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I wish you would [Zack Dankworth]

Abigail T. McDowell el Jue Oct 22, 2015 4:10 am

Recuerdo del primer mensaje :

Viernes, 03:37 am
Mansión Dankworth
Abi McDowell & Zack Dankworth

Las órdenes habían sido clara por parte del Señor Tenebroso y como fiel y obediente seguidora —pues probablemente es el único hombre ante el cual me doblego— tenía pensado cumplirlas esa misma noche. No parecía un cometido difícil, sino más bien tedioso. Nunca me había gustado especializarme solamente en una persona a la que sonsacar información, sobre todo si se trata de alguien tan terco como lo suelen ser los fiscales de Wizengamot. Había que recurrir a métodos mucho más… caseros y eso, por regla general, suele venir acompañado de mi Talón de Aquiles. Por lo menos había sido un fiscal y no un asqueroso Auror, como a mucho de mis compañeros le habían tocado.

La misión consistía en buscar al fiscal Fitzgerald, un fiscal bastante prestigioso que ha organizado junto a varios aurores unos secuestros ilegales de familiares de sospechosos a ser mortifagos. Una manera de usarlos de cebo y sacar información a partir de ellos. Era un acto totalmente privado e ilícito, por lo que no había constancia de ello públicamente. Los mortifagos lo sabían porque los principales afectados éramos nosotros. La idea era simplemente sacar información, apostando por el fiscal en vez de por los aurores. Ya que como es un hombre con un acomodado lugar en Wizengamot, seguramente esté durmiendo en su casa y no haciendo guardia. Puto nazi manipulador. Suponía que yo estaba exenta de cualquier tipo relación con los secuestros, sobre todo porque mi madre era aurora y no habían motivos para que sospecharan de mí. O eso quería pensar.

Pero no tenía pensado hacer todo aquello sola. Aprovecharía la experiencia para llevarme a una persona conmigo. Me aparecí en la puerta de la Mansión Dankworth y no, no se trataba del ahora padre por segunda vez, Caleb Dankworth. Hace tiempo que intento evitar saber nada de él y la verdad es que estaba mucho mejor así, manteniendo las distancias. Sin comerme la cabeza; él por su lado y yo por el mío. Le echaba de menos, pero en algún momento dejaría de hacerlo. Hoy venía a por Zack. Hacía tiempo que no sabía de él y le había prometido tanto a él como a mí misma en que le convertiría en alguien a quién Lord Voldemort quisiera entre sus filas. No un mero mortifago más, sino alguien que pudiera dirigirse al mismísimo Señor Tenebroso con orgullo por lo que ha hecho y lo que es. Y sabía que lo conseguiría pues Zack tenía un potencial increíble.

Eran las tres y media de la mañana. Era tan tarde porque me había pegado gran parte de mi tiempo buscando la casa del susodicho fiscal. Bajo el frío cielo de aquella noche, vestida prácticamente en mi totalidad de cuero, toqué al gran portón de la Mansión Dankworth. Seguramente Zack estaría durmiendo, pero eso no sería un problema. Me abriría el mayordomo, iría a buscar personalmente a Zack y nos iríamos de allí a cumplir con nuestro urgente cometido. Caleb no se enteraría y no molestaríamos ni a la nueva bebé llorona y cagona ni a los tortolitos de Caleb y Alyss.

Insistí y volví a tocar en el portón de la mansión. ¿Dónde narices estaba ese mayordomo tan increíblemente eficaz? Fue quejarme mentalmente y aparecer Ferdinand en la puerta.

¿Señorita McDowell? —preguntó extrañado.

Entré deliberadamente a la mansión para que el mayordomo cerrase la puerta detrás de mí.

Llamaré al Señor Dankworth —dijo por inercia, posiblemente al ver mi cara seria e inquieta.

No moleste al Señor Dankworth, estará ocupado —le dije claramente cuando fue a irse a llamar a Caleb, pues en otras ocasiones hubiera sido lo más normal—Despierte a Zack, por favor. Es urgente.

Muy bien, espere —me dijo, para luego irse escaleras arriba a buscar a Zack.

Simplemente esperé en el Hall, moviéndome impacientemente de un lugar a otro mientras me llevaba las manos a la boca y respiraba entre ellas para calentarlas a través de los guantes.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Abigail T. McDowell el Mar Feb 16, 2016 4:03 am

Zack parecía estar de acuerdo con todo, por lo que Kurt y yo nos miramos para asentir rápidamente con la cabeza y ponernos manos a la obra. Tenía que ser rápido y efectivo o nos íbamos a ver envueltos en una auténtica locura… Y no tenía miedo por mí, ni tampoco por los rehenes. Tenía miedo por Zack. Que como le pasara algo, aquello era un tema serio y Caleb jamás me lo perdonaría. No obstante, siendo aquella persona que está enseñándole, debía de ser la primera en dejar de verlo como un niño y empezar a verlo como un hombre, ya que al fin y al cabo, eso es lo que es.

Los tres a la vez atacamos nuestros respectivos objetivos. Yo entré directamente por la ventana del segundo piso. Me convertí en humo negro y volé hacia allí, rompiendo los cristales a mi paso y entrando al interior a la vez que me agachaba y me deslizaba por el pasillo.

Fue darme la vuelta y ver cómo desde la puerta del fondo un hechizo venía directo hacia mí; a mi rostro. Con un leve movimiento hacia atrás el hechizo siguió de largo por delante de mi cara hasta impactar contra el edificio de enfrente, ya que la ventana la había roto. Con mi varita en alto me enfrenté al hombre en cuestión que estaba en la otra punta del pasillo, no obstante, no era mi único enemigo. Por detrás no tardó en venirme otra persona que me atrapó con sus manos por el cuello, intentando inmovilizarme físicamente. El enemigo que utilizaba magia me tiró otro hechizo, pero en lo que llegaba pisoteé al hombre que me había sujetado, le di un codazo en la nariz y aproveché la fuerza con la que me estaba sujetando todavía para utilizarlo de punto de apoyo y saltar hacia atrás, pasando por encima de él. El hechizo de su compañero le dio directamente a él y éste cayó al suelo, posiblemente inconsciente pero no muerto. No quería ser yo quién cuestionara los métodos de estos aurores, pero no me extrañaba lo más mínimo que utilizaran imperdonables si son capaces de hacer lo que han hecho con los rehenes.

Entonces el hombre que me lanzaba hechizos me sujetó el torso con una cuerda mágica que me arrastró hacia él de manera rápida e inevitable. Nada más llegar a dónde estuvo él, me sujetó fuertemente.

Eres mía —dijo convencido.

Eso habrá que verlo —contesté, con una voz prácticamente irreconocible por lo mucho que la distorsiona la máscara.

Me quitó la varita al tenerme bien sujeta, pero yo no tardé en responderle de la misma manera, quitándomelo de encima con una llave para poder atacarle físicamente. Con una patada hice que soltara mi varita, mientras que con otra hice que soltara la suya. Ahora solo éramos él y yo; su habilidad contra la mía. Era bastante bueno en pelea cuerpo a cuerpo, pero no tanto como yo. Tras unos largos segundos de golpes que no encontraban un destino, fue él quién dio el primer golpe, un fuerte golpe en el rostro que a pesar de llevar máscara, sentí como mi propio diente se clavaba en mi labio. No obstante, fui yo quien clavó el tacón de mi bota en el pecho del enemigo, haciendo que cayera hacia atrás sin poder defenderse. Como no tenía ni puta idea de en dónde había caído mi varita, me tiré sobre el enemigo y empecé a pegarle puñetazos en el rostro, uno tras otro. Cuando lo había noqueado lo suficiente, busqué con la mirada algo que me sirviera para rematar y encontré encima de una cómoda una máquina de escribir antigua.

Me levanté rápidamente y la dejé caer sobre la cabeza del auror. Fue un leve y corto grito lo que se oyó antes de que en aquella habitación volviera a reinar el silencio. No miré al cuerpo en cuestión, pues probablemente fuera desagradable ver el resultado de que algo muy pesado caiga en la cabeza de una persona. Me di la vuelta y busqué mi varita. Di con ella antes de lo esperado y me fijé en mis nudillos, los cuales estaban llenos de sangre y algo magullados. No estaba para nada acostumbrada a utilizar los puños de esa manera.

Entonces vi a Zack aparecer, lleno de sangre. Y con... ¿un hueso ensangrentado? Joder. Qué. Puto. Asco. Tuve una arcada casi al momento de ver aquello y me sentí tremendamente asqueada, por lo que aparté la mirada de ello. Por suerte su semblante tranquilo y el hecho de que sujetaba un hueso me había dado tranquilidad. Ni la sangre parecía de él, ni el hueso pues tampoco.

Me cago en la puta, Zack, aparta eso de mi vista —le dije con mala hostia, pasando a su lado para seguir de largo hacia las escaleras y no tener que ver ni la sangre, ni el cadáver que había dejado ni tampoco ese hueso ensangrentado—Búscate un puto cuchillo joder —No era suficiente con el Dankworth grande con mil y un cuchillos que ahora venía el pequeño con otra perturbadora afición: arrancar huesos.

Llegué a las escaleras y las bajé, asumiendo que Zack me estaba persiguiendo. Nada más llegar al último escalón —y por tanto al primer piso en dónde se encontraba Kurt—, un hechizo impactó delante de mis narices. Rápidamente me puse a salvo y le hice una señal a Zack para que no bajase todavía y se quedase en dónde estaba.

¡Sé que estás ahí! ¡O apareces o me cargo a este hombre! —amenazó el auror, con Kurt indefenso bajo sus garras—¡Contaré hasta cinco o muere! —añadió—¡UNO!

Miré a Zack, que aun se encontraba en la parte alta de las escaleras y le hice una señal con la mano para que diera la vuelta, saliera por la ventana que yo había roto y entrase por la puerta por dónde había entrado Kurt. Estaría abierta y cogería al auror por la espalda. Yo, sin embargo, ya había sido vista y no era un factor sorpresa. Él todavía podía serlo. Yo, mientras tanto, lo distraería con mi presencia y lanzándole hechizos para que ni se fijara en el punto débil que había dejado a su espalda.

¡DOS!

Vamos, Zack, sé rápido y enséñame que estás hecho para esto.
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Zachary S. Dankworth el Miér Feb 17, 2016 7:30 pm

Nunca había entendido del todo el gusto que tenían algunas personas por torturar, por provocarle un dolor insoportable a otra persona, por bañarse en su sangre. Sabía que mi padre era una de esas personas, y nunca había entendido por qué él y la gente que era como él, los sádicos, no se contentaban simplemente con matar a sus víctimas y ya está. ¿Por qué deseaban provocarles el mayor dolor posible, provocarles la peor muerte imaginable? Pero ahora que acababa de matar a una Aurora de una manera tan poco convencional entendía dónde estaba el placer en hacerles sufrir. La sensación de superioridad, el sabor de la victoria, la seguridad de que les habían hecho pagar con creces el mal que te habían hecho…

No había soltado el hueso que había usado como arma improvisada, por si necesitaba usarlo de nuevo. No tenía ningún cuchillo a mano, así que tenía que conformarme con lo que había, pero al parecer a Abi no le hizo ninguna gracia.

-¿Qué pasa, te molesta un poquito de sangre?- pregunté con tono burlón. Ya me había dado cuenta una vez de que a Abi no parecía gustarle mucho la sangre, pero en este momento aunque no podía verle la cara a causa de la máscara me di cuenta de lo incómoda que estaba, porque su cuerpo se agitó durante un segundo como si fuese a vomitar. No solté el hueso, pues necesitaba un arma aparte de la varita, pero sí que lo aparté de la vista de Abi. Miré entonces al interior de la sala en la que había estado peleándose con el otro Auror, y vi al muerto tirado en el suelo con una máquina de escribir encima, y sus sesos y sangre y dientes y de todo esparcidos alrededor de su cabeza. Hice una mueca, y a la vez me reí con ese toque borracho que todavía conservaba de mi noche de juerga antes de venir aquí.- Joder, eso sí que da puto asco...

Abi y yo nos habíamos encargado de tres Aurores, así que, si la información del tal Kurt era correcta, debía de haber dos más en el primer piso y en el sótano, aunque el mortífago ya debía de haberse encargado al menos de uno de ellos y con suerte ya tendríamos el camino libre para ir a por mi tío y salir de allí inmediatamente. Esperaba que así fuese, pues se nos acababa el tiempo. Las alarmas debían de haber saltado ya y teníamos los minutos contados hasta que viniesen más Aurores a por nosotros.

Abi se puso en marcha para ir al piso de abajo y yo la seguí, aunque me detuve un segundo y siseé de dolor al apoyar mi pie en el suelo y sentir una aguda punzada de dolor. No me había dado cuenta antes a causa de la adrenalina, pero parece que al caer rodando por las escaleras con la Aurora me había torcido el tobillo. Era doloroso, pero había sufrido lesiones peores en el pasado y no iba a permitir que algo tan estúpido como eso me detuviese y me impidiese ayudar a rescatar a mi tío, así que no me quejé más después de aquel siseo de dolor que se me había escapado. Acabaría con el tobillo como un melón cuando saliese de allí, pero me daba igual. Me puse a seguir a Abi, pero no llegamos al piso de abajo por culpa del Auror que había conseguido vencer a Kurt.

Entendí perfectamente qué era lo que me estaba pidiendo Abi que hiciese, y no dudé en seguir sus órdenes silenciosas. Me escabullí lo más silenciosamente posible por la ventana y caí de pie en la calle frente a la puerta abierta del primer piso, y al caer la fuerza en mi tobillo hizo que casi viese estrellas y que quisiese cagarme en la puta madre que había parido a todos los Aurores del Ministerio, pero me mordí la lengua y no emití ni un solo sonido de queja. Me acerqué de manera extremadamente sigilosa al Auror por detrás; el muy idiota estaba demasiado ocupado haciendo ruido contando en alto los segundos de vida que le quedaban a Kurt, y en lanzarle hechizos a Abi, así que no me escuchó. No se lo esperaba cuando el hechizo petrificante le dio de lleno en la espalda y cayó inmóvil al suelo.

Me acerqué cojeando un poco a él para matarle, aunque ya estaba totalmente fuera de juego al estar petrificado. Le apuñalé con el hueso roto de la misma manera que había apuñalado a la Aurora, pero no recuperé mi arma improvisaba porque fui a atender a Kurt, quien estaba inconsciente a causa de un hechizo. No llegué a poder despertarle, pues tenía al lado una puerta abierta que conducía a un pasillo perpendicular a ese en el que estaba, y un Expelliarmus me dio de lleno en todo el costado, lanzándome de repente por los aires y estampándome contra la pared. El golpe me dejó sin aire y algo aturdido. Había golpeado una mesa que estaba junto a la pared, y de ella cayó un enorme y feísimo jarrón que se hizo añicos contra el suelo, desperdigando pedazos de cerámica cortante por todas partes.

Un Auror salió de repente del pasillo ese y lanzó un Bombarda en dirección a las escaleras, donde estaba Abi, y entonces me apuntó a mí con su varita. Me lanzó unos hechizos que logré bloquear justo a tiempo, y de repente el Auror hizo una mueca muy desagradable en el rostro.

-Escoria mortífaga- masculló antes de decidir darnos a probar lo que él pensaba que era un trago de nuestra propia medicina. Un rayo verde salió a toda velocidad del extremo de su varita en dirección hacia mí. Casi me quedé congelado de la sorpresa al ver que un Auror estaba usando ese hechizo, pero logré reaccionar a tiempo y rodé a un lado justo a tiempo, clavándome algunos trozos de cerámica en el cuerpo al apoyarme sobre ellos. La maldición asesina estuvo a milímetros de rozarme, y sentí que los latidos de mi corazón incrementaban a mil por hora, como si me fuese a estallar y a salirse del pecho.

El Auror se acercó rápidamente a mí y le lancé un hechizo que bloqueó, pero el siguiente que le lancé le dejó sin varita. Dio igual, porque ya le tenía justo delante y me dio un puñetazo en la cara que fue más o menos amortiguado por la máscara pero que aún así me hizo caer de espaldas sobre el suelo, donde había más trozos de cerámica. El Auror me pateó y entonces se puso de rodillas sobre mí, sujetándome contra el suelo mientras me agarrada del cuello y me estampaba la cabeza contra el suelo. Vi estrellas y fuegos artificiales de todos los colores cuando recibí ese golpe, y luego otro, y sentí que la cabeza me iba a estallar porque la máscara no cubría eso. Los golpes en la cabeza me habían dejado débil y sin querer había soltado la varita. El tercer golpe hizo que se me quedase toda la visión en negro, y sentía una sensación muy húmeda y caliente en la corinilla que se estaba extendiendo por el resto de la cabeza y el cuello.

El Auror fue a estamparme la cabeza contra el suelo una vez más con la intención de partirme el cráneo o desnucarme y matarme, pero aunque los golpes me habían dejado muy débil, dolorido y desorientado tuve fuerza para coger uno de los trozos de cerámica que tenía a mi lado y se lo clavé con fuerza en el cuello mientras gritaba lleno de frustración y rabia. Llovió sangre de la herida, y el Auror me soltó con un alarido de dolor y pude empujarle para que se me quitase de encima. Fui a levantarme, pero tropecé debido a las vueltas que me daba la cabeza y a mi visión empañada y llena de chispas de colores. Mi varita, necesitaba mi varita. Apenas la había rozado con los dedos cuando el Auror, a quien el trozo de cerámica había herido gravemente pero todavía no había conseguido desangrarle hasta la muerte, me agarró del pie y me arrastró por el suelo para volver a acercarme a él.
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Abigail T. McDowell el Miér Feb 17, 2016 11:34 pm

Esperé impacientemente desde aquel escondite a que Zack hiciera lo propio, escuchando de fondo la voz de ese auror cantando la cuenta atrás. Los segundos se me hicieron eternos. Por suerte, cuando el auror calló de repente y un ruido sordo chocó contra el suelo, supuse que ya podía salir. Miré con precaución primero sin mucha confianza y, cuando vi que estaba Zack al lado de Kurt, me decidí. No obstante, en cuestión de segundos, un rayo rojo impactó contra Zack —haciéndole volar hacia un lugar que no alcanzaba a ver—, mientras que hacia mí venía directa un hechizo Bombarda.

No me dio tiempo a esquivarlo. Explotó justo al lado mío y mi cuerpo salió despedido hacia atrás, dándome un fuerte golpe en la espalda y en la cabeza contra la pared que tenía detrás. Me cayeron un montón de mierdas —cuadros, trozos de madera rota, cristal y cerámica— encima y sentí un pinchazón que me recorría directamente de mi espalda, por mi espina dorsal, hasta la cabeza. Tosí por el golpe y fruncí el rostro para salir de allí lo más rápido posible en busca de Zack. Tenía que asegurarme que estaba bien, joder. No debería separarme de él en ningún momento y asegurarme de que estaba a salvo.

Nada más salir y caminar unos pasos, vi como el auror que me había lanzado la Bombarda estaba intentando sujetar por los pies a Zack, el cual parecía estar huyendo de él a gatas por el suelo. Me acerqué al auror y me fijé en que una de sus manos estaba en el cuello, sujetándose un trozo de cerámica que posiblemente Zack le hubiera clavado. Me apresuré en adelantarme hacia él y le cogí por detrás la cabeza, tirando de él hacia atrás para que no pudiera llegar a Zack. Lo incapacité con una mano mientras que con la otra aparté su propia mano de la herida del cuello; con un movimiento de mis manos, le partí el cuello y dejé el inerte cuerpo caer al suelo sin ninguna pizca de respeto. Esa escoria no se merecía ni el más mínimo respeto.

Me acerqué entonces corriendo a Zack, cogiendo su varita y ayudándole a ponerse de pie. Me fijé en que tenía sangre en la cabeza, además de manchas de sangre en su máscara —posiblemente del auror y no de él—, pero aún así me preocupé por la herida de la cabeza, ya que no parecía estar muy equilibrado, como si estuviera mareado. Hice unas fuerzas inhumanas por soportar estar mirando aquello y no potar. Suspiré y miré a Zack a través de las rendijas de mis ojos, con presteza pues no teníamos tiempo qué perder.

¿Cuántos dedos ves, Zack? —le pregunté, mostrando tres delante de sus ojos—¿Ves bien? ¿Estás bien? Joder… —maldecí por lo bajo, por una parte por cómo estaba él y por otra porque no me veía capaz de seguir aguantando con tanto estómago—Si estás mal, vete ahora mismo y espérame en tu casa. ¿Entendido? Terminaré yo sola, pero no quiero que te sobre excedas por encima de tus capacidades —añadí nuevamente, sujetándole por los hombros—¿¡Entendido!? —le puse la varita delante de él para que la cogiera y decidiera qué hacer en menos de cinco segundos.

Me di la vuelta rápidamente y conjuré un Ennervate no verbal hacia Kurt. No sabía qué cojones le habían hecho, pero estaba inconsciente por lo que mis opciones eran reducidas a la hora de ayudarle. Por suerte, funcionó y Kurt se despertó de su letargo.

¡Qué cojones! —gritó de manera inesperada, levantándose de golpe y buscando su varita por todos lados.

Me puse delante de él para tranquilizarlo.

Quédate aquí y cárgate a todos los aurores que vengan como refuerzos. Ni se te ocurra caer otra vez. Zack y yo vamos a por los rehenes —le dije.

Per…

¡No hay tiempo para discutir! ¡Atento a todas las putas entradas! —añadí, autoritaria y cabreada. Joder.

Caminé junto a Zack entonces hacia la puerta que daba al sótano, ya que me había prometido que estaba bien. Yo no me fiaba ni un pelo y hubiera preferido mil veces que se marchara, ya que me sentía responsable de mi vida y de la de él. No era como un compañero más, era una responsabilidad más y eso me distraía. La abrí desde lejos con un hechizo que hizo que la puerta explotara. Luego me metí dentro la primera y conjuré un Lumos, bajando por las escaleras lentamente.

Habían entre siete y diez personas con sacos en la cabeza, con las manos amarradas y tirados en el suelo. Casi todos movían las cabezas confusos por el ruido y la luz, pero ninguno decía nada.

Nada más llegar a la punta de abajo, le quité la capucha al que estaba más cercano de mí. Era una adolescente, morena de ojos verdes. Posiblemente la hija de Kurt. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, me di cuenta de que en las sombras había una persona apuntándonos. Más bien apuntando a Zack, ya que era más alto, más corpulento y, posiblemente, impusiese mucho más que yo a simple vista. Alcé la varita con intención de conjurar un expelliarmus.

¡Expulso! —conjuró de repente el otro, lo suficientemente lento como para que a mí me diera tiempo de ponerme delante de él y recibir el hechizo en su lugar.

Mi cuerpo salió despedido hacia atrás y chocó con lo que parecía unas estanterías de metal que cayeron al suelo a la vez que yo, creando un estruendoso sonido. Mis manos tocaron el frío suelo para ayudarme a recomponerme, notando como uno de los estantes de la estantería se me había clavado en el costado, más cerca de la espalda que del vientre. Dolía a horrores.

Me levanté de allí apoyándome en lo que encontraba y busqué al auror, el cual estaba atacando a Zack esta vez. Ni de puta coña iba a tocar a Zack. Le apunté con la varita y un rayo verde pasó al lado del rostro de Zack para seguir de largo y acabar con el auror. El auror cayó lentamente de rodillas al suelo, muerto.

Busca a tu tío —le dije a Zack, llevándome la mano al costado contrario para notar como se me manchaba de sangre al tocar la herida—Todos, levantad. Tenemos poco tiempo. Intentad desaparecer ahora que casi todos los que estaban aquí están muertos y sus hechizos protectores quizás se han deshabilitado. Si no podéis o no sabéis, salir rápidamente de la casa subiendo las escaleras.

Sonaba débil. No por el dolor. No por las heridas. Yo podía soportar eso y más. ¿Pero la sangre? La sangre era mi más sincera y continua enemiga, mi némesis en cada batalla... y llevaba aguantando demasiado. Si ya le hacíamos una unión al hecho de que me había herido, no tenía paciencia ni concentración como para seguir combatiendo a mi fobia. Quería salir de ahí cuánto antes, antes de que me diera por potar, desmayarme o algo peor. No sería la primera vez; sabía perfectamente cuales eran mis límites.
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Zachary S. Dankworth el Jue Feb 18, 2016 7:25 am

Los brutales golpes que me había llevado por culpa del Auror que me había atacado de sorpresa me habían dejado casi fuera de juego, y no pude defenderme bien cuando me agarró de repente y me arrastró por el suelo, haciendo que me cortase el algunas partes con los trozos de cerámica que había en el suelo. Pensaba que iba a retomar la paliza que me había dado, pero de repente apareció Abi al rescate. Creo que nunca me había sentido tan aliviado de ver a alguien en mi vida; me quitó al Auror de encima y le partió el cuello con un rápido movimiento, acabando con el peligro.

-Gracias…- murmuré entonces, sin muchas fuerzas todavía para hablar más alto, pero al menos se me entendía. Estaba aliviado también de que el Bombarda no le había hecho nada a Abi aunque sí que parecía que se había llevado un buen golpe.- ¿Estás… estás bien…?

Me costó horrores levantarme, en cuando intenté ponerme en pie sentí una dolorosa punzada en la cabeza y me mordí la lengua para no gritar, y sentí un mareo que pareció que la órbita del planeta se había acelerado por mil, pero Abi me sujetó y me ayudó a ponerme en pie. Me llevé la mano a la parte de atrás de mi cabeza, donde sentí que mi pelo estaba completamente empapado de sangre que chorreaba de una brecha. No sabía cómo de grande era la brecha, pero las heridas en la cabeza siempre sangraban muchísimo. Esperaba no haberme fracturado nada, aunque no me sorprendería nada, y seguro que tenía una concusión. En cuanto me toqué la cabeza me cagué en todos mis muertos a causa del intenso dolor y aparté la mano rápidamente. Estaba cubierta de sangre, y me la limpié en la ropa. La voz de Abi sonaba distorsionada y distante.

-S…sie… ¿siete?- balbuceé, haciendo un esfuerzo por hablar para contestar la pregunta que me había hecho al levantar los dedos. Siete dedos era lo que yo veía, aunque lo veía muy borroso.- Eso no puede estar bien. Joder…- me giré y miré al cadáver del Auror que me había hecho eso, y escupí sobre él con desprecio y asco. Abi me dijo que me fuese a casa y negué con la cabeza. El movimiento hizo que me doliese aún más la cabeza y me detuve.- No, no… Yo de aquí no me voy… sin mi tío- y, a pesar del dolor de cabeza, de la cojera, y de los cortes en todo el cuerpo, cogí mi varita con mucha confianza cuando Abi me la tendió.

Abi despertó a Kurt y entonces nos dirigimos al sótano mientras él se quedaba allí vigilando. Tuve que apoyarme un poco en la pared mientras caminaba por culpa de la cojera y del horrible mareo, pero no pensaba desplomarme ni marcharme, y eso que quería vomitar por el mareo, pero respiré profundamente y aguanté. Entramos al sótano y, efectivamente, ahí tenían a los rehenes que habían pretendido usar en contra de nosotros, pero les había salido todo mal. Tenían a todos atados y con sacos en las cabezas, y a primera vista entre eso, la oscuridad, el mareo, y los hilillos de sangre que bajaban por la máscara y hacían que algunas gotas se metiesen por las rendijas de los ojos no conseguía ver bien y distinguir cual de ellos era mi tío Sylvan. Estaba a punto de empezar a imitar a Abi y ponerme a quitarles los sacos de las cabezas, pero entonces nos llevamos una mala sorpresa. La información de Kurt no había sido del todo correcta, y allí había otro Auror más en vez de los cinco que nos había dicho que estaban dentro del edificio. Me apuntó a mí primero con la varita. En otra ocasión yo me habría defendido rápido, pero los golpes en la cabeza me impidieron tener reflejos lo suficientemente rápidos para poder defenderme. Pensaba que el hechizo me iba a dar de lleno, pero de repente Abi se puso delante de mí a modo de escudo y me protegió con su propio cuerpo. Vi cómo se estampaba contra las estanterías de la pared con los ojos abiertos como platos. Aquello pareció empujar mi propio malestar un poco a un lado, y la adrenalina provocaba por la furia hizo que recuperase un poco de las fuerzas que había tenido antes de mi encontronazo con el Auror del primer piso.

-¡NO TE ATREVAS!- grité furioso cuando vi que el Auror volvía a apuntar a Abi con la varita. Los gritos me hicieron sentir que la cabeza me iba a estallar en mil pedazos, pero me dio igual. Apunté con la varita al Auror, y él me apuntó a mí y me atacó. Conseguí defenderme a duras penas, con los reflejos hechos una mierda por los golpes, pero la rabia me hacía estar más concentrado en lo que estaba haciendo y conseguí esquivar todos los ataques del Auror e incluso lanzarle algunos yo, aunque ninguno le dio porque mi vista borrosa no me permitía apuntar bien. Un Avada Kedavra pasó a mi lado entonces y mató al Auror. Era el segundo Avada Kedavra que me pasaba rozando en menos de cinco minutos, pero con este me alegraba de que ese hechizo hubiese sido conjurado.

Abi estaba herida. Quería ayudarla, pero apenas podía mantenerme yo en pie, y necesitábamos salir de allí lo más rápido posible. La miré preocupado, pero cuando me dijo que buscase a mi tío asentí y seguí sus órdenes rápidamente, disponiéndome a quitarles los sacos de la cabeza a los rehenes que tenía más cerca. El primero era un muchacho de cbaello rubio platino, sin duda el chico Mlafoy. No pareció nada sorprendido de vernos allí. Le desaté y se desapareció inmediatamente, y luego desaté al que estaba al lado, y por su aspecto físico me quedó claro que era el Black que el fiscal había mencionado. También se desapareció inmediatamente, y entonces le quité el saco a una chica pelirroja que estaba amordazada y que pareció horrorizada al vernos.

-¡No me hagáis daño!- exclamó cuando ya no estuvo amordazada, mirando con pánico al Auror muerto en el suelo y luego a Abi y a mí. Nuestras máscaras de mortpifagos era lo que la estaba provocando pavor, y eso confirmaba que los Aurores corruptos habían secuestrado también a gente completamente inocente que no tenía nada que ver con mortífagos, pues de haber sido así no nos tendría miedo. Abi desató a dos hombres que reaccionaron igual que la chica, por lo que ellos tampoco tenían nada que ver con ninguno de los nuestros. Los Aurores la habían cagado muchísimo.

-Os estamos salvando- le dije a la chica desde detrás de la máscara. Nunca había visto a nadie tan sorprendido en mi vida; la chica y los otros dos hombre jamás se habrían esperado que unos mortífagos les salvasen de morir a manos de Aurores. A veces el mundo estaba completamente patas arriba.- Corre, vete antes de que vengan más.

Se desaparecieron todos los que estaban allí, y ya solo quedaba una persona atada con un saco en la cabeza. Aunque el mareo había ido a peor, y sentía que la sangre me salía a chorros de la brecha de la cabeza y me estaba empapando la ropa, me abalancé sin perder ni un segundo sobre el rehén sin preocuparme por mí mismo. Le quité el saco y ahí estaba, mi tío Sylvan, no muy sano pero vivo y a punto de estar a salvo. Sentí como si me hubiesen quitado el peso del universo de encima de los hombros.

-¡Tío!- exclamé, algo horrorizado por los moratones que tenía en la cara. Si pudiese revivir a los Aurores los haría y les mataría a todos otra vez, esta vez más lentamente y haciéndoles sufrir hasta que suplicasen la muerte. Le quité la mordaza a mi tío y le desaté a toda prisa, aunque mis dedos estaban torpes porque cada vez me encontraba peor. Quería abrazar a mi tío, pero primero teníamos que salir de allí y ponernos a salvo.- No te preocupes… Todo va a estar bien ahora, están todos muertos…

Por fin le desaté, y se puso en pie. Los refuerzos de los Aurores estaban a punto de llegar, así que Abi se acercó a nosotros rápidamente, nos agarró, y nos desaparecimos los tres al salón de su casa, poniéndonos por fin a salvo. En las condiciones en las que estaba aparecerme fue una experiencia que me hizo sentir todavía peor de lo que ya me sentía antes, y en cuanto nos aparecimos perdí el equilibrio y me desplomé en el suelo del salón, aunque todavía estaba consciente. Tenía la vista nublada, pero quería levantarme y ver a mi tío y asegurarme de que todo estaba bien…
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Invitado el Lun Feb 22, 2016 6:39 pm

Aquella oscuridad y silencio constantes se estaba convirtiendo en una enfermedad para mi. No soportaba el peso del vacio en mis sentidos. Era doloroso para mi no poder percibir nada y estar encerrado en mi propio cuerpo salvo cuando me sacaban en escasas ocasiones para hacerme preguntas que nunca llegaba a oir completas. El vacio había chupado de mi toda la energia para pelear por liberarme, y aunque no la hubiese perdido ya me había convencido de que era inútil intentarlo.

La última vez que me separaron de las manos gélidas de mi compañero de ataduras y vi la luz, todo el mundo parecía nervioso. En esa ocasión me dieron de beber y no tuve fuerzas para empezar a insultarlos antes de que preguntasen nada. Estaba demasiado ocupado disfrutando de como aquel líquido me quemaba y refrescaba la garganta a la vez. Caía pesado en mi estómago y lo revolvía pero a la vez me sentía mejor.

- Has avisado a alguien? Le has dicho donde estamos?- me preguntó una voz masculina sin cara porque aun se molestaban en ocultarse. Terminé de tragar el líquido y solté una risotada.

- Qué clase de pregunta es esa, macho?- pregunté con una risa que parecía psicótica por el estado en el que me encontraba. Un puñetazo llovió sobre mi y escupí lo que debía ser sangre por lo espesa que era- No, pero en serio, te crees que tengo una especie de conexión telepática extrasensorial o algo, gilipollas? Me teneis encerrado en un cuarto tan jodidamente oscuro que cada vez que me sacais veo estrellitas por todas partes, ni teniendo esa conexión extrasensorial podría comunicarme. Ya no hablemos de usar la varita, que os recuerdo que teneís vosotros. Y por señales de humo también me resultaría jodidamente complicado- Concluí sorprendido de que me dejasen hablar tanto. Supongo que esperaban que les dijese algo útil entre tanta palabrería. Que putos ilusos.- Así que la pregunta que deberíais haceros es: Realmente somos tan jodidamente retrasados como un hijo bastardo de troll como para hacer esa pregunta? Creo que la respuesta está clarísima, no?- Y otro puñetazo desde el otro lado se presentó voluntario para adornarme la cara.

La mordaza, el saco y yo ya casi nos alegramos de reencontrarnos cuando nos volvieron a juntar y llevar a nuestro hogar, el famoso cuarto oscurisimo.

El tiempo siguió pasando de esa manera extraña en la que pasa cuando no sabes cuando ni donde estás, pero esta vez, no fue nada en comparació con la eternidad de otras veces. La cara me dolía por los nuevos golpes, pero la pared estaba fria y me alivió, lo que me ayudó a dormir una pequeña siesta antes de que los golpes y las maldicioes empezasen a oirse de repente. Me erguí tan rápido que me hice daño pues la alegría de escuchar sonidos nuevos es algo que no se puede explicar a no ser que hayas pasado demasiado tiempo en silencio. Se notaba el bullicio también en el resto de prisioneros de la sala que como yo habían oído que algo fuera de aquellas paredes no iba como nuestros captores querían. Eso era un canto de esperanza para nosotros.

Los gritos y golpes se sucediero hasta que alguien entró en nuestra sala y cerró la puerta tras de sí. Alguien intentó llamar su atención y se oyó un golpe sordo que nos hizo callarnos a todos y estar alerta una vez más. La persona que acaba de entrar no era de los nuestros y puestos a estar encerrados con él o ella, mejor fingir que no existías. Mis pocas energías y mi dolor en todo el cuerpo contribuyeron a que me quedase callado y quieto por primera vez en mi vida. Y así seguí, ya casi más por imposibilidad de moverme que por otra cosa hasta que alguien, tras muchos gritos y golpes más cercanos, me sacó la bolsa de la cabeza.

Sin la bolsa, la oscuridad no era tan absoluta y cuando mis ojos se acostumbraron vi una máscara de mortífago ante mi y otra figura igualmente enmascarada más atrás. La voz de mi sobrino llegó desde detrás de la máscara- Mierda...-dije aunque con la mordaza puesta y el hinchazón de la cara sonó como un gruñido. Zack era un mortífago también. Que alegría. Otro idiota más con un tatuaje que lo delataría ante la ley...esperaba que aun o hubiese llegado al rito del tatuaje. Igual así aun podría salvarse...Pero esa era conversación para otro momento.

- Vaya, os habeís quedado con toda la diversión- dije al fin libre de la mordaza cuando Zack me dijo que los habían matado a todos. Miré hacia donde había estado yo inmovilizado durante tanto tiempo y vi que mi compañero de ataduras no era un compañero. Eran las manos del que había sido mi compañero. Mi único contacto humano habían sido las manos amputadas de vete tú a saber quien. Que hermosa imagen.

La segunda figura enmascarada nos agarró a Zack y a mi y os desaparecimos de allí para ir a dar al salón de una casa. Zack cayó a mi lado nada más terminar la aparición y me agaché sobre él para mirarle la cabeza de la cual le salía un pequeño riachuelo de sangre. - Vendas?- le dije a la otra figura con más confianza de la debida pues no tenía ni puta idea de quie había tras aquella máscara pero mi prioridad era que mi sobrino se pusiese bien. Mis manos temblaban, como mis piernas mientras intentaba girar la cabeza de Zack para ver la brecha que tenía en la parte de atrás de la cabeza.- Dios...Tranquilo, Zack, te vas a poner bien, chaval. Ya verás- dije intentando mantener yo mismo la calma.

Por qué tuvo que venir él a rescatarme? Es solo un crio al que al parecer están metiendo en esa asquerosa secta. Que me hubiesen dejado morir, yo ya viví bastante. Él aun tenía que vivir muchas otras cosas.
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Abigail T. McDowell el Mar Feb 23, 2016 2:59 am

Nada más coger a Zack y a Sylvan, me desaparecí hacia mi casa. No era el primer lugar que me había venido a la mente, pues había sido la propia Mansión Dankworth en dónde tanto Sylvan como Zack estarían bien y a salvo, pero estaba la pequeña cagada de que yo no puedo aparecerme en el interior. Y obviamente no iba a pararme a pedírselo a Sylvan y mucho menos a decirle a Zack que lo hiciera él con la poca práctica que tiene y lo mal que estaba.

Nada más parar en mi casa, Zack cayó al suelo y yo me puse de cuclillas al lado de él, al igual que había hecho su tío. Nada más mirarle la cabeza sentí cómo se me nublaba la mirada al ver todo sus cabellos empapados en sangre, por suerte su pelo era negro azabache y el color rojo estaba un poco camuflado. Llevé mis manos ensangrentadas a su cabeza para luego mirar a Sylvan, el cual preguntaba por vendas.

Con un Accio no verbal hice que las vendas, junto con las gasas, vinieran hacia nosotros. Apunté hacia la cocina he hice un Accio para se llenara un bol de agua y también viniera levitando. Mientras tanto apunté a la cabeza a Zack con la varita, sintiendo como mi mano estaba temblando de una manera en la que nunca antes me había temblado. Conjuré un Episkey no verbal y ocurrieron dos cosas: dejó de sangrar tan profusamente y cerró apenas la herida. Seguía siendo profunda y preocupante. Caleb me mataba; si no me mataba Sylvan primero. Necesitaba igualmente la venda y las gasas para que no se le infectara hasta que se bebiera una poción reabastecedora y se echara uno de esos ungüentos milagrosos que tenía su padre en casa, pero vamos, si no había perdido la consciencia lo que debíamos de hacer es que siguiera sin perderla. Lo peor que puede pasar después de darte tremendos golpes en la cabeza es quedarte dormido, ya que cabe la posibilidad de que no te despiertes.

Llegaron las vendas y las gasas y se la tendí a Sylvan, ya que al mínimo intento que hice para ayudar, mi cuerpo cayó hacia atrás de culo. Mi mente se sintió débil, mi mirada se quedó totalmente en negro y se hizo la oscuridad. Sentía como mis manos estaban temblando y cómo mi estómago se revolvía por las nauseas que llevaba sintiendo hace un buen rato; cada vez más fuertes.

No dejes que se duerma —hablé por primera vez, con voz débil pero serena, dirigiéndome directamente al tío de Zack—Y quítale la máscara.  

Me levanté rápidamente de dónde estaba y corrí al baño, quitándome la máscara y apoyándome en el lavabo, respirando aceleradamente, sudando y sintiendo cómo mis pulsaciones iban a mil. Cerré los ojos fuertemente para no seguir viendo sangre y, cuando me serene tras unos largos segundos y me puse en pie, sentí un terrible dolor en el costado. Miré hacia allí y recordé, debido a toda la sangre que había empapado esa parte de mi camisa, que me había hecho daño.

Entonces vomité. Era inevitable.

Me puse en pie débilmente, sintiéndome terriblemente mal por sentirme tan débil ante tan poco. Podría haber hecho mucho más si no llega a coaccionarme mi fobia, podría haber evitado que Zack recibiera tanto daño si no le tuviera pavor a algo sumamente ridículo…

Me levanté y me lavé rápidamente las manos, apoyando la cabeza en el espejo mientras me restregaba las manos con los ojos cerrado, ya que ver aquello me daba unos terribles mareos. Me lavé también la cara para despejarme lo máximo posible. Cuando terminé de limpiarme, me levanté la camisa y suspiré aliviada al ver que aquello era mucho menos de lo que mi mente había querido pensar. Por norma general he visto en mí tanta mierda sangrienta que ya me espero lo peor de cada golpe. Conjuré un Episkey y obtuve los mismos resultados que con Zack. Me puse algunas gasas con un ungüento desinfectante y me vendé lo mejor posible con ayuda de mi varita. Tenía un moratón enorme en la espalda —el cual me veía a través del espejo— junto con algunos raspones, posiblemente fruto del Bombarda. Pero poco tenía que hacer con eso en este momento...

Salí hacia afuera entonces con el ungüento, arrodillándome al lado de Zack, el cual estaba aún en el suelo pero sentado y apoyado en mi sofá. Sofá que voy a sacrificar al Dios del Fuego porque ya tenía demasiadas manchas de sangre. Bueno, qué coño, cambio de piso.

Échale esto antes de vendarle la cabeza para que no se le infecte —le dije a Sylvan, tendiéndole el botecito—Tu hermano tiene un ungüento cicatrizante. Cuando vuelvan a la mansión pídeselo rápidamente y cambiale el vendaje. Se pondrá bien —dije, claramente preocupada pero sonando de lo más convincente y seria—¿Le has mirado la herida? —Porque yo no quería hacerlo si podía evitarlo—¿Llegó al cráneo? —pregunté preocupada, con el ceño fruncido. A ver, Zack estaba vivo. Podía ser una herida preocupante, pero lo importante es que estaba vivo. De toda la vida el fin justifica los medios.

Le dije las instrucciones a Sylvan sobre el ungüento de Caleb porque sabía que Zack iba a pasar de mi culo y según recordaba él parecía un hombre inteligente y con memoria. Y Zack estaría demasiado contento por estar vivo, por hacerse el héroe y por estar ahí con su tío vivo, que no me haría maldito caso. Cuando vuelva a la realidad notará ese punzante dolor en su cabeza y entonces será cuando se cagará en todo lo cagable.

Le observé el rostro a Zack, fijándome en que tenía heridas abiertas de los golpes secos, pero moratones solo uno o dos —bueno, en verdad tener dos moratones en el rostro ya era preocupante y bastante visible—. Uno en su pómulo y otro en su barbilla. Le apunté con la varita y cerré las heridas más superficiales.

Dime la verdad, aparte de la herida de la cabeza. ¿Estás bien? —Ignoraba que se había torcido el tobillo, por lo que ni se me pasó por la cabeza mirárselo—Deberías descansar en casa, pero no duermas esta noche —le recomendé seriamente. Si tenía alguna inflamación preocupante en el cerebro y dormía, podría quedarse en coma, morir y que nadie se diera cuenta. Si por el contrario se quedaba despierto, se desamayaría de ser el caso y se sabría que tiene un golpe en la cabeza que debe ser revisado urgentemente por San Mungo.

Otra cosa que no se me pasó por la cabeza fue preguntarle a Sylvan cómo estaba, pero bastante mal estaba yo como para dividir mi preocupación en dos personas. Y, aunque fuera así, ahora mismo toda mi atención estaba en Zack para actuar rápido en cualquier herida preocupante y hacer que se fuera a casa sin ningún peligro. Porque si no, Caleb me aparece aquí y me canta la de Dios. Ya tenía clara cuál iba a ser mi próxima tarea con Zack: enseñarle a defenderse y atacar sin magia.
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Zachary S. Dankworth el Mar Mar 08, 2016 7:27 pm

Debido al mareo que me había provocado los golpes que había recibido en la cabeza caí al suelo cuando nos aparecimos en casa de Abi para alejarnos de la casa que había quedado destrozada y llena de cadáveres y que reflejaba el completo fracaso de los Aurores. El mero hecho de aparecerse en sí mareaba a personas sanas, así que era normal que yo que ya estaba mareado de antes cayese de culo al suelo y no pudiese mantenerme en pie, pero aquello puso muy nerviosos a Abi y a mi tío.

-Estoy bien, solamente es un poco de sangre…- le dije a mi tío cuando él se puso a decirme que me iba a poner bien. Eso ya lo sabía, pero joder, el puto mareo que tenía ya podría irse a tocarle los cojones a otra persona y dejarme a mí en paz. El Auror que me había hecho eso ya estaba muerto, pero gracias a él le había cogido asco a todos los demás Aurores del mundo. Ojalá se mueran todos. Miré yo entonces preocupado a mi tío, y estaba a punto de preguntarle cómo estaba él pero antes de hacer eso me quitaron la máscara. Me había llevado unos cuantos golpes en la cara, pero esos no me preocupaban en absoluto. Me había metido en peleas bastante gordas en el pasado con gente más grande que yo, peleas en las que había acabado con la cara hecha un cuadro, así que unos pocos moretones no me importaban en absoluto, se irían rápido.

Me apoyé yo mismo de espaldas contra el sofá mientras seguía sentado en el suelo, y entonces llegó Abi con vendas y le dio instrucciones a mi tío. Joder, sí, el ungüento milagroso de mi padre que hacía maravillas. ¿Veis? Me pondría eso y todo solucionado. Chasqueé la lengua y les miré a ambos un poco molesto por cómo se estaban poniendo. No era un niño pequeño, y estas cosas pasan, ya lo sabía cuando decidí meterme a ser entrenado para convertirme en mortífago. Entrecerré los ojos y miré a Abi.

-Sí, estoy bien- insistí. Me había torcido el tobillo, pero después de la que se estaba montando por culpa de mi cabeza pasaba totalmente de dejárselo saber.- Casi nunca duermo así que no será un problema… Pero en serio, estoy bien- no estaba actuando queriendo hacerme un machito al que nada le hace daño, pues era consciente de que un golpe así en la cabeza podía ser peligroso, pero no era en mí en quien había que centrarse ahora mismo, sino en mi tío. Le miré preocupado, aunque el alivio en mi rostro porque le habíamos encontrado entero y vivo se podía ver a kilómetros de distancia.

-Tío, ¿estás bien? ¿Qué te han hecho?- le pregunté entonces a él, queriendo la verdad. Habíamos visto el estado en el que estaban algunos de los rehenes, habíamos visto las manos cortadas que no sabíamos a quién pertenecían, y ahora mismo podíamos ver su rostro golpeado y algo demacrado. Estaba seguro de que no le habían dado ni de comer, y eso me hacía sentir furioso.- ¿Cómo pasó, cuándo? Papá y yo dejamos de saber nada de ti hace dos días, pero pensamos que te habrías ido a hacer algo del trabajo o que estabas de fiesta loca o algo…- le dije sintiendo una tremenda culpa por no haberme dado cuenta antes de que su ausencia se debía a algo mucho más gordo. ¿Qué hubiese pasado si hubiésemos tardado más en darnos cuenta de lo que verdaderamente sucedía? No me lo habría perdonado en la vida, y mi padre tampoco.

Sentí mi ira resurgir. Lamentaba no poder resucitar a aquellos Aurores para matarlos a todos otra vez y hacerles sufrir lo insufrible. Apoyé una mano en el sofá e hice un esfuerzo para levantarme y ponerme de pie. La cabeza me dio vueltas, pero respiré profundamente y me mantuve estable, sin volver a caerme. Todavía había restos de la ansiedad que había sentido al saber que mi tío había sido secuestrado. Había pensado que le iba a perder para siempre, y había sido horrible. Me acerqué a él y le abracé con fuerza, sintiéndome feliz de que estuviese vivo. No pensaba permitir que nadie volviese a arrebatarme a alguien de mi familia nunca más.
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Invitado el Vie Mar 11, 2016 9:46 pm

Mi petición de vendas fue atendida rauda y veloz por la figura encapuchada y enmascarada que nos había llevado hasta aquel apartamento. No sabía a quien me dirigía exactamente, pero deducía que a un amigo ya que me había sacado de aquel agujero de perdición y conmigo, a mi sobrino que ahora mismo copaba bastante más mi atención que mis propias heridas o la identidad de aquella figura. Los materiales llegaron volando y unas instrucciones de mano de una voz femenina me indicaron lo pasos a seguir, aunque yo ya lo tenía muy claros. Zack decía estar bien, pero yo lo ignoré sin ningún miramiento y me puse a sacarle la máscara antes de que él se atreviese siquiera a moverse.

Era una operación complicada eso de sacarle la máscara intentando tener el cuidado suficiente de no llevarme ninguna parte de su cabeza dañada. Casi todo su pelo estaba manchado de sangre formando una especie de masa pegajosa así que tardé más de lo que me habría gustado en quitarle la máscara con las que ya consideraba mis demasiado débiles y temblorosas manos. Cuando terminé, me puse a mirarle la herida desde arriba, una vez más sin darle demasiada opción a interrumpirme, pues aunque había estado dos días secuestrado, aun me quedaba la fuerza que proporciona la adrenalina en casos así.

Momentos después de que la figura desapareciese en una de las habitaciones del apartamento, volvió a lo que debía ser el salón, que era donde estábamos Zack y yo. Resultó que debajo de aquella máscara estaba Abi McDowell y al verla me di cuenta del mucho tiempo que hacía que no me encontraba con ella. Aun así ese no era el momento de ponerse a coquetear o a ponerse al día. Tampoco es que me quedasen ganas para ello. Abi trajo consigo un ungüento para ponerle en la cabeza a Zack que por suerte yo aun no había comenzado a vendar.- Me acuerdo de ese potingue milagroso, te vendrá bien- le dije a Zack ya algo más tranquilo después de haberlo examinado ligeramente.- Nah, es profunda para ser en la cabeza pero no tanto. Sangra muchísimo, y seguramente duela como el infierno, pero no es grave- dije convencido de lo que decía. Puede que yo no fuera sanador ni nada así, pero me había metido en bastantes peleas en mi vida para saber de lo que hablaba ya que, a veces, solo correr simplemente no funciona.

Abi me explicó como encontrar el ungüento de Caleb y también como usarlo, aunque eso segundo ya lo sabía tampoco me iba a quejar porque alguien me lo recordase. Zack se enderezó en el sofá, apoyándose contra él mientras le contestaba a Abi. Yo aproveché el momento para coger lo que ella me tendía y empezar a ponérselo a mi sobrino en la herida, con toda la intención de mandarlo al carajo si se atrevía a protestar. Mientras mi operación era llevada a cabo con toda la agilidad y precisión que tenía, Zack me preguntó por mi estado, algo que no me preocupaba en absoluto, si tengo que ser sincero.

- Estoy bien. Hace falta algo más que una panda de gilipollas armados con bolsas y cuerdas para poder conmigo- dije mientras terminaba el vendaje de su cabeza.- No me han hecho mucho...Por hacer, ni la comida me han hecho. Intentaron interrogarme pero creo que nos les di demasiada oportunidad para ello mientras me cagaba en sus putos muertos una y otra vez.- dije sin preocuparme de que mi lenguaje ofendiese a alguno de los presentes.

Me puse de pie mientras él me seguía haciendo preguntas. Me estaba muriendo de ganas por estirar los brazos y las piernas así que antes de contestarle, lo hice. Lo hice hasta que mis extremidades dolieron placenteramente y mis muñecas crujieron al recuperar al fin su movilidad y todo su riego sanguíneo.- Eso habría sido muy propio de mi, la verdad- dije con una sonrisa algo deforme pues tenía la cara ligeramente hinchada de los últimos puñetazos.- Estaba yo tan tranquilo tomándome una cerveza con una hermosa señorita cuando la señorita en cuestión me lanzó una maldición, la muy zorra. Lo siguiente que recuerdo, es que me desperte y todo esta oscurísimo. Luego preguntas, palizas y blablabla- resumí con un gesto de la mano.

Cuando terminé de hablar, vi como Zack se ponía de pie- Hey! Vuelve a sentarte niño!- pero a media frase ya estaba rodeándome con sus brazos. Le devolví el abrazo con un alivio que había mantenido a raya hasta ese momento- Gracias por venir a por mi- dije casi gruñendo.

El abrazo se alargó unos segundos más, pero finalmente nos separamos y mi mirada se dirigió a Abi.- Podrías lanzar un Accio para traer de vuelta mi varita? Si los habeís matado a todos no creo que tenga problema en volver ella sola- dije con una media sonrisa buscando dejar el momento empalagoso atrás. Volví a mirar a Zack y solté un pequeño bufido.- Cómo tu padre te vea así por mi culpa me va a partir las piernas- dije poniendo una mueca graciosa.
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Abigail T. McDowell el Mar Mar 15, 2016 10:54 pm

Qué monos… pensé al verles darse el abrazo, caminado hasta la cocina, la cual estaba a tres pasos ya que mi casa era un piso pequeño, y sentándome en un taburete para alejarme lo máximo posible de los dos. Estaba mareada y el cúmulo de preocupación que había sentido allí por Zack me había cansado. Además, estaba preocupada también por cómo iba a reaccionar Caleb. Si Sylvan no me había echado la bronca por meter a su sobrino en esa mierda y que terminara así es porque ha sido para salvarle, sino seguro que también saltaría con que si era demasiado joven, que si no debería estar haciendo esas cosas... Que hacía años que no nos veíamos, pero entre Slytherin siempre se dicen las cosas claras.

Así que me senté en el taburete y cerré momentáneamente los ojos en busca del próximo paso, el cual sería básicamente que se fueran a mi casa. Yo podría quemar toda mi casa tranquilamente, bañarme y terminar de curarme la herida para poder descansar. Y ellos… podrían darle un buen susto a Caleb y luego celebrar en familia que todos estaban bien. ¿Era un buen plan, no?

Escuché entonces a Sylvan y asentí con la cabeza mientras sacaba mi varita, pero no tenía ni puta idea de cómo era su varita, por lo que teniendo en cuenta lo lejos que estaba, no creo que fuera a funcionar. Le lancé mi varita en el aire para que la cogiera y para que él mismo convocara su propia varita. Sería sin duda mucho más efectivo. Entonces fui a abrir la ventana porque no tenía ganas de que un palo de madera viniera volando y me abriese un agujero en el cristal.

Ladeé una sonrisa cuando escuché a Sylvan decir que Caleb se cabrería con él por lo que le había pasado a Zack. ¡Já! Teniendo en cuenta nuestro historial me echará toda la mierda a mí, pero vamos, sin dudarlo ni un solo segundo. Pero no iba a decir nada al respecto, que él se disculpara frente a Caleb con esos ojitos de Dankworth haría que se olvidase de mí por lo menos durante un rato.

Me acerqué entonces a ellos al ver que estaban bien. Sobre todo Zack, que era el que me preocupaba.

Deberíais iros ya —comenté y, a pesar de que parecía que los estaba echando, era un tono más de preocupación que otra cosa—Estaréis más cómodos en vuestra casa y Caleb tiene mil cosas que os servirán para las heridas y el dolor. Yo aquí no puedo ofreceros más nada. Si vine aquí es porque fue el primer sitio que me vino a la cabeza y yo no puedo aparecerme en vuestra mansión, como es evidente —expliqué.

Entonces un ruido se produjo desde la ventana y, tras mirar para allí, vi como la varita de Sylvan entraba volando al salón. La cogí en el aire, la observé dándome cuenta de lo bonita y que era y, luego, miré a Sylvan. No habíamos intercambiado ninguna palabra más allá del bienestar de su sobrino, pero la verdad es que no era el momento para un reencuentro. Aún así, lo que traté con él en Hogwarts me hizo ver que era un buen tío y, a fin de cuentas, era familia de dos personas a las que tenía mucho aprecio. Por lo que inevitablemente me alegraba de que no le hubiera pasado nada y que nuestro esfuerzo —y los golpes de Zack—, no fueran en vanos.

Me alegro de que estés bien —le tendí entonces la varita.

Entonces cambié mi mirada y observé al que podría considerarse oficialmente mi ahijado a ojos del Señor Tenebroso. Le puse una mano en el hombro para observar las heridas superficiales pero finalmente le miré a los ojos.

Mándame una lechuza mañana y dime como estás —le ordené de manera francamente amistosa. No se lo pedía en plan orden, sino en plan preocupación.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Zachary S. Dankworth el Vie Mar 25, 2016 8:13 am

Si no fuese porque los Aurores ya estaban muertos volvería a la casa en la que habían quedado tirados sus cadáveres para matarlos otra vez, de manera más dolorosa esta vez. ¡¿Cómo osaban tratar así a alguien de mi familia?! Y encima sin pruebas… Los tan llamados “defensores del Bien” cada vez me daban más asco. No solo defendían a animales, sino que ellos mismos también lo eran. Sucia panda de escoria…

A pesar de la ira que me recorría por dentro a causa de lo que le había sucedido a mi tío no pude evitar sonreír de maneta burlona al escuchar que había sido capturado por una mujer con la que estaba ligando.

-Estás perdiendo facultades, tío…- me burlé de él. Ya sabíamos todos los de la familia que ser mujeriegos no llevaba nunca a ninguna conclusión buena, pero a todos siempre nos había dado igual.

Abracé a mi tío, sintiendo una cascada de alivio de que estuviese bien y a salvo y se fuese a ir a casa con nosotros y no le fuese a ocurrir nada malo, y le di una palmada en la espalda cuando me dio las gracias por ir a por él.- De nada. Tú hubieses hecho lo mismo por mí- le dije. Daba igual a dónde se lo hubiesen llevado, yo no hubiese descansado hasta encontrarle aunque hubiese tenido que ir al fin del mundo. Los de nuestra familia nos cuidábamos los unos a los otros y defendíamos a los nuestros con uñas y dientes.

Negué con la cabeza cuando Sylvan dijo que mi padre le partiría las piernas por el estado en el que yo iba a volver a casa. Qué va, todos sabíamos que seguramente habría que pararle para que no fuese a volar el cuartel general de Aurores por los aires, y luego seguramente echaría pestes de Abi porque ella era la que tenía que cuidarme. ¡Como si yo fuese un crío! A él no le había hecho ni pizca de gracia que yo saliese de casa esta noche, así que se pondría como un basilisco… pero al menos su hermano no había muerto. Eso le calmaría muchísimo.

Asentí cuando Abi se acercó a mí para pedirme que por la mañana la avisase de cómo estaba. La abrazaría, pero estaba pringado de sangre y no quería mancharla a ella, suficiente estaba sufriendo la pobre viendo tanta sangre en el mismo sitio como para que encima se le quedase algo a ella encima.

-Muchísimas gracias por todo, Abi… Estoy en deuda contigo, de verdad- le dije con sinceridad. Significaba muchísimo para mí que me hubiese ayudado a salvar a mi tío. Sin ella habríamos tenido una tumba más con el apellido Dankworth en el cementerio, y suficientes de esas había ya como para añadir otra tan pronto.

Agarré del brazo a mi tío después de despedirme. Mi mareo me impedía aparecerme en condiciones, seguro que si lo intentaba acabaría apareciendo en la China o en algún lugar de esos. Mi tío no es que estuviese mucho mejor, pero al menos su cabeza no daba vueltas a la velocidad de la luz, así que logramos aparecernos enteros en medio del salón de la mansión. No nos sorprendimos cuando vimos que mi padre estaba ahí sentado esperando a que llegase yo sin haber pegado ojo en toda la noche. Él, sin embargo, sí que se sorprendió cuando vio a Sylvan llegar conmigo.

-¿Qué demonios ha pasado?- exclamó alterado cuando vio los golpes en la cara de su hermano, y la sangre que me cubría a mí. Se le puso el rostro rojo como un tomate de la ira, y por primera vez me alegré de tener una hermana bebé porque de no haber sido porque no quería despertarla mi padre se hubiese puesto a gritar como un loco.

-Ya te lo contaré todo después…- murmuré, sin muchas ganas de hablar ahora. Me senté en el sofá, y mi padre se apresuró a ponerme en la cabeza aquel asqueroso pero milagroso potingue mientras mascullaba entre dientes cosas como “maldito crío”, “nadie me hace ni puto caso nunca”, “es que no sé ni para qué me molesto”, “cuando la pille se va a enterar”, “me cago en la madre que os parió a todos”, y demás cosas por el estilo… Mi tío mientras tanto estaba atiborrándose con un buen plato de comida que le había traído Ferdinand para deshacerse de todo el hambre que había pasado en aquellos días.

-Que sí, que sí…- contesté a todo, sin hacerle caso. No me dejaron dormir en toda la noche por culpa de los malditos golpes en la cabeza, así que aproveché ese tiempo para contarle a mi padre lo que había ocurrido. Como ya había predicho yo antes, hubo que frenarle para que no saliese despedido a ir a matar Aurores a lo loco, y luego le dio un pequeño ataque de nervios y abrazó a su hermano aliviado de que no le hubiese pasado nada.

Cuando se hizo de día y yo todavía no me había muerto a causa de los golpes en la cabeza me dejaron ir por fin a mi cuarto, y caí rendido en mi cama. No tuve insomnio como siempre porque estaba molido, así que me tiré durmiendo todo el día. El entrenamiento era muy duro a veces, pero merecía la pena. La noche anterior me lo había demostrado.
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