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Baile de navidad 2015: Especial campeones

Cuenta de Ambientación el Lun Dic 21, 2015 7:42 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Baile de navidad: especial campeones
Todos los alumnos y personal de Hogwarts

Como todos los años, estas festividades se celebraba el baile de navidad. En esta ocasión, no obstante, iban a a ser un poco más especiales. El hecho de que en Hogwarts estuvieran celebrándose el torneo de los cuatro magos, hacía que Dumbledore se llenara de orgullo y, en base a eso, quería dedicar el baile a sus campeones. Se dieron clase durante dos semanas para todos aquellos que no sabían bailar, totalmente opcionales para todos menos para los campeones y sus respectivas parejas, la cuales deberían asegurarse de que sabían abrir un baile o a McGonagall le podía dar un infarto.

Así pues, llegado el especial día antes de la marcha de todos los que pasarían las navidades con sus familiares, el baile estaba totalmente preparado. Todo el gran comedor poseía un aspecto liviano, con decoraciones blancas por todos lados mientras un hechizo hacía que pareciera que estaba nevando. El suelo estaba nevado estéticamente, ya que no era nieve que se fuera a derretir. Las mesas estaban colocadas a ambos lados del gran comedor, redondas y llenas de comida y bebida, manjares típicos navideño. En el centro, desde la puerta, había una alfombra gris por donde entraba todo el mundo, preparada para que los campeones, acompañados de sus parejas, nos ofrecieran el primer baile de la noche.

Dumbledore pidió la atención de todos y señaló hacia la puerta, en dónde estaba sus campeones.

Que entren los campeones.

OFF: ¡Hola!

El baile estará abierto desde ahora hasta el 25 de enero. Se puede entrar, comer, hablar y hacer lo que queráis menos BAILAR. Los primeros post de los campeones y sus acompañantes serán entrando al gran comedor todos juntos para llegar a la pista de baile y abrirlo, dando por hecho que estáis todos juntos afuera esperando. Después de que ellos bailen, ya pueden bailar todos.

Técnicamente es un baile en dónde "obligatoriamente" hay que llevar pareja, pero como en todas partes, si no has conseguido pareja, puedes ir solo. Eso sí, McGonagall te mirará por encima del hombro con reproche.

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Invitado el Jue Ene 14, 2016 12:08 am

Con Davina

Sabía que ni aún deseándolo con todas sus fuerzas conseguiría que sus propios sentimientos pasasen desapercibidos en aquellos momentos en los que Davina se acercaba a él. Eso decía bastante más de lo que él lograba admitir tanto frente a sus amigos como frente a sí mismo, aunque en cierto modo frente a ella sabía que aquello poco importaba, al menos no tenía la importancia real que él le estaba dando, al fin y al cabo era un secreto a voces y nadie se había pronunciado en su contra.

Siempre había sido un hombre bastante reacio a dejar que otros vieran cómo se sentía, ya fuese por su trabajo, porque no quería ser dañado o por el simple hecho de que por naturaleza, se trataba de una persona un tanto "falta de sangre" como en más de una vez su abuela le había calificado. Pero ¿Como quedarse cual témpano de hielo ante semejante mujer como la que estaba bajando por las escaleras? Cierto era que tenía tan solo diecisiete años y quizás a alguien el hablar de ella como una mujer fuese exagerar, pero ya fuese para no sentirse peor por salir con una menor, porque ella había demostrado la madurez suficiente para dejar claro que no era una niña o simplemente porque a él le salía de las narices el pensarlo, era una mujer, obviamente no en el sentido biológico de la palabra, que también, sino en el sentido de que él se entendía al pensarlo.

- No tienen que darse cuando lo dicho es una verdad - Se encogió levemente de hombros, Bastian precisamente no se regía por el dogma del caballero, de hecho podía recordar claramente como la primera vez que había visto a Davina, esta había acabado siendo empujada al agua desde la barca donde se encontraban, asunto que, para que negarlo, aún le divertía recordar solo por el mal humor que la morena demostró al caer al agua aunque seguía escudándose en que "lo había hecho por su bien" cosa que para él era toda una realidad - ¿Ah sí? Y cuando te encanté la primera vez ¿Antes o después de que probases el agua del lago? - Enarcó una ceja visiblemente divertido.

El entrar en el Gran comedor fue igual de terrible que lo que había pensado. Podía sentir las miradas de algunos en la nuca mientras otros, seguían a lo suyo que por otra parte era lo más normal, pero la curiosidad adolescente era de aquel modo, no se centrasen tanto en lo que debían como en lo que pudiera ser un cotilleo al que sacarle partido o malicia. No es que fuese a echar a correr, aunque las ganas las tenía muy en su interior, cosa que era verdaderamente cómica contando a lo que se había enfrentado a lo largo de su vida, que le pusiera nervioso un baile lleno de adolescentes y sobre todo el tener que bailar, no se le daba mal (al menos no dejaría a Davina sin pies) pero tampoco es que fuese algo que amase hacer.

Las palabras de Davina habían logrado que el vello de la nuca del hombre se erizaran haciendo que este encogiera un poco el cuello - Creo y solo creo que si eso hubiera sucedido, probablemente me habría puesto enfermo, hay hierbas en el bosque prohibido que me servirían para reforzar mi coartada - Dijo quedándose totalmente tranquilo, aunque era un hecho que hablaba totalmente en serio, ya que aunque bromeara no solía decir las cosas a la ligera.

Probablemente un atisbo de la cara de terror que se le hubiera puesto de haber tenido que llegar a aquello se asomó a su rostro, sin llegar a ser tan evidente como para alarmar a su pareja en aquel momento. Tomó aire, enarcando levemente una ceja al mirar a algunos alumnos llenarse la boca de pequeños pasteles y tratar de decir algo con la boca completamente llena, nunca entendería la gracia que tenía aquello, si algo quedaba de sus recuerdos en Hogwarts era que esos pasteles se le lanzaban a la gente que caía mal, no se los comían hasta atragantarse como cerdos. Poco después la voz de Davina le hizo girar la mirada hacia ella, nuevamente levantando una ceja.

- Los dos sabemos que si no bailo sufriré por el resto de mi vida, por lo que, si no hay más remedio... - Ahora además de la cabeza se giró lo suficiente para quedar cómodamente frente a ella, tomándola por la cintura con suavidad mientras que su otra mano tomaba la que previamente estuvo agarrada a su brazo - Si te piso no me digas que no te lo advertí.
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Danielle J. Maxwell el Jue Ene 14, 2016 12:29 am

Con Rhea, primero bailando, luego nos sentamos

Puede que Rhea, a ojos de Dumbledore, no sea la mujer más sabia del mundo, pero a mis ojos era una chica increíblemente sabia. O quizás la palabra no era sabia, pero sin duda sabía dar buenos consejos. Consejos que tu dices: pues joder, tiene razón... ¿Por qué no se me había ocurrido a mí? Pero aún así… hablar con Remus de eso me daba vergüenza, ¿cómo empezaba? “Hey, Remus, ¿te acuerdas de ese momento en verano que desató la infinita incomodidad entre nosotros? JEJE, HABLEMOS SOBRE ELLO”. No. No era fácil sacar el tema, con humor o sin humor. Además, uno de los por qué de no querer hablar de eso supongo que recaía en el hecho de que tampoco sabía qué opinar al respecto. ¿Debía de decirle que “no pasaba nada”? Obvio que no pasa nada, pero en verdad si lo piensas, sí han pasado cosas a raíz de eso que importaban. ¿Borrón y cuenta nueva? Yo no quería borrar eso y empezar de nuevo. ¿Tomárnoslo como una anécdota divertida y sin importancia? Es que no fue divertida, fue confusa. Y claro que tiene importancia…

Madre de amor hermoso, no pensé nunca que mi primer beso fuera tan difícil. Entonces, cuando me encontraba cómodamente hablando con mi amiga, de repente me preguntó que si me gustaba Remus. La miré rápidamente en plan alerta, mirando luego a ambos lados por si alguien había escuchado la pregunta, avergonzada, sintiendo como me subía un calor extraño desde el vientre hasta la cabeza, quedándome con la cara rojísima

Eeehh… —dije, sin saber muy bien qué contestar. ¿Me gustaba Remus? ¿Cómo sabía que me gustaba una persona? Me gustaba Rhea, me gustaba Sirius, me gustaba Luke y evidentemente me gustaba Remus. Aunque si me pongo a pensar en algo más especial en plan qué tiene Remus que lo demás no tengan, sería claramente que es la única persona de todos ellos que aún habiéndome besado y habiendo reaccionado de esa manera, en realidad quiero que vuelva a hacerlo. Tragué saliva y miré a Rhea, ¿por qué cojones me cuesta tanto? ¿Soy retrasada o qué?—Define “gustar” —carraspeé mirando a Rhea con cara de: “Creo que sí me gusta, pero soy más indecisa que un daltónico comprando M&Ms”.

Entonces Rhea me comunicó su confusión respecto a un tema que quería contarme. Fuera lo que fuera, aunque yo no fuera NI DE LEJOS igual de buena aconsejadora de lo que era ella, me consideraba una persona que sabe escuchar, sobre todo cuando a la que hay que escuchar es a ella. Pensaba que quizás sería algo familiar, sobre todo porque ella nunca me había comentado nada sobre ningún chico. Asentí con la cabeza ante su insistencia en que no iba a contárselo a nadie. ¿A quién iba a contárselo? ¡A nadie, si todo los chismes siempre se los contaba a ella!

Empezó contándome una anécdota un tanto dramática sobre ella y el calamar gigante. La miré con el ceño fruncido, recriminándole el hecho de que hubiera cometido la locurilla de meterse ahí sola. ¡Que estaba claro que el Calamar Gigante ya no era un bulo! ¡Existía muy claramente! Mi mirada denotaba claramente mala leche, porque luego era ella la que me decía a mí que yo hacía cosas de locas. ¡Por lo menos no atentaban contra mi integridad física!

¡Un héroe! —dije contenta, en plan: “Qué noticia más buena, no sé por qué me lo cuentas con esa cara de misterio”, pero luego continuó y… me quedé confundida. ¿Un chico le salvó y luego se enrrolló con él? Abrí la boca con sorpresa cuando lo procesé y abrí los ojos todavía más cuando entendí a lo que se refería esa pausa sospechosa que hizo al final de su explicación.

Automáticamente, dejé de bailar. ¿Ya habíamos bailado lo suficiente como para que la campeona hiciera su labor, no? Bien. Yo necesitaba concentración para hablar de esto y llegar a entender a mi amiga. Sujeté a Rhea de la mano y la arrastré hacia afuera de la pista de baile, escurriéndonos en línea recta después de que casi todo el mundo se hubiera unido a bailar. La llevé a una mesa y me senté en una silla para que ella se sentase en la que estaba en frente mía. Me obligué a cruzarme de piernas, más que nada porque cuando iba así vestida se me olvidaba sentarme como una señorita.

¿QUIÉN ES? —exclamé en voz baja, mirándole con clara sorpresa—Pero… pero… —Me sentía confundida, pero no por nada malo, sino por el hecho de que yo jamás me podía imaginar en una situación como en la que me estaba explicando ella. Joder, si me sentía retrasada porque un chico increíble me había dado un besito de nada, imagínate si me veo en su situación—Pero… ¿te gustaba o algo? ¿Cómo fue? —esa última pregunta fue fruto de mi más profunda curiosidad inconsciente, por lo que me ruboricé solo de asimilar la pregunta que me salió de sopetón. Luego me di cuenta de un dato importante—¿¡Y fue el curso pasado!? ¡Y me lo cuentas ahora! —dije indignadamente divertida, negando con la cabeza, para luego centrarme—Pero entonces, entonces… no entiendo. ¿Fue simplemente porque sí y ya está? Porque actualmente no estás con nadie… —la miré de reojo—¿No?

A mí es que esas cosas de me enrollo y ya está no las entendía. Yo para enrollarme con una persona... debía de gustarme y esas cosas. Y lo lógico después de enrollarme con una persona es salir con ella, ¿no? ¿O eso ya no se lleva y soy aquí yo la anticuada?
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Invitado el Jue Ene 14, 2016 2:23 am

Clarissa rió internamente al notar como el chico se esforzaba por explicar mejor su pregunta, por su puesto que ella sabía perfectamente que no le estaba insultando ni llamando tonta, pensaba que lo había dejado claro con su irónica respuesta, pero Ian parecía demasiado preocupado por solucionar cualquier mal entendido, aún cuando éste no existiera. Aunque… un par de segundos más tarde fue ella la que verdaderamente lo entendió, sólo tenía que terminar de escuchar sus explicaciones y ver su sonrisa ladina para darse cuenta que, lo que el muchacho buscaba, era intentar sonsacarle si acaso había algún interés de su parte y estaba usando sus explicaciones como una excusa para lograrlo. Vaya si era astuto, todo un Slytherin diría ella, aún cuando todavía no llevaba mucho tiempo conociendo de las cualidades de las serpientes.

Entonces ella se preguntó ¿sentía algún interés por Ian? Claramente se sentía intrigada, pero interesada del modo en que él deseaba saber, aún no lo decidía. Apenas le conocía y Clarissa era lo suficientemente orgullosa como para sentir algún tipo de atracción por alguien de quien aún no estaba segura si valía la pena, aún cuando ese “valer la pena” era para ella una clasificación demasiado amplia. De partida no le interesaban los puristas aún cuando había sido criada por ellos, tampoco le importaban los bandos ni las clases sociales, pues para eso ya su familia tenía bastante dinero y además ella le tomaba más el valor al dinero obtenido por sus propios medios que el de su madre o sus tíos y, por último, tampoco se dejaba llevar mucho por el físico… pero nada de ello importaba tampoco cuando lo que buscaa era solamente un momento de diversión. Entonces ¿como le gustaban los chicos a Clarissa Dankworth? Era una difícil pregunta, pero lo que sí estaba claro es que era demasiado altanera como para conformarse con poco o con alguien que no fuese tan diferente de los demás.

Curioso…

No pasaron dos minutos y nuevamente Ian comenzaba a explicarse a sí para aclarar que él no era perfecto, lo cual hizo que ella enarcase una ceja, pues Clarissa no le había llamado “Monsieur Perfección” porque a ella se le ocurriera, sino porque él mismo acababa de decirle “¿O crees que debo tener algo escondido porque no puedo ser tan perfecto?”, ella sólo se estaba divirtiendo siguiéndole la corriente. Sin duda Ian era especial, demasiado preocupado quizás no por el que dirán, pues no lo representaba, pero sí parecía tener un cierto recelo de no explicarse lo suficientemente bien cuando en verdad quería hacerlo. Y aún cuando a ella no necesitaba que le explicase porque él no se consideraba perfecto, le dejó hablar para así saciar de mejor forma su curiosidad.

Entendió su “saber estar” como un saber ubicarse; adecuarse en el tiempo y espacio correctos para actuar con mayor o menor libertad, pero aún así seguir siendo la misma persona, aunque evidentemente con su propio estilo y eso poco a poco le hacía entenderlo.

—No, no lo creo —le respondió mirándole a los ojos —. Creo que las personas más fuertes son precisamente aquellas que tienen algo que les importa demasiado como para seguir luchando por ello; un objetivo, y sus logros.

Rió brevemente y desvió la mirada hacia las parejas que poco a poco se iban sumando para danzar alrededor, sin embargo, ninguna de ellas parecía importarle realmente. No sabía en que momento la conversación que mantenían se había tornado tan profunda, algo que a ella se le antojaba demasiado interesante y sorprendente, pues —por un momento— llegó a sentir incluso un pequeño resquicio de temor ante la idea de lo que su compañero de casa pudiese llegar a sonsacar de ella. Entonces recordó que a él no le importaba lo que ocurriera con los demás, incluso ella, y ese pequeño temor desapareció.

—Y no, definitivamente no eres una piedra, pero a veces si te gustaría serlo —volvió a mirarle y entonces le sonrió —. No me mates, pero… me da la impresión que a veces llegas a sentir incluso un poco vacío —alzó los hombros y meneó la cabeza, como quien no tuviera explicación de donde viniesen sus ideas —. Es sólo un presentimiento.

Ian Howells había realmente logrado intrigarle, pero sabía también que era un chico de cuidado, uno al que más valía tenerlo de amigo que de enemigo, y no precisamente porque fuese peligroso, si no por lo odioso e insoportable que podría llegar a ser, pues hasta ahora se había dado cuenta de no le importaba ser un cínico o lo que la gente pudiese llegar a decir con tal de pasarlo bien. Así que mejor sería desviar la conversación a un punto menos profundo, en donde el muchacho no pudiese sentirse invadido, aún cuando a ella le comiesen las ansias de seguir escudriñando en su mente.

—Dime un poco de las cosas estúpidas —sonrió ladeando la cabeza —: Tu peor memoria besando a una chica, la cosa más absurda que hayas hecho… y eso que sabías que era malo, pero hacerlo te hizo sentir taaaaan bien.
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Invitado el Jue Ene 14, 2016 11:41 am

No sé por qué me sorprendió la reacción de Sirius cuando le llamé galán; cuando había esbozado esa sonrisilla suya tan orgullosa mi primera reacción había sido poner los ojos en blanco. No le había llamado galán por elogiarle sino para decirle que me gustaba más cuando estaba más refrenado y serio, más galán, pero por supuesto, él, como el adolescente hormonado que era, le había sacado otro matiz a mis palabras. A veces sentía que era demasiado adulta para algunas personas, y aquella fue una de esas veces. Pero aun así, en el fondo sí que demostraba ser un galán, pese a que sus modales rebeldes entraran en conflicto con ese lado suyo. Con delicadeza, me había tomado de la mano para colocármela mejor en su cuello mientras con la suya acarició mi espalda hasta llegar a la altura deseada; sentí cosquillas con su roce en mi piel sensible, pero por suerte el vestido no tenía la espalda descubierta y la sensación no duró mucho. Con su otra mano, tomó la que yo tenía libre y entrelazó sus dedos con los míos.

En ese momento, había decidido tomar yo la iniciativa y guiarle por toda la pista de baile, dirigiéndonos allá donde nuestros pasos nos llevaran. Cuando le hice girar sobre sí mismo cual inocente doncella en el baile de la fiesta de la cosecha, yo también me reí entre dientes cuando vi que asemejaba su actitud a semejante doncella. No tienes remedio. Negué con la cabeza, pero aun así la sonrisa no desapareció completamente de mi rostro. Después le había tendido la mano, dejándole a él que tomara la iniciativa, deseosa por ver si era capaz de sorprenderme con sus habilidades de ¿experto? bailarín. Como esperaba, Sirius tomó mi mano, pero enseguida me hizo enrollarme sobre mí misma hasta quedar a apenas unos centímetros de su cuerpo, dándome unos segundos para admirar sus bonitos ojos grises. Entonces, de repente estaba suspendida a poca distancia del suelo, siendo el agarre de Sirius en mi mano lo único que me impedía no caer. Este agarró una de mis piernas con firmeza hasta enrollármela en una de las suyas.

Por supuesto, la magia del momento (pues la postura me recordaba un poco al tango, un baile que me llamaba la atención pero nunca había tenido ocasión de probar) tuvo que estropearla con otro momento de hormonas de Gryffindor en ebullición. Y sin embargo, aquella vez fue distinto; cuando me llamó Rossie, un nombre que solo usaba mi padre, le miré con ojos entrecerrados, más seria que unos segundos antes. No me llames así; solo mi padre lo hace. Después, Sirius dijo que no me convenía ponerle a prueba, lo que me hizo torcer una sonrisa y mirarle con incredulidad. ¿Me estás amenazando, señor Black? Su comentario me había dado la misma impresión que ver una mata de tomates brotando en un campo de cultivo de tomates. Un poco después, Sirius decidió levantarme y volvimos a adoptar la posición de baile estándar que habíamos tenido al principio, con una de nuestras manos entrelazadas y la otra en la espalda del otro.

Los siguientes minutos pasaron tranquilos; Sirius guiaba el baile, aunque le notaba con la mirada distraída, como si estuviera buscando a alguien por todo el Gran Comedor y no consiguiera encontrarle. Y lo cierto es que, de ser ese el caso, no le tendría que estar resultando nada fácil, pues poco a poco los otros alumnos se habían ido uniendo a la pista de baile y en cuestión de segundos la pista de baile estaba tan llena de gente que parecía un auténtico potaje de garbanzos. Yo también me distraje y comencé a buscar a mis conocidos con la mirada; vi a Davina bailando junto a un chico bastante mono, y las cabezas de Danny y Rhea, bailando entre la muchedumbre a una poca distancia de nosotros. También logré ver al chico al que había estado ayudando el otro día en la biblioteca, el que había encontrado llorando desesperado porque se le habían caído al suelo los apuntes de Encantamientos y no sabía como ordenarlos porque no había numerado los pergaminos. Y hubiera seguido buscando gente de no ser porque un toque en mi cintura me hizo volver a la realidad y girarme hacia mi pareja, que tenía las dos manos firmemente sujetas en mi cintura.

Por instinto, puse mis dos manos sobre sus hombros (así era como una chica se colocaba siempre que su pareja bailaba agarrado a su cintura), y casi al mismo tiempo, Sirius me levantó en el aire antes de devolverme al suelo; sin embargo, en vez de apoyarme sobre este, decidió apoyarme sobre sus propios zapatos. Le miré insegura mordiéndome el labio (aunque con cuidado de no dejarme los dientes rosas por el pintalabios). ¿Estás seguro de que es buena idea? Bajé un segundo mi mirada al suelo, pero mi falda larga me impedía ver con claridad la imagen que buscaba: la de mis tacones de aguja a punto de perforar sus zapatos. Como respuesta, Sirius decidió ponerse a tararear la melodía del vals que estaba sonando en ese momento; desafinaba tanto que enseguida supe que lo estaba haciendo a propósito, pero aunque estuviera estropeando la canción, el baile era lo que más me gustaba, así que decidí contener la regañina que le iba a haber echado y me centré únicamente en bailar (lo cual no era difícil porque él estaba guiándonos en ese momento).

Tan pronto el vals terminó, mis pies regresaron al suelo y Sirius tiró de mi mano. Al principio no sabía adonde me llevaba; a lo mejor me quería sacar de la pista de baile porque ya le había cansado, o lo mismo quería que nos refrescáramos los gaznates antes de seguir bailando a un ritmo vertiginoso (lo cual no era mala idea, pues empezaba a notar la garganta seca). Pero no. Como comprobé unos minutos después, su misión había sido ir a buscar a uno de sus amigos, un chico que me sonaba de los partidos de quidditch de Gryffindor pero no le sabía poner nombre. Miré un par de veces a su amigote de reojo, con cara de "a ver en qué lío nos mete Sirius", mientras este nos agarraba a cada uno y nos dejaba formando un corro de tres personas en plena pista de baile. Cuando llegó el turno de las presentaciones, Sirius demostró ser tan encantador como siempre. Como vuelvas a llamarme Rossie o Rossita, terminas el baile de Navidad en la Enfermería. Mi tono de voz era tranquilo y relajado, y mi rostro estaba sonriente, pero lo había dicho completamente en serio; por supuesto no sería nada grave, pero la ventaja de estudiar tanto es que sabes crear forúnculos en cualquier parte del cuerpo. Con la misma sonrisa, giré mi rostro al de Remus, que había inclinado la cabeza cortesmente en el turno de presentaciones, y le hablé con total complicidad, como si nos conociéramos de toda la vida en lugar de hacía solo dos minutos. Tú ni caso. Soy Rose. Encantada de conocerte.

Entonces, Sirius nos retó a una apuesta de que conseguía sacar a bailar a la profesora McGonagall. Como hiciera él, yo también la busqué con la mirada y la encontré mirándonos directamente a nosotros; como buena alumna, sonreí a la profesora y moví la cabeza a modo de saludo, y después me giré hacia Sirius en el momento en el que Remus expresaba su opinión. Abrí los ojos sorprendida al escucharle, y tuve que frenarme muy mucho por no lanzarme a abrazarle cual soldado que regresa de la guerra y se reencuentra con su amor. Había dado por sentado que todos los amigotes de Sirius eran tan imprudentes y desvergonzados como él, pero Remus parecía tener la cabeza bien puesta sobre los hombros. ¡Hay esperanza para el ser humano! Conseguí recuperarme de mi shock inicial y asentí fervientemente con la cabeza. Estoy de acuerdo. Aunque... Me solté de nuestro particular corro y me quedé quieta sobre la pista, con la mirada perdida en algún punto delante de mí. Lo cierto es que McGonagall sabía bailar y era quien había organizado las lecciones de baile previas al propio baile, así que perfectamente me imaginaba a la profesora bailando con mi pareja. Ese pensamiento me hizo reír, aunque me contuve rápido. No olvides que ella aún no te ha perdonado la sesión de hip hop que nos preparaste en las sesiones de preparación al baile. Igual se toma la revancha por entonces y te acepta ese baile. No se lo dije, pero sería una muy buena forma de devolverle el golpe de forma educada y cordial, y seguro que Sirius no se sentiría tan cómodo bailando con la profesora como se había sentido bailando conmigo.

Para entonces, mi garganta estaba tan reseca que no podía seguir ignorándola por más tiempo. Carraspeé para aclararme la voz antes de dirigirme a los chicos. Voy a por una cerveza de mantequilla, ahora mismo vuelvo. Disculpadme. Tras sonreír a los dos, fui sorteando gente hasta acercarme a la mesa de la comida. Localicé una jarra de cerveza de mantequilla y vacié la mitad de un trago, y después recorrí la mesa recolectando canapés de cuantos sabores pude encontrar, tomando traguitos de cerveza entre medias para no atorarme. Antes de dirigirme hacia donde había dejado a Sirius y Remus, dejé la jarra vacía de cerveza en la mesa y cogí otras tres, llenas a rebosar. Con cuidado, zigzagueé entre la gente, tratando de no hacer ningún movimiento brusco que pudiera hacer que virtiera el contenido de cualquiera de las jarras, y al final terminé justo detrás de Remus y Sirius; quedándome con una de las jarras en una mano, agarré las otras dos por las asas con la otra y extendí el brazo, de tal forma que las jarras rebosantes de cerveza aparecieron de repente entre sus cabezas. Tomad, teneis que estar sedientos. O al menos Sirius de fijo, nuestro baile de antes había requerido mucha energía. A continuación, una vez cada uno tuvo su jarra, me coloqué junto a ellos y miré a Sirius de reojo antes de mirar directamente a Remus. Veo que has conseguido convencer a Sirius de que no baile con McGonagall, bien hecho. Por supuesto, solo lo decía por el bien de Sirius, no por meterme con la profesora, que aunque era estricta era todo un cielo. Aunque... los Gryffindor destacais por vuestra valentía. Miré de reojo a Sirius. Ahora era mi turno de picarle. Y no querer bailar con una profesora solo por ser una profesora no demuestra gran valentía, ¿no crees? Pregunté a Remus, con tono neutro, como quien hace una pregunta sobre si te gusta más el estilo literario de Shakespeare o de Christopher Marlowe. Después, me giré hacia Sirius, que seguro que había estado pendiente de todo mi planteamiento. ¿Tú qué opinas, Sirius?
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Invitado el Jue Ene 14, 2016 4:20 pm

Si, había decidido invitar a su mejor amigo. Aquella persona con la que se había acostado en una noche llena de alcohol y música electrónica (y cabe recalcar que no se acordaba de nada, ni una centésima de segundo de lo ocurrido. Solo una muestra había sido el enchastre que habían encontrado la mañana siguiente y el dolor que tenía en el vientre, como si la regla hubiera estado presente aquella noche haciendo estragos para luego desaparecer), Rubén. Estaba perpleja con ella misma, mandado una invitación que nunca tuvo respuesta alguna y mayor humillación que no tener pareja para el baile de navidad era el hecho de que era campeona. Por ende, debía asistir al baile por obligación y tener a alguien con quien abrir la pista de baile. Un bochorno más grande que el Everest. La pelirroja estaba siendo esperanzada al tope, ni ella asimilaba que faltaban segundos para entrar y que los demás elegidos la miraban con curiosidad (ni hablar de los otros alumnos.).

Se estaba decidiendo entre escapar diciendo que tenía un dolor estomacal de los mil dioses, o que su pareja había elegido no acompañarla porque a este paso terminarían cumpliendo un año de cometer errores uno tras el otro, lo cual era cierto. Era sencilla la respuesta, para no quedar mal se terminaría alejando de a poco hasta perderse en la multitud. “Tan solo que aparezca para abrir el baile, no pido nada más. Seria vergonzoso decir “no, no vino mi pareja porque ya no me quiere”. Demasiado patético…” la última frase quedó al aire entre sus pensamientos, la nube de angustia envolvía cada palabra hasta que un haz de luz se vio acercar. Rubén estaba allí, a su costado saludándola y entrelazando su brazo al de ella para iniciar con la entrada. –Rubén… estás acá…- murmuró entre susurros irreconocibles. Decir que se había quedado helada era demasiado poco, sus cabellos pelirrojos con aquel vestido destellaban y su piel no era más que nieve blancuzca.

La profesora no perdió tiempo, solo la esperaban a ella para que todo comenzara. – Me alegra que hayas decidido venir…- susurró al oído de su amigo y se detuvo, la mirada de McGonagall la acalló. Detrás de las puertas se escuchaba como comenzaba la banda a tocar aquellas piezas dulces. El baile comenzó, Joahnne había tomado las clases obligatorias por lo que no tuvo problemas al moverse. Solo esperaba que su compañero también tuviera un poco de sentido y ritmo, quería hablar aunque en su garganta se quedaban pegadas las palabras. Tomó una bocanada de aire y su mirada se dirigió al chico, los ojos la encandilaban. No quería cometer nuevamente ningún error pero sus labios temblaban ante la presencia. Sus cuerpos se movían complementándose.- ¿Por qué no estabas? ¿Por qué no me respondiste ninguna carta? te mande un montón como mensajes de textos para ver si estabas en el mundo muggle…¿Cuál fue mi error? No apareciste en todo el curso, escuche que estuviste y tomaste trabajos extras para mantener la nota pero nunca te crucé, tampoco me animé a ir a la habitación de los chicos… - comenzó a recriminarle la pelirroja, se sentía angustiada pero si él no quería verle debía entenderlo.
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Ian Howells el Vie Ene 15, 2016 3:31 am

Con Clarissa en una mesa

La opinión de Clary hizo pensar a Ian. Pero finalmente llegó a la conclusión de que todo dependía del punto de vista y también de qué es aquello que te importa. Aunque Ian nunca reconociera en voz demasiado alta que su hermana era una de las cosas más importantes para él (ya que siempre la estaba molestando), era una de esas personas que solo puede molestar él. Cualquiera que osara meterse ni un pelo con la Ravenclaw, se llevaría un par de hostias de parte de Ian. La manera de Ian de proteger sus cosas era un poco especial, pero podía perfectamente estar de acuerdo con Clary, pues en el fondo tenía razón.-Tienes razón. Te hace fuerte a la hora de defenderlos, pero te hace débil de cara a tu enemigo. Te hace fuerte si estás protegiéndolo en el momento, pero te hace débil si tu enemigo se entera de tu debilidad y juega con ello.-Le pareció que no se estaba explicando, por lo que decidió dar un ejemplo.-Imagínate que por alguna razón del destino, te enamoras de mí y yo caigo en tus encantos y me enamoro de ti…-Sonrió ante el principio de su propio ejemplo.-Si el peligro que corres es a mi lado, saco fuerza de dónde me haga falta para salvarte. ¿Pero y si mi enemigo te captura, te tortura y juega contigo para dañarme a mí?-Preguntó retóricamente, clavando sus ojos de color miel sobre los de ella.-Eso es una debilidad, sea como sea. Te usa en mi contra porque me hace daño verte mal y yo no puedo hacer nada por evitarlo.-Terminó de explicar sin apartar su mirada de la de ella.-¿Me explico?

Y por esa razón, Ian tenía cosas importantes en su vida. ¿Pero quiénes eran? Secreto de sumario. Evidentemente si no lo decía no era porque pensaba que algún ser malvado iba a atentar contra la vida de dichas personas, no. Simplemente no las decía porque era un chico reservado. El ejemplo que le había dado a Clarissa era meramente orientativo para apoyar su opinión, no obstante, en ningún momento le quitó razón a Clarissa, ya que parecía ser dos caras de una misma moneda que desembocaban en distinto final.

Ian hubiera alzado solo una ceja en ese momento de haber podido hacerlo. Miró a Clary con sorpresa en sus palabras cuando dijo que tenía el presentimiento de que Ian a veces se sentía un poco vacío. Le miró con sorpresa porque le sorprendía dar esa impresión. ¿Vacío? No sabía si vacío era la palabra, pero aún de haber sido la palabra que caracterizara a Ian, no iba a darle la razón a Clary.-No es lo tuyo la adivinación.-Contestó Ian ante su presentimiento.-¿Qué te hace pensar que me siento vacío?-Preguntó, ya que al parecer la chica tenía una habilidad que Ian no tenía: sentido analítico.

Clary mostró interés por las “cosas estúpidas” de Ian. Pff… Ian de estúpido tenía mucho, por lo que “cosas estúpidas” le sobraban. Como Ian se dio cuenta de que mucha gente había entrado a bailar y, por tanto, Ian y Clary no eran ya los mártir de la situación, le sujetó de la mano para salir de allí y sentarse en una mesa hasta que comenzara el rock.-Vamos a sentarnos hasta que comience el rock ahora que McGonagall no está mirando.-Quizás así le dejase meter la mano por debajo de ese vestido en busca de su petaca y, quién sabe, hagan el rock en otro sitio que no sea allí dentro.

Ian la llevó a una de las mesas pegadas a la pared, para tener un poco de “intimidad” en comparación con haberse sentado en una cercana a la pista de baile. Le sujetó una silla para que Clary se sentara en ella y, cuando lo hubo hecho, él se sentó en la de enfrente. Se desabrochó el botón de la chaqueta, dejando entrever que llevaba tirantes negros debajo de la chaqueta. Acercó la silla a la de ella hasta quedarse en frente, abriéndose de piernas para dejar a Clary justo en frente de ella y que sus piernas no molestaran a las de ella.

Entonces Ian apoyó una de sus manos en su pierna y la miró.-Una de las cosas más absurdas que he hecho este último año fue meterme en el lago negro para salvar a una tipa del calamar gigante.-Admitió mientras asentía con la cabeza en señal de: “aquí dónde me ves, soy un puto héroe y tu tachándome de sentirme vacío.”-Luego me sentí muy bien porque la vi desnuda y me enrollé con ella. ¡No me extraña que la gente decida volverse héroes! ¡Las chicas son muy agradecidas!-Rio divertido.-Y no podría decirte cual ha sido mi peor memoria besando a una chica… he recibido demasiado bofetones a lo largo de mi vida por intentar besar a una chica.-Añadió humedeciéndose los labios.-Aunque una vez le eructé a una mientras la besaba, creo que esa ha sido mi peor experiencia, aunque también la más divertida.-Ian se encogió de hombros, mirando a Clary con una expresión de lo más indiferente.-Ya no eructo cuando beso, por si estás pensando en que soy un guarro y se te han quitado las ganas de besarme que tenías.-Sonrió entre encantador y bromista.

Entonces se hizo hacia adelante, apoyando sus codos en sus piernas para alzar levemente la mirada y ver a Clary de frente.-¿Y tú qué? Mucho intentar analizarme a mí y de ti no sueltas prendas. Sé valiente, cuéntame algo de ti que nadie más sepa.-Curvó una sonrisa, medio retándola.
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Invitado el Sáb Ene 16, 2016 3:27 am

El rostro sorprendido de Joahnne fue lo primero que el joven pudo contemplar, seguramente confusa e indecisa, en parte le hacía sentir mal el verla así, la conocía bien para saber cómo podría llegar a sentirse, o por lo menos hacerse una buena idea al respecto. Pero no podía hacer nada al respecto, todo lo que hacía no era nada más que para protegerla, una parte dentro de él quería quebrarse y derrumbarse ante ella, pero él debía permanecer fuerte. Los compañeros del baile también parecían sorprendidos de verlo ahí, seguramente nadie esperaría que apareciera o capaz que algunos hasta lo considerasen muerto, pero no era momento de preocuparse de aquello, tomo de la cintura a Joahnne y caminaron hacia el centro para dar el primer baile.

Apenas pudo oír los murmurios de Joahnne, su voz temblorosa se perdía entre las voces del salón. Un poco más calmada se acercó a susurrarle al oído a lo que él le respondió: -No me perdería el baile de Navidad, menos si me necesitas en el…- Le dijo mientras se separaba de ella poniéndose en posición para comenzar. La música comenzó a fluir en la pista de baile y tomando su mano comenzó el lento baile de inicio. La pelirroja parecía sorprendida de los pasos de Rubén, parecía no creer que su descuidado amigo supiese bailar, -¿No creíste que solo había perdido el tiempo verdad?-.

¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que hablaron? Es la pregunta que ahogaba la memoria de Rubén, parecía haber olvidado la sensación de calidez y felicidad que sentía al pasar el tiempo con su fiel amiga. Todo lo ocurrido en aquella noche podrían haber cambiado un poco las cosas, pero la sensación de calma que le transmitía el estar junto a ella era exactamente igual. El joven solo quería perderse en el movimiento del baile, disfrutar solo por esta noche, todo parecía en calma hasta que Joahnne se decidió por fin a dar sus palabras, era obvio que esto pasaría, había pasado mucho tiempo y el extrovertido chico que ella conoció parecía haberse esfumado.

Recriminándole la falta de respuesta y la ausencia Rubén no sabía que podía responder, sabía que no podía mentirle, si lo hacia ella lo sabría, un nudo se hizo en su garganta y se abrazó fuerte a ella mientras giraba en el baile. “No puedo decírtelo… pero por favor… siéntelo…” se torturaba pensando, ahogando sus lágrimas en su interior, forzándose a entregarle una sonrisa solo quería que ella pudiese sentir lo atrapado que se sentía y lo mucho que la necesitaba aunque no pudiese decirlo. La música se detuvo dando por finalizado el primer baile y dando comienzo al baile de navidad, al cual se sumaron todos los alumnos presentes. Rubén tomo las cálidas manos de Joahnne y se separó un tanto de ella viéndola por completo. –Estas hermosa…- Le dijo mientras se daba la vuelta. Se preparaba para marcharse, sin respuestas, sin explicaciones eso era lo que su mente le decía ser lo mejor.

Dio un paso alejándose de ella decido a marcharse, ese hubiera sido el plan si solo no hubiera girado la cabeza para ver el rostro angustiado de Joahnne. Sintió como su corazón se partía al ver ese rostro preocupado, una vez más se acercó a ella y sin palabras ni insinuaciones tomo el rostro desde sus mejillas y lo acerco al de él dándole un apasionado beso en sus colorados labios. Un largo beso que deseaba no tener fin, sentir sus cálidos labios, su cuerpo junto al de él, quería permanecer así por siempre. –Lo siento demasiado…- Le dijo cuándo separo sus labios, -No haz cometido ningún error… solo estoy atado… y siento que no puedo hacer nada al respecto.- Tomo fuerte su mano mientras bajaba su cabeza. –Cuando todo esto acabe no habrá necesidad de pasar por esto otra vez... solo no pensemos en aquello… disfrutemos esto como si la última vez que nos vimos fue ayer…- Miro fijamente sus ojos con la esperanza de que ella pudiese sentir todo lo que la necesitaba, aunque no pudiese decírselo.
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Invitado el Sáb Ene 16, 2016 6:28 pm

Uuuy… Rosita Cotto en persona acababa de ponerse seria porque le llamaban Rossie, pero lo en verdad curioso, es que acababa de confesarle que así era como le llamaba su padre, por lo que en verdad no podía ser un apodo que odiara ¿o sí? Bueno, Sirius siempre idealizaba la relación entre padres e hijos cuando hablaba del resto, es que no podía evitar sentir que la relación que él había tenido con sus padres era la peor de todas.

Dejó escapar una risa entremezclada con un bufido cuando Rose aclaró ser Rose y no Rossita, pero cuando Remus se declaró sorprendido porque él, Sirius Black, ÉL hubiese aprendido algo por alguien, no pudo mirarle más ofendido. Por supuesto, estaba fingiendo.

—Peeeeerdón… —señaló llevándose la mano al pecho —yo no he aprendido nada por nadie. Si lo dices porque bailo tan bien como para ganarme el premio al mejor bailarín del año, pues… eso es algo que muy lamentablemente se lo debo a… a… McGonagall y sus clases de dos semanas.

Por poco y estuvo a punto de acabar admitiendo delante de Rose, que era algo que le debía a su madre. Por suerte pudo detenerse a tiempo, jamás había hablado de su familia delante de otras personas que no fuese su trío de mejores amigos y realmente no quería comenzar haciéndolo en medio del Baile de Navidad, razón por la que dio un pequeño golpe a Remus en el brazo, al declararle culpable innegable de su casi desgracia. Entonces por supuesto, vino el tema de la apuesta.

—No he dicho que quiero ir a molestarla, será un baile formal.

Respondió a Remus, con una sonrisa ladina, de esas que su amigo ya sabía no debía esperarse nada bueno, demasiado tiempo ya les conocía a él y a James como para no reconocer ese tipo de sonrisa traviesa. Y demasiado tiempo conocía Sirius también a Remus como para no saber que su amigo sólo quería negar con la cabeza y pedir paciencia a los ángeles del cielo, mientras esperaba que nada malo le pasase. Y entonces, como si fuera poco, el ojigris alzó una de sus manos en el aire, como quien quisiera hacer un juramento.

—Juro solemnemente que mis intenciones… —sonrió —son buenas —le guiñó un ojo a Remus y le dio una palmadita en la espalda —. Confía en mi.

Volvió a mirar a McGonagall y apunto estuvo de ir, cuando Rose le recordó lo que había pasado en la primera sesión de ensayos, cuando él había cambiado el disco de Vals por uno de Hip Hop, lo que le hizo a él sonreír y mirarla a ella como cual mago experimentado desea entregarle sus enseñanzas a su nuevo aprendiz.

—Esa es la idea, Rose, que acepte el baile. Estoy seguro que una mujer como ella jamás diría que no a un caballero de mi altura.

Entonces se acomodó el cabello, como si desease que éste se viese aún más perfecto de lo que había trabajado en él para dicho evento. Pero entonces la Ravenclaw se disculpó para ir a por un par de cervezas de mantequilla, por lo que Sirius no dudó en encargarle también una para él y se quedó ahí acompañando a Remus.

—Danny se ve muy bonita hoy.

Sonrió de medio lado, sin mirar directamente a su amigo, aunque podía sospechar que a éste comenzaban a subírsele los colores involuntariamente.

—Hay que reconocerlo, el negro le sienta bien… y se ha maquillado. De seguro la imagen que tiene hoy quedará en la memoria de algunos para llevársela consigo a sus sueños… Sólo espero que no ese ESE tipo de sueños.

Acabó su frase con cara de circunstancias, para luego sonreír como si nada y empezar a silbar el ritmo de la música que se escuchaba en esos momentos. No mucho después, Rose regresó con un trío de cervezas y las repartió entre ellos, a lo que Sirius agradeció amablemente.

—Gracias, pero Remus no me ha convencido de nada, sólo estábamos esperando a que regresaras para que observaras y aprendieras como se hace.

Alzó su cerveza como si pretendiese brindar por ello y bebió de la jarra más rápido de lo que tenía contemplado. Rose tenía razón, estaba sediento y no lo había notado sino hasta que el dulce líquido de la jarra le empapó los labios. Así que sin esperarlo, bebió hasta dejar la jarra vacía sobre una de las mesas.

—Señores, les dejó en buena compañía.

Señaló con un gesto que les indicaba que podían acompañarse perfectamente Remus y Rose, y entonces se acomodó la túnica de gala cual caballero de la época Victoriana y se acercó a Minerva McGonagall con una sonrisa que no se borró de sus labios, ni siquiera cuando la mujer le atravesó con su mirada severa.

—Profesora McGonagall, si me permite el honor.

Señaló tendiéndole su brazo el cual, sin duda alguna, la maestra aceptó. Con reticencia, por supuesto, Sirius Black no era una persona de fiar al cien por ciento y ella lo sabía demasiado bien como para negarlo. Sin embargo, Minerva jamás diría que no a una invitación formal de baile, cuando había sido ella misma la mas interesada en que sus alumnos bailasen como Merlín manda. Y para su sorpresa, Sirius no le decepcionó con aquella pieza.
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Davina Abrasax el Sáb Ene 16, 2016 7:57 pm

Con Bastian.

Fulminé a Bastian con la mirada cuando decidió hacerse el graciosillo y recordarme el momento en el que me había empujado al lago desde la barca el curso pasado. En aquel momento había tenido ganas de agarrar uno de los remos y de estampárselo en la cabeza, e incluso le había llamado neandertal retrasado y demás cosas por el estilo. Aunque no podía mentir, ese día Bastian me había atraído muchísimo… Durante los días siguientes a aquel día le estuve observando en clase y cuando me le cruzaba por el castillo o los terrenos, a veces con interés y a veces con cara de “te vas a enterar, ya verás”… Y ahora aquí estamos.

-No juegues con fuego, todavía estoy a tiempo de colgarte de lo alto de la torre de Astronomía- dije, recordando su miedo a las alturas. Sería una vendetta apropiada, ya que él me había tirado al agua en la parte más profunda del lago y yo le tengo pavor al agua profunda y oscura.

Fue divertido imaginarme qué hubiese sucedido si el cáliz me hubiese elegido a mí y hubiese tenido que abrir yo el baile con los demás campeones y nuestras parejas. A Bastan ya le había costado lo suyo venir a este simplemente como cualquier persona normal, pero en el tiempo que llevamos juntos ya he tenido la oportunidad de conocerle lo suficiente como para saber que le habría dado un patatús si le hubiese pedido que abriese el baile conmigo delante de todo el mundo, así que su respuesta no fue una sorpresa para mí. Vi la cara que puso y me pareció muy graciosa, así que sonreí, y luego me reí un poco mientras meneaba ligeramente la cabeza como diciendo “¿pero qué voy a hacer yo contigo?”.

-Entonces habría tenido que venir al baile con otra persona… Con Ian, por ejemplo- dije, y puse unos graciosos morritos con una falsa expresión de pena.- Menos mal que no, la verdad es que prefiero mil veces estar aquí contigo, y no es por ser cruel.

Me apetecía besarle, pero si ya le había incomodado que la poca gente que había en el vestíbulo nos viese no iba a hacerle ponerse tenso delante de toda aquella gente. Ya tendría tiempo para ello en algún otro momento, cuando no estuviésemos rodeados de gente que hiciesen sentir incómodo a Bastian con sus miradas. Aun así las ganas que tenía y el esfuerzo que estaba haciendo para aguantarme fueron evidentes, pero sonreí cuando dijo que sabía que si no bailaba sufriría las consecuencias de ello el resto de su vida.

-Tienes razón- dije, aunque la verdad es que si no bailábamos él solo escucharía mis quejas durante un par de días, no el resto de su vida, pero no iba a decirle eso porque a lo mejor entonces se echaba para atrás. Sonreí de nuevo cuando puso su mano en mi cintura y con la otra tomaba mi mano.- Un par de pisotones no va a matarme, ya me conoces…

Caminamos un poco para alejarnos de la gente que simplemente estaba allí parada sin hacer nada mientras miraban a los que bailaban, y una vez que estuvimos en la pista de baile comenzamos a movernos al son del vals que sonaba en aquel momento, imitando a las demás parejas que bailaban a nuestro alrededor. Al principio nos movimos con ligereza y lentitud, acostumbrándonos a los pasos y al ritmo de la canción. Yo sabía bailar, pero hacía mucho que no bailaba algo como esto. Estaba más acostumbrada a otros tipos de baile, como el country. Pero poco a poco nuestros movimientos se hicieron más fluidos y naturales, y mi vestido largo y vaporoso se movía y casi volaba a mi alrededor con cada movimiento.
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Invitado el Sáb Ene 16, 2016 8:19 pm

No pudo evitar que una leve carcajada se escapase de sus labios ante el "reproche" de la Ravenclaw a su amigo ante el mote que parecía haber decidido usar con la joven. La verdad es que sus palabras habían sido meramente por molestar a Sirius a sabiendas de que no tardaría en hacerlo él, así era su amigo y así sería por los siglos de los siglos, no tendría remedio y si aquella chica había ido al baile con él, para Lupin ya se tenía el cielo ganado y es que por mucho que quisiera a Black sabía que en ocasiones era excesivamente graciosillo y eso a veces no gustaba demasiado a la gente, principalmente a los profesores. Realmente se sentía algo estúpido en aquella especie de corro que su compañero había formado pero que se deshizo en el momento en el que Rose decidió soltarse y proponer ir a por algo de beber aunque en ningún momento (A diferencia de Sirius) pidió nada por mera cortesía.

Mcgonagall probablemente recordase a Sirius Black como el peor alborotador que pudo acabar en su clase, y tras escuchar de boca de otra persona su gran hazaña cambiando los discos, pudo imaginarse la cara de la profesora y a donde se dirigió su mirada en cuanto las primeras notas del disco llegaron a oídos de los presentes, aunque probablemente la pobre mujer ya se lo hubiese imaginado y sus compañeros de clases ya se hubieran acordado de Black solo por tener que aguantar el mal humor de la docente durante el resto de la hora de baile ya que sabía que la profesora era de tomarla con todos cuando solo uno tenía la culpa, él solía cargar con las travesuras de Black y Potter, por lo que estaba más que acostumbrado a las regañinas de Mcgonagall, pero dudaba que los demás lo estuviesen y probablemente se ganó más de una queja que por otro lado, conociéndole le habría dado exactamente igual teniendo algo que contar más tarde en la sala común.

Cuando se quedó a solas con Sirius casi pudo adivinar lo que este iba a decir o al menos el tema por el cual se iba a salir y es que era bastante evidente a donde tiraría este, por lo que negó levemente al escucharlo - Ni me había fijado en ella - Miró hacia el frente consciente de que su amigo notaría rápidamente que estaba mintiendo, pero no tenía pensado darle la razón en aquello, había estado evitando a la Hufflepuff en la medida de lo posible y pretendía que siguiese siendo así, pero habiendo sacado Sirius el tema...Pobre de él. Las siguientes palabras hicieron que este se pusiera más nervioso si cabe - ¿Como van a mirarla de ese modo? Vamos, no todo el mundo está así de salido - Chasqueó la lengua cuando sintió las jarras entre su cabeza y la de Sirius, girándose un poco para agarrar una de ellas - Vaya gracias, no debías molestarte -  Posteriormente pudo ver a Sirius casi tragarse todo el contenido de la jarra de un solo trago y ya viendo como tras aquellas palabras se había ido a por la profesora, quedándose con la acompañante de este - El problema no es pedir un baile a un profesor es que ese alguien que lo pide sea Sirius Black. Y bueno, lo de convencerlo...Creo que nada puede convencer a ese cabezota de que NO haga algo. - Dijo encogiéndose de hombros antes de beber un poco de la cerveza de mantequilla.
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Invitado el Sáb Ene 16, 2016 9:35 pm

Con Davina

Simplemente no había podido evitar para nada el haber mencionado aquello tras las palabras de Davina. No solía ser de los que bromeaba con depende que cosas, pero se la había dejado tan a tiro que no había podido evitarlo ni en lo más mínimo y para qué negarlo, tampoco lo había querido evitar, picar a la menor con aquel tipo de cosas era algo que le hacía gracia como lo que había pasado en el lago, él por lo general no era así, no hasta que la había conocido a ella.

- Vamos, eso no es justo, yo no sabía de tu miedo cuando eso pasó, además, te ibas a meter igual, no cuenta. A mí no se me perdió nada en la torre de astronomía - Y si, aún seguía en sus trece de que lo que él había hecho había sido simplemente por ayudar aunque posteriormente lo hubiera disfrutado.

Enarcó levemente una ceja al escucharla ¿Con otro? No sabía cuál de las dos ideas le desagradaba más, si la de tener que ir a abrir el baile, o la de que ella fuese con otro. No era más que un baile, eso estaba claro y confiaba en ella, pero en quienes no confiaba era en los demás por ende que acudiese a aquel sitio, a bailar pegada a otro le hacía revolverse internamente luchando por que no saliese una mueca de disgusto ante la idea que lamentablemente no había podido reprimir al cien por cien. Quizás entonces el envenenado (Obviamente no de muerte) habría sido el joven para no poder asistir, porque de hacérselo a la propia Davina probablemente de esa si que no habría podido salir indemne si esta se percataba de aquello y era un hecho que Mcgonagall la haría hecho analizar por la enfermera y con ello sus planes se habrían descubierto, pero mejor no pensar en ello.

- Igual él tampoco habría querido abrir el baile, estas cosas son algo que os importan más a vosotras que a nosotros - No quería sonar machista con aquello, ni siquiera se lo planteaba pero si que estaba más acostumbrado a ver a novios/amigos con cara larga en aquellos eventos que a las jóvenes, cosa que demostraba que su teoría era totalmente comprobable.

Apartó un momento la mirada de la de la joven, él era quien se sentía incómodo con las muestras de afecto públicas y en aquel momento acababa de evitar el contacto visual con ella para no ser él quien la besase. Era como un imán que no podía desactivar, que por más que intentaba mantenerse a raya le costaba a horrores aunque claramente menos que a ella o al menos eso pensaba ya que lo de las expresiones faciales sabía que no eran lo suyo ni en ocultarlas ni en descifrarlas aunque si recordaba la de odio que la Ravenclaw le había dedicado desde el agua del lago el día que se conocieron, quizás al final tampoco era tan malo como pensaba aunque las cosas tuvieran que ser evidentes para que él las cazara, al menos en ese ámbito,

- Puede que a tí no - Sonrió de medio lado mirándola nuevamente a los ojos - ¿Pero a mí? - Bromeó levemente luchando internamente por, primero, que sus ojos no se fuesen al escote de la joven, segundo, que su mano no bajase de la cintura de esta y tercero, no pisarla. - Tendrás que confiar en que no te destroce los pies pues - Se encogió levemente de hombros elevando las cejas.

Cuando ella se comenzó a mover, él la siguió, en un principio le costó más de lo que esperaba, él al contrario que los alumnos allí presentes (al menos los que iban con campeones) nunca había recibido clases de baile más allá de las que su abuela le había obligado a dar forzosamente con ella por lo que cuando comenzó a sentirse más libre realmente lo agradeció viendo que no había pisoteado a Davina y que con ello tampoco había llegado a hacerla daño ya que con sus tacones probablemente un pisotón le dolería más a él que a ella - Y...¿Tienes pensado hacer algo después de esto? - Preguntó como quien no quería la cosa.
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Invitado el Sáb Ene 16, 2016 11:53 pm

Clarissa había entendido con la primera de sus explicaciones ¿quién dijo que la inteligencia sólo era parte de la casa de Ravenclaw? Ella no era una ninguna tonta y aún cuando estaba segura que Ian también lo sabía, le dejó explicarse abiertamente sin interrumpirle, pues cada palabra que el chico decía era como un pedacito de información más que entraba por sus oídos ¿y para qué? Ian no sólo había despertado su curiosidad, sino que a través del vociferador enviado por su primo, había descubierto que podría serle útil. Aquella carta no había sido una carta cualquiera, había sido un vociferador, sí, pero uno que reflejaba un tono de amistad que el Slytherin más tarde confirmo, ambos debían de ser buenos amigos o al menos tener la suficiente confianza para poder bromear entre ellos y Zack no bromeaba con cualquiera.

A pesar de todo, rió con su ejemplo. Había sido la misma Clarissa quien le había rebatido que creía que las personas eran más fuertes cuando tenían algo por lo que luchar, pero había sido ella misma quien también había reconocido ese algo como un logro o un objetivo. La anglo-francesa no era ni de cerca una persona romántica, jamás se había enamorado en su vida y dudaba que el amor estuviera cerca de ella, precisamente por la forma en la que ella veía a las personas, como una herramienta, un elemento de estudio o ambas al mismo tiempo. Pero aún así le pareció divertido y rió por ello.

—Ok, ok ¿vamos a ponernos románticos? —le preguntó riendo divertida —Bueno, en ese caso, si ambos fuésemos tan estúpidos para enamorarnos mutuamente, pues… de partida tendríamos que trabajar en la confianza mutua, lo que significa que yo sabría que tienes enemigos y sería algo que aceptaría junto con el paquete y tendría que estar preparada para enfrentarlo y tú para enfrentarlo conmigo, y dos son más difíciles de derrotar que uno solo; luchamos o morimos juntos, amor mío —señaló con una fingida sonrisita enamorada, mientras batía sus pestañas antes de volver a ponerse seria —. Ni pienses que, al menos en mi caso, sería de esas princesitas en apuro que sólo viven para ser capturadas por el archirrival de su machista héroe personal, y también me desilusionaría mucho de ti si acaso te gustasen las chicas así. Después de todo, eres amigo de mi primo —soltó precisamente para corroborar su hipótesis, ya que en las cosas que le eran de utilidad SIEMPRE comprobaba.

Aceptó entonces la mano de Ian y le siguió hasta una de las mesas, aunque no sin antes echarle un ojo a McGonagall y a las bailarinas parejas que les rodeaban, las que por fortuna habían incrementado en número, permitiéndoles una salida más reservada. El Slytherin le condujo hasta las mesas del final, como si él también hubiese sentido que su conversación estaba yendo demasiado en serio o —sencillamente— como si no le gustaran las multitudes.

Se sentó en la silla que él sostuvo para ella y le agradeció enseguida, antes de observar como él acomodaba su propia silla para quedar frente a ella, como quien se organiza para planear cosas que no son muy buenas o sencillamente quiere saber más y más de algún tema en común.

—Bueno… —hizo una pequeña pausa para buscar las palabras precisas —dices que nadie y nada te importa, cosa que en lo personal no creo, como tú mismo has dicho, no eres una piedra, pero… creo que a veces si te gustaría serlo y creo que eres tú mismo el que se cierra a que el resto te importe porque… tienes miedo a ser débil y no logras ver la fortaleza en el apego con el resto.

Alzó los hombros, sabía perfectamente de lo que estaba hablando porque ella misma sentía de ese modo. Aún cuando rebatía a Ian, era practicante de la misma ciencia, sólo que él jamás le había preguntado por lo que hacía ella misma, sino simplemente su opinión, y Clarissa sabía y era conocedora, que había un mundo mucho más amplio más allá de sus talones, sólo que probablemente al igual que Ian, se sintiera más segura sin dar un paso más allá.

—¿De verdad esa chica te abrió las piernas sólo por haberla sacado del agua? Y sí, sí, escuché lo del Calamar Gigante, pero ¿no es el Calamar Gigante la mascota semi-domesticada de Hogwarts que vemos por las ventanas de la Sala Común, la misma a la cual los alumnos alimentan con tostadas y nadan con él después de los exámenes*? —preguntó incrédula —Lo siento, pero… suena inofensivo para mi. De hecho, suena más terrible lo del beso —mencionó poniendo cara de asco, aunque un asco que le provocaba risa —, espero que no haya sido un eructo de esos que parecen bombas fétidas, porque de verdad acabas de matar toda la pasión que sentía por ti en estos momentos.

Volvió a reír, pero entonces vino lo temido; Ian comenzó con las preguntas, y no empezó por cualquiera, preguntó precisamente lo que Clarissa mas quería ocultar, pues si no se lo había dicho jamás a nadie era por algo ¿no? Pero, por supuesto que la chica era astuta y no dudo en tomar esa pregunta como cualquier cosa estúpida que hasta ese momento no hubiese compartido, y cosas como ellas habían muchas.

—Mmmnn… No sé limpiarme el trasero como el común de la gente —sonrió —, tengo mi propio estilo que si bien algunos señalan peligroso, ha funcionado bastante bien para mi hasta ahora.

Confesó sin sonrojarse si quiera y se puso de pie antes de que él siguiera con más preguntas.

—Voy a por un par de jarras de cerveza de mantequilla, ya vengo.

Y se fue tan rápido como regresó, puesto a que no bebió ninguna entre medio y sólo fue a recogerlas para traerlas a la mesa en donde estaban, desde donde miró hacia ambos lados previniendo miradas curiosas y sacó su petaca de alcohol por debajo de su vestido antes de sentarse nuevamente frente a Ian y destapar la botellita para poner un poco de alcohol sobre ambas jarras de cerveza de mantequilla y luego entregársela una vez más a Ian, esperando que esta vez no tuviese necesidad de volverla a esconder.

—Feliz Navidad.

Sonrió al muchacho, alzando su jarra para hacer un brindis.

*Fuente: J.K. Rowling en persona XD
Y las tostadas que le gustan son las de mantequilla y mermelada por si quieres alimentarlo XD
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Davina Abrasax el Dom Ene 17, 2016 7:06 am

Con Bastian bailando.

Sabía que cuando Bastian había estado en Hogwarts había estado en Slytherin, pero era tan cabezota que a veces juraría que había estado en Gryffindor. Si al final resulta que esa es la verdad y algún día me lo confiesa no me sorprenderá en absoluto. Como Bastian era un cabezota decidí no volver a entrar en la discusión que tantas otras veces habíamos tenido sobre si había sido un capullo o no por haberme tirado al lago desde la barca el curso pasado (¡claro que había sido un capullo!) pero más tarde no pude evitar picarle mencionando de manera muy casual y con exagerada tristeza que si hubiese tenido que abrir el baile y él no me hubiese acompañado habría tenido que venir con otro chico. Pude ver los celos cruzando fugazmente su mirada. Me sorprendía que esa mirada no hubiese aparecido antes aunque fuese solamente durante un segundo, dadas las miradas que mi vestido se estaba ganando por todo el Gran Comedor.

-Ian tiene el ego tal alto como la torre de Dubai y su narcisismo a veces no conoce límites, ¿cómo se habría negado a abrir el baile con una chica guapa delante de todo el colegio?- pregunté retóricamente mientras alzaba las cejas.

Quería mucho a Ian, era uno de mis mejores amigos a pesar de ser mi ex. Los ex casi siempre se mataban entre ellos, pero en nuestro caso no era así, nos llevábamos genial. Aunque era innegable que Ian era un guarro y entre eso y el vestido que llevo puesto si hubiese venido con él al baile seguro se le habría intentado ir la mano y eso no habría acabado muy bien. Todo estaba muchísimo mejor como estaba, conmigo asistiendo al baile con Bastian, el hombre con el que realmente quiero pasar esta noche, nadie más. Al veces al mirarle sentía que se me aceleraba el pulso y un intenso pero agradable calor recorría mi piel, sobre todo cuando su mano se posó en mi cintura y rozó mi piel dado a lo muy expuesta que me dejaba este vestido, y cuando su mano tomó la mía. El contacto físico, por muy leve y aparentemente insignificante que fuese, provocaba fuegos artificiales en mi interior.

-Ya sabes que siempre confío en ti- murmuré cuando dijo que tendría que confiar en que él no me destrozase los pies. Y no lo hizo. Por mucho que me hubiese advertido de ello, en ningún momento dio un mal paso.

Disfruté bailando y no pude evitar que una sonrisa iluminase mi rostro. No podía evitar sonreír todo el tiempo, estaba muy feliz. Al principio de la noche había sonreído con picardía, porque me parecía divertido haber arrastrado a Bastian al baile conmigo a pesar de la cara de horror que había puesto la primera vez que se lo mencioné. Pero ahora estaba sonriendo de una manera más sincera, porque me encantaba estar allí bailando despreocupadamente con él y me encantaba estar libre de las clases (aunque me encanta ir a clases porque me encanta aprender, qué le voy a hacer, soy Ravenclaw) y me encantaba pensar que al día siguiente comenzarían las vacaciones y tendría todo el tiempo del mundo para hacer lo que me diese la gana. Pero sobre todo me encantaba estar con Bastian, a quien tenía siempre poco tiempo para ver por culpa de las clases y de los deberes y de su trabajo.

-¿Ves? ¿A que no está siendo tan malo?- le pregunté mientras bailábamos sin ningún pisotón.

Seguimos bailando, y entonces me preguntó que si tenía planes para después del baile. Su tono tan casual me hizo sospechar y alcé ligeramente una ceja mientras le miraba, pero al cabo de un instante volví a mi expresión normal de antes mientras pensaba. La gente normalmente se iba a hacer la maleta después del baile para largarse lo más rápido posible al día siguiente, pero la mía ya estaba hecha así que tenía toda la noche libre.

-No, nada en especial. ¿Por? ¿Tienes tú algo en mente, acaso?- pregunté con curiosidad.
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Invitado el Dom Ene 17, 2016 6:56 pm

Con Davina

Que era cabezota era un hecho claramente palpable, Bastian no era ni mucho menos alguien que cediese, quizás su obstinación era más propia de otras casas que de a la cual había pertenecido pero lo cierto es que poco le importaba, defendería hasta el fin de los días que todo lo hecho por sí mismo había sido no otra cosa que por ayudarla, ya que probablemente de reconocer que lo había hecho por picar, se encontraría con Davina teniendo la razón y aquello no le gustaba, en sí el que no le dejase a él tener la voz cantante sobre el tema solo lo incitaba a querer seguir "peleando" con el tema al respecto, era como un tira y afloja al cual le había terminado pillando el gusto, cosa que sonaba algo más masoca en su cabeza de lo que realmente era. La idea de ver a su novia con otro, por mucho que fuese un simple amigo en un simple baile le hacía sentirse incómodo pero no era una sensación que le resultase familiar y es por ello que nunca reconocería abiertamente estar celoso.

- Hay quien tiene sus métodos de persuasión lo suficientemente avanzados como para hacer que ese ego no llegase a ser tan alto - En realidad esas supuestas técnicas eran poco más que miradas reprobatorias, Bastian no era del tipo de hombre que se dedicaba a pegarse o amenazar a todo aquel que se acercara a su pareja, al fin y al cabo ella era lo suficientemente mayorcita como para saber lo que puede hacer teniendo pareja y lo que no.

Aunque quizás en quienes no confiaba tanto era en aquellos seres hormonados llamados adolescentes. Davina era preciosa, y después de verla con aquel vestido la verdad es que entendía que alguien más pudiera mirarla y haciendo bien ya que pocas de las chicas de Hogwarts (último curso o no) tenían la valentía de llevar aquel tipo de vestido que a pesar de que dejaba algo a la imaginación, aquel algo era bastante poco. Le extrañaba que esta no se hubiera quejado de el tacto tosco de la piel de sus manos sobre la poca piel que pudo tocar en aquel momento aunque tampoco buscaba hacerlo, al menos no directamente. Aquel leve tacto con la piel de la chica le hizo estremecerse. Las cosas no habían estado de cara para ellos y su propia cabeza se percataba de que aquellos sentimientos no eran lógicos en alguien como él, aunque lo achacaba a que como desde el principio, Davina había roto casi todo lo que él había sido durante su vida, alguien que no mostraba sentimiento alguno o necesidad, ni siquiera solía fijarse en mujeres, de hecho jamás había llegado a sentir lo que sentía por la Ravenclaw.

Las palabras de esta le hicieron salir de su ensimismamiento para no poder evitar sonreír ante sus palabras - ¿Y si no fuese de fiar? ¿Qué? - Elevó las cejas mirando a la chica ocultando nuevamente aquella sonrisa que tan solo había escapado de sus labios en presencia de la joven.

Nunca reconocería que el infierno que esperó de aquel baile no se hubiese hecho realidad, es más, no diría cómodo porque la comodidad con aquel traje y rodeado de antiguos alumnos no era precisamente la palabra más adecuada, pero estando con ella las cosas estaban más tranquilas, como si de verdad el baile no fuese la tortura que esperó en un comienzo aunque ante la joven se dedicase a quejarse durante el resto de su existencia de que le debía algo por que él aceptó ir al baile de navidad rodeado de niños de todos los rangos de edad en los que alguna que otra mirada indiscreta instauró en todo su ser unas ganas horrorosas de estamparlos que se vieron aminoradas por la presencia de su pareja. No llegó a pisarla por lo que dio gracias a todo lo que pudo y a las clases que tuvo cuando era un crío para no terminar destrozando pies ajenos y menos cuando esos pies eran los de su novia.

- ¿Hablas en serio? Me has hecho bailar, esto tendrá consecuencias - Negó levemente con la cabeza fingiendo estar algo molesto, aunque no era más que una manera de bromear.

Cuando escuchó la música pararse rápidamente escaqueandose hasta una de las mesas y poder tomar algo para refrescarse, sentándose en una de las sillas con un pesado resoplido. Al menos las mesas no estaban tan llenas y pudo escoger una en la que no había nadie y así, dentro de su incomodidad, estaba menos tenso por lo que tiró un poco de la corbata para aflojarla un poco aunque a sabiendas de que en breve debería volver a ajustarla para no perder la imagen formal que por una vez tenía en aquel colegio.

- Quizás - Se encogió levemente de hombros - ¿Ya has hecho las maletas? - La miró nuevamente de arriba abajo sin poder evitarlo - Tengo algo que darte, eso es todo.
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Invitado el Dom Ene 17, 2016 8:03 pm

Pese a la fachada bromista de Sirius, se me escapó una sonrisa leve cuando mencionó que sus dotes de baile se debían a las clases de dos semanas de McGonagall. Lo cierto es que jamás me habría imaginado que a un tipo como Sirius se le diera tan bien bailar, pero debía ser uno de sus dones, junto al de gasta bromas, porque parecía que llevaba toda la vida haciéndolo. Yo no era quejica para estas cosas y no me hubiera importado que Sirius no hubiera sabido bailar, pero el cambio me había resultado de lo más agradable. Y por eso tienes mucho mérito. Bueno, por eso y por no haberla liado aún, todo un récord. Nadie diría que las clases de McGonagall te han convertido en todo un experto bailarín. No se te da nada mal. Asentí con la cabeza con gesto de aprobación.

El tema del baile con McGonagall, en cambio, no me parecía tan buena idea. Justo acababa de pensar que Sirius estaba tardando demasiado en liar alguna, y entonces sale el tema del baile. Aunque pudiera parecer una casualidad, era como cuando los Jedi notaban una perturbación en la Fuerza; sabía que no había sido casualidad. Porque Sirius no podía limitarse a demostrar ser un caballero, aunque fuera a ratitos, tenía que tocarle las narices al personal. Rodé los ojos y miré a Remus con cara de circunstancias; por el poco rato que le había visto, había comprobado que tenía más sentido común que Sirius, y probablemente fuera el único de sus amigotes que pudiera hacerle entrar en razón. Sirius parecía saberlo también, porque no dudó en asegurar a su amigo que sus intenciones eran buenas, mientras yo observaba la escena alzando una ceja. Por si esperaba lo contrario, le hice saber que, después del incidente durante las clases preparatorias, seguro que McGonagall no le rechazaba el baile, solo por jorobarle; me sorprendió que Sirius ya contara con eso, al tiempo que me hizo desconfiar de sus intenciones (y más aún al echarse flores a sí mismo sobre su caballerosidad).

En ese momento, decidí dejar a los chicos un momento para acercarme a las mesas a beber y picar algo, porque de tanto baile y tanta charla tenía la garganta sequita (y entre trago y trago, un bocado tampoco viene mal). Durante aquellos minutos, mientras mis ojos hambrientos devoraban con la vista los canapés y los demás platos de comida antes de hacerlo la boca, recé a los antiguos dioses y los nuevos que, ahora que estaban solos, Remus supiera meter en cintura a su amigo y desanimarlo de su idea de McGonagall. No es que temiera por la profesora porque visto está que es una gran bruja, pero no me gustaría que Sirius terminara el semestre en la sala de castigo. Cuando regresé, con tres cervezas de mantequilla, una para cada uno, me alegró ver que Sirius estaba aún ahí; lógicamente, pensé, Remus había conseguido convencer a Sirius de dejar a la profesora en paz. Sonreí a los chicos cuando me agradecieron sus cervezas y meneé la cabeza educadamente, pero no tuve tiempo de añadir nada más porque enseguida Sirius se mostró firme en su decisión de sacar a bailar a McGonagall. Tanto Remus como yo observamos en silencio como Sirius vaciaba de un trago su cerveza de mantequilla para después desaparecer de allí para encontrarse con la profesora.

Remus fue el primero en hablar después de que se fuera Sirius, y yo asentí, con la mirada aún en el punto por donde mi pareja de baile había desaparecido entre la gente para ir a buscar a la profesora. Y lo peor es que líe alguna, y tú que eres su amigo lo sabrás mejor que nadie. ¿Sabías que el día que nos conocimos me tiró al Lago Negro? Y después le atacaron unos grindylows y tuve que ir a rescatarle. Ahora que no estaba Sirius, me pude permitir soltar una pequeña sonrisita junto con el resoplido indignado al recordarlo todo. Remus añadió que nada ni nadie podría convencer al cabezota de su amigo de no hacer algo y suspiré, bebiendo yo también de mi jarra de cerveza. Cuando me separé la jarra de la boca, miré a Remus de reojo antes de hacerlo abiertamente. Espero que no te ofenda, pero tú pareces más… no sé, serio. Me encogí de hombros. Antes cuando él estaba aquí, me parecía como si fueras su Pepito Grillo. Como la voz de su conciencia o algo así. Aclaré por si venía de familia plenamente mágica y no entendía las referencias muggles. Y aunque ya sé que Sirius no tiene remedio, en el fondo me alegro de que tenga a su lado a un amigo con la cabeza sobre los hombros.

Nada más terminar de hablar, tomé otro trago de cerveza mientras aparté la mirada de Remus para buscar a Sirius. En cuanto le vi, tuve que retirarme la jarra de la boca para no ahogarme ni derramar aquel preciado líquido dorado. ¡Será posible! Abrí mucho los ojos, sorprendida y casi hasta en shock. ¿Sería aquello posible? Extendí el brazo con el que no sujetaba la jarra de cerveza hasta alcanzar el de Remus, y tiré del chico para que me hiciera caso y mirara donde le indicaba. Después, miré a Remus un instante antes de soltar una carcajada. ¡No me fastidies! Este Sirius… ¿Tú lo has visto? ¡Increíble! Lejos de encontrar a la profesora McGonagall con cara mohína y marcando su distancia de Sirius con cara de completa desconfianza, la anciana estaba firmemente agarrada al cuerpo del joven, dejándose llevar por el vals y con expresión relajada y (aunque esto a lo mejor era la miopía, o la cerveza de mantequilla que se me estaba subiendo a la cabeza) casi hasta asomando una leve sonrisa. Sacudí la cabeza, todavía sin poder creérmelo (ya no la casi-sonrisa de la profesora, sino también que Sirius no hubiera liado alguna), y tomé un trago de la cerveza de mantequilla hasta, para mi desgracia, dejar la jarra vacía.

Me alejé un par de pasos hasta la mesa más cercana para dejar allí la jarra, y regresé junto a Remus en cuestión de segundos; antes de hablar, comprobé que Sirius y la profesora seguían bailando, como si estuvieran hechos el uno para el otro, al menos sobre la pista de baile. ¿Te apetece bailar? Miré a Remus asomando una sonrisa y extendiendo hacia delante uno de mis brazos. El chico tenía todo el derecho a rezarme, por supuesto, pero al parecer no había llevado pareja (o Sirius habría metido al grupo no solo a Remus, sino a su acompañante) e ir a un baile para no bailar por no tenerla me daba un poco de lástima. Las cosas como son, ¿para qué vas a un baile si no es para bailar? Porque a nivel de comida no es; está muy rica, sí, pero los elfos domésticos te reciben encantados en sus cocinas los siete días de la semana durante las veinticuatro horas del día. Así podremos vigilar a Sirius más de cerca. Le guiñé un ojo a Remus, bromeando.
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