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Discoloration —Emily Matthews]

Sam J. Lehmann el Miér Oct 21, 2015 12:32 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Después de aquel desagradable encuentro en el Callejón Knockturn en dónde Sam podría haber muerto, se auto-convenció de que necesitaba saber defenderse cuerpo a cuerpo. Jamás se había preocupado en aprender, pues en general nunca se había visto comprometida de esa manera. Y con una varita en su poder, era todavía más difícil que tuvieras que acudir a la defensa física. Pero se había prometido a sí misma aprender, pues aquel hombre de pelo largo, mirada fría y ballesta en mano le había dejado temblando durante dos días.

No sabía exactamente qué era lo que quería, pero finalmente tras hablar con sus amigos se decantó por buscar a alguien que fuera capaz de enseñarle trucos con los que poder defenderse, cosas a tener en cuenta, maneras de contraatacar… Sam resaltaba en muchas cosas, pero estaba claro que aquello no era ni de lejos una de sus especialidades. Un día, en el ascensor mientras hablaba con su jefe Matt Forman, comentó lo interesada que estaba en buscar a un entrenador personal que pudiera enseñarle todo lo que no sabía. Casualmente una chica les acompañaba en el ascensor y tras que Matt se bajara en una planta para una reunión, Sam y ella se quedaron hablando hasta tal punto de que ella misma se ofreció a ayudarla. Sam aceptó casi inmediatamente al ver la amabilidad de la chica, una amabilidad que rara vez se veía en las personas de hoy y en día. Se dieron sus nombres y Sam le aseguró que contactaría con ella con una lechuza para quedar un día en concreto.

Llegado el fin de semana, Sam aprovechó para contactar con Emily y quedar en un gimnasio que estaba cerca de la casa de Sam. Que para ser sinceros, era el único que conocía Sam… Se trataba de un gimnasio de dos plantas, en la superior estaba todo tipo de máquinas mientras que en el inferior había toda una sala de entrenamiento de boxeo, por lo que habían zonas habilitadas con pequeñas colchonetas y sacos con los que poder practicar. Había ido para hablar con el dueño y poder reservar una hora y media una de las partes. El dueño no tuvo ningún problema, aunque dejó bastante claro su desconcierto al respecto de no querer un entrenador de su mismo gimnasio. Aunque Sam mintió diciendo que tenía muchísima confianza con su entrenador actual, que ya era de años. Total, lo que al dueño le interesaba era cobrar por la reserva y Sam se sentía mucho más cómoda pudiendo confiar en una persona mágica al que poder contarle sus verdaderos problemas.

Así que ateniéndose a las condiciones de ambas sobre los horarios, quedaron a las siete y media de la tarde en aquel gimnasio. Sam se puso unos leggins negros, unas tenis y una camisilla nadadora de color lila, aunque encima tenía una sudadera que parecía tres tallas más grandes, ya que las mangas le sobresalían bastante por las manos. Lo raro era que era la talla S. La talla S en América donde el 70% de la población es el triple de Sam.

Llegó a la hora al gimnasio, ya caída la noche, y se acercó al mostrador donde estaba el simpático encargado de todo aquel lugar—Hola —saludó con una sonrisa. Cuando el hombre prestó atención, Sam señaló a una lista de manera intuitiva—He reservado a nombre de Samantha Lehmann —informó. Normalmente ese tipo de reservas siempre lo hacía a nombre de "Jota Lehmann" por el sobrenombre que sus amigos le habían puesto, pero si iba a quedar con una chica que apenas conocía, mejor utilizar su nombre de verdad para evitar confusiones.

Baja cuando quieras, coje el dojo del fondo a la derecha. Allí tendrás todo lo que necesites. Si alguien entra preguntando por ti le digo que baje —contestó el encargado.

Sam sonrió y bajó las escaleras para ir hacia dónde le habían indicado, viendo que allí abajo había poca gente, pero las personas que habían parecían ser bastante buenas en lo que hacían. Sam comenzó a caminar hacia dónde le habían dicho y cuando llegó, al no tener ni idea de lo que hacer, se medio apoyó al saco de boxeo que colgaba mientras admiraba como dos personas se peleaban en un ring al otro lado de la habitación. Se sentía pequeñísima en un lugar como aquel.
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Invitado el Jue Feb 11, 2016 9:19 pm

- Lo siento- dije sonriendo con cierta incomodidad cuando mencionó mi temperatura. Parecía que pensar en ello hacía que la otra persona recibiese las vibraciones de mis dudas y se decidiese a verbalizar su opinión. Que suerte la mia...Pero por suerte Sam no parecía demasiado preocupada por mi temperatura, su sonrisa era calmada y no la que tendría una persona asustada por estar tocando a un no-muerto. O al menos eso quiero pensar. Decidí no darle más importancia al tema para no llamar la atención sobre él y la explicación continuó como si nada.

La explicación que le había dado aquel chico no parecía haber dejado a Sam muy convencida o, por lo menos, segura de lo que tenía que hacer, así que yo repetí toda la llave que le había enseñado él a cámara lenta para que pudiese notar cada una de las cosas que le estaba haciendo. Lo primero que debía hacer era aprender a hacer daño a otro, por lo que estaba viendo, y quizás eso fuese lo más fundamental y difícil de enseñar. Cuando terminé la llave, mi cabeza asomó por su hombro, sintiendo todo su organismo cargado de calor y sangre pegado a mi cuerpo. Era como una deliciosa estufa para mi y tuve que hacer un esfuerzo importante para controlarme y no abusar de ella en ninguno de los sentidos que se me ocurrían cuando algo tan apetitoso se me ponía delante. Su rubor y escalofrío solo me lo puso más difícil, pero tenía muy claro que debía controlarme. En momentos así, cuando estaba cerca de hacer un nuevo amigo, de abrirme a la gente de nuevo, era cuando más odiaba mi naturaleza y ser traicionada por ella.

Las tornas cambiaron y ahora era yo la que iba a ser atacada. Lentamente, tal como había hecho yo, Sam repitió todos los pasos a la perfección, inmovilizándome, pero una vez más ni siquiera había intentado hacerme daño. A sus palabras sonreí, pero no me dio tiempo a corregirla pues ella misma ya tenía muy claro que era lo que había hecho mal. Sonreí con una ceja levanta a toda la explicación que me dio sobre como se sentía y, cuando terminó, solté una pequeña carcajada.- Si te tengo que ser sincera, estaba pensando justo eso. La teoría está muy bien, pero en el momento en el que alguien te ataque no te vas a parar a pensar en los movimientos correctos de una llave porque mil variables pueden surgir.- Aclaré con calma y mirándola con tranquilidad- Para esta llave, por ejemplo, hay al menos dos formas de safarse. Ten en cuenta que te deja la otra mano libre. Por eso, lo que deberías es querer hacerme daño. Bueno, a mi o a quien sea.- dije encogiéndome de hombros.- No tengas miedo de hacerme daño, ¿de acuerdo? Entiendo que es dificil...piensa que no me conoces podría ser una asesina en serie que ha matado a alguien justo antes de llegar aquí- dije con una cara de ilusión que ocultaba la horrible verdad que acababa de decir. ¿Debía seguir consolándome el hecho de que mato para alimentarme? A veces no estaba tan segura- Oh! Si lo prefieres, te diré que soy sadomasoquista!- dije todavía más ilusionada- Sí, eso me gusta, si no te incómoda. Me pone que me hagan daño- dije guiñándole un ojo y mordiéndome el labio inferior de medio lado intentando parecer sexy.

- No, pero en serio, es difícil querer hacerle daño a otro- dije mientras pensaba que si ella supiera que yo podía matarla allí mismo en menos de 5 segundos igual sí que querría hacerme daño...Dejaría esa opción de decirle la verdad por si la encuentro como un caso perdido.- Quizás mejor que las llaves deberías empezar pegándome sin más, para...entrar en confianza, digamos.- dije con una sonrisa de medio lado que decía: "Sí, sé como suena lo que acabo de decir"- Venga, adelante. Sin miedo- la animé. Esperaba no tener que llegar al extremo tener que atacarla para que buscase sobrevivir. Eso estropearía un poco nuestra potencial amistad.
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Sam J. Lehmann el Vie Feb 12, 2016 7:36 pm

¿No tener miedo de hacerle daño? ¡Pero es que hacer daño no estaba bien! Mira que en muchas ocasiones Sam había hecho daño, pero no físicamente, siempre mentalmente y usando su mejor arma. ¿Pero pegarle a una persona a la que acaba de conocer y que le cae estupendamente? No veía ese método un buen método para forjar una amistad. Mientras Sam miraba a Emily sin demasiada convicción en el rostro, la morena soltó la bomba que hizo que Sam soltase una divertida carcajada que resonó en el vacío piso inferior en el que se encontraban, pues ahora mismo estaban solas. Si ya le había hecho gracia el hecho de que dijera lo de sadomasoquista, el hecho de que lo dijera con esa ilusión lo hacía todavía más gracioso. La morena le guiñó un ojo y se mordió el labio inferior, aparentemente de broma, aunque a Sam le saltó un pequeño aviso de atracción en su mente al fijar su mirada en cómo mordía su labio.

Sonrió y expulsó de su cabeza ese aviso, intentando ponerse seria con el tema para el que se habían reunido esa tarde noche—No sé si me lo hace más fácil o más difícil, imagínate que te pego una paliza… —confesó a la vez que negaba con la cabeza con diversión, sin poder concebir la idea de que una persona disfrutase con los golpes.

Entonces Emily dejó de lado la idea de hacer llaves para “entrar en confianza” con golpes directos. Sam la miró con una mirada de diversión que no le cabía en la cara. ¡Esta mujer era de lo que no había!—Menudo método más raro tienes para crear confianza entre dos personas, Emily—comentó Sam, llamándola por su nombre por primera vez—Vamos a ello, intenta no reírte de mí y mi increíble técnica secreta del golpe retrasado.  

Entonces dio un par de saltitos y alzó los puños como si tuviera idea de alguna posición técnica de boxeadora profesional, aunque realmente sólo estaba imitando a los que veía por la televisión. Se cubrió la cara con los puños como los profesionales que veía en las películas y caminó en círculos alrededor de Emily. Rápidamente recordó las cosas que debía de tener claras cuando pegabas: nada de pegar con el puño cerrado (las películas eran de mucha utilidad en ocasiones), pero la verdad es que le resultaba de lo más raro pegar con la mano abierta, así que sin hacer caso a las sabias recomendaciones del cine británico, americano, o el que fuera, decidió pegar con el puño cerrado.

Como falló, evidentemente, volvió a intentarlo. Emily era una chica que estaba claro que poseía un nivel muy superior en todo. Parecía increíble corriendo, parecía increíble peleando, lo seguía pareciendo incluso esquivándose o desviando el puño de Sam y… por alguna razón a Sam le parecía increíble en todo lo que pudiera hacer. Ahora mismo era como esas personas que ves, solo conoces lo mejor de ellas y te imaginas su vida rodeada de epicidad por todas partes.

Así que en cierta manera, Sam se motivó al pensar que Emily era lo suficientemente buena como para evitar que le hiciera daño serio, por lo que se puso las pilas y pegó mucho más fuerte. Su rostro se volvió serio y de verdad que intentó en concentrarse en buscar un punto débil, algo que Emily no viera de ella. Quería sorprenderla por algún recoveco que no fuera capaz de ver y sentir que había burlado a la bestia, pero le parecía prácticamente imposible. Y si ya era mala con el puño derecho —que se suponía que era su brazo bueno—, no queráis ni imaginaros los pésima que era con el izquierdo.

En cierta ocasión, cansada de que ningún puño fuera más allá del aire o la mano de Emily lo desviara, a Sam se le cruzaron los cables. Dejó de mantener esa pose de boxeadora, se agachó y corrió hacia Emily, placándola como una jugadora de Rugby —porque Sam tenía que comparar todos sus movimientos con algo que había visto con anterioridad—.

Nadie se esperaba que Sam hiciera eso. Ni siquiera Sam. Por lo que resultó.

Para cuando se quiso dar cuenta, ella estaba sobre Emily en la tarima, pues había caído de culo. Sam sujetó sus manos contra el suelo esponjoso y sonrió victoriosa—Admítelo, no te esperabas el Ataque del Jabalí enfurecido —rio divertida, soltándola después para quedarse sentada encima de ella tranquilamente, como si fuera lo más normal del mundo—Y ahora podría pegarte sin que pudieras defenderte. No quería enseñarte mi técnica secreta, pero no me has dejado más remedio —Todo eso lo dijo con un tono de voz de lo más jovial y divertido, intentando no descojonarse—Lo mío no es pegar, lo mío es placar, definitivamente —dijo finalmente, haciendo ademán de levantarse para ayudarla a ella a ponerse en pie.
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Invitado el Lun Feb 22, 2016 6:19 pm

- Bueno, piensa que si fuese sadomasoquista, que me dieses una paliza sería lo mejor que podrías hacer por mi, ¿no? La verdad es que no lo sé, nunca lo he sido, pero si necesitas que lo finja lo haré- dije con tranquilidad pero riéndome con ella al ver que le había hecho tanta gracia mi comentario.

Me gustaba verla y oirla reír. Era extraño que alguien se riese así cuando estaba yo. Las risas que más escuchaba eran risas sádicas, cargadas de cosas oscuras y sangre por todas partes. La risa de Sam era como la luz del sol, agradablemente cegadora, pero al menos no parecía ser mortal para mi...de momento.

Intenté por todos los medios convencerla de que me pegase sin miedo, no podía decirle que no iba a hacer daño ni aunque lo intentase con todas sus fuerzas porque soy un vampiro, pero quería que lo intentara. Sería bueno para ella a muchos niveles ya que perdería miedo y ganaría confianza. Lo del puñetazo de la confianza entre dos personas me salió solo pero en mi cabeza tenía un perfecto sentido ya que, si le pegas un puñetazo a alguien y aun así seguís llevándoos bien es un paso de gigante en la confianza entre ambos, ¿no? Aun así su comentario me hizo encogerme de hombros y reir con ella una vez más. Tenía una risa realmente contagiosa de esas que esconden felicidad inocente.- Venga, adelante- la animé de nuevo.

Al momento, Sam se puso a dar vueltas a mi alrededor dando pequeños saltitos como si fuese una boxeadora con los puños en alto. Yo la miraba sonriente, con los puños en alto también, para defenderme y no ponérselo terriblemente fácil pues llegados a este punto, lo que más necesitaba tal vez era cabrearse conmigo al menos un poco. El primer puñetazo llegó de su brazo derecho. Llegó con más intensidad y velocidad que todo lo que había visto con anterioridad de ella en ese sentido, lo cual era bueno, pero aun no contenía la rabia suficiente para hacerlo efectivo. Levanté más mi brazo izquierdo y paré su golpe que fue a dar a mi antebrazo. Los puñetazos sucesivos fueron incrementando la velocidad, la intensidad y la fuerza cada vez más. Yo no podía evitar sonreír pues parecía que finalmente se estaba soltando de verdad y que algo en ella buscaba hacerme daño aunque solo fuese para demostrarse a sí misma que podía. Paré todos y cada uno de los puñetazos con mis brazos. Tenía que reconocerle que si yo fuese humana, más de uno de sus golpes me habrían dolido, pero aun quería sacar más ganas de ella. Picarla.

Sin embargo, nadie se habría esperado la solución de que no consiguiese darme un puñetazo. En segundos, cambió el peso de su cuerpo de pierna y en vez de lanzarme un puñetazo corrió abalanzándose sobre mi. Cambié la postura para defenderme en el último momento, pero su placaje me cogio por la cintura con toda la fuerza del cuerpo de la rubia. Conservando yo una sonrisa en mis labios mientras se me escapaba una carcajada, mi cuerpo voló, placado por el suyo hasta que caí de culo sobre la blanda tarima a prueba de golpes. Mi espalda llegó a tocar el suelo mientras la tenía encima, con mis manos agarrando su espalda y carcajeándome a mandíbula batiente.

- Me ha encantado- dije sonriente como respuesta a su comentario.- Cierto ahora podrías pegarme y lo único que podría hacer yo sería esto- dije para a continuación cubrirme la cabeza con los brazos tapándome la cara con los antebrazos y haciéndome un poco un ovillo.- Pero los francos del cuerpo los tendría desprotegidos y podrías atacar también por ahí.- Expliqué sin perder la sonrisa. Había sido terriblemente divertido para mi, y era curiosamente agradable tenerla sentada encima. Sentía el flujo de su sangre recorrer las venas de sus piernas contra mi piel y olía su sudor a la vez que oía su respiración y su corazón. Sam era todo vida y eso me encantaba y me torturaba a partes iguales cada vez que su pien tocaba la mia.

Ella se levantó y me tendió la mano para ayudarme. En ese momento, yo cogí su mano pero en vez de levantarme tiré de ella hacia mi y cuando cayó giré sobre nuestros cuerpos para ser yo ahora la que quedase sentada sobre ella. Me incliné hacia delante, agarrando sus muñecas con mis manos mientras su yugular me llamaba a gritos. Durante una décima de segundo, miré su cuello con un deseo profundo que me hizo abrir ligeramente la boca. Recompuse mi sonrisa en seguida.- Nunca debes bajar la guardia.- dije con tono divertido para a continuación soltarla de mi agarre y levantarme yo para esta vez ser yo la que la ayudase a ella.

- Quizás en vez de aprender boxeo o algo así deberíamos practicar jugando al rugby. O al fútbol americano- comenté con una sonrisa- Por cierto, ¿sabes dar patadas? Creo que hoy solo te he visto usar las manos para defenderte- dije mirándola inconscientemente a las piernas.
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Sam J. Lehmann el Miér Feb 24, 2016 11:58 am

Contra todo pronóstico, Sam sorprendió a Emily con ese placaje. Sus conocimientos adquiridos a través de las películas habían sido totalmente satisfactorios, aunque ambas hubieran terminado en el suelo riéndose a carcajada limpia por ese tan inesperado ataque animal por parte de Sam. Más que un ataque en pos de buscar la victoria, parecía un ataque que liberó una incontrolable risa. Curioso, porque hace apenas unos segundos Sam estaba en la más absoluta seriedad intentando buscar algún punto flaco de la defensa de Emily. Cómo cambiaban las cosas en tan poco tiempo.

La rubia atendió a las divertidas explicaciones de la dragonolista, viendo como se tapaba el rostro debajo de ella en un gesto defensivo—¿Y en esta posición que puntos me recomiendas atacar? —le preguntó con curiosidad, ya que su primera impulso sería levantarse e irse corriendo de allí. No obstante, quizás en algún momento de su vida consiguiera placar a alguna persona en defensa propia, por lo que agradecería haberle preguntado a Emily en este preciso momento.

Para no incomodar a la morena, Sam decidió levantarse de encima de ella. Cuando estuvo en pie pero aún no había conseguido ese equilibrio estable, su compañera le sujetó de la mano y tiró de ella, cambiando las tornas en cuestión de segundos. La espalda de Sam chocó contra el mullido suelo de plástico y abrió los ojos de golpe, sorprendida por lo rápido que había caído. Vio entonces a Emily acercarse a ella y sujetar sus manos para tenerla totalmente inmovilizada. Su nariz entonces captó un olor cuando la chica se acercó a ella. ¿Era Emily la que olía tan bien? ¿Cómo era posible que oliera bien haciendo deporte?—Creo —dijo de repente cuando escuchó hablar a su compañera, cogiéndole de la mano y poniéndose en pie. ¿Esta mujer nunca entraba en calor?—Creo que es algo que sé, pero nunca tengo en cuenta. ¿Sabes esa sensación de entrar en un examen consciente del temario pero luego una vez dentro te quedas en blanco? En medio del furor de la batalla, lo que menos se me viene a la cabeza es pensar en no bajar la guardia cuando tengo a mi enemigo delante de mis ojos —le explicó. Como buena Ravenclaw tenía la necesidad de contar sus inquietudes para asegurarse de que no era la única a la que le pasaba eso.

Sam asintió casi de manera inmediata mientras desviaba la mirada—Seguro que se me daría mejor, aunque nunca he sabido qué diferencia hay entre el Rugby y el fútbol americano —confesó—¿En una llevan protecciones y en otro, no? —preguntó dubitativa—Por cliché y lo bruto que son los americanos, apostaría que es en ese en el que no llevan protecciones —intentó adivinar con diversión.

Su siguiente pregunta hizo que Sam la mirase con ojos divertidos y se mordiese de manera insegura el labio inferior antes de sonreír—Buuuf… —bufó mientras se retiraba unos pasos hacia atrás a buscar la botella de agua—La verdad es que patadas yo… —intentó excusarse mientras la abría y se volvía a acercar a Emily—¿Sabes los playmobiles? ¿Estos juguetes de movilidad cero que utilizan los niños pequeños, mayormente muggles? Pues más o menos mi elasticidad es directamente proporcional al codo de esos muñecos —añadió finalmente mientras bebía agua y la mantenía en su boca con los mofletes inflados debido a la situación. Tragó tras unos segundos y luego miró a Emily—Puedo intentarlo, pero si no es estrictamente necesario prefiero no probar mi elasticidad con ya veinticinco años, que la edad ya… —le guiñó un ojo en broma y se agachó para hacer rodar la botella hacia fuera de la tarima y volver a ponerse delante de Emily.
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Invitado el Miér Mar 09, 2016 8:18 pm

Las sorpresas son algo de lo que nadie debería prescindir jamás. Alegran el alma con toda la adrenalina que producen y aunque yo ya no tenga alma, y probablemente tampoco adrenalina, sigo disfrutando de dejarme sorprender de vez en cuando. Me hace sentir humana, como toda esa cantidad de pequeños placeres que nadie me puede arrebatar. Cuando era niña mi madre me dijo que eran esas cosas las que realmente componían la vida...una pena haber tenido que morir para entenderlo del todo.

Su placaje había sido maravilloso, y me tumbó en un abrir y cerrar de ojos, pero si lo que de verdad quería era aprender a defenderse en una situación real, no podía dejarlo ahí. Se lo hice ver, adoptando la postura defensiva que alguien en mi situación habría adoptado, pero tenía la sensación de que le hacían falta más detalles. Ella me preguntó que podía hacer entonces y yo me descubrí para indicarle con mis manos la partes que debería atacar en ese momento.- Bueno, creo que lo mejor que puedes hacer es aprovechar el factor sorpresa y atacar a la cabeza mientas aun la otra persona está asimilando que ocurre ¿entiendes? Si estando en esta postura, me atacas la cara, retrasas el momento de que yo me de cuenta de que pasa realmente y ganas tiempo para, o bien salir corriendo cuanto antes, o bien dejarme hecha un ovillo de dolor.- Aclaré con tranquilidad- Intenta apuntar a los oídos y a la nariz...y tal vez a los ojos. Son los puntos que más confunden. Si golpeas a alguien en el oído puedes llegar a confundirlo y marearlo, y en esta situación te puede ser muy útil.- Aclaré mientras me señalaba el oído.- Si por el contrario, la otra persona tiene más reflejos que tú y se cubre al momento, ataca a la costillas y lo flancos- dije mientras señalaba en mi cuerpo con una mano y en el suyo con la otra el punto exacto donde sería más efectivo: Justo debajo de la costillas, en la parte blanda.

Después de la explicación, Sam se levantó para ayudarme a levantarme y yo aproveché para darle otra lección. Tiré de ella hasta dominar yo la situación y así dejar ver que si te atacan, lo peor que puedes hacer es bajar la guardia.- Vaya! Quizás lo que debería estar ejercitando de ti no es tu cuerpo, si no tu instinto de supervivencia- dije en broma levantando una ceja y sonriendo.- Es una batalla ¿vale? Es tú o la otra persona y todo en lo que tú flaquees puede ser su ventaja. Es importante que tú tomes ventaja antes que el otro.- expliqué con calma y sin perder la sonrisa en ningún momento. El segundo que le había mirado el cuello había estado cerca de perder el control, pero, por suerte, no había sido así. Tendría que acostumbrarme a su contacto si quería ayudarla y además ser su amiga.

Nos pusimos en pie finalmente y sugerí que quizá deberíamos prácticar rugby o futbol americano en lugar de boxeo. Su respuesta me resultó extremadamente americana y femenina y en ese momento me di cuenta de que sabía muy pocas cosas de ella.- Hay muchas diferencias entre los dos deportes realmente. El fútbol americano es un deporte lento, que, a mi particularmente, me resulta aburrido, porque pasan más tiempo planeando la jugada que jugándola. Los jugadores van cargados de protecciones hasta los dientes, literalmente y hay muchos mal rollos entre ellos siempre. En cambio, el rugby es un deporte de caballeros. El deporte inglés por excelencia, según tengo entendido. Requiere una fuerza física muy superior y estar mejor en forma porque en el rugby necesitas fuerza, resistencia y velocidad. Los jugadores van con las protecciones mínimas, a pelo casi, y el equipo ha de estar perfectamente compenetrado para poder hacer un buen juego- expliqué un poco por encima la diferencia entre los dos juegos. Había más, como la forma y peso de las pelotas, las normas en general...pero eso ya era más técnico.- La verdad es que yo prefiero el rugby por ser más rápido y por un detalle que el fútbol no tiene. En rugby, tienen algo llamado el tercer tiempo que consiste en que todos los jugadores del partido se van a comer y beber juntos para celebrar el partido sin importar quien haya ganado. Se disculpan por las lesiones y las cagadas y se van de fiesta juntos y eso...me parece magnífico- dije con simplicidad teniendo la sensación de que llevaba años hablando solo yo.- Por cierto, ¿de dónde eres?- pregunté con curiosidad mientra la veia coger la botella de agua. Me sorprendía que si era inglesa no supiese lo que era el rugby, claro que...no tenía por qué estar interesada en el tema, realmente. Yo no lo había estado hasta que tuve el suficiente tiempo libre como para leer todo lo que cae en mis manos y además...acceso a internet.

Por seguir con el tema que nos traía a aquel gimnasio, le pregunté que tal se le daban las patadas y su respuesta acerca de los playmóbiles me hizo echarme a reir de nuevo.- Yo jugaba con ellos! Era muy divertido- confesé con una sonrisa.- Los heredé todos de mi hermano, que le encantaban, pero luego creció y fueron mios, claro- aclaré dando a entender que entendía perfectamente a lo que se refería- Bueno, quizás debamos dejar lo de las patadas para otro día más avanzado. Hoy solo quería ver a lo que me enfrentaba. ¿Querrías probar algo más o ya estás cansada?- pregunté con una mirada curiosa.
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Sam J. Lehmann el Sáb Mar 12, 2016 2:35 am

Con Sam encima de Emily, la dragonolista le explicó qué clase de ataques podía llegar a hacer aprovechándose de su ventaja posicional. Fue cuánto más curioso hablar en aquella posición, pero contra todo pronóstico Sam prestó toda la atención posible para quedarse con sus recomendaciones. Atacar oídos, nariz y ojos. Era cierto que en el oído está el sentido del equilibrio, por lo que como bien había dicho Emily, era una de las mejores opciones—Vale —contestó a sus indicaciones, levantándose para ayudarla a ella a ponerse en pie.

Evidentemente lo que menos se esperaba es que Emily le diera una lección sobre no bajar la guardia, por lo que cogiéndola totalmente desprevenida la tiró a ella al suelo. Fue en ese momento cuando Sam se sinceró, ya que era demasiado confiada como para no bajar la guardia cuando se sentía a salvo; un error que debía de empezar a eliminar—Definitivamente… —murmuró entre divertida y obvia cuando Emily le dijo que debía mejorar su instinto de supervivencia—Creo que las dos cosas me flaquean, no sé como narices salí con vida de aquel encuentro —Y lo peor de todo es que cada vez que se acuerda se le ponen los pelos de punta. ¿Si aquel jugador no llega a pasar por la zona, qué habría sido de ella?

Se pusieron en pie y tras la clara muestra de ignorancia de Sam en cuanto al fútbol americano y el rugby, dos deportes que nunca habían llamado su atención, la morena le explicó la diferencia entre ambas. ¿Lo peor? No acertó ni la más mínima predicción. Atendió a su explicación y asintió con la cabeza—No di ni una —admitió casi con vergüenza—No soy mucho de deporte, por si no se me nota —añadió para excusarse—El rugby parece mucho más divertido. Si algún día quieres jugar, ya sabes que se me dan bien los placajes... sería un buen fichaje para tu equipo —contestó divertida, ya que ella se apuntaba de todo.

Le cogió por sorpresa que le preguntara de dónde era, ya que ella no había relacionado su ignorancia con el hecho de que probablemente no fuera británica. Se encogió suavemente de hombros—Soy de Austria, de Viena más concretamente —le contestó con una divertida curiosidad, mirándola con la cabeza ligeramente inclinada—¿Por qué preguntas? ¿No parezco de aquí? En Hogwarts perdí todo mi acento rodeada de tantos británicos, pensaba que ya pasaba desapercibida —apostilló divertida—Tú eres de aquí me imagino, ¿no? —intentó adivinar sin tenerlo muy claro.

Sam había utilizado la técnica de la comparación para no quedar tan mal con el tema de las patadas, pero de verdad que aunque pudiera parecerlo por lo alta y delgada que era, flexible lo era poco. Sonrió risueñamente cuando Emily admitió tener playmobiles de pequeña—Yo tenía que pedirlos para navidad, no tengo hermanos que me dejen sus juguetes de herencia —confesó, acordándose nostálgicamente de que su favorito y con el que más jugaba era con La Granja. La dragonolista preguntó que si ya estaba cansada y la verdad es que no lo estaba y le hubiera encantado seguir aprendiendo cosas básicas y hablando con ella, pero sin haberlo notado se había hecho tarde —ya que observó de reojo el reloj de pared que había al lado de las escaleras—. ¿Cómo era posible que el tiempo hubiera pasado tan rápido? Además, tampoco quería retenerla mucho tiempo allí para ser la primera vez—Querías ver con lo que te enfrentabas… ¿es algo muy malo o tengo futuro? —preguntó con los ojos entrecerrados, fingiendo no saber si quería saber la respuesta—Por mí lo dejamos ya si quieres. Podemos quedar en otro momento y ya vienes consciente de mis capacidades.

Sam retrocedió en busca de su botella de agua —la cual había salido rodando hacia algún lugar desconocido— y tras encontrarla debajo de un banco, volvió hacia dónde estaba Emily y las cosas. Y, como "cosas" entendemos su suéter, en cuyo interior estaban las llaves de su casa. Era viernes y por lo menos Sam solía querer desconectar, por lo que pensó en ofrecerle hacer algo después de asearse y esas cosas. Pero lo descartó rápidamente de su mente por alguna razón que ni ella misma comprendía. Recogió su suéter del suelo y comprobó que tenía las llaves en el interior.
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Invitado el Lun Mar 21, 2016 7:48 am

Tras un par de lecciones más de estas en las que explicas más curiosidades que otra cosa, yo terminé sobre Sam echándole en cara su falta de autoconservación. Su respuesta me hizo gracía, tengo que admitirlo, pero no era algo demasiado bueno si te encuentras en una situación de demasiado peligro. Tras demostrárselo y explicárselo de la mejor manera que pude, la ayudé a levantarse, esta vez sin trampas.- Quizás fue suerte, pero espero poder ayudarte lo bastante para que no tengas que depender de ella nunca más.- dije con una sonrisa.

Mi sugerencia de practicar rugby o fútbol americano en lugar de boxeo o algo similar llevó a toda una explicación por mi parte sobre las diferencias entre los dos deportes. Era algo terrible, pero desde que tenía tanto tiempo para leer e investigar sobre cualquier cosa también me gustaba explayarme demasiado a la hora de explicarlo. Ella no parecía tener mucha idea al respecto, pero sonreí cuando hizo incapié en eso mismo.- Bueno, no tengo equipo, pero si lo tengo algún día, tú y tus placajes sereís mi primer fichaje- dije con un guiño simpático justo antes de preguntarle de donde era. Era extraño encontrar a una persona inglesa que no supiera lo que era el rugby, casi tanto como encontrar a un irlandés o irlandesa que no los supiera, así que su desconocimiento despertó mi curiosidad. Al escuchar que era austríaca, mis cejas se levantaron con total y sincera sorpresa.- Pasas totalmente desapercibida, traquila- dije con una sonrisa- Preguntaba porque creía que, de hecho, eras inglesa y me sorprendía que no supieras la diferencia entre el fútbol americano y el rugby. Muy poca gente aquí no los distigue- dije encogiendo los hombros al final y con una sonrisa. La pregunta que yo le había hecho volvió a mi de una manera indirecta y mi sonrisa se mantuvo mientras respondía- La verdad es que yo nací en Nueva York, pasé gran parte de mi infancia allí y otra gran parte en España y estudié aquí- expliqué con tranquilidad- Soy un poco de todas partes,casi- dije con una pequeña risa final.

El tema de los playmóbil nos había llevado por un momento a la infancia y todo porque ella decía no saber demasiado bien como dar patadas, pero todo ese tema pasó tan rápido como había venido. Le pregunté si quería hacer algo más o dejarlo para el día siguiente ya que el primer día era solo para ver como podía defenderse ella y de donde tendría que partir yo. Sonreí a su pregunta antes de contestar- A lo mejor te pongo a dar cera, pulir cera, pero creo que tienes futuro- dije con una pequeña risa por la broma.- El lunes podemos entrar en matería de una manera más concreta, pero lo de correr es algo que se dará todos los días. Prefieres hacerlo por la calle y luego venir aquí? Eso podría ser interesante- comenté mientras veía como ella recogía sus cosas. Yo hice lo propio con las mías y salimos del gimnasio que ya estaba a punto de cerrar, acordando la hora, el día y el lugar de nuestro siguiente entrenamiento.
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