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The edge of glory [Magnus K. Brooks y Hannah Graham]

Invitado el Lun Dic 07, 2015 12:06 am


Hacía ya unas cuantas horas que el sol se había escondido entre la bruma y el horizonte londinense. La noche no era mucho más despejada de lo que lo había sido el día y las nubes cubrían la luna más amenudo de lo que les gustaría a los amantes de las estrellas que aquella noche saliesen a sus ventanas a contemplarlas. Para mi, era perfecta.

Llevaba 3 días sin comer. Tres largos e insufribles días en los que mi orgullo había podido a mi canina hambre y a las insistencias de mi creadora que había encontrado una nueva manera de hacerme difícil el soportarla. Mis bolsas de sangre reglamentarias habían desaparecido tras sus garras y no me las devolvería hasta que me comiese a alguien. Serían mi premio, supongo, por portarme mal. Aun no conseguía entender como había encontrado mi escondite...siempre era de lo más cuidadosa de no pensar en él cuando ella andaba cerca. Pero ahora eso ya no importaba. El orgullo había perdido, la furia y el hambre había ganado y yo tenía que salir a cazar cuanto antes.

Quiso el destino que la noche que más desesperada estaba yo, tuviese concertada una cita con mis dos asesinos favortitos. Mi creadora no sabía nada del tema y mejor así, porque era capaz de verlo como algo demasiado moralista. Hannah y Magnus no se conocían todavía, pero los tres podíamos llegar a formar una especie de Trio de la Justicia nocturno de cuyas víctimas no se desperdiciaría nada. Ni un sólo pelo. Podríamos llevar a cabo el crimen perfecto, una y otra vez.

Llegué al lugar en el que había quedado con ambos cinco minutos antes de lo acordado. Completamente vestida de negro, con el pelo recogido en una coleta alta, mi cuerpo apenas se veia en la noche, pero mis ojos estaban más rojos que nunca y pedían sangre a gritos. Algo en mi interior quería rugir de rabia y hambre. Me apoyé en una fria pared mientras esperaba y no pude evitar el movimiento histérico de mi pie mientras la espera se me hacía más larga a cada minuto que pasaba. Como llegasen tarde, yo los mataría y me los comería a ellos antes de que pudiesen reaccionar.
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Invitado el Lun Dic 07, 2015 8:24 pm

Con la llegada cada vez más próxima de las fiestas la gente se iba volviendo más gilipollas. Era algo que tenía comprobado: todos los malditos años, cuando se pone en el Ministerio la decoración navideña la gente se vuelve más insufrible. Están más distraídos, pensando más en cuánto costará el kilo de gambas dos días antes de Nochebuena al informe que tienen que entregar al día siguiente. Por no hablar de quiénes hacían la “gracia” de ir con gorros de Santa Claus, tirar confeti o cantar villancicos. Las únicas personas que seguían tratándome con profesionalidad sin ser subnormales (o sin aparentar esa subnormalidad navideña) eran mi secretaria Beth que ya me conocía de sobra como para no pasarse ni un milímetro de la raya, y Gumersinda Lehmann. Algún día tendría que preguntarle a esa rubia cuál era su nombre de pila, pero le pegaba una barbaridad Gumersinda.

Salí del Ministerio con un cabreo de cojones, para variar. La diferencia es que ahora en el traje llevaba una gran cantidad de confeti y purpurina, y mientras bajaba en el ascensor hasta el Atrio me acompañó una insoportable lechuza disfrazada de ángel. Si supiera quién era el hortera que se le ocurrió semejante decoración lo mandaría directo a Azkaban.

En casa me di una larga ducha para asegurarme de quitarme hasta el mínimo rastro de purpurina, cené algo rápido e hice zapping en la televisión muggle mientras estaba atento a la hora. A las doce había quedado con Emily para nuestras particulares excursiones nocturnas y estaba impaciente. Para mí matar no es tan imprescindible como para ella en el sentido de que yo como lo que tengo en el frigorífico. Ella se alimenta de sangre. Mi necesidad era de otro tipo, no física, sino psicológica. Era irónico que yo, que tengo una profesión tan ligada la justicia, a menudo no creyera en ella. Ese fue uno de los muchos motivos que me hicieron estudiar leyes y a la vez me dieron una tremenda hostia contra la realidad. Muchos criminales quedan impunes, y cierta clase de ellos son los que más odio. Un odio visceral y tan profundo que me comería las entrañas si no fuera capaz de devolverles el golpe.

Sabía que esa noche se uniría alguien más, y era algo que me preocupaba en parte. Confiaba en el criterio de Emily, pero no podía arriesgarme a que fuera alguien del Ministerio, alguien de mi círculo. Y siendo sinceros me sentaría como una patada en los huevos que fuera otro vampiro, ya tengo bastante como para intentar controlar a un vampiro como para que fueran dos. Más de una vez, de dos y de tres temí en serio que ella cayera en sus instintos más primitivos y matara a algún inocente. Lo que me faltaba sería otro.

Vestido con una sudadera oscura, pantalón de chándal azul marino y negro y unas deportivas grises de suela silenciosa salí de casa. Cualquiera que me viera se creería que iba a correr, pero ya conocía este “oficio” lo suficiente como para saber que la comodidad hace milagros. Como siempre llevaba los bolsillos de mi pantalón con un hechizo de extensión para que cupieran tres cuchillos distintos y una navaja. Además de la varita que llevaba por si corríamos el riesgo de alguna situación de emergencia, pero jamás la usaba.

Habíamos quedado cerca de la casa de un cabrón que estaba en mi lista. Un hijo de puta que había violado a cinco mujeres distintas en un intervalo de año y medio y la “condena” que cumplió fue pagar una fianza y no sé cuántas horas de servicio comunitario. Aunque tenía mi propia lista de objetivos, muchas veces era Emily la que elegía. Mi única condición era que fuera alguien que entrara dentro de mi propio código moral.

Llegué un par de minutos antes de las doce, y allí ya estaba ella, apoyada en una pared y tan mimetizada con la oscuridad de la noche que si no fuera porque la estaba buscando quizás ni habría reparado en ella. Cierto era igualmente que aquellos ojos tan rojos llamaban la atención. Debía tener más hambre que yo cuando paso delante de un Burger King.

- Buenas noches. Se te ve hambrienta. - comenté en susurros alzando una ceja fijándome más en sus ojos. Iba a decirle que me recordaba un poco a Kristen Stewart en Crepúsculo, pero teniendo en cuenta las circunstancias supuse que decírselo sería un suicidio. - ¿A quién vas a traer?- pregunté con una notable desconfianza en la voz.
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Invitado el Jue Dic 10, 2015 10:47 am

Me encontraba en el castillo como todos los días de mi vida, excepto cuando tengo vacaciones. Aún no eran las vacaciones de navidad, aunque para mi eso de la navidad no es algo que me afecte ya que por lo menos en mi casa no la celebramos tan eufóricamente como otras personas. Tenemos el árbol si, Willl y yo nos repartimos el regalo, tenemos que asistir a las cenas de gala que organizan las asociaciones a la que mi tío pertenece, y todo eso año tras año. La sala común de Slytherin ya había empezado a tener algo navideño, pero como yo o le doy importancia nunca me fijaba en el tipo de adorno que habían colocado los elfos mientras nosotros dormíamos o estábamos en clase. Los de primer curso estaban todos anonadados mirando al techo y todos los rincones que tenía la sala común, a estos niños les pones algo pequeñito para que lo busquen y seguro que lo encuentran como si de un perro rastreador se tratasen. Yo ocupaba mi sitio predilecto, en un rincón donde el fuego me alumbraba en su justa medida y donde podía recibir el calor sin quemarme, allí repasando bocetos de dibujos...Estaba dibujando el retrato de la vampiresa con la cual ahora tenemos un pacto, un pacto un tanto extraño...William me aconsejó que no me acercara a ella, pero como ya era mayor para tomar mis propias desiciones que se que callaba la boca, pero que luego no viniera a pedirle consejo...Me amenaza, pero sé que en realidad está orgulloso porque estoy consiguiendo cosas mucho más productivas que las que él consiguió en su época de estudiante.

Mientras seguía con el boceto de Emily, recibí una lechuza suya. Me estaba pidiendo que fuera a Londres...por suerte era en fechas que yo podía salir del castillo con ayuda de mi tío, que en parte era cómplice de todo esto. Respondí a Emily con una respuesta afirmativa y me dispuse a escribirle a William de que me viniera a recoger esa noche. Tras mandar la respuesta, fui a mi cuarto y me vestí con mi ropa de caza, algo mejorada para que tuviera mejor movilidad...Mi look se parecía mucho a la tía esta de las novelas...Katniss, incluso ella tiene un arco al igual que yo, aunque yo a veces cazaba con escopeta pero eso era a los ciervos...Me oculté el arco en mi bolso y la varita puesta en mi bolsillo, me puse la túnica y salí sin decir nada, todo el mundo se pensará que me fui de visita con mi tío, puesto que en estos días es normal que familia viniera a verte. Acudí a donde estaba mi tío y con la misma nos aparecimos en medio de la oscuridad, allí estaban los ojos rojos de Emily y un hombre... Will hizo un saludo cortes a los presentes y se marchó con la misma. -Hannah Graham, mucho gusto. Saludé con un leve movimiento de cabeza al hombre que se encontraba con Emily, y luego la miré...Hoy estaba algo diferente a la vez que nos vimos por primera vez, tenía los ojos rojos...eso quería decir que estaba sedienta de sangre. Me quedé quieta sin decir nada, esperando las indicaciones de ambos adultos...
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Invitado el Dom Dic 20, 2015 10:31 pm

No habían pasado ni dos minutos desde que yo había llegado cuando la perfilada silueta masculina de Magnus apareció en mi campo de visión. Para una persona en circunstancias normales, dos minutos son un tiempo despreciable. Para mi que era un vampiro que llevaba tres días sin probar la sangre eran la eternidad entre las llamas del infierno. Levanté la mirada cuando me habló y fue un alivio saber que ya notaba muy bien en mi cuando era perfectamente capaz de arrancarle la cabeza. No dije palabra a su saludo o a su alusión a mi apetito. Me limité a mirarlo como si fuera el más suculento plato de comida que hubiese visto en mi vida. Mi orgullo no estaba tan machacado al fin y al cabo, porque si así fuera, Magnus ya estaría perdido. Era toda una ayuda para mi este hombre. Tenía algo que me calmaba...quizás fuese la tranquilidad que irradía y que a su vez esconde una ira muy parecida a la de un monstruo como yo. Su sed de justicia equilibraba mi sed de sangre... Pero a diferencia de otras noches, en aquella ocasión no íbamos a estar solo él y yo. Tras mis primeros encuentros con Hannah Graham, había concluido que la chica me podía ser útil en las circunstancias en las que me encontraba a Magnus. Los tres juntos éramos como el asesino más meticuloso jamás visto. Magnus sabía lo que la justicia buscaba, yo sabía como eludirlo, y Hannah sabía como hacerlo desaparecer. Era perfecto.

- Un chica. Tiene tanto que perder como nosotros si nos descubren, quizás más pues su tortura sería peor que la recibiríamos nosotros.- dije con la mirada clavada en sus ojos para no mirar su yugular que palpitaba preciosa y perlada en la noche, casi como esperando que mi boca se encontrase con ella y la desbordase.- Se come a la gente- concluí sin darle más vueltas. Quizás le explicaría mejor como Hannah había entrado en mi vida en otra ocasión, cuando yo no me estuviese muriendo de hambre y la chica no estuviese a punto de aparecer.

Mientras hablámos, la silueta de otras dos personas apareció tambien recortada en la escasa luz de luna que se colaba entre las nubes del cielo de Londres. Un hombre y la que ya debía ser una joven mujer se acercaban a nosotros. Un ligero aroma me dijo que allí estaba la tercera persona que esperábamos, lo que no sabía era quien era aquel hombre. Me erguí cuando se acercaron, pero la presencia de aquella segunda presencia masculina fue efímera. Estuvo lo justo para que yo me fijase a la perfección en su cara y viese en ella algunos gestos compartidos con Hannah. Eso y un cierto matiz similar en el aroma me hizo pensar que era ese Will del que tanto había odio hablar. No sabía si estaban emparentados, pero si que estaban unidos por esas similitudes. De acuerdo, teniamos por donde cogerlo en el caso de traición, y puede que el fuera bueno, pero yo cuando estoy hambrienta, soy considerablemente implacable.

- Hannah, este es M- lo presenté sin decir su nombre completo por la innecesidad que veia en ello. Era muy libre él de aclararlo si quería- Ahora que estamos todos, dejemos algunos puntos claros. Esto ha de ser un trabajo limpio, no puede quedar cuerpo ni ningún tipo de prueba, ni mágica ni muggle. Nosotros no hemos estado aquí. Me he asegurado de que esta sea una zona segura, no hay nadie mirando por las ventanas. Nada- dije susurrando con aquella voz grave y atrayente que me salía en mis momentos más violentos y hambrientos.- Lo mejor creo que sería atraer a nuestra víctima a este callejón y que empiece la fiesta. ¿Que nos puedes contar del tipo?- le pregunté a Magnus con una mirada que denotaba cierta urgencia que intentaba controlar.- Cuando lo tengamos atrapado podemos ver como lo repartimos- dije mirando al suelo mientras la yugular de Hannah me llamaba de la misma manera necesitada que la de Magnus.
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Invitado el Vie Ene 08, 2016 3:43 pm

Definitivamente debe ser un suicidio decirle a una vampira muerta de hambre que se parece a la de Crepúsculo. Anoté aquel gran parecido en mi mente para soltárselo en otro momento menos tenso y cuando estuviera bien saciada. Y aún así no le reprocharía que sintiera deseos de matarme, si yo fuera vampiro me habría cargado ya a todo el elenco de esas películas. Si el gilipollas ese al que le sale purpurina cuando le da el sol es un vampiro, yo soy Albus Dumbledore. Y ya no hablemos de aquel supuesto hombre lobo que sentía una necesidad imperante por quitarse la camiseta en nueve de cada diez escenas. Sí, una vez vi una película de Crepúsculo. No echaban nada en la televisión y quise reírme. Yo tampoco me lo perdono.

Confiaba en el criterio de Emily, sí. Pero eso no quitaba que estuviera preocupado. A ver, joder, me juego mucho en esto. Si se descubriera lo que hago en mis ratos libres tendría que arrestarme a mí mismo y llevarme a Azkaban. Es tan irónico como acojonante pensarlo, y lo último que necesitaba era que Emily me trajera a alguien del Ministerio. Pero cómo sé que es una tía inteligente, esa idea la deseché rápido. Lo que no pude desechar es que este puto mundo es muy pequeño y que Emily como es obvio no conoce a todo mi círculo. Cuando me dijo escuetamente que era “una chica” me imaginé que como mínimo, sería una de veintitantos. Alcé una ceja con incredulidad ante el comentario de que su tortura sería peor. Pues no sé, guapa, pero ¿qué hay peor que quedarte encerrado de por vida en Azkaban rodeado de dementores? Yo preferiría suicidarme, lo tengo clarísimo. Interrumpí mi propia charla mental cuando soltó que comía gente. Me quedé mirándola durante unos segundo fijamente, sin poder asimilarlo muy bien.

- ¿Es una caníbal? - pregunté por confirmar, porque por su manera de hablar entendí que no se comía a la gente al estilo de Emily. Más bien ella se los bebía. Pero que fuera a presentarse una caníbal sí que me parecía surrealista. Pero surrealista de tres pares de cojones, la hostia. Joder, espero que no tenga novio, pobre tío. La frase “cómeme la polla” resulta muy muy peligrosa.

Mientras pensaba en la suerte del pobre chaval que se le pusiera por delante, aparecieron dos siluetas. Me tensé, ya que solo esperábamos a una persona. Cuando pude verles me di cuenta de que eran un hombre adulto, pocos años mayor que yo. La otra silueta correspondía a… una chica. Pero no una veinteañera, no. Era una adolescente de cómo mucho, dieciséis años. Le lancé una mirada significativa a Emily, pero no hice ningún comentario.

El hombre se marchó, que afortunadamente no me sonaba de nada. Aún así, traté de que con la oscuridad que nos rodeaba no se me viera la cara. Cuando el tío se fue y Emily hizo las presentaciones, di un paso al frente. No aclaré mi nombre, si la adolescente se ganaba mi confianza, ya veríamos, pero de momento prefería mantener todo el anonimato posible. Me sentía impaciente y extrañamente tranquilo. Normalmente aparco mi mal genio en estas situaciones, ya que necesito controlarlo todo. Pero en esa situación concreta, en la que iba a colaborar con una caníbal adolescente desconocida, lo normal es que estuviera como mínimo, tenso. Sin embargo sentía una conocida paz interior que me empujaba a empezar de una puñetera vez.

- Espero que sepas ser discreta, Hannah. - sí, era una amenaza sutil. Me importa una mierda que pueda comerme la polla (en el sentido literal) pero tenía que dejarlo claro. No confío en cualquiera, y menos en una niña. Por otro lado, quería pensar que Emily sabía lo que hacía al invitarla a nuestro selecto “club”. - ¿También te has asegurado de que nadie aparezca por aquí de repente? - pregunté, con mi siempre ceja levantada. El discurso de la vampira estaba muy bien, y que ningún muggle estúpido fuera a mirar por la ventana mejor todavía. Pero igualmente algún otro muggle estúpido podría ir a tirar la basura, a salir de juerga o a hacerse una paja mirando a Kristen Stewart II. Por muy oscuro que estuviese y por mucho frío que hiciera y demás cuestiones atmosféricas que la mayoría de la gente se pasa por el forro de los cojones. - Podemos atraer a ese cabrón aquí y luego realizar hechizos anti muggles, de seguridad y demás mierda. Sabes que en esto cuanto menos use la magia mejor, pero lo prefiero a arriesgarme a que aparezca de repente un muggle gilipollas que llega tarde a casa. - torcí el gesto, nunca se es suficientemente precavido. - Imagino que estás en Hogwarts, ¿no? No se te ocurra usar la varita. - advertí a Hannah, la caníbal cuyo novio debía temblar cada vez que le hacía sexo oral. Evidentemente era menor de edad, y cómo hiciera magia la habíamos cagado hasta el fondo. El Ministerio se enteraría en menos de lo que se tarda en decir Azkaban. Cómo por los gestos y la mirada de Emily deduje que estaba muerta de hambre y no me apetece ser el plato suculento de una vampira y una caníbal, fui al grano. - Violador. Cinco mujeres en un año y medio, de las que se han podido demostrar, claro. Lo más probable es que haya más. Trabaja en algo de mensajería… lleva el correo a los muggles, no sé qué nombre tienen esos tipos. Treinta y ocho años, bajo y gordo de cojones. - esa información seguro que satisfacía bastante a la adolescente cuyo novio me daba lástima. - No es precisamente un deportista. No va a darnos problemas. - obviamente ese hijo de puta debía tener una considerable fuerza por muy gordo que estuviera, ya que forzó a varias mujeres inocentes. Y sé de tías que tienen más fuerza que muchos tíos, así que ahí el estereotipo no vale: sin embargo no sería nada contra tres personas. Y una, encima, vampira. - Vive justo en este bloque de pisos de la esquina. - agregué con un gesto de cabeza a los pisos que teníamos detrás. - Lo que no sé es cómo cojones hacer que salga a estas horas. Si no está dormido estará cascándosela viendo porno, pero desde luego no va a estar merodeando por la calle en una noche como esta. - estadísticamente hablando era mucho más probable que estuviera en su casa, o durmiendo o haciendo la opción B. El hijo de puta al que estaba deseando coger trabajaba, no era probable que le diera por salir de juerga. No parecía la clase de muggle despistado que se pudiera tropezar con nosotros en aquel callejón.
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Invitado el Mar Ene 19, 2016 11:16 am

Estaba inquieta y a la vez tranquila sobre el asunto que Emily tenía entre manos. No había salido mucho con ella a hacer estas cosas, pero creo que tengo la suficiente capacidad como para no defraudar a nadie, y que se sepa que he heredado el sigilo y la habilidad de los Graham, aunque siempre hay que entrenar porque no es lo mismo una adolescente como yo, a ser una adulta ya, y quieras o no el índice de fallar es mayor a mi edad. Emily no me había comentado nada, solamente el día, la hora y el lugar adecuado, y acabando con un no te retrases o la pagarás caro. Yo me vestí enseguida con mi atuendo negro y mi coleta, agarré el arco en menos de media hora ya estaba apareciendo delante de mis dos acompañantes. Mi tío con la misma que me dejó se desapareció, solamente me dijo que fuera yo misma y que estaba orgulloso. La verdad es que él solía acabar con gente como la que iba yo a afrontar hoy, y también gente que no tiene nada que ver con eso y es un obstáculo para sus intereses privados. Yo nunca le preguntaba, tampoco sentía mucha curiosidad así que todo el mundo tranquilos.

Una vez mi tío se marchó me presenté formalmente y Emily presentó al hombre que estaba allí como M. No me dijo nada, solamente me medio amenazó con que esperaba que fuera discreta. -Seguro que he matado más ciervos en un mes que seguro que tú en todo lo que llevas de vida. Hablé sin pelos en la lengua, totalmente serena. Si, había sonado un poco borde pero odiaba a la gente que me juzgaba por ser una niña, si una vampiresa confía en una humana es que esa humana le servía para algo. El hombre cuyo nombre era misterioso, seguía con la ceja levantada mientras me hablaba, preguntándome nuevamente si había limpiado el perímetro. -El hombre que venía conmigo se ha encargado de eso y está todo despejado. Volví a hablar con el mismo tono serio de antes y ahora dirigí mi atención también a Emily, que para eso era como la jefa de todo esto y hay que dejar que hable. Al parecer el hombre quería atraerlo con algo y luego lanzar hechizos antimugles para que no pasase nada. -Esa es la idea pero...¿como piensas atraer a un hombre a la calle a esta hora? ¿Tirándole piedras a la ventana? Pregunté con el mismo tono de siempre, si...ya se que suena algo repugnante pero aún estaba analizando y todavía no me daba buenas vibraciones como para hablarle en un tono más tranquilo, y encima me recalca que no saque la varita. Saqué mi arco del bolso y le mostré una daga que llevaba escondida en el antebrazo debajo de mi traje. -Te crees que soy tonta o que, siempre hay que saber usar cosas alternativas a la varita. Me coloqué el arco como normalmente se coloca, cruzado por los hombros. Que se va a creer el gilipollas este, que soy una de esas hufflepuff rubias e idiotas que sacan la varita en el momento menos indicado o que, pobrecitos.

Tras nuestro cruce de palabras, por fin escuché lo que necesitaba saber, la información de las características del hombre al que íbamos a dar caza esta noche. Al parecer era un violador y estaba gordo. Dependiendo de la gente puede estar más buena o no, pero sobretodo sobre sus actitudes físicas porque puede ser gordo y no se pueda aprovechar nada...Yo me quedaba callada, no era mi turno de hablar y quería que las voces adultas dieran sus ideas antes de yo dar parte, quería analizar todos los puntos y para eso tenía que dejar que todos hablasen y dieran sus planes. Al final llegamos a la conclusión de pensar el cómo hacer bajar a ese hombre, o al menos que saliera de su piso....Cerré los ojos bajando mis pulsaciones, concentrándome hasta que los abrí de repente agarrando un palo para escribir en el suelo. -¿Es un violador no? Y tenemos una chica hermosa entre nosotros...Dije señalando a Emily para que supiera que el plan giraba alrededor de ella. -Emily, irás a su piso y le tocarás el timbre. Te harás pasar por alguien que te inventes, como la prima de una vecina o te has escapado de casa y buscas cobijo....Te las arreglas tú sola...Y cuando salga ya veremos el resto, pero primero hay que hacer que salga de su madriguera. Dejé de hablar y tiré el trocito de palo y me crucé de brazos como con aire triunfal, espero haber impresionado a los dos adultos que tengo delante...-¿Alguno de los dos tiene un plan mejor? Pregunté a ver si alguno podría aportar algo a mi plan, u otro plan más elaborado. La verdad es que me podía ayudar esta experiencia y si doy la talla, quizás pueda volver a hacer equipo con ellos...¿Deberíamos tener un nombre? Podríamos llamarnos MEH, pero eso suena raro...Bueno primero el plan y ya luego nos encargamos del nombre.
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Invitado el Jue Ene 21, 2016 10:13 pm

Asentí con la cabeza en silencio mientras una sonrisa sádica, muy poco propia de mi, aparecia en mi rostro. Esa era mi respuesta a la pregunta del millón sobre Hannah, la adolescente que se comía a la gente y disfrutaba con ello. Cuando la conocí, argumentó que solo se comía a los que se lo merecían y yo había querido creerla, aunque sabía a la perfección que me mentía. Ya se sabe...no hay que subestimar el poder de la negación. Quizáz me había ofrecido a llevarla por mi camino porque ella mataba para comer de la misma manera que lo hacía yo y, aunque veía en ello un asesinato tanto por su parte como por la mía, era inevitable fijarse en la innumerable cantidad de beneficios mutuos que podíamos ofrecernos la una a la otra. Magnus era un hombre desconfiado por lo que sabía de él y no me hacía falta saber que elemento de su vida lo había vuelto así. Me bastaba con saber que confiaba en mi tanto como yo en él y que podíamos apoyarnos el uno en el otro si era necesario, por lo que sus dudas sobre la presencia de Hannah se las guardó bastante para él hasta que la chica apareció acompañada de un hombre que desapareció a los pocos segundos como una sombra.

Tras las presentaciones pertinentes y la explicación preliminar de como iba a ir todo, mis dos acompañantes cruzaron sus primeras palabras y parecía que ya estas iban a ser hostiles. Ambos eran personas de caracter, al parecer, y no iban a permitir que un desconocido los mangonease. Puse los ojos en blanco mientras uno decía algo y el otro le replicaba con testarudez. No estaba de humor para sembrar la paz entre ellos, bastante tenía con no arrancarles la cabeza allí mismo y sin mediar una palabra más.

Mi silencio se prolongó lo bastante como para que ellos llegasen a conclusiones lógicas como hechizos anti-muggles cuando lo tuviésemos en nuestras manos y un plan para atraerlo. Mientras ellos pensaban yo miraba al suelo y lejos de sentirme inútil escuchaba todos los matices de los movimientos que estaban teniendo lugar en aquel sitio. Si alguien aparecía de improvisto, a pesar de la garantía de Hannah, yo me enteraría antes de que esa persona nos viera. En mi atención noté como Hannah disminuía sus pulsaciones y su control me resultó fascinante. Miré a Magnus cuando la colegiala surgió con el plan que podía irnos perfectamente, y le sonreí buscando calmar la desconfianza que seguramente seguía sintiendo. Los notaba tranquilos...la más tensa allí era yo, lo cual era peligroso para nuestra víctima.

- De acuerdo, es un buen plan. Puede funcionar. Cuando nos veaís aparecer, noqueadlo rápidamente. Me da igual como lo hagais, poneos de acuerdo mientras yo no estoy.- dije con seguridad aunque notaba como mis manos empezaban a temblar y mis colmillos se hacian cada vez más evidentes. Mi voz sonaba como la de Alexandra, profunda, oscura y sensual. Odiaba esa voz.- Después, mientras lo preparais para hacer lo que querais hacerle, yo haré los hechizos defensores.- dije para finalizar.

Me erguí del todo, separándome de la pared y sin mirarlos me llevé la mano al pelo, sacándome la goma que lo sujetaba en una coleta y dejando que mis ondas saliesen salvajes al aire de la noche. Lo meneé ligeramente para que se colocase como debía y me abrí la chaqueta de cuero que llevaba para dejar algo a la vista que llamase la atención. Mis ojos eran de un inevitable rojo sangre que destacaba todavía más de lo normal debído al escaso maquillaje que llevaba para rasgarlos ligeramente. Mis labios estaban pálidos pero eso cambiaría cuando la yugular de aquel violador estuviese a mi alcance. Eché a andar en la oscuridad y antes de perderme en ella, les recordé algo fundamental sin mirarlos- Y recordad, su cuello es mio- dije de una manera tan tajante que casi sonó a amenaza. En parte lo era, pues si no era este gordo violador, no podía asegurar que ellos no se fuesen a convertir en mi cena.

Cuando la noche me arropó lo suficiente eché a correr a toda velocidad para entrar en el bloque de apartamentos sin ser vista. Abrí la puerta mediante magia y entre tan velozmente que se habría percibido de mi una simple brisa empujando la puerta. No sabía en que piso vivía, y ese habría sido un dato que me habría gustado tener, pero no era necesario. Empezando por el primer piso y sin disminuir la velocidad ni un ápice, miré por todas las mirillas de los apartamentos y olí las fragancias de los inquilinos hasta que en el tercer piso encontre a un hombre gordo que apestaba a suciedad, sexo y a...carne hecha de hacía varios días. Para mi, ese hombre era ese trozo de carne cargado de grasa al que, aun crudo puedes olerle que está cargado de venas, cartílago y cosas que no son buenas para ti. Los tipos como él eran la comida basura más asquerosa para los vampiros y aunque fuese un cocktel de mediocridad en sí mismo, y me estaba muriendo de ganas por incarle el diente.

Llamé al timbre y esperé a que atendiese. Momentos después apareció ante mi un hombre de brazos enormes, a juego con su gigantesca panza. Pantalones de chándal grises y una camiseta que debaja a la vista la parte de abajo de su barriga, todo ello manchado de grasa y más cosas que preferí ignorar aunque estaban inundando mi nariz. Mis ojos se clavaron en los suyos, oscuros y marcados por unas ojeras igualmente cargadas, y vi como sus pupilas se dilataban al instante. No dije ni media palabra. Me mordí el labio inferior mientras lo observaba y le tendí una mano mientras dejaba que el labio que me había mordido volviese a su posición inicial dejando mi boca ligeramente abierta en un gesto sensual que pareció hipnotizarlo de todo. Él estiró su mano hasta tocar la mía, fria como el hielo en contraste con la suya que estaba muy caliente y pegajosa. Detrás de él, el video pornográfico que estaba viendo seguía corriendo antes de que yo interviniera. Vi como una mujer era empotrada contra una pared por un hombre gigantesco y excesivamente musculado mientras se la chupaba a otro y gemía. Era asqueroso. La mujer se parecía a mi, pero con los ojos claros. Una coincidencia magnífica.

- ¿Puedes ayudarme?- Pregunté en un tono que insinuaba súplica mientras mi mirada se volvía a clavar en la suya- Nadie me contesta- dije manteniendo el tono y volviendo a morderme el labio. Tiré de su mano hacia mi y él se dejó hacer.- ¿ Qué te ocurre?- me preguntó en un susurro casi inaudible. Parecía completamente fascinado e hipnotizado. Su erección era cada vez más evidente, si me llegó a arrodillar para suplicar se habría corrido.- Ven...-dije sin más en un susurro sensual que me encargué de que oyera. Se acercó a mi, buscando mis labios y yo me alejé de él cogiendo su mano e invitandole a seguirme. Él, muy diligentemente, obedeció a mi gesto. Su puerta se cerró tras él con cierto cariño gracias a un movimiento mio de varita que él no vio.

No quería imaginarme lo que estaba pasando por su cabeza mientras lo precedía con su mano cogida por los pasillos de aquel edificio. La mayoría del resto de gente dormía, pero nosotros éramos tan silenciosos que no se oía de nuestro paso más que unas leves pisadas. Era un tipo silencioso a pesar de su tamaño, quizás por eso había podido violar a tantas mujeres. Me siguió dócilmente hasta la salida mientras yo percibía como, a medida que llegábamos al final, su sangre fluia más y más rápidamente por la emoción. De vez en cuando, lo miraba para mantener el hechizo que lo mantenía unido a mi intacto, pero no dudaba de que la visión de mi trasero tendría un efecto parecido.

- Ya casi hemos llegado- dije con voz sensual e igualmente suplicante. Apuré el paso y él me siguió. No tardamos en entrar en el campo de visión de Magnus y Hannah y en ese momento me detuve, me giré hacia él y con mi mirada roja clavada en sus ojos, puse mis manos a ambos lados de su cuello, sintiendo sus deliciosas pulsaciones- Estás helada- me susurró. Yo sonreí de manera sádica, con una expresión diferente a todas las que había visto él en aquel rato. Entonces...noté su pavor por lo ingenuo que había sido. "Ahora. Ahora es cuando debeís noquearlo o no me podré controlar" Pensé mientras mis colmillos palpitaban del hambre y mis ojos pasaban a estar no solo rojos, sino inyectados en sangre.
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