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HALLOWEEN 2015: Mansión Winslow

Cuenta de Ambientación el Jue Oct 29, 2015 10:51 pm

HALLOWEEN 2015: MANSIÓN WINSLOW



La noche de los muertos llega a casa de los Winslow, bajo una gran fiesta de disfraces que el mismísimo Ministro de Magia ha querido organizar para todo el mundo mágico. O por lo menos para aquellos que han recibido invitación. Todos sabemos que asistir a una evento así es solo para gente selectiva. Ah, sobra decir que para poder entrar en la fiesta, era obligado llevar disfraz. Si no, ¿qué clase de fiesta sería?

Toda la mansión Winslow estaba decorada con objetos propios de Halloween, dándole un aspecto tenebroso tanto por fuera como por dentro. Benjamin Winslow había habilitado prácticamente todo el primer piso, la piscina y los jardines de su gran mansión para esa gran fiesta. La planta superior estaba totalmente habilitada, pero en las escaleras había una placa que decía: “DANGER UPSTAIRS”, pues toda la parte superior estaba llena de sustos y trampas típicas de casas del terror, aunque éstas mucho más mágicas y que, de ser pillado, podrías recibir una gran reprimenda y ser expulsado de la fiesta o, peor, quedarte ahí toda la noche.

Al sótano de la casa solo pueden bajar los elfos domésticos y todo lo necesario para una gran velada se encontraban en el gran salón de la mansión, el cual había sido perfectamente decorado para mayor espacio y organización. Desde bebidas a cualquier tipo de suculenta comida preparada por los elfos de los Winslow.

La fiesta había empezado a las 22:00, pero desde las 21:30 ya había gente dentro de la mansión dándolo todo. La música era alta sobre todo en la zona interior, pero suficiente como para poder hablar con una persona sin destrozarte las cuerdas vocales gritando. Aunque si lo que querías era mantener una larga y tendida conversación, lo mejor era que salieras a los jardines.

OFF: Podéis ir entrando todos. Esta noche os mandaremos todos los retos por MP, tened paciencia. Cuando completéis el reto, ponedlo en el rol y mandar un MP con dicho post a uno de los fundadores. Al cumplirlo os pagaremos 500 galeones.

Recomendamos para mayor facilidad a la hora de relacionarse y a la lectura del rol, decir al principio del post a quién te diriges en tu post.

Recordad que esta trama no estará abierta toda la vida, sino que tiene su fecha de vencimiento, más concretamente dentro de dos meses. Por lo que os rogamos que no dejéis vuestros personajes por ahí perdidos sin rumbo ni misión en la vida xD. Si no váis a seguir postendo, haced como que os lo pasáis bien (o mal) y salís de la fiesta.

Gracias por participar y sobre todo a pasarlo bien. Smile
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A. Sven Moretti el Vie Oct 30, 2015 5:48 pm

Con Mathi

Me quedé loquísimo cuando recibí una invitación para una fiesta de disfraces de Halloween. No por la fiesta en sí, todos los años me solía llegar alguna invitación del estilo, sino porque era en casa del mismísimo ministro de magia. Teniendo en cuenta que ni siquiera he pisado el Ministerio en toda mi vida me parecía muy raro, pero tampoco iba a decir que no. Una fiesta es una fiesta.

Podía llevar un acompañante, así que como es lógico se lo dije a Mathilde. No le especifiqué cuál iba a ser mi disfraz porque creo que siendo yo es bastante obvio, solo tengo ese y es el que he usado en todas las fiestas a las que he ido antes. Sé que no es de Halloween ni da miedo ni nada (excepto si eres klingon) pero es mi disfraz favorito y contra el corazón no se puede ir.

Últimamente me movía en una nube de alegría y felicidad, así que cuando fue el cumpleaños de Drake supe exactamente qué debía regalarle. ¿Cómo era posible que llevara tantos años con Poring y que el pobre no se le hubiera muerto de tristeza sin la compañía de una guapa y dulce mona? En mis horas libres me aparecí en el callejón Diagon y en la tienda de animales escogí a la mona más graciosa que vi. La encerré en una caja con muchos agujeros para que pudiera respirar y bastantes plátanos para matarle el hambre y se la envié a Drake. Todavía me reía cuando recordaba su respuesta, se había quedado a cuadros.

La fiesta se suponía que empezaba a las 22:00, así que empecé a arreglarme a las 21:30. Y teniendo en cuenta que había quedado con Mathi a las 21:45 se puede decir que vivo al límite, pero es que me daba una pereza… menos mal que es un disfraz sencillo. Me vestí, me puse las orejas puntiagudas, me afeité y con un par de hechizos conseguí el pelo de Spock. Hechizo de acortar (que no cortar, cuando usara el contrahechizo tendría la longitud de siempre), de alisar y con una pericia digna de cualquier peluquero me peiné sacándome flequillo. Con la varita me lo acorté tal y como quería y en un santiamén era la versión retrasada y 100% humana de Spock.

A las 21:45 justas llegué al vestíbulo, desde dónde se escuchaba el jaleo de la fiesta de los estudiantes en el Gran Comedor. Ella ya estaba allí, y en cuanto la vi se me pusieron los ojos como platos. No sé si fue una casualidad divina o es que ella sabía de qué me iba a disfrazar y lo hizo para sorprenderme, pero iba de Uhura. Mi alma trekkie se sintió tremendamente feliz. Fui hasta ella con solemnidad, haciendo el saludo vulcano. Le di un suave beso como saludo, gesto que me seguía dando vergüenza pero cada vez menos. Digamos que cada día un 0,000001 menos. Poco a poco.

- Estás guapísima. Asombrosa. Preciosa. Maravillosa. Has conquistado la galaxia de mi corazón. - dije embelesado en ella y su disfraz. - Estamos muy compenetrados… jeje. - solté una risilla nerviosa, a la vez que una sonrisa amplia. - ComPENETRAdos. - repetí alzando la voz en las sílabas claves, todavía con mi sonrisa feliz. Ya iba teniendo más confianza para poder decir alguna que otra bromita de ese estilo, pero seguramente si no estuviera ahora mismo en un halo de felicidad trekkie me habría puesto más colorado que su vestido. Salimos afuera a los terrenos, camino a Hogsmeade. - No es porque quiera hacerte andar tontamente, es que dentro de los terrenos de Hogwarts nadie puede aparecerse y desaparecerse. Menos el director, creo. - le expliqué, mi idea era nada más entrar en el pueblo utilizar la aparición para llegar a la mansión del ministro. - Por cierto, me encantó la camiseta, pero tengo una duda existencial, ¿cómo usaste Internet? - le pregunté, desconcertado. Cuando recibí su carta coincidió que tuve una epidemia de diarreas y vómitos en la enfermería de un grupo de quinto, que comieron algo caducado. Sospecho que demasiado caducado… una apuesta, probablemente. Y claro, entre una cosa y otra no me dio tiempo de contestar. Sin embargo ahora que me acordaba no sabía cómo Mathilde lo habría hecho, porque como en Hogwarts no funcionan los aparatos tecnológicos… y no me veo a Dumbledore instalando Wi-Fi.

A las 22:00 en punto pisamos los primeros metros de Hogsmeade. Cogí del brazo a Mathi y en un abrir y cerrar de ojos nos desaparecimos y aparecimos en la puerta de la enorme mansión. Cuando me recuperé del inevitable mareo que daba aparecerse, me giré y contemplé asombrado una extensión grandísima de jardines.

- Vaya casita… esto lo compro yo en un momento con el dinero que tengo ahorrado en el banco. - comenté bromeando. Creo que no me llegaría ni para un cuarto de baño, y afirmé esa sensación cuando retrocedí un par de pasos y levanté la cabeza para observar la fachada de la “casita”. Acto seguido cogí de la mano a Mathi y entramos en la mansión, que ya tenía bastantes visitantes. Se escuchaba música, y siguiendo el ruido de la música llegamos a un gran salón. Era enorme y tenía un montón de mesas con comida de todo tipo. Noté como el estómago me empezaba a rugir solo con las vistas.
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Zachary S. Dankworth el Sáb Oct 31, 2015 4:13 am

Este iba a ser el primer Halloween que celebraba fuera de Hogwarts desde hace siete años, y había sido invitado junto con mi padre y mis tíos a ir a una fiesta en la mansión Winslow. No estaba seguro de si mi tío iba a ir o no, y mi tía había tenido que ir a un viaje de último minuto por no se qué razones y se había llevado a Grace con ella, así que mi padre y yo éramos libres de ir pues ninguno de los dos se tenía que quedar en casa haciendo de niñera de la bebé. No fui junto con mi padre a la fiesta, puesto que él tenía otra fiesta antes y hacía horas que había salido de casa y me había dejado solo allí. Cuando llegó la hora yo me desaparecí solito y me fui a la mansión Winslow.

Había pensado mucho en qué ponerme para esta fiesta. Al igual que en todos los años anteriores, le puse mucho empeño a mi disfraz para que quedase lo más realista posible. Yo era muy teatral a la hora de disfrazarme, por lo que no toleraba chapucerías ni nada cutre. Había decidido no ir vestido de un personaje de película de terror, como ya hice el año pasado con muy buenos resultados, pero sí que saqué la idea de una saga de películas: Star Wars. Obviamente escogí ir de Sith, no podía ser de otra manera. Solo el imaginarme vistiéndome de un Jedi santurrón me daba alergia, pero los Sith molaban, y es Halloween, así que lo mejor es disfrazarse de cosas malvadas. Había pensado disfrazarme de Darth Maul, pero no me apetecía ponerme los cuernos y pintarme toda la piel, así que fui yendo simplemente de Sith. Me puse un traje de cuero negro similar al que llevaba Anakin Skywalker antes de que Obi-Wan Kenobi le confundiese por un barbacoa y le echase al fuego, y una túnica negra  con capucha. Como iba de Sith, obviamente tenía que llevar un sable láser, pero quería que pareciese real. Compré una réplica exacta del sable láser rojo de Darth Vader, y le hice unos cuantos arreglos a lo largo de los días utilizando unos cuantos hechizos. Un hechizo para provocar ilusiones consiguió que pareciese un sable láser real como los de las películas, con el brillo que debía tener si fuese real y todo. Otro hechizo más hizo que hiciese el mismo ruido al moverse, y un hechizo de movimiento consiguió que pudiese abrirse y cerrarse. Estaba seguro de que si me empeñaba todavía más podía conseguir que pareciese todavía más real y que quemase y partiese todo lo que tocaba y que matase gente y etcétera, pero como iba a una fiesta en casa del Ministro de Magia eso no me pareció la cosa más prudente del mundo. Ya lo intentaría en el futuro para otra ocasión si eso, pero por ahora lo mejor es que el sable láser simplemente pareciese real a la vista y nada más.

El último toque que le di a mi disfraz fue mi propia apariencia. Ya había decidido que no me disfraaría como Darth Maul, pero sí que quería darle el toque Sith a mi aspecto. Muchos tenían ojeras, y yo las tenía igual de oscuras así que a eso no tenía que hacerle nada. Lo que quería cambiar era el color de mis ojos. Los Sith, debido a la corrupción que les provocada el Lado Oscuro de la Fuerza, tenían los ojos amarillos. Ese cambio lo hice con mucha prisa, pues se me estaba haciendo tarde, así que no le puse toda la concentración al hechizo que debería haberle puesto, pero quedé muy satisfecho con los resultados. Mis ojos eran de un tenebroso color amarillo anaranjado, y todo estaba perfecto.

Cuando fui a la mansión ya había muchísima gente. No había nadie que yo conociese, y si los había yo no les veía, pero eso me daba igual. Lo que importaba era que la fiesta tenía pinta de ir a ser un desfase como lo deben ser en Halloween. Me habría gustado que mi mejor amiga Natalie estuviese aquí, pero la muy petarda tenía que trabajar esta noche. ¿Qué clase de jefe cabrón te hace trabajar en Halloween? Y mis otros amigos estaban en Hogwarts, así que nada, pero lo dicho, no importaba.

Mientras todavía estaba en el jardín saqué el sable láser que había creado e hice que se abriese, y entré en la mansión con la capucha puesta. ¡Solo faltaban los clones detrás de mí para que aquello quedase perfecto! Una vez ya dentro de la casa saludé a algunos compañeros de la universidad que conocía de vista y me dirigí al salón, donde suponía que podría encontrar alcohol. Pero yendo de camino por el pasillo comencé a tener problemas. Al principio pensé que no era un problema mío sino de la iluminación del lugar, pues todo estaba poniéndose muy oscuro, pero tras chocarme con varias personas y que ellos se quejasen y me dijesen que tuviese cuidado por donde iba comencé a darme cuenta de que el problema era mío. ¡No veía nada! Durante un par de segundos me volvió la misión, pero estaba muy borrosa. Parpadeé rápidamente, intentando aclara mi vista, pero tras hacer aquello todo volvió a quedarse en negro, y a partir de ahí no volví a ver nada más. Joder. ¡Joder!

Estaba seguro de que había sido culpa del hechizo que había hecho para cambiar el color de mis ojos. Lo había hecho muy apresuradamente y sin cuidado, y eso podía tener consecuencias. Ya me lo habían advertido cuando aprendí el hechizo, pero había pasado de ello. Joder. No podía estar por la fiesta sin ver una mierda, así que fui a coger mi varita, que estaba guardada por ahí en algún bolsillo escondido de mi disfraz, para quitarme el hechizo y volver a tener mi color real de ojos y recuperar mi visión. Ya luego iría al baño y me volvería a hacer el hechizo bien y con cuidado… Pero antes de poder hacer nada de eso no se qué hice, pero la varita se me cayó del bolsillo y sin querer cuando fue a parar en el suelo le di una patada. Maldije entre dientes y me agaché para intentar buscarla, pero al hacer eso no me di cuenta de cómo estaba moviendo la espada láser falsa pero con aspecto real, y le di un golpe a algo que había sobre una mesa que no había visto que estaba a mi lado. El objeto, al ser golpeado por el sable láser que era sólido y no de láser real, obviamente, cayó de la mesa. Por el estrepitoso sonido que hizo al hacerse añicos contra el suelo, supuse que era un jarrón muy grande de porcelana. Joder, espero que no fuese antiguo y caro.

-Mierda- mascullé entre dientes antes de alejarme de allí discretamente para hacer como que aquello no iba conmigo, aunque me choqué con varias personas por el camino. Tanteaba el suelo con los pies intentando encontrar mi varita, pero la muy puta había dado a parar en un rincón pegado a la pared y me era imposible encontrarla para arreglar este desastre.


Disfraz de Halloween.:

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Abigail T. McDowell el Sáb Oct 31, 2015 10:33 pm

Sola por ahí, en busca de ALGO/ALGUIEN

Como estipulan las normas sociales, debía de asistir a la fiesta de Halloween que se celebraba en la casa del Ministro Winslow. No era una especial amante de los disfraces, pero sería bastante raro si la propia asistente del ministro no asiste a una fiesta para diversión común que organiza su propio jefe. Así pues, como iba con mala gana y no se me apetecía pasarme toda la velada intentando controlarme solo para salvaguardar ciertas apariencias, decidí optar por un disfraz que me tapase lo suficiente. Así poca gente se daría cuenta de que soy yo si no me conocen bien. Por el disfraz que iba a llevar casi era más fácil reconocerme por mi culo que por mi rostro; lo primero se notaba demasiado y lo segundo estaba más bien oculto.

No fui para nada puntual. No me hacía especial ilusión tener que abrir yo la fiesta, por lo que a las 22:30 aparecí en los jardines de la Mansión Winslow directamente desde mi casa. La música apareció de repente en mis oídos y pude ver desde los jardines cómo toda la parte de fuera estaba ya llena de gente. Algunas bailando, bebiendo, charlando… Vamos, lo típico de este tipo de fiestas.

Todos estaban disfrazados ya que era un requisito indispensable para poder asistir, pero no me molesté en identificar a nadie. Simplemente caminé directamente hacia el interior de la fiesta, notando como más de una mirada de los hombres recorría mi cuerpo de arriba abajo. No se veía por ningún lado mi característica cabellera pelirroja, sino que tenía puesto una gorro con dos orejitas negras que me lo cubrían por completo, además de unas gafas. Iba vestida de un personaje de ficción, uno de los pocos que conocía y me gustaba. Aunque debía de admitir que había elegido ese disfraz porque adoro el cuero y los látigos. Requisitos indispensables para convencerme.

Me acerqué a una de las zonas habilitadas para servirse y cogí una fresa que intentaba aparentar sera algo macabro por su aspecto, la cual mordí antes de girarme a ver el panorama. Vi a un tío con una capa negra de rodillas en el suelo, en lo que parecía una danza retrasada parecida a la de Magnus cuando perdió las lentillas. Fruncí el ceño al verlo y como me importaba tres mierdas quién fuera o lo que estuviera haciendo, intenté buscar a alguien útil con quién poder mantener una conversación que no me dieran ganas de suicidarme. O quizás encontrar a alguien disfrazado de fantasma de la opera. Me ponía perra ese disfraz.


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Apolo Masbecth el Dom Nov 01, 2015 7:29 pm

En el gran salón con su esposa (Abi).



Recibió la invitación a la fiesta de disfraces en casa del ministro de magia dos días antes. Se había perdido en el correo y cuando la recibió no tuvo ganas de asistir, sin embargo cuando pasaba por una de las tiendas de la ciudad se encontró con un atuendo que le llamó bastante la atención y tuvo que comprarlo y como no tenía ninguna otra fiesta en puerta al final así que asistiría. Ninguno de sus hermanos pudo ir con él. Invitó a Circe pero ella tenía la fiesta de alumnos, su hijo igual. Eris y Narciso estaban ocupados con otros asuntos o fiestas. Abi no sabía si iba o no y en caso de ir se verían en la fiesta entonces decidió ir solo, quizá se encontraría alguna cara conocida ahí. El elfo doméstico le entrego el atuendo libre de arrugas y listo. Apolo se metió a dar una ducha con agua caliente y salió para cambiarse. Se colocó la camiseta y la abotonó, se puso ropa interior y el short ajustado que mostraba sus piernas. Se puso el cinturón, un gafete y una placa con el nombre Bennett en ella. Después se colocó las botas negras y se vio al espejo, le hacía falta algo importante. Se colocó el bigote falso y las gafas ray-ban de aviador. Estaba listo para lo que le esperaba la noche.

Bajó las escaleras del recibidor y sus padres se rieron al verlo de esa forma. Su hermana Eris le dijo que no los escuchara, que se veía muy guapo así que tuvo que creerle. Se despidió de su familia y desapareció de una mansión para llegar a otra. En la entrada le recogieron la invitación, el clima estaba bastante fresco y llevar pantaloncillos tal vez no era la mejor opción pues comenzó a sentir frío en las piernas pero decidió entrar a prisa, dentro se estaba más cómodo. Al llegar vio todo arreglado de tal forma que la casona se viera espeluznante. Esquivó un par de esqueletos voladores y llegó al gran salón donde estaban los invitados.

Se quedó de pie en la entrada buscando algún rostro conocido. Esperó ver a alguien en particular pero no había rastro. Vio unos atuendos bastante grotescos que cumplían con el cometido de asustar, otros en cambio apenas y se podían considerar disfraces pues tenían muy poca ropa y otros que decidieron llevar solo una máscara. Apolo fue directo a la mesa de bocadillos para probar una de las mini tartaletas, se ensució el bigote así que lo limpió con una servilleta. La música estaba a tope y al girarse para ver la pista de baile la vio. Su esposa estaba del otro lado. La reconoció enseguida aunque fuera vestida de pies a cabeza.

Caminó entre la multitud, chocando con un hombre lobo y una especie de mujer Drácula. Se colocó los guantes de cuero que le hacían falta al atuendo y entonces se puso justo al lado de ella que aún no lo veía. - Alto ahí, el sargento Bennett la arrestará por matar a los pobres e indefensos animalitos para hacerse ese atuendo de cuero - dijo susurrando en su oído para luego girarla hacia él - Hola, querida mía, al final has venido. Logré reconocerte, ¿gano puntos por ello? ¿Me darás el divorcio? - le sonreí saludándola de dos besos - Te ves muy sexy debo admitirlo, miau - se bajó las gafas sobre la nariz para poder verla bien.

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Sam J. Lehmann el Dom Nov 01, 2015 9:55 pm

Saludo a Sven

No sabía exactamente cómo su nombre había acabado en la lista de invitados de una fiesta así, pero no iba a ser ella quien rechazara la oportunidad. No era muy fan de asistir a fiestas, principalmente porque en una primera instancia siempre se echaba hacia atrás porque era de esas que prefería pasar la noche viendo una película mientras se atiborraba a chocolate. Porque el chocolate es una sustancia que hace el bien a la humanidad por mucho que algunos digan que da cáncer. Pero el negro, el negro puro. Porque ahora Sam era vegana y no podía comer leche.

Sam tampoco era de vestirse de cosas terroríficas, básicamente porque ella pensaba que su cara no daba terror y sería desperdiciar un disfraz. Además de que odiaba las máscaras que dificultan su visión. Así que optó por algo sencillo, un disfraz que en realidad había usado con anterioridad para un evento similar. De domadora, un traje que siempre le había gustado mucho.

Sam llegó a la fiesta retrasándose un poco, ya que se había tomado más tiempo del previsto preparándose (mujeres, ya tu sabes…), pero le vino de maravillas, porque cuando llegó estaba lleno de gente. No sabía exactamente a dónde ir, pero lo primero que hizo fue acercarse a la mesa en donde picar algo. Vio pastelitos, pero posiblemente llevara huevo y leche. Vio salchichas, pero era carne; lo descartó. Era complicado seguir una dieta vegana. Se había informado como una auténtica maniática y desde hacía dos días que se había prometido a sí misma no comer más carne ni ningún producto derivado de los animales. Ni leche, ni huevo, ni nada. Y era un sufrimiento. Había adoptado el síndrome Hater de la Repetitividad Absoluta; algo así como la necesidad de contárselo a todo el mundo para autoconvencerse todo el rato de que había tomado una buena decisión y que estaba haciendo lo correcto.

Pero no funcionaba. Echaba de menos el chocolate con leche. Solo el chocolate con leche. El chocolate puro era asqueroso pero se había autoconvencido de que estaba rico.

Mientras chasqueaba la lengua de manera inconforme por no encontrar nada que se adaptara a su dieta en el menú de la fiesta de los Winslow, vio a un hombre vestido de Spock. “Seguro que Sven sería un fanboy de ese disfraz”, pensó Sam instantáneamente, relacionando lo friki de Star Trek automáticamente con su amigo el sanador. Lo curioso fue que después de probablemente diez segundos mirándole, se percató de que era Sven. Es irreconocible cuando se afeita y no tiene rizos. Sam se acercó a él haciendo contorsionismo para esquivar los brazos de personas que creían bailar pero parecían estar dislocándose los huesos del hombro—¡Hola! —saludó nada más llegar delante de él—Mira que no soy experta en el atractivo de los hombres, pero estoy cien por cien segura de que estás mucho más guapo con barba y los rizos —añadió divertida justo antes de darle un beso en la mejilla gratuitamente. Era su amigo y hacía bastante tiempo que Hogwarts lo había reclutado sin dejarle salir—¿Sabes? —le di un golpecito en el hombro con suavidad—Ahora soy vegana. Deberías ser vegano como yo —Otro síndrome. Este se llamaba: "El Autoconvencimiento Convencido", algo así como que entre más apoyo tuviera, más fácil sería sobrellevar esa dura vida que había decidido vivir.

Había tanta gente allí dentro que ni se percató de que había alguien acompañándolo. Además, seamos sinceros... ¿Sven con una chica? ¿En qué momento se habían alineado los planetas?
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Invitado el Lun Nov 02, 2015 12:23 am

Leandro estaba realmente alegre por recibir aquella invitación ,si bien las fiestas era lo suyo el convivir con sus compañeros del ministerio sería una muy buena idea. Por eso se tomó el tiempo necesario para buscar un disfraz que le gustara, algo que llamara la atención de forma sutil, que le cubriera de manera decente y que no fuera vulgar .Encontró el disfraz perfecto un faraón, nada mejor que eso para causar una buena impresión con sus compañeros o al menos sacar una que otra sonrisa. No le tomo mucho arreglarse el disfraz y el cabello, lo que le llevo más de media hora fue pintárselos malditos ojos pues en cuanto acercaba el famoso delineador su ojo se cerraba o le lloraba y era todo un caso. Cuando por fin su “maquillaje “quedó decente decidió ya dejarlo así y correr a la fiesta pues aunque no era muy tarde si llegaría algo retrasado a la hora acordada.


En cuanto llego a la fiesta se topó con uno que otro colega a los cuales saludo con alegría .Recibía muchos halagos hacia sus ojos y era común que con ese tipo de maquillaje resaltara de esa manera su color natural de ojos . Agradecía tanto halago poniéndose un poco colorado –con su permiso iré a la barra por una bebida- comento con su peculiar acento y rió cuando uno de sus compañeros le regalo una reverencia en broma .La verdad no conocía a casi nadie más que unas personas y precisamente por eso quería rondar toda la fiesta para conocer más gente, extrañamente ese día tenía muchas ganas de perder el control ,no lo haría por tener conocidos laborales pero si tenía unas ganas increíbles de simplemente mandar todo al demonio y pasarla tan bien que la resaca del día fuera la más odiada y recordada por el resto de su vida .

Con la copa en la mano se quedó recargado en la barra, observando los disfraces de los presentes, unos más sencillos, unos muy espectaculares y otros más que se notaba que habían sido comprados en el último minuto. Cada quien luciéndolo como mejor podía –Esto esta delicioso- se dijo así mismo volviendo a servir otro trago más ,notando que tenía bastante sed esa noche

Sus ojos paseaban de allá para acá, saludando de repente con movimientos leves de cabeza a uno que otro conocido y no fue hasta que se dignó a girarse un poco más que un par de piernas le hicieron casi ahogarse con el líquido. Era nada más y nada menos que el señor Masbecth disfrazado de tal manera que era casi imposible no verlo de manera cómica y más aún cuando Lean conocía cuan serio podía ser en su trabajo, verlo así en la fiesta sería un momento digno de recordar. Como lo vio con una mujer no se acercó ,pero continuo mirándolo de arriba hacia abajo, riendo a momentos y esperando igual el momento exacto para acercarse y halagar aquel par de piernas. Igual comentarle que cosas que le pondrían de buen humor referente a su buen trabajo en aquel viaje .
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Abigail T. McDowell el Lun Nov 02, 2015 3:54 am

Con Apolo en el salón principal.

Desde mi posición, lugar en donde prácticamente veía toda la sala en donde la gente bailaba, me fije en algunos rostros conocidos de personas que no me importan pero que trabajaban directamente conmigo en el ministerio. Esperaba fervientemente en que no repararan en mí, fingir esa noche y aparentar amabilidad no estaba dentro de mis planes.

Al final no tuve que buscar a nadie, pues alguien me encontró a mí. Una voz conocida apareció a mi derecha y automáticamente me giré a él con una sonrisa por su comentario. Pero qué va, no pude contestarle, pues cuando vi cómo iba disfrazado casi me da un ataque de risa. Todo lo que llevaba puesto me parecía increíblemente ridículo… el uniforme, las gafas, el bigote, los guantes… Tenía suerte de estar buenísimo y ser guapo, pues era lo único que lo salvaba de no parecer retrasado con ese disfraz. Negué con la cabeza al verlo y curvé una sonrisa.

Organizó esta fiesta mi jefe… qué falta de respeto sería faltar... —dije mientras me encogía de hombros. Además, siempre era mejor asistir a fiestas así organizadas por alguien conocido de manera totalmente voluntaria para que luego no te obligaran a ir a otras mucho más aburridas—¿Quieres divorciarte? Yo pensé que estaríamos junto por siempre cuando a los cuarenta años ninguno haya conseguido a su pareja ideal —dije de manera jocosa, alzando una ceja. Yo tenía la teoría de que moriría antes de los cuarenta, definitivamente. Además de que ¿pareja ideal? ¿Eso se come, acaso? Respecto al divorcio… a mí me daba igual divorciarme en cualquier momento, pero por una parte no me influía para nada estar casada y, por otra, siempre estoy muy ocupada como para ocuparme de los papeles del divorcio.

Alcé una ceja cuando me dijo que estaba bien sexy. Era mi mejor amigo y solía decírmelo, pero siempre me tomaba mejor un cumplido viniendo de él que de cualquier hetero. Él no tenía reparo en decirme las cosas malas y en dejarme claro cuando estaba radiante.

Soy tu esposa, tengo que estar a la altura —contesté, mirándole de arriba abajo—¿Pero me vas a decir de qué vas tú? Porque así a simple vista con esa ropa pareces un policía pervertido. Te falta la porra para golpear culos y las esposas de peluche para arrestar a tu ligue de esta noche —curvé una sonrisa entre divertida y traviesa—¿Viniste tu solo? —pregunté por pura curiosidad.

A lo mejor había venido con algún amigo o con su familia. Teniendo en cuenta lo unido que estaba a sus hermanos, no me extrañaba lo más mínimo que Eris rondara por la zona.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Apolo Masbecth el Mar Nov 03, 2015 12:08 am

Con Abi y Leandro en el salón principal.




Su disfraz lo encontraba sumamente divertido y con un toque picante, si, él sabía que se vería bien en él a pesar de no ser el mejor atuendo. Al ver a su esposa atravesó la pista de baile e hizo un chiste para llamar su atención - No lo sé. Los beneficios que nos da el ministerio ahora que estamos casados son para considerarse, nos dan puntos para comprar una buena casa, doble de vacaciones y por maternidad te dan un mes libre, ¿no te parece algo interesante? Explotamos al sistema, ni que fuéramos los primeros - comentó sonriendo mientras tomaba un par de copas con licor de una charola que pasó justo a su lado y le dio una a Abi, - brindemos porque sea una noche divertida  - dijo chocando los cristales y dando un sorbo mientras miraba algo o alguien que llamó su atención detrás de la pelirroja a unos metros de distancia.

- Sí, he venido solo. Mis hermanos están ocupados, mis amigos, bueno, tú estás aquí, espero ver a algunos más también - dijo teniendo en cuenta que ya había visto a uno de ellos e iba disfrazado de faraón, se veía bastante bien a distancia. - Créeme, las esposas las traigo pero están ocultas - le guiño un ojo y entonces bebió un poco más - ¿Y tú qué? ¿El tal Caleb no ha venido o qué? Escuche que ahora debe de cambiar pañales, tal vez la mujer lo traiga a raya, no le deje salir - dijo riéndose, sabía que su amiga gustaba de la compañía de ese hombre. - Bueno no importa, ¿te acuerdas del hombre que te conté? ¿Departamento de criaturas mágicas? ¿Italiano? Nos acompañó en una expedición a Perú para que el departamento nos suelte más dinero y fondos para la investigación que llevamos a cabo - se dio cuenta que los detalles podrían aburrirla así que se detuvo. - Bueno, está ahí atrás de ti, no mires. Quizá debemos ir a saludarlo, le he hablado que tengo esposa, pero eso no le impidió coquetearme de manera descarada el muy zorro - se rió dejando la copa sobre una pequeña mesa.

- Pero primero bailemos - le tomó de la mano y sin esperar a réplica la atrajo hacia la pista de baile, pegó su cuerpo con el suyo y con una mano la sujetó de la cintura comenzando a moverse al ritmo de la música, una canción lenta que se suele bailar mejor - Por cierto, ¿te he contado que Ícaro ya está en segundo curso? Le he regalado un hipogrifo y lo he llevado a conocer a mi dragón, se ha puesto muy contento, cada día se parece más a mí. Tienes que verlo, cada que nos encontramos lo veo más grande - dijo mientras giraban, le entró la necesidad imperiosa de hablar sobre su hijo como aquel que presume un trofeo.

La canción terminó y para cuando se detuvieron ya estaban justo al lado del faraón - saludemos a nuestro amigo italiano  - le tomó de la mano y fueron hasta donde él - Hola Leandro, me da gusto verte, te queda muy bien el atuendo  - quiso decir otras cosas más pero se contuvo por tener a su esposa al lado - Ella es Abi, mi esposa, no sé si se conocen ya o no, siendo que ambos trabajan en el ministerio, con sus aburridos trabajos de cuatro paredes  - aquello no era una broma del todo. - Leandro es un hombre muy interesante, ha viajado por el mundo, así como yo planeó llevar a mi hijo a conocer la cultura en otros países en cuanto salga de vacaciones - de nuevo la conversación la volvió sobre su hijo. - Este año ha entrado al equipo de quidditch y tan solo va en segundo, técnicamente solo son permitidos de tercero en adelante, es un chico especial sin duda - sonrió de oreja a oreja hablando de su pequeño, no supo explicar por qué pero le alegraba hablar de él y se vio envuelto en un espiral, sin poder detenerse. - Tienes que conocerlo, lástima que no pudo venir, tiene su propia fiesta en Hogwarts, quizá lo lleve al ministerio un día, él también está interesado en las criaturas mágicas, estoy seguro que te caería bien. Al principio es algo tímido pero una vez te conoce no deja de hablar, tal como su padre. Soy padre, ¿qué te parece? Tan joven, pero en realidad es la cosa más importante que me ha podido pasar en la vida - respiró profundamente en busca de aire pues no paraba de hablar, en ese momento el mesero se acercó con más copas y él bebió un poco más.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Abigail T. McDowell el Mar Nov 03, 2015 8:40 pm

Con Apolo hablando y bailando
Con Apolo y Leandro hablando

Ícaro era demasiado grande como para cogerme un mes por maternidad. Y ni de coña iba a tener un hijo para aprovecharme y tener un mes de vacaciones. Si en el fondo era una obsesa del trabajo y adoraba lo que hacía. Teniendo en cuenta mi gusto por los niños, si en algún momento tengo alguno, reduciría mi propia maternidad. Cogí una copa de uno de los camareros que pasaba por la zona y curvé una sonrisa ante lo que decía. Apolo estaba sorprendentemente animado, ¿cuántas copas se había tomado ya?

Apruebo lo de las vacaciones y una casa más grande, pero solo eso —lo miré con diversión en los ojos, pues él era consciente mi opinión sobre los críos. Y la verdad es que teniendo en cuenta el tamaño de mi casa, no vendría mal una un poco más grande aunque no me hiciera falta. Brindé con él y me llevé la copa a los labios, en dónde saboree un amargo champán.

Al parecer había venido solo a la espera de encontrarse con sus conocidos aquí dentro. Yo en parte había hecho lo mismo y alegraba que Apolo hubiera sido el primero con el que me hubiera encontrado. Ahora si venía alguien menos interesante podía alegar que estaba con él, ya que en su compañía me aseguraba de divertirme. Y la verdad es que era con una de las personas con las que más soy yo misma.

Ni lo sé, ni me importa, la verdad —contesté algo tajante al tema de Caleb, aunque por suerte él lo evadió rápidamente. Me daba igual si asistía, solo, acompañado o con la silla del bebé. O si no asistía, sería de hecho lo más lógico si tenía un bebé en casa. Luego me habló del Italiano del departamento de de criaturas mágicas. Me había hablado de ello y yo tenía constancia de un trabajador italiano en ese departamento debido a mi posición, pero jamás había intercambiado una palabra con dicho empleado. Atendí a su explicación y me dijo que no mirase hacia atrás. Por favor, estábamos en una fiesta y estaba claro que si decía: “no mires o mira disimuladamente”, una iba a darse la vuelta de la manera más descarada posible. Giré el rostro casi al momento en el que me dijo que no mirase y vi allí un faraón. No estaba nada mal. Alcé una ceja—Joder, ¿te zorrean diciendo que tienes esposa y un hijo? Qué ganas de meterse en un jodido marrón —Bueno, espera… Si yo hacía eso siempre… De hecho, el ministro era un claro ejemplo: tenía esposa e hijos y yo, en vista de su interés, le zorreaba todo lo posible—Aunque supongo que supo identificar que no tenías ningún interés en tu esposa. Ustedes tenéis una especie de radar para identificar a los de vuestra acera, ¿no? —pregunté divertida, ya que Apolo nunca fallaba con esas cosas. Me suponía que no era el único.

Me terminé lo que restaba de la copa de un trago sin problemas y la dejé en el mismo sitio en dónde él dejó la suya, para luego incorporarme con él en la pista de baile. Él me sujetó y me dejé guiar por sus movimientos. Era sorprendente lo unido que estaban Apolo e Ícaro. Jamás hubiera imaginado que Apolo fuera a acostumbrarse tan rápido a un hijo.

Me alegro, el otro día me lo encontré en Hogsmeade. Es incómodo hablarle teniendo en cuenta que legalmente soy su madrastra —arrugué la nariz con diversión—La verdad es que nunca te vi con un niño, pero ahora se me hace raro hasta que no lo tuvieras. El tiempo pasa rapidísimo que casi parece que lo tienes desde siempre —dije, sorprendida al caer en ese hecho. Ícaro ya era parte de Apolo y, en cierta manera, hasta a mí me parecía ya algo increíble que mi amigo tuviera esa parte tan esencial en su vida.

Después de eso, Apolo sujetó mi mano y fuimos hacia el faraón italiano del departamento de criaturas mágicas. Curvé una sonrisa al escuchar todo lo que decía Apolo frente a ambos. Yo me tomé la libertad de acercarme al faraón para darle dos besos. Mera formalidades. Tenía suerte de haberme encontrado de buen humor junto a mi mejor amigo y marido y no de mala hostia porque el departamento de criaturas mágicas la hubiera cagado en el ministerio.

Abigail McDowell, la asistente del ministro —le especifiqué orgullosa, dando por hecho que él ya había escuchado mi nombre y sabría quién era a pesar de no haber tratado conmigo directamente. No me dio tiempo de amenazar al faraón para que zorreara con mi marido (obviamente de coña), pues Apolo parecía haberse metido una pila por el culo que le había vuelto excesivamente hablador. Sobre todo con el tema de su hijo. Aunque no íbamos a negarlo… se me hacía incluso adorable verle tan emocionado con algo que jamás pensaría que le emocionara tanto—Eso me comentó cuando hablé con él, la verdad es que si no fuera por la casa en la que cayó, sería igual que su padre. Aunque con que sea la mitad de increíble de lo que eres tú, será un hombre inigualable —le hice un halago, con una curvada sonrisa, pasando mi mano por alrededor de su cuello para darle un intenso beso en la mejilla. Luego me separé de él y le imité, cogiendo otra copa de una de las bandejas de un camarero—¿Qué nos cuentas tú, Leandro? ¿Has venido solo? —le pregunté, ya que hoy me había dado por saber si la gente era como yo y decidía venir a ese tipo de fiestas solos.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Matt Forman el Miér Nov 04, 2015 12:49 am

Saludando a Apolo, Abi y Leandro.


Todos los años hay una gran fiesta de Halloween en el mundo mágico para adultos. Los alumnos de Hogwarts disfrutan de la suya también. Lluna estuvo todo el verano buscando un disfraz adecuado y aproveché para comprar otro para mí. Lo mío eran los uniformes muggles claramente. El año pasado me vestí de policía y este año de marine americano. El blanco del traje resaltaba mis ojos y mi sonrisa. Además de tornear mis músculos y mostrar bien mi trasero. Esta semana había estado viendo unas películas muggles muy recomendadas, y quería ponerme un disfraz como el del fantasma de la ópera y encontrar así a mi Cristine, lo que no encontré fue un disfraz de mi talla. También vi una película sobre vampiros, y quise disfrazarme de vampiro gótico, muy elegante, pero no tuve tiempo. De modo que termine poniéndome mi vestido de marine americano, que me sentaba muy bien.

La fiesta de este año se celebraba en casa del señor Ministro. El jefe supremo nos había invitado a su humilde morada a pasar la velada de la noche de los muertos. Llegué bastante puntual y la casa estaba ya llena de gente. Las decoraciones hacían que el lugar pareciese muy lúgubre y oscuro, lo que dotaba a la casa de cierto encanto. Entré esperando encontrar a toda esa gente que trabaja en el mismo lugar que yo y a los que no tengo oportunidad de encontrar de fiesta, pero como todos iban con sus disfraces me costaba un poco adivinar su identidad. Lo primero que hice fue conseguir una copa. Saludé a unos Inefables que estaban vestidos de súper héroes mugles y continué buscando algo de diversión. Antes de entrar en el salón, donde se concentraban la mayoría de invitados, ya me había terminado mi primera copa. Cogí otra y observé a los presentes. Lo que primero llamó mi atención fue la pareja formada por Apolo y Abi. Él iba de sheriff muggle, o algo parecido, pero de verano. Ella llevaba un fabuloso disfraz de cuero apretado con látigo incluido. Tengo entendido que es catwoman, la mujer de batman. No entiendo de esas cosas. Decidí acercarme a ellos aunque estaban con otro hombre al que no conocía.

- Que gusto verlos, señor y señora Masbecth. Bonito disfraz el tuyo Apolo, y muy peculiar. Abi, tan sexy como siempre.

No podía evitar sonreír al verlos juntos y llamarlos señor y señora Masbecth ya que están casados. Es como un pequeño chiste que poca gente pueda entender. Miré también al otro hombre y le tendí la mano. Llevaba un disfraz de faraón egipcio o algo así, muy gracioso con la falda. De ese modo mantendría fresca su zona intima. Que cosas se me ocurren... Y solamente he tomado dos copas.

- Soy Matt Forman, un placer.

Había interrumpido una conversación, de modo que me mantuve un poco al margen hasta que pudiese meter baza. No reconocía al faraón. No solía quedarme con las caras a menos que conociese a la gente de algo. Estoy seguro al 89% de que no trabaja en mi ministerio, poco más. Miré a lo lejos intentando reconocer a otras personas y vi a una sexy domadora rubia. ¿Sam? Mmm, vaya disfraz. Ahora me arrepiento de no haber venido disfrazado de león. Caí en al cuenta de que tanto una domadora como la gata sexy usaban un látigo. Eso es sexy. Será una gran noche.


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A. Sven Moretti el Miér Nov 04, 2015 9:31 am

Con Mathilde y Sam

El salón enorme de la “casita” ya estaba petadísimo de gente. Temía el momento que Mathilde me dijera de bailar, porque… a ver, no es lo mío. Ni mucho menos. Soy un pato mareado y no quería hacer el ridículo. Si hubiera ido solo sería el primero que se apuntara a un bombardeo de hacer el ganso, pero con ella delante no. Faltaba todavía mucho para que llegáramos a la fase de “hacer el tonto sin temer que el otro salga corriendo”.

Estaba picoteando unas salchichas y patatas cuando alguien me saludó. Me cogió desprevenido, porque excepto a Drake y Fly no esperaba encontrarme con nadie conocido. A los dos segundos reaccioné y esbocé una sonrisa amplia al reconocer a Sam.

- ¡Hola, Sam! ¿Qué haces tú por aquí? Bueno, supongo que lo mismo que yo, no entiendo por qué me han invitado, la verdad… - comenté, encogiéndome de hombros. Lo de Sam tenía más lógica porque trabajaba en el Ministerio, a mí no me conoce ni mi madre. Literalmente, si donna Giacoma me viera por la calle no reconocería a su único hijo varón, y eso que según mi hermana Nicoletta yo era clavado a mi padre. Pero eso era otra historia, ¿por qué demonios me acordaba de mi familia en esos momentos? Mi mente es demasiado dispersa. - No eres la primera que me lo dice. - reconocí, riendo. Me acordé de Brisa que solía decirme exactamente lo mismo. - A mí me quitas los pelos y ni yo mismo me reconozco. - me quedé de piedra cuando me dijo que ahora era vegana. Pero literalmente, que la miré de hito en hito, de la cabeza a los pies, con cara de póquer. ¿Por qué alguien querría destrozarse la vida de esa manera? ¡Con lo rica que está la carne! - ¿Vegana? ¿Tú? ¿Pero así de repente? ¿Y por qué? - fui soltando una batería de preguntas, a cada pregunta mi cara de estupefacción aumentaba. - ¡Ah, ya! Te has ligado a una Lisa Simpson crecidita y quieres impresionarla. - supuse, aunque Lisa era vegetariana, pero reconozco que nunca me enteré muy bien de la diferencia entre ser vegano y vegetariano. Para mí todo es lo mismo: solo comer verde. Con la sorpresa que me había producido esa confesión ni me fijé en que estaba dejando un poco de lado a Mathilde. La miré con disculpa, luego volviendo la vista de nuevo a Sam. - Por cierto, ya que estamos te tengo que presentar a alguien. Esta es Mathilde, mi Uhura particular. - añadí, con una sonrisa de idiota que se me debía notar a kilómetros. Que retrasado soy, de verdad. Hay veces que me pegaba a mí mismo.
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Caleb Dankworth el Miér Nov 04, 2015 5:28 pm

Con Matt, Abi, Apolo, y Leandro.
Luego con Abi por ahí.

Al principio no tenía intención de asistir a la fiesta de Halloween del Ministro, aunque yo nunca me perdía ninguna fiesta, pero con un bebé en casa tenía que sacrificar al menos durante un tiempo los viejos hábitos de siempre de salir a todas partes. No iba a encasquetarle la bebé a Zack, claro está, pues él quería ir y yo no le iba a hacer quedarse en casa con ella aunque sabía que, por muy a regañadientes que lo hiciese, siempre que yo le pidiese que se quedase cuidando a su hermana lo haría. Pero en el último momento a Alyss le surgió un viaje al que tuvo que ir, y se llevó a Grace con ella. Eso nos dejó a Zack y a mí completa libertad para salir a donde quisiésemos. Yo podría haber dejado a la bebé con una nanny, que dinero para ello no me faltaba, pero no me fiaba ni un pelo de los extraños con ningún asunto, así que menos iba a dejar a mi hija con uno de ellos. A Zack jamás le dejé con niñera cuando era pequeño.

Como desde que había nacido Grace no había salido casi de casa ningún día, pues tenía una responsabilidad muy grande como padre, en estos días que era completamente libre aproveché cada segundo de día para desfasarme por completo. Todos los días había alguna fiesta a la que ir, y el día de la fiesta del Ministro Winslow estuve en otra fiesta que organizaron unos de mis amigos antes de esa. Nada más salir de la fiesta de mis amigos me marché a la del Ministro, parando solamente un rato por el camino en mi mansión para cambiarme y recoger unas cosas, pues en la otra fiesta el disfraz que había llevado a ella había acabado para el arrastre. Me disfracé de uno de los asesinos de un famoso videojuego muggle, Assassin’s Creed. Sabía de su existencia gracias a Zack, a quien siempre le abían gustado los videojuegos muggles y yo le había comprado todos los que me había pedido a lo largo de los años. Yo siempre había pasado mucho del tema, se los compraba y punto, pero un día me aburría tanto que me senté con mi hijo en el sofá mientras él jugaba como si le fuese la vida en ello y vi que el videojuego era interesante. Lo que más me interesaba era las armas que tenía en personaje, en realidad. Yo tenía una colección de armas, y me había empeñado en añadir unas como las del personaje a mi colección, no podía resistirme. ¡Armas! Sangre y armas blancas, los amores más peligrosos de mi vida.

Había bebido más de lo que debería en la fiesta de mis amigos, y cuando llegué a la mansión Winslow estaba bastante ebrio. Me tambaleé un poco mientras entregaba mi invitación en la entrada al hombre que estaba allí. Aparte del disfraz había traído conmigo una bolsa llena de ropa interior. ¿Por qué? Pues porque estaba muy borracho, ya lo he dicho antes. Ni siquiera me había dado cuenta de cuando había llenado esa bolsa de bóxers y calzoncillos y me la había llevado, pero ahí estaba. Sonreí ampliamente mientras sacada uno de mis bóxers de color rojo oscuro del interior de la bolsa y se lo tiraba al hombre a la cara.- ¡Eres un elfo libre!- exclamé, y entré a la mansión.

Estaba en el pasillo yendo hacia el salón cuando se me chocó alguien que llevaba puesta una capucha negra. Estaba a punto de mandarle a la mierda cuando de repente le miré a la cara y vi que era Zack.- ¡Hijo! ¿Estás bien?- pregunté al ver que estaba un poco tenso.

-Eh… Sí, sí papá, estoy bien- asintió, aunque no me miró directamente a los ojos sino que su mirada vagaba por toda la estancia.

-Tienes la mirada rara.

-Son las lentillas.

-¿Has usado lentillas? Vaya gilipollez, ya te podrías haber cambiado el color con un hechizo… Bueno, te dejo, que ya eres mayor y supongo que no quieres que te vean con tu padre. ¡Eres un elfo libre!- exclamé mientras le tiraba a él uno de los bóxers de color azul a la cara, y me alejaba de allí.

En el salón había demasiada gente. Muchos desconocidos, algunos me sonaban… pero allí al fondo estaba mucha gente conocida. Me acerqué a ellos alegremente, llegando cuando estaban en plena conversación. Al principio solo reconocía a dos de los hombres, a Apolo y a mi mejor amigo Matt, pero a primera vista no reconocí a la mujer vestida de Catwoman, y el otro hombre me sonaba de haberle visto por el Ministerio pero no recordaba haber hablado nunca con él. A la mujer la reconocí en cuando me acerqué un poco más. No podía ver su rostro, pero ese culo… Ese culo provoca infartos y es reconocible entre un millón de culos.

-¡Buenas noches, dama y caballeros!- saludé, con el típico toque alegre que siempre tenía mi voz cuando estaba más ebrio de lo habitual. Cuando estaba ebrio a niveles normales sonaba igual que siempre porque casi siempre estaba ebrio. Mi gusto por el alcohol es un mal bicho y, como bien dice el dicho, mal bicho nunca muere.- ¡Cuánto tiempo, Matt! Apolo, un gusto verte- saludé muy educadamente al hombre, que siempre me había caído bien. Miré entonces al tercer hombre que había allí, al que no conocía pero sí que me sonaba. Como conocía a todos los demás presentes no me podía quedar sin saber quién era él. Le di la mano para presentarme.- Caleb Dankworth, un placer.

Y mi sonrisa más radiante la reservé para Abi, que estaba justo a mi lado. La di un beso en la mejilla a modo de saludo, olvidando en mi estado de ebriedad que Abi estaba siendo una mula terca y me ignoraba desde hacía meses.- Abi, tú estás guapísima como siempre- Abi podía ponerse un saco de patatas y le quedaría bien, así que si encima se viste de Catwoman todos los hombres y lesbianas y bisexuales de la sala estaban casi babeando al verla.- Apolo, ¿me permites que te robe a tu bella esposa un momento? Gracias- dije, acompañando mis palabras con un gesto de la cabeza. Antes de marcharme saqué tres piezas de ropa interior oscura de la bolsa que traía y las tiré al aire.- ¡Sois elfos libres!

Y tiré de Abi para llevármela de allí. Necesitaba otra bebida urgentemente.


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Invitado el Miér Nov 04, 2015 7:12 pm

Con Apolo, Matt , Abi  y Caleb por un corto tiempo hasta que se marchan
Y ahí estaba el, bebiendo ya su cuarto o quinto vaso de la noche .Inexplicablemente su garganta estaba tan seca que no podía dejar de beber aquello ¿había comido algo antes de venir? No, no lo recordaba igual y por eso tanta sed, llenarse de agua era la mejor opción para matar su hambre apaciguada.

Su mirada paseo disimuladamente cuando la pareja formada por Apolo y la pelirroja se fueron a bailar “linda, cabello rojo…¿será su esposa , la asistente del Ministro? “ Pensaba Lean lamiendo sus labios quitando el resto de la bebida. Apolo ya le había contado de ella en aquel encuentro de trabajo .De un momento a otro aquella pareja se encontró con él, Lean sonrió a  Apolo y estiro su mano para estrecharla –El placer es mio y vaya disfraz compañero. Te queda bien- no pudo evitar mostrar una sonrisa con una risa liviana y dirigió su mirada a la linda mujer que lo acompañaba –Señorita McDowell, es todo un placer. Y no, no tenía el placer, como sabes Apolo tengo muy poco acá- correspondió  los besos claro está, con una sonrisa.  Sonrisa la cual se hizo más grande al escuchar a Apolo hablar de esa menara de su pequeño, se notaba muy orgulloso y le dio ternura a pesar de que a Leandro no le gustaban tanto los niños, o mejor dicho nunca había convivido con uno más allá de un simple “¿Y tus papás?” –En eso estoy de acuerdo con usted señorita McDowell ,Ícaro será un buen hombre, tiene un excelente ejemplo a seguir y si la señorita McDowell aquí presente es tan increíble como se dice en los pasillos del ministerio estoy seguro que tendrá un futuro exitoso – sonrió  bastante amistoso y puso su mano en el hombro de Apolo- Algún día tendré que conocerlo, hablas tan bien de él que ya me dio más curiosidad y si como dices le interesan las criaturas mágicas como a mi seguro me llevare bien con él. Te haremos travesuras y te sacaremos canas verdes –Levanto ambas cejas de manera divertida y negó para restarle importancia –nunca pensé que fueras un padre tan orgulloso- le dedico una sonrisa sincera a Apolo y se giró hacia Abi soltando a del hombro a Apolo y se cruzó de brazos pensando en que contarle.

-Que le digo señorita, tiene poco que llegue como mencioné antes, por eso no había tenido el gusto de cruzar palabra con usted, aunque por supuesto había escuchado hablar de usted, como excelente trabajadora y devota esposa- soltó una risa –y bueno si vengo solo, creo yo es una excelente manera de conocer a  todo mundo y tener bebidas gratis así como poder hacer el ridículo sin sentirse tan mal- se señaló el disfraz y termino su quinto vaso de la noche –Y agradezco se acercaran no quería interrumpirlos yo y romper la ilusión de romanticismo allá en la pista –Levanto el brazo preguntando sin palabras si querían otra bebida pues él  estaba por servirse mas .

La voz de otro caballero el hizo girar la cabeza y en cuanto vio al amigo de sus acompañantes sonrió con cordialidad –Leandro D’Ancona , Es todo un placer capitán - Estrecho con fuerza la mano del nuevo integrante en aquel peculiar grupo mientras reía por su mal chiste – Estaba a punto de servirme un poco más, ¿alguien gusta? Debo admitir que esto está muy bueno y ya no se ni cuantos vasos llevo, pero se los recomiendo –Otro caballero llego y Lean volvió a estrechar su mano con fuerza –Leandro D’Ancona un gusto señor- Ambos caballeros que recién se habían presentado tenían su atractivo ,Lean no era ciega pero su interés estaba únicamente en el caballero de piernas descubiertas que tenía al lado .No tuvo más que decir pues pidió llevarse a la esposa de su compañero- Vayan con cuidado y a divertirse-les sonrió a ambos y cuando se marcharon el moreno miro a ambos acompañantes .

-venga hagamos un brindis por el placer de conocernos - levanto su vaso – aparte es una fiesta ¿no? que desperdicio será ser el nuevo y no hacer algún ridículo en la pista de baile y así exponerme ante todos- era una broma pero si seguía bebiendo así eso sería la realidad – ¿Usted señor Forman? Gusta acompañaron con una bebida? ¿Contarnos de usted? Porque si no es así aquí nuestro flamante oficial seguirá presumiendo a su retoño, que no me molesta pero me darán ganas de adoptar un niño- soltó una pequeña risa mientras se hacía un poco de perfil para levantar una mano con delicadeza y así atraer a alguien que les diera las bebidas.
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Última edición por Leandro D'Ancona el Miér Nov 04, 2015 7:23 pm, editado 1 vez
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Apolo Masbecth el Jue Nov 05, 2015 12:11 am

Con la santísima Trinidad (Apolo, Matt, Leandro)



El baile es algo que disfruta mucho, quizá demasiado por eso es que no perdió la oportunidad de bailar con su mejor amiga y esposa. La canción terminó y entonces fueron a saludar a Leandro, Apolo comenzó a hablar sin control sobre su hijo y la buena relación que estaba llevando con él, se encontró atrapado en el mismo tema una y otra vez. - Tienes razón, solo le hizo falta ser de Slytherin para que sea el paquete completo - le guiño el ojo a su esposa y luego miró a Leandro quien se veía muy bien con esa falda - creo que elegimos disfraces no aptos para el fresco que hace - comentó de manera casual mientras hacía la observación. - Hablando de atuendos, mi pequeño ha elegido ser un pirata, se ve tan guapo, me ha enviado una foto - sacó de su bolsillo en efecto la foto en movimiento de su hijo donde sostenía una espada, llevaba un sombrero gigante y un parche en el ojo así como a su mascota la guacamaya. Cuando les mostraba la foto apareció Forman vestido de marinero, no había nada más gay que eso, ni siquiera el atuendo de sargento en shorts de Apolo. Resultó ser todo un estereotipo el jefe de misterios pero al menos se veía muy bien, quizá demasiado.

-   Hola Matt, te queda bien el blanco. ¿Y yo que? ¿Yo no me veo sexy acaso?  - lo saludó sonriendo y le puso una mano en la espalda y otra la estrechó a modo de saludo, no lo veía desde ese viaje. - Hablábamos de Ícaro y de lo enorme que se está poniendo, en poco tiempo me va a alcanzar - y ahí estaba Apolo hablando una vez más de su retoño de una forma exasperante. Ignoró por completo los saludos formales entre los desconocidos, él tenía la extraña urgencia de seguir hablando sobre el pequeño Masbecth pero que siguiera apareciendo gente le arruinaba los planes.

Ahora era el amantuco de Abi, ¿o era al revés? Lo que si supo es que no le agradaba que quisiera llevársela, ya que ese hombre estaba con otra y tenían un hijo en camino - pues no, no te lo permito pero si ella quiere,  adelante - dijo para darse cuenta que en efecto se la estaba llevando no sin antes susurrarle algo en el oído - mereces algo mejor - y la dejo ir para luego volver a ver a los dos hombres con los que se encontraba. Ambos del ministerio y guapos, ¿qué más podía pedir? - Salud - dijo levantando su copa y brindando por lo que sea que debían brindar. - ¿Cómo les va todo, caballeros? ¿Algo relevante que contar? Porque puedo seguir hablando de Ícaro si no me callan - dijo dándose cuenta que quizá habló demasiado sobre ese mismo tema.

- Nosotros hemos ido a Perú recientemente, a hacer una investigación para recaudar fondos, que lo necesitamos, y aquí el señor Leandro fue el enviado del ministerio para evaluar si somos dignos de dicho incremento monetario o no ¿lo somos señor D´Ancona? - dijo sonriendo mientras daba un sorbo a su bebida burbujeante la cual estaba ya tibia y no le gustó así que la hizo a un lado.
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