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Gods and monsters [Stella Moon]

Invitado el Miér Dic 02, 2015 8:27 pm


El invierno casi había llegado a Inglaterra y con él la navidad se me echaba encima irremediablemente. No soy persona de celebraciones, pero la navidad requiere un esfuerzo para mi que no siempre me apetece hacer. La época más falsa del año puede llegar a resultad demasiado hasta para el más embustero y farsante de todos, y a mi, particularmente me dejaba agotado. La ausencia de mi familia no me libraba de compromisos sociales si me encontraba en la ciudad, y era exactamente por eso por lo que prefería irme de vacaciones en estas fechas antes que en verano cuando todo estaba lleno de ansiosos turistas. Lo que no me esperaba es que alguien como Stella reclamase mi atención en estas fechas cuando yo ya estaba dispuesto a alejarme de todo.

Mi relación de amistad con ella cada vez se afianzaba más y, aunque jamás lo reconocería, era algo que me gustaba y en parte me hacía sentir mejor con todo lo que me rodeaba. Jamás reconocería, ni ante mi mismo, que Stella me gustaba como algo más que un simple polvo. Eso no era para mi. Pero ella si que cumplía con todos los requisitos que yo buscaba en una mujer: Era guapa, inteligente, misteriosa, cruel y muy independiente y capaz. Era una mujer poderosa e inalcanzable para muchos lo que la hacia un manjar para mi. Pero jamás saldría de ese sitio de amiga- postre que le tenía reservado, aunque ya pudiera considerarla mi dulce favorito. Por todo eso, me lo pensé dos veces antes de pedir mis vacaciones cuando su carta llegó volando a mi despacho. Consideré que lo mejor que podía hacer era hablar primero con ella y luego reservar mi viaje... Mientras un runrun en la cabeza me decía que me estaba ablandando.

Me presenté en el lugar y hora que decía la nota que me había mandado antes de que ella llegase. Me puse a caminar por aquella calle como un tigre enjaulado mientras un enfado escondido crecía en mi interior. No iba a permitir que ninguna mujer me hablandase, ni aunque fuese una licántropa que me había salvado la vida o una de esas escasas piezas que nunca me canso de tirarme. Escucharía lo que tenía que decirme, fuese lo que fuese tan importante y me largaría de allí con viento fresco.

Respiré profundamente y me apoyé en una pared desabrochándome la americana negra. Tenía que alejarme de esa ciudad y de ella por tiempo. Relajarme, pensar en mi mismo. El frio londinense se coló por entre los huecos entre botón y botón de mi camisa y sentí con placer como esa brisa inesperada contrastaba con la elevada temperatura de mi cuerpo. Yo siempre tenía calor, por eso no me abrigaba especialmente en invierno. Noté una mirada clavada en mi mientras esperaba y al levantar la cabeza vi a una chica rubia embobada mirándome. Era guapa, pero aburrida. Tan insípida como cualquier otra. Puse una sonrisa cautivadora y le guiñé un ojo. Ella se rió como una colegiala dejando ver que mi primera impresión sobre ella no estaba muy desencaminada. Quizás debiese tirarme a esa insulsa para sacarme más de una tontería de la cabeza.
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Stella Moon el Jue Dic 03, 2015 7:10 am

Había escrito a Jason pidiéndole que se encontrase conmigo en un lugar de Londres porque necesitaba pedirle ayuda. No era sólo apoyó lo que yo necesitaba, sino ayuda de verdad. Me había enterado de lo que le había pasado (supuestamente) a Drake en verano gracias a Emily, y ya era Navidad. No es que yo me hubiese olvidado del tema y hubiese pasado de investigar lo que le había pasado a mi hermano... bueno, sí. Más o menos, pero no exactamente. No me había olvidado en absoluto, jamás sería capaz de olvidarme de la noche en la que me había hecho con y pensadero y había visto en él los recuerdos que Emily me había dado y que ella había obtenido gracias a su conexión vampírica con su creadora, el mismo monstruo que había transformado a mi hermano en un vampiro y le había hecho sufrir tanto. Había investigado acerca de las conexiones de los vampiros con sus creadores para asegurarme de que era verdad y no algo que se había inventado Emily por cualquier razón para torturarme, y comprobé que sí que era verdad, por lo que los recuerdos que me había dado eran supuestamente verdaderos, a no ser que Emily hubiese sido engañada. Había sido horrible ver en el pensadero cómo yo estaba sentada en el suelo de un parque de Great Falls, justo a en el borde del barranco junto al bosque desde donde se veían perfectamente las cataratas. A Drake le encantaban esas cataratas, y de pequeños siempre habíamos ido allí a jugar a pesar de que era peligroso. En el recuerdo Drake estaba sentado también y recostado contra mí, casi como si estuviese durmiendo. Y, mientras yo le tenía en brazos, había sacado una estaca de madera y de la había clavado en el pecho, matándole. Eso era todo lo que se veía en el recuerdo, nada más no nada menos, y me había provocado pesadillas durante semanas. No sabía si ese recuerdo era real o no, y si lo era no sabía por qué había hecho eso. No recordaba nada no entendía nada, pero lo que más me chocó fue un pequeño detalle que vi en el recuerdo. Era un detalle ridículo, yo tenía una mecha rosa teñida en el pelo. Sólo había tenido esa mecha durante un periodo muy corto de tiempo hace ya muchos años. Pero eso no tenía ningún sentido... Tenía miles de recuerdos de él, y la última vez que le había visto fue hace unos dos años, cuando volví a Londres... Entendía que me hubiesen borrado la memoria, pero no podían haberme modificado tantos años de recuerdos... ¿o sí?

Había querido investigar, pero se me había ido pasando el tiempo. Siempre pasaba algo que hacía que no me pudiese a investigar como era debido lo que había ocurrido con mi hermano. Era como que una fuerza invisible me estaba obligando constantemente a olvidarme del tema y a no preocuparme. Pero cuanto más tiempo pasaba sin que yo hiciese nada más me atormentaba la duda, y había llegado al punto en el que casi no podía dormir, pero esa fuerza invisible seguía insistiendo en que me olvidase del tema y que no me preocupase, al igual que no me había estado preocupando de la completa falta de comunicación por parte de mi hermano. No sabía nada de él desde que me fui de Estados Unidos, y eso nunca me había extrañado, pero ahora que había visto el recuerdo de Emily no podía evitar pensar que había gato encerrado.

Era precisamente por culpa de esa fuerza que se empeñaba en que yo me olvidase del tema y me hacia ir apartando el tema de Drake y la investigación durante más y más tiempo que le pedí ayuda a Jason. Necesitaba que, si aceptaba a ayudarme, me apoyase y me obligase a no olvidarme del tema. Me sentía como una paranoica estúpida, pero no descartaba la descabellada idea de que estuviese siendo literalmente obligada a olvidarme del tema, como si estuviese bajo los efectos de un Imperio. Si mi teoría era cierta entonces era muy posible que el Imperio me hubiese prevenido de descubrir la verdad antes de que Emily me la contase, y que fuese la razón de que no hubiese intentado establecer contacto con Drake en todo este tiempo. Deseaba con todas mis fuerzas no estar en lo cierto, y que todo esto fuese sólo un producto de mi desquiciada imaginación y que resultase que no había tenido noticias de Drake en casi dos años porque él era un vago desvergonzado que no escribía ni llamaba no visitaba a su hermana. Pero sólo por si acaso tenía que investigar, y no pararía hasta saber la verdad.

Le iba a pedir ayuda a Jason porque desde que le conocía se había convertido en una persona en la que confiaba. Había decidido quedar con Jason en la calle de Londres, lejos de cualquier mago o bruja porque no me fiaba de nadie. Si era cierto que alguien había modificado mis recuerdos no tenía ni idea de quién había sido ni de dónde podía estar ni de por qué lo había hecho. Fuera cual fuese el caso, cuando más lejos de la comunidad mágica estuviese por el momento mejor sería para mi propia tranquilidad.

Cuando llegó la hora a la que me había citado con Jason me puse de camino allí inmediatamente, pues no podía perder ni un solo minuto. No me hallaba muy lejos, y llegué apenas un minuto después de que lo hiciese él. Pude ver el pequeño intercambio de miradas de hubo entre él y la niñata con pinta de palurda que andaba por allí mirándole con la típida mirada “Hufflepuff”. Vamos, con mirada de florecilla mojigata. No la presté atención y caminé con paso firme hacia donde Jason me esperaba apoyado contra la pared. Con esa pose y esas pintas que tenía no era de extrañar que la palurda rubia y más de la mitad de la población femenina que paseaban por allí se pusiesen como tomates al verle. Incluso cuando estaba estresada y angustiada hasta niveles que pocas veces había alcanzado antes, Jason me seguía pareciendo uno de los hombres más increíblemente sexys que había tenido el placer de encontrarme en mi vida. La fuerte pisada de mis tacones anunciaron mi llegada, y le dediqué una sonrisa típica mía, ligera y sensual. Una no puede perder sus encantos en ningún momento, ni cuando está desquiciada, y menos cuando necesita que el hombre al que tiene delante la acompañe literalmente a la otra punta del mundo.

-Hola, Jason- le saludé esbozando todavía la suave sonrisa que había dibujado al verle. Era consciente de que probablemente al haberle pedido que viniese aquí había interrumpido algunos de sus planes debido a las fechas en las que estábamos, fechas en las que todo el mundo tenía algo que hacer, fuese lo que fuese. Por eso pensé que, ya que había venido, al menos se merecía un poquito de atención de la buena por su consideración, además de que mi cuerpo me lo pedía, por lo que me acerqué a él mientras él seguía con la espalda apoyada contra la pared. Le puse una mano en el pecho y acerqué mucho mi cuerpo cubierto en un apretado y corto (me daba igual que fuese invierno) vestido al suyo y le di un beso en la boca. Fue un beso de esos simples que son tan intensos que te dejan sin respiración. Cuando me separé de él le miré con picardía.- Muchísimas gracias por venir.

Con un ligero gesto de la cabeza le indiqué que me acompañase a caminar por la calle en la que nos encontrábamos, para no quedarnos ahí quietos como unos pasmarotes mientras le explicaba a razón por la que le había pedido que se encontrarse conmigo allí tan de repente.

-Lamento haberte escrito tan de repente para que vinieras y no haberte dado ninguna explicación- comencé a decir.- Tengo un problema, uno muy gordo y… y necesito ayuda- no había nada de malo con pedir ayuda. Había gente idiota que pensaba que pedir ayuda era una debilidad, pero saber reconocer cuando uno no era capaz de algo por sí solo era en realidad un símbolo de fortaleza en mi opinión. El orgullo normalmente llevaba a la estupidez y la estupidez lo hacía todo mil veces peor.- Hace meses me dieron unos recuerdos… recuerdos de la muerte de mi hermano- me costó mucho decir aquellas palabras, y tomé aire antes de continuar explicándole la situación.- Ocurrió hace muchos años, por lo que parece, y… y esos recuerdos deberían pertenecerme a mí porque… porque yo estaba allí- dije, omitiendo la parte de “parece que le clavé una puta estaca en el corazón a mi hermano mellizo y no me acuerdo de nada”.- Pero yo no me acuerdo de eso. Es más, la última vez que vi a mi hermano fue hace dos años, de eso me acuerdo perfectamente, pero se supone que ya estaba muerto entonces… Eso es si está muerto de verdad, porque no sé nada. No sé quien tiene la verdad y quién la mentira- dije, y se notó un poco de angustia en mi voz.- Pero la última vez que tuve noticias de él fue cuando me fui, y eso es muy sospechoso. Además, desde que me enseñaron esos recuerdos he querido investigar, pero hay algo que me detiene una y otra vez y empuja este tema al fondo de mi mente. Es como si… como si estuviese siendo obligada a no enterarme de lo que pasa en Washington. Creo que estoy bajo la maldición Imperius- confesé, aunque estaba segura de que sonaba ridículo.- Es por eso por lo que te he llamado. Necesito que alguien me ayude a investigar y, honestamente, en este momento no hay nadie en toda Inglaterra de la que me fíe más que de ti.

Si quería irse y no formar parte de aquella locura lo entendería. Podía intentar hacerlo yo sola, pero estar acompañada podría darme una ventaja. Además, él era Inefable, investigar casos raros es su especialidad.


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Invitado el Mar Dic 08, 2015 8:00 pm

Aquella rubia no era para nada el tipo de mujer que a mi me gustaba. Muchos no llegarían ni a considerarla mujer del todo y eso ya era decir bastante. Sin embargo, tuve la sensación de que nada más verme algo en ella dijo: Quiero que sea mio. Es fascinante ver eso en las mujeres, sobre todo cuando es a ti a quien pide su cuerpo. Rechazarlas en esos momentos era algo muy descortés por parte de un hombre pero también, hacerlo sería un interesante incremento en el orgullo. Mientras ella me miraba, yo era muy consciente de que estaba allí para esperar a alguien de mucha más categoría, que se merecía,con mucho, el privilegio de hacerme perder el tiempo. Pero a esa chiquilla aburrida la veía como el método de fuga perfecto ante unos sentimientos que se estaban haciendo demasiado evidentes y que yo no quería ver. Probablemente ni ahora, ni nunca. Tonteaba con aquella chica rubia cuando el sonido de unos tacones fuertes y lejanos me hizo desviar la mirada de manera instintiva.

Allí estaba ella de nuevo. Como una sombra cuya silueta se recortaba en la poca luz que alumbraba la calle. Diferente a todas y tan lejos del hastio que rodeaba a la que había estado tonteando conmigo como podía estarlo el cielo del infierno. Stella caminaba, como siempre, con paso seguro. Acompañada por ese sonido y esa atmósfera de femme fatale que la caracterizaba, esa aura de criatura peligrosa y bella que pocas mujeres hoy en día aun mantienen. Y entonces la rubia dejó de importarme lo más mínimo, así como mi paranoya o los sentimientos o lo que quiera que fuera aquello. La sonrisa ligera y sensual de Stella encontró su respuesta en mi sonrisa más misteriosa y una mirada penetrante acompañada de un levantamiento de ceja que ya se había convertido en un gesto muy típicamente mio.

Cuando llegó a mi altura y me saludó, no me molesté en responderle, pues su mano apoyada en mi pecho solo era el preliminar de un beso de estos que la mayor parte de gente no llega a experimentar en la totalidad de sus malditas vidas.- Hola preciosa- dije en un susurro, muy cerca de sus labios cuando se separó finalmente de mi. Sonreí a su agradecimiento pensando que aquel encuentro tenía como escusa que alguien quería alojarse entre mis sábanas aquella noche. Pensé que si iba a tener por costumbre quedar conmigo con esos fines podría llegar a acostumbrarme muy rápidamente. Sin embargo, su gesto para que empezásemos a caminar y el cambió en su expresión me hizo ver que tal vez estaba equivocado sobre las intenciones de aquella hermosa mujer.

Caminé a su lado silenciosamente como tengo por costumbre. La miré cuando afirmó necesitar ayuda pues no me imaginaba en que podía ser pero ya me tenía intrigado. No me molesté en interrumpirla ni nada similar, simplemente seguí caminando silenciosamente a su lado mientras las palabras salían de su boca, algunas con más esfuerzo que otras y yo iba poco a poco asimilando lo que me estaba contando. No quería perder detalle. Noté cada nota de angustia y nerviosismo en su voz. Pensé con detenimiento sobre los efectos de la maldición imperius y esa supuesta muerte de la que hablaba y cuando por fin terminó tenía casi más preguntas que respuestas para ella.

- Hace unos meses te dieron unos recuerdos en los que tu hermano fallecía, lo siento mucho- dije con cierto tacto- En teoria, por lo que cuentas, tú deberías estar al tanto, sin embargo, ¿tienes recuerdos de él posteriores a esa fecha? Y hay algo que, según tú, impide que te centres en el tema y piensas que podrías estar bajo la maldición imperius...- resumí en parte pensativo en parte intrigado.- ¿No tienes ni idea de quien podría haberte hechizado de estar en lo cierto?- pregunté con curiosidad. Me quedé pensativo un momento. A cada segundo que pasaba se me ocurrían más y más preguntas y lejos de preocuparme por su era educado hacerlas, quería, a toda cosa, encontrar las respuestas.- En primer lugar, ¿confías en la persona que te dio esos recuerdos? Es más, ¿tienen sentido para ti?- pregunté mientras seguíamos caminando.

Inconscientemente agarré una de sus manos y la pasé por el interior de mi brazo, quedando agarrados de manera que mi brazo era un gancho para el suyo- Debo reconocer que estoy intrigado...aunque necesitaría saber más. ¿Qué es exactamente lo que quieres de mi, que me vaya contigo a Washington a investigar?- pregunté clavando mi mirada en la suya por un momento. En parte me resultaba inverosímil haberme quejado ante mi mismo de lo que me hacía sentir una persona y que momentos después esa misma persona me pidiese que me fuese con ella al otro lado del mundo, si es que ese era el verdadero caso.
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Stella Moon el Sáb Dic 26, 2015 11:36 pm

Le conté a Jason con pelos y señales cuál era el problema que tenía, el problema por el cuál le había citado allí para contarle y que decidiese si me iba a ayudar o no. Yo siempre había sido capaz de hacerlo todo sola, pero este asunto en particular no me encontraba al cien por ciento capaz de resolverlo sola. No solo por la carga emocional que conllevaba, sino porque no era lógico que, siendo un asunto tan urgente como lo era, lo hubiese estado posponiendo de manera tan descuidada como si nada. Eso era lo que me había llamado la atención y lo que me había hecho pensar que tal vez había una maldición Imperius metida en todo el asunto, ya que esas maldiciones servían para hacer que la gente no hiciese cosas por mucho que quisiese hacerlas, que era lo que me estaba pasando a mí con esto.

-Gracias- dije cuando Jason dijo, con bastante más empatía de la que estaba acostumbrada a escuchar en su voz, que lo sentía. Escuché las preguntas que él tenía sobre el tema que le había expuesto, y asentí.- Sí, ese es el problema. He visto cómo moría en esos recuerdos, pero yo tengo recuerdos de él de años posteriores a ese. Supuestamente falleció hace muchos años, pero yo tengo recuerdos de él hasta el día en que me fui de Estados Unidos, que fue hace relativamente poco- más de un año, pero eso era muy poco comparado con el tiempo que se suponía, según Emily, que mi hermano llevaba muerto.

Negué con la cabeza casi con desesperación cuando me preguntó si tenía alguna idea de quién podía estar detrás de todo esto, si es que era verdad que esos recuerdos eran verdaderos y mi hermano Drake no estaba vivo y a salvo como yo pensaba, sino que lo había matado yo. La rabia que sentía era tan intensa que tenía ganas de comenzar a agarrar a los muggles que pasaban a nuestro alrededor en medio de esas calles londinenses y arrancarles las cabezas de cuajo y los corazones con mi mano y apretarlos hasta hacerlos reventar y quedar cubierta en su sangre. Suspiré resignada.- Sí, confío en esa persona… O al menos creo que confío. Es una vampira y, verás… mi hermano es un vampiro- confesé. No era algo que yo considerase una vergüenza, pero como a él no le gustaba que la gente lo supiese yo no solía decirlo, pero en este caso era un dato relevante.- La vampira que me dio los recuerdos era mi amiga en Hogwarts, y ambos fueron convertidos por la misma vampiresa. No sé si sabrás cómo funcionan las conexiones mentales entre los vampiros con sus creadores…

Estaba tensa, pues todo aquel tema me ponía de muy mal humor y me creaba una gran angustia, pero cuando Jason cogió distraídamente mi mano y entrelazó su brazo con el mío me sentí más tranquila. Su postura y personalidad siempre tan segura e imponente era algo que me aliviaba en estos momentos, tal vez por el hecho de que es un buenísimo compañero y se ha convertido en un muy buen amigo mío, y esa calma suya me hacía pensar que podría influenciarme para mantener la mía. Adivinó entonces el motivo por el que le había citado allí para hablarle de mi problema, y asentí mientras le miraba a los ojos.

-En este momento eres literalmente la única persona en la que confío en todo este cochino mundo- confesé.- Los demás mortífagos son mis compañeros, pero aun así existe desconfianza. Mis amigos de la Orden son solo una fachada, y no puedo confiar ni de coña en ellos con un asunto personal, sería un desastre. Pero tú… no desconfío ni un pelo de ti, aunque cualquier persona sensata desconfía de absolutamente todo el mundo- dije mientras continuaba caminando a su lado y hablaba con firmeza.- Necesito ayuda yendo a Estados Unidos, alguien que me obligue a continuar con la investigación en caso de que en verdad haya algo que me lo está impidiendo, para que no la abandone como lo he hecho hasta ahora. Y…- suspiré antes de admitir lo siguiente- necesito apoyo moral. Es mi hermano mellizo. Si es verdad que está muerto y que lo que vi en esos recuerdos pasó de verdad…

Dejé de hablar, pues no quería que la dura imagen que mantenía de mí misma siempre se derrumbase en mil pedazos. Recuperé la compostura, y le sonreí como hacía cada vez que íbamos a ir a una misión, como si esto no fuese nada más que eso.

-Tienes todo el derecho de decir que no vienes, pues no sé qué otros planes tenías- le dejé claro.- Pero si quieres venir a ayudarme tengo un traslador preparado para ir en cualquier momento a Estados Unidos.

Aunque no lo fuese a admitir en la vida, deseaba con todas mis fuerzas que dijese que sí.
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Invitado el Miér Ene 06, 2016 8:41 pm

Ensimismado en mis propios pensamientos jamás habría adivinado el verdadero motivo por el que Stella había decidido llamarme aquel día. La noticia de lo que ocurría me pilló totalmente desprevenido, pero no por eso mi rostro mostró sorpresa o confusión. Abordé la situación que me planteaba como un caso del trabajo más. Eso me ayudaba a distanciarme y ser más objetivo con todo, que quizás era exactamente lo que ella necesitaba. Había salido a su encuentro pensando que tenía que olvidarla y ella me estaba planteando que me fuera con ella a la otra punta del mundo. Y lo cierto es que lo que más me apetecía era irme con ella, lo que cuadraba a la perfección en mis planes de desaparecer de Londres durante las vacaciones.

Escuché todo su problema con atención y, aunque las normas de la educación me decían que no debía hacerle un interrogatorio sobre el tema sino que debía poner cara de circunstancias y proporcionarle desahogo, me vi obligado a preguntarle sobre todos aquellos aspectos de su situación que suscitaban hasta la más mínima duda en mi. Supongo que si no era eso lo que buscaba tampoco habría acudido a mi. Todo aquello se planteaba en mi cerebro como un nuevo puzzle a resolver presentado de la mano de una de esas personas que aun no habían conseguido aburrirme, es más cada día me interesaba más. Por lo que todo tenía un aspecto excitante y misterioso que me llamaba como la luz a una mosca. Tuve la suerte que Stella no parecío tener el más mínimo problema a la hora de contestar a mis preguntas y sus respuestas fluyeron ágiles, tan rápido como mi cerebro podía procesarlas en busca de respuestas e incluso más preguntas. Su hermano había muerto, supuestamente, hacía más tiempo del supuestamente posible, pues según sus recuerdos, ella sabía de él en fechas posteriores a su supuesta muerte. La información sobre todo el tema le había llegado a través de una amiga de Hogwarts que ahora era una vampiresa que compartía relación familiar o el análogo vampiro con el hermano de Stella: Tenían la misma creadora. No soy un gran versado en vampiros pues las criaturas nunca fueron algo que llamase especialmente mi atención, pero tenía ciertas nociones lejos de lo que el cine muggle decía de esta oscura raza.- Tengo entendido que el lazo entre un vampiro y su creador es algo bastante fuerte que algunos consideran irrompible a todas luces...Pero eso no me dice como tu amiga pudo darte esa información. ¿Ella estaba allí viendolo morir? ¿Como puede ella saberlo?- pregunté mirándola en busca de una nueva ronda de respuestas. - ¿De verdad te fias de ella?- pregunté de nuevo pensando que una información mas fiable se obtendría si yo y esa vampiresa tuviesemos un encuentro. Se dice que los vampiros son muy pasionales y sexuales, quizás mis dotes con las mujeres me ayudasen a sacarle información sin recurrir a la tortura, aunque si tenía que hacerlo tampoco sería una gran lástima para mi.

Caminamos mientras conversábamos y llegado cierto punto decidí ir directo al grano y preguntarle si lo que quería de mi era que me fuera con ella a investigar. Lejos de mi atracción hacia la morena, toda aquella situación se me planteaba de lo más intrigante, no podía negarlo. Y estaba profundamente interesado en saber que era lo que la retenía de estudiar la muerte de su hermano, ya que si en efecto se trataba de un imperius, era una maldición extraordinariamente fuerte. Además de que eso nos aseguraba que la persona que la había llevado a cabo seguía con vida y era una fuente nueva de información. Sin embargo, su respuesta a mi directa pregunta fue otro de los elementos de aquel encuentro con el que no contaba. Ella confiaba en mi. Ciegamente, al parecer. Muchas mujeres me habían dicho antes pues mi talento para conquistarlas no era algo que nadie debiese subestimar, y nada más oir aquellas palabras me aburría de ellas pues sabía a ciencia cierta que ya tenía un pase libre a todos sus secretos, misterios y trapos sucios, por lo que la diversión para mi acababa. En el caso de Stella, su confianza ciega solo era una pequeña puerta abierta hacia un nuevo mundo de misterios, dramas y conflictos que me llamaba como un vaso de agua fria tras 40 días en el desierto. Aquella mujer lobo tenía algo que estaba bloqueando todos mis sistemas, y además venía a mi con un misterio nuevo que cada vez tenía más rincones oscuros y que, aunque intentaba no relacionarlo, me tocaba tan de cerca que dolía. Yo más que nadie sabía lo mucho que dolía perder a un hermano. Si realmente habia muerto y ella no lo recordaba, iba a pasar por un infierno. Un infierno mucho peor que por el que pasa un pobre capullo cuando lo torturamos. No hay peor castigo que el propio.

Era mi maldita perdición.

En todo momento Stella había intentado mantener su fachada de siempre. Una mujer dura y dificil de romper. Una femme fatale con la que nadie podía. Pero la belleza está en los detalles y ya la conocía lo suficiente como para saber que nunca la había visto sintiéndose tan confusa y desgraciada. No dije nada respecto a eso, me limité a sonreír cuando me dijo que ya lo tenía todo preparado para irnos. La miré directamente a los ojos, con una ceja levantada y nos paré en medio de la calle. Mis manos liberaron su brazo y subieron hasta colocarse a ambos lados de su cuello.- Pensaba irme de viaje estas navidades. Nunca me ha gustado quedarme aquí- dije mientras acariciaba dulce pero con firmeza sus mejillas con mis pulgares- Y ahora llegas tú y me planteas un misterio internacional...-dije haciendome el pensativo- Nunca he estado en Estados Unidos, este sería un buen momento para cambiar eso- dije como toda afirmación posible.- Sin embargo, aun tengo muchas preguntas. ¿Cuales son los últimos recuerdos que conservas de tu hermano? ¿Son realistas o tienen algo que te escama? Me gustaría encontrar todas las fisuras posibles en tus recuerdos y empezar a deshilar toda esta trama por ahi. Querría hablar con la vampiresa también y sacarle mi propia información, pero quizás sea mejor irse cuanto antes...-dije reflexivo más para mi que para ella, aun sin soltarla.

Acerqué mi rostro al suyo y le di un dulce beso en los labios. Fugaz, de esos que dejan un suspiro en los labios cuando acaban. Miré a ambos lados de la calle cuando me separe de ella y saqué la varita tras soltarla. Un dragón plateado salió de la punta de mi varita tras asegurarme de que nadie nos veía y se fue a decirle a Forman que mis vacaciones empezaban ya. Sabía que podía permitirmelo, no teníamos ningún caso ahora mismo y me las debía.- Te parece si pasamos antes por mi apartamento y recojo un par de cosas?- dije, aunque sea raro, sin ningún tipo de sugerencia sexual escondida.
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Stella Moon el Dom Ene 17, 2016 10:20 pm

¿Podía fiarme de Emily? Esa era la cuestión. Parte de mí lo hacía porque no había ninguna razón por la cual ella tuviese que mentirme de aquella manera tan vil y cruel, y parte de mí no lo hacía porque pensaba que sí que tenía una razón, y esa era hacerme sufrir porque ella era un vampiro y yo era un licántropo y eso la hacía odiarme por naturaleza y había querido hacerme daño de una manera que era peor que el dolor físico. Pero precisamente por las dos cosas, porque me fiaba y porque no a la vez, era por lo que tenia que viajar y buscar la verdad yo misma y comprobarla con mis propios ojos para que no me quedase ni un solo resquicio de duda. Resoplé, hecha un lío.

-Da igual si me fío de ella o no- contesté al final a la pregunta repetida de Jason.- Sea cual era el caso yo tengo que ir y ver a mi hermano con mis propios ojos. A él o… o a su tumba. Si no voy acabaré volviéndome loca pensando en si Emily me estaba mintiendo o si decía la verdad.

Le dije a Jason que sí, que le había citado para pedirle que me acompañase a la otra punta del mundo a descubrir la verdad. Normalmente yo era una persona completamente independiente que no necesitaba ayuda de nadie para nada, pero en este caso sí que necesitaba ayuda y no tenía problema con admitirlo. Hay temas que las personas, sean quien sean, no están preparadas para enfrentar solas, y el posible asesinato de mi hermano llevado a cabo por mí misma en circunstancias que yo desconocía completamente era algo para lo que definitivamente no estaba preparada. Además, siempre era más fácil resolver un misterio en compañía que en soledad, pues la otra persona puede descubrir detalles que tú pasas por alto.

Para mi gran alegría, Jason accedió a acompañarme a Estados Unidos, y yo le sonreí aliviada y agradecida, pues si él si hubiese negado a ir no habría sabido a quien más pedírselo y probablemente habría tenido que ir sola.

-Gracias- dije casi en un suspiro después de escuchar que aceptaba acompañarme, y sentí un agradable calor recorriendo mi cuerpo al sentir el tacto de su piel sobre la mía cuando me sujetó con sus manos. Le miré a los ojos mientras me hacía algunas preguntas más, y puse las manos sobre su pecho mientras las suyas acariciaban mi rostro. Era un gesto un tanto inusual por parte de él, pero al que yo no le ponía ninguna pega.- Lo último que recuerdo de mi hermano es despedirme de él en casa de nuestros padres antes de coger el traslador para volver a Londres hace dos años. Todo es muy normal, estaba igual de pasota que siempre. No tengo ningún recuerdo que me parezca extraño- eso de alguna me reconfortaba, pues normalmente cuando a la gente le modificaban los recuerdos había lagunas por todas partes, pero yo no encontraba cosas entre mis recuerdos que no tuviesen sentido. Además, si era cierto que mis recuerdos estaban modificados, entonces años de mi vida habían sido completamente cambiados. Solo un mago o bruja excepcionalmente experto podría haber hecho eso, y lo habría hecho con mucho esfuerzo y habría tardado su tiempo. Sinceramente, eso era lo que no tenía sentido y me hacía creer que en verdad al final sí que iba a resultar que Emily me había mentido. Aunque en ese momento fruncí el ceño.- Aunque… hay una cosa que sí que es extraña- dije de repente, pues me había dado cuenta de algo a lo que nunca le había dado muchas vueltas en la cabeza, pero que ahora que lo pensaba se me hacía raro.- Me despedí de él en casa de nuestros padres porque vivíamos con ellos, nos volvimos a mudar con ellos un par de años después de que volviésemos a DC, pero antes teníamos nuestra propia casa… Fue todo muy repentino, ni siquiera sé por qué nos fuimos. A mí me gustaba la casa en la que vivía con mi hermano…

Ahora que lo pensaba sí que era raro, porque Drake no quería estar cerca de otros humanos y papá (quien, por cierto, he descubierto recientemente he descubierto que no es nuestro padre sino nuestro tío. Olé a nuestra madre) y mamá eran humanos. Vivía conmigo porque yo era licántropa y podía con él, y por eso ahora se me hacía raro que un día decidiésemos volver a la otra casa. ¿Por qué lo habíamos hecho? Simplemente recuerdo que en aquel momento me pareció una buena idea.

-Sí, claro- asentí cuando me preguntó si podíamos ir a su apartamento primero. El beso que me dio, fugaz y ligero, me dejó una placentera sensación en el cuerpo y mucho más tranquila que antes. Caminamos por la calle hasta que llegamos a una esquina en la que no había absolutamente nadie y allí nos desaparecimos para ir a su apartamento. Había estado en aquel apartamento en un par de ocasiones anteriores, y no para tomar el té precisamente. Sin embargo este día nuestra presencia allí se limitó simplemente que yo le esperase en el salón mientras él recogía las cosas que había ido a buscar. Yo tenía un pequeño bolso que estaba encantado para que cupiese de todo en él y había metido algo de ropa y cosas que necesitaba por si acaso. En cuanto Jason estuvo listo saqué el traslador, una pequeña pelota de béisbol. Los dos lo tocamos y el traslador se activó, y entonces sentimos el característico tirón en el ombligo y nos desvanecimos del apartamento, apareciendo en medio de un pasillo en un edificio frío de paredes blancas y aspecto austero.

Perdí un poco el equilibrio pero yo llegué a caer al suelo cuando el traslador nos hizo aparecer allí, sino que me mantuve en pie al apoyarme con la mano en la pared que tenía al lado.

-¿Estás bien?- le pregunté a Jason. Usar trasladores no era ni de lejos la cosa más cómoda del mundo, pero sí que era más rápido, más seguro, y muchísimo más barato que un avión muggle. Había algunas personas en el lugar donde habíamos aparecido (magos y brujas todos) que nos miraron un segundo con curiosidad, pero luego siguieron cada uno con lo suyo.- Estamos en una de las oficinas del Congreso Mágico de los Estados Unidos. El verdadero Congreso Mágico está en la torre Woolworth de Nueva York.

En Nueva York era donde mi madre tenía que estar la mayor parte del tiempo trabajando, pero también tenía que estar presente muchas veces en estas oficinas que habían sido creadas en principio por la necesidad de tener Aurores y muchísimos profesionales que lidiasen con muggles y políticos y un departamento relaciones mágicas internacionales y cosas por el estilo en la capital de la nación. Había trabajado durante una temporada en este lugar antes de hacer las maletas e irme de vuelta a Londres. No lo echaba de menos.

Caminamos por los pasillos hasta que llegué a la oficina de la secretaria de mi madre. No podía pasar directamente a la oficina de mi madre porque estaba restringido. En este lugar estaban un poco paranoicos con lo de la seguridad. La secretaria se sorprendió muchísimo al verme. Normal, llevaba dos años sin verme y yo no había avisado de que iba a pasarme por aquí.

-¿Señorita Moon?

-Hola Maddie. ¿Está mi madre?

-No, la señora Presidenta está en Nueva York ahora mismo.

No me sorprendía, debido al día y la hora que era. La verdad es que era mejor, pues mi madre era una pesada y quería investigar sin que ella estuviese dándome la lata, ya tendría la oportunidad de verla y hacerla preguntas después de que todo pasase, pero por el momento quería investigar sin que nadie interviniese más que Jason.- ¿Y mi padre?

-El Jefe Supremo está en una reunión en Boston- ¿por qué esta mujer tiene que decir los cargos que ocupan mis padres? Ya sé que mi madre es la Presidenta del Congreso, el equivalente del Ministro de Magia en este país, y que mi padre es el líder del equivalente nacional del Wizengamot británico, no necesitaba que ella me lo recordase. A lo mejor tenía miedo de que si alguien la escuchaba referirse a ellos de otra manera lo considerarían irrespetuoso, vete tú a saber.- ¿Quiere que les avise de que está usted aquí?

-No, no les digas nada…

Me fui de allí, acompañada de Jason. No creía que fuese a descubrir nada en las oficinas del Congreso, pero si no encontrábamos nada durante nuestra estancia en DC podíamos volver para probar suerte. Guié a Jason hacia la entrada de un túnel que conducía hacia la salida. Las oficinas del Congreso Mágico que DC  estaban bajo el National Mall que estaba entre el Capitolio y el Monumento Washington. Los muggles tenían mil teorías acerca de lo que había debajo de ese lugar al que siempre iban a pasear, y muchas de esas teorías trataban sobre búnkers del presidente, y no tenían ni idea de la verdad. Los múltiples hechizos mágicos que lo protegían mantenían alejados hasta a los políticos más poderosos para que no investigasen y lo descubriesen. El túnel nos condujo hasta una salida encantada mágicamente para que los muggles no se diesen cuenta de que estaba allí y de que los magos y brujas cruzaban, y esa salía estaba en uno de los edificios muggles del Congreso. En cuanto salimos sin que nadie se diese cuenta de nuestra presencia nos encontramos en el National Mall, en el corazón de la nación. Había echado de menos aquel lugar, pero no iba a mentir: siempre me había gustado mil veces más Londres, era mi verdadero hogar.

-Me siento muy rara- le confesé entonces a Jason mientras miraba a mi alrededor.- Es una sensación de vacío en mi estómago, como si estuviese haciendo algo que está muy mal. Como si algo me estuviese gritando en mi interior para obligarme a coger el traslador otra vez y marcharme de aquí. Siento que no debo de estar aquí.

Me estaba poniendo enferma resistirme a ese impulso de querer marcharme, pero no pensaba tirar la toalla, y menos ahora.
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Invitado el Mar Ene 26, 2016 10:40 pm

Nuestra persecución de la verdad aun no había comenzado y ya me sentía de lo más vigorizado. Cuantos más datos me daba Stella más preguntas tenía yo y mi instinto de inefable me decía que se nos pondrían muchísimas trabas para llegar al final de todo el asunto que Stella me estaba planteando. Lejos de preocuparme demasiado por tener tacto al respecto del tema, le pregunté a Stella todas las dudas que me surgían siendo la más importante si realmente se fiaba de la persona que le había pasado la información. Eso me resultaba fundamental saberlo aunque aun mejor habría sido poder tratar con la fuente directamente. Por mucho que pudiera llegar a fiarme del juicio de Stella, me fiaba más del mio propio y eso no iba a cambiar. A pesar de todo, y viendo la imposibilidad de cumplir mi deseo de encontrarme con la vampiresa en cuestión, pues si teníamos un cadáver misterioso entre manos no teníamos tiempo que perder, asentí con la cabeza a la respuesta de la morena y me conformé con eso por el momento. No tardé en aceptar irme con ella de viaje a la otra del mundo aunque realmente eso no resultase un gran esfuerzo para mi. Me iba a ir de todas maneras y no se me ocurría mejor manera de pasar mis vacaciones que con un buen misterio que resolver y una mujer hermosa con la que acostarme. Sin embargo, todo aquel tema, me hacía dejar apartada la confusión que recientemente había empezado a sentir respecto a Stella. Ya habría tiempo para esas mierdas más tarde, la acción era lo primero, y cuando el tema de los hermanos entraba en escena yo no podía resistirme. Conocía demasiado bien ese dolor como para desearselo a alguien que no fuese mi enemigo o un verdadero hijo de puta.

Ella me dio las gracias por acompañarla y la respuesta a mis últimas preguntas no tardó en llegar. En un principio, no recordaba nada extraño, pero luego pareció darse cuenta de que sí que había algo extraño en sus recuerdos ¿Por qué habían vuelto a casa de sus padres? Eso no era muy normal. Dos años atrás, Stella era una mujer hecha y derecha, probablemente con un trabajo que le permitiese la independencia o no habría podido irse con su hermano en primer lugar. Conocía sus capacidades actuales y su reputación así que sabía que no era precisamente una novata. No tenía demasiado sentido que hubiese vuelto a vivir con su familia, nadie suele hacerlo a no ser que la situación esté realmente mal y no parecía ser ese el caso. No dije nada al respecto, solo asentí con la cabeza una vez más y le pedí que pasasemos por mi casa para coger un par de cosas antes de irnos.

Minutos después estábamos en mi apartamento. Ella esperó en el salón mientras yo iba al dormitorio y hacía una pequeña maleta metiendo todo lo necesario. Yo solía viajar con equipaje ligero, pero como no sabía cuando tiempo íbamos a estar fuera, hechicé la maleta para llevar más cosas de las habituales. Un cuarto de hora después, ya estaba listo y aunque no suele gustarme dejar a la gente sola en mi salón, Stella ya había estado varias veces en mi apartamento como para que yo tuviera por seguro que no se iba a poner a revisar mis cosas. Cuando aparecí desde mi dormitorio, con la maleta tras de mi, ella sacó la pelota de béisbol que nos iba a servir de traslador. Lo tocamos y salimos despedidos, agarrados por una especie de gancho invisible, hacia nuestro destino. Momentos después aparecimos en un edificio de oficinas, o lo que parecía serlo. Acostumbrado a este medio de transporte, solo me tambaleé un poco en el aterrizaje y me dio tiempo a fijarme como la gente apenas reparaba en nuestra aparición, lo que quería decir que estábamos rodeados de magos. Era un buen comienzo.

Asentí con la cabeza a la pregunta sobre si estaba bien y escuché la explicación que me daba Stella sobre dónde estábamos. Por lo que dijo, deduje que no estábamos en Nueva York, pero saber más que estábamos en un edificio del Gobierno mágico estadounidense no me situaba geográficamente de un modo muy concreto. Suponía que si era un edificio importante estaríamos en una de las partes importantes de la ciudad, pero no tenía ni la más remota idea de dónde.

Seguí a Stella por los pasillos hasta llegar a un despacho cerrado custodiado por una secretaría que se dirigió directamente a Stella. La conversación entre ellas fue breve, pero lo bastante exclarecedora como para que me enterase de que Stella era la hija de los ocupantes de los dos mayores cargos del gobierno mágico estadounidense. Si hasta ese momento había sido una mujer interesante, ahora tenía nuevos mátices. No me sorprendía que nunca me lo hubiera dicho, pero tampoco era algo que sospechase. Ahora tenía más dudas todavía acerca de los supuestos motivos por los que ella y su hermano podían haber vuelto a casa. Los hijos de los altos cargos NO vuelven a casa de sus padres una vez la abandonan. Es una regla no escrita que casi siempre se cumple. Stella dejó constancia de que no se avisara a sus padres de su visita y me pregunté por su motivos. Cada vez tenía más preguntas, empezando por en qué estado estábamos, pero me las reservaría para más tarde cuando los oidos no poblasen las paredes que nos rodeaban. Los edificios del gobierno de cualquier país tienen escuchas en todas partes, es algo sabido. Es mejor tener cuidado con lo que uno dice en esos sitios.

Seguí a la morena una vez más, en silencio, por donde ella me guiaba que resultaron ser unos pasillos larguísimos. Cada vez tenía menos claro donde estábamos, pero era evitente que bajo tierra. Tardamos unos minutos en alcanzar la superficie y en cuanto mi vista se acostumbró a la luz vi ante mi el National Mall de Washinton DC dándome por fin la pista definitiva sobre donde estábamos exactamente. Me preguntaba porque los estadounidenses ponían todos sus edificios importantes juntos, aunque era una duda que siempre había tenido. Si los bombardeaban, se caían con todo el equipo, aunque tengo que reconocer que quedaba de lo más ordenado y estético.

Una sonrisa apareció en mi rostro mientras miraba a mi alrededor, fascinado por la belleza del lugar que estaba viendo. Era muy distinto verlo en los medios a verlo en la realidad, y sin duda imponía muchísimo más en persona. No recordaba el motivo por el cual no había visitado esta parte del mundo antes...

Las palabras de Stella me sacaron de mi ensimismamiento y dejé de mirar a mi alrededor para mirarla a ella. La sensación que me describía no era lógica para alguien en una situación normal, sin encantamientos de por medio, a no ser que hubiese sufrido un trauma o algo así. En principio ese no era el caso...o tal vez ese era exáctamente el caso y por eso ella no recordaba nada. Sin embargo, no explicaba sus nuevos recuerdos. ¿Síndrome post-traumático tal vez? Quizás sea demasiado enrevesado. Necesitaba más datos.- Si una fuerte maldición te ha mantenido alejada de investigar sobre lo que pasó, no sería raro que también buscase mantenerte alejada de aquí- dije con convicción aunque cada vez alvergaba más preguntas.- Céntrate en mi. Yo soy familiar para ti y soy una señal de un sitio en el que te sentías bien, ¿cierto? Aferrate a eso y veremos cómo podemos deshacer lo demás- dije con calma. Empezaba a notar el cambio de temperatura entre un país y el otro, además de que allí eran aun las 4 de la tarde.

- ¿Tenemos algún sitio donde hospedarnos o debemos buscar alguno?- pregunté de modo práctico. -Deberíamos cambiar el dinero antes de hacer nada. Asentemos un sitio seguro. Creo que deberíamos empezar nuestra búsqueda por la casa de tus padres o la que compartías con tu hermano- dije mirándola unos segundos para luego volver a mirar a mi alrededor sin ningún motivo en concreto.
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Stella Moon el Mar Feb 02, 2016 10:40 pm

Supe que haberle pedido ayuda a Jason y que me acompañara a DC había sido la mejor idea que había tomado en muchísimo tiempo, porque en cuanto salimos al National Mall me golpeó de lleno aquella sensación que estaba segura que de haber estado sola en aquel lugar me habría dado la vuelta y habría salido corriendo a toda velocidad para volver a coger un traslador que me llevase de vuelta inmediatamente a Londres y no habría vuelto a pisar esta ciudad en toda mi puñetera vida. ¿Qué estaba ocurriendo? Esto no era normal. Pero ahí estaba Jason, apoyándome y diciéndome que me centrase en él. Era verdad, él era familiar y si me centraba en él esa sensación parecía no tener tanto poder sobre mí. Para resistir las ganas que me daban por culpa de esa sensación de desaparecerme de repente, pasé mi brazo por el de Jason para sujetarme a él como habíamos hecho antes en Londres, y respiré profundamente. El deseo irracional de marcharme de la ciudad y del país solo incrementaba mis ganas de averiguar que había pasado con mi hermano.

-Pues tenemos dos casas en las que quedarnos, la de mis padres porque no están ellos y en la que vivía antes con mi hermano- había conservado las llaves de las dos casas durante todo el tiempo que había estado en Londres, y las había traído conmigo.- Aunque claro, si al final resulta que Emily mintió o a ella la mintieron y mi hermano está sano y salvo puede que esté en una de esas dos casas. Si prefieres podemos ir a un hotel. Conozco los mejores de toda la ciudad…- dije, y al hablar de lugares en los que quedarnos miré a Jason con picardía. Habíamos venido a Washington DC a investigar lo de mi hermano, pero si al final resultaba que todo estaba bien (estaba rezando porque así fuese) podíamos pasar unas muy agradables vacaciones.- La moneda mágica de aquí es la misma, pero sí, deberíamos tener dólares por si acaso… Ahora iremos al banco, no está lejos de la casa de mis padres. Allí es donde vivía antes de volver a Londres, creo que es a la que tendríamos que ir primero.

Estuvimos de acuerdo en eso, y nos pusimos en marcha. Podríamos habernos aparecido directamente fuera de la casa de mis padres, pero Jason nunca había estado aquí, y podíamos dar un paseo agradable hasta llegar allí y así él podría ver bien parte de la ciudad. Además, no estábamos muy lejos de donde teníamos que ir. Le sonreí antes de guiarle por el Mall, y mientras caminábamos le iba explicando lo que había a nuestro alrededor. A ambos lados de nosotros estaban todos los edificios de la Smithonian, los museos. El castillo de la Smithonian, el museo de Historia Natural, el del Aire y el Espacio, los Indios, Historia de Estados Unidos… El último de todos daba risa, porque la historia del país daba risa. Llegamos entonces al Monumento Washington, u Obelisco como lo llamaban algunos. Había cola para entrar siempre, pero los magos teníamos nuestros trucos. Sin avisar a Jason me puse detrás de un grueso árbol desde donde no nos vería nadie y me desaparecí, arrastrándole a él conmigo. No podíamos aparecernos directamente en la punta porque había cámaras de seguridad, pero había escaleras, y nos aparecimos casi al final de estas y entonces subimos al mirador de la punta del obelisco, donde no había nadie porque el siguiente tour estaría aún subiéndose en el ascensor y desde donde se veía la ciudad entera por todos lados.

-Bueno, bienvenido a mi ciudad- le dije mientras miraba por la ventana del mirador. La sensación de querer irme seguía allí, pero a la vez también sentía nostalgia por aquella ciudad. Había nacido y crecido allí, pero no podía negar que mi verdadero hogar era Londres.- Se ve todo desde aquí, la ley impide que se hagan edificios más altos que este.

Cuando escuchamos que el ascensor con los visitantes iba a llegar ya volvimos a las escaleras y nos desaparecimos otra vez, apareciendo esta vez un poco más lejos para acortar el camino, cerca del siguiente monumento, el de la Segunda Guerra Mundial. Caminamos junto al estanque rectangular que había entre ese lugar y el monumento Lincoln, donde nos detuvimos un ratito para que Jason viese aquel simbólico lugar.

-De pequeños mi hermano y yo nos veníamos aquí y nos subíamos allí- le conté a Jason mientras mirábamos la enorme estatua de Lincoln sentado y mirando a través de las columnas al Obelisco.- Los guardias muggles siempre nos echaban la bronca y nosotros pasábamos de ellos. Cuando los niños muggles intentaban imitarnos siempre acababan cayéndose y hubo varios huesos rotos- sonreí ante el recuerdo de mi hermano y yo siendo unos trastos y un gran dolor de cabeza para todo el mundo.

Vimos a lo lejos también el monumento Jefferson, el cual estaba más hermoso en primavera que ahora. Fuimos entonces al río, que estaba justo al lado y junto al cual teníamos que caminar para llegar a donde teníamos que ir. No había nevado, pero en aquel momento el Potomac estaba congelado. No me extrañaba, había días de inverno aquí que eran tan fríos que eso pasaba en ocasiones. Había un grupo de muggles idiotas que se habían aventurado a caminar sobre la superficie congelada del río, a pesar de que eso era peligrosísimo. Les vi, y no me pude aguantar las ganas de sacar mi varita (no había nadie más allí en aquel momento) y hacer un rápido movimiento que resquebrajó el hielo de repente y les dio un buen susto a los muggles, quienes salieron corriendo a toda prisa y se empujaban unos a otros a traición para llegar a la orilla antes de caerse al agua y morir congelados. Reí por lo bajo y volví a guardar la varita rápidamente.

Tras el paseo llegamos al puerto de Georgetown. Desde allí subimos por la calle hasta la calle principal, por la que caminamos unos minutos hasta que llegamos a la avenida Pennsylvania, donde unos cuantos bloques más adelante estaba la Casa Blanca, y nos detuvimos rápidamente en un banco para cambiar las libras que teníamos a dólares. Aunque en Europa el proceso era rápido y el dinero te lo daban inmediatamente, aquí tardaba días… pero eso no era nada que un simple Imperio no pudiese resolver. Nos dieron los dólares inmediatamente, saltándose las reglas, y volvimos a salir a la calle. Ya se habían hecho las 5 de la tarde hacía un rato, y ya era de noche. Caminamos entonces a un edificio de pisos que estaba allí al lado.

-Aquí viven mis padres- dije mientras entrábamos al portal del edificio que desde fuera parecía más o menos normal. A mis padres nunca les había gustado vivir en mansiones, les gustaban más las casas de este tipo. Subimos en el ascensor hasta el ático, y saqué las llaves del llavero. Si intentásemos aparecernos dentro los hechizos protectores nos convertirían en papilla. Abrí la puerta, y entramos entonces en el dúplex de lujo de Darren y Marie Moon. Encendí las luces y cerramos la puerta detrás de nosotros.

-¿Drake?- pregunté inmediatamente mientras cruzaba el rellano de la casa y me dirigía al salón. No había nadie allí.- ¿Drake?

El corazón me latía con fuerza. La sensación de que no debería estar allí volvió, pero la reprimí.

-¿Drake?- insistí mientras me dirigía hacia donde estaban los dormitorios en el piso de arriba… pero nadie respondió. Volví junto a Jason y suspiré.- No está aquí… Pero, pero puede que haya salido… ¿no?

“Sé positiva, Stella” intenté convencerme a mí misma.

-O a lo mejor se ha vuelto a mudar- sí, tenía que ser eso. Drake se había hartado de vivir en casa con papá y con la pesada de mamá y se había vuelto a nuestra propia casa, la que compartíamos él y yo.

Fui a mi dormitorio entonces, y en cuanto abrí la puerta fruncí el ceño.- Yo no lo había dejado así- el dormitorio no se parecía en nada al recuerdo que yo tenía de él, pero seguramente eso se debiese a mi madre, que lo habría puesto todo a su gusto en cuanto yo me fui. Pero entonces, ¿dónde estaban mis cosas? Cuando me fui a Londres había ido casi prácticamente con el cielo arriba y la tierra abajo, había empezado completamente de cero. Había llevado muchísimo dinero, pero ni siquiera ropa me había llevado. Fui entonces al dormitorio que debería ocupar mi hermano si estuviese viviendo allí… y en él tampoco había indicio alguno de que mi hermano viviese allí, ni de que hubiese vivido en él.

-Qué raro…- murmuré, pero más para mí misma que para Jason. No quise alarmarme. Puede que fuese lo que yo había dicho antes, que Drake se había mudado y mamá lo había puesto todo a su gusto, así que respiré profundamente para relajarme. Habíamos caminado mucho, no vendría mal un pequeño descanso estando en el piso, así que empujé todas mis dudas y preocupaciones al fondo de mi mente y miré a Jason y le sonreí.- ¿Te apetece tomar algo? Estoy segura de que el licor de mi padre sí que sigue en el mismo lugar de siempre.

Me dirigí al salón, no sin antes detenerme a robarlo un beso a Jason y a morderle el labio de manera fugaz y juguetona.



Georgetown Harbor: Foto 1; Foto 2
Piso: Foto 1; Foto 2; Foto 3
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Invitado el Lun Feb 22, 2016 6:33 pm

El Ministerio americano y el inglés tenían las mismas diferencias que los dos paises en cuestión. El Ministerio Londinense era la vieja Europa y el situado en Washington parecía la sede de la capital del mundo. El lugar de aquellos que se saben poderosos y el centro de todo aunque empezasen siendo unas simples colonias rebeldes de uno de los imperios más poderosos del mundo. Tenía que reconocerles el mérito de ganar sus batallas a los americanos.

La sensación desasosegante que sentía Stella al salir y ver la ciudad era algo que aportaba todavía más datos a lo que allí nos había traído. Había muchos motivos, algunos explicados por los muggles, para que una persona no se sintiese cómoda volviendo a un lugar, pero tenía la sensación de que en el caso de Stella había más magia detrás que traumas. Aun así intenté ayudarla animándola a que se centrase en mi presencia, ejerciendo así yo de guardián protector para ella que no era una idea que me desanimase. Según mi criterio, había dos cosas por las que podíamos empezar y eran buscar un lugar en el que quedarnos y dejar las maletas, y cambiar dinero para no encontrarnos con el culo al aire en nuestras pesquisas.

- De acuerdo, vayamos a casa de tus padres. Según lo que encontremos podemos ver donde nos alojamos- dije ocultando lo que pensaba de verdad. Lejos de que todo aquello fuese un tema serio, yo no tenía la más mínima intención de alojarme en la casa de sus padres. Fuese el tema para bien o para mal, prefería tener mi espacio. Sin embargo, prefería ver como se desarrollaba todo antes de expresar mi sincera opinión ante ella. Por lo pronto, Stella debía concentrarse en no volver a Londres a la mínima de cambio.

Agarrados del brazo comenzamos a andar, yo dejándome guiar por mi compañera que seguro conocía aquella ciudad muchísimo mejor que yo. Nuestra primera parada oficial era un banco, pero por el camino Stella aprovechó para enseñarme algunos de los sitios más representativos de la cuidad...si no los más. Caminamos entre los edificios del Smithonian, donde había toda una serie de museos que me resultaban de lo más interesantes. Siempre me gustaba aprender pero dejaría mi visita a esos edificios tan útiles para más tarde. De allí pasamos a ver el Monumento a Washington, haciendo en este una parada. Una vez más dejándome guiar por ella, nos aparecimos casi en la punta del monumento desde la cual se podía ver toda la ciudad. Se me antojó completamente distinta y al mismo tiempo exactamente igual a todas las otras grandes ciudades que había visto pero supongo que eso es parte de su encanto. Estados Unidos tiene el privilegio de beber de todas las culturas que forman a su población, lo cual da riqueza pero también deja muy poco espacio a la originalidad.- Estoy deseando descubrir los secretos que esconde- dije con una sonrisa a su presentación mientras admiraba las vistas.

No tardamos en bajar de aquel obelisco pues un grupo de turistas llegó y nuestra siguiente parada fue el monumento a Lincoln. Lo miré con admiración desde la parte baja, asombrado ligeramente por el tamaño de aquella estatua y su magnificencia mientras Stella me contaba como jugaba allí de pequeña con su hermano. Le dediqué una sonrisa fugaz a modo de respuesta por su historia y nuestro camino continuó hasta el monumento a Jefferson y el río helado que había cerca. Un grupo de muggles caminaban sobre la fina capa de hielo cuando vi que la varita de Stella desprendía un pequeño resplandor provocando una grieta en el hielo y haciendo que los muggles se asustasen e intentasen correr para ponerse a salvo. Sonreí juguetón y paré nuestro paseo, agarrando una vez más con dulzura a Stella por el cuello y dándole un dulce beso en los labios antes de continuar. Eran esos detalles los que hacía que disfrutase tanto a su lado.

Paseamos hasta un puerto y de allí hasta el banco en el que cambiamos nuestras divisas con un poco de ayuda de nuestras varitas. Eso solucionaba uno de nuestros primeros problemas así que enfilamos hasta el apartamento de sus padres no sin antes ver a lo lejos la Casa Blanca.

Entramos a un edificio que parecía completamente normal por fuera. Me sorprendía que las dos personas más importantes en el gobierno de Estados Unidos viviesen en un edificio tan común, pero todo quedó más explicado cuando atravesamos la puerta del atico donde se suponía que vivían los Moon. La opulencia de aquel sitio era impresionante. Por fuera jamás abría sospechado con encontrarme algo así dentro, pero ahora sí que estaba en un sitio en el que me creía que una pareja tan importante viviese. Stella se puso a llamar a Drake por toda la casa pero parecía estar claro que allí no había nadie en ninguno de los dos pisos de los que disponía aquel sitio.

- Si se parece un poco a ti no creo que pare mucho por casa- dije intentando ser positivo y evitando de manera consciente el hablar en pasado. No quería precipitarme ni lo más mínimo en sacar conclusiones. Stella siguió llendo de aquí para allá mientras yo me quedaba quieto en el recibidor observando mi alrededor con la mirada. Aquellas pareces y suelos eran lo bastante lustrosos para crear eco, si hubiese habido alguien allí, sin duda habría oido a Stella y contestado ya.

Las palabras de la morena interrumieron el flujo de mis pesamientos que vagaban en las señales de que allí no parecía pasar demasiado tiempo ninguna persona.- Claro- alcancé a decir antes de que me besase juguetona esta vez ella a mi- Un whisky, si puede ser- dije mirándola con una sonrisa traviesa pues su beso había realmente interrumpido el flujo de mis pensamientos introduciendo nuevas ideas.

La seguí por la casa con la maleta en la mano hasta donde estaban las bebidas y una vez allí decidí que era el momento de hablar- Creo que deberíamos cogernos un hotel. Al menos yo, aunque dadas las circunstancias no creo que debas alejarte mucho de mi- dije volviendo a poner el tema serio en el tablero- Allí estaremos más tranquilos y mantendremos más independencia pase lo que pase- dije mientras observaba como servía la bebidas.

- Qué le gusta hacer a tu hermano?- pregunté de nuevo evitando las formas pasadas. Creí que debíamos eliminar todas las posibilidades antes de crear un nuevo plan de ataque, pero en mi cabeza este ya se estaba formando. Si no lo encontrábamos, nuestra siguiente parada serían sus amigos, luego los de Stella y finalmente la familia. Dejaba la familia para el final porque si algo me había enseñado mi experiencia como inefable es que la familia lo hace todo por sus miembros, incluso mentir o matar. Serían nuestro reto final.
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Stella Moon el Vie Mar 25, 2016 12:58 am

Intenté no desesperarme al no encontrar a mi hermano por la casa. Jason tenía razón con su comentario, Drake se parecía mucho a mí y a ambos nos gustaba salir, aunque con los años los hábitos de Drake hubiesen cambiado. Si me desesperaba por no encontrarle aquí lo iba a pasar muy mal e iba a ser poco eficiente al continuar en otro momento con la búsqueda, así que respiré profundamente y cuando Jason aceptó cuando le pregunté que si quería tomar algo fui a buscar el whisky que me había pedido. A mi padre también le gustaba beber whisky (demasiado, en opinión de mi madre…) y le serví un vaso de whisky Macallan. Me serví otra a mí misma, me vendría bien.

Escuché lo que Jason me decía mientras tomaba un trago de whisky. El sabor fuerte y afrutado me llenó por dentro de un delicioso ardor suave que me produjo un leve cosquilleo.- Sí, eso me parece buena idea… Conozco varios buenos hoteles, no habrá problemas para conseguir uno- no quería admitir que tenía razón con lo de que no debería alejarme de él, porque aunque no me costaba admitir que necesitaba su ayuda para venir a Estados Unidos y buscar a mi hermano, sí que me costaba admitir que dependía tanto de él en estos momentos. Una cosa era necesitar apoyo, y otra muy distinta era necesitar a alguien que te vigilase para que no salieses corriendo como un animal asustado porque alguna fuerza invisible o una maldición te estaba empujando todo el tiempo a que te marchases. Odiaba estar en una posición en la que era dependiente de alguien, me hacía sentir inútil. Pero era la única manera que tenía de no tirar la toalla para encontrar a mi hermano y descubrir la verdad y saber si Emily me había mentido o no, así que iba a tragarme mi orgullo y no iba a rechistar en ningún momento. Además, ya que tenía que ser dependiente de alguien debido a las circunstancias, mejor era ser dependiente de Jason que de cualquier otra persona.

-Le gusta jugar al béisbol y al futbol americano. Le gusta ir a las discotecas a ligar y le gusta y a ver partidos de baloncesto a Chinatown… O le gustaba, ¿sabes? Porque eso lo hacía siempre con sus amigos y todos murieron cuando a él le convirtieron en vampiro y sobrevivió, y luego nunca salía de casa porque no quería perder el control y matar a alguien…- mascullé, y entonces se me escapó una risa baja y llena de amargura, una risa que estaba llena de ganas de encontrar a quien le había hecho eso y arrancarla la cabeza con mis propias manos.- Le dije que matar está bien, que es divertido. Pero él nunca encontró divertido no ser capaz de controlar sus impulsos, por eso no quería hacerlo. Me quedé aquí durante años hasta que se sintió más en paz con su naturaleza… o al menos eso es lo que recuerdo- me bebí todo el contenido de mi vaso en un solo trago y dejé el vaso vacío sobre la mesa. Ya lo recogería después el elfo doméstico de mis padres, aunque no sé por qué no estaba en la casa en aquel momento.- ¿Nos vamos?

Como él no tenía ni idea de a dónde teníamos que ir le cogí del brazo y nos desaparecimos en otro lugar de la ciudad, en un sitio en el que nadie nos vio. Caminamos hacia el hotel que estaba allí y en apenas unos minutos teníamos en nuestra posesión la llave de la suite presidencial en el piso más alto, desde el cual se veía toda la ciudad y los monumentos y el río y todo. No sabíamos cuánto tiempo íbamos a estar allí, así que era mejor quedarnos en la mejor suite de todas en vez de en una habitación normal. Mientras que Jason había traído todas sus cosas para el viaje en un maletín yo había metido unas cuantas cosas (ropa, sobre todo) en un pequeño bolso negro que tenía un hechizo para que cupiese de todo en él. No me molesté en sacar las cosas y ponerlas en cajones y perchas en el armario, no estaba de ánimo para ello, así que simplemente lo dejé tirado sobre una silla. Y me quité los tacones, dejándolos en la entrada.

Jason se metió en el baño para lavarse las manos y dejó la puerta abierta. Cuando pasé junto a la puerta le vi y me detuve, y entonces entré al baño con una sonrisa. Jason continuaba frente al lavabo, y me coloqué detrás de él mientras clavaba mi mirada en su reflejo en el espejo frente a nosotros. Le quité la chaqueta que llevaba puesta y la dejé en el respaldo de una silla que había allí, y entonces pasé mis manos por su espalda y las colé juguetonamente por debajo de su camisa y dentro de su pantalón mientras mordisqueaba su oreja y a continuación su cuello. No le dije nada, solo le guiñé un ojo mientras le miraba en el espejo, y entonces le solté y me di la vuelta y me marché del baño.

Era ya de noche, pero no suficientemente tarde como para ir a dormir en mi opinión. Ni siquiera estaba cansada. Bajé la cremallera de mi corto y apretado vestido negro y me lo quité, quedando en medio de la habitación cubierta únicamente con un conjunto de ropa interior con tanto encaje que la tela era casi inexistente. Estaba de pie frente a las ventanas de la habitación, que cubrían casi la pared completa y si alguien miraba me vería perfectamente en casi toda mi gloria. No me molesté en correr las cortinas, nunca me había importado que me viesen, y las vistas eran preciosas.

Me tumbé de costado sobre la cama, de cara a las ventanas y de espaldas al pasillo que conducía a la puerta del baño donde estaba Jason. En la mesita de noche vi que había una bandeja con fresas cubiertas de chocolate, y sonreí mientras cogía una y me la llevaba a la boca, disfrutando de la mezcla de sabores mientras esperaba a Jason. A pesar de la razón que nos había traído a esta ciudad estábamos de vacaciones, y tenía toda la intención de disfrutarlas plenamente cuando no estuviese centrándome en otros temas.
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Invitado el Miér Abr 13, 2016 9:23 pm

El paseo turístico para empezar había estado bien. En otras circunstancias D.C. sería una ciudad que estaría encantado de recorrer. Sin embargo, la realidad nos golpeó una vez más cuando llegamos a casa de sus padres y no había nadie allí. No encontrar a los padres de Stella en aquel momento fue un alivio para mi. Un gran alivio. Pues aunque ya no soy un adolescente, no me apetecía tener que jugar el papel de hombre de provecho que está en el país para algo mejor que buscar al hermano de la mujer que pienso tirarme salvajemente todo lo que dure mi estancia allí. Y ante sus padres, eso era algo que era mejor no mostrar.

No tardé demasiado en dejar ver mi opinión sobre que era mejor para todos que nos fuéramos a un hotel. Nos daba independencia y me libraba de mantener levantada mi fachada de hombre de bien de la alta sociedad. Ese que las niñas ricas adoraban. Ella pareció estar de acuerdo con mi idea y con un whisky en mi mano todo parecía más positivo. Temía que perdiese la esperanza en cualquier momento y me hiciese volver a Inglaterra sin haber descubierto lo más mínimo pues a curiosidad acabaría matándome, así que conseguí darle al menos tres razones lógicas por las cuales su hermano podía no estar en casa de sus padres. Me guardaba otras dos más en el tintero para más adelante, por si su fé volvía a flaquear.

Lo cierto es que no se puede decir de mi que sea un hombre demasiado amistoso o que sea capaz de hacer cualquier cosa por mis amigos. Pero soy capaz de moverme mucho y muy bien por algo que me intriga y de lo cual quiero saber el resultado. Eso, unido a una mujer hermosa, puede tenerme atrapado un buen tiempo, y por suerte para mi, la mujer hermosa de turno ya llevaba mi sello de aprobación.

Le pregunté por los gustos de su hermano para tener un sitio por el que empezar a buscarlo. La escuché con el vaso de whisky en la mano mientras tomaba nota mentalmente de todos los datos que me estaba dando. Asentí con la cabeza cuando terminó de hablar sin intercambiar más palabras con ella pues las nuevas ideas que la información me proporcionaba aun se estaban formando en mi cabeza para llegar a tener un sentido completo. Stella apuró su copa y yo yo hice lo propio, dejando la mia al lado de la suya como única prueba de que habíamos estado allí. Al no haber nadie, se sentía casi como si hubiésemos allanado aquella casi y en cierto modo perverso, le daba a toda la historia un toque morboso e interesante.

Me dejé llevar por ella dócilmente cuando nos desaparecimos hasta que aparecimos en otra parte que era totalmente desconocida para mi. Me sentía como un perro siguiéndola a todas partes desconociendo por completo los lugares en los que me encontraba. Aquella no era mi manera favorita de viajar, no me gustaba seguir a otros, pero tendría que valer por el momento. Momentos después, ya teníamos una habitación en el último piso de un lujoso hotel desde cuyo ventanal podía apreciarse la enormidad de la ciudad y sus mil y monumentos. Al entrar allí, mi manera de instalarme fue agitar la varita casi de manera perezosa y todas mis cosas se colocaron ordenadamente en un cajón y una de las partes del armario dejando sitio de sobra para otra persona, que en este caso sería Stella, aunque ella no parecía tener demasiada intención de hacer lo mismo que yo.

No me demoré demasiado a la hora de meterme en el baño a resfrescarme. Era una mala costumbre que tenía cuando llegaba a un sitio nuevo. Mi manera de familiarizarme. Lavarme la cara y las manos. Stella apareció en la habitación mientras yo me aclaraba las manos, dispuesto a lavarme la cara también. Sus manos se deshicieron de mi chaqueta y se colaron bajo mi camisa y por dentro de mis pantalones. Le sostuve la mirada a través del espejo hasta que sus labios se encontraron con la piel de mi cuello y la mordisqueó ligeramente. Ese era el punto en el que yo cerraba los ojos y disfrutaba. Sin embargo, el momento no duró mucho pues cuando volví a abrir los ojos, ella ya se iba con un guiño coqueto y esa actitud de femme fatale que tanto le gusta mostrarme. Le miré el trasero mientras se alejaba y cuando desapareció de mi vista me lavé la cara con calma y me sequé antes de volver al dormitorio.

La silueta de Stella me esperaba tumbada de espaldas en la cama, tapando su desnudez únicamente con un conjunto de ropa interior cuya tela era más bien escasa debido al encaje. Me apoyé en la pared silencioso y durante unos segundos simplemente disfruté de las vistas que su cuerpo semidesnudo me ofrecía mientras se comia una fresa bañada en chocolate. El bulto en mis pantalones empezó a crecer, adelantando lo que iba a pasar a continuación.

Me desabroché la camisa y la dejé caer al suelo mientras me acercaba a la cama por la espalda de la morena. Me tumbé a su espalda y una de mis manos empezó a acariciar su costado, bajando por su tripa y continuando hasta colarse por debajo de su escasa ropa interior inferior. Mis labios se acercaron a su oreja y la mordisqueé ligeramente como ella había hecho antes conmigo- Una pena no haberte encontrado en la ventana, podíamos haberle enseñado a esta cuidad un par de cosas- dije mientras mis dedos se perdían dentro de ella de un modo inesperado.


*********

A la mañana siguiente, el sol ya llevaba un par de otras entrando por el gran ventanal cuando nosotros nos despertamos. Eran cerca de las 9 de la mañana. Al abrir los ojos, la melena de Stella a mi lado me trajo el olor a todo lo que había pasado la noche anterior. Sonreí.

Yo no solía dormir con mujeres. Jamás. Me gustaba disfrutar de ellas y desecharlas si no eran lo bastante buenas como para repetir. Pero, aquella mañana, mientras respiraba el ambiente cargado que aun reinaba en la habitación. Me di cuenta de que no me importaba demasiado compartir mi cama con Stella. Me acerqué a ella y la besé dulcemente en la mejilla y fui bajando con los besos por el cuello.- Desayunamos?- sugerí en un susurro en su oído mientras la abrazaba con una de mis manos y recorría su cuerpo con una confianza que ya nadie podía negar que habíamos alcanzado. No quería llegar más lejos esa mañana. Me encontraba satisfecho. Pero siempre era agradable tocar algo tan terso y suave.- Hoy quizás deberíamos ir a tu antigua casa...- deje caer en otro susurro.
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Stella Moon el Dom Mayo 22, 2016 6:29 pm

La noche en el hotel con Jason fue maravillosa. No esperaba que fuese de otra manera, Jason sabía darme siempre exactamente lo que quería y jamás me dejaba insatisfecha. En la cama éramos el equipo perfecto, y en ese hotel de Washington DC lo demostramos una vez más. Sin embargo esa fue la primera noche desde que nos conocíamos que pasamos juntos en la misma cama a dormir después de que todo hubiese terminado. No solía compartir mi cama con ningún hombre, aunque sí que lo había hecho en el pasado en algunas ocasiones (y puede que más de las que me acuerdo, dado mi posible borrón de memoria…), pero Jason era un hombre con el que no tenía ningún reparo. Me gustó sentir su presencia mientras dormía. Él despertó antes que yo, y yo desperté poco después al sentir sus labios sobre mi mejilla. Continué con los ojos cerrados a pesar de que ya había conseguido despertarme con ese leve gesto, pero sonreí cuando sus labios se deslizaron por mi cuello y cuando su brazo rodeó mi cuerpo abrí los ojos por fin y me giré para quedar de cara a él. Le eché los brazos al cuello y le besé, respondiendo de aquella manera a la deliciosa forma que había tenido él de darme los buenos días.

-Me parece una idea estupenda- respondí a su sugerencia de ir a desayunar. Luego dijo que tal vez deberíamos ir hoy a mi antigua casa, aquella en la que había vivido con mi hermano cuando los dos volvimos a Estados Unidos después de graduarnos de Hogwarts, y asentí. Estaba nerviosa por volver a esa casa, y por lo que podría encontrar en ella. Deseaba con todas mis fuerzas que la información que había recibido de Emily fuese falsa y que nos encontrásemos a Drake allí, sano y salvo y simplemente siendo un hermano capullo que no manda nunca ninguna carta ni hace una simple llamada a su hermana melliza. Pero tenía miedo de que eso no fuese lo que encontrásemos, pero no podía pensar de manera negativa. Tenía que tener esperanza.- Espero que Drake esté allí, y que esté bien… Como le encontremos voy a sacarle las muelas por hacerme preocuparme tanto- murmuré entre dientes, con mucha seriedad. Luego iría detrás de Emily y haría lo mismo con ella por hacerme creer todo esto.

-Me encantaría no levantarme de esta cama en un par de horas más, pero mis paisanos son muy capullos y dejan de servir el desayuno demasiado pronto- suspiré entonces. Le di un rápido beso a Jason antes de levantarme rápidamente de la cama y llevarme las sábanas conmigo enredadas alrededor de mi cuerpo, cubriéndolo. Miré a Jason, que se había quedado completamente desnudo y destapado sobre la cama, con una mirada traviesa antes de buscar algunas prendas que llevarme al baño para cambiarme. Cogí ropa interior y ropa de calle y antes de ir al baño me quité las sábanas y las tiré sobre Jason, quedándome entonces yo desnuda, y desaparecí en el interior del baño.

Después de una cálida y agradable ducha me vestí para salir ese día. Había visto por la ventana que estaba nevando, así que haría más frío que ayer. Me vestí entera de negro otra vez, solo que ese día me puse pantalones en vez de un vestido corto, y botas con tacón y una chaqueta con forro de piel. Cuando Jason estuvo listo le dije qué lugares eran buenos para desayunar en DC, y le dejé que él escogiese cual le gustaba más para que fuésemos a ese. Los desayunos de Inglaterra eran muy parecidos a los de América, casi iguales, así que en ese aspecto de la vida no había echado nada de menos aunque en otros aspectos sí que había echado de menos DC, pero eso era algo normal. Había crecido aquí, después de todo, por mucho que Inglaterra fuese ahora mi hogar.

-Bueno, pues vamos allá- suspiré cuando llegó la hora de ponernos en marcha para ir a mi antigua casa e intentar averiguar allí, de una vez por todas, qué demonios había pasado con mi hermano. Tenía las llaves de mi antigua casa en el bolsillo de mi chaqueta. Esperaba que todo estuviese bien, que él simplemente se hubiese mudado de vuelta allí y por eso no había estado en casa de nuestros padres. Quería ser capaz de reírme a causa de la estupidez de haberme preocupado tanto, y poder seguir tranquila y feliz con mi vida. ¿Era mucho pedir?

Seguía nevando, pero por suerte nevada poco, lo suficiente como para cubrir el suelo de blanco pero no era suficiente para ser una tormenta, y tampoco hacía mucho frío, irónicamente. Al ser una ciudad muy pequeña caminamos por las calles en vez de aparecernos, para que así Jason pudiese verlo todo y hacer un poco de turismo, más o menos. No nos dimos mucha prisa, fuimos con paso relajado hasta que llegamos a mi antiguo barrio, lleno de casas de varios pisos pegadas unas a otras y todas de distintos colores.

Sujeté de manera inconsciente el brazo de Jason. A medida que avanzábamos por la calle y nos acercábamos más a mi casa peor me sentía yo. Sentía como si muchísimas manos invisibles me estuviesen agarrando por todas partes y tirasen de mí hacia atrás para que me diese la vuelta y me alejase. Quería marcharme, todo el cuerpo me lo pedía a gritos. Tenía un vacío en el estómago que se estaba volviendo doloroso, y no era por culpa de los nervios.

-Es esa de ahí- le dije a Jason con un hilo de voz cuando vimos entre todo aquel colorido una casa de bonito color rojo.

“No puedes ir allí,” me susurró de repente una voz en el fondo de mi mente, una voz suave y bella e hipnótica. Me detuve de repente antes de llegar a la casa.

-No dedo ir- dije mientras miraba primero a la casa, y luego a Jason. No estaba completamente convencida de por qué estaba diciendo eso, solamente sabía que eso era así y que no debía entrar en la casa. Me di la vuelta y di unos cuantos pasos para volver por donde había venido y alejarme de allí y marcharme y no volver nunca más, pero entonces me fui frenando poco a poco hasta que me detuve y me giré lentamente para mirar a Jason confundida y con una ligera expresión horrorizada al entender lo que estaba pasando.- Alguien no quiere que entre en la casa- susurré.

Volví a intentarlo, pero no llegué más allá de donde había llegado la vez anterior, justo al lado de Jason.

“¡No puedes ir allí!” la voz en mi mente habló más fuertemente que antes y me detuve al sentir dolor al intentar resistirme. No podía avanzar.

“¿Qué estás haciendo?” dijo otra voz en mi mente, la voz de mi conciencia. “Date la vuelta y márchate, olvida todo esto. Continúa con tu vida feliz y sin problemas. Por favor.”

Quería hacer eso, quería marcharme. Pero no debía. Mi hermano… algo le había pasado a mi hermano. Tenía que descubrir el qué.

Seguramente si no fuese porque todo esto era para encontrar a Drake y averiguar si estaba vivo o muerto jamás hubiese luchado contra la maldición Imperius que ya no me cabía duda que alguien había impuesto sobre mí. Todos mis nervios gritaban de dolor mientras me resistía contra la maldición. Tenía que avanzar lentamente, pasito a pasito, pues era como que estaba luchado contra una inmensa pared de hierro y de cemento que se interponía en mi camino para cortarlo y yo tenía que empujarla y echarla atrás. Dolía, dolía tanto luchar que sentía que me iban a saltar lágrimas de los ojos. A punto estuve de mandarlo todo a la mierda de una vez por todas y salir corriendo, solo para que cesase ese insufrible dolor. Sentía que me iba a estallar la cabeza a causa de la presión de aquella voz desconocida chillándome que no podía entrar, que intentaba obligarme a que me alejase. Mi mano se aferró a la barandilla negra de los escalones que subían hasta la puerta de la casa, y el dolor que la maldición Imperius me provocó al estar luchando de aquella manera contra ella me hizo doblarme sobre mí misma y gemir.

“Deja de luchar…”

“No. Nunca.”

Con una potente rabia ardiendo en mi interior subí el resto de escalones corriendo, abrí la puerta rápidamente con la llave, y crucé al interior de la casa con un grito tanto de dolor como de rabia y de victoria. Caí de rodillas al suelo por el esfuerzo que había hecho, pero en ese mismo instante la presión, el dolor, la voz en mi cabeza, la terrible sensación que me obligaba a alejarme de allí desapareció. Todo se esfumó, había roto la maldición.

Lo primero de lo que me di cuenta era de que la alfombra de la entrada estaba muy sucia. Alcé la mirada, y vi una capa de polvo que lo cubría todo.

-¿Drake…?

No había nadie allí. Esa casa llevaba ya unos años abandonada.


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Stella MoonTrabajador Ministerio

Invitado el Dom Jun 19, 2016 6:52 pm

Por extraño que fuese para mi llegar a dormir con una mujer, o siquiera con otra persona, el mundo no se detenía ahí y una de las ventajas que tenía compartir cama con alguien como Stella es que si la noche había sido interesante, las vistas por la mañana no se quedaban atrás. A pesar de lo que habría gustado remolonear hasta la saciedad en aquella cama, no tardamos en ponernos en marcha. Si había algo que podía tirar de mi más que mis ganas de saciar mis necesidades básicas, era satisfacer mi curiosidad, así que cada vez estaba más intrigado por todo el tema que nos traiamos entre manos. Inconscientemente, en sueños, había buscado distintas soluciones a los problemas que se nos habían ido planteando, aunque al despertar ya no recordaba nada.

Nos vestimos y desayunamos y antes de medio día nos encontramos ante la casa que habían compartido Stella y su hermano. Se trataba de un tipo de apartamento que se veía mucho en las películas y series americanas, o al menos así lo parecía por fuera, dejando claro que los muggles imitan la realidad siempre que pueden.

Habiendo olvidado casi por completo el incidente del día anterior por el cual Stella sentía que no debía estar en su ciudad natal, me pilló desprevenido su comportamiento cuando llegamos casi a la puerta de la casa y ella pareció cambiar de opinión y dio media vuelta para volver a por dónde habíamos venido- Stella, espera...-me dio tiempo a decir a modo de convecimiento pues cuando terminé de articular eso y di un paso hacia ella, Stella ya se había detenido de nuevo y vuelto a girar hacia mi. Las palabras que salieron de su boca me parecieron desesperanzadoras, pero a cada momento que pasaba estaba claro que lo que tenía encima era una maldición imperius. Ahora solo quedaba descubrir por qué, dónde estaba su hermano y por qué le había dicho alguien que este estaba muerto. Llegó de nuevo a donde estaba yo y la cogí de un brazo una vez más, pero esta vez, me manera que con el otro brazo pudiera cogerla por detrás, invitándola a seguir con mi apoyo.- Es una maldición imperius. Ya no cabe duda, así que es posible que esto te duela.- dije totalmente serio pero sin soltarla. Sabía que mis palabras no infundían esperanza precisamente, pero eran la verdad y eso de dar falsas esperanzas nunca me había gustado. Era elección de ella pelear o no hacerlo, y solo iba a guiarla.

Pasito a pasito, como quien camina al lado de un anciano, Stella y yo recorrimos la distancia que nos quedaba hasta las escaleras de que llevaban a la puerta de la casa. Por su expresión se podía adivinar la lucha interna que se estaba produciendo en su interior, pero poco a poco ella siguió avanzando hasta llegar a la escalera donde directamente se dobló y gimió de dolor. La agarré con más firmeza y cuando ella corrió para aligerar el último tramo yo lo hice con ella, sin soltarla. Mis manos la liberaron cuando tuvo que abrir la puerta y entró dentro de la casa, desplomándose de rodillas al son de un grito que escondía demasiadas emociones seguramente. Yo entré silenciosamente despues de ella y fui consciente de lo desolador de la situación. Todo en aquella casa estaba cubierto de polvo: Las alfombras, los muebles, las ventanas. Olía a cerrado y a humedad y estaba más que claro que aquellos suelos no los había pisado nadie en mucho tiempo pues no había huellas ni rastros. Allí nada se movía.

- Hola?- pregunté proyectando mi voz para que se me oyese con claridad en todo el lugar. Algo pequeño se movió con rapidez, pero resultó ser tan solo un ratón asustado que pasó por nuestro lado para volver a su escondrijo.- Parece que lleva mucho tiempo sin haber nadie aquí...-dije intentando medir mis palabras dentro de la medida de lo posible. Di unos pasos al frente, sobre pasando la posición en la que se encontraba ella y observé mi alrededor. Aquella tupida capa de polvo me decía muchas cosas y ninguna de ellas buena. La opción de que Drake se hubiese mudado se me antojaba lejana y era muy improbable que viviese en aquellas condiciones si no era un fantasma, pues habría dejado alguna huella. Desgraciadamente, parecía cada vez más claro que eso que Stella no quería creer era verdad.

La miré con una expresión inexcrutable, sabiendo que había poco que pudiese decir si ella había llegado a la misma conclusión que yo, pero si el grito que había dado al entrar escondía algo de victoria y superación, quizás la maldición estuviese rota del todo y el camino a descubrir algo ahora fuese más sencillo. Le tendí una mano para que la tomase y me guiase por la casa- Veamos que encontramos.- le dije con una calma analítica.
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Stella Moon el Jue Jun 23, 2016 5:30 pm

En cuanto conseguí entrar en la casa y romper la maldición Imperius lo primero que hice fue esperar unos segundos a recobrar el aliento y a que mi mente se despejase de nuevo. Había impuesto muchas veces esa maldición sobre otras personas para lograr mis propósitos ilegales y salirme con la mía, pero jamás pensé que yo iba a ser víctima de una de esas maldiciones. Después de saber cómo se sentía esperaba no volver a sufrir esa maldición impuesta sobre mí nunca más, y pobre del que intentase controlarme con ella… Lucharía con todo lo que tenía para no volver a ser víctima nunca más de una experiencia como esta.

Pero la maldición Imperius no era lo que me molestaba en este momento. No tenía ni idea de quién me la había impuesto ni por qué, pero eso pdía esperar, ahora lo que me preocupaba era encontrar a mi hermano y saber lo que le había pasado. Me di cuenta en cuanto le eché un breve vistazo a la entrada de la casa de que no iba a encontrar a mi hermano aquí. Intenté respirar profundamente y no perder la calma. Puede que parte de mis recuerdos sí que fuesen verdaderos y, según ellos, hacía ya varios años que mi hermano y yo no vivíamos aquí. Aunque claro, yo recordaba perfectamente que nos habíamos ido de vuelta con nuestros padres, y ya habíamos visto en su casa que no había muchos indicios de nuestro paso por allí, y Drake no se estaba quedando allí porque ninguna de las habitaciones era de él. Pero esta casa no parecía llevar tantos años abandonada. Sí, estaba abandonada, pero no estaba en un estado penoso, solo estaba sucia. Yo diría que llevaba solo un par de años así, pero se supone que entonces ya no vivía nadie aquí…

No quise decir en voz alta que a lo mejor Drake estaba en otro sitio y solo teníamos que seguir buscando para no parecer una loca ingenua, ya que no hacíamos más que darnos de bruces con callejones sin salida, además de que la presencia de una maldición Imperius en mí ya parecía confirmar todas las cosas que yo no quería creer que fuesen ciertas. Podía ver la expresión en el rostro de Jason. Él no estaba diciendo nada, pero claramente sus ideas no parecían ser muy positivas.

Jason me ofreció su mano y yo se la cogí y me levanté. Dejó que yo le guiase por la casa para investigar, así que subimos las escaleras para ir a los dormitorios, pues dudaba que fuésemos a encontrar nada importante en el primer piso. La primera puerta por la que pasamos fue la de mi dormitorio. Tenía la intención de pasar de largo para ir directamente a la que había sido de mi hermano, pero me detuve cuando vi el interior de la habitación por el rabillo del ojo y fruncí al ceño y mirar y ver que la decoración no estaba igual que como yo pensaba que la había dejado cuando me marché de esta casa.

-¿Qué demonios…?- murmuré al ver esa decoración de dormitorio que no era para nada el estilo que yo tenía en esa época. Yo cuando me marché de aquí se suponía que tenía unos veinte o veintiún años, ya no recuerdo bien, pero no más que esos. Esta habitación era mucho más parecida a mi estilo actual, al estilo de mi yo adulta que había desarrollado al madurar.- Yo no dejé esto así- dije, repitiendo lo que había dicho el día anterior en casa de mis padres.

En vez de ponerme a investigar esa habitación para ver qué cosas me encontraba allí fui a la habitación de mi hermano. La puerta estaba cerrada, era la única que estaba así. La abrí y entré, y me sorprendí muchísimo al encontrarme con que esa habitación estaba igual que como yo la recordaba, al contrario que mi habitación y prácticamente el resto de la casa, a juzgar por lo que había podido ver en la entrada.

-Esto sí que está igual- dije mientras entraba en la habitación para ir hacia la mesa del escritorio de mi hermano. Sabía que tenía una carpeta con todos sus documentos ahí guardados. Si había algún tipo de información sobre mi hermano que yo no recordase podría estar en algún documento de esa carpeta, ¿no? La encontré en uno de los cajones y la abrí y volqué todo su contenido sobre la cama, desorganizando todos los papeles que había allí, pero me daba igual. Estaba muy nerviosa, y no podía ser paciente y mirar todos los documentos con cuidado. Me puse a mirar todos los documentos, y encontré allí de todo. Estaba su partida de nacimiento, sus carnets de identidad del Ministerio de Magia británico y del MACUSA, su carta de Hogwarts, sus notas, su carnet de identificación de criatura mágica marcándole como vampiro, miles de papeles de miles de cosas diferentes…

…y por fin encontré lo que estaba buscando, y lo que no quería encontrar. Un certificado de defunción.

La manos me temblaban mientras sostenía el documento con ellas, pero me obligué a mí misma a mantenerme firme mientras los leía. Era un certificado de defunción del MACUSA, claramente. Supongo que lo puse yo allí junto con todos los papeles de mi hermano años atrás. Sentí que el mundo se me caía a los pies mientras lo leía.

-Drake Cayden Moon…- leí sin poder creer que estuviese leyendo de nombre de mi hermano en ese pedazo de papel que confirmaba mis peores temores.- Fecha de fallecimiento, 9 de febrero de 2009.

Mi hermano llevaba años muerto. Le había matado, tal y como Emily me había dicho que yo había hecho, y sin embargo yo le recordaba perfectamente vivo apenas un par de años atrás, despidiéndome de él antes de marcharme a Londres. Todo era cierto, alguien había borrado mis recuerdos y los había cambiado por otros… y mi hermano estaba muerto.

Solté el certificado de defunción de mi hermano y me giré para volver a mirar a Jason. No había lágrimas en mis ojos, ni una expresión de horror o de tristeza en mi rostro. Simplemente no había nada. No dije ni hice nada durante unos instantes mientras lo procesaba todo, y de repente sonreí. No era una sonrisa genuina, sino una sonrisa retorcida y algo demente, como si todo esto fuese un mal chiste, una broma tremendamente graciosa pero de muy mal gusto.

-Drake está muerto- dije.- Yo le maté- me cubrí la boca con una mano y me reí con ese chiste malo y de pésimo gusto que se le había ocurrido al destino para divertirse a mi costa. Me reí mientras negaba lentamente con la cabeza. Tenía que reírme, porque si no me reía iba a matar a alguien, y solamente tenía a Jason a mi alcance en este momento.- ¿Y ahora qué hago? Maté a mi hermano.

Volví a reírme. Era una risita ridícula y floja, llena de histeria. Lo sentí entonces, sentí la ira en mi interior. Un brote de magia accidental causada por mis emociones inestables hizo temblar los cristales de las ventanas y las cosas colgadas en la pared y reventó el espejo que había en la pared, lanzando pedazos de este por todas partes sin ser yo consciente de lo que hacía, como si volviese a ser una niña pequeña.
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Invitado el Lun Jul 25, 2016 11:19 pm

Aquella casa no daba ninguna señal esperanzadora desde fuera y una vez dentro la cosa no hizo más que empeorar. Aunque el haber superado a la maldición imperius que parecía tener atada a un recuerdo a Stella era un gran paso, la oscuridad y polvo que reinaban en aquel apartamento no auguraba nada bueno para nuestros descubrimientos. El grito de ruptura de maldición solo había sido el principio y mi intuición me decía que aquella casa ns iba a decir muy pocas cosas que quisiesemos oír. Mi implicación no era tanta como la de Stella pero cuando el tema eran hermanos, era demasiado fácil para mi sentir su dolor.

Nos adentramos en el apartamento, dejando a nuestro paso las huellas de nuestros pies por un camino que hacía tiempo que nadie pisaba. El primer piso no parecía una gran fuente de información, según los varemos de mi compañera que, agarrada de mi mano, subió directamente al piso de arriba dónde no tardé en descubrir que estaban los dormitorios. La primera parada fue la que debía ser su habitación en otro tiempo. Ella mostró sorpresa al verla pero yo no dije nada. No sabía como se suponía que tenía que estar aquella habitación pero la que estaba viendo combinaba perfectamente con el estilo de la Stella que yo conocía. A pesar de todo, ella pasó de largo. No era su dormitorio o el por qué de que estuviera diferente lo que le interesaba, era el de su hermano, y mientras observaba como ella se iba, mi soledad me dio la oportunidad de mirar más atentamente a mi alrededor. El dormitorio de cualquier persona dice mucho de la persona en cuestión, es interesante lo que se puede descubrir de alguien por el sitio en el que duerme y Stella era una persona que despertaba demasiado interés en mi como para que su antiguo dormitorio no me diese cierta curiosidad.

La oí hablar en la otra habitación mientras yo observaba sin tocar nada. Una fina capa de polvo cubría los cristales de algunas fotografías en las que se veía a Stella con una apariencia no tan distante a la actual junto con un hombre y un bebé. Me agaché para ver mejor aquellas fotografias, de una Stella feliz y al parecer menos oscura que la que yo conocía, cuando su voz me llegó de nuevo desde la otra habitación solo que con un tono mucho más apagado. La decisión de dejar mi investigación para más tarde se me antojó de lo más certera cuando al llegar a dónde estaba ella las palabras "Drake está muerto" salieron de entre sus labios. Lo que no me esperaba fue lo que las siguió. Me quedé quieto en el sitio, por primera vez en mucho tiempo sin saber exactamente como reaccionar ante las palabras de que ella había matado a su hermano.

Mis labios se separaron para decir algo, algo que se perdía entre la compasión que sentía por alguien que había perdido a su hermano y la ira que me hacía sentir estar ante alguien que lo había matado. Pero no tuve que decir nada pues su risa histérica ocupó todo el silencio que reinaba en aquella casa. No era una risa normal y no mostraba ni una sola pizca de felicidad. Había visto en su rostro la carencia total de todo segundos atrás y ahora me mostraba una versión trastornada de sí misma como si aquella realidad fuese demasiado para ella. La entendía, sabia perfectamente como debía estar sintiéndose a pesar de no mostrar yo empatía jamás hacia nadie. Pero a ella la entendía. Y cuando todo empezó a temblar, dejé que todo pasase sin intervenir. Sin ni siquiera protegerme cuando los cristales del espejo saltaron en todas direcciones. En aquella situación el miedo que yo pudiera tener o mi instinto de supervivencia no eran viables.

Cuando todo cayó al suelo tras aquella pequeña explosión de magia que seguro que habría alertado a los vecinos, yo miré a Stella. Podía ver en sus ojos lo que yo mismo había visto en los mios cuando murió mi hermano, solo que yo había tenido a alguien a quien culpar...ella solo se tenía a sí misma. Me acerqué a ella y puse mis manos rodeando sus brazos.- Estoy aquí.- dije en lugar de un "tranquila" o un "calma". Esas palabras nunca servían de nada, cuando alguien te pide que te calmes en una situación así lo único que quieres es matarlo. Y matarlo a golpes. Mis brazos la rodearon con calma, para que la cárcel que podían conformar mis músculos para ella fuese más un refugio que una prisión- Llegaremos al fondo de todo esto- dije con convicción sabiendo que aunque ella hubiese matado a su hermano, las historias no solía ser tan sencillas como parecían clamar sus finales.

-Recuerdas algo más ahora que todas las maldiciones se han roto?- acerté a preguntar separándome ligeramente de ella y mirándola a los ojos. -Quizás encontremos por aquí algo que nos dé un por qué, o algo que nos guíe- dije mirándola aun inquisitivamente para ver que le dictaban esos recuerdos reprimidos que poco a poco afloraban. Quizás no fuese el mejor momento para preguntar por sus fotografías de familia feliz de la otra habitación, pero si tenía la oportunidad de llevarla de nuevo a su habitación quizás fuese otra pieza más de todo aquel extraño puzzle- Dijiste que tu dormitorio no estaba como debería, deberíamos ir a ver que puede haber pasado aquí en realidad- dije sin apartar la mirada y bajando mis manos hasta las suyas para guiarla si finalmente accedia.
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