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Smells Like Teen Spirit. {Ian Howells & Rhea Jackson} [Flashback]

Davina Abrasax el Vie Oct 30, 2015 2:54 am

-¿Con quién dijiste que te ibas?- me preguntó Dean mientras se apoyaba de brazos cruzados en el marco de la puerta de mi dormitorio y me miraba mientras yo terminaba de meter todas las cosas necesarias en una mochila. Solamente iba a llevar esa mochila, ya que al tener diecisiete años había podido hacerle un hechizo extensivo para que fuese pequeña por fuera y casi infinita por dentro, y así me pesaría poco. Era asombroso que mis hermanastros y yo nos soportásemos tan poco y sin embargo se pasasen la vida entera a mi alrededor metiendo las narices en mis asuntos.

-Con mis amigos Ian y Rhea.

-¿Ian? ¿No es ese tu ex? ¿El pesado ese?

-El mismo, y no es un pesado- puede que a veces Ian sí que fuese un poquito pesado porque su filtro casi no existía y decía cosas muy inapropiadas en momentos y compañía inapropiados, pero que yo pensase eso y que le permitiese a Dean decirlo eran cosas muy diferentes.

-Pensaba que tenías un nuevo novio ahora. ¿No le va a molestar que te vayas con tu ex?- yo no había hecho pública en mi casa la información de mi nueva historia con Bastian, pero mi madre no era idiota. Ella me había estado observando y se había dado cuenta de que había algo distinto en mí, y se había pispado de lo que estaba ocurriendo. Mi madre a veces tenía la lengua muy larga, así que seguro le había comentado algo a su marido y sus hijastros, y ahora Marlon y Dean estaban muy pesados con el tema.

-Ian es mi amigo, y vamos a estar con otra chica. Y no es por nada, pero que a ti todas tus novias te pongan los cuernos a la mínima de cambio no significa que las demás chicas vayamos por ahí haciendo lo mismo- dije con tono cortante mientras metía una sudadera en la mochila y cerraba esta, pues ya no tenía nada más que meter. Me gustaba mi mochila, estaba cubierta de chapas de grupos de música y de imágenes de shows y películas que me gustaban. Me la colgué del hombro y salí de la habitación, pasando de largo a Dean, que no se despidió de mí sino que gruñó a modo de adiós. Ya le había amargado el resto del día mencionando lo de sus novias, pues era cierto que mi hermanastro tenía muy mala suerte con las mujeres. No era feo, pero sí que era repelente. No me extrañaba que le pusiesen los cuernos, ¡lo que me extrañaba era que saliesen con él en primer lugar! Le sonreí con el descaro típico de una hermanastra pequeña a la que le encantaba joder y me fui de allí.

Salí de la casa y me dirigí adonde estaba aparcada mi preciosa moto, regalo de mi madre. Mi madre ya había aceptado hace mucho tiempo que cuando a mí se me metía algo en la cabeza era imposible sacarlo de ahí, así que cuando vio que me había empeñado en tener una moto y que tenía edad suficiente, me compró una 1200cc Harley Davison y yo fui feliz. A veces le ponía nombres a las cosas, como si fuesen mascotas, y mi moto había sido bautizada con el nombre de Quinn. Había quedado en que iría a recoger a Ian primero y que luego iríamos los dos juntos a recoger a Rhea para irnos de acampada durante unos días. Los tres éramos amigos, y se nos había ocurrido que sería buena idea. Íbamos a ir de acampada a un lugar bastante guay, en el que había todo tipo de actividades, como deportes de riesgo que seguramente provocarían infartos a nuestras madres. A Rhea le gustaban ese tipo de cosas tanto como a mí, e Ian también estaba muy loco, así que perfecto.

Se tardaba bastante tiempo en llegar al Valle de Godric desde Londres, pero no me importó porque me gustaba muchísimo ir en moto, así que fue un viaje tranquilo y agradable. Me sabía de memoria el camino a la casa de Ian, así que una vez que llegué al pueblo no tardé nada en llegar allí. Dejé aparcada la moto delante de su casa (la moto no podria llevármela de acampada después de que fuésemos a recoger a Rhea y nos fuésemos con un traslador, pero ya había quedado con Marlon en que él iría a la dirección de la chica a recoger mi moto para llevársela a casa. A veces a Marlon le daba por ser majo y me hacía favores) y caminé hasta su puerta, donde llamé al timbre y me abrió su madre, quien me recibió una una amplísima sonrisa y un abrazo muy fuerte que me sacó una sonrisa a mí también. Esa mujer siempre me había parecido que era como un torbellino lleno de energía inagotable.

-¡Davina!- exclamó su madre con alegría.- ¡Qué gusto verte, cuánto tiempo!

-Casi un año entero- asentí. El verano pasado, cuando Ian y yo habíamos sido pareja durante las vacaciones antes de que yo le dejase porque estaba segura de que acabaría poniéndome los cuernos y yo no estaba dispuesta a tolerar eso (pero Ian es Ian, todos le conocemos…), yo había pasado mucho tiempo en aquella casa, al igual que él en la mía, así que sus padres me conocían muy bien. Siempre me habían parecido buena gente. Me gustaba mucho que Ian y yo siguiésemos siendo muy buenos amigos sin ningún tipo de problema y que su madre siguiese hablándome con aquel cariño y alegría que tanto la caracterizaba.

-¡Pasa, pasa! Ian está arriba en su cuarto, no sé qué estará haciendo. ¡Es tan distraído que seguro aún no está listo para irse! ¿Quieres subir a por él?

-Vale- dije. Dejé la mochila en la entrada para no ir cargando con ella por toda la casa y subí las escaleras para dirigirme al dormitorio de Ian. Su puerta estaba cerrada, así que toqué con los nudillos para llamar y que me abriese. Yo respetaba la intimidad de la gente, además de que no me apetecía abrir de golpe y sorprender a Ian. Era Ian, después de todo, a saber en qué estado podría encontrármelo detrás de una puerta cerrada…

Mi preciosa moto.:
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Ian Howells el Dom Nov 01, 2015 2:51 am

Ian se había levantado tarde y cómo era un laja que dejaba siempre todo para el último momento, no había hecho todavía la mochila para irse de acampada. Obviamente no iba a llevar una mochila de senderismo con un saco y una caseta, de esas que te abultan un montón y pesan el triple que tú, sino que su madre le había hechizado una mochila normal (porque él era tonto y prefería no hechizar nada, por si acaso) y había metido todo dentro. Por lo menos el saco, ya que la caseta la llevaría otra persona puesto que él no tenía. Sus padres eran demasiado cómodos como para acostumbrarlos de pequeños a ir de acampada.

Escuchó el timbre de su casa, pero no bajó a abrir, ya que quería terminar cuanto antes. Después de dos minutos apróximadamente, tocaron en la puerta de su habitación. Dio algunas zancadas hacia allí y abrió.-¿Qué pasa carapasa?-Saludó rápidamente sin casi prestarle atención, volviendo a darse la vuelta para coger su mochila y colgársela al hombro. También la madre la había hechizado para que no pesara prácticamente nada.-¡Estoy listo!-Dijo, aunque nada más decirlo se acordó de algo de vital importancia. EL CEPILLO DE DIENTES. Salió por la puerta hacia el baño, entró, vio a su hermana secándose el pelo totalmente desnuda, un grito de su hermana sonó estridentemente por toda la casa, pero para cuándo la hermana terminó de gritar, Ian ya estaba fuera del baño.-¡Ahora sí!-Dijo, mostrándole su cepillo de dientes. Era curioso que Ian se hubiera olvidado del cepillo y no de los condones. Que oye, nunca se sabe. Iba con dos chicas con las que había tenido sexo.-¿Viene tu novio?-Preguntó Ian a la vez que cerraba la puerta de su habitación y bajaba hacia el Hall con ella.

Allí, como no, estaba su madre con un tupper.

-¡Ian, te he hecho galletas!-Dijo la madre.-Para todos, para Davina, para ti y para la otra chica que no conozco. ¿Tea, se llamaba?-Preguntó confusa. Sí, Ian le hablaba a su madre de  todos sus ligues.-¿Cuándo me la vas a presentar?

-No, máh, esa es otra.-Contestó Ian, cogiendo el tupper para meterlo en su mochila.-Es Rhea. Con R. RHEA. Te lo he dicho mil veces, tía.-Dijo algo cansado.-¡ME IGNORAS CUÁNDO TE HABLO!-Le echó en cara, más de broma que otra cosa, ya que le gustaba devolverle las cosas a su madre con el tono dramático que siempre tiene.  

-No soy tu tía.-Dijo con el ceño fruncido, con una pose muy digna.-Davina, cariño, cuídamelo, que no me fío de un pelo.-Añadió.-¡Cada vez que se va por ahí me viene con uno de esos dibujitos nuevos en la piel! ¡Cómo para fiarme!

-Qué pesadita eres, señora madre.-Dijo Ian, acercándose a ella para darle un beso de despedida.-Dile al progenitor cuando vuelva que le quiero.-Se dio dos golpecitos con el puño en el pecho y luego alzó el dedo índice y corazón en un gesto de amor.-Hasta luego.

-Nos vemos, cielo. Adiós, Davina.-Dijo su madre, despidiéndose de ellos desde la puerta. Solo le faltaba llorar y un pañuelo en la mano para que fuera la escena perfecta en la que Ian se va a la guerra. La madre era muy dramática, qué le íbamos a hacer.

Salieron hacia la calle tras pasar el poco jardín que había e Ian vio la moto de Davina. Ian era motofílico, pero seguro, vamos. Es que le parecían increíbles, preciosas, ardientes y muy sexys. Probablemente fuera más bien tíasquetienenmotofílico.-Sufro.-Fue lo único que dijo cuando vio la moto, consciente de que Davina sabría que se refería al hecho de que sufría porque él no tenía ninguna.-¿Un sillín monoplaza? ¿Echas de menos el calor de mis abrazos?-Dijo con un gesto seductor, consciente de que Davina le mandaría a la mierda sutilmente. O no tan sutilmente. Por suerte Davina era de esas personas que conocían perfectamente a Ian y a su estupidez.

Ian se puso el casco y se subió a la moto después de Davina, apretujando su cuerpo contra el de ella debido al poco espacio que había. La abrazó por la cintura y sin querer le rozó una teta.-¡Coño! ¡Te han crecido!-Dijo como una gran noticia.-¡Felicidades, tía!-Agregó divertido.-Dale caña, nena.

Siempre había querido decir lo de “dale caña, nena” con voz ronca de pervertido sexual sin que sonase pervertido sexual. Como Davina sabía que era un pervertido, pero no de esa manera, era la chica perfecta a la que soltárselo. Ambos salieron de allí directos a la casa de Rhea y tras unos veinticinco minutos de trayecto, llegaron a su puerta. Ian se bajó y llevó su mano al manillar en dónde estaba el claxon de la moto. Lo tocó varias veces para avisar a Rhea de que habían llegado.
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Rhea Jackson el Dom Nov 08, 2015 7:30 pm

Irse de acampada era un placer que mucha gente no sabía valorar correctamente, en mi opinión. Si lo hacías bien, te ponía en contacto con la naturaleza, contigo mismo y si tenias suerte, también con las personas con las que ibas. Yo hacía ya un tiempo que no iba de acampada pero cuando Davina y Ian me plantearon la idea de un fin de semana en el campo con actividades de riesgo y sin padres, no me pude negar. No tenía demasiada relación con Davina, pero nos llevábamos. Sabía que era la ex de Ian, pero no sabía si ella sabía que él me había desvirgado a mi. Eso prometía que acabaríamos teniendo un fin de semana un poco incómodo, pero la verdad es que yo estaba convencida de que no sería así. No estaba dispuesta a permitir que el pasado se interpusiese nunca más en mi futuro y cuando se me plantea una sesión triple de adrenalina en vena, prácticamente, mucho menos.

El día anterior a nuestra marcha, mi mochila ya estaba hecha. Yo no podía hacer magia así que la posibilidad de hacerla más grande o más ligera no era algo real para mi. El año que viene podría, pero este año, durante el verano, era una muggle más. Llevaba la varita solo por si a algo le daba por matarme, lo que era una posibilidad bastante remota en realidad. La mañana del "día C" (C de camping, claramente), me desperté sin siquiera poner el despertador. Tenía tiempo suficiente para desayunar viendo una serie, ducharme, asegurarme de que llevaba todo y hablar un rato con mi madre antes de que ellos llegaran. Yo era la última en ser recogida así que contaba con la ventaja del tiempo, ya que tendría que cargar con una mochila increíblemente pesada. Me había planteado llevar mi portátil, pero lo descarté enseguida por no tener sitio donde enchufarlo y porque la tienda, que también llevaba yo, probablemente quedaría sola mucho tiempo. Y PASO DE QUE ME LO ROBEN.

- ¿Llevas bragas?- Me preguntó mi hermano mayor cuando se levantó mientras yo estaba desayunando.- No, son todas tuyas, puedes ponérselas a tus muñecas- le contesté de broma y recibí una colleja como compensación- Oye! Imagina que muero y lo último que me has dado es una colleja, sería un recuerdo horrible para llevarme al más allá!- Le dije mientras se alejaba hacía su habitación. En ese momento se paró en seco, se dio la vuelta y corrió por el pasillo hacia mi.- NOOOOO! NO!- Dije viéndole ya las intenciones. Se tiró sobre mi y me lamió toda la cara, recreándose en ello el muy asqueroso- Daviiiiiiiiiiiiid! PARA!!!- Grité entre risas. No paró hasta que consiguió que mi cara estuviera empapada con sus babas.


Cuando salía de la ducha, Steve se levantó.- ¿Me vas a presentar al chico con el que vas?- me dijo sacando la cabeza por la puerta de su cuarto- No- dije tajantemente. Ya les había hablado a todos ellos de Ian y Davina. A mis padres hasta les había enseñado fotos y dado números de contacto que sabía que no usarían para que se quedasen tranquilos.- ¿Y a la chica?- dijo moviendo las cejas como un pervertido. Lo miré con cara de culo y envuelta en una toalla como iba, le cerré la puerta de mi habitación en la cara de un portazo.

Todo estuvo hecho, mis hermanos ya se habían despedido y a mi solo me quedaba esperar que mis amigos aparecieran mientras mi madre leía a mi lado. Se la veía extrañamente callada ese día- ¿Ocurre algo?-pregunté con cautela- No, pero te voy a echar de menos y no quiero pensar en lo que te puede pasar en esa acampada con esa gente que no conozco- dijo mi madre sin separar la vista del libro. Mi padre que estaba en el sillón de al lado, sonrió tras el periódico. Yo también sonreí y le cogí un pie a mi madre que estaba tumbada y comencé a masajeárselo.-No va a pasar nada, te llamaré todos los días, ¿vale?- le dije antes de darle un beso en el dedo gordo del pie. Eso pareció tranquilizarla porque la vi sonreír tras las cubiertas de su libro. Minutos después, el claxon de una moto sonó en la calle y yo me asomé a la ventana.- Ya bajo!- grité desde mi casa que estaba en un segundo piso.- Ya están aquí, podéis verlos si queréis. Son los de la Harley- dije mientras cogía todas mis cosas y me cargaba con ellas- Umm...-dijo mi madre observando a los que le habían dicho que eran- Me voooy- dije dándole un beso de despedida a ella y a mi padre. Iba cargada de ropa, víveres y un enorme libro que estaba leyendo y mi cámara de fotos. Cuando me puse la mochila pensé que me iba a romper.

Bajé en el ascensor y cuando salí a la calle allí estaban ellos, ya desprovistos de los cascos.- Hola chicos!- dije con alegría y una sonrisa- ¿Vamos?- pregunté mientras me sacaba la mochila y la dejaba en el suelo pues tenia miedo de caerme si me la dejaba puesta mucho más tiempo. Me agaché y la abrí sacando el traslador del que yo había sido guardíana y que nos iba a llevar a nuestro lugar de fin de semana- Estoy taaan emocionada. Dijiste que había rafting ¿no?- le pregunté a Davina con ilusión dando pequeños saltitos.
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Davina Abrasax el Dom Nov 29, 2015 1:34 am

Ian me dejó entrar en su habitación después de abrir la puerta, pero no me hizo mucho caso porque todavía estaba liado recogiendo cosas para llevarse de acampada. Sabe desde hace muchos días que nos íbamos a ir y aún no lo tiene todo listo, típico de chicos. Me sobresalté al escuchar el estridente grito de Juliette cuando Ian entró al baño. No vi lo que había pasado, pero me lo imaginé.

-¡Deberías llamar antes de entrar de repente en un baño!- le regañé cuando vino a decirme que ya lo tenía todo listo. Negué con la cabeza cuando me preguntó si iba a venir Bastian con nosotros.- No, y eso es bueno para ti. Si él viniese seguro que dirías alguna cosa muy inapropiada y acabarías sin dientes en esa cara tan mona que tienes- dije mientras le daba una suave cachetada en el moflete antes de salir de la habitación y volver a bajar las escaleras.

La madre de Ian se despidió de su hijo de manera mucho más emotiva que la mía de mí. Mi madre me había dicho que me lo pasase bien, que no me metiese en líos, y ya, aunque yo sabía que en el fondo había querido echarme una charla muy larga antes de dejarme irme de fin de semana con Ian y Rhea, pero ella había aceptado hace tiempo que yo me iba a meter en problemas aunque me dijesen que no lo hiciese.- Yo le vigilo, no se preocupe- le dije a la madre de Ian cuando ella se quejó de que cada vez que su hijo se iba volvía con un tatuaje nuevo. Yo solamente tenía uno, una mariposa azul en el homóplato derecho, pero estaba considerando hacerme alguno más, aunque quería pensarlo mucho antes de tomar cualquier decisión.

-¡Adiós!- me despedí alegremente de la madre de Ian antes de salir de la casa, y me reí por lo bajo cuando oí lo que dijo Ian al ver mi moto. Sabía que Ian adoraba las motos, y parecía que todo el mundo tenía una menos él y eso era muy gracioso. Alcé las cejas cuando dijo eso del “calor de sus abrazos”.- Vas a sufrir de verdad si no cierres el pico. Anda, sube- dije mientras le daba un casco. No quería que se cayese y se matase abriéndose la cabeza, aunque los golpeadores de Quidditch parecían haber evolucionado para tener un cráneo excepcionalmente grueso. Puse los ojos en blanco cuando nos subimos en la moto e Ian me tocó sin querer un pecho e hizo un comentario muy propio de él. Sonreí ampliamente.- ¡Gracias! Pero el derecho de roce ahora es de otro, así que quita- dije mientras le daba un manotazo en la mano para que la pusiese donde la tenía que poner. Reí cuando dijo lo último, y nos pusimos en marcha por la carretera para ir a buscar a Rhea.

A mí no me gustaba ir lento por la carretera, así que Ian se tuvo que abrazar muy fuertemente a mí para no salir volando. No tardamos nada en llegar a la casa de Rhea, y fue Ian el que se encargó de avisar a Rhea de que ya habíamos llegado. Aparqué la moto enfrente de la casa de Rhea y sonreí cuando ella salió.

-¡Hola Rhea!- la saludé. Asentí tan emocionada como lo estaba ella cuando me preguntó sobre el rafting.- ¡Sí! Hay de todo, ¡de todo! Nos lo vamos a pasar genial, ya verás. Me muero de ganas de ir a hacer puenting. ¡Y laser tag! ¡Y motocross! ¿Y tú Ian, qué es lo que más te emociona de nuestro pequeño viajecito?- le pregunté a nuestro amigo. Conociéndole a lo mejor dice alguna guarrada. A lo mejor no la dice, pero seguro la piensa.- ¿Rhea, puedo dejar la llave de la moto en tu casa para cuando mi hermanastro venga a por ella?- no me gustaba dejar la moto en la calle durante días, cualquier cosa podía pasar. Me la podían robar, me la podían rallar, se podía chocar algún gilipollas contra ella con el coche… Yo podía dormir en la calle sin problemas si era necesario, pero mi moto no.

Después de dejar solucionado todo el asunto de la moto Ian, Rhea y yo nos aseguramos de que no había nadie allí y tocamos el traslador. Desaparecimos de donde estábamos y tras dar muchas vueltas como si estuviésemos siendo tirados del ombligo por un garfio aparecimos de repente en un lugar apartado de un parque natural que era donde estaba el campamento al que queríamos ir. Era un campamento al que la gente iba para hacer muchas actividades de todo tipo, y entre esas actividades se incluían los deportes de riesgo que tanto nos gustaban a Rhea, Ian y a mí. Caminamos para ir a la zona donde se ponían las tiendas de acampada para empezar a montarla y tenerlo todo listo cuanto antes para poder irnos a hacer las cosas que queríamos. No podíamos usar magia para montar la tienda por dos razones; una era que solo yo podía hacer magia fuera de Hogwarts, y la otra era que había muggles por ahí y no podía arriesgarme a que me vieran sacando la varita.

-Esto es un lío- me quejé mientras montábamos la tienda, pero entre los tres conseguimos levantarla. Era suficientemente grande para tres personas. Entramos dentro y cada uno nos encargamos de poner nuestras cosas en los sitios que quisiésemos.- ¿Qué es lo que queréis hacer primero?- les pregunté.
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Ian Howells el Lun Nov 30, 2015 12:29 pm

Obviamente Ian no iba a aprovecharse de la concentración de Davina en la moto para meterle mano. ¡Por favor, sería ruin y sucio! Simplemente lo hizo al principio, pero solo porque le impresionó el hecho de que hubieran crecido. Davina era su amiga, una muy buena, no iba a hacer nada por molestarla en ese sentido ni a ella ni al fortachón de su nuevo marido. Tenía músculos suficientes como para ganar a Ian y éste prefería no tener que vérselas con el guardabosques. Aún tenía que sobrevivir un año más en Hogwarts.

Llegaron a casa de Rhea e Ian tocó la pita de la moto para dar a entender de que ya habían llegado. No tardó en salir, cargada por todos lados. Menos mal que su madre le había hechizado la mochila o parecería igual de retrasado que Rhea cargando tantas cosas. Odiaba cargar cosas, sentía que sus movimientos se volvían lentos y retrasados.-¡Hola!-Saludó, sin comentar nada sobre la mochila que probablemente pesase más que ella. Davina le preguntó que qué era lo que más le emocionaba y… bueno, en general todo, pero el hecho de ir con dos chicas le molaba, si Davina no hubiera tenido novio sería todavía más emocionante… peeero, qué se le va a hacer.-Motocross, clarísimamente.-Contestó mirando a Davina, como si esa pregunta hubiera sido totalmente innecesaria. El chico adoraba las motos y la velocidad, ¿qué mejor que hacer motocross?-¿Esa mujer de la ventana es tu madre, verdad?-Preguntó a Rhea, alzando la mano para saludar a la cotilla madre de la rubia con una sonrisa.-¿Le has hablado de nosotros? Espero que le hayas dicho solo perfecciones. Bueno, de mí. Ya sabes que Davina tiene un genio horrible.

Después de los formalismos típicos y dejar todo claro, Davina se encargó de que su moto estuviera bien y entonces los tres se pusieron de acuerdo para tocar el traslador. A Ian le gustaba viajar en traslador, era una sensación agradable, un tirón bastante pronunciado en el vientre, que él lo solía comparar con el nerviosismo que tuvo cuando se dejó caer puente abajo cuando hizo puenting con Rhea. No era lo mismo, estaba claro, pero a él le recuerda a ese momento.

Aparecieron en medio de un parque natural e Ian automáticamente cogió las gafas de sol y se las puso, para luego caminar junto a ellas a la zona en dónde poder hacer la tienda de campaña. Era un puto lío levantarla, pero eran tres personas muy versátiles… alguien astuto, a alguien inteligente y… una Hufflepuff. No podía ser un rival una maldita tienda de campaña. Mientras el primero y la segunda buscan la manera de hacerlo de manera optimizada, la Hufflepuff, la más trabajadora de todas, consiguió completar la tarea después de ser la que clarísimamente más se lo curró. Era cosa de las casas, estaba claro.

Ian se metió en el interior y se llevó una decepción al ver que no era una tienda modificada mágicamente para que por dentro fuera muy grande, sino que era una tienda de campaña normal y reducida. Aunque rápidamente encontró la parte positiva.-¡Me pido dormir en el centro!-Dijo rápidamente, sentándose en el medio de la tienda y colocando su mochila en la parte del fondo, justo en el medio. Tendría culos y tetas por delante y por detrás, así daba gusto irse de acampada.-Así podéis abrazaros a mí y ninguna se pelea por mi calor de hombre.-Dijo divertido, quitándose las gafas de sol para guiñarles un ojo a ambas.

Davina preguntó que qué les apetecía hacer e Ian simplemente se encogió de hombros. Iba a proponer sexo, pero no llevaban ni una hora allí, así que se lo ahorró.-Hm, vamos a echar un vistazo y ver los horarios de las cosas, así nos organizamos y no nos perdemos nada.-Propuso el Slytherin. Normalmente era un desorganizado, pero la verdad es que le hacía ilusión probarlo todo y no quería quedarse sin cupo o llegar tarde a las cosas. Quizás, incluso, había que ir por grupos y, para eso, apuntarse con antelación. Quién sabe.-O vamos a lo loco a ver qué encontramos, pero tenemos tiempo de sobra para probarlo todo en estos días. ¿Qué dicen?
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Rhea Jackson el Mar Dic 08, 2015 5:16 pm

Ian y Davina llegaron como dos minutos más tarde lo acordado pero para mi habían pasado siglos allí encerrada en aquella habitación con mis padres explicándoles porque no debían preocuparse porque su hija adolescente se fuese con dos amigos a un campamento de deportes de riesgo. Lo cierto es que después de conseguir la moto nada de lo que hiciese allí con ellos iba a ser demasiado peligroso, sobre todo porque todas las actividades seguramente estarían supervigiladas por personal cualificado, si no no dejarían entrar a menores o se les caería el pelo. Esa fue mi mejor baza para convencer a mi madre de que no iba a morir en ese viaje mientras mi padre se reía en silencio. Tras prometer llamar todos los días y que mis amigos avisaran de que ya habían llegado, salí todo lo rápidamente que pude de casa cargada como una mula. Llegué a la calle y las caras sonrientes de los dos me dieron las fuerzas suficientes como para cargar un poco más con mi inmensa mochila y demás cosas.

Estaba tan emocionada por el viaje que lo primero que hice tras verlos fue asegurarme de que efectivamente había rafting. Tenía muchas ganas de probar eso y Davina no se hizo rogar demasiado a la hora de recordarnos todo lo que había en aquel campamento. Si todas aquellas actividades hubiesen sido comida mi estómago ya estaría rugiendo desconsolado por las ganas de probarlo todo.- Sí, lo es- le contesté a Ian mientras miraba hacia arriba para encontrar el rostro de mi madre cotilleando por la ventana. La saludé con la mano y le mandé un último beso, a lo que vi que sonreía. De algún modo había conseguido dejarla más o menos tranquila.- De ti le he dicho que tienes un aliento horrible por las mañanas- le dije a Ian con toda la tranquilidad del mundo. En realidad no tenía ni idea de como era el aliento de Ian por las mañanas salvo por las clases a las que íbamos juntos, y aunque lo supiera no era un comentario que le fuese a hacer a mi madre, pero acababa de verlo y ya tenía ganas de meterme con él. Era inevitable, supongo que igual que a él le pasaba con nosotras.

- Claro, sin ningún problema- le conteste a Davina sobre la llave de su moto- Dámela que la meto en el buzón y que cuando mi padre baje a por el pan la coja. Dile a tu hermanastro que llame al 2ºB y que diga que viene a por la llave de Rhea, así ya sabrán- le dije a la chica mientras cogía la llave. Volví a entrar en el portal y la metí en el buzón. Al salir de nuevo, llamé al timbre y me atendió mi padre, pues mi madre aun seguía mirando por la ventana- Papá, dejo una llave en el buzón, ¿vale? Es de Davina, de su moto. Su hermano va a venir a por ella, ¿se la podéis dar cuando venga?- mi padre asintió y me despedí una vez más de él. Momentos después, los tres tocábamos el traslador a la hora exacta y aparecíamos en el parque natural donde íbamos a pasar aquellos días.

El primer reto al que nos enfrentamos, lejos de ser un ataque al corazón por demasiada emoción, fue el montar la tienda de campaña. Yo ya tenía cierta experiencia haciéndolo pues la tienda era mía y la había usado en más de una ocasión, pero ellos parecían algo más confusos y no paraban de buscar soluciones más eficientes al montaje de la tienda mientras yo sonreía y seguía a lo mio. Al final, con mi experiencia, un poco de imaginación y fuerza bruta conseguimos levantar aquella tienda entre los tres y solventar nuestro primer desafío, por muy pobre que este fuese. Antes de que nos diésemos cuenta, Ian se había pedido dormir en el medio y había colocado sus cosas al fondo para que ya fuese una decisión inamovible. Miré a Davina con una sonrisa resignada y me encogí de hombros dando entender que a mi, personalmente, me daba exactamente igual como dormir, porque lo que iba a hacer, de hecho, era dormir. Me metí dentro de la tienda y coloqué mis cosas a uno de los lados. Cuando volví a salir ellos ya estaban hablando de cual sería nuestro siguiente paso.- No estaría mal organizarnos un poco para no perdernos nada importante. Id yendo vosotros a mirar a que podemos ir y en que orden, yo voy enseguida- dije mientras sacaba mi teléfono móvil del bolsillo para llamar a mi madre y avisarla de que ya habíamos llegado.

Me alejé un poco de ellos y marqué el número de mi casa. Nada más sonar el primer bip, mi madre descolgó el teléfono y pude oír el alivio en su voz al saber que era yo la que llamaba- ¡Hola, Má! Ya hemos llegado y montado la tienda y todo. ¿Todo bien?- le pregunté a lo que ella asintió y me preguntó por el viaje- Bien, bien, sin problemas, pero creo que ellos no tienen mucha idea de como se monta una tienda- dije con una sonrisa que obviamente mi madre no vio- Pero al final lo conseguimos. Ahora vamos a mirar las actividades, cuando sepa más te cuento ¿vale? Te mando un mensaje esta noche y te cuento que tal el primer día- mi madre asintió al otro lado de la línea y me recordó que me portase bien y no me metiese en líos y tuviese cuidado con toda cosa medianamente peligrosa que me cruzase. Yo asentí y finalmente nos despedimos muy a su pesar y me fui a reunir con mis amigos- ¿Qué habéis decidido? Oh! Hay ala delta hoy, ¿Os apetece? Es al atardecer...si no queréis yo al menos querría ir a verlo y sacar fotos- confesé mientras miraba la lista- Parece que mañana es el día más completo de todos- dije mientras paseaba el dedo por la lista.
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Davina Abrasax el Lun Feb 15, 2016 3:37 am

“Ian no tiene un aliento horrible por las mañanas,” pensé distraídamente cuando Rhea bromeó diciéndole a Ian que le había dicho eso a su madre acerca de él. Yo lo sabía porque se había quedado algunas noches en mi casa y yo en la suya a dormir. Bueno, a “dormir”. Ya todos conocemos a Ian… no va a dejar escapar una oportunidad, y yo en algunas ocasiones le complacía, porque mi cuerpo también me pedía lo mismo. Además, he de admitirlo, me gustaba mucho el morbo de hacerlo en mi cuarto o en el suyo y rezar para que nuestras familias no nos escuchasen y nos pillasen. La vida con riesgos siempre es más divertida. Pero no dije absolutamente nada de eso en alto.

-Muchísimas gracias Rhea- le dije a la chica con una sonrisa cuando accedió a dejar las llaves de mi moto en su casa para que las guardasen hasta que Marlon viniese a por ellas. Mientras ella iba a llevar la llave al buzón y a avisar a sus padres de que la dejaba allí yo saqué mi móvil del bolsillo y le mandé un whatsapp a Marlon diciéndole lo que me había dicho Rhea que le dijese. Me contestó con una “K”. ODIO cuando la gente responde con una K. PUES POTASIO PARA TI TAMBIEN.

Cuando llegamos al campamento nos encontramos con nuestro primero obstáculo: montar una tienda de campaña. Parecía una gilipollez, pero no lo era. La cosa tenía su ciencia, e Ian y yo demostramos ser casi unos completos inútiles con ello. Ian tenía talento con el Quidditch, yo tenía talento para la astrofísica, y entre los dos ninguno de los dos tenía talento para montar una tienda de campaña. Menos mal que estaba allí Rhea para salvarnos el culo y conseguir que tuviésemos un lugar donde dormir para no quedar marginados en la intemperie.

Puse los ojos en blanco cuando Ian se pidió dormir en medio.- Nunca cambias, ¿no?- no sé ni para qué preguntaba, era obvio que no. Esperaba que si decidía meterle man a alguien en sueños se lo hiciese a Rhea, porque y le sacaría las muelas de un tortazo. Recibí entonces un mensaje en el móvil, porque me vibró en el bolsillo. Lo saqué y lo miré. Esta vez era de mi madre, que quería saber si habíamos llegado bien. Le contesté que sí, que todo estaba bien, y hablando durante un par de mensajes más.- Mi madre te envía recuerdos, por cierto- le dije a Ian entonces. Mi madre era muy diferente a la suya, más seria y reservada. Estaba siempre súper ocupada con su trabajo por ser una de las mejores abogadas de Londres, pero cuando estaba en casa siempre era súper cariñosa y siempre había sido amable con Ian. Nunca le habían gustado sus tatuajes, sin embargo. Mi madre opinaba que los chicos con tatuajes eran todos delincuentes.

Les pregunté que qué querían hacer, para organizarnos. Rhea mencionó que iba a haber ala delta al atardecer, y se me iluminó el rostro de la emoción.- ¡Sí, vayamos a eso! Pero hasta el atardecer todavía quedan muchas horas, tenemos tiempo de hacer algo más mientras esperamos, ¿no?- Miré la lista de actividades que había, y observé los horarios.- ¡Oh, hay Flyboard!- Siempre había querido hacer eso.- Rafting, motos de agua, paintball, laser tag… Puenting, a eso podemos ir mañana- dije, y miré todas las demás opciones. Había muchísimas.- ¡Motocross! Mirad, es dentro de media hora. Perfecto, ¿no?- les sugerí con una sonrisa. A todos allí nos encantaban las motos, y habíamos venido buscando un poco de adrenalina.

Nos pusimos de acuerdo en ir a motocross primero, así que nos pusimos en marcha para ir al lugar donde había que ir a apuntarse a la actividad. Cuando fuimos y firmamos nos dieron los trajes que teníamos que ponernos, y los cascos de nuestros tamaños y los guantes, y fuimos hacia donde tenían aparcadas las motos para que escogiésemos una. Yo escogí una, me monté, la puse en marcha y fui con Ian y Rhea hacia la pista. Ian debía de estar más feliz que una perdiz, por fin subido en una moto él solito sin tener que depender de una chica para que le llevase. Estaba a punto de hablar con ellos antes de salir a la pista cuando se nos unió otro grupo de chicos que había venido a hacer motocross, y mientras que pasaron de Ian, a Rhea y a mí nos miraron con sonrisas burlonas y de mala manera.

-¿Qué hacéis aquí? Este no es un deporte para niñatas.

-Debería estar haciéndote yo a ti esa pregunta- le contesté simplemente, y sin decir ni una sola palabra más me puse en marcha a toda velocidad por la pista de tierra junto con Ian y Rhea, saltando como espíritus libres por los gigantescos baches de tierra en el camino. Los otros gilipollas intentaban cruzarse en nuestro camino, y yo disfruté cortándoles el paso de vez en cuando y frustrándoles los movimientos que quería hacer. Yo estaba muy en forma, y las motos me encantaban. Había hecho motocross en otras ocasiones, y sabía varios trucos. Hubo un momento en el que uno de los gilipollas se me acercó demasiado y me desvió, sacándome de la pista. Me habría estampado contra un árbol de no ser porque levanté la mato, hice una pirueta en el aire hacia atrás esquivando así el árbol, y me uní a la pista sin ningún problema.

-¡Enseñémosles quiénes son los mejores!- exclamé dirigiéndome a Ian y  Rhea al pasar a su lado. Me puse a toda velocidad, y llegué a uno de los baches más grandes, y cuando salté por encima de él en la moto giré en el aire y reí. Mi madre siempre decía que un día iba a partirme el cuello, pero nunca la hacía caso. Me lo estaba pasando genial.

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Ian Howells el Mar Feb 16, 2016 3:10 am

El aliento de Ian por las mañanas es divino. Fin.

Nada más llegar al campamento tenían que ponerse a hacer la tienda, esa cosa de la prehistoria que aún utilizaban los muggles. Joder, qué de facilidades que tenían los magos y que puta mierda no poder usarlas en presencia de muggles… Pero bueno, no había mal que por bien no viniera… Gracias a esa puta mierda de tienda podría dormir en medio de Davina y Rhea. Para meterle mano a Rhea, claro, que Davina tenía un genio desde que tenía novio, era como una monstruación constante en el cuerpo de Davina… por lo menos le dejaba darle una palmadita en el culo de vez en cuando.

No tardaron mucho en terminarla (aunque si tuviéramos que repartir el trabajo hecho, probablemente Rhea hubiera hecho el 60% y el 40% restante se repartiría por igual entre Ian y Davina), por lo que pudieron mirar los horarios de las actividades para aprovechar el día lo máximo posible. Mientras Ian miraba los horarios sin leer ni nada, ya que estaba con la mirada perdida mientras en su mente pasaban cosas aleatorias, Davina le interrumpió su zen mental para darle recuerdos de su madre.-¡La señora Abrasax!-Dijo contento.-Mándale recuerdos de mi parte también. Siempre he tenido la sensación de que me odia.-Comentó como confesión existencial que llevaba rondándole desde que conoció a su exsuegra.

El ala delta era una buena opción, pero para aprovechar el tiempo Davina dijo de ir a hacer motocross, una idea que a Ian obviamente le gustó más. ¿Tener una moto por fin para él? Joder, iba a correrse cuando se subiera en la jodida moto. Dio su voto para esa opción y no tardaron en ponerse en camino.

Los tres se pusieron los trajes además del casco, el traje y el casco de Ian era verde oscuro y negro, y fueron a elegir una de las muchas motos que había allí para la actividad, ya que al ser de los primeros en llegar, tenían para elegir. Ian eligió una de color negro y naranja que era increíble. Ay, se había enamorado. Ni Davina, ni Rhea, hoy dormía con esa moto.

Los tres se pusieron manos a la obra y comenzaron a conducir por la pista. Ian iba el último. Al contrario que Davina y Rhea, Ian no tenía moto. Sabía mucho de ellas, sabía conducirlas pero ni de coña tenía la habilidad que tenían las dos chicas. Él había conducido una vez la moto de Rhea y algunas veces las de Davina, pero hacía mucho tiempo que no llevaba una moto él por cuenta propia, así que estaba un poco verde. Obviamente, no se le dio tan bien como esperaba.

Los primeros baches fueron los más sencillos porque Ian iba lento y sin saltar demasiado, pero cuando empezó a motivarse, la cosa cambió radicalmente… La primera caída fue al dar su primer salto, pues se desestabilizó y la moto salió volando hacia un lado mientras él caía al suelo.

Definición gráfica:


Se levantó, se sacudió, sintió un dolor en su rodilla izquierda, pero fue a buscar la moto y continuó. Persiguió a Rhea y Davina, viendo como la segunda esquivaba un choque contra un árbol de una manera casi profesional. Joder, qué sexy. Él intentó ponerse serio.

Intentó imitar los saltos de Davina, por lo que fue detrás de ella imitando sus movimientos. La primera vez que saltó tan alto como Davina no salió nada bien. De repente, la moto se fue para el carajo y él se quedó retrasado. Cayó al suelo de manera estrepitosa, notando como del golpe en el culo se le movía todo el interior de su cuerpo.

Definición gráfica:


Entonces se levantó rápidamente antes de que alguna moto le pisase la cabeza, pero cuando se levantó vio a su moto siendo poseída por algún espíritu maligno que intentaba atentar contra su vida.

Definición gráfica:


Ian intentó esquivársela como si de un toro se tratase y cuando consiguió domarla, volvió a subirse encima para continuar con su trayecto. No iba a darse fácilmente por vencido hasta que dominase a la perfección aquella moto y aquel circuito. Así que continuó intentándolo. Decidió volver a imitar a Davina en uno de los baches más grandes que había, dándolo todo por él mismo y su orgullo herido, ya que no quería impresionar a nadie. Después de lo que había hecho Davina, era imposible impresionar a nadie. Así que llegados al bache, saltó muy alto. ¡Muy alto! ¡Tan alto que la moto volvió a irse hacia adelante! ¡Esta vez no te vas a ninguna parte! Intentó sujetarla con sus manos pero los dedos, enfundados en sus guantes de cuero, resbalaron del sillín y sintió como dramáticamente la moto volvía a separarse de él a cámara lenta. Cámara muy lenta. Si hubiera sido una película, hubiera habido de fondo una banda sonora dramática y muy triste de despedida.

Definición gráfica:


Dio la voltereta en el aire y cayó al suelo dándose tremendo tortazo que creyó estallar por dentro. Se había roto o algo. Esta vez se quedó allí descansando la espalda y todos sus órganos internos, los cuales estaban bailando la macarena después del golpe que se había dado. Rodó cual croqueta hasta salirse de la pista para no ser pisoteado y se quedó ahí, rezando por su vida. Necesitaba cambiar de técnica, está claro que la motivación por sí sola no sirve si eres un puto cafre.
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Rhea Jackson el Lun Feb 22, 2016 5:15 pm

Aunque la tienda fue el primer obstáculo al que nos enfrentamos, estaba claro que no iba a ser, ni de lejos, el más grande. Este había sido cosa mía, lo de la tienda lo tenía controlado, sobre todo por la cantidad de veces que había montado esa misma tienda, pero cuando nos enfrentásemos a algo de verdad de lo que ofrecían allí otro gallo cantaría.

No tardamos demasiado en acercarnos a la lista de actividades disponibles para el fin de semana y la que más me llamó la atención fue el ala delta que, quisieran ellos o no, yo iba a hacer o al menos a ir a ver porque necesitaba sacar fotos el tema. Odiaba no tener una Go Pro que llevarme en este fin de semana a todas partes. Por suerte, la organización del campamento tenía fotos oficiales y yo había pagado un poco más por conseguirlas. Ya podían ser buenas. Tras un breve intercambio de ideas, no nos resultó muy difícil llegar a un acuerdo y elegir como nuestra primera actividad un circuito de motocross. Yo tenía moto y era bastante buena manejándola, pero nunca había hecho motocross más allá de un par de veces con mis hermanos para practicar en las que no me había atrevido a llevar la experiencia demasiado lejos. Como persona yo había cambiado bastante en ese sentido así que en esta ocasión seguramente me atreviese más con todo.

Llegamos a apuntarnos y nos dieron toda la equipación necesaria en seguida. Mi traje era gris muy oscuro con unas líneas blancas, algo extraño pues los trajes de motocross suelen tener unos colores muy brillantes. A la hora de escoger las motos, yo me quede con una negra con detalles blancos y sentí una satisfacción estúpida al ir más o menos combinada. No tardamos en cambiarnos y estar listos y minutos después de llegar allí ya estábamos al inicio de la pista esperando que nos avisasen para empezar. Mientras esperábamos un grupo de chicos se acercó a mi y a Davina y el comentario estúpido de turno no tardó en hacer su aparición. Puse los ojos en blanco con resignación y sonreí a la respuesta que les dio Davina.

Nuestro turno en el circuito dio comienzo y las motos empezaron a rugir con ganas. Me encantaba sentir la vibración del motor debajo de mi y en cuanto el movimiento empezó, me sentí en mi elemento. No me importaba demasiado lo que hiciesen los demás pues mi concentración era máxima. Siempre me sentía plenamente libre cuando conducía una moto y, aunque no era mi pequeña, tampoco estaba mal. Mi moto negra tenía trazas de rebelde, no se dejaba domar con facilidad, como si estuviese cabalgando un caballo salvaje con personalidad propia y sentir sus quejas al no controlar yo del todo bien el embrague me hizo sonreír. Sin embargo, no tardé en pillarle el punto.

El primer tramo del circuito era muy sencillo, con subidas y bajadas simples como si estuviese pensado como el calentamiento para lo que venía después. Pero luego las cosas empezaron a ponerse interesantes. Uno de los del grupo intentó cerrarle el paso a Davina que dejó patente que sabía perfectamente lo que se hacía en este deporte. Poco más tarde, hizo un salto espectacular que debía, por goleada, quitarle las ganas a los chicos de meterse con ella. Por otro lado, cada vez que miraba para Ian, parecía tener problemas con la moto. Se estaba arriesgando muchísimo para no haber hecho nunca nada similar, pero decidí no preocuparme demasiado al principio.

En mi caso, yo había saltado con cierta gracia los primeros baches, pero ahora que ya le había pillado el truco al embrague, me arriesgaba más. Uno de los del otro grupo intentó cortarme el paso a mi también y lo esquivé un par de veces evitando que me sacase de la pista. Cuando volvió a intentarlo tomando uno de los socabones más grandes sin saltar, ya había agotado mi paciencia y decidí que era hora de hacer el gran salto. Aceleré y tiré de la moto hacia arriba agarrándola con fuerza. Cuando estaba a la mayor altura, separé los pies de la moto y abrí las piernas en la típica pirueta que siempre se veía en la tele. Curiosamente me salió bien y mientras mis ruedas pasaban a unos escasos 60 cm de su cabeza, el chico que había intentado cortarme el paso en diversas ocasiones, vio como los sobrevolaba con mis piernas como alas.

Tomé suelo levantando una buena cantidad de polvo y dejando al estúpido aquel atrás justo a tiempo para oír a Davina animándolos a superarlos. Sonreí e hice un caballito bajo para demostrar que estaba de acuerdo y el circuito continuó, pero Ian había desaparecido y cuando lo localicé de nuevo estaba tirado en el suelo.

"Debería haberme preocupado desde el principio" pensé mirándolo con el ceño fruncido aunque con el casco no se veía. Viré la moto saliéndome de la pista y yendo en dirección contraria hasta donde estaba él.- ¿Te llevo, princesa?- le pregunté burlona desde dentro del casco. No tardé demasiado en que el pobre estaba hecho un asco de todas las veces que se, había caído así que me bajé de la moto y lo ayudé a levantarse y subirse de paquete en la moto en la que yo iba. Por el arcén de la pista, o lo que parecía ser el trayecto menos abrupto para volver a la línea de salida, lo llevé todo lo rápido que pude para ver si allí podían echarle un vistazo.- Creo que se ha caído un par de veces- dije dejándolo en manos de los monitores de motocross- La moto esta en la tercera curva después de la recta sencilla, no se si me explico. ¿Estás bien?- le pregunté a Ian.

Tras asegurarme de que estaba bien, enfilé de nuevo el circuito pues los monitores me dijeron que podía y recorrí todo lo que había hecho la primera vez pero el doble de rápido y sin piruetas. Creo que me dejaron repetir por no dejar al pobre Ian allí tirado con riesgo de ser atropellado y de que a ellos les cayese un pleito del quince, pero aun así intente disfrutarlo de nuevo.

Cuando alcancé a Davina, por los pelos, el circuito estaba a punto de acabar y como solo quedaba uno de los baches grandes y una recta más, me decidí a hacer una voltereta en el aire como la que le había visto hacer a ella momento antes. "Ten confianza" me dije a mi misma antes de dar el salto. Tenía muchas posibilidades de escoñarme contra el suelo, pero no fue así por los pelos. Llegué al suelo y conseguí mantener el equilibrio de una manera precaria pero lo bastante buena como para continuar y completar la última recta.

-WOOOOOW!- Grité con emoción al tomar suelo tras la voltereta y atravesé la que era la línea de meta con mi amiga haciendo otro caballito, esta vez mucho más pronunciado que el anterior.
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Davina Abrasax el Mar Mar 22, 2016 4:30 am

Reí divertida cuando Ian comentó que siempre había pensado que mi madre le odiaba. No le odiaba, pero recuerdo perfectamente que la primera vez que la presenté a Ian y le dije “¡Mira mamá! Este es mi novio,” le saludó muy bien y fue maja y le cayó bien, pero en cuanto él se dio la vuelta y no la vio ella me dedicó una mirada con una ceja alzada que indicaba claramente una cosa: “Ni de coña voy a tener a este de yerno toda la vida, ¿no?”.  Como muchas otras madres, la mía se había imaginado a alguien más serio y maduro para su hija, alguien que tuviese más porte profesional. Bueno, sí, eso era lo que ella quería, pero que se aguantase porque yo iba a estar con quien yo quisiese. Todavía no había conocido a Bastian, ni yo tenía ni idea de cuándo podría ocurrir eso, pero tenía curiosidad por saber qué diría de él. ¡Al menos era más serio y tenia menos tatuajes, algo es algo!

-Mi madre no te odia, solo que no es la bomba de efusividad que es tu madre- le expliqué a Ian.

Cuando nos fuimos a hacer motocross para empezar con la primera actividad de nuestra excursión, Rhea y yo volamos. Parecía que a ambas nos habían diseñado para estar sobre una moto, o que a las motos las habían diseñado especialmente para nosotras para convertirnos en rayos que cruzaban por la pista sin ningún temor ni obstáculo que fuese invencible. Nunca había visto a Rhea montar en moto antes, pero sí que sabía que tenía una (y que Ian sufría por eso al igual que sufría porque yo tenía una) y por lo tanto tenía práctica, aunque no sabía cómo era de temeraria ella en la carretera. Habría sido curioso que hubiésemos venido con un Gryffindor para comprobar si reamente ellos son los más atrevidos, o si todo era una leyenda que se habían montado los leones para cubrirse de gloria.

Ian, por el contrario… no tuvo tanta suerte como nosotras en la pista. Yo pensaba que, al estar tan obsesionado con las motos, habría conseguido por cualquier método hacerse con alguna aunque no tuviese una propia para montar y practicar… pero no, Ian no tenía ni puta idea de cómo mantener el culo pegado a una de estas por su propia cuenta. No me di cuenta durante varias vueltas del circuito, y solo fui consciente de la cantidad de problemas que Ian estaba teniendo cuando me detuve un segundo para mirar atrás y le vi volando. Literalmente volando. Ahí estaba, saliendo despedido en el aire sin moto y sin nada. Bueno, sí, la moto estaba ahí, pero no pegada a su culo ni con las manos donde debían estar. Cuando le vi caer de manera tan estrepitosa al suelo hice una mueca; joder, eso me ha dolido hasta a mí en mi propio trasero, menudo golpe… Estaba a punto de acercarme preocupada, pero vi que Rhea ya se estaba encargando de Ian así que seguí con el circuito tan tranquila, siguiendo saltando sobre grandes baches y haciendo piruetas hasta llegar al final, donde la Hufflepuff me alcanzó y yo la vitoreé efusivamente cuando vi la buenísima pirueta que hizo, y llegamos al final ambas a caballito.

Cuando me bajé de la moto estaba sucia, cubierta de polvo que se había levantado por todas partes en la pista y me había cubierto entera. Por suerte la mayor parte de ese polvo rojizo se había quedado en el uniforme que me quité y devolví a los monitores junto a la moto y el casco, y me dirigí hacia donde estaban Ian y Rhea con una gran sonrisa.

-¡Ha sido una pasada!- exclamé dando un pequeño salto antes de detenerme junto a ellos. Ian se veía algo sacudido, pero no muy estropiciado.- ¿Estás bien? A este paso deberías hacerle un seguro de vida a tu culo. RIP culo- bromeé mientras le pinchaba en el brazo con un dedo, chinchándole. Pero es que con las leches que se ha metido seguro que ya no tiene culo, tendrá dos arepas gigantes en el lugar donde deberían estar las nalgas.

-¿Qué toca ahora?- pregunté, llena de adrenalina y emoción. Miré mi reloj, creyendo que aún quedaba bastante tiempo antes de que llegase la hora del Ala Delta. Me daba igual que hiciésemos, pero yo me sentía incapaz de estarme quieta.
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Ian Howells el Sáb Mar 26, 2016 1:13 am

Aquello había sido la decadensia suprema. Con S, sí, para que sonara todavía más decadente. Sin duda el motocross, por en muy alta estima que lo tuviera Ian, no era lo suyo. No sabía de dónde cojones habían salido Davina y Rhea con esos super movimientos de conductor profesional, sobretodo la Ravenclaw. ¿Cómo cojones sabía tanto si se pasa nueve meses al año metida en Hogwarts, joder? ¿Dedica su tiempo libre en verano a esto? Además, no es que precisamente su moto de carretera le de para hacer muchas de éstas cosas como pasatiempo normal.

Ian meditó tirado en el suelo mientras se movía lentamente en pos de buscar que seguía de una pieza y no se había partido por la mitad ni se había quedado como Nick, el fantasma de Gryffindor, después de esa caída tan dolorosa. Mientras observaba el cielo y el sol le deslumbraba a través de las gafas, vio como una silueta se ponía justo en medio del sol, viéndola prácticamente negra. Reconoció a la conductora por la voz y aceptó su mano cuando le ayudó a levantarse, subiéndose en su moto sin decir una palabra. Qué puto patético. Después de eso iba a ir todo el resto de días de verano a una jodida pista de motocross a practicar esa puta mierda. ¿Cómo podían ser ellas mejor que él? ¿Una Ravenclaw que se supone que se pasa la puta vida estudiando? ¿¡Y una Hufflepuff!? ¡Qué degradante! Bueno, o eso quería pensar en base a lo mal que se sentía, pero no dijo nada, ya que si decía algo en referencia a las casas probablemente ambas chicas decidieran impactar sus zapatos en sus huevos. Y no.

Rhea lo dejó con los encargados del motocross, diciendo resumidamente lo que había pasado. Ian se bajó de la moto tranquilamente, ya que no quería que se le notara que le dolía el trasero y asintió a Rhea.-Sep.-Dijo algo chulillo, viendo cómo se iba a continuar con las vueltas en el circuito junto a Davina.

Ian las observó y de verdad que no entendía tanta calidad. Decidió pensar que ni Rhea ni Davina tenían vida en verano y que se pasaban los dos meses de vacaciones entrenando para impresionarle. Mientras tanto, como no quería seguir mirando mientras se le caía la baba por no poder volver a coger su moto, se quitó el mono, el casco y las gafas para devolvérselas a los monitores. Se pasó la mano por el pelo para despeinárselo y hacérselo para atrás, notando cómo había salido sudando después de lo poco que había hecho.

Las chicas tras un rato terminaron y se acercaron a él tras quitarse el uniforme y los demás accesorios. Davina tenía suerte de ser su ex y que le cayera bien, ¿pero acaso no sabía la mala hostia de Ian cuando las cosas le salían mal? No se llevó un piñazo porque a Ian le dolía demasiado el culo como para pensar en pateárselo a otra persona. Miró con cara de “¿Qué haces tía, quieres morir?” cuando le chinchó con el dedo y no añadió nada al respecto más que esa mirada de ODIO. Tsk! Fue la misma Ravenclaw la que preguntó qué hacer a continuación y por un momento Ian tuvo ganas de decir sexo. Es más, quería decir sexo. Pero con Rhea, con Davina no que ahora le caía mal por decirle eso y pincharle con el puto dedo. Será perra, ¿acaso no sabe lo que molesta eso? IAN ES UN NIÑATO, ¿VALE? Pero eso le molesta a toda persona de mundo, sea de dónde sea, es claramente un golpecito que conlleva al odio y que rompe amistades.-Pues no sé. No estaba mirando el panfleto de antes, no sé lo que hay ahora.-Admitió encogiéndose de hombros.-Y que me preguntes a mí no tiene mucho sentido cuando sabes perfectamente cual es mi respuesta comodín a la que te vas a negar rotundamente.-Curvó una sonrisa y se puso ambas manos detrás de su nuca, estirándose y sintiendo cierto dolor en la espalda por el cual soltó aire.-Elegid vosotras. Como pueden ver, a mí peor no puede irme y me da exactamente igual.

Se desentendió totalmente de elegir. Total, eran mujeres, seguro que agradecían poder ir o hacer lo que les salieran de sus más bipolares ideas. Además, estaba picado. ¿No se notaba? En realidad lo único que quería era un masaje de espalda y tirarse en el incómodo colchón hinchable de su tienda.

OFF: Sorry por no adelantar o elegir siguiente actividad, pero Ian está picado y sería ilógico que mostrase interés solo por orgullo xDDDDDD La próxima vez que me toque elegir ya me lo curro, prometido <3
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Rhea Jackson el Lun Abr 04, 2016 9:23 pm

Puff motocross. Puff las motos. Puff la arena levantada por nuestra velocidad. Puff general a todo. El corazón me iba a toda velocidad cuando Davina y yo atravesamos la línea de meta a la par haciendo un caballito doble. Solo el piñazo de Ian podía empañar aquella experiencia, pero después de dejarlo en un sitio seguro y después de tanta emoción, no cabía en mi la posibilidad de preocuparme por él más que por la sobrecarga de adrenalina que llevaba encima. Cuando paré mi moto en el sitio indicado y me quité el casco, miré a Davina y me eché a reír a carcajada limpia. -Ha sido increíble!- dije en una voz mucho más aguda de lo normal pues tenía la boca seca y atascada con una sonrisa permanente. No recordaba una sensación así desde el día que Ian y yo habíamos hecho puenting.- Soy yo, o ese final de circuito nuestro ha sido de lo más épico del mundo?- le confesé a la Ravenclaw en forma de pregunta.

No tardamos en ir a quitarnos el mono, que estaba lleno de polvo y, en mi caso, había pasado de un gris casi negro a un beige oscuro en el que ya no se distinguía ningún detalle. La adrenalina hizo que me quitase toda la equipación el doble de rápido de lo habitual y cuando yo estuve lista, Davina aun estaba en ello, así que decidí esperarla junto a Ian, que parecía mucho más recompuesto que cuando lo había recogido un rato antes de la pista.- Se te ve bien- dije con una sonrisa amigable mientras lo observaba atentamente a ver si tenía alguna herida a simple vista. Parecía que no, lo que debía suponer que estaba bien...a no ser que tuviese algo interno, claro. Pero creo que de ser el caso no estaría ahí tan tranquilo, si no un poco roto por el dolor.

Davina llegó a donde estábamos antes de que intercambiáramos muchas más palabras y suspiré emocionada a su comentario sobre el motocross. Sonreí a su broma, pero por la cara que puso, pareció que a Ian no le había hecho ninguna gracia que se metieran con él porque se le diese mal este deporte. No dije nada al respecto y dejé que, si se daba el caso, se matasen entre ellos. Sin embargo, tuve suerte porque el siguiente tema de conversación aplacó la posible tensión creada. Al menos para mi. La pregunta de que íbamos a hacer ahora era una pregunta importante que Ian decidió no contestar. Y no solo eso, si no que se le veía claramente picado. No sabía si reírme de él o consolarlo como a un niño pequeño. Me limité a levantar una ceja y sonreír de medio lado sin decir nada hasta que él terminó de hablar.

- Creo recordar que hay algo así como escalada justo antes del Ala delta. Lo recuerdo porque ponía algo de que podían ser actividades complementarias, en plan, que subes hasta el sitio escalando y bajas en Ala Delta- dije con tranquilidad haciendo memoria de lo que ponía en el horario.- Os gustaría hacer eso? Confieso que a mi me da pavor...no sé si habéis visto 127 horas, pero si la habéis visto me entenderéis. Aun así, creo que este es un buen momento para vencer mi miedo- dije frotándome las manos con cierto nerviosismo.

La idea de escalar no me atraía, jamás lo había hecho. Por mi miedo a tener que cortarme algún miembro, o a morirme en general. Pero ya se sabe que todo cambia y si había sobrevivido a un calamar gigante, tirarme de un puente y un circuito de motocross, una pared vertical de roca no podía ser tan complicado, no? Además, estaba empezando a considerar a Ian mi protector o mi amuleto de la suerte porque en todas esas ocasiones él había estado presente. Esta no tenía porque tener un resultado distinto.

Cuando aceptaron mi proposición, nos dirigimos a la zona donde daban el equipamiento para la escalada y pedimos que nos apuntaran luego a Ala Delta. El monitor que estaba allí recibiendo a la gente nos contó que nos darían un equipo para escalar primero y un monitor nos esperaría arriba con el equipo de Ala Delta para realizar el cambio más cómodamente. Sonaba genial, así que con nuestros equipos en mano, marchamos a prepararnos para el ascenso.

No les dije nada, pero a medida que pasaba el tiempo, la adrenalina del motocross bajaba y el miedo hacía acto de presencia. Cada vez estaba menos segura de enfrentarme a uno de mis mayores miedos en aquel lugar, rodeado de aquellas personas y tan lejos de la seguridad de los brazos de mi mami. Bueno...cuando mi madre se enterara sus brazos no iban a ser exactamente seguros para mi.

Cuando los tres estuvimos listos, nos reunimos en el lugar de partida- Listos?- dije con una sonrisa mientras me tragaba mis auténticos sentimientos.
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Davina Abrasax el Mar Abr 05, 2016 11:46 pm

Me esperaba la mirada de odio que me dirigió Ian, pues tenía el orgullo herido y encima yo le estaba chichando, así que era normal que me mirase con odio. El pique se le notaba a kilómetros de distancia, era como que llevaba una pancarta gigante con luces de navidad y letras en neón que decía “estoy picado” sobre la cabeza, pero eso me parecía divertido. ¡Los amigos siempre se divertían con los piques de sus amigos!

-Venga, quita esa cara, que nosotras te cuidamos- le dije con tono divertido entonces, y le di un beso en la mejilla y le miré con expresión adorable para que dejase de mirarme con odio. Cuando dijo lo de la respuesta comodín bufé.- Cómo no. Eres un guarro, Ian Howells- dije con falso tono de regañina.

Él nos dio libertad a Rhea y a mí para que escogiésemos lo que nos diese la gana, y yo le di libertad a Rhea para que escogiese lo que a ella le diese la gana. Ella pensó en algo muy rápidamente y nos expuso su idea, la cual me gustó. Estaba completamente dispuesta a ir a escalar para después hacer Ala Delta al alcanzar la cima, era matar dos pájaros de un tiro. La que no parecía muy segura con su propia idea era Rhea, a quien se la veía nerviosa. En cuanto mencionó la película y su miedo sus nervios cobraron más sentido.

-No la he visto, pero sé cuál es. No te preocupes, ese tío estaba completamente solo y en un lugar en el que podías quedar atrapado. Mira, aquí solo habrá una pared, no dos, no te puedes atascar con nada…- dije con más seguridad de la que realmente tenía, pues no tenía ni idea de cómo sería la escalada, pero aquí no había ningún cañón así que dudaba que pudiese haber accidentes como el que sufrió Aron Ralston, además de que aquí había monitores por todas partes y si ocurría algo íbamos a ser atendidos inmediatamente, no nos quedaríamos ahí tirados luchando por sobrevivir a lo loco por nuestra cuenta.

Nos dieron todo el equipo necesario, entre el que se encontraban un casco y algunas protecciones para no hacernos daño o matarnos en caso de accidente, y luego caminamos siguiendo al monitor hacia el lugar donde íbamos a escalar.- Listos- asentí muy segura con una sonrisa respondiendo a la pregunta de Rhea.

El lugar que íbamos a escalar era un gran acantilado en una playa (el campamento estaba en la costa, estábamos bastante lejos de Londres). Nos pusimos en la base del acantilado, donde estaban otras personas que habían venido para la misma actividad. Los monitores nos colocaron unos arneses a todos y nos ataron con cuerdas para ayudarnos a escalar y para que si nos caíamos no nos metiésemos la ostia del siglo, pues bajo el acantilado había rocas y arena, no agua. No había escalado un acantilado en mi vida, pero sí que sabía trepar cosas, y tenía bastante fuerza en los brazos y en las piernas por todo el ejercicio que hacía, así que pensaba que a lo mejor no sería tan difícil…

Mentira. En cuanto empezamos a escalar (sin ayuda de nada, la cuerda solo estaba ahí para que no nos matásemos, pero no tiraba de nosotros hacia arriba) vi que eso de agarrarse a los salientes de la roca e impulsarse en ellos para ir subiendo era mucho más complicado de lo que parecía, y había que tener mucho cuidado para no pisar en falso y resbalarse, además de que el esfuerzo que había quehacer para ir subiendo y no soltarse era mucho. Pero poco a poco fui subiendo y manteniéndome al ritmo que los demás, y lo estaba disfrutando bastante. Me gustaba hacer el edificio, y en este deporte había que combinar el ejercicio con la concentración.

Todo iba bien hasta que cuando iba más allá de la mitad del acantilado se levantó un viento más fuerte que el de antes. Dejé de seguir escalando para poder agarrarme bien, pues temía que el ciento me hiciese resbalar.

-Joder, que me mato- mascullé entre dientes cuando el viento me golpeó de nuevo, y por un segundo pensé que me iba a tirar, pero entonces volvió a ser la brisa (aunque fuerte debido a la altura) de antes. Decidí volver a ponerme en marcha y ese fue mi error.

Me agarré a donde no me tenía que agarrar. El saliente de la roca al que me agarré con la mano se desprendió, y eso obviamente me desestabilizó de una manera muy súbita. Intenté apoyar el pie en una roca pero resbalé, y fui incapaz de seguir sujeta al acantilado, y me caí.

-¡Ah!- chillé al caer. La sensación de vértigo fue lo peor del mundo. Durante un segundo me olvidé completamente de la cuerda y del casco, yo me imaginé hecha papilla contra el suelo. Se me subió el corazón a la garganta y se me hizo un nudo en el estómago, y vi el cielo sobre mí y sentí el vacío a mis espaldas… hasta que choqué con Ian, que había estado escalando varios metros por debajo de mí, y le di con todo mi culo en la cara y le tiré a él también.

Los dos caímos un poco más, pero entonces las cuerdas tiraron de nosotros y frenaron bruscamente nuestra caía. Me quedé sin aire cuando el arnés tiró de mí y al frenarme en seco en el aire choqué de lado contra el acantilado. Ian y yo nos quedamos suspendidos allí en el aire, sujetos por las cuerdas.

-¡Perdón!- le dije a él, y cuando los monitores alzaron la voz para preguntarnos que si estábamos bien les hice una señal con el pulgar hacia arriba, y allí nos dejaron colgados para que continuásemos. Gruñí a causa del dolor de culo que tenía por el golpe y las magulladuras del arnés y del golpe contra la roca del acantilado, pero no era demasiado. Moví las piernas y los brazos para colocarme en una mejor postura y poder volver a agarrarme a la pared del acantilado para seguir escalando, y esperé a Ian para ver si estaba bien y para continuar junto a él.

Ostión que nos demos dado.:
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Ian Howells el Jue Abr 07, 2016 2:29 am

La idea de hacer escalada le pareció bastante buena. Probablemente se le diera mejor que el motocross. Ian tenía buen equilibrio y bastante fuerza en sus manos, por lo que a simple vista no debía de suponerle ningún problema escalar. Fueron hacia allí e Ian se quedó el último, no por nada en particular, pero estaba cerciorándose, mientras movía todo su cuerpo en movimientos articulares, que estaba de una pieza y que nada le dolía más de lo debido. Menos mal que era un saco de carne duro de machacar porque joder, las caídas que tuvo podrían haberle hecho daño de verdad. La cabeza le dolía, pero suponía que era normal después de tanto golpe.

Llegaron al sitio en cuestión e Ian dejó que las chicas fueran las primeras en ponerse el arnés ese con la cuerda que evitaría la muerte en caso de caerte de una gran altura. Cuando terminaron de asegurar a las chicas ayudaron a Ian con su cuerda y éste se quedó quieto mientras una mujer le toqueteaba. Miró a las chicas y alzó las cejas varias veces cuando la mujer le tocó el trasero para asegurar el arnés.-Yo también estoy listo.-Contestó adelantándose unos pasos para ponerse en la línea de salida.

Rhea y Davina comenzaron a escalar, pero la misma mujer que le estaba colocando las cosas le paró antes de que comenzara a escalar debido a que había una cosa mal en la cuerda que le sujetaba. En un momento se lo arregló, pero ya las chicas habían subido lo suficiente hacia arriba como para que Ian tuviera un perfecto ángulo de sus traseros y se propusiera seguirlos. Y la verdad es que se le dio bien. No sabía si por al motivación de estar persiguiendo culos o porque realmente aquello se le daba bien. Iba bastante rápido detrás de Davina, poniendo las piernas en zonas aparentemente seguras y sintiéndose bastante cómodo y tranquilo mientras se sujetaba a los salientes que iba encontrando.

Habían subido ya bastante e Ian por un momento pensó que en nada llegaría a la punta de arriba, no obstante, un grito repentino le hizo levantar la mirada justo a tiempo para ver cómo el culo de Davina se le estampaba contra el rostro. En otra ocasión quizás hubiera molado, pero en aquel momento no. Inevitablemente Ian no pudo hacer nada por evitar precipitar y cayó por culpa de Davina, sintiendo como un tirón del arnés hacía que se parasen en el aire con una fuerte sujeción que le hizo daño en la espalda. Aparte, también se dio un cocazo contra la piedra del acantilado.-¡Me cago en la puta!-Se quejó cuando se dio el golpe en la cabeza, ya que parecía la última de sus desgracias.-¡Davina, por favor, controla tu culo!

Se llevó la mano a la nariz y, efectivamente, le estaba sangrando. Ian tenía el tabique de la nariz tremendamente sensible porque se lo había roto y desviado mil veces en kickboxing, por lo que al mínimo golpe (y más todavía si es un golpe tan fuerte) era normal que le sangrase.-¡Arg, joder!-Volvió a quejarse haciendo caso omiso de las preguntas de los monitores.-¿Cuánto pesas Davina? ¡Porque siento que me ha caído un puto mamut en la nariz! ¡Y sí, TE ESTOY LLAMANDO GORDA!-Dijo sin ningún tipo de intención de guardarse su dolor. ¡Ya bastante se había callado antes! Se agarró nuevamente a un saliente y con la manga de su suéter se limpió muy poco higiénico la sangre que le había llegado a los labios. Se tocó la nariz y le dolió, pero por suerte tenía a la misma que se lo había roto para que se lo arreglase con un sencillo hechizo. Una pena que Rhea no pudiera hacer magia todavía porque sin duda hubiera sido su chica de confianza en ese momento.-Joder...-Masculló.-Su puta madre...-Añadió en voz baja.-Toda la mierda me pasa a mí hoy...-Continuó maldiciendo en voz baja mientras seguía subiendo y parándose a cada rato para limpiarse un poco la cara.

Bajar no le serviría de nada porque los monitores no podrían ayudar y pasaba de ir a la enfermería, por lo que mejor seguir subiendo hasta quedarse con Davina a solas para que sacara su jodida varita y arreglase lo que su culo había roto.

[*]

Unos quince o veinte minutos después en dónde Ian parecía estar conjurando uno de esos conjuros de las Embrujadas, ya que no paraba de maldecir por lo bajo y parecía que dentro de poco iba a venir una horda de demonios a atacar el campamento, llegó arriba. Obviamente como empezó el último y se había tenido que parar a cada momento, llegó el último. Nada más llegar miró a Davina y le señaló la nariz.-Tú. Arreglame esto ya que me duele un cojón. Es la puta primera vez que no me alegra ver un culo viniendo hacia mí.-Luego miró a Rhea.-Yo he sido el cáncer en motocross y Davina en escalada me ha pasado su tumor a mí. ¿Vas a ser tú la que salga volando con el ala delta hasta precipitar o vas a preferir atacarme con él y sacarme un ojo? No me extrañaría con la suerte que tengo hoy.-Dijo visiblemente indignado.
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Rhea Jackson el Dom Abr 17, 2016 12:47 pm

Había sido la idea más sadomasoquista que había tenido en mi vida pero si, por una vez en mi vida, me iba a enfrentar a uno de mis mayores miedos, aquel era un momento tan bueno como cualquier otro. Es más, es probable que fuese un mejor momento que cualquier otro porque al menos allí tenía a Davina y a Ian y a un montón de gente dispuestísima a impedir que me muriese escalando aquella pared. Lo cierto es que prefería enfrentarme a escalar aquello que a una serpiente diminuta, pero aun así tan pronto como la idea salió de entre mis labios, me quise tragar mis palabras. Sin embargo, ya estaba dicho, ellos estaban de acuerdo, y yo no podía permitir que mis miedos me dominasen. No sabía lo que me deparaba el futuro, pero si mi vida dependía de escalar una pared ahora podría enfrentar la situación más rápido y mejor que si empezasen a temblarme las piernas incontrolablemente.

Las palabras de consuelo de Davina no me ayudaron porque el mio era un miedo muy arraigado, pero aun así se las agradecí con una sonrisa. No tardamos demasiado en llegar al sitio donde comenzaba la actividad y donde nos dieron todas las protecciones y equipo necesarios para realizar la escalada de aquel enorme acantilado. Verlo desde abajo daba respeto, la verdad, y más todavía cuando tenías mi miedo, pero mi decisión estaba tomada y ahora no iba a echarme atrás. No lo haría ni aunque mis piernas tuvieran una velocidad de respuesta inferior a la acostumbrada y llevasen una especie de bailecillo espasmódico y acojonado incorporado.

Cuando estuvimos listos, la escalada comenzó y entonces mi miedo hizo que ellos desaparecieran para mi. No podía preocuparme por ellos mientras mis piernas no querían reaccionar y mis brazos parecían, desde mi punto de vista, tan débiles que podrían estar hechos de gelatina. Davina comenzó a subir la primera. No sabía que estaba haciendo Ian y la verdad es que tampoco me importaba demasiado. Yo miré hacía arriba y una especie de agobio extraño, un pavor tremendo me sobrecogió el corazón. Notaba el viento pasar entre mis extremidades y mis dedos y moverme el pelo que llevaba recogido en una coleta alta. Notaba el latido de mi corazón en la yugular, como un aviso de que estaba viva pero de mi dependía el seguir estándolo o no. Un hormigueo extraño me recorría la espalda. Cerré los ojos y respiré profundamente una sola vez...No servía de nada retrasarlo más.

Mi mano derecha se agarró al primer saliente que encontré y me pareció lo bastante seguro. Hice fuerza con ese brazo, tomando impulso y me agarré a otro lado con la mano izquierda para luego subir uno de mis pies. El mundo había desaparecido para mi, solo existíamos aquella pared y yo. No vi como Davina se caía y como Ian maldecía e insultaba. Mientras ellos se debatían, yo seguía peleando con mis nerviosas piernas, que me obedecían a duras penas por el miedo que me palpitaba cada vez más fuerte en el cuello hasta el punto de pensar que mi pulso acabaría reventándome la piel. Paso a paso, fui subiendo, tomándome mi tiempo. Me agarraba con fuerza y respeto, como si la idea de que la piedra se sintiese respetada fuese algo real que ayudase a que no me cayese y me matase. Tal vez si la trataba con el respeto y cariño que merecía, ella me ayudase en mi ascenso...pensaba yo una y otra vez.

Era una sensación extraña la que tenía mientras escalaba. Era como si el tiempo no pasase. Simplemente no tenía noción de él, no lo percibía. Había desaparecido con el resto del mundo. Yo existíamos yo y aquella pared fría y húmeda, y poco a poco me sentía más y más en comunión con esta. Cuando la pared se acabó y mis manos se agarraron al filo superior de aquel acantilado, un último empujón colocó mis pies sobre la tierra de nuevo. Un monitor vino a ayudarme a librarme de las protecciones rápidamente y yo me dejé hacer dócilmente. Cuando estuve libre, el viento volvió a acariciarme y a devolverme a la realidad. Había subido aquella cosa como paralizada por dentro del terror y ahora todo volvía a sentirse de nuevo y por unos segundos fue como sentirlo por primera vez. Mi mirada se perdió en el horizonte y me dieron ganas de gritar y reír y llorar a la vez al darme cuenta de que lo había hecho. Lo había conseguido. Había vencido mi miedo y aquel muro había quedado atrás para mi. Tenía la sensación de que no habría otro muro en el mundo que pudiese detenerme después de haber podido con aquel.

Las cabezas de Davina y Ian aparecieron minutos después por el mismo sitio por el que había aparecido la mía y por primera vez me di cuenta de que había terminado de primera. Me sentía dentro de una de esas historias de superación que tanto gustan en USA. Y, Dios...me sentía jodidamente invencible.

Les sonreí al verlos a pesar de que ellos no parecían tan felices como yo. Ian estaba cubierto de sangre pero aun así mi sonrisa parecía imborrable.- Que os ha pasado?- pregunté notando que mi desconexión con el mundo había sido exagerada.- No te preocupes, me mantendré lejos de ti por las dudas. Además, mi suerte está empezando a preocuparme- dije aunque no lo pensaba de verdad. Lo que pensaba era que Ian era definitivamente mi amuleto de la suerte. O eso, o mi filtro de golpes. Viendo el día que llevaba, quizás lo segundo fuese más probable.

A ellos también les quitaron las protecciones y tras unos 10 minutos de espera en los que me contaron todo lo que habían vivido, otro monitor vino a prepararnos para Ala delta. La bajada se me antojaba mucho más fácil que la subida así que, como fui la primera en llegar, también fui la primera en lanzarme.- Hasta la vista, baby- dije cual Terminator justo en el momento antes de lanzarme al vacío mientras miraba a mis dos amigos.
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