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Baile de navidad 2015: Especial campeones

Cuenta de Ambientación el Lun Dic 21, 2015 7:42 pm

Baile de navidad: especial campeones
Todos los alumnos y personal de Hogwarts

Como todos los años, estas festividades se celebraba el baile de navidad. En esta ocasión, no obstante, iban a a ser un poco más especiales. El hecho de que en Hogwarts estuvieran celebrándose el torneo de los cuatro magos, hacía que Dumbledore se llenara de orgullo y, en base a eso, quería dedicar el baile a sus campeones. Se dieron clase durante dos semanas para todos aquellos que no sabían bailar, totalmente opcionales para todos menos para los campeones y sus respectivas parejas, la cuales deberían asegurarse de que sabían abrir un baile o a McGonagall le podía dar un infarto.

Así pues, llegado el especial día antes de la marcha de todos los que pasarían las navidades con sus familiares, el baile estaba totalmente preparado. Todo el gran comedor poseía un aspecto liviano, con decoraciones blancas por todos lados mientras un hechizo hacía que pareciera que estaba nevando. El suelo estaba nevado estéticamente, ya que no era nieve que se fuera a derretir. Las mesas estaban colocadas a ambos lados del gran comedor, redondas y llenas de comida y bebida, manjares típicos navideño. En el centro, desde la puerta, había una alfombra gris por donde entraba todo el mundo, preparada para que los campeones, acompañados de sus parejas, nos ofrecieran el primer baile de la noche.

Dumbledore pidió la atención de todos y señaló hacia la puerta, en dónde estaba sus campeones.

Que entren los campeones.

OFF: ¡Hola!

El baile estará abierto desde ahora hasta el 25 de enero. Se puede entrar, comer, hablar y hacer lo que queráis menos BAILAR. Los primeros post de los campeones y sus acompañantes serán entrando al gran comedor todos juntos para llegar a la pista de baile y abrirlo, dando por hecho que estáis todos juntos afuera esperando. Después de que ellos bailen, ya pueden bailar todos.

Técnicamente es un baile en dónde "obligatoriamente" hay que llevar pareja, pero como en todas partes, si no has conseguido pareja, puedes ir solo. Eso sí, McGonagall te mirará por encima del hombro con reproche.

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Rhea Jackson el Dom Dic 27, 2015 11:02 pm

Tras el anuncio en Halloween de que yo iba a ser una de las campeonas del Torneo y mi posterior ataque de histeria, las cosas se volvieron mucho más tranquilas para mi. Pasado el primer momento de pavor todo parecía ir mucho mejor de lo que en un principio había predicho así que poco a poco me tranquilizaba...aunque antes de llegar a ese punto tuve que pasar por la etapa de las pesadillas donde una y otra vez soñaba que una gigantesca serpiente salía de un agujero del suelo en medio del castillo y me devoraba. Ya había empezado a preparar la primera prueba aunque no tenía ni idea de lo que me esperaba cuando nos anunciaron el baile de navidad. Yo no estaba demasiado de humor para bailes o fiestas, si tengo que ser sincera, pero la bomba nos la dejaron caer cuando nos dijeron que, como campeones, debíamos ir, además de acompañados y abrir el baile. No se me ocurría nada más inoportuno que hacerle a un grupo de adolescentes que se iban a jugar la vida ante un destino incierto.

A pesar de todo, no tardé en resignarme. No tenía muy claro con quien ir al baile, y ni tampoco porque tenía que ir con alguien y además bailar. No soy demasiado partidaria de bailar en público, la verdad. Cientos de veces, antes de decidirme, vi a Ian y hablé con él, aunque por supuesto que no de ese tema. No estaba segura de si él esperaba que yo lo invitara, pero él no me había invitado a mi, tampoco. No sabía siquiera si había invitado a otra persona. Además tampoco estaba segura de si quería ir con él. Me gustaba lo que teníamos, ser amigos y lo que surja, nada de que nos cataloguen como pareja, y supongo que si llegábamos a ir al baile juntos eso es lo que acabaría pasando. Al final, tuve una idea brillante: Invité a Danny a venir conmigo. Ella era mi mejor amiga y me daba igual el número de malentendidos que tuviesen lugar por aparecer junto a ella en el baile. Ir con Danny me aseguraba que me iba a sentir cómoda, que me lo iba a pasar bien y que iba a estar lo bastante relajada toda la noche como para poder bailar sin comerme el suelo en más de una ocasión. Además, si la cosa se desmadraba, ¿qué mejor compañía que tu mejor amiga?

El día del baile llegó más rápido de lo esperado, y pronto mi amiga y yo nos vimos con los trajes preparados y todo planeado para ir juntas a ese gran acontecimiento social. Yo había ido a un par de clases de baile para principiantes que se impartían en el castillo, solo para asegurarme de que podía hacerlo sin caerme, así que iba medianamente confiada. Un par de horas antes del inicio del baile, cogí mis cosas y me fui al baño a prepararme junto con otras tantas chicas que estaban haciendo lo mismo que yo. Fue la misma Danny la que me ayudó a subir la cremallera de mi mono negro y la que le dio el visto bueno a mi aspecto. Cuando ambas estuvimos listas, salimos de nuestro dormitorio y cruzamos la sala común como un par de reinas. Casi como si nos lo tuviésemos muy creído.

Al llegar al Gran Comedor, vimos como en el recibidor del castillo se agolpaban los alumnos, hablando entre ellos, cotilleando y comparando modelitos. Yo estaba nerviosa, muy nerviosa, pero ojalá todas las pruebas de aquel Torneo pudieran tener el mismo nivel de dificultad que aquel baile que iba a llevar a cabo de la mano de mi mejor amiga. Antes de bajar las escaleras hacia donde estaban el resto de campeones, respiré hondo y miré a mi alrededor "Todo irá bien" me dije a mi misma y del brazo de Danny, bajé hasta donde la profesora McGonagall me indicó. Momentos después, las puertas del Gran Comedor se abrieron y, seguidas de los otros 3 campeones y sus parejas, Danny y yo cruzamos el umbral de la puerta bajo la atenta mirada de todos los allí presentes- Dios, que nervios- dije más para mi que para ella- No me gusta nada ser el centro de atención- dije con una sonrisa incómoda.

Cruzamos el Gran Comedor hasta quedar en el centro y, a la señal del director, la música comenzó a sonar. Yo suspiré- Mi lady- le dije a Danny con una sonrisa que pretendía ser confiada haciendo una pequeña reverencia y tendiéndole la mano para que la cogiera. Cuando lo hizo, comenzamos a bailar al son de los otros campeones.

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Danielle J. Maxwell el Lun Dic 28, 2015 2:27 am

Yo no me había apuntado al torneo porque tenía tan mala suerte en mi vida que seguro que me tocaba. Y yo no quería morir siendo tan joven. Y claro, todo eso se lo había dicho a Rhea antes de que saliera elegida, por lo que cuando fue ella la que salió elegida, tuve que cambiar mi chip con respecto al torneo. No iba a decirle a mi amiga que probablemente muriera, que ahí hay cosas muy peligrosas y que en realidad no sirve para nada, no, tenía que ser una chica empática y decirle cosas bonitas. No iba a mentirle tampoco, le diría toda la mierda que se encontraría, pero debía de admitir que yo veía a Rhea capaz de todo. Por lo que mis frases siempre empezaban: “verás, te puedes encontrar con esto, esto te puede matar, esto dejó una vez en coma a uno y…” pero siempre terminaban con un reconfortante: “pero tú puedes con eso y más.” Y la verdad es que yo veía muy claramente a Rhea ganando el torneo. Era inteligente, pero a su manera. Es decir, no era inteligente como los Ravenclaw por haberse estudiado de principio a fin todos los libros, si no que era inteligente por su distintivo pensamiento. Damon no era un rival para ella a pesar de estar un nivel por encima, Joahnne tampoco. Rose era la única que podía suponerle un reto como rival pero… memeces, Rhea era la mejor de todas y yo me iba a encargar de recordárselo para que no se le olvidase nunca.

Como de costumbre en los bailes de navidad, supuse que iría sola. Es decir, era una suposición feliz porque era algo cotidiano en mi vida, no es que me molestase ni nada de eso. Pero sorprendentemente, Rhea me invitó a mí una noche cualquiera mientras hablábamos de las posibles parejas para ella, claro. Obviamente acepté. Ir con mi mejor amiga era sin duda el mejor plan y la mejor pareja de todo Hogwarts. Se me hacía raro solo por el hecho de tener que abrir el baile por ella, ya que me daba vergüenza, pero como buena amiga: AMBAS PASARÍAMOS VERGÜENZA JUNTAS.

Asistí junto a Rhea a algunas clases de baile, ya que no quería cagarla más todavía de lo que probablemente la cagaría. Así que tras las clases básicas (ya que tampoco pretendía bailar ahí rollo vals por más de diez minutos), decidí practicar por mí misma y dejar de ir, ya que me ponían nerviosa. Otro tema importante era cómo iba a ir vestida y decidí hacerle caso a mi abuela e ir con un vestido sencillo y unos taconcitos pequeños. Lo admito, me lo puse y vi que me quedaba bien. Las abuelas tienen un ojo excepcional con esas cosas.

Llegado el día del baile, ambas nos preparamos para salir, siendo la otra el jurado de la otra para dar el visto bueno a nuestro aspecto. No me había puesto nerviosa en todo el día, hasta que subimos las escaleras hasta quedarnos en la puerta del Gran Comedor. Mierda, no había pensado en este momento glorioso en donde campeones y parejas entran solos hasta el centro de la pista. Puse cara de patata contenta y nerviosa y entré junto a Rhea, sujetando su brazo.

A mí tampoco —le contesté rápidamente cuando dijo que no le gustaba ser el centro de atención. No miré a mi alrededor demasiado, ya que me estaba muriendo de vergüenza y no quería ver rostros conocidos con cara de patatas graciosetas.

Llegamos a la pista de baile y ella hizo una reverencia de lo más graciosa, la cual me hizo sonreír. Sujeté su mano y ambas nos pusimos en formación de baile. Yo coloqué mi mano en su cintura, mientras que ella la colocó en mi hombro. Y luego, milagrosamente, comenzamos a bailar sin cometer (a primera instancia) ni un fallo. Parecíamos profesionales y todo. Eso sí, mi mirada estaba fija en el rostro de Rhea y parecía que en un momento a otro iba a partirme allí mismo de risa, una mezcla de nervios, diversión y estrés, todo unido.
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Invitado el Lun Dic 28, 2015 10:52 pm

- No me mires así. Esto me gusta bastante poco osea que menos burlas - Murmuró mirando hacia la ardilla que le miraba con cara de no estar enterándose de nada, algo enteramente lógico porque era una maldita ardilla. El joven suspiró mirándose en uno de los espejos. ¿Como se suponía que iba a atarse una corbata si no lo había hecho en su vida? Era como pedirle a un pez que volase, casi como insinuarle repetidas veces a alguien como él la ilusión que le hacía ir al baile de navidad, casi.

Suspiró arreglándose el cabello ya seco tras la ducha para poner rumbo al castillo. No estaba seguro de si era buena idea ir con Davina a aquel baile, de como lo mirarían los profesores al respecto aunque claro estaba siendo el guardián de las llaves y terrenos no tenía el mismo dilema moral que el de un profesor al acudir con una alumna, además, tampoco se llevaban tantos años, ni siquiera podía ser considerada una relación ilegal.

Relación. No había hablado con ella al respecto de qué eran, ni tenía intención, al menos por su parte estaba seguro de que no la había pero...¿Y por la de la Ravenclaw? Sacudió la cabeza poniendo rumbo al castillo sin casi pensarlo dos veces ( Ya que si lo hacía probablemente se encerraría en la cabaña como si de un búnker se tratase) para esperar a la que aquella noche sería además de alguien que le confundía día a día la persona con la que compartiría la pista de baile.

En su etapa de estudiante ni siquiera había acudido a aquellos bailes, no le gustaban ni un ápice y si estaba yendo a aquel era simplemente por hacer feliz a la estudiante de último año que esperaba que no le hiciese esperar demasiado rodeado de alumnos, él había dejado aquello ya hacía bastante y le revolvía todo el encontrarse en aquella situación, por lo que se repetía mentalmente una y otra vez "Es por ella". Por lo que pacientemente esperó por la muchacha a los pies de la gran escalera, sin mediar palabra con los pimpollos hormonados que pululaban por las cercanías.

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Invitado el Mar Dic 29, 2015 5:30 am

Prefería ir a una clase de Runas Antiguas antes que a aquella parafernalia social y carente de sentido propia de deficientes, IMAGÍNATE. De por sí solía carecer bastante de aquel amor incomprensible para mí hacia la Navidad y todas aquellas fiestas vacías y estúpidas, pero en aquella ocasión más todavía, puesto que por el hecho de ser uno de los campeones del Torneo me había tocado abrir el baile junto a las otras tres componentes del grupo. ¿Por qué, tío? Es decir, ¿no teníamos ya suficiente con tener que pasar por pruebas súper peligrosas y arriesgadas que podrían acabar con nuestra vida como para colmo tener que inaugurar aquella ridícula fiesta? Tanto compromiso me agobiaba, macho. No sabía cómo se sentía Lluna al respecto, ya que obviamente sería mi pareja en el baile, pero desde luego para mí era una molestia, por si no ha quedado claro.

De forma totalmente opuesta a mi madre le encantaban aquellas fechas y no dudaba en enviarme un traje adecuado cada año, que por supuesto me enviaba dos meses antes de la ocasión, cosa que aún no llegaba a entender del todo. Por regla general me gustaba llamar la atención, ser el centro de atención, vale, pero tener que serlo por BAILAR era poco menos que patético. Parecíamos viejos del siglo diecinueve con aquella música de fondo.

Me vestí con el tiempo justo, quizás esperando que por algún milagro divino al final se suspendiera. A veces podía llegar a ser bastante iluso. Me peiné lo justo, con un poco de gomina, y sin mirarme demasiado al espejo salí de mi habitación en dirección a la sala común, donde había quedado con Lluna. Ella ya se encontraba allí. Estaba de tan mal humor que ni tan siquiera recordé piropearla por su vestimenta. - ¿Vamos o qué? A ver si con suerte a Dumbledore le da un infarto por la vejez o algo y se suspende la fiesta.

Caminamos a nuestro ritmo hasta las puertas del Gran Comedor y la profesora McGonagall no dudó en hacer gala de su emoción por aquellas fechas, indicándonos con aquella sonrisa que a mí me daba miedo que nos dirigieramos a una zona determinada donde ya se encontraban el resto de campeones con sus respectivas parejas. No pude evitar fijarme en la acompañante de Rhea. Ambas se encontraban de espaldas y no fui capaz de distinguir a la chica que la acompañaba de inmediato. ¿Quién era? Joder, estaba buenísima. Trataba de disimular mi abstracción ante Lluna, ya que si se daba cuenta no le gustaría en absoluto que estuviera venerando a otra chica que no fuera ella.

Pensé que Rhea debería haber venido con Ian, ya que todo aquello hubiera sido más llevadero con su compañía. No pude evitar sonreír ante la idea de ver a Ian abriendo aquel baile de la mano de Rhea, era demasiado cómico.

De repente, y justo antes de que McGonagall nos diera paso, la acompañante de Rhea viró la cabeza levemente, de forma que finalmente pude discernir de quién se trataba. Mi sorpresa fue evidente ante tal descubrimiento, la chica que llevaba mirando desde hacía varios minutos era nada más y nada menos que Danny. ¿Cuándo se había puesto tan buenorra? Por la cara.

Saliendo de mis inapropiados pensamientos me concentré en la tarea que tendría que llevar a cabo en los momentos siguientes. Lluna se agarró de mi brazo y yo lo puse en posición, esperando a que los que estaban delante nuestro comenzaran a moverse. - ¿Te quedaste pegada al suelo? - Le dije a Joahnne, que se encontraba justo delante de nosotros. Tampoco había tardado tanto en ponerse en marcha, pero a aquellas alturas cualquier cosa era capaz de sacarme de mis casillas.

Una vez en el centro de la estancia y en posición la música comenzó a sonar y prácticamente fue Lluna la que tuvo la iniciativa de dar el primer paso. No sentía vergüenza, sino que sentía que mi dignidad se iba esfumando a medida que pasaban los segundos. Por suerte no la pisé en ningún instante, básicamente porque me estaba moviendo lo justo y necesario para que no se notara demasiado mi apatía. - Vaya pesadilla. - Le dije a Lluna, sosteniéndola por la cintura. - ¿Tienes planes para luego? Mi habitación estará vacía, así que ya sabes… - De repente mis ánimos se vinieron arriba frente a la idea. - Esta vez prometo que tomaré medidas para que no nos molesten. - Añadí con picardía, esperando que de un momento a otro terminara aquella tortura.

El caché me precede:
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Davina Abrasax el Mar Dic 29, 2015 10:24 am

Con Bastian.

No había sido nada sutil cuando le había insinuado a Bastian que quería ir al Baile de Navidad. Se lo había insinuado alto y claro, con todas las letras, hasta que me había pedido ir con él. Por la expresión que tenía en la cara estaba más claro que el agua que él no quería ir y que me lo estaba preguntando porque yo quería ir, pero en vez de ser una buena chica y decir “no pasa nada, me quedaré aquí contigo en la cabaña a pasar una noche tranquila, o iré con mis amigas” acepté inmediatamente. ¿Por qué? No es porque sea una mala perra que quiere hacerle sufrir yendo al baile, pero en serio que tenía muchísimas ganas de ir y no quería ir sola. ¿Por qué me tengo que aguantar ir al baile sin el chico que quiero cuando puedo tener mi deseo durante una noche? ¡Es solo una noche! Pues eso, íbamos al baile.

La verdad es que estaba muy emocionada, porque Bastian me gustaba muchísimo, y me parecía bonita la idea de ir con él al baile en el que otros años me lo había pasado tan bien, pero había acudido solo con mis amigos. Este año iba con pareja, y estaba feliz. ¿Y a mí qué más me da que él sea en guardián de las llaves y los terrenos y yo una alumna? No estábamos haciendo nada mal, así que si alguien quiere mirar, ¡que mire!

Había comprado mi vestido yo misma en verano, al contrario que otras chicas que conocía que le habían encargado el vestido a sus familias y tenían que fiarse de que les llegase el vestido que querían, y aguantarse y quejarse si no e intentar arreglarlo si tenían tiempo. Me había costado mucho encontrar justo lo que quería. Había mirado de todos los diseños y todos los colores posibles, y casi me había desesperado sin encontrar el vestido indicado. Pasaba de comprarme un vestido azul, pues no me gustaba mucho cuando las chicas se vestían con los colores de sus Casas. Las Slytherin de verde, las Ravenclaw de azul, las Gryffindor de rojo… las Hufflepuff se ponían de todos los colores del arcoíris porque el 98% de los vestidos amarillos de este mundo son la cosa más fea que jamás haya sido confeccionada en la historia de la humanidad. Alguno se salvaba, pero solían ser solo los de marcas caras que costaban un ojo de la cara. Había buscado vestidos de color lila, violeta… sin éxito. Pensaba que iba a tener que recurrir al horrible cliché de los vestidos de baile de Navidad azules cuando por fin encontré lo encontré, EL vestido. Era de color verde de un material tan ligero como el mismísimo aire, y la falda era larguísima y vaporosa, moviéndose a mi alrededor cada vez que daba un paso como si  fuese una nube de humo. No tenía tirantes, sino que se sujetaba detrás de mi cuello. El escote no era exagerado aunque sí que era pronunciado, pero era estrecho en forma de una fina y larga V. Pero toda la piel que no se veía en el escote se veía en el resto del cuerpo, ya que el vestido no tenía espalda, y la falda estaba abierta, por lo que podía vérseme casi la pierna entera.

No podía esperar a ver la cara de Bastian.

Como el vestido era lo que llamaba la atención no quise exagerar mucho con los complementos, por lo que apenas me puse un anillo y unos pendientes de brillantes pequeños y un colgante muy pequeño con una cadenita muy fina. Me puse unos altos tacones negros que junto al vestido hicieron que mis piernas pareciesen aún más largas, y el pelo me lo dejé suelto y ligeramente ondulado, pero no exageré con el maquillaje. En cuanto estuve lista salí de la Sala Común a la hora a la que había quedado con Bastian y respiré profundamente antes de bajar por las escaleras de la torre de Ravenclaw. Me dirigí con paso muy firme y seguro por los pasillos y demás escaleras hasta que llegué al piso en el que habíamos quedado, y bajé las escaleras al pie de las cuales me estaba esperando Bastian…

Estaba guapísimo. Nunca le había visto vestido con traje, tan guapo y tan elegante. Siempre estaba guapo, pero esto era otra cosa. Me detuve durante un segundo en la parte de arriba de las escaleras y le miré conteniendo la respiración, y entonces sonreí y bajé las escaleras teniendo cuidado con la falda, sin apartar mis ojos ni un solo segundo de los suyos.

-Mira qué guapo estás…- murmuré, picándole un poco con mi tono juguetón debido al hecho de que él no había querido venir pero había cedido por mí. Me acerqué a él hasta que la distancia entre nosotros dejó de existir y miré a mi alrededor, asegurándome de que nadie nos miraba con ojos indiscretos. A mí me daba igual, pero sabía que él aún era bastante tímido y se incomodaba un poco, por lo que solo entonces me puse un poco de puntillas (los tacones ayudaban mucho, pero él era demasiado alto y aún con ellos había centímetros de diferencia) y le di un suave beso de saludo.

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Última edición por Davina Abrasax el Miér Ene 20, 2016 12:28 am, editado 1 vez
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Invitado el Mar Dic 29, 2015 9:18 pm

El paquete de su madre había llegado prácticamente con el tiempo justo para que se lo pudiera poner para el baile, lo cierto es que parecía que su progenitora estaba más emocionada por aquel baile que el propio Remus. Sus compañeros no estaban por la estancia, por lo que asumió rápidamente que tendrían pareja para ir al baile o estarían pensando algún plan de los suyos para que "los merodeadores" pasasen a la posteridad por liarla en el baile de navidad de los campeones. Negó levemente con la cabeza antes de terminar de ajustarse la camisa y mirarse finalmente para garantizar que no llevaba nada fuera de lugar.

Esta vez había tenido suerte en el sentido de que su madre no había incluido ni pajaritas ni corbatas ni ningún complemento que le fuese a amargar la existencia para bajar al gran comedor donde tenía más que claro que se iría directo a la mesa de la comida, al fin y al cabo el ir solo a aquel baile era lo que le garantizaba, eso y ver como la mitad del colegio acudía con su pareja correspondiente o de cómo se montaría habladurías después de aquello hasta con los que iban como meros amigos al baile.

No tardó demasiado en salir de la sala común de Gryffindor y despedirse del retrato que la custodiaba, recibiendo un amable cumplido por parte de esta siendo devuelto por Lupin, quien no llevó demasiada prisa para llegar a las escaleras donde todas (o casi) las parejas de las chicas que quedaban por bajar esperaban impacientemente. Saludó a un par de compañeros poniendo rumbo ya hacia el gran comedor para así no toparse con la multitud creciente que no tardaría en comenzar a llenar el ahora decorado Gran Comedor. Lo cierto es que era lo que más le había llamado la atención de la sala, hasta que vio como los campeones comenzaban con el baile, aunque si dijese que su atención estaba puesta en todos los que se encontraban en la pista estaría mintiendo.

Como si de un imán se tratase su mirada se dirigió a Danny a la cual, en un principio le costó discernir, estaba preciosa, aunque se le hiciera raro verla vestida de aquel modo. Y lo primero que se le pasó por la cabeza había sido huir, llevaba tiempo sin acercarse a ella, no sabía si porque era él quien la esquivaba o si era ella, quizás los dos, pero lo cierto es que le invadió una sensación extraña antes de casi escabullirse al final de la sala para evitar la confrontación con la rubia tras lo sucedido en el verano.

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Lluna Forman el Mar Dic 29, 2015 9:34 pm

Con Damon


Este año el baile de navidad iba a ser especial. No lo abría yo como participante del torneo como había soñado, lo hacía como acompañante de Damon. Él había sido el elegido de la casa Slytherin. Me hacía sentir orgullosa y a la vez me moría de nervios por si le pasaba algo. Las pruebas son muy duras y temo que no pueda superarlas. No es por desconfianza, sé que él puede con todos los obstáculos, es más bien temor por si algo sale mal y los profesores no llegan a tiempo de salvarlo. Le quiero, ¿vale? Me da un patatús si le llega a ocurrir algo malo. Por suerte hoy era día de disfrutar. Damon me había invitado al baile y yo estaba muy ilusionada aún a sabiendas de que a Damon no le va eso de bailar. Él es más de gastar bromas y andar alejado de la pista.

Me arreglé con rapidez dando envidia a mis compañeras de habitación porque iba a abrir el baile. Había intentado enseñarle algunos pasos a Damon pero es tan tozudo que no ha querido que practiquemos nada, lo cual me hace estar más nerviosa aún. Tenía en el estómago un nudo muy gordo. Bajé a la sala común y tras comprobar que mi novio no había bajado aún di y un par de vueltas aprovechando la amplitud de la sala viendo el bonito vuelo de mi vestido. Ideal para bailar. Ojalá estuviese aquí Axel. Damon bajó en aquel instante, pude adivinar por su expresión que no estaba muy contento y pasé por algo que no me dijera nada bonito. Para él este baile es un puro trámite. Lleva días esperando que el evento se suspenda, ya sea por un ataque de mortífagos o por la muerte del director. Todas igual de probables.

No borré mi sonrisa tímida hasta llegar al Gran Comedor. Allí estaba la profesora McGonagall esperando a los paladines y sus acompañantes. Me fijé en Rhea y me reí al ver que iba acompañada por Danny. La unión hace la fuerza, dicen. En el caso de los Hufflepuff, si se unen el desastre puede ser mayor. Pensé en Ian y en la relación que creí que tenía con Rhea. Al parecer el chico malo no quiere ir con la rubia tonta al baile. Tiraría toda su reputación por los suelos, y no es plan. No miré a nadie más. Me fijé en Damon y en su mala uva ideando un plan para poder disfrutar de la bonita noche de baile con mi chico al que no le gustan los bailes.

Llegado el momento le cogí del brazo y avanzamos hasta el centro de la pista. Cuando la música empezó a sonar tuve que mover a Damon para que bailase. Estaba recto como un tronco y no disfrutaba nada, ni él ni yo. Por norma general es el chico el que tiene que llevar los movimientos de la chica, y lo estábamos haciendo al revés. Por lo menos estaba funcionando y nos movíamos por la pista. Pronto él me habló para dejar claro que aquello no le motivaba, y me hizo saber que su habitación iba a estar vacía.

- No he visto a Ian, ¿seguro que no va a estar debajo de la cama espiando? Juro que esta vez lo mato, por más que sea su habitación...

Le guiñé el ojo a Damon de forma pícara dando a entender que la idea me sonaba estupendamente bien. Me gusta mucho bailar, pero mucho me temo que con Damon no lo voy a poder disfrutar. Es mejor que busquemos un lugar tranquilo donde podamos hacer cosas que si nos harán disfrutar a los dos. Ya tendré ocasión de bailar durante las vacaciones, la familia Forman está llena de grandes bailarines.
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Ian Howells el Jue Dic 31, 2015 12:21 am

Con mi pareja Clarissa

Las cosas habían sido así: Ian esperaba fervientemente que Rhea le dijera de ir al baile con él, ya que ella era una de las campeones y debía de abrir el baile. Obviamente, Ian pensaba: “Me lo va a pedir porque soy la mejor opción que tiene”, pero de repente, hablando tranquilamente, no sale el tema y no se lo pide. Ian se quedó extrañado, patidifuso, raro… Finalmente, cómo no iba a caer en la confusión, pues se negaba vilmente a sentirse rechazado, decidió buscarse él mismo a la mejor opción. Por un momento pensó en Circe, pero… no, demasiado exigente, suficiente tuvo con ir el año pasado con ella. Así que pensando en los pros y los contras de todas las chicas de Slytherin que había en la sala común ese día (pues estaba claro que la mejor opción debía de ser Slytherin), se encontró con los resplandecientes ojos de Clarissa Dankworth. La primita de Zack.

Ian curvó su mejor y encantadora sonrisa y se acercó a la chica para pedírselo. Contra todo pronóstico, aceptó. Qué raro que Zack no le hubiera advertido… Pero mejor para Ian, ¿no? Iba con una chica hermosa con la que podía hablar tranquilamente de cualquier cosa. No la conocía muy bien, pero lo poco que conocía de ella le gustaba. Por lo que esperaba poder conocerla en profundidad… (If you know what I mean).

Llegado el día, Ian no se  complicó la vida: un traje negro con pajarita y a tomar viento. Decidió no ponerse la gorra por una vez en su vida y se peinó para atrás. Clarissa era una Dankworth, por lo que debía de aparentar ser un gentleman en toda regla para dar una buena impresión y que no se creyese las necias palabras que Zack pudiera decirle con respecto a él.

Ian esperó apoyado en uno de los sillones de la sala común hasta que Clarissa bajó de su habitación, para ir ambos juntos al baile. Era mucho mejor esperar en la sala común que ya en el Gran Comedor, como un gilipollas en medio de montón de parejas. Cuando Clary bajó, Ian silbó con picardía, mirándola de arriba abajo.-El uniforme no te hace nada de justicia.-Curvó una sonrisa pícara, ofreciéndole la mano. ¿Desde cuándo la prima de Zack estaba tan buena, que él no se había dado cuenta?

Ambos llegaron al Gran Comedor y entraron por un lado para no molestar a los campeones que iban por el centro hacia la pista de baile para empezar a bailar. Entonces Ian estiró la cabeza cual suricato para ver con quién iba Rhea y no pudo evitar reír cuando vio que iba con su compañera de cuarto.-Pfffffffff…-Soltó con un gran bufido de indignación divertida, negando con la cabeza. Para no parecer gilipollas, miró a Clary, inventándose una excusa.-Maldito Damon, me copió la pajarita.-Dijo para aparentar, acercándose entonces a donde los campeones empezaban a bailar. Le pasó entonces la mano a Clary por detrás de la cintura.-En cuánto nos dejen, entramos a bailar. ¿Te apetece?-Preguntó, mirándola desde arriba, ya que era un poco más alto que ella. A lo mejor era de esas chicas en peligro de extinción que preferían hacer otra cosa que bailar. Pero la verdad es que Ian sabía perfectamente bailar, por lo que en realidad le daba igual. Con tal de pasar un buen rato, él tenía la noche hecha.
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Ian HowellsUniversitarios

Invitado el Jue Dic 31, 2015 12:37 am

Baile de Navidad… Tres palabras que en un principio le habían hecho pasar por más de un cambio emocional propio de su edad. La primera vez había sido pavor, miedo ¡terror! Tan sólo leer esas tres palabras había hecho que un escalofrío le recorriera la espalda de sólo pensar lo que un baile implicaba; buscar una pareja, acercarse a una chica de manera amable y cortés y más aún… PEDIRLE a alguien que fuera con él ¿cuándo ÉL, Sirius Orion Black había pedido algo a una mujer? ¡NUNCA, JAMAS! Y no se imaginaba comenzando a hacerlo recién cumplidos los diecisiete años.

Luego la cosa mejoró cuando uno de sus amigos le dijo que le tenía a una chica para ir si acaso no encontraba compañía, pero aún cuando le sintió mejor, no le animaba mucho el asunto de ir con una desconocida. En algún momento pensó en invitar a Danny, pues era una amiga con la cual tenía bastante compatibilidad, especialmente tras el último estreno de Star Wars episodio VII, y además estaba seguro no le miraría con cara de proposición de matrimonio por ir a un baile juntos, pero entonces fue que Remus insinuó que iría solo y que se podía ¡Qué GRAN idea! Si Lunático lo hacía, él le seguiría y estaba seguro que tendrían mucha diversión juntos… Ojalá James no estuviese tan prendado de Evans y así todos pudiesen ir como grupo, tal y como en los viejos tiempos. Sí, Lily le agradaba, pero a veces le daban ganas de arrojarla como alimento para el Calamar Gigante.

Pero, por supuesto, las cosas jamás resultan como se planean y de un momento a otro había tenido que acabar yendo por dos semanas a los ensayos de la profesora McGonagall porque se había acabado comprometiendo con una de las Campeonas. Sí, él mismo pensó en arrojarse de la Torre de Astronomía cuando hiló lo que ello significaba.

Por fortuna, su acompañante había acabado por hacerle aquellas tardes sumamente gratas. También tenían cosas en común, a ambos les encantaba el Quidditch y Star Wars, y Sirius había acabado prometiendo además que vería la saga completa de Star Trek de aquí al siguiente fin de año. Evidentemente, también había hecho de las suyas y el mismo primer día de ensayos había cambiado el disco de Vals de McGonagall por uno de Hip Hop; por supuesto que al siguiente día los discos ya se encontraban protegidos con magia y Sirius tuvo que aguantarse toda la segunda tarde la extraña sensación que significaba el ganarse un par de manos peludas.

Las cosas habían transcurrido bien, no solamente Rose había comenzado a agradarle más, sino que también había tenido tiempo de frikear con Danny y conocer más a Rhea. Sin embargo, no habló mucho más con la pareja de Slytherin, excepto cuando Damon buscaba meterse con Danny para molestarla y ahí saltaba el león —o quizás perro— que tenía dentro.

En cuanto a la túnica de gala, no era algo que hubiese significado un problema, pues pese a haberse separado definitivamente de su familia durante las vacaciones de verano pasadas, cosa que significaba haber quedado con escasos fondos financieros, los trajes de gala era una parte del abolengo familiar que se había llevado en el baúl, sólo por si acaso llegase a necesitarlo. Así que se había vestido con su traje a la medida, donde no faltaba ni sobraba ningún espacio, pues todo debía ser perfecto para cualquiera de los “Toujours pur”.

Intentó acomodarse el cabello, por supuesto que lo intentó, incluso se peinó hacia atrás en algún momento, pero cuando se miró al espejo le era imposible reconocerse. Quizás algún día, cuando realmente quisiese impresionar a una chica o cuando no hubiese tanta gente que le conociera. Por lo que finalmente optó llevar el cabello revuelto, como siempre, aunque no tanto… ALGO se había esforzado.

Respiró profundo, sonrió ante el espejo y se dijo a sí mismo que aquella noche sería inolvidable ¿y cómo podía no serlo si era una oportunidad más para hacer algún desmadre? El sólo hecho de pensarlo hizo que la sonrisa se le torciera a una que se parecía más a la de un niño travieso en lugar a la de un adolescente ad portas de un gran evento.

Bajó hasta el vestíbulo y ahí buscó por su compañera a quien no vio por ningún lado, por lo que observó la hora antes de acercarse a saludar a las tejonas (Danny y Rhea), abrazándoles a ambas al mismo tiempo, quedando con una de ellas debajo de cada uno de sus brazos y besar a ambas en la frente.

—No les diré lo guapas que se ven, sería un cumplido demasiado grande por mi parte y eso me haría perder el estilo.

Sonrió a ambas y les dejó libres para que pudiesen tomar sus posiciones, mientras él buscaba nuevamente a su pareja y miraba a McGonagall de reojo, quien de seguro comenzaba también a impacientarse por la falta de dos de sus campeonas, pues su compañera de Gryffindor tampoco daba aún acto de su presencia.
Túnica de gala:

JA! Sueña que voy a poner esas cursilerías XD
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Invitado el Jue Dic 31, 2015 6:12 am

Las cosas habían sido un poco extrañas para Clarissa aquel semestre, había conocido y visto de todo entre sus compañeros de casa y aún no se había dado el tiempo de husmear fuera del nido de las serpientes. Sin embargo, aún a pesar de ser una recién llegada desde l'académie de magie de Beauxbâtons, todo el mundo parecía conocerle y no sabía sido por la muerte de su padre en Azkaban o por la reputación que había antecedido su apellido con Zack saliendo de Hogwarts el año pasado.

Maldecía que su primo hubiese estado ya fuera de la escuela precisamente para el año al que ella vino a entrar, pero por otro lado lo agradecía. Adoraba y odiaba a Zack con la misma intensidad con la que lo hacía con su madre. Demasiadas cosas le había metido ella en la cabeza respecto al resto de los Dankworth, pero el mismo Zack y su tío Caleb quienes con su manera de ser le habían hecho dudar de la palabra de su madre. Así los días habían pasado y había sido el mismo Zack en una de sus conversaciones quien le había mencionado una lista de personas que le parecían apropiadas para que ella frecuentara. Así es como había conocido a Ian y habían logrado llevar un par de conversaciones antes de que él —repentinamente— le invitara al baile de Navidad. Clarissa aceptó y pocos días después se lo comentó a Zack en una de sus frecuentes correspondencias y el chico no pareció muy alegre con la noticia y no especificó realmente porqué, quizás esperaba que ella le preguntara, pero la anglo-francesa optó finalmente por cambiarle el tema.

Se vistió para el baile de la manera más apropiada que consideró, nada pomposo, pero sí elegante y original, pues de un modo u otro esperaba representar un poco su personalidad. Arregló su cabello con la ayuda de sus compañeras de dormitorio y ocultó un pequeño obsequio para Ian debajo de su vestido.

Ahí estaba el Slytherin, apoyado en uno de los sillones en medio de la Sala Común y Clarissa se detuvo en las escaleras cuando éste le silbó con picardía, y la chica, lejos de intimidarse, le regresó una sonrisa coqueta y se dio una vuelta completa, cual modelo de pasarela, para enseñarle a él que sus palabras eran realmente acertadas.

—Lo sé —respondió con la misma sonrisa antes de aceptar su mano y acabar de bajar aquel último peldaño.

Ya en el Gran Comedor se dedicó a observar por un momento a los presentes; vio parejas, gente sola y parejas del mismo sexo, lo que le hizo sonreír, no precisamente de burla, sino de comodidad, le hacía sentir bastante bien de que las mujeres en Hogwarts finalmente estuviesen comenzando a tomar las riendas por su propia cuenta. Sólo volvió a mirar a Ian cuando éste resopló observando a los campeones, por lo que sus ojos se cruzaron con los del muchacho antes de éste le diera su excusa de la pajarita. Clarissa sonrió con supremacía, como quien se prepara para dar a alguien una importante lección.

—Eso es lo que sucede cuando vistes con estilos demasiado corrientes —se burló descaradamente.

Ambos caminaron hacia un costado de la pista de baile y observaron a los campeones comenzar a bailar. Ya podía decir que conocía al menos de vista a prácticamente todos los presentes en la pista de baile. Sin embargo, le divertía ver que la mayoría de ellos llevaba más cara de sufrimiento que de estarla pasando bien. Fue entonces cuando Ian le sugirió bailar en cuanto pudiese entrar el resto de los alumnos a la pista de baile.

—¿Un Vals? —preguntó divertida y negó con la cabeza —Bailaremos cuando sea el turno del rock —le sonrió ladinamente —. Te he traído un regalo.

Le miró con aires de complicidad y dio un paso hacia atrás, como si de ese modo buscase utilizar al muchacho para autobrindarse un poco más de privacidad y, sin decir palabra alguna, se abrió ligeramente el vestido por el costado de una de sus piernas, dejando ver una especie de liga que sujetaba una licorera de plata, la cual sacó de su escondite para entregársela al muchacho.

—Ten. Ahora hazme una feliz Navidad.

Sonrió desafiante, pues la licorera más que un regalo era un desafío y Clarissa jamás entregaba algo de manera tan gratuita a menos de que esa persona le importase demasiado. Era evidente que estaba buscando o probando algo con aquel muchacho y la licorera que era más bien una herramienta de su propia entretención.
Vestido:


Última edición por Clarissa Dankworth el Dom Ene 03, 2016 4:52 pm, editado 1 vez
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Invitado el Jue Dic 31, 2015 4:58 pm

Con Davina

Pudo ver como varias parejas de alumnos salían completamente embelesados el uno con el otro hasta la zona donde el baile debía estar ya llevándose a cabo. Si había algo de lo que no podía quejarse era de la decoración navideña del colegio, que rápidamente lo trasladó a sus años de estudiante que, a pesar de no haber pasado con demasiados sobresaltos, tampoco es que guardase multitud de recuerdos de ellos, pero si había algo que le gustaba eran las navidades en el colegio, si no hubiera podido quedarse entre aquellos muros en tantas ocasiones, probablemente no hubiera llegado a graduarse.

Una de las parejas previamente nombradas se frenó justo a su lado y lo cierto es que de no haber recibido una pequeña llamada de atención por parte de la joven no se habría ni percatado de su presencia y hubiera preferido no hacerlo ya que aquella cría endiablada que el año anterior había estado detrás de él sin vergüenza alguna ahora estuviese allí, la saludó por mera educación con un escueto movimiento de cabeza antes de que, al fin pudiera ver a la que sería su pareja aquella noche y la verdad, si dijese que no que acababa de ver no le gustaba estaría mintiendo.

Se esperaba que estuviese preciosa, era un hecho que lo era sin necesidad de arreglar absolutamente nada, pero verla de aquel modo casi le quitó el aire en aquel instante. Elevó ambas cejas mientras que la chica bajaba por las escaleras. Ella tan despampanante y él tan corrientucho, aunque en materia de trajes masculinos tampoco es que hubiese demasiada variedad. Una vez la tuvo de frente no pudo evitar que una leve sonrisa se dibujase en sus labios antes de que esta se desdibujase al sentir el beso de la menor, no era muy dado a las muestras de cariño en público, la diferencia de edad entre ambos, su posición como guardián...Era consciente de que no era nada malo ya que ambos tenían la edad suficiente para saber lo que estaban haciendo, pero no se sentía cómodo con los cuchicheos de la gente que se formarían entorno a aquel gesto.

Cuando esta se apartó, él mismo dio un leve paso atrás para mirarla de arriba abajo - Estás preciosa, aunque esto siga sin gustarme un pelo al menos tendré algo hermoso en lo que distraerme - Murmuró levemente ofreciéndole el brazo para que esta se agarrara si así lo deseaba y entrar a donde estaban (o eso suponía) los demás, aunque claro estaba, la noche se le iba a hacer eterna.
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Zachary S. Dankworth el Vie Ene 01, 2016 11:50 pm

Carta enviada a Ian.


Un estudiante de Slytherin había estado en la Sala Común cuando una lechuza había llegado de repente. No había ventanas en la Sala Común, así que la pobre lechuza había tenido que colarse en el castillo y volar por los pasillos llenos de estudiantes que se dirigían al Baile de Navidad para llegar a su destino. Allí no encontró al estudiante que buscaba, pero un alumno de tercero recogió la carta y al ver a quien estaba dirigida salió de la Sala Común, pues acababa de ver salir al propietario de la carta con una chica en dirección al baile. El alumno de tercero llegó a la primera planta del castillo antes de que el alumno al que buscaba y su pareja entrasen al Gran Comedor, y le entregó la carta roja que acababa de llegar para él. ¡Era un Howler! O lo abría, o la carta explotaría y chillaría incluso más alto…

Una vez liberada del sello que la cerraba la carta cobró vida y se elevó en el aire, gesticulando igual que una boca humana mientras transmitía su mensaje:


¡Ian! Felicidades por haber conseguido que la chica más guapa de todo Hogwarts en este momento acceda a ser tu pareja de baile de Navidad. Pásatelo muy bien, pero recuerda… ¡COMO TE PASES DE LA RAYA TE METERE UNA DE LAS RAMAS DEL SAUCE BOXEADOR POR EL CULO Y DISFRUTARE VIENDO COMO TE SACUDE HASTA QUE REVIENTES!

Clary, primita querida, si estás por ahí te mando muchos abrazos y te deseo que te lo pases muy bien. Seguro que eres la más guapa.


Y tras dar el mensaje la carta se autodestruyó.
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Zachary S. DankworthUniversitarios

Invitado el Sáb Ene 02, 2016 12:41 pm

Pese a los nervios del Torneo (no sabíamos cuando iba a ser la primera prueba ni qué teníamos que esperarnos de esta) y las inminentes Navidades (por fin iba a regresar a casa y a ver a papá, y además iba a poder ir al cine con Mag a ver Star Wars), el tiempo pasaba igual de rápido que siempre y, enseguida, me encontré el día del baile de Navidad, mirando a los dos vestidos que estaban colgados, uno junto al otro, en uno de los postes de mi cama, sin saber cual ponerme. Había estado preparando los conjuntos durante semanas, preparando EL conjunto junto con zapatos y todos los completementos, y luego había hecho lo mismo con uno de repuesto por si sucedía algún contratiempo de última hora que me dejara sin vestido. El problema había venido cuando, horas antes del baile, cuando todo el mundo se estaba vistiendo, yo me había dado cuenta de que me gustaban los dos conjuntos por igual y que, por tanto, no sabía cual elegir.

Mientras mis compañeras de cuarto se vestían y se arreglaban, yo seguía mirando a los vestidos como si fuera un filósofo reflexionando sobre los grandes problemas de la humanidad. En cierto modo, también lo era; puede que para otros alumnos solo fuera pura formalidad, pero a mi me encantaban los bailes, más aún los de Hogwarts, y aquel en concreto era especial por dos motivos. El primero: era una de las campeonas del Torneo y tenía que abrir el baile junto a los otros campeones, además de haber arrastrado conmigo al pobre Sirius para que me acompañara no solo al baile, sino a las lecciones de baile que habíamos tenido con McGonagall durante las dos semanas anteriores (aunque nunca lo reconocería delante de él,hasta a mí me había hecho gracia el cambiazo de vals a hip hop que había dado Sirius el primer día). Y el segundo:era mi último curso en Hogwarts, y por tanto era mi último baile de Navidad en Hogwarts.

Me despisté un par de minutos cuando vi a Davina terminar de arreglarse; su vestido era elegante y provocador al mismo tiempo, muy Davina; seguro que a más de uno se le saltaban los ojos, como a los de los dibujos animados, en cuanto la vieran. Davina abandonó los dormitorios de la sala común junto a mis otras compañeras, dejandome a mí junto a otra rezagada, que no tardó en salir un par de minutos después. Yo estaba cada vez más nerviosa porque sabía que en algún momento tendría que salir, pero seguía sin saber qué vestido ponerme. Uno era azul, y los complementos eran de color bronce, haciendo del conjunto uno muy Ravenclaw. El otro era rosa palo, y los complementos eran de color parecido a los anteriores, pero obviamente no tenía nada que ver con mi casa. Mi intención había sido vestirme con los colores de mi casa como campeona que era, pero las dudas me entraron al pensar que probablemente los otros campeones pasaran del tema y fueran con los colores que quisieran. Todavía si nos hubiéramos puesto de acuerdo... Y aun así, pensé, habríamos parecido cuatro fichas del parchís.

Suspirando, estiré el brazo y descolgué el vestido azul de la cama para devolverlo al baúl. Otro día sería. Ya había tomado mi elección. Observando por la ventana, vi que el cielo estaba más oscuro de lo que me esperaba y me vestí a todo correr, forcejeando con la cremallera del vestido para abrocharla del todo porque solo a mí se me había ocurrido esperar a que el dormitorio estuviera vacío. Al final lo conseguí, no sin antes desesperarme un par de veces, y la última media hora la dediqué a peinarme rápidamente y a darme un poco de maquillaje en la cara. Antes de salir, me abroché bien las sandalias y me coloqué pendientes y colgante, y salí todo lo deprisa que los tacones me permitían rumbo al Gran Comedor (que manda narices que pille siete plantas por debajo de la Sala Común, pensaba en mi estrés histérico).

Por suerte, no era de las últimas en llegar, pues en el tramo final de escaleras que bajaban al vestíbulo me encontré con un mogollón de alumnos y tuve que aminorar el ritmo. Aproveché el taponamiento para colocarme los pelos que, con las prisas, se me habían venido hacia la cara. Mi angustia terminó apenas unos minutos después, tan pronto vi a Sirius esperándome a la entrada del Gran Comedor. Le sonreí desde lejos y le saludé con la mano, y enseguida me coloqué a su lado, tras saludar desde la distancia a Davina, Danny y a los otros campeones (me tranquilizó ver que la de Gryffindor aún no había llegado; otra chica que compartía mi drama de tener la Sala Común siete pisos por encima del Gran Comedor). Holi. Perdona que te haya hecho esperar, tuve una crisis con el vestido. Sonreí a modo de disculpa. ¿Llevas mucho tiempo esperando?

Aproveché ese momento para mirarle de arriba abajo. Lo cierto es que su aspecto me sorprendió un poco, porque conociéndole no me esperaba que fuera capaz de arreglarse tantísimo; fiel a su estilo, su pelo estaba alborotado, aunque me complació ver que no tanto como siempre, aunque desde luego era obvio que tampoco había conseguido ninguna maravilla capilar. Pero para ser Sirius no estaba nada mal, me podía dar con un canto en los dientes. Con el traje de gala y el pelo menos alborotado de lo habitual casi no pareces tú. Desde luego, no se parecía tanto al alumno que había conseguido tirarme sin compasión al Lago Negro hacía apenas unas semanas. Justo entonces, noté la mirada de McGonagall mirándonos impaciente y observé que muchos alumnos ya estaban entrando; me giré hacia Sirius y le miré ilusionada. ¿Entramos?

Pese a los nervios del Torneo, aquello era un baile de Navidad después de todo; mis únicos enemigos aquella noche solo podían ser mis tacones y la deliciosa comida del colegio que podía llegar a conseguir que reventara el vestido si comía más de cuatro trozos de pudin. Pero dios, ¡me moría de ganas de bailar!

atuendo para el baile:
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Invitado el Dom Ene 03, 2016 6:23 pm

Con la petaca de plata aún en la mano, vio como un alumno de cursos menores a quien había visto por la sala común de Slytherin, se acercaba precisamente a su acompañante para hacerle entrega de un sobre rojo con aspecto amenazante.

Oh no

Apenas susurró Clarissa, dejando caer su mano, como si esta se arrepintiera de hacer aquel regalo al muchacho y dio dos pasos hacia atrás. La chica sabía perfectamente lo que eran aquellos sobres, los había visto en un par de ocaciones, aunque por fortuna jamás dirigidos hacia ella, sabía que no traían buenas nuevas.

Tuvo ganas de decirle a Ian que lo abriera de una vez por todas o se pondría peor, pero una parte enorme de ella no deseaba que lo hiciera, mas bien esperaba que el chico lo cogiera y saliera corriendo con el sobre para que éste no fuese a explotar ahí en medio del baile haciéndole pasar tan gran vergüenza.

Pero ya era muy tarde, el sobre se abrió entre las manos de Ian y no supo si fue porque lo abrió el mismo muchacho o si el sobre se desdobló por sí sólo pues ya había esperado bastante. El vociferador cobró vida propia y una voz familiar le hizo abrir tanto los ojos que parecía casi llegasen a salírsele las pupilas.

—Zack —adivinó de inmediato.

Su boca quedó abierta, impactada por la sorpresa y el descaro que había tenido su primo. No estaba totalmente segura de que el ex-Slytherin hubiese tenido la intención de hacer llegar su vociferador en medio del baile, pero acababa de hacerlo y aquello merecería venganza y una de las buenas. Si no es porque realmente demasiados kilómetros les separaban en esos momentos, habría sacado la varita para cruciarle el culo, sin importar haberse pasado una vida ante ellos, pretendiendo que no tenía idea de maldiciones imperdonables.

Casi logró sonrojarse, sobre todo en la parte en la que el vociferador se dirigió hacia ella, haciendo que mirara hacia ambos lados, a la gente que precisamente en ese momento les miraba, como si estuviese disculpándose en silencio por semejante escándalo.

Por supuesto, escondió también la pequeña botellita con alcohol que momento antes había ofrecido a su acompañante, como todos mirándoles, no quería atreverse a que uno de los profesores se acercara a ellos para además confiscarles la petaca. Ya habría otro momento para ello, si es que en verdad lo había, porque en ese minuto lo único que deseaba era que todos dejasen de mirarles y volviesen a concentrarse en el baile.

—Voy a matar a Zack.

Murmuró para sí misma, demasiado convencida de ello como para calcular en ese mismo instante cuantas horas quedaban para verlo, pues luego del baile, cada quien se marcharía a sus camas para el siguiente día partir de regreso a casa por el receso de Navidad.

—Dieciocho horas de vida.

Sonrió para sí misma, con una postura más recompuesta y ligeramente perversa.
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