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Sam y Cat, la aventura continua. [Sam J. Lehmann]

Matt Forman el Vie Dic 04, 2015 12:21 am

Recuerdo del primer mensaje :



La vi justamente delante de mi en la cola del supermercado. Era alta, con el pelo castaño y largo, ondulado, ojos claros y mirada picante. Me dejaba pasar porque yo solamente llevaba dos cosas pero le dije que no. Vaya culo. Merecía la pena hacer media hora de cola más por ver aquel monumento muggle andante. Me hice el despistado y al ir a avanzar un poco choqué con ella a propósito mientras deslizaba mi rápida mano por su melena. Dos o tres pelos se soltaron y los guardé en mi mano como si se tratase de un tesoro. Pedí las pertinentes disculpas y la chica lo entendió encantada. La tenía muy a tiro y lo único que me interesaban eran esos dos pelos que sujetaba en mi mano como si fuesen un hilo invisible que me ayudarían a conseguir su cuerpo con ayuda de una poción.

Nada más llegar a casa dejé los pelos sobre la chaqueta para no perderlos y mandé una carta urgente a un amigo. Pagué una suma importante por la dichosa poción, ya que pedí bastante como para ser mujer por unas cuantas horas. La metí en un tarrito junto con los pelos de la chica castaña y no dudé en beber un trago. El primer cambio fueron las manos, que se hicieron más pequeñas y femeninas. Mi altura descendió un poco. También mi cuerpo se hizo más pequeño y ligero. El pelo me creció hasta llegar más abajo de los hombros y me lo notaba delante de la cara. No esperé más y fui al baño para verme frente a un espejo. El subconsciente esperaba ver mi rostro normal pero en el reflejo estaba el rostro de la chica del supermercado. Sonreí impactado y me guiñé el ojo juguetón. Inmediatamente me quité la ropa y me inspeccioné el cuerpo. Tenía muy buenas tetas, las estuve sobando un poco, y un cuerpo bastante atlético. Que buena estoy. Mí ropa ya no me servía para nada así que fui al cuarto de Lluna para coger algo prestado. Todo me estaba bastante pequeño porque la ropa que quedaba en su armario era la del invierno anterior y tuve que probarme mucha ropa antes de llegar a algo que me gustó. Era un vestido básico de color azul con encaje. Di gracias a los fabricantes de ropa que piensan en la mujer actual pues la cremallera estaba en el lado izquierdo y pude vestirme yo solo. Di una vuelta para hacer volar el vestido y caí en la cuenta de que no llevaba ropa interior. Se sentía cómodo no tener algo ahí colgando entre las piernas. No usé sujetador, ni tampoco unas bragas de mi sobrina, que indecencia, me puse mis propios boxers ya que bajo la ropa no se veían. Tuve dudas con los zapatos hasta que me di cuenta de que los de Lluna me entraban perfectamente. Escogí algo con poco tacón y probé a caminar por la casa. Se me daba bien. Tomé prestado un bolso para meter dentro el frasco con la poción multijugos y una chaqueta para terminar de estar listo para salir.

Fui directo a casa de Sam usando magia, no quería caminar solo con estas pintas por Londres a estas horas de la tarde para que no me violasen en un callejón. El vestido era muy corto pero me sentaba bien. Varias veces presté atención para que no se me viese la ropa interior masculina. Llegando al piso de Sam ideé un plan genial para divertirme. Ella ignoraba que yo había conseguido los pelos de mujer, ni tampoco esperaba que me presentase un sábado por la tarde en su casa en busca de diversión. Tomé un trago de poción antes de llamar y me aguanté la risa todo lo bien que supe. Cuando abrió la puerta me miró como esperando una presentación por mi parte pues no me conocía. No había pensado ningún nombre artístico así que simplemente cambié una letra de mi nombre.

- Hola, perdona, soy Cat. Me he mudado arriba. - tuve que adaptar un poco mi tono de voz y gesticulé para indicar que vivía arriba. - Quería saber si... ¿Me prestas un poco de azúcar?

Si Sam fuese una Forman tendría el sentido reproductivo tan desarrollado como yo, de modo que me invitaría a pasar y a tomar algo con la intención de poner sus manos por debajo de mi falda. Pero Sam es una anti-Forman. Su naturaleza le impide reconocer que es bellísima y mínimo un 9 en la escala de tías buenas. Mi intención era que me invitase a pasar por lo menos, lisonjear un poco y confesar mi verdadera personalidad poco después, antes de que se hiciese falsas ilusiones.  
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Matt FormanJefe Departamento

Sam J. Lehmann el Lun Feb 29, 2016 11:09 pm

La legeremaga miró a su jefe con sumo descaro y sorpresa cuando le dijo esa afirmación tan subida de tono. ¡¿Pero es que no la había escuchado?! Todo su discurso sobre el amor parecía haberle entrado por una oreja y haberle salido por la otra. ¿Y ese repentina subida de ego de su amigo? Sin duda nunca cambiaría… era tan Matt. Pero lo peor de todo era su afirmación, esa que decía con total seguridad de que Sam, incluso siendo tal cual es con un interés negativo en los hombres y su atractivo, se pondría cachonda al ver a su jefe desnudo—No cambias, ¿eh? —dijo antes de llevarse la copa a sus labios y terminarse prácticamente el contenido de su interior—Nunca me ha llamado el más mínimo interés la anatomía masculina, lo siento —le confesó nuevamente a pesar de que ya lo sabía. Nunca había tenido sexo con un hombre, pero ya de por sí no le despertaba ningún sentimiento el simple hecho de pensarlo. En su etapa universitaria tuvo rollos con hombres, pero jamás fue más allá que simple calentura—Tienes mucha confianza en ti mismo y en tu atractivo, ¿verdad? Me sorprende que sea tanto como para afirmar, aún sabiendo mi condición sexual, que podría si quiera calentarme al verte solamente —dejó entonces la copa ya vacía sobre la mesa—Déjame dudarlo. Jamás me he sentido atraída por ningún hombre, mucho menos al verlo como Dios lo trajo al mundo.

Sam tenía esas ideas muy claras en su cabeza. Por mucho que lo intentara y lo hubiera pensado, a ella no le atraían los hombres. E incluso tampoco todas las mujeres, como al igual que a cualquier hetero no le gustan todos los seres del sexo opuesto. Odiaba que la gente hetero se pensase que una persona homosexual va por ahí tirándose a todo lo que es de su mismo sexo. ¡No! ¡No, no y no!

Matt le confesó a Sam que había estado enamorado, por lo que ella inevitablemente sintió un deseo irrefrenable de saber más. Preguntó, antes que nada, sí era un tema del que quería hablar porque lo que menos quería era deprimir o hacerle recordar a su mejor amigo un mal pasado y, cuando él mismo fue quien se abrió, Sam lo escuchó. No sabía exactamente cómo reaccionar… Sam nunca se había enamorado, pero sabía lo mucho que dolía perder a alguien a quién quieres con locura. Ella podía entender perfectamente la postura que había adoptado al perder a Neil, pero sin duda era una postura que había nacido del miedo y del dolor—Lo siento mucho, Matt —confesó, poniendo la mano en el muslo de su amigo, aunque desde una tercera perspectiva pudiera verse a una mujer afligida siendo consolada por otra mujer en un bar de bolleras mientras, ésta última, le coloca sugerentemente la mano en el muslo. Aunque evidentemente, en aquel momento Sam ni se había percatado de ello y por su mente solo pasaba una frase que querer decirle a Matt—Es duro perder a alguien a quién quieres. ¿Pero no darías lo que fuera por sentir otra vez lo que sentías por él? —preguntó curiosa, sin intención de meterse mucho más en su vida porque le daba palo.

La camarera llevó a tiempo los chupitos por lo que empezaron a jugar al juego de las afirmaciones. Cat tenía razón y cómo ambos se conocían tan bien aquello iba a ser un juego para no caer en coma en menos de tres minutos. Pero bueno, por lo menos Sam, después de tantas salidas de fiesta con Forman, había ganado ya bastante resistencia al alcohol aunque al llegar a casa siempre terminase vomitando para dormir plácidamente. Por ahora, tanto las afirmaciones que había hecho Matt como las que había hecho Sam, habían sido totalmente acertadas por lo que beber quedaba prácticamente implícito en ellas.

Sin embargo, luego vino la afirmación del millón. Cogió a Sam totalmente desprevenida, ya que no se esperaba ese tipo de afirmación ni de coña. Estaba afirmando el hecho de que Sam no se solía masturbar. Joder, es que menudo compromiso más incómodo e incierto. Sam, antes de hacer nada, miró a su ahora amiga para matizar eso—¿No me suelo masturbar? ¿Más o menos con cuanta frecuencia es eso? ¿Todos los días? —preguntó para saber si beber o no—A ver, Matt, que soy humana y llevo soltera cinco años de mi vida seguidos. Te odio por hacer esa jodida afirmación, que lo sepas —le dijo de manera incómoda pero divertida, cogiendo un chupito de manera rápida y bebiéndoselo de golpe—Obvio que lo hago, pero teniendo en cuenta tu manera de tratar los términos sexuales, estoy segura que estoy por debajo de la media de las mujeres que frecuentan ese tipo de cosas —confesó divertida, sin creer que estuviera hablando de eso.

Le tocaba su turno—Afirmo que has pensado en más de una ocasión que, de ser yo hetero, sería una perfecta pareja para ti —curvó una dulce sonrisa y lo miró con algo de picardía. Ella no era nada egocéntrica, pero debía de admitir que hasta ella misma lo había pensado.
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Matt Forman el Miér Mar 09, 2016 10:53 pm

No hablaba el alcohol si no yo, es mi forma de ser. No suelo hablarle a Sam de ese modo pero de vez en cuando me sale, y le digo ese tipo de cosas. Soy así. Supongo que ella me conoce bien y no se enfada. Sabe que sé que entre ella y yo jamás puede pasar nada, aunque no hace daño a nadie insinuarlo. Quizás si fuese lo bastante borracha... No, es Sam. Me reí de ella, sobre todo de su cara de sorpresa. Aún le pilla desprevenida mi gran sentido del humor y mi ego. Se defendió diciendo que el cuerpo masculino no le atraía en absoluto. Parte de mí no lo entiende, porque yo amo los perfectos cuerpos ya sena masculinos o femeninos. Me la quedé mirando de forma interesante. Era mi personalidad aflorando en un cuerpo de mujer, y eso tenía que impactar.

- Nunca lo sabremos. ¿No sientes curiosidad?

Me encogí levemente de hombros y reí a carcajadas. Carcajadas agudas que penetraron en mi propia mente. Los heterosexuales son muy aburridos. No les gusta probar cosas nuevas. Dudo que Sam me desease si me viese desnudo, pero me juego un testículo a que la mitad de mujeres de este bar no dudarían en cambiarse de acera al ver mis cualidades. Además, soy sensible, cocino de maravilla, soy un amante generoso... Soy el hombre perfecto. Estoy convencido de ello.

Esa animada charla basada en la sexualidad era mucho más alegre que hablar de Neil, pero encontré que era un buen momento para hablar sobre ello con Sam. Es muy comprensiva y no dudé en explicarle lo que había pasado. Omitiendo, por supuesto, los detalles de la muerte de mi amigo. Jamás he hablado con Sam sobre mortifagos o pureza de sangre, es como un tema tabú entre nosotros, y casi me alegro de que así sea. Hice que mi amiga se quedase de piedra, y me odié por ello porque estamos de fiesta, me he convertido en mujer y quiero que lo pasemos bien. Pero siempre salen temas tristes cuando se bebe demasiado, es algo que pasa siempre. Intenté poner buena cara, ya que lo tengo superado, y tomé a Sam de la mano con cariño.

- No quiero sentirme otra vez así porque conozco el dolor que conlleva el perder a una persona a la que … amas.

Me estaba sincerando demasiado y mi ánimo empezaba a decaer. La música en lugar de ser mi aliada era mi enemiga, ya que no la escuchaba para poder atender a Sam. Agradecí la llegada de la camarera ya que nos daba la oportunidad de cambiar la charla por el juego de beber. No había jugado nunca pero empezó de forma divertida. Me gustaría afirmar que Sam y yo nos conocemos perfectamente bien pero no es así. Puedo intuir cosas de su vida que la harán beber, y no me importaría equivocarme y sorprenderme con alguna faceta suya. Quise saber si se masturba con frecuencia, y el juego me lo dejó en bandeja. Lo que a mí me parecía una pregunta simple provocó dudas en Sam. Hice caso omiso de sus preguntas hasta que ella misma las respondió tomando un chupito. Sonreí mordiéndome el labio sin querer. Se marturba, pero no tanto como para decir que lo hace de forma diaria. Más bien lo hace de forma ocasional. Mmm, oscuros deseos afloran de la mente pura de Sam de vez en cuando y hacen que sus malvados dedos toquen zonas húmedas. Me senté mejor en el sofá sin acordarme de que no podía notarse ningún bulto en mi ropa porque de momento continuaba siendo una mujer. Menos mal...

- Lo normal sería una vez al día. Habrá días que nada, y días locos de esos en los que piensas que te vas a dislocar la muñeca. ¿No?

Estaba riéndome mucho con aquel juego. Lo estaba pasando bien. Bebí mi chupito con desgana. Sam había ido a lo seguro, no como yo que me la jugaba con cada afirmación. Decir que la veo como a la pareja perfecta es como decir que me llamo Matthew Forman. Obvio. Pero bebí de todos modos, poniendo un poco de mala cara. Me puse serio, como no lo había estado antes.

- Eso ha sido trampa. Si quieres emborracharme solo dilo... Te lo he dicho ya muchas veces que para mí eres la mujer perfecta. Guapa, inteligente, graciosa, ordenada... Seguramente te lo digo más veces al mes de lo que tu te masturbas.

Volví a reír como  un loco con mi propio chiste. Cada vaso contenía una mezcla alcohólica diferente, y se sabe que mezclar alcoholes sube muchísimo antes. Estaba cogiendo ese punto exacto de borrachera en la que te ríes de todo, todo mola, y no hay filtros en el cerebro. Habíamos acumulado unos cuantos vasos de chupito vacío y la camarera que tenía que ser mía esta noche vino a recogerlos. Esta vez me aguantó la mirada mientras yo la miraba aún sonriente. En ese momento solté mi afirmación, con la intención de que la camarera la escuchase.

- Afirmo que me has mirado las tetas hoy al menos una vez.

La pregunta era para Sam, pero instintivamente la camarera miró mis pechos y yo me reí. Se marchó un tanto azorada olvidando los vasos de chupito. Había causado el efecto deseado en la camarera, pues ese vistazo rápido a mis nuevos pechos me daba la excusa perfecta para pedirle luego el número de teléfono o algo así y que Sam me diese por bueno el trato. Además, sabría si hoy Sam me ha visto como una mujer. Sobre todo al llegar a su apartamento pidiendo azúcar.
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Sam J. Lehmann el Sáb Mar 12, 2016 2:37 am

Atracción negativa era lo que sentía por los hombres, pero bien es cierto que no todo está en la mirada. ¿Y si en el fondo, con los ojos vendados, un hombre podría llegar a ponerle tanto con sus besos y caricias como una mujer? Quizá, incluso, una persona de género masculino pudiera despertar algo en ella. No había sido el caso hasta el momento y la verdad es que Sam no tenía aparentes ganas de comprobar lo contrario. Pero no iba a negar lo evidente y mucho menos a Matt, su amigo—Siento curiosidad —le contestó, sintiéndose ya un poco perjudicada por culpa del alcohol—¿Quién no siente curiosidad con respecto a su orientación sexual, Matt? Llevo toda mi vida considerándome de la otra acera, claro que tengo curiosidad por saber si soy capaz de sentir algo con la atracción que se supone que es natural en los humanos —agregó divertida—Pero hasta la fecha no ha sido así. En la universidad tuve mi experiencia con hombres, pero no resultaron —se encogió de hombros mirando a Matt, o más bien Cat. Era una chica ahora y se le hacía especialmente raro, pero era tan Matt que continuaba actuando igual que siempre.

Sam se quedó a cuadros cuando Matt le contó su historia con su amigo Neill. No se hubiera esperado nunca que su amigo se hubiera enamorado teniendo en cuenta lo mucho que le gustaba la promiscuidad… pero precisamente por eso, ahora entendía el por qué de su manera de ver las cosas. Un dolor como la pérdida de alguien a quien amas te hace tomar las peores decisiones de tu vida. ¿Dejar de amar? ¿Qué clase de solución es esa? Cat le sujetó su mano suavemente y la miró a los ojos. A pesar de que eran unos ojos diferentes a los de su amigo, era como si pudiera ver a través de ellos y saber que estaba hablando solo con Matt—Vale la pena arriesgarse —apretó su mano, guiñándole un ojo. Ella nunca dejaría de animarlo, al fin y al cabo ella sabía lo mucho que dolía perder a una persona a la que has amado. ¿O acaso “amar” solo era en situaciones de parejas y atracción? Sam tenía clarísimo que ella quería con su vida a Henry y su pérdida la dejó en la absoluta decadencia. No había amado nunca a una persona como para poder comparar el sentimiento, pero todo lo que sufrió ella no se lo deseaba a nadie y esperaba no volver a pasar por ello. ¿Pero negarse a volver a sentirlo? Eso era de cobardes. Aunque no iba a decírselo a su amigo, primero porque no era el momento y segundo porque era demasiado buena como para ir en contra de la decisión que ya había tomado.

Y, sencillamente, estaban en una noche de diversión y lo menos que quería Sam era tocar ese tema que claramente afectaba a su amigo. Había confianza, pero se conocían lo suficiente para saber cuándo tratar ciertos temas. Así que Sam propuso jugar al juego de las afirmaciones. Empezó Matt, pero la pregunta que más le sorprendió fue la de la masturbación… Sam soltó una carcajada ante su explicación de la frecuencia diaria y negó con la cabeza mientras se mordía el labio inferior—¿Una vez al día? —preguntó con los ojos abiertos—¿Te crees que tengo tiempo para hacer eso una vez al día? Vosotros lo tenéis más a mano —dijo sin dar muchos detalles sobre su frecuencia, ya que realmente le daba vergüenza hablar de ello.

Y… no pudo volver a contenerse. Le dolían los mofletes de reírse tanto, pero es que Matt tenía unas ocurrencias que solo podrían ocurrírsele a él. Posiblemente tuviera razón y le decía más a Sam lo perfecta pareja que haría con él que las veces que Sam se masturbaba, motivo principal de que a Sam le hubiera hecho tanta gracia—¿No se nota que quiero emborracharte? Pensé que había quedado ya claro. Quiero ver a Cat borracha a ver si es tan valiente como su alter ego masculino —confesó divertida, aunque realmente ella lo único que quería era pasárselo bien, bailar con él y hacer de esa noche otra memorable noche con su mejor amigo.

La rubia observó a la camarera divertida cuando Cat le soltó la afirmación a la cara, dejándola en un momento la mar de incómodo que la hizo huir con el rabo entre las piernas—Qué bien te lo montas… —admitió mirándolo de reojo, cogiendo un chupito de la mesa, llevándoselo a los labios lentamente y tomándoselo sin dejar de mirar a Cat. Tras arrugar un poco el rostro pues ese chupito estaba realmente amargo, intentó esbozar una sonrisa. Claro que le había mirado el escote, ese prominente y atractivo escote que no se había molestado en ocultar. Ya que era mujer, estaba sin duda mostrando sus atributos más generosos. Sam era bastante disimulada a la hora de fijarse en ese tipo de cosas, pero era humana a fin de cuentas—Afirmo que en tus relaciones sexuales con hombres prefieres ser el que actúa de manera activa.

Y es que Sam veía a Matt y lo veía totalmente como el dominante de ese tipo de relaciones, por lo que esperaba acertar. La chica miró la mesa y observó que solo quedaban dos chupitos. Uno para él y otro para ella si ambos conseguían acertar a la primera. Sam miró con curiosidad a su amigo, esperando su contestación.
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Matt Forman el Sáb Mar 19, 2016 12:20 pm

Deseaba hoy más que nunca picar a mi amiga y conocer sus más oscuros deseos. Quería saber sobre todo si no sentía curiosidad sobre el sexo con un hombre. Me pondría muy cachondo si me dice que si, pero dudo que yo quisiera ayudarla en su comprobación. Es demasiado adorable, y me conozco. Escuché su respuesta con seriedad, nada de risas. Me parecía sumamente importante. Ella en la universidad ya tuvo sus experiencias, y los hombres no le gustamos. No es algo que se pueda forzar. Algún día será feliz lamiendo el coñito de una mujer que la merezca, ya lo tengo aceptado. Ella sentía curiosidad, porque todo el mundo la siente. La sociedad dicta unas normas y nos complicamos para seguirlas. En el caso de Sam, y en el mío, la sociedad se podía ir a la mierda con sus estúpidas leyes naturales. Dejé correr el tema. Me gusta que Sam se abra, y me hable de como se siente o como piensa las cosas.

También yo me abrí y le conté algo que nunca le había contado a Sam. Algo de lo que, en realidad, había hablado con pocas personas. De los que conocieron bien a Neil solo me queda Caleb, y él lo sabe todo, y lo acepta. No hay porqué quedarse anclado en el pasado, por eso sigo adelante como si nada. Duele pensar en Neil, duele de un modo que no se puede aliviar con nada. Yo le quise, y e´l lo sabía. Aquello que nos pasaba no era solo un juego de adolescentes. Pero murió, y me quedé tan solo e incomprendido que incluso me olvidé de lo que era amar de ese modo a alguien. Sam me dijo que valía la pena arriesgarse. Le sonreí sin ofrecer una opinión contraria. El amor es algo que no se elige, y hasta día de hoy no me he vuelto a sentir así. Creo.

- Es algo que no se puede forzar. Además, cuando más reniegas del amor es cuando la vida te abre más posibilidades. ¿No lo sabías? - dejé caer como si nada.

El juego nos había llevado a hablar de masturbación. Vale, fui yo el que habló de masturbación. No me imaginaba a Sam dándose placer cada noche para conciliar el sueño, y no me equivoqué. De nuevo tuvo que tomarse otro chupito, y ya iban...más de tres. Espero que mi camarera lo esté apuntando todo bien para luego poder pagarle, porque yo ya no recuerdo todo lo que hemos estado tomando. Y lo que nos queda... El tema de la masturbación le daba vergüenza, como todo lo relacionado con el sexo. Le pareció muy exagerado hacerlo una vez al día y se excusó en que nosotros lo tenemos más a mano. Reí sin más. No podía discutirle aquello. Las mujeres son un tanto más complicadas para el placer. Los tíos nos la rozamos un poco y...fin.

Todo eran risas. Estábamos tan concentrados en nuestro juego que no teníamos tiempo de fijarnos en las mujeres de nuestro alrededor. ¿No quería que Sam ligase? De este modo sería misión imposible. Me hice el ofendido con su afirmación sobre que ella me parece la mujer ideal. Por supuesto que quería emborracharme. Tuve que beber, por supuesto. Sam es, de lejos, la mujer más genial que conozco. Con el único punto en contra de esa fobia que tiene a los penes. Admitió que quería ver a Cat tan desmadrada como suelo estar yo siendo Matt. Valiente, esa fue la palabra. Asentí. En ese momento se acercó la camarera e hice una afirmación para Sam que en realidad parecía para la camarera, lo que hizo que esta última mirase fijamente mis pechos femeninos por un momento y se fuese algo ruborizada. Sam bebió. Pasaron demasiadas cosas en un momento para que mi mente, que empezaba a ralentizarse, lo entendiese todo. La camarera me había mirado los pechos, y Sam también. Tuve un momento de duda hasta que comprendí que mis nuevos pechos eran muy hermosos, imposible no fijarse en ellos.

- Lo sabía, te gusta mis pechos. ¿Quieres tocarlos?

La reté con una mueca divertida. Era su turno de lanzar una afirmación para hacerme beber uno de los dos chupitos que quedaban. Lo aguanté con la mano, sabiendo que me lo tenía que beber, y lo solté al escuchar su afirmación. Me puse serio y me eché para atrás. Negué con la cabeza y me reí nervioso. Aquel tema no era agradable para mi. Ella habló de relaciones sexuales con hombres, en plural. Cuando la realidad era muy distinta. La frase debía ser en singular, y para nada en afirmativa.

- ¿Si fallas te lo bebes tu? - no recordaba en caso de fallo quien bebía. - Solo he tenido una experiencia sexual completa con un hombre, y de ningún modo fui el activo. Era mi primera vez... - me respaldé en una excusa tan cutre como cierta. - Así que no, no. Cuando tenga más experiencias ya veremos. Tampoco entiendo mucho el rollo de ser activo o pasivo. ¿No se puede ser las dos cosas?

Me quedaba una oportunidad de hacer beber a Sam y tenía que usarla bien de modo que ella acabase bebiendo. Sería como ganar, ya que su última afirmación no me ha hecho beber a mi. Había apostado fuerte hasta el momento. Además, nos habíamos pasado al terreno sexual sin haberlo especificado en las normas principales. No tenía por seguro que el tema de la masturbación o mis tetas me fuesen a dar buen resultado. Es Sam... Quizás se masturba cada día pensando en la idea del amor romántico y después no mira ni las tetas de las tías buenas que se presentan en su casa a pedir azúcar. Quería ir a lo seguro pero también quise sorprenderla y jugar fuerte.

- Afirmo que alguna vez has usado la Legeremancia para saber de más en tus relaciones románticas.

No es una afirmación sexual, pero he apostado fuerte. Si no se bebe el chupito estaremos empatados y continuará el juego hasta que uno de los dos caiga, pase lo que pase vamos a necesitar más chupitos y lo mejor será que vaya a la barra a pedirlos. Puedo aprovechar para visitar a mi camarera y pedirle el número de teléfono muggle.
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Sam J. Lehmann el Mar Mar 22, 2016 11:09 pm

La legeremaga miró a Matt mientras se encogía de hombros ante su pregunta de que renegar al amor te abría puertas. Evidentemente Sam no estaba de acuerdo y suponía que Matt era consciente de ello, no obstante, no habían ido allí para hablar del amor y mucho menos después de que Sam se enterase de por lo que había pasado Matt con su amigo fallecido. Sin duda alguna ahora la rubia dejaría ese tema en un cajón apartado, puesto que sabía perfectamente que su amigo había tenido una experiencia más que justificada para no querer el amor en su vida. Y Sam lo respetaba.

Jugando al maldito juego Matt metió en un ligero apuro a Sam. ¿Hablar de darse placer a sí misma? No, gracias. Todos los temas relacionados con sexo y sus relaciones íntimas hacían que Sam no supiera llevarlos con normalidad, era un tema que, a pesar de ser totalmente natural, a ella no le gustaba hablar sobre ello porque le daba sencillamente vergüenza.

Por suerte —o no tanta— cambiaron de tema. Fue Matt el que dijo una afirmación que no solo iba dirigida a Sam, sino también a la camarera que tenía en el punto de mira. El rostro de la rubia al escuchar su afirmación por poco no se cae de vergüenza mientras bebía su chupito, aunque casi lo escupe cuando Matt le dijo con todo el descaro que si le quería tocar los pechos—¡No! —dijo con el rostro arrugado debido a lo amargo que estaba el chupito—No te quiero tocar los pechos, Cat, por favor —dijo a punto de estallar de risa. Se le estaba subiendo el alcohol y lo estaba notando, tanto por el calor que le estaba entrando, como por las ganas de bailar y por las ganas de reír que tenía.

La afirmación por la que apostó Sam hizo que Matt se pusiera un tanto incómodo. Lo notó a la legua aún sin conocer los rasgos faciales de Cat, pero conocía lo suficiente a su jefe como para ver a través de ello—Si fallo no pasa nada, se sigue jugando —le contestó a su pregunta a sabiendas de que había fallado de antemano. Asintió a sus explicaciones y al final Sam se encogió de hombros—Yo tampoco sé, supongo que sí. Mi afirmación iba de la mano de mi ignorancia en el tema, lo admito —confesó, ya que ella tampoco tenía mucha idea sobre cómo iba el sexo entre dos hombres.

Esperó impacientemente la siguiente afirmación de su amigo, sin saber qué esperarse ya de él. Le había preguntado por sus pechos, por la masturbación… ¿de verdad había algo que pudiera afirmar que le diera más vergüenza que algo de esas dos cosas? Bueno, quizás sí, afirmar algo en relación con su tránsito intestinal sería mil veces peor, pero tenía por seguro que no iría por esa línea. Cuando afirmó, Sam curvó una sonrisa y soltó el chupito, dejándolo sobre la mesa—¿En serio piensas que sería capaz de aprovecharme de la legeremancia con alguien a quién se supone que quiero? —preguntó sorprendida—No he tenido ninguna relación romántica de importancia, pero de haberla tenido ni me hubiera planteado utilizar la legeremancia para mi beneficio —le contestó tranquilamente. No le ofendió, ni de lejos, pero le parecía raro que Matt pudiera pensar eso de ella sabiendo cómo era y lo mucho que valoraba el amor y las relaciones.

Cierto era que se aprovechaba de la legeremancia para su propio beneficio, pero no en ese terreno, además de que nadie sabía lo que hacía, solo Sven—Parece ser que no quieren que este juego termine… —empujó entonces el chupito de Matt hacia él y ella cogió el suyo—Brindemos por la sinceridad y la amistad. Me alegra tenerte en mi vida, jamás pensé que mi jefe convertido en chica me haría tener que hablar sobre la frecuencia en la que me… —decidió no terminar la frase, negó divertida con la cabeza y alzó el chupito esperando a que Cat brindase con ella y dar el juego por terminado—¿Bailamos un rato? ¿O quieres probar suerte con la camarera?
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Matt Forman el Mar Mar 29, 2016 9:20 pm

Que Sam me hubiese mirado los pechos fue para mí como una pequeña victoria. Por un momento en la vida había sentido deseo por mí, aunque fuese yo una mujer en esta ocasión. Ser mujer me empezaba a agobiar. Con el calor, el alcohol ingerido, el pelo largo, el vestido estrecho... Me daba la impresión de que iba a reventar de un momento a otro. No olvidaba beber cada media hora más o menos de mi preciada poción multijugos. Cuando se terminase debería irme a casa, como cenicienta. También era consciente de que estaba un poco bebido y al levantarme para caminar con los tacones me podía hostiar perfectamente delante de todas estas féminas. Reí al saber que Sam no quería tocar mis tetas.

- Mañana ya no van a estar y te vas a arrepentir.

Estaba bromeando totalmente, pero son ese tipo de bromas con las que yo disfruto y Sam se pone de los nervios. El turno cambió al decir Sam su afirmación sobre mi vida. Ella supo que había fallado porque yo pregunté si debía beber el que no acierta. Le expliqué a Sam lo ocurrido. Tenía mucha experiencia con mujeres y muy poca con hombres. Tan poca que ni siquiera sabía si se tenía que ser pasivo o activo siempre. Sam sabía aún menos del tema. Pensar en dos hombres teniendo sexo le debe dar el morbo proporcionalmente opuesto al que yo podía sentir al pensar en dos mujeres follando. Jugué mi última carta y fallé. Santa Sam nunca usaba su poder mental con sus parejas.  

- Imagina que descubres unas bragas que no son tuyas ni de tu pareja en vuestra casa. ¿De verdad que no intentarías meterte en su mente para averiguar de quién son?

Pregunté de forma inmediata como no aceptando mi derrota. Pero sabía la respuesta. Santa Sam no hace esas cosas. Es buena por defecto. No se como es que se junta conmigo... Yo con ella si, da alegría a mi vida y da seguridad saber que no usará su poder conmigo. Jamás podrá saber que he matado a más personas de las que aparento. Entre ellas a Willow, auror a la que aún siguen buscando. Como solamente quedaban dos chupitos hicimos un brindis y cada cual se bebió uno. Así podíamos dar el juego por concluido e ir a bailar. Sam lo estaba deseando. Yo no tanto, me daba miedo caer. Su brindis me hizo reír. Nadie podía imaginarla hablando conmigo de masturbarse. Pero lo ha hecho.

- Vayamos a bailar. Pero debes esperarme en la pista, yo tengo una misión. Bueno, dos. Me estoy meando vivo.

Me levanté del sofá con sumo cuidado. El estómago me dio un vuelco y supe que necesitaba mear. Sam me esperaría en la pista. Me dirigí al baño y me quedé un minuto quieto ante la puerta, pues solo había una. Me armé de valor y entre. Era el baño de las chicas. Me metí en uno de los cubículos. El lugar olía extrañamente bien, como a rosas. Me subí el vestido hasta el ombligo y pude verme en bragas. Al bajarlas vi mi hermoso y nuevo sexo. Me senté sin esperar demasiado pues tenía demasiadas ganas de orinar. Todo fue muy bien, pero extrañamente cómodo. Lo normal es sacudírmela un poco para eliminar las gotitas que quedan pero, ¿esto como va? Levanté ligeramente el culo de la taza y me moví como bailando, para sacudir las gotas. Pensaba que había terminado pero al ir a subirme las bragas noté como algo resbalaba por el interior de mi muslo. Instintivamente cogí papel y me limpié. Luego cogí otro poco, hice una bola, e intenté secar el órgano por delante. Repetí la operación varias veces hasta que pensé que ya no iba a quedar nada allí. Tras subirme las bragas y bajarme el vestido me puse erguido y tuve como un mareo. Debería dejar de beber alcohol. Saqué mi petaca y di un buen sorbo a la poción.

Al salir del baño fui directo a la barra. Busqué a mi camarera y llamé su atención. Ambos nos acercamos para escucharnos mejor. Queriendo olvidar lo que me había ordenado en el baño pedí dos copas más, una para Sam y otra para mí. Vodka con algo rojo que se asemejaba a sangre pero olía dulce. Antes de pagar hice que la camarera se acercase de nuevo y le hablé con total descaro.

- Antes me has mirado las tetas. Lo mínimo que podrías hacer si tienes un poco de decencia es darme tu número de teléfono.

La chica se avergonzó un poco pero sonriente. Escribió unos números en un trozo de libreta y me lo dio. Me lo guardé en el sujetador guiñándole un ojo. Pagué las copas y me giré en busca de Sam. La vi bailando rodeada por dos mujeres bastante bonitas. Me acerqué para ser visto, con las dos copas en mis manos. No bebí, de momento no lo necesitaba. Me puse a bailar con una sonrisa de triunfo tanto por haber conseguido algo de mi camarera como por ver a Sam tan bien acompañada.
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Sam J. Lehmann el Lun Abr 04, 2016 2:34 am

Samantha se tomaba realmente en serio su trabajo como legeremaga y consideraba que la legeremancia solo debía de utilizarse —a excepción de aprendizaje— en casos extremos de desconfianza laboral. O por lo menos eso es lo que le decía a su jefe. Por mucho que Matt fuera prácticamente su mejor amigo ahora mismo, no estaba en situación de decirle que utilizaba la legeremancia con personas que ella consideraba que pudieran saber de la familia Brooks o de su propio amigo desaparecido Henry. Podrían echarla por ello de su trabajo y no quería arriesgarse a poner en compromiso a su jefe y, mucho menos, a perder el trabajo. ¿Pero utilizar la legeremancia con una pareja sentimental por desconfianza? A Sam ni se le hubiera pasado por la cabeza hacer semejante estupidez nunca—Claro que no. Le preguntaría directamente y si me da evasivas o una respuesta que no me agrade, la relación se corta. Soy de esas personas que si no tiene confianza, no empieza una relación. Soy muy poco celosa siempre y cuando sepa que estoy con la persona correcta; no me haría falta ni la legeremancia para saber si la persona a la que quiero me está mintiendo.

La chica era una persona directa que no se andaba con rodeos. Ella si empezaba una relación era porque estaba segura de lo que quería y no se iba a andar con gilipolleces… ella quería estabilidad.

El juego de las afirmaciones no sólo había servido para cogerse una buena tajada de principio, sino que abrió un amplio abanico de información entre ambos nueva y bastante íntima. Ahora Sam sabía que Matt había estado enamorado y, solo por eso, iba a dejar de ser tan pesada con el tema del amor, ya que al fin y al cabo… hasta Matt sabe más que ella en ese tema. La legeremaga jamás se había enamorado, o por lo menos no había sentido nunca ese sentimiento que la gente describe como extraordinario—Allí te esperaré.

Aún no tenía ganas de hacer pis, Sam era de esas personas que al principio aguanta mucho, pero desde que va por primera vez es como si abriese las puertas del grifo y le daban ganas cada dos por tres. Así que entre más tarde vaya a liberarse, mejor. Por su parte, mientras Cat iba a experimentar en el baño y a hacer lo que tuviera que hacer, Sam dejó sus cosas allí en aquel sofá en dónde estaban sentadas y se dirigió a la pista de baile. Se levantó y se sintió inmediatamente mareada debido a los chupitos que se había tomado estado sentada, pero siguió caminando para no quedarse quieta y perjudicada en medio de ningún sitio. Justo cuando ella se acercó a la pista de baile, la música cambió, por lo que se metió en medio de toda la multitud y se puso a bailar, moviendo la cabeza de un lado para otro mientras saltaba. Sam no era sexy bailando, era más bien una mezcla entre un gato hiperactivo y un canguro muy mono. Más que sexy, era mona, pero es que ni ella misma se consideraba sexy ni nada cercano a lo mismo.

Tras un buen rato, apareció Cat con unas bebidas y Sam ni se había dado cuenta de que estaba acompañada de dos chicas que se habían unido a su baile. Es más, cuando vio a Cat se acercó a ella como si fuera su amiga de toda la vida y más todavía al ver que tenía bebidas en la mano. ¡Estaba sequísima! Sam ligaba y cómo no se lo dijeran con un cartel de neón delante de ella, ella no se enteraba—Te veo muy feliz. ¿Has hablado con la camarera? ¿O estás impresionado después de tu experiencia femenina en el baño? ¡Ahora ya entiendes lo difícil que es hacer pis para nosotras! —dijo pegada a su oreja, hablando lo suficientemente alto para que le escuchara a través de la música. Aunque estaba claro que solo lo iba a escuchar ella y nadie más—¿Una es para mí? —preguntó con un gesto de lo más juguetón e inocente refiriéndose a la segunda copa que tenía en la mano. Entonces Sam volvió a acercarse a su amiga para intentar averiguar sus expectativas para esa noche—¿Y cuál es tu meta para esta noche? ¿La camarera? —Sam miró hacia la barra y observó que la del pelo corto, aquella que le había pedido el teléfono, le estaba mirando—¿Está permitido a las camareras ligar con los clientes? Pensé que iba en contra de... su código de camareras... —preguntó apartando nerviosamente la mirada de allí, sin saber muy bien lo que estaba diciendo.
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Matt Forman el Lun Abr 11, 2016 12:06 am

Tuve que abandonar a Sam a su suerte para enfrentarme a la odisea de mear siendo una mujer. Añoro mi pene para ello, es muchísimo más cómodo. Para compensarla por dejarla sola en la pista de baile pasé por la barra y maté dos pájaros de un tiro. Pedí dos copas y conseguí el teléfono de la camarera que Sam me había dicho. No voy a llamarla más, y esta vez no es por ser un cretino. En mi defensa diré que mañana ya no voy a ser una mujer y voy a dejar de gustarle a ese bollito. Busqué a Sam entre un gran revuelo de señoritas que bailaban desenfrenadamente. No quise molestar a mi amiga al verla bailando muy cerca de otras dos mujeres pero ella ni corta ni perezosa se abalanzó sobre mí para coger uno de los vasos rojos. La muy tonta ni siquiera se había enterado de que esas dos chicas intentaban ligar con ella, seducirla con sus contoneos al son de la música. Al vernos hablar buscaron otro objetivo.

- Acabas de espantar a esas dos bellezas. Se van a creer que soy tu pareja. - le comenté con tono fuerte para que me escuchase por encima de la música y pasando de sus preguntas. - Las dos cosas. Uno, no quiero mear más hasta que llegue a mi casa. Y dos, - me saqué el papel con el número de teléfono del sujetador. - misión cumplida, nena. Le he gustado a esa camarera borde. La misma camarera que mañana estará maldiciéndome por no llamarla.

Guardé de nuevo mi valioso premio en el sujetador ya que no tenía bolsillos en el vestido y abrir el bolso resultaba ser otra odisea. Me puse a reír al imaginar a la pobre mujer esperando una llamada de una persona que no existe. También puede que mi risa fuese un tanto exagerada debido al alcohol. Le entregué una de las copas a Sam y di un pequeño sorbo a la mía. Aquel líquido rojo tan dulce enmascaraba el gusto fuerte del vodka, sabía genial. Sam quiso saber cual era mi objetivo.

- No, creo que con haber ido al baño ya he tenido suficiente. Tampoco quiero liarme con nadie siendo una mujer. Sería tan raro... Además, voy muy pedo.

Tras decirle aquello di otro sorbo a la copa y me puse a bailar sin prestar atención a lo que estaba sonando. Mi principal misión era pasarlo bien y que Sam lo pasase bien. La cogí de la mano y bailé con ella un poco hasta situarme detrás de ella. Me acerqué por detrás y le hablé muy cerca de la oreja mientras continuaba bailando como si de un vals extraño se tratase.

- ¿Cuál es tu objetivo esta noche? - esperé un momento a su contestación. - ¿Ves a todas esas perlas? - le pregunté desde atrás señalando la pista llena de mujeres bailando. - Cualquiera de ellas podría ser tuya si quisieses. Desde que has entrado saben que eres la chica más guapa. Y si te conociesen como yo sabrían que eres mucho más que belleza, nena. ¿Les vas a permitir... conocerte?

Le hablé seriamente pero no pude aguantar mucho rato y finalmente volví a estallar en risas. Lo que le decía era cierto. Si quería volver acompañada esta noche cualquiera de estas zorritas lo está deseando. Pero Sam no es así. Hemos venido a pasarlo bien. Vacié la copa de un trago y abandoné el vaso en un altavoz para poder bailar sin nada que me molestase en las manos.
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Sam J. Lehmann el Miér Abr 13, 2016 2:06 am

La rubia abrió los ojos sorprendida ante la noticia de que había espantado a dos bellezas. ¿¡Dónde!? Giró la cabeza rápidamente hacia ambos lados en busca de las chicas pero no dio con ellas, o sí, no lo sabe porque no recuerda haberle visto el rostro a ninguna belleza. ¿Tenía a chicas cerca y no se había dado cuenta? ¿Pero cuánto había bebido ya que no sabía ni por dónde se movía? Sonrió divertida y se encogió de hombros—En estos lugares las parejas suelen ser bastante notable. Están todo el día comiéndose la boca o mirando mal a la que miran mal a sus parejas —contestó divertida—Creo que por ahora no entramos en esa categoría.

Sam alzó el brazó en señal de victoria y felicidad cuando Cat le enseñó el número con el teléfono de la camarera. Ella le había dado su teléfono a la otra camarera… ahora que lo pensaba… ¿debería ofenderse si mañana no la llama? ¿O mejor relajarse? Qué difícil, no debería de haberle dado el número a la camarera—Qué malo eres. Pobre camarera, le has hecho ilusiones con tu despampanante físico femenino a sabiendas de que no podías cumplir sus deseos... —le hizo sentir mal, consciente de que había sido ella misma la que le había retado a conseguir su teléfono.

Lo de ir pedo Sam lo compartía. No sabía de qué narices eran esos chupitos pero sin duda habían sido demasiado para ella. ¿Y para más guasa? Para más guasa había cogido la copa que Cat le había traído y se la estaba bebiendo como si fuera su primera copa. ¿Sabéis ese consejo que te dan tus amigos de que “cuando empieces a beber el alcohol como si fuera agua, dejes de beber”? Pues Sam ya estaba bebiéndose eso como si fuera agua y a ella le estaba importando tres mierdas—Y yo pensando que aprovecharías para experimentar con el cuerpo femenino. ¿No tienes curiosidad por saber cómo es el orgasmo de una mujer? —le preguntó bien de cerca—Son increíbles —dijo con una sonrisa que denotaba, claramente, que estaba recordando probablemente su mejor noche de sexo. Sam borracha era una Sam que podía hablar de sexo mucho más desinhibida sin darse cuenta de lo que estaba diciendo. Luego ya al día siguiente se arrepentiría de muchas cosas que dijera.

La chica bebió de su copa como si fuera agua y sintió como Cat se colocaba detrás de ella para comenzar una canción mucho más rítmica, se pegó a ella, lo suficiente como para que Sam pudiera escuchar lo que decía solo con hacer la cabeza ligeramente hacia atrás, algo que ya hacía dejándose llevar por la música y las luces. Sam abrió los ojos de repente cuando su amigo le estaba hablando. ¿Y esa voz tan sensual de dónde había salido? Por un momento hasta le entró ganas de verdad de buscar a ese ligue de una noche para pasárselo bien y dejarse conocer, ese ligue que su amigo Matt siempre le animaba a conseguir. Pero luego se giró y le vio riendo, por lo que recibió un golpecito amistoso de Sam en el hombro—Estoy borracha y eso de que me hagas pensar en sexo hace que me anime a querer sexo —dijo empleando su lógica de mujer ebria, sobre todo después de estar… ¿más de dos años y medio sin sexo? ¡Era mucho tiempo! Mejor no decírselo a Matt o le obliga a irse con cualquiera con tal de salir de la sequía—Pero no soy lo suficientemente lanzada para conseguir nada, Cat. ¡Si me conoces perfectamente! Soy esa que huye en el último momento. Me da cosa irme a casa con cualquiera, ya lo sabes Yo no sirvo para ese estilo de vida.

Era perfectamente viable que Sam se fuera de un pub con una chica, siempre y cuando dicha chica y Sam congeniaran aunque sea un poco y se viera que había interés por ambas partes. ¿Lo que pasara después? Ya eso dependía de muchos factores, al fin y al cabo Sam no era de esas que se conformaran o quisieran solo una noche de sexo. Si eso fuera así, no llevaría casi dos años y medios —o más, la verdad es que las cuentas son un poco inconclusas— sin sexo—Pero bueno... —bebió de su copa también y la dejó sobre el mismo sitio en dónde la había dejado su amigo—Ya que tú no quieres experimentar y yo no me voy a ir con ninguna chica... da igual las apariencias, ¿no? —Sam sujetó ambas manos de Cat y empezó a bailar con ella aquel ritmo que parecía una mezcla entre música latina y reggaeton del raro, a veces se pegaban mucho, otras veces bailaban separadas pero juntas... pero al fin y al cabo era una discoteca, por lo que normalmente predominaba eso de bailar bastante pegada en un diminuto hueco entre tanta gente.
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Matt Forman el Mar Abr 19, 2016 10:56 pm

Yo no quería espantar a las mujeres que se acercaban a bailar y coquetear con Sam, pero ella misma se encargaba de alejarlas con su indiferencia. Pensé que quizás al vernos juntas las demás pensaban que ella y yo podíamos ser pareja. Sin duda ese no era el motivo por el que se alejaban de mi querida amiga. Ella sola se encargaba de separarlas. Ni siquiera se daba cuenta de que estaban ligando con ella, gesto que las mujeres tomaban como un desplante. Me reí sin más y continué bailando y hablando con mi amiga. Todas las mujeres del mundo se ponen a la defensiva cuando alguien, sobre todo si es un hombre, les tira la caña. A Sam le pueden tirar una red entera y no se enteraría de nada. Es única. Por mi parte había conseguido el número de la camarera. Es decir, había conseguido ligar con ella cumpliendo el reto que me había puesto Sam.

- He cumplido con tu reto. Su decepción de mañana son efectos colaterales de nuestro juego. ¿Qué he ganado?

Sam continuaba bebiendo como si nada mientras que yo sujetaba mi copa medio llena con la sensación de no poder beber más. Esa última copa es la que peor me podía sentar. Aún así la vacié aumentando la variedad de líquidos en mi estómago. Prefiero continuar bailando y parar de beber, a menos que sea estrictamente necesario, por eso no me voy a acercar más a la barra. Sam se arrimó para soltar una de esas preguntas extrañas. No es que la pregunta sea rara, es que trata sobre algo que ella jamás diría en una conversación normal estando sobria. Pero resulta que estamos borrachos, de fiesta en un antro de bollor, y yo soy una mujer. Tan extraña es su pregunta como la situación en la que nos encontramos. Me estaba tentando mucho el querer saber sobre el orgasmo femenino.

- ¿No sería llevar la magia demasiado lejos? - respondí preguntando con la esperanza de que su mente bondadosa me dijese cual era la mejor opción. Mi mente perversa quería experimentar al máximo lo que daba de si la poción multijugos. - Además, todas ellas son muggles. ¿Y si ocurre algo extraño? No quiero que me manden a juicio por escándalo sexual con muggles.

En cualquier bar de hombres los lavabos estarían llenos de personas follando como si no hubiese un mañana. Las mujeres son más contenidas. Había pensado en esa opción, la de experimentar sexualmente en los baños de la discoteca, pero no me resultaba nada práctico siendo mujer. En mi mente se agolpan las diferentes posturas sexuales entre mujeres y por ello venía necesitando un lugar cómodo. ¡Joder!, menos mal que no se nota la excitación en las mujeres de forma tan escandalosa como un pene erecto. De tener mi verdadero cuerpo ahora mismo habría un bulto sospechoso en mi falda. Sam también estaba pensando en sexo, ella misma lo dijo. El alcohol la desinhibía mucho. Se excusaba en que ella no podía irse a casa con cualquiera. De nuevo Sam se puso a bailar, arrastrándome con ella ya que no le importaban las apariencias, pero mi mente enferma y alcoholizada le estaba dando vueltas a la idea de sentir un orgasmo de mujer. Ella no quiere ligar y a mi me da miedo experimentar por lo que pueda ocurrir. Al fin y al cabo son todo mujeres muggles...

- Voy a decir algo y no quiero que me juzgues mal, solamente me ha dado curiosidad lo del orgasmo femenino. Puedes ignorar mi pregunta y haremos como que nunca la he formulado, pero necesito hacerla por si quieres ayudarme. - le dije seriamente. - Del 1 al 10, siendo el 10 una afirmación total y rotunda, ¿cómo de dispuesta estarías a hacerme experimentar?

Podía sonar muy disparatado, pero a cambio ella obtendría placer sin necesidad de tener que irse a casa con una desconocida. Además, mañana no tendría que inventar una excusa extraña para largarme de la casa de una persona a la que no conozco. Y bien podríamos pactar no volver a hablar de aquello nunca en la vida. No habría peligro de enamoramiento ya que yo de nuevo tendría mi cuerpo masculino que tan poco le agrada a Sam, y yo sé que ella no está en mi equipo. Todo ventajas. Aunque, bien pensado, sería muy extraño todo.

- Lo siento, lo siento. Ya sabes como soy. Me he dejado llevar. Olvida lo que te he dicho.

Me disculpé poniendo mi cara de pena y los ojos tristes. Por más cuerpo de mujer que tuviese en estos momentos acababa de pensar con el pene y eso podía molestar mucho a Sam. Temí haber cagado una noche tan buena como lo había estado siendo esta por una insinuación tan fuera de lugar y desagradable. Si pudiese volver atrás en el tiempo no haría esa pregunta absurda. El alcohol y las ganas de sexo son una mala combinación.
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Sam J. Lehmann el Vie Abr 22, 2016 6:15 pm

Samantha se estaba riendo interiormente solo de imaginarse a Matt teniendo sexo con la camarera y creando, de esa escena, mil y una opciones que desembocasen en un final de lo más trágico. Por ejemplo que a Matt se le acabase la poción multijugos en medio del momento, o que se quedase a dormir por lo borracho que estaba y al día siguiente la camarera se despertase al lado de un apuesto hombre. Negó ante su pregunta—Teniendo en cuenta que has sido tú el que ha cumplido el reto, está en tu mano pedir lo que quieras —le contestó a su amigo.

La chica había asumido que si Matt se convertía en mujer era para experimentar todo lo posible como tal. Además, sabiendo cómo era su amigo incluso iría motivado a intentar hasta el último aliento descubrir lo que era ser mujer. Pero Sam se equivocó. Y de hecho, se sintió bien al equivocarse. Tenía la imagen de su amigo de que rara vez se preocupaba por ese tipo de cosas, pero tenía razón con eso de que eran muggles y podría haber un accidente que le metiera en un lío con el Ministerio. Le pareció un acto responsable y prudente para una persona tan lanzada y tremendamente borracha en ese momento—Haces bien —dijo Sam—. Mejor no tentar a la suerte, que los dos sabemos que es muy cojonera. Imagínate la de explicaciones que tendrías que dar si por algún casual sale algo mal… —dejó caer, negando con la cabeza e imaginándose a Matt en Wizengamot explicando a todo el jurado el por qué de convertirse en mujer e ir a un local de ambiente muggle.

Las dos siguieron bailando tras las premisas claves: Sam no iba a irse con nadie porque aunque lo hiciese no iba a hacer nada con nadie; y que Matt no quería arriesgarse por muchas ganas de experimentación que tuviera. No obstante, su amigo se puso serio y se dirigió hacia ella con una pregunta que le dejó pensativa. Al principio no la había entendido por eso de la retrasadez cuando estás borracha, pero cuando la pilló fue cuando Matt ya se estaba disculpando por haberla hecho.

¿Había entendido bien? Sam seguía con cara de póker mirando a su amigo, intentando descifrar el fin de esa pregunta. ¿Quería acostarse con ella con cuerpo de mujer? ¿Matt y Sam teniendo sexo porque Matt se ha convertido en un prototipo ideal —físicamente hablando— para Sam? Eso era muy Matt, definitivamente. Está claro que la poción multijugos solo te cambia el aspecto exterior. Sam se mordió el labio inferior. El aspecto que había cogido era inmejorable, pero… ¡Es Matt! ¡Sería como acostarse con un hermano y eso que Sam no tiene hermanos! La rubia miró a Cat y empezó a reír. Pero a reírse de verdad, de esa risa repentina que te entra por la contaminación de tus propios pensamientos y por la cual te tienes que encorvar incluso para poder superarla y que no te estalle el estómago.

Sam se fue un poco de la pista para poder respirar sin tanta muchedumbre a su alrededor, quedándose a un lado, cerca de una pared. Entonces miró a Cat y se sintió un poco mal por haberse reído de la pregunta. Pero jopé, es que le había cogido tan de repente y en un momento tan raro que no supo reaccionar de otra manera. Sam se acercó a Cat entonces, intentando ponerse seria dentro de tanta guasa. Era tan imposible ponerse serio cuando estás borracho...—Te quiero un montonazo, ¿lo sabes, verdad? —le hizo saber sin esperar respuesta, dándose cuenta del tono divertido que poseían sus palabras—. Y te motivaría hasta el infinito a que pruebes todo aquello que sé que es glorioso. Pero acostarme contigo sería muuuuuuy… —alargó la U en pos de resaltar lo raro que sería— raro. Y yo no soy de esas que pueda hacer borrón y cuenta nueva y hacer como que nada ha pasado. Se me notaría mucho que me he acostado con mi mejor amigo convertido en mujer y me sentiría muuuuuy… —alargó la U en pos de resaltar lo incómodo que sería— incómoda.

Que oye, las ganas no eran el problema. Matt tenía fama de ser todo un experto en el tema, por lo que seguramente una persona con dicha experiencia sería la mejor manera para romper esa mala racha que llevaba Sam, pero Sam no funcionaba si todo era esporádico y espontáneo; ella necesitaba sentir algo más.
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Matt Forman el Jue Mayo 05, 2016 12:40 am

El alcohol, culpa y a la vez solución de todos los problemas de la vida. Por culpa del alcohol se pueden hacer gilipolleces, decir tonterías y llegar a cargarte a alguien que te está jodiendo profundamente la vida. ¿A quién no le ha pasado alguna de esas tres cosas? Pero es tan bueno dejarse flotar en su cálida y suave sensación de que todo en el mundo está bien aunque no lo esté. Dejé a un lado lo del reto. No había sido tan difícil conquistar a una mujer con la misma cantidad de testosterona que yo. Había sido como mirarme en un espejo. De momento no exigiría ninguna venganza ni ningún premio. Simplemente esperaría al momento oportuno.

- Ya veremos, amiga. Ya veremos.

Le expliqué a Sam, aplicando toda la lógica del mundo pese a mi estado, que no podía tener sexo con ninguna mujer. Podía pasar algo extraño al no ser yo una mujer desde siempre, y se complicaría demasiado este bonito día. Además de que podrían juzgarme y encerrarme por algo así. No sé si cuando un hombre que ha usado la poción multijugos para convertirse en una mujer llega al orgasmo pueda transformarse de nuevo en lo que era en origen. O quizás no, pero el semen puede ser expulsado igual. Es algo que alguien debería experimentar algún día, es interesante saberlo. Pero no puedo ser yo. ¿O si?

Sam tampoco quería irse con ninguna mujer. Ella tenía que enamorarse para tener sexo. Una manía como cualquier otra. De modo que los dos nos íbamos a quedar sin sexo esta noche. ¿O no? Le solté la bomba. Lo había estado pensando toda la noche de manera irracional. Soy un hombre y pienso con el pene, aunque ahora mismo no lo tenga. Es un pene de pensamiento. Ella se negaría, por supuesto. Es Sam. Pero tenía que intentarlo. Sería genial experimentar con ella, sin miedo a que pasase nada extraño. Y siendo mujer, y tan guapa como me he puesto, es posible que le atraiga algo.  Un poco aunque solamente sea. Antes de ver su cara de susto ya me estaba arrepintiendo de haberle soltado semejante barbaridad.

- Soy de lo peor. Hagamos como que no he dicho nada.

Sam podía comprender que juntando mi forma de ser con el alcohol podían surgir este tipo de pensamientos en mí. Ella sabe que es jodidamente sexy. Sabe lo que pienso de ella. Se empezó a reír, incluso apartándose. Me quedé en medio de la pista parado mientras todas las demás mujeres continuaban bailando, con cara de tonto mirando a Sam. La había cagado. Por un momento pasó por mi mente enferma el pensamiento de que quizás se lo estaba pensando. Pero no. Se acercó aún riéndose. Se notaba que quería ponerse seria pero no podía. Me dijo lo único que me podía decir. Una contestación decente a una pregunta increíble. La abracé riendo.

- No cambiaré nunca. Y espero que tu tampoco lo hagas.

Le di un beso en la mejilla y la miré sin creerme lo que mis ojos estaban viendo. Soy amigo de la mujer más pura del mundo. El mayor pervertido que ha parido una madre tiene la puta suerte de tener a la mujer más inocente y pura del mundo como mejor amiga. No se le puede pedir más a la vida. Miré a mi alrededor sonriendo. Todas aquellas mujeres iban a la discoteca a ligar, a ponerse las botas, a mendigar un chochito que llevarse a la boca. Lo mismo que yo he hecho tantas y tantas veces. Y resulta que lo mejor que les puede pasar en la vida es conocer a Sam y enamorarse de ella, y vivir un amor de esos que enseñan en las películas muggles. Pero la gente que sale en las películas nunca se enamora en una discoteca, ni de una chica a la que se ha follado en un baño. El amor debe ser otra cosa.

- Aquí no vas a encontrar lo que tu necesitas. ¿Qué tal si nos vamos? Se empieza a bajar el efecto del alcohol y el cansancio aún no ha agarrotado nuestros pies. Es el momento ideal.

Debería hablar con ella de esto más adelante, cuando los chupitos de colores no estuviesen apaleando nuestro cerebro. Sé que no va a odiarme por ser como soy, no podía esperar otra cosa de mí. Cuando la conocí ya intenté meterla en mi cama. Hoy no podía ser distinto.
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Sam J. Lehmann el Jue Mayo 05, 2016 11:16 pm

Se sintió un poco mal después de reírse, pero lo cierto es que intentó con todo su ser tomarse aquella pregunta en serio para no ofender ni nada por el estilo a Matt. ¿Aunque debería de haberse ofendido ella por la insinuación, no? Pero había sido un comentario y una propuesta tan Forman que lo primero que pudo hacer fue reírse solo de imaginárselo. Matt y ella… que va, no podría volver a mirarlo a la cara…

Matt le abrazó después de lo que había dicho, pero no supo muy bien por qué. ¿Por lo de que le quería mucho? ¿Por la respuesta que le había dado? El besito en la mejilla la hizo sonreír dulcemente—Bueno… yo aún espero que tú sí cambies. Pero a mejor, aunque parezca que alguien como tú no puede ir a mejor —contestó Sam a su afirmación, aludiendo al hecho de que Matt parecía sencillamente perfecto. Ella ya sabía que Matt cambiaría, pero lo haría cuando por fin conociera a alguien que le diera un vuelco a su vida. Mientras tanto… sería simplemente Matt. Y bien que a Sam le gustaba ese Matt.

Cat dijo que allí no encontraría lo que Sam necesitaba. ¿Pero qué era lo que necesitaba Sam? Ella quería bailar, beber y olvidarse de todos sus males y todo aquello que la confundía o la estresaba. Necesitaba olvidarse de Rodolphus Lestrange, necesitaba olvidarse de su trabajo que se había vuelto horrible, monótono, pesado y totalmente falso. Quería, ante todo, despejarse. Ser una chica más. Era difícil, sin duda, pero Sam no iba de fiesta a buscar el amor de su vida, pues sabía perfectamente que ahí no lo iba a encontrar. Ahí a dónde mucha gente va a buscar cacho, Sam simplemente iba a pasárselo bien sin buscar nada. Eso sí, le dolían los pies, así que veía perfecto eso de irse ya.

Sam sonrió y le cogió por el antebrazo para caminar junto a ella—Te recomendaría que disfrutaras muchas cosas de las mujeres, pero sin duda una de las cosas que no te recomendaría es sufrir el daño y la incomodidad que se pasan con los tacones —le dijo divertida, llegando al sofá en donde habían estado sentadas justo antes de levantarse. Sam cogió su abrigo y su bolso y, tras comprobar vagamente que estaba todo, se dirigieron a la puerta—. Pero es uno de los pequeños placeres que disfruta una mujer en su vida: quitarse los tacones después de una larga noche, quitarse el sujetador cuando llega a casa después de todo un día fuera… Los hombres nunca entenderán nuestros pequeños encuentros de felicidad en cosas tan pequeñas —añadió divertida, ya que estaba en ese punto especial en donde todo le parecía perfecto. Es decir, borracha como una cuba.

Salieron del pub y Sam se soltó de Cat para alzar las manos y dar algunas vueltas, sintiendo el frío húmedo de Londres impactar contra las zonas desnudas de su piel para erizarle casi por completo —piernas y rostro—. Sonrió de manera instantánea y luego miró a su amiga, para correr a abrazarle—Vamos a mi casa. ¿O quieres irte ya para tu casa? —le ofreció para luego mirarla con unos ojos tristones por la idea de que no quisiera/pudiera—. ¡Es pronto! —Entonces se dio cuenta de que no tenía ni idea de qué hora era—. ¿Es pronto, no? Podemos ver una peli. O dos. O un capi. O reírnos de algún Reality Show de la MTV. O jugar al Scrabble. O mejor al Scattergories, soy lo peor en el Scrabble —se rió ante la memoria de la última vez que había jugado al Scrabble con su madre y había utilizado “Snitch” como palabra válida, la cual le buscó en uno de sus libros de textos mágicos para corroborar su existencia. Obviamente su madre muggle se cabreó pues le parecía una palabra de mentira con cinco consonantes y una sola vocal.

Caminó junto a Cat por la acera, algo pensativa—Nunca hemos pasado una noche en plan yo —dijo repentinamente con la mirada perdida—, es decir, en casa, bajo las mantas, con muchos alimentos calóricos y con una buena serie que nos enganche hasta límites insospechados. Películas de amor no, que supongo que vomitarías con tanto romanticismo… —agregó con cierta diversión—. Siempre salimos por ahí. Si no es por ti, creo que todos los fines de semana me quedaría en casa.

Aunque pensándolo seriamente seguro que si van a casa de Sam a hacer algo, Sam es la primera en quedarse dormida en cualquier lugar. Era su maldición: fuera de casa hiperactividad máxima. Dentro de casa... ¿Dónde está la cama? Y de hecho... así fue. Para cuando Sam y Cat llegaron a casa de la rubia, ésta ya estaba más arruinada que nunca. ¿Ver una peli? ¡No podría ver ni los créditos iniciales! Se despidieron en la puerta y tras un gran achuchón que el afecto ebrio de Sam le hizo darle a Cat, se despidieron. Ahora lo que ambas necesitaban era dormir mucho.
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