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Visita inesperada (Leia)

Invitado el Vie Nov 27, 2015 4:18 pm

Tras pensarlo mucho Scott cogio su chaqueta de cuero y salió con paso firme hacia el Ministerio. Había dejado a las pocas personas con las que tenía contacto de lado y seguramente era algo que no les sorprendía. Suspiró frustrado ya que siempre que volvía pasaba por ese momento embarazoso de miradas de reproche y tonos sarcásticos, pero se lo merecia. No sabia ni que decirle ni que esperaba tampoco yendo hasta allí. ¡Hola! Después de irme por la ventana de tu casa tras un polvo, he vuelto (por cuarta vez). Tampoco acostumbraba a dar explicaciones. No se le daba bien eso de mantener amistades ni relaciones y con es último se refiere a que es capaz de saltar desde un cuarto piso e irse corriendo.

Su intención era ir a ver a Abi pero la última vez ya estaba molesta e irritada con él por desaparecer así que esta última vez lo estaría más... Paro en seco haciendo que algunas personas chocaran con él entre el gentío que iba a sus respectivos departamentos en el Ministerio y entonces miró a su alrededor asegurándose de que nadie le había visto. Ni siquiera se había dado cuenta de que había chocado con alguien. En ese instante solo pensaba que era un idiota por haber ido.

Metió su mano en el bolsillo por si tenía que usar la varita y se giró cuando le pareció ver a Abi pero solo era una chica con un color de pelo parecido. Entonces miró a la chica con la que había chocado y le habló.

- Esto... vaya, no te había visto... ¿Oye sabes como puedo salir de aquí? Evitando a los que trabajan aquí y eso... -
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Invitado el Mar Dic 01, 2015 2:39 pm

En toda mi vida había ido al Ministerio de Magia muy pocas veces, pero últimamente parecía que a mi jefe le encantaba mandarme allí. No me gustar tachar de favoritismos ni de manías a nadie, así que hacía el trabajo que me mandaban sin rechistar. Justo salía del departamento de Criaturas Mágicas cuando un chico chocó conmigo. Bueno, quien dice chico dice hombre hecho y derecho. - Huy, perdón. - me disculpé, cuando al instante él hizo lo mismo. - ¡No te preocupes! Hoy anda todo el mundo despistado. - añadí con mi habitual sonrisa amplia, en el departamento donde pedí información para un artículo la mayoría de los trabajadores parecían todos dormidos. La verdad es que trabajar en el Ministerio debe ser muy aburrido.

- ¡Hala! ¿Te has perdido? - le pregunté al chico, curiosa. - Bueno, es normal, esto es un laberinto. Se sale… igual que has entrado. - añadí, con una pequeña risita. ¡Qué hombre tan despistado! - Yo también me iba ya, si quieres puedes seguirme por una salida muggle. No me gusta utilizar la aparición. - le expliqué, de nuevo con una sonrisa tan amplia que podía verme todos los dientes.
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Invitado el Miér Dic 09, 2015 8:46 pm

Mostró una sonrisa a la chica, la cual le había hecho reír con su comentario. Scott a veces parecía un maldito simio y olvidaba que debe pensar antes de hablar. Le venía de perlas haberse encontrado con una chica tan inocente, de esa manera nadie sospecharía de ella, aunque de él si a juzgar por la manera en que lo miraba un hombre. Se puso al lado de la chica y empezó a caminar rápido mientras la cogía del brazo y la dirigía a donde necesitaba ir.

- Verás no suelo hacer esto, pero necesito un favor. Si, lo sé, es demasiado pronto y ni nos conocemos pero bueno hoy por ti y mañana por mi. Ah y a lo de antes, no podría trabajar en este sitio, me dolería el culo de estar siempre sentado, soy más bien inquieto necesito moverme siempre. ¡Por aquí! -

Scott era un mortífago y trabajaba en Azkaban, eran dos cosas no muy buenas precisamente y de vez en cuando hacía visitas en busca de información, sabiendo que si Abi lo pillaba o cualquier otro mago, se le caería el pelo y ese día estaba cerca de ser pillado. Abrió una puerta al estilo muggle con un alambre y una tarjeta y la cerró detrás suya.

- Vigila y avisa si oyes algo. -

Se acercó a uno de los cajones y lo abrió pudiendo ver así un montón de documentos de Azkaban, los cuales tenía que leer rápidamente y buscar uno en concreto. Sacó su varita y usó Lumos para iluminar aquella estancia, llena de polvo por cierto. Sopló y pasó la mano para quitarlo.

- Te recompensaré por tu favor, no te preocupes, solo necesito unos minutos. -

Dijo ensimismado mientras leía unas hojas y se guardaba otras.
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Invitado el Jue Dic 10, 2015 2:36 pm

Era muy gracioso que el hombre me preguntara cómo salir, debía haber olvidado cómo entró. A lo mejor se cruzó con un desmemorizador y la cosa salió mal, no sé. ¡En el Ministerio pueden pasar tantas cosas raras! Debe ser un sitio curioso para trabajar, pero aburrido a la vez. A mí me gustaba mucho mi trabajo, no era estático y me llevaba a relacionarme con muchísimas personas.

Sin embargo me incomodó que me cogiera del brazo y me dirigiera. Tuve que dejarle hacer porque se veía un chico fuerte, pero me estaba empezando a dar un poco de miedo. - Pe-pero… - balbuceé incrédula, ¿en qué lío me había metido? Seguro que con mi buena voluntad de ayudar me estaba metiendo en un lío. Soy periodista, estas cosas las huelo a kilómetros. - No quiero hacer nada malo. - avisé, nerviosa. Pero aún así me vi arrastrada, el hombre era imponente y fuerte, y la fuerza física nunca ha sido la mío. Podría coger fácilmente la varita de mi bolsillo izquierdo del pantalón, pero no me gusta atacar a la gente. Eso no está bien.

No tuve más remedio que dejarme llevar. Miré fascinada y sorprendida cómo abría una puerta cerrada al estilo 100% muggle: con una tarjeta y algo más que no vi muy bien. Estaba nerviosa e incómoda, pero quizás lo que más me llamó la atención es esa complicación en vez de conjurar un Alohomora. - Va-vale… de acuerdo. - me escuché decir temerosa, asomada en la puerta. El pasillo estaba completamente vacío, parecía ser una parte del Ministerio que no se usaba mucho. - ¿Qué es lo que haces aquí? ¿Qué es lo que buscas? - pregunté sin perder mi tono de nerviosismo, mirando un segundo al desconocido, otro segundo al pasillo. - No quiero recompensas. - contesté con una firmeza que no mostré hasta ese momento. ¿Acaso me veía cara de hacer favores a cambio de dinero o algo parecido? - No me importa ayudar. Me gusta ayudar. Pero solo en cuestiones honradas. - afirmé perdiendo un poco de la firmeza de antes, volviendo a pasar al nerviosismo. Este se acentuó cuando volví a mirar por el pasillo, pero de momento ni se escuchaba ni se veía nada.
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Invitado el Jue Dic 17, 2015 9:00 pm

Scott siempre se metía en líos. Su vida estaba llena de altibajos pero la mayoría de veces solía hacer cosas que sinceramente, no estaban bien. Pero dado su trabajo y que era mortífago así eran las cosas. Miró a la chica que andaba nerviosa en ese momento y entonces negó con la cabeza mientras intentaba parecer amigable. Bueno, todo lo amigable que puede parecer un desconocido que te lleva a rastras a que le hagas un favor.

- Puedes estar tranquila... Mmmm ¿Cómo te llamas? No te voy a hacer daño. Y mi recompensa iba a ser invitarte a una cerveza o bueno, lo que prefieras.. -

Parecía una chica bastante responsable e inocente, todo lo contrario a las chicas con las que había estado Scott. Todas ellas estaban medio locas y de buenas no tenían nada. Pero siempre había pensado que le pegaba mas estar con una chica "mala". Ya que él se consideraba de los malos. Guardó la carpeta y sacó la siguiente mientras se guardaba un par de hojas. Entonces al escuchar su pregunta alzó la mirada y vio lo nerviosa que estaba en ese momento. No. Desde luego que esa chica no era como él, pero en breve acabaría y podría seguir siendo una buena cuidadana.

- Verás si te lo dijera luego tendría que matarte... -bromeó. Miró de nuevo la carpeta pero enseguida volvió a hablar mientras levantaba una mano y seguía hablando- No no, es una forma de hablar. Tengo que conseguir una información y como no tengo contactos aqui dentro y sé que no van a ayudarme por las buenas, he decidido colarme y coger yo mismo lo que necesito. Soy bastante independiente sabes. Además este sitio me parece un coñazo, por lo que así voy más rápido. -

Scott escuchó el ascensor. Dado que era licántropo, tenía el oído mas agudizado y podía escuchar cosas que la chica no podría. El tiempo se le agotaba y aún no tenía todo lo que buscaba. Mantuvo una sonrisa y no avisó a la joven de que venía nadie, aunque ella acabaría sabiéndolo. Como acto reflejo cuando un hombre apareció en la puerta y fue a sacar su varita, Scott le lanzó un confundus dejándolo ko al momento.

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- Oh vaya. Tenemos compañía. Por suerte ya lo tengo todo. -dejó de hablar un segundo- Vienen más. Hay que largarse de aquí. -

Guardó todo los papeles en el interior de su cazadora de cuero y la varita en el bolsillo trasero del pantalón. Scott sentía esa adrenalina que tanto le gustaba cuando hacía algo que estaba mal. Le encantaba sentirla y ahora le gustaba más aún, no sabía bien porque. Empezó a caminar con la chica a su lado y justo al doblar la esquina se toparon con otro mago.

- Cariño, te estoy diciendo que por aquí no está la Red flu. Es que eres cabezota eh... -

El mago siguió su camino y en ese momento Scott la cogio en brazos mientras usaba su don licano para salir cuanto antes de allí. La soltó cuando estaban en la salida y le tendió la mano.

- Gracias por tu ayuda. -dijo mientras le sonreía.
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Invitado el Vie Dic 18, 2015 5:49 pm

Estaba sorprendida y asustada, pero más lo segundo. El hombre era fuerte y aunque no parecía malo, me imponía y me daba miedo. No me quedó otra opción que dejarme llevar y hacer lo que me pedía. Estaba vigilando el pasillo, asustada, mientras escuchaba por detrás al hombre desconocido rebuscar entre papeles y carpetas. - Soy Leia. Si cambias cerveza por risotto de champiñones me gustará más y quizás me lo piense. - contesté, risueña, con una de mis habituales sonrisas. No tan amplia como de costumbre, eso sí, porque estaba todavía asustada.

Quería saber lo que se traía entre manos. Me gusta ayudar a los demás, creo que el mundo sería mucho más bonito si todos fuéramos altruistas y nos preocupáramos por el prójimo. Pero sólo ayudo en asuntos honrados, y la verdad es que el muchacho no daba la impresión de que estuviera haciendo algo bueno… porque si no, no se estaría escondiendo ni me pediría que vigilara, ¿no? Di un respingo cuando me contestó que tendría que matarme, pero al momento siguiente aclaró que era una manera de hablar. - ¿Y por qué no iban a ayudarte? Yo he venido a buscar información para un artículo, trabajo en El Profeta. - conté, con un evidente temblor en la voz y la mirada fija en el pasillo. - Y han sido todos muy amables conmigo. Y no es la primera vez que vengo. Es mejor hacer las cosas por las buenas, te pueden pillar y puedes meterte en líos… no serás de El Quisquilloso, ¿no? - pregunté, volviendo mi cabeza para mirarlo. Mis ojos destilaban verdadera curiosidad. ¿Sería otro periodista que venía a buscar información? ¡Qué felicidad sería encontrarme con un compañero del gremio!

De repente vi como un hombre salía del ascensor, y me moví rápido para meterme por completo en la habitación. - Viene alguien. - le avisé con un susurro, volviendo a sentir cómo me invadía el nerviosismo y el miedo. Si le pillaban yo sería la cómplice y tampoco sabía que información estaba buscando… ¿y si era delicada? El hombre que vi salir del ascensor no tardó en llegar a la habitación dónde estábamos, y menos tardó mi fuerte acompañante en lanzarle un Confundus. Solté un gritito involuntario, que tapé con mis manos. Miré horrorizada el cuerpo del trabajador del ministerio, sabía que no tardaría en ponerse bien, pero… - ¡No está bien atacar a los demás! ¡Eso es malo! ¡Hay que usar el diálogo y el amor frente a la violencia y la guerra! - solté un poco de morros, mirando al hombre que aunque ya no me daba el miedo de minutos atrás, todavía me imponía mucho.

Menos mal que terminó ya de hacer lo que estaba haciendo, y salimos. Estaba deseando salir del Ministerio y no quería cruzarme con nadie, porque me sentía muy culpable por haber sido cómplice de algo malo. ¡Ese pobre hombre al que atacó con la varita…! Nos cruzamos con un trabajador, al que fui incapaz de mirar. Mi acompañante también debía sentirse culpable, porque me habló como queriendo que no levantáramos sospechas. Cuando el trabajador del ministerio se fue, el chico malo me cogió en brazos. En los últimos minutos me pasaron muchas cosas raras, esta era sólo una más de la lista. - No vayas a tocar nada raro. - le avisé, temerosa. No era una amenaza, era una súplica. Y si hay que sumarle más cosas raras a la lista, añadimos que el chico malo corría que daba miedo y llegamos a la salida del Ministerio tan rápido que parecía que habíamos utilizado un traslador. - De-de nada. - contesté, un poco mareada. No sabía si salir corriendo, pedirle el risotto o despedirme tan normal y continuar mi camino. Me daba la impresión de que escogiera la opción que escogiera iba a ser la equivocada. - Corres muy rápido… ¿eres atleta? ¿Cómo los de las Olimpiadas? - le pregunté interesada, mientras hacía tiempo para tomar una decisión. Lo de salir corriendo descartado, me podría coger en un pestañeo. ¿Pedirle el risotto…? Ay, no me gusta eso de que sea una recompensa, aunque tenga hambre.
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