invitado el Mar Oct 20, 2015 5:51 pm

El pescozón pilló desprevenido al niñato de slytherin que estaba amenazando a Cathy aprovechando que se creían a solas. Apenas fue un a colleja cuyo único objetivo era herir el orgullo de aquel crío, pero nada más. - Menos lobos, caperucita. Y mas brío. A ver si conseguimos tener esto listo antes de la hora de cenar. - Acababa de venir de fumarme un cigarrillo en el patio, y eso se podía percibir en el olor del tabaco que todavía me acompañaba impregnado en la ropa. Mis ojos pasaron del muchacho a la chiquilla. Adoraba a Cathree, era una cría encantadora, y aunque desde que estaba en el castillo les había cogido un asco increíble a las serpientes, ella era la excepción. Más de una vez me había defendido de las burlas de sus compañeros aunque, no entendía exactamente por qué, había desarrollado una inapropiada fascinación por mí. Y digo inapropiada no porque la niña tuviera intenciones raras, es que no soy precisamente la persona ideal para tener como modelo a seguir. Me recordaba inevitablemente a mi cuando tenía su edad, que fue cuando me escapé del orfanato y conocí a dante. Una edad muy mala, propensa a cometer locuras. Me preocupaba que esa chiquilla tomara alguna mala decisión de la que luego pudiera arrepentirse.

Y ahora la defendía de los abusones. ¿Desde cuando me he convertido en su hermana mayor?

A mi me hacía entre ninguna gracia y mucha menos aún el que me mandaran a la biblioteca a los castigados a hacer tareas. Que queréis que os diga, tengo la sensación de que lo hacen porque "la squib necesita ayuda". No sé, nunca les he visto mandar a nadie con el guardabosques para que corte los setos, como eso se hace mágicamente... ¡Hay que joderse! No tengo alma de niñera, ni de maestra, ni de nada por el estilo. No me gustan los chiquillos. ¡Peor! No soporto a los adolescentes. Aunque alguno de los que venían castigados a mis polvorientos dominios me recordaban a mi infancia gamberra. ¿He dejado de ser una gamberra? Y me caían simpáticos. Pero, definitivamente, aquella serpiente rubia con la boca como el buzón de correos no me había caído en gracia. ¿Cómo se le ocurre meterse con la pequeña macarrilla? Me acerqué a Cathy y le revolví el pelo con la mano. ¡Hasta tenía el pelo rizado! Era preocupante la jodida mini-yo. – ¿Qué haces aquí otra vez, mengaja? ¿A quién le has tocado las narices esta vez? – Al final, solo por los castigos y por la frecuencia, me hacía una idea de los profesores que eran más hueso y más duros en clase.

Después de saludarla, me giro para que los dos puedan mirarme y les señalo con el dedo. – Escuchadme bien los dos. Aquí mando yo. ¿Entendido? Nada de voces, amenazas, bromitas o tocar las narices al prójimo y especialmente a mí. ¿Queda claro? A la primera tontería me aseguraré de que vayáis corriendo abrazándoos a McGonagall porque os va a parecer una santa comparada conmigo. – ¿Os he mencionado alguna vez lo choni que me vuelvo cuando me sale la negra que llevo dentro? Tarantino me amaría si me conociera. Lo sé. – No estáis aquí de vacaciones. Estáis castigados. Pero por favor, no me vayáis de niños revoltosos. ¿Eh? No tengo tiempo para jugar. – Le guiño un ojo a Cathy. – Id apilando los libros en esa mesa. ¿Quién de los dos tiene letra bonita?

Off:
Espero que no os importe la intromisión. os he leído y no me he podido resistir.
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Invitado el Mar Oct 20, 2015 6:21 pm

Tengo alma de bibliotecaria, está claro. En menos de lo que se tarda en decir amén organicé el asunto para que nos resultara la tarea más rápida y sencilla. Empecé a coger un par de libros y estaba a punto de tendérselos a Jerome cuando de repente la escalera de mano se convirtió en un tobogán. Emití un leve grito que sabía que no sería bien recibido en la biblioteca, por ese rollo de que hay que hablar bajo y eso. Pero que de repente una escalera se convirtiera en tobogán asustaba. Menos mal que llegué al suelo sin hacerme daño, con ese par de libros polvorientos en la mano.

- ¿Pero qué haces, pedazo de idiota? - solté más perpleja que enfadada, a decir verdad. No me hace gracia que usen la magia contra mi salud física, pero no soy de meterme en peleas y menos por esas tonterías. Sin embargo estaba sorprendida de ese arranque… Jerome era un chico raro. Muy raro. Pero lo más extraño fue lo que soltó luego, una amenaza que no solo me pilló desprevenida, sino que no entendía. - ¿Qué hablas, imbécil? ¿Qué te crees, el nuevo Lord Voldemort o cómo va la cosa? Deja de esnifar pegamento, anda. - añadí dándome cuenta de que quizás no le hiciera mucha gracia que pronunciara el nombre de ese tío mala gente que va por ahí liándola parda. No sé mucho de ese lord pero sí me había dado cuenta que la gente no solía llamarlo por su nombre.

De repente, y sin saber muy bien de dónde apareció Mathilde. Olía a tabaco, así que supuse que habría estado tomándose un descanso y que al volver justo se había encontrado a Jerome haciendo el idiota. Cuando le dio una colleja sonreí con suficiencia mirando al imbécil de mi compañero. Desde la primera vez que me crucé con Jerome en la sala común supe que no estaba muy bien de la azotea, pero cada día me sorprendía más.

- Le he dicho a McGonagall que me importa una mierda su clase, y parece que no le ha sentado muy bien… ¡pero es que ha estado tan pesada hoy conmigo! ¡Me ha hecho mil preguntas! Por una vez que voy a Transformaciones… pero es un castigo molón, mucho mejor que limpiar los cuartos de baño con cepillos de dientes. - relaté enérgicamente y con una sonrisa amplia cuando Mathilde me preguntó. Estaba muy contenta la verdad, el típico castigo de limpiar el baño con el cepillo de dientes ya lo cumplí demasiadas veces. - Muy claro, señora. - contesté con firmeza y reverencia cuando Mathilde dió sus órdenes, como si ella fuera la sargento y yo una simple soldado. ¡Era una chica tan molona! Fui hasta el final de la estantería donde estaba otra escalera de mano, la cogí y volví hacía donde estábamos, dispuesta a hacer lo mismo que quise hacer antes de que a Jerome se le fuera la pinza. - Pues… no sé, mi letra es normalucha. Jerome, no voy a repetirte lo mismo de antes. - añadí, volviendo a subir a la escalera con agilidad y cogiendo los libros de dos en dos y de tres en tres. Se los fui pasando a Jerome. - Que no sé si te lo han dicho o se te ha borrado de la mente, pero a mí me han dejado claro en el aula de castigos que no podemos hacer magia para aligerar la tarea. Es la gracia del castigo… se supone. - agregué, encogiéndome de hombros, cogiendo otro par de libros y pasándoselos a mi compañero el loco. Para mí no usar la magia no era un castigo, era un regalo.
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Invitado el Mar Oct 20, 2015 7:34 pm

GENIAL!! me dije frotándome la cabeza tras el golpe de advertencia mientras lanzaba una mirada asesina a la pequeña que sonreía, y luego mirando a la bibliotecaria tratando de imaginar lo linda que se vería colgando boca abajo sostenida por pequeños ganchos en su piel mientras ésta se desprendía lentamente por el peso. Y es que lo que le faltaba a la tarde martirizante era justamente que fuera un castigo vigilado, si no había cosa peor. Tras la sonrisa de la pequeña molestia, se dieron a un montón de blabla bla a lo que mirando al suelo con los ojos perdidos hacia arriba hacia mímica con cara de idiota de todo el bla bla bla bla que se decían.
Al fin cesaron el chimento y la squib se puso de mandona impartiendo ordenes a lo que muy lentamente deje una sonrisa extremadamente forzada para que viera que no me causaba ningún agrado. Cuando menciono lo de la letra levante mis cejas y supuse que era lo mejor del castigo... -Yo me quedo con esto- dije sentándome en el suelo nuevamente y tomando la pluma y el papel para anotar mientras usaba un viejo libro de apoyo sobre mis piernas. -No le veo el punto a ordenar y limpiar libros que claramente se  deben haber desordenado cuando tontledore tenia la edad de esta niña, si no antes- les dije sin levantar la mirada del papel señalando la cantidad de polvo que había en aquella estantería
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Invitado el Miér Oct 28, 2015 12:49 pm

No me puedo reír aunque quiera, pero Cathy es tan adorable que se me escapa una sonrisilla y frunzo el ceño para disimular. No le puedo alentar esas cosas, que le replique a los profesores y se salte las clases, aunque la entienda, aunque yo haya estado en ese lado. – Cathy... No puedes hacer esas cosas. – No quiero ser su madre, no me gusta regañar, ni dar consejos. No me sale natural. Ni yo misma me los creo. Suspiro y miro de reojo las muecas que hace el otro niño, evidentemente aburrido de nuestra conversación. – Si tanto te aburre nuestra cháchara, ponte a trabajar. Ahí tienes los trapos. – Pero lo cierto es que tampoco puedo distraer a Cathree, aunque para ella el castigo no sea tal, tiene que cumplirlo y yo debo de ser la responsable de que lo haga. ¿Esto me entra en el sueldo? ¿Tengo un convenio o algo así? Nunca se me ha ocurrido preguntar. – Bueno, luego hablaremos de esto, lagartija. Ahora a trabajar.

Mientras Cathy, todo disposición y entusiasmo, se pone a bajarme los libros de la estantería, es el rubio el que decide hacerse cargo de la tarea administrativa. Perfecto, por que a mí me resulta un auténtico coñazo. – Quiero que clasifiques cada libro en montones, por temática, y los anotes en columnas en el pergamino junto al nombre del autor. Los que necesiten ser reparados, hazles una marca. ¿De acuerdo...? ¿Cómo te llamas tú? – Mientras tanto, yo cojo uno de los trapos y comienzo a coger los libros que la pequeñaja me baja de las estanterías, para dejarlos en montones al alcance del otro pequeño delincuente y que pueda ir clasificándolos. Pero cuando escucho su comentario acerca del director, frunzo el ceño y le miro fijamente. Dumbledore me había dado una oportunidad sin hacer preguntas. había depositado su confianza en mí, y no iba a consentir que un alumno lo insultara, aunque fuera de coña. – No voy a consentir ninguna falta de respeto hacía el director, jovencito. No delante de mí. ¿Es que no os dais cuenta de la suerte que tenéis de vivir en este colegio?
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Invitado el Vie Oct 30, 2015 12:27 pm

Me sorprendió que Mathilde me regañara por haberme enfadado con la tonta de la profesora de Transformaciones. La miré confundida, frunciendo el ceño, porque en mi mente lo que hice fue lo ideal: decir siempre lo que piensas y ser auténtica. Pero si ella decía que no debía hacerlo, tendría una buena razón para ello. Confío en su criterio, es una chica muy muy molona. Incluso le permito que me llame Cathy, aunque ese mote me recuerde a las monjas.

- ¿Por qué? Le he dicho lo que pienso, no quiero vivir en un mundo donde tenga que esconder cómo soy. - repliqué cabizbaja, pero asintiendo a su comentario y dispuesta a cumplir con el castigo. Un castigo que era de todo menos castigo.

Cogí la escalera de mano y empecé a coger libros que le daba a Mathilde para que los pusiera en la mesa. Mi agilidad y mi vértigo menos diez millones ayudaban a que pudiera coger los libros a un ritmo vertiginoso. Justo tenía en mis manos tres libros polvorientos, cuando fruncí el ceño al escuchar el comentario de Mathilde. La miré con cuidado porque a pesar de mi habilidad natural para subirme a cualquier lado, soy igual de humana que el resto y no quería romperme la crisma.

- Bueno, Hogwarts no está mal… a menos no hay monjas. Y podemos ver criaturas mágicas en clase, eso mola. Pero si no fuera por esas dos cosas yo preferiría estar en otro internado. - opiné, dándole los tres libros y girándome para coger más. - Por cierto Jerome… - inquirí, volviendo a darme la vuelta. - Me hace gracia que me llames niña. No sé, llámame loca, pero creo que solo tienes un año más que yo. - repliqué con sarcasmo. Me daba muchísimo coraje que me llamaran niña imbéciles que tenían mi edad o poco más. ¡Adiós, viejo del Jurásico! Que coraje. - Oye Mathi, no sé sí debería decírtelo, pero una chica de mi habitación quiere echarle un filtro de amor al enfermero. Dice que tú eres su novia y que te odia, que te quiere hacer vudú. - le confié cogiendo más libros. Me estaba poniendo las manos asquerosas de tanto polvo. No sabía si esos rumores eran verdad o mentira, y me daba igual que Mathi fuera la novia del enfermero (aunque pegaban, seguro que cuando se daban besos se enredaban con los rizos) pero por si acaso quise avisarla.
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Invitado el Sáb Oct 31, 2015 2:43 pm

OH GRAN DIOS DEL MAGICO HOGWARTS, simplemente seguian de chachara, por que no se callaban y trabajaban en silencio. Tuve que concentrarme realmente con fuerza para no escuchar nada de lo que decian, NADA, a lo que asenti a lo que fuera que hubiera dicho que tenía que hacer, incluso a la niñata esta le asenti dandole la razon, que me importaba a mi lo que dijera, lo unico que tenia en mente era lo deprimente que era caer tan bajo de haber hecho algo que nisiquiera saco una sonrisa.... ni al de risa mas facil del aula le sacó una sonrisa, por que? que me pasa? pensaba mientras comenzaba a hacer columnas por: Titulo, Materia, Autor; y comenzaba a rellenar con los libros que la cabeza de escoba me iba dando....:


  • Historia de como me aburren estas dos, Historia de los sin gracia, Jerome el triste
  • Castigos tediosos, Deporte para profesores, Albus Tontledor
  • La niña insolente que cayó de la escalera y murió, Adivinacion, Niña Insolente
  • Una Squib al mando, Historias para reir, Srta. Cabeza de Escoba
  • Como usar magia practica. Nivel: terminar los castigos enseguida, Metodos obsoletos y muggles, anonimo


A quien se le ocurrian estos castigos? con un movimiento de varita cualquier bibliotecaria lo haria enseguida, claro tenian que meter una que no hace magia... y a una niña que detesta poder hacer todo tan facil como es mover una varita, dios... donde estan mis caramelos saltaclases cuando los necesito ...
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Invitado el Mar Nov 24, 2015 8:23 am

Cathree me mira un poco sorprendida, y no sé si ligeramente decepcionada, cuando les digo que tienen mucha suerte de estar en el colegio. No le entienden. ¿Cómo lo van a entender si yo tampoco lo entendía a su edad? Lo hago ahora, cuando me arrepiento de todo lo que dejé atrás, de lo que pude haber aprendido. La miro, suspiro y chasqueo la lengua. A ver cómo se lo explico sin que me odie. Se cree que soy un modelo de mujer molona o algo así. – Yo también me crié en un orfanato, Cathree. En un orfanato muggle. Odiaba a las clases, y odiaba a los profesores, odiaba estar allí porque sentía que era el lugar dónde mis padres me había abandonado porque se avergonzaban de mí. – Seguía limpiando los lomos de los libros de polvo con el trapo solo para no mirar a mi mini-yo directamente a los ojos. Me daba mucha vergüenza. – Cuando tenía tu edad me escapé. Pero no tenía dónde ir ni sabía hacer nada. Me tuve que poner a trabajar desde muy jovencita. Y, mírame. No he llegado a nada en la vida. Y me han engañado, como a una idiota. Y porque no tenía más opciones. Yo entiendo mejor que nadie que quieras estar en cualquier lugar del mundo antes de aquí, que no soportes a los profesores... Pero mira a tu alrededor. Esto no está tan mal. La comida es maravillosa, el castillo es enorme, tenéis el pueblo, permiso para salir, muchas actividades para entretenerte... Puede que no te gusten las clases, y lo entiendo, pero es el mal menor. El día de mañana tendrás la opción de elegir entre utilizar lo que has aprendido o no. De utilizar lo que sabes o no. De seguir en este mundo o volver al mundo muggle. Pero la decisión será tuya. No la tomará nadie por ti. Ni lo harás obligada porque no tengas dónde ir, o porque no sepa hacer nada más... Ójala yo pudiera volver a estudiar.

Le doy otro libro a Jerome y le miro de reojo. – Todo este rollo va también por ti, jovencito. ¿Por qué te han castigado a ti? – Me paso la mano por los rizos, que nada más cesa la presión vuelven a salir disparados por todos lados. Justo en ese momento me habla de Sven y frunzo el ceño. ¿Acaso ahora nuestra relación es de dominio público? Y lo de hacer vudú, en una escuela de Magia, es como para acojonarse. – ¿Qué hace un filtro de amor? – Aunque creo que puedo hacerme una idea por el nombre. – Quiero decir. ¿Qué hace exactamente? – Porque si es algo temporal, en plan que dure uno hora o cosa así, lo es mismo hasta divertido. Pero si la cosa es más seria, no me hace ni puta gracia. ¿Le puedo pegar a una alumna? Yo no soy docente. – Y en cuanto a Sven y yo... Uhm... Es... complicado. Supongo que sí soy su... novia. ¿No? – Es la primera vez que utilizo ese apelativo. No sé, salimos a tomar algo, hacemos planes juntos, y cuando se deja y no me huye, a veces nos besamos. Supongo que sí somos pareja, aunque nuestra actitud sea propia de niños de instituto. ¿Le doy demasiada importancia al sexo? – Jerome. Déjame lo que estás escribiendo, anda.
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Invitado el Mar Nov 24, 2015 12:20 pm

Mientras iba cogiendo los libros y pasándoselos a Mathilde ella empezó a contarme un resumen de su biografía. La escuchaba atentamente, sorprendiéndome cuando me contó que ella también se crió en un orfanato muggle ¡es mi versión en mayor solo que más guapa! Supongo que su explicación debía hacerme reflexionar, pero yo lo veía todo más sencillo.

- Pero tú no tenías otro sitio donde ir. Yo tengo el orfanato, mi tío es el director, no me va a prohibir la entrada. De hecho paso allí las vacaciones. - le conté, los demás niños pensaban que me iba a un internado de refuerzo educativo o alguna tontería parecida. - Aquí no hay monjas, eso es una ventaja considerable, pero te obligan a hacer magia. Y yo no quiero hacer magia. Prefiero aprenderme de memoria la Biblia a hacer un Patrunos, o como se llame eso. - agregué con firmeza, pasándole otro libro e ignorando totalmente al idiota de Jerome. - Aparte, puedes volver a estudiar. Ni que tuvieras sesenta años. - añadí con una sonrisa divertida, dándole otro par de libros. Me parecía muy exagerada esa afirmación de que no había llegado a nada en la vida, ni que estuviera arrugada y llena de canas y ya no pudiera volver atrás. Dicen que nunca es tarde.

Sumida en mi tarea y mientras Mathilde hablaba con el tonto de Jerome, me acordé del plan maquiavélico de mi compañera de cuarto. Desconocía si el enfermero era de verdad su novio o era una tontería que se habían inventado. En fin, quizás eran solo amigos y la gente pensaba mal, hoy día parece que si eres chica y tu amigo es chico ya tenéis que ser automáticamente novios. Pero por si acaso se lo conté, nunca está de más ser precavida. Y además si querían hacerle vudú a Mathilde lo mínimo era avisar, aunque dudaba que mi compañera de cuarto supiera hacerlo. Como mucho podría echarle la maldición esa de las Tragababosas.

- Amor de verdad no produce, es más bien una obsesión. No sé cuánto dura ni nada, supongo que depende de lo bien hecha que esté la poción, del tipo que sea, porque hay distintos tipos… en fin, esas cosas. - le fui explicando lo poco que sabía de los filtros de amor. - Eso sí, la chica esta que te quiere hacer vudú es muy buena en Pociones, la mejor de la clase. Supongo que una poción hecha por ella durará más y será más efectiva que si la hago yo. - imaginé, encogiéndome de hombros. La miré con curiosidad y a la vez divertida cuando reconoció que era su novio. Aunque lo dijo dudando bastante. - No pareces muy convencida. - comenté, entregándole uno de los últimos libros. A lo mejor ni ella misma lo sabía. ¿La gente hace eso de decir: hala, ya somos novios? No creo. Supongo que será más complejo que eso.
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Invitado el Mar Dic 01, 2015 8:10 pm

Todo iba transcurriendo muy lento y aburrido mientras estas dos desataban una charla que ni a sus novios les habría parecido interesante, y eso se estaba convirtiendo en lo peor del castigo sin ser ya el mayor agobiante no poder usar las varitas para ordenar todo aquello. Por unos segundos me vi con ganas de salir corriendo hacia la ventana y saltar al vació sin escoba ni nada, pero... eran solo ganas aisladas de salir de allá.
La torturadora de turno se dirigió a mi queriendo saber que me había llevado hasta aquel lugar, pero por suerte basto con un encoger de hombros para que la pequeña anti magia se soltara de lengua y siguiera abrumadora-mente hablando de cuanta bobada se le pasaba por la cabeza. Mi mirada ya parecida a la del dolor punzante de alguna tortura, se elevaba pidiendo por favor que dejaran toda aquella novela aburrida para un momento que no estuviera yo. Mientras claro seguían hablando de sus patéticas y horribles vidas en orfanatos, y mientras una decía lo maravilloso que era el colegio, la otra niña despotricaba contra el uso de la magia, que de tener la varita y estar solos, le hubiera todo lo que podía hacerle con magia sin que ella pudiera hacer nada para detenerme.
Al final sin querer, deje de estar sumido entre tanto pensamiento desatado por su conversación y me detuve en el titulo de un libro bastante pequeño comparado a los demás, que ponía en una tapa dura ajada y deteriorada
"Lecturas de la edad media: libros para estudiantes?"

enseguida lo voltee y detrás tenia una reseña que dejaba unas frases de quien fuera que lo había escrito:
"En este breve volumen, analizaremos algunos de los títulos que siguen usando en colegios de magia, que claramente deberían ser vetados por sus contenidos."


Ahí estaba una gran oportunidad, el primer paso era quedarme ese libro, y luego encontrar los libros de los cuales hablara pero para eso debía crear una distracción. Para mi suerte la vigilante squib había pedido mis notas, y esto podía ser la oportunidad para que la distracción me diera la ventaja. Tomé mis notas y se las di, asegurándome de que la otra niña estaba tomando un libro, y cuando ambas tuvieron su mirada en otra cosa deslicé el pequeño libro hacia los bolsillos de la túnica y miré a la squib que ya iba leyendo mis notas de los libros.
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