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Baile de navidad 2015: Especial campeones

Cuenta de Ambientación el Lun Dic 21, 2015 8:42 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Baile de navidad: especial campeones
Todos los alumnos y personal de Hogwarts

Como todos los años, estas festividades se celebraba el baile de navidad. En esta ocasión, no obstante, iban a a ser un poco más especiales. El hecho de que en Hogwarts estuvieran celebrándose el torneo de los cuatro magos, hacía que Dumbledore se llenara de orgullo y, en base a eso, quería dedicar el baile a sus campeones. Se dieron clase durante dos semanas para todos aquellos que no sabían bailar, totalmente opcionales para todos menos para los campeones y sus respectivas parejas, la cuales deberían asegurarse de que sabían abrir un baile o a McGonagall le podía dar un infarto.

Así pues, llegado el especial día antes de la marcha de todos los que pasarían las navidades con sus familiares, el baile estaba totalmente preparado. Todo el gran comedor poseía un aspecto liviano, con decoraciones blancas por todos lados mientras un hechizo hacía que pareciera que estaba nevando. El suelo estaba nevado estéticamente, ya que no era nieve que se fuera a derretir. Las mesas estaban colocadas a ambos lados del gran comedor, redondas y llenas de comida y bebida, manjares típicos navideño. En el centro, desde la puerta, había una alfombra gris por donde entraba todo el mundo, preparada para que los campeones, acompañados de sus parejas, nos ofrecieran el primer baile de la noche.

Dumbledore pidió la atención de todos y señaló hacia la puerta, en dónde estaba sus campeones.

Que entren los campeones.

OFF: ¡Hola!

El baile estará abierto desde ahora hasta el 25 de enero. Se puede entrar, comer, hablar y hacer lo que queráis menos BAILAR. Los primeros post de los campeones y sus acompañantes serán entrando al gran comedor todos juntos para llegar a la pista de baile y abrirlo, dando por hecho que estáis todos juntos afuera esperando. Después de que ellos bailen, ya pueden bailar todos.

Técnicamente es un baile en dónde "obligatoriamente" hay que llevar pareja, pero como en todas partes, si no has conseguido pareja, puedes ir solo. Eso sí, McGonagall te mirará por encima del hombro con reproche.

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Invitado el Dom Ene 03, 2016 8:38 pm

Por fin la vio aparecer entre la multitud que bajaba por las escaleras. Apunto estuvo de hacerle señas, pero ella le vio y sonrió antes de que lo hiciera; Sirius le regresó la sonrisa y se quedó en el mismo lugar para que Rose no le perdiera de vista y sólo se acercó cuando ya poco metros les separaban.

—Eeeegg… Sólo desde la construcción de Hogwarts —respondió a su pregunta a modo de broma.

Notó como ella le miraba de pies a cabeza y una sonrisa se le dibujó en los labios, como si se sintiera realmente orgulloso de que había sido capaz de vestirse de esa manera él solito. Por otro lado, tampoco era un gilipollas, así que también aprovechó de hacer lo mismo y de disfrutar la imagen que le proporcionaba ver a Rose en ese vestido. Jamás le había visto con tanta piel descubierta y de cierta manera comenzaba sentirse demasiado tentado a acariciar uno de sus hombros desnudos.

—Pero sigo siendo yo, así que no te asustes.

Le sonrió y asintió con la cabeza cuando ella preguntó si ya entraban, mas sus pies no se movieron en ninguna dirección inmediata. Era como si aún le faltara algo por decir, pero no encontrase la manera de hacerlo, y es que quería hacerle un cumplido, uno que estuviese a ala altura de su vestido pero que no sonase como si quisiese follársela, ni tampoco le hiciese parecer demasiado cursi como para arriesgarse a perder parte de su tan destacada reputación. Finalmente desistió.

—Te traje algo —dijo de pronto en lugar del cumplido.

Frunció ligeramente el ceño, como si realmente le costara hacer un poco ese tipo de cosas, y miró a ambos lados, como si desease asegurarse de que nadie los miraba, antes de sacarse una de las manos por detrás de la espalda para enseñarle una caja transparente la cual en su interior transportaba un corsage, famoso atuendo para las chicas en los más ansiados bailes, tradición que poco a poco se había ido perdiendo con el tiempo, pero que aún contaba con algunos hombres en la Tierra (Sirius incluido en la lista) para revivirla.

—Permíteme.

Abrió la caja para sacar el corsage y tomó su mano derecha entre las suyas para introducirla a través del brazalete de perlas y acomodar flores y cintas hasta que éstas se vieran perfectas. Entonces se alejó un paso de ella, aún sin soltarle la mano, para mirar la pieza completa; Rose como jamás la había visto.

—Te ves… —dudó por un momento y sonrió remarcando los hoyuelos de sus mejillas —… lista para bailar.

Se mordió el labio inferior para contener la sonrisa nerviosa por lo estúpido que había sentido ese comentario y se giró hacia la entrada del Gran Comedor para afrontar finalmente la pista de baile y a todo el resto de sus compañeros esperándoles entrar. Respiró profundo y ofreció su brazo a Rose para entrar de una vez por todas y sonreír al resto de los alumnos, buscando a James con la mirada. Lo último que había sabido de él, es que aún estaba intentando que Lily le acompañara tal y como lo había hecho para la fiesta de Halloween ¿lo habría logrado?

La música comenzó a sonar y a punto estuvo de pedirle permiso a Rose para tomar su cintura, pero entonces su conciencia le regañó a sí mismo ¡¿Qué le pasaba?! ¿Desde cuándo tan cortés y tímido? Ese no era él, no, no, no.

Apenas estaba rozándole la cintura cuando la música marcó su segunda nota y el baile comenzó. No llevaban cinco segundos bailando cuando un grito estridente hizo que varios de ellos se voltearan para mirar el Vociferador que había llegado al Gran Salón y poder escuchar con suma claridad la parte de “TE METERE UNA DE LAS RAMAS DEL SAUCE BOXEADOR POR EL CULO”. Sirius no pudo evitar soltar una carcajada, de verdad que esa frase le había causado demasiada gracia, aun cuando también reconocía la voz que la recitaba y eso le hizo sentir también un poco de nostalgia. Zack había sido un muy buen amigo de la infancia, hasta que los asuntos de sangre y sus propias decisiones les hicieron enemigos.

Sea como sea, aquella había sido la pequeña sacudida mental que necesitaba para hacerlo recuperarse a sí mismo. Inmediatamente sonrió de medio lado, ofreciéndole a Rose una de esas sonrisitas suyas que ella tanto odiaba y le tomó de la cintura con decisión, acercándole a él incluso un poco más de la cuenta.

—Lamento desilusionarte y no darte este baile en privado, preciosa. Sé que lo deseas pero aún tenemos que compartir un rato con el resto del Colegio.

No rió esta vez, no como lo haría frecuentemente para hacer notar que lo decía a modo de broma. Esta vez quería fastidiarla, fastidiarla de verdad, como si eso en realidad le costara demasiado trabajo.
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Ian Howells el Dom Ene 03, 2016 10:54 pm

Con Clarissa

A Ian no le interesaba lo más mínimo ver a ninguna de las cuatro parejas abriendo el baile, por lo que rápidamente prestó toda su atención en la belleza morena que había decidido acompañarle al baile. Como era una mujer y las mujeres solían tener una extraña obsesión con el baile, Ian le ofreció bailar. Sin embargo, parecía haberse ganado el gordo de Navidad con esa pareja, la pareja perfecta que no quiere bailar esa maldita mierda de música del año de la prehistoria, sino que prefería esperar al turno del rock. Ian ladeó una sonrisa de lo más interesada.-Pues que así sea.-Contestó, para luego abrir ligeramente los ojos cuando le dijo que tenía un regalo.

Por norma general debería ser al revés y que el chico le lleve alguna mariconada de turno a la chica en una velada tan romántica como lo era el baile de Navidad. Esa mierda que va en la muñeca que ni se acuerda de como se llama. No obstante, Ian no era de ese tipo de cosas y suponía que Clarissa no esperaba nada así por parte del chico. No habían forjado una gran amistad, pero eran conocidos a fin de cuentas y cada uno sabía cómo era el otro.

Clarissa dio un paso hacia atrás e Ian se giró, ofreciéndole toda la atención. Alzó ambas cejas (solo porque es incapaz de levantar solo una) al ver cómo se abría el lateral del vestido para mostrarle una liga. Si ya por sí eso era increíblemente sexy, si le añadimos el hecho de que en dicha liga había una licorera, ya era el culmen de lo erótico.-Vaya, vaya…-Susurró, recogiendo la licorera para admirarla, aunque no tardó ni dos segundos en volver a posar sus ojos color miel sobre los de ella.-Me gusta tu forma de divertirte. Vas a tener que ser tú quien ponga el límite de esa feliz navidad.-Curvó una sonrisa pícara.

Entonces, un niño de tercero llegó hacia donde estaban ellos, tendiendole a Ian un Vociferador. Miró a Clarissa con gesto confuso y lo abrió casi por inercia. Era la voz de Zack. El vociferador se escuchó bastante como para que la escuchase perfectamente casi cualquier persona, pero la música estaba lo suficientemente alta como para que los bailarines y los profesores ni se percataran de ese detalle, por lo menos los más concentrados. Ian se tuvo que descojonar con el vociferador, sobre todo cuando Zack se volvía esquizofrénico y le amenazaba si hacía algo malo con su primita. Qué le íbamos a hacer, Ian vergüenza no tenía.-Joder, qué mala imagen tiene de mí tú primo, ¿eh? ¡Y eso qué somos amigos, imagínate si no lo llegamos a ser!-Suspiró divertido cuando el Vociferador se rompió y los trocitos de papel caían al suelo.-Y qué poca confianza, también. Yo no cruzo ninguna raya que tú no quieras que cruce.-Le guiñó el ojo con un gesto encantador, para luego escuchar su clara amenaza a su primo. Bueno, era normal que ella tuviera más vergüenza que él, no parecía ser de esas personas a la que todo le da igual.-Pobre de él, no me gustaría temer tu ira.-Entonces se dio cuenta de que habían algunos subnormales mirando la situación, sobre todo a ellos dos, con esa sonrisitas de gilipollas que intentan juzgar con la mirada. Como Ian se había dado cuenta de que a Clarissa no le había gustado que su primo Zack le dijera lo guapa que estaba, miró a los susodichos subnormales.-Como no mires para otro lado y borres tu sonrisa te meto la corbata por el culo y te cuelgo desde la azotea.-Le amenazó. Ian era un metepleitos, el típico que era conocido por todo Hogwarts por ser un chico al que no joder. El chico rápidamente quitó la sonrisa y miró para otro lado.

Ian ni se dio cuenta de que ya ni tenía la petaca en la mano. ¿Cuándo le había quitado ese dulce elixir divino? Para cuando quiso preguntar, escuchó algo detrás. Algo parecido a un llamamiento de ave retrasada, ese típico “pss pss” que hace la gente para intentar captar tu atención. Ian se giró, sintiéndose aludido (ya que el 90% de los alumnos probablemente se girasen creyéndose especiales, como siempre pasaba en todos los lugares del mundo cuando algún ser hace "psss psss" en un sitio público), aunque por desgracia, esta vez si era para él.

Era la profesora McGonagall, mirándole con una mirada que parecía que como no se relajase, iba a cagar allí mismo. Les estaba haciendo una señal bastante clara de que movieran su maldito culo y fueran a unirse al baile por haber montado la del Vociferador, pero Ian la ignoró con una sonrisa falsa para mirar a Clarissa.-McGonagall no está mirando.-Le informó, aunque probablemente ya se hubiera dado cuenta.-Maldito tu primo, nos acaba de poner la mirada de los profesores en la puta nuca.-Ya no podría meterle mano deliberadamente por esa rotura tan sexy de su vestido ni beber de la petaca. Sus dos máximas preocupaciones.

-Psss psss…-Volvió a sonar desde el mismo lugar. El 90% de los alumnos miraron y, claramente, Ian también. Hizo una señal incómoda de: “Sí sí, ya vamos…”

-Me da que vamos a tener que estrenarnos antes de que llegue el rock…-Susurró a Clarissa.-Así por lo menos nos quitaremos a McGonagall de encima.-Dijo, notando como la mirada penetrante, en la cual parecía que iba a salírsele el ojo a la profesora, no cesaba. Ofreció caballerosamente el brazo de Clarissa y acercó sus labios a su oreja.-Mañana llámame y te ayudo a matar a Zack. Deberíamos llevarnos una rama del Sauce como ofrenda a su culo.-Bromeó.

Entonces caminó hacia la pista de baile, con intención de ser los primeros pringados (porque no había otra maldita palabra para describirlos) en meterse en el baile después de los campeones y los respectivos profesores. Eso no se quedaría así, Zacarías Tomás de todos los Santos Dankworth.
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Invitado el Lun Ene 04, 2016 8:54 pm

Era el baile de navidad, hace un año habai ocurrido aquello con Rubén y este año volvía a invitarlo. Soy un caso irremediable, lo sé. La fiesta de por medio en casa de una de mis mejores amigas había traido grandes consecuencias como vistos en el whatsapp y que mi lechuza no tuviera sus chuches aunque por lo menos podía sacar un poco de información con la visita del ave en su casa. Nada de cartas, mensajes y ni nos cruzamos en ninguna clase. Sabía que asistía a Hogwarts a escondidas, hacia trabajos en casa y todas esas cosas que hacían que yo no lo viese ni una sola vez en el curso. Ya estabamos a más de la mitad, con nervios por culpa del Torneo que yo también protagonizaba.  Joder, estaba en el fondo en cuanto a mi relaciones amorosas. Terminaría aceptando salir con Ian Howells para aliviar mi malestar… bueno, ni loca aceptaría aquella relación. No pasaría con el Slytherin aquel limite de la amistada como lo habia infrigido con Rubén.

Los preparativos para la fiestas fueron leves este año, si bien era mi ultimo año y quería verme “apetecible”. No malgastaría tiempo, ya me estaba poniendo depresiva por toda la situación, mi mente se encontraba dividida entre las pruebas a las cuales me enfrentaba en el Torneo y en que mi mejor amigo estaba huyendo de mi. ¿Qué habia hecho mal? Si, nos habiamos acostados borrachos pero no recordaba nada de lo sucedido. ¿Sería eso lo malo? Bueno, si te revuelcas con alguien queres que el otro no lo olvide y delire por más cada vez que se crucen pero en mi caso, el alcohol había sido un mal amigo. ¿Qué podía hacerle? Nada, estaba olvidado. Una laguna.

El maquillaje era leve, más que agrandar mis ojos utilizando rimel  y delineador. Los labios eran adornados por un lapiz labial de color rojizo combinando con el color del vestido. El vestido era pronunciado de color rojo y con mi cabello ondulado. Eso era todo, tal vez las curvas que provocaba el vestido sería lo “atrevido” pero no buscaba nada. Era dificil pensar en tu atuendo cuando tu pareja no habia contestado la invitacion al baile, cuando no sabías si en verdad vendría para abrir el baile. Sería un fracaso si no estuviera.

Bajé las escaleras ya vestida esperando que todos estuviesen listos y así era. Yo era la ultima en ubicarme y poder abrir junto a ellos con nuestros pasos de baile. Gracias McGonagall por esa enseñanza. Habia sido una distraccion bastante buena para la semana. Mis piernas temblaban, no veía la cabeza castaña de mi mejor amigo, ni siquiera reconocía su cuerpo por la multitud y eso que era muy buena localizandolo. Respiré ondo y me decidí. Baje con rapidez y me posicioné en la hilera de los campeones. Pensar en nosotros como “campeones” me recordaba al videojuego LoL. Ya necesitaba conseguir otros puntos de distracción. –Vamos Joahnne, ya va a venir…- los murmullos de mi inexistente pareja comenzaba a resonar, o yo era una paranoica.

Spoiler:
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Invitado el Mar Ene 05, 2016 1:48 am

El clima helado y los adornos navideños decoraban todo el interior del castillo, daban a entender que las fiestas habían llegado y con ellas el gran día del baile de navidad.  Ruben no tenía pensado asistir  a pesar de haberlo hecho todos los años anteriores, algo había cambiado en este último tiempo y sus deseos se alejaban demasiado de lo que tenía frente a sus ojos. Como todos los años Joahnne había enviado a su lechuza para escribirle al muchacho sobre lo importante de estas fechas, ella como campeona de Gryffindor tenía la obligación de abrir el baile de navidad, seguramente ella querría que estuviera presente pensaba Rubén mientras alistaba sus cosas para volver a casa.

La carta aun sellada sobre la cama del joven permanecía intacta mientras él se perdía en sus pensamientos. “No hay necesidad de ir…” pensaba “Sera igual este o no presente…” se reafirmaba, el chico solo no quería terminar involucrarse sentimentalmente aún más con su preciada amiga. “Solo lo hago para protegerte…” pensaba mientras se miraba al espejo. Abrió su ropero solo para contemplar el traje que su madre le había enviado para tal ocasión. Un gran suspiro fue exhalado de su boca mientras contemplaba dicho traje. Una parte de él deseaba con ansias ir y abrazar fuertemente a Joahnne, a la par que otra la cual le preocupaba de que alguien entendiera lo mucho que significa ella, debía ocultar esos sentimientos, debía olvidarse de todo, debía seguir el camino que había escogido, pero el corazón siempre termina siendo más grande.

El baile estaba a punto de comenzar pero Rubén aún seguía en la habitación, se miró al espejo y se dijo a si mismo “Una última vez”, tomo su traje y se vistió para la ocasión. Un pantalón gris junto con una camisa plateada, con un saco del mismo color y una corbata de moño para darle el estilo.

Atuendo:

“¿No te parece un poco presuntuoso y formal madre?” pensó mientras se miraba al espejo “parezco un anciano con esta pajarita” se tocaba la corbata mientras la acomodaba, pero en si la hora ya había pasado hace tiempo y obviamente llegaba tarde, arreglo su cabello como pudo y apenas si pudo arreglar su rostro dejando ver su patilla con la esperanza de que no se viera tan mal.

Bajo hasta el gran salón y habiendo llegado milagrosamente al momento de la inauguración y el primer baile por los campeones de este año. Entre la multitud pudo divisar a su preciada amiga bajando las escaleras, - Joahnne…- murmuro mientras caminaba a paso lento entre la multitud acercándose a ella. Los campeones se habían puesto en posición para dar inicio al primer baile, pero Joahnne se encontraba sin nadie, era obvio lo que había ocurrido sin siquiera haber leído la carta, ella de seguro le había pedido a él para ser su pareja en el baile, la conocía lo suficiente para darse cuenta. Se acercó por el costado y saliendo de la multitud se paró junto a Joahnne como su pareja, miro su rostro y con una sonrisa temblorosa solo pudo decir –Hola…-
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Invitado el Mar Ene 05, 2016 2:03 pm

Aunque los vestidos habían conseguido distraerme y robarme más tiempo del necesario (aunque era una elección que ¿cómo iba a tomar a la ligera? Tenía que ir perfecta, y como la perfección no existe pues ahí estaba mi dilema: en ver qué vestido me hacía parecer más cercana a ello), conseguí llegar a tiempo al vestíbulo. Sirius me estaba esperando en la entrada, mucho más arreglado que de costumbre; lejos de parecer el bromista de siempre, parecía otro muchacho normal que se camuflaba fácilmente entre los otros alumnos... de no ser por ese pelo impeinable, aunque se notaba que al menos lo había intentado.

Tras intercambiar un par de palabras (por supuesto, Sirius tuvo que soltar sus comentarios jocosos de turno o no era Sirius), le pregunté si entrábamos. Las cosas como son, un baile no es un baile si no se baila, y además a mí me encantaba bailar, ya fuera el ritmo más movidito o más tranquilo. Cuando vi que Sirius no se movía, mi sonrisa se evaporó de mi cara y me quedé observándole extrañada, frunciendo el ceño por momentos. Era como si alguien le hubiera echado un Petrificus Totalus por la espalda, pero no podía ser porque todos a nuestro alrededor estaban a lo suyo y no nos estaban prestando ni la más mínima atención. Iba a preguntarle si se encontraba bien cuando Sirius recuperó de repente la capacidad para hablar y moverse.

Abrí los ojos, sorprendida, cuando dijo que me había traído algo. Observé como se llevaba las manos a la espalda y sacaba una caja transparente con un objeto dentro; no conocía el nombre porque solo lo había visto en las películas, pero era de esos típicos complementos de estilo muy romántico que salía en películas tipo Orgullo y Prejuicio y demás de la época que tanto me encantaban. Dejé que Sirius tomara mi mano derecha para colocarme el complemento y guardé silencio mientras lo hacía; lo cierto es que era el complemento perfecto para mi vestido, que en un principio me parecía algo soso sin llevar complementos en las manos (pero que igualmente no podía llevar porque ninguno de los que tenía pegaba con el vestido). Guau, Sirius. Me has dejado sin palabras, es perfecto. Sonreí ilusionada, mientras el muchacho aún tenía mi mano tomada y me examinaba de arriba abajo. Reí levemente cuando dijo que ya estaba lista para bailar. Pues entonces vamos, ¿¡a qué estamos esperando!?

Ahora sí, Sirius reaccionó y complacida, me agarré del brazo que me tendió para que me agarrara. Entramos juntos al Gran Comedor, junto a los otros campeones y sus parejas, y nos colocamos todos en el centro de la pista, bajo la atenta mirada del resto del colegio, que se concentraba a nuestro alrededor. Yo no podía dejar de sonreír; a pesar de todo lo que hubiera pasado durante los últimos meses, en días como aquel me era muy difícil ver algo que no fuera positivo y me diera felicidad. Además, el Gran Comedor estaba precioso, decorado para la ocasión, lo que aumentaba más la sensación de encontrarme viviendo un sueño en vez de algo real. Era simplemente maravilloso.

Sirius me tomó delicadamente de la cintura, muy delicadamente, tan pronto la música empezó a sonar. En cambio, la mano con la que yo agarraba su espalda era firme. Supongo que me sorprendió que Sirius pudiera ser a veces tan delicado cuando días antes no había tenido compasión en arrojarme indirectamente al agua helada del Lago Negro. Iba a decirle que me agarrara bien, que no mordía, cuando un estruendo me interrumpió antes incuso de que empezara a hablar. Era un howler. La primera vez que había visto uno me había quedado en shock porque ¿cómo es que existían esas cosas? Ahora ya lo veía tan normal como ver a una lechuza entregándote el correo semanal colándose por la chimenea. Los gritos del vociferador resonaron en todo el Gran Comedor, que por un momento detuvo lo que estaba haciendo para prestar atención a la carta roja. Muchos alumnos rieron con las partes más obscenas de la carta, Sirius entre ellos; le miré con una ceja alzada, y después volví a mirar a la carta con gesto serio y confuso, antes de que esta estallara en diminutos pedazos poco después. Tan pronto el howler se autodestruyó, el baile se reanudó como si no hubiera pasado nada.

¿A qué ha venido eso? El vociferador había mencionado nombres de personas, pero no supe ponerles cara. Como Sirius se había reído, pensé que a lo mejor conocía a alguien de los aludidos y no solo se había reído por semejantes obscenidades (que, todo sea dicho, me recordaron un poco a Magnus y a su particular forma de hablar; prohibido contarle que el chico con el que había ido al baile me había tirado antes al Lago Negro por divertirse, o Sirius sería el próximo en recibir un howler). Sin embargo, en cuanto vi su sonrisita traviesa mi rostro se ensombreció; esa sonrisa no me gustaba, nunca significaba nada bueno. ¿Qué...? Comencé,mirándole con el ceño fruncido, llena de sospecha. Sirius me interrumpió tomándome con fuerza de la cintura y arrastrándome hacia él, muy cerca, casi demasiado. Por instinto, eché hacia atrás la cabeza, poniendo algo de distancia entre ambos, mientras mis manos se apoyaron en su pecho por instinto.

Puse los ojos en blanco cuando mencionó lo del baile en privado. ¡Ja! Más quisiera él. A lo mejor, quizá, lo hubiera deseado, como él hubiera dicho, de no ser porque era una proposición que llegaba dos años y unos cuantos meses tarde. Si todo hubiera sido distinto, a lo mejor podría haber empezado a ver a Sirius como alguien más allá de un bromista sin remedio y alguien divertido además de talentoso al quidditch. Pero en mi corazón no había hueco para Sirius más allá de la amistad, ni para él ni para otro hombre; ese era un hueco que ya estaba reservado, aunque probablemente en vano gracias a la maldita y perfecta Abi.

Sirius soltó una risa de esas que tanto me fastidian y comenzó a bailar, con mi cintura fuertemente agarrada, como si fuera el fin del mundo y aquellos fueran nuestros últimos minutos en la Tierra. Yo puse los ojos en blanco. No sé que has hecho con el Sirius galán de antes, pero puedes decirle que vuelva. El Sirius de ahora es el mismo que el del Lago. Le fulminé con la mirada. Sin embargo, deducía que hacía aquello solo por fastidiarme, así que decidí fastidiarle y no entrar más en su juego. Al fin y al cabo aquello era un baile, así que ¡a bailar! Decidí tomar yo la iniciativa y nos guié a los dos por toda la pista de baile, zigzagueando entre otros alumnos y sus parejas para no chocar con ellos; para mi grata sorpresa, Sirius no era un mal bailarín y no me resultaba difícil guiarle.

Cuando nuestros ojos hicieron contacto, torcí una sonrisa con ojos entrecerrados y a continuación hice que soltara su cuerpo del mío mientras que tenía una mano sujeta a la suya para hacerle dar vueltas sobre sí mismo mientras yo permanecía quieta a su lado, como si él fuera la chica del vestido vaporoso y yo el chico del esmóquin. Cuando terminó de girar, permanecí quieta delante de él, observándole divertida. Tu turno. A ver qué sabes hacer. Con la misma sonrisa, algo más desafiante, extendí el brazo del derecho, en cuya mano antes había colocado el precioso corsage,para que me la tomara y, esta vez, guiara él el baile. Veamos de qué es capaz.
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Rhea Jackson el Miér Ene 06, 2016 12:01 am

Con Danny en la pista

Habíamos atravesado el castillo y el recibidor sin a penas mirar a ninguna de las personas que nos rodeaban. Al menos yo, que estaba tan estúpidamente nerviosa que parecía que hasta caminar con normalidad me costaba.  Al único al que había visto con seguridad era a Sirius, que nada más vernos se había dirigido a mi y a Danny achuchándonos en un gran abrazo mientras nos besaba en la frente. Sonreí a su comentario, aprovechando la ocasión para relajar algo el rostro que por al algún motivo llevaba en tensión aunque no me había dado cuenta hasta ese momento.- No te lo tendremos en cuenta- dije con una sonrisa ladeada y un guiño que pretendía ser desenfadado a pesar de los nervios que llevaba encima.

Al entrar al Gran Comedor intercambié un par de palabras con Danny ya que las dos llevábamos mucho rato sin decir ni pío. Nuestros nervios se habrían podido palpar si alguien se hubiese acercado demasiado y además, parecía estar muy claro que a ninguna de nosotras nos gusta que tanta gente estuviera pendiente de nuestros movimientos. Sin embargo, un vez dentro, mis nervios me llevaron a hacer la bobada de turno, inclinándome ante mi amiga y tendiéndole mi mano con la típica frase de caballerete de película para acompañar. Ella estaba preciosa con aquel vestido que seguro que dejaría a más de uno con la baba cayéndose aunque ella no llegase a darse cuenta jamás de eso. Puse mi mano en su hombro y ella la suya en mi cintura y cuando la música empezó a sonar, nosotras y los otros campeones comenzamos con aquella danza en círculos que prometía ser la prueba 00 de aquel Torneo. Una prueba a la que no solo estaríamos sometidos los campeones si no también la mayoría de nuestros compañeros.

Mientras bailábamos, la mirada de Danny estaba clavada en mis ojos y la mía en los suyos...Y llegó ese momento que siempre llega cuando dos amigas se miran fijamente durante mucho rato seguido. La cara de Danny pasó de un contento comedido a estar aguantándose la carcajada que le acudía al rostro y eso hizo que mi sonrisa de "Rhea se está descojonando por dentro" fuese más evidente que nunca. Finalmente...sucumbí a la risa. Dejé caer la cabeza hacia delante mientras los pasos del baile me salían de una manera mecánica y me reía abiertamente sin miedo a que se me escuchara pues probablemente aquel fuese el momento de mayor relax que pasaría en aquella velada.- Esto es ridículo- le dije con una sonrisa sincera en los labios- Es posible que me muera en la primera prueba...¡y estoy nerviosa por un baile! El ser humano es increíble- le confesé con confianza. No había una gran profundidad en aquel nerviosismo sobre que todo el mundo te estuviese mirando, pero era muy simple deshacerse del miedo cuando uno se carcajeaba libremente en los brazos de su mejor amiga que parecía estar conteniendo la risa de la misma manera.

Fue después de reírme, por primera vez, cuando miré a mi alrededor para buscar caras conocidas. La que buscaba con más ahínco era la de Ian, pues en el fondo me preocupaba que le hubiese molestado que no lo invitara. Pero qué leches, él no es inútil, también podría haberme invitado, ¿no? No tardé en encontrarlo. Estaba muy guapo y sexy y...de todo. Y estaba al lado de una chica que bien podía ser una modelo en sus ratos libres. Aquellos ojos azules contrastaban con su melena castaña de una manera impresionante y aquel vestido no le hacía más que favores. Ella era preciosa y yo sentí un pequeño pellizco de celos que jamás reconocería ante nadie. "Hacen buena pareja" pensé. Mi vista siguió rodando por la pista y el Gran Comedor, encontrando a Rose bailando con Sirius, algo que jamás habría imaginado si no los hubiera visto un par de veces en los ensayos como pareja, y más tarde dando con Remus, lo que hizo que mi alarma saltase.- Um...Remus ha venido- le dije a Danny en un susurro aprovechando una vuelta en el baile.- ¿Seguís sin hablar?- pregunté en cierta manera midiendo mis palabras. La historia entre esos dos ya había llegado a mis oídos y me preocupaba que la timidez de ambos o el miedo a estropear las cosas de hecho las estropease, pero yo no era quien para meterme. Tampoco era ninguna experta. Por Dios, ni siquiera podía admitir que me gustaba Ian ante mi misma.

Mientras bailábamos un voz sobrepasó el nivel de la música interrumpiendo todo aquel paripé por un momento. La voz atronadora que salia del howler hizo que mirara cual era su procedencia, y la verdad es que no me sorprendí al ver que iba dirigida a Ian. Me reí cuando escuché lo que decía y me mordí el labio al girar la cabeza de nuevo y encontrarme con el rostro y la mirada de mi mejor amiga. Aun no le había contado nada de lo que había pasado con Ian y eso me hizo sentir mal en aquel momento. Ella me había contado lo de su primer beso, pero a mi me daba miedo decirle que todo había empezado conmigo siendo atrapada por un calamar gigante...Pero no quería enfrentarme al Torneo con pesos de conciencia.- Danny...tú confiaste en mi para contarme lo de Remus, pero...también hay algo que a mi me gustaría contarte...-dije intentando mantenerle la mirada y esperando su reacción. No tenía muy claro que iba a decirme o como iba a reaccionar. Tampoco tenía claro si era bueno que lo hubiese hecho como lo hice y en parte me preocupaba que justo ella me juzgase porque eso significaría que la había cagado a base de bien.

Pensándolo bien, contarle eso a Danny era casi peor que el baile de navidad en su conjunto en cuanto a nervios, y lo peor de todo es que estaba deseando ir a hablar con Ian y decirle lo guapo que estaba. Porque claramente soy una estúpida.


Última edición por Rhea Jackson el Miér Ene 06, 2016 6:43 pm, editado 2 veces
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Invitado el Miér Ene 06, 2016 6:38 am

El rostro de Rose le dijo que a ella no le había hecho ninguna gracia aquel vociferador y eso ligeramente llamó su atención ¿de verdad no lo encontraba divertido? ¿que en serio no podía reírse de otros? ¿por qué demonios todos los Ravenclaw que había conocido hasta ese momento eran tan así de seriotes y estirados? A veces le daban ganas de zarandearlos para que reaccionaran, pero luego recordaba que tan divertido era picarlos y se le pasaba.

Rió entre dientes ante el alegato de su pareja cuando le acercó más hacia sí, diciéndole que no podían aún irse a bailar a solas. Sin embargo, tuvo que reconocer que su respuesta no fue tan grave, ni dura como estaba esperando. De un modo u otro Rose parecía estarse adaptando a su sentido del humor y eso le hacía sentir bastante cómodo. Lástima que la chica fuese una nerd de primera o sino de seguro que se la imaginaba hasta sin vestido, ya que en verdad era bastante agraciada cuando se sacaba el uniforme.

—Uh… Galán —ronroneó levemente —. Me gusta esa palabra.

Mencionó con una sonrisa coqueta antes de sacarle una de las manos de su pecho y guiarla hasta que esta quedara del otro lado de su cuello, para luego tomar de la otra y dejarla atrapada entre sus propios dedos. Con su otra mano acarició la espalda de la chica descendiendo a través de ésta hasta la altura deseada y sin dejar de mirarle a los ojos, con sus ojos grises.

Iba ya a echarle encima otra de sus fracesillas insoportables, cuando ella se le quedó mirando con cara de travesura ¡¿Qué?! ¿En serio? ¿Rose Saunders estaba pensando en hacerle una jugarreta? ¡Vaya! Llegaba a sentirse orgulloso de sí mismo ¡En qué buen maestro se estaba convirtiendo!

No pudo evitar soltar una carcajada cuando se dio cuenta de lo que ella quería que hiciera y no dudó en seguirle la corriente, girando por debajo de su mano como si él fuese la bailarina. Por supuesto que al final se llevó también la mano libre al pecho, en un gesto de princesita emocionada, que sonríe al bello príncipe moviéndole sus pestañas.

Rió una vez más y alzó ambas cejas cuando ella le desafió estirándole la mano. Así que eso era lo que quería… y si lo quería lo tendría. Cogió entonces su mano con firmeza y con la misma fiereza de su agarre jaló de ella para hacerla girar y enrollarse entre sus propios brazos quedando atados y demasiado cerca. Le sonrió a penas, estaba demasiado concentrado como aprovecharse y hacer otra de las suyas, pues en ese momento le echó hacia atrás, dejándola tan sólo a un par de pies desde el suelo y ahí le dejó por un momento, mientras su mano libre cogía una de sus piernas y la subía hasta enrollarla con una de las suyas.

—No me pongas a prueba, Rossie… no te conviene.

Murmuró de cerca, con una de sus sonrisitas de suficiencia y, al segundo siguiente, deshacía todo aquel nudo de brazos y piernas con una nueva rápida combinación de movimientos. No era la primera vez que le llamaba de esa forma; Rossie. Sin embargo, había notado que cuando lo hacía, a la chica parecía no agradarle y, por supuesto, eso a él le fascinaba.

Al siguiente momento, cuando volvía a retomar la posición inicial de aquel baile, notó como a uno de sus costados las otras parejas de alumnos comenzaban a unirse poco a ese vals, por lo que Sirius no dudó en buscar a sus amigos con la mirada. No vio a James y tampoco vio a Lily Evans, por lo que aún mantuvo la esperanza de que hubiese logrado invitarla y estuviesen lejos del alcance de sus ojos. Sí vio a Remus y, tal como su amigo había dicho que iría, si acaso lo hacía, estaba solo.

Entonces, como si la conciencia —o mejor dicho la inconsciencia— le regresara a la cabeza, tomó a Rose con ambas manos de la cintura y la elevó momentáneamente en el aire, para luego dejarla sobre sus propios pies como si fuese una niña pequeña a quien tuviese que llevar sobre sus propios zapatos para hacerla bailar.

—Tadaaaah… Tadah, tanananan… Tararara…

Comenzó a tararear el son del vals con un muy mal sonar mientras se aguantaba la risa y giraba con su compañera de baile de un lugar al otro. Así bailó con la chica, medio en bromas y medio en serio hasta que esa pieza de vals terminó y él hizo a Rose una educada reverencia.

Lo siguiente que comenzó a sonar ya fue algo mucho más movido y actual, por lo que no dudó en tirar a Rose de la mano y llevarla hasta el borde de la pista de baile en donde se detuvo solamente para coger a Remus con su otra mano y jalar de él hasta meterlo a la pista de baile para que danzara con ellos aunque fuese una estúpida ronda infantil.

—Rossie, Remus Lupin. Remus Lupin, Rossita Saunders.

Les presentó apropiadamente mientras intentaba conseguir a como de cualquier manera que Remus se integrara al baile y si lo haría a menos que viese a cierta Hufflepuff alejarse a solas, momento en que patearía al licántropo directamente para que fuese a hablar con ella.

—Dos sickles a que soy capaz de bailar con McGonagall.

Dijo de pronto, mirando precisamente a la profesora que parecía estar vigilándoles cual institutriz vigila el comportamiento de sus pupilos con esa mirada severa que a cualquiera infringía respeto… ¿Se atrevería?


Última edición por Sirius O. Black el Miér Ene 06, 2016 3:46 pm, editado 1 vez
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Invitado el Miér Ene 06, 2016 7:34 am

Clarissa frunció suavemente el ceño cuando escuchó a Ian reírse de esa manera con el vociferador, no porque le molestara, sino porque le parecía totalmente inesperado, casi para no creérselo. De pequeña le habían remarcado demasiado los estándares y comportamientos de la élite social y aún cuando muchas veces —la gran mayoría— le gustaba romperlos, seguía resultándole desconcertante que hubiese gente que pudiese tomar ese tipo de intromisiones tan a la ligera.

Se sentía ligeramente confundida, dudaba que ella misma pudiese reírse si le enviasen a ella un vociferador en medio de un gran evento social y eso, de algún modo muy extraño y pequeño, le hizo admirar y envidiar a Ian. Ya le gustaría tener a ella ese tipo de desfachatez y cara dura para algunas cosas, aún cuando había aprendido a controlar la mayoría.

Fue la misma confianza que se tenía el muchacho que la hizo a ella volver a relajarse. Sin embargo, eso no evitó que captara su nueva mención a que sería ella la que pusiera los límites, por lo que Clarissa se cruzó de brazos y le miró fijamente y con cierto aire de soberbia.

—Segunda vez que me lo dices en menos de cinco minutos. Si lo vuelves a repetir estaré realmente convencida de que se trata de unas de tus tácticas para hacer que una chica piense en lo tentadoras de ciertas cosas y comience a evaluarse la posibilidad de ir un poco más lejos. Algo así como un truco mental.

Sonrió orgullosa de su propio descubrimiento antes de girarse a ver a la Profesora McGonagall y fulminarla con la mirada. Precisamente en ese tipo de cosas se notaba lo nueva que era la chica en esa escuela o de cualquier otro modo, de seguro ya tendría demasiado encarnado el respeto irremediable hacia la mujer de gafas de marco cuadrado y mirada severa.

Así, la sonrisa volvió a aparecer en su rostro de manera maliciosa cuando el chico le mencionó su plan de llevarse una rama del sauce boxeador para poder vengarse de Zack. Fue algo que le pareció divertido en un principio, pero que a medida en que le seguía a la pista de baile, en su cabeza se tornó como una idea brillante y que sin duda debía de intentar llevar a cabo.

—¿Sabes como bailar? —le preguntó con una sola ceja alzada (para envidia de Ian), cuando se detuvo en la pista de baile, frente a él — Eso habría que verlo.

Sonrió desafiante y, sin dejar de mirarle a los ojos, cual gata espera ver al ratón caer en su trampa, posó una de sus manos por sobre uno de los hombros del Slytherin, para luego posar la otra sobre la mano del chico. Muy pocos hombres sabían bailar realmente, aún cuando la mayoría lo intentaba, acababan haciéndolo muy descoordinadamente o quizás demasiado tiesos. Así esperó a que fuese el mismo Ian quien comenzara a moverse para ella evaluar su ritmo de baile y de ese modo intentar descifrar un poco más a aquel chico de quien su primo parecía desear que ella tuviese precaución.

Volvió a mirar al muchacho, deseando saber un poco más de legeremancia, pues debía reconocer que por culpa del mismo Zack es que se estaba intrigando. Quería y deseaba leerle con ferviente intensidad, descubrir quien realmente era y, hasta si llegase a ser posible, enterarse de algún secreto lo suficientemente jugoso como para poder incluso sobornarle si acaso llegase el momento.

—¿Quién eres, Ian Howells? —preguntó como si sus labios no lo pudiesen evitar —¿Qué escondes detrás de esa careta desenfadada? ¿Eres un asesino?

Sonrió anticipándose probablemente a la sarta de boberías que probablemente le tiraría por respuestas. Esperaba que así lo hiciera, no era ninguna tonta, pero a través de sus bromas buscaría de algún modo recoger esas pequeñas pistas que le permitirían armar su mapa sicológico del misterioso Ian Howells.
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Danielle J. Maxwell el Miér Ene 06, 2016 10:34 pm

Con Rhea

Me daba muchísima vergüenza estar en medio del Gran Comedor bailando junto a una de las campeonas del Torneo —la futura ganadora, por supuesto—, sentía como la mirada de la gran mayoría estaba observando toda la situación y por primera vez no quería cagarla. No por mí en realidad, sino por ella. Era la campeona de Hufflepuff y muchos —los hufflepuff, en realidad— apostaban por ella, por lo que debía de dar una buena impresión. Por lo menos un poquito.

No te vas a morir en la primera prueba, pesada —dije amistosamente pero “enfadada”, fruncí el ceño y la miré con cara de: “ya hemos hablado de esto, no me vuelvas con tu pesimismo”. Además, era mucho más importante el baile: una cagada en el baile y te lo recordarán toda tu vida… si te morías en una prueba, ¿qué más da si vas a estar muerta?—Vas a ganar, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? —Negué con la cabeza, sonriendo.

Había intentado fervientemente no mirar a nadie del público. Entre que con los nervios y la mirada de Rhea tenía suficiente aliciente como para partirme el culo allí mismo, tenía la sensación de que mirar a las demás personas iba a desconcentrarme. Sin embargo, Rhea sí parecía estar interesada en ver la cara de las demás personas y ver quién pululaba por las primeras filas. Me nombró a Remus y me ruboricé inexplicablemente. Era un nombre que al ser nombrado, como autodefensa, mi cuerpo se ruborizaba casi instantáneamente. No sabía por qué, aunque lo relacionaba bastante al hecho de que me daba vergüenza hablar de ese tema, ya que me tenía confundida cual Pokemon. No le busqué con la mirada porque seguramente sería una de las personas que ahora mismo más me desconcentrarían y toparme con su mirada iba a hacer que volviera a darme ese no sé qué qué sé yo extraño.

Hablar hablamos, pero es raro... —le contesté a Rhea sin darme cuenta de que tenía el ceño fruncido—Es como si hablásemos pero estuviéramos pendiente del tema de verano… como si no hablar de ello fuera precisamente lo que nos hace estar tan raro, cuando yo por lo menos no sé si quiero hablar de ello… —Sentía que me explicaba como el mismísimo y profundo orto. Quería poder disfrutar de Remus como siempre, pero había una perturbación en la fuerza bastante negativa entre ambos que no estaba funcionando y no me molaba NADA que nos estuviéramos separando gradualmente por eso—¿Qué hago? Que no sea hablar de lo sucedido, porque sé que en el momento usaré cuerda huida por lo que quiero ahorrarme el intento —le dije mirándola a los ojos, pensando que ella tendría más experiencia que yo y podría aconsejarme. Además, ella sabía lo importante que era Remus para mí y que lo quería de vuelta igual que siempre.

Yo no servía para conversaciones serias, yo era como un Jar Jar Binks de las conversaciones serias, todo lo que digo suena estúpido en una maldita conversación seria. Yo era absurda, de esas personas que cuando besas se quedan con cara de póker face sintiendo mariposas en el estómago y no reaccionan hasta que las mariposas han desaparecido, de esas personas que no son capaces de darse cuenta de nada por miedo al cambio, por miedo a lo desconocido.

Suspiré y seguí bailando junto a mi amiga. Alzando en contra de mi voluntad la mirada hacia donde Rhea me había señalado con la mirada donde estaba Remus, pero no estaba, sino que Sirius lo había sacado a bailar. ¿Siempre había sido tan guapo? No me dio tiempo a contestarme, pues aparté rápidamente la mirada hacia Rhea cuando capté el tono de su voz.  Fruncí en ceño entonces ante lo que me decía. Tenía esa voz… esa voz de preocupación… esa voz oscura que utiliza cada vez que se da cuenta que puede morir en el Torneo —momento en el que yo le recuerdo que vivimos en un maldito castillo con escaleras que se mueven, un árbol boxeador que arranca cabezas, rodeado de un bosque que está prohibido por su peligrosidad y junto a un lago donde se supone que hay un calamar gigante, ¿y ella se preocupa por el Torneo?—. Pero al parecer no tenía nada que ver esta vez con el torneo. La miré con el rostro confuso.

Cuenta —le animé. No quería insistir mucho, a fin de cuentas… éramos amigas. Era mi mejor amiga. Fuera lo que fuese que fuera a contarme, no se lo diría a nadie. Siempre había querido tener a una amiga como ella, de lo que poder hablar de todo y de nada, sin preocuparme de lo que piense y sabiendo que casi siempre iba a apoyarme. Mi madre ya me había dicho que no la dejara escapar, que amigas así se consiguen muy pocas. Para mí que Rhea era única en su especie y estaba en peligro de extinción, así que no la iba a soltar nunca. Esperaba que supiera de buena mano que podía confiar en mí para cualquier cosa, porque yo por lo menos, después de estos seis años, podría confiarle a ella cualquier cosa. ¡Hasta para esconder un cadáver! ¿Qué más confianza que esa?
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Ian Howells el Vie Ene 08, 2016 3:07 am

Con Clarissa bailando  mono4
Le guiño un ojo a Rhea de paso.

Clarissa era una chica inteligente, aunque tampoco es que Ian fuera un libro cerrado. De hecho todo lo contrario, Ian era de esas personas que veías y podías hacerte una idea de cómo era pues es exactamente lo que parece. Quizás ahora, totalmente emperchado con un esmoquin carísimo y que tapaba cada uno de sus tatuajes, parecía una persona más adecentada, pero en el fondo era un chulillo ligón con una gran atracción por las mujeres. Y sí, Clarissa había dado en el clavo, no era un truco mental, pero era una táctica que Ian utilizaba para que la mujer se sintiera a gusto con él y que, en cierta manera, se vieran seguras en intentar ir más allá con él. ¿Pero engañar a una Dankworth? Ella era mucho más que eso, parecía.-Me has pillado. Qué predecible soy. Supongo que solo sirve con las chicas tontas, solo a mí se me ocurre utilizar mi táctica secreta contigo…-Dejó caer divertido, ladeando una sonrisa.-¿Pero hubiera funcionado?-La miró con curiosidad.

Ian miró a Clarissa con un gesto ladino cuando le preguntó que si sabía bailar. ¡Que si él, un Howells, sabía bailar! Por favor… desde pequeño había sido metido en mil y una clases de baile con su hermana melliza para que ambos supieran prácticamente bailar todo tipo de cosas. Cortesía de su madre... La hermana de Ian sí que había ido más allá en el tema del baile, pero Ian se había quedado con lo básico: vals, un poco de swing… lo mínimo del tango (lo suficiente como para tocar el culo de su pareja) y poco más… Pero sus padres eran dos figuras importantes, su padre en el mundo mágico y su madre en el mundo muggle, por lo que debía de tener cierta decencia en los bailes a los que asistía por culpa de sus progenitores. No era algo que a él le emocionase, la verdad… prefería saltar como loco con música de rock, pero oye, para una de las pocas virtudes que tenía, mejor aprovecharse de ella.

Llegaron a la pista de baile, siendo prácticamente los primeros alumnos no campeones que bailaban (por cortesía de Minerva McGonagall y su mirada de vieja con problemas de satisfacción). Ian miró alrededor con una sonrisa cerrada e irónica para todos los que miraban a los dos Slytherin salir los primeros, luego miró a los cristalinos ojos de Clarissa y sujetó su mano con delicadeza a la vez que posaba su otra mano en la cintura de la chica con firmeza, atrayéndola hacia él para pegar sus cuerpos. Entonces, cuando la música comenzó nuevamente a sonar en el acorde idóneo para empezar a moverse, Ian empezó a llevar a Clarissa al son de dicha música con elegancia. Pero Ian no duró mucho aparentando seriedad frente a McGonagall, ya que tuvo que sonreír enseñando ese colmillo que tanto le caracterizaba cuando Clary preguntó que quién era, insinuando que podía ser un asesino.-No, por favor, ¿te das cuenta de lo lioso que sería esconder el cadáver si mato a alguien?-Contestó divertido. Nunca había pensado en matar a nadie, él no tenía esa crueldad que al parecer todo los Slytherin tenía de disfrutar con la tortura ajena.-¿Careta desenfadada?-Negó con la cabeza.-Yo no tengo ninguna careta, no oculto absolutamente nada. No me va eso de aparentar ser quien no soy. Solo soy un apuesto muchacho de diecisiete años con sobredosis de confianza y al que le importa bien poco todo lo que le rodea. ¿Acaso no se me nota? ¿O crees que debo tener algo escondido porque no puedo ser tan perfecto?-Sonrió ladinamente. Y eso era verdad, Ian era de esas personas que preferían soltarse y ser un libro abierto, así nadie tenía nada que reclamarle luego. Eso sí, los problemas de Ian, esos pensamientos que le comen la cabeza, rara vez salían de ahí y se formaban palabras. Entonces Ian soltó la mano de su cintura, alzó la otra y le dio una elegante vuelta. En ese momento Rhea pasó por su lado bailando con su gran acompañante femenina e Ian aprovechó para guiñarle un ojo. Luego volvió a sujetar a Clarissa por la cintura y la miró a los ojos.-¿Acaso te confundo?-Susurró cerca de su oído.
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Invitado el Sáb Ene 09, 2016 9:12 pm

Ian reconoció la táctica que utilizaba con las chicas para animarles a ir más allá, aunque Clarissa no estuvo segura de que lo dijera en serio. La sonrisa del muchacho le confundía porque era lo suficientemente pronunciada como para aclarar que se trataba de una broma y tampoco tenía la mirada de una persona que comienza a hablar las cosas en serio. Al menos las bromas para ella tenían cierto significado, ya que siempre había creído que toda broma tenía parte de verdad en sus palabras, pero Ian era… diferente. Y eso comenzaba a sacarla de sus casillas.

Clarissa era especialista en leer a la gente, sobre todo a los adolescentes que generalmente eran bastante simples y pagados de si mismos que era demasiado fácil adivinar en ellos que cuando decían que se habían acostado con una chica, era porque no, y cuando decían que habían dormido con tres, es porque lo habían hecho sólo con una y casi por compasión femenina.

Le hubiese gustado ser una especie de mecánico de personas para poder enterrarle algún cuchillo y abrirlo por completo intentando comprender el funcionamiento de sus piezas, por muy sanguinario que sonara. Así que entrecerró los ojos, intentando controlar sus instintos “exploradores” y le acompañó hasta la pista de baile en donde le dedicó una sonrisa ladina tras haber escuchado su pregunta de si tal truco habría funcionado con ella.

—Cariño —mencionó con cierta ironía maternal mientras le acariciaba la mejilla —, me acabas de decir que crees que funciona sólo con las chicas tontas y luego me preguntas si funciona conmigo —rió divertida —. Deberías trabajar un poco más en mejorar tus “halagos” ¿no crees?

Se sorprendió de que Ian fuese tan buen bailarín, precisamente por esa apariencia de chulito conquistador de chicas que tenía, por lo que Clarissa imaginó, que al igual que ella, había tenido una familia muy preocupada por el protocolo y los eventos sociales. Por un momento incluso se lamentó de haber sido criada en Francia, ya que de haber permanecido en Gran Bretaña de seguro ya tendría fichado a cada uno de sus compañeros y sabría de sus orígenes.

No era que fuese precisamente una maniática controladora de las personas, simplemente le gustaba saber con quien estaba tratando y de quienes se rodeaba. Aunque sí, aquella también era una manía que precisamente había acogido por culpa de su madre que le hacía desconfiar de todo el mundo y verlos a todos como una sarta de mentirosos. Más de alguna vez se había encontrado a sí misma deseando en confiar al menos en una persona para saber que se sentía de verdad eso de los amigos; los cuales tenía, sí, el mismo Zack le confiaba hasta su alma, pero por parte de Clary, por supuesto, no era reciproco.

La chica soltó una breve carcajada cuando el muchacho respondió cuan lioso sería esconder un cadáver y le miró divertida.

—¿Qué es lo que eres, un muggle? —no pudo evitar responderle.

Luego las palabras de Ian le hicieron pensar una vez más; tenía sentido lo que el chico decía, al menos encajaba con la perspectiva que ella había tenido de él las pocas veces en que le había visto, pero aquel comentario de perfección hizo que riera nuevamente rodando los ojos.

—Creo que en esa descripción ha olvidado el ego, Monsieur Perfección.

Sonrió, pero un escalofrío le recorrió la nuca cuando él se acercó a oído para susurrarle de cerca y es que la piel de su cuello, especialmente por detrás de sus orejas, era especialmente sensible, cosa por la que no dudó en buscar su mirada, sin importar cuan de cerca se quedasen mirando, pues así protegía su punto más débil.

—Ciertamente.

Respondió manteniendo su mirada por un par de segundos, sin decir ni una sola palabra, hasta que fue ella quien entonces decidió girar nuevamente por su cuenta para luego retomar la postura de baile inicial, aún cercana, pero mucho menos invasiba o intimidante.

—Me gusta comprender y clasificar a la gente —reconoció —y tú tienes un par de comportamientos evidentemente contradictorios —sonrió orgullosa, como sanador al que le preguntan el diagnostico de un paciente y sabe exactamente lo que padece con tan sólo una mirada —. No me creo que todo te importe tan poco, pero sí me creo que las cosas o personas que te importan son pocas, pero esas pocas te importan demasiado.
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Ian Howells el Lun Ene 11, 2016 6:17 pm

El chico se vio en la pequeña necesidad de explicarle a Clarissa la verdadera naturaleza de su pregunta, ya que por alguna razón que la corta mente de Ian no divisaba, se había pensado que la estaba llamando tonta o algo por el estilo.-No.-Dijo antes que nada mientras negaba con la cabeza.-Me refiero a que es una técnica que siempre funciona con las tontas, pero tú te has dado cuenta. Solo quería saber que, de no haber confesado mi técnica secreta, hubieras caído en mis encantadoras redes.-Explicó.-Tonta es la que se queda embelesada conmigo ante cualquier acto de caballero. Inteligente es una persona que, incluso sabiéndolo, decide si caer o no.-Añadió Ian, ladeando una sonrisa.-No cuestiono tu inteligencia. Más bien te preguntaba por tu interés hacia mí.

Entonces ambos comenzaron a bailar, en una perfecta sintonía con la música que sonaba. Por lo menos Ian no había ido a clases con McGonagall para aprender a bailar, pero probablemente sería uno de los mejores bailarines en aquel lugar. Y Clary no se quedaba atrás, pues sin duda alguna sabía cómo moverse bajo la guía de un hombre en un vals.

Ian rió cuando Clary le preguntó que si era un muggle por lo de esconder un cadáver.-Joder, es que si lo quemo huele que da puto asco.-Dijo divertido, ya que si no querías esconder un cadáver, quizás quemarlo era la opción más lógica. Pero vamos, Ian no tenía huevos para matar a nadie, por lo menos conscientemente. Estaba claro que si le daba uno de esos prontos activo agresivos que le daban estando ebrio o en alguna situación extraña, no le extrañaba lo más mínimo que pudiera llegar a matar a alguien a puñetazo limpio.

El Slytherin negó con la cabeza cuando Clary insinuó que era Mister Perfecto. Ian era un poco narcisista, pero todo el ego que profesaba era meramente teatral. Él sabía mejor que nadie que no era perfecto, pero la cuestión era verse a sí mismo como el puto amo, que era lo que hacía a pesar de sus innumerables defectos.-¿Perfecto, yo? Se nota que no me conoces, Clary.-La llamó por su diminutivo, con algo de encanto.-Si me conociera bien, solo hay dos opciones: o puedo llegar a caerte muy mal, o te caería de puta madre aún conociendo mis mil y un defectos.-Dijo con sinceridad, para luego escuchar con sumo interés lo que decía Clarissa al final ante la confusión que sentía hacia Ian.-No son comportamientos contradictorios, se llama “saber estar”-Contestó divertido, ya que su madre le había obligado a "saber estar" después de darse cuenta de lo impresentable que era Ian en muchas ocasiones.-No es lo mismo estar entre clases por los pasillos, que si te veo caminar con la falda y esas piernas al descubierto te diría alguna que otra grosería con el fin de captar tu atención que estar ahora mismo en el baile de navidad con la mirada de todos los profesores en mi nuca. Prefiero decirte las groserías en el oído y aparentar ser un caballero.

Ian la miró con algo rintintin ante su inesperado análisis hacia él.-¿Te crees que soy una piedra?-Preguntó retóricamente. Un poco piedra sí que era.-Verás, te contaré mi historia, ya que pareces interesada en comprenderme…-Decidió explicárselo largo y tendido, porque a Ian le gustaba hablar e irse por las ramas en los temas que claramente le incomodaban.-Desde pequeño he sido una persona muy independiente, a pesar de ser el mayor de los mellizos de mi familia y tener todo el rato a la hemorroide de mi hermana pegada al culo… Evidentemente tengo personas en mi vida que me importan, como todo el mundo. Pero sí, son realmente pocas, por una parte porque me conformo con poco y porque rara vez tengo la necesidad de conservar a nadie en mi vida.-Contestó, para hacer una pequeña pausa.-Y créeme cuando te digo que todo me importa una mierda. ¿Los estudios? Apruebo, pero me importan una mierda. ¿Las personas?-Señaló con la cabeza a todos los que aún no se había atrevido a meterse en la pista de baile.-Me importan una mierda. ¿Los profesores? ¿Qué van a hacer, castigarme y quitarme puntos? Qué miedo... No tengo vergüenza y tengo exceso de confianza, no seré el mejor ejemplo, pero sin duda se vive mejor. ¿Qué ganas preocupándote por esas cosas? Aparte de parecer débil, es una carga inútil. ¿No crees?

Ian era un grosero, un desvergonzado, una persona que se consideraba el puto amo a pesar de saber perfectamente que no lo era. Era un Slytherin que se había ganado su reputación de chulo prepotente con ciertos indicios temperamentales, por lo que mucha gente sabía que no debía meterse con él si no quería que le rompiera el tabique nasal. Era una persona complicada y si una persona no lo entendía, era normal, en ocasiones Ian tampoco se entendía a sí mismo. Él y los sentimientos no se llevaban bien, quizás por eso se había empeñado tanto en decir que todo le importa una mierda.
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Davina Abrasax el Mar Ene 12, 2016 10:30 pm

Con Bastian.

No pude evitar que una sonrisa enorme se dibujase en mi rostro cuando Bastian me miró de aquella manera mientras yo bajaba por las escaleras para encontrarme con él. Podía fingir que era debido a que tenía muchísima piel descubierta y que tenía frío, pero la verdad era que se me estaba erizando la piel debido a cómo me estaba mirando él. Sentí mariposas en el estómago, pero conseguí mantenerme firme y serena hasta llegar a donde él estaba esperándome.

No pude evitar dale un beso, muy suave, muy corto, apenas un roce de labios. Sabía que a él le incomodaban las muestras de cariño públicas, y lo respetaba, pero estamos yendo al baile juntos y mucha gente nos ve juntos por ahí otros días, ¿así que qué había qué esconder? Y aunque lo escondiésemos, estamos en Hogwarts… Aquí NADA es secreto. Entre lo cotillas que son todos todo el mundo se enteraba de hasta qué bragas llevaban puestas las de otras Casas, y cuando no había cotilleos reales que contar se inventaban historias que a veces eran muy maliciosas así que, desde mi punto de vista, lo mejor es dar temas de conversación reales de los que pudiesen hablar las cotillas para que no se inventasen viles mentiras. Sonreí un poco de manera traviesa ante la incomodidad de Bastian, porque siempre me metía con él y con su paranoia sobre el “escándalo”. ¡Escándalo!

-Muchas gracias- le dije con una amplia sonrisa cuando me dijo que estaba hermosa, y volví a sentir mariposas en el estómago cuando me miró de arriba abajo con ese brillo en los ojos. La verdad es que aunque no nos besásemos en público, la forma en la que nos mirábamos el uno al otro nos delataba mil veces más que cualquier palabra cariñosa o beso ya fuese suave o apasionado.- Sabes cómo encantar a una dama- dije, devolviéndole a mi voz su tono pícaro y juguetón.

Me ofreció su brazo y acepté para entrar al Gran Comedor los dos juntos. Miré a mi alrededor para ver a las demás parejas y los atuendos de las chicas. Pasamos cerca de mi amigo Ian, que iba con una chica a la que yo no conocía pero que llevaba un vestido muy bonito, y le saludé con una sonrisa mientras nos dirigíamos Bastian y yo a otra parte del Gran Comedor. Rhea, al ser una de las campeonas del Torneo, había abierto el baile. Me encantaba su traje, y el vestido de Danny también. Me fijé también en Rose, cuyo vestido era muy bonito.

-Menos mal que el cáliz no me escogió a mí- le comenté entonces a Bastian con una suave sonrisa traviesa.- Entonces yo habría tenido que abrir el baile y tú habrías tenido que bailar delante de toda esta gente.

Reprimí la risa al imaginar la cara de horror que hubiese puesto él si se hubiese dado esa situación, y me limité a sonreír mientras le miraba a él y luego miraba a los campeones bailando. Como ellos ya habían abierto el baile otras parejas estaban yendo a la pista a unirse a ellos y bailar al son de la música que tocaba en aquellos momentos, mientras que otras parejas se quedaban bailando o iban a buscar comida. Yo estaba allí simplemente disfrutando de la compañía de Bastian, que con eso me bastaba, pero quería ver hasta qué punto cedería a mis caprichos esta noche. Ya ha cedido a venir conmigo y a ponerse todo guapo vestido con un traje, así que nunca se sabe.

-¿Baila, señor Daugherty?- le pregunté con falso tono educado y formal como si estuviese en una novela de Jane Austen, pero que no ensombrecía mi sonrisa traviesa.- ¿O ya ha sufrido suficiente tortura por una sola noche?
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Rhea Jackson el Mar Ene 12, 2016 11:35 pm

Con Danny en la pista
Sonrío a Ian cuando me guiña un ojo

Rodé los ojos hasta ponerlos en blanco cuando Danny me dijo por quintuaguijesima vez o así que yo iba a ganar el Torneo. Yo no estaba en absoluto tan convencida como parecía estarlo ella de eso, pero ya había descubierto unas cuantas veces atrás que discutir con ella sobre el tema era rídiculo así que yo me limitaba a desahogarme y ella me llamaba pesada y todo volvía a la normalidad. El curso normal de los acontecimientos, vaya.

Tras la explosión de risas provocadas por nada en concreto, noté mi cuerpo muchísimo más relajado, lo bastante como para mirar a mi alrededor a ver quien era toda aquella gente que nos rodeaba y que en teoría debíamos conocer. Mi vista buscaba antes que nada a Ian, pero no lo encontré solo a él. Remus y Sirius no tardaron en entrar en mi campo de visión y eso hizo que mi alerta de amiga saltase. Al principio, no sabía demasiado bien si decirle a Danny que Remus estaba allí, pero acabé decidiendo que era mejor que yo se lo dijera y no que se lo encontrase de narices y por sorpresa al girarse en cualquier momento. Sabía que el tema entre mis dos amigos era algo complicado desde el verano, y era un tema que me costaba tocar porque me daba la impresión de que yo no era lo suficientemente delicada como para meterme, sino que soy más bien demasiado directa y bruta con esas cosas y no quería hacer daño a Danny. Finalmente, opté por preguntarle con cierto reparo si habían hablado, aunque por supuesto me refería a si habían hablado de "el tema". La respuesta de Danny me dejó claro que no y su rubor y ceño fruncido fue una prueba más de cuan incómoda la ponía el tema, sobre todo ante la perspectiva de poder perder a un amigo. La miré con ojos preocupados y cuando me pidió consejo me encogí un poco de hombros de manera inconsciente antes de responder.- Si no quieres hablar del tema no sé qué puedes hacer, aunque suene terrible. Yo creo que estas cosas son como cuando te clavas una astilla en un dedo ¿sabes? En el momento piensas que si no tocas se curará solo, pero si no sacas la astilla, la herida empeora. Esto es lo mismo, si no hablaís del tema, todo se volverá más y más incómodo y no creo que eso sea bueno ¿no?- pregunté con cierta confusión y una expresión de "estoy siendo sincera, perdona que tenga la sensibilidad de una cucharilla de té"- Es tu amigo, no se va a asustar por lo que le digas, y menos si te lo tomas con humor....¿Él te gusta, verdad?- pregunté de una vez eso que llevaba tiempo dándome vueltas en la cabeza. Danny no era como yo en ese sentido. Yo había tenido que acostarme con alguien para que me gustase, ella seguramente ya tenía eso dentro antes de lo que había pasado, pero solo entonces salió a la luz. Puede que aun ni entonces.

El baile continuó, solo interrumpido por un vociferador salvaje y llegado cierto momento en nuestra conversación y movimiento, decidí que no podía aguantar más siendo yo la confidente de Danny pero sin haberle contado ciertas cosas que prefería que supiera antes de enfrentarme a lo que fuese que el Torneo me deparase. Mi introducción al tema sonó en mi cabeza como esas cosas que se dicen cuando alguien te va a contar una muy mala noticia, pero lo que yo iba a contarle no era algo malo, al menos no para mi. Lo que tenía de malo seguramente era que no se lo había contado antes. Ella me animó a contárselo y justo en ese momento, Ian pasó por nuestro lado y me guiño un ojo. Yo le sonreí con cierto sarcasmo en la expresión y cuando me volví a girar hacia Danny tenía cara de estúpida, expresión que no tardó en convertirse en una algo más atormentada.- Tienes que prometerme que no se lo contarás a nadie, ¿vale?- dije como una formalidad pues confiaba plenamente en ella. Ni en mi confiaba tanto como en ella. Por eso tenía tanto miedo a que le pareciese mal todo lo que había hecho.- Verás...el curso pasado cuando yo estaba, bueno...un poco triste, ya sabes, un día me dió un arrebato y me metí a nadar en el lago sin decírselo a nadie. No había nadie cerca pero al calamar gigante se le cruzó un cable y trató de arrastrarme al fondo. Supongo que le apetecía Hufflepuff para cenar, o algo- dije frunciendo el ceño y haciendo una pequeña pausa. - Pensé que aquel era mi final, hasta que alguien vino salvarme- dije sin más preámbulos y sin más detalles o florituras. Sabía que ella me preguntaría si quería saber más al respecto.- Aquel día aquel chico y yo...bueno...nos enrollamos un poco. Nada grave ¿vale? Solo un momento de...¿pasión? Pero poco tiempo después, pues...-dije sin terminar la frase pero haciendo un significativo gesto con los ojos de "ya sabes a lo que me refiero".

No me atreví a decir nada más después de aquella confesión. Me quedé mirando a mi amiga, escudriñando su rostro en busca de una reacción terrible que me hiciera arrepentirme al momento de lo que acaba de contarle. Pero ya era tarde para volverse atrás. Suspiré con el corazón bombeando a toda velocidad.
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Rhea JacksonFugitivos

Invitado el Miér Ene 13, 2016 11:37 pm

La noche para él estaba siendo de lo más aburrida, sobre todo si a el aburrimiento y la incomodidad de ver a Sirius rondando, a sabiendas de lo que podría terminar haciendo le sumando las miradas de reproche de la profesora Mcgonagall la cual había insistido trescientas mil veces en que acudiesen con pareja al baile para así lucir las dotes de bailarines de los miembros de Gryffindor aunque en realidad aquella mirada reprobatoria iba dirigida a todo solitario que cruzaba la sala directo a la comida, como él mismo había hecho y por lo cual ahora estaba inflándose cual globo a todo lo que contenía chocolate de la mesa. Al menos eso seguía haciendo que su estado de ánimo se mantuviese a nivel normal y no decayese delante de toda la gente que probablemente metería las cosas en el saco erróneo.

Solo cuando ya pensó que Sirius, en su papel de acompañante de una campeona ya tenía bastante con su actual papel, sintió que una mano lo agarró, siendo no otra que la del citado en aquel preciso instante, era como aquella leyenda Muggle de Bloody Mary, esa que cuenta que si dices el nombre tres veces frente a un espejo, la susodicha se aparece para asesinarte, pues lo mismo pero con Sirius Black, solo pensar su nombre acarreaba que apareciese o bien que le llegasen noticias de que algo malo había hecho, o las dos juntas, las cuales solían ser todavía peores. Iba a deshacerse de él cuando le presentó a su acompañante y claro está, Remus no sabía ser maleducado en aquellos casos y no se iba a ir cual rata, descuidando su habitual cordialidad solo por que se sintiese incómodo en el baile.

Sonrió levemente inclinando la cabeza en señal de saludo ante la presentación - Es un placer, es admirable que Sirius haya aprendido algo por alguien - Comentó a modo de reprimenda a su amigo pero sin perder el tono jocoso que en aquel momento había adquirido su voz, los piques amistosos que enviaba tanto a Black como a Potter eran como su pan de cada día, por lo que no le dio demasiada importancia a lo que Sirius fuese a responder hasta que escuchó su plan - ¿Quieres morir? Mcgonagall está evidentemente mosqueada, si dejas a tu pareja por ir a molestarla no descartes llevarte un castigo. - Elevó las cejas a sabiendas que eso a su amigo le daba exactamente igual y si se lo había propuesto, daba igual lo que Lupin dijese, lo haría.
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