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HALLOWEEN 2015: Mansión Winslow

Cuenta de Ambientación el Jue Oct 29, 2015 10:51 pm

Recuerdo del primer mensaje :

HALLOWEEN 2015: MANSIÓN WINSLOW



La noche de los muertos llega a casa de los Winslow, bajo una gran fiesta de disfraces que el mismísimo Ministro de Magia ha querido organizar para todo el mundo mágico. O por lo menos para aquellos que han recibido invitación. Todos sabemos que asistir a una evento así es solo para gente selectiva. Ah, sobra decir que para poder entrar en la fiesta, era obligado llevar disfraz. Si no, ¿qué clase de fiesta sería?

Toda la mansión Winslow estaba decorada con objetos propios de Halloween, dándole un aspecto tenebroso tanto por fuera como por dentro. Benjamin Winslow había habilitado prácticamente todo el primer piso, la piscina y los jardines de su gran mansión para esa gran fiesta. La planta superior estaba totalmente habilitada, pero en las escaleras había una placa que decía: “DANGER UPSTAIRS”, pues toda la parte superior estaba llena de sustos y trampas típicas de casas del terror, aunque éstas mucho más mágicas y que, de ser pillado, podrías recibir una gran reprimenda y ser expulsado de la fiesta o, peor, quedarte ahí toda la noche.

Al sótano de la casa solo pueden bajar los elfos domésticos y todo lo necesario para una gran velada se encontraban en el gran salón de la mansión, el cual había sido perfectamente decorado para mayor espacio y organización. Desde bebidas a cualquier tipo de suculenta comida preparada por los elfos de los Winslow.

La fiesta había empezado a las 22:00, pero desde las 21:30 ya había gente dentro de la mansión dándolo todo. La música era alta sobre todo en la zona interior, pero suficiente como para poder hablar con una persona sin destrozarte las cuerdas vocales gritando. Aunque si lo que querías era mantener una larga y tendida conversación, lo mejor era que salieras a los jardines.

OFF: Podéis ir entrando todos. Esta noche os mandaremos todos los retos por MP, tened paciencia. Cuando completéis el reto, ponedlo en el rol y mandar un MP con dicho post a uno de los fundadores. Al cumplirlo os pagaremos 500 galeones.

Recomendamos para mayor facilidad a la hora de relacionarse y a la lectura del rol, decir al principio del post a quién te diriges en tu post.

Recordad que esta trama no estará abierta toda la vida, sino que tiene su fecha de vencimiento, más concretamente dentro de dos meses. Por lo que os rogamos que no dejéis vuestros personajes por ahí perdidos sin rumbo ni misión en la vida xD. Si no váis a seguir postendo, haced como que os lo pasáis bien (o mal) y salís de la fiesta.

Gracias por participar y sobre todo a pasarlo bien. Smile
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Abigail T. McDowell el Jue Nov 05, 2015 2:08 am

Con los sexys de Apolo, Leandro y Matt
Luego sola con el feo de Caleb

De repente, me vi rodeada de tres tíos buenísimos y que por desgracia eran gays. Era gracioso, la verdad, para qué mentir. Con Apolo ya me he acostumbrado a rodearme de chicos de la otra acera o de chicos con hijos, que para el caso viene siendo lo mismo para mí. Leandro parecía agradable, pero vamos, yo también parezco agradable cuando quiero. Esbocé una sonrisa ante lo que decía. Sobre todo dando por hecho de que mi papel como esposa y supuesta madre tendría algo que ver con el futuro de Ícaro. Veía más a ese pequeñajo como un sobrino que otra cosa, la verdad. ¿De verdad se creía que entre Apolo y yo había algo serio o estaba aparentando para no reírse en mi cara por estar casada con un gay? Porque menuda tela, ¿eh? Menuda puta tela. Menos mal que por lo menos era con Apolo, que ya desde hace muchísimos años atrás dejé de verle el atractivo al imaginármelo con otros hombres.

De verdad, no te preocupes por romper el romanticismo —dije totalmente en serio, negando con la cabeza—Tenemos de sobra… —ironicé y miré a Apolo con diversión en la mirada. Mi sentido del romántico era probablemente similar al de una piedra seca en medio del Sahara.

Justo después apareció nada más ni nada menos que el hombre que mata personas mientras se las folla, Matt Forman. Joder, ese uniforme de marine le quedaba de maravilla. Lo miré de arriba abajo con todo el descaro posible, ya que merecía totalmente la ocasión.

Señora Masbecth, qué gracioso… ¿Cuántas te has bebido ya? —dejé caer con una mirada llena de reproche pero bastante divertida, para luego mirar a Apolo. Supongo que la reacción de Matt fue igual de graciosa que la de Caleb cuando se lo contó—Es un gusto verte, Matt. Deberías ir más a menudo así al Ministerio. Nos alegrarías la vista a todas.

Justo en ese momento, por un lateral mío apareció un hombre encapuchado. No le vi la cara y, a pesar de que su voz estaba un poco perjudicada por el alcohol, lo reconocía a la primera. ¿Caleb perdiéndose una fiesta? Ni aunque tuviera tres mil bebés en casa. Esperé a que saludase a todo el mundo para que al final me mirase y pudiera verle la cara.

Gracias —le contesté cual mula terca, con una sonrisa ladeada, para luego mirar a al faraón—Yo sí quiero una —acepté la proposición de Leandro para tomar lo mismo que él. Me estaba empezando a caer mejor. Aunque yo seguía siendo del Team Matt por el simple hecho de que ya que no me lo tiraba yo, por lo menos que se lo tirase mi querido y flamante esposo.

Leandro me dio una copa de lo que estaba tomando y justo en ese momento Caleb le pidió permiso a Apolo para ver si podía llevarme. ¿No es más fácil que me preguntase directamente a mí? Me es mucho más fácil decir no que tener que mirar con ojos de rechazo a Apolo. Pero bueno, finalmente Caleb me sujetó de la mano y tiró de mí. Las palabras de Apolo me hicieron pensar y yo simplemente me encogí de hombros a la vez que dejaba de verlo por haberme metido entre tantas personas. Pude ver como Caleb tiraba ropa interior de él al grito de "eres un elfo libre". ¿Pero cuántos jodidas botellas se ha bebido este hombre?

Llegamos a un lugar más tranquilo y le solté la mano, mirándole con cierta mala hostia. Aunque lo primero de todo, era dejar las cosas claras antes de que se le ocurriese tirarme uno de sus calzoncillos a la puta cara.

Ni se te ocurra tirarme un calzoncillo a la cara o te reviento —le amenacé. Bebí del vaso que Leandro me acababa de dar y tenía razón con eso de que estaba rico. Si iba a estar con Caleb, mejor beber mucho. Mucho, mucho mucho. Tenía que tener alcohol en vena si iba a tener que soportar como mi amigo borracho me cuenta qué tan duro es ser padre de un bebé. Luego me di cuenta de que para que estuviera tirando su ropa interior al grito de “eres un elfo libre”, es que ha bebido mucho—¿Te has acabado tu arsenal de alcohol antes de venir o qué?
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Jue Nov 05, 2015 8:44 pm

Con Sven y compañía

Debo reconocer que cada vez que me mandan cartas de eventos importantes siempre estoy en mi casa haciendo el vago, dícese jugando casi siempre a la playstation. Pero esta vez era algo diferente, aún seguía en el castillo porque me estaba ocupando de unos asuntos sobre los partidos y las próximas clases que daré. Espero que este año los alumnos no se me quejen...pero es que también tengo que hacer nuevas maneras de que tanto los nuevos como los viejos no se agobien...Volviendo al asunto que a todos nos preocupa. Estaba en mi despacho y me llegó la típica carta de que los Winslow iban a celebrar una fiesta de Halloween para los adultos en su mansión, eso implica que tengo que ir... ¿Por qué? Porque el señor Winslow es el Ministro y es el padre de una de mis alumnas, a parte de que a lo mejor puedo ver a antiguos compañeros de colegio...

Evidentemente yo no iba a ir, pero justo cuando estaba cruzando el límite del castillo para irme a mi casa, me pilla un amigo que estuvo conmigo en el colegio, era un Gryffindor que se pasaba todo el santo día en la enfermería, aún me pienso como legó a aprobar después de pasarse enfermo casi todos los años de su vida. Le saludé y le pregunté por su vida, cuando de repente me veo de copas con él...Al parecer él también iba a ir, le desee suerte en su hazaña y le puse la típica excusa de que no iba a ir...También era una excusa que era cierta, no quería ir disfrazada de algo que no me sintiera cómoda...Él me dijo que podía ir de lo que quisiera, pensé en una francotiradora de un juego... Creo que iba a ir algo perfecta, Caitlyn se llamaba.

Quedamos en que él me conseguiría el cosplay, pero al final el de la tienda se confundió y me dio el disfraz de una tipa del Star Trek, casi no le pego cuando apareció con el traje ese...No se parecía en nada...Accedí a ponérmelo porque sabía que nadie iba a ir de algo tan...no se, a mi sólo me van los videojuegos y esas cosas, no soy de ese rollo de series. El cabrón de mi amigo de paso me iba a preparar una tila para que me calmara, tila que al final era una brebaje whisky de fuego super cargado, tan cargado que con tan solo un sorbo ya estaba con las mejillas rojas y algo contenta. Llegué a la fiesta acompañada de mi amigo, amigo que de repente me dejó sola con el marrón encima. Buscaría al Ministro para darle las felicitaciones y me marcharía antes de que alguien se diera cuenta de lo rara que iba vestida...A lo lejos me encontré con Sven y dos chicas, que menos de saludar... -Hey Sven, cuanto tiempo. Le saludé de lejos y lo primero que hice cuando llegué fue plantarle un gran beso en todos los morros y luego le pegué un bofetón con la mano abierta. -Te lo debía de aquella vez... Le dije algo mosqueada,menos mal que las mejillas coloradas aparentaba que era maquillaje porque a mi no me gustaba beber...Y Sven lo sabe -Disculpad...Soy Esther Fenixheart, soy la hermana de Sven...bueno no lo soy, pero como nos conocemos desde siempre, pues es como si lo fuéramos... Sonreí poníendole el brazo sobre el hombro a modo de confianza... -El hijo de puta de Martin me dio whisky de fuego en vez de una tila... Le susurré al oído sin que nadie me escuchara, de repente me fijé en...¿Mathilde? Creo que la había visto por el castillo...¿Y ese es el mismo disfraz que yo? Me quedé mirándola como si fuera una gata salvaje y no dije nada...Pero algo me decía que una de las dos no iba a durar mucho con ese vestido....


Off: Aclaro, el disfraz de Esther es el mismo que ha ido mencionando Sven para Mathilde.
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Matt Forman el Vie Nov 06, 2015 1:22 am

¿Santíssima Trinidad? Apolo, Leandro et moi.


Que gran fiesta. Música, gente y mucho alcohol. Había perdido la cuenta de las copas que había tomado antes de saludar a los señores Masbecth y al otro hombre al que no conocía. Continuaba bebiendo para celebrar que mi vida es maravillosa, que soy sexy y todos me miran, y que lo vamos a pasar bien esta noche. Abi estaba encantadora como siempre, y me miró de arriba a abajo con descaro, al igual que yo la había mirado a ella. Se puede notar en el aire la tensión sexual que hay entre nosotros. Quizás ahora ya nunca se resuelva porque no quiere tener peleas con su esposo, o por el asuntillo de la muerte de Willow. Sea como sea, le iba yo a enseñar lo que es bueno. Se lo propuse a Apolo en cuanto me enteré de que estaban casados y no habían consumado el matrimonio, pero la idea no cuajó. Apolo dijo que él también estaba sexy en su disfraz, ya que yo solamente había dicho eso de su mujer.

- Te ves tremendamente sexy. - le solté mientras nos estrechábamos la mano. - Puedes presumir de piernas. - le guiñé un ojo ladeando la cabeza para ver las impresiones que mostraba Abi.

Me divertía mucho aquella situación. Ellos están casados, él es gay, ella es una diosa sexy y yo follo con Apolo. Abi parecía más que satisfecha con aquella ecuación. Apolo es su mejor amigo, y pretendientes no le faltan, no creo que se aburra. Aunque su forma de hablarme y mirarme denotaban simpatía y amistad. Le debo una en realidad, me salvó el culo con lo de Willow. Sonreí cuando Leandro me llamó capitán, que gracioso. Hoy soy un capitán sin barco, que corra el ron. Espera, eso es de los piratas... Perdí el hilo de mis pensamientos al decir Abi que podía usar este mismo disfraz para ir al trabajo.

- Señora, por favor. Si me visto así para ir al trabajo no voy a tener autoridad como jefe. Los disfraces son cosa de Halloween y Carnaval, nada más. Aunque estaría bien para ligar en el trabajo...

Iba a decir alguna burrada pero me callé al ver a mi amigo Caleb. Abi y él parece que se entienden. Eso si sería una bonita pareja, y no la hermana de tu mujer muerta. Es mi amigo, le adoro, pero no se que coño tiene en la cabeza. Saludó a todo el grupo y pidió permiso a Apolo para llevarse a Abi a otro lugar. Todo muy normal. Mientras yo iba vaciando mi copa. Finalmente mi amigo consiguió su propósito y se llevó a Abi, no sin lanzarnos ropa interior y tratarnos como elfos domésticos despedidos. Cogí el bóxer al vuelo y lo observé mientras me reía. ¿Qué hace?

- ¿Te fías de dejar a tu mujer con este tío? Te advierto que es muy bueno llevándose mujeres a la cama, lo sé porque somos amigos desde Hogwarts.

Lancé el bóxer hacía atrás sin mirar donde caía y brindé con los dos hombres. Hasta el momento Apolo había estado hablando de su hijo, presumiendo diría yo. Un bonito tema. Leandro quería saber más sobre mí, y Apolo me comentó que ellos habían estado en Perú por un viaje de trabajo, por lo que supuse que trabajan juntos. Trabajan, viajan, que bonito. Tomé otra copa aprovechando que el camarero pasaba por allí con una bandeja repleta. Me daba lo mismo mezclar, esto es una fiesta y si no puedo volver a casa con aparición por miedo a morir desmembrado, volveré andando. Brindamos por la fiesta. Leandro estaba muy animado también, quería bailar o hacer el ridículo en la pista. Genial, todo genial.

- Háblame de mí. Quiero decir, dime de tu. Con total confianza. - solté una risita al darme cuenta que se me trababa un poco la lengua al hablar. - Yo, ¿qué decir de mí? Ya he dicho como me llamo, soy el Jefe de Misterios del Departamento. Digo, del Departamento de Misterios en el Ministerio. - me reí exageradamente tardando unos minutos en recuperar el hilo. - Perdón. Emm... Ah, si. También tengo una hija de la que presumir, bueno es mi sobrina pero es como una hija. Es una bruja excelente que además juega muy bien a Quidditch. Y opino que deberías adoptar un niño si lo deseas. Ser padre soltero no está nada mal. Los niños dan muchas satisfacciones. ¿Tienes pareja, Leandro? Háblame un poco de ti.

Parecíamos tres madres a la salida del colegio hablando de temas triviales mientras sus hijos salen. Yo con mi Lluna, Apolo con su recién descubierto hijo, y Leandro, la madre primeriza que no sabe muy bien por donde pegar. Que extraña pareja. Estaba muy bien la compañía. Continuamos hablando y me fijé en un gran armario que había en la sala. ¿Debe llevar a Narnia? Esa peli si que fue buena. Me entraron ganas de mirar dentro por si el armario escondía un secreto tan grande como en la trama del film.
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Arabella K. Morgenstern el Vie Nov 06, 2015 6:35 am

Acercándome a la santísima trinidad (Matt, Apolo, Leandro)

Aunque no era bruja, sí que era miembro de la comunidad mágica, por lo que al igual que otras personas a las que conocía recibí una invitación para la fiesta de Halloween del Ministro de Magia. Al principio dudé sobre si ir o no, pero finalmente me decanté por ir. Era una fiesta después de todo, ¿y a quién no le gusta tener un poco de diversión?

No sabía muy bien de qué vestirme para ir a la fiesta aquella noche. Si aquello fuese el carnaval de Venecia tenía muchos disfraces y máscaras perfectos para la ocasión, pero no sabía qué ponerme para celebrar la noche de los muertos, y eso que tengo ropa para dar y tomar… Lo que sí sabía era que no me iba a poner un disfraz de estos modernos que la gente se pone. ¿Para qué vestirme con algo falso cuando tengo vestidos de todas las épocas y de todos los estilos? Mucha gente se disfrazaba de otras culturas y de personajes históricos, cosa que a mí me sería muy fácil. Como vivía sola y tenía una casa enorme había podido permitirme transformar una habitación entera en un gigantesco closet extra en el que podía guardar todas las cosas, en su mayoría vestidos, de los que estaba demasiado encariñada como para deshacerme de ellos, aparte de que poseían un gran valor. Usaría uno de esos para ir a la fiesta. ¿Debería ponerme un vestido negro victoriano para ir como si fuese una vampira de las historias clásicas? ¿El vestido de seda del siglo XVII con el que me casé con el segundo hijo del conde de Wilstshire? No, adoro ese vestido, si me lo pongo y algún imbécil me lo macha o rompe no seré capaz de reprimir mi mal genio de arpía. Estaba echándole un vistazo a todos los vestidos que había por allí hasta que encontré el vestido perfecto. Era un vestido medieval que estaba en perfectas condiciones en cuanto a como se había conservado, aunque no estaba como nuevo. Antaño había sido de color blanco inmaculado, tan puro que hasta deslumbraba en la profunda oscuridad de la noche, pero no había permanecido así pues había sufrido un pequeño percance hace ya muchos siglos atrás. La Edad Media fue una época bastante violenta y sangrienta, llena de intrigas y traiciones y complots entre los nobles. Una noche durante un banquete en el castillo de uno de los nobles más poderosos de Inglaterra había habido una masacre. El noble había conspirado en contra del rey, pero el rey no era tonto y se había enterado, por lo que había mandado a sus soldados a masacrar al noble, a sus aliados, y a toda la gente que había allí. Yo había salido intacta, obviamente, pero esa noche el vestido había dejado de ser blanco impoluto, pues casi toda la mitad inferior del vestido se había manchado completamente de sangre y por lo tanto la tela estaba teñida. Me pareció perfecto el vestido para la ocasión, así que no dudé en ponérmelo.

Horas después llegué a la fiesta con mi vestido sangriento, y había acentuado el estilo para Halloween manchándome las manos y un poco por los brazos y el cuello y lo poco que se me veía de escote con lo que parecía sangre. Un toque sangriento para una noche que celebra lo tenebroso. Tras entrar en la mansión del ministro de Magia me hice con una copa de vino de color rojo tan intenso que a primera vista parecía sangre. Su aroma era fuerte y su sabor delicioso. Con la copa de elegante cristal en mano me abrí paso entre las personas que habían atendido a la fiesta, observando sus interacciones, sus atuendos, y disfrutando del ambiento de aquel lugar mientras buscaba cuál era el lugar o la persona que más me interesaba en aquella fiesta. Mi mirada de posó en varios conocidos, y dos personas a las que me crucé me reconocieron por ser la buscadora de las Avispas de Wimbourne me reconocieron y me saludaron alegremente, pero estaban algo ebrios y se fueron a buscar más bebida.

No tardé en reconocer una voz que conocía muy bien, y me giré para mirar donde estaba. Encontré allí a Matt Forman, vestido con un atuendo que le hacía ver tan sexy que dejaría sin aliento a cualquiera. Maldito endemoniado, siempre se veía bien. Sonreí de medio lado con gesto pícaro mientras decidía acercarme lentamente a él por detrás. Matt estaba con dos hombres más, increíblemente apuestos ambos. Charlaban animadamente, pero aunque tenía buen oído no conseguí escuchar bien cuál era su tema de conversación. Daba igual. Llegué junto a Matt, y sin hacer ruido para que no se diese cuenta de mi presencia le puse una mano en el hombro, sobresaltándole con el repentino contacto. Le dediqué esa sonrisa dulce y muy peligrosa que siempre tenía guardada especialmente para él.

-Matt, qué placer es encontrarte aquí…- murmuré mientras mantenía la sonrisa en mi rostro. Di un pequeño sorbo a mi copa de vino, y di un paso por delante para colocarme a su lado y poder mirar mejor a los dos apuestos hombres que también estaba en el grupo.- Espero no estar interrumpiendo nada, caballeros… Soy una vieja amiga de Matt- dije mientras me apartaba cuidadosamente un rizo de la cara.- Arabella Morgenstern, encantada.

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Invitado el Mar Nov 10, 2015 7:28 pm

Sven y sus "amiguitas" ¬¬

No me sentía todavía parte del mundo mágico, al menos no tanto como acudir a una fiesta de Halloween en casa del mismísimo Ministro de Magia. Porque, seamos sinceros, ¿qué pinta una fugitiva macarra y squib en una fiesta de magos estirados y gente importante? Y lo que más miedo me daba era la posibilidad que entre tanto cargo y apellido rimbombante, estuvieran mis padres. Pero claro, tampoco creo que mis padres fueran a reconocerme a estas alturas, y si mi padre es tal y como lo recuerdo, o ha empeorado debido a la edad, tampoco creo que se digne a aparecer en un lugar tan frívolo como ese. Al final accedí solo por Sven, porque no quería negarle un plan juntos, que ya soy bastante complicada como para encima hacerme de rogar.

En cuanto al disfraz, me imaginé que él iba a ir de Spock, porque le quiere más que a mi, eso lo tengo asumido. Por lo que decidí vestirme de la chica negra que hace de su pareja en las películas modernas. Al principio pensé en disfrazarme de la clásica, pero en esa época tenía escarceos románticos con Kirk, no con Spock, y no quiero mandarle señales contradictorias. Ni yo misma me creo todo lo que estoy aprendiendo del universo Star Trek. Por suerte, el disfraz de Uhura era cómodo y sentaba bien. Aunque tuve que ir hasta el callejón Diagon, cruzar al Londres muggle y sentarme en un portal con el móvil para poder buscar en Internet y poder pedir el vestido rojo y la camiseta que le regalé a Sven.

Para arreglarme, le había pedido ayuda a una alumna que frecuentaba la biblioteca y parecía lista. Le enseñé una foto en el móvil y le pedí que me convirtiera en ella. Con un par de golpes de varita, en los que estuve todo el rato acojonada con los ojos apretados, me había alisado el pelo y hasta me había oscurecido ligeramente la piel. El resultado era espectacular, y sin necesidad de estar horas y horas con las planchas del pelo torturando a mis pobres rizos o echándome toneladas de polvos de sol para parecer un poco más morena. La reacción de Sven al verme fue tan exagerada como me esperaba, y me arrancó una sonrisita idiota de oreja a oreja. Era como un niño pequeño para muchas cosas, pero a mi me encantaba hacerle feliz, y más cuando podía hacerlo con cosas tan sencillas.

Respondí a su saludo vulcano, y también a su suave y casto beso en mis labios. ¿Cómo era posible que después de un mes siguiera sonrojándose cada vez que nos dábamos un beso? Era como si todavía me tuviera miedo. Puse los ojos en blanco y negué ante la bromita infantil. No dejaba de resultarme chocante que me hiciera bromas sexuales, aunque fueran tan inocentonas como aquella, pero luego se pusiera nervioso y prácticamente huyera cuando estábamos a solas y nuestros besos y caricias subían de tono. Sinceramente, estaba ya que me subía por las paredes. Nunca había pasado tanto tiempo sin sexo, pero me sentía un diablillo pecador cada vez que me insinuaba y trataba de engatusarlo para llevarle a la cama. Solo me quedaba probar con el alcohol, a ver si así lo lograba. Por suerte, cambió el tema de la conversación preguntándome por la camiseta de Spock.

– Magia. – Le dije en tono misterioso mientras hacía un gesto con las manos, moviendo los dedos con las palmas extendidas hacía él. No pensaba revelar mis trucos.

Superado el malestar que me seguía provocando la aparición, y el considerable respeto a que parte de mi anatomía se fuera solita de vacaciones a Tumbuctú, pude prestarle a la casa la atención que se merecía y solté un silbidito de aprobación. – Pedazo de choza tiene aquí el amigo... – Eso era por si no me sentía lo suficientemente insignificante y fuera de lugar. Una vez dentro, ambos tuvimos el mismo instinto, acercarnos a las mesas del catering. Él, para empezar a picotear la comida. Yo directamente me serví una copa de ponche que apuré casi del primer trago. Ahora mismo me hacía más falta el alcohol que llenar el buche. Apenas tuve tiempo de abrir la boca cuando la domadora putilla – porque todos sabemos que los disfracesde Halloween, o son frikis, o son de putilla.– se acerca a Sven obviándome deliberadamente. Como si yo no estuviera.

He pasado demasiado tiempo con Dante para no sentir que mi territorio está amenazado cuando cualquier fresca se acerca como una loba al hombre que considero mío. Y aunque es Sven no es como Dante, al que le tiraban más dos tetas que dos carretas, no puedo controlar el aguijonazo de los celos en el estómago. Sobre todo cuando Sven tampoco se digna a meterme en la conversación, y me veo obligada a hacerme notar, aferrándome a su brazo de forma bastante notoria y dedicándole a la rubia la sonrisa más falsamente encantadora que soy capaz de articular. – ¿No me presentas a tu amiga? – Que sí, que el comentario acerca de la Lisa Simpson debería haberme hecho pensar que la muchacha tenía otros intereses amorosos con más carne en el pecho y menos entre las piernas, pero no le había prestado suficiente atención. – Nyota Uhura, oficial de telecomunicaciones a bordo de la Enterprise y compañera sentimental del señor Spock. Un placer.

Saludé a la rubia con una sonrisa mientras me preguntaba porqué demonios había soltado semejante estupidez. Pero antes de poder añadir nada más, un terremoto en forma de una copia mala de mi persona hace aparición para dejarme en shock, primero besando a Spock de un modo en que ni yo misma lo beso – Porque el señor vulcano no me deja. – y segundo, abofeteándole de una forma realmente inapropiada, y mucho menos en público, que me hizo hervir la sangre. No me gustaba nada de ella, ni el trato hacía el comandante, ni las confianzas que se toma, ni la mirada que me dedica, ni su intento de suplantarme de una forma tan descarada. ¡Ni siquiera se ha molestado en maquillarse la piel! La conocía. Era una de las profesoras del castillo. En ese momento no sé quién de las dos toma el control de mi cuerpo, si Uhura o Mathilde, pero alejo a Spock de ella estirándole del brazo y me pongo en medio de ambos, cogiéndole la barbilla delicadamente con la mano para comprobar el cachete enrojecido. – ¿Estás bien? – Me vuelvo hacía la usurpadora furiosa, encarándome a ella. – ¿Se puede saber a qué ha venido eso? – No aclaro si me refiero a la bofetada o al beso. – ¿Y no tenías otra ropa que ponerte?

Teniente Uhura:
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Sam J. Lehmann el Miér Nov 11, 2015 12:24 am

Con Sven y las Uhura's.

Sam se acercó a su amigo de toda la vida para saludarlo alegremente. Era uno de sus mejores amigos actualmente, además de su sanador de confianza al que preguntarle todas las dudas hipocondriacas que solo a ella se le podían ocurrir a raíz del mínimo síntoma. Me preguntó por mi veganismo—Tío, son todo ventajas. Te llena de energía, ayudas a los animales, ya sabes que tengo a un cerdito vietnamita, ¿verdad? No veas como me mira cuando me comía una hamburguesa… Es como si me estuviera comiendo a su padre… La carne está llena de mierda y, en el fondo, la comida vegana está deliciosa —explicó contenta por su decisión, o por lo menos es lo que aparentaba. No obstante, su compañera no parecía muy a gusto con la presencia de Sam, por lo menos al principio. Parecía molesta; seguro que si se volvía vegana y comía más fibra, tenía mejor tránsito intestinal y se le relajaba el gesto—¿Cómo? —Demasiada información en tan poco tiempo. ¿Pareja sentimental de verdad, o estaban hablando metafóricamente porque iban disfrazados parecidos?—¿Pareja de verdad? —Sam era de esas personas que adoraba el amor, aunque casi siempre prefería ver el amor en otras personas. Ver a dos personas juntas para ella era como ver a un enorme peluche con forma de gato repleto de amor al que abrazar y adorar—¡Ay, qué bien! —Y abrazó a Sven fuertemente, sin importarle que su nueva novia lo estuviera agarrando por el brazo. Sam lo conocía desde los once años, lo conocía de antes—Me alegro por ti, ya era hora —añadió dulcemente.

Sam dio un paso hacia atrás y fue entonces cuando todo aquello se convirtió en una pelea de Uhuras. Apareció otra chica vestida de lo mismo que Mathilde, solo que esta decidió que era una buena idea besar y abofetear en menos de cinco segundo al pobre Sven delante de su novia. La cara de Sam era un poema. ¿Y eso cómo narices había pasado? Con lo mono que es Sven, ¿por qué alguien iba a pegarle gratuitamente? Pero de repente, cuando la chica se presentó tranquilamente después de todo el follón, Sam la reconoció. Era Esther Fenixheart, la chica de Gryffindor que en quinto curso le partió un brazo con una bludger mal golpeada, esa misma chica por la que Sam odia vuelo, el Quidditch y todo lo relacionado con las bludger. El mundo es un pañuelo, vaya.

Pero Sam no dijo nada, simplemente miró como la Uhura 1 se encaraba contra la Uhura 2 pidiéndole explicaciones mientras el pobre Sven se quedaba atrás. ¿Debería intervenir y poner paz? ¿Llevarse a Sven? ¿Traerle hielo? Todo esto no pasaría si ambas fueran veganas. Miró a Sven—¿No deberías meterte de por medio o pretendes ver qué Uhura es digna de tu corazón? —le preguntó, sin intención alguna de meterse ella de por medio. Bastante surrealista le parecía que Sven tuviera novia, pues ahora le parecía aquello el doble de surrealista con dos mujeres peleándose por él.
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A. Sven Moretti el Miér Nov 11, 2015 9:47 am

Con Mathi, Sam y Esther (¡socorro!)
Luego con Esther en un rincón

Solo hay una explicación lógica para que Sam se hubiera hecho vegana: se había enamorado de una Lisa Simpson. Entiendo que se pueden hacer muchas locuras por amor, pero dejar de comer carne es de las bestiales. La miré de hito en hito cuando me lo soltó, y su explicación no me ayudó a entenderla mejor. Al revés, no me creía nada de lo que me decía. Pero nada.

- Fuera aparte de que tu cerdito te mirara mal, espero que no estés comiendo a lo loco y un dietista te esté haciendo un seguimiento. - supuse, mirándola con el ceño fruncido. Quitando que para mí dejar de comer carne sería un sufrimiento, no podía evitar que saliera el sanador que llevo dentro. Y teniendo en cuenta lo hipocondríaca que es Sam y que es mi amiga de toda la vida, tenía aún más motivos para preocuparme. - Un dieta vegana puede ser sana si está muy controlada y comes con mucha rigidez para poder contrarrestar las proteínas, minerales y vitaminas de la carne. Pero no si dices: ea, a partir de ahora no como nada que provenga de un animal. Tú sabes. - me expliqué, preocupado por la salud de Sam. Y también por la mental, porque decir que la comida vegana está deliciosa… que ella se quede con el tofu, que yo prefiero la ternera.

Me sentí mal con Mathilde porque sin querer la había dejado de lado, y la presenté. Ella mismo se presentó a su particular forma friki, que hizo que la mirara completamente embobado. Tan embobado que ni fui consciente de la pregunta de Sam (aunque la escuché de fondo) y su abrazo me pilló de imprevisto.

Pero lo que me pilló de verdad de imprevisto, todavía colorado por aquel “ya era hora” de Sam, fue la aparición de Esther. Seguía enfadado con ella porque se pensaba que yo publiqué aquella idiotez en Corazón de Bruja, y como ella se enfadó conmigo pues yo también me enfadé, así en plan bucle. Antes de poder abrir la boca para saludarla estoicamente y con toda la escasa dignidad seria que Anatolio Moretti es capaz, ella… me besó. ¡Me besó! Mi cara fue una mueca de asco brutal, porque para mí es como besar a mi hermana. De hecho Esther es más hermana mía que las que son de sangre, pero ese era otro tema. Mi rostro, entre asco y estupefacción (¿me había besado? ¿y delante de Mathilde? ¿DE VERDAD?) aumentó de nivel cuando me pegó una bofetada. Y entre besos y hostias me di cuenta de que iba también disfrazada de Uhura. Un presentimiento pésimo me invadió: me había criado con tres hermanas mayores y casi todas mis amistades son femeninas. Sé cuánto les molesta a las chicas que en una fiesta alguien vaya vestida igual que ellas.

- ¿Pero a ti qué coño te pasa? - bufé, llevándome una mano inconscientemente a la mejilla abofetada. Estaba molesto y enfadado con Esther, y no me gusta estar enfadado. No sé, me siento mal, y me pongo triste. Y encima la tía se presenta tan pancha. Le fruncí el ceño con su susurro, vale, estaba borracha. Esther no tolera precisamente bien el alcohol, así que me creía que estuviera borracha con tan solo un whisky de fuego, pero… ¡eso tampoco era excusa! La Uhura de mi corazón se puso en medio y por cómo miraba a Esther mi presentimiento pésimo me volvió a invadir. Me daba a mí que no iba a salir bien la fiesta, y eso que acabábamos de llegar. - Sí, no te preocupes… ha sido más el susto que otra cosa. - contesté a mi Uhura, me había dolido la bofetada, pero la sorpresa fue aún mayor. Y que digamos del beso, pero de eso prefiero no hablar con Mathilde en medio. Ya me veía explicándole luego a solas qué relación tengo exactamente con Esther, porque… bueno, si de repente un tío viniera hacia nosotros y le pegara un beso a mi Uhura por la cara, no me haría ni chispa de gracia.

Me seguía frotando con desconcierto la mejilla abofetada cuando mi Uhura se encaraba a preguntas con la Uhura pelirroja. Y en mitad de todo esto Sam parecía estar flipando en colores. Suspiré con resignación ante su pregunta, porque sí, eso es lo que pensaba hacer antes de que Mathi se enfrentara a Esther: llevármela lejos y echarle una buena bronca. Toda la “bronca” que yo soy capaz de echar… a ver, no tengo mucho carácter, lo reconozco.

- No me estreses. - le pedí a Sam alzando una mano en un gesto. Cogí suavemente del brazo a Mathi, atrayéndola hacia mí y alejándola de Esther. - Mira, yo me ocupo de esto. Quédate aquí con Sam un momento, ¿vale? - le pedí, yendo luego hacia Esther y cogiéndola a ella también del brazo. La diferencia es que a Uhura 2 la arrastraba. La llevé hasta un rincón del salón sin dejar que me replicara, y cuando estuvimos lo suficientemente lejos la miré con cara de odio. Bueno, con todo el odio que puedo, pero era cabreo igualmente. - Tía, Esther, tú sabes que te quiero, pero me has jodido y bien. Mathi me gusta, me gusta mucho y creo por una vez en mi vida me va bien con una chica y ¿qué hace mi mejor amiga? ¡Me besa delante de ella! ¿A qué ha venido eso? ¡Y no me digas lo del whisky de fuego, que el alcohol no es excusa! - le advertí, levantando un dedo como para darle énfasis al asunto. - ¿Y la bofetada? ¡Esa es otra! ¿Todavía sigues pensando que yo envié esa mierda a Corazón de Bruja? ¿Cómo puedes dudar de mí de esa manera? - le solté, indignado, y cruzándome de brazos ofendido.
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Invitado el Jue Nov 12, 2015 1:59 pm

En el rincón con Sven y luego de vuelta con Sam y Mathilde

Sabía que la idea de asistir a la fiesta era algo muy malo, lo intuía desde que me mandaron la carta. No es por el respeto del dueño de la casa, a ese le tiene respeto la mayoría de la gente. Como casi todo el mundo sabe, a mi no es que me entusiasmen las fiestas de este tipo, yo solo quiero fiestas con mis amigos y conocidos. Si, en esa fiesta irán conocidos pero no es lo mismo...Yo me entiendo, yo sola, pero me entiendo. Bueno, al caso...Yo no tenía pensamiento de ir, nadie me recriminaría el no ir puesto que no pasan lista ni nada. Yo vivía contenta en mi mundo cuando pasó lo del hijo de puta de Martin, que encima se empeñó en encargar el traje, como si fuera una muggle. Yo creo que esto de casarse con una le ha afectado demasiado en la cabeza, pero de ese tema ya lo hablaremos en otra ocasión. Se supone que el dueño de la tienda era friki y se conocía la mayoría de juego que existe, tanto de consola como de ordenador...Mentira, socia el Pokémon y para de contar. ¿Por qué no me cambié el traje con magia? Porque soy una tonta y de tan buena que soy, me dejé ese puesto...

Lo de la tila, que no era tila, me mató, Yo toda inocente me la bebo de un trago y era whisky de fuego...Paso de todo, a la mierda...Lo más gracioso es que yo no tolero bien el alcohol y como era de esperar, se me subió enseguida a la cabeza y estaba que no era yo. Ahora toca el turno con lo acontecido en la fiesta, que eso también da para escribir otro volumen de las desgracias que me pasan en la vida. Al fondo estaba Sven con dos chicas...La gente pensará que lo más común es saludar a todos y acabar con risas y fiestas...Saludé, lo hice...Pero todavía seguía algo rencorosa por lo de la revista que le planté un beso en todos los morros y para rematar, le dejé la cara marcada. Sí, soy una rencorosa...Y de las malas además, sabía que él era mi mejor amigo que no tenía que hacer caso a los bulos pero yo soy así de especial y no me lo termino de creer, siempre quedará aunque sea un mínimo porciento en mi mente. Y claro, ya con eso se montó el lío...Ahora tocaba responder a la lluvia de preguntas que me caerían y a los actos de ánimo hacia Sven para que me torturase con ese sentimiento de culpa. -Nada en especial, tan sólo necesitaba dejar un par de asuntos claros...Todo en orden. Contesté a la pregunta de Mathilde, ¿excusa? Puede... -¿Esta ropa? Fue lo que me dieron en una tienda por hacerle el favor a un amigo, pero ya veo que los favores se pagan caros.... Medio bufé mirándola de arriba hacia abajo. Yo intentaba respirar para relajarme e irme con la misma pero Sven me agarró y me llevó al rincón de pensar para darme el sermón, y eso que yo soy mayor que él.

-Y yo que sabía que ella te gustaba, no soy doña adivina...Recuerda que no llevaba bien esa asignatura cuando estábamos en el colegio...¿y por qué lo hice? Pues porque todavía sigo con rencor, eso fue lo dela bofetada, sé que no lo hiciste a propósito pero ahora los padres me miran mal, y con eso quería dejar claro que a mi no me van los rollos de pederasta. Le hablé cruzándome de brazos con los ojos vidriosos, ahora me estaba bajando el efecto del alcohol...Aún tenía todo el efecto encima, pero poco a poco se notaba que era yo, aunque apenas. En mi interior estaba creciendo como un fuego de ira, ¿será los efectos secundarios del whisky? Asentí a todo lo que me decía Sven, yo no decía nada...Tan sólo miraba a Mathi con cara de furia, sólo faltaba en transformarme en animaga...Por su culpa ahora Sven no es mi amigo del alma, a penas lo veo por el trabajo y por ella... Tras un rato asintiendo sin escucharle, llegamos a donde estaban las chicas...Yo aún seguía en silencio, escuchando las acusaciones por la ropa...Hasta que de repente me cegué y le arranqué una manga del disfraz de Mathi, ahora ella tendría el disfraz diferente....

-Tienes dos opciones, o quedarte así más fresquita o arreglarlo...Intentalo arreglar con magia...Ah no...que me he enterado que eres squib...Tengo aguja e hilo, te puedo prestar.... Hablé como una víbora, ahora mismo me daba igual todo lo que me pasara, no toleraba que la gente siempre me echara la culpa por algo que yo en un principio no quería que sucediera. Cerré los ojos tocándome con la varita y mi disfraz cambió, al que verdaderamente quería en un principio... -Sé que me odiarás por esto pero es lo que hay...Juega con fuego y esto es lo que pasa...que te quemas. Me crucé de brazos esperando a todo lo que me llegará ahora mismo. En mi interior quería llorar, pero no podía hacerlo porque demostraría debilidad.


Mi nuevo disfraz:
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Invitado el Jue Nov 12, 2015 8:18 pm

Con los tres caballeros -Donal, Pepe y Jose- es decir Matt y Apolo y yo + La bella Arabelle
Ver a Apolo hablar de su hijo hacia que Lean sonriera por que se veía animado y si lo presumía debía tener una buena razón –Por mi puedes hablar de él toda la noche, no tengo problemas pero como dije me darán celos porque ni siquiera tengo un pez para cuidar- agregó sonriendo y termino su vaso mientras ponía atención al otro oji azul que les acompañaba- Oh ¿enserio?- dijo sorprendido por no haberlo reconocido antes- Bueno no tenía el gusto, aun me falta mucho que conocer del ministerio, tengo poco acá y no he salido de la oficina para hacer labor social, creo que esta es mi presentación oficial ante todos – se quedó pensando algunos segundos

-No, no tengo pareja- miro a los dos caballeros y estiro su mano para pedir otra copa - Por el momento soy un hombre enteramente entregado a su trabajo- se empezó a reír- por no decir que no he tenido la suerte de encontrar quien me ponga un límite- se encogió de hombros y en cuanto las bebidas llegaron tomo 2 y bebió una de un golpe-aparte soy de la idea de que la fiesta puede y debe durar determinado tiempo antes de encerrar a campanilla- se señaló la entrepierna riendo – claro que necesita cariño por eso viaja de pueblo en pueblo ,pero ya llegara su Peter Pan- soltó otra risotada esperando que no se incomodaran por su comentario- que más te cuento- bebió otro trago de la segunda copa- vine hace algunas semanas apenas, soy Italiano, se nota en mi acento y trabajo en el departamento de criaturas mágicas .Me la paso encerrado por el momento en las oficinas pues aun no termino de adaptarme - sonrió- Como Apolo dijo hace poco hicimos un viaje, casi muero quemado pero fue asombroso compartir con él y sus compañeros esa experiencia .Y fue gratificante igual hacer una amistad nueva- le tomo por el hombro a Apolo y lo apretó con camaradería –como dije no tengo hijos y dudo que sea un buen padre, con trabajo si se me cuidar yo solo- negó riendo alternando la mirada entre esos dos hombres .

- Pero admiro que ambos tengan y sobre lleven esa gran responsabilidad la cual es tener niños bajo su cargo. A mí se me mueren hasta las plantas y seguramente se me olvidaría alimentar a ese niño o niña adoptada, dejémoslo mejor así – volvió a reír – mejor solo cuido de las necesidades de campanilla y sus polvos maicos asi como de mi trabajo – asintió bebiendo hasta la mitad de su vaso – Si les puedo ser sincero no veo a ninguno de los dos siendo padres, simplemente no me los imagino regañando, cuidando y velando por alguien más, no debería ser tan prejuicioso ni juzgarlos así pero es lo que pienso . Se ven muy jóvenes y aunque eso es sexy es difícil de imaginar- la lengua se le empezaba a soltar y eso no era bueno, al parecer si terminaría haciendo algún ridículo – salud por los padres sensuales –levanto su copa y la choco con la de ellos dos .

Una bella dama se acercó específicamente hacia Matt y Lean sonrió levantando un poco su copa- Buenas noches señorita, es todo un placer- estiro su mano para tomarla y besar la de ella- Leandro D’Ancona…faraón Leandro- mal chiste pero las bebidas empezaban a hacer más efectos en el de lo que hubiera buscado – Encantadora velada ¿no es así? Y encantador disfraz – le sonrió – llega en buen momento para las entrevistas, ¿Por qué no nos cuenta algo de usted?- miro a los dos caballeros para que dieran su aprobación a esa idea que Leandro había lanzado . Sus pies se empezaron a mover con la música de manera involuntaria , pero en ningún momento quito la atención de la dama recién llegada.
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Apolo Masbecth el Jue Nov 12, 2015 9:08 pm

Con los tres caballeros y Arabella.


- Tu amigo tiene bastante descaro al acercarse a Abi tras lo sucedido con su cuñada - los miró de mala gana, a la pelirroja y el de cabellos negros mientras se iban a conversar en privado, pero luego volvió la atención a los dos caballeros que tenía junto a él, no iba a dejar que le afectara, ella era una mujer adulta y responsable de sus actos así que la dejaría hacer lo que quisiera. - Todos los guapos estan en el ministerio al parecer - comentó sonriendo mientras miraba de reojo a su esposa y luego el resto de la fiesta en lo que ellos se presentaban y hacían conversación sobre sus trabajos. - Si, su sobrina es encantadora, doy fe de ello - sonrió asintiendo, aunque quiso decir que no más que su hijo, pero los efectos de extremo orgullo de padre estaban desapareciendo y ya no sintió la necesidad de comenzar toda una conversación sobre el pequeño Ravenclaw.

Sonrió cuando sintió la mano de Leandro en su hombro y no pudo evitar bajar la mirada a sus piernas y la falda que llevaba, se veía bien. Ambos lo hacían, así que se sintió afortunado de estar entre esos dos, aun cuando comenzaron a hablar de parejas y demás, Apolo le pareció bastante raro que a Matt le diera por conversar sobre eso aun sabiendo su posición al respecto. Soltó una risa sonora al escuchar lo de campanilla, tanto que se le cayó la copa de cristal y esta se reventó. Enseguida apareció un elfo doméstico para limpiar el suelo de todo rastro y el rubio volvió a mirarlos.

- ¿Y cuál sería el país de nunca jamás? ¿Tu departamento de soltero? ¿Llevas a muchos niños perdidos ahí? - y por niños perdidos no se refería a infantes sino a hombres dispuestos a pasarla bien. Sin darse cuenta lo estaba asumiendo como homosexual sin saber si le parecía bien o no lo que dijera la demás gente.


En esos momentos apareció una mujer que no me sonaba de nada pero parecía ser amiga de Matt, naturalmente la miró de arriba a abajo y sonrió - tienes amigas muy guapas, encantado, Apolo Masbecth - le dijo aventurandose a darle un beso en cada mejilla a modo de saludo. - Seguro, ¿a que te dedicas?  - preguntó intentando también hacer conversación para conocer mejor a aquella mujer.El camarero apareció con más bebidas y Apolo les dio una a cada uno. - Así que estan aquí por compromiso, quedar bien con el jefe, ¿o realmente tenían ganas de asistir? - preguntó mirando a los dos hombres quienes trabajaban para el ministro de magia.
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Invitado el Vie Nov 13, 2015 11:57 am

Con un Rabastan PNJ

Rodolphus iba a retrasarse. Trabajo de última hora que debía terminar en el Ministerio. O al menos esa era la versión oficial. Lo cierto es que había recibido información importante para Lord Voldemort que debía contrastar con cierta urgencia. Bella hubiera querido acompañarlo, pero no sería apropiado que ambos llegaran tarde a la fiesta del Ministro, así al menos uno de los dos podría excusar al otro. Para no verse en la tesitura de aparecer en una fiesta de, al menos eso creían ellos, alto standing sola, Rabastan se había ofrecido a ser su acompañante, al menos hasta que Rodolphus acudiera. Su cuñado había elegido un disfraz acorde con el de Bella, pero mientras ella hacía resaltar el color de sus labios y su cabello azabache con un vestido blanco brillante, el vestía de negro riguroso, con una elaborada máscara.

Bella no sabía en qué momento se había perdido la elegancia y una fiesta de disfraces había pasado de ser una mascarada a un desfile de fantoches y espantajos, un catálogo lleno de mal gusto, chabacanería y más referencias a obras muggles de las que podía soportar. Faldas demasiado cortas, escotes demasiado pronunciados, torpes referencias a películas, series de televisión o cómics que, a la mortífaga, no le decían absolutamente nada. ¿Dónde habían quedado las sedas, los encajes, los brocados? ¿Las máscaras labradas? ¿Los cuidados antifaces? No solo habían abandonado el saber estar, la distinción y el gusto británico en favor de una hortera celebración americana, es que además todo resultaba tan muggle, tan vulgar, que Bellatrix sintió ganas de volar la casa con todos dentro y marcharse a su casa. Pero estaba allí más por obligación que por devoción, así que, aferrada delicadamente al brazo de su cuñado, avanzó por la casa hasta hacerse con una copa de champagne.

Arrugó el gesto y alzó una ceja al ver el aspecto de la comida, sumamente desagradable. Y no es porque Bella, a aquellas alturas, fuera a escandalizarse ante la visión ficticia de un ojo extirpado o miembros amputados. Se inclinó en gesto cómplice al oído de su cuñado, que le pasó delicadamente una mano alrededor de la cintura mientras ella le murmuraba en confidencia, con una pérfida sonrisa ladeada en su rostro enmascarado. – Me pregunto cuánto durarían todos estos niños que disfrutan con toda esta parafernalia en nuestro sótano, querido. Tanta ordinariez me está poniendo enferma. – Cogió un pastelito de fresa con forma de ojo entre los dedos y lo mordió delicadamente, mirando alrededor buscando a alguien conocido al que mereciera la pena hacer el esfuerzo de saludar.
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Elia Deveraux el Vie Nov 13, 2015 7:17 pm

Se celebraba una fiesta de Halloween para magos nada más y nada menos que en la casa del señor Ministro. No le conozco de nada a parte de por verle en las portadas del Profeta y en alguna que otra historia de la revista más atrevida del cotilleo. Su casa debe ser inmensa y solamente vamos a poder ver una parte, pero quiero ver esa parte, ardo en deseos. Me gusta entrar en las casas de los demás y ver como lo tienen puesto todo, criticar mentalmente el color de las pareces o el tipo de suelo, recolectar ideas para un futuro y halagar a los dueños que tienen buen gusto. Cuando conozco a alguien nuevo y me quiere enseñar su casa me siento tan contenta como un muggle al que le ha tocado la lotería.

Preparé mis mejores galas. Un vestido victoriano que enfatizaba mi escote y unos cuantos litros de sangre falsa para dar el toque horripilante. Son als ideas que se me ocurren en Halloween. Dar miedo, disfraces escalofriantes y todo lo que tu quieras, pero siempre estando divina. Guapa, sensual, atrevida. Para que me mire todo el mundo al pasar. El pelo me lo quise dejar suelto, arreglándolo mágicamente para darle volumen, y para coronarlo un tocado de época. En el bolso llevaba la máscara, pero no me gustaba nada taparme la cara con esas horrendas cosas. Mi belleza es algo que se tiene que enseñar, no esconder.

El ambiente de la fiesta era genial. Nada más ver la fachada de la casa supe que por dentro tenía que ser estupenda. Los jardines no eran nada del otro mundo. Estaba bien cuidado pero nada más. Entré maravillada admirando las paredes y las lámparas. Me gustaban los ventanales grandes. Estaba todo lleno de invitados vestidos para la ocasión. Es decir, la mayoría estaban vestidos como idiotas en la casa de su propio jefe. Que cortinas más bonitas. Busqué con la mirada hasta dar con una mesa repleta de bebidas. Es lo mejor de la fiesta junto con los ingeniosos platos sangrientos y asquerosos.   Vi a Matt Forman y me vi tentada de preguntar por su primo. Lo dejé correr al ver que estaba rodeado de tanta gente. Me siento hoy un poco arisca, no me apetece tener que presentarme y ser amable.
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Caleb Dankworth el Dom Nov 15, 2015 5:26 pm

Con Abi en el salón.

En cuanto me acerqué al grupo compuesto por mis dos mejores amigos (Matt y Abi) y los otros dos hombres allí presentes no tardé en hacer exhibición de mi nula falta de vergüenza debido a la alcoholización, por lo que no dudé en tirarles calzoncillos encima gritándoles que eran elfos libres, ni dudé tampoco en llevarme a Abi allí para ir a buscar una copa con ella. No solo necesitaba buscar una bebida con urgencia, necesitaba pasar aunque fuese unos minutos en compañía de mi amiga. Mi mejor amiga. La mujer que había formado una parte muy importante de mi vida durante muchos años y que de repente, de la noche a la mañana, parecía haberse esfumado por completo de ella. Era algo que me molestaba y me irritaba enormemente, aparte de que era deprimente. Sí, mi vida es muy feliz, soy un hombre feliz, pero no tener a Abi cerca como antes era deprimente. Ahora que ella nunca me visitaba ni me dirigía la palabra (y no tengo ni puta idea de por qué) sentía como si… como si faltase una pieza del puzzle. Me sentía incompleto. Llamarme idiota si queréis, pero el exceso de alcohol me hacía sentir de manera más clara, aunque mis pensamientos se veían entorpecidos por la bebida y eso hacía que todo fuese un lío.

Abi fue la que se soltó de mí, liberando su mano de la mía. Me amenazó con reventarme si le tiraba un calzoncillo encima y la miré con una cara muy pícara.

-Me encanta cuando te pones violenta- murmuré con el mismo tono de voz con el que solía hablarla antes, cuando éramos amantes y éramos libres de hacer cosas sucias en cualquier rincón.- Pero si no te ofrezco una prenda, ¿cómo vas a ser libre?- pregunté entonces con un tono y expresión dramáticos, como si aquello fuese el peor horror del mundo. Aún así, no saqué de la bolsa un calzoncillo para tirárselo a la cara… todavía.

-No- contesté cuando me preguntó si me había bebido todo el alcohol de mi mansión.- Eso sería un crimen, ¿qué bebería mañana entonces? Me he acabado el unos amigos… Les he hecho un favor, era de mala calidad, así podrán volver a reponer su arsenal con productos de calidad esta vez.

Un elfo doméstico pasó a nuestro lado entonces con unas bandejas con bebidas, y cogí una de ellas. Hice una mueca al probarlo y comprobar que era champán. Nunca me había gustado mucho el champán, no entendía la manía que tenía la gente con beberlo en fiestas y celebraciones como si fuese la cosa más maravillosa del mundo. No lo era.- Ugh, llévate esto- mascullé, poniendo la copa casi llena de nuevo sobre la bandeja para que el elfo se la llevase. A él no le hice libre.- Necesito una bebida de verdad…

La sala se estaba llenando mucho, y un hombre desconocido disfrazado de hombre lobo se me chocó por detrás con fuerza y ni siquiera se disculpó. Le empujé de malos modos para apartarle, y entonces le tiré unos calzoncillos a la cabeza. Los calzoncillos se le pusieron sobre los ojos, provocando que se tropezase y cayese de lleno sobre una mujer, y acabaron los dos en el suelo. La mujer se puso a abofetear al hombre, y mucha gente se quedó mirando el espectáculo.

-Salgamos afuera, hay menos gente en los jardines…- le dije a Abi. Iba a ponerme en marcha cuando vi que Abi todavía seguía teniendo una cara que no era muy amigable, y la miré alicaído.- Por favor- le pedí.
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Matt Forman el Dom Nov 15, 2015 11:20 pm

Con Leandro, Apolo y Arabella.


Que interesante empezar la noche conversando con dos hombres tan interesantes. Por una parte Apolo. El sensual, atractivo, gracioso, pícaro y dominante Apolo. Por otra Leandro, un esbelto faraón desconocido y atractivo que parecía tímido. Estaba alegre y lo pasaba bien hablando con ellos, por eso bebía una y otra vez, como los peces en el río. Lo bueno de estar con conocidos es que sabes de que hablar con ellos, y lo bueno de estar con alguien a quien acabas de conocer es que puedes preguntarle de todo para conocerle un poco. Eso mismo hice, le apliqué el tercer grado al faraón y lo respondió con bastante certeza. Me quedó claro que había empezado a trabajar en el Ministerio, que no tenía pareja, y que de momento no la esperaba. Lo explicó con una metáfora extraña sobre una campanilla encerrada. Algo que no terminé de comprender del todo, pero la idea me quedaba clara. Campanilla era su polla.

- Eres de los míos entonces. Hay que vivir la vida.

Le di una palmada amistosa en la espalda y tomé otra copa. Conocía a Apolo por el trabajo, y yo que empezaba a creer que se conocían de algo más. Mi mente empieza a imaginar cosas, será efecto del alcohol. Reí cuando dijo que no podía tener hijos porque a penas podía cuidar de si mismo.

- Créeme que cuando tienes que cuidar de alguien más lo haces. Aprendes a hacerlo. Las plantas se mueren y no pasa nada, pero los niños lloran, y mucho.

Me daba risa que llamase campanilla a su polla, y me reía mucho cada vez que lo mencionaba. Estaba súper contento y animado. Me recuerda tanto a mí. Un yo sin la responsabilidad de un hijo. Me dieron muchas ganas de decirle que disfrute de la vida, que campanilla tenga tantos polvos como quiera y que le den al tal Peter. A él le parecía imposible imaginarnos a Apolo y a mí siendo padres que regañan o que cuidan de sus hijos. Me reí de nuevo porque no consigo recordar ni una riña entre Lluna y yo. Es decir, suele regañarme ella a mí, no al contrario. Brindamos por nosotros. Otra copa vacía. ¿Qué brujería es esta?

Estaba riendo con muchas ganas cuando llegó alguien más a nuestro dicharachero grupo de jóvenes y atractivos hombres de poder. Ese alguien era Arabella, tan atractiva como siempre, con un disfraz sacado de otra época. ¿Que qué época? Quizás es el vestido de su primer matrimonio, o del tercero. Puta vampiresa retorcida y bella. Apolo fue el primero en saludarla mirándola de arriba a abajo y diciendo que tengo amigas muy guapas. ¿Quién quiere amigas feas?

- Estás encantadora, Arabella, bonito vestido. - como hombre caballeroso cogí su mano y le di un beso en el dorso. - ¿De qué siglo es?

Si, bonita, te tengo calada. Me quedé observándola. Leandro también se presentó muy metido en su papel de faraón. El chico de la falda decidió implicar a Arabella en nuestras entrevistas para conocer más de ella. ¿Le habrá gustado? Y a mí qué. El camarero se acercó con una bandeja repleta de copas y tomé una sin importarme el contenido. Supe que era mi noche de suerte al saborear ginebra. Tomé un trago corto. Más bien lo interrumpí para poder soltar mi pulla hacía Arabella aprovechando el comentario de Leandro.

- Eso, Arabella, cuenta, cuenta.

Mi inconsciente pensaba en el pequeño secreto que desconocía de mi vieja amiga y no en todas las cosas que Arabella podía contar realmente sobre mí. Como que casi la mato dos veces, o esa falacia absurda de que perdió un hijo mío. Apolo mientras tanto quería saber si todos estábamos en al fiesta por compromiso, o es que realmente teníamos ganas de asistir.

- Las fiestas de Halloween son muy divertidas. Hay música, gente divertida, copas, disfraces... No se puede pedir más.

En nuestro caso podía ser por compromiso porque trabajábamos en el Ministerio, pero Arabella era libre de decidir. Como jugadora profesional de Quidditch tendría oportunidad de asistir a otras fiestas con más famosos jugadores, cantantes, escritores... Gente de las altas esferas. En ese momento me di cuenta de que mi vejiga estaba muy llena a consecuencia de la desmesurada ingesta de alcohol. No quería perderme aquel maravilloso grupo pero tuve que disculparme y salir con urgencia en busca de un baño.
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Abigail T. McDowell el Lun Nov 16, 2015 12:52 am

Con Caleb en los jardines

Estaba segura de que le gustaba mi yo violenta vista desde una tercera perspectiva o en situaciones más íntimas, pero como me tirase su maldito calzoncillo a la cara, le iba a estampar muy violentamente mi rodilla en sus huevos. Seguro que ahí deja de gustarle la Abi violenta, eso seguro. A su retórica pregunta, le miré con cara de pocos amigos. Me hacía faltan dos copas más como mínimo para que eso me hiciera gracia teniendo en cuenta que viene de él.

No juegues con fuego, que sabes que soy una chica que arde con fuerza —le advertí, mirando de manera suspicaz la bolsa de ropa interior que tenía en la mano.

Le pregunté que si se había bebido todo el arsenal Dankworth de alcohol, pero al parecer no, se había aprovechado del mal alcohol de unos amigos, motivo principal de que tuviera las mejillas rojas y de que le esté tirando ropa interior a todos a la cara. ¿Y si aparece el ministro, qué? ¿También le tirará un puto calzoncillo a la cara? Puse ligeramente los ojos en blanco. ¿Ya he dicho anteriormente que he adoptado una posición de hater hacia Caleb y su nueva vida? Bueno, es mi manera inconsciente de odiarlo sin motivo.

Entiendo —comenté, mirando a Caleb como si lo que decía tuviera todo el sentido del universo. Aproveché ese momento surrealista para llevarme la copa a la boca y terminar su contenido. Era bastante y estaba fuerte, pero mi organismo está acostumbrado a cosas peores. Cuando dejé el vaso a un lado, vi como Caleb se quejaba del champán. Yo negué con la cabeza—Lo que necesitas es un buen vaso de whisky y dejarte de mierdas de mala calidad —dije totalmente convencida antes de que él se chocara.

O más bien, que se chocaran contra él sin querer. Él, de muy malas formas, le empujó con fuerza y le tiró unos calzoncillos en la cara. Por norma general hubiera visto aquel gesto hasta divertido, pero no teniendo en cuenta de que estamos en una fiesta seria, formal y en la maldita casa del ministerio.

¿Qué cojones? —le pregunté a la vez que me decía de salir al jardín. Le miré con cara de pocos amigos, o más bien de mala hostia que denotaba algo así como un: “Va a salir al jardín contigo tus muertos”, pero teniendo en cuenta cómo estaba, lo mejor es que estuviera rodeado del menor número de personas posibles antes de que volviera a hacer alguna estupidez—Vamos, anda —le dije, pasando al lado de él para ser la primera en dirigirme al jardín y abrirle paso a Caleb, antes de que otra persona le diera sin querer y él prendiese la casa como vendetta.

Una vez fuera, sentí aire. En el interior hacía muchísimo calor y la gente por todos lados te agobiaba, además de que la música apenas te dejaba escuchar a la persona con la que estabas hablando. Nada más salir, vi a un elfo doméstico encima de una mesa, limpiándola pues alguien había tirado todo encima.

Dame dos vasos de whisky —le pedí.

El elfo chasqueó los dedos y en la mesa aparecieron dos vasos de whisky. Sin hielo, como a mí me gustaban. Miré a Caleb y le hice una señal de que cogiera uno, mientras que yo cogía otro y me alejaba de la puerta, pues era el tránsito entre los que entraban y salían.

¿De qué cojones vas vestido? —pregunté cuando me di la vuelta en un lugar en dónde no estorbamos al flujo de personas y me fijé en su atuendo. Parecía un vagabundo pero con estilo—¿Dónde han quedado los sensuales y elegantes hombres disfrazados del fantasma de la ópera? —me quejé, ahora todo los disfraces parecían más bien ridículos. El mejor que había visto era el de Matt Forman, con diferencia... le quitaba el disfraz con la boca.
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