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Discoloration —Emily Matthews]

Sam J. Lehmann el Miér Oct 21, 2015 12:32 pm


Después de aquel desagradable encuentro en el Callejón Knockturn en dónde Sam podría haber muerto, se auto-convenció de que necesitaba saber defenderse cuerpo a cuerpo. Jamás se había preocupado en aprender, pues en general nunca se había visto comprometida de esa manera. Y con una varita en su poder, era todavía más difícil que tuvieras que acudir a la defensa física. Pero se había prometido a sí misma aprender, pues aquel hombre de pelo largo, mirada fría y ballesta en mano le había dejado temblando durante dos días.

No sabía exactamente qué era lo que quería, pero finalmente tras hablar con sus amigos se decantó por buscar a alguien que fuera capaz de enseñarle trucos con los que poder defenderse, cosas a tener en cuenta, maneras de contraatacar… Sam resaltaba en muchas cosas, pero estaba claro que aquello no era ni de lejos una de sus especialidades. Un día, en el ascensor mientras hablaba con su jefe Matt Forman, comentó lo interesada que estaba en buscar a un entrenador personal que pudiera enseñarle todo lo que no sabía. Casualmente una chica les acompañaba en el ascensor y tras que Matt se bajara en una planta para una reunión, Sam y ella se quedaron hablando hasta tal punto de que ella misma se ofreció a ayudarla. Sam aceptó casi inmediatamente al ver la amabilidad de la chica, una amabilidad que rara vez se veía en las personas de hoy y en día. Se dieron sus nombres y Sam le aseguró que contactaría con ella con una lechuza para quedar un día en concreto.

Llegado el fin de semana, Sam aprovechó para contactar con Emily y quedar en un gimnasio que estaba cerca de la casa de Sam. Que para ser sinceros, era el único que conocía Sam… Se trataba de un gimnasio de dos plantas, en la superior estaba todo tipo de máquinas mientras que en el inferior había toda una sala de entrenamiento de boxeo, por lo que habían zonas habilitadas con pequeñas colchonetas y sacos con los que poder practicar. Había ido para hablar con el dueño y poder reservar una hora y media una de las partes. El dueño no tuvo ningún problema, aunque dejó bastante claro su desconcierto al respecto de no querer un entrenador de su mismo gimnasio. Aunque Sam mintió diciendo que tenía muchísima confianza con su entrenador actual, que ya era de años. Total, lo que al dueño le interesaba era cobrar por la reserva y Sam se sentía mucho más cómoda pudiendo confiar en una persona mágica al que poder contarle sus verdaderos problemas.

Así que ateniéndose a las condiciones de ambas sobre los horarios, quedaron a las siete y media de la tarde en aquel gimnasio. Sam se puso unos leggins negros, unas tenis y una camisilla nadadora de color lila, aunque encima tenía una sudadera que parecía tres tallas más grandes, ya que las mangas le sobresalían bastante por las manos. Lo raro era que era la talla S. La talla S en América donde el 70% de la población es el triple de Sam.

Llegó a la hora al gimnasio, ya caída la noche, y se acercó al mostrador donde estaba el simpático encargado de todo aquel lugar—Hola —saludó con una sonrisa. Cuando el hombre prestó atención, Sam señaló a una lista de manera intuitiva—He reservado a nombre de Samantha Lehmann —informó. Normalmente ese tipo de reservas siempre lo hacía a nombre de "Jota Lehmann" por el sobrenombre que sus amigos le habían puesto, pero si iba a quedar con una chica que apenas conocía, mejor utilizar su nombre de verdad para evitar confusiones.

Baja cuando quieras, coje el dojo del fondo a la derecha. Allí tendrás todo lo que necesites. Si alguien entra preguntando por ti le digo que baje —contestó el encargado.

Sam sonrió y bajó las escaleras para ir hacia dónde le habían indicado, viendo que allí abajo había poca gente, pero las personas que habían parecían ser bastante buenas en lo que hacían. Sam comenzó a caminar hacia dónde le habían dicho y cuando llegó, al no tener ni idea de lo que hacer, se medio apoyó al saco de boxeo que colgaba mientras admiraba como dos personas se peleaban en un ring al otro lado de la habitación. Se sentía pequeñísima en un lugar como aquel.
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Invitado el Mar Nov 10, 2015 10:23 pm

Mis visitas al Ministerio de Magia solían ser puramente burocráticas. Me pasaba por allí para hacer constar al departamento de Regulación y Control de Criaturas mágicas que no me había comido a ningún Ministro muggle, que solo bebía sangre donada, aunque fuese una vil mentira, y que todos los dragones transportados por mi persona estaban en perfectas condiciones o al menos habían sido dejados en las más capaces manos. Sin embargo, un día en el que me habían llamado para hacer tal revisión de mi conducta, tuve la suerte de cruzarme con una adorable chica en el ascensor. Yo iba a lo mio y ella iba hablando con Matt Forman, un conocido mujeriego al que ella parecía no hacer demasiado caso en ese sentido. No suelo prestar demasiada atención a las conversaciones de los desconocidos, pero cuando oí que buscaba entrenador personal mi curiosidad despertó. Al bajar el hombre del ascensor, pensé en investigar sobre el tema y tras una breve conversación acabé ofreciéndome para echarle una mano con su preparación física. Uno podría pensar que entrenarse conmigo es hacerlo en clara desventaja ya que físicamente soy bastante superior a un simple humano, pero yo entendía como se sentía Sam, la chica, así que eso me ayudaba a entrenarla mejor. Nuestra conversación en el ascensor no había sido muy extensa, pero no tardaría en explicarle el porque me había ofrecido a ayudarla.

Tal y como me había dicho, no tardó en enviarme una carta para quedar para entrenar por primera vez. El lugar de encuentro era un gimnasio que ella había elegido y reservado y yo no tenía ningún problema con eso. Me adapto bien a los lugares nuevos, pero debía asegurarme de ir con el estómago lleno a aquel encuentro. No quería comérmela, parecía una buena chica, de esas de las que debería haber más en el mundo. Por eso, tras haber cenado copiosamente, me cambié de ropa, poniéndome unos pantalones cortos y un top cómodo y cogí mi mochila con todo lo necesario para ducharme. Cierto es que yo no sudo, pero disfruto plenamente de una buena ducha, es uno de mis pequeños placeres.

Atravesé la puerta del gimnasio a la hora exacta a la que habíamos quedado, esperaba que ella ya estuviera allí, pero antes de lanzarme a olerla y localizarla, decidí comportarme como una simple humana, y preguntar en el mostrador de recepción.- Hola, buscaba a Sam Lehmann, o lo que tenga reservado- dije con una sonrisa. Mi naturaleza vampírica hacia que los humanos me viesen más hermosa y etérea de lo que realmente era, por eso conseguir ciertos pequeños favores o buenas caras de ellos no era especialmente complicado para mi. Al levantar la mirada, el encargado se quedó boquiabierto mirándome y cuando reaccionó, me indicó que la chica que buscaba estaba en la planta inferior.- Gracias- dije de manera dulce y antes de que el hombre pudiera decir nada más, desaparecí escaleras abajo.

La planta inferior estaba acondicionada para que la gente practicara cosas como boxeo, kickboxing, capoeira y cosas similares. No tardé en localizar a Sam al fondo del recinto, apoyada en un saco de boxeo mientras veía como un par de chicos se peleaban en el ring que allí había. Me acerqué a ella con calma y la saludé al llegar a donde estaba- ¡Hola!¿Cómo estás?- dije con alegría- Parece que te me has adelantado, ¿llevas mucho rato esperando?- pregunte con curiosidad. La chica llevaba una sudadera enorme y unos leggins negros que le marcaban los músculos de las piernas. Dejando a un lado opiniones personales acerca de lo bonitas que estas eran, me pareció que tenían una musculatura suficiente con la que trabajar.- Bueno, cuéntame, ¿qué te paso para querer aprender algo de autodefensa?- pregunté con una risilla amable- ¿Qué es lo que más te llama la atención?- pregunté abarcando con mi brazo nuestro alrededor.

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Sam J. Lehmann el Miér Nov 11, 2015 1:49 pm

La chica miraba a los chicos del ring peleando como unos auténticos profesionales, o así los veía ella. Se movían super rápido, esquivando y dando golpes unos tras otros, además de que tenían unos reflejos impresionantes a la hora de defenderse de los golpes que ni ella misma, mirando desde lejos, veía venir. Cada vez se convencía más de que ella no servía para eso.

La voz de una chica la despertó de su admirador trance. Era Emily, que había sido increíblemente puntual—¡Hola! —contestó de sopetón, pues le había cogido con la atención en algo totalmente diferente. Se separó del saco de boxeo, que más que un saco de boxeo parecía su peluche para dormir por cómo lo abrazaba y sonrió ante la efusividad de la chica—Bien bien… no no —contestó a sus dos preguntas casi a la vez—He llegado hace nada, creo, no sé cuánto tiempo llevo mirando a esos chicos de ahí peleándose —confesó que había perdido la noción del tiempo admirando a aquellas personas, pero es que lo difícil era no hacerlo—¿Y tú qué tal? Espero no haberte cogido de sopetón. Tú dime los días que te vengan mejor, que yo todos los días por la tarde los tengo libre —le hizo saber, pues en realidad tuvo cierto apuro a la hora de mandarle la carta para no estropear nada de lo que ella tuviera pensado en su vida privada. Era viernes, todo el mundo solía tener planes para los viernes.

El por qué de la decisión de Sam por encontrar un defensa personal… No sabía ya ni cuántas veces había contado la historia. Se le erizaba la piel cada vez que lo contaba, menos mal que salió ilesa o sería todavía más traumatizante. Le debía la vida al guardián de las Avispas de Wimbourne—Para poder contarte la historia, debes de saber con antelación de que mi sentido de la orientación es totalmente nulo —en parte era verdad, pero podría considerarse más una mentirijilla piadosa, la misma mentirijilla que le contaba a todo el mundo para no decir el por qué real de estar en el Callejón Knockturn—Confundí una de las calles del callejón Diagón y terminé en el callejón Knockturn… un hombre me apareció de la nada y me atacó. Por norma general, sacas la varita, pues lo usual es que te ataquen con magia… pero no. Era un tío rarísimo, me acorraló y me atacó con una ballesta. ¡Con una ballesta! No sé cómo lo hice, pero conseguí que no me diera la flecha. Luego sacó un cuchillo y me lo lanzó y… no sé, jamás sacó su varita, pero se deshizo de la mía con una rapidez increíble. Todo con lo que me atacaba eran armas blancas y su propia fuerza bruta y… —hizo una pausa, tragó saliva para aclararse la garganta y se encogió levemente de hombro—Y no me daba miedo solo morir, sino que por un momento pensé que iba a abusar de mí. No sé, fue horrible… —apartó la mirada de la chica momentáneamente para negar con la cabeza, alejar las imágenes de su mirada perversa y su sádica sonrisa. Luego volvió a mirarla—Debo de tener un ángel de la guardia muy terco, pues contra todo pronóstico salí de allí viva. No sé si te gusta el quidditch, pero el guardián de las Avispas de Wimbourne sobrevolaba el callejón y me ayudó a salir de allí —Como a Sam no le gustaba el quidditch, lo raro para ella era que a la gente le gustara—Y después de eso, ¿quién no necesita saber defenderse? Desde que aquel hombre me quitó la varita, no supe qué hacer con mi vida.

La chica le preguntó que de todo lo que había, que era lo que más llamaba su atención. Una sonrisa apareció de los labios de la rubia, pues todo le llamaba la atención. Desde el simple tatami en el suelo, hasta los palos que había a un lado y ese saco de boxeo con forma de persona—La gente me ha dicho que una de las cosas más importante es saber usar la fuerza del otro para desestabilizarlo —dijo sin mucha idea, por lo que le había dicho Matt—Pero lo que mejor sepas tú, ¿o eres la maestra en todo? —preguntó con curiosidad—Que por cierto, gracias por ofrecerte para ayudarme. Necesitaba uno, no sabía a quién acudir y apareciste de la nada. Te pagaré lo que haga falta, de verdad, no te cortes en pedirme lo que creas oportuno, como si quieres un extra por estar entrenando a una inútil que no se entera —dijo Sam, agradecida con la chica y con un gesto algo bromista al final. No todo los días se veía a gente así y Sam quería aprender de verdad, por lo que lo lógico era pagarle por sus servicios como a otro entrenador cualquiera, ¿no?
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Invitado el Lun Nov 16, 2015 8:57 pm

Era algo bastante extraño para mi quedar con alguien que no conocía de más que de una conversación en un sitio con el que no estaba en absoluto familiarizada. En estas circunstancias, tendía a no fiarme de mi misma y acobardarme buscando no atacar a la otra persona por el puro estrés de encontrarme en un sitio desconocido y que esa persona no me importase lo bastante como para hacer el esfuerzo de no comérmela. Pero esa era una vieja costumbre que por el bien de mi salud mental debía de tratar perder, pues estar siempre trabajando o rodeada de otros vampiros era demasiado frustrante para mi. Por suerte, desde que Esther y Drake volvieron a mi vida, tengo una vía de escape clarísima, pero ellos también tenían sus vidas así que yo debía de ampliar mis horizontes. Y la verdad...es que en el fondo me hacía ilusión serle útil a alguien, aunque mis propios motivos tenía para querer echarle una mano.

Llegué puntual al encuentro pero ella ya estaba esperándome abrazada a un saco de boxeo y admirando como dos chicos se peleaban en el ring. Creo que mi efusivo saludo la dejó un poco descolocada cuando me voy aparecer, pero si ya estaba controlando mis ganas de sangre, no podía controlar también mi entusiasmo.- La verdad es que tengo un horario un tanto aleatorio. Durante el día estoy totalmente ocupada y de vez en cuando tengo que irme al extrangero por unos días. Sin embargo, creo que para este tipo de cosas viene bien una especie de rutina, así que si quieres fijamos los días que a ti te viene mejor y yo, cuando no pueda asistir que será en pocas ocasiones seguramente, o bien te dejo "deberes"-dije haciendo las comillas con las manos- O lo aplazamos para otro día o simplemente descansas. Como tu prefieras.- Le dije con una sonrisa.

No tardé demasiado en preguntarle el por qué de que quisiese aprender algo de pelea o autodefensa y su respuesta, aunque me la esperaba, no hizo otra cosa que entristecerme. Yo soy un vampiro y me como a la gente, vale. Pero también puedo chuparles la sangre sin matarlos y la tortura es algo que jamás aprobaré aunque para ello tenga que combatir mis instintos con todas mis fuerzas. Fruncí el ceño y busqué ser objetiva e imparcial ante la historia que me contaba, pero ese tipo de cosas siempre me enervaba, aunque fuese una ironía. -Supongo que o era un mago con gusto por las artes muggles o era un squib frustrado con ganas de camorra- dije con la mirada baja cuando terminó la historia.- Intentaré que no te vuelva a pasar algo así, o que si pasa, que ya sería mala suerte, al menos puedas defenderte mejor, ¿de acuerdo? Estas cosas me dejan muy mal cuerpo- confesé mientras fingía que me daba un escalofrío.

Cuando le pregunté que era lo que más le interesaba aprender escuché con atención su respuesta aunque no me aportó mucho más de lo que ya me suponía yo. Sin embargo, cuando se ofreció a pagarme, si me pilló desprevenida. Me reí ligeramente ante su ofrecimiento- No te preocupes por eso. Yo necesito algo en lo que entretenerme y esto me viene como anillo al dedo.- dije totalmente convencida de que jamás sería capaz de cobrarle nada por ayudarla. Simplemente, no iba conmigo eso. En la tierra en la que nací, cuando te ofreces de buena voluntad a hacer algo, lo haces porque quieres, y gratis. Como mucho podría pedirle un café, pero yo de eso no gasto tampoco.

- Si te tengo que ser sincera, yo no soy ninguna experta en ninguna arte marcial ni nada así. Pero aprendí a defenderme por las malas, llevando muchos golpes. Lo que te puedo ofrecer es...¿la manera de pelear de la calle?- dije sin tener muy claro si afirmar o preguntar- En los deportes de peleas o artes marciales uno de los elementos más importantes es el respeto hacia tu oponente. Cuando alguien te ataca en medio de la noche, lo menos que debes tener hacia esa persona es respeto- dije totalmente sincera mientras mi mirada se clavaba en sus ojos debido a la pasión de mi discurso- Eso de usar la fuerza del otro contra él es cierto. Es algo muy útil. Pero también lo es usar la imaginación y conocer la anatomía. ¿Qué tal andas de anatomia humana?- pregunté levantando una ceja con una sonrisa
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Jue Nov 19, 2015 4:28 pm

El tema del horario en realidad era un de las cosas más importantes, sobre todo si aquello iba a convertirse en una rutina, como lo había llamado Emily. Sam estaba totalmente de acuerdo, sobre todo teniendo en cuenta que ella era la primera en apuntarse a un día sí y otro también de entrenamiento con alguien que pudiera enseñarle algo de provecho—Me parece un buen plan, te parece… —se hizo levemente la pensativa—¿Tres veces por semana? Lunes, miércoles y viernes, a esta misma hora. Si un día no puedes, no pasa nada. Pediré ayuda para que me enseñen a aporrear este saco… —le dio un puñetazo al saco con los nudillos al descubierto, por lo que le dolió. Al momento se miró los nudillos, pero siguió hablando para disimular—Aunque si quieres los jueves en vez de los viernes, no me importa. Normalmente los viernes se utilizan para descansar, no voy a hacer que vengas aquí si sales cansada de trabajar —dijo Sam, aludiendo de que si tenía un horario muy aleatorio, es que trabajaba y, por tanto, valoraba tanto como cualquier trabajador el fin de semana. Le entró bastante curiosidad por saber en qué trabajaba, pero como no quería ser una cotilla, lo dejó para otro momento.

Sam le contó a Emily el por qué de haberse decidido a buscar a un entrenador que le ayudase a defenderse y la verdad es que estaba un poco cansada de recordar esa escena. Fue un mal momento, que quizás le haya vuelto más fuerte o por lo menos le hiciera plantearse serlo, pero de verdad que era una de esas cosas que quieres dejar de recordar. Sonrió ante las amables palabras de la chica—Imagínate a mí —comentó con una pequeña sonrisa en el rostro ante el mal cuerpo que se le quedaba—En fin, fuera lo que fuera, espero no encontrármelo más nunca en mi vida —Fuera squib o mago, tenía un serio trastorno en su cabeza, porque aquello no había sido normal.

La chica frunció el ceño cuando la morena le dijo que no le hacía falta que le pagara. Frunció el ceño no por estar en desacuerdo, sino más bien porque no sabía qué contestar. ¿Eran cosas de ella, o toda la amabilidad de la humanidad estaba concentrada en aquella chica de ojos marrones? ¿Le ayudaba gratuitamente sin nada a cambio?—¿Seguro? —preguntó sorprendida—¿Nada de nada? —Por una parte se sentía mal porque pensaba que le estaba haciendo perder el tiempo, pero por otra parte… quizás ella necesitara entretenerse/distraerse tanto como ella aprender a defenderse. Motivo que le dio todavía más curiosidad a Sam, pero como no quería parecer una cotilla ni incomodarla… decidió no preguntar nada acerca de ese tema, otra vez—Creo que cuando naciste, alguien te dio una ración triple de amabilidad —pintó una sonrisa en sus labios, de manera risueña— No voy a insistir, ¿pero puedo confiar en que si algún día necesitas algo me lo dirás? Lo que sea, un quid pro quo. No quiero ser una gorrona —preguntó, intentando crear cierta complicidad entre ambas para que hubiera un poco de confianza. Así por lo menos Sam se sentiría más cómoda.

Luego entraron en materia y a Sam se le acumuló otra duda sobre Emily en la lista mental de “Preguntas que hacerle a Emily en algún momento de su vida”, ésta relacionada al comentario que hizo de haber aprendido a base de golpes. No era muy ético ni moral preguntarle exactamente por esos sucesos, normalmente todo lo que tiene que ver con violencia no es grato de recordar—Eso lo tengo bastante claro —No hubo un momento en aquella noche en el que no hubiera sentido un terrible respeto por el hombre que quería matarle. Era peligroso y ella lo sabía, por lo que actúo en todo momento en consecuencia. Sonrió ante la pregunta de que cómo llevaba a la anatomía humana—Bastante bien, aunque de imaginación poca —admitió, encogiéndose de hombros—Al hombre le di con la rodilla en el estómago y le mordí el antebrazo para que me soltara, hazte una idea de mi imaginación bajo presión… —contó a su acompañante, frunciendo inconforme la nariz. Estaba claro que sus acciones en aquel momento no fueron las más acertadas, de ahí a cómo había acabado todo, pero oye, que no se diga que no se intentó—Pero bueno, en mi defensa diré que jamás había tenido noción alguna de cómo pelearme con alguien cuerpo a cuerpo —agregó como excusa a lo que había dicho—¿Supongo que te refieres a atacar a los puntos débiles, no? Anatómicamente me defiendo, pero si quieres que te diga la verdad, lo primero que se me viene a la cabeza es atacar a la entrepierna de alguien como defensa más básica.
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Invitado el Dom Dic 06, 2015 10:59 pm

Era extrañamente cómodo para mi estar en aquel gimnasio hablando con aquella chica sin que nadie ni nada nos interrumpiera. El ejercicio físico es, por naturaleza, un ansiolitico natural, y no es que yo tenga ansiedad, ni siquiera sé si mi naturaleza me permite tenerla, pero cuando las cosas me desbordan, corro. Corro con toda la velocidad y fuerza de mi cuerpo, hasta que duele, hasta que mi muerto corazón quiere volver a palpitar por el esfuerzo. Nunca supe demasiado bien si es por la sensación de velocidad, o el sentimiento de atravesar el viento, o el terminar mucho más lejos de lo que empezaste, pero correr es...mágico, y como eso, casi todo tipo de ejercicio físico ayuda a liberarse. Sam era una chica adorable, o al menos lo parecía, así que unir la sensación de libertar con una buena compañía era algo maravilloso para mi en aquel momento.

El tema del horario si mirábamos establecer una rutina de entrenamiento era algo complicado para mi, pues mi trabajo como dragonolista me tenía viajando de aquí para allá. No trabajo en una reserva concreta así podía tener que irme en cualquier momento y eso fue lo primero que intenté dejarle claro a ella. Sin embargo, siempre que pudiera, estaría ahí para guiarla. Sonreí cuando le dio un puñetazo al saco y a continuación se miró la mano. El saco a penas se había movido pero a ella parecía haberle dolido ya solo eso. Esperaba que buscase terminar como un hombretón de gimnasio porque eso si que iba a ser difícil de conseguir.- Los viernes me parece bien. Ya te digo que mi horario es muy aleatorio, pero aun así es muy complicado cansarme a mi...tomo mucho café- dije con una sonrisa. Lo del café evidentemente era mentira pero decirle que aquella hora para mi eran como las 8 de la mañana habría requerido una serie de explicaciones que aun no quería darle. Puede que no llegase a dárselas nunca.- En el caso de que por trabajo no pueda venir, te mandaré una lechuza con antelación, si te parece bien- dije pensativa- Pero espero que eso no pase mucho, suelo ausentarme solo por una noche así que no debería haber problema- finalicé con una sonrisa viendo que no era difícil llegar a un acuerdo con ella en ese aspecto.

Me intrigaba profundamente saber porqué quería aprender autodefensa y no me corté demasiado a la hora de preguntárselo pues si la iba a ayudar supongo que estaba en mi derecho de tener cierta curiosidad. Sin embargo, cuando me contó la historia casi se podía leer en sus ojos que era algo de lo que prefería no hablar demasiado. Me sentí mal por haber preguntado, pero en parte creo que fue mejor así, de este modo, el mal trago de las explicaciones era lo que primero nos sacábamos de encima. Eso sí, tras conocer su historia, me quedó clarísimo el porqué de que quisiera aprender a defenderse, la pena es que uno nunca sabe con seguridad a qué se va a enfrentar asi que aunque yo le enseñase iba a tener que aprender a desenvolverse sola en algún momento.

Intenté no tocar más el tema de lo que le había pasado y ella me ofreció la moneda de cambio perfecta cuando se ofreció a pagarme. Yo no iba a aceptar, eso lo tenía muy claro, pero por la expresión que puso, ella parecía convencida de que era algo que tenía que hacer. Asentí con la cabeza con una sonrisa cuando buscó asegurarse y reí un poco cuando piropeó mi amabilidad- Fui una hufflepuff y eso es algo que no se deja atrás fácilmente- dije con una sonrisa y un guiño.- Vale, me gusta eso del quid pro quo, podemos dejarlo en que...me lo cobraré en favores o algo así- accedí finalmente a un trato que me parecía justo. Yo no le iba a pedir que matase a nadie por mi ni nada así, pero muchas amistades empiezan con uno debiéndole un favor a otro y eso sí me gustaba, hacer una potencial nueva amiga.

Cuando entramos en materia, lo primero que quise saber era lo que buscaba aprender concretamente y no pasó mucho tiempo hasta que me quedó claro que ella...no lo tenía muy claro. No sabía demasiado bien como enfocar el tema así que le fui sincera y le dije que mi escuela había sido la vida y no un gimnasio y que eso era lo que le ofrecía.- ¿Funcionó?- le pregunté cuando me contó como había intentado defenderse en el momento en el que fue atacada. La escuché mientras llegaba a la conclusión de que aunque probablemente sabía lo necesario de anatomía nunca se había parado a pensar en ello, por eso me eché a reír cuando dijo lo de la entrepierna- Eso esta muy bien cuando te enfrentas a un hombre- dije con una sonrisa- pero si te enfrentases a mi, por ejemplo, una patada en cualquier otra parte del cuerpo sería igual o más útil.- le expliqué- Una buena...perdón por el lenguaje- dije con una ligera risa- patada en los huevos ayuda a que un hombre se doble y caiga al suelo al instante, pero en el caso de las mujeres, el bajo vientre es la zona más delicada. Debes apuntar directamente al útero- dije mientras ponía mis manos sobre el mio.- De todas formas esto depende de la postura en la que estés y de la situación, quizás deberíamos empezar por algo más sencillo como...¿cuanto tiempo puedes correr sin parar? Porque muchas veces eso puede salvarte la vida y así sabría como de en forma estás- le expliqué mientras la miraba de arriba abajo intentando hacerme una idea. Era una chica atractiva y delgada, pero si no estaba acostumbrada a hacer deporte igual le iba a costar bastante arrancar al principio- Allí hay unas cintas, te gustaría...¿echar una carrera?- pregunté mientras hacia el amago de echar a andar hacia ellas.
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Sam J. Lehmann el Miér Dic 09, 2015 11:33 am

Sam era una persona que solía preferir tener su vida organizada, su zona de confort residía en saber cuándo tenía cosas que hacer y apuntarla en su agenda. No solía ser una chica espontánea, sino más bien previsora, motivo principal de que admirase y valorase tanto los gestos espontáneos de la gente hacia ella. Un mismo ejemplo de dichos gestos que tanto valoraba era el que había tenido Emily que, sin ningún pretexto, se ofreció a ayudarla sin nada a cambio. Así que en base a eso y a su sentido previsor, se alegró enormemente de poder solucionar el tema horario y el tema “pago” con ella con tanta eficacia. Aunque debía de admitir que en ese último tema no estaba tan conforme… Negó con la cabeza—Ningún problema, una lechuza es perfecta —Los vecinos de Sam debían de estar acostumbrados a sus métodos arcaicos de mensajería. O pensar que tenía una obsesión con las lechuzas mensajeras—¿Ah sí? —preguntó sorprendida, ya que no se había puesto a pensar en qué casa pegaría más, pero sin duda Hufflepuff hubiera sido la penúltima opción—Más razón para verse recompensado el trabajo de los que más trabajan —enarcó una ceja, sonriendo para dejar el tema de lado—Conforme. En Hogwarts podrías haberlos cobrados pidiéndome mis apuntes de ravenclaw empollona, ahora supongo que tengo más cosas que ofrecer —dijo algo divertida, ya que no era la primera vez que más de una persona le pedía algún que otro favorcillo por usar su trabajo en beneficio propio. Le entró curiosidad nuevamente cuando dijo que solía ausentarse solo por una noche... ¿En qué trabajaría que tendría que ausentarse solo una noche?—¿Puedo saber de qué trabajas?

Emily fue bastante directa preguntándole tanto el por qué de querer aprender como preguntándole que qué quería aprender. Sam en realidad no tenía mucha idea, por lo que le explicó lo poco que había conseguido hacer en aquella surrealista pelea. Vamos, se limitó a huir y cuando vio la oportunidad de ir directo a la entrepierna, lo aprovechó—Dejemoslo en… “Funcionó” —hizo comilla con los dedos, sonriendo algo risueña. La explicación que le había dado sobre los puntos más débiles, de un golpe certero y sin demasiada técnica, dependiendo del género del agresor, le sirvió bastante. Posiblemente si llega a ser una mujer, no se le hubiera ocurrido en aquel momento de tensión atacarle al vientre.

Cuando la morena le preguntó que cómo se le daba correr, Sam sonrió. Era el único deporte que llevaba haciendo desde hace años, no era el más divertido, pero sí el que más le despejaba—Eso se me da bien. Aguanto bastante, el problema de aquella situación es que me había perdido así que por mucho que corriera… —Hizo una pausa, frunciendo los labios—Pensé que esconderme sería una buena opción… —Se pasó el pelo por detrás de la oreja—Obviamente pensé mal —Rio a la vez que caminaba hacia las cintas.

Sam se subió en la cinta más cercana y la encendió, para empezar a caminar y acostumbrarse. Muy pocas veces se había subido a una cinta de correr, ya que ella solía correr por el parque, hiciera frío, calor o estuviera granizando. Al aire libre siempre era mejor y mucho menos aburrido—Creo que tengo buena resistencia, no soy la chica más rápida del mundo pero creo que soy difícil de pillar si no me da por pensar la estúpida idea de esconderme, claro —continuó con la conversación, comenzando a moverse cada vez un poco más rápido, ya que no tardó en adaptarse y subir un poco la intensidad como para empezar a trotar. Miró a Emily entonces, dejando de subir la intensidad de la cinta en un nivel medio—Explícame eso de la carrera —Aunque entonces se dio cuenta de que en el marcador digital de la cinta marcaba los kilómetros que, técnicamente, estabas haciendo, por lo que dedujo que sería algo como ver quién era la primera en llegar a ciertos kilómetros. Vamos, lógica razonable si te pones a pensar un poco—¿A cuánto kilómetros lo hacemos? Sé buena —sonrió risueña, dando por hecho que ella estaría bien curtida. No hacía falta más que verla, tenía un cuerpo diez.
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Invitado el Dom Dic 20, 2015 9:28 pm

En todo encuentro relacionado mínimamente con algún tipo de negocio tiene que haber una parte de la conversación inicial en la que se aclaren términos fundamentales como horarios y honorarios. Aunque lo nuestro no era tanto un negocio como un intercambio de favores, me alegraba de que en la parte más "útil" de nuestro encuentro pudiéramos ponernos de acuerdo con facilidad. Al no ser aquello un tema de trabajo ni nada así, el horario para mi era mejor que fuese más o menos flexible y ella lo entendió, de modo que acordamos el típico sistema para estar en contacto y así saber cuando yo iba a estar disponible para ella y cuando no. Lo del pago era algo que ella quería aclarar, pero a mi ni siquiera se me había pasado por la cabeza, yo siempre hacía estas cosas por gusto. Muchos me habían dicho que si seguía así la gente se aprovecharía de mi, y quizás cuando era humana no les faltaba razón, pero ahora que era un monstruo asesino no veía como algo negativo que la gente me pudiese usar para ser más feliz. Me hacía sentir útil y buena a algunos niveles y eso me hacía sentir bien. Era otra de esas cosas que no me podían sacar. Vivan los pequeños placeres aunque sean para otros.

Reí cuando se sorprendió de que fuese Hufflepuff y en eso se notaba que aun no me conocía demasiado bien. Yo siempre he sido una Hufflepuff de corazón, quizás por eso llevo tan mal el tener que matar a otras personas para sobrevivir.- Yo también era una empollona, la verdad.- Dije con una sonrisa- Pero todos tenemos más que ofrecer cuando crecemos, ya iremos viendo, tú no te preocupes por eso.- Contesté a su afirmación con un guiño. Le expliqué que igualmente, aunque me ausentara, sería solo por una noche y parece que esa fue la nota necesaria para que finalmente me preguntase en que trabajo. A veces no me doy cuenta de que estoy dando información incompleta a mis interlocutores.- Soy dragonolista- dije con una sonrisa ligeramente orgullosa. Mi trabajo es uno de esos que suena exótico cuando lo dices en voz alta- Estoy especializada en rescate, curación y transporte de dragones de gran tamaño- comenté manteniendo la sonrisa.- Generalmente, cuando aparece un dragón en un territorio que no es el suyo, o fuera de la reserva asignada o nace en libertad o cosas así, me llaman a mi. No suele llevar más de una noche capturarlo si es solo uno, así que no suelo ausentarme de Londres mucho más tiempo- Aclaré con tranquilidad. Sin embargo, su pregunta me había dado que pensar y ahora yo también sentía curiosidad sobre en que trabajaba ella- Ahora me ha entrado curiosidad, y tú ¿a qué te dedicas?- dije con una sonrisa amable y una inclinación de cabeza digna de un adorable perrito atento a lo que le están diciendo.

Hablando de maneras de defendernos surgió el mítico movimiento que enseñan a toda mujer cuando siendo niña quiere aprender a defenderse. Si te enfrentas a un hombre, nada como una patada en los testículos. O eso dicen, pero eso no lo hace un golpe menos sucio o bajo...o ineficaz cuando te enfrentas a una mujer. Intenté explicarle rápidamente como podría defenderse en el caso de enfrentarse tanto a un hombre como a una mujer, pero aun así eso me parecía un tema a tratar más adelante. Me interesaba saber, en primer lugar, donde estaba el límite físico de Sam, y me pareció que invitarla a hacer una carrera allí, en un entorno controlado, era la mejor manera de empezar.- No creo que fuese una mala idea, pero para esconderse bien primer tienen que perderte de vista, y por eso se debe correr bastante antes. Aunque estés perdida, eso no importa, corre. Ya habrá tiempo de que encuentres el camino cuando estés fuera de peligro- comenté mientras hablábamos de camino a las cintas. No sabía si estaba haciendo bien o mal soltándole aquellas cosas como con cuentagotas según la conversación las iba sacando a relucir, pero tenia miedo de olvidarlas si no se las decía cuando me venían a la mente.

Nos subimos a la cinta y ella empezó a un ritmo bajo para que los músculos fuesen entrando en materia. Yo la imité aunque para mi cuerpo eso no fuese necesario. Ya tendría que vérmelas luego con el pequeño detalle de que no sudo que era algo que llevaba dándome vueltas en la cabeza desde que había aceptado la invitación. Mi plan era pasarme la toalla por la frente muy amenudo para que pensase que sudo pero que soy una obsesiva compulsiva o algo así con el sudor, mejor que eso que que se de cuenta de que soy una criatura asesina chupasangres y se asuste, ¿no? No tardamos en subir ligeramente la velocidad, subiéndola yo algo más que ella para que aquella maquina me obligase a correr aunque solo fuese un poco. Me preguntó como podíamos hacer lo de la carrera pero ella misma se dio cuenta de la manera más apropiada para hacerla asi que yo me limité a sonreir mientras me decía que fuese buena- Bueno, tengo que reconocer que una carrera quizás seria más agradable de hacer al aire libre, pero mejor lo dejamos para otro día, cuando ya sepa que esperarme de ti- dije con una sonrisa y los ojos ligeramente entornados para fingir sospecha.- Si de verdad te gusta correr y sueles hacerlo, creo que unos 5 km podría estar bien, ¿no crees? ¿Cuanto sueles correr tú? La primera vez es mejor que yo me adapte a ti y vayamos subiendo a partir de ahí- concluí casi como si estuviera simplemente verbalizando el hilo de mis pensamientos.

Subí un poco más la velocidad de mi cinta cuando acordamos un número de km concreto y le dediqué una sonrisa. Otro de mis obstáculos en aquella velada es que iba a tener que beber agua, pues sacar la varita allí en medio habría supuesto que el remedio era peor que la enfermedad. Por suerte, el auga no es especialmente nociva para los vampiros ya que los humanos son un 70% agua...y casi toda está en la sangre.- De acuerdo, la que alcance primero ese límite gana. Intentaré no ponértelo muy difícil- dije con algo de chulería que aunque ella no lo supiera estaba totalmente justificada.- Creo que después de esto, si te quedan ánimos, deberíamos probar distintos tipos de lucha. Solo probar, para empezar Quizás aquellos chicos de allí puedan ayudarnos si quieres consejos más oficiales y profesionales. Ellos parecen saber bastante de boxeo e igual pueden prestarnos unos guantes- dije mientras giraba la cabeza sin dejar de correr. Aquello era para mi como dar saltos en un mismo sitio mientras mis piernas fingían correr. Aproveché un momento en el que creí que no me miraba para subir al máximo la inclinación y así al menos no tener que fingir tanto aquella velocidad.

El pelo recogido en la coleta me iba dando pequeños golpes en la espalda a medida que fingia correr en aquella cinta. Me pasé la toalla por la frente y di un trago al agua consciente de que debía hacerlo para mantener las apariencias aunque me encontrase perfectamente. Eché una ojeada a mi compañera a ver como su curva de cansancio subía, aun así, si que parecía tener bastante resistencia. En poco tiempo, alcanzamos la mitad de la distancia acordada.
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Sam J. Lehmann el Jue Dic 24, 2015 2:25 pm

No había conocido nunca a un dragonolista, por lo que cuando Emily dijo que trabajaba de eso, Sam la miró con cierta admiración. Ella nunca había sido fan de las criaturas mágicas, pero debía de admitir que una de las pocas que abrían ese campo de interés en ella eran los dragones. ¿Pero a quién no? Eran tan misteriosos y a la vez poderosos que parecían ser los reyes de todas las criaturas. Dragonolista… Sin duda sonaba mucho más épico que “instructora de legeremancia”—No me había puesto a pensar en la existencia de tu trabajo, pero ahora que me has dicho lo que haces, me resulta indispensable —confesó Sam, ya que como no tenía interés en criaturas mágicas, apenas sabía las salidas que tenía el formarse en alguna especialidad de ese estudio. Emily le devolvió la pregunta y Sam sonrió ante el gesto de su compañera—Soy instructora de legeremancia en el ministerio —contestó, frunciendo el ceño—Te lo explicaría, pero sería una explicación tan aburrida como su nombre, además de redundante —bromeó divertida, ya que ella adoraba su trabajo, aunque en el ministerio fuera todo tan ordenado y monótono que a veces rozaba lo aburrido. Pero oye, no lo había pensado: le podía dar como pago por la ayuda clases de legeremancia, a todo el mundo siempre le venía bien aprender tanto eso como la oclumancia. Era algo que Sam supo desde cuarto de Hogwarts.

A pesar de ser la primera clase —de lo que esperaba que fueran varias—, Sam ya estaba atenta a cada cosa que dijera Emily. Cualquier punto, detalle o consejo iba a apuntarlo en su bloc de notas mental para no intentar olvidarlo nunca. De camino a las cintas de correr, Emily le recomendó no parar de correr en el caso de volver a sentir ese peligro en cualquier parte. Si no quería enfrentarse al enemigo, lo mejor era huir y, si era rápida y poseía bastante resistencia, posiblemente tuvieras una huida satisfactoria. Si no te alcanza ningún hechizo o alguna flecha de ballesta, claro—Pensándolo en frío, no debería haberme parado. No confié en mis habilidades y decidí esconderme por miedo a que me cogiese —reveló con un gesto bastante neutral, pues estaba pensativa—Será un error que no volveré a cometer.

Que dentro de lo malo, algo de las cosas buenas que tiene Sam es que era de esas personas que no caen ni dos ni tres veces en el mismo error. Por lo que sí había próxima vez… a correr como nunca. Si podía librarse de un enfrentamiento así, que así fuera. Ella por norma general era la típica chica que actúa de manera sucia. ¿Pero es que acaso hay una manera honorable de hacerle el mal a una persona? En sus momentos ilícitos en dónde saca información a personas en contra de su voluntad usando la legeremancia, solía dejarlos K.O. por la espalda, mintiendoles y haciéndoles creer que es una chica que no es. Sin dolor, sin daño… ella conseguía lo que quería y ellos olvidaban. Era como un fantasma que pasaba por un lugar y luego nadie lo recordaba. Por eso, hasta el momento, no había necesitado más que de su varita para valerse… pero si iba a seguir con todo eso, mejor aprender todo tipo de defensas antes de volver a arriesgarse.

Llegaron a las cintas y Sam miró a Emily con una cómplice sonrisa cuando dijo que al aire libre hubiera sido mucho mejor. Estaba totalmente de acuerdo. Se subió a la cinta y tanteó los botones que había… estaba casi segura de que era la primera vez que se subía a una. Y de lo contrario, no se acordaba de su primera vez—Normalmente corro de entre siete y ocho, depende del día —Que Sam lo hacía por gusto, no porque estuviera preparándose para nada. Incluso había días que solo hacía cinco, pero por norma general llevaba un buen ritmo y era bastante rápida. Sam empezó a apretar el botón varias veces hasta llegar a encontrar su ritmo, para cuando lo encontró y empezó a trotar, Emily dijo una cosa que Sam tuvo que mirarla con reproche—¿Si me quedan ánimos? —preguntó, haciéndose falsamente la ofendida—¿Vas a pegarme una paliza magistral de esas que me dejará por los suelos? —agregó a su tono ofendido, para luego sonreír—Es broma, me apunto. Siempre he tenido curiosidad por el boxeo, aunque tengo la teoría de que mi fuerza y reflejos están un poco verdes —Vamos, lo que hacía falta para el boxeo, ella no lo tenía. O eso pensaba, claro. Prefería otro tipos de lucha ya sin haber probado el boxeo pues tenía la absoluta certeza de que iba a ser malísima.

Entonces se calló para empezar a correr. Una de las cosas primordiales que Sam necesitaba para correr era el silencio. Ella necesitaba concentrarse, regular su respiración y acompasarla con el ritmo, era algo que había aprendido después de tantos años corriendo. A los diez minutos decidió que la sudadera tres tallas más grandes le sobraba, por lo que mientras corría se la quitó y la apoyó en el posamanos de la misma cinta de correr, colocándose entonces las tiras de su camisilla.

Cuando llegó a los cinco kilómetros, giró la cabeza hacia la cinta de Emily y se estiró para ojear el marcador de ella. Ella había llegado a seis kilómetros, bueno casi. Sam la miró a los ojos con sorpresa después de mirar su marcador digital—Bueno, por lo menos me avisaste de la soberana paliza que me ibas a dar —dijo divertida, bajando el ritmo de la cinta para dejarse ir hacia atrás con la misma y bajar de la cinta. Entonces Sam miró a dónde estaban los chicos haciendo boxeo, los cuales se habían tomado un descanso y estaban en unos bancos debajo del ring bebiendo agua y teatralizando lo que parecía un puñetazo contra el aire.

Sam se agachó a coger su botella de agua y bebió un poco, aireándose después de haber corrido allí dentro. Sin duda se sudaba más teniendo en cuenta que no estás al aire libre. Le hizo un movimiento a Emily para que se acercara y Sam se acercó a los chicos que estaban allí hablando animadamente—Hola —saludó a los tres que habían, los cuales se callaron para prestar total atención a las chicas, mirándolas a ambas de arriba a abajo—Espero no interrumpir —dijo amigablemente—Os estábamos viendo desde allí y nos preguntábamos si sabríais darnos algún consejo. Queremos aprender a defendernos —bueno, quería ella, pero como le daba bastante pereza tener que dar explicaciones innecesarias, metió a Emily también en el saco de querer aprender— y queremos saber qué tipo de lucha nos recomendáis. ¿Solo practicaban el boxeo? —preguntó curiosa, ya que ella no tenía ni idea.

Uno de los que estaba sentado fue el primero en responder—Ahora practicábamos boxeo porque habrá torneo la próxima semana, pero hay varios estilos de arte para defenderte. Quizás el boxeo no sea el más adecuado para vosotras —comentó el chico, con un tono de voz agradable a pesar de notarse esa chulería detrás—Es lento y requiere de mucha fuerza. ¿Quizás el kickboxing o aprender a hacer rápidas llaves que deje al otro indefenso? —preguntó el chico a sus otros amigos, como intentando buscar el apoyo de ellos en sus palabras.
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Invitado el Lun Ene 18, 2016 8:49 pm

Era algo precioso eso de tener un trabajo raro y que al decírselo a alguien no se lo esperase y se quedase con una cara de sorpresa y confusión de lo más graciosa. Por norma general, la gente solía obviar el hecho de que había dragones sueltos por el mundo, porque a no ser que tuvieran algún tipo de accidente con una de esas criaturas, para ellos, los dragones prácticamente no existian, como muchas otra criaturas que parecen ser el secreto más sucio y oculto de los magos. Como los OVNIS para el gobierno estadounidense en las películas. Sin embargo, si la población en general no notaba la presencia de dragones en las proximidades a ellos, estaba claro que los dragonolistas estábamos haciendo muy bien nuestro trabajo. Por otro lado, el oficio de Sam no podía ser más distinto al mio, como probablemente lo fuesen nuestras vidas en general. Escuché mientras la miraba directamente a los ojos como me contaba que era instructora de legeremancia. Ella frunció al ceño al explicarlo y como gesto reflejo, yo también lo hice sin darme cuenta, solo por que estaba mirándola concentrada en lo que me decía.- No suena para nada aburrido. Eso de meterse en la gente de los demás es un arte que hay que tratar con cuidado, creo yo. Otorga mucho poder a quien puede hacerlo...Sin tengo que ser sincera, yo preferiría tener la capacidad de cerrar mi mente a otros y que no pudieran leerla aunque fuesen buenísimos en ese tipo de magia.- dije pensativa mientras veía en mi mente un tipo de situación en concreto. Yo llevaba prácticando eso de cerrar mi mente durante mucho tiempo aunque no supiera como hacerlo, simplemente praticaba sin saberlo cuando peleaba para que Alexandra no viese cada recóndito lugar de mis pensamientos, hasta mis secretos más oscuros. Si Sam seguía insistiendo en pagarme algo, igual le comentaba hacer un intercambio de servicios, defensa personal por defensa mental.

Después de hablar de sus motivos y hacerle un par de apuntes al respecto de lo que podía haber hecho en aquella situación que vivió para correr una mejor suerte, nos fuimos a la cinta para comprobar cuan diferentes eran nuestras cualidades físicas. Obviamente, y sin poner demasiado esfuerzo en ello, en estos temas yo era mejor que ella. Contaba con una ventaja natural en ese sentido, pero aun así, intenté ponerme lo más posible dentro de los límites humanos. Intenté avisarla, entre bromas, antes de empezar de que lo más probable es que ganase yo nuestra pequeña carrera, aunque ella estuviese de lo más acostumbrada a correr. Su respuesta orgullosa me hizo sonreir por un momento, pero en cuanto las dos nos subimos a aquellas cintas, el silencio se hizo entre nosotras. No era demasiado productivo para un humano eso de correr y hablar a la vez pues el control sobre la respiración se va al traste, pero para mi solo era un momento de reflexión para mi misma de esos que tenía realmente pocos pues cuando estaba en mi casa, mi creadora estaba siempre metida en mi mente. Era como su mayor entretenimiento.

Cuando yo llegué a los 5 km ni siquiera me di cuenta por lo metida que estaba en aquel momento en mis propios y tranquilos pensamientos. Fue Sam la que me sacó del ensimismamiento y, al parecer, aunque había intentado controlarme, le había sacado todo un kilómetro de ventaja. Le dediqué una mirada de ya te lo advertí mientras bajábamos de las cintas y me pasé una vez más la toalla por las partes estratégicas del cuerpo para que no se notase que yo no sudo ni lo más mínimo. Lo de beber agua para disimular había sido todo un reto, pero por suerte lo había podido superar y no tenía ganas de echar las tripas fuera, aunque no había sido nada agradable, la verdad.

No perdimos nada el tiempo entre bajarnos de las cintas e ir directamente a preguntarle a los chicos si nos podían guiar un poco. Sam era una chica mucho más abierta con el resto del mundo que yo, al parecer, pues no dudó ni por un instante en dirigirse a ellos y preguntarles si nos podían echar un cable. Al acercarnos, nos miraron con esa mirada que jamás entenderé en los hombres, como si tuviesen hambre o algo así. Se dice que las mujeres nos juzgamos las unas a las otras nada más vernos, pero los hombres tampoco parecen perder el más mínimo detalle cuando alguien se les pone delante. Me mantuve en silencio mientras Sam intercambiaba unas palabras con el que parecía ser el líder, o al menos el más espabilado, de aquel grupito. No había que ser muy listo para ver que aquel chaval no nos veía capaz de hacer boxeo por lo que cuando lo dejó caer, una de mis cejas se levantó con un excepticismo innegable. No me iba a poner ahí a enseñarle nada a él sobre fuerza pues me encontraría con muchas explicaciones que dar, pero no me habría importado bajarle un poco los humos.

- Sí, eso es más o menos lo que estábamos pensando- contesté abriendo la boca por primera vez cuando dijo lo del kickboxing y las llaves- ¿Podríais aconsejarnos un poco? ¿Tal vez enseñarnos un par de movimientos que creais útiles? Si os apetece, claro...-dejé caer y sonreí de una manera agradable. Desde que era un vampiro atraía más a todo el mundo en general, pero sobre todo los hombres parecían muy proclives a caer en ese embrujo. Sam no era precisamente una chica fea o del montón, por lo que la respuesta a mis preguntas no se hizo esperar ni lo más mínimo.- Claro, puede ser interesante- dijo el cabecilla con una sonrisa- Os podemos enseñar un par de llaves sencillas, ¿que os parece?- dijo el chico mirando con sus ojos claros a Sam una vez más de arriba a abajo. Yo incliné la cabeza hacia un lado con una sonrisa al ver lo que parecía ser el interés del chico- Sería fantástico- dije aun sonriendo y clavando mi mirada en los ojos de un chico rapado de piel más o menos oscura y ojos negros y profundos. Sus ojos brillaban mientras los mios lo desafiaban y analizaban. Tenía un olor totalmente embriagador y delicioso. Por suerte yo no estaba hambrienta.

- Creo que has ligado- le dejé caer a Sam en un susurro y con un guiño mientras caminaba a su lado hacia la zona de las colchonetas donde sería más cómodo tirarse por el suelo en plena llave. Me agaché a coger una colchoneta para prácticar y al levantar la mirada, los ojos oscuros de aquel chico me estaban observando, esperando para empezar. Incliné la cabeza observándolo con cautela. En el caso de que yo fuese humana, aquellos músculos que tan abiertamente lucía el moreno habrían sido una ventaja para él, pero en la situación en la que estábamos solo eran algo que hacia bulto. Me pregunté por un momento si debía dejarme ganar, solo por el bien de mi fachada...pero lo descarté enseguida pues si Sam quería que la enseñase debía demostrar que sabía lo que me hacía, y aquella era la ocasión perfecta para hacerlo.

- ¿Cómo quieres hacerlo?- pregunté algo más seria sin miedo a sostenerle todavía la mirada. Sonrió como si hubiese dicho yo algo subido de tono- Pues ven hacia aqui e intenta atacarme, ¿de acuerdo?- dijo manteniendo la sonrisa amable que parecía esconder algo. De haberlo atacado como yo solía hacerlo, no habría tenido ni oportunidad de defenderse, pues yo dejo a mis víctimas rápidamente inconscientes, pero ahora debía hacerlo de una manera más evidente. Miré a Sam que iba a practicar con el cabecilla de ojos claros y le dediqué una sonrisa- Dale duro.- le dije con un nuevo guiño.

Corrí ligeramente hacia el chico que era mi compañero e hice el amago de lanzarle un puñetazo. Él, con una maestría maravillosa, paró mi golpe con su brazo y con el otro me agarró de la cintura, haciendo que me girara y me quedase de espaldas a él, aprisionada contra su cuerpo. Con uno de sus pies, intentó que perdiese el equilibrio y cayese hacia delante, pero aunque consiguió levantarlo, mantuve un equilibrio perfecto, sobre el otro. Antes de que se diese cuenta, el pie que él me había desequilibrado, se enrolló en una de sus piernas y con un pequeño tirón fue el chico el que perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, conmigo encima. Con un movimiento rápido, di una pequeña voltereta hacia atrás, pasando sobre su cabeza y me libré del abrazo con el que me había estado inmovilizando.

Me puse de pie con elegancia y sonreí- Intenta atacarme tú ahora, si quieres.- dije mientras lo observaba tirado en el suelo. Miré hacia Sam a ver qué tal le iba y le dediqué una nueva sonrisa pensando que todo esto sería más bonito y nos hiciesemos llaves entre nosotras.- Vaya, y yo pensando que me enfrentaba a una novata- dijo el chico al que yo me enfrentaba mientras se levantaba.
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Sam J. Lehmann el Miér Ene 20, 2016 2:50 pm

La rubia no decía que su trabajo fuera aburrido, sino que la explicación era aburrida, sobre todo si entrábamos en tecnicismos en lo que hacía explícitamente. Ella desde que estaba en Hogwarts se había quedado prendada de lo poderoso que podía llegar a ser una persona que controlarse la legeremancia, por lo que desde que pudo metió todas sus narices en ser una de las mejores. Lo había conseguido, o por lo menos ella consideraba que su meta la había conseguido, ahora lo que faltaba era mejorar—Viene prácticamente en el mismo paquete —Contestó a Emily—Cuando estudias la legeremancia te das cuenta de lo peligroso y lo fácil que es que una persona se pueda meter en tu mente, por lo que la gran mayoría de legeremánticos son casi tan buenos en oclumancia como en legeremancia —Continuó con la explicación—Hasta el momento no me he encontrado con nadie lo suficientemente bueno en oclumancia como para poder evitar que entre en su mente. Aparte de voluntad, hace falta muchísima práctica para poder cerrar tu mente, es mucho más difícil la defensa que el ataque —Le explicó, ya que era uno de los temas en los que Sam se sentía cómoda.

Empezaron con un entrenamiento básico corriendo en una máquina. Sam solía tener en eso bastante facilidad y costumbre, pero al parecer Emily se pegaba su vida corriendo, pues la paliza que le había dado de manera casi automática había sido increíble. Se pegaron bastante tiempo calladas mientras corrían, sobre todo por el hecho de poder controlar la respiración y llevar un buen ritmo sin cansarse. Para cuando Sam llegó a los 5km, Emily ya había llegado al Monte del Destino, destruido el anillo y vuelto a La Comarca. Sam era muy buena perdedora en todos los juegos, más todavía si aquello había sido una prueba de lo más inofensiva y, sobre todo, teniendo en cuenta que Emily era la “experta” allí, por lo que la miró con bastante admiración.

Antes de acercarse a los chicos que estaban por allí, Sam usó su toalla para quitarse el sudor del cuello y beber un poco de agua. Dejó ambas cosas en dónde había dejado su sudadera y entonces se dirigieron a los chicos.

Ellos habían terminado su entrenamiento por lo que parecía, puesto que se encontraban sentados con los móviles y hablando emocionados de las películas que saldrían el próximo año en el cine. Una de las cosas que Sam echaba de menos del mundo muggle y que rara vez hacía por la pérdida de la costumbre, era ir al cine. Siempre iba con Henry, pero desde que desapareció había dejado de ir simplemente porque no sabía con quién ir. Sin andarse muchos con rodeos, fue Sam la que rompió el hielo y les pidió amablemente algunos consejos.

Sam era demasiado inocente en algunos sentidos, sobre todo en el hecho de que ella no notaba nunca cuándo le gustaba a otra persona. Solo estando borracha y, porque estando borracha es fácil darse cuenta porque normalmente ligas con otro borracho y los borrachos no son precisamente personas cautas. Por lo que no se enteró de que “había ligado” hasta que Emily se lo susurró. Entonces fue cuando se dio cuenta de que la verdad es que la mirada que le había echado había sido un poco rara—Qué ilusión… —le contestó irónicamente, mirándola de reojo antes de separarse, ya que a cada una debía de ponerse con el chico en cuestión.

Antes de empezar Sam se acercó al chico para preguntarle qué narices debía de hacer. Sam sabía cero de llaves, por lo que prefería saber un poco por dónde tirar. Sin embargo el chico no le dijo nada por ahora, sino que le dijo que primeramente intentara atacarle y, cuando viera lo que iba a hacerle, le explicaría la llave. Sam, obedeciendo a un niño de diecisiete años, se alejó un poco. Iba a ir a por él hasta que vio como el otro chico caía al suelo con Emily encima. ¿Le había hecho una llave contra la llave? Sam alzó el dedo gordo cuando Emily la miró, mirándola con todavía más admiración. Esperaba fervientemente que no la mirase a ella, pues tenía la sensación de que no iba a durar ni un segundo en pie e iba a quedar un poco mal. Pero bueno, estaba allí para aprender precisamente.

Sam fue a por él y fue a pegarle con el puño cerrado en la cara. El chico con presteza se agacho por debajo de su puñetazo, lo alzó levemente y lo hizo hacia adelante, haciendo que Sam se quedase en una posición sin apenas equilibrio y con el brazo torcido. El joven le dio una patada en la pierna que peor colocaba estaba y Sam cayó al suelo con la mano en alto, ya que el chico no se la había soltado.

¿Qué te ha parecido? —preguntó el chico, tendiéndole la mano.

Que no sé pegar un puñetazo —contestó Sam, para luego coger su mano y que con un leve tirón le consiguiera poner de pie.

Cuestión de práctica —contestó con lo que suponía que era una sonrisa encantadora, Sam asintió—Te enseñaré la llave.

Y durante los dos minutos siguientes le enseñó lentamente qué ataques eran los perfectos para hacer esa llave y cómo ejecutarla. Aparentemente era fácil. Solo aparentemente. No obstante, Sam no insistió demasiado porque le daba la sensación de que estaba sobándole demasiado, por lo que sin haberlo entendido del todo le dijo que sí, que lo había entendido perfectamente. El mismo chico que había estado instruyendo a Sam en el arte de las llaves fue el que recibió una llamada. La cogió tras disculparse un momento y, cuando colgó, pegó un silbido, como si estuviera llamando a la manada. Sam lo miró sorprendida.

¡Fiesta en casa de Sam! Sus padres se han ido y no vuelven en todo el fin de semana —recitó con felicidad. Era confuso tener un diminutivo tan demandado en ambos sexos. Todos los chicos que habían fueron a coger sus cosas—¿Os apuntáis? —preguntó con un gesto picarón.

Sam arrugó el ceño ante ese gesto picarón—Va a ser que no —Luego se dio cuenta de que no estaba sola y miró a Emily—Bueno yo no —se señaló a sí misma mirando a Emily, puesto que evidentemente no pretendía elegir por ella. No la veía con ganas de ir a una fiesta adolescente, pero quién sabe.

Bueno, ya nos veremos en otro momento por aquí. Te enseño todas las llaves que tú quieras —Y otra vez ese guiño. ¿Intentaba ligar con ella? ¿No, verdad? Sam levantó una mano y la agitó lentamente como si fuera una despedida dramática.

La gran mayoría de los chicos se fueron, probablemente para sus casas para poder ducharse y vestirse acorde a lo que se llevaba hoy en día a esas edades e ir a “liarla parda” a la casa de un pobre muchacho llamado Sam que mañana se arrepentirá de hacer una fiesta en su casa sin permiso de sus padres. Sam miró a Emily cuando se dio cuenta de que allí se había creado un absoluto silencio—Eran simpáticos —dijo con una divertida sonrisa, arrugando la nariz como si ni ella misma estuviera de acuerdo—O más bien… interesados.

Entonces Sam se acercó a Emily y alzó ambos puños en alto protegiéndose la cara como le había enseñado el jovencito que se acababa de ir, dando unos pequeños saltos a la par que miraba a Emily como si estuvieran en un ring de boxeo—Ese niño me ha convertido en una máquina de matar —sonrió e hizo una pausa para reír levemente, paró de golpe y se señaló su rostro, la parte derecha del mismo—Solo sé defenderme de un ataque si es un puñetazo de derecha a esta zona de mi cara y si viene a cámara lenta.

Usó toda la ironía posible en sus palabras, ya que evidentemente con ese niño que se explicaba como el culo no entendió prácticamente nada. Prácticamente nulo, pero teóricamente sabía lo que había que hacer.
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Invitado el Mar Ene 26, 2016 10:35 pm

El trabajo de Sam me parecía terriblemente fascinante y útil, pero cuando hablamos del tema tampoco me atreví a preguntarle más por el mismo, pues estábamos allí para hacer ejercicio no para hablar de nuestros oficios. Quizás en otra ocasión buscase profundizar más en el tema, cuando hubiese más confianza y estuviésemos haciendo otra cosa, fuese lo que fuese. Hablámos ligeramente, fuimos a correr y finalmente, metiéndonos de una vez en la materia que allí nos traía, le preguntamos a unos chicos que habían estado peleando antes si podían echarnos una mano. Tuvimos la suerte de que su actitud fue de lo más receptiva hacia nuestra petición aunque tal vez eso fuese así por las razones equivocadas. El que parecía ser el cabecilla de aquel grupo no le quitaba el ojo de encima a Sam y yo tuve mi propia porción de admiración por parte de uno de sus amigos con un olor embriagadoramente delicioso que se escondía debajo de todo aquel perfume que los jóvenes de hoy en día usan. Cuando era humana me gustaba como olían mis compañeros masculinos. Me gustaba que oliesen bien. Ahora, para mi esos perfumes eran como echarle alcohol metílico a unas albóndigas aunque ya no creía que los perfumes se hubiesen inventado para mantener alejados a los jóvenes de los colmillos de los vampiros.

Me reí ante la reacción de Sam cuando le hice ver que había ligado pero no tardamos en empezar a pelearnos cada uno con su pareja. Mientras ella y el chico de ojos claros estaban entrando todavía en materia, mi compañero y yo ya habíamos terminado el primer asalto, terminando este con él en el suelo y yo con una sonrisa en los labios, satisfecha por haberlo vencido y sorprendido. La vanidad era algo nuevo para mi, pero jamás me habían gustado los chulitos y disfrutaba poniéndolos en su sitio. Le tendí la mano a mi compañero intentando no mirar mucho hacia Sam de manera directa para no ponerla demasiado nerviosa aunque por lo que veía en el rabillo del ojo no le estaba yendo demasiado bien.- Tu turno, atácame- dije con una sonrisa a medio camino entre divertida y desafiante. Algo tenía el combate cuerpo a cuerpo que excitaba a los que eran como yo. Forma parte de nuestra naturaleza supongo.- Te doy ventaja y te espero de espaldas- dije sin perder la sonrisa y metiéndome con él más de lo que quizás habría debido. Al estar tratando un tema que yo controlaba, me sobrecargaba de confianza y de paso les enseñaba que no debían juzgar un libro por su portada. Esperé pacientemente a que el chico me atacara y cuando por fin lo hizo, por la espalda, lo cogí del brazo por el que intentaba apresarme y tiré de él, de manera que dio una voltereta en el aire sobre mi cabeza para acabar, una vez más, tirado en el suelo. Sin perder un segundo, una de sus piernas se irguió para intentar tumbarme y apresarme, pero la cogí antes de que lo consiguiera y echando una de mis piernas hacia atrás para lograr un mayor equilibrio, paré su maniobra.

Sonreí de nuevo a mi compañero que estaba en el suelo con el corazón palpitándole a toda velocidad. Su sangre corría feliz por su sistema y un destello rojo en mis ojos, casi imperceptible dejó ver por una milésima de segundo que podría morderlo y bebérmelo allí mismo. Sonreí triunfante y lo estaba ayudando a levantarse de nuevo cuando el teléfono de su amigo sonó. El chico de ojos claros que estaba con Sam llamó a su grupo, al parecer para ir a una fiesta a la que nos invitó. Sam se negó y yo hice lo propio con la cabeza para dejar claro que no tenía intención de ir a esa orgía de carne adolescente bajo ningún concepto. Eso sí, lo hice de manera sutil y educada.- Un placer pelear contigo. Espero volver a verte- dijo el chaval al que había tumbado dos veces antes de marcharse con los suyos. Yo me limité a dedicarle una sonrisa y un gesto de despedida con la mano.

Sam y yo nos quedamos en absoluto silencio durante unos momentos mientras los chicos recogían y se iban. Al final, fue ella la que rompió aquel silencio.- Interesados es la palabra- contesté con una sonrisa- Creo que he humillado ligeramente al chico...Nunca me han gustado los chulos, no lo llevo demasiado bien- dije con un encogimiento de hombros esperando que ella no se molestase por eso.

Me eché a reír abiertamente cuando ella se acercó a mi y clamó ser una máquina de matar con los puños en alto de modo que parecía dispuesta a partirme la cara en cualquier momento.- Tranquila Rambo, no sea que dejes de sentir las piernas- bromeé justo antes de que ella me explicase lo que había aprendido con aquel chico en ese pequeño rato que habíamos compartido- ¿En serio? Veámoslo- dije poniendome en posición y lanzándole un puñetazo a cámara lenta desde el lado derecho buscando darle en el punto concreto de la cara- Si consigues pararme, lo haré más rápido. Sino...dejémoslo en que no me fio de su teoría y te explicaré la mia, ¿de acuerdo?- pregunté mientras mi puño se acercaba muy lentamente hacia su rostro. Visto desde fuera tenía que parecer una verdadera estupidez eso que estábamos haciendo, pero solo de pensar en ello me hizo sonreír. Al menos era divertido.
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Sam J. Lehmann el Jue Ene 28, 2016 2:28 am

Menos mal que los adolescentes tenían que irse, porque de verdad que Sam no tenía muchas ganas de que aquel chico le siguiera explicando, pues tenía la teoría de que probablemente se sentiría como si le estuvieran dando una paliza sintiendo como caía llave tras llave. Como añadido, se explicaba realmente mal y, sin duda, prefería mil veces continuar aquel tipo de entrenamiento con Emily que, por lo menos hasta el momento, le había sabido entender sin ningún tipo de problemas.

No tardaron ni dos minutos en recoger todo lo que había por allí tirado, meterlo en sus mochilas y salir del gimnasio. Sam se quedó sorprendida y no dudó en volver a dirigirse a Emily—A mí tampoco —contestó sonriente—¿Aunque a quién le gustan los chulos? —Sam era sangre sucia, de esas que se enteran un mes antes que van a ir a Hogwarts y llega al Colegio de Magia y Hechicería sin saber la verdadera definición ni de Magia ni de Hechicería. Había soportado a muchos chulos en su vida y sin duda ninguno le caía en gracia. A excepción de Matt Forman, su jefe. Estaba claro que Matt era un chulo con estilo, de esos que si conoces, cambia por completo la forma de verlo—Por lo menos tú has salido ganadora, has humillado y a mí me han humillado hasta en cámara lenta.

Sam soltó una risa ante la ocurrencia de no sentir las piernas. Muy pocos magos solían bromear con cine muggle, ya que la gran mayoría ni veía el cine muggle ni tenían relación con ese mundo. Alardeó en broma sobre las proezas que había conseguido el chico con ella y Emily insistió en que se lo enseñara. Sam soltó aire no muy convencida de cómo hacerlo, pero se colocó en posición.

Vio como el puñetazo de Emily venía a una velocidad tan corta y lenta que daba hasta risa, por lo que Sam esbozó una sonrisilla. Cuando estuvo a la altura, llevó su antebrazo a su mano y lo elevó, agachándose por debajo. Sujetó su brazo y lo “retorció” como le había enseñado, aunque más bien lo torció un poquito de una manera en la que Emily no tuvo que hacer, ni de lejos, lo que debía de hacer. Es más, seguro que le hizo hasta cosquilla ese movimiento tan débil e inocente. Sam hizo un movimiento pausado y lento, como si estuviera buscando la manera exacta de ejecutar con éxito la maniobra… incluso sacó por fuera la lengua un poco en busca de concentración—Debería ser algo así… —Movió el brazo de Emily, pero al final lo soltó al ver que ella, agachada y estúpida, no conseguía hacer que la chica cayera al suelo de espalda como la teoría indicaba—Lo siento. Te juro que soy buena aprendiz, fue aquel niño el mal profesor —señaló con el dedo pulgar hacia la puerta por la que habían salido, poniéndose de pie—Acabo de hacer un claro ejemplo de que sabiendo la teoría, no siempre sale la práctica.

Se sentía la peor Ravenclaw de la historia: ¿saberse la teoría y no la práctica? Sin duda no era lo que solía pasarle a ella. Entonces miró a Emily y soltó aire—Mejor enséñame tu método —dijo resignada. Se colocó tranquilamente delante de ella y alzó levemente las manos—Úsame cual maniquí de maniobras para explicármelo bien, si quieres.

Se ofreció, ya que era básicamente lo que había hecho el chico pero sin pedir permiso. Cierto era que era lo más lógico para explicar, pero quedaba un poco violento que te manosearan gratuitamente, sobre todo cuando es una persona desconocida, del sexo opuesto y que debía de tener las hormonas por los aires por tocar a una chica guapa. Le hubiera gustado ser como Emily para impresionar al chico y hacer que fuera él quien "modiera el polvo" y no ella. Debía de ser gratificante ser así de fuerte e impresionar a los que creen que pueden contigo.
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Invitado el Dom Ene 31, 2016 8:08 pm

- La siguiente vez, tú saldras ganando. Con un poco de suerte no tardarás en vencerme a mi y luego a ellos- medio mentí con una sonrisa esperanzada en los labios. Era muy poco probable que Sam me venciese a mi en cuanto a fuerza y agilidad a no ser que yo me dejase, cosa que haría cuando creyese que ella estaba lo bastante preparada. Si por otro lado, lograba ser tan brutalmente buena como para vencer a un vampiro en un mano a mano, sabría que había hecho un buen trabajo con ella y entonces no tendría porque temer que la volviesen a atacar, en absoluto.

Intentamos la maniobra que le había enseñado el chico a cámara hiperlenta para que ella pudiera enseñarme con claridad lo que había aprendido, pero cuando mi puño llegó al punto exacto, vi como toda su enseñanza y concentración hasta el momento no eran suficientes para tumbarme. Lo cierto, es que llegados a cierto punto, no tenía demasiado claro que estaba intentando hacer con mi brazo, porque lejos de retorcerlo era como que lo acariciaba. Reí ligeramente cuando le echó la culpa al chico porque no le saliese la teoría y sonreí asintiendo con la cabeza mientras ella se ponía de pie y me pedía que le enseñase mi método.

No me había parado a pensarlo desde que habíamos bajado de la cinta, pero tanto el chico como ella al tocarme debieron notar que mi temperatura era escalofriantemente baja...Imagino que el primero no dijo nada por educación y la segunda, tal vez, por la emoción del momento. Cuento con la ventaja de que algunos humanos sudan frio cuando hacen deporte, aunque tengo entendido que no es algo muy sano.

- De acuerdo, pasemos a mi método- dije con una sonrisa- Creo que es importante que sepas retorcer una estremidad, ¿de acuerdo? Porque creo que lo que estabas haciéndome antes no es suficiente- dije juntando las manos con una mirada de "Por favor, no te ofendas por lo que te digo"- Quizás la mejor manera de aprender a hacer eso sea que yo me ponga en posición y tu te acerques y agarres mi brazo de atacar, por decirlo así, el derecho, e intentes retorcerlo de manera que quede a mi espalda, ¿entiendes lo que quiero decir?- pregunté mirándola a los ojos- Algo así- dije acercándome a ella y pendiente de cualquier señal de que no quisiese que la tocase.

Agarré su brazo que estaba en posición de ataque y lo retorcí hacia atrás, no dejando que su piel resvalase por mi mano, hasta que estuvo en una postura incómoda para ella y pude llevarlo a su espalda, quedando mi pecho pegado a su columna con su brazo por el medio. Mi cabeza asomó por encima de su hombro en esa postura para que así yo pudiese hablarle. Hacía tiempo que no estaba tan cerca de un humano, que no fuese un amigo de la infancia o que no me lo fuese a comer. La sangre que corría por sus venas golpeaba contra mi piel como si me llamase y su cuerpo, caliente por el ejercicio, era como una hoguera al lado del mio. Oía a la perfección el latir de su corazón, que me llamaba como el canto de una sirena.

Otra vez el destello rojo en mis ojos que nadie vio.

- ¿Te ves capaz?- dije en un susurro en su oido tras haber realizado el movimiento considerablemente más despacio de lo normal. Susurraba por el esfuerzo que me costaba estar tan cerca de su sudorosa yugular, así que no tardé demasiado en soltarla, serenarme y ponerme frente a ella una vez más. Esta vez era yo la que estaba en posición para que ella lo intentase.
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Sam J. Lehmann el Mar Feb 02, 2016 2:51 pm

Era de agradecer el optimismo de Emily, por lo que Sam la miró con diversión, alzando una ceja en su mirada para darle a entender que ojalá tuviera razón. Ella no era una mujer que sirviera para ese tipo de cosas. Ahora la veías vestida de deporte y quizás había un pase… Pero si la veías con sus pintas normales, era la típica chica que jamás te imaginarías pegando palizas. Vestía con suma delicadeza, sus movimientos eran gráciles y sutiles y por su sonrisa y su voz, daba la impresión de que estabas hablando con una persona bondadosa que no sería capaz de matar a una cucaracha. Que de hecho no era capaz, pero no porque no pudiera, sino porque desde que veía una salía corriendo en dirección contraria.

El punto es que Sam no se tenía en muy alta estima en ese tipo de cosas y lo que menos quería era hacerle daño a nadie mientras ella aprendía. Emily se percató de ello, dejándole claro que su método para “retorcer” el brazo no era precisamente el más útil de todos. Atendió a la explicación de la morena con todo su interés, asintiendo ante su pregunta——Entonces Emily le sujetó el brazo y se dio cuenta de que estaba fría. Antes se había dado cuenta, pero claro… ella era la reina de lo friolero, por lo que no solía cuestionar la temperatura corporal de nadie—Qué fría estás —dijo, más como una divertida curiosidad que otra cosa. Se notaba que estaba acostumbrada a hacer deporte, porque Sam al mínimo esfuerzo ya se encendía por dentro y se convertía en una máquina de calor. Era agradable sentir el contraste, por lo menos en aquel momento.

Sam prestó atención al movimiento, sintiendo como su brazo cedía ante la posición que Emily le había hecho adoptar con aquel retorcer bien ejecutado. Sam terminó con el brazo sujeto por Emily a su espalda, sintiendo su presencia detrás de ella y notando como su movilidad estaba prácticamente inutilizada por la morena. Notó como el rostro de la chica aparecía a un lado de su cara, escuchando ese susurro en su oído que le erizó la piel. Había sido un gesto inesperado que le había hecho sentir un escalofrío y un rubor justo antes de separarse de la morena. Decidió dejar eso atrás para concentrarse—Ahora sí —contestó Sam una vez se posicionó en frente de ella.

La instructora imitó a la dragonolista, lo primero que hizo fue acercarse a ella para luego sujetar su brazo con su mano derecha, a la altura de la muñeca. La retorció lo suficiente como para incomodar la pose ofensiva de la chica y aprovechó la falta de fuerza para llevársela a su propia espalda y pegar su cuerpo al de ella con el fin de evitar que se moviera. Parecía que teóricamente estaba bien ejecutado, aunque probablemente el tema fuerza y decisión eran los que más le llevaría tiempo practicar y perfeccionar, ya que fuerza no tenía mucha y la decisión era lo que menos tenía. Seguramente de tener a aquel hombre delante de ella, actuara con una decisión muy diferente.  

Una vez adoptada esa posición, Sam sonrió al ver que le había salido. Estiró su cuello hacia adelante y miró a Emily—El poder reside en el profesor, definitivamente —comentó antes de soltarla para no incomodarla—¿Alguna corrección? —preguntó, aunque puso una mueca antes de esperar contestación—Yo tengo una autocorrección, creo. O más bien un apunte mental, pero creo que el hecho de no querer hacer daño a la persona que me está enseñando me hace ser demasiado precavida, además de que soy una blanda, claro... —apuntó, humedeciéndose los labios—Si estuviera aquel hombre delante de mí, tengo la teoría de que la furia, el miedo, la adrenalina o lo que sea, me haría hacer las cosas mucho mejor —entrecerró los ojos sin apartar la mirada de los ojos de Emily, sin saber si la estaba entiendo— No sé si me explico… como si me faltara ese estallido interior de sentir que estoy en peligro como para reaccionar ante mi supervivencia —añadió.

Luego se sintió estúpida por sus propios pensamientos, pero aunque pareciera raro, Emily, su jovialidad y su simpatía, le hacían sentirse cómoda a la hora de expresarse. Y era su profesora en ese sentido, por lo que vio correcto decirlo—Es un poco estúpido, lo sé… sobre todo si mi intención es aprender.
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