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Cuando las cartas salen del revés [Allie Appelby]

Invitado el Sáb Nov 28, 2015 8:05 am

Entrada la Noche, sábado, primeros de Noviembre.


Tengo tres cartas desplegadas en la mesa, junto al vaso de whisky de fuego on-the-rocks que creo que hace el segundo, ¿o es ya el tercero? A saber. Tengo tres cartas desplegadas y la cuarta danzando entre mis dedos. Es una de mis barajas pequeñas, lo bastante pequeña como para poder llevarla encima, en el bolsillo interior de la chaqueta. Porque uno nunca sabe cuando puede necesitar una respuesta rápida a una duda existencial repentina. Sí. No serían ni una ni dos veces en las que una carta de la Rider-White toma una decisión por mí.

El caso es que hoy están más confusas que yo. O el alcohol ya se ha encargado de aniquilarme las neuronas suficientes como para no comprender lo que me están diciendo, mano a mano, La Emperatriz, el Sol y la Templanza. Al final acabo poniendo la cuarta carta sobre la central, el Sol, y me hace levantar una ceja un poco ebria. “Hoy toca tomarme el pelo o esto de que va?” el problema es que no se en que dirección ha salido de la baraja porque oportunamente he estado mareándola entre mis dedos.

Resoplando recojo las cuatro y las pongo con sus hermanas y mientras le pego otro trago al whisky las barajo con una mano. Habilidad llamativa tanto en una seance como cuando me da por jugar al poker. Con el vaso apoyado en la frente y el alcohol corriendo por las venas vuelvo a poner tres cartas. Y de nuevo salen La Emperatriz, el Sol y la Templanza. En ese mismo maldito orden. Extraigo la cuarta y no se si quiero mirar. Resoplo de nuevo, y medio tiro la carta sobre la central. Boca abajo. Había salido boca abajo. Ugh. Odio lo que pasa cuando Los enamorados salen boca abajo. Siempre acabo dejándome llevar por malas decisiones cuando esa maldita carta, que me debe adorar de todas las veces que la veo, sale boca abajo. “Vas a estropearme la noche, eh?”.
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InvitadoInvitado

Invitado el Lun Nov 30, 2015 9:08 am

Era sábado, así que pasé todo el día en Hogsmeade. Primero porque quería ver a Tommy y Gabrielle, y segundo porque había quedado para almorzar por los alrededores con Andy y Vi. Los peques estaban en primero, así que no podían ir a Hogsmeade (¿he dicho alguna vez lo absurdo que me parece que solo puedan ir los de tercero en adelante?) pero yo tenía mi propia solución. Ni corta ni perezosa me planté al otro lado de las verjas de Hogwarts, y con las rejas entre nosotros pude charlar con mis hermanos. Me contaron un sinfín de tonterías que solo niños de once años pueden contar, seguido de un montón de preguntas sobre por qué había decidido volver a Inglaterra. Para callarles el pico y porque soy una hermana mayor buena gente, les compré un buen lote de dulces en Honeydukes.

El almuerzo fue mejor de lo que me esperaba. Todavía, a pesar de los años, no me acostumbraba a ver a mis dos hermanos casados y con hijos. Vale, entre ellos no tienen relación, pero a mí me da un mal rollo que te cagas. Igualmente me soltaron el rollo que yo ya imaginaba: que por qué te has ido a vivir con Amaya, blablablá, que por qué todavía no has encontrado trabajo, blablablá, que por qué no vuelves a trabajar como auror con lo que te costó superar los exámenes, blablablá, que en Navidad Jared ha hablado de ir a Rusia, blablablá… dejando de lado la estupidez que es ir en Navidad a Rusia (¿no se le ocurrió otro lugar más frío?) me di cuenta de que Andy parecía entenderme mejor. Al fin y al cabo él fue mi hermano mayor, el que me conocía desde hacía más años, y con todo el cariño hacia mi Vi, el más inteligente de los dos. Él paró los pies a Vi cuando hizo el amago de preguntarme por Jean y cuando de nuevo doña Violet Thompson insistió para que volviera a trabajar como auror. O a trabajar, a secas. Debía hacerlo, mis ahorros se estaban evaporando y tampoco podía vivir de la caridad de Amaya, que su sueldo no da para mantener a dos personas ni de coña. Pero ya preguntaría por el Ministerio por alguna vacante. Todavía podría sobrevivir un mes más.

Luego vi a mis pequeños sobrinitos, Mary Jane y Peter. Sé que tanto Andy como Vi son grandes fans de Spiderman, pero lo de ponerles esos nombrecitos era pasarse. Era casi peor que lo de Tommy: Thomas Thompson. En serio, no sé cómo Alex dejó que Jared le pusiera ese nombre a la criatura. Vaya familia de locos.

Entre una cosa y otra se echó encima la hora de cenar y como mis hermanos tenían sus planes, cené sola en un bar-restaurante de la zona. Sí, es triste cenar sola en un bar, pero Amaya tenía hoy una de esas jornadas de trabajo interminables, y para volver al piso y estar sola mejor me quedo por Hogsmeade haciendo el idiota. Después de cenar estuve dando un paseo por el pueblo y acabé entrando en las míticas Tres Escobas. Buenas borracheras me cogía yo cuando iba a Hogwarts en ese local.

Pedí un whisky de fuego y eché un vistazo a todo el local. Para ser sábado noche estaba extrañamente vacío: una pareja en un rincón magreándose, un tío estrafalario con ropa muggle de mujer mirando por la ventana, algún solitario más y un chaval haciendo no sé qué con cartas. Imagino que la auténtica “fiesta” está en Cabeza de Puerco.

Con ya medio whisky de fuego en vena me acerqué al chaval de las cartas. Me senté justo enfrente de él sin pedir permiso ni nada, mirando entre sorprendida y burlona las cartas. Pensaba encontrarme con cartas de póker o algo parecido, no con las del Tarot.

- Vaya, vaya. ¿Lees el futuro? A mí nunca me fue bien en Adivinación. ¿Qué me va a pasar mañana? ¿Me va a atropellar un camión? Eso sería una buena noticia. - farfullé bebiendo otro largo trago de whisky. Nota mental: no beber, Allie. Que no te sienta bien, hija de mi vida.
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