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HALLOWEEN 2015: Mansión Winslow

Cuenta de Ambientación el Jue Oct 29, 2015 4:51 pm

Recuerdo del primer mensaje :

HALLOWEEN 2015: MANSIÓN WINSLOW



La noche de los muertos llega a casa de los Winslow, bajo una gran fiesta de disfraces que el mismísimo Ministro de Magia ha querido organizar para todo el mundo mágico. O por lo menos para aquellos que han recibido invitación. Todos sabemos que asistir a una evento así es solo para gente selectiva. Ah, sobra decir que para poder entrar en la fiesta, era obligado llevar disfraz. Si no, ¿qué clase de fiesta sería?

Toda la mansión Winslow estaba decorada con objetos propios de Halloween, dándole un aspecto tenebroso tanto por fuera como por dentro. Benjamin Winslow había habilitado prácticamente todo el primer piso, la piscina y los jardines de su gran mansión para esa gran fiesta. La planta superior estaba totalmente habilitada, pero en las escaleras había una placa que decía: “DANGER UPSTAIRS”, pues toda la parte superior estaba llena de sustos y trampas típicas de casas del terror, aunque éstas mucho más mágicas y que, de ser pillado, podrías recibir una gran reprimenda y ser expulsado de la fiesta o, peor, quedarte ahí toda la noche.

Al sótano de la casa solo pueden bajar los elfos domésticos y todo lo necesario para una gran velada se encontraban en el gran salón de la mansión, el cual había sido perfectamente decorado para mayor espacio y organización. Desde bebidas a cualquier tipo de suculenta comida preparada por los elfos de los Winslow.

La fiesta había empezado a las 22:00, pero desde las 21:30 ya había gente dentro de la mansión dándolo todo. La música era alta sobre todo en la zona interior, pero suficiente como para poder hablar con una persona sin destrozarte las cuerdas vocales gritando. Aunque si lo que querías era mantener una larga y tendida conversación, lo mejor era que salieras a los jardines.

OFF: Podéis ir entrando todos. Esta noche os mandaremos todos los retos por MP, tened paciencia. Cuando completéis el reto, ponedlo en el rol y mandar un MP con dicho post a uno de los fundadores. Al cumplirlo os pagaremos 500 galeones.

Recomendamos para mayor facilidad a la hora de relacionarse y a la lectura del rol, decir al principio del post a quién te diriges en tu post.

Recordad que esta trama no estará abierta toda la vida, sino que tiene su fecha de vencimiento, más concretamente dentro de dos meses. Por lo que os rogamos que no dejéis vuestros personajes por ahí perdidos sin rumbo ni misión en la vida xD. Si no váis a seguir postendo, haced como que os lo pasáis bien (o mal) y salís de la fiesta.

Gracias por participar y sobre todo a pasarlo bien. Smile
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Sam J. Lehmann el Jue Nov 19, 2015 9:49 am

Con Elia.

Sam no había bebido lo suficiente como para estar entre dos mujeres como aquellas. Además, la falta de proteínas de la carne le estaba jugando una mala pasada: había hecho que perdiera su magistral paciencia. Así que decidió irse, más que nada porque no quería verse envuelta entre Esther y Mathilde. Y mucho menos incomodar a Sven… bastante fácil es incomodarlo como para encima tener que ver cómo se las apañaba con su novia y la amiga que le monta la escena. Volvería más tarde, cuando todo se hubiera relajado.

Así que Sam, como no estaba precisamente siendo una figura muy relevante en ese grupo social, se fue de allí sin que nadie se diera cuenta. Suponía que Esther estaría demasiado ocupada rompiéndole el vestido a Mathilde, ésta última queriendo pegar a la pelirroja y Sven estresándose porque la neurona funcional está discutiendo con la que no entiende a las mujeres. Sam sobraba. Sam quería sobrar. Sam se fue de allí cagando leches antes de que pasara nada inesperado.

Sujetó su látigo, pero no se dio cuenta de que éste se le había escurrido y estaba arrastrándose por el suelo. Durante un buen rato no le molestó, pero en cierta ocasión, mientras paseaba a través de la gente en busca de algún rostro familiar o entretenimiento, alguien, sin querer, lo pisó. Sam sintió un ligero tirón en su brazo y se giró, viendo como una mujer rubia (de espaldas) y con un gran vestido victoriano, estaba justo encima de su látigo. En realidad no veía el final del látigo, pero se intuía que debajo de esa falda tan grande por culpa del posible tutú de debajo, estaba su zapato encima de su accesorio principal de domadora—¿Perdona? —Sam tocó suavemente el hombro de la chica, acompañando ese gesto de su dulce tono—Me has pisado el látigo, aunque suene raro —informó Sam a la rubia, tirando de su látigo para que la chica notase la presión bajo su zapato—No es que lo vaya a usar. ¿Pero qué clase de domadora sería sin su látigo? —sonrió.

¿La chica sería vegana? Era la oportunidad de Sam para seguir convenciendo a la gente de lo saludable que todo eso era. Más que una chica expresando su opinión y entusiasmo parecía un Testigo de Jehová en versión vegana, detrás de todos para predicar su voluntad absoluta. En vez de una biblia cristiana, llevaría en la mano unos trozos de tofu que tiraría al aire al grito de: “los cerdos merecen vivir.”
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Elia Deveraux el Dom Nov 22, 2015 4:53 pm

Con Sam, que va a flipar conmigo. chas

Me centré en arrasar con las bebidas en primer lugar, antes de que el Ministro cerrase el grifo. No hay razones para continuar en una fiesta sin alcohol pero se aguanta como sea mientras quede. Estuve bebiendo algún cóctel inventado por el camarero que me atendía bastante personalmente. Era feo de cara y bastante delgado, sumado a su disfraz de calavera andante le daba un aspecto repulsivo. Pero cargaba bien mis copas. Después de tomar unas tres copas sin que pasase nada interesante me propuse salir de mi gloriosa estabilidad. No puedo divertirme si no hablo con nadie. Debo tragarme mi orgullo y acercarme a gente para poder pasarlo bien. Me alejé de aquella mesa con bebidas cruzando casi toda la sala hasta situarme cerca de unos grupos animados. He tenido que pedir ayuda a las chicas para poder meterme en este vestido, y voy a necesitar de un noble caballero  para que me despoje de él. Pero no había ni un solo chico guapo a la vista que se fijase en mí.

Me giré instantáneamente cuando alguien me tocó la espalda reclamando mi atención. Era una chica muy guapa vestida de algo del circo. Al parecer su látigo estaba debajo de mi pie. Pude notarlo cuando ella lo estiró. La situación era graciosa y me recordaba a esa vez que usé un látigo en un encuentro sexual. Fue tan divertido. - ¡Chas, chas, chas! - Acompañé la onomatopeya con movimientos de brazo como si estuviese usando yo el látigo contra todo el mundo en aquella fiesta. Me retiré un paso hacía atrás para que la chica pudiese recuperar su instrumento de tortura y de placer. - ¿No vas a usarlo? - Pregunté bastante indiscreta. Las copas me estaban afectando y no buscaba ser amable, simplemente expresar mis dudas. - Es muy divertido. Te lo aseguro. Recuerdo que no hace muchos años usé un disfraz parecido al tuyo en carnaval y terminé volviendo a casa acompañada por un chico con un disfraz de león muy original. Por alguna extraña razón nos metimos tanto en nuestro papel de domadora, y él de león, que terminé usando el látigo con él en un terreno más sexual. Al principio le daba azotes flojos para divertirnos, pero él me me pedía más intensidad y no dudé en pegarle más fuerte. Se excitó muchísimo, y yo también. No es que sea yo una persona violenta, pero eso me gustó. Sentir ese poder, como que mandaba yo en todo momento. Deberías probarlo. Empecé a pedirle que se pusiera a cuatro patas, caminando como un león, y yo le azotaba si no me hacía caso. Le dejé las nalgas marcadas. Y el pene. No te puedes imaginar lo divertido que es poder usar el látigo contra un pene duro. Y cada vez se le ponía más duro. Como son los hombres...- Me reí tomando carrerilla. - Pero yo también quise probar que se sentía. Intercambiamos papeles. Le dejé el látigo y me azotaba como jugando, algunas veces más fuerte y otras menos. Incluso en los pechos, en el abdomen, y ahí abajo. Que sensación el notar el cuero en nuestra zona más sensible... Todas las mujeres tenemos nuestro punto de ponernos muy zorras en la cama y para mi fue esa noche. Me corrí muchísimas veces mientras él me agarraba desde atrás y me azotaba de vez en cuando. - La cara de cualquier persona sería un poema tras escuchar ese tipo de relato. Para mí hablar de sexo era tan normal como hablar de comida. El sexo forma parte de la vida. Es el único camino si quieres tener hijos. Y si no quieres tenerlos, es un modo muy divertido de pasar el día.

- Es una pena que la relación no cuajó. - Continué contando mi historia como si fuese ella la que me había preguntado. - Como nuestro primer encuentro fue tan pasional, a las dos semanas estaba aburrida de follar con él, además cada día se volvía todo más monótono y le dejé... - Tomé un poco de cóctel pues me había quedado con la boca un poco seca. - Así que ve con cuidado y si te llevas a alguien a casa usa el látigo con moderación. - Le guiñé un ojo divertida. Le acababa de contar una de mis muchas historias sin caer en la cuenta de que ni siquiera me había presentado. Vaya modales, espero que no me azote por ello.
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Invitado el Mar Nov 24, 2015 5:24 am

Con Sven y las chicas, antes de que Sam se retire.
Después, sola en la planta de arriba.

No tengo motivos para enfadarme con Spock, o desconfiar de él. Sé que él no es de esa clase de hombres. Sobre todo después de ver su reacción ante la actitud de la mujer pelirroja. Estaba claro que a él también le había pillado de sorpresa, y tampoco le había hecho gracia, pues su mitad "humana" no tardó en aflorar y salir a la luz. Yo me mantengo en un discreto segundo plano y asiento cuando me pide que me quede con su amiga para hacerse cargo de la situación. – Claro. No te preocupes. No hay ningún problema. – Sí que es cierto que la primera impresión con la muchacha rubia no había sido muy buena, pero se me había pasado conforme había venido. Su alegría cuando Spock le había comentado que éramos pareja me había parecido tan sincera, y tan tierna, que me había hecho sonreír y relajarme. Se alegraba por nosotros. Le sonreí educadamente cuando nos deja a solas. – Lamento todo este espectáculo, y que nos conozcamos en estas circunstancias, pero es un placer igualmente. – Y lo digo en serio, no solo por formalismo. Apenas conozco a nadie en este mundo.

Pero no me da tiempo a socializar demasiado con ella, porque en el momento en que Spock y la falsa yo vuelven de su charla privada, la pelirroja decide pagar su malhumor conmigo y con mi ropa. ¿Pero qué le he hecho yo? Y el problema no es que me haya roto el uniforme sin venir a cuento, en un clarísimo ataque de celos, el problema es que me ataca delante del comandante. ¿En qué momento me he convertido en enemiga de nadie? Hablo la boca, para responder. Y estoy tan furiosa que realmente tengo que hacer gala de todo mi autocontrol para no pegarle, que es lo que realmente me pide el cuerpo. Pero no sería apropiado que una oficial perdiera los estribos de esa manera, y mucho menos delante de un superior, aunque ahora mismo no estemos de servicio. Por eso cierro los ojos, cuanto mentalmente hasta diez, apretándome el puente de la nariz, hasta que consigo serenarme. Pero eso no hace que mi enfado disminuya un ápice, o que no me sienta humillada y avergonzada por el modo en que la pelirroja se esforzaba en ponerme en evidencia delante de Spock. ¿Qué es lo que quiere demostrarle? ¿Que soy poca cosa para él?

– No soy tu enemiga. – Le digo con un hilo de voz antes de volverme hacía mi superior. No quiero darle el lujo de verme con los ojos brillantes, o perdiendo el control. – Permiso para retirarme, comandante. Voy al aseo. – No espero respuesta y me marcho con toda la dignidad que puedo, pero acelero el paso en cuanto salgo de la vista de ambos. El baño está ocupado, pero imagino que una casa tan grande tendrá aseos en todas las plantas, por lo que me aventuro a subir las escaleras. A esas alturas apenas logro ya contener las lágrimas de frustración que la rabia, y el tener que morderme la lengua delante de la pelirroja, han provocado. Y quizá por eso no presto atención al cartel de advertencia. Aunque es una fiesta de Halloween, hay trozos amputados en la comida. No voy a tomarme en serio una advertencia de peligro en ese contexto. Lo único que quiero es estar a solas un rato y ver si consigo arreglar de algún modo el uniforme. – ¿Hola? – Pregunto al llegar arriba. – ¿Hay alguien ahí? – Tampoco quiero interrumpir y molestar a cualquiera que haya podido subir a la segunda planta buscando algo de intimidad.
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Sam J. Lehmann el Mar Nov 24, 2015 7:42 am

Con Elia, sintiéndome casta y pura

La chica se dio la vuelta y levantó el pie para que el látigo de Sam volviera a ser libre. No obstante, no quedó todo en una agradable conversación de “hola, adiós, me llamo Sam y yo soy Fulanita”, sino que la mujer comenzó a hablar como si estuviera relatando una anécdota de lo más interesante. Bueno, de hecho estaba relatando una anécdota y, en principio, parecía interesante. Pero solo en principio.

Sam no había sido nunca, ni sería, una mujer que se sintiera cómoda hablando sobre sus experiencias sexuales ni escuchando sobre experiencias sexuales de otras personas. Le incomodaban. ¿Qué le importaba a ella cómo llegaban al orgasmo otras personas? ¡Y lo peor! ¿Qué le importaba a la gente cómo llegaba ella o las perversidades que podrían llegar a gustarle en la cama? Ugh. ¡Quita quita! Era algo íntimo que compartir con la persona con la que quisieras compartir más que solo palabras, pero no para pregonar a los cuatro vientos con cualquiera que se te ponga delante.

Por esa razón, Sam había adoptado el famoso rostro “palo”, también conocido por la incapacidad de mostrar emoción alguna ante la increíble impresión a la que estaba siendo sometida. ¿Por qué razón estaba Sam escuchando ese tipo de cosas sexuales de una persona que ni conocía? ¿Y por qué en relación con un látigo, objeto que precisamente ella tenía y que estaba empezando a mirar con repelús? Miró a sus ojos todo el tiempo, como si se hubiera quedado en shock. Para colmo, inevitablemente, estaba creando en su mente la imagen casi perfecta de todo aquel relato. ¡Pero es que lo estaba contando con lujo de detalle! ¿No podía ser menos específica? Sam iba a decirle que era suficiente, pero cogió carrerilla para explicar cómo había sido la vivencia al cambiar las tornas. “Madre mía…” pensó Sam, cogiendo una copa de lo que fuera de uno de los elfos y llevándosela a los labios ante la imagen de imaginarse a esa mujer a cuatro patas con un hombre disfrazado de león dándole por detrás mientras la azota. Perturbador, muy perturbador. ¿Cuántas copas se habría tomado para contarle ese tipo de cosas a una desconocida? No tenía ni idea, pero Sam acababa de acabarse la copa de lo que parecía champán de un trago.

Sam miró a la chica cuando terminó de contar la historia, diciendo que la relación no cuajó—Una pena, sí… —asintió casi de manera inconsciente, para luego alzar la mano desde que terminó de hablar—Sam, encantada —dijo irónicamente—Buena manera de presentarte, ¿has pensado en decir tu nombre primero y preguntar si el otro tiene ganas de escuchar tus intimidades con lujo de detalle? —contestó. Sam solía ser bastante educada, pero también sincera cuando no tenía nada que perder. Y odiaba las obscenidades. Era una chica normal, sencilla y dulce. Las historias como las que acababa de escuchar no le gustaban lo más mínimo—Gracias —dijo cuando le aconsejó que usara el látigo con moderación—No se preocupe, después de la historia que me acaba de contar, ha conseguido que todo mi libido desaparezca por las próximas dos semanas. ¿Y el uso de látigo? Lo quemaré antes de que acabe la noche —le aseguró Sam, pensando en el bien que hacía quemando su artefacto. Aunque por un momento, pensó un mejor destino—O mejor, si quieres te lo regalo, que se te ve amante de los látigos —le tendió el látigo.  

A un hombre seguro que hubiera reaccionado inversamente a Sam y se hubiera sentido terriblemente atraído por las perversidades de aquella mujer hermosa. Pero Sam no encontraba atractivo en historias como esas y sí, era una mujer hermosa bajo su juicio y probablemente el de cualquiera, pero ese tipo de comentarios hacían que Sam sintiera absolutamente lo contrario a lo que normalmente debiera sentirse. Era una obtusa.
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A. Sven Moretti el Mar Nov 24, 2015 9:40 am

Con Esther en el rincón de pensar
Luego con Esther, Mathi y Sam antes de que se vaya
Después de nuevo con Esther ¬¬

¿Por qué las cosas más raras y sin sentido me pasan a mí? Lo de Esther no era ni medio normal, no sé qué me sorprendió más, si el beso o la bofetada. Me la llevé a un rincón para echarle toda la bronca que soy capaz, completamente indignado. En esos momentos estaba siendo un Spock muy poco vulcaniano y demasiado humano.

- Pero Esther, joder, te lo juro por Merlín y todos los caballeros de la Mesa Redonda, ¡yo no tuve nada que ver con lo de Corazón de Bruja! ¡Algún tonto utilizó mi nombre! ¿Cómo tengo que decírtelo para que me creas? - pregunté retóricamente, entre enfadado y triste. - ¡Yo no fui! ¡Nunca te haría algo así! Eres mi mejor amiga, y sabes de sobra que no soy esa clase de persona que va por ahí puteando al personal. - me sentía muy triste y dolido por la actitud de Esther, ella dudaba de mí. ¿Cómo era capaz de hacerlo?

Esther asentía ante todo lo que me decía, pero me daba la impresión de que no me escuchaba. Al final me rendí y volvimos a donde estaban Sam y Mathi. Y si el beso/bofetada me dejó de piedra y enfadado a partes iguales, lo que vino después fue incluso peor. Presencié con la boca abierta cómo Esther le rompía una manga del disfraz de mi Uhura, y lo que es peor, luego la atacaba por su condición de squib. En mitad de todo el jaleo vi como Sam se quitaba de en medio, algo que en su lugar yo también haría.

- ¿Me puedes explicar qué carajo tienes en contra de Mathilde? - le espeté a Esther indignado. Y esta vez estaba indignado de verdad, y eso me entristecía muchísímo. Odio estar enfadado, y más con Esther. - Espera que te lo arre… - comencé a decir a mi Uhura cuando dijo de ir al baño, pero creo que no me escuchó. Con un simple Reparo estaría como nuevo, pero quizás ella se sentiría mal si yo se lo arreglaba. Eso unido al insulto mordaz de Esther… ¿cómo demonios se le ocurre meterse con ella por ser squib? Mi Uhura se fue al baño, y yo volví a mirar a mi pelirroja amiga, o ex amiga, con una mezcla de desagrado y tristeza. Un elfo doméstico pasó a nuestro lado y nos ofreció bebidas. Cogí un whisky de fuego, de perdidos al río... - Mathi técnicamente es mi novia. La primera novia que tengo con veinticinco años, y si ya de por sí eso es triste imagínate si va mi amiga de toda la vida y me monta este jaleo. Joder Esther, explícame qué te pasa, pero qué te pasa de verdad, porque así no puedo entenderte. - bebí dos tragos largos del whisky de fuego del tirón y al instante sentí un calor extra en mi garganta. Me sentía tan triste que pensé en decirle a Mathi cuando volviera del baño que nos fuéramos de la fiesta.
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Invitado el Miér Nov 25, 2015 2:32 pm

Yo no me imaginaba todo lo que ha pasado, ocurriría realmente..Parece todo como una telenovela de estas que los muggles ven todas las tardes en sus televisores en la hora esa que ellos laman siesta. Mis presentimientos más profundos me estaban alertando que ir a la fiesta iba a ser un gran error, pues gracias subconsciente por advertirme a pesar de que yo luego no te hiciera mucho caso por agradar a un supuesto amigo. Si iba a saber que iba a perder casi por completo la amistad con mi mejor amigo, me encierro en mi casa y tiro la llave, Esther que puedes usar la aparición...Pues me drogo y así me duermo durante un buen rato. Pues eso, que nada más llegar no se me ocurrió otra cosa que saludar besando a Sven y luego pegándole en la cara, en parte quería hacerlo pero solo lo del beso, lo otro podía ser en privado que si luego nos peleábamos no tendríamos público para que nos viera, por suerte solo hablan dos personas delante y no se armó tanto escándalo por lo sucedido.

Tras medio excusarme, Sven me dio la charla en el rincón de pensar. Que si él no fue lo de la revista, que si me lo juraba por Merlin, que él no era la clase de persona que me putearía...Todo eso lo entendía, pero así me sentía más satisfecha que simplemente olvidando el tema como si nada. Me hubiera dedicado a explotar calabazas con el bate de golpeadora pero las pobrecitas tienen derecho a vivir y acabar en un buen zumo, por eso elegí el camino de pegarle un boten y san se acabó, y menso mal que solo fue en un lado, en ese aspecto fui generosa. Todo el mundo pensaba que todo se habría solucionado tras la charla de Sven, el macho alfa del grupo...Pues no, cuando llegué fui una bellísima persona y le rasgué el disfraz a Mathi, ¿por que? Porque me estaba cayendo mal y a parte estaba media borracha, eso hacía que hiciera las cosas nada más pensarlas. ¿Cual fue la reacción? La otra chica se marchó con la misma sin decir nada y Mathi también se marchó como si nada, o eso pretendía aparentar, solamente me dijo que no era mi enemiga...Perdona guapa pero en la vida si eres mi enemiga...Yo conozco a Sven muchos años antes que tú, así que...Aunque sea mi mejor amigo, es como mi hermano así que debería de haberme pedido la bendición para yo dar el consentimiento de esta relación, creo que mejor lo dejo porque la bebida me está afectando a las neuronas.

-Mathi es tu media novia...¿Pues sabes qué? Para ella no eres el único en su vida...Como se nota que estás más cegato que un topo y necesitas unas gafas urgentemente. Dije como si nada tras todo lo que me había reprochado sobre que no me entendía, y todo esto mientras pillaba una copa de alcohol...Yo sabía que este hombre no lo toleraba como yo, así que aprovecharé y me pondré en modo retorcida para luego yo quedar como la buena tras todo esto. -La he visto frecuentando Las Tres Escobas...Me acerqué a el para que solamente me escuchara, así le daría más emoción al tema...Todo lo que le iba a decir en parte era verdad y algunas cosas eran una trola que le voy a meter, pero en tiempos de guerra todo vale. -Y la he visto en una situación bastante cariñosa con el nuevo camarero...Yo creo que le estaba dando más que una simple cerveza...Y por lo que me han contado, ese chico es squib...Hablé desvaneciendo poco a poco la voz. Lentamente agarré otro vaso de whisky y se lo di con la misma, así ahogaría sus penas y luego cuando se le pase la resaca, todo lo del bofetón y demás será parte de una noche de desfase en una mansión desconocida.
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Cuenta de Ambientación el Miér Nov 25, 2015 5:17 pm

Post ambiente dirigido a Mathilde Salvin

Flashback de ese mismo día por la mañana, mientras los elfos domésticos trabajaban la decoración de la mansión Winslow…

No quiero que la gente se pasee por el piso superior. Que haya intimidad. Así que haced algo para que no suban los invitados.

Sí, señor Winslow —dijeron los tres elfos a la vez.

El ministro se fue a prepararse mientras los elfos se miraban los unos a los otros. ¿El amo le acababa de dar libertad para hacer lo que ellos consideraran oportuno? ¡Pues eso harían!

Podemos hacer una barrera mágica para que no pasen —dijo el más inteligente.

Podemos poner un cartel, la gente debería ser respetuosa —dijo otro, el más inocente.

¡Podemos poner un cartel y hacerles pagar a los que no hagan caso! —dijo el último, el más travieso.

Jijiji —contestaron al unísono los dos primero, frotándose las manos cual mosca ideando un plan siniestro.

Y los tres, con cara perversa (todo lo perversa que pueda ser la cara de un elfo doméstico) se pusieron a idear trampas para el piso superior.

¡Pon una cuerda!

¡No, una cadena es más dramática! Jijiji.

¡Mejor las dos cosas!

¿Y si ponemos proyectiles?

¿Un huevo? Jijiji. Los huevos son humillantes y pegajosos. A nadie le gusta que le tiren un huevo. A mí el señor Winslow me ha tirado más de un huevo y no me gusta.

¡Un huevo rojo, así parece sangre!

¡Jijiji, sí! ¡Sangre!

Chasquidos de dedos por todos lados, hicieron que el pasillo de la planta superior fuera terrorífico y que casi a cada paso, pudieras ser la víctima de una de las muchas trampas. Trampas que no pretendían hacer daño, claramente, era una fiesta de Halloween, no la Purga anual.


En la fiesta, con una joven squib paseando por el pasillo superior…

La pierna de la squib pisó directamente en un azulejo de mármol que activó la trampa más estúpida de todas las que había. Un ruido se escuchó al fondo y, al girarse la joven, un huevo le dio de lleno en la frente, manchándole toda la cara de sangre. “Sangre”, realmente era salsa de tomate natural, para que hubieran grumos y fuera más real.

Justo cuando el huevo impactó contra su frente, una cadena le atrapó el tobillo y la alzó en el aire.

Y ahí la dejó. Volando. Indefensa. Era una cadena mágica y, por tanto, podía ser eliminada con magia. Qué gran mala pata para una persona sin magia... sobre todo porque por mucho que pidiera ayuda, la música escaleras abajo estaba bastante alta como para que alguien la escuchara a la primera llamada de socorro.

Un elfo doméstico se le apareció delante, bailando y aplaudiendo.

¡Eso te pasa por cotilla! ¿Acaso no has visto el cartel? Jiji —Y acto seguido, chasqueó los dedos y otro huevo de sangre le impactó en la frente. El elfo volvió a reír—Tengo que volver al trabajo o el amo me castigará.

Y desapareció.

¿Cuánto tiempo estaría ahí? Y lo más importante, ¿si alguien subía a socorrerla, correría la misma suerte que ella? Tened cuidado, un paso en falso y... quizás te pases la fiesta colgado boca abajo.
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A. Sven Moretti el Jue Nov 26, 2015 4:58 am

Con Esther y muchos whiskys de fuego

El whisky de fuego me subió rápido, porque me sentí levemente mareado. Normalmente tolero bien el alcohol pero esa noche no había comido apenas nada, y la primera copa me la bebí de un trago. Esos dos factores siempre influyen así que… digamos que con el primer whisky ya estaba algo achispado.

- ¿Pero qué estás diciendo? - pregunté perplejo cuando Esther afirmó que yo no era el único en la vida de Mathi y que estaba ciego como un topo. Un elfo pasó de nuevo cerca nuestra y cogí otro whisky que bebí en un par de tragos. Mientras el calor de la bebida me invadía fui escuchando lo que aseveraba Esther. - ¿Bastante… cariñosa? ¿A qué te refieres? - pregunté despacio, asimilando lo que me decía Esther. No sé de dónde salió otro whisky, creo que de la mano de mi amiga. Otro que bebí de una sentada. Ya no me sentía levemente mareado, sino que estaba mareado con todas las de la ley. Veía algo borroso y mi cerebro tardaba en responder (más de lo que suele tardar, que ya es bastante).

Mathi estaba conociendo a un chico squib… quizás más que conocer, quizás ya tenían algo más. Un chico squib que podría entenderla mejor que yo y que posiblemente no tuviera tantos reparos con el tema sexual como yo. Seguro que había sido por eso, que ella necesitaba algo que yo todavía no podía darle. Empecé a llorar en silencio como un idiota, mirando fijamente a Esther e hipando.

- Esto me pasa por… ¡hip! fijarme en una negra… ¡hip! Son todos iguales, joder… ¿Por qué los niños negros se asustan cuando ¡hip! tienen diarrea? Porque cree que ¡hip! se están derritiendo. - aseguré convencido, hipando de nuevo. - ¿Sabes por qué ha pasado esto? - pregunté retóricamente, cogiendo de la nada (¿otro elfo?) un nuevo whisky. Ni siquiera me di cuenta de que se me había pasado el hipo. - Porque no he querido acostarme con ella todavía. Y ahora me alegro de no haberlo hecho si a la mínima le hace ojitos a otro. Que le den. - sentencié, bebiéndome de un trago el ¿cuarto? whisky. - ¿Qué es una negra embarazada de un blanco? ¡Un Kinder Sorpresa! - empecé a reírme yo solo, histérico. Había pasado del llanto a la risa en tan solo un par de minutos. En todo el caos de mi repentina borrachera ni siquiera caí en la cuenta de que Mathilde estaba tardando demasiado en el cuarto de baño.
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Invitado el Jue Nov 26, 2015 6:59 am

Con Sven y luego nos vamos los dos

Todo estaba en un completo caos, en menos de unos minutos habían ocurrido tantas cosas que no se si reír, si llorar, o si hacer las dos cosas a la vez. Me sentía algo incomoda por todo lo que había pasado, pero a la vez tenía la adrenalina subida de una manera espectacular, esto de las emociones fuertes me encantan. El pobre Sven estaba ya que no se mantenía en pie, menos mal que no estábamos en medio de toda al gente porque este hombre dentro de nada se me cae al piso...Lo apoyé en un asiento, tras contarle la mentira piadosa sobre Mathi. -Muchas manos encima del hombro, miradas cómplices...Ya sabes que el roce hace el cariño...Le acabé de contar. Pensé que agarraría la última copa y todo el mundo para su casa, pero el resultado fue algo inesperado...Empezó a beber más de la cuenta y comenzó a soltar cosas sobre los negros, mi única reacción sólo fue quedarme con la boca abierta sin decir nada...La de cosas que soltó por esa boca. Un montón de chistes y que luego lo abandonó por no haber querido aún haberse acostado con ella...Yo solamente quería que se bebiera una copa y llevarlo a casa, no que se pusiera a despotricar delante de todos...

-Vamos, que necesitas una ducha y meterte en tu cama...Que a este paso toda la mansión se va a enterar de que estás como una cuba y encima soltando barbaridades sobre las personas de color. Le hablé mientras le apoyaba en mi hombro, cargando casi todo su peso en él para que pudiera caminar...Nos despedimos del elfo que nos abrió las puertas de entrada, y como pude me desaparecí para llegar a la casa de Sven...Como yo no era su madre para estar duchándolo, le tiré un aguamenti encima y le ayudé a que se quedara en camiseta. Una vez se acostó me marche a mi casa, ahora lo que se tenía que pegar una ducha era yo...Menuda nochecita, a ver como amanecen, pobre macho...Creo que esta experiencia se me quedará marcada para el resto de mi vida y creo que se lo contare a mis futuros hijos para que se rían de su madre.


Off: Tengo permiso para sacar a Sven de la fiesta
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Elia Deveraux el Vie Nov 27, 2015 7:01 pm

Ofreciendo a Sam la palabra sagrada.


Me estaba riendo al recordar mis propias historias, sintiéndome orgullosa y pagada de mí misma. Soy única. Lo peor que pueda pasar es que esta mujer se piense que soy una descocada. Me da exactamente igual lo que piense, no la conozco. Ver su látigo unido a mi falta de barreras morales y junto con lo que he bebido, me ha hecho soltarle sin más motivos una de mis preciadas aventuras de Halloween. Su cara nos mostraba reacción alguna, ni para bien ni para mal. Siempre es mejor un gesto inexpresivo que una cara de asco. Lo mejor es la cara de un tío escuchando esta misma historia queriendo ser él el león. ¿Por qué le he contado mi historia a esta chica? Ah, ya sé. Ella tiene el látigo. Va provocando. Tuve que reírme cuando habló ella, presentándose en primer lugar y hablando de mi bonita manera de contar intimidades. Por su tono de voz adiviné que no le había gustado nada escucharlas. Debe ser una estrecha. Me juego tres galeones a que sigue siendo virgen a pesar de ser mona porque le dan asco los hombres. Los muggles le ponen nombre a todo, hay nombre para la enfermedad que ella sufre. Vaginitis o algo así. Me jugaría tres galeones con cualquiera a que sufre de esa enfermedad mental. - Oh, lo siendo. Soy Elia. Las anécdotas me parecen una manera divertida de hablar con gente que no conoces. Es una fiesta. - Levanté mi copa y tomé un trago despacio con cuidado para no manchar mi precioso vestido.

La niña santurrona continuó hablando en contestación a lo que yo dije sobre usar su látigo con moderación. Estaba escandalizada. Quería quemar el látigo porque su libido había desaparecido por dos semanas. No pude contener mi sonrisa de superioridad y ella quiso regalarme el látigo. - ¿Qué clase de problema tienes? Intuyo que algo te pasa. Estoy de acuerdo en que mi historia no es la mejor forma de romper el hielo, pero podrías haberte reído de esta pobre borracha que va contando sus historias sexuales por ahí. ¿No? - Me salió la vena de arreglar problemas. Esa chica, Sam, debía de tener muchos y gordos si no se ponía a cien imaginándose dando latigazos de placer a un hombretón sexy. - Pero no, no. Tu te has escandalizado. ¿Perteneces a caso a esas sectas muggles que promueven la castidad? - Pregunté sin disimular en ningún momento mi cara de asco al pensar que podía ser una de esas pobres muchachas que creen que alcanzaran un cielo si no follan. - No te digo que esté bien follar con el primero que pase, pero eres muy guapa y joven. Hay que divertirse. Un orgasmo es mil veces mejor que cualquier cosa que consideres buena. - Levanté ambas manos como si mis palabras fuesen la obra de uno de esos papas a los que siguen las sectas muggles. La chica podía tener perfectamente mi edad. Me daba pena imaginarla sola en su casa imaginando amor eterno y un futuro en el cielo si no se dejaba penetrar. El cielo se alcanza con una polla dentro. Eso no lo saben los de las sectas. O quizá lo saben, y se lo callan los muy cabrones.
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Caleb Dankworth el Sáb Nov 28, 2015 2:50 am

Con Abi en los jardines.

La mirada de pocos amigo de Abi era una de las cosas más intimidantes que había sobre la faz de esta tierra, pero aún así atraía. He de admitirlo, da igual con quién esté yo o con cuánto odio me mire ella por alguna razón que yo no llego a entender todavía, Abi jamás dejará de atraerme. Me advirtió que no jugase con juego para que no me quemase, y mi sonrisa se hizo un poco más amplia y pícara.

-Sí, lo sé, lo sé…- murmuré con tono pícaro, y entonces puse mi mano sobre su hombro e inmediatamente la aparté mientras siseaba como si me hubiese quemado, y le guiñé un ojo.- Ya sabes que yo no soy alguien que se aleje del peligro…

Después de quejarme del champán y de ser empujado por un idiota y de empujar a ese mismo idiota hasta hacer que cayese sobre una mujer que se puso a agredirle físicamente por haberla tirado al suelo, le pedí a Abi que viniese conmigo a los jardines para poder hablar tranquilos. Necesitaba hablar urgentemente con ella, y no podía hacerlo aquí dentro rodeado de tanta gente y con tanto ruido y con elfos domésticos correteando por tantas partes. Durante un momento me temí que Abi fuese a mandarme a la mierda, por lo que dijo y por cómo me miró, pero me recorrió una profunda sensación de alivio cuando Abi accedió a acompañarme. Sonreí ligeramente, y caminé detrás de ella mientras ella nos abría el paso por la mansión hacia la salida a los jardines. Como ella iba caminando delante de mí no se dio cuenta de que yo iba vaciando la bolsa que contenía la ropa interior a medida que se la iba tirando a la cara a la gente junto a la que pasábamos anunciándoles alegremente que ya eran libres. Había una mujer muy fea a la que no le tiré un bóxer a la cara porque yo no liberaba a elfos domésticos reales, y ella parecía un elfo doméstico real solo que del tamaño de un trol.

En el jardín dejé de liberar a personas con mis bóxers de marca (iba a tener que ir de compras al día siguiente…), y cogí el vaso de whisky que Abi le había pedido a un elfo doméstico que le diese. Di un trago largo y sonreí ampliamente después.

-Ah, Abi, tú sí que me das lo que me gusta…- dije sin borrar mi sonrisa, y le di otro trago más al whisky. Abi me preguntó de qué iba vestido, así que dejé de beber para contestarla.- ¡De Asesino! Muy sutil, lo sé- dije con tono sarcástico, y entonces alcé el brazo en el que estaba colocada la daga oculta y activé el mecanismo para que saliese de repente.- Debería ir por la calle con esto puesto, me lo pasaría mejor que un niño de cinco años en un parque de atracciones. Y esta…- dejé el vaso casi vacío sobre la mesa que teníamos al lado, y entonces alcé el otro brazo en el aire y salió otra daga oculta, más gruesa y con un pequeño orificio en el centro- es para inyectar veneno. Obviamente está vacía, no quiero envenenar sin querer a alguien en la casa del Ministro…- murmuré entre dientes. Oculté de nuevo las dos dagas, porque si no lo hacía podría cortar sin querer a Abi y no quería hacer eso.- Ya te he dicho que tú estás muy hermosa. Siempre lo estás, pero hoy vas a matar de un infarto a más de la mitad de la gente que hay en esta fiesta. ¿Has visto cómo te están mirando esos tipos de allí?- señalé a un grupo pequeño de hombres que estaban junto a una mesa en otra parte del jardín. Todos ellos estaban mirando a Abi como si fuese un jugoso manjar al que no podían esperar a hincarle el diente, y entrecerré los ojos al mirarles e hice una mueca.- No me hace mucha gracia cómo te están mirando, en verdad…- uno de ellos tenía pinta de orco, y la manera en la que miraba a Abi daba verdadero asco. Algo en mi interior me alentaba a ir a cruzarle la cara de un puñetazo, pero me quedé junto a Abi.

Dejé que fulminar con la mirada a esos tipos y borré mi mueca de mi rostro, y volví a centrar toda mi atención en Abi. Después de todo había salido al jardín para hablar con ella.

-Me has estado ignorando completamente- no era la primera vez que acusaba a Abi de ello, ya se lo había dicho hace tiempo cuando vino a mi casa de madrugada para llevarse a Zack en una misión. En ese entonces no le había dado mucha importancia porque había pensado que estaba muy ocupada y no podía reunirse conmigo ni responder mis mensajes, pero ahora estoy completamente seguro que me está ignorando aposta, y… ¡y me molesta, coño!- Quiero saber qué pasa. ¿Por qué me odias de repente? ¿Qué te he hecho?- se notaba algo de desesperación en mi voz. No había mucha desesperación porque no estaba lo suficientemente borracho como para sonar así, pero no podía ocultar del todo lo que sentía. Aún así, no podía ocultar que no estaba contento con cómo estaban las cosas entre nosotros.- Por favor, Abi, dímelo… Sea lo que sea que he hecho quiero arreglarlo- le puse una mano en la mejilla para que no dejase de mirarme directamente a los ojos.- No quiero que sigas mirándome así.
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Arabella K. Morgenstern el Sáb Nov 28, 2015 3:41 am

Con Matt, Apolo y Leandro.

Me había acercado al grupo formado por los tres hombres principalmente porque había visto a Matt allí, y eso era lo que me había hecho ir hacia ellos en vez de a cualquier otro lugar de la fiesta. Pero aunque él había sido mi ancla no perdí en tiempo en observar a sus dos acompañantes, que eran increíblemente apuestos y elegantes también, a pesar de que el hecho de que fuese Halloween y por lo tanto estuviesen todos disfrazados hacía que los atuendos fuesen menos elegantes de lo que lo habrían sido en cualquier otra ocasión. Matt estaba impecablemente vestido con un traje de marinero, pero aunque los otros dos estaban vestidos de maneras más curiosas eso no les quitaba nada de belleza. El primero en saludarme fue el apuesto hombre de cabello negro y profundos ojos azules verdosos como el mar del Caribe.

-Alteza- hice una reverencia como si realmente estuviese frente a un miembro de la realeza. Mi hermana Ankhesenamon se pondría furiosa en este momento si me viese. Le daría igual que esta fuese una simple fiesta de disfraces, y me daría una larguísima charla sobre como esa no era la manera apropiada en el Antiguo Egipto de saludar a un faraón. Ella lo sabía todo sobre los faraones, ya que era la hija de uno de ellos. Mi madre siempre nunca había tenido hijas con simples plebeyos, por eso mis hermanas eran hijas de faraones y de emperadores y de reyes y nobles. En el pasado tuve mucha envidia de Ankhesenamon por ser egipcia, el Antiguo Egipto siempre me había parecido mucho más interesante que Grecia y que Roma. Sonreí al escuchar el nombre del apuesto hombre disfrazado de faraón.- ¿Eres italiano? Yo también. Bueno, parte italiana- dije con una sonrisa. No tenía acento, y mi apellido no era italiano, pero me había criado en Roma y eso me haría italiana para siempre, aunque hubiese muchas cosas que había detestado de mi vida allí.- ¿De qué ciudad eres?- pregunté con curiosidad, sintiendo una extraña nostalgia formándose en mi interior. Entre el vestido de otra época, el recuerdo de mi hermana por culpa del disfraz de faraón, y encontrarme con alguien del país que un día había sido mi hogar, me estaba entrando la melancolía típica provocada por los recuerdos del pasado, y mi pasado era muy extenso.

Me saludó entonces el otro amigo de Matt, y le di dos besos en las mejillas al igual que él me los dio a mí.- Oh, muchas gracias- dije manteniendo mi sonrisa cuando dijo que las amigas de Matt eran muy guapas.- Pero creo que tiene mejor gusto a la hora de escoger a sus amigos- comenté, mirando a los tres hombres, y en particular a Leandro. Me interesó escuchar que el otro amigo de Matt era un Masbecth. No había socializado con alguien de esa familia en más o menos dos siglos.

Me saludó Matt depositando un beso en el dorso de mi mano, y le sonreí cuando dijo que mi vestido era bonito. Sin embargo, cuando me preguntó de qué siglo era alcé una ceja, no a causa de la pregunta en sí sino por el tono y la expresión que la acompañaron. Ya me había dicho Matt en el pasado que intuía que yo era más mayor de lo que parecía, pero dudo que haya descubierto mi secreto, aunque si lo ha hecho me da igual.- Es del siglo XIV- dije, mirando la falda con orgullo.- Tiene mucha historia este vestido. Sobrevivió a una terrible masacre en un castillo medieval y está manchado con la sangre de nobles- dije, sintiendo una insaciable necesidad de hablar del pasado.- No fue muy lejos de aquí, en realidad. Ya no quedan ni las ruinas del castillo, lamentablemente.

Leandro me pidió que contase algo sobre mí, y Apolo me preguntó a qué me dedicaba.- Soy la buscadora de las Avispas de Wimbourne, aunque soy también escritora. Mi especialidad es la ficción histórica. Me apasiona la historia de todas las épocas y todas las culturas, tengo como hobby saber datos históricos de todos los lugares a los que voy. De este lugar no hay mucho que decir, la verdad, antes era todo campo- dije, respondiendo así a ambos hombres.- ¿Y vosotros?- pregunté, queriendo saber a qué se dedicaban ellos también.
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Zachary S. Dankworth el Sáb Nov 28, 2015 4:02 am

Subiendo las escaleras.

No veía una puta mierda, y como consecuencia iba por la fiesta chocándome con la gente y dándoles golpes a la gente con mi espada láser falsa y dándole golpes a los elfos domésticos que llevaban las bandejas, por lo que varias bandejas cayeron al suelo por mi culpa. Lo peor fue cuando se me cayó la varita al suelo, y tanteé el suelo haciendo el gilipollas intentando encontrarla, pero se había escondido muy escondida y era imposible dar con ella. Mientras iba por ahí dando tumbos a ciegas y sin tener éxito en mi intento de recuperar mi varita para arreglar el estropicio que había causado al cambiarme el color de los ojos me choqué con alguien que resultó ser mi padre. Podría haberle pedido a él que me ayudase y me quitase el hechizo para que pudiese volver a ver, pero no lo hice por dos razones. La primera razón fue el orgullo, pues no quería que después de burlase de mí por haber el hechizo mal, y la segunda razón fue que apestaba a alcohol e iba arrastrando las palabras mucho más de lo normal. Estaba muy borracho y se notaba a kilómetros, y eso hizo que yo no me fiase de sus habilidades con la varita en aquel momento. ¿Y me me sacaba un ojo por accidente, o me dejaba bizco intentando arreglar el hechizo? No, prefiero quedarme así toda la noche a arriesgarme a que mi padre lo empeorase todo debido a su terrible borrachera, la cual quedó confirmada cuando me gritó que era un elfo libre y me tiró algo a la cabeza antes de irse. No supe qué era lo que me había tirado, pero lo cogí y lo tiré al suelo, y seguí avanzando por el pasillo.

-Perdón... Disculpen...- dije mientras me abría paso entre la gente apelotonada allí, usando mi falsa espada láser roja como si fuese un bastón de de esos que usan los Muggles ciegos cuando van por la calle y con los que se dedicaban a darte en las pantorrillas y te las destrozaban.- Con permiso- dije al notar que había gente bloqueándome el paso, y alcé una mano. Aquella fue una mala idea, pues al no ver nada de nada no supe dónde estaba colocando mi mano, la cual fue a para donde el enorme pecho de una señora y sin darme cuenta de la sujeté. La señora, lógicamente, pensó que yo era un guarro pervertido y me pegó un fortísimo sopapo que me hizo girar y me empujó contra las escaleras.

Me apoyé en la barandilla, y al notar que no había nadie allí consideré que lo mejor era subir las escaleras en vez de quedarme ahí abajo donde estaba todo abarrotado de gente y lo más seguro era que tuviese otro accidente como el que acababa de tener con la señora y su pecho. Subí al piso de arriba pero, al estar ciego, no vi el cartel que avisaba que había peligro...
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Abigail T. McDowell el Dom Nov 29, 2015 6:55 pm

Con Caleb en el exterior de la mansión
Salimos al exterior de la mansión Winslow y le pregunté que de qué iba disfrazado, ya que me parecía muy raro verlo disfrazado de algo tan… inusual. Era Caleb, me lo hubiera imaginado de vampiro, fantasma de la ópera… cualquier cosa sexy y sofisticada le hubiera pegado, pero no precisamente de eso de lo que iba vestido que no sabía nadie de lo que iba. Me explicó que iba de asesino y yo simplemente asentí con la cabeza, dándole la razón. ¿Desde cuándo los asesinos van así vestido?

No te pareces en nada a los asesinos que yo conozco —susurré, alzando una ceja, dejando claro que no compartía su visión de asesino—¿De dónde has sacado ese atuendo tan raro? —pregunté, ya que no tenía ni idea en quién se había basado. Estaba claro que él y yo de asesinos teníamos mucho y no íbamos por ahí con ropajes del siglo del catapúm y con una daga oculta en la manga. Entonces él volvió a recalcar lo hermosa que estaba, cosa que ya sabía, pero que adoraba que me dijeran—Soy consciente, ¿por qué te extraña? Siempre ha sido así —dije divertida cuando me señaló al grupo de hombres que me estaba mirando, no era el único grupo de personas que me miraba, pero me sorprendió que después de meditarlo, dijera tan convencido que no le gustaba que me mirasen así—¿Qué más te da? —pregunté con sorpresa, como si él no tuviera nada que hacer respecto a eso, ni siquiera debía no hacerle gracia. Nada. Cero. Ya suficiente comida de cabeza tenía yo sola por su culpa ante cualquier relación esporádica como para que él viniera ahora diciéndome que no le hacía gracia que ya de por sí sola, fuera un auténtico objeto de deseo para todos los hombres allí presente.

Si ya esa conversación sobre los hombres que me miraban me parecía molesta, más todavía me lo pareció la siguiente conversación que sacó cuando volvió a mirarme. Sí, era un hecho conocido por prácticamente todos que yo estaba ignorando deliberadamente a Caleb Dankworth. Hasta mi jodida secretaria sabía que no debía de darle ningún tipo de información a Caleb si preguntaba por mí, pero es que tenía la necesidad de alejarme de él. Quería hacerlo y por eso lo estaba haciendo,  él problema no era él, el problema era claramente yo y mi incapacidad de tener simplemente amistad con él. Y es que eso era así, no había más vuelta de tuerca; todo se resumía en mí y en que no quería ver a Caleb con otra mujer y, para colmo, con otro hijo. Si había sido hostil con él es porque simplemente quería que respetase mi decisión de alejarme y, quién sabe, ante mi hostilidad también decidiese alejarse de mí.

Me sujetó el rostro con su mano y lo miré a los ojos, con un gesto serio y prácticamente impasible. Un rostro que había puesto a conciencia, ya que no quería que ningún gesto delatase mis verdaderos motivos.

No te odio —le dije sinceramente; no le odiaba por ser imbécil y decidir quedarse con su estúpida cuñada para traumatizar a su hijo y hacer que su prima también sea su hermana. No le odiaba por haber elegido a otra mujer, ni tampoco por haber tenido otro hijo. Eran cosas que me molestaban, porque yo simplemente no formaba parte de su historia, pero no le odiaba. Ya me gustaría poder odiarle… haría las cosas mucho más fáciles.

Decidí ir por el camino fácil, porque evidentemente no iba a decirle la verdad. Ni ahora ni nunca, si había algo que adoraba de mí, es que mi cuerpo y mi mente me impedían pasar la vergüenza de abrirme respecto a mis sentimientos.

No me has hecho nada, olvida eso. Solo que no estoy pasando por mi mejor momento—le mentí, aunque no era una mentira totalmente, simplemente no era la verdad que me estaba pidiendo que le contara—Estoy ocupada con todo, mi trabajo y mi vida privada y necesito tiempo, además, las cosas ya no son como antes, tú preocúpate por tu nueva familia, Caleb —añadí.
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Invitado el Lun Nov 30, 2015 8:42 am

Solita después de que un elfo doméstico se ría de mí. ¡Lo que faltaba! ¬¬

La noche no podía irme peor de lo que me iba. Bastante tenía con intentar escapar de la vista del comandante Spock como para prestarle atención al cartel de peligro. De todos modos, y aunque me hubiera percatado de su existencia, es una fiesta de Halloween, y me hubiera parecido parte más de la decoración. ¿Cómo iba a pensar qué iba a activar una trampa? El sonido a mi espalda me alertó lo suficiente para voltearme casi al instante, pero lo único que conseguí fue ver casi a cámara lenta como aquel proyectil se acercaba a mí, pero sin tener capacidad de reacción suficiente para poder esquivarlo. Me golpeó con fuerza, y fue lo bastante doloroso para, en en el primer momento, pensar que la "sangre" que goteaba por mi frente y mi rostro, y que me manchó los dedos al llevármelos a la zona dolorida, era realmente mía. Pero enseguida, tanto el olor, como el sabor cuando me llegó a los labios, me sacaron del error.

– ¿Pero qué demoni...? ¡Ahhh!

La cadena me atrapó el pie y me elevó por los aires sin que yo me lo esperar. Comencé a debatirme, boca abajo, doblándome hacía arriba para tratar de alcanzarme el tobillo y liberarme, pero lo único que lograba era moverme de lado a lado. Me apoderó el pánico durante unos instantes, temiendo que en medio de este ambiente distendido, todo esto no hubiera sido más que una emboscada de los romulanos para dejarme fuera de combate y poder atacar a Spock. Estaba solo allí abajo, con aquella impostora, y en un ambiente demasiado "humano" para poder desenvolverse con comodidad. – ¡Mierda! ¡Mierda! – En todos mis años de servicio en la Flota Estelar jamás me había visto en una situación tan precaria como esa. Había caído en una trampa de principiante como si fuera una cadete. ¡¿Pero cómo he podido ser tan ingenua?! – ¡Da la cara si eres tan valiente! – Grito al pasillo desierto, sabiendo que es muy probable que el responsable de todo esto esté observando, regodeándose de su efímera victoria. – No importa lo que hagas conmigo, no le pondrás una mano encima al comandante. ¡¿Me oyes?!

En ese momento se aparece delante de mí una criatura bajita y estrafalaria que soy incapaz de reconocer, aunque algo en mi subconsciente me dice que ya las he visto antes, en la ilustración de un libro, quizá, o siendo niña. Aunque me parece que sean recuerdos de otra vida. – Ayúdame a salir de aquí, por favor. – Pero las risas y las burlas de la criatura me dejan claro que no solo no va ayudarme, si no que encima es responsable de lo que está ocurriendo. – No soy ninguna cotilla. ¡Esto es un error! ¡Bájame de aquí! – Pero solo recibo un nuevo impacto con más salsa de tomate y una extravagante despedida por parte de aquella menuda forma de vida. – No. No. ¡No te vayas! – Me revuelvo de nuevo, tratando de soltarme otra vez. – ¡Por favor, espera! ¡¿Quién es tu amo?! ¿Para quién trabajas? ¡Vuelve! – Pero lo único que me responde es el el eco de mi grito en el pasillo desierto y el ruido ensordecedor de la fiesta que se está desarrollando bajo mi cabeza.

No sé cómo voy a salir de aquí, pero tengo que soltarme. Y tengo que encontrar a Spock.
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