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"Entrenar para convertirse en Jedi no es sencillo, aún si lo logras es una dura vida". [LIBRE y GRUPAL]

Invitado el Lun Nov 30, 2015 11:39 am

Ambientado después de Halloween pero antes de Navidad (y al ser posible antes del secuestro de Rose).
Viernes por la noches. Una hora aproximadamente después de la cena.

El Gran Comedor, bajo un cielo encapotado y tormentoso, había sufrido una remodelación en un tiempo récord. Apenas se habían retirado los platos de la cena, y con la indispensable e inestimable ayuda de los elfos domésticos que trabajaban en la escuela, las grandes mesas que normalmente ocupaban toda la superficie habían sido desplazadas hacía el fondo del salón y apiladas para dejar el mayor espacio libre disponible. También se había retirado la mesa de los profesores de su habitual tarima de madera en uno de los extremos, que la elevaba unos centímetros por encima del resto del salón para permitir a los docentes contemplar sin dificultades hasta a los alumnos que se hubieran dispuesto en los lugares más alejados. Ahora servía de improvisado escenario, de modo que quién fuera que se dirigiera desde allí al auditorio, pudiera ser contemplado y escuchado por todos los presentes.

Durante la cena, dos inusuales figuras a las que habían acomodado junto a los profesores habían captado la atención de los estudiantes. Uno de ellos era un hombre entrado en años, con una abundante cabellera y una larga y espesa barba blanca como la nieve. Algunos, quizá la mayoría, reconocían al Jefe del Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio, bien porque hubieran visto en alguna ocasión su rostro en la prensa, o bien porque tuvieran en su colección de cartas de las ranas de chocolate la número 105, dedicada a su persona. Se trataba de un hombre estrafalario y llamativo, que había pasado toda la velada charlando animadamente, riendo y, a tenor por su lenguaje no verbal, incluso flirteando con alguna de las profesoras. La otra figura, sin embargo, no podía resultar más opuesta. Un hombre maduro, recio y alto, con un aspecto más sombrío y ataviado con un pesado abrigo negro que sin duda había pasado épocas mejores. Apenas había probado bocado o bebido durante la cena, y se había mostrado parco en palabras. Sus ojos, pequeños y oscuros, habían estado recorriendo todo el Gran Comedor, desde el rostro de cada alumno hasta la más mínima grieta en la pared, como si quisiera hacer una radiografía mental de todo el espacio.

A lo largo de toda la semana, en los tablones de anuncios del colegio, habían anunciado la visita de la Oficina de Aurores a la escuela con el objetivo de hacer un encuentro informativo y formativo a los estudiantes. Una especie de campaña para captar futuros miembros entre las nuevas generaciones, motivando el interés por esa noble profesión. La idea había sido, sin lugar a dudas, del jefe entusiasta, pero lo intempestivo del horario había sido culpa de la disponibilidad de su acompañante, Alastor Moody. Penrose consideraba que el más indicado para dirigirse a los chicos, además de él mismo, era el propio formador de aurores, aparte de haberse valido de su amistad personal para proponer la idea al director de la escuela, que no había puesto ninguna pega, más bien al revés, a la hora de organizar el evento. En determinado momento de su carrera, Olinthus también había trabajado como profesor e instructor, y era una parte de su trabajo que seguía satisfaciéndolo lo suficiente para buscar tiempo de donde no tenía para organizar actividades como aquella.

Mientras los alumnos comenzaban a llegar y llenar el Gran Comedor, Penrose parecía impaciente, jugueteando con su elegante bastón y, de vez en cuando, frotándose la mano derecha, desfigurada por las quemaduras que se ocultaban de la vista bajo la ropa, pero se volvían a hacer visibles en el lado derecho del cuello, casi camufladas por el pelo y la barba, que reptaban desde el hombro hasta la oreja. Moody, sin embargo, se mantenía estático un metro por detrás, parado con las piernas ligeramente separadas, una mano sobre la otra encima del vientre y el gesto serio, siempre alerta, siempre tenso, y con la mirada inquieta. Ninguno de los dos dijo nada, y el gran salón empezó poco a poco de llenarse de los murmullos, los cuchicheos y las animadas conversaciones de los jóvenes. El más mayor de los presentes parecía beber de los rostros expectantes y las miradas curiosas, sonriendo amablemente a todo aquel que se cruzaba en su rango visión. Alastor, sin embargo, parecía estar barajando si alguno de aquellos adolescentes hormonados suponía algún tipo de amenaza para su integridad personal o la de su superior.

Off: He escrito el tema en tercera persona, en lugar de en primera (como escribo con este personaje) para hacer las veces de post de ambientación.
Off2: El tema es completamente libre tanto para alumnos como para profesores o personal del Castillo. ¡No os cortéis, cuanto más mejor!
Off3: Yo intentaré escribir cada dos o tres días a modo de moderador, bien con esta cuenta o con la de Moody. En realidad no habrá un orden real de posteo, porque no sé cuánta gente participará y tampoco quiero que el tema se eternice. Solo un poco de sentido común, que tampoco un único personaje postee varias veces al día ni que esperemos dos semanas por un jugador. Como cualquier tema global. Al ser posible, respuestas cortes, para mayor agilidad. ^^
Off4: Como no sé si me voy a encontrar hablando solo como los locos o con veinte alumnos, iré improvisando la dinámica sobre la marcha. ¡Estoy muy loco!


__________________________________
El aspecto de Penrose
El aspecto de Moody
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Danielle J. Maxwell el Mar Dic 01, 2015 4:51 pm

Durante tooooda la semana no paraban de comernos la bola con la reunión que habría de los aurores en Hogwarts. En realidad, yo me apuntaba a todo, por lo que lo más probable es que fuera, pero el hecho de que te lo recordaran cada dos minutos en cada una de las clases a las que iba (cada un minuto si se trataba de encantamientos o defensa contra las artes oscuras), se te hacía cansino y hasta se te quitaban las ganas. Era tan pesados como los profesores muggles hablándote de la PAU en segundo de bachillerato, más o menos.

Sin embargo, yo era una motivada de la vida y aunque no tuviera como sueño a largo plazo convertirme en auror (que me muero, soy muy torpe, quita pa’llí), tenía ganas de saber qué era lo que iban a decir, a hacer y demás cosas. Además, en Hogwarts todo era muy monótono, por lo que tener visita de fuera siempre era divertido y diferente. Me haría pasar por una niña que ama ese oficio y me ahorraría la sinceridad de decir que es un trabajo en dónde las probabilidades de muerte suben el triple que con cualquier otro trabajo y que yo prefería que me golpeasen con bludger mientras cojo una pelota del tamaño de un ferrero rocher.

Llegado el día y la hora, salí de mi sala común brincando como de costumbre. En realidad lo raro era no verme brincando. Fui una de las primeras en llegar, aunque ya había gente en la zona esperando a que todo comenzase. Yo me abrí paso entre todas las personas para coger un lugar perfecto en dónde poder ver a los dos aurores y me quedé sorprendida con el aspecto de ambos al llegar a la primera fila. ¿Ese era un auror o el jacoso de la esquina? Por favor, que alguien le regale una chaqueta para navidades que no parezca sacada del estómago de un kraken. Se nota que no tiene abuela, si tuviera no le dejaría ir así por la vida. Fruncí el ceño y miré al otro; ese tenía más cara de auror, aunque yo le veía más cara de Ministro chachón con el que jugar al quidditch para desestresarse (en vez de al golf). Sin embargo, debía de admitir de que aún con esos prejuicios nada más verlos, tenía más curiosidad por el jacoso. Parecía más… misterioso. En plan Anakin, ¿sabes? El otro era más como Obi Wan Kenobi.

Como era un culo inquieto y estar de pie y quieta no era lo mío, me senté en el suelo en vista que no había sillas y me crucé de piernas a la espera de que todo empezara, apoyando mi cabeza en la palma de mi mano mientras miraba al auror con pintas de jacoso.

OFF: Con ese título no podía faltar <3
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Invitado el Mar Dic 01, 2015 8:27 pm

Como era de esperar como Jefa de Casa que soy, tenía que dar la charla a mis alumnos de Hufflepuf que iban a asistir varios autores a darnos una pequeña demostración tanto teórica como práctica sobre el trabajo de un auror...Básicamente querían mostrarles a los alumnos la parte bonita de la profesión. Pensé que iba a venir Drake, puesto que él es auror y seguro que se ofreció un montón de veces para esto, y así de paso volver al castillo. Yo mientras tanto seguía dándole la charla a mis tejones, que los pobres ya estaban hartos de mí y de los martes que llenaron casi todos los tablones del castillo. Yo básicamente les daba la purga porque sé que muchos de mis tejones dan la talla para ser auror, o algunos todavía no saben que hacer con sus vidas y esa era una oportunidad de aclararles un montón de dudas de cara a sus estudios profesionales. No se notaba que los tejones eran como mis hermanos pequeños, aunque suena un poco estrambótico eso de tener unos cuantos hermanos...Digamos que son adoptados, ya que son de muchas nacionalidades distintas.

¿Cómo profesora tenía que ir? En parte tenía que ir obligada, por eso de ser la jefa de Hufflepuff, y luego también estaba mi parte humana que esa se estaba debatiendo entre la pereza y lo divertido. Lo mío no era eso de los duelos, lo mío era ir en escoba a toda velocidad, pero luego recordé que estaba en la Orden, y para proteger a mis alumnos más vulnerables tenía que aprender tanto atacar a los enemigos, como defenderme de ellos. Valor me miraba mal porque me ponía en mi cama dando vuelvas como una croqueta y gritando "no quiero, no quieroooo" Sí, había veces que mi parte de alumna salía a la luz y eso daba un poco de pereza. Finalmente Valor me dio un picotazo y en toda la cabeza a modo de alarma y eso hizo que parara en seco. -Porque eres mi amigo y quieres lo mejor para mi, y viceversa...Porque si no, te arrancaba las plumas. Lo miré con una mirada asesina mientras me acariciaba la cabeza donde me había dado el picotazo, y si, a veces estoy media loca y hablo con mi halcón.

Me vestí con ropa cómoda y me encaminé hacia el gran comedor, muchos alumnos ya estaban allí y me saludaban mientras me veían entrar. Los tenores no se creían que iba a asistir, si es que tengo que dar ejemplo y en ocasiones como esta, es primordial. Tras hacerme hueco vi a Danny sentada en el suelo, me quedé de pie a su lado mirando atentamente a los aurores, al final Drake no estaba...Que desilusión me había dado. -Vaya Danny, no imaginé que vendrías. ¿Vas a ser aurora? Pregunté con curiosidad sin moverme de i posición, no podía sentarme en el suelo, tenía que guardar una compostura, que para eso soy una persona adulta.


Off: Aquí una adulta dando ejemplo xD
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Invitado el Vie Dic 04, 2015 7:00 pm

El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras estaba muy emocionado desde que le habían anunciado la reunión que tendría lugar unos días más tarde con motivo de concienciar y preparar a los alumnos que pretendieran convertirse en futuros aurores, o de convencerlos para que así fuera.

Aquella honorable profesión había obsesionado a William desde el tercer año de su aprendizaje en Hogwarts. Durante cuatro años había estado soñando casi diariamente con el día en que comenzara a formar parte de aquel grandioso cuerpo de magos que se dedicaban a luchar contra los magos tenebrosos. Para él eran como sus héroes, sus referentes en la vida. Sin embargo aquella obsesión no es que mermara con el paso de los años, sino que de alguna forma salieron a relucir otros intereses que finalmente acabaron por llamar más su atención, aunque siempre guardó aquella especial admiración por los aurores.

Fue por ello y porque desde el comienzo del nuevo curso era el Jefe de la casa de Gryffindor por lo que no tuvo ninguna duda en acudir  a aquella pequeña charla. Así fue como aquel día se levantó con más ganas de las habituales, dispuesto a tener un buen día. Cogió del armario uno de sus abrigos más elegantes (ya que últimamente dentro del Castillo hacía un frío bastante desconcertante) y tras comer un par de bollos de Bath que había comprado el fin de semana salió de la estancia con paso decidido, en dirección al Gran Comedor. Aún era temprano, pero en aquella ocasión prefirió llegar con tiempo.

Se internó en aquella amplia sala, donde pudo divisar a unos pocos alumnos conocidos. Esperaba de veras que vinieran algunos leones dispuestos a aprender, puesto que estaba seguro de que aquella ponencia podía resultar muy útil para muchos de ellos. Se acercó sin timidez hacia donde estaban Danny Maxwell y la profesora de vuelo, Esther, con el único objetivo de saludarlas, sobretodo por cortesía, además de por alguna razón destacaban entre la multitud. - Buenos días, chicas. Me alegra verte por aquí, Danny. - Dijo con un tono de voz afable y simpático, para luego alzar la mirada hacia la tarima, donde normalmente podía divisarse al director de Hogwarts presidiendo la estancia.

No obstante en aquella ocasión no era Albus Dumbledore el que se encontraba allí, sino ni más ni menos que el Jefe del Departamento de Aurores, Olinthus Penrose. A William se le puso la carne de gallina nada más verlo. Conocía perfectamente a aquel hombre, aunque él ni siquiera conociera su nombre, puesto que había conseguido todo tipo de hazañas en los años que llevaba en aquel importante puesto. O’Connor le admiraba, sin duda, y no pudo evitar sentir la necesidad de acercarse y presentarse. ¡Una oportunidad como aquella no se presentaba todos los días! A pesar de que había trabajo durante varios años en el Ministerio nunca había tenido la fortuna de coincidir con él. - Os dejo un momento. - Se disculpó, para luego encaminarse hacia el fondo de la sala.

- Soy William O’Connor, profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. - Se presentó con aire decidido, aunque en el fondo estaba incluso algo nervioso, como una jovenzuela que acabara de conocer a su ídolo. En realidad también era el Jefe de la Casa de Gryffindor, pero supuso que añadirse él mismo ese título hubiera quedado demasiado pomposo e incñuso arrogante, así que se limitó a dar aquel detalle que aunque insignificante, era importante. El hombre le tendió la mano con la intención de que éste le devolviera el saludo, para luego dar a entender la gran admiración que sentía por su trabajo.
- Es para mí un honor conocerlo. - Añadió, con un tono sincero y educado.

Había muchos rumores respecto al carácter de aquel hombre, pero él esperaba poder entablar una agradable conversación con el susodicho, aunque fuera breve, puesto que de un momento a otro comenzaría la reunión. Además de que tampoco quería importunarle demasiado.
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Invitado el Lun Dic 07, 2015 1:54 pm

Llevaba toda la semana esperando por esa reunión. Cuando lo había oído en clase de Pociones, mientras garabateaba distraída en una esquina de su pergamino, de pronto se había vuelto toda oídos. Debería pensar en prestar más atención en esa clase, si quería conseguir llegar a ser auror. Y de eso se trataba todo, por eso estaba tan emocionada con aquella reunión en la que podría ver de primera mano el que, esperaba, sería su trabajo en el futuro.

El día en cuestión apenas había podido estarse quieta y sus amigos, dándola por perdida, la habían dejado a su aire, sabiendo que no podían contar con que algo más que el tema de los aurores rondase por esa cabecita loca. Intentó distraerse con cualquier cosa para hacer tiempo, pero fue imposible, así que cuando llegó al Gran Comedor apenas había llegado gente. Lo primero que hizo fue fijarse en lo cambiado que estaba aquello, si no supiese que no había estancia más amplia en el castillo, y no hubiese ya gente reunida allí, incluso habría pensado que se había confundido.

Avanzó con seguridad hasta situarse cerca de ese par de aurores, fijándose sobre todo en el más joven, que más que un protector de la justicia parecía un personaje sacado de una de las pelis de zombies que tanto gustaban a Alice. No pudo evitar que una sonrisa divertida acudiera a sus labios antes de saludar con una cabezada a los que ya se encontraban allí, esperando que empezase eso por lo que había esperado tanto.
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Invitado el Miér Dic 09, 2015 3:09 am

Había visto a los dos hombres durante la cena y por supuesto que más de alguno se había preguntado en voz alta quienes eran aquellos. Unos les conocían y otros no, pero para el final de la cena ya prácticamente toda la mesa de Gryffindor conocía sus nombres y hazañas, por lo que Sirius y otro par de leones se divirtió viendo más de alguna cara de incomodidad entre las serpientes. No es que Slytherin fuese precisamente una casa de magos tenebrosos, pero muchos de sus estudiantes habían tenido algún tipo de relación con ellos, él mismo tenía ahí un hermano extremadamente purista y afanado por las artes oscuras en donde dos aurores no eran precisamente amigos con quien compartir una cena.

Sirius, por su lado, se preguntó si ahora comenzarían a ver aurores de forma permanente al interior del Castillo, con tantas desapariciones fuera de Hogwarts, era algo que se veía venir en un momento u otro. Sin embargo, los anuncios que habían estado puestos durante esa semana sugerían que simplemente sería un evento informativo, pero Sirius dudaba de ello; para información tenían las entrevistas personales antes de elegir sus TIMOs, así que imaginaba debía haber algo más y pronto descubriría el qué.

Se presentó nuevamente en el Gran Comedor, luego de haberse lavado los dientes y sacado el uniforme, pues ya no eran horas de clase. No obstante, sabía y esperaba que la mayoría de sus compañeros no se molestarían en cambiarse de ropa para dicha reunión, pero Sirius esperaba un poco más de acción que en una simple clase.

Se acercó a los aurores para observarles más detenidamente, ambos eran famosos en el mundo mágico, pero jamás les había visto en persona. Uno de ellos no era más alto que él, pero poseía una mirada mucho más experimentada y minuciosa, mientras que el otro parecía querer dar el aspecto de relajado, pero a Sirius le parecía más que deseaba quererlo todo bajo control. Fue en medio de su análisis que el Jefe de la Casa de Gryffindor se acercó a uno de ellos para presentarse cual fan conoce por fin a su ídolo, lo que hizo a Sirius sonreír.

—¿Veremos un duelo de verdad? —preguntó a ambos magos (Olinthus y William) —¡Vaya! ¡Qué ilusión me hace ver como nuestro bien capacitado Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras es capaz de petarle el culo a un Auror! Sin ofender, por supuesto.

Sonrió de manera angelical, como si no supiera que pretendía alentar al Auror a desafiar a duelo a su Profesor y verle tragar polvo, pero vamos… le estaba haciendo un favor, después de todo, así es como se aprendía más de Defensa ¿no?
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Invitado el Lun Dic 14, 2015 9:24 pm

Había tres cosas que pasaban por la mente de James Potter desde que era un niño: el mismo, Quidditch, Aurores. Tenía 16 años, pero mantenía claro que iba a hacer de su vida algo grande, una leyenda que se escucharía por generaciones, ingenuamente el animago creía que su fama residiría en ser un jugador profesional de Quidditch con cientos de victorias a su espalda o en el puesto de jefe del Departamento de Seguridad Mágica, el futuro lo haría salir de su error sin embargo para la joven mente del Cazador hasta ahora todo lucía prometedor.

No había duda de que asistiría a ver a quienes enviarían de la Oficina de Aurores, había estado esperando el día con unas ansias poco ocultas y los recordatorios durante cada clase solo lo hacía preguntarse ¿por qué se demoraba tanto en ser viernes? Se sentó con los leones en una cena con todos soltando preguntas, el Gryffindor reveló un poco de sus muchos conocimientos sobre los hombres que estaban allí, puede que aún no los clasificara como sus ídolos pero reconoció al cassanova Penrose   y Moody, quienes relucían en el Gran Comedor por la contrariedad en sus actitudes e incluso en su vestimenta. A James todo eso le parecía divertido.

No se molestó en cambiarse a otra ropa, dejo la mayoría de su uniforme en su cuarto, permaneciendo con la camisa y pantalones, con la inseparable varita. De alguna forma se las arregló para perder el tiempo hasta que llegó la hora indicada, se pavoneó en su camino hasta llegar de nuevo a un Gran Comedor completamente cambiado. Lo primero que vio fue la sombra del jefe de Departamento de Seguridad Mágica, Alastor Moddy parecía el tipo de verdugos que no querías encontrarte en el camino, James determinó que le agradaba. Luego vio a un oji-gris intentando hacer que su Jefe de Casa muriera, no es que no le agradara Willi pero que una batalla con Penrose sonaba interesante, se acercó a Canuto y asintió a sus palabras

-Vengan, disculpen a mi amigo, él solo se cayó muchas veces de la escoba – sonrío a su mejor amigo y se encogió de hombros a los adultos – Aunque no suena muy loco. Exalumno de Slytherin contra el Jefe de la Casa de Gryffindor, eso sí que sería educativo y todo un espectáculo. Yo me sentiría muy motivado de entrar a los Aurores luego de haber visto algo así, ¿Tú no te sentirías motivado, Canuto? Porque seguro que un montón de estudiantes sí-  dio la mejor de sus miradas inocentes, acomodando las gafas en el puente de su nariz, de repente la reunión parecía ser mucho más interesante.
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Invitado el Mar Dic 15, 2015 2:53 pm

Apenas y había terminado de hablar en su intento de entregar a su Jefe de Casa como presa de ritual de sacrificio para una demostración de hechizos de ataque cuando por el rabillo del ojo vio a un rostro sumamente familiar acercarse a esos, por lo que no dudó en mirarle de frente, especialmente cuando escuchó su saludo tan característico del propio Potter.

Sonrió divertido, aún cuando tuvo ganas de lanzarle una bludger por la cabeza, pues a final de cuentas siempre era más entretenido el seguirse la corriente y, al parecer, su mismo amigo también había acabado notándolo al cambiar de parecer, lo cual hizo que Black sonriera satisfecho y entrelazara sus brazos por delante de su pecho, en plan “challenge accepted”.

—Por supuesto que me sentiría motivado. Aquí los profesores no hacen más que mostrar teoría mas un poco de práctica baja en riesgo. Jamás hemos visto un duelo de verdad, con sangre saliendo de la nariz de los magos, tal y como debería ser en la vida real. Ver esto, darnos la esperanza de que realmente seremos capaces de hacer aquello, que incluso nuestro pobre profesor de Defensa podría hacerlo, sería… —se interrumpió a sí mismo para mover la cabeza de arriba abajo con esa mirada que parece estar al borde de la emoción y las lágrimas —sumamente inspirador… Llegaría a dar mi vida por el cuerpo de Aurores —acabó llevándose una de las manos al pecho.

¡Joder! ¿Qué estarían haciendo Remus y Peter como para estarse perdiendo de ello?

P.S: Perdón lo corto de este post, pero no podía hacer mucho más siendo que recién había posteado XD
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Invitado el Sáb Ene 09, 2016 12:43 pm

No pasó mucho tiempo hasta que Moody comenzó a reconocer rostros entre los asistentes. La mayoría de ellos eran miembros de la Orden del Fénix, algo que, desde luego, no le podía comentar a su superior. Algunos no habían coincidido nunca con él, pero eso no impedía que él supiera sus nombres. Dumbledore era consciente de lo paranoico que podía llegar a ser su amigo, y era preferible, desde luego, comentarle las nuevas incorporaciones a arriesgarse a que las descubriera por si solo y le asaltasen ideas extrañas a la cabeza, como que podían ser espías o algo así. La profesora Fenixheart fue la primera en aparecer y recibir un discreto gesto de reconocimiento por parte del taciturno auror, que inclinó delicadamente la cabeza. Moody estaba orgulloso de aquella profesora. Mujer, Hufflepuff, joven. Los prejuicios, desde luego, no funcionaban con ella.

El siguiente fue William O'connor. Todo lo contrario que la profesora Fenixheart era demasiado evidente que aquel hombre iba estar allí en primera fila. Era un león, profesor de Defensa contra las Artes Oscuras y jefe de la casa escarlata. Tenía el perfil de justiciero mágico, de héroe. Pero no por ellos desmerecía a ojos del auror. De hecho, se inclinó sobre el hombro de Penrose para decirle unas palabras al oído. Los ojos claros del jefe del Departamento de Seguridad Mágica recorrieron la estancia hasta detenerse por unos segundos sobre William y asintió ligeramente. Para cuando el joven y entusiasta profesor llegó a la altura de los dos aurores, Olinthus le saludó con una sonrisa radiante, un firme apretón de manos y, además, le colocó la otra mano en el hombro, apretando ligeramente en un gesto de complicidad. – Y jefe de la honorable casa de Gryffindor, según tengo entendido. – Añadió el veterano mago, con una sonrisa. – Lo que es un honor es encontrar a jóvenes como ustedes. – Dijo en referencia a William y señalando con la cabeza a Esther. – Es una labor importante la que hacéis siendo el apoyo, el sostén y la guía de las nuevas generaciones.

La conversación fue breve y enseguida fueron interrumpidos por otras dos figuras a las que, sin duda, su fama les precedía. Potter y Black. La historia del segundo, dada su genealogía familiar, era todavía mucho más evidente. ¿Sabrían ambos ya que Moody tenía la intención de apadrinarlos personalmente? El más joven de los dos aurores no pudo evitar dejar escapar una risotada oscura ante los ingeniosos comentarios de aquel par de dos. Penrose, sin embargo, hacía por no reírse, aunque era evidente que también le resultaba divertido el descaro de aquellos dos alumnos. El comentario de James, sin embargo, hizo a Penrose fruncir levemente el ceño, mesándose la barba. No era un secreto que él había pertenecido a la casa de la serpiente. Cualquiera que tuviera su cromo poseería esa información, pero el comentario escondía algo más. – Pasan los años y la eterna rivalidad entre Slytherin y Gryffindor sigue igual, por lo que veo. – Chasquea la lengua y mira a Moody. – Alastor. ¿A qué casa fuiste tú? – El auror se encoge de hombros y sonríe de forma enigmática, sin responder. – ¿Lo entiendes, muchacho?

Los ojos de Moody se habían apartado del estrafalario grupo para fijarse en dos chicas entre los presentes. Alice y Danny. No las conocía, pero siempre le resultaba agradable ver mujeres interesadas en convertirse en auror. Ni Alastor ni Penrose dudaban que estuvieran tan capacitadas como cualquier hombre para ejercer aquella labor, incluso más. Las mujeres solían ser menos impulsivas que los hombres, y eso siempre era una ventaja. Además de que solían tener la capacidad de prestar atención a más cosas al mismo tiempo. El auror buscó la mirada de su superior y le hizo un significativo gesto con la cabeza, a lo que el jefe de aurores respondió apoyando una mano en cada uno de los hombros de los merodeadores. – ¿No queríais presenciar duelos de verdad? Pues quedaos aquí. Poneos al lado de Alastor.

Mientras los dos chicos obedecían, Penrose tomó la posición dominante de la escena, para dirigirse a los presentes. – Buenas noches, alumnos, profesores y demás personal de la escuela. Os agradecemos que hayáis tenido la paciencia de esperar hasta horas tan intempestivas para acudir a esta reunión. Me presento. Soy Olinthus Penrose, jefe del Departamento de Seguridad Mágica en el Ministerio. Y mi compañero es el mentor y auror Alastor Moody, con el que aquellos de vosotros que acaban por seguir esta senda, tendrán el placer de formarse. – Moody hizo un parco gesto con la cabeza, pero seguía manteniendo la figura estática, con las piernas ligeramente separadas y en posición defensiva. – Como sé que no esperáis presenciar una clase teórica, que para eso ya tenéis al profesor de Historia. – Olinthus hizo una pausa que se llenó de las risitas de los alumnos. – Y que estáis deseando ver un duelo, vamos empezar por el final. – Alargó la mano en dirección a Danny y a Alice. – Señoritas, por favor, si sois tan amables. Estoy convencido de que toda la escuela estará deseando ver como dos chicas tan guapas hacen morder el polvo a estos dos jovencitos descarados. – Señaló con la cabeza a James y Sirius. – Colocaos una enfrente de cada uno de ellos. Ocupad todo el espacio disponible en la tarima. aseguraos de que no os vayan a estorbar los otros dos duelistas.

Off: Peeeeeeerdón perdón perdón. Entre los problemas familiares, las fiestas y el estudio, he estado ausente. Pero he vuelto con las pilas recargadas, no tardaré tanto la próxima vez.
Off2: Duelistas, tirad ya los dados para la iniciativa, y eso que llevamos adelantado. Doy por hecho que las dos subís, pero si antes d eque actualice la próxima vez (el lunes o el martes) no ha posteado alguna de las dos o no quieren subir, las sustituye Moody.
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Invitado el Mar Ene 12, 2016 12:12 am

Sirius estaba realmente entusiasmado con la idea de enfrascar a su jefe de casa en una verdadera pelea con aurores. Vamos ¿a quién no le divertiría ver como otros masacran a uno de los culpables de tanta tortura escolar sin llegar a matarle, ni provocarle más cosas que una visita a la enfermería no pudiese reparar? Sin embargo, cuando el mayor de los aurores abrió por fin la boca para responder, no pudo evitar desilusionarse al ver que sólo iba a tocar el tema de las rivalidades entre casas. Pero si algo le pareció divertido e intrigante, fue la respuesta recibida por parte del otro auror, quien sólo se limitó a sonreír, algo que no dejaba nada claro como para que el otro más encima preguntara si le entendían.

—Je.

Sonrió Sirius, de manera irónica, imitando malamente la sonrisa del mas joven para luego mirar al mayor de ellos ¿Entendía? ¡Por supuesto que no! ¿Qué demonios podía interpretar a través de una simple sonrisa enigmática? ¡Muchas cosas! Esa era la verdad, tantas que entre todas ellas no había ninguna aclaración y, como si fuera poco, luego esos dos se dedicaban a intercambiar miradas y movimientos de cabeza que le dejaban aún más confuso, por lo que no supo ni siquiera que responder cuando el Jefe de los Aurores les preguntó si querían presenciar duelos de verdad, pero aún así obedeció y se ubicó al lado de Alastor Moody.

Observó al auror a su costado con ojos curiosos, seguía provocándole mayor respeto y curiosidad que el mayor de ellos. Sin embargo, tuvo que volver a centrar su atención en Penrose cuando éste comenzó a dirigirse al público, dejándole tanto a James como él del otro lado de la línea de espectadores.

—Tengo un mal presentimiento sobre esto.

Murmuró como si hablara consigo mismo y no se movió sino hasta que Olinthus presentó a su compañero y todos miraron en dirección de ellos, por lo que no pudo evitar sonreír y agitar su mano como si estuviese realizando el saludo de una de las participantes de un concurso de belleza.

Y de pronto, como si ya lo estuviese esperando, vio como Penrose llamaba a la tarima a Danny Maxwell y Alice Castairs, diciendo que ambas se enfrentarían a James y él mismo, por lo que Sirius rodó sus ojos grises.

—Tenía que decirlo —masculló regañándose a sí mismo.

Observó a las muchachas con cierto recelo, no por ellas, sino porque en verdad las conocía a ambas y ambas le caían lo suficientemente bien como para alguna vez llegar a imaginarse lanzándole maldiciones a alguna de ellas. Honestamente, prefería lanzarle maldiciones a James, al menos con él tenía la suficiente confianza como para mandarle a la enfermería y al minuto siguiente seguir tan de amigos, pero con Danny y Alice… no podía decir lo mismo.

—¿En serio nos va a hacer maldecir a nuestra amigas? —preguntó mirando a Penrose —No quiero ser machista, pero… son chicas —agregó con expresión de circunstancias —. Prefiero dejar que Snivellus me pete el culo antes de hechizar a alguna de ellas ¿Por qué no peleo mejor con James… o con nuestro queridísimo Jefe de Casa?

Sonrió con un repentino aire malévolo y travieso en su mirada, mientras sus ojos se desviaron directamente sobre los hombros del profesor, y es que nadie podía negar que uno de los sueños de cualquier estudiante, sería hacerle tragar polvo a su profesor jefe, ya que aún cuando dudaba ganar ese batalla, siempre guardaba un atisbo de esperanza.


Off: Edito para lanzar dado de iniciativa por si acaso, PERO si sigue siendo alguna de las chicas las que le atacan, Sirius no se defiende.


Última edición por Sirius O. Black el Mar Ene 12, 2016 12:13 am, editado 1 vez
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Maestro de Dados el Mar Ene 12, 2016 12:12 am

El miembro 'Sirius O. Black' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados

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Danielle J. Maxwell el Mar Ene 12, 2016 1:31 am

¿Yo, aurora? ¡Par faváh! ¿Estamos locos? Claro que no, claro que no. Como si Esther no me conociera. La miré con cara de: "¿Tan pronto con Alzheimer?". Si ella mejor que nadie sabía que quería ser jugadora de Quidditch profesional y había visto lo inútil que era con los encantamientos y hechizos. Por lógica aplastante, era totalmente imposible que yo optase a intentar, siquiera, plantearme el hecho de ser auror. Pero vamos, ni aunque quisiera, la nota seguro que no me daba ni de coña. ¿Por qué estaba allí? Bueno, aburrimiento y porque estas visitas siempre vienen con regalo. Supongo que vendrán con un regalo, ¿no? Además, no voy a mentir, me enteré una vez había llegado de que solo debían de asistir gente interesadas en convertirse en auror.

Claro que no, profe —le contesté con bastante simpleza. Era profesora, seguramente estaría demasiado ocupada con trabajos, exámenes y demás como para acordarse de los sueños de todos sus alumnos—Voy a ser la mejor buscadora profesional del mundo mundial. Ofende la duda, ¿eh? —curvé una sonrisilla desde allí abajo, ya que estaba sentada en el suelo.

Luego apareció el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, posiblemente el segundo profesor que mejor me caía, ya que la primera era Esther. Me saludó amistosamente con esa cara super monosa que siempre tenía y yo sonreí de igual manera.

Hola profe —le saludé, para luego mirar a la tarima y seguir con la mirada la mirada de mi profesor, viendo como Sirius estaba al lado de los dos grandes invitados haciéndoles una pregunta de lo más divertida.

La verdad es que sería muy épico ver al profesor de Defensa contra las Artes Oscuras dándole una lección a un auror —o viceversa—. Luego llegó James y la manera de "salvar" a Sirius de los dos invitados fue cuánto más graciosa. Yo reí, aunque no estuviera metida en la conversación y me puse de pie para sacudirme la falda por la parte trasera, quedándome al lado de mi jefa de casa. En mi rostro no se pudo ensanchar más la sonrisa cuando el hombre de la barba blanca me señaló a mí y a otra chica para que subiéramos a duerlanos con James y Sirius. Mi sonrisa era de lo más traviesa y subí hacia encima de tarima con varios saltitos de lo más pequeños y emotivos, a la vez que me frotaba las manos cual mosca malvada.

Una vez arriba me agaché y cogí la varita de mi media, en dónde siempre la llevaba. Luego miré a Sirius al escuchar lo que estaba diciendo. ¡Será... cobarde!

¡No me seas cobarde, Sirius Black, que eres un Gryffindor! —le dije con el ceño fruncido, poniéndome en frente de él, ya que prefería "machacarle" el trasero a él y no a James, pues había más confianza y me había molestado lo que había dicho—¿Y qué si soy una chica? ¿Si te enfrentas a una chica que quiere matarte no le atacas porque es una chica? ¡Anda, no me seas aburrido! —le dije con un claro gesto indignado—Saca tu varita y enséñame que puedes conmigo, venga.

Yo ADORABA duelarme. Es decir, me encantaba venir a este tipo de cosas o reuniones que hacía el profesor de DCAO porque normalmente aprendías un montón duelándote amistosamente con otra persona. Lo que no me gusta es duelarme en contra de mi voluntad en algún recóndito hueco de Hogwarts con algún Slytherin que va a hacer daño. No, eso no. Pero esto era una manera de aprender y me tocaba la moral que un chico no quisiera pelear por el simple hecho de que su contrincante fuera una chica.
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Danielle J. Maxwell el Mar Ene 12, 2016 1:52 am

Sirius me había tocado la moral, esa moral que no debe de tocarse en una mujer porque si no se vuelve loca. Ya se lo había dicho a Remus en verano, que las mujeres están muy locas y ese tipo de cosas no había que decirlas. ¿Tan amigos eran que no hablan del comportamiento irracional de las mujeres? Yo me consideraba una mujer buena, sensata, racional... pero joder, ¡que no me vengas ahora diciendo que no ataca a una chica porque es una chica! ¿Pero qué le pasa a este hombre?

Miré entonces a los dos invitados, es decir a Olinthus —que menudo nombre más HORRENDO— y a Alastor, como buscando la mirada el "pistoletazo" de salida en el que pudiera empezar el duelo. No sé quién de los dos me hizo la señal, o si por mi entusiasmo vi señales en dónde no las había, pero yo alcé la varita contra Sirius, dispuesta a forzarle a que se defendiera de mí.

Es que vamos, me iba a molestar más que no se defendiera de mí a que lo hiciera y me ganara. Era como un insulto hacia mí. No sé, ¿estoy loca por pensar todo esto? ¿No, verdad? ¿Es lo lógico, no? Me estaba subestimando, lo lógico es indignarse. Y yo estaba indignada. Bien. Soy lógica.

Entonces, con la varita ya en alto, hice un ruleta de la suerte entre los hechizos no dolorosos que pasaban por mi mente en ese momento y miré directamente a Sirius. Era el momento de demostrar mi valía y más le valía a Sirius que me dejase demostrarla con honor.

¡Confundus! —conjuré hacia Sirius. Más le valía defenderse o le iba a hacer bullying como le dejase medio tonto. Pero con amor, claro. Me caía demasiado bien como para pensar siquiera hacerle alguna maldad seria.

OFF: Pues ataco a Sirius porque gano iniciativa. Defiéndete, bribón.
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