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En la calle principal junto al árbol (Esther Fenixheart)

Leonardo Lezzo el Sáb Nov 21, 2015 12:46 am

Los nervios no eran propios de Leo pero esta mañana despertó con el estómago vuelto del revés. Su profesora de Vuelo por tantos años y mentora había aceptado quedar con él de manera informal. Es decir, nada que ver con duros entrenamientos físicos ni mágicos. Iban a verse por el puro placer de charlar. Siendo como es la profesora de Hogwarts y siendo Leo tan precavido salió de casa con el pensamiento de que quizás no iban a charlar simplemente. Lo más probable es que lo llevase a una zona alejada del pueblo y le obligase a defenderse mientras ella le atacaba duramente con hechizos nada buenos. No sería la primera vez que lo hace. Por esa razón el chico se palpó varías veces el bolsillo para cerciorarse de que llevaba la varita consigo. El mismo gesto cansino y repetitivo que hacen los muggles para comprobar que no se han dejado el móvil.

El chico echaba de menos Hogsmeade. Para él era como el mejor pueblo del mundo. Aunque sus años en Hogwarts hayan terminado él sabe que al ir al pueblo siempre puede encontrarse con alguien conocido. Se sorprendía mirando a los jóvenes alumnos primerizos y comparando su tamaño con el que él tenía en el primer curso. Al ser fin de semana el pueblo estaba lleno de niños y niñas con sus bufandas, guantes y gorros. El frío había llegado fuerte este año. Leo se vistió de manera simple sin olvidar su abrigo. Llevaba metidas las manos por dentro de los bolsillos buscando algo de calor pues las tenía algo heladas.

No tardó en encontrar el lugar donde habían acordado verse. En la calle principal junto al árbol. Leo quería sentarse y tomar algo con su ex-profesora, comentar sobre la universidad, el futuro, la vida... Pero mucho se temía que si Esther le había citado en medio de la calle era porque no le deparaba nada bueno. Quizás era un castigo por lo ocurrido aquella tarde con Connor. Por suerte ambos habían salido bien parados pero Leo era consciente de que debía continuar entrenando duro, tanto como lo hacía en ciertas materias de la universidad.
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Invitado el Dom Nov 22, 2015 12:23 pm

Estaba en mi despacho cuando de repente una lechuza me sorprendió, era Leo. Al parecer me comentó algo que pasó con un alumno de Gryffindor, pero que al final la situación salió favorable y ninguno de los dos salió mal parado. Eso me alegraba, para eso le entreno hasta los extremos cada vez que nos vemos. ¿Quiere ser auror? Pues que esté en forma, seguro que Drake me dirá buenas cosas sobre él cuando entre en el cuerpo. Otra parte de la carta era que quería quedar conmigo para charlar, ya sea para tomar algo o lo que sea...Conociéndole seguro que el pobre se piensa que lo voy a torturar, si no consigue hacer una pequeña misión se queda sin pasteles... Quedamos en el pueblo, un lugar cercano para ambos. Desayuné como cada mañana, ordené el correo...

Tras un rato, me encaminé al pueblo. Fui caminando, el trayecto no era muy largo y siempre era muy bueno hacer algo de ejercicio. Iba vestida con unas botas, un suéter de cuello alto y una trenza, creo que iba promocionando la campaña de otoño-invierno de unos grandes almacenes. Los alumnos me saludaban, los de mi casa me preguntaban si les iba a castigar si salían al pueblo conmigo, ai la inocencia... A lo lejos vi a Leo, mirando el paisaje y a los niños...Seguro que estará recordando sus años como alumno. Quería comprobar lo cual atento estaba, así que atajé por una calle y salí detrás suya...Me acerqué silenciosamente, le apunté con el dedo en el cuello haciendo parecer que era mi varita y le susurré al oído...-Tengo un tractor amarillo...que es lo que se lleva ahora... Le susurré medio cantando. Esta canción me habían comentado que era española, la verdad es que esta muy graciosa...la escuché una vez que vinieron los amigos españoles de mi madre de visita a casa. Vamos a ver como reacciona este hombre...si saca la varita para defenderse es que está bien entrenado, si sale corriendo....será normal, porque nadie te viene amenazando y cantando. Creo que elegí una buena canción, porque la de In the navy...creo que no hubiera quedado muy bien.
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Leonardo Lezzo el Miér Dic 09, 2015 9:34 pm

El chico estaba casi seguro de que su mentora haría una aparición teatral para sorprenderlo, pero él estaba alerta en todo momento como ella le insistía siempre y como bien le enseñaban en la universidad. El chico se estaba preparando para ser auror por méritos propios. Poseía un buen oído a parte de unos reflejos envidiables. Leo solía pensar que había desarrollado tanto sus sentidos a causa de los maltratos de Mael. Siempre estaba alerta cuando era un niño por si su padre se acercaba a su cuarto para atacarlo o por si escuchaba llorar a su madre. Escuchó unos pasos y mantuvo la respiración mientras con una mano palpaba la varita. Algo frío le tocó el cuello y una voz conocida le cantó una canción desconocida. - Muy graciosa, profesora. Tiene el dedo helado. - El chico se giró con una sonrisa preparada para saludar a su profesora favorita y mentora detestable. - Que bueno verla. - No supo si añadir algo más a la frase como que se alegraba de verla fuera de Hogwarts, o se alegraba de haber quedado para verse sin necesidad de entrenar. La profesora Fenixheart nunca dejaba de entrenar, y estaba claro que no la vería más dentro de Hogwarts porque Leo era un chico graduado. De modo que se mantuvo callado.

Quiso ser cauto y no preguntó directamente si la mujer quería tomar algo caliente. Ideó la manera de conocer cuales eran los planes de su mentora sin dar a conocer los suyos. Sabía de sobra que si presentaba un plan Esther haría lo posible por destruir ese plan. - ¿Qué le gustaría hacer hoy? - Leo volvió a meter sus manos a resguardo en los bolsillos del abrigo pues las tenía heladas. No quería parecer débil, por eso no lo mencionó, pero hacía bastante frío en el exterior. Lo que al chico le gustaría es poder tomar algo relajadamente y escuchar, quizás por primera vez, anécdotas buenas sobre la Órden del Fénix. Conocer más a fondo a su mentora también sería agradable. A pensar de los duros entrenamientos la profesora era divertida y le había tomado cariño. Le gustaba conocer a una mujer tan valiente y fuerte, y le estaba agradecido por enseñarle a proteger a la gente.
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Invitado el Miér Dic 16, 2015 10:15 am

Se me hacía raro quedar con uno de mis antiguos alumnos para otra cosa que no fuera para darle consejo o practicar tanto ataque como defensa. Según lo escrito en la carta que me mandó, quería algo típico de tomar algo y charlar entre ambos. Creo que es una buena idea, así podría conocer más cosas sobre Leo y luego podré enfocar esas cosas en los entrenamientos, para mejorarlo tanto en cuerpo como en alma. Yo nunca pensé que iba a tener un aprendiz a mi cargo, es como mi hermano pequeño. Espero que al resto de mis amigos les estén pasando cosas buenas con sus aprendices, por lo menos el mío se le con actitud y eso se valora mucho.

Cuando llegué al pueblo, quería ponerle a prueba y me marché por atrás, cantándole al oído y amenazándole con el dedo como si fuera una varita. Cuando se dio de cuenta que era yo y me dijo que tenía el dedo helado empecé a reirme. -Vaya, tendré que mejorar esta táctica para la próxima ocasión. Pensé en voz alta aún riéndome, la verdad es que hoy estaba de buen humor, y eso que yo no tolero bien el frío, pero salir del castillo venía bien de vez en cuando. Aunque mi cara cambió cuando me dijo "que bueno verla", suspiré y le puse una mano en el hombro. -Te he dicho muchas veces que me trates de tú, ya tenemos la suficiente confianza como para que dejes de tratarme de usted. Hablé un poco apenada con la mano aún en el hombro, hasta que finalmente di un último suspiro y volví a sonreír quitando importancia a lo que me habas dicho, supongo que tras tantos años en el castillo aún le dará cosa el llamarme por mi nombre. Espero que tras este día deje de estar tan recto conmigo, que aunque lo machaque a entrenamientos, somos compañeros.

Tras un momento de silencio incómodo, me preguntó lo que quería hacer yo. Mi cara fue un poema porque yo no tenía pensado el hacer algo en especial, y tampoco quería decir lo de tomar algo porque sería algo típico que siempre se hace y no quiero parecer una sosa, una adulta que no sabe que hacer, pero oye...estamos en plan tranquilos así que primero me voy a hacer la despistada. -Yo pensaba que tenías algo planeado desde un principio, pero bueno...No has sacado las manos de los bolsillos todo el rato, por lo que intuyo que las tienes frías...Asi que venga, te invito a un chocolate caliente. Dije toda decidida tras mi super discurso que no venía a cuento, pero yo era feliz soltando todo mi rollo y eso nadie me lo iba a negar. Sin que le diera tiempo a que me respondiera, me adentré en el primer lugar que encontré enfrente mía y me senté en una mesa al lado de la ventana, siempre me gustaba poder mirar lo que estaba pasando fuera.
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Leonardo Lezzo el Miér Dic 23, 2015 7:16 pm

El chico no podía estar tranquilo del todo sabiendo que iba a ver de nuevo a su mentora y esta siempre le machacaba con defensa y lo de estar siempre alerta. Era bueno para él puesto que gracias a sus entrenamientos con la profesora era uno de los mejores de su clase en la universidad. La mayoría de estudiantes para auror no contaban con una mentora  de la Órden del Fénix para ellos solos y Leo si. Su saludo fue extraño, pues la mujer lo atacó por detrás cantando una extraña canción. La profesora debía estar de buen humor y eso era bueno para Leo, quizás se escaparía de tener que luchar de nuevo por su vida una y otra vez de forma simulada pero muy real. La risa de Esther al ser descubierta daba más esperanzas al chico de poder pasar una tarde normal con su mentora.

El chico intentó ser amable tratando a la mujer con respeto y esta le pidió por enésima vez que dejase de tratarla de usted, que podía tutearla. - Está bien, Esther. - Decir aquello le costó horrores a Leo que siempre intentaba ser un chico serio y recto. Esther había sido su profesora durante siete largos años y no se acostumbraba a llamarla como a una amiga cercana o una compañera. Siempre la vería como alguien de un rango superior al suyo, y no solamente por la edad, más bien por la experiencia y los conocimientos que la mujer ya tenía y que Leo aún tenía que adquirir y perfeccionar.

Ambos quedaron en verse después del incidente de la caseta de Hogsmeade pero no habían planeado nada. Leo esperaba poder sentarse en un lugar cálido tomando algo y poder hablar con Esther de manera distendida, nada que ver con sus duros entrenamientos. Pero conociendo a Esther, habría preparado una tabla de ejercicios seguida de un combate cuerpo a cuerpo y un duelo mágico a las afueras del pueblo. El chico fue precavido preguntando que quería hacer ella, y casi aplaudió cuando escuchó decir a Esther que podían tomar un chocolate caliente. - Tengo las manos frías y los pies más. - El chico provenía de un lugar un poco más cálido y soleado, y no se acostumbraba a la fría y lluviosa Inglaterra. - Echo de menos el clima de Italia. - Los dos caminaron por el pueblo hasta dar con un lugar en el que Esther no dudó en entrar. Se sentó en una mesa cercana a las ventanas y el chico se sentó con ella admirando lo feliz que parecía su mentora. Dudaba entre hablar y permanecer callado hasta que ella abriera un hilo de conversación. Esperaba poder contar los hechos vividos en aquella casa y al mismo tiempo no quería tener que hablar de nada relacionado con magia ni con gente maligna. Finalmente se decidió por sacar un tema neutro. - ¿Dónde vas a pasar las navidades? - Sabía que la mujer tenía familia en Italia y poco más, esperaba poder averiguar más sobre Esther en este día tan extraño dejando de lado su unión por la Órden del Fénix.
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Invitado el Jue Ene 07, 2016 4:21 pm

Mucha gente se pensará que tengo a Leo intimidado, pero en realidad es respeto. Seguro que se imaginarán que le pego y lo torturo como un esclavo para me obedezca, pero en realidad es solamente como un entrenamiento militar muggle. Tengo confianza con el chico, por eso puedo exigirle un poco más para que aprenda y llegue a ser un gran auror, seguro que Drake me agradecerá tener a un chico bien preparado en su departamento. Creo que me estoy emocionando un poco, pero es que eso de tener a alguien a mi cargo me llena de orgullo y satisfacción. Pero hoy no era día de entrenamiento, quería que el chico se sintiera relajado y no como un perro esperando que le pegue una paliza. No todo es entrenamiento y exigencias, hay que dejar descansar el cuerpo y la mente de vez en cuando que luego te vuelves loco y no queremos que ninguno acabe en Azkaban, me suicidaría tirándome de la Torre de Astronomía, vale...Otra vez he vuelto a exagerar, soy así de especial. Retomando al día de hoy, quería asustar a Leo haciendo que le atacaba por detrás, pero me descubrí al instante...Esto del sigilo no es mío, igual me pasa en los videojuegos, siempre acabo yendo de frente y a la mierda el plan.

Tras aclarar que no venía con malas intenciones, tenía otro reto por delante que aún no había conseguido mejorar con las duras sesiones de entrenamiento y los años que llevábamos en el castillo, que dejara de tratarme de usted y que de una vez me llamara de tú o Esther, o la mandona pelirroja esta de las narices. Parecía que me lo iba a comer, pero en realidad quería meterle algo de caña, no me gustaba que me tratasen de usted fuera del castillo, y más mi ahijado. Finalmente conseguí que me llama Esther, casi lloro de la alegría. -Ves que no era tan difícil, no te has muerto ni nada parecido por tratarme de tú. Dije riéndome para quitarle hierro al asunto, había veces que era una maniática pero no me gusta eso de usted...me hacía sentir vieja. Bueno, asunto arreglado, level up! Motivada modo On...Calla loca, que dentro de nada te ingresarán en Azkaban y no te dejarán salir en años y luego morirás entre terribles sufrimientos.

Dejando a un lado mi extraña obsesión con llamarme por mi nombre, descubrí que el pobrecito tenía frío porque no había sacado las manos de los bolsillos en ningún solo momento. ¿Tendrá guantes? Para mi que no los tiene o si los tiene son muy fríos...Ya tengo regalo de navidad para mi ahijado, unos guantes super gordos de montaña que hasta los nórdicos sentirán ardores, bueno creo que si los nórdicos sentiran ardores imagina un chico de clima templado como Leo...Da igual, yo pregunto igualmente y en navidad le mando un par y puede que también le mande calcetines a juego, con dibujos de leones para que sienta vergüenza ajena y me odie por el resto de su existencia. Al final propuse yo el plan y me encaminé totalmente decidida a mi lugar favorito, y mi mesa favorita esta libre, eso significaba buena señal. -Yo también hecho de menos ese clima, pero ya son tantos años que no aparezco por allí que ya me he acostumbrado un poco, pero la verdad es que como el tiempo de allí no hay ninguno... Confesé mientras me restregaba las manos para entrar un poco en calor. No me gustaba eso de pasar mucho frío, ahora mismo estaría rodeada de una manta pero es demasiado gorda para colocarla debajo de la ropa, quería como una bola rara y eso no me sentaría bien hablando de estilismo.

Finalmente ambos nos sentamos en la mesa y pedimos los chocolates, no pensé que el que preguntaría primero fuera él pero me alegraba porque eso significaba un nuevo paso en la relación mutua que tenemos. -En mi casa, si eso le haré una visita a mis padres en plan "hola mami, adiós mami" . Ellos seguramente se vayan de viaje por lo que me quedaré en casa hasta que comiencen las clases. Confesé estirándome y sonriendo, no quería dar pena y tampoco la tenía que dar. Mis padres desde que comencé a trabajar son muy liberales y cuando tienen tiempo salen a recorrer mundo, ya me contarán mediante carta. -¿Vas a ir a visitar a tu familia? O tienes mejores cosas que hacer aquí. Pregunté devolviendo la pelota a su tejado. Ahora que me acuerdo, creo que Jason vivía con él, ¿como le ira? -Oye, tú vivías con Jason ¿no? ¿Cómo le va? Dale recuerdos de mi parte. Añadí a mi pregunta anterior, siempre me preocupo por los alumnos que se han graduado y he tenido relación con ellos, son muy pocos pero siempre dejan huella. Tras acabar mi pregunta nos llevaron el chocolate a la mesa, que calentito estaba...Daban ganas de agarrar la taza y no soltarla.
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Leonardo Lezzo el Lun Ene 18, 2016 12:14 am

Una de las tradiciones más bonitas de los británicos son los modales a la hora de hablar con otras personas, tratando siempre de usted y llamando a la gente por su apellido. Esther, Italiana al igual que Leo, prefería ser tratada de tu. A Leo no le costaba hacerlo con sus amigos pero ella no lo era. No como la gente de su edad. Es decir, ella fue su profesora y es más mayor. Su madre le enseñó a ser cortés con todo el mundo, y ahora Esther no quería ser tratada con modales. El chico no quería contrariarla de modo que lo hizo, aunque un poco a regañadientes. La profesora de vuelo se mostró satisfecha y pudieron continuar con el día. Leo se sentía nervioso por lo que pudiese pasar. No había quedado con su mentora si no era para entrenar o recibir algún tipo de misión. Esta ocasión era diferente. No estaba seguro de que pudiesen llegar a hablar de temas banales, pero tenía esperanza en poder conocer mejor a Esther y que a su vez ella viese que él no era un crío más. El chico sonrió al ver que ella se lo tomaba bien y bromeaba con Leo sobre que no costaba tanto tratarla de tu.


Una vez tuvieron claro que iban a tomar algo Leo se destensó y se sintió aliviado. Tenía los pies y las manos fríos como nunca. No le gustaba el frío en exceso, por eso en invierno es cuando más echaba de menos el clima mediterráneo de Italia. Al decirlo en voz alta descubrió que Esther no iba muy a menudo a su tierra natal. No hablaba con tristeza, así que el chico entendió que la profesora se había adaptado a este país y no necesitaba, como Leo, volver a su amada Italia de vez en cuando. Sin mucho más de lo que hablar entraron en el local para tomar algo caliente. Nada más traspasar la puerta Leo notó la suave acogida de un clima cálido en el interior. Nada más sentarse Leo sacó otro tema de conversación, alejado también de las clases y la Órden. Se acercaba la navidad y el tema surgió solo. El local estaba decorado con motivos navideños, seguramente eso le dio la idea. La respuesta de Esther, después de saber que hacía tiempo que no visitaba Italia, no le supuso nada nuevo. Ella también quiso saber. - Estoy deseando ir a ver a mi familia. Este verano con todo el lío de la universidad no he podido ir a Florencia. - No quería ser indiscreto y no preguntó nada más sobre las navidades, por más que le apenase que Esther las fuera a pasar sola. En ese instante ella cambió de tema al preguntar por Jason. - Si, vivimos en el mismo piso. Le daré recuerdos de su parte. Digo, de tu parte. Lo cierto es que al estudiar carreras diferentes le veo poco, es casi como vivir solo. - Leo no comentó que lo único que le hacía saber que Jason vivía en el mismo piso era que a veces se dejaba pelos en la ducha. Y no sería extraño si no fuese porque esos pelos no siempre eran de un color natural. Predominaba el azul, y resultaba gracioso.

El olor del chocolate caliente mantuvo a Leo en trance durante unos segundos. Deseaba saborearlo pero instintivamente sostuvo la taza en sus manos notando como el calor del chocolate le calentaba las manos, que buena falta les hacía. - ¿Podemos hablar de temas personales o sería demasiado extraño? - A parte de las clases, el Quidditch y la Órden, Leo no sabía que temas tratar y antes de cagarla prefería preguntar. Aunque la pregunta en sí podía ser tan incómoda como empezar preguntando si tenía pareja o estaba casada directamente. El chico cayó en la cuenta de que podía malinterpretarlo y pensar que era él el que quería tratar temas personas, o tenía algún problema cuando eso no era cierto. - Es decir, no solemos hablar de nada a parte de nuestras clases. Por ejemplo, ¿qué cosas le gustan? O, ¿qué hace en su tiempo libre? - Leo volvió a hablar con formalidad puesto que se puso nervioso al hablar de modo tan directo con alguien a quien consideraba su superior.
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Invitado el Mar Feb 02, 2016 8:28 pm

No sabía si Leo al final acabaría odiándome por casi siempre reprocharle que me tuteara en vez de tratarme de usted. Tengo casi los 30 y vivo la gran mayoría del año rodeada de niños, así que creo que debería ya asimilar que muy poca gente me tratará de tú en esta vida...Vale, cuando tenga la ocasión le diré a Leo que puede hablarme como quisiera, aunque es divertido cuando se equivoca y con la misma rectifica, debo reconocerlo. No me estoy riendo a su costa, es solo que es divertido el esfuerzo que hace, parece que le debe la vida en ello. Leo es como mi hermano pequeño, fue Gryffindor y vive en la misma ciudad que yo, así que si quiero lo puedo raptar como mi hermano pequeño y acariciarlo como a un gatito...No me compraré un gatito para estrujarlo, para eso me compro un peluche y es lo mismo. Me sentía relajada, hoy no era un día de esos de dejar por los suelos a mi ahijado, aunque puede que al final de nuestra velada le haga esa putada pero no voy a ser una hija de puta. Soy estricta pero no tan cabrona como hacerle sufrir después de pasar un buen rato, y más si accedió a venir a mi lugar favorito a beber chocolate caliente...Y quizás pida algo de comer, el frío da hambre...Si, soy una gorda, pero seguro que mas de uno estará de acuerdo conmigo, aunque seré una instructora educada y solamente pido el chocolate, puede que un par de tazas pero sigue siendo el chocolate.

El local no estaba ni muy lleno ni muy vacío, simplemente estaba en un ambiente intermedio muy agradable en el que se podía hablar sin necesidad de gritarle a tu acompañante para que te pudiera escuchar. El primer tema que tocamos fue uno normal en las fechas que se acercan, el de pasar la navidad con tu familia o fuera de ella. Yo respondí y leo hizo lo mismo, aunque luego le pregunté por Jason. Fue otro alumno de Gryffindor que se graduó junto a Leo, pero al parecer estudian cosas distintas y apenas coincidían en casa. -Tú sorpréndelos a todos en la universidad con las cosas que te estoy enseñando, seguro que serás un buen partido para el cuerpo y ligarás mucho...Le hablé con un tono un poco cómplice, ya que Leo era como mi hermano pues es hora de meterme un poco con él y sacarle los colores. -Venga hombre, que seguro que tienes a alguna escondida...Con lo guapo que eres no te dejaran tranquilo en la facultar, eh pillin... Le di una palmada en el hombro y me comencé a reírme divertida, que hoja de puta puedo llegar a ser...Pero una hija de puta con buen corazón. Al final nos trajeron nuestras tazas y Leo cambió rápidamente de tema, a algo sobre lo que hacía en mi tiempo libre y demás...Mi niño que me quiere conocer mejor, mas majo... -Me gusta mucho dibujar y leer cuando estoy en el castillo, ya que ahí no hay mucho que hacer. Y mientras estoy en mi casa o juego a los videojuegos muggles o hago deporte, mi vida es así de sosa. Sonreí quitándole la importancia de que apenas salía con mis amigos...La verdad es amigos no tengo casi nadie porque o están desaparecidos, o están ocupados. Era normal a nuestra edad, ya estábamos con nuestras vidas casi hechas y era normal que no nos viéramos el pelo casi nunca. -También cuido de mi pequeño halcón, no no olvidemos de él. Me rasqué la cabeza un poco avergonzada por haberme olvidado de mi Valor, que estará cazando o haciendo de las suyas porque conmigo no estaba en este preciso momento. -¿Sabes que? Deberías comprarte un animal como ayudante, al estilo de los perros policías muggles...Los aurores como como policías así que es algo parecido, eh. Comenté algo divertida para sacar un tema de conversación que no fueran las típicas preguntas de "hola, hola, me aburro, me voy".
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Leonardo Lezzo el Miér Feb 10, 2016 11:13 pm

Resulta filosófico como se crean las relaciones en la vida. Alguien a quien ves un día puede pasar a ser alguien importante en tu vida. Ese era el caso de Leo y Esther. Ella era un simple profesora más de Hogwarts cuando Leo empezó sus estudios. Con el tiempo le fue gustando el deporte rey de los magos y la profesora le animó a ello. Al igual que le animó con su deseó de ser auror, y le contó acerca de la Órden del Fénix. Lo que más le gustaba de Esther es que no lo menospreciaba. Ella era la maestra y él el alumno, pero a parte de sentirse orgullosa de lo que estaba haciendo por el chico no parecía tener miedo de que la cagara o de que le pasara algo malo. Leo estaba muy agradecido por ello aunque no se lo recordase a cada hora. Se sentía contento de haber quedado con ella como amigos para conocerse mejor y charlar tras tantas clases de Defensa, Encantamientos y algo de boxeo. Pero la conversación pronto se alejó de los hechizos y la universidad para decantarse la balanza a favor del amor. Esther apostaba a que Leo ligaba mucho en la universidad. El chico casi se ahoga al tratar de no reír. - No me he fijado mucho en las chicas de la universidad. - Contestó con más timidez de la normal mientras se rascaba la parte posterior de la cabeza. - He empezado a salir recientemente con una chica, pero no de la uni, de Hogwarts. - Sabía que tras esa afirmación empezaría un bombardeo a preguntas o un brote de artes adivinatorias fallidas por parte de Esther.

La idea de Leo era conocer mejor a Esther sin empezar por lo más personal como puede ser el tema amoroso. Por eso le preguntó sobre donde iba a pasar el verano o de que cosas le gusta hacer a Esther en su tiempo libre. No quería admitirlo, pero Leo se la imaginaba viviendo sola con un montón de gatos o perros a los que cuida con la ternura de una madre. La conocía muy poco y quería saber más. Sonrió al escuchar la respuesta tranquila sobre dibujar, leer, jugar a videojuegos y hacer deportes. - Yo también dibujo. Es una buena manera de pasar el tiempo. - En lugar de perros o gatos Esther cuidaba de su halcón. Leo no andaba mal encaminado al pensar en ella como una chica solitaria. Tras hablar de su halcón la profesora aconsejó al chico que debería comprarse una mascota como ayudante. Pensó en Zo, su lechuza, y se dio cuenta de que servía para mandar el correo y poco más. Aquel amasijo de plumas solamente servía para comer y ulular al llegar a casa, dándole al chico unos sustos de muerte. - Tengo a Zo, mi lechuza, pero dudo que sirva como ayudante. ¿Qué me aconsejas? Siempre me hubiese gustado tener un caballo o un perro. - Leo puso cara feliz al recordar todas las veces que daba de comer a los perros callejeros, aunque Gael siempre se negó a tener animales en casa. Solía decir que ya era bastante animal él. Debe ser una de las pocas verdades que el padre de Leo soltaba. - Aunque no tengo donde poner un caballo, y no sería muy útil como transporte a alguien que puede aparecerse... - El chico continuó dándole vueltas mientras soplaba dentro del tazón de chocolate para finalmente atreverse a probarlo y darse cuenta de que no estaba tan caliente. Le sentó bien aquel primer trago. La calidez y la felicidad que trasmitía un simple tazón de chocolate era algo mágico.
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Invitado el Dom Mar 20, 2016 12:45 pm

Leo era como mi hermano pequeño, a pesar de que los gilipollas de Corazón de Bruja sigan diciendo que soy una asaltacunas que siempre va detrás de sus alumnos. Después de lo de Sven, ya casi ni compraba la revista...Creo que mi vida está casi amargada por culpa de eso, pero ya escribiré mis experiencias en mi futuro libro de memorias, que quizás nadie lo compre pero seguro que es una buena experiencia eso de escribir las historias de una loca.

Yo seguía en la cafetería cotilleando con Leo, que le pude sonsacar que estaba empezando a salir con una chica del colegio...Mi instinto maruja de hermana salió a relucir, espero no resultar demasiado descarada. -¿Hogwarts? ¿De qué casa? Como sea de primero te capo, y sabes muy bien que soy capaz de hacerlo. Esto último lo dije en modo susurro al oído para que nadie nos escuchara y se quedaran escandalizados. Sé que Leo no sería capaz de salir con alguien de primero, básicamente porque acabaría de entrar y él hace poco que se graduó, pero a mi me gusta darle algo de emoción al asunto y ver lo que em cuenta tras este pequeño toquecito de advertencia. Tras este paréntesis sobre la vida amorosa de mi ahijado, ambos nos contamos nuestros hobbies, que casualmente a ambos nos gustaba dibujar, y eso me alegraba porque podría ser mas cercana a él. Suspiré feliz y bebí algo de chocolate, hasta que le medio insinué que como auror policía que sería, necesitaba un compañero como los muggles, y él me confesó que le gustaría tener o un perro o incluso un caballo...Aunque tenía su lechuza, pero las lechuzas no sirven como compañeras, si es un halcón como mi Valor pues eso si daría el pego. Lo medité medio segundo y le di mi respuesta, evidentemente yo ya sabía lo que iba a elegir pero le quise dar mi toque de suspense. -Prefiero el perro, es cómodo para tenerlo en un piso y creo que para ser un compañero es ideal. A no ser que te conviertas en un policía montado de esos muggles, que ahí ya te las apañas con el caballo...Pero mi respuesta es un perro, sin pensármelo dos veces. Parecía que le estaba vendiendo la moto, no se notaba que me gustaban los perros. -Ya me darás tu respuesta, pero ya sabes mi opinión...Imagínatelo, como los policías muggles...Vale, ya dejo de mirar a la fantasía. Sonreí y me tomé de un tirón mi taza de chocolate, ya estaba acostumbrada al calorcito que tenía por lo que no me quemé interiormente...Me quedé mirando por la ventana esperando la decisión de Leo, también pendiente de la hora, para que no fuera muy tarde. Ahora todo quedaba en manos de mi acompañante, el seguir o el irnos a otro sitio...Se supone que hoy era él el que elige las cosas, a no ser que quiera entrenar.
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Leonardo Lezzo el Lun Mar 28, 2016 10:51 pm

Las esperadas preguntas de Esther hacia Leo con el asunto amoroso no se hicieron esperar. Además de lo esperado también le llegó una amenaza muy seria por parte de la profesora. Ningún adulto en su sano juicio se pondría a salir con alguien de primero. No es que no haya chicas interesantes en ese curso, tampoco es que Leo conozca a ninguna, simplemente la diferencia de edad es demasiado grande y se nota mucho más en esas edades tan tempranas. Una chica de primero es prácticamente una niña cuando un chico de séptimo ya tiene ideas de adulto. Ideas nada infantiles para con una chica. -No, no es de primero. Está en séptimo ya, es Hufflepuff. - Se apresuró a contestar antes de que Esther hiciera más referencias a cortarle sus atributos masculinos. A la profesora le preocupaba más el trato que el universitario pudiese tener con la chica que el hecho de que tuviese novia. - Se llama Yvette. - Leo no quería tener que contestar más preguntas incómodas, por eso prefirió ir de frente y soltarlo sin más. No importa que ella lo sepa. No importa que nadie lo sepa. No es un secreto. - ¿Qué hay de ti? ¿Tienes pareja? - Preguntó el chico intentando ser de lo más correcto al plantear una pregunta tan personal.

La propuesta que le hizo su mentora fue comprarse algún tipo de mascota que le ayudase a Leo en su día a día como auror. Enseguida pensó en un caballo o un perro. Más que nada porque eran sus dos animales favoritos y en su casa jamás le permitieron tener uno. Después de la muerte de Mael ni siquiera se atrevió a preguntárselo a su madre. Prefería no tener que lidiar con aquello. Ahora tenía su propio apartamento, aunque compartido, y podía disponer de él como más le gustase. -Quizás si debería mirar de comprar un perro. O mejor adoptarlo. No quiero ser un policía raro que monta a caballo. Mejor un perro, como Rex. ¿Te suena? Una serie de televisión. - Preguntó el chico al darse cuenta de que quizás la bruja no conocía la televisión muggle. - Por supuesto que es ficción, pero el perro ayuda en todo tipo de casos. Son animales sumamente obedientes e inteligentes. - Maldijo en voz baja algo ininteligible. - Me has dado ganas de tener un perro. - Le dijo como culpándola.

Esther ya se había terminado el chocolate y Leo hizo lo mismo, ya que la taza se estaba quedando fría. No había dejado de hablar en todo el rato. Algo que no hacía normalmente con su mentora. Podrían quedarse tranquilamente hablando en aquel lugar pero al chico le aburre la quietud, necesita acción. - Han montado una pista de patinaje sobre  hielo en el pueblo. ¿Lo has probado alguna vez? Es divertido. ¿Te apetece que vayamos? - Le propuso a Esther. Leo vio la pista de hielo al pasar y se imaginó patinando aunque nunca lo había hecho. Solían montar ese tipo de actividades en su ciudad pero jamás había estado en una. Su padre fue demasiado estirado como para darle permiso al chico para que se diviertiese de una forma tan sencilla como sana. Mael fue demasiado mal padre como para dejar que Leo se divirtiese, en general.

Esther aceptó ir a la pista de patinaje, así que ambos salieron hacia la plaza en busca de la pista de hielo. Pasaron un buen rato divertido resbalando pero sin llegar a caer. La tarde se els pasó volando y finalmente quedaron en volverse a ver pronto para una de esas clases de defensa personal y magia avanzada que tanto gustaban a ambos y tan necesarias para el chico si quería llegar a ser uror y detener a los mortifagos.
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