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Gods and monsters [Stella Moon]

Invitado el Miér Dic 02, 2015 8:27 pm

Recuerdo del primer mensaje :


El invierno casi había llegado a Inglaterra y con él la navidad se me echaba encima irremediablemente. No soy persona de celebraciones, pero la navidad requiere un esfuerzo para mi que no siempre me apetece hacer. La época más falsa del año puede llegar a resultad demasiado hasta para el más embustero y farsante de todos, y a mi, particularmente me dejaba agotado. La ausencia de mi familia no me libraba de compromisos sociales si me encontraba en la ciudad, y era exactamente por eso por lo que prefería irme de vacaciones en estas fechas antes que en verano cuando todo estaba lleno de ansiosos turistas. Lo que no me esperaba es que alguien como Stella reclamase mi atención en estas fechas cuando yo ya estaba dispuesto a alejarme de todo.

Mi relación de amistad con ella cada vez se afianzaba más y, aunque jamás lo reconocería, era algo que me gustaba y en parte me hacía sentir mejor con todo lo que me rodeaba. Jamás reconocería, ni ante mi mismo, que Stella me gustaba como algo más que un simple polvo. Eso no era para mi. Pero ella si que cumplía con todos los requisitos que yo buscaba en una mujer: Era guapa, inteligente, misteriosa, cruel y muy independiente y capaz. Era una mujer poderosa e inalcanzable para muchos lo que la hacia un manjar para mi. Pero jamás saldría de ese sitio de amiga- postre que le tenía reservado, aunque ya pudiera considerarla mi dulce favorito. Por todo eso, me lo pensé dos veces antes de pedir mis vacaciones cuando su carta llegó volando a mi despacho. Consideré que lo mejor que podía hacer era hablar primero con ella y luego reservar mi viaje... Mientras un runrun en la cabeza me decía que me estaba ablandando.

Me presenté en el lugar y hora que decía la nota que me había mandado antes de que ella llegase. Me puse a caminar por aquella calle como un tigre enjaulado mientras un enfado escondido crecía en mi interior. No iba a permitir que ninguna mujer me hablandase, ni aunque fuese una licántropa que me había salvado la vida o una de esas escasas piezas que nunca me canso de tirarme. Escucharía lo que tenía que decirme, fuese lo que fuese tan importante y me largaría de allí con viento fresco.

Respiré profundamente y me apoyé en una pared desabrochándome la americana negra. Tenía que alejarme de esa ciudad y de ella por tiempo. Relajarme, pensar en mi mismo. El frio londinense se coló por entre los huecos entre botón y botón de mi camisa y sentí con placer como esa brisa inesperada contrastaba con la elevada temperatura de mi cuerpo. Yo siempre tenía calor, por eso no me abrigaba especialmente en invierno. Noté una mirada clavada en mi mientras esperaba y al levantar la cabeza vi a una chica rubia embobada mirándome. Era guapa, pero aburrida. Tan insípida como cualquier otra. Puse una sonrisa cautivadora y le guiñé un ojo. Ella se rió como una colegiala dejando ver que mi primera impresión sobre ella no estaba muy desencaminada. Quizás debiese tirarme a esa insulsa para sacarme más de una tontería de la cabeza.
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Stella Moon el Mar Jul 26, 2016 7:58 pm

Cuando Jason se acercó a mí y me rodeó con sus brazos después de que mi estallido furioso de magia hiciese volar por los aires las cosas de la habitación de mi hermano, hundí mi rostro en su pecho y no dije nada. A pesar de mi silencio, en mi interior agradecía la presencia de Jason allí, y agradecía su apoyo. No lo expresé en voz alta, pero significaba mucho para mí. Yo quería ser fuerte, pero a veces no bastante conmigo misma. Necesitaba ayuda, y Jason estaba siendo ese pilar que yo requería para no derrumbarme en esos momentos. Dejé de reír histéricamente por fin, y aguanté las ganas de llorar la pérdida de mi hermano. No quería llorar, me haría sentir furiosa, y la furia podría hacer que saliese a la calle a asesinar a todos los que se cruzasen en mi camino, cegada por la ira. No me importarían quiénes fuesen: magos, muggles, adultos, niños, hombres, mujeres… Les mataría a todos. Pero los brazos de Jason me tranquilizaron, y no hizo falta que me dijese nada más que que estaba conmigo.

-Gracias…- murmuré entonces, casi inaudiblemente, y me separé un poco de él. Mi rostro volvía a estar duro y casi inexpresivo. Miré a mi alrededor a las cosas de mi hermano. Casi podía verle allí perfectamente, tirado en la cama con una sudadera puesta jugando a sus videojuegos, huyendo de la luz del sol, o leyendo sus cómics de Marvel preferidos, o escuchando música tan alta que siempre tenía que venir yo a pedirle que bajase el volumen, y en cuanto abría la puerta él me miraba y sonreía de manera traviesa al ver mi ceño fruncido. ¿Eran falsos esos recuerdos también? No, no podían serlo. Eran los recuerdos más antiguos que tenía de esta casa, de cuando nos mudamos aquí, de antes de la fecha de su muerte que estaba escrita en el certificado de defunción. Tenían que ser reales. Si fuesen falsos me moriría de la pena, pues eran los recuerdos felices que tenía de mi hermano en esa época. El resto eran recuerdos llenos de angustia y de dolor y de sufrimiento causados por lo infeliz que era él con su condición. Si eso hubiese sido todo lo que mi hermano había sentido en sus últimos días habría sido horrible. Me consolaba pensar que había habido un poco de felicidad entre todo eso.

-Los vampiros y los licántropos se odian…- murmuré mientras continuaba mirando las cosas en el dormitorio. Los posters, los discos… Mi hermano estaba presente en espíritu en cada rincón de esa habitación.- No sé si quiero descubrir por qué le clavé esa estaca en el corazón.

Una imagen terrible se estaba formando en mi mente. No quería pensar en que yo había matado a Drake porque había cedido ante mi odio. Era una idea horrible y espantosa que me quemaba por dentro, y no quería ni siquiera considerarla como una posibilidad.

Negué con la cabeza cuando me preguntó que si había recordado algo ahora que la maldición Imperius se había roto. No recordaba nada, todos los recuerdos seguían modificados igual que lo habían estado antes. Jason no tiró rápidamente la toalla; se le daba muy bien investigar, por eso le había traído aquí conmigo, para que me ayudase, y eso estaba haciendo. Le acompañé a mi antiguo dormitorio, siguiendo la sugerencia que él mismo había dado, y volví a fruncir el ceño a ver los cambios que había entre esa habitación y lo que había en mis recuerdos. Sí, la habitación era de mi estilo, pero… yo no tenía una cama de matrimonio, en mis recuerdos era individual. Y en mis recuerdos había un armario menos que en ese lugar. Caminé hacia ese armario y lo abrí. Dentro no estaba mi ropa, sino que había ropa de hombre.

-¿Qué demonios…?- murmuré al ver toda esa ropa que definitivamente no era mía y que sabía perfectamente que no era de mi hermano. Todo lo de mi hermano estaba en su cuarto, y él no se vestiría así. Me alejé del armario tras cerrarlo, y me percaté entonces en las fotografías que había sobre una mesita de noche, unas fotografías que Jason miraba. Me acerqué, y vi que ellas estaba yo junto a un hombre en algunas de ellas. Eran fotografías mágicas, así que se movían. En ellas el hombre y yo sonreíamos y parecíamos felices.- Ese es Dante Gabanelli- dije entonces.- No le recuerdo de nada, pero tiene que ser él… Hay gente que me ha dicho que salí con él en Hogwarts. Insistieron tanto que por eso pensé que sí que era posible que hubiese perdido recuerdos…- le expliqué a Jason mientras miraba las fotografías. Me fijé en el hombre. Era de mi edad, muy apuesto, de cabello oscuro y brillantes ojos azules. Sentí una vaga familiaridad al verle en la fotografía… pero nada más, a pesar de que en mi rostro en la fotografía se me veía muy enamorada. Sentía como si estuviese mirando a una extraña, en vez de a mí misma.

Había fotografías en las que no estábamos los dos solos, sino que había una tercera persona. En una fotografía tenía en brazos un bebé, de brillantes ojos azules iguales que los del tal Dante Gabanelli al que yo no recordaba. Tampoco recordaba a ese bebé.

Un terrible temor comenzó a invadirme, un temor igual que el que había sentido cuando estaba empezando a darme cuenta de que no iba a encontrar a mi hermano vivo en ningún lugar. Un espeluznante presentimiento me llevó a salir de mi habitación acompañada por Jason, y me dirigí a las puertas de los demás dormitorios que había en la casa. El primero al que llegué era un dormitorio de invitados, pero el segundo dormitorio al que llegué sí que tenía dueña, y el mundo se me cayó a los pies.

“DANA” ponía en un cartel en la puerta cerrada del dormitorio. El corazón me latía con fuerza dentro del pecho, desbocado. Mi rostro continuó sin mostrar absolutamente ninguna emoción, y mi mano consiguió ser firme cuando agarré el pomo y lo giré para abrir la puerta y entrar en la habitación. Era la habitación de una niña pequeña, con las paredes pintadas de un bonito color lila. Obligué a mis piernas a avanzar para entrar en la habitación, y lo miré todo. La cama, perfecta para una princesa. Había muchos juguetes, algunos de ellos por el suelo, y muchos peluches también. Había una escoba de juguete en una esquina cubierta de polvo, y una bufanda muy pequeña parecida a la de los alumnos de Slytherin tirada sobre una sillita también muy pequeña. Había un corcho en la pared con fotos y dibujos colgados en él. Me acerqué. Había varias fotos de la misma hermosa bebé que había visto en la foto de mi antiguo dormitorio. Había fotos de una niña muy pequeña, ese mismo bebé ahora más crecidito. La niña tenía unos preciosos ojosa azules iguales que los de Dante, y pelo rubio. En la foto en la que salía más mayor tendría unos tres años. Había también fotos con Dante Gabanelli, algunas en las que jugaba con él y otras en las que la tenía en brazos. Había otras en las que estaba conmigo de igual manera. La foto que me dejó sin respiración fue una en la que salía yo, muy embarazada, y el hombre tenía su mano posaba sobre mi enorme barriga.

De manera inconsciente mi mano se posó sobre mi vientre plano, un vientre que yo hasta ahora había pensado que había estado siempre igual. Me quedé sin respiración, pero permanecí tranquila mientras mis ojos continuaban descubriendo más horrores en ese corcho.

Había fotos de cumpleaños. Una vela, dos velas, tres velas… Había una foto en la que yo estaba ayudando a la niña, Dana, a soplar las velas de la inmensa tarta de chocolate. Había una foto en la que Dante enseñaba a la niña a montar en su escoba de juguete. Había una foto de la niña jugando con un coyote, y un dibujo muy mal hecho de un lobo. Junto a ese dibujo había otro, en el que había dos palotes altos, uno de ellos con falda y el otro con pantalones. El de la falda tenía pelo castaño, y era yo. El otro era Dante, y entre ambos estaba la niña. Una flecha en la que ponía “yo”, la apuntaba a ella. Otra en la que ponía “papá” apuntaba a Dante. Otra en la que ponía “mamá”, me apuntaba a mí.

-Tengo una hija- no había horror en mi voz. Todo el horror y el desconsuelo se había gastado con el descubrimiento de la muerte de mi hermano. Sonaba sorprendida, atónita, y al borde del cabreo. Tenía una familia… y alguien me la había quitado. La había borrado completamente de mi mente.- Tengo una hija…- repetí, todavía sin poder creérmelo. Cada vez sonaba más extraño, más ridículo. No podía ser posible, pero lo era.
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Invitado el Mar Ago 16, 2016 11:15 pm

Hay muchas teorias acerca de como funciona la intuición. Los muggles lo atribuyen al subconsciente y algunos magos más conservadores a una magia antigua que nadie ha conseguido entender del todo todavía. La intuición se guía por todas esas señales invisibles que el universo nos envía sobre lo que nos rodea y no podemos percibir, pero hay algo en nosotros que si lo hace. Ese algo me avisó de que aquella casa no iba a traerme nada bueno y si de algo estoy seguro respecto a la intuición es que la mia nunca falla.

Abrazar a Stella tras el momento culmen de su descubrimiento había sido un acierto pero también una salida muy fácil para mi. Consolar nunca ha sido mi fuerte, en parte porque yo jamás busco consuelo, pero algo como el contacto físico suele ayudar. Stella despertaba toda una nueva serie de sensaciones en mi que me llevaban a abrazarla cuando hacia reventar una habitación y aunque yo no tengo ni idea de lo que es el romanticismo, creo que eso es lo más cerca que yo puedo estar de él.

Mi abrazo se aflojó con la promesa de que descubriríamos lo que le había pasado a su hermano realmente y su respuesta fue exactamente la que esperaba. Si su hermano era un vampiro y ella era una licántropa, cualquiera podría llegar a la conclusión de que lo más lógico sería que aquello hubiese sido un asesinato entre especies, pero de nuevo, mi silenciosa alarma me decía que tras aquella historia había algo que no era lo que parecía, y esperaba que fuese eso, aunque solo consiguiese así darle algo de paz a Stella.- Las cosas no son tan simples como parecen a simple vista- sentencié sin más dándole a entender que no se rindiese con aquel tema antes de pelear un poco más.

No podía olvidar, por otro lado, lo que había visto en su habitación. Haciendo gala de una sutileza innata, conseguí llevarla de vuelta hasta allí dónde quizás algunas de sus dudas y muchas de las mias encontrasen respuesta. EL dormitorio se había quedado en mi memoria tras la primera visita, por eso la segunda no me desveló gran cosa de un primer vistazo. Sin embargo, ahora contaba con la anfitriona de la casa que podía abrir y deshacer todo lo que ella quisiera, por lo que la dejé hacer. Observé a Stella mientras miraba la habitación con cierta cautela, como notando todas las cosas que no deberían estar allí. La vi fruncir el ceño ante todo aquello y dirigirse al armario, en el que resultó haber una buena cantidad de ropa masculina. Fue entonces cuando yo fruncí el ceño y mi vista volvió a las fotos que había en la habitación. Toda aquella ropa debía ser del hombre de las fotos. Un hombre algo más joven que yo, de ojos azules y pelo oscuro. La imagen de la familia feliz de la cual Stella formaba parte ya estaba creada en mi cabeza y era imborrable. Una punzada de celos sacudió mi estómago haciéndome sentir incómoda.

Cuando ella me explicó quien era el hombre, sus palabras parecían denotar mucha menos verdad que el hilo de mis pensamientos. Ella no había llegado todavía a la misma conclusión que yo, que ya era la segunda vez que observaba aquellas fotografias, así que la dejé rondar una vez más. Ver y temer como yo lo había hecho pero con más intensidad... Y cuando eso pasó, cuando se dio cuenta de la verdad, salió rápidamente de la habitación. Yo la seguí silencioso como una sombra aunque la respuesta ya estaba demasiado clara para mi. Ver "DANA" escrito en una puerta convirtió mis suposiciones en realidad y lo noté como una puñalada.

Stella abrió la puerta con firmeza. Era un cuarto de niña, lila y femenino, lleno de cosas en miniatura que reflejaban todas las cosas que querían sus padres para ella. Stella entró en la habitación, y pareció ser el corcho lleno de fotografias lo que le dio la información que le falta para hilar todos los cabos. Segundos después, llegó a la conclusión más grande de aquel día mientras se tocaba la barriga. Me acerqué a donde estaba ella por su espalda y en silencio. Aquel corcho estaba lleno de cosas y lo más impactante para mi fue la imagen de Stella embarazada...

Tragué saliba por hacer algo pues notaba la garganta casi completamente obstruida.- Una niña preciosa- dije y mi voz sonó normal pero yo la notaba atragantada del todo. Yo había visto aquella conclusión antes que Stella, pero me había golpeado con su realidad como a ella.

Tomé aire silenciosamente pero como si me estuviera asfixiando- Tienes algún recuerdo de ellos? Por mínimo que sea? Quizás deberíamos buscarlos- dije con aparente tranquilidad aunque queriendo tragarme las palabras nada más soltarlas. Quería salir de allí corriendo. Mis sentimientos por Stella no eran tan fuertes como para aceptar que fuese madre. Yo nunca había querido ser una figura paterna y mi lógica me decía que huyera lo más rápido posible. En estas cosas estaba claro que yo no podía hacer nada por ella. Nada útil, al menos. Sin embargo, mis pies parecían haber enraizado a su lado.

- Bajemos, creo que nos vendría bien una copa- dije girándome y sin asegurarme demasiado de si me seguía. Bajé y no tardé demasiado en encontrar un salón con diversas botellas de alcohol metidas en un mueble. Aquel mueble estaba a la altura de mi cabeza. "Para alejarlo de la niña.." pensé de modo lúgubre. Limpié una copa que había allí con la varita y me serví un trago de Bourbon.

Ya me daba igual no estar en mi casa.
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Stella Moon el Miér Oct 26, 2016 2:08 pm

Había venido a mi antigua casa preparada para encontrarme con cosas terribles, cosas que no querría que hubiesen pasado en la vida. Había intentado tener esperanzas de que mi hermano siguiese vivo, aunque sabía en el fondo que estaba muerto y que lo único que encontraría en esa casa sería miseria. Para eso estaba preparada. Para lo que acababa de descubrir… para eso jamás podría haber estado preparada.

Al ver aquel corcho con todas esas fotos me di cuenta de que la gravedad del asunto en el que me encontraba era mucho peor de lo que podría haber imaginado. Quien quiera que fuese el que me había borrado la memoria no solo me había quitado el recuerdo de la muerte de mi hermano y había modificado lo necesario para que yo no recordase lo ocurrido: había modificado mi vida entera. Al ver aquellas fotos, en las que veía a mi hija y a su padre, el cual yo ni siquiera sabía si era mi marido o no (miré en las fotos de nosotros si se veían algún anillo en nuestras manos, pero no vi ninguno así que por el momento pude respirar tranquila), me estaba dando cuenta de que absolutamente toda mi vida era una mentira.

¿Qué era real y qué no lo era? Ya no lo sabía.

-No se parece a mí- dije casualmente cuando Jason comentó que mi hija era una niña preciosa. No me resultó extraño que no hubiese heredado mi cabello castaño y mis oscuros ojos, pues en mi familia había algunas personas con el cabello rubio, y había heredado exactamente los ojos de su padre. Pero sí, era preciosa, eso no se podía negar.

Negué lentamente con la cabeza cuando Jason me preguntó si tenía algún recuerdo de ellos.- No recuerdo nada- murmuré mientras continuaba mirando las fotos, las cuales con cada segundo que pasaba me parecían más insólitas. Esa no podía haber sido mi vida… La mujer que veía reflejada en esas fotos no era yo. No era yo…- Creo que ya hemos removido demasiado el pasado- declaré cuando Jason dijo que tal vez deberíamos buscarlos. Si hiciésemos eso no sabría ni por dónde empezar. No tenía ninguna pista, al contrario que con mi hermano. Claramente hacía mucho tiempo que no vivían en esta casa… una persona pesimista hubiese pensado que ellos también estaban muertos. Yo no sabía ni qué pensar.

-- asentí cuando Jason dijo que nos vendría bien una copa. Le dediqué una última mirada a las fotos antes de seguir a Jason fuera de la habitación y bajar las escaleras hacia el salón. Recordaba donde estaba el licor, pero antes de que pudiese indicarle el camino correcto a Jason él ya lo había encontrado, como si fuese un sabueso rastreando el aroma del alcohol.

Me serví una copa igual que Jason y bebí un trago. Lo hice de manera calmada, sin dejar que los nervios me afectasen. Había reaccionado de manera muy distinta ante la última noticia que ante la confirmación de la muerte de mi hermano. Había sentido cosas muy distintas. La muerte de mi hermano me había devastado, la noticia de la existencia de Dana… me había sorprendido. Pero no sentía nada, era como si algo en mi interior se hubiese apagado.

Miré a mi alrededor, a la casa en la que vivía la antigua Stella, la Stella a la que no recordaba y que ya no existía. Y de repente, sin previo aviso, comencé a reír. Empezó como una risa foja, casi muda, que se notaba más por el movimiento de mis hombros que por el sonido. Esa risa floja fue cobrando fuerza hasta convertirse en carcajadas, riéndome entonces con mucha más fuerza que cuando me había reído antes al descubrir que mi hermano estaba muerto. La risa en el cuarto de mi hermano me había hecho parecer una demente, mientras que estas carcajadas me hicieron parecer feliz. Dejé la copa de bourbon sobre una mesa para no tirar sin querer su contenido por ahí y miré a Jason casi con lágrimas en los ojos provocadas por la risa, y luché por dejar de reírme.

-¡Era aburrida!- exclamé, como si aquel fuese el mejor chiste del mundo. -¡Mira todo esto! Me convertí en una mujer aburrida. No me lo puedo creer…- me reí de nuevo.- Dios, quien me borrase la memoria me hizo un gran favor… Debería mandarle flores. A lo mejor me lo hice yo a mí misma, después de todo, tras darme cuenta del terrible error que había cometido…

Cogí la copa de nuevo, la llené otra vez y lo bebí todo de un solo trago. Aunque la noticia de mi hermano me había devastado y no pararía hasta encontrar a la vampiresa que le había transformado para vengarme de ella por haber convertido su vida en un infierno, no iba a perder mi tiempo buscando a Dante y Dana. No iba a buscar a una familia a la que no quería recuperar, ni una vida a la que no quería volver. No quería perder lo que era yo ahora, lo que realmente soy.

Dejé el vaso vacío y me acerqué de nuevo a Jason. Mi mirada se había transformado radicalmente, volviendo a ella el brillo peligrosamente coqueto y seductor que solía poseer en presencia de ese hombre. Apoyé mis manos sobre su pecho y las deslicé suavemente por su torso mientras le miraba a los ojos.

-Ya hemos averiguado lo que realmente importaba. Drake ya no está. Todo lo demás da igual- murmuré cerca de su rostro.- La misión ha acabado, ahora solo estamos de viaje. Dime, ¿qué quieres hacer…?
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